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Dangerous, this jack of hearts — Synnove IRh8ZNT
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Dangerous, this jack of hearts — Synnove

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Mensaje por Magnar A. Aminoff el Lun Nov 23, 2020 9:53 pm

El cuervo plateado es una compañía cálida en medio de estos pasillos subterráneos, cargados de color blanco no solo por sus paredes sino también por sus largas luces, esas que no le dan mucho espacio a las sombras. Las figuras altas de los dementores que me cruzo se apartan de mi camino, su aliento succionador no me alcanza en lo que mis pasos son cada vez más ansiosos, más rápidos, más decididos. He perdido la cuenta de la cantidad de veces que me moví en este lugar, pero pocas se han sentido tan satisfactorias como esta. ¿Me transforma en un enfermo? Tal vez. Tengo el conocimiento de que esto está muy lejos de ser una victoria, pero algo en mí se calma, como si le hubiera quitado el dulce a un niño especialmente molesto que, anteriormente, me hizo lo mismo. Infantil, lo sé, pero inevitable.  El último dementor se aparta cuando me detengo delante de la puerta blindada del final del pasillo, curiosamente muy cerca de otra persona que hemos capturado hace meses y que jamás nos fue de utilidad. Presiono mi pulgar sobre el lector y, tras un pitido, la celda se abre para dejarme a la vista la habitación no muy grande, sin ventanas e igual de blanca que el resto del piso. Para cuando entro y la puerta se cierra detrás de mí, el cuervo desaparece.

Solo somos ella y yo.

La manera en la cual escondo las manos detrás de mi espalda y ladeo la cabeza para mirarla, deja en evidencia mi curiosidad. Es demasiado pálida, demasiado rubia, tanto que podría camuflarse con las paredes. ¿Qué tienen los rebeldes del norte con las rubias? — No tienes idea de la cantidad de veces que me he preguntado, en estos días, cómo alguien como tú termina en un lugar como el distrito nueve — no le doy muchas vueltas. Rebusco dentro del chaleco que llevo puesto hasta sacar un aparatito pequeño, el cual con toquetear unos pocos botones me permite desplegar un holograma en medio de la habitación. Los documentos sobre su persona brillan delante de nosotros y mis ojos, aunque los han visto cientos de veces, pasean por ellos como si fuese la primera vez — Synnove Lackberg, del Capitolio. Hasta podemos decir que eras una persona que no llamaba la atención ni en la escuela — chasqueo la lengua una y otra vez, como si estuviera decepcionado de la actitud errática de una adolescente irrespetuosa — La vida es una serie de decisiones, Synnove. Cada cosa que hagas o dejes de hacer, te abrirá una puerta y te cerrará otras. Claro que decidiste abrir todas las que te trajeron hasta este lugar — sin más, apago el holograma y doy unos pasos. Me detengo frente a ella, inclinándome un poco para ver mejor sus ojos y, poco a poco, le sonrío con amplitud — Es un placer conocerte, de verdad. Hoy podemos decir que eres mi invitada de honor. ¿No te encanta la idea? — obvio que no, pero que se joda, yo no fui el que traicionó toda una raza por vaya a saber qué capricho juvenil.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Miér Nov 25, 2020 11:35 pm

Es un blanco tan cegador que cuando abro los ojos creo encontrarme, por un momento, en la sala del departamento que compartíamos con mis padres. A través de los ventanales que revestían toda una pared, se colaba la luz intensa del día hasta chocar con las paredes y los muebles claros, pero este blanco es opaco, aún más aséptico que aquel que nos imponía mi madre. Paso las horas respirando el aire atrapado en este espacio hasta que se torna nauseabundo por la consciencia de saberme atrapada dentro de una caja blanca que yo no puedo abrir, sino que tengo que pasar la agónica espera de que sea alguien quien abra la puerta y eso es, también, lo peor que puede pasarme. No hago la tontería de ponerme a golpear paredes, coloco mi cabeza entre mis rodillas y sigo respirando, busco con las puntas de mis dedos la cadena del colgante en forma de lágrima que llevo al cuello. La saco fuera de la blusa, debajo de la cual estaba fuera de la vista, y la manipulo por largo rato entre mis dedos. La rodeo con la palma de mi mano mientras pienso en lo que me queda por hacer cuando efectivamente la puerta se abre, para cerrarse detrás del hombre que entra a la celda, mis ojos siguen fijos en el marco hermético de la puerta tratando de entender su mecanismo, midiendo la distancia desde la esquina en la que estoy agazapada y esa posibilidad de escape.

