Invierno, 2471
Actualmente nos encontramos en INVIERNO, fechas comprendidas entre el 21 de Diciembre y el 20 de Marzo. Para conocer los últimos sucesos del foro dirigirse aquí.
Conectarse

Recuperar mi contraseña

Maybe another time · Priv.  IRh8ZNT
skin diseñado por @madeinsevilla

Maybe another time · Priv.

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Maybe another time · Priv.  Empty Maybe another time · Priv.

Mensaje por Anne Ruehl el Dom Nov 29, 2020 4:18 pm

Primeros días de febrero,

Así como al otoño lo alargaría un par de semanas más, el invierno se me hizo toda la vida una estación hostil que esperaba cesara antes de lo marcan los calendarios. En el norte es aún más violento con el espíritu de las personas y no hay mañana en la que uno no despierte sin sentir que el frío llegó a entumecerle los huesos, se hace lento y difícil el incorporarse, para que el abatimiento de otro cielo gris sobre caminantes que con sus ropas pobres también parecen de este tono, consiga que se desee que el tiempo corra un poco más a prisa, que la escarcha termine por derretirse. La misma que piso al subir la escalinata corta de la entrada a la mansión que se aísla del resto del distrito como una fortaleza hecha de piedra que también pretende resistir al invierno, y cuando sigo al elfo doméstico a la sala donde puedo esperar, en uno de los sillones sobre el respaldo del cual dejo mi abrigo al doblarlo con los brazos, medito sobre la ironía de que quizás el invierno resida en una casa como esta, en la que chimeneas se encargan de volverla acogedora, pero sus cortinas pesadas y retratos altivos la vuelve bastante austera. Esa es la impresión que me da a mí. Tal como Sigrid decía que era impensado que una Helmuth acabara por ser guardiana de la casa de los Ruehl, también lo es que sea yo quien ponga un pie en la residencia antigua de los Helmuth.

Espero a que el dueño de la casa se presente mientras recorro cada uno de los cuadros, cada pieza de decoración de esta sala, buscando algo más familiar como una fotografía y con mucha suerte mis ojos tropiezan con un único retrato que hubiera pasado de largo sino fuera por la coincidencia de dos niñas rubias vestidas de blanco y un chico un poco mayor, con el peso de la mano de la inconfundible Agatha Helmuth sobre su hombro y un rostro no tan severo como el que conocí de ella, es una clara postal de diciembre con todos los adornos navideños en esta misma sala. Diciembre nunca ha sido un mes que me traiga recuerdos amables, las celebraciones de otras familias coinciden con la partida de mi hogar en el distrito dos, así que nunca alcanzo a compartir la algarabía que trae el día veinticinco y dudo que en esta casa se haya disfrutado de la misma el último año, todo lo amargo del mundo ha arrasado sobre nuestras memorias y nos obliga a despertar a mañanas grises, en las que el cuerpo reniega de tener que ponerse de pie y de todos modos lo hacemos, para venir a hacer visitas a deshoras luego de pasar otro día soportando el invierno desde un punto remoto en el distrito doce.

Es hora de volver a la casa del distrito dos, desde ahí puedo aguardar el desenlace del plan sobre Synnove Lackberg. Si mi parte del trato ya lo cumplí, mi derecho a poder a ser una ciudadana más de Neopanem lo pienso ejercer recuperando la posesión de mi casa, aunque no tenga intención de recorrer más allá de ciertos lugares y sea para poder recibir a personas como mi hija, Maeve o Sigrid, sin que las comprometa andar por el norte. Pero si tomaré posesión de mi viejo hogar, lo menos que puedo hacer es pasar a saludar a los vecinos, por los cuales tengo que salirme de la calle que antes compartíamos y venir a buscarlos a donde se esconden. Yo, por mi parte, estoy un poco mayor para seguir permitiéndome actuar como una cobarde sobre ciertas cosas que se quedarán conmigo, en vano las ignoro. Permanezco en silencio al encontrarme con su mirada al otro lado de la sala cuando reconozco sus pasos al entrar y rodeo uno de los sillones para colocarme donde pueda verme bien, reconocer mi rostro, lo que no dudo que lo haga porque siempre tuvo mejor memoria que yo. —¿Estás sorprendido?— pregunto, para que diga algo, aunque no sea otra cosa que el predecible «». Prenso mis labios antes de modular la siguiente pregunta. —¿Te enoja verme aquí?— en mis oídos todavía resuenan mis gritos al pedirle que se fuera, —¿vas a echarme quizás?— inquiero, he puesto mucho empeño en cosas por las cuales bien ganado tendría que me señale la puerta para que me retire.
Anne Ruehl
Anne RuehlCiudadano

Volver arriba Ir abajo

Maybe another time · Priv.  Empty Re: Maybe another time · Priv.

Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Dom Nov 29, 2020 6:54 pm

Hay pocas cosas que pueden llegar a sorprenderme estos días, en los cuales me limito a resguardarme si no es en la mansión de la isla ministerial, en la vieja casa del dos donde no me avergüenzo de decir he encontrado una tranquilidad muy distinta al silencio de la primera residencia mencionada. Ni siquiera mi hermana, que con su nuevo puesto de trabajo ha pasado a vivir a escasos metros de mí, ha conseguido que permanezca varias noches seguidas en esa casa bajo la exhaustiva mirada de los aurores que conforman la nueva seguridad. Me encuentro mucho más cómodo aquí, con la compañía de Grace a quién también me he acostumbrado más rápido de lo que esperaba si tenemos en cuenta que no es más que una extraña con nombre familiar, aunque no es la razón por la que acomodo algo tan común como un libro de lectura en la mesilla de la cama del dos y no en la isla. Mis sobrinos dirían que estoy reencarnándome en mi propio tío Ludovic, que por eso aprecio mucho más este lugar que el esperado de un ministro, pero lo cierto es que no encuentro otra explicación que la de haberme rebajado a la comodidad silenciosa que viene de no esperar nada más de la vida. Sea pensamiento derrotista o no, también es la verdad a la que me he acostumbrado y está bien.

No obstante, a pesar de haber reafirmado no encontrar nada sorprendente, el elfo doméstico que interrumpe en mi dormitorio para decir que Anne Ruehl se encuentra en la sala más frecuentada por visitas diría lo contrario al ver mis cejas alzarse por detrás de las páginas del libro, bajar el mismo sobre mi regazo mientras el sonido de la leña en la chimenea es todo lo que se escucha. Debe de ser una broma, pienso en silencio en lo que bajo las amplias escaleras para bajar al recibidor principal, ya libre de las excesivas decoraciones navideñas que pusieron los elfos para acondicionar la casa a la época festiva, y lo rodeo en dirección a la habitación. Me toma un segundo decidirme por tirar del pomo de la puerta, retrasado por las palpitaciones de mi corazón que por algún motivo se han acelerado en cuanto mis dedos toman la manija y tiran de ella, todo para encontrarse con el rostro inconfundible de Anne Ruehl, la difunta Rebecca Hasselbach de quién no hay un solo alma que no haya escuchado estas últimas semanas.

