The Mighty Fall
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A hope that's waiting for you in the dark · Arianne

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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Lun Mar 16, 2020 2:18 am

Recuerdo del primer mensaje :

Presentarme temblando a pedir un trabajo es la peor primera impresión, es un consejo que tengo presente. Para calmar el nerviosismo recurro a hacer girar el anillo que rodea mi pulgar como lo he hecho otras veces, es menos notorio que echar mi cabello detrás de la curva de mi oreja. Mientras no lo haga girar a prisa, puede pasar como un gesto casual de tener las manos ocupadas en algo, cuando lo cierto es que hay algo relajante en que la sortija vaya girando. Me repito a mí misma que una posible negativa no va a afectarme en nada y en esta oportunidad es la verdad. No es una cuestión ni de mérito, ni de calificaciones, tampoco están involucradas las expectativas de mis padres en esto.  Lo hago por mí, por nosotros, nosotros en el sentido de comunidad. Eso, tengo que reconocerlo, quita mucho de la ansiedad que experimenté cuando fui a hablar con la ministra LeBlanc tiempo atrás.

Espero en la sala a solas por unos minutos, esta es la casa que me han dicho que es donde vive Ben con Arianne y creo que también con Beverly, no la he visto aún desde que todos nos “mudamos”. No se me ocurrió otro lugar donde buscarla que no sea este. Recupero la sonrisa en los labios cuando la veo volver y todo en ella hace que interrumpa mis pensamientos sobre los motivos que me trajeron aquí, para cubrir esa cuota de admiración que van a inspirarme siempre las veelas, por nostalgia a ese rasgo en mi sangre que se disolvió al llegar a mí. —Creo que nunca nos hemos presentado formalmente— digo, me parece lo más educado dar un paso al frente y tenderle mi mano. —Soy Synnove Lackberg—, en ocasiones considero si debo dejar mi apellido de largo por una cuestión de identidad, me gustaría que se me reconociera por mí misma y no por mi familia, pero lo cierto es que ellos son parte de mi identidad, así que lo mantengo en las presentaciones. —Vivía en el Capitolio y estudiaba leyes en el Royal. Como eres la nueva líder de Justicia en el Consejo, me gustaría ofrecerme para colaborar en ese ámbito— explico, por mi parte creo que todo lo que pueda agregar sería redundante y supongo que aquí es donde inicia su interrogatorio para saber si puedo serle de utilidad o simplemente para me diga que no necesita ayuda.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Dom Abr 12, 2020 6:05 am

Dudo de si estará bien decirle que, por el hecho mismo de que sus emociones puedan manifestarse tan a flor de piel, sea lo que me haga más fácil de tratar de trabajar sobre ellas. Porque es un riesgo, no estamos hablando de un temperamento más fuerte de lo normal, sino de que sus reacciones como veela puedan llegar a ser más intensas de lo que pueda llegar a controlar en un principio. Es la necesidad de poder tratar con las emociones siendo lo más materiales posibles lo que me lleva a ofrecerle mi “ayuda”, así dicha entre comillas, porque ¿podría ayudarla en serio? Tomo cautela cuando me habla de la manipulación, no lo hace desde la fácil crítica, sino para advertirme de la fina línea que separaba el bien o el daño que puedes hacerle a una persona. Y quiero poder estar segura que me conozco lo suficiente como para saber cuándo detenerme, confío en mi propia nobleza para trabajar en esto, si bien pensarlo así es arrogante hasta para mí misma. —Eso es lo que quiero— lo digo, incapaz de dejar pasar su comentario. —Poder dar un alivio real.

Entonces me callo, hay una verdad innegable en que cada uno es responsable de lo que puede angustiarle o enfadarle, lo que le llena de odio, de tantas otras emociones más arraigadas que cuesta sacar de tajo y de tan hondas que llegan a ser sus raíces, es como si sufrieran de una infección interna. Bajo mis ojos a las palmas abiertas que tengo sobre mis rodillas, regresa a mí esa conocida sensación de que no hay nada que pueda hacer, es uno de mis propios demonios que también debo lograr que esté bajo control. Esta punzada por la que me reconozco inútil y me ha traído aquí en primer lugar para ofrecerme como su asistente, también hablarle de mi deseo de ayudar de otra manera. —Lo entiendo, lo sé, Arianne— digo, —sé que hay cosas que tenemos que arreglar por nuestra cuenta, tan personales, tan íntimas… pero no podremos hacerlo enteramente solos. Necesitamos de otras personas. Necesitamos de alguien que pueda respondernos… al eco del grito silencioso que hacemos desde el pozo en el que a veces nos encontramos, en ocasiones en verdad no podemos escalar solos ese pozo para salir, necesitamos de la mano de alguien que nos busque y tire de nosotros…— no sé por qué razón tonta estoy lagrimeando al decirlo, no lo entiendo hasta su pregunta final, antes de eso acepto el consejo de precaución que me da, el necesario recordatorio que esto podría ser demasiado para mí e incluso mis propias emociones, esas que estoy tan segura de tengo en buen ánimo, como para creer que puedo colaborar con otros. —No, está bien, entiendo si no quieres arriesgarte, valoro mucho lo que me has dicho de todas formas. Sé que tienes razón en mucho de lo que dijiste y quizás alguien más no me lo diga…— no lo sé, no lo he hablado, quizás debería…