Escuchar su voz basta para que se me suba la bilis por la garganta de la repulsión y ojalá pudiera vomitarla sobre sus pies, apoyo mis manos en las paredes para impulsar a mi cuerpo a ponerse de pie, manteniéndome contra esta así puedo conservar una distancia con su detestable presencia. —Si en eso es lo que ocupa sus pensamientos y no encuentra respuesta, ¿las sumas de dos cifras cuánto le llevan? ¿un año? ¿dos?— pregunto con un tono inocente, si va a comenzar de esa manera su charla conmigo, haciéndose el sorprendido de que alguien como yo esté en el distrito nueve, quiere decir que alguien no hizo adecuadamente su tarea. Y esta vez, no fue Ken. Su holograma le ofrece los mismos datos que podría contarle mi vecina en el edificio del Capitolio, la señora Nott, a la que habré saludado tres veces en los casi veinte años que viví ahí. —Si mal no recuerdo, mientras yo estaba en la escuela, había otro al que nadie tampoco conocía— muevo mi mano en el aire para abarcarlo, —se lo presento, Magnar Aminoff. ¿Quiere que formemos un club de marginados invisibles?

Recuesto mi peso contra la pared y ladeo mi rostro cuando me dice que la vida consiste en una serie de decisiones, creo que hay a quienes les gusta hablar de esto, suelen ser profesores de formación ciudadana, jueces del Wizengamot o presidentes de Neopanem, y otros que simplemente lo practicamos. Creo tener suficiente práctica en lo que es tomar decisiones desde que me fui de mi casa, como para tomar sus palabras tal si fueran una verdad recién revelada para mi iluminación. A su holograma de datos le falta la parte de que sabía bien a donde me llevaba cada decisión, toda la parte humana que me lleva a sentir en su presencia, a su cercanía al mostrarme una sonrisa, un único sentimiento que puede ser definido como repulsión. —Ya que lo pregunta, seré clara, ¿ha venido a esta celda para que tengamos una charla de estúpidos?— pregunto sin vueltas, este hombre no quiere meterse conmigo en una competencia de quien dice más estupideces si eso me hace ganar tiempo, —¿Qué me toca hacer a mí? ¿Sacar la vajilla invisible y que comience a cantar Feliz No Cumpleaños? Puede sentarse donde esté más a gusto, aquella baldosa se ve cómoda— se la muestro con mi barbilla.
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Mensaje por Magnar A. Aminoff el Jue Nov 26, 2020 7:27 pm

Si hay algo que siempre he demostrado tener, es una paciencia envidiable. Es decir, suelo estirarla hasta que mi cabeza explota y me es inevitable contenerme, pero está ahí. Una de las cosas que ponen en riesgo esa estabilidad es la estupidez, esa que viene acompañada de la ignorancia y, vamos a decirlo, las personas como Synnove Lackberg no tienen una pizca de conocimiento de cómo funciona el mundo adulto como para soltar tantas palabras creyendo que son ciertas. Se me escapa una sonrisa de lado, de esas que mastican bronca y congelan mis ojos, como si la varita que tengo en el bolsillo me estuviera gritando ardidamente que la tome en lugar de contener el cosquilleo de mis dedos — Mientras tú estabas en la escuela, el gobierno me pedía que limpie sus platos sucios desde el norte. ¿En verdad crees que tenemos algo en común? — chasqueo la lengua y hasta tuerzo mi mohín en un puchero lamentable — Mi consejo es que no hables desde la ignorancia, delata lo niña estúpida que eres — que no me molestan los insultos, siempre y cuando la persona que los diga tenga los fundamentos para hacerlo.

