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Addicted to a losing game · Nicholas

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Mensaje por Logan Thornfield el Miér Oct 28, 2020 3:42 pm

22 de diciembre

Escucho la voz de mi madre al otro lado del teléfono pidiendo que no me demore, estarán esperándome para cenar, es su manera de asegurarse que pueda echar un vistazo a mi ánimo y semblante sin forzarme a hablar de lo que no he emitido una palabra, en la última semana caía en un silencio solitario en el que no encontré ni una lágrima para derramar. Si evité verlos hasta el momento, fue para esconderles esto, lo poco afectado que me siento por la muerte de la mujer con la que me casé, a ellos que llevan un matrimonio de décadas, tras una historia personal por la que estuvieron separados casi veinte años y cuyo sentimiento no cambió en ese tiempo, no puedo mostrarles mi total fatal de lágrimas hacia quien hice apuestas a ciegas de todo lo que era y todo lo que tenía, para que a ella le importara menos que nada. Me hubiera gustado que las cosas con ella hubieran tenido un desenlace diferente, tener una razón en este momento para llorarla, pero todo lo que me queda es la Abbey que fue y no hay razón para llorarla.

Al despedirme de Olivia Thornfield, alzo mi mirada hacia la fachada ensombrecida de la mansión a las afueras del distrito dos, con sus ventanas a oscuras y focos de luz tenue que no logran dar claridad al camino de entrada. No creo que el invierno se haya asentado sobre esta construcción en apariencia derruida, pese a que conserva su altivez y lujo como puedo apreciar cuando la elfina me guía por el recibidor, de las paredes del pasillo se siente el mismo invierno y avanzo a través de este para ir a hacia el comedor donde se me espera. Mi camisa blanca, así como los vaqueros, son una decisión deliberada de presentarme ante el hombre que está sentado en la cabecera, desprovisto del luto que se exigiría a los familiares cercanos de alguien que falleció recientemente. Lloré muchos años la ausencia de Eloise, como para tener el descaro de llorarla tras su muerte diciendo que no tuvimos el tiempo suficiente, me sostengo a los recuerdos de nuestra reconciliación y cada día que compartí con ella desde entonces, comprendo que ese era el tiempo que nos tocaba. El saberme en paz con ella es lo que me permite darle la adecuada despedida que necesitan todos los que se han marchado para descansar en su nueva eternidad, pero es lo que a su vez me lleva a acercarme al hombre con el que eligió pasar este último tiempo, porque eso es lo que nos resta hacer a los vivos, acompañarnos entre nosotros.  

Espero no haberte hecho esperar demasiado— murmuro hacia el hombre con mi característica sonrisa en el rostro, la que ensayé tantas veces, que nadie sabría decir cuándo es una de cortesía y cuándo una auténtica. No iba a rechazar otra invitación de mi madre a cenar, pese a que había hecho planes por anticipado con Nicholas Helmuth, tampoco me molesta hacer una doble cena, curiosamente siempre he sido de buen comer y diría Olivia que tengo más energía contenida de la que demuestro. Nunca como ahora le doy tanto la razón, me he vuelto tan bueno en esto de aparentar, de mostrar un rostro sereno y que mis sentimientos queden sellados bajo la superficie, los que muestre serán los deban ser mostrados. —Traje lo prometido— digo y le enseño la caja de naipes de póker entre mis dedos, —ya tenemos con qué acompañar a esa caja de whisky escoces que sigue en tu vestíbulo—, vaya a saberse obsequio de quien puede ser en estos días, pero agradecido.
Logan Thornfield
Logan ThornfieldProfesor del Royal

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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Vie Oct 30, 2020 5:18 pm

Siempre me ha gustado esta casa, recuerdo haber pasado buenos tiempos entre estas paredes, las celebraciones navideñas, los cumpleaños familiares, las noches cálidas de verano en el jardín acompañadas de velas y café e incluso los inviernos donde la nieve se colaba hasta la cintura por las peleas bolas son agradables de recordar. Pensé que me haría bien regresar al hogar familiar de los Helmuth, siempre frecuentado por tantos, que uno no creería que se vació durante años. Sin embargo, es distinto de todas las veces que me escondí detrás de las cortinas aun siendo niño, de colgar los calcetines en la chimenea pese a no ser lo suficientemente pequeño para hacerlo, fiel a una tradición que mi abuelo diría no es característica de una edad en concreta, todo con tal de que siguiéramos albergando el espíritu familiar que se nos inculcó desde niños. Se sentiría un poco decepcionado de conocer que soy la primera persona en mucho tiempo en poner un pie en la mansión.

