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This has frozen my ground — Desireé

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Mensaje por James G. Byrne el Dom Dic 06, 2020 4:50 pm

Las semanas en el distrito once tuvieron muy poco que ver con mi vida en el nueve. Creo que gran parte de mi tolerancia al frío y las calles se debió a la reserva de hierba que me traje tras despedirme de Beverly, lo cual Sage no parece aprobar pero creo que ha aprendido que es mejor verme fumado que quejoso. Pasamos el tiempo de casa en casa, incluso algunos días nos vimos durmiendo con un grupo pequeño de muggles que se escondían en el sótano de una taberna de mala muerte y, tengo que decirlo, ahí he descubierto lo mucho que me he desacostumbrado a los malos olores que solía haber en el mercado de esclavos. El invierno es crudo, pero no me quejo en ningún momento. Puede que esté tomando todo esto como un castigo por lo que he hecho y, con el tiempo, acabe por aceptarlo. Lo peor son las noches: cuando tienes que correr en busca de refugio, que las calles se llenan del aire gélido de los dementores y solo debes contener la respiración hasta que ellos se alejen con los malos recuerdos. A veces sospecho que son más que antes, lo que me hace creer que el ministerio no los está controlando y el aire de desesperanza ayuda a que se reproduzcan más rápido. Espero estar equivocado.

Creo que estoy más pálido que antes y eso es decir mucho, de modo que salir a la calle durante la luz del día me hace parecer un fantasma entre la nieve. Por primera vez desde que nos marchamos del nueve, George insiste en que debemos pasarnos por el distrito doce para saldar algunas cuentas y, en verdad, no estoy seguro de querer preguntar de qué se trata; no sé si estoy listo para hablar frente a frente con Richter, incluso cuando sabía que en algún momento sucedería. Por ahora, él se conforma con guiarnos hasta un traficante de trasladores no registrados en un sucio callejón cargado de barro y, sin más, nos aparecemos en un pasadizo angosto y gris que reconozco como parte del doce.

Febrero hace que este sitio se vea incluso más oscuro y lúgubre de lo que recordaba. George insiste en que debe hacer algunas cosas por su cuenta en primer lugar y se separa de nosotros, lo que me deja con Sage en medio de una calle poco transitada y la orden de que no debemos alejarnos demasiado del mercado negro para no acabar perdiéndonos de vista. Lo bueno de la nieve es que me ha cargado de abrigo, de modo que acomodo la bufanda y la capucha que me cubren, dejando solo mis ojos a la vista en lo que nos movemos con paso aburrido. Claro que Sage me anuncia que irá a chequear algunos alimentos a ver si podemos dejar de comer latas de conserva, de modo que me quedo solo. Con un resoplido, meto las manos en los bolsillos escondidos de mis prendas y me muevo entre los pasillos del mercado, no muy seguro del aroma o los rostros que se mueven a mi alrededor. Si me detengo, es solo porque reconozco uno de ellos.

En mi egoísmo, había olvidado que ella también se marchó del distrito. Con un vistazo rápido a nuestro alrededor, chequeo que nadie se encuentre cerca y me acerco a ella con paso cauteloso. No sé qué es lo que está buscando en estos puestos, ni siquiera le presto atención a ese detalle en lo que pongo una mano en su hombro para captar su atención — Hey — le saludo — Soy yo, Jim — me aclaro antes de que crea que soy alguien peligroso, sin atreverme a descubrir mi rostro en un sitio como este. No soy idiota, he visto más de uno de los carteles que tienen mi cara y nombre junto al resto de las personas que llamé compañeros, incluso amigos — Es bueno ver una cara amiga, Dessy.
James G. Byrne
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Mensaje por Desireé Adragón el Dom Dic 06, 2020 6:54 pm

Las cosas en casa han estado... raras. Aún no me acostumbro a tener a Derek ahí, pero no es como los primeros días. Han pasado apenas... ¿Tres semanas? No sé, pero sigo necesitando tiempo para poder hablarle por más de cinco minutos seguidos. No lo odio tampoco, el enojo ha disminuido con los días, tanto hacia él como hacia mi mamá, pero sigue sin gustarme estar en la casa mucho tiempo. Lo triste es que no tengo opción porque los lugares en los que puedo estar solo son ahí o en el Prince. Digo, regreso de la escuela algo tarde cuando el toque de queda está por empezar, y nadie quiere estar cerca de los dementores. Irme a pasear otro distrito tampoco es mucha opción tomando en cuenta mi situación actual. Y aún así, y sabiendo que los atractivos turísticos del doce son nulos, he salido de casa en mi fin de semana para irme al mercado... negro.

