Últimos temas
» Los Juegos Mágicos
Mountain sound · Arianne EmptyHoy a las 6:08 pm por The Mighty Fall

» Registro General
Mountain sound · Arianne EmptyHoy a las 6:07 pm por Lara Scott

» What family actually means · Priv.
Mountain sound · Arianne EmptyHoy a las 5:53 pm por Ingrid C. Helmuth

» Petición de Rol
Mountain sound · Arianne EmptyHoy a las 5:12 pm por Sophia A. Niniadis

» Cierre de Temas
Mountain sound · Arianne EmptyHoy a las 5:03 pm por Murphy Thornfield

» Winter came ○ Murph
Mountain sound · Arianne EmptyHoy a las 11:51 am por Phoebe M. Powell

» Watch out ○ Marco
Mountain sound · Arianne EmptyHoy a las 11:51 am por Maeve P. Davies

» Maybe another time · Priv.
Mountain sound · Arianne EmptyHoy a las 11:50 am por Nicholas E. Helmuth

» You were the hero of my dreams x Kendrick
Mountain sound · Arianne EmptyHoy a las 9:43 am por Beverly S. Redford

Invierno, 2471
Actualmente nos encontramos en INVIERNO, fechas comprendidas entre el 21 de Diciembre y el 20 de Marzo. Para conocer los últimos sucesos del foro dirigirse aquí.
Conectarse

Recuperar mi contraseña

Mountain sound · Arianne IRh8ZNT
skin diseñado por @madeinsevilla

Mountain sound · Arianne

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Mountain sound · Arianne Empty Mountain sound · Arianne

Mensaje por Colin Weynart el Mar Oct 27, 2020 6:15 am

16 de diciembre, atardecer...

Muevo mi hombro para quitarme esa sensación de entumecimiento que me deja la obligación de permanecer recostado en una cama de hospital, cuando no considero que mis heridas en proceso de cicatrizarse sean de las que requieran que me quede tendido mirando el techo por horas, si hay algo que logra sacarme de quicio es tener que mantenerme quieto porque alguien más así lo impone o mi propio cuerpo se niega a colaborar para salir corriendo. El aura negra a mi alrededor por el mal humor creciente no era algo que disuadiera a los sanadores para que me dejaran ir, la oportunidad de escapar se dio cuando entre los recurrentes al hospital, Arianne se apiadó de mí como para sacarme por una puerta lateral y puesto que no quiero cruzarme con nadie en el distrito que haga el muy escuchado comentario de «deberías ir al hospital para que te den unas pócimas» al ver los cortes que aún no acaban de desaparecer en mi rostro, gentileza de Magnar, esconderme en lo alto de una de las colinas que rodean el distrito doce suena a lo mejor que puedo hacer en estos momentos en que agradecería porque las cosas estén calmas, atrás los sobresaltos por una emboscada que nos salió mal.

La altura de la colina no es tanta, pero la suficiente como para encontrar un risco en el que poder sentarnos con Arianne y mis piernas queden colgando en el aire, libre del trauma de haber quedado pendiendo por un hechizo mientras me desangraba, también gentileza de Magnar. No hay nada en esa pelea que sea especialmente memorable, los cortes se irán, a las alturas no le he tomado miedo de pronto, perder en batalla nunca es algo que me haya tomado especialmente a pecho debido a que he participado de muchas, varias con bestias que no juegan limpio. Diría que mi mal humor se debió más al hecho de verme luego recluido a una cama de hospital, que agradezco poder reemplazar las pócimas asquerosas que me dieron en las últimas horas, con lo amargo de una cerveza que ya no está tan fría, pero lo mismo se agradece. —Gracias, pensé que iba a morirme— digo al girarme para hablarle a Arianne, —en el hospital me refiero, que lugar de mierda— con el respeto que merecen todas las personas que allí trabajan, a los que nos toca ser quienes estamos en la camilla, no hay manera que lo consideremos un hotel de lujo. —Claro que también te agradezco lo de la isla, pero estoy más acostumbrado a eso…— al decirlo, me doy cuenta de lo raro que puede ser para alguien oír que ser un pedazo de carne lleno de tajes y chorreando sangre mientras cuelga del aire, es costumbre.

Bebo otro sorbo de la cerveza, retiro mi mirada de ella para agregar: —Con toda la sangre acumulándose en mi cabeza, pensé que era una alucinación que un pájaro viniera a liberarme… fue… en ese momento creí que había perdido totalmente la consciencia y todo era parte de un delirio imposible— y quizás en ciertas partes lo fue, estaba tan fuera de mí, toda racionalidad perdida a causa de mi estado, que dudo que todo haya sido fielmente como creo que sucedió. Con toda intención aparté de mis ojos de ella, incluso busco al acercar la boca de la cerveza a la mía, disimular el peso de la pregunta que sigue. —¿Cómo se siente? ¿Cuándo te transformas así?— murmuro, siempre me han fascinado las criaturas mágicas como para no preguntar sobre esto si tengo la ocasión de hacerlo.
Colin Weynart
Colin WeynartFugitivo

Volver arriba Ir abajo

Mountain sound · Arianne Empty Re: Mountain sound · Arianne

Mensaje por Arianne L. Brawn el Miér Oct 28, 2020 9:45 pm

Apoyó la frente contra los azulejos de la ducha, sintiendo como el agua patinaba por su espalda y deslizaba por sus piernas. Ni siquiera sabía cuántas veces había acabado allí aquel día, tampoco las horas que había pasado bajo la cálida agua que desenredaba todos los nudos que recorrían su cuerpo. Se sentía extraña en su propio cuerpo, ajena a sí misma y falta de respuestas después de haber recibido un crucio de manos de Powell. Solo se despertó en la mañana acurrucada en el patio trasero de su vivienda, temblorosa y algo desorientada. ¿Cómo había llegado allí? No tenía ni la menor idea. Entreabrió la boca y sacudió la cabeza en un intento por volver a sus sentidos cuanto antes. Debía preguntar cómo terminaron las cosas, si había heridos e incluso muertos, pero se sentía demasiado pesada como para arrastrarse a una improvisada reunión del consejo, si es que todos estaban sanos y salvos.

