The Mighty Fall
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Scared to be lonely · Nicholas

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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Vie Jul 17, 2020 9:59 pm

Recuerdo del primer mensaje :

He decidido esperar en la mansión de la isla ministerial a que Nicholas responda al llamado en mi mensaje, avisé en la base de seguridad que llegaría unas horas más tarde y creo haber escuchado un suspiro de alivio antes de colgar. Por eso mismo no llevo puesto el uniforme reglamentario, sino como una camisa sin mangas que viene bien para esta temperatura de un verano que se acerca y una falda larga que me roza los tobillos, las sandalias bajas están tiradas a un lado, al borde de la piscina. Termino de beber la taza de café de este desayuno atípico que el elfo doméstico se encargó de preparar, colocando sobre la mesa más platillos de los que podría servirme. Es la primera vez desde que vivo en este lugar que me siento a mirar todo lo que me rodea, con un sentimiento diferente al de una visitante, trato aunque sean unos minutos de mentirme a mí misma, de decirme que este es el lugar en el que me encuentro en el presente y puedo quedarme aquí, me miento.

Lancaster me avisó que encontraron a tu sobrina ayer— digo cuando diviso a Nicholas Helmuth saliendo de las puertas vidrieras de la inmaculada cocina, —pero necesitaba hablar contigo con calma y tiempo—, esa es la razón por la que no lo llamé para regodearme al minuto siguiente que colgué con Alecto y no porque la chica me llamara, sino porque me notificaron desde la base que reportó la aparición de Katerina Romanov, así que marqué su número para que lo hiciera como se debe. —Siéntate— se lo ordeno, aún no he llegado al punto de mostrar modales a mis vecinos con peticiones amables de que tomen asiento, se sirvan algo para comer, llamar al elfo para que les sirva un poco de café. Doblo el ejemplar del día de The Guardian que tenía entre las manos y lo dejo en el espacio que queda entre los platillos. —Te ayudé a recuperar tu familia, Nicholas— se lo expreso de esta manera para empezar con las condiciones del acuerdo y que le quede claro cuál es la parte que le corresponde, —así que me ayudarás a recuperar la mía.
Rebecca Hasselbach
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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Dom Jul 26, 2020 7:10 pm

¡Es un maldito papel, Nicholas! ¡Un único maldito papel! ¡Peores crímenes se han cometido en este país! Y muchos, de la mano de nuestro presidente o ministros, tú y yo incluidos— uso mi dedo índice para apuntarlo y luego a mí misma, para cada reunión con Magnar Aminoff bajamos juntos los peldaños del infierno que es el circo de entretenimiento de nuestro presidente. ¿Qué había dicho sobre las prioridades del ministerio que debemos atender? Esas mismas. —No, yo no soy hipócrita. Pueden odiar muchas cosas en mí, no eso. Muchas cosas de las que detestan son las que muestro con franqueza, por mucho que les repugne y tengan que apartar la cara— mascullo, mi mano se cierra en un puño que reprime el impulso de darle de lleno en la cara. —He sido transparente con las maneras en las que me muevo, a nadie miento sobre las reglas con las que juego, así que estoy lejos de ser una hipócrita— lo contradigo en lo que pretende que sea un insulto para mí, me apropié de otros, pero no de este. —A diferencia de muchos en este país, en el mismo escuadrón de seguridad, en esta maldita isla, la cara que ves, es la única que tengo y muestro— y por mal que me pese, él también es de los pocos que tienen una única cara, lo que tiene de malo es que no admite que también tiene defectos y contradicciones, al ensalzar sus virtudes de carácter no se da cuenta que le falta mucho para apropiarse de ellas.

