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A cup of secrets · Sigrid

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A cup of secrets · Sigrid - Página 2 Empty A cup of secrets · Sigrid

Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Miér Sep 30, 2020 3:02 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Septiembre

Vuelco otro poco de la petaca de whisky a la taza que hace rato dejó de tener el bendito té de tila de Sigrid, ¡qué tila y qué tila! Bebo de un solo trago sintiendo cómo me quema la garganta, mi sagrada madre revolcándose en su tumba seguramente por haber faltado a la regla de beber el café en la sobremesa. Perdón, Agatha, el tema de conversación en esta cena con Sigrid ameritaba algo para mis nervios, a consejo de mi hermana un té, a mi parecer un buen whisky que sabía bien dónde lo escondía, si hasta su casa me la conozco de punta a punta. —¿Te crees justo que se me acuse a mí como si fuera la única en falta? ¡Sí ustedes saben que yo no soy así, Siggy! ¡Sí soy el ejemploooo de decorado!— grito, poniéndome repentinamente de pie para mostrarme toda digna, —¡decoro, eso, ejemplo de decoro!— corrijo mi error y echo mi brazo hacia atrás para agarrarme del sillón por el mareo repentino que siento. —¡Mi madre! ¡Ay, nuestra madre!— chillo, como cada vez que rememoro lo que fue aquella cena, que evoco con varias semanas de demora porque en un principio fue un tema demasiado sensible como para siquiera decir en voz alta los nombres de las invitadas esa noche. —¡Si nos hubiera visto esa noche! ¡Se hubiera vuelto a morir!— grito.

Hay muchas tradiciones en esta familia, así que están mis charlas en confidencia con Nicholas, también están los jueves de charlatanería con Sigrid. No nos ponemos en esas hasta estar seguras de que Jenna está con sus auriculares en su dormitorio, como buena adolescente que al fin y al cabo es, y Brian está con sus juegos en línea hablando con amigos del distrito tres y seis. Porque una vez que empezamos… no hay distrito que no recorremos, bajamos por la lista del ministerio de la A a la Z, evocamos a todos y cada uno de nuestros vecinos del distrito, ¡y por supuesto! La noche no se termina sin una videollamada o al menos unas fotos con nuestra prima Josephine, que mis opiniones respecto a su vida licenciosa son bien conocidas, pero se tienen aprecio con Sigrid y a mí, en honor a la verdad, no me importa enterarme de los pormenores de su vida, si luego lo necesito para tomarlo como mal ejemplo. —Siggy, es que hay tantas cosas que no sabes…— como si ya no lo supiera, creo que esta es una verdad conocida desde que tiene tres años, cuando dejó su cuchara con papilla para mirarnos a Nick y a mí desde el otro lado de la mesa y decirnos «¿qué están cuchicheando?». —Es que lo que para ustedes fue una locura de mi parte, porque no tenía ni pies ni cabeza suponer las cosas que supuse… ¡para mí tenía toda la lógica del mundo! Es que, Sigrid, escúchame… hay cosas que tú no sabes…—me inclino hacia ella con mis dedos agarrados al mango de la taza. —Hay cosas…— repito, tropezando con mis propias palabras, —que TÚ no sabes.

Acerco la taza a mis labios y la descubro vacía al querer vaciar el whisky en mi garganta, la agito en el aire para hacerle saber que necesito un poco más, como si fuera mi cantinera particular. —Sigrid, lo que te voy a contar no se lo puedes contar a nadie, ¿de acuerdo? A NADIE— le advierto, —NI A NICK—, me doy cuenta que estoy levantando demasiado la voz y mi sobrino Brian tiene oídos sensibles. Me muevo del sillón para ir a sentarme al lado de ella, mi brazo rodeando su cuerpo así acerco mi rostro al suyo y puedo susurrar. —No le cuentes a Nick porque él no sabe que yo lo sé, ni sé si lo recuerda— nunca dicho de la manera más literal posible, —¿te acuerdas cuando la tía Jane nos llevó a su casa para pasar con Josephine su cumpleaños porque la rara de nuestra prima no tenía amigos? ¿Y me peleé con Josephine así que el tío Matthew me devolvió a la casa cuando se lo pedí? ¿Pero luego llamé al tío Matthew para que me busque otra vez y les dije que nadie estaba en la casa? Pues sí estaba, estaba Nick… y no estaba solo.
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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Mar Oct 13, 2020 12:08 pm