Mi madre— respondo con franqueza, es como hemos hablado a lo largo de toda esta conversación, en un repaso rápido de las personas que me motivaron a esto puedo mencionar a mi madre. Si me hubiera planteado su pregunta de otra forma, apuntando a la razón, al propósito, le hubiera dicho lo mismo que a Alice, que lo que quiero es poder hacer sentir bien a las personas. Pero si tengo que hablar de una persona, el recuerdo de mi madre tirada en su cama en un llanto incansable que silenciaba, es la razón que me impulsa a querer encontrar la manera de poder tomar la mano de alguien y sacarla de un pozo que es demasiado profundo para que pueda salir por sí sola, no podría contar la cantidad de días que me acerqué a la puerta de mi madre o dormida tomaba su mano, sin que eso sirviera de algo. La veía levantarse luego, para ir al laboratorio, hablaba conmigo mientras desayunaba mientras me preparaba para ir al Royal, entonces a la noche la escuchaba abrir el botiquín del baño y descargar las pastillas en su mano que arrojaba a su garganta. —Mi madre era una mujer con muchos demonios internos, de su pasado, de su presente, sus propias manías y obsesiones… cuando tocaba fondo no había manera de llegar a ella, cuanto más necesitaba de alguien que la sujetara, más se apartaba, como si no se soportara a si misma… pero creía que todo podía superarlo sola, de hecho lo hizo, tantas veces. Se rearmó a sí misma un montón de veces, pero hubo veces que si prestabas atención, caminaba siendo un montón de pedazos. Todo mejoró cuando se reconcilió con mi padre, necesitaba eso supongo, que alguien la amara— le muestro mi sonrisa. —No es lo mismo que te ame un hijo, nunca es lo mismo, más allá del consejo complaciente de que un hijo te amará más que nadie. No es cierto. Hay personas que necesitan saber que pueden ser amadas, que alguien se lo demuestre.
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Mensaje por Arianne L. Brawn el Miér Abr 15, 2020 9:24 pm

La veela se mantuvo en silencio durante un tiempo, observándola con cautela pero esbozando una diminuta sonrisa. Le gustaban las personas directas, las que decían lo que pensaban y no les molestaba lo que les dijeran los demás sino que lo tomaban como un consejo, una ayuda y no una crítica. Pedir consejo a los demás podía parecer fácil pero era más difícil de lo que creían; muchas personas pecaban en dar las cosas por sentadas, solo decidían por sí mismo, temerosos de que un consejo les pudiera hacer cambiar de opinión o reorganizar sus pensamientos de otro modo, ver una perspectiva que no habían calculado. Fue así durante mucho tiempo. No porque no valorara las opiniones y consejos de los demás, sino porque sentía que no los necesitaba y que su dirección era la correcta en cierta medida. — Eres muy amable, Synnove — la interrumpió, no queriendo ser brusca con sus palabras. Nunca pudo disfrutar de una juventud como la de ella. ¿Qué edad tenía? Probablemente estaría sobre los veinte años. En aquel entonces ella ya había acabado con la vida de otras seis personas y descubierto que su vida había sido una mentira desde el inicio. Puede que, por ello, envidiara aquella manera tan dulce, en algún modo, de verlo todo. Querer ayudar a los demás, tratar de ser la mano a la que aferrarse cuando las cosas fueran mal. Bajó la mirada y cuando la alzó se encontró con los vidriosos ojos contrarios. Los azules ojos de la veela se abrieron un poco más, inclinándose al frente, en su dirección, y aprovechando la sutil distancia que las separaba para tomar una de sus manos. — También me preocupa cómo pueda afectarte — habló —, no sé dónde irían todas esas emociones. Si actuarías como un recipiente o si solo las calmarías — siguió apretando un poquito más su mano. —. Pero tengo la sensación de que también te afectarían a ti —. No era un gurú, no era buena tratando con los demás o hablando de sentimientos, pero era buena captando a las personas. Y no, no cambiaría de opinión y dejaría que probara aquella habilidad con ella, no era del tipo de persona que cambiaba de opinión a la ligera, y mucho menos en algo tan claro.

