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Mensaje por Hans M. Powell el Dom Mar 15, 2020 3:16 am

Recuerdo del primer mensaje :

Hace tiempo que no estamos en la casa del cuatro, tanto que se siente ajena. Vacía, silenciosa, gris. Solo se oye el eco de las olas, uno que es muy fácil de ignorar cuando nada de lo que está ocurriendo tiene sentido alguno. No encuentro forma a los pensamientos que se han apilado durante toda la semana, no cuando dos buenos amigos se han ido y puedo sentir la desesperanza crecer con cada paso que doy. Rory no entendía absolutamente nada, no hay manera de que sepa que es uno de los tantos niños que acabarán esto sin sus padres. ¿Y yo? ¿Cómo voy a hacerlo? Porque la cordura se me patinará entre los dedos tanto como mi salud si sigo abusando del alcohol. No pude llorar en esa despedida, apenas y le mostré un poco de respeto a la familia de Jack y decidí que no podía soportarlo. Hay una lista de nombres que se va haciendo cada vez más larga y empiezo a creer que sigo vivo como una burla al destino, que estoy robando minutos de aquellos que ya no están. Es un pensamiento tan amargo que tampoco digo nada cuando llegamos a casa. Solo lleno la copa de whisky y me siento en el jardín, desde el cual puedo ver el mar. Ellos amaban este lugar.

Me he quitado el saco y la corbata, mi camisa es un desastre y estoy seguro de que el cabello ya no se encuentra en su lugar, ni siquiera cuando decidí cortarlo tras meses de verme mucho menos pulcro que de costumbre. Es una estupidez, pero de alguna manera sé que los próximos meses exigirán de mi mejor imagen. ¿O serán años? ¿Décadas? Me rasco la mejilla aunque no me pica y busco acomodarme en la banca. Quizá debería dormir una siesta. Sí, si duermo no tengo que pensar. Son los pasos que reconozco como Scott los que me eliminan ese pensamiento, aún así ladeo la cabeza para chequear que sea ella y no Meerah. De verdad, no podría fingir delante de mi hija — ¿Vienes a asegurarte que no he ido a ahogarme al mar? — es una pregunta cansada más que irónica, en lo que me llevo el vaso a los labios. Estoy harto de ser quien tiene que dar las malas noticias, ese que se sienta a ver cómo se le rompe el corazón sobre cosas que yo no tengo el control. Aún no he tenido los huevos para ir a ver a la prisionera siquiera, soy un triste ejemplo de ministro fracasado.

Me relamo, sintiendo el frío de los hielos en mis labios — Pensé que aún estábamos en edad de presenciar bodas, no funerales — no quiero preguntar cuál cree que va a ser el próximo. Mis ojos van de soslayo a sus dedos, buscando el anillo de compromiso que me atrevo, por un segundo, a acariciar — Solo quiero… — tengo que tragar saliva, consciente de lo mucho que me cuesta una acción tan simple como esa. La mano que sostiene el vaso se cierra aún más fuerte sobre éste — Una parte de mí desea hacerles pagar por lo que han hecho y la otra solo quiere rendirse. ¿Cómo…? — tengo que tomar algo de aire, una vez más. El trago que le doy a mi bebida es mucho más efusivo y me acomodo en mi lugar, como si toda la incomodidad pudiera evaporarse. La angustia, el dolor, el enojo. ¿Está bien que esté furioso? Porque lo estoy, demasiado — ¿Cómo sabes cuál es el mejor camino a seguir cuando estas cosas pasan? — porque uno se queda aquí, de pie, recibiendo golpe tras golpe hasta que todo pierde el sentido.  Y si ellos pueden demostrarnos que no tenemos nada seguro, el miedo puede pasar la puerta.
Hans M. Powell
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Mensaje por Hans M. Powell el Vie Mar 20, 2020 7:40 am

Me acuerdo perfectamente de la noche que me está narrando, de esos minutos en los cuales le abrí la puerta a mi pasado para terminar acostados en la cama que en su momento era mía, ahora es nuestra. No sé qué es lo que estaba buscando de ella esa noche, pero estoy seguro de que no tenía intenciones de terminar como lo hicimos. No pensé que sus besos y caricias pasarían a ser calmantes, de esos que me dejan increíblemente silencioso mientras los disfruto, tratando de comprender el hilo de su pensamiento — ¿Crees que eso pueda sucederme? ¿Que me pierda a mí mismo? — si lo analizo, es una opción válida. No soy la misma persona aquí con ella que cuando estoy en un campo de batalla. Mucho menos, soy aquel que se sentó a mirar cómo torturaban a un adolescente solo para obtener la respuesta que me importaba — Me es más fácil encontrarme que antes. Si estuviera solo al volver a casa… — ¿No es eso lo que muchos me reprochan? ¿Que me he vuelto un blando? Intento ser un buen ejemplo, no estoy seguro de poder ser un buen padre si siguiera en el mismo camino que antes.

