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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Sáb Dic 05, 2020 5:00 pm

Febrero,

Para ser alguien que procura dar una imagen impecable y correcta acorde a mi nombre, estatus y actual puesto en el ministerio, es posible que en Navidad no haya mostrado la mejor cara a la nueva integrante de nuestra familia, quien no ha tenido aún una adecuada presentación a los miembros más jóvenes y no es algo que vaya a ocurrir hasta que se me convenza que es la legítima nieta de Grace Helmuth, con aquel hombre que la llevó a abandonar su familia, crimen que parece querer repetirse en cada generación y puesto que fui quien casi cayó en ese error, me resta preguntarme quién de mis hijos o sobrinos, repetirá tal desgracia. Por el momento, estudio los rasgos de esta Grace al otro lado de la mesa de hierro forjado que es parte del juego de jardín que los elfos dispusieron para nosotras con la vajilla del té en el casi abandonado invernadero con paredes de cristal que está en uno de los otros extremos de la mansión, desde aquí se puede apreciar el paisaje nevado sin sufrir del frío que persiste también en febrero.

La ocasión de visitar a Nicholas para ultimar los detalles de la celebración en conjunto de nuestros cumpleaños, me permite esta entrevista personal con Grace en la que las masas dulces ayudan a que no parezca el interrogatorio en toda regla que efectivamente es. —¿En qué distrito habías dicho que vivías?— comienzo, lo sé yo, lo sabe todo aquel que haya recibido una buena educación, cosa que me preocupa en ella, de que no es lo mismo criarse en el distrito dos, que hacerlo en el seis, o los cielos no lo quieran, en el cinco. —¿Terminaste el colegio? ¿En qué te especializaste?— dudo de que pueda darme incluso una respuesta afirmativa a la primera, así que hago presión con la segunda, la generación de hermanos Helmuth que a día de hoy conducimos esta familia comprende a un ministro, otra reciente ministra y la menor en absoluto control de los negocios heredados. Eso coloca la vara muy alta, que los que vienen después se encargan de que siga así.

Grace, querida, hay un par de cosas que es necesario aclarar de entrada— murmuro, dejo mi taza sobre su platillo al entrelazar las manos sobre la mesa, mi espalda recta al mostrarme imponente ante ella, tal como me enseñó mi madre. —Nada en tus documentos contradice al relato que nos diste, así que no tenemos que pasar por el revuelo de un examen de ADN que pueda poner la atención de la gente sobre nuestra familia— sigo, si bien fui la primera en decir como una hipócrita que debía pedir un examen de este estilo, cuando nadie nunca se atrevió insinuarlo para mi hijo Luka, cuya paternidad hemos decidido todos los que conocíamos de mi error, atribuirla sin duda a Kostya. —Pero los rumores sobre Grace causaron mucho daño en su momento, como para alentarlos a reaparecer o que quien se presente con su nombre como parte de esta familia, propicie nuevos…— curvo mi ceja de manera severa, para que sepa que tengo mis ojos puestos en ella y en su comportamiento. —No creo necesario resaltar que esta familia sostiene una alta reputación en base a una actitud correcta, de respeto a las reglas sociales y ministeriales, también de puertas adentro. Mantenemos un comportamiento ejemplar incluso en la privacidad de nuestras casas— agradezco que Sigrid no esté en este momento conmigo porque una mueca suya bastaría para desbaratar este discurso que considero necesario para marcarle a esta muchacha lo que se espera de ella, así al menos no tengo que preocuparme de la mancha que pueda aportar su rostro a nuestro árbol genealógico entre las otras que procuro limpiar con mucho esmero para que no se vean desde afuera.
Ingrid C. Helmuth
Ingrid C. HelmuthProfesor del Prince

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Mensaje por Olivia A. Holenstein el Lun Dic 07, 2020 2:22 pm

Dirijo la mirada hacia la mujer de nariz afilada y frente arrugada cuando su pregunta interrumpe en medio del silencio en el que nos hemos sumido en lo que el elfo termina de acomodar una mesa preparada con toda clase de confituras y pasteles, dentro de esta sala de cristal que en verano debe de sentirse un poco asfixiante. Para el invierno, no obstante, es perfecta, así que no tengo que preocuparme por colocarme nada encima, pero acostumbrada a las varias capas del norte en una estación tan fría como esta, me siento un poco desprotegida. Puede ser también la insistencia de Ingrid Helmuth en mantener conversaciones como estas a cada poco, tanto ella como su hermano no han dejado de perseguirme desde que llegué aquí, siempre de un lado para otro dentro de la casa, aunque este último parece que busca más la compañía de alguien que pueda escucharle hablar que interés en mi historia como tal. Nicholas Helmuth le hablaría hasta las plantas y, aun así, se me hace un hombre de lo más solitario. Al menos hasta cierto tiempo...