Pero como iba diciendo, ninguno de los sentimientos que me invaden se acercan siquiera a lo que podía sentir estando aquí. Los elfos domésticos han hecho un buen trabajo con la limpieza de las habitaciones, poniendo en marcha la calefacción y la corriente de agua, dejando una casa que estaba siendo invadida por telarañas, polvo y enredaderas en su exterior como si nadie nunca hubiera puesto pie fuera de la puerta principal. Los jardines vuelven a tener el color propio de finales de otoño, en lugar del aspecto raído de sus árboles y arbustos, descuidados por el tiempo y la soledad, esa misma en la que me encontraría consumido yo mismo si no fuera por las visitas que se suceden un día tras otro. He ocupado el dormitorio de mi tío Ludovic, fue pura casualidad de ser la primera sala en estar lista para hospedarme, pero encuentro en la historia del pobre hombre cierta semejanza que me perturba el sueño en ocasiones, despertado por una sensación opresiva en el pecho que siempre termino preguntándome si así fue como debió sentirse él durmiendo en esta cama.

Me considero una persona que lleva bien el duelo, dentro de lo que se puede llevar bien algo como la muerte abrupta. No es la primera vez que lidio con ella, por triste que suene, y así es como se siente el pensarlo, cómo las circunstancias han llevado a las dos mujeres que amé, con las que me casé y compartí vida, a escaparse de la misma de una milésima de segundo a otra. Pero no puedo decir que sea una persona extremadamente expresiva, como no sería la primera vez que alguien señala este defecto que tengo, porque a la larga es un defecto, el guardar los sentimientos bajo una fachada temple. Lo hago por los que están a mi alrededor más que por mí mismo, en soledad puedo permitirme quebrarme porque nadie está ahí para sentirse obligado a preguntarme cómo estoy y en compañía prefiero que nos olvidemos de la charla amarga. A nadie le agrada eso.

Es por eso que cuando el elfo anuncia la llegada del hijo mayor de mi esposa, me levanto del sillón dejando el periódico doblado en la mesita de té y me acomodo la camisa en lo que salgo de la sala. Sonrío afablemente nada más encontrar mis ojos su figura y lo saludo con la alegría del que lleva esperando tener visita todo el día. —Oh, no, no te preocupes, recién los elfos acaban de terminar de preparar la cena, ¿tienes hambre?— asumo y espero que sí, las compañías de café a menudo se me hacen cortas y, aunque en estos momentos la soledad es mi aliada, agradezco poder compartir un poco más de tiempo con caras conocidas. —¿Una partida luego de cenar? Será rápida si tienes otras cosas que hacer, lo entendería, personas como yo en camino de la vejez empezamos a tener problemas para seguiros el paso a vosotros los jóvenes— bromeo, ¿cuántos años más mayor me hace parecer esa frase? Sonrío con tristeza, supongo que llegué a pensar que su madre me acompañaría en ese camino. Con un gesto de mi mano indico que podemos ir pasando al salón, sigue siendo amplio de cuando albergó sus mejores reuniones, repleto de niños, tíos, madres, padres y abuelos. —¿Cómo has estado, Logan?— mi interés es honesto al murmurar esa pregunta, observándolo en lo que tomo asiento en una de las sillas.
Nicholas E. Helmuth
Nicholas E. HelmuthMinistro de Salud

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Mensaje por Logan Thornfield el Sáb Oct 31, 2020 9:52 pm

Bastante— contesto con energía, así no retraso aún más a este hombre en su cena y puede alimentarse como corresponde, en parte mi visita se debe a esto, a comprobar que se alimente como se debe cuando me enteré que se había trasladado de la isla ministerial reducida a cenizas, a esta mansión del distrito dos, sin su hijo que está probando los primeros sabores de la independencia siendo joven. Puede que me toque una charla luego con Oliver Helmuth -estoy evitando hacerlo con una excusa en el colegio, ya que me parece muy poco personal-, pero lo coloco como un pendiente secundario a la prioridad de comprobar el estado de su padre, siento que es lo menos que puedo hacer tras la ausencia de Eloise. —Para nada, no llevo prisas— miento, —mi tiempo está a tu disposición—. He hecho cosas peores como para que se me juzgue por una mentira piadosa, la cual tiene por única intención, hacer sentir a un hombre que habita en una casa con más habitaciones de las que debería ser sano para la salud mental de alguien que está transitando el duelo, si a mí el apartamento me resultó opresor en su momento, no quiero imaginar el silencio que debe instalarse en esta mansión por las madrugadas.

