The Mighty Fall
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We can make our lives on the go · Ken

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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Jue Abr 16, 2020 5:47 am

Recuerdo del primer mensaje :

¡No! ¡No! ¡No te muevas!— pido, mis dedos presionando la varita contra mi palma cuando me acerco a él con las manos en alto para rogarle que no se mueva, que no haga el intento de incorporarse, ¡se está desangrando! ¿Por qué tengo esta sensación de deja vú? No solo por la vez que se cayó de la bicicleta, creo que la imagen de verle la camiseta empapada de rojo sangre es una estampa a la que debo acostumbrarme. ¡Ven! ¡De algo sirve trabajar con Alice! No entro en pánico, ¡no entro en pánico! Noentroenpánico. Sé cuál es el hechizo que tengo que usar para que su nariz vuelva a su sitio y lo haría si pudiera conseguir que se quede quieto, que me preste su nariz para que pueda encargarme en vez de retorcerse del dolor. Coloco una mano sobre su pecho para inmovilizarlo en la nieve que le hace de colchón cómodo, así puedo detener el chorro de sangre que salpicó un poco sobre lo blanco del suelo. —¡Ya está! ¡Como nueva!— exclamo satisfecha al ver que la hemorragia para. —Ah, maldición, creo que te quedó un poco diferente a la anterior…— lo digo tan seria, tan preocupada, que tengo que reírme para que sepa que no lo hablo en serio. ¡No soy tan mala en esto! ¡Sé detener una nariz sangrando!

Una nariz que no debería estar sangrando, di por hecho que con sus reflejos lograría esquivar los pedazos de cosas que había en el jardín y fueron lanzados hacia él con oppugno, bien, de acuerdo, tal vez no tendría que lanzar varias cosas a la vez, una tras otra, sino darle un tiempo a ir parando cada una. Lo tendré en cuenta para la próxima, por hoy debemos darlo por interrumpido, pelusas blancas empiezan a caer sobre nosotros y levanto mi cara al cielo gris para comprobar que va a nevar otra vez. —Ven, te ayudo— coloco una mano debajo de su brazo y con la otra me aferro al mismo para tirar de él hacia arriba al mismo tiempo que yo me levanto, tenía mis rodillas enterradas en la nieve. Le quito la que tiene entre sus mechones con mis dedos revolviendo entre estos y como estamos más cerca del invernadero que de la casa, me agarro de su mano para ir caminando hacia allí dando grandes y amplias zancadas por un patio que hasta que no acabe el invierno, seguirá siendo un desierto de un único color, blanco, con todas sus plantas como esqueletos de ramas y solo unos pocos arbustos de hojas oscuras entre los que suelen esconderse duendecillos.

Paremos por hoy, así puedo mostrarte el invernadero de la abuela— digo al apoyar mi mano sobre la puerta que todavía tiene humedad, me exige un poco más de fuerza para poder abrirla y una vez que lo hago, se respira un aire distinto al de hace unos meses, todas las plantas muertas fueron quitadas y con un par de hechizos básicos conseguí que algunos brotes tuvieran la temperatura que necesitaban para ir llenando sus macetas. Aún falta mucho para que pueda ser una habitación a rebosar de verde como seguramente fue alguna vez, pero se ve más limpio que aquella vez que nos sirvió como lugar para escondernos en Año Nuevo. El techo, sin todas esas enredaderas que crecieron en descontrol, también deja paso a una claridad bienvenida, el techo de cristal nos deja ver cómo se va cubriendo de una fina manta nevada. —¡Allá están las pinturas!— le indico con mi brazo extendido hacia la mesa de madera pesada donde se amontonan frascos, alrededor de la cual hay dos banquetas altas y un atril, es lo nuevo dentro del invernadero, mi propio espacio dentro del que fue de mi abuela y mi madre. —¿Te acuerdas cuando me pediste que te enseñara a dibujar? ¿Alguna vez pintaste cosas con tus manos?— pregunto al llevarlo hasta la mesa para que pueda ver los recipientes cargados de ceniza, arena, algunas piedras, también cáscaras y frutas a la mitad. Hay unas fuentes de metal donde trozos de tela van tomando color, uno está tan teñido de rojo que vuelvo a echar un vistazo a su nariz. —¿Te sigue doliendo? De verdad, lo siento, en serio, sigo siendo algo desordenada con… bueno, supongo que duelear… y Ben ya no está para ayudarme…
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Mar Abr 21, 2020 9:42 pm

Es tu mala influencia— contesto, defendiéndome de su acusación con el teléfono en alto. Hacer pasar por un susto así a Mimi por segunda vez es gracioso, siempre que no sea ella quien termine en la sala de atenciones médicas de Alice con un pico de presión por culpa nuestra. De sus intentos de asesinarnos creo que podemos salir ilesos siempre que recurramos a la táctica de ojos de cachorro que aprendí de Ken, esa que le sale bien en cualquiera de sus formas. —Ese fue un razonamiento muy inteligente sobre besos, aunque podrías haberme pedido que besara a Holly o yo podría decirte que besaras a Kyle, ya sabemos que Holly es entusiasta y tal vez, quien sabe, besarte con Kyle te diera dudas sobre tus elecciones— muevo mis cejas como si eso estuviera en serio entre signos de interrogación, mordiéndome los labios para no reírme, por cierto que no es lo que propongo como reto, sino algo distinto que, en verdad, lo considero como un desafío para él, puesto que nunca lo pusimos en práctica como para saber si aprendió algo o no luego de tantas películas. Las cosas entre nosotros se empezaron a poner raras el día que hablamos de que invitara a salir a una chica y no es como si yo después de eso fuera a llevarlo de la mano a otro boliche para que lo intentara. Se puede ser lenta, no idiota.