Ya sé, ya sé, no es muy inteligente por mi parte, pero es lo que hay aquí, a lo que estaba acostumbrada y a lo que no quería regresar. No tengo muchas opciones, y si esto me permite salir un rato de mi casa lo tomaré. Además no soy estúpida para dejarme envolver en situaciones peligrosas ni nada por el estilo. Solo me toma un par de apariciones llegar al sitio, y unos 15 minutos comprar lo que necesitaba: hierbas frescas. Suena extraño, lo sé, pero Beverly me enseñó antes de marcharme cómo hacer cosas con ellas para que sirvan como relajantes. Y sí que necesito algo como eso en casa, una velita con aroma o lo que sea para poder deshacernos de la peste que se respira al abrir las ventanas.

Guardo con cuidado las cosas dentro de mi abrigo y me acomodo el gorrito que llevo puesto. Nunca he sido fanática del invierno y en el norte es aún peor, así que estoy más que consciente de que parezco un tamal caminando de un lado a otro, excelente idea para no llamar la atención. Pego un brinco al sentir el toque en mi hombro, y dirijo con velocidad la mano al interior de mi abrigo, donde guardo la varita, pero no llego a usarla. No después de escuchar las palabras que salen de la boca del no tan desconocido. — ¡¿Jim?! — Exclamo con el tono más quedo que encuentro, aún sin poder creer que sea él. Tengo el ceño fruncido y los labios arqueados en una sonrisa triste, creí que no volvería a ver a nadie. — Yo también lo creí... — Murmuro estirando mi mano para tomar su muñeca, fijándome en que nadie nos esté prestando atención, antes de jalarlo entre un pasillo donde podamos hablar mejor. — ¿Qué haces aquí? ¿Cómo...? — Deshago el agarre de mi mano, mi cara le deja ver que no entiendo nada. — ¿Estás bien?
Desireé Adragón
Desireé AdragónEstudiante del Prince

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Mensaje por James G. Byrne el Dom Dic 06, 2020 8:50 pm

Cuando me marché del nueve, no fue con la intención de no saber absolutamente nada de nadie por el resto de mi vida, pero la verdad es que no contaba con encontrarme con rostros conocidos tan pronto. La sorpresa de Desireé me obliga a sonreír un poco, no muy seguro de que pueda notarlo a causa de la tela oscura que me cubre gran parte del rostro, a pesar de que mis ojos se achinan vagamente a causa del gesto — ¿Qué…? — no alcanzo a preguntarle qué anda comprando en un lugar como este, porque ella ya me anda jalando por el pasillo a un sitio menos concurrido, haciendo que tenga que reaccionar rápido para no llevarme unas cajas de madera apiladas por delante. El mercado está lleno de porquerías pegadas las unas con las otras, así que movernos sin golpear a nadie es un tanto milagroso.

En vista de que me suelta, aprovecho a jalarme un poco la bufanda hacia abajo para poder hablar con voz clara, aunque me percato primero de estar dándole la espalda al mercado en medio de este pasillo oscuro que nos acerca a los pasadizos húmedos y mal olientes de la zona. Encojo un poco los hombros — He estado mejor — acepto — Me he marchado. Es decir, George, mi hermano… Él iba a irse después de lo de la isla, así que decidí ir con él y Sage se nos ha sumado. Es una larga historia — no es como que quiera ponerme con los detalles de cómo George estaba trabajando para Hermann o los motivos principales por los cuales he venido a este lugar. Estoy tratando de sanar, no de seguir revolviendo la herida — Estamos en el once, pero vinimos aquí por algunos… trámites — por no decir “negocios dudosos”, que aquí pocos serán inocentes pero tampoco quiero arriesgarme.

