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Mensaje por Phoebe M. Powell el Vie Sep 18, 2020 9:07 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Finales de agosto

Por un momento se me cruza por la mente que me encuentro en el despacho de mi hermano, como si no supiera que está a kilómetros de distancia, probablemente sintiéndose mucho mejor de lo que yo me he sentido estos días. Una punzada me atraviesa el pecho cada vez que se me ocurre el destrozarle ese momento por lo que parecería un capricho mío, cuando sé bien que está lejos de serlo, y aun así no soy quien va a tomar el teléfono para hacer una llamada que lo más seguro es que le amargue las vacaciones que rara vez se coge del trabajo, me puede la culpabilidad de saberme la responsable de eso. Pero eso no quita que no vaya a hacer nada al respecto, cuando está en mi mano el hacerlo y no me importa que tenga que tragarme un orgullo que no tengo porque nunca hice gala de mi dignidad en esta vida, lo saben bien las calles del norte donde la perdí en primer lugar, como para ahora fingir haberla recuperado solo porque me encuentro del otro lado de la verja, el de los afortunados.

Espero a una persona muy distinta de la cabellera rubia de Hans, tampoco es un hombre como supieron ser mis compañías y como lo siguen siendo, que por alguna razón me rodeo a mí misma de figuras masculinas cuando fue esta la primera que me mostró lo cruel y retorcida que puede ser la mente humana. Por irónico que resulte el tener en brazos a un bebé varón también, parece la vida demostrándome que se puede ser elaborado en las vueltas que da para llegar a un destino en el camino, dentro de muchos otros que todavía no hemos alcanzado y que tardaremos un tanto en obtener, porque para eso sí que nos tiene esperando sin apuro, nos jala por la confianza que ponemos en que todo tiene un sentido en el final, cuando puede no tenerlo y con eso también tenemos que conformarnos. No existe esperanza para aquel que se ha resignado a los cambios, debe de ser por eso que me cuesta acomodarme a las nuevas situaciones, otros dirían que es porque no sé dejar atrás las cosas y puede que tengan razón, si me digo de no cometer los mismos errores y no parece que fue hace tanto de sentirme tan completamente fuera de mi propio cuerpo.

Ni siquiera le presto atención al objeto de la esquina que una vez supo ser de mi prioridad, no lo miro porque sé que es capaz de atraerme con sus susurros provocadores, en su lugar tengo la mirada posada sobre algún punto del escritorio de madera que tengo en frente, aunque tampoco le dedico un análisis como lo hago con mis pensamientos. Los mismos me han traído hasta aquí porque no he dejado de pensar en lo mismo por las últimas cuarenta y ocho horas, apreciable en mis ojos cansados y en la manera en la que ni me percato de que mi hijo se ha hecho con la cadena fina que rodea mi cuello y tira de ella con dedos torpes. Es la puerta abriéndose lo que me saca del silencio al que me he acostumbrado, en especial en mi propia casa cuando el bebé duerme y no hay nada más que mi respiración lo que ocupa las habitaciones. O al menos es lo que hubiera esperado, al parecer ya no puedo ni dormir en mi propia casa sin temor a que un terrorista se cuele dentro del que es mi hogar.

He venido por un asunto que no tiene nada que ver con cómo pueda sentirme hacia ti, así que antes de que digas algo al respecto déjame hablar, y estaré fuera de aquí en menos de lo que crees— aclaro, que no planeo extender mi visita más allá de los minutos que me tome explicar qué hago aquí. Para demostrarlo ni siquiera he tomado asiento en uno de los sillones que quedan frente a su mesa, sino que me encuentro de pie, espalda erguida en su presencia para disimular la postura encogida que viene de tener que sostener a un niño en brazos. —Hace dos días que mi padre ha estado en mi casa, no sé cómo, sigo sin entender por qué y no creo que vaya a saberlo ni aunque lo apunten con una varita— mi voz ha perdido parte de la suavidad con que antes decoraba mis palabras, por duras que fueran, pero hablar de Hermann corta con cualquier intento por mi parte de hacer de esto una conversación amena. —¿Qué tipo de seguridad es la que hay en los distritos como para que un criminal se presente en mi salón sin que salte siquiera una alarma o advertencia?— me importa poco que suene como reproche, como queja, como acusación, es la ministra de defensa y mi padre se apropió de mi hijo mientras dormía, no es algo que vaya a permitir que se repita.
Phoebe M. Powell
Phoebe M. PowellDirector del Servicio Social

