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As forgotten souls are lost in an empire ▸ Logan

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Mensaje por Phoebe M. Powell el Lun Oct 05, 2020 11:28 pm

Finales de octubre


Hay diferencias claras entre los distritos del norte, del centro y del sur, se puede ver en la gente y, primordialmente, en las calles y viviendas, donde en los primeros tienes suerte de encontrar un edificio de más de dos pisos que se mantenga en pie y en los últimos los rascacielos son casi tan populares como en la propia capital. Así como en las ciudades más ricas las personas gozan de ropa abrigada y de llevar la última novedad puesta, en las pobres escasean los abrigos que puedan proteger del frío que empieza a azotar a mediados de otoño, como el recuerdo de que pronto empezará a caer la nieve y no es solo un lugar donde dormir por lo que tienen que preocuparse, sino también de cómo defenderse en la calle cuando frecuenten las ventiscas. No es sorpresa para mí entonces encontrar que también haya distinciones notorias entre los centros de acogida de unos distritos a otros, acorde a los ingresos y estilo de vida de cada uno, y aun así me entristece comprobar que en ninguno de los orfanatos que he visitado desde que tomé el puesto como directora de los servicios sociales esté a la altura de lo que hubiera esperado.

Yo misma estuve en un hospicio en su día, apenas un par de años escasos durante mi época como estudiante en el Prince, y puedo decir desde la experiencia que no hay mucha diferencia entre vivir en la calle y un orfanato en el distrito once. Hubiera esperado que visitando el resto de centros a lo largo del país la cosa hubiera cambiado, más con el tiempo que ha pasado desde entonces también uno hubiera creído que el personal al mando habría tratado de hacer algo por mejorar las condiciones en que viven muchos más niños de los que me gustaría, pero no, ni siquiera se percibe el esfuerzo por querer cambiarlas. Creo que es mi deber al tomar el trabajo el hacer un recorrido por los distintos orfanatos, ver de primera mano cómo están las cosas para hacerme una idea de todo lo que hay por mejorar, que no es poco, y eso solo constituye una parte de mis tareas como nueva directora. Planeo hacer un segundo viaje al norte para analizar caso por caso los que requieran de una ayuda más personal, pero para eso le pedí a David que me acompañara.

Mi compañía de hoy es alguien que también conoce de la experiencia de vivir en acogida, ni más ni menos que mi cuñado, padrino de mi hijo y hermano de mi esposo. —Pensé que te gustaría acompañarme— digo, segundos después de cruzar la entrada del orfanato del distrito siete me doy cuenta de que quizá no fue mi pensamiento más inteligente del mes, pero ahora no es momento de dar la vuelta. —Ya hablé de antemano con la encargada antes de venir, así que no tenemos que preocuparnos porque nos reciban, echaremos un vistazo, quiero ver como funcionan aquí antes de proponer mejoras y ver con qué nos encontramos siempre es un buen punto por donde empezar— le sonrío, aunque la tirantez de mis labios delata que estoy tratando de frenar los nervios de exteriorizarse. —¿Cómo te sientes?— pregunta estúpida donde las haya, pero es lo único que se me ocurrir preguntar cuando atravesamos el extenso hall principal, por el momento libre de niños.
Phoebe M. Powell
Phoebe M. PowellDirector del Servicio Social

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Mensaje por Logan Thornfield el Mar Oct 06, 2020 7:08 pm

Hay lugares que despiertan sentimientos que nada tienen que ver con el lugar en sí, sino con otro que se evoca, después de todo hay sitios que se parecen por detrás de lo diferente de sus fachadas, pese a que sean otros nombres que se presentan y otras las manos que estrechamos, pese también a lo distinto que sean los corredores, las puertas, a que el barullo que hacen los niños en otras habitaciones no sean las mismas voces de la infancia. Pero volver a un orfanato me provoca lo mismo a poner un pie en aquel donde una noche nuestra madre nos dejó, Charles era entonces unos centímetros más bajo que yo, Eugene un bebé que no podía pararse sobre sus pies, y yo mismo, esmirriado como siempre fui, más terco que cualquiera de ellos dos en la creencia de que nuestra madre volvería. Más terco porque al ser mayor cualquiera pensaría que fui el primero en renunciar a la idea, en el momento mismo que ella se marchó, pero no fue así. Poder reconciliarme con Eloise, verla seguido, almorzar con ella, su marido y su hijastro, que a la misma mesa en ocasiones puedan sentarse también Phoebe y mi sobrino, debería hacerme más fuerte para enfrentar con entereza este momento, pero no es así.

