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When the days are cold and the cards all fold · Helle IRh8ZNT
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When the days are cold and the cards all fold · Helle

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Mensaje por Anne Ruehl el Mar Nov 17, 2020 5:08 am

Fines de enero,

Son otras las pesadillas que me perturban por las noches, en las que abro mis ojos a la oscuridad de la habitación, con mi nombre siendo susurrado en mis oídos, momentos en los que me incorporo lentamente de la cama y creo tener veinte años otra vez, ese susurro incesante llamándome. Pero en mis manos sobre las que cae la luz que apenas entra por las persianas, reconozco el paso de los años, no hace falta que alcance al espejo que está en la pared para verme a mí misma a esta edad, para entender que por semejante que sea el lugar en el que duermo a viejos escondites que habité, no he vuelto al pasado. Nada de lo que pasó fue una larga pesadilla. Recuesto mi cabeza en la almohada y al cabo de un rato de estar con los ojos abiertos, insomne, abandono esta cama que tampoco me pertenece. Tomo mi abrigo de lana que cuelga detrás de la puerta y al bajar la escalera de madera, voy colocándome los guantes que encuentro en el bolsillo. Por una de las puertas laterales del almacén que llevo usando de escondite el último mes, salgo a otra madrugada helada de enero que me serena más que cualquier sueño entre sábanas abrigadas.

Para cuando el sol va ascendiendo lento sobre el contorno de los edificios ruinosos del distrito, luego de deambular por las calles sin que mis pies protesten y siguiendo el rastro de los miembros de seguridad que están en su turno de patrullaje, tomo un pasaje entre callejones que me permite pararme en medio de aquel paso obligado para la licántropo que llevo rato acechando. Más tarde o más temprano se enterará que he vuelto al norte, un mes me parece tiempo más que prudencial para que una muerte haya sido asimilada y considerar que es momento de presentarme ante quienes, por no querer comprometerlos con esta mentira en sus trabajos, sobre todo al ocupar puestos que contaron con mi beneplácito, dejé que reaccionaran al engaño. Pero algo que no dejo de ser, cualquiera sea el nombre que lleve, es una licántropo. Y a las jaurías de las que fuimos parte siempre acabaremos por responder cuando llamen, son relaciones más instintivas, y en el norte… cada vez que vuelvo a respirar el aire nocturno y viciado del norte, puedo y soy parte de ese llamado.

Así como la brisa cortante de esta mañana fría me trae su olor, sé que también puede percibir el mío cuando me paro como la última sombra que queda de la noche, en el callejón que debe atravesar. Espero a que lo reconozca, a que tenga unos momentos para entender quién soy, si mi rostro que descubro al retirar la capucha de mi abrigo decide creer que es la de un fantasma. Pero nosotras no olemos fantasmas, nuestro olfato siempre preciso nos dice que estamos ante alguien semejante. —Helle— murmuro su nombre, mi mano dentro del bolsillo de mi abrigo donde guardo mi varita por si la necesito a causa de un ataque imprevisto de su parte, si es que este reencuentro no es para ella tan grato como lo es para mí. —Bienvenida a este infierno helado, soldado— repito el mismo saludo que le di en una vida anterior, que al final de todo se trata de eso, siempre habrá reencuentros para quienes caminemos los mismos lugares, quienes en vez de buscar una única luz, nos movamos entre las penumbras de los caminos que otros no se animan a transitar y que nuestros instintos nos llevan a explorar.
Anne Ruehl
Anne RuehlCiudadano

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Mensaje por Helle E. Hassel el Mar Nov 17, 2020 8:24 pm

Hace frío...pero no un frío cualquiera, no un simple frío que puedas vencer con una buena capa de abrigo. No.. hace frío del norte. Ese que se cuela por cada diminuta apertura, que atraviesa tu piel dejándote el cuerpo helado y una sensación aún peor. Nada ha cambiado en este infierno desde que lo abandoné pocos años atrás. Todo sigue igual, como en una burbuja de tiempo que parece no querer avanzar. No, todo no. Yo no soy igual.  Y mi vida tampoco es igual. O al menos eso es lo que me digo constantemente. Pero vuelvo a estar sola y perdida, en medio de un montón de tiburones preparados para devorarte cuando bajes la guardia. Así es el ministerio, ese lugar donde las falsas y amplias sonrisas se acompañan de traiciones.

