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Mensaje por Georgia Ehrenreich el Sáb Jun 27, 2020 1:30 am

Junio

Apoyo mi bastón en el suelo de grava al bajar del coche mientras Ramik sostiene la puerta con un brazo y el otro me ayuda a andar hacia la furgoneta que espera en una esquina discreta. Por mi atuendo bien podría encaminarme hacia el restaurante que ocupa media cuadra con sus ventanales rebosantes de luz, se ven todas las mesas ocupadas a través del cristal y si alguien quisiera hacer una reserva, la siguiente fecha con mesas disponibles será dentro de un mes. La nuestra tuvo que ser reservada tres meses antes, una mesa para cada jueves en los que se grabarán los episodios de First Dates para que puedan ser transmitidos los domingos, que es el día por excelencia en la agenda para los programas familiares o en los que las personas se encuentran tan aburridas como para ver y criticar las citas de otros.

Esta es la primera grabación de lo que se espera sea una temporada de doce programas, así que espero que Phoebe haya elegido bien a los candidatos de este piloto que medirá la aceptación del público y si para el lunes tengo que cancelar este proyecto, no dudaré en hacerlo. Tendremos que volver a los testimonios sobre mascotas que cambian la vida de las personas que las adoptan, esos videos se siguen compartiendo en Wizzardface, pero no quiero otra demanda sobre nosotros por maltrato animal al no tener a los animales en buenas condiciones durante las grabaciones. ¿Ahora resulta que tengo que contratar masajistas para un gato? Se pueden ir al carajo. No estoy para esas cosas.

Golpeo con el bastón la puerta de la furgoneta de mala gana y espero a que la abran para echar un vistazo al interior donde están dos operadores delante de las pantallas que registran cada momento a través de las cámaras instaladas en distintos puntos del restaurante, sobre todo en la entrada y también en el baño, para captar la primera reacción que tienen al ver a la otra persona y en el baño por si se les ocurre ir a llamar a alguien para hacer catarsis. Por eso es importante leer la letra chica de los contratos, y también saber hechizos para que sea lo escrito con tinta invisible, que estará a la vista si surge la ocasión de ir a juicio por una demanda que nadie quiere. A grandes rasgos, esto no es más que una cita de la que nadie debería preocuparse, ¿qué si salen en la televisión? ¡Vamos! ¡Hay gente con sus caras en carteles de buscados! ¡También gente que tiene sus dos minutos de fama por morir en el Coliseo! Siempre se pueden dar circunstancias peores por las cuales una cara pasa a ser conocida. —Phoebe todavía no llegó— farfullo para Ramik y reviso con impaciencia la hora en mi reloj.
Georgia Ehrenreich
Georgia EhrenreichCiudadano

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Mensaje por Phoebe M. Powell el Sáb Jun 27, 2020 5:56 pm

Estoy a escasos segundos de llamar a Georgia para decirle que no voy a poder acompañarla en su estreno o lo que sea que ha montado para ganar dinero, porque no me veo capaz a dejar a Hayden desamparado cuando lleva todo el día anterior vomitando todo lo que come, y ni siquiera Mo que vino a mi rescate puede tranquilizarme. Me dijo que es normal, que a muchos bebés les pasa, pero mi instinto maternal quiere creer lo contrario y lo único que se me antoja es quedarme con mi bebé por todo el tiempo que haga falta, incluso cuando resulta ser cosa de un día y al siguiente vuelve a su normalidad de dormir muchas horas al día y llenarse la panza sin que haya ningún problema de por medio. Le conté a Mo del programa este que estaba preparando Georgia mientras me ayudaba con Hayden, incluso ella que no la veo como una persona que mire mucho la televisión, aceptó que tenía su parte de interesante, más cuando le había dicho que los candidatos que yo he escogido son tan cercanos que no pudo hacer otra cosa que reírse durante un buen rato al tiempo que preparaba una comida.

Al final, la misma Mo me convence de acudir, asegurándome de que ella cuidará del bebé y, en caso de que ocurra algo, me llamará enseguida, así que para cuando salgo de la casa, un poco insegura todavía, me cercioro de que tengo el teléfono con el sonido al máximo volumen. Me importa tres cominos si es que eso puede llegar a sonar en alguna parte. — Perdón, ya estoy aquí, tuve algunos problemas con... No importa — si le cuento que vómitos y babas han tenido que ver, probablemente me golpee a mí con el bastón porque no le interesa en lo más mínimo cuando para ella hay otras cosas más importantes en el día de hoy. No sé ni como convencí a Jessica de hacer esto, mucho menos a Logan de que me hiciera el favor, que sé que no es nada más que eso y deduzco que ha aceptado porque sabe que estoy teniendo problemas con el dinero. Aun así, por muy interesante que se le pueda a hacer esto a Georgia, yo ya estoy deseando que acabe para poder regresar a casa con mi hijo. Y menos mal que nosotras no tenemos que aparecer en la televisión.
Phoebe M. Powell
Phoebe M. PowellDirector del Servicio Social

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Mensaje por Jessica D. Voznesenskaya el Dom Jul 05, 2020 1:14 pm

No sé como me han convencido para hacer esto. Pienso una y otra vez.

