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Mensaje por Phoebe M. Powell el Jue Nov 12, 2020 2:21 pm

27 de diciembre



Hola, Murph— saludo de esta manera confiada a la niña que tengo delante, a quién encuentro sentada en uno de los bancos del patio exterior, no sé si ensimismada en sus propios pensamientos o en el juego de sus compañeros más pequeños a algunos metros de distancia. Pese a lo frío de la estación, muchos encuentran motivación suficiente para salir unos minutos al día, que con todo lo que ha estado ocurriendo en este pasado tiempo, el seguir manteniendo espíritu para seguir teniendo una rutina diaria es algo que les envidio sanamente. Por mi parte, volcarme en el trabajo ha sido la única manera de sentir que el mundo no se está volviendo pedazos poco a poco y con él, las personas que me importan. Si por las mañanas estrecho el tiempo al máximo para poder ocupar mi mente con tareas y trabajo, por las noches los minutos se extienden al sostener a mi hijo entre mis brazos, donde puedo pasarme perfectamente horas solo admirando su rostro. Considero que poder hacerlo es gozo que muchos han perdido, tal como mi hermano, así que me aseguro de cada día aferrar a mi bebé unos minutos más que ayer.

¿Puedo?— indico con la cabeza, también con un gesto suave de mis dedos, si puedo acompañarla, tomándome la libertad de sentarme a su lado solo y cuando algo en su actitud me diga que puedo hacerlo. La sé una persona reservada, como una característica que resalta a la vista de entre lo poco que pudimos averiguar de ella en estos meses, así que no pretendo invadir su espacio y mucho menos sobrepasar los límites hasta que sea la muchacha misma quién me permita saber hasta donde puedo acercarme. —Siempre me ha gustado el invierno, ¿a ti no? Hacer muñecos de nieve, peleas de bolas e incluso... preparar picnics fuera, nunca hace demasiado frío para hacer uno con la ropa adecuada, ¿no crees?— cuento, lo que sea con tal de obtener la más mínima cosa de ella, misión que ha resultado en fallida estas semanas, pero no pienso darme por vencida tan temprano.

Dirijo la mirada hacia los niños que juegan en el polvo blanco que ha ido cayendo al suelo en el transcurso del día, cada uno de ellos con una historia para contar, y si bien no por su cuenta, por otros. Al meter mis manos frías en los bolsillos de mi chaqueta y devolver mis ojos a su figura, caigo nuevamente en la cuenta de que la persona que tengo delante es como un libro en blanco. No tenemos registros de ella, ninguna partida de nacimiento, tampoco exámenes físicos, ni sanguíneos, nadie que la conozca ni que la haya visto antes, como alguien más que una sombra que vagabundeaba por los distritos pobres. Hasta su llegada aquí, es como si prácticamente no hubiera existido, información que me hace dudar hasta de si su propio nombre es auténtico, ese con el que me refiero a ella porque es así como decidió presentarse.
Phoebe M. Powell
Phoebe M. PowellDirector del Servicio Social

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Mensaje por Murphy Thornfield el Vie Nov 13, 2020 8:33 pm

El revuelo que causan las niñas de menor edad dentro de la habitación que compartimos en dos filas de camas, me permiten saber aun antes de mirar por la ventana, sentada como estoy en el alfeizar con un libro sobre las rodillas, que la directora Powell ha vuelto al orfanato para otra visita, y todas las niñas se apresuran a sacar sus juguetes bien guardados que le dieron en Navidad, para ir a mostrarle lo bien que los tienen, las trenzas que le hicieron a tal muñeca o lo limpio que está el vestido de la otra. De los regalos que trajeron yo escogí un libro, es raro un libro nuevo y con todas las páginas en el orfanato, así que me permití ese lujo. Las sigo con la mirada hasta que se cierra la puerta de dos hojas de la habitación y recién entonces, giro mi cabeza hacia el cristal para ver como otros niños también han salido al patio delantero, cubierto de nieve, para recibirla. Todo aquel que muestre un mínimo interés en este edificio viejo y en las vidas olvidadas que hay dentro, ese es el entusiasmo que suele recibir de los más pequeños entre nosotros.