Pero es el camino que elegí al volver, el trato que acepté por volver a ver a mis padres. Y no puedo permitirme decepcionarlos de nuevo, ni a ellos ni... ni a nadie más. Ya no hay otro alguien al que poder decepcionar. De igual forma no debo pensar más en ello. No en este momento. En esta jodida fría mañana en el norte del país.

Mis pasos son lentos. Mi mirada gacha observa las huellas dispersas y confusas que se mezclan en la nieve. He venido a comprobar que los grupos de licántropos destinados a este lugar cumplen con lo que se exige de ellos. Después, simplemente, desapareceré. Nada me espera aquí, nada me ata a este lugar y sin embargo, tengo la sensación de que un segundo de más en este odioso lugar me atará con sus fríos engaños para convencerme de permanecer en él.

Y tal vez no esté tan equivocada. Un cambio de sentido de la brisa cortante, una respiración más profunda que el resto y un olor conocido e inesperado me inunda por completo. Me detengo de inmediato completamente confusa. La nariz nunca engaña, pero no es posible, no es posible que ella siga viva. De forma inesperada muestro los colmillos y alzo la mirada con velocidad. Me detengo frente a una mujer y con temor a lo que encontraré termino de alzar la mirada hasta toparme de lleno con su rostro. Con el rostro de una mujer a la que creí muerta.

No es un fantasma, no es una ilusión. Puedo olerla, puedo verla, puedo escucharla. Está delante mía y está viva. No puedo comprenderlo, no puedo entenderlo. Distintas sensaciones se arremolinan en mi mente, distintas opciones, sin saber como reaccionar, sin saber como mostrarme. Mi mano toma con firmeza mi varita, pero no la apunto con ella. Joder. Está viva. Deseo abrazarla, deseo llorar, deseo mostrar alivio por que aquello solo hubiese sido una mentira. Pero también deseo golpearla, deseo gritarle, deseo echarle en cara que me haya abandonado de ese modo en el ministerio, sin explicaciones, con una mentira como aquella. Y no se que debo hacer como comandante. Quizás deba capturarla, deba reducirla, deba llevarla como prisionera para que sea ajusticiada por traición. Pero soy, o al menos era, parte de su manada y ese lazo no desaparece, no puedo hacerle eso, no a ella. ¿Qué me queda entonces, como debo reaccionar ante alguien que vuelve de entre los muertos? - ¿Estás realmente viva?- Son las tres únicas palabras que logro salgan de mis labios mientras la mano que sostiene mi varita tiembla ligeramente.
Helle E. Hassel
Helle E. HasselEscuadrón Licántropo

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Mensaje por Anne Ruehl el Vie Nov 20, 2020 9:01 pm

Asiento quedamente con mi barbilla a su pregunta, la ráfaga de viento que corre por el callejón lleva algunos de los mechones de mi cabello hacia mi rostro, lo cubre por un momento, y los retiro lentamente con mis dedos para que pueda reconocerme al dar cada paso que vuelve a acercarme a ella. Su olor se carga de todas las emociones que la embargan, los lobos viejos sabemos apreciar las sutiles diferencias de matices entre los olores que identifican al miedo, a la furia, a la excitación o al dolor, mi permanencia en el norte me hace cada vez más consciente de las respuestas de mis instintos, como mi estadía en el Capitolio me fue devolviendo una consciencia de bruja para despojarme de mis arrebatos más animales. Espero llegar al día en que pueda pararme en la línea media, siendo yo quien tenga el control de ambas partes, no que esas partes y sus demonios añadidos, con nombres bien identificados, quieran tirar de mí hacia un lado o el otro.

Puedo decirte que es ahora cuando realmente estoy viva— murmuro en respuesta, aunque esta vida me vuelva una extraña hacia todos los que emigraron al sur cuando los derechos a las criaturas mágicas fueron restituidos, que están obligados por estos derechos a prestar sus servicios al ministerio, de los que me aparto por un retiro a voluntad, porque a la larga una quiere recuperar la posesión de su propia alma y el camino de perderla comienza mucho antes de lo que una alcanza a distinguir, en las primeras conversaciones de persuasión con ciertos hombres, casi siempre son hombres, que te plantean beneficios compartidos y te dan el mismo trato que un peón con el que juegan entre sus dedos, a la larga es una la que tiene que decidir por sí que no quiere ser peón y reafirmarse en el lugar que desea. Si hay que luchar, si hay que resistir, que sea para estar en un lugar que haga justicia a nuestro verdadero deseo.