¿Qué dices, Nicholas? No estoy muy lejos que tú en edad y ambos bastante lejos de la vejez, mañana saldremos a caminar por los terrenos de esta mansión— propongo, comprometiendo parte de mi tiempo a su compañía como vengo haciendo desde hace un par de días. Pero, ¿este hombre siquiera habrá salido a recorrerlos? ¿O se habrá quedado sentado detrás de una ventana viendo el paísaje marchito del invierno? Retiro la silla que está a la izquierda de la cabecera para ocupar ese lugar, asumo que a la derecha será el que tenga reservado para su hijo. —Bien, bien. Poniéndole tareas fáciles a mis estudiantes así no les arruino los días de descanso en estas fiestas, también estuve escogiendo juguetes para dárselos a Phoebe cuando celebremos Navidad en los orfanatos, no me gusta que todos los juguetes sean usados, si tengo la posibilidad de comprar un par… ¿y qué tan mala idea creas que sea regalarle un cachorro a un niño de un año?—. Mi cuñada me mataría, ¿verdad? Evito decir la palabra, así como estoy hablando más de la cuenta para bordear lo que me está preguntando, lo encaro a él con seriedad y un tono más pausado. —¿Y tú como has estado?— pregunto, por si las dudas me adelanto. —¿Ya han decidido donde pasarán Navidad?—, no quiero enterarme luego que se quedó solo aquí.
Logan Thornfield
Logan ThornfieldProfesor del Royal

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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Dom Nov 01, 2020 10:10 am

Tuerzo los labios en una sonrisa, esa que pretende indicar que le saco unos cuántos años como para sabernos miembros de épocas diferentes, pensamiento que también me hace sonar mucho más viejo de lo que en realidad soy y que el mismo Logan no tarda en señalar como una exageración por mi parte. —Si el tiempo nos acompaña...— respondo a su propuesta, girando la dirección de mi cabeza para fijarme en los amplios ventanales por los cuales apenas entran resquicios de luz. —Algo me dice que será un invierno frío, además de largo— comento, como quién quiere además excusarse de antemano si en la futura estación no se le apetece salir de las paredes de su casa. El invierno es de por sí una época del año que pide de quedarse entre el calor de las mantas, agazapado bajo un buen fuego, el mismo que arde en la chimenea más cercana de la sala, y disfrutar de un café caliente, sea acompañado o no. No me equivoco al decir en voz alta que será menos llevadero que otros años, donde los espacios vacíos dan pie a que el silencio se haga un lugar permanente.

Espero a que el elfo haga su aparición primero con la bebida, una botella de vino la cual sirvo yo mismo con un gesto de mi mano, primero a mi acompañante y luego me entretengo rellenando la mía en lo que escucho sus últimas ocupaciones de la semana. —Opino que... quizás sea un poco exagerado regalarle un cachorro a un niño que apenas y podría llamarlo por su nombre— intento bromear, moviendo las cejas en típica risa traicionera, sin contar con que ni el niño debe de saber como se llama correctamente. Recuerdo que a Oliver le costó su tanto tiempo el aprender su propio nombre, al cual siempre terminaba refiriéndose como "Over". —Pero lo de los juguetes suena bien, corren tiempos difíciles para todos, ¿hay algo que pueda hacer para ayudar? Me encantaría poder prestar una mano, si necesitan dinero o lo que sea, no duden en pedírmelo— digo, dinero tengo por montones y no veo que en este último tiempo se haya utilizado para algo que pueda ser tan importante como subir un poco el espíritu de niños huérfanos. En estos días en los que siento que nada de lo que hago es útil, firmar un cheque para que su cuñada pueda comprar regalos navideños no suena mal.

Aparto los brazos de la mesa cuando los elfos regresan con la cena, nos colocan a ambos un plato con patatas asadas y salmón recubiertos de una salsa holandesa, pero primero le doy un trago al vino antes de aclararme la garganta, queriendo decir algo que llevo guardándome desde lo inevitable. —Hace unos días vinieron a visitarme Phoebe con su hijo— empiezo, el nieto de Eloise, que por relación también es mío —, lamento mucho lo de su sobrina— me apresuro a añadir en caso de que sea algo de lo que hayan hablado, pero no es ahí a donde quiero llegar. —Voy a decirte lo mismo que le dije a ella, siendo que Hayden es nieto de Eloise, tú eres su hijo— hago las aclaraciones, por si fueran necesarias —, me gustaría que pudiéramos seguir manteniendo el contacto, si estás de acuerdo con ello, quisiera seguir formando parte, de la manera en que sea posible, de sus vidas, la tuya incluida.— lo digo con cautela, conozco de la delicadeza con que se deben tratar las uniones de sangre en esta parte de la familia —Siempre que quieras, por supuesto, no es una obligación a que te presentes en todas las reuniones sociales de los Helmuth, ni que recuerdes cada uno de los cumpleaños— añado, esta vez con cierta gracia, son muchas fechas para recordar —Pero si... mantener una relación cercana— eso es lo que pido, nada más que eso.