Ni borracha, ni sobria, ni loca, ni de vieja, reconocerá nunca que lo de mi hermano y esa chica pudo haber sido un enamoramiento sincero. —Sensato o no, nuestro hermano no es más que un hombre— replico, que nunca estas palabras lleguen a oídos de Nicholas, por todos los cielos y si algún día lo hacen, que la tierra se abra para aventarme al infierno que merezco, —en ese entonces no era más que un muchacho. Nadie se prenda de una persona desde el buen juicio, si tú crees que nuestro hermano tiene los sentimientos metidos en la cabeza es que no lo conoces para nada—, ¿es posible que esté presumiendo de nuestra relación y de lo cercanos que siempre hemos sido, incluso en el momento en que siento que estoy clavándole un puñal en la espalda? —se creyó enamorado de una muchacha que se metió en su vida, nuestra casa y su cama. Serás la más cínica de todos nosotros si te atreves a negar que las personas se nos meten bajo la piel y desde ahí nos atontan la cabeza, nuestro hermano no está libre de eso.

Nadie lo está, porque si eso es lo que opina de Nicholas, de que habrá sido bien juicioso para tomar lo que fue una mala decisión, ¿qué me queda a mí? Busco en el llanto una primera manera de demostrar que esto no es algo de lo que me sea fácil hablar, lejos está que sea algo de lo que pueda presumir, como lo hacen Zoey o Felicity cuando nos reunimos a almorzar en el club de golf, quienes tienen matrimonios de los que se enorgullecen tanto como de sus amantes. A mí, a día de hoy, todavía me duele mi falta hacia Kostya y no hay llanto que sea suficiente para limpiar esa mancha. —Siggy, por favor…— le ruego, —¿cómo crees que podría contarte algo como esto? ¿Cómo podría mostrarte la cara luego de decírtelo y aceptar en tus ojos la misma mirada que me dedican Nick y Kostya? Lo que pudieras pensar de mí siempre fue importante para mí, conoces todas mis defectos sin que haga falta que yo los presente, pero no podía hablarte de esto…— le hago ver mi impotencia con más sollozos que trato de ahogar con una honda inspiración de aire y así poder continuar, —seamos sensatos o no, yo también soy solo una mujer… y cuesta tanto, cuando nos hacemos una reputación como esa, poder admitir ante los demás que a veces hay personas que consiguen hacernos perder esa sensatez, de la manera más idiota, siendo en todo momento un error, sabiendo que es un error…— me trago un quejido, ojalá a mí me hubieran aliviado la carga también quitándome los recuerdos de ese hombre que en este momento solo me asquean.

Miro con pena la taza vacía de alcohol, lo necesito al cerrar mis ojos y siento cómo las lágrimas se siguen deslizando. —Kostya no estaba, nunca estaba, incluso cuando estaba, lo sentía ausente. Él puede decir lo mismo de mí, que me veía todo el tiempo ocupada atendiendo a Lexa o en la farmacia de los Helmuth donde seguía trabajando. Nos habíamos casado, teníamos una bebé, pero nos distanciamos tanto que no sabíamos qué decir para volver a ser cercanos y creímos que los hechos bastaban, no hacía falta decirlo, bastaba con que durmiéramos todas las noches en la misma cama, bastaba un anillo y que seamos una fotografía de familia. Bastaba para él que estaba demasiado ocupando en su carrera política, en la maldita política de este país…— escupo, —y siempre fui insegura, Siggy, lo sabes. ¿Qué crees que pensé cuando lo sentí distante? Pensé que había sucedido, que me había convertido en la esposa trofeo que Agatha Helmuth esperaba que fuera, que ese hombre tan bueno como lo es Kostya, me había colocado como un trofeo en su casa y para él bastaba que me viera hermosa—  lo digo con tanto desprecio hacia mí misma, hacía esa mujer en la que estaba destinada a convertirme por educación de mi familia y a la que una joven Ingrid seguía rebelándose desde el fondo de mis motivaciones más calladas. —No era ese el respeto que quería, la admiración que deseaba, ni el amor que anhelaba, el que se dedica a una muñeca quieta que dejas en un pedestal. Porque cuando dejas a una muñeca allí, pidiéndole que solo se vea hermosa, también la ven hermosa otros. Y un amigo de Kostya lo vio. Y era hermosa para él, me deseaba, me quería, dijo lo que necesitaba escuchar y hizo lo que necesitaba que alguien hiciera. Porque cuando tu marido te mira sin verte, cuando pasa de largo al comprobar que sigues estando donde te dejó, una termina cayendo por una mirada que te ve… alguien que te quiere. Podemos amar a una persona ausente, pero iremos hacia las personas que nos quieren, porque es lo que todos necesitamos, ¿no? ¿Verdad que no es solo cosa mía? ¿Verdad que necesitamos sentir que alguien nos quiere?— ella que conoce mis inseguridades más profundas, debe entenderme.
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Mensaje por Sigrid M. Helmuth el Vie Oct 16, 2020 6:06 pm

