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Things you've never said out loud · Alecto - Página 2 IRh8ZNT
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Things you've never said out loud · Alecto

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Mensaje por David Meyer el Sáb Jul 04, 2020 1:22 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Sigue de Complicated
Mayo, flashback.

Rompo la cubierta de chocolate con la cuchara cuando trato de cargar con un poco de este y también del granizado que está debajo. —Ya que vinimos teníamos que aprovechar, ¿no? Solo no le contemos a Mor— digo al llevarme la cucharada de helado a la boca, creo que el perro podría sentirse traicionado si se entera que se está perdiendo de estar corriendo de un lado al otro de la orilla, ensuciándose de arena y metiéndose en el agua hasta quedar convertido en un enchastre que lo obliga a primero darse un baño que lo deje decente, si pretende que Alecto le permita volver a echarse en el sillón. De todas maneras, no creo que traerlo sea algo que ella puede ver sin acordarse de lo que le pasó al perro que tuvo de niño, por eso mismo al salir de la casa de Phoebe tomé el camino hacia el paseo de tiendas que se aleja de la orilla, pero con una extensa terraza desde la que se puede seguir viendo el paisaje y algunos restaurantes lo aprovechan, también el hombre que vende los helados. —¿Te da miedo verlo desde aquí?— pregunto al apuntar con mi cuchara hacia el mar, hay quienes considera que no hace falta a esperar a las vacaciones de junio y en mayo ya están montando un campamento con sombrillas, padres gritando a sus hijos que no se alejen demasiado y obvio que lo hacen, así que más gritos. No los escuchamos desde aquí, pero puedo imaginar la escena por tener una hermana que podría descubrir Atlantis si se lo propone.

Sigo raspando mi helado dando de esos espacios en los que no pregunto para que sea ella quien hable cuando así lo quiera, como desconozco hace cuánto sabe lo de su padre y quizá esta técnica no sea tan buena como creo, no le doy más vueltas. —¿Qué pasó en la casa de Phoebe?— pregunto, si me pongo a pensar por mi lado, esto puede ser un drama mayor en mi cabeza de lo que podría ser en verdad, si de alguna manera consigo incluir al padre de Alecto en toda esta cuestión como la gran incógnita que es. Sus padres la tuvieron en el norte, eso lo sabemos, sé que Phoebe también estuvo por ahí… por lo determinada que se mostró en su momento al decir que no quería saber nada de su padre, ni continuar removiendo lo de su madre, dudo que le interese ir al norte para seguir huellas ajenas y lo que me extraña, es como todo eso la termina encontrando donde está. No tiene ninguna lógica. Yo le había dicho que no era sano esconderse dentro de muros, pero puedo considerarme entre los primeros problemas que la hallaron de todos modos. Su madre es otra cuestión, no solo es un problema, es su superior. Y yo que me quejo a veces de mi jefe… —La única cosa coherente que se me ocurre es que moviendo cosas, viste un boggart, relacionaste algo con tu padre y te asustaste. El resto de las cosas que se me ocurren son incoherentes— le aclaro, por eso ni las menciono. —Pero siempre di por hecho que no eres de las que se van cuando se asustan, así que tampoco suena muy coherente…
David Meyer
David MeyerAbogado

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Mensaje por David Meyer el Miér Jul 22, 2020 2:51 am

No, no es lo mismo que las mentiras blancas que nos contaban siendo niños, lo que no quiero es que una mentira le haga perderse en un mar de incertidumbres y que todo lo que fue su propia infancia, su adolescencia, la vida que lleva vivida, se vaya diluyendo en sus dedos y carezca de algo real a lo que pueda sujetarse en este momento en que no logro entender cómo está parada a mi lado, con todo ese derrumbe de creencias dentro. Lo había hablado con ella una vez, tendía a escuchar los problemas que cualquier persona necesitara hablar, porque creía que de eso se trataba ser un buen amigo y en los momentos en que yo me ahogaba, no me salía la voz para hablar con nadie, no encontraba a nadie. A excepción de la mujer que un día hallé mientras buscaba a mi tía ausente -ha hecho un mejor trabajo guiándome de lo que podría haber conseguido siguiendo las huellas de Samantha Meyer-, y la chica que jamás diría que algo le duele aunque esté rompiéndose por dentro, toda su vida, así que como el entrometido que soy desde el primer día, escalo sus muros para tratar de ver qué sucede en su interior. —Eres la amiga que necesito en mi vida, cualquiera sea tu humor— no pierdo nada con remarcarle esto, tal vez la incómoda, pero necesito que lo sepa. No hablemos de lo cambiantes que son mis humores. He llegado con ella a un punto en que por debajo de estos humores, de las diferencias que bien conocemos que tenemos, nos paramos uno al lado del otro y es la cara que espero ver siempre que me giro, que no quiero dejar de ver, ni dejarla tampoco.