Tomo mi lugar habitual en el patio cuando salgo al cabo de un rato, desde el banco de piedra en el extremo más alejado, puedo seguir el juego de algunos de los niños. Pasan cerca de mí como si fuera una presencia invisible, han aprendido tras tantas veces de dirigirme la palabra y no contestarles, que así es como deben tratarme. Pero abandono mi postura rígida de mirada helada, cuando quien se acerca es la directora Powell. No abrí el libro en todo el tiempo que llevo sentada, pero me ocurre lo mismo que las otras niñas, este regalo es un tesoro personal y lo llevo conmigo a todos lados, no es como si tuviéramos muchas cosas. Yo no tenía nada cuando llegué, más que ropa sucia y rota que decidieron quemar también, para meterme dentro de un vestido beige y soso que sirve como uniforme entre nosotras, al que se añade un abrigo gris por este frío. A falta de guantes, aprovechamos el largo de las mangas para esconder dentro nuestros dedos.

Claro, directora— contesto con una sonrisa que no suelo mostrar. —También me gusta el invierno— digo con un asentimiento suave de mi barbilla, —pero no por juegos o picnis— reconozco un poco más bajo, ella ha tenido unos buenos meses para darse una idea de mi actitud reservada, así como yo para juzgar su carácter y también la del hombre que ha venido un par de veces con ella. —Es agradable, los colores, el frío, el silencio…— en contraste con el calor de un incendio que todavía siento en los huesos, que quedará dentro de mí como parte de esta nueva naturaleza. —¿No es agradable sentarse al lado de una ventana, ver como se empeña y limpiarla con la mano para ver cómo se va acumulando nieve en alfeizar al caer? ¿O como el frío puede enrojecernos las mejillas al avanzar con botas entre la nieve?— inquiero. Deslizo mi mirada hacia unos niños que se corren entre sí. —Claro que no todos piensan así, muchos de los que están aquí sufrieron el frío de dormir en la calle…— pero cualquier frío es agradecido, también el que tuve que pasar yo al deambular por un norte que desconocía, cuando no olvidas cómo el fuego quemó tu piel y es el único recuerdo nítido, entre otros que a veces me pregunto sí serán reales, algunos carteles que empapelan las paredes me dicen que sí lo son.
Murphy Thornfield
Murphy ThornfieldEstudiante del Prince

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Mensaje por Phoebe M. Powell el Sáb Nov 14, 2020 6:39 pm

Puedes llamarme Phoebe— acoto cuando la escucho nombrarme como directora, llamado al que todavía me cuesta reaccionar y que sigue sin sentirse real alrededor de los niños. Dentro del edificio general donde se llevan a cabo los asuntos de los servicios sociales no me importa que me llamen así, después de todo es como la mayoría se refiere a mí, como trato educado es lógico, pero se siente un poco fuera de lugar cuando estoy hablando con chicos que preferiría me viesen como alguien cercano que una persona a quién le deben tener respeto solo por el título que porta. —¿Qué libro estás leyendo?— pregunto con curiosidad al ver que bajo su regazo guarda un ejemplar del que no alcanzo a leer el título, ni siquiera cuando tomo su asentimiento de cabeza como la aprobación a sentarme a su lado y es lo que procedo a hacer con cautela.

El banco está frío pese a lo largo de mi abrigo, pero me intereso más por lo que pueda aportarme el hecho de que haya decidido tomar posesión de un libro en lugar de cualquier otra cosa. Como alguien que dejó el colegio a los ocho años y hasta los catorce no volvió a pisar un pasillo escolar, la lectura es algo por lo que nunca me apasioné en mis años de orfanato, el que no haya registros suyos en ninguna escuela previa al Prince, tampoco en este, me da a entender que alguien tuvo que enseñarla a leer. Su familia o, a lo sumo, alguien lo suficientemente cercano como para tomarse tal molestia. En el norte uno no necesita estrictamente el saber leer para moverse entre estos distritos, basta con que conozcas las reglas básicas de supervivencia, así que alguien debió educarla, al menos antes de terminar en las calles.