Su voz es suficiente para hacerme reaccionar, aunque lejos de aparentar anormalidad en mis movimientos, me acomodo la camisa y doy los pasos necesarios para colocarme en el interior de la sala. —Mi madre hubiera sido la primera persona que diría sería capaz de regresar de entre los muertos— mascullo en lugar de responder a su pregunta inicial, curiosamente hay una fotografía no muy lejos de donde estoy que tiene a Agatha por protagonista —, me equivoqué pensando que es la mujer más cabezota que he conocido en mi vida— no sé como consigo el humor para bromear al respecto, cuando mis ojos la analizan de arriba a abajo, sin apenas un rasguño que señale que haya estado en problemas, pero mi sonrisa se atreve a delimitar una sonrisa. La misma se borra ante sus siguientes provocaciones, aunque más que desaparecer, lo que hace es amoldarse en una línea fina en mis labios. —No— respondo con total honestidad, no es enojo lo primero que he sentido al verla —Tampoco— sigo, con mis contestaciones escuetas no sé si pretendo sacarla de quicio como una vieja costumbre de ambos o ser lo más sincero posible. Puede que un poco de ambas —Así que... no estás muerta— mis manos se meten en los bolsillos como si estuviera diciendo lo más obvio del universo, que lo es, y aun así me muevo para quedar todavía más cerca de ella. —¿Para eso viniste? ¿Para que pueda ver con mis propios ojos que nos tomaste a todos por idiotas una vez más?— puede que sí esté enfadado, pero no por las razones por las que ella creería.
Nicholas E. Helmuth
Nicholas E. HelmuthSanador Especializado

Volver arriba Ir abajo

Maybe another time · Priv.  Empty Re: Maybe another time · Priv.

Mensaje por Anne Ruehl el Dom Nov 29, 2020 7:41 pm

El recuerdo que tengo de su madre se mezcla más con emociones que con una evocación de actos que justifiquen el que responda con una carcajada corta y de satisfacción a su mención, a que me mueva por la sala a buscar un sillón en el que pueda dejarme caer con el descaro de sentirme complacida de haber conseguido un mérito inalcanzable incluso para ella. —Lo tomaré como un halago— el que diga que puedo ser tan terca como para hacer esto que otros llaman irresponsable o imprudente de mi parte, —y el haber ganado sobre Agatha Helmuth— eso también lo digo con mis ojos fijos en él, no me avergonzaré de ser franca sobre cómo me siento respecto a esa mujer, para quien nunca estuve a la altura de nada por la manera que tenía de mirarme desde tan arriba por ser bastarda de una familia tan abominable como los Ruehl, triste gesto que también heredaron Ingrid y Nicholas, salvo que una llegue a tener la ocasión de mirarlos de cerca y obligarlos a miradas a la misma altura.

Se puede ver algo más en sus rasgos cuando una llega a conocerlos como para saber interpretarlo, no puedo decir mucho de Ingrid más allá de haber sabido identificar en ella cada vez que mi voz como ministra se impuso sobre su trabajo de auror y al verla arrugar los labios por la imposibilidad de contestar, sin tener otra opción que obedecer, en cambio de Nicholas puedo decir que en sus negaciones espero a que me revele lo que hay detrás, no se quedará en lo escueto de sus respuestas. Pese a la línea que forma con sus labios, a su reserva que también he sabido ver en Sigrid, otro rasgo de esta familia, sé reconocer a los cuerpos que andan con una opresión en el pecho y a cómo eso puede pasar desapercibido en los semblantes serenos, de ahí mi intención de pedirle que si está enojado me lo diga. Y lo está, claro que lo está. Me acomodo contra el respaldo del sillón, colocando un cojín a mi lado, y cruzo mis piernas para que vea que he tomado lugar así que podemos conversar largo y tendido.

Estás enojado— apunto, sí él no lo hace, lo tengo que hacer yo. —Ofendido, mejor dicho, sientes que te he tomado por idiota— si lo repito es para volver sobre lo último: —otra vez—. Muchas fueron mis motivaciones para hacer lo que hice y tratar a las personas como estúpidas no fue una de estas, cuando fue una decisión en la que pensé desde mi persona y en extensión solo a mi hija. No pasé noches pensando cómo se lo tomaría la gente, cumplí en tratar de dejar las cosas en orden. —No fue esa mi intención— aclaro, —y no contigo—. Procuré hacer lo que era mejor para mí, no busqué adrede agraviar a nadie. —Me habías dicho que podía cambiar y ser otra persona, ¿recuerdas?— es una apelación directa, exigente. —No fue un engaño hecho para verle la cara de idiota a nadie, ¿eso es lo que te ofende? ¿el creer que los engañé?
Anne Ruehl
Anne RuehlCiudadano

Volver arriba Ir abajo

Maybe another time · Priv.  Empty Re: Maybe another time · Priv.

Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Lun Nov 30, 2020 7:50 am

No estoy enojado— vuelvo a aclarar, consciente de que se me tensa la mandíbula un poco más de la cuenta, y es que parezco un niño tratando de demostrar qué tanto puede pesarle el orgullo con tal de no darle la razón a la otra persona. Si Rebecca creía que podía desaparecer y regresar como si nada, sin que mi tono ofendido se apareciera por algún lado, estaba muy equivocada plantándose en esta casa. Ella se toma la libertad para acomodarse en el sillón, yo hago lo mismo, permitiéndome usar unos cuantos segundos de silencio para caminar hasta quedar frente a ella y sentarme de manera que mi rostro puede enfrentar el suyo. —Si no fue esa tu intención... ¿cuál era?— exijo saber, fingiendo el tono calmo que me caracteriza cuando en esta ocasión lo único que deseo hacer es gritarle. Tengo que contenerme de hacerlo, así que por eso mismo, aprieto un poco más mis labios y entrelazo mis manos delante de mi regazo, apoyándome sobre el respaldo como llamado a la tranquilidad. —Venir hasta aquí, quiero decir, puedo hacerme una idea de por qué fingirías tu muerte frente al resto del país, ¿pero con qué intención viniste a esta casa?— indago, no es como que necesite nada de mí ahora que no tiene ninguna deuda sin pagar con el gobierno.

Doy unos golpecitos con mis dedos sobre los propios dorsos de mis manos, con ellas entrelazadas, me dedico a contemplar sus facciones como si estuviera tratando de descubrir a una impostora detrás de esos ojos azules, cuando los conozco demasiado bien como para saber que nadie sería capaz de asemejarlos ni aunque pusiera el máximo empeño en ello. Siempre he pensado que los ojos de Anne tienen una personalidad propia, que en la mayoría de veces no coincide con la que pretende mostrar con palabras, siempre mucho más sinceros que estas. Me tomo un tiempo para averiguar si hay algo que estos me digan que no lo hagan sus labios, hasta que con un suspiro evidencio que me he cansado de buscar. —No creí que fueras a tomártelo tan literal, pero sí, recuerdo habértelo dicho— a Rebecca, más bien, no a ella, que se ha presentado en mi casa como Anne Ruehl, dejando atrás cualquier fantasma que pudo interpretar en el pasado —¿Has cambiado?— pregunto, pero me doy cuenta enseguida de la incoherencia en lo que pido saber —¿Estás tratando de cambiar?— me corrijo. Me abstengo de repetir que no me encuentro enojado, cuánto más lo pienso más me doy cuenta de que sí lo estoy, ofendido, como ella hace bien en remarcar. No estoy acostumbrado a que me traten de idiota, así que ante la primera oportunidad, me atrevo a recordárselo. —Me echaste de tu casa, dijiste que no querías volver a verme en lo que te restara de existencia, lo cual, asumiendo las noticias de hace unas semanas, no tardó mucho en cumplirse. Y ahora... ¿te presentas en mi casa como si nada?— ladeo la cabeza, como primera prueba de su error antes de reconocer lo que tanto me ha costado escupir desde que llegó —Sí, estoy ofendido.
Nicholas E. Helmuth
Nicholas E. HelmuthSanador Especializado

Volver arriba Ir abajo

Maybe another time · Priv.  Empty Re: Maybe another time · Priv.