No lo pensé así— me río con una carcajada fuerte, —no estoy tratando de conseguir una cita para San Valentín dentro de… ¿dos? ¿tres días?— pregunto, como si faltara muchísimo para que llegue ese día, lo tengo ahí, anotado en mi calendario mental como un punto en febrero, así como mi cumpleaños en marzo cercano en fecha a los de Mimi y Holly, pero no me he puesto a hacer cálculos precisos de cuanto falta. Si hace dos días era 12 de febrero, entonces… —¡Ah! ¡Espera! ¿Qué? ¿HOY ES SAN VALENTÍN?— grito, ensucio mi suéter al llevar las manos al pecho al tomarme esto por sorpresa. —Pero… ¿dónde está mi oso de peluche? ¿Viniste a que te rompa la nariz y no trajiste un oso de peluche?— inquiero, hay algo en todo esto que es incomprensible para mí, el día para comenzar. Eso me pasa por no ponerme alarmas en el teléfono, no lo hice porque ya tengo bastantes para saber a dónde ir y no equivocarme yendo a ver a Arianne cuando tocaba ver a Alice. —¿Cómo pudiste olvidarte de traerme un regalo?— pongo una nota de lástima al hablar para que le de culpa. —Yo que te estoy haciendo un cuadro— apoyo mi mano sobre mi pecho, de todos modos el suéter ya está sucio.

Sigo sonriendo cuando al acabar con mi acto coloco mis manos sobre las suyas al ponerme de pie, imitándolo en ese saltito rápido que nos coloca casi a la misma altura. —No puedes poner tantas condiciones si es un reto para ti— estoy riéndome al entornar mis ojos, y no puedo, por mucho que lo intente, ponga toda mi voluntad para esto, de no reírme cuando comienza de la manera más trillada posible, que de hecho es la manera adecuada. —No, de hecho estoy con mi novio, pero se olvidó que hoy es San Valentín y fue a buscar un regalo— respondo, le dije que no se lo pondría fácil, que lidie con el novio imaginario que –spoiler- es él mismo. —Vaya— es todo lo que alcanzo a decir al atragantarme con otra carcajada porque está tomándose el papel en serio y está poniéndole sentimiento, mira que decir que cruzó… toda esta pista de plantas en macetas para venir a hablar conmigo. —Lo estás haciendo muy bien, por cierto…— tengo que reconocérselo, es el guión preciso, aunque no sé si en una situación real funcionaría conmigo. Coloco mis manos en su nuca al mecerme con él en esa melodía inaudible con la cual nunca estaremos fuera de paso. —Suena como algo que te lo sabes de memoria, ¿cuántos besos ya has conseguido hoy con esa línea?— hago un ruidito con la boca de estar pensándolo, contando para mí misma.  —No lo sé, esa planta puede ir luego regando chismes por ahí. ¿Solo un beso dices? No soy de andar tirándome chicos por ahí.
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Mensaje por Kendrick O. Black el Miér Abr 22, 2020 10:59 pm

Y ya me está haciendo sentir culpable, me hago todo lo chiquito que puedo hacerme en mi propio tamaño cuando lo único que me queda es sonreír con mi mejor cara de pan cuando, en efecto, me recuerda que soy un novio pésimo que no ha planificado nada especial para nuestro primer San Valentín; en mi defensa, diré que estuve muy ocupado toda la semana — ¡Es que lo olvidé! — confieso con toda la desesperación que soy capaz de poseer — Pensé en muchas posibilidades para un regalo, pero ninguna me parecía la adecuada y los días solo… volaron… ¡Lo lamento! — ahora tendré que pasar semanas tratando de reponer mi error, maldición, odio mi cabeza volada cuando se trata de estas cosas — Haré lo que tú quieras, te cocinaré — e intoxicaré — o te haré masajes, o puedo llevarte a algún lado esta noche. ¡Solo pídelo! — acabo de tirar mi integridad y dignidad al suelo, pero bueno, hay que hacer sacrificios en las relaciones.

Mi puchero es efímero, que no tenía que recordar mi falta en medio de mi mejor actuación hasta la fecha. Al menos tiene la buena disposición de decirme que lo que estoy haciendo no es tan terrible, lo que me viene bien porque estoy a punto de romper el personaje para echarme a reír. Tengo que morderme la lengua para no hacerlo y uso ese tiempo en respirar más lento. Gano su cercanía, son mis manos las que se presionan en su espalda baja para poder dar un paso hacia ella, apenas bailando ante la música que no existe pero que, aún así, nos mantiene en movimiento — Hoy ninguno, pero estaría más que conforme de conseguir uno tuyo. Ya sabes, valdría la pena esto de hacer el ridículo — como si en verdad fuesen ojos que nos observan, ladeo la cabeza en dirección a la planta con una mueca de reproche total — ¿Es por miedo a tu novio? No tiene por qué enterarse. Verás, podemos besarnos un poco más aquí… — mis pies tienen cuidado de no dar con los suyos cuando la hago retroceder, hasta sentir que chocamos contra una de las mesas cargadas de plantas — … y esta amiguita de por aquí — señalo una de las estanterías que tenemos a un lado con un movimiento de cabeza — Nos hará el favor de cubrirnos de los chismes, pan comido.

