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I'm only a woman with a candle to guide me • Edward J.

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I'm only a woman with a candle to guide me • Edward J.  - Página 2 Empty I'm only a woman with a candle to guide me • Edward J.

Mensaje por Anne Ruehl el Lun Oct 12, 2020 1:41 am

Recuerdo del primer mensaje :

Octubre,
sábado a la tarde/noche


Paso las puntas de mis dedos por la madera pulida del mueble y reviso cada uno de sus cajones tirando de cada manija con una fuerza medida, la necesaria para poner a prueba la calidad del escritorio que ocupará el lugar de otro que me encargué de que se redujera a astillas, en un patio de malezas que necesitó de la misma limpieza que el resto de la casa en el distrito dos. Pero mi atención se la roba el armario que está dispuesto a un lado, a juego con la mesa, se nota que el mismo tallador hizo los arreglos y me acuclillo delante de su puerta al descubrir que la trama en la madera dibuja el paisaje de un bosque en el que puedo identificar algunos animales por sus rasgos más característicos, mis dedos se detienen en la espalda recubiertas de espinas de un pukwudgie, entre estas espinas se encuentra su carcaj con flechas y su arco está en reposo a un lado de su cuerpo. Protectores, guardianes de los lugares vulnerables. «Guardar un secreto es proteger, proteges a tu familia guardando sus secretos», escucho el susurro de la voz de mi madre, amortiguado por la almohada en la que se reposaba su cabeza al unir su frente con la mía, «eso te hace la guardiana de esta casa». Y un día esa casa ardió, con la furia de mi padre, también la mía.

Es un armario esvanecente— me explica la muchacha que lleva rato siguiéndome sin decir palabra, por mis escuetas respuestas entendió que no había necesidad de una conversación, ni de persuadirme a comprar nada, porque eso es lo que he venido a hacer. Asiento con mi barbilla, señalo ambos muebles para indicarle que me los llevaré con los otros elegidos y la dejo encargarse de estos mientras voy hacia  la caja donde espero ver a la mujer que me echó un vistazo al entrar, me llevo una sorpresa al encontrarme con el director del Royal detrás de un mostrador muy distinto al de su despacho en la escuela, o eso imagino, son pocas las razones que tendría para visitar el Royal y los problemas en los que se mete Maeve siguen sin serme notificados, su padre sigue siendo su tutor como corresponde, así que deben hacérselas llegar a él. —Jenkins— lo saludo, —¿aburrido en un fin de semana?— consulto por ser sábado, tarde, falta poco para se acabe el horario comercial y asumo que es de los dueños que comprueban las cajas antes de que se cierren por desconfianza a sus empleados, en el norte todo se reduce a términos de desconfianza, lo raro es que alguien confíe. No es que haya tomado su apellido en coincidencia con el cartel del local para saber que es uno de los dueños, simplemente la riqueza en Neopanem destaca los apellidos beneficiados sobre los otros. Lo miro con perspicacia, la fortuna de los Jenkins no es lo único que sé sobre el hombre que tendría que estar trabajando en el departamento a mi cargo. —¿O aburrido en general de las listas de estudiantes y currículas? ¿Se puede reemplazar tan fácil la adrenalina que trae el trabajo como cazador?— pregunto, por haberme parado ante él alguna vez, cuando todavía ejercía. El mundo era distinto, las posiciones enfrentadas.
Anne Ruehl
Anne RuehlCiudadano

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Mensaje por Anne Ruehl el Sáb Oct 24, 2020 3:05 am

No— musito, —las personas tendemos a hacer carne de las máscaras que llevamos por años y no nos quitamos— mi voz es un susurro que se extingue, en apariencia dándole la razón a una respuesta que no era en verdad la que buscaba. Sigo rastreando en sus gestos, en sus palabras que tratan de no pasar traspasar ciertos márgenes, en su retirada a tiempo cuando mi acusación le exige una explicación de su parte y la que me da hace que me decida por un poco de misericordia hacia su persona, de la que no suelo mostrar, para abandonar lo que podría ser un reclamo extenso sobre el carácter tibio que lamentablemente muestran algunos de nuestros funcionarios del gobierno. No me corresponde, no tengo que dar a nadie indicaciones de en qué creer y por qué luchar, si al final yo priorizo mis propias guerras sobre las que este mundo se crea por sí solo, como necesidad para su subsistencia.

