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A cup of secrets · Sigrid

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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Miér Sep 30, 2020 3:02 pm

Septiembre

Vuelco otro poco de la petaca de whisky a la taza que hace rato dejó de tener el bendito té de tila de Sigrid, ¡qué tila y qué tila! Bebo de un solo trago sintiendo cómo me quema la garganta, mi sagrada madre revolcándose en su tumba seguramente por haber faltado a la regla de beber el café en la sobremesa. Perdón, Agatha, el tema de conversación en esta cena con Sigrid ameritaba algo para mis nervios, a consejo de mi hermana un té, a mi parecer un buen whisky que sabía bien dónde lo escondía, si hasta su casa me la conozco de punta a punta. —¿Te crees justo que se me acuse a mí como si fuera la única en falta? ¡Sí ustedes saben que yo no soy así, Siggy! ¡Sí soy el ejemploooo de decorado!— grito, poniéndome repentinamente de pie para mostrarme toda digna, —¡decoro, eso, ejemplo de decoro!— corrijo mi error y echo mi brazo hacia atrás para agarrarme del sillón por el mareo repentino que siento. —¡Mi madre! ¡Ay, nuestra madre!— chillo, como cada vez que rememoro lo que fue aquella cena, que evoco con varias semanas de demora porque en un principio fue un tema demasiado sensible como para siquiera decir en voz alta los nombres de las invitadas esa noche. —¡Si nos hubiera visto esa noche! ¡Se hubiera vuelto a morir!— grito.

Hay muchas tradiciones en esta familia, así que están mis charlas en confidencia con Nicholas, también están los jueves de charlatanería con Sigrid. No nos ponemos en esas hasta estar seguras de que Jenna está con sus auriculares en su dormitorio, como buena adolescente que al fin y al cabo es, y Brian está con sus juegos en línea hablando con amigos del distrito tres y seis. Porque una vez que empezamos… no hay distrito que no recorremos, bajamos por la lista del ministerio de la A a la Z, evocamos a todos y cada uno de nuestros vecinos del distrito, ¡y por supuesto! La noche no se termina sin una videollamada o al menos unas fotos con nuestra prima Josephine, que mis opiniones respecto a su vida licenciosa son bien conocidas, pero se tienen aprecio con Sigrid y a mí, en honor a la verdad, no me importa enterarme de los pormenores de su vida, si luego lo necesito para tomarlo como mal ejemplo. —Siggy, es que hay tantas cosas que no sabes…— como si ya no lo supiera, creo que esta es una verdad conocida desde que tiene tres años, cuando dejó su cuchara con papilla para mirarnos a Nick y a mí desde el otro lado de la mesa y decirnos «¿qué están cuchicheando?». —Es que lo que para ustedes fue una locura de mi parte, porque no tenía ni pies ni cabeza suponer las cosas que supuse… ¡para mí tenía toda la lógica del mundo! Es que, Sigrid, escúchame… hay cosas que tú no sabes…—me inclino hacia ella con mis dedos agarrados al mango de la taza. —Hay cosas…— repito, tropezando con mis propias palabras, —que TÚ no sabes.

Acerco la taza a mis labios y la descubro vacía al querer vaciar el whisky en mi garganta, la agito en el aire para hacerle saber que necesito un poco más, como si fuera mi cantinera particular. —Sigrid, lo que te voy a contar no se lo puedes contar a nadie, ¿de acuerdo? A NADIE— le advierto, —NI A NICK—, me doy cuenta que estoy levantando demasiado la voz y mi sobrino Brian tiene oídos sensibles. Me muevo del sillón para ir a sentarme al lado de ella, mi brazo rodeando su cuerpo así acerco mi rostro al suyo y puedo susurrar. —No le cuentes a Nick porque él no sabe que yo lo sé, ni sé si lo recuerda— nunca dicho de la manera más literal posible, —¿te acuerdas cuando la tía Jane nos llevó a su casa para pasar con Josephine su cumpleaños porque la rara de nuestra prima no tenía amigos? ¿Y me peleé con Josephine así que el tío Matthew me devolvió a la casa cuando se lo pedí? ¿Pero luego llamé al tío Matthew para que me busque otra vez y les dije que nadie estaba en la casa? Pues sí estaba, estaba Nick… y no estaba solo.
Ingrid C. Helmuth
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Mensaje por Sigrid M. Helmuth el Miér Sep 30, 2020 6:25 pm

No sé qué tan bueno es que mi hermana se encuentre tomando whisky un día de diario, cualquier día de la semana en realidad, cuando lo único que necesitaría de verdad es uno de los tés que llevo ofreciéndole media vida para sus ataques de ansiedad, por llamarlos de alguna manera, y no catalogarla como una loca de reacciones desmesuradas. Pero no lo quiere, me lo deja en claro las veces que me tiende su taza para rellenársela de la botella de alcohol como si fuera su camarera particular. —¿No crees que estás exagerando solo un poquito poquito de nada?— para simular lo pequeño que es, junto dos de mis dedos al punto de que casi se rozan sin llegar a hacerlo, agudizando tanto mi voz que por un momento creo que no va a poder escucharme. Quizás no lo haga, pero por lo gritos que está dando. —Precisamente por eso pienso que todos se quedaron en shock, tienes que reconocerlo Inggy, nadie en la vida te ha visto como te pusiste esa noche, ¡ni siquiera yo que vivimos en la misma casa durante años presencié una disputa entre Nick y tú, hermana!— exclamo, tan sorprendida como me quedé en esa velada, que yo soy quién tenía que meter la cabeza por entre sus piernas con cinco años para escuchar sus cosas, con razón tenía tantos moretones en las mismas, ¡si solo hacían que apartarme como si fuera una cucaracha!

Me río cuando no es capaz de mantenerse en pie, que hasta se trastabilla con sus propias frases y, por si eso no fuera poco ya para una persona como ella que grita elegancia y decoro, como ella misma dice, ¡se atreve a mencionar a la mismísima Agatha Helmuth! Qué osada, Ingrid, ¡qué osada! —Anda, anda, ven aquí a sentarte no vaya a ser que dejes los dientes contra el suelo y entonces sí tengamos una razón para reírnos de ti. Tienes a nuestra pobre madre agotada en la tumba de tantas menciones que haces en su nombre, ¿es que ya no se guarda el respeto por los muertos en esta casa?— ah, no, mierda, que estamos en la mía, ¿cuánto de whisky le eché yo a mí café? Juraría que nada. —No vamos a empezar con las cosas que no sé, Inggy, por favor te lo pido, ¿no tuviste suficiente con dieciocho años de excluirme de sus cosas, que ahora me restriegas tu confidencialidad con Nicholas como si no fuera parte de esta familia? ¡Vergüenza debería de darte, VERGÜENZA!— meneo mi cabeza en un claro ejemplo de disconformidad, aunque está lejos de ser un sentimiento real más allá de lo producido por el alcohol. —Ya, YA, hay cosas que yo no sé, ¿no te cansas de recordármelo?— ruedo los ojos, llegará el día en que le diga que supe cuando perdió la virginidad antes incluso de que me dijera, pero ese día no será hoy, me lo reservo como carta comodín.