Entre todas las mentiras que nos cuentan y nos contamos todos los días, ella bien podría contar como una verdad, porque sé que es lo que siempre podré esperar de ella, aunque en este momento sea vea como si todo lo que la hizo quién es fue un engaño. Los mentirosos valoramos la verdad después de la primera mentira y con cada mentira que le sigue, porque al ir mintiendo te das cuenta de lo bien que mienten los otros, alguien con tanta franqueza en su carácter, hace que sus defectos por ser honestos sean algo para admirar. Me contradice, no se queda con lo que pueda decirle, y está bien porque son palabras, las uso en redundancia en vez de alargar el abrazo frente a otros aunque sean niños de un parque, porque trato de mantenernos en nuestros lugares cómodos. —Tendemos a hacerlo todo complicado— es mi manera de decir que estoy de acuerdo con ella, —si fuéramos de frente y con franqueza, no habría tantos problemas en el mundo de gente tratando de entenderse. Debe haber algo con el hecho de exponerse, si fuéramos con la verdad por delante aunque fuera un acuerdo entre todos, estaría a la vista más de lo que querríamos mostrar quizás…— musito. —No estoy justificando a ninguna de las personas que te mintieron, pero habrá alguna razón por la que hicieron lo que hicieron, que creyeron que una mentira era necesaria para no exponer algo. ¿No te… gustaría preguntarles?— dudo al preguntar, muevo mi mentón en dirección hacia donde están las residencias del distrito, que estamos a un paso de que pueda exigir las respuestas que se merece para ir dándole un nuevo sentido a las cosas que otros se encargaron de quitarle. —Luego quedará en ti si te parece una razón válida o no—. Espío a los niños que están cerca armando montañas en el arenero para comprobar qué tan concentrados están en su misión de construir un castillo, y alzo mi mano para pasar un mechón de su cabello detrás de su oreja en una caricia que detiene mis dedos en su nuca. —No puedo hablar en nombre de la tierra redonda con sus mentiras, pero al menos de mi parte, en todo lo que tiene que ver contigo puedes estar segura que soy honesto— esto también necesito que lo sepa y que no dude de ello, entre las mentiras que debo contar todos los días en el ministerio, de lo que nunca podría contarle a ella, ni a mi familia, porque son cosas que ni siquiera me digo a mí mismo dos veces.
David Meyer
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Vie Jul 24, 2020 3:46 pm

Si algo he aprendido de todo esto, es que la verdad nunca es sencilla, y rara vez pura. Debe de ser eso lo que hace de las mentiras más atractivas, como para que la gente las escoja por encima de la honestidad. Quizá por eso nunca tuve demasiadas amistades, sigo sin tenerlas, las personas no están acostumbradas a que se les digan las cosas tal y como son, prefieren estar cegados por su propio conformismo con la vida, prefieren vivir en su propio mundo de fantasía, incluso cuando después de un tiempo, esa fantasía termina siendo mucho más dolorosa que la verdad. — El verdadero problema, Dave… es que si uno escucha las suficientes mentiras, empieza a tener dificultad para reconocer la verdad. Ese es el precio del engaño, no el no saber qué creer, si la mentira o la verdad — suspiro al llegar a esa conclusión, como no mucha gente, por eso prefieren contentarse con historias. No necesito remarcar el peligro de que un mentiroso empiece a aceptar sus propias mentiras, es el reflejo de la sociedad en que vivimos, así que solo hace falta que nos demos la vuelta para admirar el resultado.