Si todo esto tiene un sentido, me gustaría poder comprenderlo además del ya conocido ideal de futuro que todos esperamos. Hay muertes que me parecen más injustas que otras, es todo tan azaroso que te hace dudar de su final. Me permito sonreír por el hecho de que las llame “nuestras” hijas, fijándome más en eso que en el factor de la aceptación de que quizá, no estaremos ahí para verlo. La única razón por la cual no le discuto eso es porque me sentiría egoísta tomando toda la responsabilidad, esa que sé que le duele, para prohibirle el morirse. No puedo imaginar un mundo sin Lara Scott, ahora que he aprendido a vivir en él. Lo que me enfría es lo siguiente, que me sostenga de esa manera consigue que pueda ver la manera que tengo de abrir mis ojos de par en par — ¿Te estás ofreciendo de espía? — porque es lo único que puedo entender de lo que está diciendo. Hay dos opciones: o tengo mucha cera en el oído o mi prometida ha perdido la cabeza. Y soy muy insistente con mi higiene, así que creo que voy a decantarme por la segunda opción — Ellos te conocen, Scott. Te mostraste conmigo en el palco presidencial en el Coliseo, para variar. ¡Todo el mundo sabe que tenemos una hija! — que hemos dejado de ocultarlo hace tiempo y estoy seguro de que los tabloides se han hecho algún que otro festín con falsos rumores — Tú no puedes… Ellos no confiarían en ti — Porque no son tan estúpidos… ¿No?

Y aunque lo hicieran, yo no podría permitirlo. Las niñas la necesitan aquí, yo la necesito aquí. Estamos pasando por un momento donde me urge el tenerlas a todas cerca, con el conocimiento de que puedo mantenerlas vigiladas. Creo que se me nota la urgencia cuando tomo sus dos manos, encerrándolas contra mi pecho — ¿Por qué lo sugieres? ¿Qué tienes en mente? — es lista, no creo que lo diga solo por decir — ¿Acaso sabes de… alguien? — porque no tengo la más mínima idea de esas relaciones que ignoro y, aunque confío en ella, no me sorprendería no saber absolutamente todo.
Hans M. Powell
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Mensaje por Lara Scott el Sáb Mar 21, 2020 8:39 am

Si— se lo confieso, —creo que es algo que podría suceder—. Para ser alguien que a mí misma callaba verdades, que tenía pensamientos con vacíos de cosas que no quería decirme ni reconocer ante otros, la manera en que tengo de transparentarle mi mente es algo que nunca creí que podría hacer con otra persona y que sea una honestidad más auténtica, más profunda, de todo lo que me guardo. Le advertí una vez que soy una persona de muchos miedos, en mí está en ponerles un nombre y combatirlos, es lo que hago todos los días cuando me reafirmo en todo lo que elegí. —Siento que te conocí perdido, Hans. Te conocí solo y eras…— me interrumpo, no vamos a volver sobre antiguos calificativos que se cansó de escuchar de mi boca, —yo también era una persona diferente. Pero te fuiste encontrando y te ves distinto, te ves…— susurro, mis dedos van trazando a tacto el contorno de su mandíbula. —Te ves bien, te ves cómo alguien cálido, de a ratos en paz contigo mismo…—. Cierro mis ojos al ir tomando mechones de su pelo al subir por su nuca y acercar su rostro. —Como alguien que puede amar y que merece ser amado también…— creo que se trata de eso, hace unos años no hubiera dicho que ese hombre tan oportunista se mereciera ser amado, quizá entonces yo tampoco lo merecía, entonces nos fuimos encontrando.

Hablamos otras veces de donde asentaríamos nuestra familia, esta casa como parte de esos intentos de entender cómo podríamos hacer que esto funcionaria, buscando el lugar donde encajáramos, y descartando la posibilidad de vivir separados, siquiera unos días, así que me ofrecimiento aunque tenga otros objetivos, también quebraría esa idea que tenemos de permanecer juntos. Pero si es para asegurar a nuestra familia ante avances que podrían llegar a separarnos irremediablemente, lo haría. Nunca trato de pensarlo como sacrificios, pero sí reconozco que renuncie a muchas cosas en este tiempo, para poder tener y disfrutar de otras que me dan la felicidad que creo es lo que buscamos todos los egoístas al final del día. Así que en esto de renuncias, al pesar si un pequeño sacrificio vale una oportunidad mañana, sé que lo haría. —Una vez me creí estar del otro lado, hoy estoy contigo. Las personas cambian, eso todos lo sabemos. Ellos son pocas, todavía. Dependen para ser más, de que la gente cambie y se ponga de su lado. Están obligados a confiar…— esa es mi lógica, demostraciones públicas y el conocimiento de que formamos una familia, son hechos que muestran mi posición en este contexto, pero pueden ser tergiversados si se requiere y para bien o mal, ambos sabemos que puedo trepar en mentiras.

Solo estoy tratando de ver una oportunidad de algo, Hans. Nuestras defensas están cayendo, si sigue así, ¿cuánto más resistiremos? ¿Qué tan lejos llegarán? ¿Qué tan cerca de nosotros y de las niñas?— pregunto. —En la confusión y el revuelo se pueden colar oportunidades, se abre alguna puerta por la que entrar…— suspiro, que el de las estrategias es él y supongo que en colaboración con el ministro Weynart. —¿A quién conozco?— preguntarlo me hace soltar el aire en algo que no llega a ser una carcajada. —A Jefferson que murió en el Coliseo, a Kennedy Wang que la vi en el ministerio alguna vez como una mujer distinta, a Kendrick Black…— le echo una mirada, —quien cree que lo entregué a ti. Benedict Franco, no terminamos en buenos términos con él…— acomodo mi mentón sobre su hombro al seguir hablando. —A Ava Ballard, si un día antes de matarla luego de todo lo que haya pasado, deciden que alguien le abra la puerta y esta persona la acompañe…— acaricio su nuca con los dedos. —Son solo ideas, Hans. Tengo mucho tiempo para pensar...— podría armarle un mapa de pensamientos imposible que nunca van a concretarse, presiono mis parpados cerrados para ir desprendiendo de todo lo que acabo de decir y pase a formar parte de ese mapa. Regresó así a lo real de lo cotidiano, a las que duelen aunque se mezclen con las que algo de emoción deberían traer. —Rose y Jack no estarán si nos casamos— murmuro. —No puedo creer que Rose no estará para gritar por el vestido, llorar durante la ceremonia, sacarte a bailar y dar un discurso de cómo estaba enamorada de ella en la escuela y que al final tuve que conformarme contigo…— vuelve esa punzada.
Lara Scott
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Mensaje por Hans M. Powell el Dom Mar 22, 2020 12:26 am

