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Mensaje por Lara Scott el Jue Abr 16, 2020 4:21 am

Recuerdo del primer mensaje :

¡No está diciendo eso!— replico, interpongo mi cuerpo al sentarme entre ellos para tapar con mi espalda a Hans -como si pudiera- así la niña me mira a mí al soltar esas “a” de su boca que forman un claro, muy claro para mis oídos, no sé por qué Hans escucha otra cosa, si es tan claro que dice: —¡ma-ma! ¡ma-ma!— me giro para mostrarle mi sonrisa llena sobre mi hombro a su padre. —¡Está diciendo ma-ma!—. ¡Si me lo niega es por su manía de contradecirme! No sé de dónde saca que la niña dice “papá”, esos son sus oídos que quieren escuchar halagos, no, no, está diciendo “mamá” y está clarísimo. No voy a llamar a ningún juez que lo certifique, porque como ministro me lo anularía, ¡pero he ganado en esta! ¡Yeah! Alzo mis brazos en alto para mi gesto triunfal. —¡Muy bien, Tilly!— felicito a la bebé haciéndola parte de mi victoria, jo, jo. Bajo mis manos a su pancita redonda sobre la tela de la camiseta de mangas largas que sigue teniendo puesta dentro de la casa, que el frío se siente pese a la calefacción, para hacerle cosquillas y escuchar sus carcajadas como gorjeos, seguido de ese chillido agudo que se le escapa para pedir que pare, entonces se da la vuelta para caer sobre sus rodillas y alejarse gateando en la alfombra que cubre todo el suelo de su habitación, ese que ocupa desde antes de Navidad y se llenó de sus cosas. Tiro de su piecito enfundado en un calcetín amarillo para arrastrarla de vuelta hacia nosotros. —¡No! ¡No! ¡Vuelveeeee, que tu papá no escuchó bien! ¿Cómo dices “mamá”? ma-ma, ma-ma…— le pido, no voy a cansarme de esto.

Entre semana no es como si tuviéramos mucho tiempo para hacer esto, me refiero a sentarnos entre juguetes de tela dispersos sobre una alfombra felpuda y que Tilly nos haga parte de este espacio del que se fue apropiando, en el que pide perderse bien temprano en la mañana, cuando desde el comunicador se escucha su llantito ¡a las siete de la mañana! Es el horario de despertarse al que se acostumbró con nosotros y no hay misericordia para los días domingos, a la que única que disculpa es a Meerah dándole unas horas más de sueño. Ella está vestida desde sus dedos gordos desde los pies hasta su cuello de manera impecable, yo sigo teniendo el pijama puesto y los pelos los aplasté con las manos. —Ven, Tilly, quiere mostrarte algo— insisto con la bebé para que se acomode en el hueco formado que queda entre mis piernas, — vamos a mirar una película, ¡el protagonista te va a gustar, lo juro!— busco mi teléfono en el bolsillo de mi pantalón y lo hago girar en mi palma hasta que puedo dar con el botón que enciende la pantalla, la desbloqueo y me desplazo a la galería de videos con el pulgar, paso de esos en los que se nos ve a Hans y a mí mordiendo los cachetes de Tilly de lado a lado, también otros que me mandó Meerah de ella con su hermanita, hasta dar con ¡aja! —¡Mira, Tilly! ¡Una película de tu papá!— sí, espío sobre mi hombro para ver si también está pendiente de la imagen que empieza a reproducirse. Una captura que lo muestra sentado cerca de la sillita que la bebé usa para participar de las comidas en la mesa y se ve como se acerca, como él que luego tiene la cara para decirme que hay que estimular el lenguaje de la niña con una conversación normal, sin necesidad de estar distorsionando palabras, que el idioma de bebés es una subestimación a la inteligencia de estos… ¡ÉEEEEEEEEEEEEEEEEEEEL LE ESTÁ HABLANDO EN IDIOMA BEBÉ! —¡ASÍ TE QUERÍA ATRAPAR!— grito dándome la vuelta para que la pantalla le quede a centímetros de la cara, que tampoco le quiero romper la nariz, solo que se vea a sí mismo ATRAPADO IN FRAGANTI.
Lara Scott
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Mensaje por Lara Scott el Jue Abr 23, 2020 4:49 am

¿Ah, sí?— pregunto, poniendo en duda su declaración de madurez y tomando silenciosamente para mí todos los derechos de posesión sobre aquel muñeco que encontramos en el armario debajo de la escalera. Por raro que sea, son esas partes de sí mismo que la mayoría desconoce, que él mismo dice haber superado como una manera de volver a esconderlas, las que puestas todas juntas forman al hombre que elegí y que no hubiera llegado a pensar jamás que sería aquel abogado que conocí cuando ni yo era remotamente la persona que soy ahora. —¿Lo preguntas porque estás buscando halagos?— me mofo dándole otro codazo amable en el abdomen por tener que preguntarme algo así en un sitio como este y no en la cama. —No puedo decirlos, hay unas orejitas menores de edad cerca— apunto con mi barbilla al par de medias amarillas rellenas con un bebé. Busco poder recostarme en su pecho para compensar la comodidad de la almohadas de las que nos despegamos demasiado pronto esta mañana, dejo que ofrezca su propia ambigua conclusión sobre los hechos que conocemos demasiado bien  y que de ninguna manera serán contados en ese orden a nuestra hija, porque ella no conocerá otra historia que no sea la de: —Le diré que estabas loco por mí desde el primer día y será la historia oficial, guárdate tus propias mentiras de que era yo quien andaba detrás de ti para contárselas a Ophelia— termino con una sonrisa que no puede ver, pero sí oír en mi voz.