Tomo de mi taza de café -en esta casa solo se bebe eso- con total tranquilidad, alzando hasta mi dedo meñique en el proceso de llevarme el vasito a los labios. —En el siete, vivía allí con mi padre hasta que falleció, me encargué de cuidarlo durante sus últimos años, cuando ya su enfermedad apenas le permitía realizar tareas básicas— cuento, mis facciones adquiriendo una tonalidad de falsa empatía por un hombre del que, espero, nunca se sepa nada. Aludir a la enfermedad y a la muerte siempre es algo que conmoverá hasta el corazón más frío, utilizarlo como recurso para tratar de ganarme la simpatía de esta familia, dado su propio historial, es la mejor forma de garantizarme una mirada amable. —No... lamentablemente debía ayudar a Thomas con la tienda, cuando terminé la educación obligatoria continué con su trabajo— explico, no espero que se pongan a comprobar la clase de negocios que se tienen en estos distritos, donde la madera y construcción dan para que la mayor parte de los residentes de ese distrito tengan tiendas de este tipo.

Poso la vajilla sobre el plato, esta vez para llevarme una de las pastas que asumo están más por decoración que otra cosa, pero vamos, he pasado mucha parte de mi vida observando esta clase de comida desde la cristalera de las panaderías, como para no aprovechar que tengo el dulce a mi alcance. —Oh, sí, por supuesto, lo entiendo— digo enseguida, cuando lo cierto es que no me he enterado ni de la mitad de lo que ha dicho, demasiado concentrada en el buen sabor de la pasta como para poder pensar en otra cosa. Creo que en la vida probé algo tan rico, lo cual trato de ocultar en mi rostro para que no desentone mi actuación. —No es mi intención ser una mancha en la familia,  yo solo... Verá, mi padre era un buen hombre, sufrió mucho en sus últimos momentos con vida, lo que más le hubiera gustado para mí sería que me reuniera con las personas que conocieron a su madre, que la acompañaron también en su final— miento, pero no es mi plan decirle que estoy a la espera de que, como miembro oficial de los Helmuth, se ponga mi nombre en la herencia de esta familia, me dejo las exigencias para otro momento, cuando me haya ganado su confianza o, si las cosas salen mal, robado el número de sus cuentas bancarias. —Sí, sí, no seré yo de quién tenga que preocuparse dentro de la casa, eso se lo puedo prometer...— dejo caer, haciéndome cargo de mi propio comportamiento, pero no del de otros, que tengo que contenerme de no soltar una risilla ante lo último que dice, ya la miradita con el movimiento de mis cejas no lo puedo sostener. Esta mujer tiene una visión muy errada de su familia si de veras cree que se mantienen en la castidad de puertas para dentro.
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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Mar Dic 08, 2020 8:17 pm

Hija devota que cuida de su padre enfermo, no puedo reprocharle que se hiciera cargo del negocio de este al acabar el colegio, cuando es lo que el deber filial obliga, así que aunque no sean las respuestas que esperaba, debo admitir que Grace acaba de aprobar esta primera parte del examen con una nota sobresaliente, la misma que me lleva a decir: —Si tienes intenciones de continuar tus estudios, ahora que estás aquí con nosotros y velamos por tu bienestar, sabes que cuentas con nosotros. Quizás cuidar a tu padre, ¿te haya dado cierta inclinación por la medimagia? Sabrás que es herencia de vocación entre los Helmuth dedicarnos al campo de la salud, yo misma estudie medicina antes de enlistarme como auror con el cambio de gobierno— encamino mi conversación hacia los destinos que puede elegir para ella, que no se aparten demasiado de la norma de esta familia. Morgana no quiera que alguien más me venga con el cuento de que quiere ser alquimista. —Los Helmuth somos servidores del ministerio de magia, también hijos leales a lo que nos han dejado nuestros padres por eso conservamos el negocio, manteniéndolo transparente y respetuoso a las leyes ministeriales— continuo al acercar la taza de té a mis labios y con el meñique en alto, como tantas veces Agatha Helmuth me indicó desde el otro lado de la mesa a que lo hiciera.