Regreso la copa de vino que me he llevado a los labios a la firmeza de la mesa, golpeando la base de cristal con mi dedo índice ante la pregunta inminente y tuerzo la boca en una mueca. —Aún no lo sé— puede servir para responder las dos interrogantes, pero me decanto por continuar con la segunda. —Puede que aquí, o en casa de mi hermana Ingrid, es lo suficientemente grande para acoger a todos y a veces hemos tenido adicciones de última hora— explico, todavía recuerdo el día en que se presentó la prima Josephine de repente, solo para desaparecer por años después. —, pero como creo que comprenderás, no estoy muy por el espíritu navideño este año— murmuro en un tono más bajo, fijando los ojos en el líquido de la copa —Probablemente deje que festejen sin mí en esta ocasión— concluyo.
Nicholas E. Helmuth
Nicholas E. HelmuthMinistro de Salud

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Mensaje por Logan Thornfield el Miér Nov 04, 2020 10:19 pm

Todos los inviernos son fríos, así como largos, un pensamiento pesimista si se quiere, al que Olivia Thornfield respondía encendiendo la chimenea del salón principal de la casa en la que me criaron y decía que también se puede hallar calor en invierno. Pero esta casa se siente fría en sus paredes silenciosas, en las luces tenues que arrojan más sombras que resplandor en las habitaciones, dudo que se hayan encendido las chimeneas para algo más que un fuego tibio, las muchas sillas sin ocupar alrededor de la mesa también dan frio. Compruebo que la temperatura de mi piel siga siendo cálida al colocar una mano sobre la otra, imperturbable a lo que sea que se asienta sobre esta mansión como un espectro que sume cada espacio en la melancolía e instala al mismísimo invierno en este comedor. —No hace falta que lo llame, el cachorro lo seguirá a todos lados— es mi respuesta en un tono jovial que pretende espantar a las sombras cada vez más largas que caen sobre nosotros, —le conseguiré uno de tela entonces— digo para que sepa que tomo su consejo, pues fui quien se lo pedí. —Y de hecho…— sí, necesitamos dinero, lo hablamos con mi cuñada, pero no es el momento. Tengo que recordarme que no es el momento para mí, y mucho menos, lo es para él. —Nos basta la intención de las personas de querer colaborar, si quieres, podrías ir un día con nosotros y ver a los niños—, lo que sea por sacarlo de esta casa.

Tendría que hablar aparte con los elfos para pedirle que no se esmeren tanto con la comida y quemen algún trozo de carne, se confundan con los condimentos o le echen azúcar a la sopa, porque dudo que este hombre abandone esta casa tan sombría mientras esté bien alimentado y disfrute de vino, así como del obsequio de whisky en el recibidor. Estoy trazando mis planes mentales de cómo sacarlo de aquí, cuando la mención a mi cuñada y sobrino me deja con el tenedor a medio camino de mi boca. ¿Qué tan injusto soy conmigo mismo, con mis hermanos y mi madre, al pensar que Phoebe demuestra un mayor sentido de familia de lo que nosotros pudimos en décadas? Nuestras relaciones fueron demasiado frágiles, salvada en parte la mía con Eloise en el último tiempo de su vida. ¿Qué le queda a Charles? ¿O a Eugene? Guardo un suspiro para adentro para que el gesto no sea malinterpretado por Nicholas, pero no me hace bien pensar en mis hermanos en este momento, la paz a la que me aferro para sobrellevar la muerte de Eloise muy fácilmente se tiñe de rojo por la rabia. —Si ha sido decisión de Phoebe traer a Hayden, me alegro de que pueda establecerse ese vínculo y— coloco el «y» delante del «pero» que retraso un poco más, —está de más decir que como hijo de Eloise, espero que también me consideres como tal, porque ella fue mi madre, eres quién la acompañó en el momento difícil de darnos sus explicaciones y tienes más derecho que nuestro progenitor a que te reconozcamos como padre en memoria de ella.

Lamentablemente se viene el «pero» que procuro no sea tan brusco al mostrarle una sonrisa. —Pero es un vínculo que extiendo hacia ti, Nicholas. Por haber sido compañero de Eloise. No puedo decirte que lo extenderé al resto de tu familia y también espero que respetes, aunque sea difícil de entender— tomo aire antes de decirlo, —que en la relación que podamos tener no pretendo incluir a Phoebe y Hayden, no por ellos, sino porque son la familia de Charles y...— me aclaro la garganta, lo ayudo con un trago del vino en mi copa, —que cada hijo de Eloise, defina contigo la relación que desean mantener. Yo, simplemente…— recuerdo bien mi charla con Eloise diciéndole que estaba tratando de unir pedazos de mi vida para ver si podía armar algo y, con toda sinceridad, he olvidado cuál fue su respuesta. Un esfuerzo mental quizás me llevaría a recordarlo, pero en este momento quiero dejar los recuerdos de mi madre quietos de tal manera que me brinden paz, no volcarlos a un nuevo caos de mis emociones, no quiero hacerle eso luego de reconciliarnos, cuando en el caos afloran tanto los malos como los buenos sentimientos. —Voy solo por mi cuenta, puedo y quiero hablar solo por mí—, otra manera de decir soy una persona solitaria y todo lo que ocurre me reafirma en esto.