Ojalá hubiera sido tan fácil cuando estábamos en esa discoteca, aquí tengo a favor el saber que nosotros dos tenemos la confianza suficiente como para hacer estupideces y no sentirnos mal al respecto. Me río cerca de sus labios y, aunque dejo el espacio de que sea ella quien decida si desea besarme o aún no me lo merezco, coloco una mano contra su mejilla. La lleno de pintura, pero creo que eso es lo de menos ahora mismo; hasta ya me ha dejado de doler la nariz — Estoy seguro de que tu novio es un suertudo y que lamenta mucho el no tener un regalo de San Valentín desde antes, pero nosotros podemos hacer un festejo mucho mejor. Porque de seguro él no tiene… una mesa de ping pong en su garage… — ya ni sé que estoy diciendo.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Vie Abr 24, 2020 3:08 am

Me río al tratar de tranquilizarlo con mis manos subiendo y bajando por sus brazos, así no se desarma delante de mí en disculpas y promesas de cosas que no tienen una verdadera importancia. —No seas tonto, no tengo que pedirte nada, no tendría cara para pedirte nada más— digo, lo último lo digo con un dejo de reproche a mí misma. Mis manos suben hasta su rostro para sostener sus mejillas así puedo conseguir que sus ojos sigan mirando fijos los míos. —Es solo un día y hemos tenido un montón de increíbles días, con un montón de buenos regalos— froto su mejilla con mi pulgar, —y hoy estás aquí, es lo que importa…— susurro, aceptando este tonto juego de simular que estamos en un sitio distinto porque así lo pido, asumiendo roles que no estoy segura de que podamos recordar bien, mi respuesta es distinta a la vez que estuvimos en la discoteca, cuando no me pareció buena idea que mi amigo quisiera bailar colocando su mano en mi cintura y, en contraste, ahora me abrazo a él aun cuando fingimos que es un falso ligue.

Mi talón golpea un frasco que se cae cuando me dejo guiar por él hacia la mesa, donde las plantas harán de cómplices para que nadie pueda pillarnos, aunque la única preocupación real debería ser que Mimi entre de un momento a otro para arrojarnos una lata llena de condones por las cabezas y entonces también espero que las macetas sean valientes voluntarias a interponerse en medio del proyectil. Mi boca permanece cerca de la suya cuando comienza a hablar, probando cuánto resisten a la atracción natural de caer la una sobre la otra, arrimo un poco más su cuerpo con la presión de mis dedos enredándose en los mechones de su nuca, al sentarme en el borde de la mesa para que pararse en el espacio que quedan entre mis piernas. —No necesitamos de un San Valentín, tenemos un día que es mejor que Navidad incluso— le recuerdo con una sonrisa que roza sus labios y un sesgo bromista que procurar apartar las culpas que puedan surgir de habernos casi pasado de largo un bendito catorce de febrero. —Y si bien estoy diciendo que San Valentín no es tan importante como parece, ¿me estás invitando literalmente a jugar ping pong en un garage? Porque… llevar a tu novia en San Valentín a tu garage para mostrarle una mesa ping pong suele tener otro significado— arrugo mi entrecejo como si tratara de leerlo entre líneas y descubrir el mensaje escondido, lo ayudo al ser quien cubre su boca y lentamente, para alargar el beso, acaricio sus labios para ir haciéndolo más profundo, mis dedos van dejando manchas en su garganta y un rastro en ascenso por su mandíbula. —¿Era solo un beso?— pregunto al apartarme sin soltarlo.
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Mensaje por Kendrick O. Black el Vie Abr 24, 2020 6:18 am

Lo bueno de tener una novia como Synnove es que siempre tiene la palabra justa para que mi cabeza no haga juegos conmigo, a veces hasta sospecho que todo lo malo que he tenido en esta vida caótica se compensa cuando me doy cuenta de las personas que tengo al lado, ella en especial. Sé que tenemos días mucho mejores para celebrar lo que tenemos, aún así me es imposible no pensar que he fallado en algo muy simple y lo único que me queda es compensarlo. Se me camufla la risa en la intimidad de la poca distancia que nos separa, dejándome guiar por la manera en la cual se aferra a mí y que me invita a poner una de mis manos sobre su muslo — En verdad… Conseguí una mesa de ping pong… — ya sé, ya sé, era totalmente innecesario, pero es que el sujeto de la tienda quiso dármela con descuento y yo accedí después de fingir el poner resistencia. ¡Es que jamás me han dado cosas con descuento! Y ni hablemos de esas personas que me regalan tonterías con tal de mencionar que las conseguí en su local, en esta economía insegura todos parecen aprovecharse de cualquier tipo de publicidad. Y hay otras cosas, confieso, que he comprado por el simple capricho de poder hacerlo; es un pequeño gusto que me estoy dando, nada serio.