Por detrás de la taza es que murmuro: —Claro que si tus metas presentes pasaran más por los de una vida doméstica…— no es algo que haya inculcado a mis hijas, un buen matrimonio es agregado a las aspiraciones profesionales, de ninguna manera una meta, pero siendo Grace… cuanto antes tocar este tema mejor, cuanto antes solucionarlo mejor, porque hay una verdad sobre los matrimonios que hay que decirla: una muchacha como ella, de un pasado pobre, de pronto siendo recibida por parientes ricos, puede encontrar su camino allanado para ser parte de este círculo más cerrado de quienes gozamos de un estatus en sociedad, si consigue alguien con una imagen limpia de rumores y aunque es mucho pretender que aquellos muchachos de familias acomodadas que podrían interesarse en mi hija mayor, también lo hagan en ella, basta con quien tenga una reputación honrada que ayude a su propia imagen. —¿Has considerado el matrimonio, querida? Has tenido una vida difícil con la sola compañía de tu padre, ¿por qué no desear una vida más tranquila y formar tu propia familia ahora que cuentas con nosotros?— lo hago ver como una amabilidad de nuestra parte, que acompaño con el gesto de mostrarle mis palmas al bajar la taza de vuelta al platillo. Mi sonrisa esconde parte de inquietud cuando trato de no entender su comentario como una alusión de las faltas que mi familia que solo yo creo conocer entre las dos. —Esta casa, Grace querida…— abarco a la mansión con mis manos, —es el corazón mismo de la familia, donde todos los valores que sostenemos están grabados en cada pared que recorrimos con nuestros dedos siendo niños. El respeto a la moral, la honestidad entre sus miembros así como la unión entre estos… es algo de lo que esta casa es templo— bajo mis manos para apuntarla a ella, —y ahora también esta casa te protege a ti, pero los privilegios exigen…— cada palabra la digo con la misma calma que se sostienen los altos pilares de esta mansión, fuertes, inquebrantables, —respeto y deber con la familia—. Esta es la casa que ha recibido a cada hijo pródigo que cometió un error, pero ningún error ha conseguido aún desmoronar las bases sobre las que se asienta. Todos seguimos cumpliendo, con más o menos aciertos, lo que Archibald y Agatha Helmuth nos legaron. —¿Puedes entenderlo, querida?
Ingrid C. Helmuth
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Mensaje por Olivia A. Holenstein el Miér Dic 09, 2020 7:41 pm

Oh, ¿cree que podría?— me apresuro a decir abriendo los ojos en expresión inocente, dándome el tiempo que necesito para que se me ocurra una excusa por la que rechazar su idea. Que verán, yo no he pisado un colegio en mi vida, ni siquiera en el norte acudimos mi hermano y yo a la escuela, siendo mi madre la encargada de darnos la poca educación que tanto Niko como yo compartimos, y he de mencionar que esta, concretamente, no es muy decente. —No lo sé... todavía estoy procesando todo lo que ha ocurrido con mi pobre padre, ¿sí? Entender de donde vino su intranquilidad y malestar, luego descubrir que guardaba un secreto como este durante tantos años. Creo que... me gustaría tener tiempo para acostumbrarme a estos cambios repentinos, conocer a vuestra familia, si me lo permiten, claro— digo, tan educadamente como puedo, después de masticar la galleta con la boca cerrada y no como se acostumbra a comer en el norte, con la prisa y amenaza de que pueda venir alguien a quitarte la comida. A lo demás, asiento con la cabeza repetidas veces, tal y como si estuviera siguiendo un reality de televisión. —Sí, sí, entiendo, y lo de la medimagia en la familia es algo que pude ver de entrada, son todos tan... correctos, será difícil mantenerme a su nivel, pero haré todo lo que esté en mi mano para conservar la reputación de los Helmuth— le aseguro porque es la parte que me toca en esta actuación de pobre desalmada que viene a buscar ayuda de la familia perdida. No hay nada que siente mejor a esta gente rica que el que los demás alaben sus logros, que les laman el culo de aristocráticos para asentar su ego, así que es eso mismo lo que hago ante la oportunidad.