Y de todas maneras, agradezco estar. Agradezco la llamada de Phoebe que me sacó de los trabajos de los chicos que estaba corrigiendo, bajo los cuales puedo pasarme horas,  semanas, atinando de vez en cuando a llamarla a mis padres, a ella para preguntarle por Hayden o a la misma Eloise, así al menos saben que sigo vivo, tal vez un poco ensimismado en mis cosas, para reforzar lo que muchos ya saben y es que me acostumbré demasiado a estar solo. De un lugar muy parecido a este vinieron a buscarme el matrimonio Thornfield, el recuerdo de aquellos rostros amables me conmueve hasta el día de hoy, que arrugas surcan sus rostros y mi madre no ha perdido la misma intensidad verde de sus ojos, así como mi padre la calidez en sus ojos azules. —Es fuerte— reconozco para mi cuñada en un susurro, —puede que en cualquier momento haga falta que me sostengas— muestro una sonrisa para tranquilizarla, a pesar de toda la emoción que me embarga en este momento, que se torna angustiante por la manera en que me llena y no parece encontrar manera de expresarse, ya que tengo el cuerpo tenso y las manos en un constante abrir y cerrar de los nervios. —¿Y tú cómo te sientes?— le pregunto a la espera de una respuesta sincera. —Puede que estemos aquí como adultos, tú como directora, yo como profesor si quieres, ¿pero no lo sientes como si fuéramos dos niños entrando a un lugar que nos inspira tantas cosas? La necesaria visita que nuestros niños debían hacer…— musito, claro que no conozco todos los detalles del pasado de mi cuñada, pero no hace falta saber mucho de psicología para saber que todos tenemos dentro un niño que sigue hablándolos y a veces pidiéndonos que visitemos esos lugares a los que tenía miedo, que busquemos a esas personas que amaban, porque siendo adultos, grandes, ahora podemos hacerlo.
Logan Thornfield
Logan ThornfieldProfesor del Royal

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Mensaje por Phoebe M. Powell el Miér Oct 07, 2020 11:54 pm

Le sonrío con una calma que pretende evadir muchos de los recuerdos que encontrarse aquí deben traerle, incluso cuando soy consciente de que no tiene caso cuando son experiencias que marcaron tanto como que de no haber pasado por aquí, hoy seríamos personas distintas. —Si en algún momento encuentras que es demasiado, siempre podemos dar la vuelta— propongo, aunque en ningún momento me opongo a que me use de bastón si es que lo necesita de verdad. Reconozco que puede resultar abrumador y más que un choque de realidad, enfrentarla con todo lo que supone que esta vez nos encontremos del otro lado de la puerta, como visitantes y no como huérfanos. En nuestro caso, ninguno lo éramos, solo fueron las circunstancias de la vida y de personas que, incumpliendo su rol como figuras paternas, nos trajeron hasta aquí. Me sigue dando respeto el haber aceptado a tomar la responsabilidad de todos estos niños que probablemente estén sufriendo consecuencias parecidas a las nuestras, cuando hay tanto para mejorar y tan pocos dispuestos a que el cambio ocurra para ellos.

Visité el orfanato del once hace un par de días, no te voy a mentir, encontrarlo en iguales circunstancias, o casi peores, que la última vez que puse un pie allí resultó un poco devastador— admito, dejo de lado los pensamientos que pudieron conmigo las tardes posteriores y me limito a contestar con lo que no creo que sea sorpresa para ninguno. —Pero sí, creo que es una de esas cosas que tienen que hacerse, no sé si como forma de dejarlo atrás, pasar página como quién dice, pero para entendernos a nosotros mismos, por qué somos como somos y de qué modo nos afectó el vivir en un lugar como este. Estar en paz con eso sí pienso que sea importante— desconozco si me he explicado como me hubiera gustado hacerlo, estas cosas siempre suenan mucho mejor cuando las piensas en tu cabeza, es después con la reacción del otro que tienes que fijarte en si llegó a captar el mensaje. —¿Cómo te veías tú en el futuro estando aquí? ¿Eres quién pensabas que serías?— aparto la mirada del extenso pasillo que parece no tener final para analizar la expresión en la suya, esperando que no sea una pregunta demasiado personal, porque es la clase de consulta que le hubiera hecho a Charles de poder estar aquí también.

Con un gesto de mi cabeza indico hacia dónde vamos a ir, como si conociera este edificio como la palma de mi mano, cuando lo único que hago es seguir la escalera de madera escalón a escalón hacia arriba hasta encontrarnos en el primer piso. No hace falta atender a las indicaciones en las paredes para conocer que se trata de los dormitorios de las niñas en esta planta, las puertas señaladas con letras que asumo irán ordenadas por orden de abecedario. Para ser un lugar frecuentado por menores, el pasillo se encuentra en silencio y hace de mis pisadas unas intrusas cuando me muevo para tirar de la manija de una de las puertas, colándome dentro. Descubro al acercarme a la ventana que la razón por la que no hay ninguna cabeza correteando por aquí es porque se encuentran en el patio interior, aprovechando los últimos rayos de sol del día. —Quisiera hacer una diferencia, sin sonar demasiado hipócrita al decirlo cuando probablemente quien estuviera antes en mi lugar también lo pensó al tomar el puesto— confieso, alejándome de la ventana para echarle un vistazo al cuarto compartido por varias —, pero sé lo que es estar entre estas paredes y sentirte... basura que nadie quiere, no le deseo ese sentimiento a nadie, mucho menos a niños inocentes que no tienen la culpa de estar donde están y para ellos es lo primero que piensan al levantarse por las mañanas— ¿por qué estoy aquí? ¿qué hice para no estar en mi casa? Si es que conocen algo como eso siquiera, y siendo que me pasé la mitad de mi vida sintiéndome culpable precisamente por eso, creo que sé una o dos cosas sobre el tema.
Phoebe M. Powell
Phoebe M. PowellDirector del Servicio Social