El silencio...— medito en voz alta, posando la mirada sobre los niños que gritan en su juego —Pero este también nos hace sentir muy solos a veces, ¿no te parece? Está bien estar solo durante un rato, muchos lo necesitamos para tratar de esclarecer nuestros pensamientos, pero puede llegar a volverse muy pesado después de un tiempo, ¿no?— regreso la vista hacia ella, intento deducir de esta manera cuánto hace que se encuentra sola ahondando en un sentimiento que conozco bien, que creo poder ver en ella también, si solo se abriera conmigo. A lo siguiente solo asiento con la cabeza, pudiendo enumerar un centenar de cosas por las que la época invernal me resulta una de las más encantadoras ahora que puedo disfrutarlas. —Así es— suspiro, no es una realidad que pueda negar, cuando soy bien consciente de los problemas que acarrean las vidas de los norteños —, muchos de tus compañeros han vivido inviernos más duros que este, pero incluso después de eso, todavía son capaces de salir a jugar en la nieve. Habla mucho de su resiliencia, de cómo pese a haber dormido bajo el frío de una noche helada, siguen pudiendo disfrutar del invierno— como si no hubieran sido la causa de neumonías, dedos y nariz fría, toses secas que duelen al respirar —¿Y tú, Murphy? ¿Cómo encuentras estar aquí?— pregunto, mirándola, lo que use como comparativa valdrá para hacerme una idea mental de en qué condiciones se crió.
Phoebe M. Powell
Phoebe M. PowellDirector del Servicio Social

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Mensaje por Murphy Thornfield el Vie Nov 20, 2020 4:55 pm

De acuerdo— acepto el uso de su nombre de pila reservándomelo para más adelante, es más joven que alguna de nuestras cuidadoras con quienes el trato de «señora» antecede a sus apellidos, así que se me hace apropiado darle un tratamiento que se corresponda más a su edad, usarlo también nos hace más cercanas lo que es mi intención. He decidido que quiero irme de este lugar, lo que puedo ofrecerme me pareció la mejor de las opciones, cuando tuve que evaluar cuáles tenía a mano para mi supervivencia, y no podía esperar que Marco siguiera prestándome su escondite, me parecía un abuso aunque no fuera de los lugares más lujosos, ni siquiera cómodos, para habitar. Pero las posibilidades a mano han cambiado, la directora Powell con su cuñado es una de estas, pienso tomarla. He decidido que quiero un lugar, si el gobierno de Neopanem me lo ofrece en su tregua con las criaturas mágicas, porque… ¿qué otro lugar tengo?

Los límites superables de la magia— contesto con una sonrisa jocosa, es lo que me provoca tal título que a la palabra «superables» lleva entre paréntesis. —Es un repaso a los alcances mágicos hasta el momento y las pruebas que se hacen o quedaron truncadas, en todos los ámbitos de la magia: hechizos, salud, tecnología…— abro el libro para enseñarle la total ausencia de imágenes, también la monotonía de esas líneas que la hacen una lectura tediosa, no llega a ser una enciclopedia rica en explicaciones, son escuetas anotaciones que tampoco llegan a abarcar todo lo que creo que sí se pudo haber averiguado y lo único destacable es su introducción, con una filosofía que alienta a que se continúe con las investigaciones. Pero es la única posesión que tengo, la valoro, tal como la demuestro al cerrar su tapa y cubrirla con mis dedos en una sujeción firme.

Cierro las solapas de mi abrigo por delante de mi pecho con mi mano libre, así me resguardo del frío que evoco con mis palabras, es curioso como las sensaciones nos embargan cuando las nombramos. Retiro un mechón oscuro que cae sobre mi pómulo cuando el viento se encarga de desordenar alguno del rodete bajo que llevo en la nuca. —No lo creo— la contradigo, —hay quienes apreciamos el silencio más que las charlas de multitudes— miro hacia el edificio del orfanato donde hay más niños con los que apenas he intercambiado palabra, —si renunciamos al silencio es para una charla más íntima que nos permita poder conocer a la otra persona, pero hay quienes…— no diré que hemos nacido carentes de este talento, es poco lo que recuerdo, pero lo necesario para saber que nunca fui la persona que soy ahora, —hemos perdido la habilidad de hablar por hablar. Lo mismo que la soledad, hay para quienes estar solos y en silencio, es un sitio más cómodo que estar entre un montón de gente y hablando sin sentido…— explico mi manera de ser con una sonrisa de labios prensados, casi creo estar dando una mala imagen para la intención que tengo, y veo una oportunidad en su posterior pregunta, de llevarlo hacia el punto que me interesa. —Me gustaría irme— increíblemente, la honestidad es la major respuesta que darle, la que tengo que suavizar luego. —Es un buen lugar, Phoebe. Los niños aquí tienen una cama, comida, un lugar seguro. Pero por mi manera de ser y la edad que tengo, no puedo ser parte de ellos, estar rodeada de tanta gente incluso consigue que me sienta aún más solitaria y desearía poder estar en otro lugar, donde esto no sea un defecto, solo mi manera de ser.
Murphy Thornfield
Murphy ThornfieldEstudiante del Prince

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Mensaje por Phoebe M. Powell el Dom Nov 22, 2020 12:29 pm