Mis ojos barren de soslayo la escena, apenas percatándome del sonido de las idas y vueltas de todos los comerciantes que se mueven en la zona. Paso algo de saliva antes de regresar a ella — ¿Tú estás bien? — pregunto con genuina preocupación — Me hubiera gustado que nos despidiéramos, pero no se dieron las cosas. ¿Tu madre? ¿Ella cómo se encuentra? — sé que ellas provenían del norte, de modo que deben estar mucho más cómodas y acostumbradas que yo — No entiendo por qué se han marchado. En el nueve estarían seguras y mucho mejor que en este lugar — al menos, allí el hambre no cala hasta los huesos.
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Mensaje por Desireé Adragón el Vie Dic 11, 2020 11:38 pm

Creo que todos podríamos estar mejor considerando el contexto en el que nos vemos inmersos. Supongo que en parte es culpa de que nadie sabía lo que iba a pasar, o más bien, nadie esperaba que las cosas acabaran de esa manera. Por supuesto que después de acostumbrarme a la vida en el distrito 9 no se me cruzó por la cabeza regresar al 12, y asumo que Jim tampoco pensaba salir de ahí ni perder a tantas personas. — No sabía que Sage también se había ido del distrito — Murmuro, algo apesadumbrada, omitiendo mencionar en ningún momento a Hero. — Me fui igual de un día para otro, después de quedarme unos días con Syv... — Llegué con una semana de diferencia a mi madre, me resistí a mi manera, aunque me siento algo apenada por no haberme despedido del resto de las personas con las que coincidí de forma apropiada.

Ya, trámites, claro — Mi tono es sarcástico y tengo una ceja alzada, pero le dedico una sonrisa algo tímida para que note que solo pretendo bromear. Que no me veo juzgando sus negocios aquí ni nada por el estilo, mucho menos considerando que yo también estoy aquí, donde se supone no debería poner un pie. — ¿El 11? ¿No está más desierto por ahí que en el 12? — Ladeo la cabeza, probablemente eso mismo les ayude a mantenerse en el anonimato, porque no debe ser fácil si ambos tienen caras de las más buscadas en Neopanem al momento. — Nunca he visitado ese distrito, es suficiente con haber vivido aquí toda la vida — Ya sé que podría ser más positiva, mostrarle una mejor cara, después de todo coincidir de esta manera puede considerarse algo milagroso. Pero esto es lo único que tengo dentro de mí, cansancio, ira, tristeza... — ¿Cómo están tu hermano y Sage? — Creo que nunca tuve ocasión de coincidir con el primero de éstos.

Yo estoy... — Repaso en mi cabeza todas las cosas que han pasado desde que mi mamá me dijo que nos iríamos del distrito, no son muchas pero combinadas parecen un chiste cruel, así que me limito a asentir. — Bien, sí, estoy bien — Esta vez la sonrisa que le enseño es más honesta y energética. — Estamos bien, las dos, han pasado demasiadas cosas Jim, no sabría ni cómo empezar a contártelas — Ante su siguiente comentario solo puedo encogerme de hombros. — Yo tampoco, estábamos mejor en el 9 definitivamente, pero ella es necia y cree que aquí tenemos menos riesgo de morir o sufrir la ira del gobierno — Murmuro esto último. — Es una tontería, ahora mi nombre está en las urnas de los juegos y yo... — Dejo escapar una inmensa cantidad de aire por la boca. — No sé a qué estamos jugando aquí — A la familia, tal vez. — Tal vez sí estamos más seguras que en el 9, o lo estuviéramos de estar en otro distrito pero — Me muerdo el labio dubitativa. — Digamos que reconectamos con familia perdida y es mejor estar aquí por ello — Me encojo de hombros. — Al menos ella lo hizo

Mis ojos se dirigen de vuelta al mercado, la gente sigue sin tomarnos en cuenta, pero eso no hace que me relaje ni un segundo, sé que en cualquier momento nuestro encuentro va a llegar a su fin. — ¿Hay algo que necesites? Debe ser difícil... — Ser humano en un mundo de magos. — Vamos, déjame comprarte algo, ¿Has comido bien? — No hay manjares en el mercado negro, pero siempre puedes conseguir algo que te caliente la panza, cosa que no cae nada mal con este frío invierno.
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Mensaje por James G. Byrne el Sáb Dic 12, 2020 1:18 am

No voy a discutir cuando se da cuenta de que cualquier trámite en el norte no será muy honesto, solo puedo sonreírle como si de esa manera pudiera pedirle una disculpa — Buscamos lugares aislados para quedarnos. Un terreno amplio cuesta más el ser revisado y se torna más seguro, si sabes cómo soportar el frío y las distancias — si acabo muriendo de hipotermia me molestaría menos que terminar en prisión para ser torturado y ejecutado, si vamos al caso — Si algún día quieres visitarlo, cuidaremos de ti. No prometo que tengamos el mejor sitio para dormir ni que la pases bien, pero… Te quita la curiosidad — una de cal, otra de arena. A su siguiente pregunta, no obstante, respondo con algo de más de lentitud — Bien — es lo único que puedo decir sin sentir que estoy mintiendo.