Cualquier idea sobre pelotitas inocentes se me va al caño cuando su boca toca la mía, no voy a culpar a mi edad sobre esto pero tampoco voy a decir que mis hormonas no se alborotan cada vez que me besa de esa manera, estando tan cerca en un espacio silencioso y tranquilo. Sus dedos no ayudan, para nada, hacen que los míos se aferren a ella para que mi pecho se presione contra el suyo y gimo de manera lastimera cuando se aparta, tardándome un poco más en abrir los ojos — Bueno, yo pensaba que sí… — ¿No era ella la que puso las normas? — No creí que entre todas las opciones para hoy, el profanar el invernadero de tu abuela fuese una — tengo otra clase de recuerdos dentro de este lugar, uno de ellos hoy en día lo siento muy especial, a pesar de lo horrible que se sintió en aquella ocasión. Creo que esa fue la noche que acabó por unirnos, que nos hizo amigos hasta el punto en el cual nos sentí como una unidad, que nos permitió hacer tonterías como pintarnos las uñas y acabar besándonos por entretenimiento en su cama. Ese dementor nos hizo un favor sin saberlo.

Pero hoy no hay fuegos artificiales afuera, solo algo de nieve y nada que podamos ver nos está persiguiendo, es simplemente una amenaza invisible que preferimos olvidar. Beso la comisura de su boca, allí donde se siente el aroma a pintura, antes de presionar mis labios contra los suyos — Pero al final, lo que importa es lo que tú decidas. ¿No eras tú la jueza de mi reto? — le recuerdo con un murmullo divertido, sé que estoy haciendo trampa al no apartarme demasiado, rozando nuestras bocas al hablar mientras que una de mis manos se toma el atrevimiento de hurgar debajo de su suéter, con la confianza necesaria para acariciar la piel de su vientre — Volvamos a verdad — digo de repente, a pesar de que mi boca sigue entretenido con ella — ¿Tienes alguna clase de fantasía que me incluya? Y hablo sobre el futuro, no de… aunque esas puedes mostrármelas cuando quieras — que siempre podemos organizar una escapada de fin de semana como dos personas jóvenes normales, lo malo es que no podríamos hacerlo a escondidas porque los demás se acabarían preocupando.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Vie Abr 24, 2020 8:15 am

Mis dedos están indecisos sobre si deben seguir sujetándose a él o soltarlo para que pueda recuperar su aire, su espacio, el resto de mi cuerpo al buscarlo tiene mucho más claro que esto podría demorarse, pese a que la prenda de conseguir un beso ya fue cumplida, era verdad cuando decía que lo de besarnos era tan común que un beso inevitablemente lleva a otro, mi boca no se aleja de la suya, la piel debajo de la lana del suéter me cosquillea por el repentino calor que llega a enrojecer mis pómulos. —Y eso que había otras opciones, pero ¿qué te preocupa del invernadero? ¿Qué venga mi abuela a tirarnos de los pies?— pregunto conteniendo la risa, tengo que morderme los labios para que la carcajada quede atrapada en mi garganta. —La única que puede llegar a venir es Mimi y ella lo que hará será mandarnos a donde sea que se encuentre la abuela…— invocarlas a cualquiera de las dos es lo menos estimulante, así que trato de encontrarme con el recorrido de sus labios para atraparlos en otro beso que se interrumpe por seguir hablando.

Para incordiarlo, si es que algo como un fantasma de una anciana con una regadera lo cohíbe en este lugar, lo imito al cambiar el rumbo de mis manos y hacer que se pierdan de la vista al meterse bajo su ropa para ir subiendo en caricias por su espalda. Todas las emociones que me vinculan a este lugar y se refieren a él, el haber sido el refugio esa noche que escapamos, donde traté de abandonarlo solo para volver llorando, los fuegos artificiales que veíamos entre los espacios rotos del techo, se mezclan con este abrazo que le da otra temperatura al invierno, a pesar de la nieve fuera. —Lo haces bien, en serio. Recuerdo haberte dicho que tenías que esperar que fuera la chica quien decidiera, para no sobrepasarte con ella— digo de pronto, tengo ese destello en la memoria por seguir teniendo presente que, mientras sea un reto, seguimos simulando que este es un escenario distinto y no sé cuál elegir, ambos tienen sus ventajas, lo que no cambia es mi respuesta. —Un par de besos más, mientras nadie nos vea, estarán bien— murmuro al prenderme de su labio inferior y cuando trato de avanzar sobre el otro, su pregunta me deja haciendo un repaso de todas las opciones que propusimos en broma en el último rato. —¿Te refieres a sí…?— mi sonrisa se hace más ancha cuando se explica, entonces sí me confunde. —¿A futuro?— pregunto. —Pensé que… está claro que sabes que estaba pensando, lo que no es raro de pensar cuando alguien pregunta por las fantasías de otra persona, así que no me acuses de nada— lo prevengo, tengo que calmar un poco los latidos acelerados de mi corazón para poder contestar. —Dime alguna fantasía tuya que me incluya a futuro, así sabré a qué tipo de fantasías te refieres— propongo, mis manos siguen sosteniéndose de su espalda y mientras habla, mi boca va marcando su garganta con besos lentos.
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Mensaje por Kendrick O. Black el Vie Abr 24, 2020 8:41 pm