Le diré una sola cosa, triste, pero cierta…— murmuro, —en cada batalla mueren aurores, se renuevan los reclutas, pero siguen muriendo… mueren, mueren, yo no estoy exenta a ese destino… y muy probablemente no siga viva para cuando esos chicos que están a su cargo, sean llamados esta guerra…— trato de explicarle, —No hay un ejército de miles fuera del Royal que puedan asegurarle seguridad, a esos chicos para que puedan crecer ignorantes de lo que ocurre, lo que hay afuera son mortales. Somos finitos, en número y en vida…— que inesperado tener que explicarle a alguien que sufre aun una muerte, que esta es una circunstancia por la que todos pasan y pasaremos. —Nunca he creído que se proteja a alguien envolviéndolo en una burbuja, se le protege enseñándole a defenderse de lo que hay fuera de esa burbuja…— pero nunca tuve intención de ser maestra, como tampoco ser ministra, no me haría cargo de esta educación que considero fundamental si no fuera porque este puesto me permite colocar sobre otros, que pueden llegar a sentirlo como una imposición, el consejo más básico de supervivencia que le puedo dar sobre la vida.  

Se cometen equivocaciones cuando las preguntas se salen de las respuestas armadas que tenemos— digo, sin negar que son, efectivamente, respuestas equivocadas de su parte, solo las últimas. Podría decir que tuvo un par de aciertos anteriormente que me permiten hacer un retrato de él. —Aunque sean las preguntas más básicas— porque lo son, —y a la vez, preguntas equivocadas— porque no debería estar haciéndolas, culpa de la intriga que pueda causarme un hombre de sus características, antiguo cazador, viudo de una víctima del ataque de un licántropo, actual director, ejecutor de una reforma con la que no parece simpatizar. Y lo miro de frente, pese a que la distribución de las sillas alrededor de la mesa nos coloca de perfil, giro mi torso para poder estudiar su rostro cuando me ofrece su regalo. —Es un hombre amable, Edward— musito, mi sonrisa que buscaba un entendimiento en retirada. —¿Eso es lo que trata de ser para los demás? ¿El hombre que atrae con amabilidad?— indago, mi cuerpo inclinándose sobre la mesa para que mis ojos puedan explorar más de cerca lo que me dice su rostro. —Lo noto, culpa de haberme cruzado en la vida con demasiados hombres que, con palabras amables o palabras arrogantes, las usaban para atraer…— la sonrisa que va llenando mis labios es distinta. —¿Compensas con un regalo lo que crees que pudo haber sido una mala impresión? Eso es muy zalamero, un viejo truco para acaramelar…— ni siquiera lo digo como si fuera una crítica, parece más un comentario con humor. —Mírame, no pienses en tu manera de ser con otros, sino mírame. ¿Crees que soy alguien que tiende a aceptar regalos de compensación?— dejo la pregunta ahí y lo tranquilizo con una expresión más suave. —No, no hace falta que me regales nada, no lo quiero, no es lo que busco— golpeteo la mesa con mis nudillos. —Y la madera no es tan buena, se ve bonita, pero le falta firmeza—. A mi dictamen le sigue un suspiro largo que suelto con mis ojos aún puestos en él. —Mi problema es que soy demasiado exigente, no me basta con la impresión que pueda darme algo, siempre quiero saber del material que están hechos y generalmente, esa exigencia solo me lleva a la decepción. Pero es culpa mía, de nadie más.
Anne Ruehl
Anne RuehlCiudadano

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Mensaje por Edward D. Jenkins el Lun Oct 26, 2020 5:50 pm

Me asombra la frialdad con la que habla de los que están a su cargo como ministra de defensa. Lo que dice es cierto, sí, la vida de un auror en esta época de caos político es menor a la usual. Y aún así, las palabras que salen de su boca, la manera en que me explica con condescendencia todo esto me hace creer que para ella las personas son reemplazables. Incluso ella misma. Ni siquiera tengo que creerlo, es lo que dice. Si muere alguien entonces tiene otra opción para hacer el cambio, y así debería ser, ¿No? Pues no para mí... Mucho menos si los reemplazos son buscados en mis alumnos mayores de dieciséis. — Me gusta creer que mis alumnos no están dentro de una burbuja. — Tal vez sí. Muchos son de familias bien acomodadas que nunca tuvieron que sufrir nada, y para los que la vida pasa y ellos van por encima de ella. — Les enseñamos a defenderse.Defenderse.Pero ya veo de donde sale la idea de la reforma. Gracias por clarificármelo, te aseguro que está siendo implementada como se me indicó por la ministra Leblanc. — Y esta vez sí que me esfuerzo por sonreír.