Esta es una de las frases a las que más recurro para tratar de darle una explicación a mis incoherentes decisiones, aunque por suerte poco frecuentes. Y es que, realmente, no sé cómo he podido acceder a formar parte de esto. Bueno, de hecho, sí que lo sé, y la razón de ello es la que busco con mis ojos en cuanto noto que la velocidad del coche en el que voy empieza a ralentizarse, temiendo que se pare por completo y dé comienzo a la que sé que será una de las noches más incómodas de mi vida. Pero no, por mucho que me fijo, no logro ver a Phoebe por ninguna parte, ni siquiera cuando el coche se detiene frente a la puerta de un restaurante que no es muy difícil imaginar que es mi destino final. Por desgracia, estoy lo suficientemente familiarizada por las cámaras como para reconocer un par de ellas a la entrada, seguramente para grabar como los integrantes de la cita a ciegas avanzan nerviosos hasta la entrada del local. El chófer me indica que el presentador del momento, Carlise Sovereign, aún no está listo, y que debemos esperar a que lo esté para dar comienzo a la grabación, y por tanto a mi salida del coche. Curiosamente me encuentro a mí misma imaginando por primera vez cómo será mi acompañante desde que Phoebe me pidió formar parte de esto. No negaré que lo hice por ella, aunque sea una forma un poco cruel de cargarla con todo el peso de mi decisión. Pero no podía dejarla sola, y le prometí que podría contar conmigo para todo. Tal vez esto no era lo que tenía en mente para ayudarla a reunir dinero, pero es lo mínimo que puedo hacer. O lo máximo.

Sigo mirando por la ventanilla, esforzándome por calmar mis inevitables nervios y ramalazos de arrepentimiento y vergüenza, cuando empiezo a notar un revuelo alrededor de las puertas de cristal que tengo en frente, sabiendo que eso significa que Carlise Sovereign ha aparecido. Un operario se acerca hasta mi coche, haciéndole un gesto al chófer para que baje mi ventanilla. - Hola, Jessica, ¿verdad? Bueno, Jessica, el programa va a empezar. Tú eres la primera en llegar, solo tienes que caminar hacia el restaurante y Carlise te recibirá allí. Puedes pedir una copa al llegar mientras esperas a tu cita. Sé natural, ¿vale? Es un falso directo, solo tenéis que cenar y charlar como si no hubiera cámaras. ¿Lista? Yo estaré ahí, y a mi señal sales del coche y empieza el espectáculo - No me da tiempo a decir nada en absoluto cuando el operario se larga, dejándome con escalofríos por la última frase que pronuncia. El chófer murmura un tranquila, saldrá bien, aunque francamente no me consuela mucho. La señal del operario no tarda en llegar y rezo porque mi vestido no se enganche en mis tacones. Nos indicaron que a la hora de vestirnos lo hiciéramos sabiendo que era un programa de tv y que se emitiría en un restaurante lujoso, por lo que la extravagancia capitoliana no estaba de más. Yo, sin embargo, he intentado no recurrir mucho a ella, optando por un vestido rojo a medio camino entre ser la invitada de una boda y estar en tu propia boda. Desde luego, no algo que yo me ponga muy a menudo.

En cuanto piso la calle casi puedo oír el sonido de las cámaras haciendo zoom sobre mí, amortiguado por los frenéticos latidos de mi corazón, pero intento que no me intimiden mientras llego a la puerta, donde voy divisando a Carlise esperándome. - ¡Jessica! - Me saluda con un efusivo abrazo como si me conociera de toda la vida. - ¿Cómo estás, querida? ¿Nerviosa? - Me coge del brazo y me lleva hasta la barra, cosa que en realidad agradezco. - Oh, no, sólo un poco, Carlise. Estoy bien, ¿cómo estás tú? - Gracias a mis años viviendo en el capitolio sé imitar bien sus excesivos modales, los que seguro que un hombre como Carlise espera. Ni siquiera llego a escuchar su respuesta, sólo que me dice que espere porque mi cita llegará enseguida. Ante esa realidad inminente, pido la copa que se me prometió al camarero de la barra, tomando asiento mientras veo como la prepara. Sólo espero que la persona que venga no sea demasiado insoportable como para que me cueste fingir durante una hora que no me quiero ir corriendo a mi casa. Ni siquiera tengo la más mínima expectativa de que esto pueda salir bien de alguna forma. Remuevo mi copa con la pajita, deseando en parte ver con quién voy a cenar, y en parte no. ¿Me reconocerá de los juegos? ¿Del desfile de vencedores? ¿De mi puesto de cazadora jefa? Demasiadas opciones de que pueda saber quién soy, y ninguna de ellas me gusta.
Jessica D. Voznesenskaya
Jessica D. VoznesenskayaInefable

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Mensaje por Logan Thornfield el Lun Jul 13, 2020 11:41 pm