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Mensaje por Phoebe M. Powell el Vie Sep 25, 2020 8:27 pm

Sigue siendo extraño para mí escucharla usar mi nombre real, no que el segundo no lo fuera en ningún momento, pero siento que Mae hizo alusión a una vida que ya no llevo, que dejé atrás y con ella también a Rebecca, que me llame por Phoebe es suficiente, no el hecho de estar sentada en un despacho que le corresponde, para recordar que algunas personas están simplemente destinadas a toparse en distintos momentos de la vida. Si alguna vez llegué a pensar que por decir un adiós sería la última vez que me encontraría con dicha cara, estaba muy equivocada, porque no hay nada peor que los lazos estrechos que siguen tirando de los extremos hasta juntarse de nuevo, muchas veces inconscientes. —No sé de qué inocencia estás hablando— la corto ahí antes de que pueda llegar a la conclusión con la que justifican todos mi comportamiento estos días —, si me consideraste ingenua en su momento es algo de lo que no puedo culparte, porque lo fui, y por mucho tiempo, pero te aseguro que no es precisamente inocencia de lo que reboso estos días.— contesto, que no creo que la visita de mi padre haya servido para otra cosa más que para recordarme que fue quién me despojó de ella en primer lugar, su reciente aparición revuelve entre mis memorias para hacerme sentir precisamente eso, que me ha arrancado parte de quién soy y que pasará un tiempo antes de que vuelva a sentirme como hace unos meses, cuando todo todavía parecer estar en una pieza completa, y ahora, poco a poco, los trozos que fui pegando con los años están volviendo a romperse.

Pero tienes razón— no es lo que vine a discutir en el día de hoy, de entre todos mis problemas este es al que menos atención le presto, como para mostrar una expresión diferente a la de un rostro de facciones endurecidas. —, no soy mejor que nadie que haya vivido o siga viviendo en el norte, también fui mezquina, busqué tu compañía y me vi favorecida de ella por mucho tiempo, pero no lo hagas ver como si tú no te hubieras aprovechado tampoco, porque lo hiciste. Si de verdad me considerabas tu amiga, ¿me hubieras dejado marchar? Si de verdad me valorabas lo suficiente, como para poder arreglártelas sin necesitar de mí, ¿habrías hecho lo que hiciste?— la miro, sin apartar un solo segundo mis ojos de los suyos, ella sabe bien a lo que me refiero —¿Cuál fue la primera razón por la que escogiste tomar una decisión por mí: porque querías ahorrarme un sufrimiento o porque, en el fondo, sabías que me alejaría?— porque lo hubiera hecho, no voy a negarlo y ella lo sabe, me hubiera ido con el bebé, de haberlo tenido, no hubiera permitido que viviera en miseria, incluso si eso significaba tener que arrastrarme por los callejones más oscuros del norte con tal de darle una vida digna. Desde esta posición puedo ver que esa decisión hubiera sido temeraria, demasiadas variables que, con el tiempo, me hubieran costado demasiado controlar, pero aun así, era mi decisión y, como muchas otras, fui aislada de ella. —No te odio, Rebecca, lo creas o no, no lo hago, te resiento, pero no te odio, y eso no es por voluntad propia, porque si lo fuera, sí te odiaría, son tus acciones las que desprecio— no todas, pero eso no es algo que vaya a decirle en voz alta. —Salvaste mi vida al sacarme de basureros y de convertirme en una diversión para otros, pero me quitaste otra vida. Algunas acciones pesan más que otras, y no tenemos voluntad sobre ellas, para personas como tú y como yo, las malas memorias siguen siendo lo primero que recordamos de aquellos que nos hicieron daño, y que siguen en nuestras vidas.— mi padre dicen que también fue un hombre bueno, también me cogió en brazos y me enseñó a caminar, pero luego me soltó en la calle para que caminara sola. No está en la naturaleza del lobo perdonar la vida de una presa, el conejo lo sabe tanto como él, no se esconde detrás de él porque cree que no va a comerlo, se esconde en su sombra hasta que tiene la oportunidad de escapar y entonces pueden ocurrir dos cosas, el lobo lo descubre y lo mata, o el conejo huye a tiempo. Generalmente suele ser la primera opción.

