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Lost north · Maeve

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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Jue Abr 16, 2020 6:19 am

Recuerdo del primer mensaje :

¿Por qué pensé que estoy sería una buena idea? Entierro mi cara en la almohada cuando la alarma suena, suena, suena. Tengo mi ropa doblada al pie de la cama, con toda la prolijidad con la que me inculcaron, el abrigo de pana gris está colgado del respaldo de la silla para que pueda colocármelo al vuelo al salir para bajar a la cocina a tomar un café rápido, lo he planeado y cronometrado todo como lo vengo haciendo desde haces una semana, mi vida ha vuelto a esa rutina que tenía en el Capitolio, un poco más intensa de a ratos, porque el cambio brusco de colaborar con Arianne a dar mi ayuda a Alice implica casi un cambio de cerebro, dejar ese que sabe protocolos en la entrada y colocarme ese otro que está aprendiéndose de memoria cada músculo del cuerpo. No, no hablemos de las veces en que me pise una cosa con la otra, en que una palabra médica acabó en protocolos y esa vez que un paciente me miró tan desconcertado que tuve que decirle «¡era broma!» para que no se notara que sí, me equivoqué. Hay en los que solo quiero cambiar de posición en la cama y solo volver a dormir… pero no puedo, tengo que levantarme y comenzar el día…

¡Y ah, mierda! ¡¿Cuánto tiempo pasó?! ¡¡Solo cerré los ojos por un segundo!! ¡Mierda, mierda, mierda! Me enredo con las mantas al tratar de salir de la cama, mi teléfono cae con un golpe que me asusta contra el suelo y ¡ah, no jodas! ¡No pudo haber pasado una hora! ¡¡SOLO CERRÉ LOS OJOS!! No hay tiempo de cambiarme las medias, tendré que dejarme las que me puse para dormir, tiro mi pijama para colocarme los vaqueros y el pulóver de lana gruesa, estoy corriendo fuera de la habitación con mi bufanda ahorcándome cuando me acuerdo del abrigo. ¡No hay tiempo! ¡No hay tiempo! Ya comeré algo por ahí, lo que sea… ¡aire! ¡el aire es sano! Me meto a la chimenea, ni siquiera yo estoy segura de si debo ir a lo de Alice o a lo de Arianne, ¿a quién le dije que iba a ir a ayudar esta mañana? Quiero acuclillarme dentro de la chimenea para llorar, pero tengo un puñado de polvos flu y digo la primera dirección que se me ocurre al arrojarlos para desaparecerme.

Oh, vaya… ¿Arianne redecoró la casa después de que Ben se fue? Vaya, se ve muy… muy distinta. Saco mi teléfono para revisar una vez más la hora, que una cosa es llegar una hora tarde, pero cinco minutos tarde además de la hora tarde, es como que mucho… Mis ojos se quedan puestos en la pantalla cuando debajo de los cuatro dígitos leo las tres letras que me indican el día. ¿Hoy es sábado? ¡Aaaaaaaaaaaaah, mierdaaaaaaaaaaaaa! Salgo de la chimenea para sacudirme los polvos de la tela de la manga y sí, todavía me dura la somnolencia como para preguntar con toda la estupidez del mundo: —¿Arianne?—. Sí, eso, echémosle la culpa al sueño, no lo idiota que puedo llegar a ser como para darme cuenta que esta casa de arriba abajo no tiene nada que ver con mi jefa. No, me freno en seco en el pasillo porque necesito de algo más para darme cuenta que acabo de hacer una estupidez. —¡Tú!— grito al ver a la chica, ¡esa chica! ¡la chica del boliche! ¡la amiga de Oliver Helmuth! ¿Y por qué me acuerdo de Oliver Helmuth y todas sus fotografías de Wizzardface, pero no me acuerdo del nombre de la chica! ¡La chica a la que beso Ken! Ese también es detalle importante que mi memoria me susurra. ¿Qué hace esta chica en el distrito nueve?
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Mar Abr 21, 2020 10:22 pm

Si, bastante— coincido con ella, —sacando el hecho de que los aurores lo buscaban, también estaba el tema de la diferencia de edad, realidades distintas, de que él en realidad no se tomaba en serio lo de estar con alguien, a mí en realidad me gustaba Dave como ya sabes, bueno, no, me gustaba alguien más… es complicado, dejémoslo ahí…— decido, esa palabra lo dice todo, esa palabra logra encerrar en sí misma la maraña de todos los colores que fue nuestra historia, ¡y por eso, no! ¡No, señora! ¡Esa respuesta escueta no se la cree nadie! ¡Las mentiras siempre se dicen en oraciones cortas! —Ajá— lo suelto con mis cejas arqueadas y el dedo índice apoyado a un lado de mi mandíbula. —Sé un poco sobre eso, es posible que te guste cómo besa tu mejor amigo y eso no quiere decir que deje de serlo, pero de ninguna manera sigue siendo solo un amigo— ¿Confuso? ¿Complicado? Ya lo creo, bienvenida a Salvemosno de la Friendzone. Créanme, no es un lugar bonito, los sillones son bastante incómodos y regalan cajas de pañuelos descartables gratis que vas a necesitar para cuando tu amigo venga a hablarte de esa nueva chica que conoció, y ¿no te molesta, verdad? Total, somos amigos. Ah, sí, toma tu abrazo casto y palmadita en la espalda para consolarte, es todo lo que vas a obtener mientras otra chica lo besa en toda tu cara, un morreo así, bien intenso, ¿no te molesta, verdad? Total, solo-somos-amigos. Que en este mundo hay chicas así, como yo, que como mucho le da un like a la barra de chocolate de Oliver Helmuth, y luego están chicas como Holly, que si no hay quien la detenga, no te quiero contar lo que hace con ese chocolate.