Ninguna herida marcaba su piel y el malestar que sentía no tenía su origen en ningún tipo de herida física. Sus pasos atravesaron el distrito 09 en dirección al hospital que existía en el mismo en un intento de dar con Beverly. No sabía si la joven estaría allí ayudando o como herida, y la última opción era algo en la que no quería pensar ni por un segundo porque le escupía en la cara lo inútil que había sido la noche pasada; que no pudo protegerla aunque se lo prometió. Pateó los pasillos, después de haberse cerciorado de que todo estaba bien con Beverly, asomándose a algunas de las habitaciones sin discreción o permiso alguno hasta que se encontró con un Colin que más parecía un león enjaulado que un enfermo. Su mirada fue suficiente para actuar como lo hizo ya que, cuando ella estuvo infectada por aquel extraño virus inferí, había estado exactamente como él. Solo que lo suyo solo parecían magulladuras y no una enfermedad desconocida y contagiosa.

Se dejó caer a su lado, dejando que sus piernas también colgaran al vacío e incluso inclinándose al frente para ver la altura que los separaba del suelo. Apoyó la cerveza en su rodilla, dejado que su claro mirar vagara por la escena que se dibujaba frente a ellos y solo cambiando su semblante cuando se vio obligada a esbozar una tenue sonrisa. — No tienes que darlas. — contestó moviendo el cuello hacia ambos lados en un intento de relajar sus músculos. — No sé si lo recuerdas… pero estuve encerrada en el hospital durante diez días después del ataque de los Inferis. Estaba igual de ansiosa que tú por salir de allí. — relató la principal razón por la que lo había sacado de allí por la puerta de atrás. Se llevó el botellín a los labios, volviendo el rostro en su dirección con claro mirar interrogante cuando le agradeció lo sucedido en la isla. — No teníamos la misma zona asignada en la isla. Ni siquiera recuerdo haberme cruzado contigo. — arqueó una ceja. La habría confundido con cualquier otra rubia, lo cual le resultaba irónico y divertido.

Lo miró de reojo, escuchando sus palabras y sintiendo como su semblante mutaba conforme hablaba. — Te estás confundiendo de persona. Otra vez. — lo corrigió automáticamente dejando ir un largo suspiro que acompañó de un breve balanceo de sus piernas. — Powell me dejó fuera de juego otra vez, no te imaginas lo mucho que quería… pasarle por encima. — se relamió e labio inferior con clara frustración con aquel simple gesto. Parpadeó un par de veces ante sus preguntas, y acabó por resguardar a cerveza entre ambas manos. — Es bastante fácil en realidad. Aunque mi favorita es el águila, ya sabes, poder elevarse en el cielo y sentirse completamente libre. — explicó dejando un sus suspiro que acabó por transformarse en una sutil sonrisa.
Arianne L. Brawn
Arianne L. BrawnConsejo 9 ¾

Volver arriba Ir abajo

Mountain sound · Arianne Empty Re: Mountain sound · Arianne

Mensaje por Colin Weynart el Miér Oct 28, 2020 11:29 pm

No estuve esa noche— contesto, podría comenzar la oración de la misma manera que ella «no sé si lo recuerdas…», —la noche de los inferis, así que los días siguientes tampoco pude ir a echar un vistazo por ustedes, alguien tenía que estar sobre sus pies y sin mocos verdes para patrullar el distrito— murmuro, me abstengo de mencionar lo cobarde que me sentí esos días por ausentarme debido a motivos egoístas, así que tomaré lo de Magnar Aminoff como el karma que a todos nos llega. —Siempre es bueno saber que alguien entiende cómo nos sentimos— que en esto de ponerlo en palabras todavía es nuevo para mí y si a mi cuenta corriera pedir ayuda, por más insoportable que sea la situación, todavía me falta mucho para llegar a ese punto. —Eso sonó muy…— no lo diré, así que prefiero replantear la oración, —siempre es bueno saber que alguien entiende nuestros sentimientos de mierda— iba por ese lado, que tener ganas de trepar paredes por sentirme preso puede llevarme a mostrar una mala cara que evito con las personas del distrito 9, sobre todo cuando lo único que tratan de hacer es ayudar.

¿No fuiste tú?— inquiero con duda, entrecierro mis ojos al hacer una evaluación de su aspecto y tratar de que congenie con la imagen difusa que tengo de la arpía que hizo el favor de descolgarme. —Si no fuiste tú, entonces fue Amber— decido, esto es aún menos probable, nuestra líder de defensa estaba encargada de sobrevolar la isla y se aseguró de que escapemos, pero no fue quien me devolvió a tierra. —Tendrás que disculparme, Arianne— digo mientras cierro mis dedos alrededor de su botella de cerveza, —me equivoqué de pájaro, esto era para Amber— es una broma aunque no se altere el tono de mi voz, trato de acomodar el orden de los hechos de acuerdo al relato que me hace de sus propios recuerdos y a la conclusión que llego es que toda consciencia humana la habrá perdido cuando se transformó en bestia, lo tendré en cuenta para algún futuro. No quiero ser yo mismo víctima de lo que prevengo a otras personas, que no busquen en las bestias a las personas que creen conocer, son llamados a los que no responden, sin que entienda del todo qué nos impulsa a llamarlos de todas maneras.