Mensaje por Anne Ruehl el Mar Dic 01, 2020 4:48 am

Me limito a alzar mis cejas para que en su insistencia de que no está enojado sepa reconocer entonces por sí mismo qué otro sentimiento esconde su pregunta sarcástica, no parece propia de él al menos, a quien interrogar sobre las intenciones que llevan a una persona a cometer una acción así va más acorde a su carácter mesurado. Pero ni siquiera la manera que tiene de sentarse frente a mí le devuelven la postura que lo hacen un juez que sabe mantener distancia de las faltas ajenas al medirlas, así que soy quien expone mis razones con una calma que estando falta en él, me toca a mí enseñar para que el aire de esta sala siga fluyendo y no quede entre nosotros como algo que luego nos cuesta respirar. —No fue un acto montado para burla de nadie, era algo que necesitaba hacer por mí…— se lo explico, y nunca fui buena en ser quien mantiene la calma de los dos, el revés de la razón real de su pregunta me saca de esa postura conciliadora y lo siento como una alivio, ya que puedo recuperar mi postura por costumbre.  

Mentiría si dijera que este no era un interrogante que me esperaba, que sea capaz de verbalizarla con su propia voz es algo que pensé que llevaría más tiempo. Cruzo los brazos sobre las rodillas al inclinarme para que mis ojos enfrenten los suyos, mi pulgar frota mi puño cerrado en un gesto inconsciente al pensar mi respuesta, me somete a un tipo de pregunta que alcanzo a identificar como la que yo también uso cuando trato de exponer a alguien. El riesgo con Nicholas es que a veces da la impresión de estar viendo más allá de lo que alcanzo a mostrar, pudo ver más allá de las mentiras que yo repetía por creérmelas, y a la vez, cuanto más me acerco a él, menos es lo que ve, se va volviendo ciego a lo que tiene delante. —Te lo debía— contesto, —te debía el venir a decirte que hice caso de tu consejo y que decidí creer que Anne Ruehl podía ser una persona diferente a la que le dijeron que era— lo digo sin pestañear, entregándole en mi aparente impasibilidad la mitad de una verdad. Bajo mis ojos al movimiento nervioso de sus dedos por un momento, los devuelvo a su rostro para que no se moleste al saber que estoy pendiente de cada cosa en él. —Tengo un temperamento radical— contesto a su sorpresa de que haya llegado hasta el punto de simular un asesinato para matar el nombre que usé por años y me dio una historia y fama de la que no podría desprenderme al simplemente renunciar como ministra, que llamaba a una parte de mí que necesitaba que muriera para poder ser Anne otra vez, si quería rescatarla. —Estoy tratando— yo misma lo digo con un recelo que se transmite en lo lento que modulo, —en verdad estoy tratando, Nicholas— trato de convencerlo a él para convencerme a mí, que incluso cuando cedo en una petición, procuro hacerlo de una manera distinta a la que habría sido en el pasado.

No debería, pero sonrío al oír el recuento de mis actos. Es una sonrisa que se acomoda en mis labios con descaro y la acompaño al echarme hacia atrás con los brazos cruzados. —Bien por ti que puedes colocarte siempre en el lugar desde el que me hablas con tu dedo índice apuntándome, si no es desde tu moral para señalarme mis faltas, lo haces desde el agravio que te provocan mis maneras— digo con desdén, sin retirar mi sonrisa que se va tornando mordaz, —te permites sentirte ofendido cuando en ese momento no podía actuar de una manera distinta a cómo lo hice y, sí, tienes derecho a sentirte ofendido si quieres, pero lo estás haciendo por lo bien que te queda, mirando hacia tu agravio, eligiendo no mirar a tu alrededor y las circunstancias que me llevaron a que te tratara de esa forma— una vez dicho, no me echo hacia atrás, continuo con un repaso severo de toda su figura desde mi lugar: —Por momentos parece que me entiendes, Nicholas. Entonces pones tu resentimiento por delante, dejas de verme y haces de mí una persona para odiar. Eres el contradictorio aquí— no es del todo cierto, lo digo para darme altura en esta discusión, si es que por mis palabras se acaba de convertir en una, —estás enfadado conmigo y sigues hablándome, tratando de entender mis razones, logras entenderme mejor que yo misma, y sigues enfadado, por eso nunca, nada, lo pones fácil.
Anne Ruehl
Anne RuehlCiudadano

Volver arriba Ir abajo

Maybe another time · Priv.  Empty Re: Maybe another time · Priv.

Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Jue Dic 03, 2020 8:11 pm

Bufo, la manera en que el aire se escapa de mis pulmones y por fuera de mis labios declara que mi problema no es con las cuestiones personales que tuviera que arreglar. Ya le dije en su momento que eso entraba dentro de las cosas que debía hacer para poder solucionarse por dentro, que nadie, ni siquiera yo mismo, teníamos parte en eso, por mucho que le guste a ella también señalar con el dedo un culpable, no es a quién buscaría para tratar de aliviar su dolor. Aplaudo internamente que haya conseguido eso para sí misma, que haya podido desprenderse de quién era para convertirse en alguien mejor, es lo que le dije que hiciera, pero por alguna razón no es algo que me produzca satisfacción, no al punto que esperaba sentir. Quizá por haberme mantenido en la sombra hasta ahora, incluso cuando no entro dentro de las prioridades de Anne Ruehl como para esperar que fuera la primera persona a la que informaría de algo como esto. Si hago un esfuerzo por conformarme con ello, con lo que ha venido a ofrecer, la realidad de que está viva, es porque no planeo contradecirme a mí mismo masticando una falsa enhorabuena. Una vez más, me trago mi propio orgullo delante de esta mujer y suspiro, deshaciendo el agarre entre mis dedos para colocar ambos de mis brazos sobre los reposabrazos. —Bien, me alegro de que así sea— digo, de forma escueta, recuperando la formalidad en mi rostro al llenarlo de la imperturbabilidad característica de mi personalidad. Coloco un velo transparente entre nosotros al impedir que pierda la compostura y ante lo siguiente me limito a contestar con pocas palabras. —Sé un poco sobre eso, solía conocer como mitigarlo— solía como parte del pasado, que en ningún momento pretende irrumpir con el presente que pretende vivir al abandonar un nombre que le colocó tantas etiquetas, así como tampoco su apodo original regresa a tiempos en los que mis palabras podrían haber tenido otro significado.

Ella sonríe, detrás de su expresión corporal podría señalar algunos detalles que nos traen de regreso a otras conversaciones que hemos tenido. No importa que en esta no esté perdiendo los cabales, como ocurrencia común en cada uno de nuestros encuentros, debajo de su postura puedo leer entre líneas. —¿Tú si puedes apuntarme con el dedo, pero cuando es a la inversa soy yo el que está en falta?— muestro su propia incoherencia al formular esta pregunta, cuando lo que recuerdo de la vez que me echó de su casa es precisamente un comportamiento similar a este, uno en el que me señaló como la persona que le estaba haciendo daño. —No, no vendrás a mi casa a decirme que decido cerrar mis ojos antes que ver lo que ocurre a mi alrededor— apunto de manera severa en el momento en el que escupe esas mismas palabras —, cuando sí traté de entenderte, traté de explicar tu rechazo incluso cuando tú no me diste ninguna oportunidad a hacerlo. Te dije que me quedaría a tu lado, que podíamos ser si no era amigos, al menos compañeros, traté de comprenderte y tú me echaste de tu casa. Si todavía después de que me patearas e hirieras esperas que no me muestre resentido contigo, estás muy confundida con la clase de persona que soy— declaro, y se me hace extraño ser tan honesto con mis sentimientos hacia ella, por la costumbre de haberlos reprimido desde que tengo el conocimiento de que entre ella y yo el pasado nunca quedó aclarado. Mastico mi propio aire, al abrir la boca para contestar, pero sin ser capaz de que ningún sonido salga de ella. Vuelvo a cerrar mis labios, apretarlos hasta que no es solo la expresión de mi rostro la confusa, sino todo yo. Necesito de unos segundos para poder aclarar mi mente, aunque más que una resolución, lo que encuentro es una respuesta hecha resignación —Te lo pondré fácil ahora, Anne— declaro —, decide tú qué es lo que quieres de mí en este momento. Si has venido hasta aquí para discutir conmigo, como sabemos bien que podemos hacer sin problemas, o por cualquier otra que sea la razón de tu visita. Porque lo que parece aquí es que eres tú quien viene a señalar mis faltas, más que yo las tuyas, eres quien dice que tengo derecho a mostrarme ofendido, pero luego no entiendes las razones que me llevan a expresarlo— señalo, esta vez soy yo el que se cruza de brazos, mirándola —Así que, dime, ¿qué es lo que quieres de mí?
Nicholas E. Helmuth
Nicholas E. HelmuthSanador Especializado

Volver arriba Ir abajo

Maybe another time · Priv.  Empty Re: Maybe another time · Priv.