Suerte que estamos en este improvisado desayuno de confidencias como para buscar el momento para volver a sacar el tema y prevenirla de lo aún más complicado que se pone todo esto cuando las fronteras de amistad no quedan claras, más importante que eso –sí, que en cuestión de prioridades, siempre voy a colocar lo que nos apasiona por delante de con quien estamos, si ambas cosas pueden congeniar es genial, si no puede, pues…- me interesa saber por qué fue dejando de lado algo que le gustaba para encontrarse un tanto a la deriva. —Tengo veinte, casi veintiuno. ¿Tú? Y lo de leyes, así como el arte, nunca está mal si lo quieres dejar un tiempo y mucho menos está mal querer volver después de un tiempo. Quizás, ¿sea solo eso? Tomarse tiempos para las cosas, hacer lo que te gusta en el momento, lo que puede parecer un consejo bastante hedonista, lo sé… pero no estás obligada a nada con el mundo, solo a ti misma y a hacer lo que te haga sentir bien, en el momento que lo sientes— le comparto, que yo me abrumo con el montón de tareas que acepto y no soy la mejor en decir esto, pero también es cierto que como muchos, solo estoy tratando de buscar qué es lo que me gustaría hacer, mientras hago lo que creo que es útil y necesario. Si, tal vez debería seguir mis propios consejos… no es tan simple, aunque se escuche bien decírselo a alguien más.

Que tu padre sea abogado solo confirma el hecho de que a donde sea que me de vuelta, me encontraré con uno. No puedo escapar de las leyes— hablo para mí, esto no es más que coincidencia boba. Mi voz se pierde dentro de mi cabeza como un chiste cualquiera, cambio mi atención en esta charla por una que demuestra más seriedad cuando hablamos del distrito nueve, sus padres adoptivos y finalmente su madre. —Creemos en que puede haber un lugar donde, no importa quien seas, tu sangre, tu raza o tu estatus, podemos vivir todos juntos. Claro que cuando se vive por décadas en una sociedad donde está bien claro quienes están arriba y quiénes están abajo, y colocarse a un mismo nivel, significa que los de arriba tengan que ceder privilegios… no, no es tan fácil, ni todos se adhieren a la utopía. La verdad es que… un mundo desigual e injusto es lo que le conviene a cierta gente, aunque tampoco voy a generalizar, es una minoría… hay cosas como el odio y el miedo, cuando esas cosas logran instalarse y perdurar por décadas, es lo que al final siempre acaba dividiéndonos. Y pasar por la vida, por este mundo, sin que todo lo que pasa no te haga sentir odio hacia alguien, es difícil…— una vez le hablé a Ken sobre el perdón y la paz, después de esa conversación lo único que me quedó claro es cuando toda tu vida transcurre en una habitación de cuatro por cuatro, no conoces el mundo, hace que sea más sencillo pensar cosas que te hacen sentir bien. —¿Por qué no?— pregunto con suavidad, me apropio de la caja de cereales para armarme mi propio desayuno. —¿No sientes que te falta información de ti misma si ignoras lo que fue de tu madre? Siempre he creído que los secretos o las mentiras esconden partes de nosotros, saber la verdad de las cosas es lo que nos permite ir construyéndonos, y… saber dónde vienes siempre ayuda a que sepas a dónde quieres ir.
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Mensaje por Maeve P. Davies el Miér Abr 22, 2020 9:17 pm

El modo que tengo de asentir a lo que va diciendo deja claro que la estoy escuchando a pesar de perderme varias veces en lo que trato de seguir su relato. — Wow, imagínate que luego terminas casándote y teniendo bebés con otro hombre, sería una gran decepción para todos los espectadores de vuestra novela romántica. — bromeo en lo que se me escapa una carcajada jocosa desde el fondo de mi garganta, apretando mis labios de modo que no puedo resistir a que salga el sonido hasta que ya me es inevitable el reírme. — Mmmm… supongo que sí, es eso, aunque quizá me pesa más la parte de que no quiero que “una posible relación” afecte el modo que tenemos de ser nosotros. No sé si se entiende, sé que uno no deja de ser uno mismo por estar con alguien, pero… ay, no lo sé, no me imagino como novia, puedo imaginar a Oliver como novio, porque ya lo ha sido antes, se le dan bien esas cosas, ¿a mí? Probablemente terminaría olvidándome de nuestro aniversario, o algo así, ¿esas cosas todavía se hacen? Suena muy cursi… — pedirle consejo amoroso a una completa desconocida suena mejor opción a tener que pedírsel yo que sé, a Karina, por ejemplo, a pesar de que no niego lo divertido que tendría que ser irle con el cuento a la chica a ver qué opina al respecto. Ella seguro se acuerda de los bombones en los aniversarios.

Remuevo el interior de mi bol con algo de desinterés al recaer en que hice toda una bola de un sentimiento que se suponía tenía claro. Digo, de las pocas cosas que tengo claras en la vida y al parecer no es así. Genial. — Dieciséis, haré diecisiete en poco más de un mes. Si no tuvieras el problemita de los carteles, hasta te invitaría a mi fiesta de mayoría de edad. — digamos que no se me había ocurrido hasta ahora lo de la fiesta, pero ahora que lo pensé ya no va a haber quien me saque esa idea de la cabeza. — Supongo… Lo retomaré cuando tenga más tiempo, si acaso eso es una posibilidad, como te dije soy niñera, y entre la escuela y… bueno, no importa, te haré caso. — termino por decir, esbozándole una sonrisa cuando elevo la vista de los cereales. Parece una chica inteligente, pero dudo mucho que vaya a tomarse bien el que mencione los entrenamientos como parte de mi rutina semanal, más que nada porque eso dará lugar a dudas con respecto a qué es a lo que me dedico y no tengo muchas ganas de explicar que una vez al mes me convierto en un perro peludo.