Alzo una ceja por detrás de la taza que me llevo a los labios al imitar su gesto, cuando veo por donde van sus intenciones con ese comentario que deja caer como si no quisiera la cosa, cuando es evidente que lo ha dicho por una razón más que concreta. —No, si tengo que hablarle con total sinceridad, no me había planteado la idea de casarme, ya sabe... con el deplorable estado de salud de mi padre, son pocas las cosas que una se puede permitir pensar fuera de esa preocupación real por el hombre— sigo aludiendo a esta parte de la historia que me invento según veo conveniente, que nadie se quejará de mencionar a los enfermos en repetidas ocasiones porque eso haría que se vieran como personas desagradables. Y si de algo me he enterado en esta casa de cómo funcionan sus integrantes, es que a ninguno le interesa quedar feo, por mucho que alguien pueda no agradarle, tienen un compromiso con sus comportamientos como para no hacer gala de aquellos que les siente mal. —Pero... supongo que no es una mala sugerencia, después de todo, los pesares se hacen más fáciles de soportar cuando hay alguien a nuestro lado que nos acompañe en ese camino, ¿no? Sea un marido, hijos...— me abro a la idea, aunque solo sea una ficticia porque ni loca voy a casarme con uno de su estirpe, que estos todavía son de los que casan a sus primos entre sí para mantener la pureza de su sangre. No me sorprendería en lo más mínimo descubrir que es algo real, si ya lo propuso mi propio hermano. —Claro, claro, por supuesto que lo comprendo— respondo de inmediato, regresando a mi carta comodín de asentir como movimiento reflejo a sus discursos de familia perfecta, por mucho que sus aires de rica me hagan querer vomitarle en los zapatos. —Y le prometo que respetaré el nombre de esta familia tanto como cualquier otro miembro haya hecho antes— digo esto tomando su mano, por mucho que pueda quedar como un movimiento atrevido, me parece que es lo justo cuando me estoy arrastrando literalmente a sus pies.
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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Vie Dic 11, 2020 3:14 am

Frunzo ligeramente mis labios por el rechazo a mi sugerencia de que retome sus estudios, ¿pero qué clase de persona me haría exigirle que luego de años de cuidar a su padre se apresure a retomar otros aspectos de su vida que descuidó? Cuando se trata de un ser querido, su pérdida no es una liberación, lleva tiempo tener mente y predisposición para encarar nuevos proyectos, supongo que el cobijo que podamos darle a Grace deberá pasar por un primer tiempo en que dependerá de nuestra compañía para su bienestar y no puedo exigirle –por el momento- lo que su estado de ánimo no podrá acompañar. Si realmente se trata de la nieta de Grace, nuestro deber más inmediato es dejarla descansar en esta casa como también lo hemos hecho con Josephine, en sus repentinas crisis artísticas cuando veía a buscar refugio en la casa vieja, o Nicholas mismo en el transcurrir de su duelo. —Si lo que necesitas es que te acompañemos un tiempo como familia, no está de más pedirte que también puedas ser una compañía para mi hermano que ahora se hospeda en esta casa y quién sabe sí estará con el corazón en paz para volver a la isla ministerial cuando se le pida— digo, —todo lo que pasó lo dejó profundamente abatido, tiende aislarse de manera que se queda solo más tiempo del que me parece sana, así que más no sea para acompañarlo en silencio, te agradecería mucho que puedas echar un ojo en él y su estado de ánimo. Ninguna de sus hermanas queremos ser entrometidas, sobre todas las cosas respetamos su reserva— agradezco, en verdad, no tener a Sigrid con nosotras para reírse por lo bajo de mí, —pero sí notas algo que te preocupe en él, no dudes en decirnos.

Entiendo lo comprometida que estuvo su vida al cuidado de su padre, con más razón considero que está hecha para una vida que involucre a otra persona, suele ocurrir que aquellos que cuidan por tantos años de un enfermo, al encontrarse solos no viven la independencia con el mismo goce que otros, se han acostumbrado a tener a alguien al lado, y la independencia más bien los desorienta, siempre que sea alguien honesto quien la acompaña, podrá incluso ayudarle a afianzarse en esta sin que lo sufra como un náufrago que perdió lo único a lo que se aferra en un mar tempestuoso. —Dicen que siempre es bueno compartir las penas y el amor con otra persona, las penas se dividen a la mitad así que es más llevadero, el amor se multiplica para ambos— evoco al beber otro poco de mi té y vaciar la taza. No es algo que me haya dicho Agatha Helmuth jamás, fue mi padre cuando iba a casarme con Kostantine, pocos días antes de que asumiera ese compromiso que está hecho para durar toda la vida o todo lo que dure una vida. —Cuando una persona está sola debe cargar con tantos sentimientos por su propia cuenta que la vida puede volverse larga, contar con otra persona hace que la vida se vaya en un pis pás, nos encontramos con una casa, hijos, nietos, recuerdos, anécdotas…— suspiro con cierta pena, ya que soy la única de mis hermanos que aún tiene una alianza que la une a otra persona viva. Sigrid separada, Nicholas viudo. —Sabrás que…— comienzo, clavo mis ojos en ella, —Ludovic Helmuth no volvió a casarse después de que falleciera Grace. Estuvo décadas solo en esta casa, nunca se recuperó de haberla perdido, supongo que la amo hasta el último día como para incluirte en su testamento. Pero fue una soledad muy larga, muy triste, no le deseo a nadie que se quede solo, con un amor y una pena que no tuvo con quien compartir, como le sucedió a Ludovic— miro más allá de los cristales del invernadero, lamentándome por mi hermano.
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Mensaje por Olivia A. Holenstein el Sáb Dic 12, 2020 7:39 pm