Mensaje por Anne Ruehl el Vie Dic 04, 2020 1:50 am

Si eso es alegría, creo que he tenido una idea equivocada de esa palabra toda la vida…— musito con un tono jocoso que puede ser hiriente, lo hago porque su falsa alegría la escucho como indiferencia a lo que le comparto y lastima haberme tomado el trabajo de venir a su casa a decirle por mi propia boca que he vuelto, que estoy viva, que recuperé el nombre por el que me conoció y espero, si no es muy tarde, ser una persona distinta, la que podría haber sido hace treinta años si hubiera luchado por mí en vez de derrumbarme al verme sola y abatida por el castigo de odio que recibí de todos los que me rodeaban, a veces sin entender la verdadera causa de por qué lo recibía, como si algo simplemente estuviera mal en mí. Pero él me hizo saber que no era así, tanto en un pasado que olvidé cuando éramos vecinos en el distrito dos, como un pasado más cercano que nos tuvo de vecinos también en la isla ministerial, siendo capaz de ser quien me hablara a través de todo lo oscuro en lo que he sabido envolverme más de una vez y este temperamento del que hago gala, por el cual vuelvo a enojarme con él y lo que interpreto como apatía, sobre la que voy con mi insistencia en conseguir una respuesta suya, porque no me doy por satisfecha al ver que puede volver a su típica compostura de a quien nada de esto llega a traspasar su maldita serenidad.

Tanta insistencia hace mella, consigo de sus quiebres una respuesta que aun rivalizando con la mía, es mejor que la frialdad de la ausencia de una reacción. Lo increpo al alzar mi barbilla, sin contestarle, lo de apuntarnos con los dedos es mérito tanto del uno como del otro. Podría dejarlo seguir, que ponga en palabras todo lo que le enfada así puedo entender de una buena vez a que se debe ese sentimiento en él, pero la que se enfada soy yo y se lo hago saber con un bufido, al apartar bruscamente mi mirada para clavarla en un punto de la pared en el que pueda fijar mi rabia, cuando me habla de que podría haberse quedado, ser un compañero si no le permitía ser un amigo, la sugerencia me enfada aún más. Pretendo calmarme al cerrar mis párpados, cuando confiesa lo herido que pudo sentirse con ese rechazo, herirlo fue la intención, rechazar a alguien y conseguir que se vaya, requiere de lastimarlo. Pero su permanencia en el despacho ese día no hacía más que herirme a mí, sigo sangrando desde ese día. —No podía aceptar nada de eso, Nicholas. ¡¿Por qué no puedes verlo?! ¡¿Por qué no puedes entenderlo?!— pregunto, tan exigente que mis ojos tiran de él para que me mire y alcance a ver qué hay en ellos, estoy rogándole que pueda verlo.

Y meneo con mi barbilla cuando no lo hace fácil. El aire que tomo por la nariz lo dejo escapar con un suspiro largo al sentir como mi pecho duele por todas las palabras no dichas, las respuestas que nos guardamos y buscamos en el otro, exigimos del otro. Lo maldigo con mis ojos por su propia necesidad de que sea yo quien esclarezca esto, cuando para mí está claro y es él quien no se encontraba entonces, ni tampoco ahora, en el momento de poder aceptarlo. Cubro mi rostro con las manos los segundos que requiero para respirar por mis labios el aire que necesito para llenar mi pecho, las bajo al ponerme de pie lentamente. No es que vaya a irme, no es una retirada porque me haya asustado su pregunta o porque haya decidido privarlo de una contestación. Rodeo la mesa baja que está en medio de los sillones para sentarme en el borde, así quedo a una distancia aún menor a él, con mi mirada unos centímetros por debajo de la suya y de ese modo lo obligo a que agache su mentón, a que de tregua a su propio orgullo altivo. —Lo que quiero de ti no es algo que puedas darme— susurro, con ese tono también lo obligo a estar pendiente de mis labios. —Podría conseguirlo, ¿quieres que te lo demuestre?— espero que pase ese segundo que lo haga ver como una posibilidad entre ambos. —No lo hago porque respeto tu maldita moral—, y no es maldita porque en contraste, a la mayoría nos hace consciente de nuestras faltas, sino porque es lo que frustra mi alcance a tomar lo que quiero.

»Ese día te dije que volvieras con tu esposa y tu familia, pero no lo hice por ellos. Sino por ti, porque no podrías contigo mismo al saberte en falta con ellos. Te pedí que te fueras porque quería que te quedaras, pero era una burla que me dijeras que te quedarías como amigo. Podría haberte aceptado esos términos, engañarte, decir que era tu amiga para…— muevo mi mano en el aire al rozar apenas con las puntas de mis dedos su mandíbula, —acercarme a ti y una vez cerca…— dejo que mis dedos reposen sobre su mejilla, donde mi pulgar pueda alcanzar la comisura de su boca. —Tenerte—, eso que responde a su pregunta de qué quiero de él. —Si fueras cualquier otro hombre, de los muchos que hay, no me habría importado tu esposa— los habría saludado al día siguiente al cruzarnos en la acera, en los pasillos del ministerio, nunca me hubiera sentido la necesidad de ponerlo sobre relieve, podría haber sido reservada en ello para que él continuara con su vida como si nada hubiera pasado, —pero eres un buen hombre con quienes amas, no quería ser quien destrozara eso—. Pretendo retirar mi mano, mis dedos no hacen más que caer a su mentón en una caricia. —Antes, entonces, también ahora, lo que quiero de ti es algo por lo que nos juzgarían, a tí con más dureza que a mí.
Anne Ruehl
Anne RuehlCiudadano

Volver arriba Ir abajo

Maybe another time · Priv.  Empty Re: Maybe another time · Priv.

Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Vie Dic 04, 2020 12:10 pm

Mi mandíbula se tensa como resultado del gesto que hago con mi cabeza hacia un lado, como manera de medir mi propia paciencia cuando la suya parece evaporarse, recuperando el papel que le pertenece en esta relación en lo que yo hago mi propia demostración del mío. Creía entenderla, no somos extraños el uno para el otro, por mucho tiempo que haya pasado por el medio y sean distintas las experiencias que hayamos vividos, hay ciertas características que son inamovibles al transcurso del tiempo, y creía que comprendía eso. Es más, pensé conocerla ahora, luego de todos nuestros encuentros, como para que su misma pregunta me haga sentir más ofendido porque tenga que formularla, a lo que mis ojos responden con la misma fuerza que los suyos, en un escrutinio similar que llega a servir también como respuesta. No sé qué de todo me molesta más, si que no pudiera aceptar lo que le ofrecí ese día, o que el hecho de que no lo tomara se debe a que no fuera suficiente para ella.