Pero este es un pensamiento recién descubierto, conclusiones que surgen de quienes hemos andado un camino y cuya vida se entrecruzó con otras. El Capitolio fue eso para mí, el cruce con ciertas personas del pasado, así como volver al norte me lleva al reencuentro con otros que se han convertido en mi nuevo pasado, todo vuelve a empezar. —Por eso quería poder verte como comandante antes de irme— confieso, porque los consideré a todos, los evalué a todos en sus méritos y carácter, descarté rápidamente a algunos, quise dar oportunidades de prueba a otros, y fue Helle quien, en todo lo que representa, fue la idónea para ese puesto. Si bien el desafío para ella empieza desde ese punto. Lo que ella es, lo que se espera de ella y las decisiones que tendrá que tomar, se entrecruzarán y se contradecirán, verla es ver como todo recomienza y a la vez, en eso hay siempre una esperanza. —Y desde ese lugar, aunque haya desaparecido, aunque no vuelva a estar la vista de ninguno de ustedes, entiendas que no soy tu enemiga— aclaro, mi voz es un murmullo entre ambas, —por debajo de las ideologías por las que la gente pelea, sostén los vínculos más instintivos, son los únicos firmes cuando todo se vuelva caótico…
Anne Ruehl
Anne RuehlCiudadano

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Mensaje por Helle E. Hassel el Dom Nov 22, 2020 3:32 am

No termino de asimilar que aquella loba siguiese viva. Que aquella loba hubiese engañado a todo el mundo, pero especialmente me hubiese engañado a mi. Se que realmente no me debe nada, que es libre de sus decisiones, pero mis instintos de loba me marcan otras sensaciones muy distintas y perder a alguien de tu "manada" de tu "jauría" no es nada agradable. Menos después de tantos años.

¿Qué ahora era cuando realmente estaba viva? ¿viva como? Huyendo, volviendo a malvivir, matando quien eras para no ser nada ni nadie. ¿Qué sentido tenía eso ahora que por fin se nos empezaba a tener algo más de consideración que la de unos perros pulgosos? No tenía ninguno o quizás si, pero yo no lo conocía y por ello no podría comprenderlo por ahora. Igual que no comprendo por que quería verme de comandante para luego marcharse. Una de las razones por las que acepté el puesto fue debido a que ella era la ministra de defensa. Pero sin ella... ¿por que no renunciar?

El frio vuelve a atravesarme por un completo, recordándome donde me encontraba, recordandome que aquello estaba sucediendo de verdad y que debía tomar una decisión. No podía quedar eternamente en aquella posición, bloqueada sin saber que hacer con la mujer que tenía enfrente. Debía actuar, como fuese, pero debía hacerlo. Y mientras ella habla, con palabras que me atraviesan y confunden del mismo modo que el propio frío, alzo mi varita hasta apuntarla con ella.

¿Pero a quien quiero engañar? No voy a hacerlo. No quiero hacerlo. Y tampoco puedo hacerlo. No puedo hacerle eso a ella. Por mucho que pasase, ahora o en el futuro, por mucho que hiciese, por muchas cosas que ocurriesen, por mucho que me ordenasen o amenazasen. No, no podía. - Se que no eres mi enemiga. Y aunque lo fueses, nunca podría atacarte, ni podría herirte. - Bajé con lentitud de nuevo mi varita hasta guardarla en su sitio.

Un suspiro salió de mi pecho, mientras algo de calma volvía a mi. Realmente no era cierto, pero no podía proseguir así, ya no era aquella niña asustada que llegó al norte sin saber si quiera a donde ir o que hacer. Ya no era la misma y nunca lo sería. Y por supuesto, una de las causantes de ello era la mujer que ahora tenía enfrente. Y por eso no creía nunca entender el por que. - Pero no entiendo por que no me lo dijiste, por que no me avisaste. - Clavo mi mirada en la suya, como si pudiese leer en su mirada la respuesta a todas mis dudas. - Podría haber dejado el ministerio y seguirte hasta el norte. O hasta donde deseases ir. - Guardé unos segundos silencio dando algunos pasos hacia ella. - ¿Por que querer verme de comandante cuando tu has huido del ministerio?