No quiero pensar en el hombre que ella conoció, no cuando no puedo volver a ese punto que me protegía de las preocupaciones de hoy en día. Ese que ahora mira a la mujer que quiere con la sospecha de que está buscando un bote salvavidas, allí donde nuestros enemigos son débiles — ¿Dices que sería una opción en caso de que perdamos la guerra? — no puedo evitar preguntarlo — ¿Qué deberíamos agachar la cabeza y vivir bajo las normas de los rebeldes? Scott, esas personas no me aceptarían — creo que ni hace falta aclararlo — Tú y las niñas quizá tienen esa opción, pero yo he condenado a tantos de ellos… No lo veo como una opción — hoy en día lo mejor es enfocarnos en las esperanzas que todavía tenemos, no creo que sea momento de irnos a ideas precipitadas. ¿Barajar opciones? Seguro. Desde la seguridad de nuestro hogar.

Mi nariz acaricia su cabeza, siguiendo la lista mental que me va pintando y tengo que evitar irme a las imágenes gráficas que aún llevo en la cabeza. No solo de Jefferson, sino también de Kennedy Wang — Dos de ellos están muertos — le recuerdo, jugueteando con mis dedos sobre su espalda baja. No quiero pensar en más muertes, ni siquiera la de esa mujer que me produce tantas náuseas. Meneo la cabeza, tratando de que nuestros cuerpos se abracen con mayor insistencia, por lo que hago uso de mis brazos. Tendría que dar las gracias a su tamaño, me hace mucho más sencilla la tarea. Me río entre dientes, permitiéndome el cerrar los ojos para poder relajar cualquier fibra de mi ser — Tú siempre tienes la manía de pensar demasiado, no es cuestión de tener tiempo o no — le recuerdo. También tiene el talento de tocar mi fibra sensible, esa que me revuelve por dentro en lo que me recuerda uno de los detalles en los cuales no había querido reparar, como si las muertes de nuestros amigos fuesen a solucionarse de aquí hasta la fecha que lleguemos a pactar, si es que lo hacemos. No es como si existan ánimos de pensar en festejos, valga la obviedad, incluso cuando sé que ni Jack ni Rose querrían que posterguemos algo como nuestra boda. En especial Rose, Lara misma se encarga de señalar los puntos necesarios para dejarlo en claro.

Espero ser algo más que el pobre idiota con el cual te has conformado — la broma ni siquiera suena como una. La abrazo más fuerte, como si de esa manera pudiese amortiguar cual sea su respuesta a lo que estoy a punto de dejar salir — ¿Aún te quieres casar conmigo? — lo susurro, me siento como un niño inseguro. No puedo culparla si no lo desea, pocos no han sido los sustos y los dos sabemos que la situación no puede hacer otra cosa que empeorar — Siempre podemos poner el compromiso en pausa, por respeto a aquellos que hemos perdido. No quiero… no sé si crees que podrás hacer esto sin Rose — debería ser un momento de plenitud para ambos, no voy a forzarla a una tortura sentimental si su mente no puede soportarlo. Todos debemos sacrificar algo.
Hans M. Powell
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Mensaje por Lara Scott el Dom Mar 22, 2020 5:07 am

No sé si quiero dar a mi mente la tarea de montar todo esos escenarios posibles al final de una guerra que no sea a nuestro favor, cuáles serán entonces los movimientos de supervivencia que debemos realizar. No hablaba en realidad de lo que sucedería después, sino de acciones para prevenir lo que pueda pasar. Es mi mente que encuentra en cada detalle de las cosas algo para demorarse y pensarlo como una posibilidad de escape, esta vez para todos, en un ejercicio incansable de anticiparme a lo peor, siempre a lo peor. Porque está ahí, acechando por nosotros, cayendo como una sombra sobre nuestro abrazo y lo estrecho más fuerte, me escondo en su cuerpo que uso de escudo al mundo, cuando a la larga descubrí de mala manera que es el más vulnerable de todos, con su piel lastimada de heridas de duelos y también en medio de las estrategias del ministerio, de influencias que temo que puedan hacer mella en él. —No eres el idiota con el que me he conformado— le aclaro, que como broma en un discurso hubiera estado bien, pero no es la verdad. —Eres el idiota que elegí— murmuro, —y he conocido a muchos, ninguno como tú. Eres de esas cosas que pasen una vez cada mil millones de años luz, ¿cómo dejarte pasar?— sonrío contra el tejido que cubre su hombro.