Ah, sí, su discurso sobre igualdad es mucho mejor que el mío, le daré eso. — Ya, entiendo, ¿tu familia también está contigo entonces? — no hago la pregunta de la forma cautelosa en que debería, porque si para mí se trata de un tema complicado, uno nunca puede saber como lo es para el resto, pero lástima para mí ya no me puedo corregir una vez la pregunta sale de mis labios. — Yo… bueno, no creo que pueda simplemente convencer a mi padre de unirse a los rebeldes, ¿y dejarlo todo? Además que yo pronto cumpliré los diecisiete y entonces sí que no… — Maeve, te estás yendo de la lengua, resoplo como excusa para hacer una pausa en lo que me muerdo el interior de la mejilla. — Es complicado. — uso su misma expresión, esa que parece estar diseñada para abarcarlo todo sin necesidad de especificar detalles. — La verdad es que nunca me lo había planteado, no porque lo ignore, sino porque lo he… ¿aceptado? Quiero decir, pues claro que no me importaría conocer algo más sobre mi madre, pero no siento que el no saber de ella me impida seguir hacia delante, ¿tiene sentido? Puedo que algunos lo sientan como que les falta algo en sus vidas, pero yo no, he hecho muchas cosas sin ella, no la echo en falta y nunca lo hice, en realidad. No me molesta, ni es un reproche, solo soy… yo. — trato de explicarme lo mejor que puedo, no muy segura de si lo he conseguido para cuando regreso la cuchara hasta arriba de cereales a mis labios.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Vie Abr 24, 2020 6:47 am

Salirme de esta charla sobre las cosas que nos ocurren, las más normales a nuestra edad, sobre chicos y salir con alguien, para asumir por un momento ese pensamiento que en el fondo ninguno de nosotros ignora -pero que no nos impide vivir el presente-, tener que ser quien lo exprese en voz alta me recuerda que suelo ser la de más edad entre mis amigos y cuando quiero, también puedo ser centrada y realista. —Si eso llega a pasar, supongo que será la vida, esas cosas suelen pasar…—. Muchas historias acaban con que cada uno sigue por su lado, se casan, tienen hijos, son felices a su manera; como la vida no es una novela que tiene una página que cierra la historia, sino que son muchas historias, página tras página, los finales felices no son como los que solemos encontrar en un último párrafo o en el último minuto de una película, la vida solo sigue. Por eso también sé, que cada vez que apartamos una oportunidad por no creer que podemos recibirla, lo juro, a veces lo hacemos, estamos privándonos de algo que no sabemos si volverá a ofrecérsenos. —Creo que lo voy entiendo— digo, me lo medito unos segundos. —Si te gusta, no seas quien se aparte. Si le gustas, aprovecha. No están obligados a ajustarse a lo tradicional de un noviazgo, no funciona igual para todos, cada par hace sus propias reglas. Las haya o no, sea un noviazgo o no, si lo mantienen así como es, lo importante es que sean honestos, que puedas saber qué siente él y que él sepa que sientes tú. Porque, lo irónico de todo esto, es que cuanto más te gusta una persona, ¡más confuso se vuelve! No son las reglas o los límites en un noviazgo lo que te dicen dónde estás parada, sino saber cómo se siente la otra persona respeto a ti— uso mi bollo para apuntarla. Así como la gente manda vociferadores, siento que soy la revista de consejos del corazón que tiraron por debajo de la puerta o, no, que mandaron por la chimenea y aquí, con toda la autoridad que tengo siendo una desconocida en su casa, le digo estas cosas.

No contengo la carcajada que me sale de los labios por su casi invitación a una fiesta de cumpleaños a la que, por loco que sea, en otros tiempos hubiera podido ir. ¡Una fiesta en el distrito cuatro! Por tentador que sea disfrutar de un lugar así y conocer a otras personas, por raro que hubiera sido teniendo en cuenta mi adolescencia ermitaña, no cambio el lugar en el que me encuentro en el presente. —Gracias, en serio— se lo digo, que sigue siendo un halago, muerdo mi labio al pensar en lo que voy a sugerirle, al final lo hago porque son varios los chicos del Capitolio o de la misma isla ministerial que se han pasado por el distrito nueve, todos ellos sabiendo del riesgo que corren. —Si algún día quieres, puedes ir al más allá— apunto con mi barbilla hacia el aire, en dirección de donde se supone que estaría la chimenea por la que me aparecí, —y festejamos ahí. Sería festejar la mayoría de edad en las dos dimensiones, una legal, la otra ilegal, lo irónico de que llegarías a la edad legal pero lo que hicieras sería ilegal…— hago un trabalenguas de mi propuesta. —No te sientas comprometida a nada, pero si te apetece algún día…— le aclaro, que no estoy en misión de convocar nuevos rebeldes, sigo sin creer que sea un hábito que puedo sacarme o ponerme a gusto, pero no quiero que parezca que estoy en su cocina, compartiendo su desayuno, porque al acabar la charla espero que firme al final de un formulario y haga su donación a la causa facilitándome el número de una tarjeta de crédito.