Abro mis ojos con la sorpresa de que por fin vaya a contarme algo secreto, la miro como si me sintiera ofendida de que pudiera dudar de mi silencio y en el proceso me llevo una mano al pecho, apuntando con mi barbilla casi pegada al pecho. —¿YOOOOOOOOOO? ¿Pero tú a quién crees que le andaría contando chismes, querida? ¡Como mucho a mis plantas!— hablando de plantas, tiro sin querer parte del contenido de mi taza al tiesto que queda encima de una de las mesitas al lado del reposabrazos del sillón, cuando muevo mi brazo con demasiada brusquedad para llevarme el vaso a los labios, murmurando un pequeño ups que no creo que escuche. —Sigue, sigue. Ajá, ajá, aaaah ya sabía yo, siempre tuviste algo con la pobre prima Jo, ¡a mí me parece muy risueña y simpática la mujer! ¿Qué es lo que no te gusta de ella, sus fulares de lunares?— ¡rima y todo! Ay, que me salgo de tema, poso mi taza sobre mi rodilla para acercarme a mi hermana, poniéndole toda seriedad a mi rostro para que vea que la estoy escuchando en serio, aunque con mi dedo en el aire trato de seguir todos los puntos y menciones que hace para no perder el hilo. Me cuesta un poco, no voy a mentir —Oooooooooook, ¿y qué es tan secreto? Sería Nick con un amigo de la universidad, qué sé yo, por esa época me planteaba seriamente que nuestro hermano fuera gay, ¿porque no es gay, verdad?— tienden a casarse repetidas veces para ocultarlo si es algo con lo que se sienten incómodos, creo. ¿Por qué siento que me estoy volviendo a salir del tema?
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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Jue Oct 01, 2020 12:04 am

Increíble, ¿no? Nunca se supo que mi hermano y yo nos hubiéramos peleado alguna vez, en cambio mis discusiones con Sigrid han sido moneda corriente desde que ella aprendió a hablar. No podría decir cuál de ambas relaciones es la más fuerte, de la boca para afuera y solo para fastidiarla a ella, diría que mi relación con Nicholas es mejor. Pero es una mentira, no es algo en lo que creo, la falta de peleas con mi hermano mayor es lo que lo llegó a hacerme dudar de cuánto tiempo seríamos capaces de castigarnos con la indiferencia, al contrario de Sigrid, que nuestras guerras campales acaban con una llamada espontanea a la otra para contarnos cualquier bobería. Siempre he sido víctima de mis inseguridades, las cuáles puedo recitar de memoria con un poco de alcohol en vena, y las únicas dos personas que he llegado a creer que nunca dejarían de quererme por humillante que sea mi actuación en una reunión de varias personas, toda la vida he tenido miedo de que haya una cosa, una mínima cosa, que si lograra desmoronar el aprecio que me tienen. De Sigrid lo sentí con su marido, a quien me opuse fuertemente. De Nicholas… está claro quién me provocó ese sentimiento.

¡Agatha, Agatha, Agatha! ¡La llamaré todas las veces que quiera, Sigrid! ¡Como ella lo hacía en casa! ¡Ingrid ven, Ingrid ve para allá, Ingrid siéntate derecha! ¡Agatha, derecha! ¡¿Qué es eso de andar perdiendo la postura de una dama dentro del ataúd! ¡Vergüenza debería darte!— grito con mi taza vacía, oh, mierda, esa última frase será epitafio de la lápida de todos los Helmuth, si hasta mi hermana la dice. ¿Es que no nos han enseñado otras palabras? —¡Jamás! ¡Jamás te contaremos nuestros sucios secretos, Sigrid! ¡JAMÁS! Porque a la primera nos dirás… JAAAAAAAAAA, lo sabía, estarás echándonoslo en cara— la acuso con mi dedo índice casi tocando su nariz. —Pero te contaré uno— susurro, obligándola a agudizar el oído, —o dos… o quizás tres... si prometes que no le dirás a NADIE— se lo repito. —NI LA BEGONIA, ni a mí, ni a Nick, ni a mí— ya ni sé lo que digo, recargo mi cuerpo sobre el suyo que me sirve de apoyo, porque me siento cansada, ¡muy cansada! ¡Tan cansada!

¡ESE FULAR TIENE UN LUGAR RESERVADO EN EL INFIERNO!—, ¿por qué grito cuando se trata de la horrible vestimenta de mi prima? Suspiro, creo que suspiro dos veces, entre las frases que van formando una confesión que Sigrid, ¡solo Sigrid puede imaginar que acaba de esa manera! —¡OJALÁ! ¡Ojalá, ¿me oyes?! Ya hubiera querido yo encontrar a Nick con ese amigo de la universidad, ¡a ver la chica que estaba con él! ¡Pero si hubiera preferido que se casara con ese amigo… y no que haya estado…! ¡Por Morgana, Sigrid, si ya es perturbador ver a tu hermano en esas…!— exclamo, me calmo lo suficiente como para acercarme a su oído y me escuche bien pese al arrastre lento y patoso de mis palabras. —¿Adivina quién se cruzaba la calle para venir a meterse en la cama de nuestro hermano?
Ingrid C. Helmuth
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Mensaje por Sigrid M. Helmuth el Jue Oct 01, 2020 1:38 pm

Tssssssssss, TSSSSSS, ¡que vas a despertarla en la tumba y luego vendrá a atormentarnos por las noches!— le golpeo el torso con mi mano varias veces en un intento de que baje la voz, que no solo será a nuestra madre a quién despierte, sino también el interés de mis hijos de saber lo que ocurre en el piso de abajo con su madre y su tía, que llegó para tomar el café rutinario como buenas hermanas que somos, y terminamos con la botella de whisky vaciada como dos dignas integrantes del club de alcohólicos anónimos. —Qué vergüenza, Inggy, qué diría de nosotras nuestra madre, si nos viera a estas horas de la tarde en este estado, ¡un buen rapapolvo es lo que nos hubiera dado, eso es! SIGRID, ¡qué es eso de fumar en las escaleras del colegio! ¡Te limpiarás la boca con jabón y los pulmones con lejía la próxima vez que te pille con un cigarro entre los dedos! ¡Si no es que te corto los dedos primero!— hay que ver, hay que ver lo sangrienta que podía llegar a ser esa mujer cuando quería, cuando se la veía tan fina con su campanilla para llamar a los sirvientes para que le pusieran su café en la salita, siempre con dos terrones de azúcar, ni uno más, que luego la grasa va para las caderas, pero tampoco uno menos no fuera a ser que terminara el día hipotensa.

