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Mensaje por Benedict D. Franco el Miér Nov 18, 2020 4:14 pm

Las noches de enero se sienten heladas en la zona costera del cuatro, allí donde el viento que llega desde el mar parece querer quebrar la piel de cada persona que aún sigue en la calle, aprovechando las horas que aún quedan libres antes del toque de queda. Con la finalización de mi turno llega el tener que regresar a casa con un traslador, cosa a la cual todavía no me acostumbro si tomamos en cuenta que he estado caminando de la casa al trabajo durante todo este año, cuando se suponía que no iba a moverme del Capitolio. Supongo que puedo tomar todo esto como una mejora, incluso cuando pensarlo de esa manera de seguro lo vuelve algo ligeramente polémico. Sea como sea, hoy me toca estar de guardia y eso significa mantener el comunicador encendido en caso de que suceda alguna emergencia, lo cual siempre considero una ironía porque, de entre todas las personas, dudo mucho ser el mejor combatiente en caso de algún ataque supuestamente terrorista. Mis pasos por las calles del cuatro son lentos, no solo porque me estoy tomando el tiempo necesario para volver a mi casa y disfrutar un poco más del cambio de aires, sino también porque estoy concentrado en configurar la pantalla para poder escuchar cualquier llamado. Solo me detengo cuando reconozco la esquina…

La casa de los Dawson se ve casi tan pulcra como la recuerdo, más las plantas que decoran la entrada son diferentes y la música que se oye me deja bien en claro que la familia que ahora vive allí es mucho más escandalosa de lo que fueron sus anteriores dueños. Tengo el corazón en la garganta cuando levanto la mirada, buscando la silueta de la casa que sé que estará a unos cuantos metros más adelante, sobre la vereda de enfrente. La había visto cuando estuve aquí al ocultarme con Arianne, pero nunca es suficiente el impacto de reconocer la casa en donde he crecido, el darme cuenta de que ya no tiene los adornos de mi hermana, ni a Bigotes, ni los juguetes sobre el porche. Al contrario que los vecinos, la nueva familia parece aburrida, no hay ruidos que hablen de niños ni un garage abierto de par en par, funcionando como taller. Es una sensación agridulce.

Sé que no puedo quedarme por siempre tratando de admirar y descifrar el paso del tiempo, así que me giro con intenciones de alejarme de aquí a paso apresurado. Es cuando lo hago que tropiezo con una figura alta y delgada, cuyo niño en brazos es tan rubio que no entiendo cómo no lo había visto antes — ¡Powell! — no Hans, la otra. ¿Phoebe era su nombre? Claro que el saludo me sale algo estrangulado, presa de la sorpresa inesperada de topármela por aquí. Tengo bien en claro que las memorias que debe tener de mí son bastante polémicas, de modo que mi reacción inicial es levantar las manos en son de paz — Yo… Lo lamento, solo pasaba por aquí. Ya me marcho — no sea cosa que crea que le voy a dar un hachazo o algo así.


Benedict D. Franco
Benedict D. FrancoEscuadrón Licántropo

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Mensaje por Phoebe M. Powell el Miér Nov 18, 2020 7:10 pm

No me doy cuenta de lo tarde que se ha hecho hasta que la oscuridad se ha alzado sobre la escasa iluminación del parque y es la negrura misma la encargada de ahuyentar a las últimas madres rezagadas con sus hijos. Llevamos parte de la tarde aquí, a pesar de no juntarnos con los chicos más grandes que se columpian como si no tuvieran miedo de caerse o dar una vuelta entera con el propio trasto, también están los que prefieren el entretenimiento de las varillas donde se cuelgan como monos y tengo el recuerdo vívido en mi cabeza de cuando yo misma hacía esas cosas siendo cría. Por el momento, Denny yo nos conformamos con la caja de arena más apartada de la atracción principal, que tratar de llenar un cubo de arenilla con sus manitas es una tarea complicada que requiere mucha paciencia por parte de ambos y desde luego toda la concentración que un bebé es capaz de poseer.

Ya puedo percibir un malestar interior en lo que recojo nuestras cosas y las deposito en la parte baja del carrito, dispuesta a colocar a Hayden en la silla para marcharnos, pero no debo de ser la única con esa sensación amarga recorriéndome la columna, que al final decido cargarlo en brazos para tenerlo más cerca de mi cuerpo y transmitirle parte de mi calor. Nunca me gustó la oscuridad, si vamos al caso cuando era más niña hubo una época en la que me pasaba la gran mayoría de las noches escondiéndome bajo las sábanas de camas ajenas, y más el añadido de los dementores que empiezan a patrullar cercano el horario de toque de queda, es comprensible por qué a mitad de camino acelero un poco el paso.