Algo que sí me ha quedado claro, es que en esta guerra donde quienes nos llevan varios años por delante son los que lideran bandos, Ken desencajando un poco entre estos, es que si te acercas a hablar con alguien de ideas muy viejas, no hay manera de cambiarle su percepción de las cosas. Pero con personas de mi edad, un poco menores, todavía podemos tener esto de tratar de hablar y entendernos, de alguna extraña manera, que rompe un poco con el molde de ideologías por las que debemos recortar pedazos de nosotros y el replanteamiento de todo, para poder encajar. Si bien no creo que en otra casa, cualquiera sea la edad de quien me recibiera, hubiera sido posible lo de darme un minuto para explicarme sin llamar a los aurores, así que tomo a Maeve como una persona que se corre del “deber ser” y benditas sean estas personas por existir, algo en todo lo confuso de su nacimiento me da una idea de por qué su mente no es estrecha como la de muchos. —No…— vacilo, —mis padres están de viaje, fueron a buscar a alguien que pueda sanar a mi padre, que está muy enfermo. Tengo hermanos y la verdad es que no llegamos a ser tan estrechos como para permanecer juntos— y ponerlo en voz alta es necesario, porque hubo un tiempo en que creía que podíamos serlo. — Mi padre tuvo varios hijos, nos fuimos conociendo tarde, nos desencontramos… mi hermano menor vive con un tío que sigue teniendo derechos, supongo que es lo mejor para él, así conserva los suyos, y no tiene que ser… un repudiado como yo— esbozo una sonrisa triste, sin embargo, sigo sin sentirme mal por estar encontrando mi camino. —Y supongo que si así te sientes con tu madre biológica, está bien. No se trata de cómo deben ser las cosas, sino que puedas estar bien con las cosas así como sean— me encojo de hombros y la miro de soslayo, no quiero insistir en lo que parece un tema cerrado. —Siempre me ha gustado pensar que nos construimos a nosotros mismos, pese a todas las influencias que recibimos, de toda la información que contamos por eso te decía lo de los secretos y las verdades, en un punto somos nosotros quienes decidimos qué queremos ser y trabajamos en ello. Claro que muchas veces, lo difícil es decidir eso…—  espero tenerlo como una idea más precisa cuando esté rondando los cuarenta.
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Mensaje por Maeve P. Davies el Vie Abr 24, 2020 7:22 pm

Todo su discurso me cae como un ladrillo pesado en la cabeza, porque en todo este tiempo no me he hecho la pregunta que ella plantea y que probablemente sea la que debí haber hecho al principio de todo esto: ¿dónde estamos exactamente? — Yo no… no lo sé. Si te voy a ser sincera no me he cuestionado ninguna de esas cosas, ¿es tan malo que me esté dejando llevar sin más? Me refiero… Desconozco que Oliver quiera llevarlo a otra forma que no sea como estamos, y yo no sé como sacar el tema, porque fui yo la que dijo que así estaba bien, tampoco sé si quiero llevarlo a otro nivel, no ahora, es todo… tan confuso. — porque sí, se volvió confuso y esas reglas de las que habla no me producen más seguridad. ¡Yo! ¡Siguiendo normas! Que soy del tipo que le dicen que vaya a la derecha y se va a la izquierda, ¡no lo hago aposta! Es algo que me sale completamente natural, como si de repente mi instinto dijera que no existe la derecha, es así como debe funcionar mi cerebro con respecto a todo. Pobre Rebecca, si en realidad me compadezco de ella y todo. — Es más personal que otra cosa, soy consciente de que puedo llegar a ser un poco desbordante, un terremoto, no soy una bomba a punto de explotar, soy una que ya explotó y va explotando a las que le siguen, por eso me cuesta tanto concentrarme en ser una cosa para alguien, y no quiero hacerle daño precisamente por no saber dónde estar parada. — lo cual viene acrecentándose por el hecho de que Oliver sea tan… no sé, tan él.

Aunque me tomo su invitación a primeras con una sonrisa amigable, al final toma un aspecto parecido al de una mueca mal pensada. No quiero terminar con la lengua torcida, sé de sobra que aquel que entra en el distrito nueve lo hace teniendo en cuenta los riesgos que supone el volver a salir luego, el de que no puedes revelar nada a no ser que quieras terminar vegetal. Ella no tiene idea de saberlo, pero la razón por la que mis labios muestran una curvatura algo triste es por el hecho de pensar en cómo quedaron las cosas con Meerah desde entonces. Inconscientemente bajo la mirada a los cereales, entretenida en revolver los mismos con la cuchara ahora que están empezando a ponerse algo blanditos por la leche. — Se me da bien eso de hacer cosas ilegales… — bromeo, mejor que seguir las legales, al menos, pero que nadie se lo diga a mi padre. Lo dejo estar ahí, probablemente porque llevo tiempo acumulando un profundo sentimiento de exclusión, probablemente de observar demasiado a Rebecca, a quien ni un soplo se le acerca por ser quién es. Nadie allí aceptaría a alguien como yo de descubrir lo que se esconde bajo mi piel, eso que mi propia jefa considera como una enfermedad maligna que se va extendiendo.

Suelto un pequeño ‘oh’ no muy sonoro que me hace descender la mirada un poco de sus ojos a la mesa, cuando menciona el destino de sus padres y por un momento me siento un poco insensible por haber preguntado por ellos con tanta soltura. — Lo lamento, por lo de tu padre… también por que hayas tenido que separarte de ellos. — es honesta mi disculpa, tanto por saber como se siente el tener que despedirte de un ser querido como por lo que cuenta después. No tengo hermanos, es una posibilidad muy remota que siquiera los tenga, así que no puedo llegar a entender el sentimiento, pero deduzco que fácil no es algo que deba ser. — Te admiro por tener las cosas tan claras, o aunque no las tengas… por saber al menos el camino que quieres seguir, y yo que pensaba que la tenía difícil porque aun no hice los deberes para la semana próxima… — es evidente que es una broma, me río mientras me lleno la boca de cereales, que no voy a ponerme a comparar su situación con la mía.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Lun Abr 27, 2020 6:48 am

Siento un golpecito en la frente de algún ente imaginario que me recuerda que no puedo tratar de explicarlo todo desde los sentimientos, hay quienes simplemente se dejan llevar, adolescencia, hormonas, un amigo que está bueno, no puedo andar por la vida con un radar de parejas y juntando las manos de las personas, también hay que dejarlo al libre albedrío. —Mientras sea algo que a los dos les hace bien y ninguno salga lastimado…— digo con las manos en alto. —Si ustedes están bien así, pueden mantenerlo así, no hacen daño a nadie y menos al mundo. A menos que… ¿hay alguien más? — pregunto, el deber obliga. —Si hay alguien más, no importa que no haya reglas de nada, si hay tres quiere decir que una persona está con dos personas y las otras dos con una mitad, y eso no me parece justo…— hago una mueca, tengo mis principios de justicia bien definido. Todo esto es parte de todo el protocolo de cuidar… ¿a una amiga? También a extrañas que te invitan a desayunar, ¡vamos! ¡es un código casi universal! —No quiero ser una entrometida, aunque ya me pasé dos distritos en serlo…— cinco distritos si tenemos que hacer cálculos más precisos, que entre el nueve y el cuatro hay cinco… —si ustedes están bien así, ¡adelante! Suelo pensar que el tiempo y solo el tiempo, nos dice todo lo que es y debe ser— cuando no se tiene los sentimientos claros como me parece que es este caso, me callo al dar otro bocado.

