The Mighty Fall
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Mensaje por Georgia Ehrenreich el Sáb Jun 27, 2020 5:30 am

Junio

Apoyo mi bastón en el suelo de grava al bajar del coche mientras Ramik sostiene la puerta con un brazo y el otro me ayuda a andar hacia la furgoneta que espera en una esquina discreta. Por mi atuendo bien podría encaminarme hacia el restaurante que ocupa media cuadra con sus ventanales rebosantes de luz, se ven todas las mesas ocupadas a través del cristal y si alguien quisiera hacer una reserva, la siguiente fecha con mesas disponibles será dentro de un mes. La nuestra tuvo que ser reservada tres meses antes, una mesa para cada jueves en los que se grabarán los episodios de First Dates para que puedan ser transmitidos los domingos, que es el día por excelencia en la agenda para los programas familiares o en los que las personas se encuentran tan aburridas como para ver y criticar las citas de otros.

Esta es la primera grabación de lo que se espera sea una temporada de doce programas, así que espero que Phoebe haya elegido bien a los candidatos de este piloto que medirá la aceptación del público y si para el lunes tengo que cancelar este proyecto, no dudaré en hacerlo. Tendremos que volver a los testimonios sobre mascotas que cambian la vida de las personas que las adoptan, esos videos se siguen compartiendo en Wizzardface, pero no quiero otra demanda sobre nosotros por maltrato animal al no tener a los animales en buenas condiciones durante las grabaciones. ¿Ahora resulta que tengo que contratar masajistas para un gato? Se pueden ir al carajo. No estoy para esas cosas.

Golpeo con el bastón la puerta de la furgoneta de mala gana y espero a que la abran para echar un vistazo al interior donde están dos operadores delante de las pantallas que registran cada momento a través de las cámaras instaladas en distintos puntos del restaurante, sobre todo en la entrada y también en el baño, para captar la primera reacción que tienen al ver a la otra persona y en el baño por si se les ocurre ir a llamar a alguien para hacer catarsis. Por eso es importante leer la letra chica de los contratos, y también saber hechizos para que sea lo escrito con tinta invisible, que estará a la vista si surge la ocasión de ir a juicio por una demanda que nadie quiere. A grandes rasgos, esto no es más que una cita de la que nadie debería preocuparse, ¿qué si salen en la televisión? ¡Vamos! ¡Hay gente con sus caras en carteles de buscados! ¡También gente que tiene sus dos minutos de fama por morir en el Coliseo! Siempre se pueden dar circunstancias peores por las cuales una cara pasa a ser conocida. —Phoebe todavía no llegó— farfullo para Ramik y reviso con impaciencia la hora en mi reloj.
Georgia Ehrenreich
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Sáb Jun 27, 2020 9:56 pm

Estoy a escasos segundos de llamar a Georgia para decirle que no voy a poder acompañarla en su estreno o lo que sea que ha montado para ganar dinero, porque no me veo capaz a dejar a Hayden desamparado cuando lleva todo el día anterior vomitando todo lo que come, y ni siquiera Mo que vino a mi rescate puede tranquilizarme. Me dijo que es normal, que a muchos bebés les pasa, pero mi instinto maternal quiere creer lo contrario y lo único que se me antoja es quedarme con mi bebé por todo el tiempo que haga falta, incluso cuando resulta ser cosa de un día y al siguiente vuelve a su normalidad de dormir muchas horas al día y llenarse la panza sin que haya ningún problema de por medio. Le conté a Mo del programa este que estaba preparando Georgia mientras me ayudaba con Hayden, incluso ella que no la veo como una persona que mire mucho la televisión, aceptó que tenía su parte de interesante, más cuando le había dicho que los candidatos que yo he escogido son tan cercanos que no pudo hacer otra cosa que reírse durante un buen rato al tiempo que preparaba una comida.