Y mamá va a darse un baño también, después de que te saque toda esta porquería de encima, ¿no te parece una buena idea?— le hablo a mi hijo porque lo noto un poco grogui en mis brazos y pretendo que se duerma después de haberse pegado un buen baño. Con el tiempo me he dado cuenta de que le gusta el agua, así que nunca se me ha complicado la tarea y ayuda el hecho de que llenemos la bañera con todo tipo juguetes y figuritas. Tengo en mente eso y todo lo que tengo que hacer cuando volvamos a casa, cuando alguien mucho más apurado que nosotros -que no dejo de sostener un bebé en brazos-, choca contra mi cuerpo. Por un momento el llamado produce que se me acelere el corazón, es raro que alguien me nombre por mi apellido en esta zona del barrio, y desde luego no es una voz que haya escuchado en muchos lugares. Salvo uno —Franco— me cruzo con sus ojos al momento de devolver el saludo, aunque está lejos de serlo cuando sin disimularlo, me alejo unos pasos hacia atrás.

El primer encuentro que tuve con este hombre que se presenta con uniforme de defensa del país fue cuando muy agradablemente me apuntó con su rifle y la última vez que vi su rostro fue cuando muy deliberadamente me hizo perder la consciencia después de dispararme repetidas veces, estando embarazada de Hayden. Por no mencionar que mató a Jack delante de mis propios ojos y no es hasta ahora que lo he pensado que recuerdo esa imagen tan clara. Después de todo esto, creo que es normal mi reacción defensiva al rodear la cabeza de mi hijo con la palma de mi mano, atrayéndolo hacia mí. —No deberías estar aquí— la acusación me sale mucho antes de que pueda darle un segundo pensamiento al hecho de que esté aquí por razones no ilegales. —¿Qué haces en el distrito cuatro?— eso también suena un poco exigente, en especial cuando los dos estamos en falta al conocer las normas sobre el toque de queda. Y no es solo hasta que lo pronuncio en voz alta que dos cosas claras se forman en mi cabeza hasta hacerlas coincidir. —Oh— se apaga un poco mi voz, no sé si por la idea de los nuevos juegos o porque eso lo hace habitante de este distrito, cosa que no me hace gracia en lo absoluto.
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Mensaje por Benedict D. Franco el Jue Nov 19, 2020 1:08 am

Bueno, técnicamente sí… — me encojo un poco de hombros en lo que aún mantengo las manos en el aire, con un mohín que me mantiene inocente frente a una acusación que no tiene mucho sentido. Es decir, puedo comprender que sea sorpresivo el encontrarnos, pero no es secreto que estoy trabajando para el gobierno y mi nombre ha retumbado, junto a unos cuantos otros, en todas las noticias de las últimas semanas. Es obvio que no hace falta que me explique, puedo ver cómo es que ella solita se va dando cuenta de cómo están las cosas y dejo caer mis manos con total pereza. He tenido un día demasiado largo como para soportar acusaciones de personas que no me conocen, que ya tengo experiencia con las mujeres de su familia. No diré que es una buena, para variar.

Me he mudado en el barrio contiguo, así que no tendremos que cruzarnos ni vernos las caras — es lo único que puedo decirle como consuelo — La casa no fue elección mía sino del gobierno, así que si tienes que presentar una queja, estoy seguro de que tu hermano puede escucharte — me parece un poco sucio mencionar a Powell en estos días, hasta tampoco sé cómo sentirme al respecto de estar hablando con su hermana. Más allá del historial que nos vincula en lugares pésimos para el trato con las personas, sé muy bien que una de las noticias que se informó cuando sucedió lo de la isla, fue que su sobrina murió por una idea que yo tuve hace mucho tiempo y que jamás pensé que se iba a llevar a cabo.