¿Por qué?— pregunto, he vuelto a tener cuatro años con esto, pero quiero entenderla. —Comparto el que Powell puede ser irritable a su manera, pero… ¿por qué? ¿es una cuestión personal?— indago, trabajaron juntos en el departamento de Justicia, uno del que tengo nulo conocimiento sobre cómo serán sus manejos. Me siento conforme con la respuesta que me da sobre las formas animales. —Puedo entender lo de querer sentir libertad— murmuro, si unas horas en el hospital lo comparo con una jaula, vivir el Capitolio por años se sintió como estar dentro de un pozo de cemento. Puedo empatizar con los animales que vivían en el zoológico de este distrito por sentirme del mismo modo, alguien que fue quitado de su habitad natural, aunque no fuera más que una ciudad destruida, para ser colocado en un ambiente artificial al que nunca pertenecí. —Pero si me transformara en un animal creo que seguiría siendo uno con los pies en la tierra y entonces echaría a correr, a veces quiero hacerlo— es la verdad, —no tanto como antes, pero el impulso está.
Colin Weynart
Colin WeynartFugitivo

Volver arriba Ir abajo

Mountain sound · Arianne Empty Re: Mountain sound · Arianne

Mensaje por Arianne L. Brawn el Jue Oct 29, 2020 1:03 am

Arqueó ambas cejas. Había pasado solo un par de meses atrás pero no era capaz de recordar todos los rostros de los que estuvieron allí aquel día a excepción de aquellos que también se infectaron y tuvieron que permanecer encerrados en un ala a parte del hospital. Su aura se había vuelto completamente negra con todo lo que le estaba ocurriendo; las desgracias solo se agolpaban unas junto a otras, empujando por pasar a través de una puerta a la que comenzaba a fallarle el marco. — Al menos vigilaste correctamente el distrito mientras los demás estábamos encerrados. — No era una acusación por su falta en el momento de la caída de la estación de tren, pero también sabía que podía interpretarse de aquel modo. — ¿Cómo sonó? — interrogó llevándose la cerveza a los labios y dejando que el amargor de la bebida matara el asqueroso sabor que tenía en la boca desde que se despertó. — Es normal no querer estar encerrado aunque lo hagan por nuestra seguridad o salud. La sensación de sentirse encerrado… de no poder caminar libremente… — chasqueó la lengua. En realidad no eran totalmente libres, no cuando no podían abandonar el distrito nueve como y cuando quisieran. — La última vez que me encerraron acabó mal. — confesó. Nunca le había dicho aquello a nadie, ni siquiera se lo dijo a Benedict en su momento.

— Amber no estaba autorizada para descender en ningún momento. — arrugó los labios y estiró las piernas, cruzándolas en el aire y manteniéndolas de aquel modo algunos segundos. — Y dudo que pudiera cargarte en su forma animal. Porque… bueno, quizás podría agarrar una cabra o algo así, pero tú eres más como un caballo. — agregó volviendo su mirar hacia el ex cazador y esbozando una ladina sonrisa que, aunque no llegó a alcanzar sus claros ojos, sí fue sincera. Dejó la cerveza a un lado y apoyó ambas manos detrás de su cuerpo, inclinándose hacia atrás para disfrutar de la fría brisa despejándole la mente y sacándole algún escalofrío. Cerró los ojos y su semblante se volvió algo más serio incluso cuando se sentía cómoda y relajada. — Es un cínico. — habló. — Me chantajeó por esconder en mi casa a Benedict pero él mismo se tiraba a una mujer que jugaba a dos bandas. — sus palabras sonaron tranquilas, pausadas y sin demasiada emoción. — Mandó a una auror a seguirme para asegurarse de que no contactaba con los rebeldes… y ella mató a mi hermana y me entregó. — siguió. Tragó saliva y suspiró, abriendo los ojos para mirarlo desde aquel ángulo. Simplemente lo odiaba con todo lo que le restaba de alma.

Volvió el rostro en su dirección, escudriñando su perfil durante unos segundos que parecieron mucho más largos. — Correr es liberador. — contestó moviéndose un poquito para acabar acomodada con los antebrazos apoyados a ambos lados de su cuerpo. — Empezar a cambiar sin pensar hacia donde te llevan tus pasos, incrementar la velocidad de las zancadas y acabar corriendo. — describió con sumo detalle lo que ella sentía en más de una y dos ocasiones; lo que ambos parecían sentir y enterraban en su interior. — Si sigues deseando huir nunca vas a poder encontrar tu lugar aquí, Colin. — El impulso, el que te ponía la zancadilla cada dos pasos que dabas, el que te hacía dudar. Dejó ir un largo suspiro que la obligó a reincorporarse y tomar su cerveza, acercándola hasta la de él y ofreciéndole un brindis. — Por encontrar nuestro sitio en este mundo de mierda. —.
Arianne L. Brawn
Arianne L. BrawnConsejo 9 ¾

Volver arriba Ir abajo

Mountain sound · Arianne Empty Re: Mountain sound · Arianne

Mensaje por Colin Weynart el Jue Oct 29, 2020 5:15 am

Sacudo mis hombros al no creer que se deba reconocer el que haya vigilado mientras los demás se recuperaban, es mi trabajo y tiendo a hacer las cosas indiferentemente de que se me reconozcan como bien hecha o no. Un par de personas bien podría decir que perder en un duelo con Magnar sería hacer mal mi trabajo, para mí mismo no creo que eso se pueda medir como algo bien hecho o mal hecho, simplemente es algo que se tiene que hacer. —Sonó un poco… ¿cursi?— murmuro esa palabra como si acabara de extraerla de alguna lengua muerta de una tribu que habrá poblado Neopanem en los inicios del mundo. Sea como sea, trato de meditar sobre esa sensación de encierro que suele materializarse de maneras que nos impacientan, cuando no es más que una sensación que vive en nosotros, que se despierta en ciertas circunstancias que a otros le resultan indistintas. Bebo otro sorbo para hacer pasar esa presión en el pecho que me provoca evocar el encierro, entonces giro mi rostro hacia ella. —¿Cómo acabó?— inquiero, puedo suponerlo, encargarme por mí mismo de ir armando una imagen amplia sobre ella con cada cosa que sé, que está a la vista y muchas suposiciones, lo que pasa es que no soy bueno con las especulaciones puesto que prefiero lo concreto y soy inseguro de las conclusiones que puedo llegar por mi cuenta, sobre algo tan complejo como la historia de una persona.