Dejémosle a Powell que se encargue de las leyes—, la ironía de que esto competa a su hermana, —mi trabajo no es ese, el mío es hacer caer enemigos— y puede tomarlo como que hablo de él, en vista de que todo lo digo lo vuelve un ataque personal. —Y no quieras decir que abuso de mi puesto para esto, eso fue llamar a la base a medianoche para pedir que redoblaran el personal para rastrear a tu sobrina. Tú fuiste el primero que me pidió que use mi autoridad como ministra— en este juego incansable de señalarlos el uno al otro, él puede ser terco como para echarse hacia atrás, yo tengo poco paciencia y la piscina cerca como para arrojarlo ahí, que el agua le lave la arrogancia. —Lo que yo te pido lo haría aquí y en cualquier distrito del norte donde siguiera siendo una repudiada, la diferencia está en que me toca estar aquí y tú eres quien está sentado frente a mí debiéndome un favor. Trabajo sobre los recursos que tengo a mano— muestro mis palmas hacia él, mi recurso a mano, la oportunidad que veo, no llegas hasta donde me encuentro sin ser perspicaz y tomar al vuelo las oportunidades que ni siquiera imaginabas que podían serlo.

Dijiste que harías lo que fuera— nunca me cansaré de repetirlo, —lloraste ante mí por un favor y no mediste tus palabras, eso mismo hizo que te lo concediera. Así que has tu jodida parte— muerdo las palabras antes de escupírselas, y ruedo los ojos cuando finalmente abre sus oídos a que en todo momento hubo una alternativa que podía tomar, son sus modos los que me llevan a querer empujarlo al vacío si lo veo parado en un risco, al cual él mismo se subió. Nicholas Helmuth es una prueba a la paciencia que no tengo y que luego no se diga que soy una salvaje, porque no le veo marcas de mis dedos en su cara todavía. Todavía. —Necesito que me digas qué hacer con ella. Mantienes a tu familia unida y yo nunca he tenido una que me valga de ejemplo. Esta hija es posiblemente la única familia que podría tener y no sé a quién preguntarle, así que no seas un cretino,— me molesta reconocer que hay un dejo de desesperación en mi voz que tengo que tapar con otro insulto hacia él, —estás obligado a contestarme, a ayudarme aunque estoy segura de que te regodeas de ver cumplidas tus predicciones de que mis decisiones tuvieron su consecuencia— y no escondo el desprecio hacia él en mis ojos al decirlo. —Traté de abortar, me desangré para impedir que naciera alguien a quien tuviera que darle parte de mi miseria. Y casi morí yo, un amigo tuvo que socorrerme, me dijo que ella se estaba aferrando a la vida con todas sus fuerzas. Si tanto quería vivir, me encargué de ir hacia quienes tenía el dinero como para querer comprarla y criarla en una vida donde éste nunca faltara. Ni yo quería un hijo al cual arrastrar, ni ella me hubiera querido de madre para todo lo que hice antes y después. Hice lo que era mejor para ambas, ¿por qué no puede entenderlo?
Rebecca Hasselbach
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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Lun Jul 27, 2020 10:29 pm

Un papel que llevaría mi firma — le recuerdo, por si no es consciente de que lo que pasa por mi departamento lleva inscrito mi nombre bajo un sello sobre el que recae toda la responsabilidad del mismo. Ni siquiera me inmuto cuando nos señala, en su lugar alzo la barbilla, puede que a modo de resistencia en vez de a la sumisión que está pidiendo — Tú no eres tan necia como para creer que esas cosas desaparecen, no es solo un papel lo que pides, quieres que modifique el registro de nacimientos del país para incluir en mi descendencia una hija, y sabes bien que eso queda grabado, para siempre. Puede que tú estés acostumbrada a realizar acciones con posibilidad de fracaso, pero algunos preferimos otros estilo de vida — creo que no hace falta remarcar que estoy hablando de mí mismo, una forma de vivir que no requiera de cometer actos ilegales en contra del propio país. Puedo ser muchas cosas, pero sé bien donde tengo puestos mis valores e ideales, como para dejarme arrastrar por ella, uno no comete el mismo error dos veces, incluso cuando no se pueda considerar equivocación como tal. — ¿La única que tienes? Te sabía mentirosa, Rebecca, pero que digas eso pidiendo por tu hija me hace pensar que no eres tan transparente como quieres hacerte ver — si pudo guardar algo como una hija para ella misma, quién dice que no puede tener más facetas escondidas detrás de ese carácter que escupe sin problemas.