Mi impresión de que su carácter parece ser uno que va bastante a sus anchas, tiene su confirmación al oír ese comentario de que le van las cosas ilegales, y si le tengo que ser honesta, hay más gente a la que le van las ilegalidades de lo que una se podría creer, sobre todo cuando juzgas por las apariencias. Holly tiene sus razones para seguir andando con los marginados, ella tiene aún muy presente lo de haber vivido en el norte. Pero, ¿qué hay de Dave? ¿o de Meerah? Nunca te lo esperarías de ellos, digo, ¡Dave fue mi compañero de escuela! Ni hablar de que la hija de un ministro se junte con nosotros y luego tenga que volver a casa. Meto la cuchara cargada en mi boca porque esos son detalles que puedo pensar, pero nombres que nunca deberé mencionar. —No quiero ser una mala influencia— aclaro, ¡já! Nunca en la vida pensé decir esta frase. —Lo que quiero decir es que, en serio, si alguna vez vas al distrito nueve, no te pasará nada malo. No somos los malos de ninguna historia. Y si luego tienes que volver, te juro que somos muy discretos, te ayudaremos a que nadie se dé cuenta y nadie nunca dirá que te ha visto por ahí— prometo. Puedo dedicarme a vender paquetes turísticos a distritos marginados si es que descubro que la medimagia, ni el trabajo en leyes es lo mío.

Espero a pasarlo los cereales en mi garganta antes de contestarle. —No, no tienes que lamentarlo. Siento que sea así por mi hermano, que es mucho menor que yo. Pero separarnos de nuestros padres es a veces irreversible, algo que necesitamos que suceda, que cada quien tenga que ir por un camino que lo lleve a donde esté bien. Si mis padres están juntos, mi padre logra sanarse, me sentiré feliz por ellos… yo seguiré andando mi propio camino por mi cuenta— lo digo sintiéndome un poco culpable porque una voz en el fondo de mi mente me sigue diciendo que es egoísta y siempre le contesto que, a veces, hay que serlo para crecer. — Todas las personas están en nuestras vidas el tiempo que deben estar, no más, no menos. No es diferente con la familia, en algún momento debemos separarnos para seguir. Estamos en la vida de los otros mientras haya algo que podamos aportarle, luego… tenemos que separarnos, muchas veces en la vida tendremos que decir adiós y a veces ni podremos decirlo. Pero nadie se va del todo, cuando una persona te deja algo realmente valioso, siempre lo encuentras en ti gracias a esa persona— concluyo, moviendo mi cuchara en el aire. —También hay excepciones, personas que te aportan algo realmente bueno, que el momento de despedirse no parece llegar nunca, aun a la distancia, nunca llega el momento de decir adiós— sigo hablando para tratar de ignorar lo último que me dice, se lo contesto mirando los cereales. —No es que tenga las cosas claras, es porque soy muy charlatana, me lo han dicho.
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Mensaje por Maeve P. Davies el Vie Mayo 01, 2020 5:06 pm

Sacudo la cabeza con tanta fuerza que por un momento creo que se me van a salir los sesos, no lo hacen, pero sí puedo jurar que me encuentro un poco mareada por el gesto que intenta explicarle con un movimiento muy evidente que no hay nadie más, a menos que yo sepa. — Si lo que estás preguntando es si mi van los tríos, la respuesta es negativa. — sé que no iba por ahí la cosa, pero tengo la necesidad de remarcarlo por si acaso se lleva imágenes mías equivocadas. — Estamos bien, nos hacemos bien, tampoco tenemos por qué ponerle una etiqueta, simplemente importa como nos sintamos, creo… — vaya que si me hace bien, hasta ha conseguido que siga yendo a la escuela, maldito Helmuth. También tengo que meter en ese lote a Rebecca, que me da más miedo su mano para tirar de mi oreja que la mirada reprobadora de Oliver. — Pero gracias por los consejos, no lo había hablado con nadie y está bien poder hacerlo con alguien que te de… bueno, una perspectiva diferente. — porque no es lo mismo que si le pregunto a Meerah, no ahora al menos que apenas y hablamos, Synnove puede darme un punto de vista distinto al que pueda darme cualquiera que me conozca, o que conozca a Oli. Quién diría que acabaría recibiendo consejos de amor de una de las criminales más buscadas del país.