Me echo un poco hacia atrás, mirándola con mis cejas en alto por esa comparación que no es muy halagüeña a mi persona. —Y literalmente, un caballo al que Magnar dejó hecho picadillo— no me falta el humor para bromear sobre mis heridas como quien hace un chiste sobre el clima, sigo diciendo que lo de Magnar no es mi peor experiencia en pelea, si es que puedo considerarlo pelea, sigo teniendo la inquietante sensación de que el hombre me hubiera invitado a pasar a su casa a charlar si las paredes no se hubieran caído a pedazos, ya que al parecer disfruta de tener a alguien que lo escuche hablar y hablar. No me molesta hacerlo por norma general, tengo práctica y gusto en esto de escuchar a otros por mi típica reserva, siempre y cuando sea algo que merezca atención y no simple cháchara, como los retazos que Arianne me comparte de su historia y me permiten comprender con mejor claridad cómo pasó de ser una jueza del Wizengamot a líder de los rebeldes. Bien podría hacer suposiciones, rellenarlas con muchos comentarios que se hacen por ahí, pero no es lo mismo a que ella lo explique y me permiten entender cómo las acciones del ministro Powell la fueron colocando en un punto cada vez más al borde del vacío. —Es uno de los mejores amigos de mi hermano por lo que tengo entendido— murmuro, no puedo evitar el comentario, —y sí, suena como un bastardo— por el chantaje, por la presión que hacía sobre ella, las consecuencias que trajo esa persecución, muertes que no le pesan porque a quien da la orden, pero no se ensucia las manos, nada le quebranta el sueño.

»Estas viva— murmuro, no llego a decir que lamento lo de su hermana porque es un gesto que creo que sería a destiempo, en cambio me concentro en esto, —incluso luego de enfrentártelo en la isla, de lo que te hizo pasar, sigues viva. Y a los bastardos que nos ven caer, creo que lo que más puede molestarles es vernos alzarnos. Terminas mostrando una resistencia mayor a la que pueden tener ellos, ¿qué será del día en que ellos caigan? ¿Serán capaces de levantarse también? Y sujetos así, que le gusta manejar las reglas del juego, el día que estas cambian no saben lidiar con lo que es perder...— miro hacia ella con la botella cerca de mis labios. —No ayuda lo que estoy diciendo, solo que esperes. Puede que él mismo sea su propia ruina…— y con la cerveza me trago cualquier comentario sobre la muerte reciente de su hija, algo sobre lo que jamás me vanagloriaría, no deja de ser una chica que también visitó este distrito y sobre los que otros tendrán opiniones mejor formadas de las que pueda tenerlas yo.

Muevo mi mentón en un asentimiento para darle la razón en cómo lo explica. —No piensas— coincido con esa parte, correr tiene algo de hacernos mejores escuchas de nuestros instintos que de las voces que nos llenan la mente y a veces molestan, cuanto más corres, más atrás las dejas. No, no es algo que siga con la frecuencia de cuando trabajaba para el ministerio, entonces las  exploraciones en los distritos del norte eran la excusa para correr y solo correr. —No lo siento tanto como antes, estoy cómodo aquí— la tranquilizo, —pero la palabra «cómodo» tampoco es una que me guste mucho— es solo una manera voluntaria de entregarse al encierro. —El distrito 9 me da una libertad que agradezco, los límites entre los que me muevo son más amplios, la cuestión es que no creo que en Neopanem exista tal cosa como un lugar que podamos sentir como— la remedo, —nuestro sitio en un mundo de mierda. Así como ocurrió con  el distrito 14 o en la misma isla ministerial que tratamos de quemar, lo mismo puede ocurrir con este distrito…— digo, sin mencionar que ya ocurrió con la anterior isla de los vencedores, antes de eso con Londres donde vivíamos con mi familia. —La necesidad de huir y seguir buscando creo que se trata de algo distinto a un distrito.
Colin Weynart
Colin WeynartFugitivo

Volver arriba Ir abajo

Mountain sound · Arianne Empty Re: Mountain sound · Arianne

Mensaje por Arianne L. Brawn el Vie Oct 30, 2020 1:46 pm

Cursi. — pronunció en voz alta, paladeando aquella palabra cuando la pronunció. — Creo que fue sincero. — agregó instantes después, no teniendo que darle demasiadas vueltas al asunto dentro de su cabeza. Colin parecía tener miedo a involucrarse con los demás, incluso más miedo que la veela, y pronunciar en voz alta que sentía que ambos se entendían, que ella entendía cómo se sentía, podía tener demasiadas connotaciones. La rubia solo lo consideraba en una especie de entendimiento entre ambos. Aun así no agregó nada más, dando por terminada aquella conversación y reclinándose hacia atrás para sentir la fría brisa pero también las débiles caricias del sol. — Estuve diecisiete días encerrada en una celda de máxima seguridad, o quizás solo era una habitación oscura donde abandonan a las cosas con la que no saben qué hacer. — pronunció como el que relata una historia completamente ajena a sí mismo, como el que vio todo desde arriba sin verse afectado por lo sucedía a sus pies. — Luego acabé siendo lo que soy. — concluyó con los ojos aún cerrados pero con sus párpados temblando ligeramente. Las imágenes eran borrosas, demasiado oscuras, pero seguían allí; si se paraba a pensar en ellas no necesitaba recordar lo que vio en aquel lugar, le bastaba con recordar el olor, el silencio y el dolor para rememorar cada segundo que transcurrió antes de ser abandonada en una perdida celda y luego arrojada a un vertedero del distrito once.
 