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Mensaje por Logan Thornfield el Miér Oct 14, 2020 6:27 pm

Si llego a sentir que es demasiado— digo, mirándola de lado con una media sonrisa, —¿no es una razón aún más fuerte para quedarme? Si un lugar no te inspira nada, es solo una baldosa que pisar. Pero si un lugar logra conmoverte, ¿no es porque había algo que pedía por volver a ese lugar?— pregunto, meditabundo de una manera en la que suelo confundir a mis estudiantes cuando están sentados del otro lado de mi escritorio como consejero, planteándole interrogantes para los que no todos encuentran la respuesta, porque independientemente del tiempo en que un interrogante pueda plantearse, la respuesta solo se encuentra cuando está listo. Y es así como me siento, con las rodillas temblándome por cada paso que doy, este es el momento en que me siento listo para volver a pisar el orfanato, cuando mi reconciliación con Eloise nos ha permitido acercarnos, mis hermanos crecieron, cada uno a su manera está cumpliendo con su camino sobre lo que no tengo voz ni opinión para decirle a la vida sí debe o no ser así, la presencia de un sobrino en la mía para vernos a nosotros mismos, Eloise, mis hermanos y yo, en la extensión de otra vida.

Mi sonrisa se dobla en una mueca de disgusto al enterarme de las condiciones en los orfanatos sobre las que no hubo mejoras, son los lugares olvidados, de niños olvidados, en todos los sentidos, por todas las personas. Y debo reconocerlo, me siento en falta yo también, como si yo también los hubiera olvidado. —Son los lugares que nadie quiere ver, ¿no? A nadie le gusta ver lo que de la peor manera le muestra su miseria, lamentablemente a la mayoría de las personas nos queda cómodos apartar la vista, se necesita de una valentía que pocos tienen poder mirar la realidad— murmuro, la mayoría del tiempo, ninguno de nosotros, quiere ver la realidad. Ni los que dicen hacerla, la empañan con sus propias ideas de las cosas, sosteniendo como una verdad lo que es una mentira que se repite cada mañana. —Tampoco creo que lo hacemos para dejarlo atrás— coincido con ella, —lo hacemos porque hemos venido a hacer algo, ¿no? No sé si decir que estamos en deuda con este lugar, con los niños que fuimos, no sé si deuda es la palabra… pero si hemos pasado por lo que pasamos, si todo lo malo, lo bueno, la parte del mundo que conocimos, ¿todo eso en realidad no está llevándote a un lugar que muchas veces es uno en el que empezaste porque hay algo que debes hacer y necesitaste pasar y aprender de todo eso?— inquiero, siempre he sido alguien que piensa mucho, tengo largas conversaciones en solitario conmigo, no es raro que estas paredes vuelvan a abrumarme de preguntas que demoré tiempo en contestar. —No, no soy quien pensaba que sería. Pensé que iba a mantenerme con mis hermanos, eso era todo lo que pensaba— susurro, y escuece en la soledad que de ratos no sé si es elección mía o un estado al que me acostumbré.

La sigo por el pasillo de los dormitorios, explorando con mis ojos cada detalle de la habitación que puedo apreciar cuando abre una de esas puertas y por un momento, espero encontrar dentro de mis hermanos conmigo. Pero no son paredes grises las que veo, sino de un gastado rosa que va a juego con una decoración claramente pensada para niñas, aunque me roba una sonrisa encontrarme con un coche bastante rudimentario para ser el de algunas de las muñecas, entre los juguetes que quedaron sobre la alfombra vieja que debe estar cubriendo alguna mancha en el piso. Recojo un gato hecho a crochet, paso las yemas de mis dedos por ese cuerpo de mil cadenetas, la textura áspera de la lana tras tantos lavados. —Cuando Eugene nació, esperaba que fuera una niña, me sentí muy decepcionado al ver que otro niño. Siempre quise tener una hermana…— murmuro, y la tengo, la conocí, es hermosa. Tan parecida a Eloise. Distantes entre sí por razones que desconozco y en las que no quiero inmiscuirme, así que no he vuelto pese a mis visitas a la que ahora es la casa de mi madre y comparte con su marido. Escucho lo que ella me dice sobre los sentimientos infantiles que duermen en estas camas, asiento con mi barbilla. —Se trata de resiliencia— digo, es un concepto con el trabajo como consejero. —No podemos evitar que haya niños que pasen por esto, que haya padres que tengan hijos de manera irresponsable o los violenten, es más grande que nosotros, nos supera. Ni aunque tomemos la propia decisión de no tenerlos— que es mi caso. —No se pueden evitar los males del mundo, así de simple. No puedes evitar que haya un padre diciéndole a un hijo que todo en su vida será una mierda o haciendo algo que lo lleve a creer eso, pero la resiliencia se basa en que al menos hay una persona en el mundo que se acerca a ese niño y le dice que podrá lograrlo. Cambias la vida de una persona cuando le haces ver qué tiene de bueno en sí y cómo eso puede servirle para cambiarla, aunque ese algo bueno— la miro, —puede que surja de algo malo, pero la mayoría de las cosas buenas que experimentamos como la compasión, es poder haber atravesado esa misma experiencia.
Logan Thornfield
Logan ThornfieldProfesor del Royal