La manera que tengo de carraspear denota mi incomodidad, el que me balancee en mi lugar solamente lo secunda — Solía vivir por aquí cuando era un niño, es un buen barrio. Ideal para los pequeños, si te interesa — ¿Por qué estoy diciendo estas cosas? ¿Es algún complejo de culpa o algo así? Por favor, su familia entera está llena de personas que quieren dañar a los que me importan… Aunque tengo en claro que la genética no es suficiente como para meterlos a todos en la misma bolsa. Levanto la mirada hacia las luces de la calle — ¿Quieres que te escolte a tu casa? No es horario para andar por la calle y tengo mi licencia del escuadrón para circular — sé que no es algo que una persona normal en su lugar aceptaría, pero es lo único que tengo para brindarle como ofrenda de paz. O lo más parecido a eso.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Jue Nov 19, 2020 7:27 am

Si no he caído al momento en lo que significa que esté aquí en el cuatro como un habitante más, es precisamente porque he tratado de anular toda la noticia que informó de que iban a habilitar unos nuevos juegos para hijos de traidores y criminales. Poca gracia me hace a mí como persona ser la hija de mi padre, terrorista que ha participado del último ataque a la isla ministerial y vaya a saber cuántos motines más que no sepamos, como si no fuera suficiente con su tormento individual, como para que encima ahora mi propio hijo pueda salir afectado por ello. Ni siquiera el que lleve como primer nombre el de su padre va a salvarlo de la sangre que corre por sus venas y eso es algo que no pensé que fuera a lamentar tanto como lo hago el día de hoy.

Echo un vistazo por encima de su hombro, lo poco que me permite la escasa luz de la calle, para después girar la cabeza en dirección a la que iba. —El mundo ya es de por sí un lugar muy pequeño, asumir tan fácilmente que no nos veremos las caras es un error dados los acontecimientos recientes, Benedict— me permito la libertad de llamarlo por su nombre, si quiere puede tomarlo como la única bienvenida que voy a darle al distrito. A lo siguiente que dice, no obstante, mi boca se tuerce en una sonrisa vacía e irónica, chascando la lengua de mala gana. —No te considero una persona ingenua, como para creer que mi palabra pueda tener algún tipo de reacción dentro del ministerio. Puedo ser Powell, pero te aseguro que ni el presidente ni mi hermano tienen en cuenta los reclamos ajenos, mucho menos van a tomar en consideración los míos— bufo, ya resignada con la verdad que me ha tocado vivir. Soy bien consciente de que no soy la persona favorita del presidente y Hans ha dejado claro en bastantes ocasiones que puede hacer poco con respecto a mis quejas. Si el hecho de que me encuentre sola en la noche no es un ejemplo de ello, que el resto de mi historial hable por su cuenta.

Acomodo a Hayden inconscientemente en mis brazos cuando habla del barrio en el que vivo con mi hijo, su escaso movimiento es un indicador de que el descarado se ha dormido después de todo, así que tengo más cuidado todavía a la hora de manejarlo. —Sí, es tranquilo— admito, siendo lo escaso que puedo decirle. No es como que me apetezca contarle que en su momento vinimos al cuatro porque parecía el lugar adecuado para refugiarse de la guerra, cuando ya ha quedado en evidencia que ningún sitio está completamente libre de esta. Sigo parada sobre mis pies cuando se ofrece a acompañarnos hasta la casa, propuesta que rechazaría si no fuera porque no me interesa toparme con ningún dementor molesto a estas horas de la noche. —Está bien— acepto. Con movimientos delicados muevo al niño para depositarlo en el carrito, así puede seguir durmiendo y tiro del mismo en la dirección contraria a la que Franco estaba por irse. —No está lejos, solo es dar la vuelta a la esquina. No me di cuenta de que se había hecho tan tarde, si no hubiéramos vuelto antes— digo, porque si vamos a tener que compartir palabras, prefiero que sean de las amables por educación, que las desagradables fruto de encuentros pasados.
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Mensaje por Benedict D. Franco el Vie Nov 20, 2020 12:24 am

Siempre he tenido una idea muy clara de cómo funciona el gobierno con respecto a las peticiones de los ciudadanos, NeoPanem jamás fue un sitio propenso a la democracia. No obstante, me confieso un completo ignorante de cómo se supone que debe funcionar la familia Powell y hasta qué punto Hans debe escuchar los reclamos u opiniones de su hermana, a quien incluso han colocada en las portadas de las noticias en más de una ocasión por el simple hecho de ser familiar de alguien que ostenta un cargo de poder. Mi única respuesta a su comentario es un vago encogimiento de hombros — A veces, los políticos nos sorprenden — comentario escueto, no hace falta ponerme a señalar que casi siempre es para mal. Creo que ella debe conocer el juego tan bien como yo, es imposible estar tan cerca de los problemas como para no aprender una norma o dos.