Cuando le había dicho a mi cuñaba que contaba conmigo para que lo necesitara, había considerado dentro de esa promesa que hubiera llamadas a las cuatro de la madrugada si mi sobrino estaba enfermo o que tuviera que cuidarlo alguna tarde si su madre tenía que hacer algo, tampoco me hubiera molestado que me pidiera simplemente que le ayudara a mover los muebles de su nuevo hogar, ni que se encargara de la que la memoria de mi propio teléfono se llenara de fotografías y videos de Denny cuando estaba con ellos y no tenía su teléfono cerca. Respondí que sí cuando Phoebe me dijo que tenía un favor que pedirme, antes que me explicara de que se tratara. Y cuando lo hizo, esos tres segundos de absoluto silencio que siguieron los salvé con un «claro, ¿por qué no?». No era por la cita en sí, sino porque me asaltó la inquietud de que al empezar a pasar tiempo con ella y mi sobrino, fuera la que me tomara como una responsabilidad a su cargo, cuando soy quien se comprometió a cuidar de ellos mientras esperamos a que mi hermano regrese. Saber que se trata de un reality show y que es por presión de su jefa que debía buscar candidatos, me siento extrañamente aliviado de que esto no se deba a una preocupación real de su parte y lo tomo como un simple favor que no me cuesta nada hacer, en especial si tengo a alguien que me está dando indicaciones desde el momento en que me bajo delante del restaurante. Voy asintiendo con el mentón a cada cosa que dice mientras me arreglo la corbata para guardarla bajo el chaleco del traje.

Nunca en la vida me he visto a esta exposición de cámaras, las ignoro lo mejor que puedo porque está lejos de poder ser comparado con un auditorio lleno de estudiantes, de los cuales puedo esperarme las bromas que seguramente recibiré por parte de ellos cuando me vean en el programa, si esto funciona y no damos un triste espectáculo que no merece ser televisado, con quien Phoebe me adelantó que es una buena amiga suya. Si lo es, supongo que habríamos coincidido en algún otro momento por cosa de mi cuñada o Denny, así que esto es solo una manera distinta de que las cosas se hayan dado. El otro hombre que me espera en el restaurante menea la cabeza cuando me ve entrar, al parecer hice mal algo que ni siquiera sabía que debía hacer. Con un chasquido de dedos alguien hace aparecer un ramo de rosas, se ve que han metido mucho presupuesto en este primer capítulo piloto y en consideración a todo el trabajo de producción, procuro no arruinar el momento de mirar hacia la mesa reservada y hacer una mueca, cuando me advirtieron que este primer momento de la reacción se lleva varios minutos de cámara. Una mueca me condenará para el resto de la grabación.

Y no, la amiga de mi cuñada no lleva un sombrero con un cuervo disecado, ni está arrugando la nariz al evaluar el restaurante como lo harían ciertas mujeres del Capitolio, no necesito disimular una expresión de decepción que pueda quedar para la posteridad en video de archivos, porque no la experimento al ver a la mujer sentada en la mesa… y que parece a punto de ahogarse en su propia copa así que camino hacia la mesa para no demorar más lo inevitable. —Hola— a quien se le ocurrió que ese debería ser el saludo universal entre dos personas, nunca pensó en lo patético y lo insuficiente que sería en ciertas circunstancias, como en citas donde tienes una cámara que está filmándote hasta las pestañas. —Me han pedido que te acompañe mientras el tipo de la cita termina de maquillarse, ¿puedo sentarme? Estaba tan nervioso que le salió un grano en la nariz y están probando con maquillaje y hechizos reductores, quizás les lleve un rato— corro la silla al preguntarlo y me encargo de que el ramo cruce por encima de la mesa al estirar mi brazo para que puedo tomarlo. —Estas son para ti— digo. —¿Nerviosa?— pregunto, con la sonrisa que le muestro trato de tranquilizarla. —Practiquemos mientras esperamos— vuelvo a cruzar mi brazo por encima de la mesa para tenderle mi mano. —Soy Logan.
Logan Thornfield
Logan ThornfieldProfesor del Royal

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Mensaje por Jessica D. Voznesenskaya el Miér Jul 22, 2020 12:38 pm

Remuevo el gintonic una y otra vez con una fina barra metálica, observando como los hielos se montan unos encima de otros y caen de nuevo al fondo de la copa. Me moriría por dar unos cuentos tragos, pero tengo miedo de que se me acabe porque no sé si podré pedir otra y tampoco sé lo mucho la necesitaré, por lo que de momento decido ahorrar para potenciales futuros momentos de vacas flacas. De vez en cuando escucho cierto ruido en la entrada, pero nunca acaba siendo el definitivo. Cada vez que giro el cuello casi puedo notar todas las cámaras enfocando hasta mi última línea de expresión, supongo que esos serán los planos que usen para hacerme ver emocionada y eufórica por la entrada de mi cita, que por cierto, está tardando en llegar más de lo que calculaba. Suspiro y justo cuando voy a añadir un aire melancólico a mi espera apoyando la cara en una mano, un tipo alto y trajeado aparece por la puerta.