Puedo leer por cuenta propia, al mismo tiempo que ella lo nombra, el título del libro que refugia bajo sus dedos cuando los aparta para dejar a la vista el interior del mismo. Me fijo en que las hojas están cubiertas de una letra minúscula, apenas decoradas, por no decir vacías, de dibujos o diálogos que puedan interesar más al ojo infantil y adolescente. No es común el encontrar que un niño se interese por esta clase de lectura, así que mi sorpresa también es palpable en mi rostro además de en mi voz. —Oh... suena interesante, aunque también complicado, ¿te gusta leer esa clase de libros?— indago, que si bien es la impresión que da al cerrarlo de vuelta para reservarse para sí misma su propiedad, también es habitual en los chicos que se apropien de objetos por la pura satisfacción de tenerlos. Cuando uno se acostumbra a no tener nada, encontrarte con algo que puede ser tuyo y llevar tu nombre es lo que te lleva a aferrarte a ello, por miedo a que te lo quiten de nuevo. —Conozco a alguien que tiene un montón de libros así, te lo presenté hace un tiempo, ¿recuerdas al profesor Thornfield?— soy insistente, quizás demasiado, al proponer este nombre en ocasiones repetidas, así como el de Murphy a mi cuñado —Pues es... algo así como un experimentador de hechizos, aunque también trabaja en el Royal como profesor y consejero escolar— esto recuerdo habérselo mencionado antes cuando los presenté, pero no creo haber nombrado la parte de los hechizos —Estoy segura de que podría mostrarte algunos si te apetece, ¿eso te gustaría?— sonrío al mirarla, pensando en que no me costará tanto convencer a Logan de esto si se lo propongo.

Escucharla hablar de ese modo me entristece un poco, más por no conocer lo que ha hecho que piense de esa manera, cuando uno tiende a pensar que los niños transmiten su emoción a través de sonidos desde que son pequeños, aprenden a utilizar las palabras luego para expresar como se sienten y ver que para ella es más una obligación que una forma de expresarse como persona que está creciendo me produce malestar interior. Tampoco estoy en posición de exigirle nada, me recuerdo a mí misma a su edad y puedo decir que no hay mucha diferencia en el nivel de madurez que percibo de su actitud; también fui una niña solitaria por mucho tiempo y quizás sea eso lo que me fuerza a tratar que sea diferente para ella. —Supongo que sí— se lo acepto porque no puedo discutirle algo para lo que tiene una respuesta tan estudiada, aunque sí me atrevo a decir: —, pero incluso cuando nos gusta estar solos, es bueno saber que no tenemos por qué estarlo si un día nos cansamos del silencio, ¿no te parece? Es cierto que vivimos en un mundo que tiende a recordarnos que es mejor estar solo, cuando hay muchas cosas para las que necesitamos compañía porque no todo podemos hacerlo por nuestra cuenta. Como personas estamos muy ligadas a la convivencia, ya no hablo como sociedad en sí, sino mismamente de quiénes nos rodeamos.— la realidad es que, por muy mínima cosa que sea, siempre vamos a necesitar de otros, y eso también hay que cuidarlo.

Tampoco me gusta la manera en que habla de sí misma como que este lugar no es uno al que pertenezca. No es que crea que el orfanato sea el sitio idóneo para los niños, cuando desearía que todos pudieran tener un hogar que los acoja, pero creo que la dirección que está tomando ella está lejos de hacer referencia a la institución como la raíz de todo su pensamiento. No obstante, dejo ese indicador a un lado para centrarme en el groso de su respuesta, el hecho de que quiera marcharse. —¿A dónde es que te gustaría ir?— pregunto, sigo tratando de averiguar información a raíz de sus respuestas. Dejo escapar un suspiro que sale de mi boca y que se convierte en vaho por el frío. —La verdad es que... no puedo dejarte marchar, Murphy. Sé que este no es el lugar donde preferirías estar, pero no puedo permitir que vuelvas a las calles y espero que entiendas eso— porque sé lo que es vivir en ellas a una corta edad y cómo se puede llegar a terminar es que la miro consternada. —Pero... ¿te gustaría irte con alguien?— ¿qué tan loca estoy por creer que mi cuñado aceptaría tal cosa?
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Mensaje por Murphy Thornfield el Mar Nov 24, 2020 7:19 pm