Abrió un ojo para permitirse escudriñar su rostro, y más concretamente algunos de los cortes que aún lo surcaban. Ella no tenía cicatrices o heridas en su piel, no al menos de lo ocurrido la noche anterior, gracias a su rápida sanación; pero no todas las heridas se veían a simple vista. Las peores eran inalcanzables para los demás y, por tanto, difíciles de cuidar. Aminoff era un salvaje, todos lo sabían, y por desgracia nunca tuvo el honor de alzar su varita contra él en ninguno de los ataques llevados a cabo por los rebeldes. No es que lo buscara directamente, tenía demasiadas cuentas pendientes con otros como para pararse a buscarlo, pero sentía curiosidad real. Las serpientes como él eran los más peligrosos porque nunca se sabía por dónde atacarían; y estaba esperando por el golpe de regreso tras lo que ocurrió en la isla ministerial. Suspiró largo y tendido, meneando su cabeza en pos de salir de su ensimismamiento y reincorporándose con facilidad. — Tu hermano ha sido todo éste tiempo una marioneta más. A veces me sentía mal por él. — reconoció estirando sus entumecidos brazos al frente. — Bueno, has vivido allí, ya sabes cómo funcionan las cosas. O haces lo que quieren o, no es que tú te metas en problemas, sino que incluyes a tu familia. — No sabía cómo estaba su madre, tampoco su hermano o Jean; a veces solo sentía el impulso de cruzar las barreras del distrito nueve y aparecerse en casa.
 
— Aunque lo odie, también siento pena por él. Es decir, ni siquiera creo que crea realmente en todo lo que lo rodea, solo quiere mantenerse ahí para poder mantener a salvo a su familia, y no puedo reprocharle que pelee por sus seres queridos. — jugueteó recorriendo la boquilla de su botellín de cerveza con el pulgar. — Las personas que queremos nos vuelven débiles y fuertes a la vez. — Lo sabía de sobra. Hubo un momento en el que se sintió tan fuerte como para dejar su trabajo y jugársela, pero a la vez la hizo débil y descuidada al dejar al descubierto algo por lo que estaba dispuesta a perderlo todo.  Una amarga sonrisa se dibujó en sus labios, la misma que quiso ahogar en otro ámbar trago. — Eres muy positivo, Colin Weynart, deja de fingir delante de los demás que eres todo lo contrario. — bromeó acercándose un poco más a él para darle un amigable empujón hombro contra hombro. Caer, alzarse, esperanza. Era lo que debía reinar entre ellos, pero no podía decir ser una de ellos si debía cumplir tales requisitos.
 
Estaba falta de sensaciones o sentimientos, había enterrado en lo más profundo de su ser todo lo que pudiera sentir, no queriendo que volviera a salir a la luz; no deseando implicarse con aquellos que la rodeaban más allá de lo estrictamente personal. Quizá por ello pasaba más horas encerrada trabajando que haciéndole compañía a Beverly, visitando a sus sobrinos o interesándose por los miembros de la comunidad que se hubo formado a su alrededor. La palabra cómodo era perfecta para cómo se sentía, y también para él. — Huyamos juntos. — propuso de inmediato. Su rostro no se inmutó tras la propuesta, no mostró emoción ni entusiasmo por la idea, pero si surgió lo suficientemente rápido de entre los labios de la veela como para saber que era lo quería. Aunque sí acabó arqueando ambas cejas cuando regresó su mirada en dirección al ex cazador. — ¿Sentimiento de pertenencia? — cuestionó. — Estamos en un momento en el que no buscamos un lugar en el que sentirnos cómodo o protegidos, sino que buscamos un lugar al que pertenecer. — O al menos aquel era su sentimiento; pero también era cierto que hubo momentos en los que pensó que lo había conseguido, que pertenecía a algún lugar… pero solo se escabulló entre sus dedos. Como todo.
Arianne L. Brawn
Arianne L. BrawnConsejo 9 ¾

Volver arriba Ir abajo

Mountain sound · Arianne Empty Re: Mountain sound · Arianne

Mensaje por Colin Weynart el Dom Nov 01, 2020 2:54 am

Diecisiete días estuvo encerrada en algún hueco de la base de seguridad que la mayoría ignorábamos, me incluyo, en ese entonces todavía era cazador del ministerio, ¿qué son un par de días o unas pocas horas en un hospital? Pensar que hubo muchas cosas que no vi y que no quise ver en ese tiempo, cuando mis días transcurrían en guardias y rondas de esa base, porque no se trataba de personas que me interesaran -por cruel que suene-. Es distinto cuando lo escucho como un relato hacia atrás, en boca de alguien que sí llegó a importarme como para preguntarme si podría haber hecho algo en ese momento, cuando tantas cosas podrían habernos ayudado a coincidir y pese a ello, no creo contar una existencia más lejana a la mía en ese tiempo que la suya. Coloco mi mano en su hombro para frotar suavemente en ese punto al verla bajar sus párpados, como si fuera algo que todavía le afecta, ¿y a quién no? Busco con el contacto impedir que al cerrar los ojos caiga en esa misma oscuridad en la que se vio atrapada por diecisiete días, un cable a tierra aunque estemos con los pies al aire, que ese momento de encierro no vuelva a aprisionarla aunque esté libre en este momento, no me considero la persona más idónea para decirle a otra que puede contar conmigo, como un apoyo seguro o una mano que la sacará de ese recuerdo negro, pero puedo estar en silencio a su lado y que mi presencia le recuerde que ya no está ahí, que está aquí.