No flaqueo en mantener la nula emoción en mi rostro, ni siquiera cuando su propuesta sigue siendo la de asesinar a mi padre. Tarda poco en aparecer con una segunda solución que me recuerda uno de los puntos que también tenía que tratar antes de marcharme. —No— digo —, los elfos domésticos informarían a mi hermano y lo alertarían de que algo pasa, no quiero ser la culpable de estropear sus vacaciones con asuntos que tampoco va a poder arreglar, como bien has dicho, mi padre no va a ser atrapado en el transcurso de una noche, seguiremos durmiendo en el hotel— informo por si no lo había dicho antes, en caso de que necesiten los aurores de alguna llave mientras revisan la casa, no tengo ilusión tampoco por regresar a dormir dentro de esas paredes después de lo de Hermann   y apuesto a que cuando no tenga otra opción seguiré durmiendo con un ojo abierto, si no son los dos. —Agradecería que pudieras mantener el encuentro con Hermann lo más discreto posible, no quiero molestar a mi hermano, pero tampoco deseo que se entere por otros medios, yo se lo contaré cuando crea conveniente— por el momento esa opción queda descartada. A su confesión repentina tampoco cambio la expresión en mis facciones, pero de alguna manera mi voz consigue teñirse de un carácter más suave, incluso cuando pretendo evitarlo. —Lo sé— creo que a estas alturas he podido llegar a esa conclusión —, pero en ocasiones, aun teniendo buenas intenciones, seguimos haciendo daño— hablo en plural, porque me siento cómplice de ese defecto, también hice daño a personas por querer tener buenas intenciones con otras, sé de lo que hablo y no pretendo hacerme ajena a ello —, llegados a ese punto lo único que podemos hacer es pedir disculpas, esperar a ser perdonados, y si nos cansamos de esperar, vivir sabiendo que hicimos nuestra parte. No es algo que vaya a exigir de ti, no hay nada más falso que una disculpa vacía— concluyo, no lo haré sabiendo que una disculpa no es algo que voy a recibir de ella, no cuando no la siente ni cree que haya estado en el error, por eso creo que siempre seremos dos personas resentidas la una con la otra.
Phoebe M. Powell
Phoebe M. PowellDirector del Servicio Social

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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Dom Sep 27, 2020 5:21 pm

Lo único que quiero hacer ver— suspiro, —es que aunque no nos hayas visto en igualdad de condiciones, tampoco es cierto que estuvimos en posiciones en las que me abusé de ti. Mis maneras no habrán sido las amables, nunca, lo que no quiere decir de que a mi modo no busqué un beneficio que era real para ambas— en serio, procuré que tuviera una vida a mi lado mejor de la que tendría a la deriva como vagabunda del norte, me sentí responsable de ella, aunque nunca lo admitiría porque suponía una solidaridad que en la práctica mezquino, no la sostengo con cualquiera, no creo que cualquiera lo merezca. Creo que muchas personas pueden, en lo más bajo que han caído, volver a levantarse, no tengo por qué echar un vistazo por su suerte, ni mucho menos interferir. Me ha quedado como enseñanza de la vida que la intención de ayudar, puede ser también un daño a la otra persona, es de lo que está hablándome Phoebe, ¿no?