No me disgustan— murmuro, porque no es algo que haya elegido yo entre un montón de otras alternativas, estas eran escasas, tomé lo que pude. No llego a hacer una aclaración sobre lo que sí me interesa o me gusta leer, porque me habla de alguien cuya irrupción en nuestra conversación es agradecida, pongo de mi parte en mostrarme interesada en todo lo que me dice sobre su cuñado. —¡Vaya! ¡Hay personas que se dedican a eso!— a algo como «experimentar con hechizos», muestro el entusiasmo necesario en esto para alentarla a seguir comentándomelo. —Si es profesor y consejero, supongo que podría tratar de hablar un poco más con él. No solo por este libro, sino lo que pueda aconsejarme sobre la escuela, yo… estoy yendo al Prince como el resto de los chicos, pero es como si me perdiera entre el montón. Me falta confianza para acercarme a los profesores y si ellos se acercan es para hacerme notar las faltas que tengo por no haber ido antes a otra escuela…— o no recuerdo, sinceramente no recuerdo haber ido otra a escuela. —Ustedes, en cambio, me caen bien. Se nota que se preocupan por nosotros, de verdad…— lo digo con intención, y aunque mi ambición no llegue a esperar que sea la misma directora la que me adopte, confío en la persuasión de veela para torcer un poco la voluntad de un hombre, solo espero que no sea algo que se me vaya de control y se preste a otras confusas situaciones.

Pero todo lo que quiero es salir de aquí, en la que hay un barullo constante de personas entre las que no puedo encontrar mi propio espacio. Hay demasiados niños, expuestos a mis bruscos cambios de humor, a los que generalmente responden llorando y todo se vuelve aún más tedioso, más asfixiante. Hay días en lo que solo quiero gritar, gritar, y se resuelve conmigo mandándome de penitencia a la habitación que no llaman de castigo, sino de reflexión, cuando a claras es donde mandan por una hora o dos a quien haya causado suficiente alboroto para que lo consideren un peligro. No quiero vivir un par de años más en un lugar donde esa habitación estrecha sea mi sitio favorito. —No siempre las personas que nos rodean son las que nos hacen bien o no siempre somos la persona que pueda hacer bien a quienes nos rodean—  murmuro, parece que no haga más que contradecirla, —antes de hacer o decir algo que les haga mal, sigo prefiriendo un espacio donde se pueda estar sola y en silencio—. Y no desaprovecho la pregunta que me hace para contestar con la verdad. —Desearía poder ir a un lugar donde pueda estar por mi cuenta— digo, claro que podría malinterpretarse de la manera que ella lo hace así que me apresuro en negar con mi cabeza para que sepa que no me refiero a eso. —No volvería a las calles— la tranquilizo, —el orfanato sigue siendo un mejor lugar a ese, lo tengo claro, no creas que es imposible escaparse de aquí— se lo confieso, —pero, ¿por qué dejarlo si no hay un lugar mejor? Me gustaría sí poder estar en un lugar donde tenga mi espacio, se me reconozca mi espacio, no esté obligada a dormir con otras nueve niñas y a ser parte de una rutina de multitud. También porque… quiero poder hacer cosas por mí y que sea posible.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Miér Nov 25, 2020 7:51 pm

Me animo a reír un poco cuando parece tan sorprendida porque alguien se dedique a algo como la invención y experimentación de hechizos, que ahora que lo pienso dos veces, sí suena emocionante incluso para los magos y brujas que ya conocen lo que es la magia. —¡Claro! No comprendo muy bien cómo funciona... pero tengo entendido que es una rama muy interesante de la magia, que requiere de mucho conocimiento sobre esta. ¿Te gustaría poder estudiar algo así?— pregunto, así como he visto que ha sido algo que le ha llamado la atención lo suficiente como para recibir una reacción distinta a mis otros comentarios, pruebo a tantear por este terreno. Lo que dice sobre los profesores del Prince, no obstante, me replica la misma mueca que solía plasmarse en mi rostro cada vez que yo a su edad tenía que acercarme a uno de estos también, segura de que ni siquiera habrán renovado mucho la cartilla de profesores desde que yo dejé el colegio, no puedo hacer otra cosa que suspirar al respecto. —No tiene caso acercarse a aquellos que no muestran intención de ayudar, si te animas a preguntarles y te ignoran, es preferible que no les insistas, la insistencia no suele traer muy buenos resultados en estos casos...— y aunque mi comentario suene desalentador, esto no es el Royal donde consideran a los maestros la élite del país y tratan a sus estudiantes como joyas en bruto, en el Prince con suerte y te miran al pasar por el pasillo. No suele pasar. —Pero sí puedes intentarlo con el profesor Thronfield, no le molestan en lo absoluto las dudas de los alumnos, es más, dudo que considere que existan preguntas estúpidas que haya que guardarse, así que... ¿qué te parece si concreto una cita y lo conversamos los tres juntos?— propongo, es menos brusco que si los dejo solos en una sala y temo que sea Logan quién más preocupado esté por esto que la niña.