Créeme, he tenido peores influencias que tú… — admito, con una curvatura en los labios que no sabría definir si se asemeja a una sonrisa o a una mueca. Lo cierto es que ni siquiera me parece mala chica, no como la hacen ver en televisión y no hace falta conocerla mucho para darse cuenta de eso. A veces solo basta con escuchar a una persona para saber cómo es, porque el hecho de que se siente contigo y esté dispuesto a escucharte, ya dice mucho de sí misma. — Lo tendré en cuenta y te ofrecería lo mismo si no fuera por el detalle menor de que eres una “enemiga” del estado, siempre se puede ver si encuentro un sombrero lo suficientemente grande como para taparte entera, en serio es una pena que nunca hayas pisado la playa… — porque me encantaría poder enseñarle el mar, con su oleaje, la arena que se mete por todos lados… — Es peligroso, lo sé. — acabo aceptando, resignada porque me ha caído bien esta chica. — ¡Oh, ya sé! Espera aquí. — impido que se mueva de su asiento cuando alzo las manos en señal de que se quede quieta en lo que yo desaparezco por la puerta a la velocidad de la luz, subiendo las escaleras al mismo ritmo hasta llegar a mi cuarto y abrir uno de los armarios en los que guardo una caja. — Es una caracola de mar. — no necesita mucha más explicación cuando regreso de mi habitación con el objeto en mi mano, me acerco para colocarme a su lado y apoyarme sobre mis antebrazos en la mesa. Es bastante grande y ocupa mis palmas sin problemas, me la llevo a la oreja mientras hablo. — Dicen que si la acercas al oído se puede escuchar el sonido de las olas, y aunque no sea lo mismo que escucharlo de verdad, es un bonito recuerdo. Ten, para ti. — se la ofrezco, con una sonrisa que me ocupa el rostro antes de regresar a mi lugar.

Ya casi se me acabaron los cereales, pero me siento satisfecha así que dejo el bol a un lado y me sirvo algo del zumo de naranja en un vaso, mientras trato de asentir a todo lo que dice. Sí que habla esta chica, cosa que ella muy bien puntualiza y no me es difícil reírme. — Yo también soy charlatana, pero normalmente tienden a ser tonterías, de verdad, dijiste muchas cosas ahí que me hicieron pensar. — pensar para bien, no cuando te hacen pensar en fracciones matemáticas en el colegio, eso pone de los nervios a cualquiera. — Tienes mucho valor, Syv, ¿puedo llamarte Syv? No muchos harían lo que tú has hecho, trataré de buscar mi camino también porque si te lo voy a confesar, la verdad es que no tengo mucha idea de hacia donde estoy yendo. — intento que suene a broma, especialmente porque mi risa nerviosa lo delata, pero en realidad… ¿acaso tengo muchas opciones? Mi sentencia está dictada el día de mi cumpleaños, cuando sea oficial mi mayoría de edad y tenga que pasar a “prestar” mis servicios a la comunidad. Lo hacen parecer como si hubiera ganado al monopoly o algo.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Lun Mayo 04, 2020 7:12 pm

Si te interesaran, no te criticaría, eh— digo, que no soy de las personas que quieran hacer de sus prácticas un modelo para imponer a otros, cada quien debe encontrar la manera en que las cosas se sucedan en su vida. —Siempre que cada uno esté seguro del lugar en el que está— repito, no es a los tríos a los que tengo prejuicios, son los triángulos los que me han dado siempre la impresión de que una de las personas termina lastimada. No parece ser tampoco el caso de Maeve, así que le sonrío cuando simplifica su relación con este amigo en términos que a mis ojos, no debería suponer ningún problema. Más bien, me alegro de que Maeve sea de las que pueden caminar en la línea de la friendzone, chocaría mi palma con la suya para celebrar el logro, la verdad que admirable, estoy a punto de ofrecerle que demos conferencias sobre esto, pero mis delirios personales se ven interrumpidos por lo que dice luego y entonces mi sonrisa se me hace más ancha. —Sé lo necesario que eso puede hacer— musito, por años dependía de una comunicación remota con mi mejor amiga y el resto del tiempo estaba sola con mis pensamientos, no había mucho margen en la escuela como para simpatizar con otras personas, tal vez el grupito de leyes no era para mí. No, está claro que no era para mí, si logré hacer amigos entre los repudiados y de hecho, personas que conocía del Capitolio o la Isla Ministerial, con ellos jamás hubiéramos sido amigos si esas formas se mantuvieran. —Te diría que siempre que lo necesites me llames— hago el gesto de sostener un teléfono con mi mano, —lo sería muy complicado, así que si tienes más cosas para hablar, ¡adelante! Puedo…— finjo revisar mi reloj, —quedarme hasta que tu papá llegue, preferentemente… unos minutos antes de que llegue.

Pese a toda la ilegalidad de esta situación, también admito para mí que como mala influencia sigo en la categoría de conejo de Pascuas, no me colocaría nadie entre los primeros puestos y aun así hay quienes me han dado el título con honores de enemiga del pueblo, me encojo de hombros con resignación porque, salvo que descubra como hacer una poción multijugos o la compre carísimo en el mercado negro, vacaciones en la playa estarán descartadas hasta nuevo aviso. Tengo entendido que aun con una poción multijugos podrían pillarme, y puesto que las filas de seguridad nacional se engrosaron con licántropos, suelo tener la duda de si no pillarán gente solo con el olfato. Muevo mis cejas al creer que se va para traer un sombrero grande y me sorprendo de veras al ver lo que trae en sus manos, todo mi rostro se contrae en un mohín y coloco mis manos en las mejillas. —Oh, es un detalle hermoso— me siento muy conmovida de que alguien me regale una de estas cosas por no poder ir a la playa, había escuchado eso que me dice que si las acercas al oído puedes escuchar el mar. Tiendo mis manos para poder recoger el obsequio y lo acerco a mi pecho en un abrazo como si fuera una criatura a la que dar amor. —Eres muy dulce, Maeve, nunca una desconocida me había regalado algo así tan significativo. Sé que esto es apresurado, ¿pero te quieres casar conmigo?— pregunto. No creo que Mimi y Ken se tomen a bien que me haya casado con una extraña en la playa en un idilio veloz, Mimi porque habíamos hecho planes a futuro y Ken, bueno, no creo que a mi novio le agrade saberlo, cosas para hablar cuando vuelva. —La cuidaré bien, lo prometo— digo, acariciando a la caracola con mis dedos. —La llevaré conmigo a todos lados— sigo, con timidez la coloco cerca de mis oídos para comprobar si es cierto que se escucha la marea.