Si hay tensión entre nosotros no dejo que sea la protagonista para cuando cruzo una pierna sobre la otra y acomodo los codos sobre el asiento, así puedo entrelazar mis dedos en lo que ella parece querer golpearme al cerrar los suyos en un puño. No me preocupa demasiado, si hay algo de lo que podemos estar seguros, parados en este lugar, es que nuestros ataques tienen que reducirse a lo que soltamos con palabras, fingimos el no querer saltar por encima del otro incluso cuando es todo lo que me dicen sus ojos cuando la miro. — Siempre mido mis palabras, Rebecca, no le doy mi palabra a cualquiera, esperaba que eso lo hubieras deducido ya, nos conocemos de hace tiempo. Y porque lo hago sé hasta dónde puede llegar un acuerdo, y en qué momento te estás saliendo de la línea — no me sorprendo, no ha hecho otra cosa desde que tiene uso razón que poner un pie fuera de la raya que se marcó para todos. — Te conozco, sé que no hubieras movido un dedo por Katerina si no hubiera sido porque te di mi palabra de que devolvería el favor. Es ahora que te pregunto yo: ¿de verdad es así como quieres pagarlo? ¿quieres que firme para que alimentes otra de tus mentiras? ¿qué dice tu hija de esto? — curvo las cejas en su dirección, retándola a que conteste a lo último.

Acomodo mi espalda todavía más en el respaldo, cuando el tono de su voz la vuelve la persona que está desesperada en el mismo lugar que ocupé yo hace apenas unos cuantos días. — Todas nuestras decisiones tienen consecuencias, las mías también las tienen, las han tenido, la diferencia entre tú y mi familia es que nosotros siempre las hemos tenido en cuenta. Tú no, tú haces lo que te place, según te cae, y no piensas en lo que puede dañarse con tus actos — no me río de ella como piensa que haré, ni me regodeo de haber tenido una vida diferente a la suya, porque hubo un momento en el que podrían no haber sido tan distintas. Ella escogió, no diré que me arrepiento de su elección, terminé por darme cuenta de lo que era verdaderamente como para hacerlo. Pero no puedo evitarlo cuando narra lo que le ocurrió, sentir lástima por otro ser humano es innato, incluso cuando no creí jamás que un Helmuth podría tener consideración hacia un Ruehl. Aun así las facciones de mi rostro se mantienen endurecidas, la miran desde una posición superior sobre la que siempre nos hemos apoyado. — La madre de mi hijo, Olivia, murió en el parto que le dio a él la vida — empiezo, mi mandíbula se tensa con cada palabra al encontrarme con la asquerosa comparación de que alguien como ella vivió dando a luz a una criatura que ni siquiera quería, y la que por entonces era mi mujer murió llevándose con ella todo el amor que podría haberle dado a su hijo. — La diferencia entre ambas no es que tú estés viva y ella no, la diferencia es que Olivia sí quería su hijo, todo lo que tú no pudiste o puedes querer a la tuya. Soy hombre, no podré llegar a entender jamás lo que significa llevar a alguien dentro durante nueve meses, pero sí sé que el desprecio es algo que no conoce de palabras. Trataste de abortar, estabas en todo tu derecho de hacerlo, y aun así no pudiste, por las razones que fueran. El vínculo que existe entre una madre y su bebé durante y después del embarazo es algo que no se puede llegar a explicar en los libros de medicina, es una conexión tan fuerte, para bien o para mal, que afecta en todos los niveles a esa relación en el futuro — supongo que no le importará que me esté explayando al irme un poco por las ramas, siendo que fue ella quien pidió una respuesta. — ¿Te crees que a tu hija le importa que seas una paria, que fueras pobre, que vivieras en la miseria? Eres su madre, no hay dinero en el mundo que pueda comprar el vínculo que tenéis la una con la otra, aunque luego vuestras vidas siguieran caminos diferentes. No debe ser agradable que tu propia madre te diga que no te quería, que por eso trató de que no existas. No es que no pueda entenderlo, es que estoy seguro de que es todo lo que recibe de tu parte cuando te ve. — me encojo de hombros, que no debería ser yo quién le explique esto cuando es ella la madre de la criatura. ¿Pero qué podría esperar de Rebecca? Si hasta donde yo sé en el lugar que debería ocupar su corazón hay un vacío similar a un agujero negro.
Nicholas E. Helmuth
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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Lun Jul 27, 2020 11:41 pm

