The Mighty Fall
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By the cracks of the skin I climbed to the top · Nicholas

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By the cracks of the skin I climbed to the top · Nicholas - Página 2 Empty By the cracks of the skin I climbed to the top · Nicholas

Mensaje por Rebecca Hasselbach el Miér Ago 19, 2020 7:22 am

Recuerdo del primer mensaje :

Agosto

Prefiero tener mis ojos puestos en el agua inmóvil de la piscina, en su transparencia que me permite vislumbrar el fondo de baldosas claras, a convivir en mi despacho con el murmullo de un recipiente que actúa con la misma persuasión que un canto en sirenio, casi puedo entender la debilidad de ciertas personas a ahogarse en recuerdos y tengo que reemplazar un azul con otro para que los recuerdos que pretendan presentarse no se materialicen por fuera de mi mente. Decido depositarlos en esta agua, no en la otra. El elfo me encuentra en el borde, enteramente vestida con el uniforme del cuerpo de defensa, el que todavía no me he quitado pese a que llevo rato en la mansión y el sol ya ha bajado sobre el muelle de la isla. La visita que me anuncia es la razón por la que debo seguir vistiendo lo que espero sea un mensaje por sí mismo, así nos abstenemos de la parte de recordarle a quien vino a pedirle un favor en primer lugar, uno que todavía debe. Le pido al elfo que lo encamine al despacho así también podemos devolver este asunto al espacio que le corresponde, donde espero verlo de pie en perfecta imitación a la noche en la que vino a pedirme ayuda por su sobrina extraviada y como me toca a mí, hago el mismo camino alrededor del escritorio para sentarme detrás.

Una cena bastó para ver que nada ha cambiado en los Helmuth como familia en estos veinte años— se lo arrojo como insulto, —ni en tu sobrina llevada a la histeria por recriminaciones que también sufría Sigrid, ni en lo impertinente y estirada que era esa muchacha rubia tan parecida a Ingrid—. Me inclino sobre el escritorio con mis manos unidas al mirarlo fijamente, así lo siente como un peso que coloco sobre él. —Ni el desprecio a flor de piel de tu sobrino que tanto me recordó a ti—. Me hice una imagen de esta familia que solo he podido reafirmar tras escuchar los insultos dichos en esa cena, los míos son nimios en comparación. Pero era lo que buscaba, ¿no? Un papel colocado sobre otros como la manzana de la discordia rodando en el banquete de los dioses, estoy satisfecha en cierta medida, no lo suficiente como para perdonarle el favor que me debe. —Tu hijo se parece a ti— digo en un tono más ameno al echarme hacia atrás para descansar en el respaldo de la silla, aun no terminé, —también le gusta fingir que tiene la moral más alta como para decirle a los otros sobre lo que deben sentir vergüenza— creo que puedo dar por mi concluido mi repaso en impresiones sobre todos los Helmuth sentados alrededor de esa mesa.

Me pongo de pie para bordear el escritorio, mis brazos cruzados actúan como protección cuando me acerco. —Dime la verdad, Nicholas. Somos viejos conocidos, nos tenemos confianza para estas cosas— lo aliento con un falso tono de confidencia, —te dio miedo, ¿verdad? Te dio miedo por unos segundos que mi petición ridícula hacia ti para que te presentes como padre de la hija de una paria, se haya vuelto una realidad en tu hijo, ¿no?— pregunto, sabiendo su respuesta aunque no la diga, se sintió en la tensión que cayó sobre esa mesa. —El karma puede ser una perra— susurro. —Ten cuidado con ella— le aconsejo, mis ojos también se lo advierten al sostener el contacto con los suyos. —Así que no la provoques y trata de resolver tus pendientes, uno de los cuales por cierto, me pertenece. ¿Vamos a discutir los términos del pago del favor que te hice o prefieres firmar sobre un cheque en blanco a cobrar a futuro? Porque dudo que realmente quieras dejar abierta la posibilidad de que un día cualquiera te surja con una petición que no viste venir— o quizás sí, porque su ingenuidad le hace creer que podré olvidarlo.
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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Lun Ago 31, 2020 8:26 am

Si lo busco, quizás al encontrarlo este recuerdo difiera en tan pocos detalles, si lo hiciera podría escuchar todas las veces que me hicieran falta, lo que había olvidado que dijo ese día. ¿Qué tan mal nos han tratado para que un gesto así se vuelva una amenaza? Esos días en los que había dedicado toda mi confianza en exclusividad a una persona, seguía viendo el acercamiento de otros como un peligro sobre la inestable fortaleza de mi carácter, ¿alguna vez deje de estar a la defensiva? Puedo decir, con una honestidad real, que en esos días lo hice, había puesto mi corazón en una mano para dársela a una persona que me dijo que me quería y le creí. ¿Por qué le creí? Porque así como Nicholas trata de demostrarme que era sincero, sé que esa persona también lo fue, y al sostener su mirada para reafirmarme en una postura, de la que nunca debería haberme salido, toda la mierda que arrojo sobre una palabra que me asquea en mis labios, a lo único que se refiere es que ese sentimiento se acaba. Se acabó en esa persona, se acabó en mí, también se acabó en Nicholas. El invierno que imponemos hacia el otro con el rechazo y un olvido hiriente, acaba por extinguir cualquier fuego que queda sepultado bajo el frío trato que se da y se recibe.