No me está ayudando, que no es una buena combinación el pensar en el fantasma de una abuelita y tener, al mismo tiempo, sus manos colándose debajo de mi ropa, es como que mi cabeza y mis instintos hacen cortocircuito. Intento concentrarme en la manera tan familiar que tenemos de acercarnos, a pesar de que hay una parte de mí que necesita seguir hablando como de costumbre — Entonces quiere decir que pasé el reto… — aventuro, a ver si me lo deja pasar, que ya no tengo más ideas de cómo continuar la falsa conversación de discoteca sin poner música o recurrir a tragos invisibles. Me lo confirma su aceptación a mis besos, esos que se detienen por la obvia confusión que causan mis palabras y hasta siento que tengo que disculparme, no lo hago porque estoy más ocupado riéndome por lo bajo — No, bueno, si también quieres hablar de eso… — ¿Por qué se me sigue enredando la lengua? ¡Es Syv! ¡Llevamos meses haciendo estas cosas! Algún día tendré que dejar de ser el adolescente cargado de nervios que tiendo a ser para absolutamente todo, tanto de buena como de mala manera. Le echo la culpa a que todavía hay cosas que son nuevas para mí, la inexperiencia puede ser emocionante pero también viene de la mano con la posibilidad de hacer el ridículo cuando menos te lo esperes, no importan tus intenciones.

Tengo que clavar los ojos en el vidrio empañado de las ventanas en lo que trato de que mis neuronas enciendan el motor, pero el sentido del tacto nubla a los otros cuatro y me encuentro siendo tan lento como un motor vencido — No me dejas pensar… — la acuso con una risita, a pesar de que levanto el mentón para cederle espacio a sus labios — Lo único en lo que puedo pensar ahora como fantasía tiene poco que ver con el futuro y mucho con lo que podemos hacer en esta mesa, pero… No, no estaba hablando de eso — mis manos dejan de vagar por debajo de su ropa, presionando un poco el centro de su torso para que se aparte y así poder mirarla; estoy seguro de que tengo las orejas rojas — Hablo de… No sé, jamás me he ido de vacaciones a ningún lado y me gustaría poder hacerlo contigo alguna vez, esas cosas. O espero que, cuando seamos más grandes, sigamos juntos así podemos hacer cosas como… ¡Adoptar un erizo! — No puedo creer que estoy diciendo estas cosas en esta situación, voy a titularme como la persona más antierótica de todo NeoPanem. Ya, me quiero morir, tengo que aprender a cerrar la boca.

La mejor manera de silenciarme que conozco es usándola a ella. Mi boca busca la suya con obvia prisa, dejando un beso corto tras otro en lo que intento no reírme de mí mismo; obvio que no funciona — Lo lamento, Syv… — tengo que explicarme, mi boca abandona la suya para posarse sobre su mentón y dar un paso hacia su cuello — Aún me pones ansioso y digo un montón de tonterías. Siempre podemos usar tu sugerencia de utilizar el arte para cosas más creativas — y así es como intentas salvar San Valentín, proponiendo un montón de enchastre que en otro momento no se te habría ocurrido.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Sáb Abr 25, 2020 7:00 pm

No sé por qué sigue insistiendo en las otras fantasías, sino era de esas de las que quería hablar, y ahora me voy a quedar sin saber que son las fantasías de futuro, esto se ha puesto raro, soy yo la que suele plantear mil cosas imposibles de suceder, fantasías de todo, me está confundiendo con la falta de una aclaración. Es fácil notar cuando está alborotándose, no creo que haya otra palabra que mejor lo describa; bajo mis manos puedo percibir esa vibración de su piel, aprieto con fuerza mis labios para no reírme por esa energía que le brota de los poros, su cuerpo no parece que sepa contenerla cuando algo mínimo lo frustra, aunque esa frustración venga de otras emociones como incomodidad o quizá vergüenza por tener que decirme algo a lo que sigue dando largas. —Pensé que ya lo tenías pensado— digo, tengo que hacer un esfuerzo para no reír, en serio, quiero que sepa que lo que sea que diga me lo tomaré en serio o lo más serio que se pueda con mis manos quietas dentro de su abrigo, y no puedo si insiste con fantasías del momento, que ni siquiera son fantasías, yo diría que tenemos medio camino hecho. —Creo que me tomaría bastante a mal si aquí mismo, estuvieras pensando en otra cosa… tal vez en jugar snap explosivo con Kyle. Es bueno saber que tienes la mente en el juego, lince— parodio una de las frases más famosas de esa película que obviamente tuve que hacerle mirar, de la chica deportista y el chico nerd de matemáticas que se enamoraban mientras cantaban por toda la escuela.