La sigo con la mirada cuando se levanta, me sorprendo a mí mismo con que el recorrido por su figura sea tan corto a la hora de acercarse y sentarse en la mesa, en lugar de hacer lo esperado y huir, aprovechar mi silencio para remarcar sin necesidad de palabras que esta vez soy yo quien quiere que se marche. Pero no sería más que una petición fruto del rencor que me produjo su rechazo, ya no una primera vez, una segunda, quizá haya una tercera o vaya a saber una cuarta, en los términos y condiciones que sean, para cualquier clase de relación que tengamos, pedir que se aleje no sería más una manera infantil y vengativa de mantener mi orgullo intacto, incluso cuando ella sabe tan bien como yo que este ya fue pisoteado un par de veces. Tuerzo mi boca hacia un lado, incrédulo, dejando que mis ojos vaguen por la pared que tiene detrás unos segundos, solo para terminar posándolos sobre los suyos una vez más y ser honesto por los dos. —Vamos, Anne, nunca has tenido problema para reírte de mi moral...— decir que ahora la respeta, cuando se mofó de esos valores no hace tanto tiempo, me hace querer considerarlo un chiste.

Si no fuera porque con lo siguiente me obliga a mantener mis labios cerrados, no por decisión propia a recuperar el silencio, sino porque es lo único que puedo hacer cuando posa su mano sobre mi mejilla, sus dedos rozando mis labios. —Anne...— empiezo, en un susurro que probablemente interrumpa contra su piel al chocar mi aliento sobre esta, pero mis párpados se cierran para poder deshacerme de su imagen, inconsciente de que sigue estando tan vívida en mi memoria como años atrás, demasiados. Y aun así, pese a que mis recuerdos fueron algo con lo que se divirtieron hasta el punto de distorsionarlos, convirtiendo una realidad en una mentira, su tacto es lo único que consigue devolverme parte de la paz que viene de recuperar lo perdido.  Desconozco si estamos libres de juicio, dedico unos segundos a meditarlo cuando ella misma lo dice, dándome cuenta apenas después que lo cierto es que no me importa. No cuando mis manos pasan a sostener su rostro, tirando de él al ponerme en pie para colocarla a mi misma altura y así poder besar sus labios, en un gesto que se siente natural para mi cuerpo, no tanto para mi mente que se había olvidado de cómo se hacía, de cómo se sentía tenerla. Más que haber olvidado, le habían hecho olvidar.

Una de mis manos baja por su mejilla hacia su cuello, recorriendo la piel con mis dedos tratando de acercarla más hacia mí. Puede que mis recuerdos no estén intactos, pero hay gestos, movimientos, caricias, que incluso cuando la mente olvida, el cuerpo es incapaz de hacerlo, no existe esa clase de magia y, por una vez en mi vida, me alegro de que sea así. Porque quiero tenerla como entonces, conservarla, incluso cuando es egoísta el pensamiento al haber pasado por tanto, sufrido por hombres que no supieron cuidarla. Es eso lo que me obliga a separarme, apartando mis manos de ella así como también mi propio cuerpo al alejarme unos pasos hacia la ventana. Paso mis dedos por mi propio rostro, con la vista clavada en algún punto fuera del cristal, con mi respiración entrecortada al tratar de recuperarla en lo que mi cabeza intenta aclararse. —No puedo... Yo...— no me salen las palabras, esto es lo que ella causa en mí, que me convierta en alguien capaz de dudar de todo, salvo de una cosa. —No quiero hacerte daño— no la miro cuando lo suelto, sigo con los ojos perdidos por ahí, porque si me centro en los suyos, lo más probable es que termine por quebrar cómo me siento con respecto a todo en esta vida. Siempre ha sido así, ella sobre mí, poniendo todo lo que soy patas arriba y, extrañamente, no me importa como tampoco lo hacía hace treinta años, cuando la traje a esta misma casa para que pusiera mi mundo, el que conocía y creía que me hacía sentir seguro, de cabeza. No podía estar más equivocado, nunca fue esto lo que me dio seguridad, sino ella.
Nicholas E. Helmuth
Nicholas E. HelmuthSanador Especializado

Volver arriba Ir abajo

Maybe another time · Priv.  Empty Re: Maybe another time · Priv.

Mensaje por Anne Ruehl el Vie Dic 04, 2020 3:21 pm

Todo lo que pude reírme de su moral, las veces que la empujé a los bordes, se debían a mi falta de una. Pero en mi propia carencia de escrúpulos encontré en los suyos los límites que me decían qué no se debía traspasar más allá de lo fijado, sobre cuáles podíamos caminar sin que supusiera un daño a nadie y cuáles de perderse le harían daño a él. Nunca tuve la intención de causárselo. De la misma manera que me prohibí tocar su piel cuando es una táctica que aprendí a usar a mi conveniencia, provocarle un perjuicio nunca pasó de amenazas dichas al aire. Me he movido a su alrededor otorgándole un halo de protección de mí misma, de lo dañina que siempre he sido para todo bueno. Ser quien lo llevara a quebrar esa moral hubiera sido mezquino, entre lo que yo pudiera querer de él y lo que él podía darme, fui quien tomó la decisión por los dos de que, por delante de lo que pudiera anhelar para mí, quererlo me obligaba a dejarlo dentro de ese halo, ser quien desde una adecuada distancia para conservar las maneras, hallara en él nada más que la consciencia de ser capaz de volver a anhelar algo y que no es necesario que sea posible, basta con anhelar para que se nos devuelva la calidez en un pecho que estuvo vacío de latidos por años.

No es necesario que sea posible, pero el anhelo es una fuerza que surge de las entrañas y nos exige tomar todo lo que esté a nuestro alcance al desaparecer la distancia para mantener maneras, reclamo su boca cuando se acerca, con el apremio de que esta pueda ser la única oportunidad que tengo para llenarme de un sabor nuevo y a la vez familiar, que reconozco como lo que estuvo buscando Anne y que siendo Rebecca me mostraba escéptica a creer que pudiera hallarse en algún lugar, que pudiera existir siquiera. Porque ella nunca lo conoció. Pero alguna vez en un tiempo que olvidé, la chica que fui sí lo hizo y, pese a la falta de recuerdos, puedo dejarme embargar por sensaciones que me dan la bienvenida al lugar seguro que en el pasado habité. Tomo del calor que encuentro allí para calmar partes de mi espíritu que todavía sufren del desasosiego en estos días de invierno que se hacen largos, tan largos como lo fueron algunos calvarios personales, al retener entre mis dedos la tela de su camisa que se escapa por la interrupción violenta del beso y en un pestañeo, descubro mis manos vacías una vez más. —Lo sabía— mis palabras son inmediatas a las que modulan sus labios, —te arrepientes— y él que tiene una consciencia a la que sí escucha, los arrepentimientos podrían tratarlo con más crueldad de la que en verdad se merece.