Es bueno saber que ella se encuentra en buenas condiciones, incluso cuando parece tener mucho para decir y eso no me parece muy recomendable en un sitio como este, pero estoy seguro de que alguna vez podremos ponernos al tanto — ¿Aún tienes el mismo número? Mimi me ha modificado el celular, de modo que no pueda ser rastreado. Cuando necesites hablar de todo lo que ha pasado, estoy a un mensaje de distancia — sé que suena demasiado banal, pero me parece lo mejor que puedo hacer en un momento como este. Al fin de cuentas, la vida norteña puede ser muy solitaria. Me gustaría decir algo con respecto a la diferencia entre estilos de vida, pero lo que dice de las urnas hace que se me trabe la lengua. La sensación amarga me hace tomar una bocanada de aire — ¿Estás en las urnas? — claro que no tiene motivos para mentirme, pero necesito una repetición para comprenderlo mejor — Dessy, con más razón tienen que volver, al menos tú. El consejo puede protegerte. ¿Acaso no tomaron eso en cuenta al momento de marcharse? — tiene sentido, si los registraron como personas que se marcharon al doce y luego volvieron… El gobierno no perdona esas cosas. Meneo con fuerza la cabeza — No creo que sea la prioridad correcta, no importa lo que hayan encontrado de regreso — quizá es una opinión muy brusca, pero no puedo callarla.

Que mi preocupación se vea interrumpida por la suya me hace fruncir los labios. Levanto las manos, dando un paso hacia atrás en lo que sacudo la cabeza para rechazar la compra — Sage se está encargando de ello ahora mismo. Estamos bien — le aseguro; no vine aquí para aceptar limosnas — Tampoco haré que gastes tu dinero en mí, aún tengo algunos ahorros que me quedan del trabajo. ¿Tú sigues estudiando o estás ayudando en la casa? Sé que muchos en el doce prefieren llevar algo a la mesa antes que ir a la escuela — por no decir que algunos son prófugos de la ley que ni tienen la oportunidad.
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Mensaje por Desireé Adragón el Dom Dic 13, 2020 2:46 am

La explicación que da basta para convencerme de que el 11 es el mejor lugar que tienen para esconderse ahora. Afortunadamente nunca me he encontrado en la misma situación que él para conocer sitios que permitan encubrir mi identidad, aunque esto solo logra hacerme sentir hasta cierto punto culpable e impotente, me avergüenza que el hecho de ser humano lo exima de llevar una vida normal, como le pasa a Derek. — Puede que en verdad te tome la palabra con ello, así que ya no puedes retractarte — Bromeo a medias. Ver caras del 9 es tan complicado que los riesgos son pocos considerando lo valiosos que son esos encuentros, además de que así también me alejo un poco de este sitio. — No soy una chica complica, Jim, nunca tuve una vida de lujos, seguramente podría manejar bien estar en el once — Estaba ya acostumbrada a moverme entre las personas del distrito 12, la parte más lujosa de mi existencia fue el 9, ahí sí me permití comer lo que quisiera y salir sin preocupaciones, incluso obtuve regalos de cumpleaños que sigo atesorando en mi cuarto.

Su respuesta no me la trago, así como mis palabras tiemblan al salir para dar explicaciones de mi vida aquí, pero no le pregunto más al respecto, solo me limito a asentir con la cabeza. — Sí, el mismo número — Le sonrío, es bueno saber que al menos virtualmente se cuenta con alguien. — ¿Sabes si los demás también modificaron también sus teléfonos? — Lo más seguro es que sí, pero no me he atrevido a escribirles por miedo a lo que pudiera pasar, y supongo que para ellos fue igual. Aunque ahora el saber eso me hace sentirme con más esperanza, o al menos así era hasta que nos toca hablar de temas serios. — Sí... — Murmuro. — Pero estando en el 12 es muy común, estoy segura que salvo contadas personas todos los que se pueden están en las urnas, las probabilidades de que salga son demasiado bajas... — Hablo con tono quedo. No sé si intento convencerlo a él o a mí misma de que las cosas así son mientras repito el argumento que me dio mi mamá. — Lo sé Jim pero... — ¿Pero qué? — Mi mamá está convencida de que el distrito tiene fecha de expiración, pensó que sería más seguro que nos fuéramos antes de que nos capturaran dentro y terminara peor — Me encojo de hombros, no puedo decir que no se me haya cruzado por la cabeza volver.