Me lo tomo con humor para que sepa que no tiene que preocuparse de decirme lo que sea, posiblemente nos reiremos, las fantasías suelen ser cosas delirantes así que lo normal es reírse, y siendo como somos, seguro encontraremos la manera de hacerlas reales. Vacaciones no es algo tan descabello, salvo que se tenga en cuenta que él tenía que estar escondiéndose de un lado al otro, pedir simples vacaciones en algún lugar es comprensible. Pongo una cara más seria cuando sigue, es una fantasía válida, a mí también me gustaría que esto continúe todo lo que tenga que continuar, sin tener que usar medidas de tiempo, no sé a decir verdad que esperaba que dijera, ciertamente no que mencionara un erizo. —¿Lo dices en serio? Porque adoptar un erizo es un gran paso y tenemos que pensarlo con cuidado, se trata de sumar alguien más a lo que tenemos— explico con una sonrisa que me cruza toda la cara por estar conteniendo una carcajada, aprovecho que mis manos siguen en su espalda para atraerlo y abrazarlo por la ternura que me inspira, no es sencillo mantenerlo en esos términos cuando vuelvo a encontrarme con su boca en besos breves que me acercan más a su torso para presionarme contra él.

No es una tontería, podemos ir a algún lugar de vacaciones, nunca lo he hecho con un novio— por obvias razones de que es el primer novio que tengo, —y no tienes que esperar tanto para el erizo, lo podemos llevar con nosotros también— propongo, ¿y por qué tengo la imagen repentina de un perro bordier collie olisqueando y saltando de la emoción al tocar la naricita de un erizo? Sé que eso va a pasar, no me olvido de que hacíamos lo de lanzarle la pelotita para ver qué tan alto saltaba y que tan preciso era al atraparla, cuando íbamos al parque central del Capitolio. Toda esa energía contenida por estar encerrado en el departamento tenía que encontrar su desahogo con ejercicios extremos, es algo que llegué a entender y sigo viéndolo en él, que se apabulla con tonterías que dice por estar ansioso, así que lo calmo con una caricia que baja por el largo de su espalda. —¿Cuándo pasó a ser mi sugerencia? Fuiste quien mencionó lo del fantasma— se lo recuerdo, sonriendo cerca de su mejilla. —Ya eres un enchastre de pintura de todas formas— murmuro, con mis dedos trazo un par de ondas que van desde su espalda hasta su vientre por debajo de la tela. —Y mi fantasía a futuro contigo también es ir a algún lugar, uno nuevo que no conozcamos, fuera de aquí y sin nuestros amigos, solo nosotros— digo, es algo que venimos haciendo desde que nos conocimos, con él he ido a lugares en los que no había pensado estar, pero quisiera que eso sea así en un sentido más literal que figurado. —Y el erizo— añado, para no olvidarlo. Tironeo del ruedo de su abrigo para conseguir su atención sobre la ropa. —¿Crees que tendrás frío si te pido que te lo quites? De hecho, el siguiente reto era pedirte que te desnudaras y me iba a llevar toda tu ropa a la casa, así tenías que ir a buscarla.
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Mensaje por Kendrick O. Black el Dom Abr 26, 2020 1:09 am

Como si pudiera — es la respuesta inmediata que me nace, sin siquiera poder ver posible la chance de tener la cabeza en mi amigo cuando la tengo a ella a escasos centímetros de mi rostro, con mi cuerpo llenándose del calor del suyo. Que me digan estúpido, pero con Synnove me siento más un chico de diecisiete años que con cualquiera de los demás, porque con ella puedo olvidarme de la lógica y la razón y centrarme en todas las emociones que son completamente naturales cuando tienes mi edad. Hasta puedo reírme de mi propia tontería, que no sé cómo es que acabamos hablando de adoptar un erizo cuando hasta hace dos minutos nuestra atención estaba puesta en nuestro contacto físico — Nunca tuve una mascota… — lo murmuro como si fuera una excusa y una disculpa al mismo tiempo, al menos podemos dejar todo esto de lado cuando la concentración pasa a un terreno más hormonal.

El resoplido que largo no tiene nada que ver con ella, es más bien una frustración propia, puesta en el miedo de que no podemos irnos de vacaciones como cualquier otra pareja, por eso mismo lo había calificado como una fantasía. No podemos perdernos en las playas o en los archipiélagos, ni rentar un sitio turístico en la anchura de nuestra nación — Algún día… — lo dejo caer, sin mucho entusiasmo. Lo único que le puedo ofrecer es irnos en carpa a las afueras del distrito, en una zona segura y en épocas más calurosas, sino acabaríamos por morirnos del frío y nada tendría sentido. Me hace sentir mejor que me acaricie, mordisqueo mis propios labios — ¿Es eso una sugerencia de seguir siendo un enchastre juntos? — que me parece mucho más interesante que el seguir fingiendo que no nos conocemos, para variar. No puedo tomarme todo esto en serio cuando el erizo ficticio sigue en la ecuación, así que lanzo una risa — No nos olvidemos del erizo — agrego — Quizá… cuando todo esto se acomode un poco o llegue el calor… Ya sabes, tal vez ahí podamos irnos a algún lado — que con los planes que se debaten en el consejo, acá sabemos muy bien que no tendremos paz hasta dentro de mucho tiempo.