Aparto de un manotazo suave su dedo que casi me roza la nariz, arrugando la mía propia —Si vas a hacer todo un drama de un secreto de mierda, mejor no me lo digas, puedes seguir cuchicheando con Nick sobre el día en que ambos perdieron la virginidad, ¡porque estoy segura de que fue el mismo día, y después de que yo lo hiciera!— ajam, esa es mi defensa ante los secretismos que se trae Ingrid con nuestro hermano, que me hacen sentir por unos segundos apartada de toda relación familiar, ¿pero luego es ella quién se quejaba a ser la mediana? ¡Que pruebe a ser la menor de tres hermanos sin que se le hinche la vena de la frente! Siendo Inggy, jamás podría, explotaría antes. —Por como hablas de esa chica, parece que estés describiendo a un grindylow— se me escapa una carcajada por mi propio chiste, teniendo que controlarme de no reírme demasiado silenciando la risa dentro de mis mejillas y tapándome un poco la boca, que se viene asunto serio. Pongo mi oído cerca de sus labios, preparada para recibir una revelación decepcionante, a pesar de que mis orejas abiertas indiquen que estoy por toda la labor de recibir un cotilleo, por insignificante que sea. Pero de insignificante tiene poco.

Me alejo de ella a la velocidad de la luz para ponerme de pie con una mano en el pecho al tiempo que exclamo un sorpresivo: —NOOOOOOOOOO— la miro como si estuviera esperando a que me diga que es broma, que el nombre de la persona que estoy pensando es completamente erróneo y que en realidad quiere insinuar el de una chica cualquiera que acudió a clases de universidad con Nicholas. —Estás intentando vacilarme, ¿es eso, verdad? Te estás aprovechando de que estás borracha... no, de que YO estoy borracha para tratar de colarme que...— hago una pausa porque todavía lo estoy procesando, y he tomado alcohol, mi cerebro necesita de más tiempo del que usaría estando sobria, que también sería un tanto después de esto —¡que nuestro hermano se acostó con Anne Ruehl en la casa de Agatha Helmuth!— exclamo, con la mano todavía en mi pecho, ¿ven como suena a broma? Y en lugar de entrecerrar mis pestañas, examinando el rostro de mi hermana en búsqueda de una señal de mentira, alzo mi dedo índice en el aire, sonriendo con triunfo —AAAAAAAAH, ¡LO SABÍA! ¡¡Pero si estaba más que claro!! ¡Yooooo lo sabía!— puedo afirmar con gloria que haberlo sabido por todo este tiempo se siente muy satisfactorio. Sí, señor, ¿quién lo iba a decir? Nuestro hermano metiendo entre sus sábanas a la hija de los vecinos.
Sigrid M. Helmuth
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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Vie Oct 02, 2020 10:46 am

¿Y ahora quién la nombra?— pregunto al echar mis brazos hacia atrás, confundida de que sea quien me pida que deje de llamarla, no sea que se levante de la tumba, y es ella misma la que se plantea lo que podría decir si nos viera en este estado, mal usando estas tazas en alcohol en vez de café, han sido semanas difíciles… semanas muy difíciles… ni café, ni tila, ni nada. Después de esa lamentable borrachera en la que mi marido tuvo que hacerse cargo para impedir que me caiga en el retrete de tanto vomitar, espero que esta vez sea mi hermana la que haga los honores, que ante ella no haya nada de lo que deba tener vergüenza. Lo que a mí me pueda parecer humillante, ella ya lo hizo y tres veces. En estos momentos en que la verborragia es alentada por el whisky, me gustaría decirle también que aprecio que sea mi hermana, que lo aprecio de veras, porque otra hermana ya me hubiera bloqueado de sus contactos. ¡Si motivos le he dado de sobra! El whisky me ayuda a verla mejor, con todas sus virtudes, me hace verla tan bien que hasta creo ver doble y, pese a su reproche de que no la hacemos parte de nuestros secretos con Nick, casi que podría decir que es el mejor hermana que pudiera pedir. Casi.

¡Si serás desvergonzada, Sigrid! ¡No fue el mismo día! ¡Y no puedo creer que tengas el talante para presumir que perdiste tu virginidad tan pronto como si fuera algo para enorgullecerse! ¡Que estaba esperando al indicado, ¿sabes?! No me urgía perderla con algún despistado de poder ahí— y por poco no le saco la lengua, cosa que hice cuando tuvimos esta conversación siendo mucho más jóvenes y nada más verme, la mocosa supo venía de perderla con quien al día de hoy es mi marido. ¡Y estoy segura que no fue el mismo día de Nick por eso mismo! Porque lo que le cuento un poco después pasó mucho antes, ¡uff! ¡varios años antes! No éramos muy lejanas en edad con la chica que llego a mencionar, recuerdo que en ese entonces todas mis amigas estaban impacientes, más de una me había preguntado por mi hermano -¡el descaro!-, yo toda recatada… solo para que mis ojos tropiecen con la peor escena posible que nadie nunca desearía presenciar de su hermano y no miento al decir que hubiera resultado menos sorpresivo que fuera con el amigo de la universidad.