Como víbora que puedo llegar a ser, me cuesta resistir a la tentación de reírme por tan errada imagen que tiene de su propio hermano, entre los cuales siempre llegué a pensar que no hay espacio para engañarse unos a otros, parece que encuentro una excepción entre los miembros de la familia Helmuth que, tan ingenua como pueda ser la mujer que tengo delante, no ve por sí misma lo que está ocurriendo realmente dentro de las paredes de la mansión donde dice refugiarse su hermano. Ni siquiera es un engaño voluntario, sino uno que su mente crea para mantener esta visión de la familia que quieren ser, correctos como ella ha mencionado, cuando si Nicholas Helmuth se esconde dentro de la casa, es precisamente para meterse en las sábanas de su cama con cierta fulana. —Oh, claro que puedo hacer eso...— acepto sonriente, mostrando la calidez de una sonrisa que he aprendido a fingir al punto de que sale completamente natural —, es cierto que su estado puede resultar preocupante, si hasta lo he escuchado hablar solo algunas veces...— dejo caer, porque eso sí que no puedo guardármelo, y si bien no seré la persona que le diga de forma directa que su hermano está entreteniéndose con alguien más que su sombra, sí voy a ser quien acompañe con esta clase de comentarios para que se dé cuenta de lo que ocurre —Incluso por las noches, en ocasiones creo escuchar más de una voz— digo inocente —Será cosa de mi propia imaginación— concluyo con un gesto de mi mano para hacer creíble mi poco conocimiento sobre los quehaceres de su hermano.

Resulta fascinante, en el sentido más irónico de la palabra, cómo ven personas como ella el amor y la desgracia, gente que se ha criado entre paños de seda, que todo lo que quiere lo tiene y, como no podría ser de una manera diferente, suele ocurrir lo mismo con las personas de las que se rodean. En mi caso, no puedo ver el amor hacia una persona de la misma manera que ella lo hace, empezando porque ni siquiera creo a mi corazón capaz de albergar ese sentimiento, y si no fuera porque puedo sentir las pulsaciones en mi muñeca, hasta diría que carezco de este órgano. No es algo que ella tenga que saber, evidentemente, así que en su lugar asiento con la cabeza, tomando lo que queda del café de mi taza. —Supongo que podría intentarlo, tratar de conocer a alguien que pueda aportarme esas cosas...— murmuro. —¿Para ti tener hijos fue un deber para con el futuro de la familia más que un deseo personal?— pregunto, quizá por curiosidad, quizá por mantener la línea de la conversación viva, pero lo cierto es que no aparto la mirada de ella en el momento de plantearle esa pregunta. Ante el discurso de Ludovic Helmuth, bendito hombre, pongo cara de circunstancia, tal y como si se me llenara el pecho de un pesar real por una persona que, en realidad, estoy tratando de estafar. —¿Perdón?— interrumpo en pleno discurso, al escuchar mis oídos la palabra «testamento», dando justo en el clavo de lo que quería mencionar yo, sin que haya hecho falta hacerlo. —¿Ludovic me incluyó en su testamento?— simulo una sorpresa inédita, acompañando el tono de mi voz con mis cejas al elevarse —¿Por qué haría algo así? ¿Qué significa eso?— sigo con mi farsa de niña buena, colocando una mano en mi pecho de la impresión falsa de conocer estos acontecimientos.
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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Dom Dic 13, 2020 9:28 am

La taza resbala de mis dedos en el momento en que su comentario cae sobre mí como agua fría, con un temblor que baja por mis brazos; creo que la intensidad de mis ojos al fijarse en ella podría recubrirla de escarcha por lo helado de mi reacción a una información de este estilo. —Perdona— procuro recuperar la compostura, —torpeza mía — me disculpo con una sonrisa en los labios que encubre mi turbación interna. Con la servilleta de tela trato de limpiar la mancha de té que quedó sobre mi pantalón y que el elfo al aparecerse de inmediato a mi lado, retire los trozos de porcelana rota, no seré yo quien haga el servicio de limpieza. Devuelvo la servilleta a su lugar al lado del platillo de una nueva taza que se materializa sobre este por la magia del mismo elfo, así puedo continuar con la conversación en la que el té mismo me está provocando un regusto amargo en la garganta. ¿Es posible que…? No, debe ser alguien que viene a visitarlo, ¿quizás su hijastro? Ese insoportable del profesor Thornfield del que parlotea Kitty para excusar sus actos. ¿Pero a deshoras? Es posible, charla de caballeros, bastante inapropiado teniendo a una muchacha como Grace en la misma casa, a menos que… sea ella misma la razón de esas visitas, lo que pretendo indagar apenas tenga la ocasión en esta charla, que bordea –va de lleno- a ciertos temas que me lo permiten.  