Le dedico una media sonrisa mordaz al escuchar su propuesta, suerte que no está mirando hacia este lado y en su lugar se encuentra observando las casas que bordean los límites del distrito, ahí donde se pierden en contraste con el cielo azul que nos brinda el día de hoy. Por mi parte regreso la vista hacia el parque, presionando mis labios antes de dignarme a contestar. — No — queda claro lo honesta que estoy siendo al remarcar ese monosílabo, a pesar de no tardar demasiado en explicarme. — Con la única con quién quisiera hablar sería mi abuela, pero no la he llamado desde hace meses y no me sorprendería que su orgullo le haya llevado a cambiar de teléfono — suelto un tsk con la lengua, como si yo no tuviera orgullo. — Es la clase de persona que no reconoce que ha cometido un error, influye la edad que tiene y que, según ella, no tiene años como para aguantar las tonterías de nadie — como si fuera una tontería, repito — Pero escogió la persona equivocada para competir en orgullo —si no fuera porque soy, de nuevo, demasiado orgullosa como para admitirlo, diría que lo aprendí de ella. Pero de vuelta, no creo que haga falta explicar los motivos de Georgia, el propio Dave tuvo que hacerse una idea de cómo es su persona después de conocerla apenas unos minutos.

Hay muchas cosas que no soy, podría empezar por mentirosa, pero en este caso en particular el adjetivo que busco es cariñosa. No necesito que lo remarquen para saberlo, me conozco bien como para reconocer que en ocasiones supone un problema en mi pésima interacción social, pero tiendo a hacer excepciones alguna vez en la vida, así de recta como me pueden ver desde el exterior, también tengo mis debilidades. Así que, a pesar de no serlo, de saberme fría como el hielo, admitir que la sangre caliente la tenemos todos no es algo con lo que pueda discutir. Le miro un segundo, solo para posar mis labios sobre su hombro apenas un instante antes de volcar la cabeza sobre el mismo y suspirar. — Lo sé — murmuro en apenas un susurro que cerca de las voces gritonas de los niños, puede que ni siquiera se escuche. Pero el gesto es sincero, y si todo lo que soy es un libro cerrado de hechos empíricamente auténticos, puedo decir que se lleva todo lo real que pueda sentir en este momento de mi vida.
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Mensaje por David Meyer el Sáb Jul 25, 2020 3:23 am

Es cierto— le doy la razón, por supuesto que le doy la razón, la trampa de los mentirosos es no poder salir de las mentiras, la realidad se vuelve un terrorífico cuarto de espejos, en el que a la mentira que dice uno, se reflejan otras mil. —Pero la verdad siempre encuentra la manera de hacerse camino entre las mentiras y de golpearte en la cara si hace falta— lo digo con mi mirada hacia ella. Pese a lo mucho que me cuesta entenderla en ocasiones, nunca dudé de que lo que dejaba ver era lo auténtico en ella, así debe ser la verdad y es atractiva a su manera. Hay un peso real en cada palabra que dice, que no cuestiono ese «no» que sale de sus labios, lo tomo como algo inamovible porque así se escucha, y que mencione a su abuela es lo que me da la pauta de que simplemente está poniendo a las personas en un orden en su vida, la familia no está exenta de esto.

Pienso en ello como algo propio de crecer, cuando descubrimos que el mundo que nos contaron de niños no es una maqueta armada, no es el cuento perfecto, sino que debajo de cada una de las líneas de ese cuento había que raspar un poco y se encontraban otras historias. Es violento, sin que haga falta relacionarlo con la guerra de bandos que hay en el país, ni con las pérdidas personales que vamos atravesando, lo que es violento es ese choque que desestabiliza todo lo que creíamos conocer. Me veo a mí mismo recogiendo con mis dedos las fotografías viejas de rostros que escondían una historia más compleja, con sus luces y sombras, y de ahí mi convencimiento de las personas no son solo caras, nombres, sino que actúan de acuerdo a la historia que los hace quienes son. Así que me conformo con que su abuela sea con quien quiere hablar, no por lo que su abuela en sí pueda decirle, sino por estar dispuesta a escuchar. —Entonces es cuestión de tiempo— opino, — las competencias de orgullo pueden durar años, pero no son eternos. Por fuertes que sean, siempre hay algo que llega a tirar de las personas para se vuelvan a acercar— digo.