Solo un anillo de oro— repito con él, —¿podrás tener eso en claro cuando estemos mirando modelos? Nada de anillos con elefantes haciendo acrobacias y piedras en arcoíris, solo un simple anillo de oro, ¿está bien?— le pido, uno donde se puedan leer nuestras iniciales estará bien, no hace falta nada más. De verdad, hay tantas cosas que no hacen falta. Sé que lo tiene bien en claro sin que haga falta que me ponga pretenciosa, pretenciosa con lo simple, lo irónico de ser así caprichosa como soy, es que no le pido nada que sea costoso, que sea para impresionar a alguien. Sé que sabe bien solo quiero aquello que pueda durar al tiempo, porque es la única -y espero que la mejor- promesa que voy a hacer a alguien sobre el tiempo, y no quiero que lo acompañe nada que sea superficial, perecedero o que se marchite pronto. Si le digo de ir a una casa así en medio de la nada, subirnos a un globo aerostático o llevarlo a la playa más remota del mundo, es solo porque quiero un lugar donde podamos ser nosotros mismos. Busco de esos lugares que le digo para dar con algún sitio donde podamos hacer una reserva, reviso la lista y doy con un paisaje de casas apiñadas unas sobre otras en un risco, el mar de un azul profundo en medio, me distraigo con su caricia más que con sus palabras, ladeo mi rostro para posar mis ojos en él y descubro que mi ansiedad va mermando al seguir su voz, con cada cosa que va diciendo, puedo cerrar mis párpados durante ese segundo de calma. — Siempre supiste cómo tranquilizar mis miedos— aun sin que seamos conscientes, sino no me explico cómo terminamos aquí. Tanteo su boca con un roce breve, no llego a contestarle que el apellido Scott detrás de su nombre no está en discusión, porque su sorpresa me hace abrir los ojos de pronto y apartarme para rastrear con desesperación a las medias amarillas que hace nada teníamos debajo de nuestros ojos. —¡La estabas mirando tú!— aprovecho a la primera para que sea un reclamo hacia él, yo ni siquiera la estaba mirando por estar mirándolo a él.

Me incorporo lo más a prisa que puedo del suelo para ir hacia la puerta porque ¡mierda! ¡Se ha fugado con todas las de la ley! ¡Usó la puerta! —No irá a bajar las escaleras, ¿verdad?— pregunto en voz alta, ya estoy corriendo fuera del pasillo para ir hacia los peldaños y así prevenir que no ruede cuesta abajo como si fuera el juego más divertido, ¡porque no lo es! Coloco una mano en mi pecho del alivio que siento al ver la escalera limpia de bebé, eso nos deja solo el espacio de esta planta para dar con ella y la puerta de Meerah está cerrada, así que una de sus habitaciones favoritas está descartada. Compruebo que Hans esté detrás de mí al darme la vuelta, así podemos comenzar con el rastrillaje del terreno. —¡Es una bola patosa, Hans! ¡Dime cómo se nos pudo perder la bola patosa! No, espera, tengo un mal recuerdo de esto… ¿te acuerdas cuando Rory se nos perdió?— le pregunto, mis manos aferrándose a su camiseta. —Hans— me quejo con un gemido, —¿por qué se nos pierden los bebés? — ¿tan mal lo hacemos? Hubiera jurado que nos estaba yendo mejor de lo previsto, hace dos años ni siquiera sabía que era capaz de mantener a una planta viva. —¡Bañera! ¡Vamos a buscar a la bañera!— es lo que la experiencia me enseñó como escondite favorito de los niños y no, cuando atravieso nuestro dormitorio para ir hacia el baño, no encuentro a ninguna niña ni a ninguna media dentro.
Lara Scott
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Mensaje por Hans M. Powell el Jue Abr 23, 2020 5:49 am

Y ahí se fue el amor, en forma de echarme la culpa una vez más — ¡Está claro que no la estaba mirando! — me defiendo, que no recuerdo haber hecho ese pacto y creo que era un poco obvio que me mantenía entretenido con ella en lugar que con la bebé; estas cosas me suceden por baboso. Aprovecho a que Scott se pone de pie más rápido que yo para usar el espacio del suelo que ella ocupaba para recargarme e impulsarme, levantándome con cierto atropello en lo que le doy una última barrida visual a la habitación, asegurándome de que la niña no esté a la vista. Salgo del cuarto apresurado, chocándome con el cuerpo de Lara antes de poder llegar a la escalera — No podría haberla bajado… — digo con cierta duda, dejando la incertidumbre en el aire. Tilly no sabe bajar escalones… ¿No? Jamás la he visto, aunque es muy insistente para demostrarnos lo independiente que es al moverse por el suelo. Es obvio que en eso se parece a su madre, creo que yo era aburrido desde bebé, aunque los caprichos estaban a la orden del día.

Es el tirón en mi camisa el que me regresa a sus ojos, viendo en ellos el pánico que empieza a subirse por mi cabeza — La diferencia es que Rory hasta corría para ese entonces — le recuerdo, chasqueo los dedos en el aire como si hubiese solucionado un problema de lógica complicadísimo dentro de su departamento en el ministerio — Tilly no pudo haber ido tan lejos — es simple razonamiento, es un bebé que aún no llega al año. ¿Por qué se nos pierden los bebés? Intento no dramatizarlo, de seguro hay una explicación completamente lógica a todo esto y no tiene nada que ver con que seamos un desastre parental — Scott…. Está dentro de la casa, tampoco para creer que se ha perdido… — ni yo me la creo, puedo ser muy buen mentiroso en la corte, pero cuando se trata de mis hijas se me cae cualquier tipo de máscara. Ni siquiera puedo seguir el hilo de su pensamiento que ella ya se ha marchado, así que no me queda otra opción que seguirla, a ver si pierde la cabeza en tres pasos — ¡No pudo haber venido hasta aquí en tan poco tiempo! — intento ser razonable en lo que la sigo, esquivando el cesto de ropa sucia — A ver, pensemos los sitios cercanos a su dormitorio — levanto una mano, para ir marcando con mis dedos — El cuarto de Meerah está cerrado, también el baño, el despacho, la sala de masajes…. ¡La biblioteca! — ¿Qué mejor que el lugar repleto de libros de leyes sobre los cuales babear?