Deslizó la mano, alejándola de la contraria, irguiéndose en el lugar en lo que escuchaba sus palabras. Asintió lentamente con la cabeza. Muchos creían que las cosas o el poder eran lo que movía a las personas, pero, al final, lo que más conseguía moverlas eran otras personas. Como a Synnove. Una noble razón. Cruzó los brazos bajo el pecho, concediéndole toda su atención. Si alguien le hubiera dicho que tendría una conversación como aquella cuando bajara a tomar algo de comer, lo habría llamado loco con todas las letras. Pero allí estaba, sentada frente a una joven que conocía, si acaso, de vista y a la que estaba escuchando y tratado de convencer. Casi se sentía como volver a ser ella misma. Giró la cabeza hacia un lado, contrariada. ¿Qué iba a decirle? ¿Qué detestaba al tipo de personas que hacían que su vida dependiera por completo de otra persona? ¿De ser amados por los demás? — A todos nos gusta saber que somos amados. Incluso cuando sabemos que ese amor no es bueno, que es una mentira y llegará el momento en el que nos hará daño… nos seguimos aferrando a él como si fuera lo único que nos mantiene atados a la vida — chasqueó la lengua —, pero creo que el amor de un hijo es un mundo totalmente diferente. No soy madre, no puedo hablarte de cómo se siente tener a alguien que es parte de ti, pero si soy hija; y a veces los padres dan por hecho nuestro amor, lo tienen tan interiorizado que acaban buscando refugio en otros   — puede, no lo sabía, no era madre, tampoco había sido la hija perfecta. —. Son tipos diferentes —. Era obvio que el amor de un hijo y de la pareja aportaba cosas totalmente diferentes. — Entonces entiendo que querías aprender por ella, para poder estar ahí, ser la que la ayudara cuando todos esos demonios quisieran devorarla por dentro pero, ¿te has dado cuenta dónde estamos, Synnove? — preguntó, no pudiendo evitar que sus ojos giraran en un rápido vistazo a la habitación. Porque estaban encerrados, sus cabezas seguían teniendo un precio aunque hubieran ganado aquel pequeño espacio de tierra. Ayudar a aquellos que estaban fuera se tornaba, aunque no imposible, complicado.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Jue Abr 16, 2020 7:08 am

Eso suelen decir, que soy amable, oírlo de sus labios me estremece, consciente como estoy de que sus ojos han visto bastante del mundo con sus injusticias, que quizá ser amable es una cualidad anticuada a estos tiempos, en ocasiones quisiera que se vea algo diferente en mí, que se diga quizás que parezco indiferente o superficial si me reconocen como alguien más combativa, más fuerte, que no teme a nadie. Muy en el fondo me confieso a mí misma que la razón por estar haciendo todo esto, colaborar con Arianne, prestar mi ayuda a Alice, participar de las peleas y acompañar a los demás, es porque no quiero que a los ojos de otras personas se me considere débil por venir de un sitio que tenía paredes de cristal, deseo que se me pueda reconocer fuerte también  como muchas de las mujeres en este distrito, aunque los ojos que me juzgan con más dureza, los únicos a veces, son los míos en el espejo. No me atrevo a insistir, las emociones son al fin y al cabo, algo tan personal que no puedo pedirle que me las comparta si no quiere, logro comprender lo que me dice.

¿Y qué si me afecta? ¿Y que si la mano que tiendo es la que algún día también me hunde al pozo de otra persona? ¿Qué si hago carne del temperamento de una veela que es tan distinta al parecer a mi propia naturaleza? Esa es mi duda final, la que precede a todas las dudas que le planteé a decir verdad, ¿soy realmente distinta? ¿Qué si no lo soy? Su mano tomando la mía hace que me lo pregunte, porque no nos veo muy diferentes en apariencia, ella me está regalando una amabilidad que no esperaba recibir cuando entré a su casa queriendo impresionarla con mi seguridad y predisposición. —Trabajaré en mi carácter, buscaré la manera de fortalecerme lo suficiente como para poder tratar con las emociones de otros— y creo saber a quién podría pedirle ayuda, si bien el tío Will no está primero en mi lista de contactos, sé que trabaja como psicólogo en el distrito, quizás él… sabe sobre esto de no dejar que los males de otros te afecten y poder saber cómo ayudarlos.