Como sé que mi reacción va a ser grabada, intento no ser muy exagerada y vuelvo a mirar a la copa, fingiendo una indiferencia que los repentinamente acelerados latidos de mi corazón se encargan de desmentir. La miopía no ayuda mucho, pero me ha parecido que, al menos, no era un cincuentón bigotudo. No tengo nada en contra de los cincuentones, al fin y al cabo yo seré una del clan en menos años de los que admitiría en voz alta, pero simplemente no es lo que estoy buscando para poder pasar una noche al menos agradable. Escucho la enérgica voz de Carlise saludando al nuevo integrante del programa, aunque no alcanzo a oír su respuesta. Sólo sé que el repiqueteo de sus zapatos contra el parqué del suelo cada vez se escucha más cerca, y sólo cuando por fin oigo su voz levanto la cabeza del gintonic, como si no esperase para nada visita. - Hola - Por un momento olvido mis modales y me quedo sentada, sonriendo levemente. Entonces me doy cuenta de lo frío que está siendo el encuentro y arrastro mi silla hacia afuera con ayuda de mis pies, levantándome para darle dos besos y presentarme. - Soy Jessica. O Jess, como prefieras - Me encojo de hombros y vuelvo a mi asiento, esperando que el dato de mi nombre haya sido nuevo para él. Eso significaría que no sabe que está cenando con una asesina. Francamente, si fuese él y me reconociese de los juegos me iría corriendo. En el fondo soy buena gente, pero eso él no lo sabe.

Me permito fijarme un poco en su aspecto sin parecer cantosa. Bonitos ojos, buen peinado, traje adecuado. Entrecierro los ojos ante su coartada, no fiándome mucho de la misma. A pesar de eso, me río y le sigo el juego, cogiendo asombrada las flores que me ofrece una vez se sienta en frente de mí. - Wow, mucho presupuesto para un suplente. Gracias - El aspecto impoluto de las rosas y su olor deja en evidencia que han sido modificadas genéticamente, algo que cuesta cerca del triple de lo que costaría un ramo normal. - Mi cita de verdad tendrá que traerme un pony con un lazo en la crin si no quiere quedar en evidencia - Una camarera se acerca rápidamente a mí cuando ve que voy a dejar el ramo en la mesa, cogiéndolo y murmurando que lo pondrá en agua y me lo enviarán a casa. - Yo no he traído nada, en forocitas.com nadie habló de regalos - Me encojo de hombros y hago una mueca a modo de disculpa. Hago también un aspaviento cuando pregunta sobre mis nervios. - Oh, no mucho. Lo justo para no ser una psicópata - Sólo una no se pondría nerviosa antes de una primera cita televisada. - ¿Lo estás tú? - Devuelvo la pregunta, alzando una ceja.

- Me gusta esa idea, Logan - Repito su nombre más para cerciorarme de que voy a recordarlo que para apelarle a él. - Según mis amigos tengo que hacerte tres preguntas de rigor - Carraspeo y adopto un tono solemne, como si fuera a nombrarle caballero de la mesa redonda del rey Arturo. - Empezaré por la fácil, ¿a qué te dedicas? - En realidad, en mi opinión, hay al menos unas diez preguntas que se deberían hacer en una primera cita, pero hablar abiertamente en la televisión de ETS con alguien que acabas de conocer apuesto a que no es muy políticamente correcto.
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Mensaje por Logan Thornfield el Mar Jul 28, 2020 12:28 am

Su nombre me basta para que su rostro se quede fijo en mi mente, quizás algo más me hubiera dado la pista de que su cara la había visto antes, en un escenario tan diferente a este que mis pensamientos por sí solos jamás podrían hacer la asociación. Las cámaras sobre nosotros son suficientes para que mi atención quede reducida a este espacio de supuesta privacidad, aunque termine siendo televisado para medio país. Trato de llevar esto de la manera más natural que puedo, aunque demoro un segundo de más en retirar mi mano en su codo al recibir su saludo y también en volver a acomodarme en mi silla, poniendo una sonrisa en mi cara para que no se diga por un momento de vacilación, que me ha disgustado la compañía. Es todo lo contrario. Se me haría sencillo ser cordial con quien sé que al cabo de una hora no nos volveríamos a cruzar, pone otras en juego el que no todo sea un acto para las cámaras.

Todas las frases trilladas se me vienen a la mente para responder, ensancho mi sonrisa para no caer en ellas. —¿No te dijeron que te tocaba traer otro ramo de rosas? Tendré que quedarme con la mitad de las tuyas— digo en broma, porque no he sabido que en citas se ofrezca un regalo de algún tipo. Un ramo de flores nunca lo consideré como tal, cuando lo pusieron en mis manos lo tomé como parte de todo lo tradicional en una cita que queda bien a la cámara y, de hecho, me sentiría culpable de que trajera algo cuando lo único que le di fue lo que en definitiva me dieron a mí para entregárselo. —Es alentador saber que no has llegado al punto de psicópata, creo que estamos listos para pedir entonces— trato de hacer un chiste sobre el nerviosismo en esta mesa. —¿Y yo? Para nada, hago de suplente de citas dos noches por semana, a veces tres—. Busco sostener su mirada al contestar con honestidad sin perder la tranquilidad en mi semblante. —Sí, bastante. Pero la cena es paga, tenemos a Phoebe mirándonos el alma desde algún rincón, yo digo que tratemos de llegar al postre con anécdotas vergonzosas para que se haga llevadero. Ah, no— me corrijo de pronto, —cierto que nos verán en todo Neopanem. Podemos contarlas, pero no demos nombres, eso está mejor.