¡Qué le den a tu jodido estilo de vida, Helmuth!— gruño al alzar mi vista al cielo, cansada de todos los reparos que pone para hacer algo simple, que no tiene consecuencias para nadie más que nosotros, no causará un daño al mundo, ni cambiará el curso de la historia. Es un simple papel como muchos otros que se archivan en el ministerio, sin pena, ni gloria. ¿Por qué tiene que hacer de esto algo más grande de lo que es y convertirlo en el crimen del siglo? ¡Nos hemos metido en cosas peores! Nuestro presidente nos hará arrastrarnos en lo más bajo por la manera en que sigue el curso de la guerra con los rebeldes, ¿y le cuesta tanto dar su inmaculado apellido solo para salvar un bache en registros? Muchas personas en estos distritos han hecho la vista gorda de sus hijos, conviví con la hija que Hermann abandonó en el norte sin saber que lo era, en la ironía de haber dado antes a la hija que tuve con él. Su propio hijo repitió la historia de apartar la mirada, pero tuvo un poco más de carácter al ser capaz de hacerse cargo de su hija luego de que la madre la abandonara y también de dar su apellido a la hija que tuvo después. Si los rumores que me llegaron son ciertos, el hijo de Phoebe no es otro que el nieto de la que ahora es su esposa.

Y él tiene la cara de recriminarme a mí lo equivocado, lo ilegal de mis actos, cuando estoy siendo franca sobre mi hija con él y vuelve a decirme que soy una mentirosa, si no le arrojo la taza es por poco. Lo haría si fuera alguien más, no me he medido en probarle mi rabia a alguien de esa manera cuando se lo busca, lo malo es que reaccionar así no tendría una respuesta similar de su parte y me haría a mí una perdedora de la discusión, mientras él conserva la compostura. —No, incluso en todo lo que tiene que ver con ella, sigo mostrándote la misma cara— respondo con mordacidad, tratando de ser intimidante en vez de intentar buscar un argumento a mi favor, comienzo a ver rojo como para poder pedirle a mi mente que se centre y arme un pensamiento coherente que pueda rebatir lo que sostiene en su terquedad. —¡Y tú me conoces! Cuando viniste a pedirme ese favor, ¡sabías a quien se lo pedías! No quieras hacer de tu moral un parámetro para acciones, si fuiste quien puso un pie en mi casa, te atienes a las reglas de mi casa— digo, mi mano vuelve a dar de lleno con el centro de la mesa, siento la palma escociéndome y también noto las pausas en mi respiración al tener mi cuerpo inclinado sobre el mueble, que de no estar en medio, me habría permitido que sea su rostro quien recibiera el golpe. —Ella no sabe nada, seguramente me detestará, pero ya lo hace, ¿en qué cambia? Solo estoy cambiando las piezas de lugar para asegurarme de que su vida no termine de estropearse como la de sus padres— mascullo, me tiembla el cuerpo por estar reprimiendo las ganas de gritarle, de golpear algo, por su constante negativa y mi impotencia, por verme burlada otra vez y juzgada en vez de recibir la ayuda que pido, aunque sea en mis términos, ¿por qué no puede solo ayudarme?