Salgo del baño tan rápido que ni siquiera me despeino, los pasos hasta la biblioteca se sienten como si me hubiesen puesto un hechizo propulsor en el culo. Empujo la puerta entreabierta, encontrándome con la habitación, amplia e iluminada, en pleno silencio. No hay medias ni babas al aire, pero… — ¡Ajaaaaa! — ni sé para que me hice abogado, que me fijo en el sonajero tirado en medio de la habitación. Lo tomo y me giro, enseñándoselo — Podría ser una prueba, pero no recuerdo cuándo fue que la vimos jugar con este por última vez. ¿Tú lo recuerdas? — lo hago sonar frente a su nariz, que no sé si llegó aquí hoy o vaya a saber cuándo cayó en esta habitación — Piensa, Scott. Tenemos un buen caso que resolver antes de que la niña empiece a llorar o se golpee contra algo.
Hans M. Powell
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Mensaje por Lara Scott el Lun Abr 27, 2020 7:22 am

Rory ya corría, ¡pero la nuestra vuela!— grito, tan exagerada como puedo ser, si no me tiro al suelo para patalear es porque hemos pasado la línea de los treinta años. —No se pudo ir tan rápido gateando, ¡es imposible! ¿Qué tenía su biberón? ¿Turbo para bebés?—. Ah, esto me pasa por tener bebés, salen todos tan atropellados como yo, con esta tendencia a ir a toda prisa hacia el siguiente punto que tenga un cartel grande de PELIGRO, STOP, SERPIENTES, FUEGO, DRAGÓN, ¡si ni sabe leer! ¡ve el cartel rojo y va directo! —Nos han dado una bebé ninja en la repartición de bebés, yo tenía mis sospechas, ¡y con esto lo confirmo! ¡Tenemos una bola ninja con babas!— sigo hablando al buscarla dentro del baño, todos sabemos que digo incoherencias cuando no logro centrar mi mente con una respuesta lógica a la situación, ¿o nos habrán dado una bebé que se vuelve invisible en la repartición de bebés? Hago tres pasos para acercarme a él y poder prenderme de sus hombros. —¡Hemos perdido a nuestra bebé! ¡Y solo teníamos una! ¿Qué le vamos a decir a Meerah?— pregunto, lloraré si en este momento ella abre la puerta de su dormitorio para decirnos que la más pequeña fue a despertarla, por las dudas, estoy considerando ir a revisar a riesgo de hacer que la adolescente de la casa tenga razones para despertarse de mal humor, pero con otras opciones por agotar, prefiero seguir a Hans fuera de la habitación hacia la ¿biblioteca? ¡Por favor! —Si está metida en la biblioteca, voy a cederte el que sea más hija tuya que mía…— porque esconderse entre libros, ¿en serio? Estoy mirando la nuca de Hans mientras camino pisando sus talones, ¡eso es tan él!

Mis ojos caen en el sonajero como si fuera lo único para ver en toda la sala, de algún bebé no hay más rastro de ese. Cubro su mano con la mía para sostener el sonajero con él y así poder examinar el residuo de baba que tenga, prueba que nos puede servir para saber hace cuántos días lleva tirado sobre la alfombra. —No es el que tenía con ella— apunto, eso está claro. —Y no sé si esto es indicio de algo, en cualquier parte de la casa, donde sea que pise… siempre hay algún muñeco chillando porque lo aplasté con mi pie— es una realidad a la que nadie puede cerrar los ojos, que los juguetes de Tilly terminan regados por toda la casa y el olor de su colonia también se mezcla con el aire, a esto último tenemos que confesar que todos somos un poco adictivos. —¡Ojalá llore! Pero no porque se golpee…— aclaro de inmediato, si llora nos daría un pista de donde se encuentra, sabemos que tiene buenos pulmones, mejor que la alarma del cuartel de aurores. —¿Si la llamamos por su nombre? ¿Y si le cantas una canción?— es una sugerencia, y claro, estoy reprimiendo la sonrisa a la espera de que pique, muevo mis cejas animándolo a que lo intente. —Salvo que se haya metido dentro del algún libro, no está aquí. No, en serio, ¿hay algún libro hueco? ¡¿No hay ningún ejemplar monstruoso por aquí, verdad?!— ¿qué si a la bebé se lo comió un libro gordo, amarillo y con dientes? Es una bebé muy apetitosa a la vista, pobrecita…

Esto no podemos hacerlo solos, tenemos que llamar al escuadrón— me resigno al ir hacia la puerta de la biblioteca para seguir buscando en las otras habitaciones, frunzo los labios para llamar de un silbido a la bola de pelos que viene lo más veloz que puede para estrellarse con las piernas de Hans, ni modo que venga hacia mí que fue quien la llamé, ¿no? Para que Hunter termine de subir la escalera tenemos dos horas por delante, así que tendremos que comenzar la búsqueda con la única ayuda de Ophelia. Acerco el sonajero a su hocico que lo olfatea como si se tomara esto en serio. —Vamos, Ophie, encuentra a Tilly y Hans te prestará a su masajista— le prometo a la perra que no sé si va tras una pista real o cree que este es un juego, se mete de lleno en la sala de masajes. —Si Tilly está ahí… ooooooh, maldición, no puedo creer que un par de sesiones y ella también se volvió adicta a los masajes— le echo una clara mirada de reproche, pero no. No hay nada, ni una media, de nuestra bebe. No quiero entrar en pánico, ni hacer de esto algo más grande de lo que es, pero me empiezan a picar los ojos y tengo que sorber mi nariz para calmarme. Me cubro la cara al quedarme parada en medio del pasillo. —Soy una pésima madre, ni siquiera cumplió el año y ya perdí a mi bebé— hablo contra mis palmas y lo necesariamente alto como para que se me escuche.
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Mensaje por Hans M. Powell el Lun Abr 27, 2020 11:33 pm