Froto mi garganta al recuperar el aire y con ese gesto trato de compensar la repentina ausencia de su tacto, que me ha dejado como criatura abandonada en medio de su sala, al permitirse huir hacia la ventana imponiendo una lejanía que podría interpretarla como su más clara resolución de que no me desea cerca. Su voz llega a tiempo para sacarme de este pensamiento erróneo, con algo que por mi cuenta jamás habría pensado, es suficiente para impulsar mis pasos hacia él a través de los sillones y que la negrura del exterior eche su sombra sobre nosotros, al salir de la lumbre de la lámpara que cuelga del centro de la sala. —Yo no quiero hacerte daño cuando ya he demostrado de muchas maneras que puedo hacerlo— musito, un paso más me permite pasar mi mano por su cuello para posarse en su nuca, —pero me quedaría esta noche contigo si quisieras— lo digo con mi mirada decidida sobre él, suena a algo muy parecido a lo que me dijo en el despacho de la mansión ministerial, con una intención distinta que no deja lugar a dudas y que le ofrece su oportunidad de tomarse revancha si elige rechazarme. —Pese al daño que podamos hacerle al otro— murmuro al buscar con mi otra mano que su rostro no se aparte, —¿por qué todo duele menos si vuelvo a tocarte?— siento la acostumbrada presión sobre mi pecho por el deseo de imposibles, como nosotros. —Has tratado de hacer las cosas bien y te encuentras otra vez en una posición en el que las normas sociales te ordenan que me apartes de ti, ¿cuántas veces más será así? ¿Qué tanta vida debemos vivir para que haya un lugar para el otro en nuestras vidas?— pregunto con frustración, la misma que me lleva a decir: —Si este no es el momento, lo mismo puedo quedarme esta noche, todos los días desde algún lugar al margen de tu vida, porque quizás es así para nosotros. No hay una manera correcta— concluyo, la rabia contra el tiempo quemándome entera, para hallar calma únicamente en el poder tocarlo después de tanto.
Anne Ruehl
Anne RuehlCiudadano

Volver arriba Ir abajo

Maybe another time · Priv.  Empty Re: Maybe another time · Priv.

Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Sáb Dic 05, 2020 3:28 pm

Sacudo la cabeza en un gesto cortante como primera reacción a la conclusión que crea su cabeza, debí haber imaginado que sería eso lo que pensaría de mí, cuando el mismo movimiento me lleva a murmurar las palabras que denieguen su pensamiento. —No, no es eso— me apresuro a decir, porque si dejo que se asiente por algo más que unos segundos, volcará sobre nosotros el peso de todos estos años y conseguirá que volvamos a rehuir del otro, como la aparente y única solución posible entre ambos. Ya ni siquiera se siente como el capricho de mi difunta madre, quien nunca aprobó de la mujer que tengo a escasa distancia, sino uno propio del destino, que por mucho que nos acerque, tanto como para que pueda sentirla respirando cerca, encuentra la manera de burlarse de nosotros. No es arrepentimiento lo que siento, cuando bastaría una mirada sobre sus ojos para querer volver a sostenerla entre mis manos, y aun así el resultado sería el mismo, por temor a lastimarla me apartaría antes de que existiera esa posibilidad.

Pese a que se acerca, no soy capaz a mirarla, me vale su mano sobre mi piel para cerrar los párpados a modo de contención, negando ligeramente con mi cabeza. —Si me hiciste daño es porque nadie antes se había atrevido a cuestionarme como persona, tú sí, siempre lo has hecho, me devuelves parte de la humanidad que me falta por las condiciones en las que me he criado— murmuro. Nunca me he creído un dios, no una fuerza todo poderosa, pero tanto ella como yo somos conscientes de que me he mostrado con una moralidad superior a la de otros en repetidas ocasiones, incluso sin serlo, sabiendo que a mi orgullo le cuesta solaparse, Anne tiene la capacidad para amordazarlo sin problemas. Era común la molestia que venía con cada uno de sus comentarios, dispuestos a picar uno por uno los valores sobre los que forjé mi persona, solo para terminar pensando que podría tener razón, dudando de mí mismo. Me enseñaron a odiar a todo aquel que hiciera de mis cuestiones una forma de vacilar, imaginarse mi sorpresa cuando lo que me inducía esta mujer era todo lo contrario.

Alzo la mirada hacia ella, me hundo en el azul intenso de sus ojos, esos malditos ojos, capaces de hacerme hundir con ella si quisiera. —¿Te quedarías?— pregunto, tratando de que ella misma lo repita como afirmación a sus palabras —¿Te quedarías si te lo pidiera?— insisto, es lo único que sé hacer con ella a mi alrededor, al parecer, insistir y rogar, como si su esencia fuera placebo para mi dolor. Duele tener que reprimir un sentimiento que siempre ha estado latente, pero cuando no eres consciente de que lo estabas conteniendo, porque no lo recordabas, es todavía más hiriente. Levanto una mano hacia su mejilla, con el dorso de mis dedos acaricio el borde de su mandíbula, dejando que mis ojos vaguen por las facciones de su rostro. —Porque eso es todo lo que he querido de ti desde que te conozco, desde que no era más que un adolescente estirado al que golpeaste en la mejilla, con razón, yo también me hubiera golpeado— trato de bromear, apenas asomando una sonrisa, lo triste de todo es que nunca se me dieron bien las bromas, el humor nunca fue característica de mi personalidad y temo que lo vea con ello. —Siempre has sido tú, Annie— paso mi pulgar por su mejilla, recargando la misma en mi mano.

Vuelvo a bajar mis párpados al acercar mis labios a su frente, la única manera que encuentro de que sus palabras no tengan el efecto frío que tendrían de boca de cualquier otra persona, mi hermana mismamente, siempre ha sabido como utilizar esa clase de recursos para sacar las faltas de cualquiera, las mías incluidas pese a no mencionarlas. —Toda mi vida... me he dejado guiar por lo que es correcto, por lo que no lo es, diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal y actuar en base a eso, es cómo me han enseñado a ser— explico sobre su piel, aunque no es algo que ella no sepa, cuando mi familia ha recibido críticas de muchas voces —Lo lamento— murmuro, tirando de su mentón para así poder rozar su nariz con la mía, pendiente de su calor en lo que una de mis manos se mueve hacia su cintura —, lamento haber sido quien le puso nombre a las cosas, permitir que hayan caído sobre ti etiquetas que no te pertenecen— beso sus labios, vuelve a sentirse como hace más de veinte años, sensación imposible de olvidar y he tardado hasta ahora en descubrirlo —, cuando no somos nadie para decir qué es lo correcto— y ser nadie por separado está bien, si podemos volver a ser alguien estando juntos y darle un nuevo nombre a lo que somos, uno al que no le hagan falta etiquetas, solo su tacto al volver a llevarme su respiración en un beso infinito.
Nicholas E. Helmuth
Nicholas E. HelmuthSanador Especializado

Volver arriba Ir abajo

Maybe another time · Priv.  Empty Re: Maybe another time · Priv.

Mensaje por Anne Ruehl el Sáb Dic 05, 2020 11:04 pm

Mi mano al deslizarse por su rostro abarca más humanidad de la que podría haber encontrado en cualquier otra persona de estos distritos, tanta que pudo darme un poco para que la recuperara yo. Hace mucho tiempo había dejado de verme como alguien humano para reconocerme como una criatura que respondía furiosa y atacaba a veces a ciegas, hacia cualquiera que se acercaba, el miedo de volver a sentir el corte sobre la piel por traiciones o el abandono de quienes se alejan sin más, mostrándonos su espalda, en nuestros momentos más oscuros. Pero sigo viva a pesar de esas heridas, celebro seguir viva como para que con mi tacto, lo que más miedo sigue dándome es causarle un daño a él, a las heridas que pueda recibir sé que las sobreviviré así que a esas ya no temo. —Nicholas— murmuro, interrumpiéndolo al acercarme para que mi frente descanse sobre su hombro, —eres tú quien me hizo humana a mí, cuando llegue al Capitolio siendo cualquier cosa menos humana— llamando todo el tiempo, incansable, a Anne. Mirándola a ella a través de mí, reconociéndola en mí al mostrarme ante todos como Rebecca Hasselbach, mi naturaleza de licántropo yendo por delante, mi reputación por todos los trabajos que había hecho para Magnar Aminoff y otras personas en el norte, mi condición de bestia como aquella que otros crearon y él se convirtió en mi consciencia para decirme que seguía siendo una decisión mía.