También tengo el mío, no lo hago tan explícito, nunca tomo revancha en su nombre, pero hago carne de los agravios y hay cambios en mi comportamiento. Por eso también sé que, por debajo del orgullo, habrá otras cosas que terminarán tirando de nosotros para ir hacia otra persona si así debe ser. —Pero, teniendo en cuenta la edad de tu abuela, aunque no digo que le falten energías para ser el alma de la fiesta, si algún día te surge ir a verla no te prives de hacerlo— mi consejo se lo doy con un tono medido. No quiero plantear el hecho de que quizás nosotros estemos más expuestos que su abuela, a circunstancias que nos hagan ver que es un error postergar el acercarnos a una persona. Y a ser honestos con esa misma persona, esa es la parte más difícil de acercarse, complicado en el caso de que las palabras no sean las requeridas para expresar una verdad, porque se dice de otra manera y que pueda susurrar que lo sabe me basta para que puedan sentir que el suelo es real bajo mis pies. Cubro su mejilla con mi mano al acomodarse sobre mi hombro, trazo su pómulo con mi pulgar y me acerco para acariciar sus labios en un beso breve, que interrumpo al notar que las niñas de los columpios que tenemos cerca saltan de estos para ir corriendo hacia la mujer que las llama. —Si ya venimos hasta aquí, deberíamos aprovechar— susurro hacia las hamacas que quedaron meciéndose en el aire. No es que quiera caer en lo infantil, se siente bien poder tomar la mano de alguien siendo quienes somos y también en una plaza de juegos compartirle un columpio más allá de la edad que tenemos, que sea otro lugar más donde ya no estamos solos.
David Meyer
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Sáb Jul 25, 2020 1:24 pm

Suelto un suspiro cansado al meditar sus palabras, sé de sobra que siempre hay alguien que tira de la soga un poco más de la cuenta, y en cuanto a cuestiones familiares, estoy un poco harta de ser quien termine con las manos lesionadas. Pero no soy tan necia como para negar que mi abuela es una persona que ya tiene una edad, y que si no la mata el orgullo lo harán los años. — Odio cuando llevas la razón — aunque ruedo los ojos en su dirección, no es más que un comentario amistoso que no lleva de mucha privación. Tendré que resignarme a hacerle una visita a Georgia antes de que sea demasiado tarde y, a pesar de no ser alguien de arrepentimientos, esperar a que me cueste uno. Después de todo, no puedo culparla por ser como es, porque entonces me estaría llamando hipócrita a mí misma. La mentira empezó con ella cuando me compró a mi madre, al menos merezco saber cuál fue la razón que la llevó a arrepentirse de su propia decisión y confesar después de años, demasiados.

Sonrío con cierta gracia plasmada tras el contacto con sus labios, pero por la propuesta que hace cómo si no tuviéramos más de veinte años y estamos lejos de ser niños de nuevo, más cerca de tenerlos que de serlo, así de triste que suena. No me veo a mí misma como alguien que tenga siquiera instinto maternal, debo de haberlo heredado de mi madre y debo sincerarme al decir que tampoco lo había pensado. — Tú solo quieres tener la experiencia de que te arroje arena, admítelo — bromeo, sí, pero también tomo su mano para adentrarnos en la parte arenosa del parque, esa que se va vaciando por acerarse la hora del almuerzo. Luego soy yo la que se queja de que la entrada a nuestro apartamento está llena de arena por culpa de las patas de Morty, pero no tengo problema en meternos hasta donde están los columpios. Me desenredo de sus dedos para atrapar el metal de uno de ellos y sentarme, sorprendida por como mis rodillas están a la misma altura que mis caderas en contraste con la imagen que tengo siendo niña, en ese momento mis piernas colgaban como espaguetis, no como ahora que mi figura parece no encajar. No lo hace, pero no solo porque he crecido en altura, también en anchura, sino por todo lo que mencioné desde fuera. — ¿Cambiarías algo de tu infancia? Si pudieras — le pregunto con un nuevo interés, inclinándome hacia delante con mi torso para apoyarme con los codos sobre mis piernas en un balanceo que apenas y se siente.
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Mensaje por David Meyer el Lun Jul 27, 2020 3:32 pm