Todos nos creemos incondicionales a un sentimiento que nos embarga enteros porque no imaginamos qué será de nosotros cuando nos encontremos vacíos de este, simplemente ese lugar lo ocupa algo distinto, sentimientos hacia otras personas, angustias hacia uno mismo. —No, no somos oportunidades— susurro, es una réplica desprovista de rabia, son palabras huecas que resuenan con otra voz en mi mente. —Estás hablando de recuerdos, lo que somos son recuerdos— de lo que tomamos, de lo perdimos, de lo que escogimos y de lo que dejamos ir. Pero no son oportunidades, porque esa palabra está cargada de cosas que podrían pasar, si es para hablar de nuestro pasado, lo que somos y lo que en este momento habitamos, son recuerdos. Él y yo, con los años que tenemos, no somos más que recuerdos. —Todo lo que pasó, ya pasó— digo, con una rotundidad que no me da permiso para idealizar una vida paralela a la que tuve, ¿por qué me lastimaría de esa forma? Para desear una vida distinta, ya tuve episodios de desasosiego en que deseé acabar con la tenía. Nunca estuve invitada a las comodidades de su mundo que tal vez lo hubieran hecho todo más llevadero, la ironía es verme a esta edad entre paredes internas de aquella casa blanca que destacaba sobre la calle, una fachada que no me cansaba de ver desde mi ventana, sin saber que desde esta había alguien más, que no era ni Sigrid con su curiosidad, ni Ingrid con su lengua venenosa, mirando a mi casa.

En vez de sacarme del recuerdo del atajo, me trae a este como si fuera una segunda caja más pequeña dentro de otra más grande, y el enfurecimiento anterior con el que pedía que me liberara por la sensación de estar atrapada en algo que me negaba a ver con sus ojos, se desvanece en este espacio personal de su mente. Bajo mis párpados al inspirar el aire que suelto a través de mis labios, ¿su pregunta en verdad espera una contestación de mi parte? —Sabes por qué lo hago, por qué lo hacemos, es la manera en que ha funcionado siempre el mundo para nosotros—musito, desganada. Mis ojos al entreabrirse siguen al muchacho que se enfrenta a sus hermanas menores, rubias cabezas que se me hacen tan familiares, como si esas adolescentes nunca  hubieran cambiando a las adultas que son al día de hoy y siguieran viviendo en un universo en el que quedamos capturados, en una eterna juventud de primeros errores. Me demoro en responder, las voces de la discusión que transcurre en la puerta son un ruido sordo que hace al ambiente, y entonces separo los labios para modular mi verdad. —Yo sí lo agradezco, agradezco haberte empujado ese día, te salvé de poner todo esto que nos rodea en crisis. Eres quien eres, conseguiste todo lo que tienes, porque ningún error te arrastró fuera de estas paredes y puedes disfrutar de una vida en la que te mantuviste por el camino correcto— digo, no es una recriminación como otras veces, sino una exposición de todo por lo que debe sentirse satisfecho.

»Tu lugar era este, mi lugar era ese, jamás hubiera sido este, cada quien obtuvo lo que le correspondía  — insisto. Suelto un suspiro cansado al continuar: —Todo el tiempo te acuso de que tus acciones de ayuda hacia los demás son falsas, pero creer que podrías haber hecho algo por mí y quizás mi vida, supera a todas tus otras buenas intenciones de samaritano—. Cruzo la poca distancia para estirar mi brazo y que mi mano rodee su codo en un apretón suave que no pretende lastimarlo, le dejo saber que mi cercanía está libre de mi amenaza al mirarlo con mis ojos limpios de emociones turbulentas. —No me hubieras salvado sacándome de un lugar para colocarme en otro distinto, llegar a mí requiere de cruzar ciertos infiernos y entender que nunca los abandonaré del todo, no es algo que vaya a esperar, a exigir de nadie y menos de personas como tú— meneo mi cabeza para que no se apresure en volver a nuestros prejuicios, —no hablo de tu clase, hablo de tu carácter. No te mereces tratar con ninguna persona que a la larga te obligará a pisar esos lugares— susurro, demoro el agarre de mis dedos, hasta que dejo caer mi mano a un lado de mi cuerpo. —Sí creo que eras y eres mejor que esa persona, que ese chico y del hombre que pueda ser ahora, pero de haberte elegido, también hubiera sido una decisión equivocada, para ambos. Así que no vuelvas sobre esto, fue lo que tuvo que ser.
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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Dom Sep 06, 2020 6:17 pm