Del otro hemos conocido lo bueno y lo malo de ser humanos, este momento si acaso es un error, nos reafirma como humanos y más conscientes que nunca de que si seguimos vivos, si pasamos por cielos y por infiernos, cada uno por un camino paralelo al otro, para llegar a este punto, agradezco haber sobrevivido a mi guerra para tomar una oportunidad como esta, ya que las oportunidades es disfrute únicamente de los vivos. —— contesto, por si no ha sonado claro, lo repito: —Sí, me quedaría—. Esta vez lo he hecho todo para poder quedarme, para recuperar mi hogar en el distrito dos aunque conserve negocios en el distrito doce, estoy tratando de ser la persona que pueda quedarse con ellos. No sabe lo difícil que está siendo para mí, lo mucho que estoy esforzándome, así que no me privo de poder contar con su cercanía para que su voz pase a ser real, no ecos en mi mente o palabras prestadas de su hermana en los que busco guía. Me he parado sola toda mi vida, mis caminos los hice sola, también peleé sola, como para saber que no deseo que otro hombre me doble en dos. Nicholas Helmuth es el único hacia quien iría, el único ante quien me pararía con tanto camino hecho, como lo hago al buscar su mirada. Nunca, en todos los nombres que evoco, en todos los rostros que sí recuerdo, hubo alguien que me amara bien. Fue el único. Pese a que no tenga memoria de lo que fue ese sentimiento en el pasado, hice todo este camino para volver a encontrarlo en él, solo en él. —Perdón por haber llegado tarde— por perderme a mí misma, por lo que ha tenido que esperar, por reaparecer en los momentos equivocados, por lo mucho que me ha costado encontrarme a mí misma para que él pueda decirme esto usando el nombre de quien en verdad soy, —pero llegué, estoy aquí, no me iré otra vez— prometo en el tono más bajo que puedo dar a mi voz para que nadie más que él lo escuche, porque así es como deben ser hechas las promesas que tienen destino de cumplirse.

Es mi turno de cerrar los ojos al sentir que arrima sus labios a mi frente y mis manos siguen sobre él, aunque soy la última persona a la que le corresponde hablar de lo que es correcto, sé que no encajamos en eso, y que decida claudicar en ello para que sea posible que su boca vuelva a encontrarse con la mía, es toda prueba que necesito de que hemos recobrado nuestra humanidad y, más que eso, recobramos lo perdido, lo que añoramos por años sin saber qué era, que guardamos en algún lugar remoto dentro de nosotros mismos y que reconozco en él cuando mis manos lo acercan para poder estrechar mi cuerpo contra el suyo, al besarlo sin tregua para compensar tantos años, toda una vida, de no haber amado a alguien como para que el calor de un abrazo en medio de esta sala, logre traspasar mi piel para llegar a lugares en mí que estuvieron vacíos, abandonados, ahora se llenan de esa calidez que mitiga todo residuo de dolor pasado. —No…— susurro al desprenderme de sus labios, hablando sobre estos, —le diremos a nadie de esto— alzo mis ojos para que en la casi nula distancia de nuestros rostros puedan verse, —mucho menos a tus hermanas—. Por él, no por mí. Por estar expuesto otra vez a lo que pudieran decirle los suyos y también a lo que podría decir la gente que me conoce a mí. O quizás lo digo por ambos, porque no quiero que nadie lastime esto. —No quiero un nombre en tu vida, solo un lugar en esta que no hace falta que nadie conozca, donde pueda encontrarte y donde puedas encontrarme— musito, mis dedos sobre su mentón para seguir mirándome en sus ojos. —¿Por qué estabas enfadado, Nicholas?— insisto en saber por última vez.
Anne Ruehl
Anne RuehlCiudadano

Volver arriba Ir abajo

Maybe another time · Priv.  Empty Re: Maybe another time · Priv.

Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Dom Dic 06, 2020 8:02 pm

Tenerla cerca significa poder respirar de ella, tomar de su esencia y comprobar con mis dedos al rozar su piel qué tan humana es, que mi tacto sobre ella se vuelve algo real para no confundirlo con un recuerdo vago, saberla tan auténtica como lo fue en su momento. Años de espera para volver a sentirla cerca y poder decir, esta vez sí, que nos hemos encontrado luego de tantas caídas al vacío, más por su parte que de la mía, lo que me hace querer sostenerla con más fuerza y evitar así que caiga. Como humanos también somos torpes en el paso, recordarle que ella lo es tanto como yo puedo serlo no sería más que admitir que hay errores falsos esperando a ser cometidos, cuando no es lo que quiero para nosotros y la razón por la que repito lo siguiente: —Quédate entonces— murmuro sobre su boca, extendiendo mi mano por su cuello. No importa que sea tarde, cuando el que quiera estar debería poder con todo sentimiento de haber esperado lo que había que esperar, quizá eso era lo que tenía que ser, más que el que sea lo correcto, que el tiempo sí lo sea.

Dejo que el sonido de nuestras respiraciones sobre el otro nos envuelvan, apenas se escucha el sonido de la leña en la chimenea, dudo que sea el calor del fuego lo que me embriaga, siendo ella el origen de que todo mi cuerpo se relaje, liberándose de la tensión que ha cargado por años de tener que mantener la compostura, de ser quien haya tenido que soportar el peso de seguir siempre el camino de lo correcto. Su petición me llega por sorpresa a pesar de que mi rostro la recibe con una sonrisa incrédula, casi nerviosa al escuchar su reclamo. —No irás a decirme que... — no es un buen momento para bromear, así que es justo el motivo por el que no termino la frase, relamiendo mis labios en su lugar al apretarlos uno contra otro. No quiero pensar en mis hermanas en este momento, hacerlo me obligaría a imaginar su postura con todo esto y, puesto que se han criado bajo mi propia mirada, dudo que no esté en lo cierto al exponerlas antes de que ellas mismas puedan hacerlo. —No le diremos a nadie— acepto, basta con que lo pida para que sea algo que quiera cumplir, es una promesa que planeo mantener, que tanto ella como yo sabemos bien que, por mucho orgulloso que pueda mostrarme, siempre cumplo con mi palabra.

Su mano sobre mi mentón me fuerzan a mantener la vista sobre sus ojos, por alguna razón siento que está realizando un juicio sobre mi persona con esa pregunta, a la que solo puedo contestar en principio con una sonrisa. La misma se torna débil al apartar la mirada un segundo hacia el exterior, con la única seguridad de mis dedos sobre la piel de su cuello para saber que sigue ahí, y sigue ahí cuando regreso mi cabeza hacia ella. —Estaba enfadado porque... como vieja costumbre ya entre nosotros, sentí que no me tuviste en cuenta, me molestó que fueras capaz de...— paseo mi pulgar por su piel, llegando a acariciar su mandíbula —hacer las cosas por tu cuenta, cuando siempre... siempre has sabido apañártelas sola— murmuro, —lo cual no quiere decir que tengas que hacerlo— sigo, es lo que he tratado de hacerle ver todo este tiempo. Hubiera aceptado ser su amigo, con tal de demostrarle que esto último era posible, que solo tenía que disponerse a verse a sí misma como algo más de lo que otros etiquetaron por ella, entre los que me incluyo porque el rencor es uno de mis defectos, el que más puede sostenerme y, al mismo tiempo, derrumbarme. Disculparme de nuevo por eso es algo que se siente necesario, pero como no le quitará verdad a mis lamentos anteriores ya puestos en voz alta, lo que hago es volver a besarla, apenas murmurando un —Quédate.
Nicholas E. Helmuth
Nicholas E. HelmuthSanador Especializado

Volver arriba Ir abajo

Maybe another time · Priv.  Empty Re: Maybe another time · Priv.