Tampoco puedo decirle que Derek, el humano que vive en mi sótano y que resultó ser mi padre, ya no es bienvenido en el distrito, y que dejarlo a la deriva es sentenciarlo a la muerte, o peor. Es mejor desviar el tema hacia él, al menos por el momento me da una excusa para no continuar preocupándolo. — Está bien — Frunzo los labios de la misma forma que él. — No te preocupes tanto por ello... — Aunque no puedo decir que mantenga los mismos ahorros que antes, considerando que estando aquí ya no puedo hacer ningún tipo de pasantía en el hospital que me permita tener algo propio. — Mi mamá está en el escuadrón, no le pagan lo mismo que a los demás, por obvias razones, pero no nos va mal, así que estoy yendo al Prince — Elevo los hombros de forma vaga. — No es muy placentero y regresé a ser una marginada pero es lo que hay — Meto la mano a mi bolsillo para sacar mi compra. — Me da la oportunidad de hacer velas sin tener que compartirlas con nadie — Bromeo. — Porque sí, Beverly me enseñó a hacer cosas interesantes con hierbas — Que para hablar de cosas tristes ya tuvimos tiempo.
Desireé Adragón
Desireé AdragónEstudiante del Prince

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Mensaje por James G. Byrne el Dom Dic 13, 2020 2:17 pm

Es bueno saber que Desireé será fácil de ubicar y, una vez más, agradezco internamente a Mimi el haberme hecho el favor de arreglar mi móvil para evitar ser rastreado. A su siguiente pregunta, respondo con un encogimiento de hombros y un gesto negativo con la cabeza — No sé los demás, pero si tu teléfono no es seguro, no aconsejaría enviar mensajes al nueve. Si rastrean tu señal, podrías tener problemas — Y estoy seguro de que ya tiene demasiado con tener que sobrevivir en este lugar como para sumarse algunos nuevos — Si necesitas enviar algún mensaje, yo puedo hacerlo por ti. Al menos a mí no pueden rastrearme — mejor prevenir que lamentar. En especial porque ella parece bastante segura de quedarse aquí, o al menos su madre, cuya postura me hace fruncir los labios en clara señal de que estoy en desacuerdo pero que no lo digo en voz alta para no decir algo que no debería. No muchos confiaban en que el nueve fuese a durar, pero mientras tanto me parece la mejor opción para evitar caer en unos juegos sádicos y ridículos — Solo cuídate, ¿de acuerdo? — insisto — Y si necesitas un sitio donde quedarte, llámame — no está en discusión.

La mirada que le echo deja bien en claro que es imposible no preocuparme, no cuando sé muy bien cómo funcionan las cosas allá afuera y no creo que Desireé sea una persona que se merezca pagar por los caprichos de los demás. Siempre fue muy amable conmigo, se me hace una persona cuyo carisma es dulce y no puedo asociarla a lugares como este, en el cual la tosquedad y la mugre se alzan como marca distintiva. Se me escapan las cejas hacia arriba cuando habla de su nueva vida, del trabajo de su madre que se aleja de lo que hacía en el nueve — Lamento mucho oír todo eso — no solo que se encuentre siendo una marginada, sino que su vida parece haberse vuelto una postal norteña manipulada por el gobierno para dejar un mensaje.