Mi silencio le sirve como razón al corregirme, le doy ese reconocimiento al estar presente en uno de esos recuerdos que marcaron, que siguen marcando, nos hacen quiénes somos hoy y lo seguirán haciendo por el tiempo que podamos recordarlos. Ignoro este mismo al despegar la mirada de mis hermanas en la puerta para centrarme en lo que sale de sus labios, sigue siendo en pasado, pero puedo asegurar que lo dice de la misma forma en que lo haría en el presente, capaz todavía con más fuerza, probablemente salida de que en este momento no hay nada que pueda decir que se considere un error, basta que lo sepa ella como lo hago yo para que al instante de regresar no haga falta volver a remarcarlo. — No me arrepiento de haber tomado las decisiones que tomé, como dices me llevaron a conseguir lo que poseo hoy, y no tiraría nada de eso por la borda— aclaro, por muy en desacuerdo que pueda estar con las formas de mi familia, siguen siendo las personas por las que daría todo lo tengo también para no verlas sufrir. —Pero sí me hubiera gustado, en su día, haber compartido todo eso contigo, si me hubieras dejado.— como soy consciente de cómo tiene que haber sonado eso, no transcurre tiempo que le permita hablar antes que yo lo haga de nuevo —No es un reproche, no pretendo hacerte sentir mal, por sorprendente que vaya a parecerte, es solo mi forma de decirte que no todas las visiones que tenías eran las correctas, probablemente yo tampoco las tuviera.— sigo, suena casi como una disculpa sin llegar a serlo, en ese tono calmo que me caracteriza, pero por una vez mis palabras hacia ella no son venenosas, no pienso que lo fueran nunca si dejo de lado el rencor con que la he tratado en estos últimos meses.

Si pudiera explicar la expresión tras mis ojos al escucharla hablar tan seriamente sobre lo que fuimos, sobre lo que teníamos que ser, creo que no encontraría palabras para ello. No es culpa lo que siento porque me dije a mí mismo que no tendría que sentirme responsable por las decisiones que toman otras personas con sus vidas, pero sí puedo decir que se trata de un sentimiento parecido al despegar mis labios para luego no salir nada de ellos. Me quedo con ese gesto que no llega a tomarme por sorpresa a pesar de que no he recibido ningún trato semejante de ella en nuestros últimos encuentros, quizá nunca. No me atrevo a tocarla de vuelta, tan solo me dedico a mirarla cuando se aparta y paso una de mis manos por  encima de mis labios al apartar la vista para dejarla posada sobre la ventana. El joven Nicholas poco tarda de relevarme de esa tarea al cerrar la puerta para dejar los murmullos de sus hermanas al otro lado de la pared, vuelve a tomar asiento en la silla para volver a analizar tras el cristal, ignorando por completo el libro abierto con el que debería estar concentrándose, en lugar de las figuras que vuelven a aparecer calle abajo. Es entonces cuando regreso mis ojos claros hacia los de ella. — Puede que yo no fuera la persona con la que escogiste estar, no seguiré juzgando tus razones como lo hice entonces, estoy seguro de que las tenías, como las tienes ahora para decir que no exigirías de nadie el cruzar los infiernos para llegar a ti. Pero el que no lo exijas no quiere decir que nadie estaría dispuesto a atravesarlos, y si lo hace, si hay alguien que de verdad muestre interés por hacerlo, creo que deberías permitírselo— musito con cautela, por temor a que pueda malinterpretar mis palabras. —Un error no te condena, y aunque estoy segura de que vas a decirme que fueron más de uno, a la larga son páginas que vas a tener que pasar y no volver a ellas, es de la única forma que podrás seguir adelante.— no lo digo en mis palabras, pero creo que queda implícito el que se merece hacerlo.