Mensaje por Anne Ruehl el Lun Dic 07, 2020 5:12 pm

Sé que es mi mente engañándome cuando la caricia de su mano al pedirme que me quede, coincide con un recuerdo de mí misma teniendo dieciocho años. Si ninguno de los recuerdos que compartimos se quedó conmigo, solo puede ser el anhelo intenso de aquel entonces lo que recuerdo, que se encuentra con él treinta años más tarde, en una larga espera que concluye en esta agradecida paz de poder abrazarlo. Nada me dijo que este pudiera ser un momento reservado en el tiempo para nosotros, no parecía posible que el tiempo pudiera concedernos uno, ni aun cuando llegué a desearlo por la rabia de saber lo que había tenido y me habían robado. Y sin embargo, siento que nos pertenece, por un derecho más antiguo a cualquier mandato social o agravio hacia las personas que son o fueron parte de nuestras vidas. Nos pertenece aunque pareciera que lo estamos robando y tenga que pedirle que sea un secreto para tener la libertad de que mis dedos se sostengan a su nuca, con una distancia nula entre nuestros cuerpos. No tengo que medir mis pasos hacia él por estar pendiente de que haya ojos controlando nuestros movimientos, que sea algo fuera de la vista de todos me permite tomar de él más de lo que debería, más de lo que él mismo mostraría ante los demás, como sus enfados susurrados que me llevo con otro beso.

Nunca en tantos años me dediqué simplemente a disfrutar del calor que se puede encontrar en otros labios, porque no lo había hecho, con nadie nunca me tomé el trabajo de ser amable en mis caricias y que sea otra la manera que busco de dejarlo expuesto, otras las capas que retiro de él, sin que mis manos bajen de su cuello para hurgar en su ropa. —Te lo hubiera dicho— murmuro, diciéndole cómo se veía todo desde mi lado, —si no fuera porque después de ese día sentí que solo era una presencia importunando en tu vida hecha y que irrumpía consiguiendo cosas de ti que no debías darme— eso se lo digo sin que mi mirada vacile, si hubiera permitido que se quedara ese día, en mí no hubiera estado la entereza para no ir hacia él y no sé si él la hubiera encontrado para resistirse, quizás sí, entonces habría insistido. La voluntad humana no es inquebrantable, por fuerte que pueda ser. —Estaba dándote tiempo para que asimilaras tu perdida sin que mi presencia sea algo que siguiera importunándote, preferí irme sin decirte nada y ordenarlo todo para…— tomo aire por la nariz en una inhalación profunda que me trae más que aire, —volver, y quizás no hoy, en otro momento, recuperar la oportunidad de ese día de que quisieras quedarte conmigo— acerco mi rostro a su cuello para que mi nariz vaya apropiándose de su olor impregnado en la piel, así lo que sea que olvide de ahora en más, me dejará este rastro que podré reconocer donde sea.

Quizás cuando pudiera responderte de la manera que te mereces y no…— me quedo respirando contra su piel, mis labios entreabiertos para que pueda pasar por allí el aire en exhalaciones lentas, así como mis latidos que en carrera se interrumpen por momentos en letargos agónicos, —de esta manera peligrosa que tengo de querer—. Esta es la única advertencia que no puedo hacer mirándolo a los ojos, sino que tengo que esconderme en una cercanía cada vez más íntima, la que también es prueba de que es una advertencia que está llegando tarde y que él supo desde un primer momento. —Puedo amarte como nadie, Nicholas. Pero también puedo enfadarme y odiar con la misma intensidad. Son las dos caras de la misma moneda, si aceptas una, sabes que te arriesgas a la otra— murmuro al ir separándome de su abrazo, entonces sí lo miro a la cara. —Esta moneda ya la arrojamos antes y por eso estabas enfadado conmigo, ¿no?—. Mis manos pierden todo contacto con él cuando me echo un paso hacia atrás, desde ahí sigo pendiente de su rostro así como de las respiraciones que me ordeno a tomar con calma, si me muevo es para recuperar mi abrigo del respaldo del sillón y doblarlo sobre mis brazos, así no es algo que tenga que venir a buscar luego. —¿Podrías hacer los honores de siempre y mostrarme dónde queda tu habitación?— bromeo, con la diferencia de que no lo haremos para buscar a los jóvenes que fuimos entre recuerdos, sino como parte de uno que está surgiendo en este momento y tengo toda la intención de conservarlo para el resto de mi vida.
Anne Ruehl
Anne RuehlCiudadano

Volver arriba Ir abajo

Maybe another time · Priv.  Empty Re: Maybe another time · Priv.

Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Mar Dic 08, 2020 3:10 pm

Apenas recibe un asentimiento de mi cabeza, que no estoy por la labor de hablar del pasado que cargo a mis espaldas, es el mismo que me ha mantenido de paredes para dentro en esta casa, buscando algo que me motivara sin llegar a saber el qué exactamente. Su cercanía me hace darme cuenta, quizá demasiado tarde, de que es a ella a quien he estado buscando toda la vida, de manera inconsciente por ser incapaz de ordenar en mi mente los sentimientos que laten en mi interior, que iban dirigidos a Anne Ruehl sin saberlo, porque alguien jugó con mi cabeza como para revolver mi propio juicio hacia ella. Es lo que dicen que ocurre cuando un sentimiento está asociado a un pensamiento que no le pertenece, que la razón termina por nublarse, puede que esta estuviera trastocada todos estos años, que solo el contacto con el calor de su piel nuevamente ha podido ordenar mi mente, hacer que vaya al mismo ritmo que mi corazón al latir. Casi temo que ella pueda escucharlo al sostenerla cerca, hundiendo una de mis manos en su cabello de mechones oscuros. —No querría de ti otra forma de querer— confieso, a sabiendas de que los dos tenemos nuestras propias formas de amar, también las tenemos de infringir dolor y ambos hemos sido participes de esto último en repetidas ocasiones, por mi parte solo puedo decir que escojo quererla ahora por encima del resentimiento, que ha quedado señalado como uno de mis mayores defectos.

Sonrío a pesar de que no puede verme por la posición que hemos ido adoptando al buscar la menor distancia posible entre ambos, quizá es mejor que no me vea hacerlo, así puede tomar lo que digo con la seriedad que se merece. —Creo que conozco bien esa cara de la moneda— pese a que suena como una broma, mi nariz en su cabeza, inhalando con calma su aroma, me hace sonar más elocuente —Esta vez quiero poder comprender la otra, no es un riesgo amarte si sabes que estoy del otro lado para tender mi mano hacia ti y quererte también. Conmigo no te quedarás amando sola— susurro, en una promesa que no haría falta poner en palabras, de tantas veces que le dije que aceptara la compañía pese a creer no merecerla, gasté saliva murmurándoselo repetidas veces cuando podría haberlo demostrado en primer lugar. Y, sin embargo, creo que no hubiera tenido el mismo efecto en ella que ahora, donde el momento sí parece el indicado a pesar de que todo a nuestro alrededor grite que no es lo correcto. Puedo hacerme sordo a lo correcto por una vez en mi vida, de modo que solo me cuesta estirar mi brazo hacia ella cuando se separa, tendiéndole la mano como promesa cumplida y terminar sonriendo. —Por supuesto, esta vez prometo que queda más cerca— bromeo, ante el recuerdo encontrado de mi versión joven en la que apenas podía contenerse a entrar en su dormitorio para poner sus manos sobre ella. Hemos esperado más de treinta años para que llegue este momento, esta vez puedo ser algo más paciente, saborear y disfrutar de cada segundo en el que me permita tenerla. Puede que, después de todo, sea este final el que me haya hecho paciente a la vida, el destino y no las circunstancias como siempre había creído.
Nicholas E. Helmuth
Nicholas E. HelmuthSanador Especializado

Volver arriba Ir abajo

Maybe another time · Priv.  Empty Re: Maybe another time · Priv.

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.