Ni siquiera un segundo pasa entre su pregunta y mi inmediata respuesta. —Claro que me quiero casar contigo— digo, muerdo mi lengua para callarme que es lo que me asusta de estos tiempos que estamos pasando, no quiero echar sobre él todos mis miedos absurdos, aunque se vuelven tan reales e imponentes cuando se encuentra en la camilla de un hospital y no soporto la visión de perderlo, porque es sentir que algo que se ha vuelto tan propio de mi piel me es arrebatado a dolor. Me echo unos centímetros hacia atrás para mirarlo cuando propone en poner en pausa la boda y mis ojos se agrandan. —¿Eso es lo que quieres hacer? ¿Es lo que quieres tú?— se lo pregunto suavemente, que mi respuesta la conozco, aunque obliga a que sea honesta con lo que ronda mi mente. Solo un poco más de honestidad. Lo suelto del abrazo para volver a entrelazar nuestros dedos y hacer lo que resta del camino entre el pasto marchito para llegar a lo alto de la duna donde el viento sacude mi cabello, algunos mechones golpean mi mejilla y tengo que retirarlos hacia atrás. Jalo de su brazo para que se siente conmigo en el suelo. —Rose fue mi mejor amiga, la quiero, así en tiempo presente. Siempre la voy a querer en tiempo presente, pero la vida no es algo que se detenga en respeto a las personas ausentes, no puedes pedirle que se detenga porque… dejas de vivir…— digo, me hago un espacio entre sus piernas para poder tener su pecho como respaldo y traigo sus brazos con mis manos hacia delante.

No podría pedirte que dejemos la boda en una fecha imprecisa, es todo lo contrario. Pueden pasar tantas cosas hasta que esa fecha llegue, tal vez… tal vez no lleguemos, por… tantas razones… pero necesito que esté ahí, porque es nuestra próxima meta en esta carrera, ¿no?— la sonrisa que le enseño es para que lo tome con humor, que no es que vea como una competencia de nada, ni entre nosotros, tal vez con el universo. —Necesito que cuando lleguemos a ella, tengamos algo más por lo que sentirnos victoriosos, ¡mira! ¡hemos llegado! Y todas esas tonterías que nos demuestren a nosotros mismos que luego de todo este tiempo… te sigo eligiendo y me sigues eligiendo, porque sinceramente, ¿crees que esto es algo que podamos volver a sentir en la vida?— se lo pregunto, no es un arrebato de romanticismo del que lo hago víctima otra vez, no es la cursilería que había sido se me puede dar bien. —¿Sabes lo que es sentir a una persona con cada latido? Cuando comenzamos a vernos, hace más de un año, te sentía cuando mi corazón se ponía frenético al tenerte cerca. Luego comenzó a latir más lento, creo que porque dormir a tu lado fue dándome más calma, y en lo lento de cada latido fue más fácil darme cuenta que estabas en cada uno de esto— eso sí ha sido bastante cursi, lo bueno de no tener que estar mirándolo de frente. —Si llega el día en que nos casemos, a riesgo de que nuestra familia nos mate después, ¿podríamos ser solo nosotros? Me di cuenta que no quiero una fiesta, la de tu hermana fue hermosa, pero me di cuenta que no podría estar cómoda con algo así. Ni creo que tu estarías cómodo tampoco. Quiero… que seamos solo nosotros, tal vez las niñas. Tal vez. Sé que también nos matarán si las dejamos fuera, pero… eres la única persona que realmente me importa que esté el día que nos casemos, Hans Powell. Tienes que estar, ¿si?
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Mensaje por Hans M. Powell el Dom Mar 22, 2020 6:18 am

De entre todos los idiotas, tengo que decir que siento que he tenido suerte. ¿Cuántas mujeres he conocido en los últimos años? De la mayoría, ni siquiera recuerdo el nombre. No me había girado nunca a echarle una segunda mirada a Scott, ni una sola vez. Supongo que eso se necesitaba para darme cuenta de que estaba dejando pasar algo que me rondaba como una molestia, que se acabó volviendo una adicción y la mejor compañía que pudiera pedir. Por eso me siento relajado cuando ella asegura que aún se quiere casar conmigo, esa acción que jamás pensé que buscaría pasar con nadie y sé, entonces, que no recuerdo esos otros nombres porque tenía que guardar espacio para ella y todas las memorias que podremos llegar a compartir. Jamás busqué sentar cabeza, supongo que hacía falta la persona correcta — Quiero casarme contigo — aseguro, con palabras lentas y calmas para que se le graben en la cabeza — Entre todo lo que está ocurriendo, sé que quiero casarme contigo, siempre y cuando tú me aceptes.

El camino hasta el extremo de la duna se me hace corto. Me acomodo en el suelo y agradezco la falta de cabello largo, así el viento no me fastidia la visión. Puedo comprender lo que dice de Rose pero no acoto nada, se lo concedo con un movimiento de mi cabeza que busca ser un simple sostén, que sepa que no me pierdo sus palabras y seguiré siendo el brazo del cual puede aferrarse. La rodeo con los brazos, le sirvo de almohada en lo que su cabeza recibe mi mentón. Me sonrío, porque creo que puedo ver la pintura que está pintando para mí, como una carrera repleta de curvas coloridas y también oscuras. Si la ganamos, seremos los afortunados — No — contesto con simpleza — No creo conocer nunca a otra persona que pueda sacarme de quicio y enamorarme en base a ello — suena a una broma, pero creo que los dos sabemos que fueron nuestras imperfecciones las que nos unieron. Nada de cuento de hadas, solo dos adultos demasiado orgullosos y caóticos.