He de decir que es una de las primeras veces que mi hermana consigue dejarme sin palabras, acostumbrada a discutirle todo lo que dice, siempre desde la buena intención -o a veces no, depende de lo que me toque las narices-, en esta ocasión no puedo hacer otra cosa que morderme la lengua y tragarme mi propio discurso. Porque tiene razón, las personas nos volvemos un poco estúpidas cuando se trata del amor, hacemos cosas por aquellos a quienes queremos que no haríamos de ser otro, sin pensar en las consecuencias, hacemos locuras y cometemos errores. Supongo que al no aceptarlo estaba alegando a la parte más inocente de una Sigrid que, pese a todos los comentarios que podía hacerle, admiraba a su hermano y lo pensaba la persona más sensata del planeta, como también lo hacía con mi padre. Puede que Agatha me pusiera de los nervios más veces de las que me calmaba como debería hacer una madre, pero Archie siempre supo qué decir y qué hacer en los momentos indicados. Después de su muerte, supongo que simplemente traté de volcar ese sentimiento hacia Nicholas.

Una vez ha pasado el momento pico de mi sorpresa y poso la mirada sobre la figura desastrosa de mi hermana, puedo verla por lo que es, una persona que ha cometido errores, como yo también los he cometido y como cualquiera ha hecho, porque lejos de todas las razas, sangre y otras torceduras por las que se lucha en el día de hoy, todos somos humanos y cometemos errores. Me dejo caer con un largo suspiro a su lado en el sofá, observándola en su miseria al verse a sí misma como alguien horrible, para intentar calmar esa sensación paso una mano sobre su cabello al rodear sus hombros con mi otro brazo. —Soy tu hermana, no hay nada que puedas hacer que vaya a cambiar mi opinión sobre ti, a no ser que hagas algo como... matar a mis hijos o algo por el estilo— ¿por qué he tenido que decir eso? Vamos, que sabía que quería liberar tensiones y quitarle un peso de encima, pero eso sonó un poco brusco. Solo puedo más que reírme, aunque es una risa desganada que no pretende ser el foco de esta conversación. —Me ofende más que no me hayas dicho que el hecho de haber engañado a Kostya, Inggy... Se supone que estoy a tu lado para que me cuentes estas cosas, no tienes por qué cargar con todo el peso tú sola, nunca me cansaré de repetírtelo, las veces que haga falta, pero tienes que... hablar, contarme estas cosas, no puedo ayudarte si no lo haces— continuo acariciando su cabello, a modo de consuelo y porque también espero que la tranquilice.