No puedes odiarme por eso— me quejo en un tono de broma, pese a lo serio que sea todo esto, —son pocas las veces que tengo la razón—, el que reparta consejos a la gente se debe a mi ingenuo convencimiento de que puedo brindarles otra mirada sobre las cosas, no a que lleve la razón, generalmente eso no pasa, —déjame disfrutarlo—. Si algo en ella le dice que tengo la razón sobre acercarse a su abuela, lo único que me queda es esperar que la mujer no eche a perder el poco vínculo que resta entre Alecto y la familia que creyó suya toda la vida. Y a partir de todo lo nuevo que vaya encontrando, todo lo viejo que vaya reafirmando, pueda decidir qué hacer y quien ser, sin que en medio de tantas mentiras y nada real, se pierda. Pese a estar sosteniendo su mano, entendí hace mucho que ese gesto no logra salvar a nadie de irse cuando necesita hacerlo, dejando el cuerpo presente y llevando la mente a otro lugar, pero al volver y abrir los ojos, quisiera poder ser la persona que siguió estando allí como ella lo estuvo para mí.

No seas bravucona conmigo o no te prestaré mi balde y palita— contesto con una sonrisa a medias al tener que esquivar una de esas palitas, enterrada en la arena que vamos barriendo con nuestros pasos. Sigue siendo un parque para niños, no es como la arena de la playa, este es un terreno de minas donde un dinosaurio sepultado puede hacer saltar a más de un par de pies descalzos, y ante la partida de las familias, supongo que quedarán nuevos muñecos olvidados. Nos movemos a contracorriente de estos niños que se van y el trompo de rizos negros que viene hacia nosotros se desvía al vernos con las manos unidas, ser un frente unido sirve para llegar hasta las hamacas. Pruebo con un tirón suave que tan resistente son las cadenas antes de sentarme y estirar mis piernas todo lo largas que son, es la única manera en la que puedo mecerme, sin que mis propios pies como un freno me lo impidan. Hago girar la hamaca así puedo verla y las cadenas se enredan por encima de mi cabeza, hay un chirrido molesto por lo viejo de la estructura supongo. No, no debe ser porque estamos demasiado grandes para meternos en columpios para niños.

No lo sé. Había muchas cosas que quise que fueran diferente, pero no podría decir una en este momento— contesto, hago un esfuerzo en evocar todo aquello que reproché a mis padres alguna vez, y aun así, nunca diría que son algo que cambiaría. —El mundo quizás— es un deseo demasiado ambicioso, poco realista, cuando ella misma se enfrenta a cuestiones más personales. —Las familias de por sí son complicadas en sus relaciones, el mundo en el que vivimos no hace más que colocarnos en distintos puntos y se hace difícil coincidir— sueno ambiguo, quizás así sea más sencillo que lo entienda, ¿quién de todos nosotros puede decir que no hay ausencias y desencuentros en su cuadro familiar? —Sí, sería el mundo, me pasaba mucho tiempo siendo niño preocupándome por lo mal que estaba el mundo—, mis padres se desayunaban mis preocupaciones con sus huevos revueltos. De más está decir que el pequeño David tenía prohibido mirar los noticieros. —¿Qué cambiarías tú? Aparte de todo lo que hablamos de las mentiras, también es una respuesta válida, pero si se pudieran cumplir imposibles… ten en cuenta que yo dije el mundo, así que puedes pedir lo que sea. Todo lo imposible que se te ocurra.
David Meyer
David MeyerAbogado

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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Mar Jul 28, 2020 5:13 pm

Es una suerte que no estés ejerciendo como abogado, entonces — espero que capte el tono de broma en mi voz, porque si no creo que hasta podría sonar como un comentario que peca de malicioso. No lo es, para nada, no soy de las personas que se escondan de decir lo que se tiene que decir a la cara, como demostración de nuestras tantas discusiones por ser directa con mis opiniones, quizá demasiado para lo que pueden soportar los sentimientos ajenos. Pero en esta ocasión me aprovecho de que estemos bromeando sobre las pocas veces que asume tener razón, que siendo que vivimos en un mundo donde todos se esfuerzan y ponen empeño en querer llevarla siempre, que reconozca que no la tiene es de lo más honesto que escuché en la vida. En la vida, sí, porque si volvemos a ella y le damos un repaso, ni dándole toda la razón del mundo a Rebecca podría disculparse de todas las mentiras sobre las que se paró.