Lo peor que puede hacer es tomar mi confesión sobre una etapa de mi vida de la que no le hablo a nadie, por la incapacidad de ponerlas en palabras, porque me prohibí a mí misma decir que tenía una hija y siquiera pensar en ella, cuando la entregué a alguien más, y convertirlo en una lección en la que me compara con la madre de su propio hijo para demostrar lo despreciable que soy. —¡NO!— grito, —¡No te atrevas a compararme con tu esposa muerta!—. Mi silla se corre hacia atrás cuando me pongo de pie de improviso y barro los platos de la mesa con mi brazo para que se hagan pedazos en el suelo. —¡No la hagas una santa en un pedestal solo para usarla al señalar mis faltas!— me desquicio, —¡no me hables de amor maternal de alguien que pudo querer a su hijo porque tenía todo para darle y aun así nunca llegó a ejercer de madre! ¡Basta! ¡Sigue usándote a ti mismo si lo que quieres es hacerme sentir que estoy en falta con todo! ¡Pero no a alguien que la muerte hace perfecta en tu memoria! Porque, escúchame, nadie lo es. Ni tampoco tú— me encuentro otra vez con mi dedo índice señalándole, juzgándole en reflejo a como lo hace él, —mucho menos yo. Toda mi maldita vida tuve que convivir con lo imperfecta y lo equivocada que soy y ver qué demonios hacia conmigo misma siendo así, viéndote a ti, a toda tu familia y a tantas personas teniendo la vida adecuada, y tener que entender que nunca tendría esa vida, que todo lo que tenía para darle a una hija era mi miseria, como para que coloques al ejemplo de perfecto amor maternal a mi lado— dolió donde tenía que doler, en lo que nunca podría haber sido porque no nací para ser así, y si a alguien le costó entenderlo, llorando nueve meses hasta conseguirlo, fue a mí. —No estaba justificándome ante ti, estaba diciéndote lo que hice mal, porque yo mejor que nadie lo sé. Y todo lo que haces es buscar nuevas maneras de hacerme sentir despreciable. Lo has hecho bien, Nicholas. Muy bien. Me encargaré de que te sientas igual—. No lo necesito para redactar un jodido papel, también puedo encontrar a alguien que falsifique su firma, y alguien más para que le haga llegar copias a sus hermanas. Y si quiere hacer un escándalo negándolo, también será parte de la vergüenza que llegará a sentir.
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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Miér Jul 29, 2020 12:37 am

Me fuerzo a mí mismo a mantener la compostura, cosa que ella no tarda en perder y en demostración de lo que siempre ha sido y siempre será, golpea la mesa de manera que todos los platos que hay encima vibran por el temblequeo. No pestañeo apenas, no obstante, al dedicarle una mirada que se encarga exclusivamente de observarla, como si estuviera esperando a que se relajara para poder seguir esta conversación como personas civilizadas. Sería mucho esperar de ella, puestos a decir, que ha sido criada por maleducados y arrojada al norte donde las bestias se resguardan unas en otras, como para pedir que recuerde lo que es conservar la calma. — Cambia en que hace unos segundos has pedido mi ayuda porque no logras entender por qué no comprende tus motivos, y cuando te lo digo tu única resolución parece ser ocultarle cosas y que tenga más razones para odiarte. ¿O acaso pensabas decirle? — quizá no debería sorprenderme su actitud, pero para cuando hago un gesto con mi mano, queda evidente en el movimiento que me encuentro un poco escéptico con respecto a lo que pide — Todo lo que debería ser la base de una relación de cualquier tipo, ya no solo con tu hija, es la sinceridad y el poder trabajar problemas internos, y eso es todo lo que a ti te falta — se lo señalo como si no lo supiera ya, lo cual no ayuda demasiado a mi causa, pero ya fue.