Fue una decisión personal, todas las casas necesitan ser habitadas por niños— contesto, esta casa también, todos y cada uno de los nietos hemos pasado por estas salas dejando nuestras marcas en las baldosas del suelo, llenamos sus pasillos con el sonido de nuestras voces y así, resistió al paso del tiempo. Con mis hermanos contribuimos a continuar con este legado al tener hijos que esperamos puedan, a su vez, seguir trayendo niños a esta casa. —Todas las parejas necesitan también de hijos para ser una familia, sino… simplemente son una pareja, no una familia— acoto por la educación que hemos recibido de que los enlaces que formamos son por responsabilidad a este deber, en la que encontramos nuestra propia dicha si hacemos las cosas como deben hacerse, y no de la manera de nuestra prima Josephine, que no ha contribuido a esta casa con ningún hijo, lo único que hace es sumar más nombres a su lista de amantes. ¿Y queremos otro hijo bastardo? No. Porque terminamos en charlas obligadas como esta, en la que debo hablarle de un testamento que la beneficia a una muchacha que apenas si me está convenciendo de que no hará derroche de esa fortuna y usará el apellido Helmuth como motivo de chismes.

Así es, tendrás una reunión con nuestro abogado dentro de poco para que pueda explicarte todos los detalle— la pongo al tanto, de lo que sé es de lo que puedo hablar y es lo siguiente:  —Ludovic tenía un aprecio sincero por Grace, que no quiso dejar desprotegido al hijo que ella tuvo, poco le importó que no fuera suyo— tomo aire, triste que con más y menores diferencias, sea algo que se repite también esta familia. Kostya aceptando a Luka sin exigir un examen que certifique su paternidad, Nicholas viéndose comprometido a reconocer a la hija de Anne Ruehl por la deuda de habernos ayudado a recuperar a Katerina, la única que increíblemente se libra de estos dramas, porque ya tienes los propios al haber tenido hijos con el que ahora es un criminal de relevancia para el ministerio, es mi hermana Sigrid. —Grace, querida… no puedo mencionar al tío Ludovic sin preocuparme por mi propio hermano, ya te habrás dado cuenta que sus historias son muy similares, en verdad me preocupo por él… ¿estás seguro que habla solo? ¿No será acaso que lo visita un muchacho… alto, moreno? Es su hijastro, quizás… sea él quien viene… Logan, así se llama, ¿lo has visto a él?
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Mensaje por Olivia A. Holenstein el Dom Dic 13, 2020 9:28 pm

Consigo la reacción que estaba esperando cuando todo el color en su rostro se esfuma y no contenta con eso, a su estupefacción le acompaña la pérdida de la taza de su mano, la misma termina en el suelo hecha añicos por el golpe sufrido. Me limito a mantener la consternación en mi rostro cuando el elfo atiende rápidamente el desperdicio y se encarga de devolver la naturalidad de la misma al revertir la taza delante de la mujer. Sonrío ante su disculpa para hacerle ver que está todo bien, debajo de mi sombrero que mantiene recogidos los rizos por los que me decanté esta mañana para lucir. —Entiendo— murmuro, pese a no hacerlo en lo absoluto. —, trataré de cumplir con esa obligación para con la familia— le doy mi palabra al mover mi mano en un gesto suave, que no podría ser más falsa por mi nula visión como madre. No por nada, sino porque aparte de conllevar excesiva responsabilidad, no deseo destrozar mi vida teniendo que depender el resto de ella de esas criaturas que tengan su origen en mi cuerpo.