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Mensaje por Phoebe M. Powell el Sáb Oct 17, 2020 1:58 am

Si es conmoción, sí, hace falta para poder enfrentar lo que se presenta a la vista, en especial cuando se trata de recuerdos tan sensibles…— concuerdo con un movimiento ascendente, pero débil, de mi cabeza, sigo con la mirada el recorrido de una pared manchada por los años hasta que puedo observar sus ojos y le devuelvo la sonrisa, una que permanece unos segundos en mi rostro hasta que se pierde —Pero yo me refiero a cuando se siente tan fuerte que no puedes sostenerlo dentro de tu propio cuerpo, cuando los sentimientos te nublan la cabeza y eres incapaz de pensar con claridad, cuando de un momento a otro solo ves negro, no hay ninguna luz que le haga frente a la oscuridad, eres tú solo con tus pensamientos, y pueden ser mortíferos...— voy bajando el tono de mi voz conforme hablo, a medida que el silencio va haciéndose hueco en la habitación y ayuda a explicarme como no lo he hecho al principio. Creo que no soy la única en esta habitación que ha dejado que los sentimientos tomen decisiones por mí, por mucho que vea a Logan como una persona que ha sabido reconstruirse sobre el camino inicial que le marcaron, también es alguien que ha pisado por terreno inseguro en más de una ocasión. —Me refería a eso— sonrío, por incoherente que pueda parecer, solo para tratar de transmitir que por esa misma razón en esos casos donde es demasiado, tomar una pausa también está bien.

Repito el gesto de mi cabeza al coincidir silenciosamente con el punto de vista que, con mucha lástima, se tiene que reconocer forma parte de la mayoría de la población de este país. La pobreza nunca fue un problema para aquellos que han gozado de privilegios durante toda su vida, ninguna de sus consecuencias en la vida de los más desafortunados les importa lo suficiente como para dedicarles siquiera un pensamiento diario, mucho menos para impedirles el sueño por las noches. —Lo que muchos creen al apartar la vista es que esos problemas desaparecen, si miran hacia otro lado, si no lo ven, no forma parte de su realidad, y al final esa es la que les importa— no sé por qué hablo como si no perteneciera a ese grupo social, cuando desde hace un tiempo que yo también he apartado la vista de lo que una vez constituyó mi día a día. Es egoísta, me hace sentir culpable por obvias razones y la molestia en mi estómago poco tiene que ver con el olor que se aprecia en el dormitorio. —Pero sí siguen ahí, los niños que se mueren de hambre en el norte todos los días, los que no pueden llegar a fin de mes, los que tienen frío por las noches o los que tienen que soportar gritos de los padres bajo las sábanas de su cama— se me hace complicado no proyectar sobre mi propia experiencia, como una llaga que no es que siga abierta, sino que simplemente está. Supongo que tomamos lo que conocemos como referencia, como lo hizo mi hermano al convertirse en abogado, esta puede ser mi forma de sanar y dejar que la herida deje de escocer. —No lo sé, Logan, si pudiera ahorrarles todo esto a los que están aquí, y a los que están allá, por mucho que pueda utilizarse esta vida como aprendizaje, lo haría— no lo pongo en duda ni un solo segundo, que de todas las lecciones que hay por aprender en la vida, pueden ser otras, no esta, no este estilo de vida. —Pero no puedo hacerlo, así que supongo que sí, la respuesta sigue siendo que sí, mejor tomárselo como un capítulo que hay que pasar, antes de dejarlo a medias y permitir que nos arrastren toda la vida páginas sin terminar— admito.

Tiro de la cortina para tapar la ventana y evitar que el frío penetre en la habitación más de lo que el cristal que no parece de muy buena calidad pueda dejar entrar, echando un último vistazo a los niños que juegan en el patio. Mi atención se encuentra centrada en la figura de mi cuñado cuando habla, sonrío por esa confesión que me llega como la de un niño decepcionado por no conseguir una hermanita, no de la forma en que él la quería. —Sé que no es lo mismo, nunca será lo mismo, pero puedo ser tu hermana, técnicamente lo soy, ¿no?— dejo asomar una sonrisa liviana, que demuestra la sinceridad en mis palabras. Estoy casada con su hermano, puede que no sea de sangre, pero eso me hace indiscutiblemente su hermana por ley. Dejo mi bobo pensamiento a un lado cuando toma la palabra y esos segundos me dedico solamente a escucharle, ni siquiera paseo mi mirada por la habitación, sino que se centra en el propio peluche que carga entre sus manos. —Quiero hacerlo bien, soy consciente de que la mayoría de estos niños ya están dañados, que ya han tenido un evento traumático en sus vidas que los ha marcado, y esa marca, por mucho que terminemos aceptándola, seguirá estando por mucho tiempo— y en muchos casos, ni siquiera llegará a desaparecer —Es distinto el sufrimiento para los menores de lo que es para cuando somos adultos, siendo niños puede pasar desapercibido, porque no lo entiendes, en la infancia tendemos a bloquear ciertas emociones sin darnos cuenta, nos volvemos muy dependientes de las de los demás, y es cuando ese niño crece que luego tiene que aprender a lidiar con todas esas emociones reprimidas— me hago responsable de los casos que he atendido desde el Royal, nunca de manera directa, pero que incluso así he podido ver los efectos del trauma desde un foco que tiene a otros como protagonistas. —Quiero aprovechar esta oportunidad para reducir al mínimo ese impacto, que puedan seguir con sus vidas, no que sea una carga que los defina por el resto de ella.— porque no, el daño es inevitable y nadie está exento de él.
Phoebe M. Powell
Phoebe M. PowellDirector del Servicio Social