No se me había pasado por alto el hecho de que había dicho "aunque no vuelva a estar a la vista..", de hecho no quería creerlo. No podía abandonar así a alguien con quien había pasado tantas lunas llenas. - ¿Y por que aparecer ahora?- Si no quería que supiese que estaba viva, por que mostrarse ahora? Estaba claro que aquel encuentro no había sido casualidad.
Helle E. Hassel
Helle E. HasselEscuadrón Licántropo

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Mensaje por Anne Ruehl el Dom Nov 22, 2020 6:32 am

Esos vínculos instintivos de los que le hablo aluden a una única naturaleza: la que se forma entre quienes se reconocen de una misma manada. Mi predilección por el escuadrón licántropo era algo que podía verse, incluso cuando estaba ejerciendo como ministra y mis conversaciones con ciertos aurores buscaron una tregua dentro del departamento que nos asegurara pelear desde un mismo lado, no entre nosotros. Pero cuando la misma jefa de aurores quiso dar su opinión sobre la elección de un líder entre licántropos, fui clara al decirle que los asuntos de una manada, se deciden dentro de esta. Por mucho que haya querido superar dentro del departamento las separaciones internas, abarcarlos a todos bajo una idea de grupo, hay algo entre los licántropos que llegamos a compartir luna llena, que nos hace un grupo aparte.

Yo misma, reconozco, no creo haber llegado a comprender que tanto podríamos habernos vinculado entre nosotros, porque no hubo tiempo como el que fui ministra en el que me sentí tan o más sola que en mis tiempos perdidos en el norte, en esa soledad incluso yo perdí la noción de los vínculos con estas personas de naturaleza similar a la mía y mi apego fue exclusivo a Maeve, como el cachorro que pude educar como a ningún otro, quien me permitió reconciliarme con el concepto de madre, que despreciaba por estar en falta con mi única hija biológica. Puedo, recién ahora, darme cuenta de que hubo personas como Helle que caminaron a mi lado en el norte y en ese andar encontraron su rumbo, mientras yo misma abatía demonios para ir abriéndome paso, que se pudieron haber sentido desorientados cuando desaparecí. —Yo tampoco busco herir a nadie, ya no— contesto, una aclaración que puede confundirle al contradecir a la persona que conoció. Puedo estar segura de que es sincera al decirme que no me heriría, lo que me hace ver que el tiempo en que la mantuve bajo mis ojos no fue en vano, y sorprende, claro que sorprende, tiendo a esperar más a que sí hieran, a que todos aquellos que caminan a nuestro lado, el día en que damos un paso al costado, ataquen a matar y ella es, inesperadamente, la excepción agradecida. Es algo que nunca hubiera esperado como Rebecca y a lo que ella hubiera respondido escéptica, algo que recibo como Anne como parte de las recompensas que no sabía que el darma tenía reservado a este nombre y cae como lluvia bienvenida, a lavar todas las viejas traiciones.  