Ayudarlos, amarlos, sigo creyendo que las heridas se sanan con sentimientos buenos, si bien el amor de mis padres es del tipo que me ha dado miedo toda la vida. Amores así, en que necesitas tanto de la otra persona para sentirte pleno, implica que cuando esa persona no esté, te sientas incompleto y desgarrado, ¿por qué atar nuestra propia felicidad a la de alguien más? Por eso los amores que nunca se cumplían eran los más seguros, los que se mantenían a una distancia, mi madre me brindó los consejos que lo apoyaban al asustarme con su ejemplo, y sin embargo, he logrado amar a una persona y que el mismo sentimiento de su parte me haga pensarnos como piezas complementarias de a ratos, trato de cambiarlo por la idea de que crecemos juntos, de que aportamos al crecimiento del otro y si algún día tenemos que separarnos… solo no quiero pensar en ese día, ahora. —No espero ayudar a mi madre— lo digo en un susurro tan bajo que apenas me escucho, —es lo que me inspira, pero tras años de verla en ese estado pude entender que no era yo quien podría hacer algo al respecto. Suelo creer que rara vez esa razón que nos motiva sea el fin último de lo que hacemos, a veces algunas cosas pasan solo para mostrarte algo, no dependen de ti… y también suelo creer que todas las personas vivimos con el pendiente de querer salvar a alguien, en muchos casos, sobre todo esas personas que se desviven ayudando a otros… en realidad tratan de salvarse a sí mismas. El altruismo tiene mucho de eso, de un egoísmo hondo en el fondo. Todo el tiempo corremos tras alguien, tendemos nuestras manos, o no lo hacemos, damos la espalda… pero hay alguien a quien no pudimos salvar, tras esa persona corremos siempre y a veces somos nosotros mismos, lo que no está mal. Digo, ¿qué sentido tiene vivir toda una vida, altruistas o egoístas, y no habernos salvados a nosotros mismos?— estoy hablando más de la cuenta, lo noto, prenso mis labios para callarnos. —No quiero salvar al mundo y hay mucho por hacer en este distrito, con poder ser un apoyo para las personas que están a mi alcance me basta, hay personas que estamos hechas para eso, para estar en las pequeñas cosas… y dar un alivio real, por breve que sea.
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Mensaje por Arianne L. Brawn el Dom Abr 19, 2020 9:22 pm

No podía decir que era la voz de la experiencia puesto, ¿qué había aprendido de todos sus tropiezos? Solo había estado cayendo una y otra vez, tropezando en ocasiones incluso con las mismas piedras, cometiendo los mismos errores de nuevo. Ni siquiera podía decir que hubiera aprendido, que tenía bajo la manga algún consejo que darle para tratar de calmar su agitada mente; de ayudarla de algún modo. Nunca se le dieron bien las personas, y cuando se enfrentaba a alguna conversación, bien fuera amistosa o no, se encontraba a sí misma perdida en sus cavilaciones, no sabiendo como materializar mediante palabras todo lo que podía llegar a decir. Solo le restaba actuar en vez de hablar. Y quizás aquello fue lo que la llevó a tomar la mano de la rubia, presionarla ligeramente en busca de transmitirle algo de seguridad; una que no tenía claro que existiera dentro de su cuerpo más allá de lo que pudiera decirle. Porque ella era así. Puede que su naturaleza hubiera cambiado, que ya no pudieran verla como la misma persona nunca más, pero ella seguía allí; como un sentimiento latiente, una presencia que trataba de imponerse sobre lo demás. No todas eran totalmente temperamentales o agresivas, todo dependía de… la actitud de la persona y, claro, el manejo de las emociones en el momento concreto. — Siempre he pensado que las personas más fuertes son aquellas que reconocen que tienen algo que mejorar. No todos tienen el valor de decirlo en voz alta, como si un debilidad o un defecto fuera algo espantoso que nadie más tiene que saber — arrugó los labios. — Siempre hay algo en lo que trabajar, pero admiro esa parte tuya. Yo no hubiera lidiado con las emociones de los demás aunque hubiera podido hacerlo. No habría podido — reconoció con tranquilidad. Sabía que tenía mil y unos defectos. Podían tacharla de egoísta, cobarde, conformista. Sonrió, débil, alejando sus manos de ella y entrelazándolas sobre sus piernas.