Transformo mis labios en un puchero lastimoso al escuchar que no me prestará sus herramientas para jugar en la arena, en este juego en el que podemos refugiarnos de tener que ser adultos, podemos ser niños por el tiempo que estemos dentro de este cuadrado que repasa los bordes donde se mantiene la arena, ya cuando volvamos a pisar la hierba podré quejarme de tener los zapatos llenos de tierra y culparé a Dave por haber tenido la idea de meternos aquí dentro. Por el momento me permito escucharle, llevando la mirada hacia su figura que no concuerda con la que debería balancearse en un columpio, así que me esfuerzo por recordar al niño vestido de árbol en las funciones escolares para hacer que encaje, en el fondo sigue siendo ese niño. — Ni siquiera me sorprende que hasta siendo un mocoso fueras tan altruista, ¿querer cambiar el mundo? Muchos críos hubieran escogido que el conejo de pascua fuera real, pero tú no — es un cumplido que deseo que tome, porque aunque él pueda verlo como algo iluso, el que pueda pensar así de grande siendo apenas él poco más de un metro de altura, dice mucho de su persona. Todo lo que no puedo decir de la mía, la verdad.

Sonrío cuando re dirige la pregunta hacia mí y en la búsqueda de una respuesta llevo la cabeza hacia un lado de manera que puedo depositarla suavemente sobre una de las cadenas. — ¿De qué sirve fantasear sobre cosas que no puedes cambiar? Nadie en el mundo tiene ese poder. Al final del día lo único que nos queda por hacer es lamentarnos por las decisiones que tomamos esperando un resultado diferente, nos replanteamos las que decidieron otros por nosotros, pero no podemos hacer nada al respecto — sueno resignada al decirlo, probablemente porque es el tinte que le doy con el suspiro que lanzo de manera inmediata — Me encantaría poder decir una sola cosa que hubiera cambiado, pero hacerlo no haría que me sienta mejor, sino todo lo contrario. Así que supongo que mi respuesta es que nada, no cambiaría nada porque odio los y si que podrían haberlo cambiado todo, cuando vivimos en el presente ahora y no hay manera de modificar nada de lo que quedó atrás — a pesar de que mi respuesta es mucho más simple que la suya, desde luego no me ha tomado ni la mitad de lo que hubiera sido de pensar una como la suya, le miro para pasar a sonreír después, una curvatura vaga de mis labios. — Te hice esa pregunta porque sabía que dirías algo concreto, solo quería saber el qué — porque si le hubiera dado mi resolución primero, probablemente le hubiera coaccionado a responder otra cosa.
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Mensaje por David Meyer el Jue Jul 30, 2020 8:06 pm

Los abogados no siempre tienen la razón— aclaro, —solo debe encargarse de convencer a otros que la tienen—, lo veré si me toca pararme en tribunales. Por el momento, no me cuesta nada reconocer que otra persona está en lo cierto, que me equivoco muchas veces y que muchas personas no ven las cosas de la misma manera que yo. Empujo el borde de su hamaca con mi zapatilla al bromear sobre mi altruismo de niño, no lo había pensado así, ahí donde mis padres veían el vaso medio lleno como si estuviera a punto de rebosar, con un buen humor que nunca abandonaban, yo tenía que señalarles la mitad vacía como mi primera responsabilidad de haber nacido como su hijo. Puede que el altruismo sea consecuencia, no razón, de las cosas que alcanzamos a ver, también cuando nadie más que uno mismo parece capaz de verlas y allí donde la mayoría decide apartar la mirada. No puedo disculparme de serlo cuando es un rasgo que sigo conservando, quiero creer que otras cosas están cambiando para que no sea algo que solo me llene de frustraciones, un par serán inevitables así como necesarias para no perder de vista que la realidad tiene una manera de ser. —Te digo que puedes elegir lo imposible y decides no cambiar nada— suspiro, pero estoy sonriendo al desenredar las cadenas del columpio para impulsarme.