Tienes razón— no sé qué tan acostumbrada está a que la gente coincida con su punto de vista, pero con el tiempo he aprendido que es mejor no entrar en conflictos que puedes evitar aportando tu propia perspectiva sobre las cosas, dejar que esa persona cuyas disputas internas no la dejan cambiar de opinión decida por su cuenta qué tomar y qué ignorar para intentar mejorar su situación. —, no siempre las personas que nos rodean pueden hacernos bien, como también podemos ser nosotros mismos los que hagamos mal— repito, solo hago que repetir sus palabras —Pero somos personas distintas, ¿no? Lo que puede hacerme mal a mí, no significa que tenga que hacerte mal a ti, y lo que pueda ofrecerme a mí una persona, puede que no sea lo que tú necesites en ese momento o siquiera en ninguno, ¿sabes? Porque de eso se trata, de buscar con quiénes somos más afines, personas que nos ayuden a crecer como individuales, que les ayudemos a crecer nosotros también, ¿no te parece?— se lo pregunto en caso de que quiera darme también su opinión sobre esto, puede llamarme pesada si así lo quiere, solo deseo que no se cierre sobre una experiencia cuando le quedan tantas por vivir. Por lo demás me permito escucharla, entiendo el sentimiento de necesitar un espacio propio, a lo que voy asintiendo con mi cabeza —Déjame ver qué puedo hacer al respecto, ¿de acuerdo? Solo... dame un par de días, ¿podrás aguantar eso?— le pido, mi mirada se va de ella hacia el resto de niñas que siguen jugando en un círculo y donde diferencio a Eleanor entre las más bajitas de ellas —Nellie no se alegrará de que quieras marchar— murmuro, no porque las haya visto juntas ni nada por el estilo, sino porque la niña ha sabido ser una sombra detrás de Murphy desde que llegó.
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Mensaje por Murphy Thornfield el Jue Nov 26, 2020 7:35 pm

Me interesa más lo que tenga que ver con la medimagia— digo, —pero no es algo que esté del todo apartado de esto— poso mi mano sobre la tapa del libro. La medimagia también encuentra límites que se pueden superar con nuevas experimentaciones de hechizos, son cosas que van ligadas, y hubo un par de artículos que se me hicieron interesantes sobre el tratamiento de enfermedades mágicas o daños por hechizos, que podrían tener un tratamiento diferente. —A veces no es insistir, ni siquiera se intenta cuando queda claro que no son personas interesadas en lo que una pueda estar necesitando— me encojo de hombros al decirlo, difícilmente me acercaría a un profesor a preguntarle algo cuando en el día a día, no mira al costado cuando va por los pasillos y en clases se limita a un largo monólogo, que se interrumpe cuando tienen que preguntar si alguien tiene dudas, y a su vez, se molestan si alguien las plantea porque creen haber sido claro claros, suelen ser ocasiones para humillar al estudiante y cuestionar su inteligencia, paso de eso. Por eso me divierte que diga que el profesor Thornfield no subestima preguntas, da ganas de hacer preguntas estúpidas para probar su paciencia, supongo que lo haré de tener la ocasión de hacerlo, la cual se da antes de lo que pueda creerlo posible, como sugerencia de la misma directora.—¡Claro! ¡Me encantaría!— respondo, con una emoción que no demuestro por otras cosas, ya que esta no se asemeja a ninguna, esa reunión podría cambiarlo todo.