Se me pierde la vista en algún punto del suelo al seguir la dirección de la vajilla por ese ataque de furia que se apodera de Rebecca y hace que tire todos los platos al suelo de un movimiento brusco de su brazo. Apenas no muchos segundos después de que el estruendo cese llevo mis ojos hacia el rostro de la morena, con mi mano posada sobre mi mandíbula al haber adoptado una actitud serena, la miro como si estuviera preguntándole si hacía falta todo este espectáculo sin la necesidad de utilizar palabras. Muevo las cejas para cerciorarme de que pilla mi expresión, junto con el suspiro que hace de su comportamiento toda una vergüenza para ella misma. — No digas que nunca podrías haber tenido esa vida — empiezo después de que termine su acto — Las personas no estamos hechas de otra cosa que de decisiones que tomamos, tú tomaste las tuyas, puedes culpar a tu naturaleza de haber cometido las equivocadas, pero no es más que una disculpa que utilizas para excusarte a ti misma de los errores que hiciste por tu cuenta — esas fueron las que la hicieron lo que es ahora, una paria, no la sangre que corre por sus venas. Pudo haberlo tenido todo, o lo más cerca de eso, si solo hubiera mirado hacia el otro lado de la calle. — Si recibiste miseria fue por tu propia culpa, Rebecca, no uses a mi familia como comparación de lo que nunca tuviste, cuando eras la primera que se burlaba de ella cada vez que tenías oportunidad — porque si ella puede acusarme con toda la libertad del mundo, yo no voy a ser menos.

Me recoloco la camisa al proceder a levantarme, pasando por encima de los platos rotos hasta pararme cerca de su figura. — Mejor hablamos cuando estés menos alterada, Rebecca, creo que por hoy tuvimos suficiente de esta charla — me gustaría decir que por hoy y por siempre, pero sé a ciencia cierta que esto no será lo último que escuche de ella, para nada. — Volveremos a hablar del asunto pendiente con más calma, pero preferiría no tener que regresar a mi casa con una brecha en la cabeza — siendo que nos encontramos en el lugar más civilizado de Neopanem, espero que eso no sea mucho pedir.
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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Miér Jul 29, 2020 7:06 am

Tú estuviste ahí para ver que nunca podría haber tenido una vida distinta— digo con las palabras entre mis dientes, estaba del otro lado de la calle, lo pudo ver todo desde su cómodo lugar, como a mí me cerraban la puerta de la que era mi casa en mi cara. Es un mérito que tampoco espero que me reconozca el que, entre toda la vajilla rota y mi dedo índice sobre su rostro, no he llegado a rozarlo siquiera para acabar con la aparente serenidad de su semblante, su compostura en contraste con mi arrebato violento para que sea quien puede seguir mostrarse recatado y soy quien permite que así sea, respetando el que sea siempre quien queda parado donde pueda conservar su dignidad. Es frustrante para mí misma seguir obedeciendo de un modo inconsciente los lugares que nos señalaron cuando éramos niños, que voces molestas me susurren al oído que los Helmuth son intocables por quienes tienen las manos sucias y que todo en él lo haga ver por encima de lo que es un pedido desesperado de mi parte, ¿es que no lo puede ver?

Sí, haz eso, Helmuth— uso su apellido adrede, —lárgate— esta palabra la cargo de toda mi rabia, —vuelve a tu casa, quita tu mirada de mí y has como si esto no hubiera pasado— mi risa suena áspera al reducir esta conversación a una situación más propia de los adolescentes que una vez también fueron vecinos. —Nunca miraste lo que pasaba más allá de tu propia casa, como para creer que esta vez si escucharías si te pedía ayuda—. No lo creí capaz entonces, en el presente lo confirma. Miro al suelo donde se acumulan los pedazos de porcelana alrededor mis pies y me trago otra carcajada, esta vez de burla hacia mí, no pienso recogerlos con mi varita, se quedaran allí hasta que el elfo haga algo con ellos. Me inclino para agarrar uno de los más grandes, casi la mitad de un plato, con un borde dorado sobre el verde, clavo mis ojos en él cuando lo vuelvo a aventar contra las baldosas. —No esperes a volver cuando me encuentre más calmada. No te he golpeado como lo haría con cualquier otro, así que toma esto como la charla más civilizada de la que soy capaz—. Teniendo que crear un desastre por fuera de nosotros, así puede regresar sobre sus pasos con toda su decencia intacta y me cruzo de brazos con la resignación de que así será, dejo que se vaya impune.