Me recuerdo a mí misma que no puedo sonreír de manera excesiva, mucho menos mostrando lo venenosas que pueden resultar mis sonrisas, cuando no he necesitado de hacer nada más que poner cara de inocente palomita para que saque ella misma el tema de la herencia. —Oh, yo no podría... de veras que no es esa la razón por la que quiero conocer a la familia, sino por la historia que comparten con mi padre, por la pobre de Grace y...— suspiro, hacer mención de estos personajes debe de sentirse como una llaga en el corazón de aquellos que los quisieron, pero poco me importa cuando puede haber dinero de por medio. —Claro que... es un gesto extremadamente amable por parte de Ludovic, se puede ver que quiso mucho a mi abuela...— es mi manera de aceptar, sin tener que hacerlo de forma directa, a ver a sus abogados para que podamos tramitar el testamento. No me verán desaprovechar la oportunidad de dejar esto pactado antes de que el tiempo permita espacio para que algo salga mal, mejor quitárnoslo del medio cuanto antes y si la reunión con el bufete de abogados puede ser mañana mismo, pues mejor.

Inflo mi pecho de aire ante la repetida mención de cómo se parecen las historias de su hermano con la del que fue marido de Grace por tan poco tiempo, yo misma puedo ver las referencias y es la razón por la que suelto un suspiro cargado de falsa comprensión hacia ella. —Oh, pues...— hago como que me lo pienso unos segundos, elevando mi mirada hacia el techo de cristal antes de regresarla a su rostro tras un recorrido por la sala —Recuerdo haber visto un hombre, sí, un par de veces, puede que hasta sea el mismo muchacho que tú dices, pero... No, no, estoy segura de que no era esa voz la que escuché. ¿Logan dices que se llama?— me llevo un par de dedos a los labios, volviendo a meditarlo antes de negar con la cabeza —No, no... era una voz más aguda— aseguro, sin tener que explicar el motivo de ello, supongo que podrá llegar ella misma a la conclusión de que ese tono le pertenece a una mujer. ¿Y qué mujer? Esto se pondrá interesante de aquí a unos minutos, eso seguro.
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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Mar Dic 15, 2020 12:46 am

Es la parte de la fortuna que te corresponde por el aprecio a la memoria de Grace— insisto, su aparente desinterés a un monto que atraería a más de un codicioso, me lleva a hacer un comentario que lejos está de querer ser un consejo, tiene la intención de ser otra prueba de su carácter. —Siempre puedes compartirla con fundaciones y beneficencias, no tienes que aceptarla si te pone en un dilema moral, con un poco te bastará para llevar el estilo de vida que sostuviste hasta el presente, si así te sientes cómoda— mi sonrisa muestra una amabilidad que es cubierta del disfrute de acercar y alejar de sus manos, los galeones prometidos en el testamento, lo hago con todos los niños Helmuth. Nacer en una casa como la nuestra, con privilegios desde la cuna, es la parte bonita en la que todos quieren quedarse, es bueno recordar en todo momento la enseñanza que acabo de compartirle: esos privilegios van unidos a ciertos deberes.

Si quieres colaborar con algunas causas, tengo entendido que Nicholas aporta a los orfanatos que ahora están a cargo de Phoebe Powell como directora, quizás la veas venir uno de estos días…— comento, —suele traer a su niño a visitar a mi hermano…— quizás necesite de una segunda charla para trazar un árbol genealógico, con los vínculos políticos que se establecieron y la herencia de relaciones que se dieron a partir de estos, para que tenga una idea más precisa del ir y venir de ciertas personas por esta casa. Tal vez así sea posible que ella también pueda aportarme información más precisa sobre quienes han pasado por esta casa fuera del horario considerado adecuado para las buenas formas y no haga falta llamar a un perfilador para que nos dibuje un retrato. —¿Será posible que Brian se escabulla de Sigrid para venir a ver a su padrino a medianoche?— medito en voz alta cuando recuerda que se trata de una voz más aguda a la de un hombre maduro. —Ya le está cambiando la voz, no debería escucharse así…— soy yo la que recuerda los cambios que percibí en su tono en las últimas visitas a mi hermana Sigrid, los cuales cohibían al niño y a la vez lo llevaban a presumir, crecer suele provocar esos sentimientos contradictorios. —¿Solo lo escuchaste, querida? ¿No… viste nada raro?— insisto, que la casa es vieja y la sugerencia que me falta por hacer es que se trata de un fantasma de alguna tía abuela o de la misma Grace, ¿quién sabe?
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Mensaje por Olivia A. Holenstein el Miér Dic 16, 2020 7:48 pm

Ella no puede verlo, pero mentalmente estoy sacudiendo mis manos una contra otra por la alegría de escuchar de su boca que hay una parte de la herencia de esta familia que me pertenece, tal y como planeamos con Niko, ha sido más fácil de lo que uno se hubiera esperado cuando se trata de ocupar el lugar de personas que dejaron un hueco vacío en sus corazones. Bien, puede que no me parezca un pelo a esta tal Grace, pero espero que me perdone donde quiera que esté de robarme el dinero dispuesto para su hijo. O no, la verdad es que me importa poco si lo hace o no. —Oh, qué buena idea, sí... Hay mucha gente desamparada por ahí que podría andar necesitando un poco de amabilidad por parte de familias como estas, ¿verdad?— ¡y una mierda! Si se cree que voy a donar los galeones a beneficencias por puro amor al arte, está muy equivocada. ¿Quién mira por los desamparados como yo? ¡Nadie! Lo justo es que me lleve sin remordimientos lo que me he ganado después de tantos esfuerzos. ¿O es que la gente se cree que robar es tarea fácil?