No creo que haga falta decir más, cuando ha quedado dicho todo lo que no se dijo en más de veinte años. No que vaya a hacer una diferencia en nuestras vidas, como bien se dijo estas no pueden cambiar ahora, pero sí pueden hacerlo nuestras opiniones, las mismas se han visto magulladas con estos minutos que deshago al llevarnos de nuevo al despacho de su vivienda. De algún modo, siento la ligera presión con que me hundí en el pensadero desaparecer al poner los pies sobre una tierra de la que probablemente no me haya despegado. Tengo que pasar mis manos por el rostro para desprenderme de algunas gotas de agua que se han adherido a mi piel, para después posar mis manos sobre mi cintura, por dentro de mi chaqueta, con la mirada sobre el suelo y el sentimiento de que estoy por hacer algo que ni en mi sano juicio. —Solo lo usarás en caso de extrema necesidad, no quiero saber nada de ello hasta que se de el momento de que tengas que recurrir a ello, si es que se da— mi voz sale de la nada, ni siquiera acongojada a pesar de lo que estoy a punto de hacer —Y mi familia se mantendrá al margen de todo, yo trataré con mis hermanas y estarán al tanto de lo que ocurre, es lo único que voy a pedir de todo esto, además de la confidencialidad— repito, no creo ni que ella se lo crea cuando estiro la mano para recibir el bendito papel por el que hemos llegado a esto para empezar.
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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Lun Sep 07, 2020 6:44 pm

No me escucha, ignora todas mis peticiones de no plantear lo que podría haber sido, me ignora al decir palabras como esas de que podría haber compartido lo que tenía conmigo, no es consuelo, está dándome algo que de tomarlo me hará daño. —De todo lo que has dicho me quedaré con eso último— susurro con cierta lejanía en mi voz, —estás tratando de reescribir sobre mi pasado, dejaré que lo hagas sobre lo que ocurrió, si quieres que me lo cuente a mí misma de una manera distinta de ahora en adelante. Pero no reescribiré sobre mi pasado con lo que no pudo ser…— mi voz decae a su tono más bajo. Puede, si quiere, superponer una página con otra, plasmar su versión con tinta imborrable y manchar sobre relatos que me conté muchas veces, pero hay mucho escrito, no podrá hacerlo sobre todo. Este es solo un recuerdo entre muchos otros que se arremolinan en nuestras mentes, en la mía como tornados que me han azotado toda la vida en la isla solitaria en la que busqué refugio. Esta habitación, donde un meditabundo Nicholas recupera su posición tras una ventana para mirar a la calle, dentro de una pulcra casa donde la conversación entre dos muchachas es el único quebranto, en nada se compara a recuerdos míos, sus paredes están hechas de una calma de la que no gozó mi mente.

Me saca de mis propios recuerdos, de la violencia en estos que uso para justificar la mía, y me atrapa en este, que tal vez pueda ser el espacio más privado que tenemos para hablar de todos en los que nos hemos cruzado antes. No dejaría que otra persona me acorralara de esta manera, que eligiera la conveniencia de este momento, para decirme lo que oficialmente lo hace mi voz de la consciencia. Mi mirada no se aparta de su rostro, pero mis uñas en vez de buscar lastimarlo como respuesta instintiva a su acercamiento, arañan mi propia palma. Maldigo el que esté tratando y consiguiendo llegar a mí, así que me queda el escudo del escepticismo. —La única persona que podría querer darle ese permiso, es la única que ha decidido ir en dirección contraria a donde me encuentre— así le robo valor a su buen consejo, no hay nadie más que me interese, no hay tal permiso que dar. Me escondo en el silencio por lo que dice a continuación, mis ojos deben mostrarle una expresión vacía, es la práctica de conservar una calma fría que no delate sentimientos enterrados, esos que asesiné, no debía tenerlos si quería sobrevivir en el norte y lo hice, lo conseguí, a costa de ellos. «Seguir adelante», lo miro esperando que me devuelva el gesto y ambos nos enfrentemos a la duda de si eso podría ser posible.

* * *

Rozo la piel de mi rostro con una caricia vaga de las puntas de mis dedos, para retirar las gotas que han quedado prendidas en esta, mientras mis ojos siguen puestos en el agua quieta del pensadero que es indiferente a las emociones que se experimentan allí. Parpadeo para que mi mirada se familiarice con el escenario al cual regresamos, en el que ambos volvemos a ser quienes somos, él no se ve distinto a quien era hace un rato, salvo por su postura que lo muestra en una contradicción interna que termina por expresar con sus palabras. Miro con extrañeza la mano que me tiende, como si no comprendiera lo que sugiere, ladeo mi rostro al alzar mi vista hacia él para tener la confirmación de que se refiere al certificado de paternidad. Una sonrisa va deslizándose por mis labios en el momento que coloco mi mano sobre la suya en vez de entregarle un papel y la estrecho para concluir nuestro acuerdo. —Será el salvoconducto para mi hija solo si alguna vez la identidad de su padre biológico se vuelve un riesgo para ella, te lo prometo— digo, puede estar seguro de que hablo en serio, no pretendo abusar más allá de lo que es una precaución.