Pese a que sabía de su buen trabajo como juez de mis faltas, recordándome en cada sentencia también el apellido que me hubiera gustado olvidar y resaltar así los primeros errores en mi prontuario, había esperado que el favor hacia su sobrina y su hermana lo apaciguaran un poco para poder conseguir, no todo, al menos una pequeña parte de lo que buscaba en él. —Nicholas— lo detengo, —solo tenías que hacer eso, maldita sea— mascullo. Mi rostro se gira bruscamente al volver mi mirada sobre él. —Si tanto te gusta actuar como la voz de una conciencia que no tengo, lo único que quería de ti es que me dijeras por qué estaba mal seguir mintiéndole a mi hija y que no lo hiciera. Te pedí para hablar porque eres el único que me diría qué es lo correcto. ¿Por qué para hacerlo también te esmeras en que responda de la peor manera? Me ofreces la respuesta, una vez que te he demostrado que soy incapaz de hacer las cosas bien. Lo haces adrede, sigues insistiendo en que mi miseria se debe a mis decisiones, también a las falsas ayudas— y no estoy hablando de él, —las ayudas que se ofrecen instándote a revelar todo lo que has hecho mal, para que finalmente quede en evidencia que no mereces esa ayuda—, quizás ahora sí esté hablando de él. —Y lo que reste por hacer sea todo lo que está mal, porque es la única manera en la que sabes hacer las cosas—, así que me encargaré de conseguir ese papel.
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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Miér Jul 29, 2020 9:54 pm

Te equivocas, sí miraba lo que ocurría fuera de mi propia casa, siempre lo hacía — que ella estuviera empecinada en su propio juego como para no darse cuenta no es mi problema. El barrio donde crecimos tenía esa peculiaridad, allí donde residían las mejores familias del distrito también lo hacían las de peor fama, como podía ser la vivienda de los Ruehl. En ocasiones estábamos todos tan centrados en la competencia entre vecinos, echándonos mierda los unos a los otros, que debajo de todo eso nos olvidábamos de que seguíamos siendo personas con aspiraciones y metas no tan diferentes. Supongo que al final esas diferencias impuestas sí fueron marcando caminos desparejos, y a la larga, me hicieron darme cuenta de lo que verdaderamente merecía la pena. Queda claro después de tantas conversaciones entre nosotros, que Rebecca nunca fue una de esas cosas, así que si bien en su momento pude guardarle mucho rencor, acumulado por los años en que crecimos, poco a poco ha ido desapareciendo hasta manifestar indiscutiblemente que este es el lugar para estar.

Me giro en su dirección cuando pronuncia mi nombre, aunque no hay un atisbo de preocupación en mi mirada, sí que la siento internamente y serán cosas que tendré que dejar para mi escritorio, porque no pienso mostrar una mínima muestra de dubitación en mi postura. Si lo hago, será la prenda a la que se aferrará la próxima vez que quiera agarrarme entre sus dedos para atacarme. — He tratado de decirte lo que estás haciendo mal, pero como no es de extrañar, tomas mi opinión como si no fuera más que un insulto, porque no eres capaz de dejar a un lado los prejuicios que tienes en contra de mi familia y lo conviertes en un ataque — no está escuchando nada nuevo, viene siendo cómo nos hemos relacionado por años, como para esperar una reacción diferente de ella. — No quieres que reconozca a tu hija como una mía solo porque te apetece joder, lo haces porque crees que le estás haciendo un favor — doy un paso hacia ella — Pero no le estás haciendo ninguno — no le explico por qué, de hacerlo volvería a echármelo en cara como una ofensa hacia su persona, así que cuando me doy la espalda, emprendiendo mi camino hacia la cocina y directo a la salida, dejo que sea ella quién resuelva el complejo puzzle que se ha armado en su cabeza en todos estos años.
Nicholas E. Helmuth
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