Mi mirada ciega a todo lo que ocurría en el ministerio, mi desinterés en entender y participar de los juegos de poder, no me absuelve de lo ignorante que fui todo ese tiempo, más bien me condena mi ausencia de crítica a lo que hacíamos y, aun así, de haberlo hecho en su momento, hubiera encontrado razones de por qué hacía lo que hacía. Escuchar de alguien que conoció a las mismas personas que conocí, que estuvo en los lugares que estuve, que mi hermano era una marioneta de otras, corta con la primera de todas las razones de por qué lo hacía. Confiaba en Riorden como para hacer lo que hacía, no seguía a ninguno de los líderes políticos, seguía a mi hermano. —Cuando dijeron que íbamos a tomar por asalto la isla ministerial, no sabes el alivio que sentí de que mi hermano ya no fuera ministro. Sueno como un caprichoso hermano menor que por salirse con la suya, perjudicó al mayor, pero siento alivio en verdad… de que Riorden haya tomado distancia de esta guerra, podría haber muerto esa noche, mis sobrinos, mi cuñada…— murmuro, razón por la que también me alivia que se me puso como objetivo al mismísimo Magnar, no podría haber ido a una casa de familia como la de los Powell. Mi desprecio hacia hombres como él, al saber lo que ha sufrido alguien como Arianne, no la extiendo hacia nadie más en esa casa. —Fuertes, débiles y bastardos— añado, —el que crucemos ciertos límites, que seamos bastardos sobre el destino de otra persona, pasa más por cómo somos que por las personas que deseamos proteger…— murmuro. —Las personas que queremos también nos vuelven menos bastardos— sigo, la vista puesta en la boca de mi cerveza, porque la crítica iba hacia mí mismo, —también puedo serte sincero en este sentido al decirte que quizás si hace cinco años me hubieran dicho que siguiera a una funcionaria del ministerio para evitar su contacto con rebeldes, lo hubiera hecho, quien sabe con qué consecuencias. Lo hubiera hecho, como también imagino que participaste de sentencias que hoy reprobarías…— eso es lo que fuimos. De donde sea logro sacar una sonrisa seguida de una carcajada corta y vuelvo a mojar mi garganta con otro poco de alcohol. —No finjo delante de nadie, pero elijo a quien decirle estas cosas…— básicamente, con quien se da la oportunidad porque la confianza o la afinidad lleva a eso, y por básico que sea, ocurre con muy pocos.

Bajo la cerveza sobre mi rodilla, mis dedos quietos sujetando la garganta de la botella, mi mirada al frente por estar pensando en lo impensado que acaba de salir de sus labios, en vez de girarme bruscamente hacia ella por la sorpresa y decir algo como que debe ser una broma. No me la tomo como una. —Lo reconozco— lo pongo en voz alta, —no pensé que fueras tú la persona que pondría en palabras lo que desee por mucho tiempo— hago girar la botella entre mis dedos, sigo pensándolo. Entonces sí me volteo hacia ella, espero que acabe de hablar sobre pertenecer a un lugar, procuro encontrar ese lugar en sus palabras, la cruz en el mapa que me diga que este es el sitio y sabiendo esto, poder contar los pasos que hay que dar para llegar. —Hagámoslo, huyamos— acepto, —vamos a la frontera, veamos que hay por ahí, volvamos si no es nada extraordinario, si no es mejor que esto— y mientras lo digo, recuerdo la única razón por la que no podría abandonar Neopanem. Hanna está en algún lugar del Capitolio, creciendo sin que pueda verla, le debo volver a ella algún día, si tan solo los días pasaran más rápido… —Podemos decirle a Kendrick que seguiremos peleando del lado de los rebeldes, pero no tenemos que hacerlo aquí. Ni tenemos que pelear todas las batallas. Podríamos irnos, tratar de ver que hay más allá de lo que tenemos aquí…— pese a ser un deseo que calle hace tiempo, eso de «ver que hay un poco más allá» vuelve a llenarme de entusiasmo.
Colin Weynart
Colin WeynartFugitivo

Volver arriba Ir abajo

Mountain sound · Arianne Empty Re: Mountain sound · Arianne

Mensaje por Arianne L. Brawn el Vie Nov 06, 2020 8:06 pm

Los recuerdos felices desaparecían con suma facilidad, a la rubia le costaba encontrar más de un par, pero los dolorosos se mantenían allí para siempre; instaurándose en la vida de las personas como algo imposible de dejar atrás, como un recordatorio de los actos que cometieron en su momento y las repercusiones que los mismos tuvieron. Los ojos de la veela se cerraron, temblorosos, por todas aquellas imágenes que se sucedían tras sus párpados cuando arrastraba los recuerdos del momento que acababa de relatar. El superficial contacto de Colin consiguió sacarla de golpe, frenando el instinto que la llevó a apresar la muñeca contraria en un movimiento totalmente involuntario. — Perdón. — masculló separando de él, poco a poco, sus dedos. Respiró profundamente y se reincorporó, fijando su claro mirar, uno algo oscurecido en aquel instante, en el vacío que tenían frente a ellos. Su pecho se agitó y tuvo que esconder las manos entre las piernas, inclinándose al frente sin ningún tipo de miedo a una caída libre. Ella vivía en una constante caída libre.
 