Es curioso oír cómo ha sido para otra persona el proceso que tú mismo tuviste que pasar para saber que te estabas acostumbrando a ella, a su compañía, al cariño que no sabía que podía necesitar. Me obligo a mantener la vista fija en el paisaje, como si las olas fueran todo lo que necesito para tentarme de ver su perfil y tratar de leer sus pensamientos, incluso cuando está siendo tan honesta que no hace falta. Y pensar que esta es la mujer que hace cosa de un año y medio no podía siquiera admitir que deseaba besarme — Lo sé — murmuro — Fuiste una calma que no sabía que necesitaba. Sin ti, no tengo idea de dónde estaría en este momento. Eres mi rumbo a seguir — más allá de las niñas, lo que tenemos es diferente a cualquier otro tipo de amor, me mantiene derecho. Lo que sí me toma por sorpresa es su petición y no sé por qué lo hace, cuando nos conocemos tan bien que debería haber esperado esta sugerencia desde un primer momento — Seré ese que te espera vestido de traje, lo prometo — bromeo, como si tuviera que buscarme en una multitud fantasma. Me muevo un poco para eliminar la sensación de cansancio en el cuerpo y apoyo la cabeza en su hombro, buscando crear una nueva cercanía — ¿Estás segura? — no es como si yo tuviera una larga lista de amistades para invitar y, a decir verdad, la mayoría serían invitados de protocolo a causa de mi trabajo — Lara Scott… ¿Me estás pidiendo una boda privada y secreta? — mis labios pucherean para hacerlo parecer más grave y río entre dientes, acabo por darle un beso en el hombro — Me gusta. Tú, yo, un juez al azar que nos haga el favor y, para evitar un asesinato, tal vez las niñas. Y luego podremos irnos a follar durante dos semanas a cualquier lugar que te guste. ¿Ves por qué funcionamos? — ladeo la cabeza, a ver si puedo alcanzar a ver sus ojos y que ella pueda ver mi sonrisa — Eras todo lo que necesitaba y no tenía idea de hacerlo. Gracias por apostar estupideces conmigo. — de esas que acaban en un bebé, dos casas y un futuro.
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Mensaje por Lara Scott el Mar Mar 24, 2020 7:24 am

Tomo sus palabras como suelo hacerlo, antes solía tratar de descifrarlas como si fueran un enigma cuando hablábamos idiomas distintos, no sé si hemos logrado aprender el mismo o buscamos otras maneras de hacernos entender, unas pocas palabras en común, esta vez se quedan rondando mi mente y no las puedo hacer a un lado tan fácil, como fui haciendo costumbre al resignarme de que nunca recibiremos del otro la respuesta concreta que esperamos, sino la más honesta y con el poder que les dimos de hundirnos o alzarnos en lo más alto. Tan lejos de la orilla helada de la playa, agarrándome a sus brazos que me rodean, no imagino un punto más alto que este, resguardados en nosotros mismos de todo lo que está ocurriendo fuera y esta ilusión que para cualquier otro par podría ser una hazaña cotidiana, en nuestro caso por ser quiénes somos y en especial él, exige que se reconozca el mérito. Era un juego cuando le decía que lo despojaba de su rótulo de ministro, sin embargo consigue siendo quien es, sin abandonar -porque no puede- ese traje, ser solo un hombre sentado en esta playa fría abrazándose a alguien. —¿Y qué hay de mi sentido del humor? Te sacaba de quicio, pero te hacía reír, por eso te enamoraste— digo, claro que yo tengo que opinar sobre cómo fueron las cosas, mi mano le da palmaditas amistosas a la suya.

No, nunca sabremos qué dirá el otro, sigue siendo desconcertante aunque al oírlas se sientan como las palabras correctas y busco sus dedos para enredarlos con los míos en un agarre seguro de nuestras manos, reafirmación de la promesa de caminar juntos como dijimos que lo haríamos, no lo soltaré. Me demoro en preguntarle lo que pasa por mi mente, la oportunidad pasa. —Suena a una promesa de todos los días, siempre camino hacia ti vestido de traje— contesto en el mismo tono cargado de humor, me remuevo para dejar un beso en su mandíbula. —Es irresistible, ten por seguro que no me perderé ese día, tus trajes son como un imán— bromeo, sin que sea un comentario falso. Trato de que nuestras miradas se encuentren pese a la posición en la que nos encontramos cuando respondo a su duda. —Planeo huir contigo, esperaré a que cumplas tu horario en el ministerio y nos desapareceremos. Será una fuga de amantes para una boda secreta de la que no se enterará nadie y entonces, cuando la ceremonia termine— tironeo de sus brazos para que todo su peso me cubra y pueda hablarle en un tono confidente, ridículo teniendo en cuenta que no hay nadie a la vista, —nos encerraremos en una habitación, no me importa donde, solo necesitamos cuatro paredes y una puerta que pueda cerrar con llave y hechizos. Ni siquiera necesitaremos muebles. Estaremos dos semanas marcando cada centímetro de esa habitación y te olvidarás hasta de la constitución de la Neopanem, cuando termine contigo me preguntarás qué es una constitución— debe saber de la sonrisa que llena mi cara por la risa en mi voz. Recupero parte de la seriedad al continuar. —Hay algo que quiero preguntar, dos cosas que quiero preguntarte…— me corrijo, como no tienen relación entre sí, voy por la primera aunque nos lleve hacía atrás en la conversación y demoro la segunda, que es más cercana. —Cuando dices… siempre y cuando yo te acepte, ¿es porque tienes dudas de que no lo haga? De que después de todo, ¿no pueda aceptarte a ti y a todo lo que traes contigo? No hablo de las niñas, sino de ti. Tú como hombre, ministro, con tus deberes al ministerio y a Magnar Aminoff… ¿crees que podría rechazarte?— pregunto, el viento nos golpea tan fuerte que mi cabello choca con su rostro y pierdo su mirada por unos segundos. —Todo lo que hice hasta ahora y todo lo que soy ahora, ¿no es suficiente para que puedas confiar en que me quedaré a tu lado?
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Mensaje por Hans M. Powell el Mar Mar 24, 2020 8:56 am