Me desconcierta pasar de esos planes a la idea de tener que desnudarme, incluso miro mis prendas con un nuevo grado de apreciación — ¿Estás segura? — pregunto sin poder evitarlo — No lo sé… ¿Vas a asegurarte de que no me congele en el proceso? — si le doy más vueltas al asunto, no voy a hacerlo. Tironeo del buzo para poder quitarlo por mi cabeza, lo dejo sobre la mesa y continúo con la camiseta. El frío no tarda en golpearme la piel, siento como se van erizando los poros y, para cuando me estoy bajando los pantalones, ya estoy completamente encogido — No me harás dejar los calzoncillos… ¿No? — aventuro — Está helado, sería bastante bochornoso y patético — le doy una patadita a la última prenda, dejando los jeans en el suelo en lo que siento que mis zapatillas y medias deben darme un aspecto patético. Puedo descubrir las zonas en las cuales sus dedos me han manchado de pintura, a pesar del frío toqueteo mi abdomen y uno de mis costados en busca de las líneas que ha marcado — ¿Ahora haces body paiting? — pregunto a modo de chiste, tironeo de sus piernas para enroscarme entre ellas y me escondo contra su pecho, apoyando la cabeza en ella para contagiarme de su calor — ¿Sabes? Para sobrevivir en bajas temperaturas, es mejor que los dos se desnuden para compartir calor corporal — bromeo, aunque lo calentito de su abrigo se siente bien — ¿Por cuánto tiempo tendré que esperar? No te tardes demasiado, voy a helarme.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Lun Abr 27, 2020 6:21 am

Algún día— digo, echándole más entusiasmo que él a esa frase llena de posibilidades. —Habíamos dicho una fantasía a futuro, ¿no? Será algún día en el futuro, no pronto, pero algún día…— sueno con un tono de divague a lo último, porque todo lo que pueda llegar a pasar o lo lejos que podremos llegar, es algo que somos incapaces de ver en este momento puntual, hay un horizonte infinito más allá de este invernadero, de estos campos cubiertos de nieves, de este distrito grande y con fronteras, de un país entero que algún día, quizá, también podremos recorrer a nuestras anchas. —¿No habíamos dicho que iríamos de campamento en verano? ¿Dormir bajo las estrellas y todas esas cosas que pusimos en la lista de cosas que haríamos?— recuerdo para animarlo a pensar en lo que tenemos a nuestro alcance. Llegamos al distrito en noviembre, con el frío instalado en los campos, en verano el paisaje será otro. —Nunca fui de campamento— creo que ya lo dije, no puedo estar muy segura de esto porque me distraigo fácil y mis pensamientos están más centrados en el ahora, lo que haya dicho o lo que podamos hacer es algo que queda suspendido en un segundo plano, mi mente se ocupa de darle una respuesta para salvarlo de las probabilidades de que se congele. —No te estoy pidiendo nada de lo que no vaya a hacerme responsable luego— prometo con las manos contra mi pecho, no tanto por el gesto, sino para darle el espacio que necesita para sacarse el abrigo por la cabeza.

Y lo hace, al reírme trato de hacerlo de un modo contenido, tengo que cubrir mi boca con las manos. Se va deshaciendo de cada prenda y debería tener una charla con él de que tal vez no sea muy conveniente, para su propio bienestar, hacerme caso con pedidos así. —Que bueno que acabamos lo del falso ligue, porque si no te diría que eres muy fácil— no puedo decirlo sin atragantarme con una carcajada y mirarlo con la confusión plasmada en mi rostro, por tener un vistazo entero de él y que una parte de mí, muy desubicada en toda la situación, piense que es muy dulce… por arriesgarse a una hipotermia, o en el mejor de los casos, a un resfrío de un par de días. —No soy tan cruel— contesto, cediéndole el permiso para conservar lo último de ropa, aunque no haga la diferencia y no quite que el escenario sea un tanto bochornoso y patético de por sí, no es algo que llegue a imponerse en mis pensamientos para que diga algo más cuerdo como que vayamos a la casa o a mi habitación, si fuera capaz de mantener la cabeza fría para proponer algo así creo que tendría que recibir una medalla, y no creo que sea de la mano de ninguna de mis amigas. —Al parecer lo hago, yo diría que va tomando una forma interesante— respondo a su broma con un repaso visual de los manchones que le fueron quedando en la piel y cuando lo vuelvo a tener cerca, mis dedos se encargan de acompañar el repaso para irse por otros sitios que no fueron trabajo mío desde su espalda hacia sus hombros al tenerlo recostado contra mi pecho. —Ayuda a que destaque cuando el modelo pone lo suyo, es un todo, a decir verdad, creo que mi concepto de arte está cambiando otra vez…— murmuro.