Reconozco que mi postura es una que se sostiene en la terquedad, no estoy abierta a ver las cosas de una manera distinta, porque nada de lo que he vivido este último tiempo vagando me ha servido para tener una personalidad más abierta a las personas, con la excepción de Marco que en sí mismo es una excepción, el norte las personas tienen una actitud de mirar solo por su propio bienestar, ignorar la ayuda que puedan necesitar otras o incluso perjudicarlas para mejorar su situación. Respondo por naturaleza a la constante hostilidad que recibo del entorno de la misma manera, a eso también me refiero con desear un lugar en el que no tenga que estar todo el tiempo respondiendo con empujones. Algo en lo que dice consigue atrapar mi atención, sobre que lo que es malo para alguien, no necesariamente lo es para otra persona, y mi ceño se frunce aún más al meditar lo que dice a continuación. —Conocí a un chico hace un tiempo que me ayudó— le cuento, —suena triste eso de que alguien nos de algo y no seamos capaces de recibirlo, es triste para la otra persona. Temo haber sido así con Marco, que haya creído que no era capaz de recibir lo que me daba… quizás no lo traté de la mejor forma porque se me hacía raro que alguien fuera así conmigo, pero yo sí sentí con él de que éramos afines, así, sin más— como debe ser, la afinidad que podamos sentir por alguien creo que se siente o no se siente, no es algo que necesite tiempo, ni algo en lo que tengamos que esforzarnos, esas son otras cosas, que seas afín a una persona se da o no se da. O solo soy yo otra vez escuchando más a mi instinto que a la dormida voz de mi razón. —Puedo esperar unos días, llevo mucho tiempo aquí, así que unos días más no harán la diferencia— respondo con un asentimiento quedo, logro sacar del fondo de mi pecho una palabra que quizás tendría que haberla usado con Marco más seguido y, tristemente, esta vez lo hago por la conveniencia de ser adecuada en mis maneras. —Gracias, Phoebe— murmuro. Bajo mi mirada a los cordones de mis botas de invierno cuando me habla de Nellie, consigo esbozar una sonrisa aunque tenga un arco triste. —Es lo mejor también para la misma Nellie, ¿qué conseguirá andando detrás de mí? Solo aislarse como lo hago yo, si ya no estoy, otros se acercarán a ella y ella también los buscará, por la necesidad de estar con alguien.
Murphy Thornfield
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Vie Nov 27, 2020 6:12 pm

Oh, no sé de medimagia, pero... todo es cuestión de proponerlo, ¿cierto?— tengo entendido que hay un área que se especializa en daños producidos por hechizos, en su mayoría personas que ingresan por problemas en el distrito nueve al revelar información y terminan allí por problemas en el lenguaje, también un alto porcentaje de pacientes a causa del obliviate. Es una rama interesante, tengo que darle eso, lo que me alienta aún más a hablarle sobre esta niña a mi cuñado, ya no solo porque él conoce de experimentación, sino porque veo más futuro para ella en este ámbito de poder seguir estudiando. Su propio entusiasmo se me contagia, sonriendo con algo más de amplitud y confianza cuando su expresión corporal me incita a compartir su emoción, una que rara vez le he visto en el cuerpo. —Entonces es un trato, hablaremos con el profesor Thornfield y así podrás contarle sobre tus intereses— la animo, así va preparándose mentalmente para lo que decirle y las dos tenemos una oportunidad de sorprenderle, yo por la propuesta alocada de que adopte a una adolescente y ella porque no se creerá que por fin habrá alguien que le escuche hablar sobre su área de trabajo con ganas.

El arrebato de emoción por haber podido presenciar un intento de adopción no oficial, que todavía falta la otra mitad y, quizás, la más importante, tarda en esfumarse, pero incluso con ella correteando por debajo de mi piel, consigo mantener una postura serena digna de una persona que escucha a su acompañante. —Lo bueno de encontrar una persona afín a ti es que, por norma general, son similares a nosotros porque nos entienden sin la necesidad de usar palabras, ¿sabes? A veces con un gesto, una mirada... sirve para que esa persona comprenda lo que estamos tratando de expresar, pero no somos capaces a verbalizarlo— no es un consuelo barato que le diga para que se sienta mejor, sino porque lo creo de verdad —No te martirices por eso— le sonrío de forma cálida, aunque no me atrevo a tomar su mano para darle un apretón del mismo calibre. Con niños así, que son reacios a cualquier contacto físico, en estos casos también emocional, prefiero que sean ellos quiénes midan los límites que quieren poner con personas como yo. Ensancho un poco más la sonrisa de mi rostro ante su agradecimiento y con el meneo suave de mi cabeza evidencio que no tiene por qué hacerlo, cuando es mi trabajo y por lo que disfruto haciéndolo, poder encontrar un hogar para aquellos que no lo tienen o lo perdieron. Mi mirada regresa de nuevo hacia Nell, seguido de un suspiro extenso que me llena los pulmones solo unos segundos, los que necesito para aparecer con una respuesta. —No creo que sea así, tienes muchas cualidades que pueden llamar la atención de los más pequeños, y no de manera negativa— es necesario esta señalización para que no sea ella misma quién lo proponga, por eso mismo le sonrío. —Y tener a otros que nos miran puede hacer que mejoremos nosotros también, ¿lo sabías? Rodéate siempre de personas de quienes obtengas una relación de reciprocidad, nunca menos que eso, ¿entiendes?— devuelvo mis ojos a los suyos, esperando a que pueda ver que haya comprendido esto último en su intensidad azul. —Porque dar, dar y dar, sin recibir nada, es lo que acaba por extinguirnos, nos somos capaces de volver a llenarnos de nuevo y necesitas de eso, de estar lleno y sentirte lleno por dentro, para poder dar a los demás y que recibas de ellos también.
Phoebe M. Powell
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Mensaje por Murphy Thornfield el Sáb Nov 28, 2020 11:18 am