Hablar sobre la calma de un barrio con una persona con la cual tienes una relación tensa, debe ser uno de esos códigos extraños de conversación para gente casi desconocida. Me mantengo duro como un poste hasta conseguir su aprobación, lo cual ni siquiera sé muy bien cómo se supone que debería tomármela. Sin más, le doy el espacio para que ubique al niño en el carro y solo comienzo a caminar cuando ella lo hace. ¿No estaba embarazada la vez que nos topamos en el distrito nueve? Genial, simplemente genial. Me siento todavía más hipócrita al caminar a su lado, totalmente consciente de cómo pude haberle jodida la existencia a ese niño incluso antes de nacer — A muchas personas les pasa — le comento, aunque no estoy seguro de cuánto puede importarle — He oído una cantidad inmensa de historias de cómo se olvidan del toque de queda, incluso aunque ha pasado tiempo. Hay costumbres que son difíciles de cambiar — no puedo culpar al ciudadano promedio de no tener en la cabeza que tiene que quedarse en su casa, yo tampoco podría tomarlo en serio de estar en su lugar.

Me es un poco irónico el estar siguiendo a Phoebe Powell por esta calle. Si no cuento que algunas casas han sido pintadas o han cambiado sus jardines, puedo hasta decir que se siente como un extraño deja vu. ¿Cuántas veces he caminado a estas horas por aquí? Hasta recuerdo el haber salido a hurtadillas de mi casa con Seth para acabar metiéndonos por la ventana en la habitación de Sophia, hace ya lo que parece una vida atrás. ¿No fue la noche en la cual probamos nuestro primer cigarrillo? ¡Gigi estaba ahí! Cachorra, obviamente. No había nada en ese escenario que nos hubiera preparado para el futuro en el cual vivimos ahora — Antes que cualquier cosa… — va a sonar para la mierda lo que voy a decir, por las dudas meto las manos en mis bolsillos — Quiero pedirte perdón por haberte apuntado con un arma. También por haberte noqueado. Y ya, ya sé que no son las cosas por las cuales uno se disculpa, pero jamás habría… Es decir, era mucho más fácil sacarte del medio para evitar lastimarte. Eso es todo — mierda, sabía que nunca se me dio bien el hablar con las personas, pero esto ha sido incluso patético hasta para mí.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Vie Nov 20, 2020 12:48 pm

No me animo a sonreír de pura ironía, pero sí que mis labios forman algo parecido a una curva tensa por lo que suelta. —No me gustan las sorpresas— termino por decir, siendo la verdad a la que me he aferrado desde niña de que estas tienden a crear expectativas que están lejos de formar parte de la realidad. Y en cuanto a los políticos... creo que es justo decir que hay suficientes personas en mi familia con diferentes puntos de vista sobre la misma como para permitirme mostrarme abierta a opinar sobre ella. Ha llegado ese punto en el que prefiero que no me asocien a una política en concreto, cuando soy bien consciente de que es difícil exigirle esto a las personas sabiendo quién es mi padre y qué cargo ostenta mi hermano. Quedarme en el medio de eso parece lo más sensato y lo que más seguridad va a ofrecerme, pero si algo nos han demostrado estos últimos meses es que nadie está realmente seguro.

Me estiro un poco por encima del carrito para poder tapar un poco más al bebé, escondiendo los extremos de la manta debajo de sus hombros. —Supongo— admito, que no debo ser la única con problemas para diferenciar la hora, en especial ahora en invierno que anochece mucho antes y no tienes la misma percepción del tiempo que en verano. —No me molesta el toque de queda— confieso de manera repentina, en caso de que haya sonado de esta manera, incluso cuando es la última persona a quién debería estar dándole explicaciones —, tengo una casa caliente y un colchón donde dormir por la noche, ya es mucho más de lo que pueden permitirse otros— murmuro, si algo me ha enseñado la vida es a ser agradecida con lo que se me ofrece, porque mañana puedo no tenerlo. Hay gente en el norte que duerme en la calle y puedo imaginarme a la perfección cómo deben de estar pasándolo —Sé que muchos lo ven como que es una restricción a su libertad, pero lo prefiero a tener que compartir calle con dementores, y no tiene pinta de que vayan a reducir las medidas de seguridad— no después de lo que pasó, que ya se ha visto que, por el contrario, las han reforzado en algunos puntos del país.