Oh, pero ese será “el traje”. Ya sabes, el traje entre los trajes — lo hago sonar como una promesa tentadora, cuando en realidad la única diferencia posible va a recaer en un diseño para bodas y no para oficinas, de esos que seguro Meerah adoraría diseñar. ¿Aceptaría algo así? Algo como perfeccionar una prenda que no sería capaz de ver en acción. ¿O tampoco le daremos ese gusto? En todo el egoísmo que soy capaz de poseer en un momento como este, lo descarto como un problema por el cual tenga que preocuparme, que solo me interesa el saber que voy a poder disfrutar de ella a mi antojo y de esa manera que se ha tornado una necesidad vital. La misma que me hace reaccionar a su tirón con devoción, encerrándola con mis brazos y mi peso de manera que puedo sentir que el aire es incapaz de atravesarnos en lo que mis labios juguetean por debajo de su oreja — No me obligues a secuestrarte en este momento, Scott — mascullo en un ronroneo — Que bien sabes que no puedo contigo ni contra ti. No tienes idea… — tengo que detenerme un momento, ese que uso para tomar algo de aire al dejar un beso sonoro a presión sobre la unión de su mandíbula y su cuello — … de lo impaciente que estoy por ser tu esposo y abusar de esa excusa — una que los dos sabemos que ninguno aquí necesita.

Tengo que apagar poco a poco la sonrisa, la cual se ha contagiado de sus risas, cuando me obligo a separarme lo suficiente como para poder escuchar esas dudas. A pesar de que la dejo terminar, prenso y relamo mis labios en lo que busco una respuesta, desviando la mirada hacia un punto cualquiera. Tengo que acomodar algunos de sus mechones revueltos antes de decidirme a contestar — Confío en ti como para creer que te quedarás a mi lado — aseguro, sin un solo titubeo — Tampoco creo que puedas rechazarme. Solo… a veces tengo miedo de que todo esto sea demasiado para ti, que te agote, que te toque de maneras que puedan afectarte. Quiero ser muchas cosas para ti, pero jamás una carga que pueda causarte malestar por culpa de mi trabajo o mi historia — que todos sabemos que las cosas no se terminan cuando salgo del ministerio, hay más que una oficina a mis espaldas. Mi padre sigue desaparecido, la presión aumenta en lugar de bajar y lo que sucedió el otro día es, sin duda alguna, la primera llamada de las cientos que vendrán. Me da culpa que Lara, con cientos de opciones y caminos a elegir, se aferre a ese que la mantiene conmigo.

Cuando suspiro, lo hago con la fuerza del agotamiento que me deja caer los hombros. Aprovecho nuestro abrazo para recostarnos, sumirnos en un césped que huele demasiado limpio como para pertenecer a este mundo. La estrecho como si el suelo fuese nuestro lecho, ese que compartimos todas las noches y que ahora mismo solo invadimos — Tal vez Mo tiene razón. Casarte con el hijo del panadero era tu opción más viable — intento tomarlo con humor, mis dedos dibujan círculos en las caricias que patinan por su hombro — Como hombre, soy fiel a ti. Como ministro, soy fiel al ministerio. Lo que sucede es que a veces no tengo idea de cómo hacer que ambas cosas coexistan entre sí. Admiro tu paciencia, de veras. Y tu valentía de poder hacer esto conmigo, incluso cuando Meerah es algo que vino en un combo que no tenías por qué aceptar y, aún así, lo hiciste. Me diste lo mejor que pude haber pedido — una familia, un sitio a dónde aferrarme y que me hiciera creer que todo lo que he hecho, tenía una razón de ser. Detengo mis caricias muy abruptamente, en el instante en el cual una duda se infla en mi cerebro y se permite el explotar — ¿Alguna vez te hice sentir que no eras suficiente? — lo susurro, no sea cosa que se escuche y en verdad lo crea realidad.
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I'm scared that you won't be waiting on the other side ✘ Lara - Página 2 Empty Re: I'm scared that you won't be waiting on the other side ✘ Lara

Mensaje por Lara Scott el Miér Mar 25, 2020 4:36 am

Puedo entender cada una de las razones que me da, las he considerado de su parte como para que no me cause asombro escucharlas, ni tampoco lo castigo con reclamos de que pueda pensar de esa manera, creo que las dudas son humanas y necesarias para afirmarnos en lo que sea que decidamos sobre ellas. Tanto él como yo hemos enfrentado a solas y a oscuras dudas pasadas y hoy nos veo, como si fuera el sol pálido en el cielo sobre nosotros, recostados contra la hierba y puedo ver, fuera de mí, como mis brazos lo buscan para envolver su cintura y encontrar en su pecho la comodidad donde descansar con los párpados cerrados al viento que no logra inmutarnos, es parte de todo el paisaje que nos hace roca inamovible a las fuerzas de la naturaleza. Somos la decisión que tomamos sobre todas esas dudas, más seguros de lo que elegimos, más que sí nunca las hubiéramos tenido. —Ya hablamos de esto— le recuerdo, —nunca me hubiera casado con el hijo del panadero, ni con nadie. Tenía una vida muy bien pensada para mí, nunca necesité de nadie más que de mí misma, podría haber muerto joven por estupidez o podría haber llegado a vieja por pura terquedad, y hubiera estado bien estando sola, no necesitaba de nadie…— murmuro, levanto un poco mi rostro para poder verlo. —¿Pero cómo puedes simplemente dejar pasar a la única persona que te hace sentir viva hasta el último nervio? Morir, moriremos todos. Solos o acompañados. Pero vivir, que alguien te haga tan plenamente consciente de eso…— clavo mi barbilla en su pecho. —¿Cómo dejarlo pasar?