Muevo mis cejas hacia arriba para lo que serán las preguntas de rigor y entrelazo mis manos sobre la mesa para que sepa que me lo estoy tomando en serio, sonrío por adelantado cuando la primera pregunta es la más sencilla de responder, la única que no me compromete a nada. —Soy profesor en el Royal, encantamientos y transformaciones— contesto, no es porque sea mi materia, pero están los profesores del lado aburrido de la vida, luego estoy yo y otros pocos que tenemos las clases que más disfrutan los estudiantes porque hay cosas para cambiar de color, expandir, hacer explotar, desvanecer, convertir en taza. —Lo justo sería que cada pregunta sea en espejo y poder hacer otra, ¿no? ¿A qué te dedicas tú?— muevo mi mano para animarla a hablar. —¿Y eso que haces es lo que te gustaría hacer dentro de diez años? Esta ha sonado como sacada de una entrevista laboral.
Logan Thornfield
Logan ThornfieldProfesor del Royal

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Mensaje por Jessica D. Voznesenskaya el Sáb Ago 01, 2020 9:13 am

Sonrío, sorprendida ante su sentido del humor, pues no sólo capta bien mis bromas sino que las devuelve. Por un segundo es como si me estuviera mirando en un espejo, algo que no puedo negar que me agrade. Podría incluso ser una cena divertida. - Te daré una para la solapa de la chaqueta, y es mi última oferta - No sé mucho sobre ropa masculina y tal vez eso que lleva no se llame exactamente chaqueta ¿Esmoquin? ¿Chaqué? Ni lo sé ni me interesa demasiado averiguarlo, chaqueta está bien. Trato de evaluar la situación en cuanto se sienta en frente de mí, fijándome en su lenguaje corporal para discernir hasta qué punto está o no nervioso, cómodo, acostumbrado... Parece que ambos estamos bastante conformes con la compañía, seguramente esperábamos de todo menos lo que tenemos en frente, o al menos yo así lo hice hasta hace un minuto.

No puedo evitar soltar una risa más sonora de lo que debería hacer una señorita de elegancia acorde con el vestido que llevo. Veo como algunos pares de ojos más me miran, aunque no me sorprende tras años comprobando que mi risa no es lo que podría describirse como discreta. La acorto en cuanto me doy cuenta, asintiendo con vehemencia a su comentario. - Se te nota, el detalle de las rosas no lo tendría cualquiera ¿Y ese peinado? Sólo podría llevarlo un suplente veterano. Debería haberme dado cuenta antes - Me doy un pequeño golpe en la frente, como si de verdad me sintiera tonta por no haberle descubierto. Una vez roto el hielo, me resulta mucho más fácil dejar de sentir mis brazos como dos colgajos inservibles que no sé en qué posición colocar y que siento que me acaban de crecer de los hombros y no sé cómo usar. Hasta puedo notar ralentizarse por fin mi pulso. - Tengo una colección profesional de esas, puedes pedir siete tipos de tarta y seguiré sin acabar - Digo, refiriéndome a las anécdotas vergonzosas, y esta vez no es ninguna broma. - Propongo contarlas en tercera persona y con nombres en clave - Seguro que los espectadores que se incorporen unos minutos más tarde ni se darán cuenta de que hablamos de nosotros mismos.

- Vaya, profesor... - Entrecierro los ojos y ladeo la cabeza. - No tenías pinta de profesor - Aunque no sé qué es lo que me hace llegar a esa conclusión, seguramente el hecho de que lleve corbata en lugar de pajarita. - ¿Y te gusta? Cuidado con lo que respondes, tus alumnos te estarán viendo para luego poder burlarse de ti - Lo de encantamientos y transformaciones llama más mi atención. - ¿Así que si pido agua puedes convertirla en vino? Pero un vino de los buenos. Si lo haces prometo escribir un libro sobre tus hazañas y convertirlo en religión - Finjo no saber nada de transformaciones, aunque seguramente sea nada en comparación con lo que puede saber un profesor. - Yo trabajo en el departamento de misterios - Eso seguro que me convierte en una mujer interesante. - Y no, no me gustaría pasar diez años de mi vida haciendo lo mismo. A menos que sea comer pizza - Apunto - Estoy acostumbrada a los cambios y creo que ya no podría vivir de otra forma - Me encojo de hombros, restándole importancia. - Vamos con tu teoría del espejo, ¿te gustaría a ti ser profesor en diez años? - Supongo que se trata de una profesión más a largo plazo. - Ah, y la siguiente pregunta de rigor. Prepárate por que esta es fuerte... ¿Has estado casado? - Me siento con la confianza de preguntárselo aunque acabe de conocerlo.
Jessica D. Voznesenskaya
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Mensaje por Logan Thornfield el Dom Ago 09, 2020 5:29 pm