SIIIIIIIIIIIIII— le contesto a mi hermana para sacarla de esa negación en la que yo también caí por cinco minutos, los que usé para salir huyendo a toda prisa antes de que siquiera notaran que llegué. —¡Qué estoy hablando en serio! ¡No haría chistes sobre algo así de grave! ¡En nuestra casa! ¡Por poco no habrá sido en la cama de nuestros padres!— al notar que alzo demasiado mi voz, la llamo con mis manos para que se acerque y poder hablar en susurros, ¡lo único que falta es que nos escuchen! —¡Siggy! ¡No digas su nombre!— chillo, me llevo los dedos a la boca y suelto un shhhhhhhhhhhh, porque un nombre podría llevar a otro y antes de que acabe la noche, este secreto podría convertirse en rumor, con lo peligroso que se volvería para todos, especialmente la inmaculada reputación de mi hermano. —¡¿Qué dices?! ¿Cómo que estaba claro?— entonces soy yo la que me paro, mi dedo índice acusador en alto, cayendo sobre ella. —¡Yo lo sabía! ¡Siempre estuviste a favor de ella! Eso era lo que buscabas con tanto ir y venir a la casa de los Ruehl, que tu amiga, la fulana, consiguiera la atención de nuestro hermano— y seguramente, ni lenta, ni perezosa, esa Ruehl se aprovechó de Sigrid para acercarse a él. Si yo le huelo hasta aquí lo zorra que puede ser. —Pues, ¡bien! Consiguió más que su atención para que sepas, si la otra noche hasta creí que consiguió un hijo, ¿ahora entiendes porque lo pensé como algo posible?— aprovecho para explicarme, que todos se abalanzaron sobre mí como si estuviera loca de remate, y no, que tenía razones para creer lo que creía. —No saques ninguna champaña para celebrar tus dotes de casamentera siendo niña, que bien sabes cómo termina la historia. Porque como debes suponer, hice lo que debía hacer…—. Nadie mejor que Sigrid, nadie mejor que ella, sabrá anticiparse a lo que fue mi acto ruin y podrá ver que por detrás de mi actitud de quien se precie haber actuado con rectitud, también está lo de saberme en falta con Nicholas. —Se lo conté a nuestra madre.
Ingrid C. Helmuth
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Mensaje por Sigrid M. Helmuth el Sáb Oct 03, 2020 3:09 pm

Claro, claro, el indicadoooooo, será eso y no que no le dabas bola a ninguno...— me mofo, cuando el alcohol en mis venas se toma la libertad de hacerme cerrar los párpados durante unos segundos al no soportar el peso de los mismos. Si mi hermana hubiera querido, podría haber tenido a todos los chicos de la escuela detrás de ella, que digo, ¡si ya los tenía! Su problema es que siempre se pensó demasiada mujer para ellos, diciendo que nunca se rebajaría al nivel de ninguno de los chicos que osaron invitarla a salir. Así, pues, estoy segura de que a día de hoy, la única persona con la que mi hermana ha tenido contacto afectivo de algún tipo es con su actual esposo. Una pena... se perdió de las diversiones que pueden venir de los encontronazos espontáneos.

Me cubro la frente con una mano, rodeando mi cuerpo con mi otro brazo, en expresión clara de la confusión que llevo encima, que no se atreve a tomar en serio las palabras de mi hermana, no en este estado en el que dudo de hasta si mi propia sombra me pertenece. Lo que sí sé con certeza es que Ingrid no reconocería que algo semejante ocurrió en nuestra casa si no fuera verdad, no es de inventar estas cosas, de hecho, yo soy más propensa a bromear con acusaciones de ese calibre. ¡Porque menudo calibre! —¿¿¿¿ESTÁS DICIENDO QUE NUESTRO HERMANO PERDIÓ LA VIRGINIDAD CON ANNE RUEHL EN LA CAMA DE NUESTROS PADRES?????— eeeeeeeh, creo que eso no fue así como lo dijo, pero mi cerebro solo es capaz de registrar esas dos cosas y las asocia como si se tratase de una sola oración. —Ingrid, esto es muy fuerte, MUY FUERTE— tan fuerte que estoy por golpearme la cabeza contra la estantería a ver si es verdad que no estoy alucinando. —Nicholas, Rebecca, misma cama, da igual que cama, MISMA CAMA, ¿¿¿¡¡¡¡y tú lo viste y no me dijiste!!!???— la traición, hermana, la traición, le dedico la mirada más profunda de reproche que he dedicado a alguien en mi vida, antes de recordar que estamos conversando sobre algo mucho más importante.

Chasqueo la lengua repetidas veces, estirando mi mano frente a ella para negar con el dedo índice. —No, no, no, no, ¡yo no dije que quisiera que Nicholas se acostara con la vecina! Quiero decir que... wow, ¡pero yo lo sabía!— repito, lo diré cuantas veces haga falta para que quede claro que yo supe de esto mucho antes de que mi hermana se los encontrara en medio de... ¡ay, por favor! —Ingrid no...— empiezo, pero es demasiado tarde, es demasiado tarde para frenarla de decirlo, pero mucho más para tratar de impedir que hiciera lo que hizo, porque nada más decirlo me queda claro que mi hermana cometió una injusticia al revelar a nuestra madre lo que eran intimidades de nuestro hermano. —¡Ingrid! ¡Pero cómo le hiciste eso a nuestro hermano! ¡TU PROPIO HERMANO! Con razón se veía tan lastimado en ese tiempo, ¿no lo recuerdas? Si parecía un alma en pena en el sillón. Pero y por qué... No entiendo nada, Ingrid, ¡si Rebecca se fue con el otro chico del barrio! Sabes cuál, el tipo este por el que tuvo que fugarse— con eso basta de explicación, estoy más centrada mordiéndome el labio al pensar en el pobre de mi hermano, que fue utilizado por la misma Anne Ruehl si poco después fue a besuquearse con otro, dejando a Nicholas rozando el abismo de la tristeza. —Tienes que decírselo, Ingrid, merece saberlo— declaro, no importa que hayan pasado años, algunas cosas son necesarias que se sepan.
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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Dom Oct 04, 2020 3:45 pm

Estamos muy mayores como para hacer un recuento de los novios o los no novios que tuvimos, también un poco borrachas para eso, no tanto como para que a los secretos de esta noche sume el haberme cegado al final de la escuela con un chico que al día de hoy está casado con un sanador atractivo y adoptaron dos niños, porque esa era la suerte de Ingrid Helmuth en su adolescencia. Estar suspirando durante dos años por un chico que tenía todo el estilo, buenas calificaciones y sabía bailar muy bien, creyendo que me vacilaba, solo para terminar descubriendo que tenía sus intereses en otro lado. No suelo pensar en Francis, así que le echaré la culpa a mi taza. ¡A buena hora mis padres creyeron que Kostantine Romanov podría ser un buen partido! Si es que está claro que cuando corre a mi cuenta, por mucho que lo intente, no hago más acabar en estos estados patéticos que, por suerte, solo tienen a Sigrid como espectadora y, para mejor, como colaboradora. Eso es lo bueno de Sigrid, no tengo que preocuparme de verme ridícula con ella, porque no le cuesta hacer lo mismo o superarme.