Pero retengo su mano al ensanchar mi sonrisa en un gesto socarrón. —Nicholas, Nicholas, Nicholas…— canturreo su nombre, —¿también eres prisionero de tu ego? ¿Todo lo que tenía que hacer era decirte que eres mejor hombre que otros? De haberlo sabido, lo habría dicho antes — bromeo a su costa, retiro mi mano al dar un paso hacia atrás que me acerque a la bebida de la que vuelvo a servirme un vaso, lo repito con otro. —No es mentira— aclaro, para que no malinterprete mi broma. —Neopanem no es lo que se diría una tierra de hombres virtuosos y es un mérito el que seas… un buen hombre— es una apreciación honesta de mi parte. Cargo con ambos vasos en mis manos al acercarme y le ofrezco uno de estos, es mi tregua de paz así como el aliciente al pedido que haré. —Como lo eres, ¿me ayudarías si algún día quiero dejar mis errores atrás?— pregunto, pese a todos los halagos, estoy poniendo a prueba si es realmente bueno, mejor que otros. —Si una vez deseaste en verdad hacer algo por mí que me diera una vida distinta a la que tuve, ¿lo harías también ahora?— pregunto, curvo mi sonrisa hacia un lado al arrimar el vaso a mis labios. —No estoy apelando a tus sentimientos de ese entonces. Eso que decías que te hubiera gustado compartir conmigo, era algo que estaba hecho para ser compartido con alguien más, alguien que quizás también lo necesitaba, ¿no lo crees? Es como dice esa canción… eres de los pocos afortunados, la mayoría de nosotros coleccionamos nombres de amantes equivocados— digo, la sonrisa en mi rostro, cuando no hay nada de lo que preciarse en ello. —Creo que te debo el nombre del padre de mi hija. Si vas a prestar tu firma, deberías saber qué nombre es al que pretendo no dar espacio.
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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Sáb Sep 12, 2020 12:38 am

Envuelvo mis dedos en los suyos como reemplazo a lo que esperaba que fuera un papel, encontrarme con la sorpresa de que a diferencia de lo que se mostró en el recuerdo, su mano siendo igual de afilada que los bordes de una hoja al chocar contra mi rostro, la tez de su mano es mucho más suave y fina de lo que hubiera esperado, sigue pareciéndose a la textura de un folio en blanco, de todas formas. Y, sin embargo, de todo lo que podría decir de ella, nunca la describiría como un libro en blanco. —Te creo— musito. No es algo que hubiera dicho unos meses atrás, años siquiera, no me creería a mí mismo capaz de creer las palabras de un Ruehl, fuera ella o cualquier miembro de su familia, pero puedo decir ahora que mis resentimientos hacia Rebecca poco tenían que ver con nuestros vecinos, y más con quién era ella como figura en esa vida. Lo tomé como algo personal, tal y como hicieron mis padres con esa familia cuando se declararon enemigos sin que hiciera falta ninguna formalidad de por medio, para mí si fueron necesarias algunas para saber en qué lugar colocarme con respecto a la chica morena del barrio.

Esa manera que tiene de canturrear mi nombre hace que replique su sonrisa, pretende seguir con su broma con ese gesto vago que termina al desprender mi mano de la suya y puedo pasarme la misma por el rostro hasta culminar en el inicio de mi cabello sobre la frente. —No, no soy prisionero de mi ego,— vuelvo a cruzar una sonrisa fugaz con ella —pero está bien que hayamos podido ser honestos el uno con el otro, no de la forma en que lo fuimos antes— porque sinceros fuimos, pero la intención con ello siempre fue dañar al otro, no creo que esa haya sido la finalidad con esto, por lo menos en lo que a mi persona se refiere —Siento que... como que necesitábamos cerrar ese capítulo, incluso cuando no formáramos parte de las mismas páginas— puede decirse que nuestra historia es como uno de esos libros narrados desde dos puntos de vista diferentes, solo necesitábamos llegar a un punto de encuentro para dejar las cosas claras por fin. Creo que por eso puedo tomar sus palabras como un halago en sí mismo, es la primera vez que la escucho decir algo parecido, aquí en el presente, así que no me creo estúpido por querer aprovechar el momento que dure. Ella tampoco parece querer desaprovecharlo, por la forma que tiene de pedir antes de que siquiera hayamos tenido la oportunidad de ponernos de acuerdo con todo el asunto que revuelve alrededor de su hija. — Lo haría teniendo la certeza de que usarás esa oportunidad para dejarlo todo atrás como se debe, no para cometer los mismos errores— puede sonar como una respuesta condicionante, lo es si se piensa de la manera en que lo veo, y no tiene por qué ser malo, en todo caso la beneficiada será ella —Así que sí, lo haría, lo haré cuando decidas que estás dispuesta a hacerlo, no antes, está en tu mano escoger el momento— me abstengo de decir que cuando llegue ese momento, escoja bien.