¿Acaso qué tienen las mujeres que acaban en estas celdas con hablar con prepotencia? ¿Son ciegas como para ver que se encuentran en obvia desventaja? Su discurso me aburre, tanto que tengo el impulso de ponerme a bostezar delante de ella y no lo hago por mera casualidad. Al final, solo me basta con mirarla desde mi lugar, con las cejas arqueando suavemente mis ojos — ¿Ya terminaste con tu espectáculo de demostración de orgullo y valentía o podemos pasar a lo importante? — cuestiono — Si quieres mi verdad, jamás me hubiera interesado en investigarte. Eres tan poco interesante como un ácaro de polvo — me alejo de ella con un paseo por su pequeña celda, arrastrando mis pies como si necesitase el movimiento para pensar — Estás aquí porque un pajarito rubio me comentó tu nombre. Ya sabes, me dijeron por ahí que eras un buen recurso y decidí darte una oportunidad, ver si podías ayudarme a quitarme una espinilla bastante fastidiosa del pie.

Me detengo solo para volver a encender el holograma. Las imágenes de los documentos de sus compañeros desfilan en lo que yo voy pasando mi dedo, tratando de llegar a donde quiero sin prestarle atención a las fotografías de mis enemigos. Solo me detengo cuando las imágenes tomadas de la morgue de una mujer morena hacen su aparición. Su estado no era el mejor, incluso cuando el maleficio que la colocó en esa camilla no dejó ninguna marca física y fue gracias a la tecnología mágica que pudieron reconstruir mejor la escena — Según la autopsia, Abbigail Road fue golpeada y torturada con magia negra antes de recibir un avada kedavra. Además, el testimonio de Kenna Richards nos delató que su asesino se regodeó de su muerte y presumió el robo de su varita como trofeo. No es necesario que te diga quién fue, todo el mundo lo sabe — un nuevo deslizamiento de mi dedo deja a la vista el archivo de Kendrick Black, cuya fotografía data de los tiempos en los cuales el gobierno de mi madre supo tenerlo en prisión y no hacer nada al respecto — Me han dicho que tú y Black eran bastante íntimos. ¿O aún sigues siendo su putita de turno? Porque verás, Lackberg, quizá eres tan irritante como para querer cortarte la lengua y poner de nuevo la moda de usar avoxs, pero no te traje aquí para matarte. Verás… — el espacio no es muy grande, me es fácil volver a ella y tomar su cabello para tirar del mismo, obligándola a alzar la vista hacia mis ojos — Estás aquí porque quiero que otra persona a la que le importas se hunda en su miseria. Que se consuma en su propia mierda, que gima y llore hasta que, un día, me pida clemencia para acabar con su agonía y luego divertirme viendo cómo muere. ¿Y qué mejor para enloquecer a alguien que tomando lo que más quiere? Porque, si somos sinceros, eres la mejor invitación a una fiesta privada que podría enviar. ¿O me equivoco? — antes de que se ponga en quisquillosa, aprieto un poco más fuerte el agarre — Te recomiendo ser honesta conmigo. Matarte sería muy aburrido, pero se me ocurren cientos de maneras de hacerte hablar y ninguna va a gustarte. Y si cortarte la lengua es mi única opción para que no me vuelvas loco... Pues siempre tengo a quienes leen la mente por mí. Mientras me seas útil y pueda escucharte llorar, me vale.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Vie Nov 27, 2020 2:23 am

No hay mundo posible en el que Magnar Aminoff y yo tengamos algo en común, y de no ser porque lo tengo enfrente, me haría difícil creer que incluso habitamos el mismo. Pero no es un pensamiento ajeno a mí, la burla que recibía de otros niños sobre que no parecía alguien de este planeta, cobró una forma distinta con cada comentario por parte de mis amigos que con palabras amables me hacían saber que tampoco soy alguien idóneo para vivir esta realidad y que en boca de Magnar queda dicho como el insulto más básico «niña estúpida». No creo tener que hacer demostraciones ante él de alguna inteligencia o carácter, cuando mis posibilidades en esta caja son limitadas y me expongo a un cruciatus de su varita si lo provoco con algún insulto en respuesta a las que él puede darme de sobra, ya que es quien manipula esta situación. No lo controla, controlar es un mérito cuando se está en igualdad de circunstancias. Él acomodó todo para estar en ventaja, así lo consideraré manipulación. —Terminé— le hago saber, tal como me pide, aunque no había nada de orgullo o valentía en lo que había dicho. Estoy tratando de sobrevivir, si decir cosas que consiguen un monólogo de él me permiten sobrevivir unos minutos más, puedo dedicarme a escuchar todo lo que le dé la satisfacción de regodearse y, tal vez, sí tengo suerte, su lengua termine por enredarse. Es pedir demasiado, lo sé.