Relajo mi semblante con una sonrisa trémula. —Porque te hubiese comprometido— explico, no consideré lo que pudiera afectarle a nadie porque sus emociones no es algo sobre lo que tenga control y también porque no creo que las personas pudieran haberme considerado alguien perdurable, cuando en la isla ministerial podría haber muerto en servicio junto a otros, y salvo unas pocas palabras de condolencias públicas, morir al servicio del ministerio se ha convertido en moneda corriente. —Estabas estrenando una placa como para tener que hacerte parte de un engaño así, del que necesitaba que creyera la mayoría de las personas para…— tomo aire antes de sacarlo como un suspiro, —poder estar en paz—, en sentido figurado en mi caso, la consecuencia que todos esperan a la muerte, poder estar en paz. Muevo la cabeza para negar ambas alternativas que me sugiere para su propio andar. —No, Helle. No. Los licántropos han recuperado un lugar en el sur, en el ministerio, derechos que no teníamos cuando éramos parias y que ustedes deben defender ejerciéndolos— no me cansaré de repetírselo a ninguno de ellos. —Se les pide servir al ministerio por la restitución de esos derechos, así que eso es lo que se hace. Para tus pies firmes en el lugar donde estás, confía en ti misma y en tu instinto como en nadie. Pero yo, estoy tomando un camino a mi propio riesgo…— vuelvo a tomar aire, cierro momentáneamente mis ojos al explicarme con palabras que llevan el vaho del frío al salir de mi boca. —No huí del ministerio— aclaro, —el ministerio fue solo un momento para mí, en una vida demasiado larga que he vivido. Fui soldado, comandante y ministra en esta guerra que lleva adelante el ministerio, pero tengo mi propia guerra y depende de mí, solo de mí, hacer algo para ganarla. Entre las guerras de que otros nos piden que peleemos y la propia, pongo por delante ganar la mía, el ministerio tiene un ejército, en mi caso yo soy mi propio ejército.
Anne Ruehl
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Mensaje por Helle E. Hassel el Mar Nov 24, 2020 9:02 pm

No puedo evitar poner cierta expresión de incredulidad ante su respuesta, pero en seguida cambio esta por una especie de sonrisa. No creo que aquella loba pueda dejar las garras quietas mucho tiempo, no si como dice está librando una batalla ella misma. Pero. Si ella cree mi palabra yo creeré la suya. Supongo que es lo mínimo que podemos hacer una por la otra.

Me hubiese comprometido. ¿Y que? Toda mi vida, desde que abandoné mi casa se ha dedicado a ir en la sombra sirviendo a otros en mayor o menor medida. Buscando no ser débil pero sin llegar a marcar nunca un territorio. Y en todo este tiempo nunca me importó realmente verme en problemas, dado que estos se convirtieron en parte de mi vida cada día. Por ello, no, no me hubiese importado cargar con la información de saber que seguía viva y no vivir a sí esa cruel mentira.

La dejo hablar, contengo mis palabras todo lo que puedo. Pero llega un punto que no puedo callarme. No puedo dejar en silencio aquello que por dentro deseo gritar. No puede realmente pensar eso, por que ambas sabemos que no es verdad. Igualdad para los lobos? Es un cuento de fantasía, una farsa en cualquier lugar donde vayas. Somos los eternos marginados, en todos los bandos que tomen el gobierno. - La placa como la del collar de un perro. - Ladeo la cabeza mirándola. No me suelo quejar de ello. Yo misma acepté todo aquello. Pero son varios los últimos acontecimientos que me hacen darme cuenta de la realidad del mundo en el que siempre he vivido y siempre he querido ignorar. - No tenemos ningún lugar en el sur Becca. - Pongo una mueca al nombrarla, no se hasta que punto aquel nombre está ahora vetado, pero no lo pensé hasta después de decirlo.- Somos las mascotas del ministerio, sus perros guardianes y lo sabes tan bien como yo. - Sabía que la contraría había hecho muchos esfuerzos por que nuestro escuadrón importase dentro del ministerio, pero también sabía y sentida las miradas constantes que debía soportar cada día. - Yo no soy tu. - Recuerdo la reunión que tuve con Magnar en su despacho pocos días antes. Me sentí estúpida durante toda ella. - No se si puedo llevar al escuadrón adelante, menos si tu no estás. - Quizás por eso una retirada a tiempo era mejor.

Escucho sus últimas palabras y no puedo evitar mostrarle por unos segundos los colmillos, volviendo a sentir esa extraña rabia que sentí al verla. - No depende solo de ti. - Casi me siento insultada. Se que suelo pasar inadvertida y que el tiempo en el ministerio Becca tuvo más ojos para otros lobos, pero aún así, joder, ella me ayudó en el norte, que menos que ayudarla de vuelta. - Mira. No lo entiendo, no lo comprendo aún. Pero confío en ti. - Me recoloco la bufanda mientras la observo. - Seguiré como comandante. Pero déjame ayudarte en tu guerra. Déjame ayudarte a ganarla.  Por favor. - Guardo unos segundos silencios. Sigo enfadada con ella? Sigo  molesta? Por supuesto. Pero una cosa no quita a la otra. Menos cuando la loba que llevo dentro es la que me impulsa a todo aquello. - Me importa mucho más tu guerra que la del ministerio.
Helle E. Hassel
Helle E. HasselEscuadrón Licántropo