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Mensaje por Logan Thornfield el Dom Oct 18, 2020 5:11 pm

Es espontáneo mi gesto de pasar un brazo sobre sus hombros para darle un medio abrazo que la reconforte cuando sus palabras me hacen conocer lo que ha tenido que pasar ella con su mente, en una extraña empatía conmigo, es cierto que podemos entender los sentimientos de otros en la medida en la que hemos sido capaces de experimentarlos por propia cuenta y que hay personas más sensibles que otras, no por naturaleza, muchos culpan a la naturaleza, por haber hecho carne de las experiencias. —Phoebe, estuve en esos lugares que describes, estuve solo en ellos, seguiré solo en ellos, y seguir de pie, seguir avanzando, es lo que aprendí a hacer— susurro, no es algo que quiera decir en voz alta, no quiero tampoco que crea que ella, mi hermano y mi sobrino pueden hacer algo respecto. Es una decisión, una realidad, una verdad dentro de mí. Froto su hombro para darle ánimos, necesitamos transitar estos pasillos sin que las piernas se nos doblen. —Hemos andado mucho como para que este camino nos haga vacilar— murmuro, y pese a lo bueno que puede ser contar con un apoyo, dejo que sea quien me muestre por donde ir y me limito a seguirla con mis ojos en las paredes, solo mis pies en plena consciencia de lo determinante de cada paso.

Me apropio del juicio que hace sobre la mayoría de las personas, yo deposito mi mirada sobre el lado más amable de la infancia y la adolescencia, las escuelas. Mi interés por los estudiantes con problemas fue mi manera de tratar de conectar con las realidades que podía llegar a entender. No tuve el coraje como para venir antes a los orfanatos, a dar la cara y enfrentar mis ojos a niños que cargan con una herida sin tener la edad aún para explicar sus emociones y poder abarcar en palabras todo lo que implica sentir dolor. O no, no es eso. Pasa que con sus palabras tan básicas son francos, directos y contundentes en decir qué les duele, dónde les duele, lo que muchas veces no queremos escuchar, así como no queremos ver, nos escondemos en la ignorancia por nuestra propia cobardía. —El mundo seguirá siendo mundo, también me gustaría barrer con un huracán todo lo malo y dañino, pero es parte del mundo mismo…— murmuro, —hay cosas que inevitablemente pasarán, realidades que a quien tocará vivir, si en algo podemos ayudar… es que un daño no se convierta en un dolor irremediable—. Duele escuchar sus voces en el patio, escucharlos tan animados al jugar, duele porque cada uno se acuesta a dormir por las noches en estas camas cuyas almohadas guardan sus propios miedos y a nosotros el miedo nos paraliza, cerramos los ojos, cubrimos nuestros oídos, por miedo los hicimos invisibles, los dejamos solos con sus miedos.

Doblo mis rodillas al no poder sostenerme en pie y uso los juguetes en el suelo como excusa para agachar la cabeza, sonrío sin que pueda verlo, aunque en mi voz se aprecia la sonrisa. —Lo eres— contesto, —desde el día en que te sentaste con nosotros en la misma mesa cuando Eloise fue a pedir perdón— recuerdo, pese a las cosas dichas ese día que pudieron haber causado rispideces entre nosotros, llevándonos a un mal desenlace, las personas presentes en esa habitación conforman lo que puedo llamar familia cuando lo pienso del lado de Eloise Leblanc, quizás la ausencia de mi media hermana ese día sea lo que impide poder incluirla en ese cuadro y somos tantos los cabos sueltos por el mundo, que no puedo forzar ese vínculo sino sucede de manera natural. Profundizo mi sonrisa hacia el muñeco que tengo en las manos cuando su deseo es lo que se corresponde con la resilencia que estos niños necesitan desarrollar. —Podrás hacerlo— le aseguro, me llevo uno de los muñecos cuando vuelvo a ponerme de pie así la miro al seguir hablando. —Me han acusado más de una vez de ser un romántico, lo que voy a decirte no quiero que creas que lo digo desde esa actitud ilusa— pido, —pero cuando el daño ya está hecho, la herida ya se abrió, en un mundo donde te piden que calles, que no llores, que no sientas, porque tenemos la arrogancia de creer que contamos la razón para decirle a otros que deberían hacer con sus vidas en una nula empatía a sus sentimientos, porque pedimos a un niño que no llore antes de preguntarle por qué llora, el amor que puedas dar ayudará a cicatrizar esa herida, no la borrará, nunca la borra, pero en mundo donde dar amor te convierte en un estúpido, están los invisibles y los olvidados que lo necesitan a raudales. Y quizás dar amor se trata de eso— entonces sí me corro de su vista, camino hacia una repisa inestable al lado de la ventana, escasa de libros rasgados y con páginas sueltas, entre los que tomo el que tiene en una tapa a la señora Mooncalf, la que cría y educa a una camada de wampus, —no dárselo a quien lo convierte en un circo de vanidad, sino a quien necesita recibirlo para poder darlo en respuesta, todo, todo lo que tiene para dar— no miro el libro sino a los niños que están en el patio y más allá de ellos.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Lun Oct 19, 2020 12:22 am