Sí, somos bastantes similares en cierto sentido— lo digo con un ligero ruedo de los ojos como un comentario necesario, mientras escondo una sonrisa porque esa similitud pasa por ser ambos criaturas mágicas y, diga lo que diga Marco, su gesto de ayudarme surgió de saber que soy veela, antes de que yo pudiera saber que es licántropo, una criatura solidarizándose con otra, aunque sigue siendo algo que no creo que muchas criaturas lo hagan, —y también muy diferentes, creo que el entendernos pasa también por las diferencias— suena en verdad a que tengo una actitud de contradicción a todo, que no lo niego, pero tratándose de la directora de asuntos sociales, quisiera poder mostrar un carácter más agradable, lo que se dice zalamero si es que no fuera porque esto me cuesta mucho, lo mismo trato. No mentir en mis maneras, pero sí mostrar un poco más de expresividad y que se me vea como alguien con apertura a dialogar así adoptarme no se siente como llevar a un pukwudgie espinoso a la casa cuando se podría escoger puffkeins más pequeños y que acaramelan con sus tonitos dulces al decir hoooOOOOolaaAAa, al menos hasta que pueda volver a la seguridad de mi silencio en este orfanato.  

Pese a su consejo de que no me martirice pensando en lo ingrata que pude haber sido con Marco, lo que me dice sobre las personas que dan mucho y no reciben nada a cambio, irremediablemente me hace pensar en él, en lo bien que le haría una charla con Phoebe. —Si se pudiera…— murmuro, — quizás estoy siendo injusta, con Nellie o con cualquiera de los otros niños podría tratar de ser un poco más…— boqueo en el aire sin llegar a decir la palabra ¿recíproca? ¿Esa es la que estoy buscando? —Pero no creo ser alguien que tenga mucho para dar en este momento— no cuando todavía me duele en la piel lo que perdí, cuando mi subsistencia en el norte dependió de lo que podía robarle a otros o lo que una persona pudo darme, nada que sea realmente algo mío, cuando estar aquí también se trata de caridad y si busco en mí, no hay nada, nada que pueda decir «esto es Murphy», por el momento no soy más que una veela que asusta a los niños cuando algo menor la enfada y grita fuerte. —Tal vez sea porque me siento vacía, todavía pido más de lo que puedo dar— me encojo de hombros para esconderme en este gesto para excusar mi carácter hosco que exige más de lo que brinda, —y— tomo una bocanada honda de aire al continuar, con mis ojos vueltos al cielo grisáceo sobre nosotras, —no siempre fue así, hubo un tiempo en que sí tenía cosas para dar, pero lo destruyeron— me incorporo de la banca al decirlo, mirando a cualquier lado que no sea el rostro de la mujer, no hace falta que me apropie de esa palabra al decir «me destruyeron», ella como bruja bien sabrá como nacen las veelas. —Pensaré en todo lo que me has dicho, Phoebe— prometo, digo que lo pensaré, no que pueda ponerlo en práctica desde mañana y con todos, apenas con quienes sí han demostrado interés, —trataré de pasar un poco más de tiempo con Nellie también, que tiene más probabilidades de que la adopten siendo niña, así cuando pueda irse con una nueva familia, habrá cosas en ella que ¿pueda dar?— esto sí se lo prometo en verdad, como algo que pienso cumplir, por Nellie y también por mí misma, quizás logre conmover lo suficiente el corazón de esta mujer que ha demostrado su generosidad con los orfanatos, como para permitirme otro acto codicioso abusando de esta generosidad para que a mí me abra las puertas de salida de este lugar.
Murphy Thornfield
Murphy ThornfieldEstudiante del Prince

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