Después de todo este tiempo juntos, tal vez no mucho pero más de lo que he pasado con otra persona en mi vida adulta, debería haberme acostumbrado a los niveles de dramática histeria que Lara puede llegar a manejar cuando algo se le sale de las manos. ¿Estoy tranquilo? En lo absoluto, pero sé muy bien que mi mejor opción ahora es tratar de ser la persona sensata en la situación para no acabar prendiendo la alarma, que lo último que necesitamos es una misión de emergencia porque a nuestra hija se le ha metido en la cabeza que es divertido gatear a la velocidad de la luz y que para colmo… ¡Deja chucherías hasta en mi biblioteca! — Odio esos juguetes… Voy a empezar a comprar todo lo que diga “silencioso” en la cubierta — hay que ver los sustos que me pego durante la noche cuando quiero ir al baño y me llevo puesto uno de esos — ¡No voy a cantarle! ¿Qué me crees, el encantador de bebés? — lo máximo que puedo hacer es tararear una canción y ahí puede morir mi talento en el asunto, llamarla no es tan mala idea, aunque no estoy seguro de que un bebé funcione como un perro — Scott… — a pesar del tono que pretende ser tranquilizador, mi rostro se muestra cansino y suspiro en un armado de paciencia — Lo más monstruoso es el libro de leyes medievales sobre la quema de brujas. ¿De verdad crees que yo tendría un libro carnívoro en una casa con un bebé? — o sin bebé, no importa. Un libro monstruoso es sinónimo de desorden y prefiero tener mis dedos seguros.

Por un momento creo que va a llamar al escuadrón de licántropos y ya estoy abriendo los ojos de par en par con toda la intención de decirle que ha perdido la cabeza, por lo que la sigo con toda la velocidad que me dan mis piernas largas hasta chocar con la nube de pelos que ya está olfateando el sonajero y, espero de verdad, que no se le ocurra lametearlo como ha tratado de hacerlo en otras ocasiones — Es importante para los bebés el tener sus rollos relajados, Scott — defiendo los caprichos de la nena, que creo que solo le entretiene la situación hasta que se queda dormida. No llego ni a asomar la cabeza que empieza el llanto y… Alguien que me dé paciencia — Hey… — la tomo por los hombros, a ver si de esa manera me presta atención a mí y no a la perra, que ha empezado a perseguir su cola más que un rastro — Escucha, eres una excelente madre y, en todo caso, el que no estaba fijándose en ella era yo. ¡Es un bebé, Scott! No pudo haber salido volando por la ventana y tampoco escuchamos ningún sonido preocupante. Solo necesitamos separarnos o más ojos… ¡POPPY! — la idea me salta tan de golpe que el llamado a la elfina parece salido de la nada, me giro justo para verla aparecer con un chasquido frente a mí. A juzgar por los dedos llenos de espuma que sacude para preguntar que necesito, debía estar fregando — Ni tú ni Maui vieron a Mathilda por ningún lado… ¿No? — una negativa es todo lo que necesito — Pues bien, necesito que me ayuden a buscarla — no puedo creer que estoy armando un operativo de búsqueda élfica por mi hija menor de un año.

Con las instrucciones dadas y los elfos en marcha, masajeo por un momento los hombros de la madre acongojada para poder relajarla a pesar de que no servirá de nada — De seguro solo se quedó dormida en el suelo otra vez… — el saber en cual es el problema, pero ese es otro tema. La suelto para adelantarme y empiezo a empujar las puertas entreabiertas, tratando de encontrar algún rastro de Tilly en todo el piso superior, ese que poco me falta para clausurar hasta que se le dé por aparecer. Estoy rascándome la cabeza y despeinándome en el proceso de acomodar mis ideas cuando una imagen me viene a la mente — Había una media amarilla… — aventuro, girándome hacia ella con tanta rapidez que, por un momento, me cuesta enfocarla — La vi… ¿Dónde la vi? Sin la bebé… — Explico, que la idea es demasiado difusa y me cuesta enfocarla dentro de un escenario — Scott… ¿El canasto de ropa sucia no estaba un poco pesado? — que fui yo el que se lo llevó puesto, pero creo que entiende mi punto.
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Mensaje por Lara Scott el Mar Abr 28, 2020 6:14 am

¿Qué tanto puede estresar a sus rollos? ¿Las horas en la oficina donde tiene a Meyer cargándola de un lado al otro? ¡Va a yoga para bebés! ¿Eso no es suficiente descanso para sus rollos? Lo de la masajista me parece un capricho compartido con su padre y lo único que falta es que empiece a faltar a los domingos de almuerzo en lo de Mohini para ir con él a sus juegos de golf, entonces oficialmente podré sentir que Meerah es más hija mía siguiéndome a casa de mi madre y la pequeña traidora al distrito tres se va tras los pasos de su padre. ¡Y no estoy mal al pedirle que le cante o lo que sea! Donde sea que esté saldrá si su padre se lo pide, ¡porque es de mí de quien huye como una oruga veloz y peligrosa que arrasa con la casa! Un gusanito que se esconde para que no la encuentre y me tenga aquí llorando mi fracaso, ¡porque la he perdido de vista y no sé dónde está! ¿Es que Hans no vio esa película del bebé suelto en la ciudad? ¿Y que si Tilly termina dando vueltas por el Capitolio? Necesito saber dónde está, con quién está, para sentirme tranquila. ¡Por eso tiene dos niñeros, además de una abuela! No puedo perderla de vista, le pueden pasar tantas cosas… —No soy una excelente de madre. Soy una galleta de la fortuna como madre que cuando la abres no tiene el papelito dentro— vaya a saberse de donde me sale esa comparación que hago con un puchero al frotar la punta roja de mi nariz con el dorso de la mano, —soy la tostada que se cayó al suelo del lado del dulce, soy una pizza como madre, ¡pero la pizza de piña!— la peor pizza de todas, ¡todos lo saben! —¿Y que si vuela? ¿Cómo puedes estar seguro de que no vuela, eh?— pongo a prueba que tan inteligente y sereno se cree en esta situación, a mi parecer está subestimando a la niña, ¡y bien! ¡me parece bien que movamos a todo el ejército de la casa, elfos también! Pero que a nadie se le ocurra despertar a Meerah o las cosas se pondrán feas.