No me lo pone fácil, es demasiado tentador con tantas alegorías que hace sobre pájaros y espinas en el pie, hacer la broma de que si falla como presidente, podría intentarlo como poeta. La interpretación que puedo hacer de sus palabras es bastante sencilla, puedo tener pensamientos paralelos de mofa mientras tanto. El miedo fue paralizante para mí por mucho tiempo, por eso elijo que lo me inspire sea repulsión, puedo responder a eso con una actitud diferente a la de estremecerme en un rincón o saltarle a la cara solo para recibir una paliza que me dejará en un estado casi tan lamentable como la imagen que me muestra para impresionarme, así como las palabras que usa adrede. Pero no consigue llevarme al borde de otra nausea, eso queda reservado a su presencia. Me obligo a mí misma a no apartar en ningún momento los ojos del cadáver de la vicepresidente Road, a endurecer mis rasgos e incluso levantar un poco la barbilla, su nuevo insulto logra una mirada de soslayo de mi parte, lo interrumpo para hacer una acotación cuando revela que su intención no es matarme. —Si lo que espera es que me afecte en algo escuchar cómo Ken asesinó a su puta en turno, estar aquí no me predispone a ello, me inclina más a regodearme con él— digo quedamente, porque en otras circunstancias sí podría mostrar consideración, tenerlo tan cerca y asqueándome hace que proyecte su propia imagen en ese holograma y desee que algún día sea lo que se muestre ahí.

Si elijo mantenerme aparte en ciertas situaciones es para no tener que ver estas imágenes, pero cuando deciden hacerme parte de estas, no retiro mi mirada y si hubiera algo que pudiera hincar en su cuello en este momento, lo haría. Sé por lo que peleo, contra quiénes peleo. Esa mujer asesinada por Ken se merecía morir, de la manera en que murió. En verdad, esta cárcel no me predispone a tener consideración a nada. Tampoco que se me use para llamar a Ken, a quien conociéndolo como conozco, estará aquí apenas se chasquee los dedos y eso sí me hace enterrar las uñas en la carne de mis palmas, perder la impasibilidad a todo lo que dice para meterme en un estúpido juego mental de terror en el que no pretendo caer y gritarle, escupirle en la cara. —Pues te equivocas— contesto, —te han mentido, te han visto la cara de imbécil. Tú mismo lo has dicho, nada me hace importante, ¿por qué crees que lo sería para Kendrick Black? Soy una chica del Capitolio, las personas que le importan son las del distrito 14, con las que creció. Si tan solo tuvieras…— lo barro con una mirada despectiva, —carácter para ir al distrito 9 a enfrentarte a Kendrick, te muestras patético al tener que usarme para atraerlo. No sabes nada de mí. Si estoy en ese distrito es porque vivo con una amiga que tuvo que huir de estos distritos por un crimen y lo que aprendí del Royal lo uso para trabajar con nuestra líder de justicia— perdón Arianne, pero si tengo una veela, pienso usarla. —Ella estará más enojada que Kendrick de que esté aquí— sí, ya quisiera. —¿Quieres que sea honesta? Si lo que te han dicho para que creas que soy la puta de turno de Kendrick es que me acosté con él, sigues siendo quién se muestra como un cobarde por llamarlo desde aquí. Hagas lo que hagas con él, ya demostró tener más huevos que tú por sí atreverse a poner un pie en tu isla, eres el único que está dando un espectáculo lamentable. Ella— señalo con mi cabeza la imagen que me mostró de Road, —muerta se muestra con más dignidad que tú.
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Mensaje por Magnar A. Aminoff el Vie Nov 27, 2020 3:08 am