Frunció el ceño, moviendo los brazos hasta que acabó por cruzarlos bajo su pecho, con la espalda apoyada en el respaldo del sillón y escuchando con sumo cuidado todo lo que tenía que decir. No era buena en las conversaciones profundas, en proyectar sus sentimientos o armarlos de algún modo para llegar a comprenderlos. Al contrario que ella. La edad solo era un número, y su generación estaba cargada de latentes injusticias que hacían que los jóvenes crecieran demasiado deprisa. Suspiro, haciéndose algo más pequeña allí sentada. — Egoísmo y altruismo están separados por una línea muy difusa. En realidad ni nosotros mismos llegaremos a comprender nunca en qué lado estamos parados — ¿Eran egoístas por salvar a otros en busca de llenar con ello el vacío que sentían? ¿O eran altruistas por el mero hecho de salvarlos? Negó con la cabeza. — Para poder ayudar a los demás primero necesitamos estar bien nosotros mismos. Alguien roto nunca será una buena mano a la que aferrarse — comentó levantándose del sillón e inclinándose al frente para colocar el vaso vacío a un lado de la bandeja de galletas. — Se me da bien lo de ser egoísta — volvió a hablar, reincorporándose en el lugar. — Y creo que lo mejor es primero sentirte bien contigo misma, fortalecerte y, entonces, ayudar a los demás. Hay situaciones de urgencia, aquellas en las que decides anteponer a otra persona antes que a ti mismo, pero eso acaba convirtiéndose en un problema. Dos personas rotas es peor que una —. Sí, así era ella, llevaba aquel egoísmo, o superviviencia como ella prefería llamarla, pegada a la piel después de tantos años mirando hacia otro lado. — Sé que no es un consejo… ¿ético? Y que te puede ayudar y dañar a partes iguales, pero en situaciones como ésta, el mundo en el que nos movemos, al final tenemos que acabar haciendo una lista de prioridades —.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Miér Abr 22, 2020 1:09 am

Siempre he creído…— lo digo con mucho cuidado, —que todo lo que podemos ver en otros es un reflejo de lo que llevamos por dentro— puesto que es quien emprende la retirada con ese “yo no podría”, trato de volver sobre ello con la precaución de que mi acercamiento no la aleje aún más, también creo que no seremos capaces de ver algo, por mucho que nos digan que ahí está, si no abrimos nuestros ojos por propia cuenta, aunque ayuda un poco, a veces bastante, que alguien lo señale en primer lugar. —Aunque digas que no podrías con las emociones de alguien más, desde que te dije lo que pensaba hacer, incluso aunque al final no lo haga, no has hecho más que darme tu consejo y tu aliento, tienes una manera de tratar de prevenir a la otra persona al mismo tiempo que la alientas a confiar en sí misma. Así que diría… que sí sabes tratar con las emociones de otros, al menos a mí…— con sus manos escondidas entre sus rodilla, alzo la mía, libre, para colocarla en mi pecho. —Me has ayudado mucho— porque a veces algo no se ve, hasta que se dice. — Prometo ser responsable con esto— digo, creo que es lo que le debo después de sus consejos honestos.

Asiento con mi barbilla dándole la razón en cuanto a lo fácil que es que altruismo sea en realidad egoísmo enmascarado, decido decirle por qué pienso de esta cuando la escucho continuar, colocándose a sí misma en el lugar de egoísta y dándome un último consejo que lo entiendo, lo comprendo tanto. —También espero tener en claro mis prioridades, sobre todo cuando pase el tiempo…— decirlo se siente distinto a cuando con mi madre hablábamos de mis metas en la vida, que eran puntos que ella marcando en voz alta para que tracemos un plan al que yo debía ajustarme, y por mucho tiempo, creí que eso era también lo que yo creía, esa vida perfectamente ordenada en la que me despertaba para cumplir una rutina, me veía al espejo sintiéndome bien y segura de mi misma, me movía por el Capitolio siendo lo que esperaba que fuera porque no conocía algo distinto, y lo que trataba de entender, lo hacía a través del arte. Quizás porque sabía, aun sin conocer, que había algo distinto y que podía ser alguien distinta. —Espero poder ayudar a los demás, creo que es un impulso que tenemos muchos, en especial en este momento. Pero no hablo de altruismo, sé que el altruismo puede ser muy dañino en su intención de ayudar a otros— comienzo lo que será el culmine de la charla más íntima e inesperada que pensé que podría tener con alguien que vine a pedirle trabajo como secretaria. —Mi padre era la persona que más amaba en el mundo, todo lo que sé de altruismo lo aprendí de él y no me quedó una buena enseñanza. Es un hombre extraordinario, no sé si llegaste a conocerlo, era... increíble, maravilloso, con una gran energía, una determinación tan fuerte de ayudar a otros y si te abrazaba, te hacía sentir que podías recostarte en su hombro con toda la seguridad de que nada podría dañarte. Y todo lo que hacía, lo hacía un hombre extraordinario, todo lo malo que hacía también lo hacía por una buena razón, sacrificaba cosas todo el tiempo, a sí mismo… y a su familia, por cosas buenas que nos superaban a todos. Llevó a Ken a casa porque sabía que dejarlo solo hubiera significado que lo mataran, pero… ¿sabes? — hago un mohín antes de continuar: —Me enojé mucho con él por eso. Porque si hubieran encontrado a Ken en casa, con la mentira de que era nuestra mascota, nos hubieran matado a nosotros. No pasó, pero me hizo preguntarme… muchas cosas hicieron que me pregunte… papá trataba a toda costa de cambiar y salvar el mundo, era increíblemente bueno, lo sigo amando, pero a veces me pregunto… ¿me amaba? Porque siento que amaba las cosas grandes, las grandes causas, se daba a ellas. ¿Y qué me quedaba a mí? Me amaba, sí, como parte de ese todo. Pero, ¿me amaba? ¿egoístamente? ¿por mí misma?— sonrío porque sé bien que suena a un reclamo de niña de cinco años que tuvo la suficiente atención de sus padres.