Pero hay diferencias entre ser una persona solitaria y ser una persona que está solo, me lleva hacia Nicholas el mismo impulso que mis estudiantes que se apartan del resto por propia voluntad y ante la confusión de muchos, es a mí a quien me toca preguntar qué está ocurriendo en ellos para entender su comportamiento. Porque el aislamiento rara vez resuelve algo que angustia, es cierto que se requiere de un poco de privacidad a veces, pero hay momentos en que evitar la compañía hace más mal que bien, como sucede en las fiestas navideñas. —Si no te sientes con ánimos de villancicos, ¿por qué no una cena tranquila con alguien de tu familia? Puedes venir conmigo si quieres esa noche, recién el día de Navidad iremos a los orfanatos con Phoebe— sugiero, tratando de que sea con tacto, —difícilmente iguale estos platos, pero nadie se ha quejado nunca de mi arroz hervido— presumo con humor, por si las dudas creo necesaria la aclaración: —es broma, sé cocinar otras cosas.
Logan Thornfield
Logan ThornfieldProfesor del Royal

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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Jue Nov 05, 2020 5:22 pm

No creo que sea precisamente la persona a la que quieran ver los niños estos días— admito por ellos, sonriendo de esa manera que indica que aprecio el sentimiento, además del ofrecimiento, pero que no veo cómo mi presencia vaya a ayudar a iluminar los rostros de esas criaturas como lo podrían hacer los de él o su cuñada. Me gustan los niños, reconozco que en su momento me hubiera gustado poder extender mi familia como lo hicieron Sigrid e Ingrid, pero dudo que en el día de hoy pueda mostrarme en mi buena forma con estos niños y forzarlo no es algo que desee hacer tampoco. —Pero sí les daré un cheque para que puedan comprar algo para ellos, es lo mínimo que puedo hacer— esto sí lo digo desde mi lado más honesto, el que en verdad van a agradecer más que el que me presente allí, porque nadie necesita de una compañía aburrida como puedo llegar a ser, que esto lo puedo ver en mis sobrinos, y sobra decir que seré generoso con los galeones, así no tienen que preocuparse de estirar la cartera y quedarse sin reservas para inicio de año, que harán falta en estos días.

Fue amable— asiento con la cabeza, no es lo que hubiera esperado siendo que la muerte tiende a hacer las separaciones que en vida no se puede por compromiso, el que Phoebe Powell viniera de visita me hace pensar que no lo ve tanto como una obligación, sino porque lo siente con respecto a la abuela de su hijo, pero estoy lejos de creer que el vínculo que pueda formarse, así como lo dice Logan, sea el mismo que de seguir ella viva. —Oh, no, no, no, no es mi intención colocarme en ningún papel, tus padres son tus padres y no me gustaría que con esto que te he dicho pensaras que lo hago por querer suplantar ese lugar. Sé de sobra como era tu relación con tu madre y tampoco es mi idea traspasar esa línea— aclaro, antes de que vea esto como la oportunidad de rechazo hacia una propuesta que era más bien inocente —Solo... con que sepas que estoy por si algún día llegas a necesitar algo, no importa lo que sea... es suficiente— termino este pedido con una leve sonrisa, es lo que pretendía decir con esto. No quisiera que malinterpretara mis intenciones cuando lo único que estaba buscando es que me tenga en cuenta si llegara a tener problemas, no exigir ningún tipo de responsabilidad hacia mí, solo faltaba.

Muevo las cejas con gracia al bajar la mirada hacia mi propio plato, removiendo la comida con mi tenedor, que no es el primero que reconoce sin hacerlo que los Helmuth le causan impresión. Si ya solo mencionando a Ingrid consigo una reacción similar de otras personas, la de Sigrid viene detrás y, en resumidas cuentas, todos terminan un poco desquiciados porque somos... somos muchos, sí, suficientes como para volver loco a cualquiera. —No, es perfectamente comprensible que quieras mantenerlo así, aunque sí siento que debo decir que con tus hermanos siempre ha sido más complicado establecer una relación, la que sea...— no es una confesión como tal si tenemos en cuenta que era perfectamente visible incluso cuando Charles estaba presente, y de Eugene la ausencia creo que habla más que por sí sola —Por eso agradezco que puedas ser honesto, dejar los términos sobre los que quieres conservar el contacto claros, y eso está bien, así ambos sabemos lo que esperar y a mí me evitas de pasarme de la raya— con los hijos menores de Eloise será otro tema, empezando porque no sé cuando será la próxima vez que pueda siquiera estar en la misma habitación que ellos.