Al menos, el comentario de las velas me hace reír, aunque lo haga desganado — Alguna vez tendrás que enseñarme — le aseguro, levantando una vez más la tela que me cubre parte del rostro y le hago una seña con la cabeza para que camine conmigo. No tendré que comprar nada, pero que estemos aquí parados podría despertar sospechas y es mejor, al menos, rodear el mercado — ¿Dónde vives? Dicen que las noches en el doce son incluso peores que en otros distritos del norte. ¿Aquí también hay demasiados dementores? No tienes idea de la niebla que empieza a levantarse en el once. Es una locura — se me frunce el ceño, algo que debe notarse a pesar de todo el abrigo que llevo encima — Espero que el Ministerio haga algo al respecto, aunque sea solo para quedar bien con los civiles. Es cuestión de tiempo a que esos bichos se les descontrolen y llenar urnas les están dando excusas — si hay amargura en el aire, esas criaturas van a saberlo.
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Mensaje por Desireé Adragón el Miér Dic 16, 2020 1:12 am

Sí, probablemente no sea buena idea que intente contactar a nadie... — En verdad quería hablar con Syv, ponerla a tanto de cómo se habían desarrollado las cosas en casa, pero creo que para eso tendré que esperar a otro milagro. — Gracias Jim, por todo — Le sonrío de la forma más cálida que encuentro en este frío lugar. Las gracias van más allá de estar feliz por poder contactar con amigos del distrito nueve a través de su celular, o el tener un lugar semi-seguro al cual llegar en caso de que las cosas se calienten por aquí. Es más un agradecimiento general por el encuentro y el poder respirar con tranquilidad aunque sea por cinco minutos. Sé que nada tiene que ver con él esto, pero igual, no importa.

Me encojo de hombros cuando se disculpa, dándole un leve empujoncito con la cadera para que no se lo tome tan serio. Sé que lo es, pero ayuda no pensarlo así. — No es tan malo como parece, en verdad no soy tan fácil de quebrar — Le sonrío con falsa suficiencia. — Viví aquí desde que tengo uso de razón, en verdad puedo moverme bien, podría considerarse mi terreno incluso — Es claro que es una broma, porque me desacostumbré a todos estos tratos después de estar en un lugar como el nueve, pero meh. Es irónico, primero me sentía rara ahí y recelosa porque acababa de llegar del norte, ahora aquí soy una desubicada.

Asiento con la cabeza, siguiéndolo para regresar a donde estábamos y así poder caminar el mercado. Es difícil platicar con alguien enmascarado, así que hago mi mejor esfuerzo por mirar hacia el frente, que también es necesario cuando se está aquí. — Mi casa está casi a las afueras — Respondo, alzando los hombros de forma vaga.  — No hay tantos dementores ahí como en el centro, supongo que se divierten más en las zonas más pobladas — Además de que hay muchos tarados en el centro que se olvidan del toque de queda por un rato de ¿diversión? Ni siquiera sé cómo llamarle. — No sé cómo estemos en comparación al distrito once, pero la niebla aquí igual es muy densa. Suele haber frío en la noche y en la mañana — Chasco la lengua. — Honestamente es deprimente, creo fielmente que los humores de todas las personas aquí se ven afectados demasiado por esto, como si no tuviéramos suficiente ya — Me quejo con voz queda, no quisiera que las personas equivocadas nos escucharan. — No creo que hagan mucho, están como locos buscando a cualquiera que salga del nueve sin identificarse ante ellos — No hace falta mencionar lo que pasó en la isla. — Solo espero que no encuentren a las personas equivocadas... — Muchos inocentes sufren por estas medidas extremistas. — ¿Ustedes planean quedarse el once más tiempo?, ¿Planean regresar?
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Mensaje por James G. Byrne el Miér Dic 16, 2020 5:00 pm

Las afueras siempre es una buena opción — no me considero un experto en supervivencia norteña, pero tampoco hay que serlo para saber que donde haya más aglomeración de gente, los dementores se sentirán atraídos aún más — Estos distritos son más fríos que los sureños y eso siempre va a ayudar a su movimiento, ni hablar de que cuanta más gente, mejor — la idea de meter a esas criaturas a recorrer las calles siempre me ha parecido una locura, pero el vivirlo una vez más me recuerda lo terrible que ha sido todo este tiempo para las personas que tuvieron que soportarlo mientras yo estaba jugando a las casitas. Quiero decir, sé que la mayoría no tiene otra opción y arriesgarse a cambiar de distrito no es algo que muchos quieran hacer, pero me sorprende cómo es que algunos ya lo tienen naturalizado — Los humores… Bueno, digamos que no hay mucho por lo que estar feliz y agradecido en estos últimos días — el nuevo año ha entrado con todo el peso del anterior, por lo que pasar el primer mes se ha sentido eterno.