Al final, la misma Mo me convence de acudir, asegurándome de que ella cuidará del bebé y, en caso de que ocurra algo, me llamará enseguida, así que para cuando salgo de la casa, un poco insegura todavía, me cercioro de que tengo el teléfono con el sonido al máximo volumen. Me importa tres cominos si es que eso puede llegar a sonar en alguna parte. — Perdón, ya estoy aquí, tuve algunos problemas con... No importa — si le cuento que vómitos y babas han tenido que ver, probablemente me golpee a mí con el bastón porque no le interesa en lo más mínimo cuando para ella hay otras cosas más importantes en el día de hoy. No sé ni como convencí a Jessica de hacer esto, mucho menos a Logan de que me hiciera el favor, que sé que no es nada más que eso y deduzco que ha aceptado porque sabe que estoy teniendo problemas con el dinero. Aun así, por muy interesante que se le pueda a hacer esto a Georgia, yo ya estoy deseando que acabe para poder regresar a casa con mi hijo. Y menos mal que nosotras no tenemos que aparecer en la televisión.
Phoebe M. Powell
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Mensaje por Jessica D. Voznesenskaya el Dom Jul 05, 2020 5:14 pm

No sé como me han convencido para hacer esto. Pienso una y otra vez.

Esta es una de las frases a las que más recurro para tratar de darle una explicación a mis incoherentes decisiones, aunque por suerte poco frecuentes. Y es que, realmente, no sé cómo he podido acceder a formar parte de esto. Bueno, de hecho, sí que lo sé, y la razón de ello es la que busco con mis ojos en cuanto noto que la velocidad del coche en el que voy empieza a ralentizarse, temiendo que se pare por completo y dé comienzo a la que sé que será una de las noches más incómodas de mi vida. Pero no, por mucho que me fijo, no logro ver a Phoebe por ninguna parte, ni siquiera cuando el coche se detiene frente a la puerta de un restaurante que no es muy difícil imaginar que es mi destino final. Por desgracia, estoy lo suficientemente familiarizada por las cámaras como para reconocer un par de ellas a la entrada, seguramente para grabar como los integrantes de la cita a ciegas avanzan nerviosos hasta la entrada del local. El chófer me indica que el presentador del momento, Carlise Sovereign, aún no está listo, y que debemos esperar a que lo esté para dar comienzo a la grabación, y por tanto a mi salida del coche. Curiosamente me encuentro a mí misma imaginando por primera vez cómo será mi acompañante desde que Phoebe me pidió formar parte de esto. No negaré que lo hice por ella, aunque sea una forma un poco cruel de cargarla con todo el peso de mi decisión. Pero no podía dejarla sola, y le prometí que podría contar conmigo para todo. Tal vez esto no era lo que tenía en mente para ayudarla a reunir dinero, pero es lo mínimo que puedo hacer. O lo máximo.

Sigo mirando por la ventanilla, esforzándome por calmar mis inevitables nervios y ramalazos de arrepentimiento y vergüenza, cuando empiezo a notar un revuelo alrededor de las puertas de cristal que tengo en frente, sabiendo que eso significa que Carlise Sovereign ha aparecido. Un operario se acerca hasta mi coche, haciéndole un gesto al chófer para que baje mi ventanilla. - Hola, Jessica, ¿verdad? Bueno, Jessica, el programa va a empezar. Tú eres la primera en llegar, solo tienes que caminar hacia el restaurante y Carlise te recibirá allí. Puedes pedir una copa al llegar mientras esperas a tu cita. Sé natural, ¿vale? Es un falso directo, solo tenéis que cenar y charlar como si no hubiera cámaras. ¿Lista? Yo estaré ahí, y a mi señal sales del coche y empieza el espectáculo - No me da tiempo a decir nada en absoluto cuando el operario se larga, dejándome con escalofríos por la última frase que pronuncia. El chófer murmura un tranquila, saldrá bien, aunque francamente no me consuela mucho. La señal del operario no tarda en llegar y rezo porque mi vestido no se enganche en mis tacones. Nos indicaron que a la hora de vestirnos lo hiciéramos sabiendo que era un programa de tv y que se emitiría en un restaurante lujoso, por lo que la extravagancia capitoliana no estaba de más. Yo, sin embargo, he intentado no recurrir mucho a ella, optando por un vestido rojo a medio camino entre ser la invitada de una boda y estar en tu propia boda. Desde luego, no algo que yo me ponga muy a menudo.