Y como no espero lo último que dice, creo que lo dejo claro al regresar a mirarla con las cejas alzadas, dejo que sea mi propio silencio el que dé paso a lo que sea que quiera decirme. Si es el nombre del padre de su hija bien, si es cualquier otra cosa también estará bien, porque no hubiera esperado, incluso cuando voy a poner mi firma en un documento del que no he exigido hacer cuentas de nada, conocer de ella el dato que bien podría ser el secreto mejor guardado de su vida, tan deliberadamente. Me cruzo de brazos, rozando mi barbilla con el dorso de mi mano, al concentrarme en nada más que en su figura a la espera de una respuesta.
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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Sáb Sep 12, 2020 8:26 pm

Mi sonrisa decae al oír esas dos palabras que en otra ocasión hubiera sido una estupidez en su boca, ¿qué lo haría confiar en una promesa mía? Es una sonrisa que se va de mis labios por lo grave de saber que estamos siendo honestos, las mentiras puestas una sobre otra a la larga se vuelven cómodas en el trato con otros, las verdades siempre exponen de nosotros más de lo que nos gustaría mostrar, más de lo que somos conscientes de estar mostrando, así que le muestro mi espalda al servir los vasos para que el momento pase sin mayor trascendencia de la que me conviene darle, cuando acabamos de concluir un acuerdo que nos ha llevado tiempo y sí que tendrá su repercusión en más vidas que las nuestras, en caso de que se presente la necesidad de aclarar que mi hija no tiene ningún tipo de relación con el peor enemigo de Magnar Aminoff en estos momentos. Y digo el peor, porque Kendrick Black y sus seguidores no son más que idealistas que se visten de sufridos mártires, en cambio Hermann Richter no lo hace, él no se pone el hábito de hombre idealista o al menos yo conozco lo suficiente como para saber que no lo es. Black, su gente, gritan con toda la fuerza de sus gargantas que lo suyo es una guerra justa, siempre justificando cada ataque que hacen mencionando sus propias víctimas. Hermann nunca podría proclamar nobleza  sin que la garganta se le rompa por la mentira, no es bueno, nunca lo ha sido. Ni yo lo he sido.

Es raro, algo a destacar, encontrar una persona que lo es y en vez de seguir dando vueltas a su alrededor tratando de revelar lo que a mis ojos no puede ser más que hipocresía, tomo su nombre para colocarlo en un lugar que me aporta cierta paz sobre mis errores. La ironía de que celebre nuestra honestidad sobre esta gran mentira, una que propongo y ejecuto para reescribir también sobre la vida y el pasado de mi hija. —Una manera distinta de honestidad— murmuro, tratando de que esto se acomode con todo lo que está encontrando un nuevo orden desde que abandonamos el pensadero y me asusta, no tiene sentido negarlo, que no solo mi percepción sobre ciertas cosas han cambiado como para mostrarle cierta amabilidad, sino que también haya podido cambiar en algo la suya como para que se muestre amable conmigo. Siempre asustará más recibir ese trato que darlo, así que dejo la copa en su mano para ir a hacia uno de los sillones colocados frente al escritorio para las visitas y lo hago girar para sentarme allí, mi mirada puesta en él. —Hecho— contesto, —lo haré cuando crea que es el momento de hacer las cosas bien y solo si las haré de esa manera, no para recomenzar otra racha de malas decisiones. Pero…— esa palabra, la que inevitablemente pronuncio antes de dar un trago corto a mi bebida, que antecede a las que vienen después, dichas con mis ojos puestos en el líquido. —¿Puedes mirar a una persona que trata de hacer las cosas bien sin preguntarte en qué momento caerá en un nuevo error? ¿Puedes mirarla sin ver en esa persona todos los errores que ya cometió?

Impongo esa pregunta antes de dar el nombre del padre de mi hija, a mi consideración es un interrogante mucho más importante que la identidad de ese hombre, no siento que nada de lo que viví con Hermann me obligue a respetar su paternidad y, de hecho, conociéndonos de la manera en que lo hicimos, esto es un acto egoísta incluso esperado. Él tomó muchas de esas decisiones en su vida, yo hago lo mismo. —Es Hermann Richter— digo, sostengo mi copa sobre el apoyabrazos acolchado del sillón y retengo su mirada para no perderme el detalle de lo que dicen sus ojos. —No tengo ninguna intención que mi hija sea vinculada a los Powell— modulo con el mismo desprecio que dediqué al apellido Helmuth en otras ocasiones. —Son una familia maldita, todos han sido víctimas de Hermann. No lo será mi hija— lo dejo dicho, con la misma determinación que he mostrado en el ascenso que me ha traído hasta esta isla, esta mansión, este encuentro que nos ha vuelto a colocar cara a cara luego de tantas décadas. —Ahora eres mi amigo, Nicholas— alzo mi vaso hacia él como un falso brindis, con una sonrisa forzada. —Tristemente mi amistad tiene pocos privilegios, por el contrario hace que ponga muchas expectativas en ti. No traiciones mi confianza, no me traiciones— mantengo la sonrisa mientras lo amenazo con mis ojos, —si lo haces te mataré y quiero que sepas que si pretendo hacer miserable a una persona, lo hago de muchas otras maneras, pero estoy brindándote algo a lo que si fallas, responderé de ese único modo.
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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Lun Sep 14, 2020 3:23 pm