Muevo mi cabeza de un lado al otro cuando trata de consolarme, hasta que no tenga al bodoque delante de mis ojos, dormida, despierta o con una correa para que no vuelva a escapar, no puedo calmarme. ¡Esta casa es enorme! ¡Enorme! No, claro, no podíamos vivir en cuatro ambientes que se pudieran barrer rápidamente y diera pocos sitios de escondite a una niña demasiado veloz para nuestra tranquilidad mental. —¡Qué desesperación! ¡Si hace esto antes de cumplir el año… ¿qué nos espera cuando tenga quince?! ¿Asaltará un Banco? ¿Se irá a un retiro al distrito once para meditar sobre el cosmos? ¿Dirá que quiere ser abogada? ¡Qué estrés! ¡Me volveré una vieja de canas verdes antes de llegar a los cincuenta!— farfullo pisándole los talones al ir detrás de él puerta por puerta, hablándome a su espalda y por eso mismo, sobresaltándome cuando se gira de pronto para hablarme de cierta media amarilla. Ya está delirando, Hans está viendo medias amarillas por todos lados… ¡ah! ¡el cesto! Solo era un montón de ropa sucia con… ¡una media amarilla resplandeciendo como un sol entre toda esa prenda mugrosa! Corro de vuelta a la habitación antes de que la sabandija se haya mudado de escondite y ¡no! ¡ja! ¡veo esa media amarilla! Me paro en medio de la habitación con las manos en las caderas, masticando mi desesperación de… los últimos peores cinco minutos de mi vida. Le hago una seña a Hans con el dedo índice contra mis labios para que no diga palabra. —Bien, yo creo que Mathilda no está en esta casa, es imposible, ya buscamos por todos lados y tal parece que es la única niña en todo Neopanem que logró hacerse invisible antes del año, ¿te lo puedes creer? ¿Qué haremos con sus juguetes? ¿Tú dices de regalárselos a Hayden? Yo creo que sí, total las niñas invisibles no usan juguetes— vuelvo a usar mi dedo para apuntar el cesto y darle la indicación de que nos acerquemos lentamente, la risita que sale del montón de ropa la delata, tiro del extremo de una toalla para que su cabecita morena quede a la vista y la señalo con mi dedo. —¡Así te quería atrapar, cerdita!
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Mensaje por Hans M. Powell el Mar Abr 28, 2020 7:35 am

Por la mirada que le lanzo, está más que claro que no creo que la bebé pueda salir volando, pero me muerdo la lengua por mi propia salud mental y física. Creo que lo voy a necesitar cuando empieza a enumerar las mil catástrofes que pueden asomarse por nuestra vida en los próximos años hasta que… — ¿Qué tendría de malo si quiere ser abogada? — pregunto como quien no quiere la cosa, aunque hay cierto matiz en mi voz que me delata — Meerah quiere seguir la especialización de leyes y ha analizado casos conmigo, se le da bastante bien — si Mathilda es mi hija y se parece en algo a su hermana, probablemente herede algo de la rama de mi familia… No quiero pensar en que seremos uno por generación porque eso sería llamar a la desgracia, pero quizá Meerah ya ocupó ese puesto.

Al menos tiene la decencia de comprenderme antes de que empiece a hacer señas ridículas al no poder explicarme y la carrera hasta el baño del dormitorio hace retumbar la madera del suelo hasta transformar nuestros pasos contra la alfombra. Me mantengo en el marco de la puerta, no sea cosa de que la niña quiera escapar una vez más en lo que su madre y yo nos percatamos no solo de la media que la ha delatado, sino también de la risita burbujeante que se eleva entre las prendas sucias que, al parecer, se le han antojado como juguete nuevo. Tengo que estirar los labios como trompa en el instante en el cual aguanto la risa, arqueando mis cejas divertidamente en lo que mis ojos se van hacia Lara — Estoy seguro de que Hayden amará la casa de muñecas y el peluche de elefante. Ni hablemos del sonajero de unicornio… — que estoy seguro de que la niña no tiene idea de lo que estamos diciendo y solo se divierte quedándose quieta en busca de alguna reacción, cosa que sucede en cuanto Scott aparta una toalla y los pelanchos de la niña quedan al aire, haciendo que levante las manos en medio de una risa estridente producida, seguramente, por el simple factor de verse descubierta bajo un trozo de tela que se mueve. Si mi hija tuviese consciencia de la desesperación que ha provocado en estos minutos a esta edad, empezaría a preocuparme.

Me toma solo dos zancadas el llegar hasta ella y meto las manos debajo de sus axilas, tirando de ella para poder sacarla de allí en lo que patalea, con solo uno de sus pies cubiertos como señal de su delito — ¿De verdad se piensa que puede provocar semejante grado de preocupación en sus padres y salir sin consecuencias, señorita? — ni siquiera el falso tono de enfado parece molestarle, incluso cuando frunzo el ceño y los labios de manera tal que debería tomarme como una persona a punto de comérsela viva. Y lo hago, claro, que no puedo evitar levantarla un poco más para morderle una de las piernas y la panza, obligándola a más risitas en lo que se retuerce — ¿Ves, Scott? — sacudo la cabeza al dejar de torturar a la bebé así puedo quitarme el flequillo de los ojos y acomodo a Tilly en mis brazos, apoyando su culito en mi antebrazo en lo que ella aplasta una de sus mejillas contra mi hombro — Está bien, no tiene ni un rasguño y hasta aprendió que puede volvernos locos si se mete en un canasto. Es escapista, como su mamá — le pico, sonriendo a medias con burla en lo que estiro la mano que me ha quedado libre para tomar la suya, jalándola hacia mí — Y a las dos puedo atraparlas, así que soy el gran ganador de esta ronda — hay algo en las mujeres de esta familia que pueden jugar con mis nervios y, como una enorme ironía de la vida, estoy completamente rodeado de ellas. Debe ser el universo diciéndome que tengo que aferrarme a su locura para controlar mi rigidez, que estaba demasiado acostumbrado a un mundo de blancos o negros, necesitado de la presencia de un par de medias amarillas.
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Mensaje por Lara Scott el Vie Mayo 01, 2020 1:50 am