Sonrío en respuesta a la broma que consigue hacerme reír, a pesar de que esta pierde su intensidad cuando procedo a hacer el anuncio de mi rechazo nuevamente. —Es muy amable por tu parte, pero incluso aunque te diga que me gustaría pasar una Navidad tranquila sin mucho alboroto, viví demasiado tiempo junto a mis hermanas como para saber que no va a ocurrir, de una forma u otra, se presentarán aquí a perturbarme la paz— bromeo, que paz no es precisamente lo que siento estos días, pero las intenciones de Ingrid y Sigrid son suficiente como para permitirme divertirme con ello.
Nicholas E. Helmuth
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Mensaje por Logan Thornfield el Jue Nov 05, 2020 11:16 pm

La sonrisa que coloco en mi boca trata de ser amable, pero deja ver mi incomodidad al aceptar el cheque que no le pedí y que tampoco puedo rechazar, porque sí es algo que viene a bien a los orfanatos, más no sea para darles unas navidades con más razones para disfrutar de las que podrían haber tenido en años pasados, ya que los ajustes ministeriales del presupuesto se sienten sobre todo en estas fechas. No era algo de lo que me preocupara especialmente hasta que puse un pie en estos, mi mente suele estar bastante ocupada de todo lo que tenga que ver con la escuela y creo que no era tan consciente de cómo eso logra llenar mi mente, sin dejar espacio a otras cosas que me perturban, como lo he sido estos días de duelo por mi madre. Mantenerme ocupado es lo que salva mi ánimo o, como bien podría decir la gente que me conoce desde hace años, he logrado revestir a mi temperamento de un humor frívolo que algunos puede parecerle un intento de ser agradable y los más críticos dirán que me hacen un superficial.

Es como tomo la respuesta que recibo de Nicholas, luego de expresarle mi deseo conservar un vínculo por respeto a Eloise y también porque lo creo merecedor –al resto de su familia la desconozco más allá del trato en la escuela, como para arriesgarme a una generosidad cuya expectativa luego no podré cumplir-. —Nicholas, tengo que decir que me siento rechazado— bromeo, coloco una mano sentida sobre mi pecho, mientras una sonrisa se extiende por mi boca. —Era un deseo honesto el poder darte tal reconocimiento, aunque entiendo si a ti te parece que traspasa ciertos límites—. Lo que entiendo es que quizás dije más de lo que debía al explayarme y hay ciertas aristas que tratar con cuidado, sino resultan filosas. El hombre de por sí está transitando emociones difíciles, como para querer involucrarse con las emociones difíciles de otro, y así es como podría decir que me siento respecto a mi… familia. Palabra que me cuesta plasmarla como tal incluso en mi mente. La mención a mis hermanos la dejo como tal, pero es lo que me da el pie para aclararme mejor o eso espero.

Verás, Nicholas, si te ofrezco mi respeto y aprecio como el que podrías esperar de un hijo, aunque de ninguna manera creo que llegue siquiera a igualarse al que pueda tenerte Oliver, es más por mí, que por ti. La muerte de Eloise me ha dejado más claro que antes lo frágil que son para mí los vínculos, en especial los familiares. Reconozco a mis hermanos como tales, pero no llego a sentirlos como hermanos. Agradezco a los Thornfield la crianza que me dieron, pero el agradecimiento de huérfano va por delante del amor que pueda sentir por ellos como hijo. La mujer con la que estuve casado también falleció en la isla ministerial y no encuentro en mí ni el más mínimo sentimiento de amor hacia ella, murió dejándome solo sentimientos amargos— muestro las palmas de mis manos para terminar con esta ofrenda de sinceridades que le hago, cuando he venido a hacerle compañía y soy quien se aprovecha de la suya para mi lista de penas egoístas. —Charles se marchó, pero está Hayden. Eloise se marchó, pero estás tú. Estoy tratando de entender que quizás no era con ellos con quienes debía de esperar algo y puesto que también soy uno de los que han dejado atrás, en esta condición maldita de ser quien se queda, tratar de encontrar y encontrarme en las otras personas que también quedan— tan lamentable, ruin de mi parte decirle esto a él mientras bebo de su vino y es su angustia con la que venía a solidarizarme, solo para desparramar la mía sobre la cena.
Logan Thornfield
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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Dom Nov 08, 2020 7:43 am

Oh, pero no era esa mi intención— me apresuro a decir cuando nuevamente, siento que ha interpretado mis palabras de una manera diferente de la que me hubiera gustado expresar. No tiende a pasarme esto, acostumbro a ser alguien cuyos argumentos son transparentes, no engaño con florituras ni condenso las frases para dotarme de una sabiduría mayor, una que por norma general no poseo. Es evidente que no estoy siendo yo mismo en mis últimas y trato de disculparme al iniciar mi respuesta con un gesto de mi mano. —Lo que trataba de decir es que justamente me gustaría que fueras tú mismo quien decidiera hasta qué punto quieres mantener un vínculo conmigo, sabiendo que fui el esposo de tu madre y que aun así eso no me da ningún derecho a irrumpir en tu vida, de manera que se vuelva incómodo para ti— es necesario señalar esto último porque creo que he llegado a entender en este último tiempo cómo funciona, o como funcionaba al menos, la dinámica entre Eloise y sus hijos. —Prefiero que seas tú quién limite el rango de nuestra interacción, para que no se vuelva una relación en la que te sientas comprometido a actuar de cierto modo solo porque tu madre decidió casarse conmigo.— explico con calma —Todo lo que decidas hacer está bien, si te apetece venir a almorzar un día de diario, también si ciertas semanas prefieres tener espacio para ti mismo.— me conformo con eso, porque no me gustaría decir que me siento responsable hacia los hijos de Eloise, cuando ellos mismos han dejado claro por su cuenta que son capaces de vivir sus vidas sin problemas, pero aun así... aun así lo hago. Y por qué no admitirlo, también me hace sentir más cercano a ella, en este vacío que ha quedado y por el cual nos separa la línea entre la vida y la muerte.