Sonrío al recibir el abrazo como un gesto cariñoso, uno que hace tiempo no siento de los brazos de nadie y hasta se siente extraño el sentimiento. —Lo sé— es lo único que puedo atinar a decir, soy tan consciente como él que llegados a este punto no merece la pena regresar sobre el camino andado, toca enfrentarse a lo que viene, como ha sido siempre, nunca se trató de volver sobre nuestras pisadas, sino de seguir hacia delante, pese a las ganas de tirar la toalla, pese a no tener de dónde aferrarse para continuar de pie un día más. Hemos llegado hasta aquí, no hay duda de ello, como tampoco la hay de que el mundo seguirá siendo mundo, como él dice, como asiento con mi cabeza para reconocerlo. —Nunca he sido una persona especialmente optimista, tu hermano seguro te lo habrá dicho en alguna ocasión— porque siempre ha sido una falta que se me ha señalado, incluso Charles, que es el único que ha dejado pasar mis errores, también lo ha hecho notable. —, pero no planeo que sea mi visión sobre esto, ya no es por satisfacción personal, de sentirme útil haciendo algo que pueda cambiar las vidas de estos niños, sino por ellos— estoy segura de que ya escuchan a diario de las personas más desagradables que nadie va a mirar por ellos, como no lo hicieron por mí, como no lo hicieron por otros, como para convertirme en esa figura que los desaliente.

Cuánto han cambiado las cosas desde entonces, desde que nos sentamos en esa mesa con personas que para mí eran desconocidas, para los hijos de Eloise también lo era ella, una extraña, y aun así nos reunimos con intención de conversar sobre la vida y sus decisiones. Pasaron muchas cosas, desde el asalto a la alcaldía donde pensé que perdería a otro hijo, hasta recibirlo y también tener que despedir a su padre. Los meses han seguido volando, a veces se hace irreal su recuerdo, como si nunca hubiera estado ahí, solo son unos segundos hasta que mi hijo requiere de atención y puedo ver en sus ojos que sí estuvo ahí, que sigue estando pese a no verlo, no tocarlo y no sentirlo. Uno no entiende las religiones hasta que tiene que vivir también a base de un recuerdo, de una imagen, un dibujo. Podré hacerlo. No es lo que esperaba escuchar, pero sí es definitivamente lo que necesito en este momento, así que por eso sonrío. —No tengo mucho dinero, tampoco soy la persona más inteligente y soy plenamente consciente de que no soy perfecta, pero si puedo hacer esto, si puedo en este tiempo que se me conceda mejorar la calidad de vida de al menos un niño, solo uno, creo que habrá merecido la pena— no puedo esperar resultados de la noche a la mañana, no cuando soy todavía tan inexperta en el sistema y cómo funciona, podría pedirle ayuda a mi hermano con esto si no supiera que se encuentra demasiado ocupado como para prestarme atención, así que es una buena cosa que tenga un amigo abogado que me ayude en mis primeros pasos.

Con un gesto de cabeza indico que vamos a salir de la habitación, solo para entrar a la siguiente y echarle un vistazo, como hacemos con la puerta de al lado y así hasta que he hecho un repaso de todos los dormitorios del piso. No hay diferencia alguna entre ellos, todos son pequeños, viejos y dudo mucho que la calefacción funcione como debería, como para calentar las sábanas por las noches. —Lo primero que quiero hacer es desarrollar un plan de mejoras, no todos los distritos tienen los mismos presupuestos y sé que la situación del país no va a mirar por los desfavorecidos en un momento como este, así que se tratará principalmente de estrechar lo que ya están usando— que, por alguna razón, me huele a que el sistema de orfandad en Neopanem está tan mal estructurado que la mitad del dinero termina en manos corruptas en lugar de en lo que se debería invertir. —Mohini me está ayudando con eso, nunca se me dieron bien las matemáticas, pero no quiero entorpecerme nada más empezar— explico, subiendo las escaleras un piso más arriba. Realmente estoy intentando que esto salga bien, incluso cuando todavía no me he reparado en todos los inconvenientes que probablemente me pongan.
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Mensaje por Logan Thornfield el Mar Oct 20, 2020 8:04 am

La miro cuando habla de sí, carente del optimismo que en estos días me pregunto ¿quién lo tiene en verdad? ¿Quién lanza gritos al vacío, quién sigue embargando partes de sí mismo por causas perdidas? —Pienso que verlo lo práctico a todo, tratar de ser útil desde lo que se puede, será siempre mejor que movernos entre los extremos del pesimismo o el optimismo, que ninguno es bueno por sí solo…— murmuro, en vez de decirle que no, de que Charles no me lo dijo, en las relaciones de hermanos se dan muchas cosas por sobreentendidas, pero entre nosotros faltaron las charlas que me permitieran conocer qué pasaba por sus mentes o motivaba sus decisiones, desconozco mucho del mundo interno tanto de Charles como de Eugene, si apenas sé de ellos por suposiciones o comentarios al pasar, lo mismo me ocurre con Phoebe. No lo digo porque sería volverlo una cuestión de pendientes familiares cuando la razón de nuestra presencia en este lugar son personas ajenas a nosotros mismos.