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Mensaje por Anne Ruehl el Vie Nov 27, 2020 3:52 am

Si tomas a la placa como collar con el que tratan de domesticarte— digo, mi voz cambia radicalmente para imponerse firme entre las paredes de este callejón que nos da la privacidad que ni en el ministerio hemos gozado, —ya depende de ti no perder consciencia de tus colmillos, tus garras y tu carácter. Se puede poner una correa a una garganta, pero que no se te olvide tu propia fuerza para tirar de esa correa y morder la mano que trata de estrangularte si se atreve a hacerlo—. Por muchos derechos que recobremos y la protección que pagamos con nuestros servicios -que yo aún sigo pagando sin llevar un uniforme ni portar una placa al tener que cumplir el que espero sea el último capricho de Magnar, aferrándome con dientes al derecho de pisar el sur-, si en algún momento perdemos estos derechos y nos dan una bofetada, será también el momento de mostrarle lo hondo que podemos clavar nuestros colmillos, el desangre que no nos importará causar aunque nuestra propia sangre se mezcle y quede regada en el suelo.

Los lugares se ganan, se conquistan, serán nuestros solo aquellos donde sepamos pararnos y estar— afirmo, —el norte puede ser nuestro, también el sur, las fronteras pueden ser nuestras si queremos— digo con fiereza, para mí reservo los lugares oscuros, cada quien que elija los sitios donde encuentre su calma. Camino hacia ella para posar mi mano en su garganta así consigo que sus ojos miren los míos, pese a lo blanco de su cabello, sus ojos son del tono castaño en los que puedo tratar de buscarme con confianza, de los azules aún no sé qué esperar. —Que una placa sirva para resguardarte y seguir mirándolo todo críticamente desde esa placa, pero que en ningún momento te diga quién eres— le aconsejo. —No eres yo, eres tú. Encontrarás tu camino en esto mientras lo vayas caminando siendo tú— porque quien tome mis pasos como referencia no creo que quiera visitar todos los vacíos en los que caí, hay espacios incluso dentro de mí que no quiero que nadie visite y ya no es una cuestión de confianza en este momento, ya no es mi férrea manía de esconderme, todos conservamos dentro lugares que solo nosotros podemos pisar, tan sagrados como malditos, solo admiten la presencia de una.

Pruebo a mostrarle una sonrisa cuando dice que mi guerra no depende exclusivamente de mí, en otro momento lo hubiera refutado, hubiera dicho que era mía y solo mía. Pero este tiempo que transcurrió me demostró que no es así y cuando alguien se acerca para dar su ayuda, no la apartas con la violencia que es respuesta tardía a otros que también se acercaron para herir y que se siguen acercando para aprovecharse. Es momento de saber distinguir. —Gracias, Helle…— susurro, bajo mi mano hasta su hombro para darle un apretón afectuoso. —Por el momento me ayudas sabiendo que estoy aquí y que no actúes sobre mí como una enemiga— porque podría darse la situación contraria, si ya depende mi calidad de civil con derechos de satisfacer un mandato de Magnar, no quiero que sea precisamente el escuadrón licántropo el que se gire en mi contra para perseguirme, sería la más bastarda de todas las ironías. —Ni mi guerra, ni la del ministerio, que aquello por lo que luches siempre sea para ti— es un consejo que no me cansaré de dar a los licántropos, pese a movernos como manada nunca fomenté pensamientos de tener que sacrificarse por otros, se trabaja mejor con otros y protegiendo a otros, cuando uno lo hace desde sí mismo. Se puede ser fuerte con otros, cuando se es fuerte desde uno mismo. —Estaré en este distrito, búscame todas las veces que necesites. Te avisaré también cuando pueda volver al sur y búscame ahí. Saber que cuento contigo y que sepas que cuentas conmigo es lo que me ayuda a seguir peleando— en verdad lo hace, estoy transitando la hora más oscura antes del amanecer y necesito saber que manos hay en las sombras a las que sí puedo sostenerme. —Y también te ayudaré a ti, lo prometo— es momento de empezar a hacerlo.
Anne Ruehl
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Mensaje por Helle E. Hassel Hoy a las 2:22 am