»Claro que tendría que detenerme a pensar, en realidad lo hice en su momento, por qué me enamoré de una persona que si viene a decirme que tiene que entregarse por todo este distrito, supongamos, no le diría otra cosa de que lo hiciera si así cree que debe hacerlo, porque es como él es. Supongo que hay personas así, y que son extraordinarias, increíblemente buenas, pero…— dudo, — decir que podemos entenderlo no quiere decir que no lastime. El altruismo salva a un montón de personas, pero si hay alguien detrás de la espalda de esa persona, al fondo, en casa, de la que nadie habla, que pareciera que ni existe, que se queda sola y herida— no solo pienso en mí siendo niña, sino en mi madre, la persona más increíblemente egoísta en el mundo. Pero me amaba, amaba a papá, no al mundo. —Se trata de encontrar un punto de equilibrio, supongo. Entre no ser un egoísta que te da la mismo la suerte de otros, ni tampoco un superhéroe con capa que por estar salvando el mundo, lastima a quienes lo aman. Me gusta pensarlo como encontrar algo que pueda ser útil, que nos haga buenos a todos. No salvar a nadie, dar a los demás lo que pueden llegar a usar para salvarse a sí mismo… así que supongo que siendo fiel a lo que acabo de decir, me replantearé esto de por qué aprender a ayudar a la gente con sus emociones—  froto las palmas húmedas de mis manos contra mis vaqueros. —Ese fue un monólogo muy largo, así que perdón. Puedo... ¿sugerir que en vez de tratar de aprender esta habilidad con las emociones, pueda intentar contigo encontrar ese punto de equilibrio? Porque no me creo que seas enteramente egoísta o que si estas haciendo eso, es porque te lo estás replanteando también. Tal vez nos lleve años y mucha práctica, muchos consejos de por medio y seguramente nos equivoquemos, también olvidemos qué tratábamos de hacer, pero... ahora siento que es lo mejor que podría hacer por otra persona y que también me haga bien a mí.
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Mensaje por Arianne L. Brawn el Lun Abr 27, 2020 8:22 pm

Apenas podía con las propias, no iba a cargarse con las de otras personas. Sabiendo que era egoísta con ello, aunque no siempre lo fue, era el modo que había aprendido para protegerse a sí misma y era complicado de romper tras tantos años escondida tras la misma barrera. Mas sus palabras llamaron la atención de la veela que arqueó la mirada en su dirección. Ni siquiera supo cuánto tiempo sostuvo la respiración hasta que lo dejó ir, pesado. Era demasiado inteligente, y, en cierto modo, le daba pena que lo fuera. En ocasiones lo mejor era cerrar los ojos y mirar hacia otro lado, no tratar de comprender todo para no salir herido; ero ella parecía tener aquel tipo de curiosidad que... siempre acababa por consumir a la persona en cuestión. — No soy especialmente buena dando consejos — habló entonces, golpeándose con la lengua la parte trasera de los incisivos. —, pero me alegra saber que mis palabras te harán pensar en ello con más perspectiva — agregó. Era inteligente y sabía que pensaría las cosas una vez más; aunque también tenía claro que era una decisión que ya había sido tomada.