Es un poco contradictorio, pero todo lo que sale de su boca en un intento por insultarme me provoca la extraña necesidad tanto de reírme de ella como de explotarle la cabeza contra la pared, a ver si tan lista se cree con el blanco teñido de carmesí. No aflojo el agarre en su pelo, incluso hundo un poco más los dedos en el mismo mientras mis ojos se van ampliando a la par de mi sonrisa, esa que termina por enseñarle los dientes —Si quieres mi consejo, como estudiante de leyes deberías saber que no tienes que negar absolutamente todo lo que te están poniendo sobre la mesa, porque puede chocar con otras pruebas y hacerte quedar como una mentirosa — es un consejo bastante básico, si Arianne Brawn le está enseñando debería pulirle un detalle o dos — Tengo entendido que hacías más que acostarte con él. Verás, Ava Ballard te señaló como una de las personas que más aprecia. ¿Novios, no es así? Y resulta que no tengo tan mala memoria. Aún recuerdo las personas contra quienes peleé ese día en el distrito nueve. También me acuerdo cómo ustedes pelearon en equipo. ¿Cómo lo llamaste tú? ¿"Sumar dos más dos"? — tal vez en su momento no le había prestado atención, pero es fácil ver los detalles cuando alguien más te los señala. Siempre voy a estar agradecido con Ballard por haberme ahorrado el trabajo, al final fue más útil que la mitad de mis aurores.

La dejo ir con un movimiento brusco, froto la palma de mi mano sobre mi pecho como si, de esa manera, pudiera quitarme la sensación de su pelo — Siempre he aceptado los aciertos de mis enemigos y te mentiría si te dijera que no hemos intentado entrar al nueve. Todos los días, durante las veinticuatro horas, tengo gente tratando de quitarle el maleficio de seguridad a aquellos que ustedes encantaron, a equipos enteros tratando de echar abajo sus defensas. ¿Te piensas que no quiero hacerles pagar por lo que hicieron? No tienes idea de la cantidad de veces que he fantaseado con arrancarles la piel, de ver como la vida se les escapa de los poros en cuanto se den cuenta de que toda esa utopía es tan ridícula que acabará por estallar — un mundo demasiado iluso, uno que jamás pudo obtenerse y que la realidad viene rechazando desde el principio de los tiempos. Me golpeteo el mentón con los nudillos, entornando los ojos para clavarlos en su rostro redondo y juvenil. Ni siquiera se ve peligrosa, es solo una niñita de cristal que se encaprichó con las personas equivocadas — Así que no me ha quedado otra opción: si quiero ponerle un fin y no puedo llegar a él, haré que él venga a mí. ¿Sabes lo que más me molesta de tu novio? — la pregunta sale de la nada, casi como si le estuviera preguntando sobre su serie favorita —Que él solo vende una idea, no es nadie sin ese apellido. Él puede quedarse quieto en el culo del mundo, pero mientras la gente le dé importancia, no deja de ser un grano en el culo y tiene esa estúpida manía de no callarse. ¿Y lo más irónico? Que ni él ni tú ni ninguno de sus amigos púberes siquiera sabe bajo qué estandarte se están parando. Es un enorme chiste sacudir la bandera de los Black, pedir derechos en nombre de una herencia que, por default, se construyó sobre el sufrimiento de toda una raza por años y años. La hipocresía del ignorante.

Me giro, centrándome en el holograma que aún sigue encendido y el cual me veo obligado a apagar —Sí, quizá Abbey era más digna que yo, pero ella sabía y reconocía la clase de persona que podíamos llegar a ser, mientras lo único que veo de su lado es llanto y quejas, antes de seguir siendo unos delincuentes. Como sea... — guardo el comunicador, pero saco mi varita. En lo que vuelvo a caminar por la habitación, jugueteo con ella entre mis dedos — Aún no decido muy bien cómo enviar mi invitación, ¿sabes? Quería hacerlo elegante, así que mandarle un trozo de ti me parecía algo de muy poca clase. También un simple mensaje me parece aburrido, sin toque personal... Podría divertirme mucho contigo, ¿sabes? — mis pasos se mantienen firmes en lo que mis ojos van hacia ella, paseándose por su figura hasta toparme con sus ojos — Pero... ¿Para qué arruinarlo? Es decir, prefiero tomar cada parte de ti con él a un lado como testigo. Y si dejas de respirar, que caiga sobre su culpa. ¿O quieres ser tú la que lo vea morir? A estas alturas hasta me siento simpático como para dejarles elegir antes de centrarme en atrapar al resto de sus amigos, que si vamos al caso Arianne Brawn tiene un lugar especial en mi corazón y en esta prisión. .. ¡Ah! — con un chasquido, regreso a ella en un andar firme y, sin miramientos, paso el brazo que sostiene la varita alrededor de su cuello. La atraigo hacia mí, de manera tal que mi mejilla presiona su coronilla en lo que busco en el interior de mi chaleco hasta dar con, inocentemente, mi móvil — Deberías sonreír un poco, Synnove. Me gustaría que las personas que reciban esto piensen que te estás divirtiendo. De seguro tienes una linda sonrisa — la fotografía nos capta de inmediato, sin siquiera esperar a que sus dientes salgan en escena. Me basta con que una imagen diga más que mil palabras.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Vie Nov 27, 2020 4:05 am