Sus facciones se suavizaron casi al instante, volviéndose hacia él y examinando sus expresiones mientras hablaba. Asintió lentamente, concediéndole un punto con todo lo que estaba diciendo; comprendiendo por completo lo que para él significaba su familia incluso aunque se encontrara en el otro lado. Porque podía haber dejado el ministerio, pero la familia Weynart no dejaba de, por ello, estar íntimamente relacionada con todo lo que rodeaba al gobierno. Sonrió de medio lado, deslizando sus ya más calmadas manos y dejándolas apoyadas sobre sus rodillas. — Hace cinco años no hubiera movido ni un dedo por todo esto. — contestó usando los mismos años que él hubo mencionado. — No soy la misma persona que entonces, ni siquiera me reconozco a mí misma cuando pienso en todas… las cosas que hice. — confesó dedicándole una mirada de soslayo. — Aunque me alegró que no fueras el encargado de seguirme ni de…. Ya sabes. — habló chasqueando la lengua. — Porque básicamente estarías, bueno, muerto. — se permitió guiñarle un ojo incluso cuando pronunció tales palabras; unas que habrían helado la sangre de cualquiera ya que no habían sido escupidas por alguien con una baja capacidad para aquello, sino por una veela. Se acercó a él y, después del sutil empujón con su hombro, tomó también su cerveza. — Me alegro de estar dentro de ese selecto grupo. — sus palabras fueron sinceras y calmas, acompañadas de un nuevo cálido trago de cerveza.
 
— Iug. — soltó alejando el botellín de sus labios y observando el poco ámbar líquido que, por suerte, quedaba. No iba a desaprovechar aquello, pero tampoco se envenenaría a sí misma de buenas a primeras. Dejó ir todo el aire cuando apuró su cerveza y dejó el cristal a un lado, dándole vueltas al amargor que marcaba su boca. La voz de Colin la llevó a la realidad por segunda vez, recordándole que la propuesta que hubo pronunciado segundos atrás realmente lo había hecho en voz alta. — Es como lo que tenemos, ¿no? — preguntó. — Ninguno de los dos habría esperado beber una cerveza juntos, mientras hablamos con confianza a la espera de que, en alguna parte, alguien esté planeando como jodernos de nuevo. — contestó con crudeza. — Encontramos una conexión donde menos lo esperamos. — agregó. Y es que su relación con Colin comenzó tambaleante, ni siquiera terminando de entender como coincidieron en cómo se sentían cuando se encontraron en el zoológico, como conectaron sin haber tenido ningún tipo de agradable antecedente. Parpadeó confusa, alejando su mirar del vacío para volverlo hacia él. Las palabras sobre pertenecer se atoraron en su garganta y acabó por arquear ambas cejas, sorprendida.
 
Su hombro se desligó del contrario y su cuerpo se giró por completo en su dirección, golpeándolo con la rodilla cuando quiso doblar la pierna. — Eres valiente al aceptar mi propuesta. — fue lo que acabó por pronunciar. Ella proponiendo huir; la rubia había sido receptora de varias peticiones con las mismas intenciones. Huir. Buscar un lugar, una persona, a la que pertenecer. Buscó sus ojos un instante, no tardando demasiado en cerrarlos y sonreír. — Acabo de imaginarte lanzando cosas dentro de una maleta de manera desordenada. — pronunció sin llegar a despegar sus párpados durante los siguiente segundos, los cuales su cerebro trató de trabajar a toda velocidad. — ¿No tienes miedo de huir con una veela? ¿De lo que puedo hacer? — Porque ella nunca había perdido el control de sí misma, pero sabía que algún día llegaría el momento.
Arianne L. Brawn
Arianne L. BrawnConsejo 9 ¾

Volver arriba Ir abajo

Mountain sound · Arianne Empty Re: Mountain sound · Arianne

Mensaje por Colin Weynart el Dom Nov 08, 2020 11:10 pm

No hay por qué— lo digo en un susurro que trata de no perturbarla como pudo hacerlo el contacto, aunque fuera uno necesario para sacarla del ensimismamiento y que recobrara el sentido de la realidad: una vez que ocurre, es casi como hacer caminar a la otra persona en un camino de niebla que va disipándose de a poco, es brusca la vuelta a la realidad y todo asusta alrededor. Pero no hay nada en su agarre que vaya a sobresaltarme, estoy lejos de ser alguien que se asusta fácil, me acostumbré a medir los movimientos de mis rivales y puesto que por años estas fueron criaturas irracionales, a los movimientos imprevistos también me habitué, o algo como estar sentado al borde de algo que podría significar mi fin, la caída lo haría con los ojos cerrados y convencido que, de alguna manera, lo haré sobre mis pies. Estoy llegando a esos puntos de fe ciega, no porque me crea invencible, sino porque también me estoy acostumbrado demasiado a caer y darme cuenta que nos levantamos luego de cada vez.

Y por eso me saca una sonrisa pensar que mi muerte se podría haber dado en un hecho tan contradictorio al de este momento presente, que la colocara a ella como mi asesina, porque si tengo que ser fiel a los años de los que hablamos, hace cinco años ese pudo haber sido una situación muy posible. Puedo situarme en el hombre que era entonces y verla a ella como una simple bruja, todavía no veela, que se estaba viendo acorralada por supuesta traición. Y nos veo enfrentados, como lo estuve también a todas las personas de este distrito, el mismo viento que en este momento golpea nuestros rostros por encontrarnos en las alturas, definió nuestras direcciones para salvarnos de esos momentos y colocarnos en estos, en el que hablamos de una conexión que como base tiene la simple confianza, esa que tanto cuesta encontrar en alguien. ¿Y qué son las conexiones inesperadas sino puntos a los que sujetarnos con fuerza? —Hay veces que pienso— murmuro, con mis dedos haciendo girar la botella casi vacía de cerveza, —que si nos hubiéramos quedado, si nos hubiéramos rendido o muerto en algunos de esos momentos pasados que parecieron querer llevarnos a un fin…— sí, he tenido bastante tiempo en el distrito nueve y muchas rondas nocturnas en el campo como para dejarme llevar por estos pensamientos, —pasan tantas cosas, cambian tantas cosas, no sé cómo decírtelo— me lo pienso por un momento antes de conseguir ponerlo en palabras, —a veces no es el tiempo para ciertas cosas, estas ocurren mucho después, pero para llegar a ello debes resistir.