Es muy egoísta de mi parte el pensar que prefiero mil veces a que atrapen a las personas equivocadas y no a los amigos que me preocupan, así que no lo digo en voz alta. Me limito a prensar los labios en un gesto que queda oculto por mi abrigo y hago un movimiento indefinido con la cabeza. Solo para no ser tan obvios con nuestro paseo, me detengo frente a un pequeño puesto que parece vender… ¿Semillas? Algo en el rostro chupado de la anciana que está del otro lado, me dice que nada de esto hará crecer tomates — ¿Regresar? — mascullo, desviando la mirada de una de las bolsas repletas de vaya a saber qué tipo de granos contiene para volver a mirarla — No, al menos no de momento. El once puede funcionar para nosotros, si sabemos cómo movernos — el doce es demasiado obvio si vienen a rastrear a Hermann, de modo que George cree que es preferible mantenernos alejados, pero eso no puedo decírselo — Si algún día regreso, será porque estoy listo para hacerlo — algo que hoy, definitivamente, no lo estoy.

Me alejo del puesto sin comprar nada, lo que parece fastidiarle a la anciana, esa que suelta un gruñido de obvia mala gana. Para no perderla entre la multitud, me tomo el atrevimiento de enroscar mis dedos con los de ella, tirando de ella con una naturalidad que no tiene nada que ver con nosotros. Si alguien nos pregunta algo, es más fácil fingir que estamos juntos que empezar a dar excusas — ¿Cómo se vive el tema de los juegos por aquí? — es una pregunta que en verdad me interesa — Las pocas personas que he conocido en el once estaban ocultas, pero no dejaban de temblar al pensar en lo que podría pasarle a sus hijos. Hay varios que se enojan con el gobierno, pero casi todos creen que los que deberían pagar son los del nueve. Es... bastante extraño. Te hace sentir culpable, incluso cuando sabes por qué lo hicimos. Es como que algunas personas simplemente no toleran a nadie.
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Mensaje por Desireé Adragón el Vie Dic 18, 2020 1:42 am

Le concedo la razón a lo que dice limitando mis gestos a un asentimiento con la cabeza. Somos afortunadas por vivir tan lejos, todo porque en el gobierno anterior mi madre y su familia tenían que ocultarse por ser magos, supongo que nunca esperó que también necesitara esa lejanía una vez habiendo ganado los rebeldes, como son las cosas. — No voy a negarte eso, debo decir que no había visto muchas sonrisas hasta antes de nuestro encuentro — La de las personas borrachas no cuentan, y tampoco son un espectáculo muy llamativo para mí.

Le sigo el paso, deteniéndome al mismo tiempo que él frente al puesto de una anciana que vende semillas. Siento el impulso de comprarle algunas, pero no lo hago, no es tiempo de gastar galeones solo por sentirme mal. Y esto de sentirme mal me hace sentir aún peor, porque conociendo a los norteños, aceptar este tipo de actitud es un insulto. Yo misma era así, no sé cómo es que he logrado cambiar tanto en tan corto tiempo. Vuelvo asentir de forma lenta con lo que dice. — Supongo que tiene sentido — Elevo mis hombros de forma vaga. — Yo regresaría de no ser por... — Por muchas cosas, la verdad. No sé qué tan cierto sea que estamos más a salvo aquí, supongo que en cualquier escenario perjudicial solo tendríamos que volvernos fugitivas como ellos.... que alegría. También está el asunto con Derek, no es como que pueda irme así nada más sin pesar todo esto en mi balanza. — Bueno, no importa, pero tampoco planeo regresar al corto plazo — No pregunto a qué se refiere con estar listo, pues asumo que sería revivir lo pasado en la isla, y tampoco estoy muy ansiosa por saberlo, así que pongo mi mano de forma sutil en su espalda en señal de apoyo, como haría Synnove, sin decir nada más al respecto.