Poco a poco paso a prensar los labios, se borra la sonrisa que pude haberle ofrecido al hablar de posibles visitas y encuentros y me quedo con esta expresión amarga que luce a juego con su discurso. —Después de haber vivido bastantes años— vuelvo a sentirme viejo diciendo esto, cuando ni siquiera he llegado a los sesenta y muchos podrían decir que ni media vida he experimentado —, de ver y experimentar distintos tipos de vínculos familiares, no está en mi mano juzgar a quiénes no valoran la familia como podemos hacerlo en la mía— hablo así porque quiero hacer referencia a la parte de los Helmuth con la que me he criado toda la vida, no porque no lo incluya dentro de la familia que pude compartir, y espero poder seguir haciendo, con Eloise. —Las relaciones de familia son complicadas, creo que no hay ninguna más difícil que esta. Hay muchas discusiones sobre lo que uno está dispuesto a hacer por la sangre, cuando unos lo ponen delante de cualquier cosa, no importa qué, y otros no perdonan nada. Todos tenemos un padre y una madre, pero eso no significa que en nuestra vida hayan ejercido como tal, y es entendible el no poder otorgarle esa categoría cuando no se ha dado oportunidad para forjar ese vínculo. Con los hermanos ocurre lo mismo, son personas que se criaron de maneras distintas, tienen mentalidades completamente diferentes y es comprensible que todas ellas vayan sumando, y pueden acercarlos o separarlos— no termino con ninguna conclusión, porque no creo que esté en mi poder el decirle cómo debe afrontar sus relaciones, sino que le hago entender que lo que puede estar sintiendo es normal, que no todos vemos el mundo de la misma manera y mucho menos cuando se trata de familia. Los lazos de sangre son tan estrechos como nosotros permitimos que sean, y decidimos hasta qué punto nos vinculamos con ellos. —Tristemente, para que alguien se vaya, siempre tiene que haber uno que se queda— porque sino, las despedidas no existirían.
Nicholas E. Helmuth
Nicholas E. HelmuthMinistro de Salud

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Mensaje por Logan Thornfield el Lun Nov 09, 2020 10:49 pm

Mientras escucho hablar a Nicholas puedo verle un cierto parecido a los Thornfield, eran iguales de prudentes al decirme que estaba en mi libertad decidir los términos de nuestra relación cuando me encontré parado en la sala de su casa, que entonces pasaría a ser su casa, Olivia de cuclillas con sus manos en mi cintura y Daniel detrás, su mano en el hombro de ella. Así son las relaciones de mi vida, acuerdos a los que llego con otras personas, y agradezco la consideración de Nicholas, porque es la misma que m mostraron los Thornfield, pero en las familias nunca se pactan acuerdos, nadie pone en tela la naturaleza de esos vínculos. Y es eso lo que trato de decirle luego, al explicarle como son los que sostengo con mis padres adoptivos y mis hermanos, de sangre, pero no de vida. No hay otra manera para decirlo. Podemos compartir sangre, pero entre los tres no compartimos la vida misma, ni tampoco estuvimos cerca como para ver la del otro, somos desconocidos a lo que piensa y siente el otro. Pese al cariño que incluso puedo sentir hacia ellos, porque lo tengo, no los encuentro en mí cuando los busco. No tengo idea de sí Charles estará bien, ni que es de la suerte de Eugene, cuando los busco en mí, solo escucho vacío. Y soledad y silencio nunca han sido una buena habitación en la cual pasar los días encerrado.

Sirvo mi copa hasta el borde con el vino de la cena, ignorando al plato cargado de comida, ofensa que espero me disculpen los elfos y el propio anfitrión. Bebo un sorbo y bajo mis ojos a la mesa en vez de mirarlo a él al hablar. —Pero, cuando son los otros los que parecen que tenían más razones para quedarse, ¿está mal preguntarse por qué es uno el que se queda? Sí a mí nada me aferra los pies al suelo, si no hay más que rutina para mis días, ¿por qué es a uno a quien le toca quedarse?— y lo hago una cuestión mía, porque él tiene una familia numerosa de hijo, hermanas y sobrinos que son el suelo bajo sus zapatos, relaciones en las que no tuvo que definir términos, lo llaman padre, hermano o tío desde la voz más inconsciente de cada uno. —Tuve una conversación similar con Eloise— admito, —y no logro recordarla, no lo logro. Creo que no quiero recordarla. Pero eso me deja otra vez con preguntas sin respuestas, la que pudo haberme dado ella, también se la llevó ella. Y me hubiera gustado…— lo admito también, —que se quedara para que al mirarla pudiera ver en ella esa respuesta y no olvidar cuál era— murmuro, vacío la copa en mi garganta y la devuelvo a la mesa, miro mi plato sin tocar con la vergüenza de ser la peor compañía para esta cena.