Siento el cambio del tono de su voz. Siento que quizás en tocado un punto menos agradable, pero no puedo evitarlo, no cuando aún tantas sensaciones recorren mi mente con intención de ser la única a la que haga caso. No le sorprende ese consejo por parte de esa mujer. Es algo que espera y que no sería la primera vez ni la última que escucharía. Era una mujer que se había ganado a pulso su fama y que era reconocida y querida u odiada por bastante gente. Sin duda ella no se había dejado domesticar, ni nunca lo haría. Pero no podía decir lo mismo de mi misma. Siempre había sido más bien una loba juguetona que una que mordiese y era probable que eso terminase por pasarme factura.

Escucho también los consejos que siguen. El que podamos estar donde deseemos, es fácil de decir para ella, pero no para el resto. La observo entonces acercarse e incluso me sorprender el contacto con su piel cuando deja su mano en mi garganta. Alzo mi mirada siguiendo esta y me topo con los ojos contrarios. Unos ojos profundos que habían pasado por mucho. - Como siempre agradezco tus consejos, pero no se hasta que punto podré seguirlos. - Cierro los ojos unos segundos disfrutando de su cercanía y de su olor. Tratando de memorizarlo para el momento en que vuelva a desaparecer, por que estaba segura de que lo haría. - Sabes como soy y mis debilidades. - Lo sabía y ella misma también. Era demasiado confiada, era demasiado servicial y era demasiado leal. Cosas que a priori podrían parecer buenas, pero que a la larga terminas dándote cuenta que no son más que piedras que te van hundiendo hasta el fondo del mar.

Al menos, no rechaza mi ayuda. Habría jurado que iba a hacerlo, que iba a rechazarla y me iba a apartar de ella. Pero aquel gracias y aquel apretón logra sacarme una pequeña sonrisa sincera. No lo hace, sin embargo, lo siguiente. Parecía una forma más de tenerme contenta y apartada que de realmente aceptar la ayuda. - ¿Segura que no necesitas nada más? Sabes que puedo ayudarte en lo que sea. - Tenía defectos, pero también los años en el norte le habían enseñado a ser escurridiza y conseguir las cosas que quería de una forma u otra. Y su posición de algún modo quizás le podría ayudar.

Para mi. No era una persona egoísta y siempre me había preocupado más por los demás que por mi. Una prueba de ello era que era una licantropo después de haber ayudado a una chica. No podía pedir que que luchase solo por mi, por que no sabía hacerlo, nunca supe hacerlo. Trago saliva y asiento como respuesta sin decir lo que pienso. Acepto el consejo, pero ese será difícil cumplirlo.

Pero si que me alegra el saber que podré encontrarla si la necesito, que podré verla si me apetece, que podré buscarla en las noches de luna llena, por que lo haré y no podría cambiar esa idea, no ahora. - Está bien. - Esbozo una suave sonrisa. - Entonces no dejes que nadie te pise y aplástalos a todos. - Unas palabras firmes por mi parte que sabía que serían así. Becca había pasado por mucho, pero a mis ojos era ese tipo de personas que lograba quitarte del medio con una sola mirada. Había conocido a pocas personas así y sabía que con esas había que tener especial cuidado.

Y bueno, no puedo dejar de ser Helle. No puedo dejar de ser como soy. Y ninguna presión me hará olvidarme de ello. Lo que se traduce en actuar de forma sorprendente para los que me rodean en el momento menos esperado. Como ahora. Sin darle tiempo a reaccionar me acerco a ella y le la estrujo, con suavidad pero firmeza, en un abrazo. Si, me gustaban los abrazos y eran poco valorados en este mundo. Pero al final había decidido dejar salir lo que quería y eso era estrechar a la mujer que creía muerta entre mis brazos. ¿Iba a seguir molesta por que me lo ocultase? Por supuesto, pero no podía odiarla. - Me alegro de que estés viva. - No estaba segura como recibiría la contraria aquel abrazo, pero en aquel momento poco me importaba. Solo seguía su consejo, pensar en mi misma.
Helle E. Hassel
Helle E. HasselEscuadrón Licántropo

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