¡Y lo oigo! Me distraigo en parte con eso, en parte sigo atenta a lo que hablamos, le sonrío para darle consuelo a esas dudas que también tuve y lo de mantenerte en movimiento, hacer una cosa y otra, suelen dar la impresión errónea de que uno sabe dónde está. —Puedes llamarme como quieras, luego podemos discutir si conservaremos tu apellido o mi apellido cuando nos casemos— digo en broma para no se pierda el humor en la charla. —Y se trata de eso, creo, poner un pie detrás del otro. No sé si hay un camino, creo más bien que lo hacemos al andar. Dudo mucho que hay un punto al que llegar, lo que hay son horizontes y caminamos hacia ellos. Pero lo que me parece esencial es sentir, aquí— coloco mi mano y la caracola contra mi pecho, —que estás parada donde quieres estar. Y no lo es, que nadie te diga nada, ni vayas en contra de nadie, sigue moviéndote. Nunca me creí una persona de valor, los valientes son los que vencen sus miedos y yo tenía muchos. Pero una vez escuché a alguien decir que ser valiente es poner el corazón en algo, ser valiente es sobre todo eso, es hacer lo que te hace bien al corazón y si hay que arriesgarse, también.
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Mensaje por Maeve P. Davies el Lun Mayo 04, 2020 10:24 pm

En realidad… — le echo un vistazo al reloj de la pared para fijarme en cuánto tiempo tengo restante para prepararme y salir con la suficiente antelación como para no volver a llegar tarde, otra vez, para mi entrenamiento con Rebecca. — No tengo ni idea de cuando llegará mi padre, estoy despierta porque desgraciadamente “el deber me llama”. — aunque utilizo mis propios dedos para señalizar las comillas, el ruedo de ojos demuestra que no me hace especial gracia el tener que madrugar un sábado, en especial cuando me he pasado más de la mitad de la noche viendo el programa sobre casas encantadas que tenía atrasado de toda la semana anterior. — Llegaste por la chimenea, ¿cierto? ¿Si la vuelves a usar para regresar, estará bien o crees que saltarán las alarmas? — pregunto, que salvo el chip ese que te ponen para entrar en el distrito nueve, no tengo la menor idea de cómo funciona su seguridad y tampoco entiendo mucho sobre la que tiene el gobierno colocada en los distritos. Lo cierto es que me sorprende que no haya saltado ninguna al tenerla aquí, pero me supongo que ni los magos pueden controlarlo todo.

Sonrío a pesar de que no lo considero tanto un detalle como lo sería el llevarla a ver el mar, al menos puedo quedarme con que le parece un gesto bonito y eso, después de todo, es lo que cuenta. Tampoco es una gran pérdida, puedo regresar cualquier día que quiera para tratar de encontrar una parecida. — Creo que eres la primera persona que me ha dicho en la vida que soy dulce, si te doy un bolígrafo y papel ¿me lo escribes así tengo para enseñárselo a mis profesores? — me río porque en mi intención de broma, descubro que no sería una tan mala idea y estoy por regresar de nuevo a mi cuarto, de no ser por que no creo que sea bien recibido el hecho de que una criminal me defina como una persona dulce, no por la parte de criminal, si no porque Maeve y dulce, no suelen ir en la misma frase.  — Siento que tengo que aprovechar esta oportunidad como la única vez que alguien me va a pedir matrimonio, así que definitivamente es un sí, ¿una boda en la playa te parece bien? — propongo, con una sonrisa ladina, que esas están de moda últimamente después de que la profesora Powell se casara en una de las playas del cuatro.

Me quedo con que está bien que le diga Syv, ignorando mi primer error de haberla llamado por un nombre equivocado, se me perdona porque no estaba en condiciones de recordar nada aquella noche. — ¡Oh! ¡Podemos hacer un mix! ¿Qué te parece? Así nos libramos de tener que elegir uno, siempre podemos lanzar una moneda también... Mi apellido es Davies, ¿el tuyo? — me suena que empezaba por L, de algún cartel con el que me he cruzado de camino, pero prefiero preguntar no vaya a ser que me vuelva a equivocar como hice con su nombre. — No sé si estoy parada donde quiero estar, ¿cómo sabes que perteneces cuando hay tantas cosas que todavía no has probado? — formulo una de mis últimas dudas, antes de que me arrepienta de no hacerlo. — Supongo que seguiré buscando... hasta encontrar un lugar donde me sienta cómoda, de eso se trata también, ¿no? De buscar, probar cosas distintas... — titubeo porque quiero cerciorarme de que es así antes de reconocer que en realidad uno de mis temores es no encontrar jamás ese lugar.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Mar Mayo 05, 2020 2:02 am

Eso del “deber me llama” suena muy serio para esta chica que acabo de conocer hace unos minutos, mi duda de a qué se refiere queda plasmada en toda mi cara y mis cejas que se curvan en un gesto interrogante. Si bien hay algo que necesita una respuesta más urgente. —No tengo idea— contesto simplemente, —no puedo usar tu chimenea porque entonces sí saltaría en los sistemas de la red flu, tal vez también si me desaparezco fuera de tu casa, así que supongo que lo podría hacer es tratar de alejarme todo lo posible. Si surge algún aviso, marcará que fue en este distrito, no más que eso… o tal vez ni siquiera puedo desaparecerme…—. ¿Estoy entrando en pánico? Sí, me parece que estoy entrando en pánico. —Podría mandarle un mensaje a Mimi, uno codificado y…— porque llamar a mi amiga que es la responsable de nuestra seguridad siempre es la mejor de las opciones posibles. ¿Cómo demonios hacen Holly, Dave y Meerah para ir seguido al distrito nueve? ¡Eso! ¡Holly! Puedo tratar de comunicarme con ella. —Tengo una amiga que puede ayudarme— palpo el bolsillo de mi abrigo para sacar el teléfono, me cae muy bien esta chica como para meterla en el problema de quiénes son o no infiltrados en el ministerio. Supuestamente mis mensajes le llegan a Holly como si fueran los de una empresa que le vende productos para el pelo, siempre radiante, siempre bella veela. Y aquí yo diciéndole que venga a retirar su shampoo de baba de gusamoco para sus puntas quemadas.