Pondría mis ojos en blanco si no fuera porque tengo que limitarme a sonreír con toda la inocencia que me es posible fingir en momentos como este, luego de que me salga con el cuento de los huérfanos. Nadie se preocupó por mí siendo niña, por mi hermano tampoco, y aunque tuviéramos padres, nuestras condiciones de vida no eran muy diferentes de aquellos chicos encerrados en hospicios. ¿Miró alguien por nosotros entonces? No, cada uno debe aprender a ganar sus propias batallas, como yo estoy haciendo con la mía. —Mira, qué interesante— curvo mis labios en una sonrisa retorcida al escuchar ese nombre conocido, aunque para ella no es más que una sonrisa normal —¿Phoebe Powell? No tenía ni idea de que estuviera a cargo de los servicios sociales— maldita mosquita muerta, que ahora se regodea en su apellido cuando en otros tiempos no tuvo problema para ir por otro nombre. Qué manía tienen estos norteños de no identificarse con quienes la vida ha demostrado que son. A mí, por ejemplo, me demostró que es una zorra. —No, no era la voz de un niño la que escuché, ya fueron varias veces...— el tono me sale más serio de lo que pretendo, resultado de seguir pensando en lo anterior, de modo que me apresuro a retomar mi papel, enderezando mi espalda. Asiento con la cabeza en movimientos cortos, pero concisos. —Sí, solo escuché, no querría jamás.... importunar en los asuntos personales de su hermano, a no ser que me diga que quiera que descubra de quién se trata— propongo, alzando una ceja.
Olivia A. Holenstein
Olivia A. HolensteinFugitivo

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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Sáb Dic 19, 2020 8:23 pm

Medito profundamente con mi dedo golpeteando mis labios qué tan conveniente es aceptar su ayuda en saber qué conversaciones están distrayendo a mi hermano en su duelo, la voz de Sigrid dentro de mi cabeza me dice que no irrumpa en la privacidad de Nicholas, que no puedo pedirle a Grace que lo espíe. Pero no es espiarlo, no es entrometerme en sus asuntos, es simple y llana preocupación. —Uno de nuestros principales deberes como familia es velar por los otros, cuidar a veces desde la lejanía o sin que sepa que estamos cuidándolos— comienzo así para que se entienda correctamente mis intenciones, no se las mal interprete como que estoy revolviendo los asuntos de mi hermano otra vez, —así que te agradecería si puedes compartir conmigo lo que sepas que pueda estar importunando o alterando a mi hermano, todo sea por tener la confirmación de que está bien o intervenir a tiempo si está mal— tomo prestadas algunas palabras que la misma Agatha Helmuth usó conmigo cuando tenía dieciocho años, creí y sigo creyendo que en ese momento hice lo que era necesario para ayudarlo.

Paso mi mano por encima de la mesa para atrapar la de Grace con una sonrisa diferente, más amable, a la que mostré cuando iniciamos esta conversación. —Cuentas conmigo para lo que necesites— digo, mis dedos se cierran alrededor de su muñeca cuando bajo un poco el tono de mi voz para que se escuche como un susurro de dulce advertencia, —y espero también poder contar conmigo, de eso se trata ser familia—. Si me quiere de su lado, acompañándola a ver a los abogados, aceptando que firme un testamento que es generoso en demasía sin que ponga reparos, espero que entienda que debe actuar de manera que me caiga en gracia. Nicholas y Sigrid aceptarían a un hurón en la familia si logra conmoverles, Sigrid quizás por simpático, soy yo quien no va a permitir que cualquiera ensucie con sus zapatos la entrada de esta casa, así tenga que sacarle por la fuerza. Soy a quien tiene que demostrar que merece estar en esta familia, que está a la altura de lo que se espera y también que será obediente a los deberes, es a mí a quien tiene que convencerme que puede ser una Helmuth.
Ingrid C. Helmuth
Ingrid C. HelmuthProfesor del Prince

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