Mi pecho se sacude por la carcajada que se queda entre los mechones de su pelo y que acaricio al tratar de compartirle mi calor. —Eso dicen— se lo concedo, ¿no vimos una película…? Hay un viento helado filtrándose por las pequeñas rendijas que quedan entreabiertas en las ventanas, tampoco descarto que en el techo no queden huecos por cubrir, me estremezco de anticipación al frío cuando lo aparto para tirar del suéter y sacarlo de mis brazos, recogiendo con mis dedos la camiseta que está debajo así ambas puedo arrojarlas sobre la mesa. Busco el suelo con mis pies al bajarme así se me hace más sencillo quitarme las botas al tener que bajar el vaquero por mis piernas. Mis brazos tiemblan al exagerar un escalofrío y me abrazo a él para comprobar si es cierto lo que dicen de compartir calor humano. —No me creo que para sobrevivir a las bajas temperaturas baste con un abrazo, la gente no cuenta toda la verdad— susurro con mi mejilla sobre su hombro, mis manos perdiéndose por su espalda. Debo pensar en respirar para volver a hacerlo, con mi nariz contra su piel el aire que recibo huele diferente, es una nota de olor con la que me familiaricé y solo la encuentro en él. —Entonces… ya que es San Valentín, ¿hay alguna fantasía no tan a futuro que hayas pensado…?— pregunto, sigue pareciéndome raro y torpe que nos encontremos casi desnudos y que podamos recorrer libremente la piel del otro, sin que se vaya esa sensación de que continua siendo algo nuevo, ninguno conoce las reglas, no repetimos nada que ya hayamos vivido, no sé a qué lugares iremos en el futuro, en el presente ya vamos descubriendo otros.
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Mensaje por Kendrick O. Black el Lun Abr 27, 2020 10:43 pm

¿Ahora me criticas por cumplir tus retos? — me hago el ofendido a que me llame fácil, que poco me falta para echarme a reír. Con ella he aprendido lo obediente que puedo ser en ciertos aspectos, cuando siempre fui la clase de personas que le daba la espalda a las órdenes de cualquier persona que quisiera ponerme límites; quizá porque Syv me impulsa a empujar los míos en lugar de marcarlos, desnudarte en un invernadero helado debería contar como tal. No le creo que no sea tan cruel, si vamos al caso mi piel erizada no dice lo mismo y se lo reprocho con un mohín.  Todo capricho se me va demasiado rápido, es sencillo el olvidar un reproche cuando mi piel toma temperatura allí por donde sus dedos pasan — Puedo ayudarte a estudiar algo de anatomía humana, si te interesa… — lo dejo caer así como si nada, a pesar de que mis labios se tuercen en una sonrisa pícara.

Al menos podemos reírnos juntos, que el movimiento involuntario de su cuerpo sacude al mío y me obliga a reírme más de esa tontería que de nuestras palabras en sí. Me separo solo porque ella me obliga a hacerlo y, con cierto desconcierto, mis ojos siguen el recorrido que hacen sus manos al despojarse de las prendas que protegen su piel del frío. Es involuntario, tengo que abrazarla cuando ella hace lo mismo conmigo y el apenas llevarle unos pocos centímetros facilita la tarea de que nuestros torsos se presionen, evitando que el calor se escape — ¿Haremos como en esos programas de televisión que destapan mitos? — lo murmuro como si fuese una idea secreta, cuando he pasado años en el norte y jamás he probado esta teoría, quizá porque era muy chico y no tenía con quien hacerlo. Aprovecho su cercanía para imitarla, mi nariz se hunde en su cabello y roza una de sus sienes, demasiado cómodo a pesar de que la mayoría de mi cuerpo sigue recibiendo el ataque del clima. Estamos siendo suicidas, de seguro tendremos que beber algo para el resfrío en cuanto toda esta tontería. Y doy gracias, de verdad mil gracias, a que Mimi no esté en la casa ahora mismo.

Por ridículo que sea, lo que me sale de entre los labios es una risa aguda y gutural, apoyo las manos en su cintura al alejarme un poco en lo que busco mirarla a los ojos — Pensé que… Bueno, creí que el reto era otro… ¡No me estoy quejando! — en lo absoluto, no soy tan tonto como para aferrarme a un desafío cuando llegamos a este punto. La verdad es que jamás pensé que terminaría con una persona como Synnove, en especial porque no creía que una chica como ella se fijaría en alguien como yo. A veces incluso me sorprendo cuando me percato de que hay opciones mucho mejores y ella, en su lugar, prefiere desperdiciar su calor corporal conmigo, en un San Valentín que puede ser nuestro. Desenrosco nuestro agarre pero sostengo sus manos, doy algunos pasos cuidadosos hacia atrás y hasta chequeo con la mirada el no llevarme nada puesto, hasta que nos detengo junto al intento de arte que supimos usar hace unos minutos. Me mantengo silencioso en lo que me inclino, acuclillándome frente a ella para poder mojar mis dedos en la pintura, a sabiendas de que todo esto terminará siendo un enchastre. Tengo que mirarla desde abajo para poder medir su expresión — Cualquier cosa que pueda pensar ahora, no va a hacerle justicia a lo que podamos hacer o no — suena hasta lógico. Rozo sus muslos con los dedos de la diestra, marcando dos líneas rectas en horizontal con la pintura, la cual resalta sobre su piel pálida. Imito la acción en la pierna opuesta, pero en esta ocasión son solo ondas verticales que culminan en las huellas de mis yemas subiendo en pasos de dedos, hasta perder toda pintura. Impulso mi postura para poder besar su vientre, sujetándola por la cintura hasta recargar en ella el mentón, enseñándole una sonrisa — Tú querías que hagamos arte, así que esto es lo mejor que puedo hacer. Me gustas más que un lienzo… y me parecía que debíamos estar en igualdad de condiciones — me doy el lujo de bromear, que pronto mi boca pasa a estar no disponible, que mis labios son un método mucho más efectivo para saborear y explorar su piel. De la nieve y los problemas, podemos preocuparnos más tarde.
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