En cuanto piso la calle casi puedo oír el sonido de las cámaras haciendo zoom sobre mí, amortiguado por los frenéticos latidos de mi corazón, pero intento que no me intimiden mientras llego a la puerta, donde voy divisando a Carlise esperándome. - ¡Jessica! - Me saluda con un efusivo abrazo como si me conociera de toda la vida. - ¿Cómo estás, querida? ¿Nerviosa? - Me coge del brazo y me lleva hasta la barra, cosa que en realidad agradezco. - Oh, no, sólo un poco, Carlise. Estoy bien, ¿cómo estás tú? - Gracias a mis años viviendo en el capitolio sé imitar bien sus excesivos modales, los que seguro que un hombre como Carlise espera. Ni siquiera llego a escuchar su respuesta, sólo que me dice que espere porque mi cita llegará enseguida. Ante esa realidad inminente, pido la copa que se me prometió al camarero de la barra, tomando asiento mientras veo como la prepara. Sólo espero que la persona que venga no sea demasiado insoportable como para que me cueste fingir durante una hora que no me quiero ir corriendo a mi casa. Ni siquiera tengo la más mínima expectativa de que esto pueda salir bien de alguna forma. Remuevo mi copa con la pajita, deseando en parte ver con quién voy a cenar, y en parte no. ¿Me reconocerá de los juegos? ¿Del desfile de vencedores? ¿De mi puesto de cazadora jefa? Demasiadas opciones de que pueda saber quién soy, y ninguna de ellas me gusta.
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Mensaje por Logan Thornfield el Mar Jul 14, 2020 3:41 am

Cuando le había dicho a mi cuñaba que contaba conmigo para que lo necesitara, había considerado dentro de esa promesa que hubiera llamadas a las cuatro de la madrugada si mi sobrino estaba enfermo o que tuviera que cuidarlo alguna tarde si su madre tenía que hacer algo, tampoco me hubiera molestado que me pidiera simplemente que le ayudara a mover los muebles de su nuevo hogar, ni que se encargara de la que la memoria de mi propio teléfono se llenara de fotografías y videos de Denny cuando estaba con ellos y no tenía su teléfono cerca. Respondí que sí cuando Phoebe me dijo que tenía un favor que pedirme, antes que me explicara de que se tratara. Y cuando lo hizo, esos tres segundos de absoluto silencio que siguieron los salvé con un «claro, ¿por qué no?». No era por la cita en sí, sino porque me asaltó la inquietud de que al empezar a pasar tiempo con ella y mi sobrino, fuera la que me tomara como una responsabilidad a su cargo, cuando soy quien se comprometió a cuidar de ellos mientras esperamos a que mi hermano regrese. Saber que se trata de un reality show y que es por presión de su jefa que debía buscar candidatos, me siento extrañamente aliviado de que esto no se deba a una preocupación real de su parte y lo tomo como un simple favor que no me cuesta nada hacer, en especial si tengo a alguien que me está dando indicaciones desde el momento en que me bajo delante del restaurante. Voy asintiendo con el mentón a cada cosa que dice mientras me arreglo la corbata para guardarla bajo el chaleco del traje.

Nunca en la vida me he visto a esta exposición de cámaras, las ignoro lo mejor que puedo porque está lejos de poder ser comparado con un auditorio lleno de estudiantes, de los cuales puedo esperarme las bromas que seguramente recibiré por parte de ellos cuando me vean en el programa, si esto funciona y no damos un triste espectáculo que no merece ser televisado, con quien Phoebe me adelantó que es una buena amiga suya. Si lo es, supongo que habríamos coincidido en algún otro momento por cosa de mi cuñada o Denny, así que esto es solo una manera distinta de que las cosas se hayan dado. El otro hombre que me espera en el restaurante menea la cabeza cuando me ve entrar, al parecer hice mal algo que ni siquiera sabía que debía hacer. Con un chasquido de dedos alguien hace aparecer un ramo de rosas, se ve que han metido mucho presupuesto en este primer capítulo piloto y en consideración a todo el trabajo de producción, procuro no arruinar el momento de mirar hacia la mesa reservada y hacer una mueca, cuando me advirtieron que este primer momento de la reacción se lleva varios minutos de cámara. Una mueca me condenará para el resto de la grabación.