Trato hecho— contesto, estiro mi brazo para pasarlo encima de la mesa y con mi palma a la vista espero a que coloque una de las rosas, creo que desde la graduación no he usado una y mi varita tendrá que recordar cómo se hace. Comparto su manera de reírse a carcajadas cuando las características que me señalan me hacen un veterano en esto de ir a citas, aunque mi memoria no tenga registro de la última vez que fui a una con todos los protocolos, nunca se me ha dado bien planear estas ocasiones, mucho menos dejar a otros la tarea de tomar decisiones en base a preferencias mías que creen conocer y me alegro de que a la única que se lo permití -lo admito, porque me resulta decirle que no a mi cuñada-, haya logrado encontrar entre mil a alguien que a los dos minutos se encarga de que toda incomodidad quede de lado y me olvide un poco de las cámaras al decir: —Si te soy honesto, las rosas rojas no hubieran sido mi primera elección—  puedo sentir los ojos que se clavan en mi nuca y me miran desde detrás de las luces. —Quizás las blancas, lirios o tulipanes— agrego, pero las rosas rojas son clásicas y una buena decisión para los que organizaron todo esto. Es arriesgado un regalo así en una primera cita, cuando la personalidad de la otra parte se va descubriendo con el transcurso de la cena o el desfile de siete tartas. —Me parece bien eso de los nombres en clave— estoy de acuerdo con otra carcajada, mientras trato de pensar en qué tan amplio puede ser mi repertorio para no quedar atrás del suyo.

¿Cómo que no tengo pinta de profesor?— lo pregunto en broma, con un ligero tono de sentirme ofendido cuando no es así, —y sí, me gusta mucho como para que cada vez que surge algo distinto, vuelvo a esto. No puedo, ni quiero dejarlo—. Levanto mis cejas cuando pide la demostración del agua y el vino. —Eso es nuevo, nunca me lo habían pedido, lo tomaré como una buena señal— de lo que sea,  tal vez de milagros que tendrá que escribir en ese libro que se convertirá en religión. —¿Bastará con eso? ¿No hace falta que regrese muertos a la vida? Aunque luego de la resaca, puede que se sienta así…— murmuro, no sé en qué términos se manejará el equipo de producción de esta cita, pero en mi opinión podría ayudar al rating que hagamos la demostración y nos colaboren también con algunas botellas. —Si pregunto de qué tengo cara, ¿cuenta como otra pregunta?— consulto, creo que es lo que todos queremos saber cuándo nos dicen que no nos vemos como lo que somos, simple curiosidad, la opinión que puede darnos una extraña que pronto dejará de serlo y su propia mirada cambiará.

La mía cambia cuando me dice es inefable, el trabajo al que se dedicaba mi hermano, parpadeo un par de veces. —Consideré ser inefable, ¿sabes? Y lo fue mi hermano luego, qué irónico, ¿no?— entonces hubieran sido otras las condiciones en las que nos hubiéramos cruzado quizás, también podría tomarse como que las cosas encuentran su manera de ser y suceder. —Apoyo violentamente lo de comer pizza durante diez años, pero si los cambios son lo tuyo, los misterios de ese departamento podrían ser igual de estimulantes, ¿no? Todo lo impredecible que las cosas pueden ser— tanto como para que mi hermano, el hombre que hubiera apostado que tenía la vida con un centro fijo, había tenido que marcharse quién sabe a dónde. —Y sí, la docencia y la pizza serían algo que podría mantener por los siguientes diez años, veinte también. No porque sea reacio a los cambios, todo lo contrario, también me agradan. Pero me gusta lo que hago, así de simple…— serán pocas cosas en la vida sobre las que se consiguen esa certeza de querer permanecer, tengo la suerte de sentirme así respecto a mi trabajo, lo demás… —Estuve— contesto, —¿también tengo cara de haber estado casado? No me extrañaría, fueron muchos años. Haré la pregunta espejo, pero con una diferencia. ¿Cómo fue tu última relación? Presiento que estas son las preguntas que definen si la cita pasa de los diez minutos, si dices que ese hombre desapareció sospechosamente, tendré que fingir una llamada de urgencia de mi abuela que murió hace diez años— me inclino un poco sobre la mesa para susurrar, ingenuo de creer que podemos hablar sin que nos escuchen. —¿Estamos jodiéndoles el programa?
Logan Thornfield
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Mensaje por Jessica D. Voznesenskaya el Jue Ago 20, 2020 4:24 pm