Si ella del escándalo hace un arte, presiono con más fuerza mis dedos sobre los labios para pedirle SILENCIO. —¡SHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!— se me sale todo el aire por la boca, —¡¿es que se lo vas a contar a todo Neopanem?!— susurro, —que escuchen Brian y Jenna es lo de menos, ¡si lo que vas a conseguir es que salga en titulares del boletín oficial!— la reprendo, ¿qué parte de que no se lo podía contar a nadie no entendió? —¡Y NO! ¡QUE YO NO DIJE ESO!— la corrijo, pero… —¡ES FUERTE! ¡LO SÉ! ¡LO VI!— le recuerdo, me recuerdo, ¿por qué recuerdo esto? ¡Ay! ¿Por qué acepté guardarle el secreto a nuestra madre en vez de pedirle que también me lo sacara? Todo porque tenía que seguir echando un ojo ¡de por vida! para asegurarme que mi hermano no volviera a caer en el mismo error, nunca como hoy, con tanto alcohol encima, siento lo pesado de esa carga. — ¡Y ni loca te hubiese contado para que lo andes gritando a los vientos como ahora! ¿Cómo pudo ser eso posible, Sigrid? ¡Es impensable! ¡Si detestábamos a los Ruehl y ellos a nosotros!— exclamo, tal parece, con mi hermana teníamos miradas muy distintas del mundo en ese entonces, porque ella sí lo vio posible.

Me hundo en el sillón, hago lo de nunca que es desprenderme de los zapatos ayudada por mis talones y subir mis pies al borde, así puedo abrazarme las rodillas al escuchar la reprimenda de Sigrid que me cae encima. Escondo mi cara contra mis rodillas de la pena que mi hermana logra hacer revivir en mí. —¡Esa chica no era para él, Siggy! ¡Todos lo sabíamos!— me defiendo al levantar mi cabeza y mostrar la cara. —No era lo correcto, por eso se lo dije a nuestra madre. Estaba mal, que estuvieran juntos solo iba a traer problemas. ¡Como un hijo! ¡¿Te imaginas, Sigrid?! ¡¿Te imaginas que hubiera pasado si Ruehl se aparecía en nuestra puerta porque la hija quedó embarazada?! Si ese día en la cena yo casi me morí, Sigrid. CASI ME MORÍ. Creyendo que sí pasó, que nunca nos enteramos, ¡y que todo se repetía con Oliver y esa muchacha!—  mi voz suena estrangulada, fue miedo real lo que sentí ese día. —¿Cómo se lo voy a decir a Nicholas ahora? No, olvídalo, no, jamás… solo… queríamos lo mejor para él. ¡Alguien como Olivia!— solo decirlo me provoca un dolor tan hondo, porque queríamos lo mejor para él y tuvo que pasar por perderla cuando tuvo a su hijo. —Y ahora está con Eloise, ¿no? Con Eloise, su hijo, los hijos y el nieto de ella, ¿qué sentido tendría decirle todo esto ahora?— aprieto mis labios, la culpa sigue en mis ojos, porque esto no es todo. —Nuestro hermano ya lo superó… y Anne Ruehl ni siquiera lo recuerda, ¿qué sentido tiene? ¿Qué bien le hará saber a Nicholas que nuestra madre borró todos esos recuerdos? Ayudó a la misma Anne a tomar una decisión, ¿no? Entre ese otro chico y nuestro hermano, Nicholas nunca fue para ella, se fue con quién debía ser.
Ingrid C. Helmuth
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Mensaje por Sigrid M. Helmuth el Lun Oct 05, 2020 5:32 pm

Shhhhhh, shhhhhh— repito su gesto, moviendo mis manos para pedir silencio, hasta que me percato segundos después de que lo está haciendo precisamente para que yo cierra la boca. ¿Es que mi hermana nunca se cansará de mandarme callar? Si estaremos igual con noventa años, viejas y seniles en un centro para personas ancianas, cuando no podamos ni escuchar a la gente sin que griten en nuestro oído y todavía sin entenderme, pedirá mi silencio. Porque así es Ingrid, un minuto es la que exige silencio mayor y al siguiente es quien está liderando el escándalo, siempre un paso por delante y asegurándose de ser quien lleva la batuta que ordena al resto. —¿Es que no te das cuentas de lo GRANDEE que es esto?— sí, grito, me importa poco que mis hijos se encuentren en el piso superior, ¿acaso saben quién es Anne Ruehl? Para nada, ellos de quien conocen es una tal Rebecca Hasselbach, ministra de defensa Y persona que al parecer, le rompió el corazón a nuestro hermano mayor. —¿Por qué de todas las personas me preguntas a mí? ¿Es que me crees con experiencia en el sector de escoger a las personas equivocadas?— pongo en boca las palabras que bien me habría dirigido mi madre de estar viva, alzando una ceja y también mis manos en el proceso de responder con algo congruente. —Pues al parecer no todos detestaban a los Ruehl...— saco las conclusiones necesarias —Nick, desde luego que no la encontraba detestable si se las apañó para meterla entre sus sábanas...— uhhhh, a mí me suena a DRAMA, si yo soy la oveja violeta, ¿en qué convierte esto a Nick? Me siento ligeramente ofendida de que mi hermano me haya superado en deshonor en esta familia, ese es mi papel.

Me desplomo en el sofá, con mi mano ocultando mi rostro y elevo los pies para colocarlos encima de la mesa ratona, todavía intentando procesarlo. —¿Y quién eres tú para decidir quién es la correcta?— le pregunto de repente, apartando los dedos de mi frente para dedicarle una mirada severa a mi hermana. —Ay, Ingrid, Ingrid... ¿nunca aprenderás?— dejo la pregunta en el aire, meneando la cabeza de un lado a otro en expresión de la decepción que me produce reafirmar que Ingrid será siempre quien es. —¡No tenías derecho a escoger por él! ¡Tampoco mamá! Está muy feo lo que hicieron, no pueden decidir por el futuro de una persona, ¡no cuando se trata de sentimientos! ¡Le habéis robado parte de su identidad!— ¿acaso soy la única que está pensando frío por una vez en la vida? —¿Que nuestra madre hizo qué? ¡Ingrid!— se me cae la mandíbula al observarla ser tan insensible con los sentimientos de nuestro hermano, como para permitir que algo así pasara. Podría esperarlo de Agatha, ni siquiera me sorprende que lo hiciera, ¿pero de Ingrid? Creía que nunca llegaría a tanto. —¿Te estás escuchando a ti misma cuando hablas? ¡Suenas igual que nuestra madre, esa de la que tanto te quejabas como adolescente!— la acuso con el dedo, voy a donde duele cuando a nadie en este planeta le gustaría ser comparado con Agatha Helmuth, ni viva ni muerta —Si no se lo dices tú, se lo diré yo, le contaré lo que me has contado, no me importa que haya pasado hace años, que ahora las cosas sean diferentes, Nicholas no te lo perdonaría jamás si supiera que sabes de esto y estuviste tanto tiempo guardándotelo, porque él... no lo sabe, ¿verdad?— ¿hasta qué punto nuestra madre utilizó un hechizo desmemorizante para conseguir sus propósitos?
Sigrid M. Helmuth
Sigrid M. HelmuthCiudadano