Toda mi cara se desencaja por la mueca que hago de saber que todos en esta casa podrían terminar dedicándose a las leyes. —¿Y con quién voy a hablar yo en las cenas, entonces?— pregunto, ya me vi gritando en medio del postre: «¡yo también se de leyes! ¡de leyes cuánticas!». Sería la madre más impopular por traer matemáticas a la mesa. Sé que habíamos dicho, cuando hablamos de cuestiones como el apellido, que las vocaciones que elijan serían decisión suya, pero no puedo fiarme de alguien que ya está ejerciendo su persuasión en Meerah, tendré que conseguirme de esos sonajeros que enseñan lenguajes de programación a los bebés, una vez que recuperé a la bebé por la que estamos teniendo esta nueva discusión. Conservo esperanzas de que sigue pareciéndose más a mí que a su padre, porque de todos los escondites posibles, se fue a meter entre ropa sucia y ¡es algo que nunca haría una mini Hans! —En especial el sonajero de unicornio, espera, iré ya mismo a enviárselo a Phoebe para que se lo entregue a Hayden— digo para que la pequeña polizón escuche, la cual tiene todo el descaro de simplemente reírse y después retorcerse en carcajadas cuando su padre la saca de la pila de ropa.

Me hago la ofendida con ella ladeando mi rostro y alzando mi nariz, así sufre mi indiferencia, la que no necesita porque tiene a Hans comiéndole esa pancita que recién estuvo en contacto con medios olorosas. —¡Yo digo que merece un castigo ejemplar, señor juez!— grito, con el dedo índice en alto al caminar hacia ellos. —¡Nada de merengue hasta que sea su cumpleaños! ¡Cuatro meses sin merengue!— pido, porque me va a tocar ser quien ponga reglas duras en esta familia si Hans va a caer tan fácil en besuquear la pancita de la criminal, que no tiene ni un rasguño visible, mucho menos está llorando y yo para este punto he tenido tanto altibajos de la presión arterial que voy a ser quien termine encerrándose en el baño con el cesto de ropa para abrazarlo mientras se me pasan los nervios. —Estás aprovechando la ocasión para lanzarme una pulla, ¿eh?— digo al cruzar mis brazos y mirarlo con la sonrisa que curva mi boca reflejándose en mis ojos, que al cabo se transforma una carcajada honda. —Y ahora para declararte ganador a ti mismo, tan típico…— me burlo al llegar hasta él para acariciar la cabecita de Tilly con mi mano. —El juego no funciona así, no puedes declararte ganador a ti mismo— es regla básica de todas las competencias.

La bebé se ve tan increíblemente ajena a toda la preocupación que nos causó en el último rato que no puedo enojarme con ella, si al final será cierto que es una mínima réplica de ambos. —Si lo piensas… tal vez escuchó que pensábamos fugarnos y creyó que era un juego, así que decidió esconderse primero ella. O sino es la bebé más maliciosa del universo, dándonos una probada de susto porque se siente ofendida de que no la invitemos a la ceremonia— digo con mis manos rodeando su pancita, sin retirarla de los brazos de Hans. —¿Es eso? ¿Quieres seguir siendo la niña de las flores? ¡Pero ni siquiera sabes caminar!— me quejo, este es el momento que elegí el perro más viejo para asomar su hocico por la puerta, solo su hocico, a diferencia de Ophelia si respeta espacios personales y tiene cuidado de meterse a los dormitorios. —Tarde, Hunter, tarde. Tus servicios ya no son necesarios— despido al perro, y con un suspiro me vuelvo hacia Hans y la niña. —Que difícil es esto de planear una boda, la verdad. Me siento agotada y todo lo que hice hasta ahora fue pensarla— le lanzo una mirada para que no diga nada sobre que pienso y repienso las cosas. Con un segundo suspiro en un tiempo tan breve, coloco mis manos sobre sus hombros, la niña quedando en medio de mis brazos. —¿Y si invitamos a nuestra familia a un almuerzo sin decirle nada y nos casamos en el jardín? Así, rápido, que no dé tiempo a nadie a reaccionar. Y luego…— me acerco un poco dejando a Tilly en nuestro abrazo y mi nariz a centímetros de la cara de su padre al sonreírme. —Nos fugamos.
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Mensaje por Hans M. Powell el Vie Mayo 01, 2020 4:40 am

Puedo olvidarme por un momento de todo el drama del escondite cuando las palabras de Scott me recuerdan que falta poco para que se cumpla un año desde el nacimiento de Mathilda, por la mirada que le lanzo queda bien en claro que eso me ha tomado desprevenido y es que no puedo comprender a dónde se ha ido el tiempo. Sí, sé que estoy sonando como un anciano cercano a su lecho de muerte, pero a veces me olvido de que no tendré a una bebé regordeta por siempre, por mucho que me guste la idea de congelar la imagen — Me parece un lapso razonable. Podrá comer todo el merengue que le hizo falta durante esos meses en el pastel, señorita Powell Scott — le pico la barriga de manera acusadora, aunque ella apenas y reacciona apartándome el dedo con sus manitos. Mi sonrisa es un reflejo de la que curva los labios de su madre, jocoso — Por supuesto — no rechazo ninguna de sus acusaciones, sería hipócrita de mi parte — Y tengo todo el derecho a declararme el ganador, está más que claro. Soy el señor de la casa — engroso la voz, la seriedad me dura un suspiro antes de quebrarme mi boca en una vaga risa.

Para ser honesto conmigo mismo pero no con ella, dudo mucho de que la niña tenga un mínimo de comprensión sobre lo que estábamos hablando y de seguro solo se escapó en el instinto de la picardía, esa que se vio reflejada en ella en cuanto vio la oportunidad de esconderse para ver cómo sus padres enloquecían por su culpa — Sabes que de seguro usaría la excusa para poder llevarse flores a la boca, es esa su mayor motivación para aparecer en escena — aunque estoy bromeando, me recuerdo a mí mismo que hace poco vi como la bebé trataba de comerse las flores de uno de los jarrones de la sala y, aunque logré sacarle la mayoría de la boca, decidí que no iba a decirle absolutamente nada a Lara porque no sabía cómo explicarle que Tilly se había comido la mitad de un jazmín por estar muy concentrado en tratar de comprender la trama de esos dibujitos para bebés que consume en la televisión. Son bastante perturbadores, debo admitirlo; hasta dudo mucho el querer que mi hija crezca consumiendo esa clase de basura psicodélica, pero por el momento solo la entretiene y no tengo que preocuparme por ello.