Te quería ahorrar un sufrimiento, tampoco quería que me dejaras. Somos humanos, sentimos varias emociones a la vez, somos una contradicción de sentimientos respecto a cualquier cosa que nos ponga en un dilema. No pondré ahora por delante la intención de librarte de algo que te haría infeliz, cuando recuerdo que en ese momento también me asustó sobremanera la idea de quedarme sola— le soy honesta, ese es el problema en todo esto. Siendo honesta, nunca digo lo que la gente espera escuchar, no digo las mentiras que quedan bien y dan gusto de oír, esto es lo que soy y por adelantado hay quienes decidieron que nada de lo que salga de mi boca bastará, que al final de cuentas, sus vacíos tienen nombres de otras personas. Pese a la compañía de años de Phoebe, tal vez sea el momento de reconocer que no era lo que necesitábamos, ni lo que nos haría bien, por eso esta rabia, porque quizás no debimos coincidir. Por ausencia de otras personas, nos encontramos, ojalá no hubieran estado ausentes, entre nosotras solo hubo daño. La miro cuando dice no odiarme a mí, sino a mis acciones, tomo consciencia de mis manos, sin verlas, siento la suciedad en sus palmas y no por los asesinos que pude haber cometido, esas son las faltas menores por tratarse casi siempre de personas que desconocía, con las que no compartía ningún vínculo que agravara el crimen. Las mentiras que dije, los engaños que monté, las manipulaciones y el maltrato que usé para protegerme a mí misma.

O puedes ir con la abuela de tu hijo, ¿no?— también sugiero, para sacarla de esa manía que conozco bien de querer aislarse, cuando ella sí tiene quienes podrían cobijarla. Pero no quiere, no quiere importunar a nadie, el único del que aceptaría ayuda es de su marido y no está. De mí solo depende una discreción que se la prometo con un asentimiento de cabeza, me he quedado sin fuerzas al tratar de llegar a ella para hacerle ver que podría contar conmigo si quisiera, vuelve a golpearme el pensamiento de que es lo mejor, que el hará más bien que mal seguir sosteniendo esa postura terca hacia mí y que en realidad es un error querer demostrarle que podría sentirme de una manera distinta ahora, de lo que podría haber sido cuando estaba en el norte. Porque a oír sus últimas palabras me doy cuenta de algo que me provoca desasosiego, me hace ver lo grande que es el abismo que estoy pisando y es bueno que lo vea, que lo reconozca antes de aventarme a este como planeé hacerlo. Más que una disculpa vacía, lo peor es una disculpa honesta que la otra persona pueda tildar de vacía y falsa, así que lo sostengo la mirada al murmurar esas palabras. —Lamento haberte retenido a mi lado cuando era alguien que no tenía nada bueno para darte y que te haya obligado a permanecer quitándote razones que podrían haberte alejado— murmuro, —y espero que algún día, no ahora, puedas perdonarme aunque creas que esto no es más que una disculpa vacía, cuando en realidad es solo una que llega demasiado tarde— musito, bajo mi mirada hacia el niño que tenía con ella, uno que sí nació. —Busca ayuda, Phoebe. Busca ayuda donde sí puedan cuidar de ustedes, hazlo antes de perder la voz o de olvidar cómo se pide ayuda. No tienes por qué hacerlo sola— esto se lo habré dicho en algún momento cuando nos conocimos, y se siguió sintiendo sola, yo también volví a quedarme sola, como la cosa más odiada y a la vez a la que volvemos a acudir, una y otra vez.
Rebecca Hasselbach
Rebecca HasselbachMinistro de Defensa

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Mensaje por Phoebe M. Powell el Lun Sep 28, 2020 6:37 pm