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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Miér Oct 07, 2020 6:12 pm

¿Es una pregunta retórica o la tengo que contestar?— inquiero, una de mis cejas se arquea al mostrarme interrogante, ¿haremos esto de mencionar a su matrimonio fallido con ese profesor? No, no quiero ponerme en esas, que ninguna está lo suficientemente sobria como para llevar a bien esa conversación y prefiero tratar mis asuntos con cada hermano sobre sus elecciones, uno a la vez, por favor. —¡Nick! ¡Nicholas! ¡¿Te lo puedes creer?! ¿Cómo pudo…?— es lo que sigue sorprendiéndome hasta el día de hoy, con la rivalidad bien marcada entre las familias, la actitud tan recta de mi hermano, ¿cómo pudo escabullirse así por debajo de la línea y mantener en secreto una relación con esa muchacha? —Ella lo habrá buscado, a bien puse en sobre aviso a nuestra madre y pudo intervenir a tiempo, ¿qué sabes tú de las intenciones que podía tener? ¿Y qué si lo hacía para ponerlo en nuestra contra?— pregunto, repitiendo las inquietudes que tuvo Agatha Helmuth en su momento. —Ninguna intención buena habrá tenido, nosotras lo veíamos con ese otro muchacho, ¿entonces que se traía con Nick? ¡Nada bueno!— me convenzo a mí misma, que cada día reafirmo lo dañina que siempre ha sido su presencia en nuestras vidas que vez que nos la cruzamos.

Tengo que sostenerme en esto cuando me echa encima todos los reproches por haber actuado tan arbitrariamente, el haberle permitido a nuestra madre que lo hiciera, debo tragar lo mal que me sabe esto y seguir defendiendo las razones que nos llevaron a ello. Siguen siendo las mismas ahora, así como hace treinta años. —¡Él no podía decidir, Siggy! ¡No la amaba! ¡Solo… solo… estaba siendo manipulado por ella! ¡Eso! No le quitamos nada, solo lo salvamos de algo que podía hacerle mucho daño— digo, y si lo creo, ¿por qué estoy llorando? Porque me duele haber traicionado a Nick, me duele no haberle podido decir nada, cuando iba a hacerlo, al verlo tan angustiado, nuestra madre se me adelantó para encargarse ella de también quitarle esa pena a Nick… y entonces no hubo nada para contar, nada, hasta la cena que tuvimos con esa mujer presente y que pone todo sobre relieve otra vez. —¡No, no! ¡Sigrid, por favor no! ¡No le cuentes a Nick!— se lo ruego, hundiéndome cada vez más en el sillón. —No hagas que me odie, por favor, no hagas que me odie. No podría vivir con eso. Sigrid, nuestro hermano es la única persona que me ama sin reproches de los que tú y Kostya tienen para hacerme a montón— me quiebro. —No sabes lo que me cuesta vivir con un marido que sé que nunca me perdonó el haberle engañado, como para vivir así también con mi hermano— escondo la cara contra mis rodillas para que no se vea como el llanto rompe con mis facciones al salir fuera como un tsunami que ya no puedo contener. —Nick no lo sabe, lo olvidó. Él también lo olvidó. Hay cosas que deberían olvidarse, recordarlo no hace bien…— y sin embargo, nunca se me ocurrió usar ese hechizo en Kostya, supongo que era una manera de verlo como un castigo y aceptarlo, al saber que me lo merecía.
Ingrid C. Helmuth
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Mensaje por Sigrid M. Helmuth el Lun Oct 12, 2020 11:27 am

Porque es mi hermana y tengo que aguantarle respuestas como estas, que me hacen rodar los ojos con la sonrisa en los labios, como si todavía guardara incredulidad después de haber convivido con ella por más tiempo del que sería sano para una persona normal. El suspiro que me sale después, no obstante, es de tener que recordarle lo que bien podría ya conocer de Nicholas si verdad se precia tanto de su confianza. —Inggy… creo que nuestro hermano, ya entonces, era suficientemente sensato como para que pudiera ver con qué intenciones se le acercaban las personas. Nicholas no era ni es estúpido, Ingrid, estoy segura de que fuera lo que fuera, sabía bien en lo que se estaba metiendo— tan terrorífico como puede sonar esto que le estoy diciendo, porque la conozco y nada le gustaría menos que admitir lo que suelto a través de mis labios a continuación. —Es eso lo que te produce más coraje, ¿verdad? El saber que nuestro hermano era bien consciente de sus acciones y las hizo igualmente, como para que inventes excusas sobre que era Ruehl quién trataba de engatusarlo.— ladeo ligeramente la cabeza en su dirección, con los restos de alcohol posándose detrás de esta para no incordiar en lo que pretendo que sea un momento serio, un minuto para que recapacite sobre lo que ella misma pone en palabras.

Me encojo de hombros, tan ignorante como ella al preguntarse qué hacía entonces una chica como Ruehl, supuestamente liada con mi hermano, teniendo segundos pensamientos con ese chico que tampoco era bien visto desde las cristaleras de nuestra casa. —Si lo que me estás contando es cierto, y nuestra madre le borró los recuerdos a ambos, no solo le partió el corazón a nuestro hermano, también le robó a Anne Ruehl de un destino diferente al que tuvo— murmuro en un susurro que apenas se escucha tras habernos acostumbrado al volumen alto de nuestras voces. —O quizás no—continuo, esta vez con la voz todavía más apagada. No soy quién para decir que el futuro de alguien podría haberse pintado de manera diferente, damos demasiadas vueltas por el mundo, conocemos demasiados rostros, como para concederme la autoridad para dictaminar el destino de cada uno, pero no tengo pudor al admitir que sí hubiera sido una historia diferente para esa chica que a día de hoy se ha convertido en la mujer más solitaria que he conocido nunca. Ya ni siquiera atiendo a los murmullos de mi hermana al pedirme que no le diga nada, estoy lejos hundida en mis propios pensamientos como para discutirle si hacerlo o no, es algo que decidiré después, porque lo que captan mis oídos suena casi a una mentira. —¿¡Engañaste a Kostya!?— paso de un estado a otro, de estar mirando la alfombra ensimismada a dedicarle la mirada de ojos más abiertos posibles a mi hermana mayor. —¿Cómo que engañaste a tu marido? ¿¡Con quién!?— exclamo, pero no me freno ahí —¿¡Qué más de lo que le ocurre a esta familia desconozco, Ingrid!? ¡¡Por Morgana, soy tu hermana!!— ni siquiera es sorpresa lo que siento hacia esta novedad, es pura irritación y rabia de que se me mantenga al margen de todo, como si volviéramos a tener cinco, diez y quince años. —¡Mamá le borra los recuerdos a Nick, tú lo sabes, engañaste a tu marido! ¿Qué más es que no sé?— enumero lo que voy descubriendo en esta tarde que pretendía ser como una más entre hermanas, solo para mostrar que sigo siendo la menor entre todos a la que siempre dejan fuera de sus secretos.
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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Mar Oct 13, 2020 12:08 pm