La camarera que se precipitó llevándose mi ramo de rosas vuelve como por arte de magia sin que me dé tiempo a pedírselo, lo que me hace suponer que alguien de producción se ha encargado de avisarla. Aunque eso le resta intimidad y naturalidad a la cita, hace desaparecer el incómodo gesto de Logan, con el brazo estirado y la mano abierta esperando el presente. - Aquí tiene, caballero - Agarro una de las rosas del ramo y, fijándome en no cortarme con alguna espina, la corto para dejar un tallo no demasiado largo que pueda quedar elegante en su bolsillo. - Cuidado con las espinas, te advierto de que si te pinchas no te curaré delicadamente como en las películas - Tengo una tirita de perritos de colores en el bolso por si los tacones me hacían daño, y es todo lo que puedo ofrecer. Me quedo pensando en flores, y aunque no sé mucho sobre ellas, sé que hay una que se me viene a la cabeza. - A mí me gustan los girasoles - Suelto sin más, como si alguien me lo hubiera preguntado. - Hablando de películas, es porque lo vi en una - Omito el hecho de que es una animación antigua en la que un ogro se enamora de una princesa que por las noches también se convierte en ogro y le dice algo como "Vi esta flor y pensé en ti porque es bonita. A mí no me gusta, pero como tú sí eres bonita pensé que a ti sí te gustaría". Cursi, pero tierno.

- Vaya, pretendía ser un cumplido. Tiendo a imaginar a los profesores de vocación como ancianos excéntricos - Encogiéndome de hombros zanjo un poco el tema, aunque sólo por el momento. Me río ante su reacción a mi petición sobre transformaciones. - Bueno, lo de los muertos es un poco excesivo, supongo. Peeero - Hago una pausa para añadir emoción - Si convirtieras el papel higiénico en billetes dedicaría todo un capítulo a ello - Ahora que lo pienso, no es una mala idea, ¿por qué a nadie se le habrá ocurrido antes? Aparto las miles de opciones sobre transformaciones de mi mente cuando pregunta de qué tiene cara - ¿Además de suplente de citas profesional? - Hago un sonido, como si me costase pensar, aunque según le vi lo tuve en mente. - Repartidor de pizzas a domicilio. De esos que van en moto, se atan el pelo y lo meten por el agujero de la gorra - Como si esa definición de repartidor de pizzas fuese estándar en algún sitio más que en mi cabeza. - He mencionado la pizza demasiadas veces en la conversación, ¿verdad? Soy como las personas que en las citas no paran de hablar de sus exs - No es una mala comparación, la comida basura es lo más parecido a una relación duradera y feliz que probablemente tendré nunca.

Alzo una ceja cuando me confiesa que casi fuimos compañeros de trabajo, y ato cabos cuando dice que al final lo fue su hermano. Casi olvidaba que tenía delante nada más y nada menos que al cuñado de Phoebe, y no a un completo desconocido. Aunque a juzgar por la comodidad que siento hablando con él, cualquiera diría que nos conocemos desde hace años. El destino tiene curiosas formas de juntar los caminos de las personas. Pudimos conocernos en el trabajo pero decidió que era mejor hacerlo en una cita a ciegas televisada. Hago una mueca un 50% de acuerdo y otro 50% en desacuerdo con lo que dice. Bien es cierto que el departamento de misterios me aporta cambios constantes, pero no es eso exactamente lo que quería transmitir. - Sí, pero me inclino más por los cambios que involucran un avance. La evolución - Apunto, cuando por fin se me viene la palabra exacta. - No me gusta pensar que paso más de uno o dos años estancada exactamente en el mismo lugar. Pero tampoco es algo que se descarte en mi trabajo, ¿qué tal un ascenso? - Digo esto último mirando a la cámara y en un tono ligeramente más alto, como hablándole a mis jefes. - Eres afortunado, no muchas personas hablan con esa pasión de su trabajo. Es genial - Y de veras lo pienso, ojalá todos encontrásemos ese aprecio en nuestros empleos.

Nos traen por fin el primer plato y justo cuando cojo el cubierto, se me vuelve a caer al escuchar su respuesta a mi segunda pregunta de rigor. - Vaya, eso tampoco me lo esperaba. Eres una caja de sorpresas, Logan - No tenía pinta de haber estado casado, pero ¿se puede tener pinta de eso? - ¿Sería indiscreto si pregunto algo más sobre ese tema? - No quiero incomodarle, aunque la curiosidad me tienta, pero no creo que le sea agradable pensar en su ex-mujer y menos delante de todo NeoPanem. No puedo evitar reírme cuando, en un intento por bromear, da en el clavo. - Ya puedes ir pidiéndole el teléfono a producción, porque eso fue exactamente lo que ocurrió - No daré nombres ni excesivos detalles de su identidad, pero todo el mundo conoce la historia de la ganadora de los juegos que acabó saliendo con el hermano gemelo del tributo al que mató. Espero que él no. - Supongo que pensó que ya no funcionaba bien y... Bueno, se marchó. Juro que no tuve nada que ver y que su cuerpo no está en mi jardín - Me sorprende a mí misma la naturalidad con la que lo digo, así como la rapidez con la que cambio de tema. - ¿Tú crees? Yo creo que más bien lo estamos mejorando - Al menos, yo me estoy entreteniendo. - ¿Deberíamos empezar ya con las anécdotas vergonzosas para acabar de convertirlo en el líder de la noche? - Digo, refiriéndome al programa, que ni siquiera sé si se llegará a emitir.
Jessica D. Voznesenskaya
Jessica D. VoznesenskayaInefable