Y no, la amiga de mi cuñada no lleva un sombrero con un cuervo disecado, ni está arrugando la nariz al evaluar el restaurante como lo harían ciertas mujeres del Capitolio, no necesito disimular una expresión de decepción que pueda quedar para la posteridad en video de archivos, porque no la experimento al ver a la mujer sentada en la mesa… y que parece a punto de ahogarse en su propia copa así que camino hacia la mesa para no demorar más lo inevitable. —Hola— a quien se le ocurrió que ese debería ser el saludo universal entre dos personas, nunca pensó en lo patético y lo insuficiente que sería en ciertas circunstancias, como en citas donde tienes una cámara que está filmándote hasta las pestañas. —Me han pedido que te acompañe mientras el tipo de la cita termina de maquillarse, ¿puedo sentarme? Estaba tan nervioso que le salió un grano en la nariz y están probando con maquillaje y hechizos reductores, quizás les lleve un rato— corro la silla al preguntarlo y me encargo de que el ramo cruce por encima de la mesa al estirar mi brazo para que puedo tomarlo. —Estas son para ti— digo. —¿Nerviosa?— pregunto, con la sonrisa que le muestro trato de tranquilizarla. —Practiquemos mientras esperamos— vuelvo a cruzar mi brazo por encima de la mesa para tenderle mi mano. —Soy Logan.


Última edición por Logan Thornfield el Mar Jul 28, 2020 3:35 am, editado 1 vez
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Mensaje por Jessica D. Voznesenskaya el Miér Jul 22, 2020 4:38 pm

Remuevo el gintonic una y otra vez con una fina barra metálica, observando como los hielos se montan unos encima de otros y caen de nuevo al fondo de la copa. Me moriría por dar unos cuentos tragos, pero tengo miedo de que se me acabe porque no sé si podré pedir otra y tampoco sé lo mucho la necesitaré, por lo que de momento decido ahorrar para potenciales futuros momentos de vacas flacas. De vez en cuando escucho cierto ruido en la entrada, pero nunca acaba siendo el definitivo. Cada vez que giro el cuello casi puedo notar todas las cámaras enfocando hasta mi última línea de expresión, supongo que esos serán los planos que usen para hacerme ver emocionada y eufórica por la entrada de mi cita, que por cierto, está tardando en llegar más de lo que calculaba. Suspiro y justo cuando voy a añadir un aire melancólico a mi espera apoyando la cara en una mano, un tipo alto y trajeado aparece por la puerta.

Como sé que mi reacción va a ser grabada, intento no ser muy exagerada y vuelvo a mirar a la copa, fingiendo una indiferencia que los repentinamente acelerados latidos de mi corazón se encargan de desmentir. La miopía no ayuda mucho, pero me ha parecido que, al menos, no era un cincuentón bigotudo. No tengo nada en contra de los cincuentones, al fin y al cabo yo seré una del clan en menos años de los que admitiría en voz alta, pero simplemente no es lo que estoy buscando para poder pasar una noche al menos agradable. Escucho la enérgica voz de Carlise saludando al nuevo integrante del programa, aunque no alcanzo a oír su respuesta. Sólo sé que el repiqueteo de sus zapatos contra el parqué del suelo cada vez se escucha más cerca, y sólo cuando por fin oigo su voz levanto la cabeza del gintonic, como si no esperase para nada visita. - Hola - Por un momento olvido mis modales y me quedo sentada, sonriendo levemente. Entonces me doy cuenta de lo frío que está siendo el encuentro y arrastro mi silla hacia afuera con ayuda de mis pies, levantándome para darle dos besos y presentarme. - Soy Jessica. O Jess, como prefieras - Me encojo de hombros y vuelvo a mi asiento, esperando que el dato de mi nombre haya sido nuevo para él. Eso significaría que no sabe que está cenando con una asesina. Francamente, si fuese él y me reconociese de los juegos me iría corriendo. En el fondo soy buena gente, pero eso él no lo sabe.