Me siento el individuo equivocado— digo, —también contigo. El individuo equivocado es aquel que, no importa con quien se encuentre, está determinado como el equivocado, ocupa lugares que nunca son para él, nunca es la persona que la otra persona busca o necesita—. «Es mi berrinche tardío de adolescente», recuerdo haberle dicho a Eloise. Eloise para mí, no Lulú como la llamaba la mayoría, triste esto también. —Vine con la intención de acompañarte esta noche y te irás a la cama más taciturno por mi culpa, que por tus propias preocupaciones…— y elijo llamarlas «preocupaciones» por la cobardía de querer hablar abiertamente de las penas.
Logan Thornfield
Logan ThornfieldProfesor del Royal

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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Miér Nov 11, 2020 4:44 pm

No es común en mí no tener una respuesta inmediata a sus dudas, como hermano mayor de una familia de cinco, me acostumbré toda la vida a resolver los problemas de mis hermanas como si fueran parte de mis dilemas diarios y es un ejercicio que he tratado de aplicar durante el resto de años, no importa que hayamos crecido, que seamos ya adultos con capacidades para formar un juicio propio. Me considero alguien a quién todo el mundo puede acercarse, incluso sin ser una respuesta acertada, porque no soy quien para decidir qué es lo correcto y qué no lo es dentro de lo que se plantea cada uno en su interior, siempre trato de dar mi opinión más justa. Por eso me siento poco como yo mismo cuando, al escuchar su conclusión sobre por qué hay personas que con menos para aferrarse tienen que quedarse, me veo obligado a forzar la mandíbula durante unos segundos.

No lo sé— reconozco, así de abatido como me siento, que el no saber, el hecho de pronunciar esas palabras, ya puede considerarse como un signo evidente de que no estoy actuando como yo mismo, cuando contestaciones tan secas de parte de otros me hubieran valido un suspiro bien cargado. Por la manera en que mis hombros se encorvan hacia delante al posar los cubiertos sostenidos a ambos lados del plato, se entiende que no tengo apenas ánimos para divagar en esto. —No creo que se trate de quién tiene más a lo que aferrarse, no es una cuestión de posesión, física o emocional, estas terminan siendo hilos de los que cualquiera puede soltarse, de manera voluntaria si así se quiere, también ante las propias circunstancias de la vida...— como puede serlo una guerra —También es cierto que hay quiénes tienen el perfil para ser de los que, pese a todo lo que pueda ocurrir, se quedan, pero no lo veo como algo negativo, no necesariamente... La gente se va por muchos motivos, la muerte, que es inevitable para todos... aquellos que deciden irse por propio pie, son los que considero llegan a perder mucho más que la persona que se queda.— sí es cierto que uno llega a cansarse de ser quién se queda, pero este último pensamiento no lo plasmo en voz alta porque no creo tener las energías como para ofrecer una visión positiva al respecto, no hoy, al menos.

Levanto mi mirada hacia su rostro cuando asegura sentirse la persona equivocada, sentimiento que no debe resultar agradable para nadie y que me fuerza a fruncir el ceño antes de negar suavemente con la cabeza. —Jamás pienses que eres la persona incorrecta para estar en un lugar. Encontrarás que en muchos momentos de la vida tendrás que adoptar un papel al que no estás acostumbrado, pero eso de ninguna manera significa que estés haciendo de relleno. Como personas, estamos obligados a movernos por distintos lugares toda nuestra vida, no existe una estructura estable a la que nos podamos aferrar, por mucho que queramos, como para adjudicarnos unas funciones fijas. Habrá circunstancias que nos obliguen a tomar un paso atrás, dejar que otros tomen la iniciativa, pero luego pueden llegar otras, en las que seamos nosotros los que nos veamos obligados a movernos.— en parte, creo que sé de lo que me está hablando, me azotaron los mismos sentimientos cuando me vi obligado a ejercer tanto de padre como de madre de Oliver, sin ser esta última y sabiendo que jamás podría reemplazarla, pero tuve que adaptarme. Ante lo último, solo puedo que palmear amistosamente su hombro, como aclaración de que no tiene por qué disculparse de nada, cuando lo que agradezco ya de primeras es la compañía.
Nicholas E. Helmuth
Nicholas E. HelmuthMinistro de Salud

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