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Mensaje por Logan Thornfield el Sáb Ago 22, 2020 1:37 am

Tengo experiencias con espinas de rosas, pinchan, pero no matan— mi sonrisa no es tan cálida como me gustaría cuando lo digo y sujeto con mis dedos la única rosa que me entrega para colocarla debidamente en mi bolsillo. Recién entonces puedo conseguir que mi rostro se relaje para continuar con la conversación que se va al extremo opuesto de las rosas en lo que se trata de flores, las cuales vemos en ramos en cenas como estas, pero los girasoles tienden cubrir un campo entero bajo un sol que se ve aún más resplandeciente con tantas flores proyectando su luz. Es una imagen visual que cambia totalmente el escenario en el que estamos, así que debo pestañear para tratar de que encaje con la mujer que está al otro lado de la mesa. —Un girasol hubiera sido una flor muy arriesgada para una primera cita— contesto, como si me disculpara por no haberla traído, ni sugerido. —Se debe tener una personalidad muy especial ¿y cómo iba a saber que así era si hasta hace media hora eras una completa extraña?

Pero la tiene, estoy a punto de atragantarme con una carcajada con cada comentario que hace y debo recobrar la compostura con el disimulo de una tos, para responder con una supuesta seriedad que mantenga el hilo de la charla. —Estoy casi seguro que llegaré a ser un anciano excéntrico— se puede dejar ese tema ahí, pero si pretendo serlo debería comenzar a considerar las ideas que me sugiera. —¿Sabes? Agua en vino, papel higiénico en billetes, me estoy dando cuenta que todos estos años hice un mal uso de mis conocimientos— lo digo con mi ceño fruncido, como si lo estuviera meditando muy profundamente. —¿Qué hacemos aquí? Podríamos ir al distrito cuatro y abrir un casino, con todo el papel higiénico que podamos conseguir— lo planteo como un proyecto en marcha, casi tan bueno como dejar de ser profesor para dedicarme a repartir pizzas por todo el Capitolio, esta vez sí me río. —No suena así— la corrijo sobre lo que pueda decir de que la pizza sea el epicentro de nuestra plática, me parece un punto en común muy fuerte para explotar, de hecho es algo que determina el comienzo o fin de relaciones, —estaba a punto de decir que conociendo de tu vocación por la pizza, me sentía muy halagado de que se me considerada alguien con cara de repartidor. Mucho mejor a que me dijeras sanador o juez del Wizengamot—, lo clásico. —Me guardaré para más adelante preguntar si te gusta la pizza de piña porque creo que esa sí es la pregunta que lo define todo.

Mucho más que saber si hay cadáveres enterrados en el jardín, en todo el sentido metafórico de la frase, en una clara alusión a los ex que es mejor presentarlos cuanto antes así ese momento incómodo se pasa en el primer tramo y se puede continuar, ya la cuestión del trabajo es algo que creo nos ha dado un amplio vistazo del otro. Si no quiero que las personas que están detrás de las cámaras busquen fotografías de nuestra actual vicepresidente para insertarlas como imágenes sobre nuestros rostros en este fragmento de la cita, mejor me guardo su nombre, que de todos modos los matrimonios, también los fallidos, son cosas que quedan en registros y pueden ir a husmear luego. —No quiero que derroches una pregunta, así que sin tener bien en claro qué más contar, puedo decir que…— no hay nada que pueda decir, se me viene a los ojos un borrón de recuerdos que aluden a todo lo malo que llegamos a compartir, como discusiones, engaños, enredos, nada que quiera que quede registrado en la cinta de una cámara. —Fueron muchos años, cometemos errores con los que nos encariñamos y nos quedamos ahí, abrazados a ese error sin soltarlo— es pura amabilidad dicha para las cámaras, —hasta que un día ya no— esto último lo digo en un tono más filoso, cortándolo ahí, con la frialdad que debe ser. Estamos enloqueciendo a todo el equipo de producción, lo sé, sufren con nuestras respuestas que no dicen nada que dé para el cotilleo cuando asumo que ella es tan reservada como yo cuando lo deja en que simplemente no funcionó. Busco mi copa para alzarla en medio de la mesa. —Por el rating y por los finales necesarios para nuevos comienzos— de eso se trata, ¿no? Si fueron personas que no dudaron en dejarnos atrás, eso a nosotros nos devuelve a nosotros el derecho a continuar, sin ellos. Porque al menos para mí el mundo no ha dejado de girar, el paso de los días y las noches se sigue dando, las facturas de servicios me llegan cada mes y mis estudiantes se van graduando. Bebo un sorbo de mi copa para fingirme ocupado mientras le doy oportunidad a que tome la palabra. —Me parece bien, te toca comenzar a ti.
Logan Thornfield
Logan ThornfieldProfesor del Royal

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