Me permito fijarme un poco en su aspecto sin parecer cantosa. Bonitos ojos, buen peinado, traje adecuado. Entrecierro los ojos ante su coartada, no fiándome mucho de la misma. A pesar de eso, me río y le sigo el juego, cogiendo asombrada las flores que me ofrece una vez se sienta en frente de mí. - Wow, mucho presupuesto para un suplente. Gracias - El aspecto impoluto de las rosas y su olor deja en evidencia que han sido modificadas genéticamente, algo que cuesta cerca del triple de lo que costaría un ramo normal. - Mi cita de verdad tendrá que traerme un pony con un lazo en la crin si no quiere quedar en evidencia - Una camarera se acerca rápidamente a mí cuando ve que voy a dejar el ramo en la mesa, cogiéndolo y murmurando que lo pondrá en agua y me lo enviarán a casa. - Yo no he traído nada, en forocitas.com nadie habló de regalos - Me encojo de hombros y hago una mueca a modo de disculpa. Hago también un aspaviento cuando pregunta sobre mis nervios. - Oh, no mucho. Lo justo para no ser una psicópata - Sólo una no se pondría nerviosa antes de una primera cita televisada. - ¿Lo estás tú? - Devuelvo la pregunta, alzando una ceja.

- Me gusta esa idea, Logan - Repito su nombre más para cerciorarme de que voy a recordarlo que para apelarle a él. - Según mis amigos tengo que hacerte tres preguntas de rigor - Carraspeo y adopto un tono solemne, como si fuera a nombrarle caballero de la mesa redonda del rey Arturo. - Empezaré por la fácil, ¿a qué te dedicas? - En realidad, en mi opinión, hay al menos unas diez preguntas que se deberían hacer en una primera cita, pero hablar abiertamente en la televisión de ETS con alguien que acabas de conocer apuesto a que no es muy políticamente correcto.
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Mensaje por Logan Thornfield el Mar Jul 28, 2020 4:28 am

Su nombre me basta para que su rostro se quede fijo en mi mente, quizás algo más me hubiera dado la pista de que su cara la había visto antes, en un escenario tan diferente a este que mis pensamientos por sí solos jamás podrían hacer la asociación. Las cámaras sobre nosotros son suficientes para que mi atención quede reducida a este espacio de supuesta privacidad, aunque termine siendo televisado para medio país. Trato de llevar esto de la manera más natural que puedo, aunque demoro un segundo de más en retirar mi mano en su codo al recibir su saludo y también en volver a acomodarme en mi silla, poniendo una sonrisa en mi cara para que no se diga por un momento de vacilación, que me ha disgustado la compañía. Es todo lo contrario. Se me haría sencillo ser cordial con quien sé que al cabo de una hora no nos volveríamos a cruzar, pone otras en juego el que no todo sea un acto para las cámaras.

Todas las frases trilladas se me vienen a la mente para responder, ensancho mi sonrisa para no caer en ellas. —¿No te dijeron que te tocaba traer otro ramo de rosas? Tendré que quedarme con la mitad de las tuyas— digo en broma, porque no he sabido que en citas se ofrezca un regalo de algún tipo. Un ramo de flores nunca lo consideré como tal, cuando lo pusieron en mis manos lo tomé como parte de todo lo tradicional en una cita que queda bien a la cámara y, de hecho, me sentiría culpable de que trajera algo cuando lo único que le di fue lo que en definitiva me dieron a mí para entregárselo. —Es alentador saber que no has llegado al punto de psicópata, creo que estamos listos para pedir entonces— trato de hacer un chiste sobre el nerviosismo en esta mesa. —¿Y yo? Para nada, hago de suplente de citas dos noches por semana, a veces tres—. Busco sostener su mirada al contestar con honestidad sin perder la tranquilidad en mi semblante. —Sí, bastante. Pero la cena es paga, tenemos a Phoebe mirándonos el alma desde algún rincón, yo digo que tratemos de llegar al postre con anécdotas vergonzosas para que se haga llevadero. Ah, no— me corrijo de pronto, —cierto que nos verán en todo Neopanem. Podemos contarlas, pero no demos nombres, eso está mejor.