Suelto una risa nerviosa cuando menciona lo de las respuestas armadas. Estoy más que seguro que en el ministerio debe lidiar con situaciones así todo el tiempo, como cada uno de los que nos movemos ahí dentro. Eso no quiere decir que no sea cansado. Tanto personas como yo se cansan de dar respuestas políticas, como personas como ella de recibirlas y devolverlas. — Tal vez deba trabajar en mi repertorio de respuestas. — Me encojo de hombros. — Tal vez no, ya que no son esas las respuestas que busca todo el mundo — Dejo el comentario en el aire pero no busco una respuesta que ya conozco, que me ha dicho desde que llegó. Tampoco quiere decir que Edward Jenkins sea una persona falsa, solo que es alguien que elige cuidadosamente con quien mostrar su verdadera cara.

Estoy a punto de agradecerle por lo que inicialmente creo que es un cumplido, hasta que mi gesto amable, aunque sea por compromiso, se crispa y en cambio le regala una mirada seria. Mis cejas se arquean y no puedo evitar resoplar. — No busco atraer a nadie, pero tampoco veo qué está mal con querer llevar la fiesta en paz con los demás. — Le respondo. — Así crecí, buscando no llevarme mal con nadie que pudiera traerme problemas después. — Después de todo, en la época de los Black eso podría haberme costado el cuello. — Zalamero, tal vez, pero no mal intencionado. No busco conseguir nada de ti, Rebecca, compensarte tal vez, pero solo eso. No me agrada la idea de haber dejado un mal sabor en la boca a alguien más. — Ni siquiera me molesto en responder el comentario acerca de la mesa. No puedo demostrar que me ha importado más de la cuenta. — ¿Es eso lo que ha pasado aquí? — Le pregunto viéndola directamente a los ojos. — ¿Te ha decepcionado de lo que estoy hecho?
Edward D. Jenkins
Edward D. JenkinsMinistro de Educación

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Mensaje por Anne Ruehl el Mar Oct 27, 2020 1:46 pm

Me hago cargo de tomar las medidas que sean necesarias para asegurarme que cada mago y bruja de este lado de Neopanem sepa defenderse con su varita— asiento con mi barbilla, —pero no me des más mérito del que me merezco al creer que la idea surgió enteramente de mí— lo quito de ese error, —nunca es sola persona, no hagas eso de señalar a alguien puntual, cuando somos parte de una misma estructura, tu y yo también— se lo recuerdo, que lo último que necesitamos entre los que peleamos de este lado es tener opiniones que nos hagan desencontrarnos y dividirnos. Es una tarea para la que me he tomado tiempo dentro del mismo departamento de seguridad, tratar de salvar esa divisoria que algunos se empeñan en mantener sobre magos y criaturas. —Pero hay algo que me he dado cuenta— comento, esa es la cuestión de trabajar como ministra, revisar que se ha venido haciendo mal porque sobre eso también se trabaja, —tiene que estar en la próxima mesa en la que se discutan estas cuestiones, claro que no era un llamado que dependiera de mí en este caso, que somos de ramas distintas, pero se podría pedir que en una siguiente reunión que se incluya a todos los que tienen que dar una opinión para dar— se lo aseguro, dudo que sea una promesa que pueda cumplirla, si estoy aquí por razones que pretenden alejarme de esa silla ministerial, pero espero le baste a él para saber que esos son debates en los que tiene derecho a participar. Y si algo he venido a hacer el capitolio tras años de exilio en el norte, es a ejercer los derechos que me fueron negados alguna vez, se trata de eso. —Por agradable que sea su tienda, no creo que sea el lugar para seguir hablando de esto.