Convertiste tu propio juego en un acertijo— señalo, no me lo había visto venir, como si me hubieran hecho cruzar una puerta y apagaran las luces de pronto, para decirme que es un laberinto de pasillos con puertas que debo explorar sosteniéndome a una mano en la oscuridad. Muy adecuado teniendo en cuenta mi costumbre de chocarme de lleno con sus paredes. —Esa ha sido una conclusión muy— la miro en su hamaca al decirlo, —adulta— mi sonrisa se percibe también en mi voz, —todo lo que tenga que ver con que las cosas son como son. Y yo diciéndote «uy, quiero cambiar el mundo, ¿sabes si mi capa se lavó en la última colada?»— cambio el tono de mi voz al decir esto, con los ojos en blanco porque no deja de ser ridículo que esa cosa concreta que terminé por decir, fuera algo tan inabarcable, que tampoco creo haber cumplido con la pregunta. —Pues yo creí que ibas a contestar que si pudieras cambiar algo — lo digo porque no tiene trascendencia, —lo único que pedirías, ya que al fin y al cabo no cambia lo que todos sabemos que no podremos cambiar, es que te hubiera gustado encontrar en esta plaza cuando eras niña a un niño que supiera darte una lista de especies en peligro de extinción. Y yo te diría que gracias, que es un gran halago, pero con que estemos aquí ahora, algo ya está cambiando, ¿no?— detengo mi hamaca al plantar mis pies en el suelo.
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Vie Jul 31, 2020 6:41 pm

Irónico que de su respuesta, lo que entiendo es que de alguna manera, en ese convencimiento en que se basa su trabajo, muchas de esas veces de lo que se convence es de una mentira, siendo que lo que interesa es ganar el caso, no importa los medios ni las palabras que se hayan utilizado para conseguirlo. Me hago cómplice del silencio con esa conclusión final, no merece la pena seguir molestando sobre cosas que ya hemos dejado estipuladas hace ya tiempo, probablemente desde que nos conocemos. Lo único que puedo hacer con cierta amplitud es sonreír ante su queja, moviendo las cadenas de forma que quedan un poco enredadas para poder enfrentarle. — ¿Vas a decirme que esperabas una respuesta diferente a la que te he dado? — le reto a que me conteste, cuando puedo tener muros muy gruesos y altos, pero en lo que a características se refieren, también pueden ser transparentes. A diferencia de muchos, hay aspectos en mi personalidad que sí dejo bien marcados al exterior, el raciocinio sobre cosas que son inamovibles por naturaleza no es algo que trate de ocultar a propósito, el mundo es como es, no es algo que se pueda moldear a nuestro antojo.

Es porque de los dos soy yo quien tiene que mantener una mentalidad adulta, ¿por qué te crees que tenemos solo un perro? Si fuera por ti ya hubieras convertido la casa en el refugio de animales abandonados por excelencia — me mofo de su persona, pero no con la maldad que podría utilizar para referirme a otras personas. Deshago el lío de las cadenas al dejar de aplicar fuerza para que se sostengan así, soltando una risotada por el comentario, que no me sorprendería de encontrar una capa de esas en la colada. — Todas las respuestas son válidas — digo para que no se sienta avergonzado por su resolución, que no es como si pretendiera que me diera una solución a la hambruna o la política de este país, que de eso los dos sabemos que solo hay una contestación adecuada según las reglas estipuladas por la sociedad. — Por supuesto que sí, también hubiera pedido que le cambiaran el pobre papel de árbol a ese niño en la función escolar de fin de año y le dieran algo con un poco más de líneas... — bromeo al rodar los ojos, dispuesta a dejar atrás la incomodidad del columpio que le queda pequeño a mi cuerpo para levantarme y estirar mi mano en su dirección. — ¿Nos vamos o de verdad quieres que me consiga un giratiempo para que juguemos en la arena?
Alecto L. Lancaster
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Mensaje por David Meyer el Sáb Ago 01, 2020 6:35 pm

Me tomo un momento para pensarlo, lo hago frunciendo un poco mi entrecejo, tratando de ver más allá de lo que yo pude proponer y lo que ella acabó por responder, de todo lo que pueda decir yo después sobre qué esperaba. —Sí, había un montón de posibilidades—, pero nunca me han ido bien con las apuestas al azar y aunque sigo barajando por la costumbre de hacerlo, como juegos de mi inconsciente, si hay alguien que puede sacar un trece al arrojar dos dados y dejarme haciendo cálculos imposibles con las soluciones más simples, esa es Alecto. Eso de aceptar, no resignarnos, que las cosas han sido de una manera y no podrán ser de otra, ¿no es la conclusión más sana a la que podemos llegar? Tal vez lo de querer que el mundo haya sido distinto es otra manera de entender que solo algo así de rotundo, podría haber logrado que el pasado pudiera contarse de un modo distinto.