Muevo mis cejas hacia arriba para lo que serán las preguntas de rigor y entrelazo mis manos sobre la mesa para que sepa que me lo estoy tomando en serio, sonrío por adelantado cuando la primera pregunta es la más sencilla de responder, la única que no me compromete a nada. —Soy profesor en el Royal, encantamientos y transformaciones— contesto, no es porque sea mi materia, pero están los profesores del lado aburrido de la vida, luego estoy yo y otros pocos que tenemos las clases que más disfrutan los estudiantes porque hay cosas para cambiar de color, expandir, hacer explotar, desvanecer, convertir en taza. —Lo justo sería que cada pregunta sea en espejo y poder hacer otra, ¿no? ¿A qué te dedicas tú?— muevo mi mano para animarla a hablar. —¿Y eso que haces es lo que te gustaría hacer dentro de diez años? Esta ha sonado como sacada de una entrevista laboral.
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Mensaje por Jessica D. Voznesenskaya el Sáb Ago 01, 2020 1:13 pm

Sonrío, sorprendida ante su sentido del humor, pues no sólo capta bien mis bromas sino que las devuelve. Por un segundo es como si me estuviera mirando en un espejo, algo que no puedo negar que me agrade. Podría incluso ser una cena divertida. - Te daré una para la solapa de la chaqueta, y es mi última oferta - No sé mucho sobre ropa masculina y tal vez eso que lleva no se llame exactamente chaqueta ¿Esmoquin? ¿Chaqué? Ni lo sé ni me interesa demasiado averiguarlo, chaqueta está bien. Trato de evaluar la situación en cuanto se sienta en frente de mí, fijándome en su lenguaje corporal para discernir hasta qué punto está o no nervioso, cómodo, acostumbrado... Parece que ambos estamos bastante conformes con la compañía, seguramente esperábamos de todo menos lo que tenemos en frente, o al menos yo así lo hice hasta hace un minuto.

No puedo evitar soltar una risa más sonora de lo que debería hacer una señorita de elegancia acorde con el vestido que llevo. Veo como algunos pares de ojos más me miran, aunque no me sorprende tras años comprobando que mi risa no es lo que podría describirse como discreta. La acorto en cuanto me doy cuenta, asintiendo con vehemencia a su comentario. - Se te nota, el detalle de las rosas no lo tendría cualquiera ¿Y ese peinado? Sólo podría llevarlo un suplente veterano. Debería haberme dado cuenta antes - Me doy un pequeño golpe en la frente, como si de verdad me sintiera tonta por no haberle descubierto. Una vez roto el hielo, me resulta mucho más fácil dejar de sentir mis brazos como dos colgajos inservibles que no sé en qué posición colocar y que siento que me acaban de crecer de los hombros y no sé cómo usar. Hasta puedo notar ralentizarse por fin mi pulso. - Tengo una colección profesional de esas, puedes pedir siete tipos de tarta y seguiré sin acabar - Digo, refiriéndome a las anécdotas vergonzosas, y esta vez no es ninguna broma. - Propongo contarlas en tercera persona y con nombres en clave - Seguro que los espectadores que se incorporen unos minutos más tarde ni se darán cuenta de que hablamos de nosotros mismos.

- Vaya, profesor... - Entrecierro los ojos y ladeo la cabeza. - No tenías pinta de profesor - Aunque no sé qué es lo que me hace llegar a esa conclusión, seguramente el hecho de que lleve corbata en lugar de pajarita. - ¿Y te gusta? Cuidado con lo que respondes, tus alumnos te estarán viendo para luego poder burlarse de ti - Lo de encantamientos y transformaciones llama más mi atención. - ¿Así que si pido agua puedes convertirla en vino? Pero un vino de los buenos. Si lo haces prometo escribir un libro sobre tus hazañas y convertirlo en religión - Finjo no saber nada de transformaciones, aunque seguramente sea nada en comparación con lo que puede saber un profesor. - Yo trabajo en el departamento de misterios - Eso seguro que me convierte en una mujer interesante. - Y no, no me gustaría pasar diez años de mi vida haciendo lo mismo. A menos que sea comer pizza - Apunto - Estoy acostumbrada a los cambios y creo que ya no podría vivir de otra forma - Me encojo de hombros, restándole importancia. - Vamos con tu teoría del espejo, ¿te gustaría a ti ser profesor en diez años? - Supongo que se trata de una profesión más a largo plazo. - Ah, y la siguiente pregunta de rigor. Prepárate por que esta es fuerte... ¿Has estado casado? - Me siento con la confianza de preguntárselo aunque acabe de conocerlo.
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