Reduzco un poco el paso, escéptica en lo que pueda salir de sus labios después de ese comienzo y la misma dubitación sigue plasmada en mi rostro cuando termina. No, no son cosas por las que uno se disculpa, pero no tengo intención de remarcárselo para no hacer de esto una conversación todavía más amarga. —¿Jamás habrías...?— muevo la cabeza, como esperando a que concluya esa parte de la frase, cuando lo siguiente me hace ladear todavía más la barbilla —Vi con mis propios ojos como mataste al marido de mi amiga, mientras una de tus compañeras trataba de impedirme la salida de ese despacho— ese que, si cierro los párpados, puedo visualizar perfectamente bañado de sangre —, y después otra se dedicó a dispararme, con balas que bien podrían haber acabado con la vida de mi hijo. Lastimar me lastimaron igual, como para creerme que no hubieras tratado de matarme si hubiera estorbado de más en vuestro camino— ni sé cómo me da la voz para sonar tan calma, quizá porque de mostrarme alterada, Hayden sería el primero en reconocer la alarma en mi tono —Pero tampoco espero que tú pienses que me hubiera mantenido quieta de correr su vida en peligro— señalo con mi mentón al niño.
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Mensaje por Benedict D. Franco el Vie Nov 20, 2020 3:50 pm

Le permito hablar, que nada de lo que me está diciendo me sorprende en lo absoluto y tampoco puedo culparla. Vivir entre las personas del Capitolio me ha enseñado bastante, mucho más que el descubrir que la mayoría tiene problemas banales y vidas completamente superficiales. Es interesante ponerse en los zapatos ajenos por un rato, en especial cuando la mayoría de ellos no haría jamás lo mismo por mí. Hago un sonido apenas audible al chasquear mi lengua, apenas y me atrevo a mirar al niño que señala — No puedo culparte por ello. Verás, tengo bien en claro que en esta guerra las personas siempre van a defender lo que es más preciado para ellos. Al fin de cuentas, todos somos humanos, todos sangramos, todos peleamos por lo que creemos correcto y, al terminar el día, guardamos las armas, volvemos a casa, comemos algo y estamos con quienes nos importan. Son los lados opuestos de la misma moneda — jamás estaré de acuerdo con los métodos del gobierno, nunca me sentaré en la mesa de esas personas dándole la razón sobre las cosas que han hecho, pero sé muy bien que las hacen porque creen que están obrando bien. La mayor diferencia de todas.

Pero… — obvio que iba a haber algo de eso — El marido de tu amiga… Jack Tyler se llamaba, ¿no? — no lo descubrí hasta que lo vi en las noticias. El pensarlo hace que se me revuelva el estómago, lo disimulo con una mueca amarga — Él me hubiera matado a mí si hubiera tenido la oportunidad. Estábamos parados en veredas opuestas y uno siempre se enfrenta a la decisión, en esos casos, de decidir entre uno mismo y tu oponente. Él habrá sido el marido de tu amiga… — la mujer que murió ese mismo día, si mal no tengo entendido — … Pero para mí, fue el hombre que torturó por días a un niño, un niño a quien escuché llorar y vi temblar al tratar de explicarme qué había sucedido en una celda con ese auror… Y el ministro que se sentó a interrogarlo con la clara intención de que la tortura sirviera como motivación para hacerlo abrir la boca — creo que está claro de qué ministro estoy hablando, ni hace falta que lo aclare — Tú tienes tu versión de la historia, yo tengo la mía — la que, por lo general, tiene la cara menos amable de las personas que ella aprecia.

Hablar de guerra en el barrio de mi infancia se siente demasiado extraño. Paseo los ojos por las ventanas, esas que nos enseñan escenas hogareñas del otro lado, como pequeñas películas mudas de las cuales jamás sabremos el contenido — No sirve de nada que lo diga ahora, pero siempre he estado en contra de dañar civiles. Nadie tiene la culpa de las malas decisiones de las personas con poder, salvo ellos mismos — habrán quienes los apoyan, pero por lo general son fanáticos y no participantes — Eso es todo.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Vie Nov 20, 2020 5:56 pm

Mantengo mi vista en el carrito, como si pudiera ver el rostro de mi hijo a pesar de que su cabeza queda refugiada por el cabecero de la silla, cuando en realidad dejo mis ojos así posados para poder tragar sus palabras sin la necesidad de mirarle a la cara. —Sí, bueno, hay quiénes no vuelven a casa— es un comentario amargo más que otra cosa, pero que no lo exime de formar parte de la realidad en la que vivimos, esa en la que cada día podemos ir contando las personas que dejan de estar con nosotros a causa de la guerra. No fingiré que los que están del otro lado del tablero no tienen familia que les importa, porque está claro que el mundo sería todavía más despiadado de lo que ya es si mataran por poder, a pesar de que soy consciente de que hay quién lo hace solo y exclusivamente por este. Mi padre, por ejemplo, entra dentro de esas personas.