Puedo escribirlo y también hacer un dibujo— contesto tendiéndole mi palma abierta para que coloque la lapicera y el papel encima. Si me los da, en serio, lo haré. —Firmaré con una identidad falsa. Cuando era niña quería llamarme Lucy, Lucy Woodwiss. No preguntes, lo vi en una caricatura…— murmuro, creo que a este punto de nuestra relación en que estamos a punto de casarnos, puedo compartirle estas cosas vergonzosas, como que quería llamarme igual que una princesa que tenía la llave para abrir todos los portales del universo y había puentes de arcoíris que la llevaban de un lado al otro, ¡pero no un drama bobo! Lucy Woodwiss tenía que ir a una escuela como cualquier niña y a la salida luchaba contra las fuerzas del mal.  —El problema de la playa es… el mismo por el cual no podemos ir ahora. Tendríamos invitados indeseados, aurores diciendo que se oponen y… quiero ahorrarte todo ese show. Siempre puede ser una ceremonia con una ventana que da a la playa— me río al decirlo, y como si estuviera en mi propia casa, cruzo mis piernas sobre la silla para que queden debajo de mi cuerpo. —Es Lackberg— respondo como si nada cuando nos metemos en la discusión de apellidos. —Synnove Davies suena raro, déjame decirte que Maeve Lackberg suena genial— si algún día Maeve va para el distrito nueve trataré de que no se cruce con Kendrick en ningún momento, porque eso será incómodoooooooooo. Y si algo de todo lo que decimos tiene algún sentido, que Maeve se incluya a mi historia con Ken luego de que la hubiéramos conocido esa noche en el boliche donde se besaron, hace que esto vaya tomando un cariz bizarro.

Me pienso lo que me pregunta, la caracola meditándolo conmigo, para no darle la respuesta rápida de que todo se trata de ir probando, no es del todo cierto. —Vas moviéndote, vas moviéndote, vas de una persona a otra, de un lugar a otro… y entonces lo sientes, si logras escucharte a ti misma, si luego de preguntarte un par de veces cómo te sientes, logras hablar contigo misma, podrás sentirlo. Es como lo que te pasa con Oliver Helmuth, simplemente sabes que es así como es, como debe ser, porque se acomoda a todo lo que eres… y si algo tiene que cambiar, es justamente aquello que no sentías que estuviera bien, es un cambio necesario. Y a veces te arriesgas, pero lo vale— digo, me siento una gurú acariciándola la textura lisa de la caracola con mis dedos y sentada sobre la silla en una posición de indio. —Pero no te presiones, no te obligues a sentir nada. Déjalo fluir, fíjate hasta donde llegas con cada cosa y si tienes que virar brusco alguna vez, lo haces… sigue fluyendo…— uso la caracola para ilustrar el movimiento de una marea.
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Mensaje por Maeve P. Davies el Lun Mayo 11, 2020 5:59 pm

Se me haría extraño que alguien pudiera desaparecerse así como así de un distrito, en especial porque desde lo que pasó en el nueve han aumentado la seguridad en el país y dar paso a desapariciones a libre albedrío no sería muy inteligente por parte del gobierno. Vamos, que si yo fuera presidenta sería mi primera norma en caso de querer atrapar a algún villano. No se lo digo porque no creo que lo sea, y tampoco va a beneficiarla cuando ella misma parece tener un plan B, de modo que me encuentro asintiendo a su idea. — Si te sirve de consuelo, lo de confundirse con la red flu es más común de lo que se cree, yo una vez terminé en la casa de uno de mis profesores sin querer, pretendía llegar a la casa de un amigo… no fue especialmente gracioso. — le cuento, de seguro al profesor no le resultó divertido verme aparecer en la tarde de un domingo, como un problema que no es capaz a quitarse de encima ni cuando es el día escogido para tomarse un respiro del trabajo.

No te preocupes, si probablemente se pensarían que lo he falsificado a mi favor. — le confieso, que no sería la primera vez que intento falsificar la firma de mi padre y, tampoco sería la primera que me pillan haciéndolo, los profesores digo, Jasper no se entera de una mierda. Es una buena cosa que pronto vaya a cumplir la mayoría de edad para no tener que recurrir a estas cosas cada vez que me meto en un lío, aunque otros dirían que cumplidos mis diecisiete debería empezar a ver la vida con un poco más de seriedad. — Boda en interior será, no tengo problema, ¿Maeve Lackberg? No suena tan mal… — frunzo mis labios en una especie de mohín que señala que me lo estoy pensando en serio, si ya me cambié una vez de apellido no veo que haya problema en hacerlo una segunda. — Tendremos que pedirle a alguien que oficie la ceremonia, entonces. — continuo con la broma, no lo veo tanto como un chiste si me paro a pensar que será de las pocas veces en que me vea capacitada para hablar sobre una boda. Tengo bien asumido que seré la tía solterona de alguien, la que se emborracha en las fiestas y le pasa propina de contrabando a los sobrinos mientras se hace la loca. No suena tan mal si miro el panorama completo.

Me sale ladear la cabeza cuando desapruebo una de las cosas que dice, a pesar de que me cuesta sacarlo a la luz porque no tengo idea de como explicárselo sin revelar ciertas cosas. — No creo que Oliver se acomode a todo lo que soy… creo que más bien se siente un poco culpable por una cosa que pasó… que en realidad fue mi culpa, pero es demasiado buena persona como para reconocerlo. — como también es demasiado buena persona como para decirme que a veces soy demasiado, soy consciente de que no cumplimos con la estética de pareja como la que puede tener esta chica con Kendrick Black. Claro, porque ser la pareja del criminal más buscado es lo más normal en el romanticismo.
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