Le quito la taza vacía de las manos para posarla en la mesa ratona y así volver a envolverla con mi brazo, esta vez pasando mis caricias por su hombro en lo que ella continua atormentándose. Me muerdo el labio al tratar de ocultar de mi rostro lo pésima hermana que me siento por no haber notado estas cosas, quiero decir, siempre supe que su matrimonio estaba lejos de ser el ideal, por mucho que mi cuñado y mi hermana se esforzaran por dar esa imagen al mundo exterior, es imposible vivir con esa idealización de la perfección. —Ingrid... me siento horrible porque no hayas compartido esto conmigo, no... no porque crea que siendo tu hermana estás obligada a hacerlo, porque no lo estás, tienes todo el derecho del mundo a guardarte secretos, solo... pensaba que tú y yo no hacíamos eso— no con lo importante, al menos. Sí, de joven le ocultaba que bebía y fumaba, que me escapé por la ventana de mi cuarto una vez por la noche para acudir a una fiesta, que me lié con un tipo cinco años mayor que yo, y todas esas cosas que uno no le contaría a su hermana mayor, empezando porque se trata de Ingrid Helmuth. Pero lo gordo, lo que se supone que importa, no hay secretos entre nosotras cuando se trata de eso. O eso creía. —Sí, claro que lo necesitamos, Inggy— poso mis labios en su hombro para depositar mi cabeza en el mismo segundos después, reposando mi mente pese a la expresión compungida de mis facciones. —Todos necesitamos que nos quieran— mi hermana se buscó un amante para acercarse a ese sentimiento, yo me hago con el calor de hombres de los que después a veces ni siquiera recuerdo el nombre para rellenar ese vacío, cosa que tampoco me atrevo a reconocer en voz alta. Supongo que, después de todo, cada uno tiene sus propias maneras de aplacar la soledad para sentirse querido.
Sigrid M. Helmuth
Sigrid M. HelmuthCiudadano

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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Dom Oct 18, 2020 11:11 am

¡Sigrid! ¡Por favor!— grito, reprendiéndola por siquiera mencionar que la única falta imperdonable sería la de matar a sus hijos. —Los quiero como si fueran míos, veo a Jenna para vernos a nosotras, veo a Brian para verlo a Nicholas, ¿crees que haría algo para lastimarlos alguna vez?— murmuro, y en vista de que estamos sacando todas mis culpas fuera, las sigo echando de mi boca. —Sé que no he sido la mejor madre o en palabras de la misma Kitty, que soy la peor madre de todas, pero…— es tan triste decirlo atragantada de tantos sollozos en mi garganta, —los quiero tanto— musito, —los quiero tanto a todos y mi problema está en quererlos tanto— es el alcohol, la culpa, los años, el amor a los míos, que atraviesa mi pecho para llenar mis labios. Porque si soy la peor hermana para Nicholas, siendo cercanos como hemos sido toda la vida, ella es la mejor hermana que podía pedir y necesitar en un momento como este, aunque hablarlo llegue veinte años tarde, lo que a mí me coloca en falta otra vez. Teniendo una hermana así que me asegura su apoyo, lo desprecié para recelar de un secreto vergonzoso. Lloro contra su hombro cuando sus caricias en el pelo me consuelan y me veo diciéndole, hace tantos años, que si tenía que hablarme a mí misma, no había nada bueno que pudiera decirme, que dependía de ella para poder ver cosas buenas y no debería ser así, después de tanto tiempo, Sigrid no tendría que encargarse del trabajo de limpiar mi espejo empañado.

Lloro aún más cuando me da la razón, ojalá me castigara con sus palabras, ojalá la culpa estuviera en lo que hice, no en la herida que causé en la confianza de cada uno de ellos. En Kostya que esperaba que nuestra promesa se sostuviera también en los momentos de ausencia, en Nicholas que me creía alguien incapaz de dañar a la familia propia, a Sigrid por no habérselo dicho, si era todo lo que tenía que hacer para que mi hermana pudiera acompañarme. —Nunca volveré a guardarte secretos, Siggy— balbuceo, pasando por mi garganta con dificultad otro sollozo. Reposo mi mano sobre su cabello al tener su cabeza sobre mi hombro para darle un beso entre sus mechones tan rubios como los míos. —Nunca más— prometo, porque todo lo que sé hacer son promesas, a las que luego vuelvo a fallar y desearía que no fuera así, al menos no con mi hermana. —Puedo aceptar que Kostya no me perdone, que Nicholas me odie por culpa de otra mujer, pero… nunca…— cruzo mi brazo sobre ella para sujetarla, retenerla contra mí, en un abrazo desordenado en el que queda presa, —nunca dejes de quererme, Siggy. Tú no.
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