Aprovecho que aún se aferra a mi cabello para acercarme a él. —Te puedes guardar tu consejo— digo, aunque no se cansa de hablar, de describir toda la información que la misma Ava le facilitó y quiero creer que lo hizo bajo un maleficio cruciatus, nunca tuve dudas de que era la persona que más amaba a Ken como para ser quien le hablara de aquello que lo podía atraer a este lugar y acabar con su vida. Escupo a su rostro tal como deseaba hacerlo cuando pidió de mí honestidad al querer la confirmación de ser la persona por la cual podrá torturar a Ken a su gusto. —Te estoy viendo la cara, imbécil— digo desde mi rabia, —no te diré lo que sea que me preguntes, ni responderé a tus insultos, si ya tienes la información que quieres, solo estás jugando conmigo y quieres entretenerte mientras esperas que venga Ken.

Echo mi cabeza hacia atrás al golpearla contra la pared y saco una carcajada áspera del fondo de mi pecho al conocer el detalle de todas sus maneras por acceder al distrito nueve, que se resumen en una única palabra: fracaso. El suyo, de nadie más. —Solo estás jugando— murmuro, —al estar aquí, al llamar a Ken. Hay gente que está peleando, Ken lo está haciendo, todos los del distrito nueve, incluso tus aurores están peleando, tu vicepresidente está muerta. Yo a ti solo te veo jugando— al decirlo, incluso mi mirada es como si lo observara desde arriba, así de bajo se ve para mí, ruin, despreciable y cobarde. —Y te respondo de la misma manera— todo su discurso sobre los Black, de tan largo y aburrido por haber sido repetido tantas veces, puedo aventarlo a una esquina de esta celda. Se ha confundido de lugar, aquí no hay focos ni cámaras que capten su discurso, no soy ante quien tenga que venir a dárselas de político, como público hace mucho tome una posición y la mantengo. El tiempo que él dedica a practicar sus discursos, se ve que es bastante tiempo,  fue tiempo que otra gente usó para pelear y ocupar un distrito, hay diferencias notables entre el pavoneo privado que puede darse dentro de esta celda que solo la ocupo yo, a lo que otra gente está haciendo fuera, no es alguien en quien gaste más saliva que la de escupírsela.

Levanto mis ojos al techo de esta maldita caja blanca, cansada de escuchar sus divagues sobre cómo continuar con esto que lo divierte como si estuviera armando un paquete de Navidad, cierro mis párpados rogando que se acabe de una buena vez, sea como sea, hará venir a Ken y no hay modo que reaccione de una manera distinta a empujarlo con todas mis fuerzas cuando saca la fotografía que usará para provocarlo, es mi cólera la que provoca porque se saldrá con la suya, Ken no ignorará el llamado y no porque se trate de mí, sino porque lo haría maldita sea por cualquier persona que crea se vio perjudicada por lo que hizo en la isla, por alentarnos a ser parte de esta guerra. Me abalanzo sobre el hombre con la misma libertad con la que él creyó que podía moverse a mi alrededor creyéndose con el poder absoluto de esta situación, de tocarme, y araño su rostro con cachetadas en una pelea que ya he perdido. —¡NO SERÉ TU PUTO JUGUETE!— grito con un alarido que pretende romper mi garganta, —¡NO ME USARÁS PARA HACERLE DAÑO! ¡Y POR CADA MALDITA COSA QUE LE HAGAS TE CORTARAN EN PEDAZOS, HIJO DE PUTA! ¡NO QUEDARÁ NADA QUE MOSTRAR DE TI EN UNA MALDITA IMAGEN!—. Puede que nadie me escuche fuera de esta celda, pero si algo de mi abuela veela queda en mí, espero que me haya escuchado y no esté tan errada en que ese es el destino que le espera al bastardo de Jamie Niniadis.
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Mensaje por Magnar A. Aminoff el Vie Nov 27, 2020 5:54 pm