De las tres cosas que mencionaste— murmuro al apartarme de la ventana y retirar mi mirada de los niños que corren tratando de atrapar a otros, —ninguna es importante para ellos— sonrío al guardar las manos en mis bolsillos para encaminarme hacia la puerta con los ojos bajos. —Cada vez que te miren, cada vez que vayan hacia ti, lo único que buscarán es que tus brazos estén abiertos…— sigo, recuerdo mi primer encuentro con el matrimonio Thornfield, había algo en la manera que se miraban cada vez que el otro hablaba, una manera que me compartieron cuando posaron sus ojos en mí. —Siempre creeré que los niños por la única medida que se rigen es de cuánto amor una persona es capaz de dar, si lo notas, desdeñan a quienes desdeñan de ellos, se aferran a quienes se aferran a ellos…— musito, —dejando absolutamente de lado lo que puede ser el vínculo con los padres, en el fondo nuestros niños internos siempre serán víctimas de la espera de ese amor…— demasiada psicología a tener en cuenta como para que puedan malinterpretarse mis palabras y creer que lo tengo todo tan claro, es lo contrario, me asustan la mayoría de las cosas que se refieren a los niños, que incluso sus espacios íntimos como los dormitorios los voy explorando tímidamente.

¿Puedes conseguir benefactores privados, no?— sugiero, reconozco que lo hago por haber sido criado en un círculo donde las personas tenían el dinero suficiente como para querer oficiar de mecenas o benefactores de una que otra causa. —El ministerio tiene sus cuentas dirigidas hacia la guerra con los llamados rebeldes, pero no se ha pedido aún a las familias con solvencia económica que embarguen sus propias fortunas. Es un dinero privado que sigue dando vueltas, ¿por qué no apelar a ellos? No quiero que lo malinterpretes, no quiero que te niegues de antemano a la ayuda económica que puedan dar las mismas personas que hacen la vista gorda de estas realidades— la atajo, porque querer hacer algo bueno por otros, suele regirse por tener bases igual de nobles, lamentablemente las buenas causas así se encuentran con pocos recursos y los cambios decisivos requieren de una inversión cuantiosa. —Pero si el mundo es el mundo, si hay cosas que no cambiarán, es bueno conocer las reglas y hacer tu propio juego con los recursos a mano. Necesitas del dinero, habrá una o dos personas que puedan aceptar involucrarse—. Cuido de no tropezarme con los escalones, cuando agrego: —Por ejemplo, podría hablar con Abbey. Por el lado del ministerio, dudo que pueda conseguir que la vicepresidenta ceda un poco más del presupuesto a tu oficina. Pero la fábrica de varitas Road podría destinar un poco a la beneficiencia y ayudarse así con los impuestos.
Logan Thornfield
Logan ThornfieldProfesor del Royal

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Mensaje por Phoebe M. Powell el Miér Oct 21, 2020 7:59 pm

Sé que no es importante, pero en cierta medida puede resultar limitante a la hora de trabajar, no por ellos, sino por mí misma. Aun así sonrío, porque tiene razón y es precisamente lo que deseo volcar sobre ellos habiendo tomado este puesto, que no planeo ser una figura ausente ni mucho menos, tengo experiencia con las promesas vacías y no pretendo convertirme en una. —Lo sé, aunque parezca mentira, nosotros también fuimos niños en su día y también fuimos lastimados, creo que puedo llegar a entenderlos mucho más de lo que pude hacer como profesora en el Royal. No... sentía que fuera mi lugar, Eloise fue lo suficientemente amable como para permitirme dejar el puesto que una vez me impuso a la fuerza, aunque no diré que no tuve tiempo de pensarlo— explico. En mi vida hay demasiadas variables ahora mismo a tener en cuenta y no puedo tomar ninguna decisión a la ligera, pero creo que haber dejado una de las instituciones más clasistas del país es un paso en la buena dirección. Desconozco si el ofrecimiento de Eloise viene a raíz de que ahora soy madre de su nieto y eso nos hace familia, a diferencia de cuando me forzó a tomar el trabajo como profesora, pero esto último no lo menciono.

No lo había pensado— reconozco, tímidamente al principio, por no haber jugado con esa posibilidad pese a no haber tenido tiempo todavía de hacerme con todo lo que hay que mirar —, pero no me parece una mala idea. Tengo un montón de ideas para hacerle frente a este presupuesto limitado, que sé que el gobierno no va a ofrecer ni un solo galeón extra a estas facultades cuando estamos en medio de una guerra— incluso cuando los más afectados son, indiscutiblemente, las personas que no se pueden permitir ciertas cosas y los obliga a tomar decisiones que puede que no tomarían de tener otra opción —Pensaba recurrir a promover voluntarios y organizaciones de beneficencia, en especial ahora que se acerca el invierno, con las navidades a la vuelta de la esquina...— no, no es lo primordial estando las cosas como están y sé de sobra que lo material no cubre todas las necesidades, pero no dejan de ser niños, siendo adultos perdemos la ilusión fácilmente, pero a su edad cualquier cosa, por mínima que sea, es capaz de sacar una sonrisa de sus rostros.