Me sorprende que sepa de quién es que le estoy hablando, aunque no es algo que deje entrever cuando levanto la barbilla en su dirección y permito que hable al guardar silencio. Siento cómo se me abre un nudo en la garganta, sensación que se extiende por el resto de mi cuerpo y de la cual tengo que hacer estómago para poder seguir —Puedes decirlo, ese ministro que mencionas fue mi hermano, Hans Powell se quedó mirando como torturaban a Kendrick Black a cambio de respuestas, no tienes por qué evadir su nombre, sé de sobra lo que ha hecho Hans— al menos, parte de ello, también sospecho que hay cosas que no me ha contado —No lo justifico, a pesar de que conozco las razones por las que hace lo que hace y es quién es— aclaro, no creo que sea la persona que vaya a decirme que no debería estar diciendo esto, cuando dudo mucho que el mismo Hans me pusiera mala cara de exponerle mi negativa ante la tortura de un chico, lo que me recuerda a mi siguiente punto. —Pero no es un niño, Kendrick Black no es un niño, dejó de serlo el momento en el que lo convertisteis en la cara de la revolución, y son repetidas las veces que él mismo ha asegurado no considerarse uno y vosotros mismos lo habéis usado a vuestro favor— porque estuve presente en el momento en el que se presentaron en la alcaldía, pude verlo como tal. Si lo consideraran un niño no hubieran dejado que llevara él la batuta del asalto, cosa que quedó muy clara cuando personas como Franco y la otra mujer se colocaron detrás de Black a buen recaudo.

Pero a fin de cuentas, todos tenemos nuestra propia visión de la historia, en eso no puedo quitarle la razón y lo secundo al tirar del carro con mis manos para seguir el camino. —Desgraciadamente, la guerra no diferencia entre civiles y combatientes, según tengo comprendido— murmuro, suspirando en el proceso ante el recuerdo de la experiencia más reciente que tengo de este hecho. —Es aquí— digo cuando llegamos al borde de la acera que termina para convertirse en prado y unos cuantos metros de distancia está la casa. Es pequeña y hogareña, nada que ver con la antigua vivienda que compartía con Charles cuando nos mudamos al cuatro por primera vez, la cual se encontraba situada en uno de los barrios más pijos del distrito, en contraste con la edificación que tenemos delante, que se ve bastante más modesta.
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Mensaje por Benedict D. Franco el Dom Nov 22, 2020 2:42 am

Le acepto que pueda asumir a la basura que tiene como hermano, lo que hace que arrugue toda mi expresión y le mire como lo hago, es porque sus últimas palabras están completamente erradas — No sé qué historias habrás escuchado pero, cuando eso sucedió, Kendrick tenía solo quince años y solamente era culpable de haber estado en el lugar y momento equivocados — es una explicación extrañamente serena, incluso cuando sé que lo que estoy contando podría escandalizar a cualquiera — Fue luego de todos los estudios y trucos extraños que tu hermano y sus colegas hicieron que supo su nombre real y no lo aceptó hasta mucho tiempo después. Si allá afuera hay alguien que hoy está peleando, alguien que ya dejó de ser un niño, es por lo que estas personas le hicieron. En el catorce no teníamos intenciones de iniciar una guerra, mucho menos de regresar a este lugar. Cada quien construye los monstruos contra los cuales elige pelear — porque los Black crearon a sus enemigos, los Niniadis crearon a los suyos y así la rueda nunca va a dejar de girar. No espero que esté de acuerdo, pero si ella tiene su verdad, yo le daré la mía.