De todo lo que ha dicho, también creo necesario aclarar otro punto importante. —A Meerah la elegí por fuera de ti, así que no es parte de un combo de nada. Coinciden bajo un mismo techo dos personas que elegí por mi cuenta, fue pura suerte, la suerte reservado a los tontos que tal vez no se lo merezcan…— digo, porque puedo decir que el origen de muchas de nuestras dudas pueden deberse a que nunca nos imaginamos teniendo todo lo que tenemos, lo que para otros es tan normal, a nosotros sigue maravillándonos por haber sido imposible de pensar en otro tiempo y fue nuestra suerte, coincidir, encontrarnos y reconocernos, que todo fue surgiendo como una seguidilla imparable de imprevistos. Somos de esos que entran a las fuentes de deseos a cargarse los bolsillos de las monedas que otros arrojaron y luego esos galeones nos gastamos en un tragamonedas. Medito su pregunta, no por la respuesta, sino por cuanto de sincera puedo serlo sin que esos nos lastime. —Me haces sentir que dudas de mí, que si salgo de tu vista podría ser porque huí, que estás esperando todo el tiempo que lo haga… y entonces dirás que así soy, que lo sabías, que siempre supiste que acabaría así. Esperas de mí una devoción que ya no sé cómo más demostrarte. No eres fácil de amar, no eres el hijo de ningún panadero, amarte a ti no es igual a amar a ningún otro hombre. Y yo, que fui la más hereje de todas, voy al altar de todo en lo que nunca creí por ti…— digo, cierro mis ojos para acompasar mi respiración a los latidos que percibo en su pecho y dejar que las horas pasen, que se olviden de nosotros.

Yo tenía una segunda pregunta para hacerte— entreabro mis ojos porque este es el momento de preguntarlo, no mañana, sino hoy que estamos en el umbral de llorar por nuestros amigos, de esperar el castigo a su asesina y hablar de una boda que no es más que la promesa de compartir el presente, uno que esperamos que se alargue todo lo que se pueda hasta abarcar un futuro y quizá, si nos permitimos en secreto para que la desgracia no nos escuche, llegue también a abarcar una vida. Puedo llenarme el pecho del olor a mar, del pasto bajo nuestros cuerpos y poder reconocerlos a partir de hoy como parte de nosotros. —¿Cuándo nos casemos te gustaría que hagamos las cosas bien? Un poco tarde, lo sé. No cambiaría las maneras en que se dieron que las niñas estén presentes en nuestras vidas, pero podría intentar que una tercera vez sea un aprendizaje de todos nuestros errores y tratar de hacerlo bien… solo intentarlo esas dos semanas, si no sucede nada, es porque no debía ser. ¿Te gustaría que hagamos un bebé de luna de miel, dentro del matrimonio, como dictan las buenas costumbres y por nuestro país?— quería preguntarlo de una manera seria y madura como los adultos que de a ratos podemos ser, pero me sale decirlo casi que con una carcajada.
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Mensaje por Hans M. Powell el Miér Mar 25, 2020 7:10 am

No lo dejas pasar — tan simple como eso. ¿O acaso yo dejé que ella se volviera un recuerdo remoto? Que sé que fui terco cuando me encontré entre la espada y la pared, pero hasta yo mismo en todo mi egocentrismo supe ver que era incapaz de despegarme de su piel. Me encuentro con la urgencia de explicarme, así que sacudo un poco la cabeza a pesar de nuestra postura para interrumpirla a pesar de que la dejo acabar de hablar — No me refiero a Meerah en tu vida como ella misma, sino más bien el querer cuidarla conmigo, como una familia. No tenías por qué hacerlo y, aún así, formamos un cuadro juntos — uno del cual me siento muy orgulloso, valga decirlo. Tengo que poner una mano sobre su espalda como si ese fuese el freno para que deje de hablar porque no, no es así como lo veo, no cuando hace mucho tiempo he dejado de creer que estaba durmiendo con el enemigo — No dudo de ti — aseguro, una vez más, por si no quedó claro — Solo… no te culparía. Admiro que sigas aquí, a pesar de todo — esto no tiene nada que ver con las disputas que pudimos tener alguna vez, sino con todo lo que vendrá en el futuro. Me gusta mentirme y decir que estaremos preparados, cuando es obvio que siempre nos golpea, cada vez más fuerte, hasta que alguno decida no seguir de pie. O tal vez ambos.