Se hablaba de las listas de prioridades como algo sencillo, algo que todo el mundo establecía con rapidez. Pero distaba de ser así de sencillo. La vida continuaba, nuevas personas hacían acto de presencia y otras tantas se iban, el mundo cambiaba constantemente a su alrededor y, al final, en realidad había que tener clara lo primero de esa lista y, de ahí, ir creando, modificando y borrando de tanto en tanto, los números posteriores. Y, aunque a veces pudiera parecer lo contrario –teniendo en cuenta su actuar-, ella estaba situada en el puesto número uno. Inclinó la cabeza hacia un lado, a la espera de que continuara hablando, porque tenía aquel especie de cosquilleo que le hacía presentir que había algo más. Que no hablaba del altruismo de manual sino del verdadero, aquel que, como bien había dicho, no era tan bueno como todos querían hacerlo pasar. La observó en silencio, dejando que dijera todo lo que tenía dentro. No sabía en qué momento se había convertido en alguien en el que los demás pudieran confiar de aquella manera, exteriorizando frente a ella cavilaciones familiares; mucho menos cuando la rubia se había mostrado dubitativa y nerviosa, apenas hacía unos instantes, por su sola presencia. Pero aún así la escuchó en silencio. — Las personas como tu padre no… — se rascó la ceja con gesto pensativo, no sabiendo muy bien como continuar o qué camino tomar. — no veo altruismo en lo que estás diciendo, y espero que tu concepto de ello no derive de sus acciones — se arriesgó entonces. La verdad es que no le importaba demasiado si acababa desagradándole, o no, con lo que le dijera, pero tampoco deseaba ser brusca en exceso. — Lo veo como egoísmo. Quería sentirse mejor al pensar que podía cambiar el mundo y que las consecuencias de todas sus ‘buenas obras’ no lo alcanzarían porque, para entonces, todo habría cambiado y, en su lugar, sería recompensado… pero las consecuencias pudieron haber llegado mucho antes de que el cambio se materializara — volvió a sentarse mientras hablaba, dejando sus manos apoyadas sobre las piernas. — No pensó en las personas que lo rodeaban, las que podían verse directamente afectadas si las cosas no acababan saliendo como esperaba — chasqueó la lengua. — Saber si te amaba o no, es algo que no puedo saber. Pero sí sé que se volvía la perfecta definición de egoísta cuando la oportunidad se presentaba ante él —. Hacerse cargo de las causas perdidas sin mirar por las personas que tenía a su alrededor no era mero altruismo, quería alimentar su ego con causas cada vez más grandes sin ser capaz de mirar a su alrededor.

Sonrió, apoyando la espalda contra el respaldo del sillón. — Parece que tenemos verdaderos altruistas en éste distrito — comentó en lo que su mirada se escapaba en dirección a la puerta de la cocina. Convivía con uno. Ni siquiera entendía como podía estar enamorada de alguien con aquel tipo de personalidad; que tenía como característica principal un tipo de altruismo que chocaba con todo lo que ella era… o dejaba ver que era. Arqueó ambas cejas en lo que regresaba su atención hasta ella, barriendo la sala hasta acabar posándose en su joven compañía. — No lo soy enteramente, pero creo que siempre me balancearé más hacia el egoísmo que al altruismo. Has crecido en una familia que ha tratado de guiarte por el bien hacia los demás, ese sentido del ‘sacrificio’. Yo llevo casi veinte años anteponiéndome a todo, poniendo a los demás como excusa para no sentirme tan mal por ser egoísta — cruzó los brazos. — Puede que estés pensando que estoy aquí porque me he replanteado ciertas cosas, no voy a negar que varias están en ello, pero sólo he sido yo colocándome en primer lugar. Quizás cambiando el orden de algunas prioridades relacionadas con el primera pero… sigue siendo lo mismo —. Amor, estabilidad, comodidad. Solo se había entremezclado demasiado y había acabado ordenándolas alfabéticamente.