Le doy la razón con un asentimiento pesado de la cabeza, que no es mi lugar el preguntarle absolutamente nada sobre el duelo que debe estar llevando. Además, la casa que señala me llama la atención como para saltarme esta parte de la conversación, porque me detengo justo detrás de ella, con los ojos puestos en la estructura que tenemos delante. ¿Cuántas veces he pasado ese jardín delantero para saltar sobre el porche? Hay una ligera incomodidad que me presiona el pecho, pero no es suficiente como para hacerme contener la risa sorprendida y breve que se me escapa por los labios. A pesar de la cantidad de veces que he deseado regresar, mis pasos me hacen retroceder de forma involuntaria — ¿Hace mucho tiempo que vives aquí? — es lo primero que me sale. No, ella no debió ser la persona que la ocupó cuando los magos arrasaron con el distrito, ella no fue quien quitó los juguetes y los adornos y la transformó un lugar nuevo. No me da el tiempo, se ve tan joven como yo.

La manera en la que me balanceo en mi lugar delata que no sé si debo irme o quedarme unos minutos más, al menos hasta que ella entre y esté a salvo. Paso los ojos de la casita al niño que duerme sobre el carrito, antes de volver a la puerta de entrada y menear la cabeza — Yo solo… Solía vivir aquí, antes de… Bueno, cuando gané los juegos mi padre se quedó aquí solo y cuando el gobierno cayó, yo nunca… Supongo que alguien más la habrá tomado… — es lo que sucedió en esos casos, ¿no? Me mordisqueo los labios, no muy seguro de cómo debe estar sonando todo esto — Espero que le estén dando un buen uso — finalizo con honestidad.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Dom Nov 22, 2020 12:29 pm

No estoy a favor de que torturen niños— aclaro como respuesta natural que debería estar en cabeza de toda persona y que, lamentablemente, pasa desapercibido en la mayoría. —, pero como comprenderás, tampoco puedo estar del lado de aquellos que mataron a mi sobrina, que atacaron su hogar y el de su hermana.— no me preocupo por como pueda sonar, mis lealtades están hacia mi familia y hacia la que quiera mantenerse fuera de una guerra que ha demostrado quedarse demasiado grande para todos. No puedo evitar que mi hermano se coloque como primera línea de asalto, se lo dije muchas veces y sigue siendo su decisión, yo me mantendré al margen todo lo que se me pueda permitir. —Como guerra que están combatiendo, debieron tener en cuenta que los primeros que tienden a caer son los peones y no el rey, y ahora lo están demostrando más que nunca, con los nuevos juegos, lo único que han conseguido es que más niños inocentes sigan muriendo, pero a ninguno de los que lideran el juego real parece importarles— digo en apenas un murmullo, pasando la saliva que se me ha quedado atorada en la garganta.

Retiro mi vista de la charla política que estoy teniendo con quién menos debería estar hablando, eso para empezar, y centro mis ojos en la fotografía de la casa que nos deja la tenue iluminación de la calle. —No— la honestidad me obliga a confesarlo, por mucho que para mí parezca como que llevo una eternidad viviendo en este lugar, si tenemos en cuenta el que mi hijo tenga cerca de un año de edad y que el vivir sola tienda a tener este efecto sobre uno. —, unos meses, desde el verano pasado— prefiero decir, que pensarlo como que en otro par harán doce desde que nos mudamos, me hace sentir mucho más nostálgica. Como método para evadir esto, lo único que me sale hacer es ocupar mi boca con palabras. —Antes vivía en otro barrio, a unas cuantas manzanas de aquí, pero no me gustaban los vecinos— entre otras cosas, claro, ni siquiera me animo a sonreír.

Lo que no espero es que me venga con eso y mi primera reacción es soltar un oh imposible de contener dentro de mi cuerpo. Por alguna razón, el que me diga que solía vivir aquí me hace sentir como una intrusa, como si hubiera sobrepasado su línea de territorio y estuviera esperando a que alguien me dispare a los pies para recordarme que dé marcha atrás. —No lo sabía— pues obvio que no lo sabía, ¿cómo iba a saberlo? Me siento estúpida diciendo esto, pero tampoco puedo controlarme al aferrar con mis dedos el carro del niño. —Es una buena casa, me gusta que esté tan cerca del mar— admito, porque a Hayden le encanta el mar. Mantengo la vista clavada sobre la estructura de la casa y solo me animo a apartarla cuando me sale esta ocurrencia fruto de no sé ni donde. —Puedes acercarte, si quieres— yo tuve mi propia oportunidad para dejar las cosas en paz con la casa de mi infancia, dejando de lado todo aspecto político y lo que haya hecho, hago una excepción al permitir que se acerque, a una distancia prudente.
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