Ni borracha, ni sobria, ni loca, ni de vieja, reconocerá nunca que lo de mi hermano y esa chica pudo haber sido un enamoramiento sincero. —Sensato o no, nuestro hermano no es más que un hombre— replico, que nunca estas palabras lleguen a oídos de Nicholas, por todos los cielos y si algún día lo hacen, que la tierra se abra para aventarme al infierno que merezco, —en ese entonces no era más que un muchacho. Nadie se prenda de una persona desde el buen juicio, si tú crees que nuestro hermano tiene los sentimientos metidos en la cabeza es que no lo conoces para nada—, ¿es posible que esté presumiendo de nuestra relación y de lo cercanos que siempre hemos sido, incluso en el momento en que siento que estoy clavándole un puñal en la espalda? —se creyó enamorado de una muchacha que se metió en su vida, nuestra casa y su cama. Serás la más cínica de todos nosotros si te atreves a negar que las personas se nos meten bajo la piel y desde ahí nos atontan la cabeza, nuestro hermano no está libre de eso.

Nadie lo está, porque si eso es lo que opina de Nicholas, de que habrá sido bien juicioso para tomar lo que fue una mala decisión, ¿qué me queda a mí? Busco en el llanto una primera manera de demostrar que esto no es algo de lo que me sea fácil hablar, lejos está que sea algo de lo que pueda presumir, como lo hacen Zoey o Felicity cuando nos reunimos a almorzar en el club de golf, quienes tienen matrimonios de los que se enorgullecen tanto como de sus amantes. A mí, a día de hoy, todavía me duele mi falta hacia Kostya y no hay llanto que sea suficiente para limpiar esa mancha. —Siggy, por favor…— le ruego, —¿cómo crees que podría contarte algo como esto? ¿Cómo podría mostrarte la cara luego de decírtelo y aceptar en tus ojos la misma mirada que me dedican Nick y Kostya? Lo que pudieras pensar de mí siempre fue importante para mí, conoces todas mis defectos sin que haga falta que yo los presente, pero no podía hablarte de esto…— le hago ver mi impotencia con más sollozos que trato de ahogar con una honda inspiración de aire y así poder continuar, —seamos sensatos o no, yo también soy solo una mujer… y cuesta tanto, cuando nos hacemos una reputación como esa, poder admitir ante los demás que a veces hay personas que consiguen hacernos perder esa sensatez, de la manera más idiota, siendo en todo momento un error, sabiendo que es un error…— me trago un quejido, ojalá a mí me hubieran aliviado la carga también quitándome los recuerdos de ese hombre que en este momento solo me asquean.

Miro con pena la taza vacía de alcohol, lo necesito al cerrar mis ojos y siento cómo las lágrimas se siguen deslizando. —Kostya no estaba, nunca estaba, incluso cuando estaba, lo sentía ausente. Él puede decir lo mismo de mí, que me veía todo el tiempo ocupada atendiendo a Lexa o en la farmacia de los Helmuth donde seguía trabajando. Nos habíamos casado, teníamos una bebé, pero nos distanciamos tanto que no sabíamos qué decir para volver a ser cercanos y creímos que los hechos bastaban, no hacía falta decirlo, bastaba con que durmiéramos todas las noches en la misma cama, bastaba un anillo y que seamos una fotografía de familia. Bastaba para él que estaba demasiado ocupando en su carrera política, en la maldita política de este país…— escupo, —y siempre fui insegura, Siggy, lo sabes. ¿Qué crees que pensé cuando lo sentí distante? Pensé que había sucedido, que me había convertido en la esposa trofeo que Agatha Helmuth esperaba que fuera, que ese hombre tan bueno como lo es Kostya, me había colocado como un trofeo en su casa y para él bastaba que me viera hermosa—  lo digo con tanto desprecio hacia mí misma, hacía esa mujer en la que estaba destinada a convertirme por educación de mi familia y a la que una joven Ingrid seguía rebelándose desde el fondo de mis motivaciones más calladas. —No era ese el respeto que quería, la admiración que deseaba, ni el amor que anhelaba, el que se dedica a una muñeca quieta que dejas en un pedestal. Porque cuando dejas a una muñeca allí, pidiéndole que solo se vea hermosa, también la ven hermosa otros. Y un amigo de Kostya lo vio. Y era hermosa para él, me deseaba, me quería, dijo lo que necesitaba escuchar y hizo lo que necesitaba que alguien hiciera. Porque cuando tu marido te mira sin verte, cuando pasa de largo al comprobar que sigues estando donde te dejó, una termina cayendo por una mirada que te ve… alguien que te quiere. Podemos amar a una persona ausente, pero iremos hacia las personas que nos quieren, porque es lo que todos necesitamos, ¿no? ¿Verdad que no es solo cosa mía? ¿Verdad que necesitamos sentir que alguien nos quiere?— ella que conoce mis inseguridades más profundas, debe entenderme.
Ingrid C. Helmuth
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Mensaje por Sigrid M. Helmuth el Vie Oct 16, 2020 6:06 pm

He de decir que es una de las primeras veces que mi hermana consigue dejarme sin palabras, acostumbrada a discutirle todo lo que dice, siempre desde la buena intención -o a veces no, depende de lo que me toque las narices-, en esta ocasión no puedo hacer otra cosa que morderme la lengua y tragarme mi propio discurso. Porque tiene razón, las personas nos volvemos un poco estúpidas cuando se trata del amor, hacemos cosas por aquellos a quienes queremos que no haríamos de ser otro, sin pensar en las consecuencias, hacemos locuras y cometemos errores. Supongo que al no aceptarlo estaba alegando a la parte más inocente de una Sigrid que, pese a todos los comentarios que podía hacerle, admiraba a su hermano y lo pensaba la persona más sensata del planeta, como también lo hacía con mi padre. Puede que Agatha me pusiera de los nervios más veces de las que me calmaba como debería hacer una madre, pero Archie siempre supo qué decir y qué hacer en los momentos indicados. Después de su muerte, supongo que simplemente traté de volcar ese sentimiento hacia Nicholas.