Me sobresalto inicialmente por su gesto, más por la sorpresa que por otra cosa, pero me permito apretar un poco su mano y caminar con naturalidad al lado de él. Su pregunta me hace rechistar — Nadie está feliz. Muchos están resignados pero la mayoría despotrica contra el distrito nueve — Es un ambiente de lo más ponzoñoso — Los que estuvimos ahí tampoco somos vistos con buenos ojos, creen que es un buen castigo que estemos en las urnas, aunque hay pocas personas de la edad para los juegos que se salvan de no estar en ellas — Situación que me hace marginarme aún más conforme pasan los días. — No quiero sonar cruel, Jim, pero la verdad es que saber que la mayoría de los habitantes de aquí están me hace sentir... aliviada hasta cierto punto — Murmuro, tragando grueso — Y luego me siento muy culpable por pensar así, lo siento, sé que debo parecerte la peor persona del mundo, o al menos la más egoísta — Desaprieto el agarre de mi mano, sin llegar a soltarlo. — No sé cómo sentirme o qué pensar estando aquí y no quiero verme afectada por todo esto pero... ¡es demasiado! — Hablo con un poco más de fuerza que antes, produciendo que el encargado de otro de los puestos voltee a vernos con curiosidad, de modo que viro la cabeza y lo jalo hacia la izquierda, hacia uno de los puestos que venden comida de aspecto dudoso. — ¿Crees que los sobreviviría?
Desireé Adragón
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This has frozen my ground — Desireé Empty Re: This has frozen my ground — Desireé

Mensaje por James G. Byrne el Lun Dic 21, 2020 5:35 pm

¿Tu madre? — aventuro; me parece la opción más obvia cuando se trata de motivos para no abandonar el doce, incluso cuando no puedo ver la lógica de abandonar un sitio que los mantenía lejos del foco de ser traidores. No soy padre, creo que jamás lo sería en vista de que no me interesa conseguir ese título y que tampoco me veo dentro de un cuadro familiar, pero creo que hubiera pensado un poco más en ese detallito con las urnas siendo una amenaza constante en la vida de aquellos que son mal vistos por el gobierno — Ya tienes edad para empezar a planificar tus propios pasos. Quizá, si consigues un sitio dónde quedarte y un hogar, puedas regresar por tu cuenta. ¿No se supone que los magos y brujas son mayores de edad a los diecisiete? — jamás he tenido una madre que me ponga los límites, al menos no en mi cabeza consciente, pero yo lo veo bastante lógico como propuesta.

La sonrisa que se me escapa es un poco irónica, aunque meneo la cabeza en señal de desaprobación — No me sorprende en lo absoluto — le confieso — La mayoría de las personas por estos distritos han cometido un delito o dos para ser considerados dignos de acabar en las urnas. Escuché a una mujer decir que era una pena que estos juegos no permitían teselas, a ver si podían anotar a sus hijos por comida —  la miseria que se maneja en los distritos pobres es lamentable, tanto que me hace cuestionar hasta dónde llega el cariño de una familia cuando se trata de mantenerlos a todos con el estómago vacío. ¿No hay un montón de prostitutas que son entregadas por sus propios padres? O eso tengo entendido.

Me veo jalado hacia uno de los puestos antes de darme cuenta de lo que me está diciendo y tampoco me encuentro muy seguro de lo que se supone que debo contestar a algo como esto, cuando puedo entender por dónde va su dilema —  Cada uno siempre será egoísta y acabará deseando que las personas que le importan se encuentren seguras, sin importar quiénes deban pagar por ello — me encojo de hombros, me doy cuenta del tono de mi voz, para nada firme. Como si supiera qué es, agarro un frasco de un producto verdoso colocado en aceite que no me da buena espina y lo husmeo —  No recuerdo cómo eran los juegos, pero confío en que podrías sobrevivirlos… Solo espero que no tengas que hacerlo —  regreso el frasco a su lugar, negando con la cabeza al vendedor que quiere convencerme que es de lo mejor y me volteo. No me es extraño el darme cuenta de que Sage se encuentra a mitad de camino, aparentemente bastante perdido, lo que significa que debe estar buscándome a mí.

El suspiro que se me escapa carga con algo de culpa. Me rasco la cabeza por encima de la tela del abrigo y me volteo en dirección a mi amiga, a quien le doy una palmada amistosa en el hombro —  Creo que es momento de que me vaya, no es bueno quedarse en un mismo sitio por mucho tiempo sin una excusa decente — mucho menos cuando tu cara se encuentra en todos los rincones del país —  ¿Hablamos luego? Por teléfono. Me gustaría que me mantengas al tanto de todo, incluso si necesitas lo más mínimo. ¿Lo harás?
James G. Byrne
James G. ByrneFugitivo

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