¡Eso no es cierto! Soy consciente de que no hay suficiente espacio y no te pediría de albergar perros en la bañera— me defiendo, lo bueno de que Mor no sepa hablar es que no puede contar de las dos veces que tuvo que convivir con un par de cachorros y los mantuvimos escondidos en mi habitación por unas horas, buscando alguien más que los cuidara antes de que Alecto llegara. Bendito sea ese perro que me guarda los secretos, con sus ojos inteligentes que no se pierden nada y luego me miran en reproche. Pero no, va en serio, no traería más animales a un departamento de pocos ambientes a menos que fuera, no sé, un caso extremadamente urgente. Hay otras cosas que cargo conmigo y hago parte de la convivencia que por sí solas bastan para hacerlo complicado, como las cucharadas de drama en el café negro en vez de azúcar. —Tuve una línea muy corta porque lo importante era el sentimiento que pudiera transmitir como árbol y yo considero que lo hice muy bien cuando vino el leñador, ¡mis padres dijeron que lloraron!— no, no son una opinión confiable como críticos.

Me agarro a su mano al impulsarme fuera de la hamaca que libre de mi peso se queda meciéndose, no veo más que unos pocos padres recogiendo de la arena a sus niños y como uno de estos se niega a obedecer a su madre desde lo alto de un tobogán, atrincherándose ahí como si a la madre no le bastara sacar su varita para hacerlo levitar al suelo. Enredo mis dedos con los suyos para que las líneas de nuestras palmas encajen y la sigo fuera del perímetro del arenero. No me olvido que le dije a Phoebe que volvería, perooooo no dije cuándo, también prefiero hacerlo cuando esté sola. Como muchas de las cosas que he hablado con ella siempre han quedado exclusivamente entre los dos, por bien que me lleve con sus sobrinas y ahora también su hijo es incluido en cada situación, sigo inclinándome por las ocasiones en que podamos seguir siendo los dos, en lo irónico que es estar como entrometido en el cuadro de los Powell ahora que sé del vínculo que tienen con Alecto. —Yo creo que mejor nos vamos, lo del giratiempo podemos dejárselo a alguien más— que entre no querer cambiar nada que es la postura de ella y la mía de querer poner de cabeza el mundo, ¿en serio le daríamos un uso?

»Me pasa algo raro con el pasado estos días y me doy cuenta ahora que dices que no cambiarías nada porque lo que hubiera pasado sí no alteran nada. El pasado no cambia, eso está claro, aunque a veces por la manera en que lo cuenta una persona parece que sí. Entonces eso que ocupaba un gran espacio en nuestro relato o los nombres que parecían importantes, van dejando lugar a cosas nuevas. Como la vida continua, surgen cosas nuevas, y el pasado mismo con cada día que pasa, va llenándose de estas cosas. Y, ya paro, lo juro— tomo aire, que yo mismo cuando hablo tanto y de súbito, necesito recordarme de respirar, —y todos esos lugares vacíos o que habían quedado vacíos en mi porque alguien se fue, lugares con nombres específicos, fueron ocupados por otras personas que no eran las que esperaba o que incluso construyeron sus propios lugares— avanzo por la arena hasta que nuestras zapatillas se ven libres de estas y tenemos que iniciar el ascenso por las mismas piedras que bajamos. —Lo que quiero decir es que el pasado nunca se cambia con un giratiempo, sino con un presente— y ese sí, a ese sí creo que podemos darle un uso para que el mundo gire 180º y quien tenga que hacer algo, lo haga, para que no surjan nuevos «qué hubiera pasado sí».
David Meyer
David MeyerAbogado

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