En vista de que el pobre de Hunter es expulsado de la conversación, no tengo la excusa de rascarle las orejas para escaparme de los planes de boda que no parecen tener un final, incluso cuando todavía son un montón de ideas lanzadas al aire sin saber muy bien por dónde empezar. Solo muevo uno de mis hombros como respuesta, que estoy negado a que me contagie su desesperación. Apenas y siento el apoyo de sus manos, estoy más ocupado en reaccionar a su sonrisa con una propia de puro acto reflejo — ¿Acaso me estás diciendo que firmemos un papel a escondidas frente a todos, les lancemos a la bebé y salgamos corriendo? — muevo mis cejas de manera sugestiva, aprovechando la cercanía para inclinarme hacia ella — Me gusta. No tienes idea de lo mucho que ando necesitando de un viaje a solas contigo a donde sea… — que ser padres y tener empleos como personas normales me hace notar por qué existen tantos divorcios ahora que se ha vuelto completamente legal. En lo que me inclino para tratar de probar su boca, Tilly hace énfasis en mi punto al meter su mano regordeta en el medio, apretando mi labio inferior con sus dedos rollizos que me veo obligado a pellizcar con los morros — Estoy empezando a considerar de verdad que tenemos una tercera en discordia dentro de esta pareja — reprocho al echar la cabeza hacia atrás. Solo como prueba, acerco poco a poco mi rostro al de Scott, manteniendo los ojos fijos en la bebé vigilante hasta que, en un gesto rápido y furtivo, robo un rápido beso de sus labios que ocasiona la sacudida de manos entre un montón de gorjeos. No contengo mi risa, vengándome de ella al besar su mejilla en lo que, por alguna razón, trata de apartarme — Como sea… — intento retomar el hilo de la conversación — Siempre podemos unir ambas ideas e invitarlos a almorzar para decirles que… No, que eso nos dejaría sin el pastel de Mo — ya estoy empezando a complicarme. Chasqueo la lengua con algo de fuerza — ¿Qué te parece si primero hacemos una lista de lugares disponibles para mayo o junio y, en cuanto tengamos la reserva confirmada, chequeamos lo que haremos con la familia? Estamos tratando de organizarnos en base a supuestos y es mejor ir paso a paso — como siempre, yo busco un orden lógico y ella encuentra el modo de revolver las cosas como un terremoto. Se me ocurre una opción, pero la manera en la cual la miro me deja bien en claro que estoy dudoso porque no creo que a ella le interese. Me aclaro la garganta en lo que salgo del baño como excusa para mantenerme ocupado al hablar, llevando a la gorda escapista conmigo — ¿Traes la media? — le pido — Siempre podemos contratar a un planificador de bodas para que se ocupe de todos los detalles estresantes. Ya sabes, solo diremos que sí o que no mientras nos preparamos mentalmente para dormir por dos semanas completas — sé que una luna de miel incluye cosas más importantes, pero no ser padre por catorce días suena como un sueño glorioso.
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Mensaje por Lara Scott el Vie Mayo 01, 2020 5:30 am

Deja las drogas, Hans— me río de él con sincero humor, no haré oídos sordos a ese comentario por ser complaciente, no colgaré esa frase sobre el umbral de ninguna entrada. —De lo único que eres señor en esta casa es de la sala de masajes, este territorio claramente ha sido conquistado por las amazonas— digo, tomando uno de los piecitos de Tilly para agitarlo en el aire, con toda la imponencia que le dan sus medias de estridente amarillo. Estos meses tres mujeres de edades distintas hemos arrasado con cada espacio de esta mansión, ni a su reserva en el bar le he tenido piedad, las niñas le han sacado provecho a la piscina en verano y la televisión solo transmite dramas adolescentes o de caricaturas de animales que bailan con más ritmo del que yo mostraré en la vida. Esta, en honor a la verdad, no es la casa a la que fui invitada una vez hace mucho tiempo para tomar un trago de algo. La bebé que acuso de tantos planes malvados así como su hermana mayor, han sabido estar en cada cosa que nos rodea, que sigo debatiéndose entre sí deben estar con nosotros o tenemos permitido el hacer un juramento que solo nos incluya a nosotros, porque a veces no logro discernir donde terminamos nosotros y comienzan ellas, lo que está bien porque somos una familia, otras veces no tanto porque seguimos siendo una pareja y la bebé no deja que su padre me bese. —No, definitivamente, no la voy a invitar a la boda— pico su pancita con mi dedo, y a propósito para su frustración, la aplasto entre nosotros al acercarme aún más, tratando de alcanzar el rostro de Hans cuando se acerca y riéndome de la bebe cuando se enoja. —Seguro que grita «yo me opongo»  si la invitamos— ni mamá, ni papá, ya la vi gritando «nooooooooo» como buena hija mía.

A menos que se coma las flores, ¿lo dirá porque es una gordita golosa con todo? Nunca le hablé de la vez que se tragó una cereza, ¡pensé que solo la chuparía! ¡no tiene dientes! No me esperaba que la tragara sin más. No es hoy el día en que hable de esto, así que me limito a seguirlo. —Me parece bien, miremos lugares primero. Pero, ¡espera! El cumpleaños de la bebé es en junio, ¡hay que organizarlo! Estaremos con eso semanas antes, así que tendrá que ser a principio de mayo o sino dejarlo para mediados de junio… y si es para mediados de junio, aaaaaaaaaaaaaaah, voy a morir…— me lamento con un gemido al dejar caer mis brazos con desgano y arrastrar mis pies en el suelo, comprendo su punto de que quiere disfrutar del camino, pero se está volviendo un camino jodidamente largo. Nadie puede culparme de que quiera pasar directamente a la parte de la luz al final de este camino que se traduce en dos semanas en algún lugar aún sin nombre en el que podamos estar sin vestirnos y no haya adolescentes ni bebés cerca por los cuales tengamos que preocuparnos de no dejarle un trauma a futuro. Me hago cargo de la media de la niña tal como me lo pide Hans para tener algo de que ocuparme y la froto contra mi mejilla para darme tranquilidad, como si fuera un talismán. ¡Sálvame, media amarilla! ¡Ilumíname con tu sabiduría!