¿Crees que Abbigail aceptará a hablar conmigo si se lo propongo? No somos especialmente íntimas— digo, marcando esa palabra como quien dice otra, porque entre la vicepresidente y yo, lo que se dice relación amistosa no es que tengamos, si la última vez que estuvimos juntas en una misma habitación amenazó con llevarme a juicio por traición al estado, así, muy discretamente como es ella, pero clavando bien los cuchillos. —Quizá podría hablar con alguno de los Helmuth, no sé si me atrevería con el esposo de Eloise, ni con una de sus hermanas menores, pero tengo entendido que una de ellas lleva el negocio familiar desde hace tiempo, puede intentar sacar algo de ahí— propongo, pensando en voz alta.
Phoebe M. Powell
Phoebe M. PowellDirector del Servicio Social

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Mensaje por Logan Thornfield Ayer a las 6:05 am

No hay manera de que tome con humor el cambio radical en el trato que tenían entre Eloise y Phoebe, mi boca se dobla en una mueca, no en una sonrisa, y la mantengo por lo extraño que se ha dado todo. La mayor parte del tiempo veo a mi cuñada solo por quien es, no por hermana de quien, ni hija de quien, de la misma manera en que dudo que alguien al verme, vea en mí a Eloise, a cualquiera de mis hermanos o, incluso, a mi ex esposa. Si nos ponemos a trazar los vínculos y la ruta de circunstancias que colocó a cada quien en un lugar, para que luego todo se altere, acabaremos con un dolor de cabeza. —Recuerdo que lo hablamos una vez— asiento con mi mentón, —quise convencerte de que era una buena profesora y lo sigo creyendo, pero lo que veía en ti como buena profesora, debo admitir que encaja en esta paredes— las recorro con mis ojos, —las llenan— murmuro, acompaso mis pasos a los suyos para darle un suave apretón de afecto en su codo. —Eres una buena persona, Phoebe— digo, —y los niños, ahora puedo decir que en especial estos niños, necesitan de alguien bueno a quien mirar— entonces sí tuerzo una sonrisa hacia ella, es un halago confuso el que estoy haciéndole, —¿lo de que para creer necesitamos ver? Hace falta más personas buenas, para poder creer que las hay— camino a su lado, meditabundo.

¿Qué culpa tiene ella de cada paso me sumerja más profundo en reflexiones porque cada paso es el reconocimiento de un camino ya hecho? —Vivimos en un mundo lastimado, de muchos niños lastimados, que constantemente toman decisiones que lastiman a otros. ¿Sueles escuchar que cuando las personas gritan del dolor a veces parece que lo hacen desde la rabia? Eso hace la mayoría, expresan rabia al sentir dolor. Pocos encuentran la manera de que ese dolor los haga empáticos a otros y puedan…— detengo mi desvarío ahí, —acaso cuando algo duele, ¿no es un abrazo todo lo que se necesita?— pregunto, tan básico como eso. Ese abrazo que nos dimos con mis hermanos cuando Eloise se fue, el que olvidé en los años que siguieron, que los Thornfield me devolvieron con un cariño real que me envolvió el alma. Pero los abrazos equivocados de los que uno no sabe salirse a tiempo, pueden lastimar, tanto que te insensibilizan la piel y cuando hablo de Abbey puedo decir que eso es lo que siento… o no siento, porque no siento nada.

¿Navidad en los orfanatos?— eso me saca una sonrisa, pese a tener a mis padres, tanto a los Thornfield como Eloise, tengo que reconocer que no me sentiría cómodo pasando las navidades con cualquiera de ellos, es una fecha que puede llegar a incomodarme un tanto. —¿Puedo dar por hecho que estoy invitado?— inquiero, porque repentinamente pasar Navidad entre niños huérfanos como yo lo fui suena al mejor plan posible. Y como tengo toda la intención de ayudar a mi cuñada, no a exponerla a una situación que la desanime en sus planes, le aclaro de inmediato. —Yo hablaré con Abbey, no lo hagas tú— que todavía recuerdo la entrevista de los hermanos Powell, detestaría que Phoebe pase por una situación con algo tan delicado en la que Abbey actúe tan despiadada como puede ser, y una vez más, estoy lo suficientemente insensibilizado al trato de Abbey como para hacerme cargo de ello. —¿Hablas de Sigrid Helmuth? Deberías conversar con ella, es la madre de una mis mejores alumnas y una de las mujeres más amables que conozco, siempre te coloca una copa de algo en la mano— esto último lo digo con una carcajada, que no viene a cuento, —estoy seguro de que querrá ayudar y podrás contar con el respaldo de una familia tan firme como los Helmuth— asiento otra vez, no digo de hablar con Nicholas, porque podría mezclarse la relación que tenemos con él por Eloise y mejor dejar los tantos separados. —¿Qué te gustaría armar para Navidad?— consulto. —¿Puedo presumir de lo buenos que somos los profesores de encantamientos con árboles y decoraciones navideñas?
Logan Thornfield
Logan ThornfieldProfesor del Royal

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