Muevo mi cabeza cuando dice que debería cambiar su repertorio, por contradictorio que suene, se lo prohíbo. —No lo haga, manténgalas— murmuro, —tenga ese repertorio a mano en todas las ocasiones, siga escribiendo en este más respuestas correctas— a mi manera, lo estoy instruyendo. —Nunca de una respuesta desde lo que podría querer escuchar el oído de Rebecca Hasselbach— le sonrío al decirlo, —en el mundo en el que vivimos, esa será siempre la respuesta equivocada y se expondrá innecesariamente— si se lo digo es porque hay algo en este hombre que me alienta a querer compartirle parcialidades de lo que conozco, aunque ni el mismo sepa interpretar lo que quiero decirle y se ofenda al tratar de hacerlo. Si bien algunas pullas van deliberadamente para molestarlo, así que su siguiente respuesta me hace recuperar la sonrisa, vuelve a ser auténtica, retraigo mis trucos para incordiarlo. —Edward, me agradas cada vez que das una respuesta franca, aunque sean respuestas que dejan en claro que has perdido el control de la conversación y tratas de recuperarlo— se lo señalo, —creo que tus respuestas correctas tratan de hacer eso, de mantener el control, lo que me da la impresión de que eres un combatiente… de maneras finas— me reiría si no fuera porque podría malinterpretarlo como que me burlo de él y no es la intención. —¿Guante de seda, puño de hierro? ¿Algo así?— hablo al aire. —Si tengo que picarte para conseguir esas respuestas de ti, lo seguiría haciendo, porque necesito saber con quién trato… y las respuestas francas serán siempre las correctas— explico, —pero te diré que es lo valorable y lo que hará que compre esta mesa— no me levanto, no es el cierre de ningún acuerdo, no me estoy despidiendo. —Has sabido quedarte sentado en la misma mesa con alguien que por naturaleza y antecedentes bien podría representar al asesino de tu esposa, es valorable— se lo concedo en un tono mucho más amable, porque tengo el olfato adiestrado y lo que necesito para saber que Edward Jenkins no es carne que merezca que le hunda mis garras.
Anne Ruehl
Anne RuehlCiudadano

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Mensaje por Edward D. Jenkins el Vie Oct 30, 2020 3:57 pm

Asiento sin forzar ninguna sonrisa ya. Sé que no solo fue su decisión y que al final fue algo que el mismo presidente decidió aprobar. Supongo que culparlo en la persona involucrada más cercana fue la salida fácil considerando todo el estrés que he tenido en estos días. Mis ojos regresan a los suyos cuando vuelve a hablar y esta vez asiento con más ganas. — Sería algo muy bueno, muchas gracias. — Le respondo con un tomo calmo. — Igual varios profesores, y profesoras, suelen tener ideas de proyectos para este tipo de... actividades extra. — Sí, lo menciono como una actividad extra. Aun recuerdo la actitud de Jolene, su preocupación manifestada como intranquilidad. — Así que sería buena idea que el director esté la siguiente vez que se hagan cambios en la currícula. Gracias por considerarlo. — De nuevo la voz y las frases políticas, dentro de lo que cabe. Pero al menos esta vez las cosas se dan con más tranquilidad que antes. — Por supuesto, podemos dejar el tema para otro momento y lugar más adecuado.

Sonrío al mismo tiempo que ella con su consejo. — Son respuestas a preguntas... inusuales. — Porque no cualquiera se para delante de uno para cuestionarlo, mucho menos para preguntarle cosas tan íntimas que hace años no se mencionan, que terminaron por quedarse en la cómoda al lado de la cama, o en la caja fuerte de mi oficina, en la gaveta izquierda del mueble del baño. — Me temo que no son las preguntas que se me suelen hacer por la gente del ministerio, o colegas en sí. — No es del todo cierto. Hay profesores que me agarran en curva a veces y me mueven el piso, al igual que contadas personas en el ministerio que tienen una elegancia inigualable a la hora de emboscar a uno con cuestiones.