Todo lo que sigue a un pero anula casi por inmediatez la frase anterior, así que pese haber aceptado sin miramientos mi condición, mantengo el aliento dentro de mis pulmones a la espera de la suya. No me cuesta deducir que lo que sea que responda lo va a usar como crítica hacia mí, no creo que por haber compartido recuerdos insólitos de mi vida con ella vaya a mantenerse imparcial con sus comentarios, lo que me hace tener que pensarme durante unos segundos más de la cuenta la respuesta. Para ello deshago el cruce de brazos sobre mi pecho y tomo el vaso que me tiende para usarlo como excusa ocupando un tiempo extenso del silencio al llevarme el mismo a los labios. —Podría, sí— no cualquiera lo reconocería como una contestación honesta, no en el mundo en que vivimos dónde a todos se nos juzga por nuestros errores y rara vez estos se perdonan, también son diferentes las decisiones que nos vemos obligados a tomar desde nuestros cargos, no necesariamente nos hacen malas personas, pero sí es frecuente el recurrir a ello para tachar a cualquiera de errado. No tiene nada que ver con lo que estamos tratando aquí, no me pregunta por lo que pueda hacer en su día a día como ministra de defensa, no quiere recibir una crítica por las medidas que pueda tomar, alega a esos errores profundos que la envuelven a ella como quién es como persona, no aquellos que la vuelven ministra. Puedo decir entonces que sí estoy siendo sincero sin temor a que me tache como mentiroso. —Creo en que una persona puede redimirse, aunque no es algo que dependa exclusivamente de ella, sí pienso que mientras no se quiera ser salvado, es muy difícil que los que están alrededor puedan hacer algo al respecto.— estoy seguro de que no es la primera vez que escucha algo parecido, por muy acostumbrados que estemos a que oír que sin el apoyo del resto no vamos hacia ninguna parte. Estoy de acuerdo, pero también creo en el valor propio y, sin llegar a decirlo en voz alta, se me ocurre que está un poco faltante de este último. —Opino que mucho antes de exigir el perdón de los demás, el primero que tiene que estar en paz con su pasado es uno mismo.— no lo hago una cosa de ella, sino general, porque de hacerlo creo que se lo tomaría como un ataque y no dudaría en saltar en su defensa.

Ella se ha acomodado en el sofá, yo me limito a dar los pasos que me faltan para poder apoyarme con delicadeza sobre la mesada de la estantería de madera, cruzando mis brazos sobre mi pecho de manera que puedo apoyar ligeramente el vaso contra uno de mis codos. Se hace necesario el que me mantenga sujeto a algo, cuando el nombre que menos hubiera esperado salir de sus labios para algo como esto resuena en la habitación y tengo que hacer un gran esfuerzo por sostener la expresión de mi rostro y no parecer que me acaban de golpear con una sartén en toda la cara, por dentro se siente como eso definitivamente. También hago uso de la bebida para pasarla con dificultad por mi garganta, nada explica mi reacción, pero bien puedo decir que sería la de cualquiera de escuchar lo que acabo de presenciar. —¿Quién lo sabe?— de todas las preguntas que podría hacerle, me decanto por esa tras demasiado tiempo en silencio. No sé si se da cuenta de la magnitud de las relaciones que abarcan a los Powell, Eloise mismamente está vinculado a ese apellido, a su favor tengo que decir que mantener a su hija fuera de esos lazos me parece lo más sensato. Lo que dice a continuación es mi baza para poder tragar el resto de mi bebida, aunque no con mejor sabor de boca, consigo sonreír un poco con sorna. —¿Amenazas con matar a todos los que consideras tus amigos?— veo necesario hacer esa nota, quizás no me lo tomo tan en serio como debería viniendo de ella. —Estoy por firmar un registro de paternidad, dudo que revelar el verdadero nombre del padre vaya a beneficiarme en lo absoluto, así que no tienes que preocuparte, tu secreto está a salvo conmigo— puede decirse que aprecio mi vida lo suficiente como para querer llevármelo a la tumba, que la considero bien capaz de arrastrarme a ella antes de lo previsto si abro la boca.
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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Mar Sep 15, 2020 7:40 pm