Te creo— por extraño que pueda parecer después de la propia experiencia, no considero a Rebecca una persona mentirosa, cuando nunca tuvo problema con señalar mis faltas e imponer su opinión sin preocuparse por endulzar sus palabras primero, y por eso de la honestidad al decirlo sin que se mueva una sola facción de mi rostro —Pensaste que tus formas me ayudarían a forjar el carácter que me faltaba para sobrevivir en el norte, incluso cuando no eran las mejores...— porque no solo tomó decisiones por mí, me gritó a la cara lo que consideraba que estaba peor conmigo, fue dura con sus críticas creyendo que me facilitarían a la hora de devolver los insultos, cuando lo único que consiguió hacer fue volverme más consciente de mis propios errores y de mis defectos, esos que sigo arrastrando porque ninguno de sus golpes fueron suficientes, como tampoco lo fueron otros y la raíz de todos mis problemas es esa, que no sé llegar al momento de decir basta, trago y trago hasta que un buen día me ahogue o arrastre a todo lo que se encuentra cerca. Y es que ha llegado ese punto en mi vida, en que dudo de lo que estoy más cerca de cumplir, si debería soltarlo ahora que puedo poco a poco, o si ya es demasiado tarde para eso. No sé si a la larga me estaré haciendo más daño a mí misma o a los que están a mi alrededor con ello.

Tengo mis ojos posados sobre los suyos, pero mi análisis va más allá de lo que pueda expresar su mirada, con sus palabras reconoce lo que ya sabía, pero es distinta la sensación que me invade cuando lo admite. —A todos nos da miedo el quedarnos solos— lo cual no justifica ninguna acción, si lo digo es precisamente porque trato de comprenderlo desde su punto de vista, desde el mío pienso que nunca podremos llegar más allá de lo que hemos llegado hoy. Creo que sé bastante de lo que es encontrarse solo, cuando es el sentimiento del que primero me hice amiga, y es esa estrecha relación de confianza con algo que conoces desde que eres pequeño que en el futuro te impide soltarlo, porque es lo primero que te agarró de la mano y a lo que terminaste acostumbrándote. No importa lo mucho que insistan en que no estás solo, que tienes gente a tu alrededor, por supuesto que eso lo sabes, pero sigue siendo extraño a tus costumbres, no son cambios que puedas hacer de la noche a la mañana. La mayoría no lo entiende, te hacen culpable de no querer cambiar, de no hacer los esfuerzos suficientes y de ser quién elige encontrarse solo. Si solo supieran de lo que hablan, ni ellos se cansarían de ejercer presión sobre nuestros hombros por mejorar, ni nosotros nos sentiríamos culpables por no llegar a cumplir con sus expectativas.

Lo pensaré— se lo concedo, aunque en mi cabeza ya conozca la respuesta a esa propuesta. Eloise sigue siendo una persona con la que tengo que reservarme de algunas cosas, puede ser la abuela de Hayden y puede que en este último tiempo haya demostrado que sí quiere ser partícipe de la vida de su nieto, pero no pienso que tenga la confianza suficiente con ella como para auto invitarme a su casa. Con eso dicho y las cosas claras, tomo a mi hijo por debajo de sus brazos para cargarlo entre los míos en lo que me pongo de pie, dedicándole una última mirada persistente a la ministra al no esperar recibir de ella algo tan parecido a una disculpa como eso. —No esperes a pedir disculpas, si de verdad es algo que sientes y no las crees vacías, porque si bien dicen que es mejor tarde que nunca... personas como tú y como yo sabemos que las personas se van, no se quedan esperando por nosotras, no se quedarán esperando por una disculpa— y no lo digo por mí, de mí ya quedó claro que soy de las que se quedan, lamentablemente cuando todos parecen escoger un camino diferente, se lo dejo como consejo para aquellos que sí puedan hacer una diferencia con ella. Así como ella me da el consejo de buscar ayuda, yo le doy ese, aceptándoselo con un movimiento de cabeza que sirve como despedida cuando cargo con el niño para marcharme.
Phoebe M. Powell
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