— Pero veo que te gustan los retos — sonrió, queriendo quitarle peso a un asunto tan denso como el que estaban tratando. — No podía concederte tratar con mis emociones, pero sí esto. No es lo mismo una veela cabreada que una simple persona lidiando con el día a día — bromeó.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Dom Mayo 03, 2020 5:21 am

Si alguien me hubiera dicho que sería ante quien, posiblemente, más me intimida en todo este distrito, que diría lo que llevo tanto tiempo anudado en mi garganta y al terminar de verbalizarlo noto el temblor en mis manos, lo que debo ocultar colocando una sobre la otra, a la espera de que el estremecimiento abandone también mi cuerpo entero. No es la primera vez que hablo de mi padre, es la primera vez que puedo darle la forma de un único discurso, sintiéndome profundamente culpable de que estos sean mis sentimientos, y puesto que ha sido dicho, puedo no volver a mencionarlo. Nunca hubiera imaginado, minutos antes cuando estaba parada fuera de la puerta de la casa de Arianne, que sería a ella a quien le dejaría la carga de este monologo y supongo que así es a veces, momentos, personas puntuales. Suelto todo el aire de mi cuerpo en un largo suspiro y dejo que sus propias palabras me calmen, porque lejos de reprocharme, me brinda una mirada distinta y necesaria.

Permito que se reafirme en su egoísmo sin contradecirla, acepto que así sea y dentro de esas prioridades que ha establecido para sí, espero poder hacer un espacio para mi agradecimiento. —Es parte del equilibrio, ¿no? Hay muchos altruistas en este distrito, es posible. Si hay egoístas tampoco está mal. Nos complementamos, los que tenemos ánimos de aprender sabremos que tomar de cada uno, porque consciente o inconsciente, siempre he temido moverme entre el egoísmo pasivo de mi madre y el altruismo de mi padre, que en este distrito yo misma… estoy tratando de encontrar el equilibrio— digo, esbozo una sonrisa hacia ella. —Aprecio en verdad la oportunidad de poder trabajar contigo— porque siento que hay cosas que puedo aprender de ella, en verdad. —Si es que todavía no has desistido de la idea, porque juro que sigo queriendo ser tu secretaria, aunque esto se parezca bastante a que te estoy contratando como psicóloga, juro que no es así. Solo… supongo que eran cosas que llevaba guardadas mucho tiempo, y está bien, para todo esto de poder controlar las emociones, poder identificar y controlar las mías— me callo el decir que también espero le haya venido bien a ella, aunque sea para reafirmarse en sí misma, eso suele ser necesario también. —Creo que te quite mucho tiempo hoy y fueron demasiados dilemas de vida en un rato. ¿Te parece bien si vuelvo mañana para comenzar?
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Mensaje por Arianne L. Brawn el Sáb Mayo 09, 2020 9:21 pm

Las familias eran complicadas, formar parte de una entidad como aquella podía traer tanto felicidad como dolor; pero era lo que implicaba relacionarse con otros a tal profundidad. La veela ni siquiera podía dar buenos consejos o relatarlos por experiencias de su vida. Mucho menos podía hablar de su familia. No cuando la primera mitad de su vida había sido una mentira y la segunda mitad una farsa. — Solo sé tú misma. No trates de balancearte entre lo que tu padre y tu madre son, sólo sé lo que tú sientas. Y haz lo que creas que debes hacer. — interrumpió de súbito. Al final las personas estaban hechas de aquello. De decisiones buenas y malas; las que hacían daño pero enseñaban a levantarse, las que enorgullecían, las que avergonzaban. Todas formaban parte de lo mismo. Le sonrió de vuelta, inclinándose al frente para reordenar las cosas sobre la pequeña bandeja que minutos antes portado. Asintió con la cabeza, tomando entre sus manos en lo que se levantaba del sillón.

— Toda esta conversación me ha servido para reafirmarme en mi decisión de aceptarte como ayudante. — comentó en pie, tamborileando con los dedos en la parte inferior de la bandeja en lo que buscaba en su mente algo más que decir. — Lo cierto es que no pensé que mi invitación a relajarte te llevaría a desahogarte de éste modo, pero está bien. Una tarde inesperada. Algo nuevo en la rutina que estoy llevando las últimas semanas. — volvió a hablar, esbozando una amable sonrisa que no llegó más allá de elevar las comisuras de sus labios apenas un ápice. Volvió la mirada hacia la puerta de la cocina, casi esperando a que Benedict apareciera de golpe al ver que las voces del comedor se apagaban, o más bien se enfocaban a una despedida. Pero, al no suceder nada, se volvió hacia ella. — Las ocho de la mañana es buena hora, ¿verdad? — indicó la hora a la que ella estaba comenzando a trabajar y a la que ella debía llegar. Siempre había sido una persona que trabajaba mejor por las mañanas, con la cabeza totalmente despejada, que en la noche cuando el mundo la había pisoteado un par de veces; además de que la fría caminata hasta ‘el despacho’ le ayudaba a despertarse del todo.
Arianne L. Brawn
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