Hay pocas cosas en el mundo que delaten un estado de vulnerabilidad como cuando una persona explota en ira. Se siente como el haber metido el dedo justo en esa herida abierta, la que les sacude los nervios por dentro y los obliga a reaccionar como animales asustados, mostrando los dientes y las uñas en un intento de detener una amenaza más grande que ellos mismos. Claro que no me esperaba esa reacción de alguien como ella, de aspecto tan frágil como para reaccionar como un perro rabioso, pero si en toda esta conversación no ha hecho otra cosa que demostrarme que no sabe a lo que se está enfrentando, tampoco debería sorprenderme. Puedo sentir sus golpes, los arañazos se sienten como pequeñas dosis de ardor en lo que mi altura me permite alejarme de sus manos, tratando de bloquearla con un brazo en lo que levanto el opuesto. Ese que tiene la varita.

El hechizo que la empuja hacia atrás me deja la libertad de relamerme, notando el pequeño corte sobre mi labio inferior que me hace llegar el sabor de la sangre. Me paso el dorso de la mano en busca de limpiarme, lo que me hace soltar una risa hasta sorpresiva — ¡Eso es tener bolas! — exclamo, dando unos pasos en su dirección — Al menos, eres más interesante que mi hermana. Ella ni siquiera se molestó en pelear, un completo desperdicio del final de una vida joven — ¿No lo dije en televisión, no? Tampoco es que fui por ahí contando lo que sucedió en la isla, pero creo que no importa ahora. Ella era un incordio, Synnove Lackberg lo es ahora. Lo suficiente como para ni molestarme en pronunciar el hechizo, dejo que sea la varita la que se alza en su dirección y dejo que el cruciatus haga su trabajo. Un segundo, dos, tres… diez. Solo bastan diez.

Lo bueno del maleficio torturador, es que me da el tiempo para llegar hasta ella. El tomar su cuello me permite apresarla contra la pared, presionando mis dedos con la fuerza necesaria como para que no se atreva a interrumpirme al hablar; si se queda sin aire, tampoco me afecta — Lamento ser la persona que te diga esto, pero ya eres mi juguete — mis yemas se clavan con mayor precisión sobre su garganta, en lo que mi voz se transforma en un susurro que se encamina hacia su oído — Así es como se maneja el mundo real. Toda acción tiene su consecuencia y creo que ninguno de ustedes supo medirla. Creyeron que podían jugar en mi jardín y que saldrían ilesos, cuando es solo cuestión de tiempo. ¿Sabes lo que pasará ahora, preciosa? — aunque no me conteste, dejo la pausa en lo que mi cuerpo se presiona contra ella. Mi nariz se roza por su pómulo, sintiendo el picor de sus cabellos — Cuando termine de jugar contigo, cuando cumplas tu papel de persona descartable dentro de esta guerra que te queda grande, terminarás en una fosa común donde nadie va a recordarte ni llorarte. Y Kendrick Black, que tendrá que soportar toda la mierda que le harás sufrir, demostrará que solo es un niño que sabe llorar antes de que lo destripe y lo cuelgue en la plaza principal para que todos vean lo fácil que caen las dinastías. ¿Y todo por qué? Porque fuiste tan idiota de creer que podías caminar por mi país sin consecuencias — mi mano suelta su cuello y me aparto dando un paso hacia atrás, de esos que me acercan a la puerta a pesar de que mis ojos siguen en ella — Nada se rompe más fácil que un corazón, eso deberías saberlo.
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