Por pomposo que siga siendo en boca de Hans el sugerir un planificador de la boda, porque ¡¿en serio?! Eso es tan… tan… snob. Por pomposo que sea, tengo que reconocer que es un consejo sabio del universo puesto en sus labios. —Primero, detesto decirlo que tal vez alguien que nos ofrezca soluciones y respuestas sea lo mejor… y segundo, ¿¿¿dormir???— esto sí que logra alterarme. —No sé si podremos hablar con alguien de planificar nuestra boda si entre nosotros no queda claro como acaba todo. ¿Dormir? ¿En serio? ¿Voy a casarme contigo y luego te dormirás por dos semanas?— primero Tilly, ahora su padre, solo falta que venga Meerah a decirme que Oliver es gay y no tiene chances con él como para que mis nervios terminen de colapsar. Calma, Lara. Busco la cama al salir del baño para tirarme con los brazos en cruz sobre las sábanas y soltar otro suspiro. —Volviendo a lo del planificador, ¿solo tenemos que decir que nos gustaría y si o no, verdad?— suena fácil, algo me impide ver que ese el gran problema.  Me duele pensar que Rose podría haber sido buena para ese puesto, tal vez también podría mi madre o la misma Meerah, por presentimiento creo que estaría bien que sea alguien ajeno a la familia que pueda mantenerse profesional, sin tirarnos un plato por la cabeza. —Lo siento, lamento ser una insoportable con esto de la boda, querer que sea algo sencillo y complicarlo para que sea sencillo…— muevo mis brazos sobre las sabanas para dibujar arcos como alas. —No vayamos a ningún lugar donde haya un volcán, ¿de acuerdo? Temo que explote ese día.
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Mensaje por Hans M. Powell el Sáb Mayo 02, 2020 4:11 am

¿De verdad quieres gastar tus energías en una celebración que no va a recordar? — sé que soy el primero en hacer gastos innecesarios, el resumen de mi tarjeta siempre acaba por delatarme, pero hasta yo me creo consciente de que esto ya está cruzando una línea — Yo pensaba en una reunión familiar con pastel, quizá pedirle a Ernst que traiga a Rory para una tarde de juegos y nada más. ¿No la consentimos ya demasiado? — ¡Sí, ya sé que es irónico que salga de mí, pero vamos! Ya tendré demasiado con el correr de los años, cuando Tilly me llene la sala de niños o me haga alquilar algún salón para llevar a cabo las celebraciones, ahí donde no podré poner mala cara frente a un montón de monstruos miniatura que me volverán loco al querer golpear una piñata. Tengo derecho a aprovechar estos cumpleaños en los cuales todavía puedo mantener la calma, antes de empezar a envejecer a pasos agigantados por perder la paciencia al verme rodeado de niños.

Como Tilly ya no tiene cuna en nuestro dormitorio, la acomodo sobre mi regazo en lo que Scott se desploma sobre la cama, así que opto por sentarme en uno de los rincones de la misma — Ya sabes, necesitaremos descansar. Tengo bien en claro lo que voy a hacer en esas dos semanas — en vista de que la bebé sigue inquieta, hago rebotar mis piernas para imitar el movimiento de un caballo, consiguiendo que al menos se mantenga entretenida — No pienso dejar la cama. Será un dormir, dormir, follar, dormir, comer, volver a follar y así sucesivamente — quizá, solo quizá, exista la opción de que me agarre la inspiración y salga a disfrutar del paisaje, por lo demás solo quiero disfrutar de ella y de una calma que aquí dentro ya no existe — Exactamente para eso existe un planificador. Tú dices qué es lo que quieres, él o ella lo organiza, te enseña lo que ha pensado y tú solo vas opinando hasta tener tu boda perfecta. Me parece la mejor salida para evitar que te dé un paro cardiaco antes de siquiera decidir la fecha — lo cual es un poco irónico, porque sospecho que podría agarrarle en cinco minutos. Tengo que reírme, porque con sus palabras solo ejemplifica mis pensamientos — Ningún volcán va a explotar ese día — prometo — Solo déjamelo a mí. Conseguiré un wedding planner durante la semana y todo será más sencillo de lo que crees. Antes de que te quieras dar cuenta… ¡Puf! Estaremos casados — Vertiginoso de solo pensarlo.

Parece mentira que esta sea la misma cama en la cual nos acostamos hace lo que parece una eternidad, mofándonos de los papeles de matrimonio que ahora mismo son más un hecho que ficción. Me dejo caer hacia atrás para poder recostarme sobre su brazo, sintiendo como Tilly parece darse por vencida ante tanto movimiento y se queda recostada sobre mi pecho, abriendo y cerrando su puñito en lo que arruga la tela de mi camiseta. Aprovecho a respirar la calma, antes de girar la cabeza en su dirección — Si te sirve de consuelo, no tengo planes de fugarme el día de la boda y estoy bastante seguro de que estoy en el lugar en el cual deseo estar. Estaremos bien, Scott. Sobrevivimos a un pequeño terremoto todos los días — le doy una palmadita a la espalda de la bebé. Ya… ya empezó a babearme la ropa al dormirse con la boca abierta — ¿Me prometes no quedarte calva ni enloquecer hasta entonces? Aunque puedo ayudarte con el estrés — mis cejas se mueven de manera sugestiva a pesar de la sonrisa divertida en mis labios — Cuando Mathilda me libere, ya sabes — lo que puede suceder ahora o en tres días. No es sencillo dividirse para mantener felicidad en partes iguales para cada una de las mujeres en esta casa, pero por ellas puedo intentarlo. Es un voto que he hecho conmigo mismo.
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