Pero resistir lleva cierto cansancio también, resistimos porque esperamos ver un día distinto al anterior, cuando los días se repiten, se acumula el cansancio sobre nuestros hombros y algo vuelve a decirme que hay más que esto, pero que no se trata solo de resistir, sino de ir a buscarlo. —Una de las pocas cosas de las que me enorgullecía de mí mismo hace un tiempo era de ser alguien valiente— la miro, —aunque digo y hago cosas que me hacen más un cobarde— lo reconozco, como querer huir, como abandonar personas, haciéndome confuso precisar qué soy en verdad, si un cobarde con arrebatos de valentía o un valiente que está tratando de dar con el camino correcto y se equivoca en tanto. —Ni siquiera echaría cosas en una maleta, si hablas en serio, basta con dar un aviso y marcharnos— sonrío al beber lo último que queda de mi cerveza, lo que tarda en pasar por mi garganta me da el tiempo para pensar mi respuesta. —No, no tengo miedo— contesto francamente, —porque sé que eres peligrosa, pero he lidiado con lo peligroso antes y tengo confianza en mi propia fuerza como para elegir también a que nuevo peligro seguir. Y la vida se trata de asumir riesgos, si estoy aquí, vivo, lo volveré a hacer.
Colin Weynart
Colin WeynartFugitivo

Volver arriba Ir abajo

Mountain sound · Arianne Empty Re: Mountain sound · Arianne

Mensaje por Arianne L. Brawn el Vie Nov 13, 2020 6:56 pm

Las palabras de la rubia se quedaron paradas en su garganta en el momento justo, sus movimientos fueron lentos y cansados cuando regresó a su postura inicial, dejando de estar mirándolo a la cara para volverse nuevamente hacia el vacío que los amenazaba desde el frente; sin dudas, titubeos o miedos. No sabía donde había guardado todas las inseguridades que cargó durante años, donde escondía las traiciones y pesares que se amontonaron en su cabeza por tanto tiempo. Tampoco entendía como le preocupaban tan poco en aquel preciso instante en el que solo se dedicaba a respirar y agradecer la compañía contraria. La inesperada y cómoda compañía contraria. Se permitió esbozar una tenue sonrisa que cambió su semblante durante algunos segundos en los que dejó a un lado todo lo ocurrido la noche anterior, el extraño regusto que le teñía la boca y las lagunas que aguaban sus recuerdos. Se permitió dejar vagar su mirada hasta las manos contrarias, las cuales giraban el botellín como mera distracción, y luego arqueó su claro mirar hacia él.

Su atención se depositó por completo en él, en sus palabras, en la forma que tenía de pronunciarlas. Y entonces dejó ir un largo suspiro que la vació por completo. — Deberías hablar por ti. — comentó. Él había dado el paso al frente, decidido dejarlo todo por lo que creía correcto y jugado todo lo que tenía a una sola carta. Ella había dejado su trabajo y esperado durante semanas sentada en el sillón de su casa a la espera de que la buscaran para hacerle pagar por lo que hubo hecho; esperado a que sus documentos salieran a la luz y la arrastraran donde debía estar. No fue valiente, solo tuvo un arrebato del que luego se asustó. Prensó los labios. — ¿Nunca quisiste rendirte? Seguir la corriente aunque supieras que nada de lo que pasaba a tu alrededor estaba bien. — preguntó no mirándolo en ningún momento. — Siento que… tus dudas nacieron poco a poco, o que algo hizo que reaccionaras por completo; y que fuiste rápido y conciso en tomar una decisión. — aclaró a razón de su pregunta, no sabiendo que si había desviado demasiado pero exponiendo lo que le transmitía una seguridad que él creía no tener dentro.

— Es cansado. Te cansas de resistir día tras día. Sobre todo lo haces cuando no sabes qué es lo que esperas o quieres. — Muchos resistían por una idea, por un sueño o un objetivo, la veela solo resistía. Se mantenía en pie día tras día sin saber por qué seguía arrastrando los pies cada mañana. Volvió a enfocar su azul mirar en él. Un instante, dos. Luego cerró los ojos y escuchó sus palabras mezcladas con la fría brisa que los golpeaba. — Creo que eres todo lo contrario, Colin. — reprochó volviendo a abrir los ojos y buscándolo en un intento por traspasarle lo que pensaba; darle la seguridad de que lo que pronunciaba no eran meras palabras. — Valiente como para cerrar los puños contra lo que te inculcaron desde pequeño, para darle la espalda a tu acomodada vida e ir contra, no solo tu gente, sino tu propia familia. Todos hemos sido cobardes en algún momento, pero no debemos dejar que esos momentos de debilidad sean lo que nos definan. — susurró estirando la mano en su dirección y apoyándola sobre la rodilla del ex cazador, siendo más cercana con él de lo que hubo sido con cualquier otra persona en los últimos meses. Chasqueó la lengua, sonriendo de medio lado sorprendida tanto por sus palabras como por lo tentadoras que las mismas eran. Se humedeció los labios y tragó. — No quiero que sigas a ningún peligro, quiero que vayamos juntos. — puntualizó. Se consideraba un peligro, y a veces dudaba de que la relación que mantenían fueran real y no fruto de lo que era. Siempre viviría con la sensación, el miedo, de no ser realmente apreciada por los demás.

— Pero — mencionó luego de unos segundos. —, ahora mismo es complicado. — regresó los pies a la realidad aun cuando en su mente había inventado un elocuente discurso para dejar todo atrás. — ¿Te importa esperarme unos meses? —
Arianne L. Brawn
Arianne L. BrawnConsejo 9 ¾

Volver arriba Ir abajo

Mountain sound · Arianne Empty Re: Mountain sound · Arianne

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.