Aprieto los labios cuando vuelve a hablar. No estoy de acuerdo con lo que dice. No compito por el control de la conversación, no, pero espero que hablar con alguien no presente problemas que puedan dejarme en una posición en la que no me gustaría estar. Como hablar desde el papel del viudo al que no le hacen gracia los licántropos, o el director que piensa que la reforma está equivocada. — Un combatiente de maneras finas. — Repito con gracia. — Es la primera vez que se me describe así. — Me quedo en silencio, escuchando lo último que tiene por decir. Aunque la frase hace que me quede quieto, sin siquiera pestañear. — No puedo culpar a todo el mundo por mis problemas pasados, ¿Verdad? Aunque la persona en cuestión sea, en efecto, un licántropo. — Me encojo de hombros desviando la mirada, pero aun quieto en mi asiento. No me gusta ir a ese lugar oscuro de mis pensamientos, Quiero creer que he cambiado. — Pero que bueno que te llevas la mesa Rebecca, no te vas a arrepentir de eso. — Le digo regresando la mirada, y sonriendo de manera leve con los ojos ligeramente entrecerrados.
Edward D. Jenkins
Edward D. JenkinsMinistro de Educación

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Mensaje por Anne Ruehl el Sáb Oct 31, 2020 1:19 am

Apoyo un codo en la mesa para recargar mi mejilla en la palma de mi mano y decido continuar con mi trato franco hacia este hombre, lo que marca una clara diferencia de mi comportamiento habitual hacia este género. Son muchos los prejuicios de los que aún me faltan desprenderme, muchos para que pueda abandonar una primera postura a la defensiva que suelo combinar con un agresivo juego en el que trato de revelar sus intenciones, si Jenkins me hubiera mostrado un ligero indicio de que era tan bajo como ciertos hombres que quieren tener el control del juego, no haría tal cosa como compartirle una reflexión que coloco en el borde de mis labios. —Magos, muggles, bestias, usamos máscaras. El capitolio, en especial el ministerio, es un baile de mascaradas. Me ves a mí con la máscara de lobo, a otro ministro con un elegante antifaz, otros tantos usando caretas bajo las cuáles…— digo, —nuestros intereses dan a más de uno, el verdadero rostro de un animal codicioso— suspiro, —solo soy un lobo olisqueando, inquietando, para saber qué hay debajo de las máscaras…— termino el comentario con una sonrisa que lo cierra como un desvarío innecesario a la conversación, ¿un vago intento de explicarme? Y no creo que llegue a decir nada de mí.

Muevo mis cejas hacia él, puede que me arda la garganta más tarde por el veneno que soy en mi misma, por lo que estoy a punto de decir sobre mi definición hacia él que le sorprende. —Es un halago— contesto, —aunque un halago que nos coloca en extremos muy opuestos de batalla, aunque estemos en el mismo bando—. Si él es alguien de maneras finas, las mías serán siempre bruscas, incluso si me retiro de la pelea, si dejo las armas, si guardo mis manos en los bolsillos, mi boca, mi maldita boca, hará que sea siempre alguien que pelea honesta y bruscamente. —Si es así como piensa, si sabe dónde colocar correctamente la culpa, creo que está claro que pudo asumir y aceptar lo pasado, lo que quiere decir que no me queda mucho más que hacer por aquí— anuncio, incorporándome de la silla que resistió mi peso y la mesa que resistió esta conversación, —por mi parte todavía tengo un pasado que remediar, agradezco los muebles, lo hacen posible— se lo digo aunque no logre entenderlo nunca, cómo el reemplazo de los muebles viejos de la casa en el distrito dos por estos, significaban un antes y un después a todo lo que ha sucedido entre esas paredes. Tiendo mi mano hacia él para estrechársela. —No creo que volvamos a vernos, Edward— me despido, —si es cierto que estos muebles pueden durar cincuenta años, no habrá razón para que vuelva— desprendo mis dedos para poner distancia y regresar a la caja en la que podría haber liquidado esta compra hace un rato. —Será lo mejor, no quiero ser una mala influencia para tus maneras finas— de todo lo que he dicho, puede que sea lo menos ofensivo y al ir a pagar la compra para abandonar el negocio, todo lo que deseo es poder retirarme sin tener que preocuparme por mi espalda al menos en esta ocasión.
Anne Ruehl
Anne RuehlCiudadano

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