Peso la copa en mi mano, así como su respuesta, al tener los ojos puestos en lo poco que queda del licor. —Mientes— murmuro, por mucho que le desencante mi comentario. —No lo sabes aún, pero mientes— le advierto, si incluso algún día acudo a él con la sincera intención de no continuar con mis errores, habrá otro día en el que la sombra de algún error pasado se proyectará sobre acciones que juzgará a la ligera y los recuerdos volverán a él. —¿Lo que acaba de pasar en el pensadero no te ha demostrado lo imposible que se hace separar una persona de todos los sentimientos que guarda la memoria?— pregunto. Los sentimientos a diferencia de los recuerdos son espontáneos e inoportunos, uno no los evoca, nunca están ausentes como poder evocarlos, se mantienen latentes y basta ver un rostro para que la emoción se imponga, sea esa misma emoción la que propicie la memoria de todos y cada uno de los recuerdos que tienen a ese rostro como protagonista. Y en algún momento, la nitidez de esos recuerdos se pierde, no así las emociones su impulsividad. Nunca podrá desprenderse enteramente de todo lo que ve, cuando me ve, pese a su voto de fe en mi redención, palabra que me hace mostrarle una sonrisa arrogante. Nunca lo hará. Seguirá siendo una cuestión mía, que no guarda una relación real con otros.

Hubo momentos de mi vida, no digo que este no sea, en el que el deseo de cambiar se debía a alguien más, pero tratar de mirarme a través de los ojos de otros nunca me ha hecho bien. Pero una vez hice eso que dijiste, salvarme corrió a mi propia cuenta, dependió de mí y de nadie más, lo hice a solas, por mí. Es cierto, así es como debe ser…— le doy parcialmente la razón, —me convertí en esto. Digas lo que digas, eso también fue salvarme— pienso en voz alta, tomando con recaudo sus consejos de cómo proceder para conseguir lo que a futuro dejo como una posibilidad de ser y hacer. Eso que dice sobre que otros no pueden salvarnos en la medida que no sea un deseo personal, es pura ingenuidad de su parte. ¿Qué le hace creer que hubo quienes quisieron eso para mí? Cada quien está en lucha con su propio destino, como para derrochar esfuerzas en salvación ajena. Ayuda, eso es lo que suele dar la gente, salvación es una palabra demasiado grande para cualquiera que quiera abarcarla.

Requiere de mucho esfuerzo poder ver lo que expresa el semblante en todo momento inquebrantable de Nicholas, si la pregunta anterior le supuso una vacilación que trató de disimular, espero con ansías a poder ver cómo obliga a su rostro a que no demuestre la sorpresa que debe ser enterarse que la única hija que traje a este mundo, tiene a un hombre como Hermann Richter como su padre. Es tan admirable su esfuerzo colosal de poder articular una pregunta sin caer en comentarios que revelen su asombro en el mejor de los casos, que lo impulsen a nuevas críticas y recriminaciones en el peor de estos, que no me atajo en hacer lo que trato que sea una broma, aunque carece de razones para reír. —El Nicholas que eras en ese entonces se sentiría aún más decepcionado de mí, ¿no crees? Pero tenía razón en lo que dijo, ¿qué tan mal nos han tratado para tomar el afecto como amenaza? ¿Y para ir en busca de lo que nos daña y aferrarnos a eso?— susurro, es lamentable cuando todos mis errores son colocados uno al lado del otro en una misma tarde y se puede apreciar el patrón recurrente de mis decisiones retorcidas. —La única que lo sabe es mi hija— digo, su propia existencia fue un secreto, la identidad de su padre no es algo que vayan a sacar de mis labios en una conversación banal. —Y si alguna vez hace falta enseñar el certificado de paternidad, simplemente le diré que mentí— lo desafío con mis ojos a que me diga que no debo hacer eso, —si alguna vez hace falta…— repito, para que sepa que no será una mentira caprichosa de mi parte, sino una necesaria cuando quiera protegerla de los dedos que la señalarán. Termino mi copa en lo que dejo que asimile la amenaza que pende sobre él unida a mi confianza, dejo que transcurra un poco más de tiempo antes de hablarle con franqueza. —No me refería a que guardaras el secreto, sino a que no me falles, a mí— le aclaro, escrutando su figura contra el aparador y notando que no cree que vaya a cumplir con algo así, yo tampoco lo creo, no cuando todo lo que se respira en este despacho es la calma tras la tormenta. Pero estas vuelven, en medio de estas, todo cambia. —He vivido tanto que no podría tolerar que alguien en quien deposité mi confianza tras tantos recaudos vuelva a fallarme, a la larga eso se vuelve algo peor que todos los agravios que puedan cometer nuestros enemigos— le explico y reviso el fondo de mi copa vacía. —Se te hace tarde, deberías volver con tu familia, Nicholas.
Rebecca Hasselbach
Rebecca Hasselbach
Ministro de Defensa

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