Una vez ha pasado el momento pico de mi sorpresa y poso la mirada sobre la figura desastrosa de mi hermana, puedo verla por lo que es, una persona que ha cometido errores, como yo también los he cometido y como cualquiera ha hecho, porque lejos de todas las razas, sangre y otras torceduras por las que se lucha en el día de hoy, todos somos humanos y cometemos errores. Me dejo caer con un largo suspiro a su lado en el sofá, observándola en su miseria al verse a sí misma como alguien horrible, para intentar calmar esa sensación paso una mano sobre su cabello al rodear sus hombros con mi otro brazo. —Soy tu hermana, no hay nada que puedas hacer que vaya a cambiar mi opinión sobre ti, a no ser que hagas algo como... matar a mis hijos o algo por el estilo— ¿por qué he tenido que decir eso? Vamos, que sabía que quería liberar tensiones y quitarle un peso de encima, pero eso sonó un poco brusco. Solo puedo más que reírme, aunque es una risa desganada que no pretende ser el foco de esta conversación. —Me ofende más que no me hayas dicho que el hecho de haber engañado a Kostya, Inggy... Se supone que estoy a tu lado para que me cuentes estas cosas, no tienes por qué cargar con todo el peso tú sola, nunca me cansaré de repetírtelo, las veces que haga falta, pero tienes que... hablar, contarme estas cosas, no puedo ayudarte si no lo haces— continuo acariciando su cabello, a modo de consuelo y porque también espero que la tranquilice.

Le quito la taza vacía de las manos para posarla en la mesa ratona y así volver a envolverla con mi brazo, esta vez pasando mis caricias por su hombro en lo que ella continua atormentándose. Me muerdo el labio al tratar de ocultar de mi rostro lo pésima hermana que me siento por no haber notado estas cosas, quiero decir, siempre supe que su matrimonio estaba lejos de ser el ideal, por mucho que mi cuñado y mi hermana se esforzaran por dar esa imagen al mundo exterior, es imposible vivir con esa idealización de la perfección. —Ingrid... me siento horrible porque no hayas compartido esto conmigo, no... no porque crea que siendo tu hermana estás obligada a hacerlo, porque no lo estás, tienes todo el derecho del mundo a guardarte secretos, solo... pensaba que tú y yo no hacíamos eso— no con lo importante, al menos. Sí, de joven le ocultaba que bebía y fumaba, que me escapé por la ventana de mi cuarto una vez por la noche para acudir a una fiesta, que me lié con un tipo cinco años mayor que yo, y todas esas cosas que uno no le contaría a su hermana mayor, empezando porque se trata de Ingrid Helmuth. Pero lo gordo, lo que se supone que importa, no hay secretos entre nosotras cuando se trata de eso. O eso creía. —Sí, claro que lo necesitamos, Inggy— poso mis labios en su hombro para depositar mi cabeza en el mismo segundos después, reposando mi mente pese a la expresión compungida de mis facciones. —Todos necesitamos que nos quieran— mi hermana se buscó un amante para acercarse a ese sentimiento, yo me hago con el calor de hombres de los que después a veces ni siquiera recuerdo el nombre para rellenar ese vacío, cosa que tampoco me atrevo a reconocer en voz alta. Supongo que, después de todo, cada uno tiene sus propias maneras de aplacar la soledad para sentirse querido.
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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Dom Oct 18, 2020 11:11 am

¡Sigrid! ¡Por favor!— grito, reprendiéndola por siquiera mencionar que la única falta imperdonable sería la de matar a sus hijos. —Los quiero como si fueran míos, veo a Jenna para vernos a nosotras, veo a Brian para verlo a Nicholas, ¿crees que haría algo para lastimarlos alguna vez?— murmuro, y en vista de que estamos sacando todas mis culpas fuera, las sigo echando de mi boca. —Sé que no he sido la mejor madre o en palabras de la misma Kitty, que soy la peor madre de todas, pero…— es tan triste decirlo atragantada de tantos sollozos en mi garganta, —los quiero tanto— musito, —los quiero tanto a todos y mi problema está en quererlos tanto— es el alcohol, la culpa, los años, el amor a los míos, que atraviesa mi pecho para llenar mis labios. Porque si soy la peor hermana para Nicholas, siendo cercanos como hemos sido toda la vida, ella es la mejor hermana que podía pedir y necesitar en un momento como este, aunque hablarlo llegue veinte años tarde, lo que a mí me coloca en falta otra vez. Teniendo una hermana así que me asegura su apoyo, lo desprecié para recelar de un secreto vergonzoso. Lloro contra su hombro cuando sus caricias en el pelo me consuelan y me veo diciéndole, hace tantos años, que si tenía que hablarme a mí misma, no había nada bueno que pudiera decirme, que dependía de ella para poder ver cosas buenas y no debería ser así, después de tanto tiempo, Sigrid no tendría que encargarse del trabajo de limpiar mi espejo empañado.

Lloro aún más cuando me da la razón, ojalá me castigara con sus palabras, ojalá la culpa estuviera en lo que hice, no en la herida que causé en la confianza de cada uno de ellos. En Kostya que esperaba que nuestra promesa se sostuviera también en los momentos de ausencia, en Nicholas que me creía alguien incapaz de dañar a la familia propia, a Sigrid por no habérselo dicho, si era todo lo que tenía que hacer para que mi hermana pudiera acompañarme. —Nunca volveré a guardarte secretos, Siggy— balbuceo, pasando por mi garganta con dificultad otro sollozo. Reposo mi mano sobre su cabello al tener su cabeza sobre mi hombro para darle un beso entre sus mechones tan rubios como los míos. —Nunca más— prometo, porque todo lo que sé hacer son promesas, a las que luego vuelvo a fallar y desearía que no fuera así, al menos no con mi hermana. —Puedo aceptar que Kostya no me perdone, que Nicholas me odie por culpa de otra mujer, pero… nunca…— cruzo mi brazo sobre ella para sujetarla, retenerla contra mí, en un abrazo desordenado en el que queda presa, —nunca dejes de quererme, Siggy. Tú no.
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