Estoy preparado para una segunda pregunta, incluso me acomodo cuando siento su movimiento para poder devolverle la mirada. Lo que no me espero, bajo ningún aspecto, es lo que sale de sus labios como una sugerencia que jamás hubiera creído posible entre nosotros. Parpadeo un par de veces y, con el rostro aún atravesado por una expresión pasmada, giro la cabeza para enfrentarme al firmamento. No voy a mentir, me cuesta imaginarlo, incluso cuando su risa me indica que tal vez no sea algo tan grave por lo cual preocuparme — ¿Quieres tener otro hijo, es eso? — lo tengo que poner en palabras para poder terminar de hacerme la idea — No lo sé… ¿No crees que deberíamos esperar a que Mathilda sea un poco mayor? Ya sabes, para no volvernos locos al tener que cuidar de dos bebés — sí le concedo que posiblemente nuestra hija tenga la edad para volverse una hermana mayor para cuando nos casemos, pero aún así tampoco siento que falte demasiado para ese día que, hoy mismo, se ve muy lejano. Doy unos golpeteos en su espalda, hasta hundir los dedos en su cabello y así soy libre de masajear su nuca — Podría tener un tercero contigo — viéndolo a la distancia no suena tan mal, se siente incluso como esa oportunidad que podríamos tomar para hacer las cosas como se corresponde. Aunque… — Pero no podemos tomar esa decisión a la ligera. No en el mundo en el cual vivimos — que no me preocupa el no poder cuidar de tres hijos cuando sé que tengo las herramientas para darles una vida decente, mi problema recae en que no sé por cuánto tiempo más podré sostenerlo. Es buscar estabilidad en un mundo que se ha transformado en una montaña rusa.

Uso el viejo truco de abusar de mi contextura física contra la suya, me giro para que su espalda se apriete contra el césped y pueda apoyarme en una de mis manos, encontrándome sobre su mirada — ¿O es solo una excusa para tus planes seductores y maquiavélicos de la luna de miel? — aunque intento bromear, hay algo en mi sonrisa que se siente apagada. Choco la punta de mi nariz contra la suya, generando un suave roce — ¿A qué viene esa idea? — tengo que preguntarlo, elimino cualquier rastro de diversión para dulcificar mi voz — ¿Es porque crees que debemos aprovechar mientras aún hay tiempo? — no la culparía, nos ha demostrado que es caprichoso, como si los granos del reloj de arena se escurriesen cada vez más rápido entre nuestros dedos.
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Mensaje por Lara Scott el Vie Mar 27, 2020 7:15 am

Medito lo que me dice con la intención de reconocer qué de todo es lo que no logro entender, esa palabra suelta que siendo parte de su idioma que de a poco logré saber cómo traducir, se queda rondando en mis oídos porque en mi idioma tiene una interpretación tan distinta. —No me admires por quedarme aquí— le pido en un susurro que aun encuentra en qué contradecirlo, —admiración es algo que siempre vinculé a lo que hago, a mi trabajo, lo que podía esperar y pedir de mis colegas, de las personas en general— aclaro, así era cuando mis horas las atrapaba dentro de un taller mecánico en un distrito que supo ser mi hogar, que cada vez se ha quedado más atrás en los recuerdos de mi pasado, por abrumar mi presente de tantas experiencias que me sacaron de esa zona de confort. —La admiración no es amor, Hans. Así que no me admires por quedarme, no me coloques en una posición desde la que me observas a distancia y aplaudes mis logros…— meneo con mi barbilla rozando la tela de su ropa, en este abrazo cada vez más estrecho, y tendidos en el pasto, difícilmente alguien podría reconocernos desde la orilla por quienes somos, como mucho verán nuestra silueta, nos ignorarán. —Cuando una persona se queda a su lado lo único que haces es amarla.

Procuro que la cara que pone al oír mi pregunta no me obligue a quitar mis brazos de alrededor de su cintura, me espero que en cualquier momento me pregunte quién soy y cómo me llamo, porque tal es el desconcierto en su mirada que presiento que al pestañear todo este paisaje se desvanezca, para encontrarnos sentados a la mesa de una sala de interrogatorios y su pregunta sea eso, si estoy pidiéndole tener un hijo como si fuera un imposible entre nosotros, cuando siendo fieles a los hechos, ya hemos tenido una como para saber qué natural y posible es, y un par de charlas, también una falsa alarma, como para dependa de nosotros decir que si o que no a las estadísticas de una nueva posibilidad. Se barre de mi rostro todo atisbo de broma, para que caigamos en decir que eso fue mi pregunta, sí lo fueron la elección de palabras, la pregunta no, la sostengo porque decirla fue mi intención. —Comprendo— es todo lo que digo a los argumentos que me ofrece después de su “no sé”, las cosas y el mundo han cambiado de una manera en la que ese “no sé” que fue tan típico y se inclinaba a un sí cuando se trataba solamente de nosotros, lo tome como un “no” por referirse a una persona por fuera de nosotros. —No es una decisión a la ligera, te la estoy consultando. Pero comprendo lo que dices, acepto tu respuesta así que no volveré sobre esto— le aseguro, que no es algo con lo que podría insistir.

No podría porque la sensación de deja vú es fuerte, así que se la aclaro como respuesta a la duda que tiene, dicha con una intención jocosa que no puedo compartir, mi ausencia de sonrisa es reflejo de su propio semblante ensombrecido. —No es porque quiera comprimir toda una vida con la suposición de que tenemos poco tiempo, estoy tratando de vivir el presente— musito, con su rostro tan cerca no hallo distancia para que pueda escucharme, tengo que mirarme en sus ojos al continuar. —Es porque quiero que podamos querer algo… con tantas circunstancias que nos arrojan de un lado al otro, poder querer algo por nosotros mismos en un mismo tiempo y no porque se haya dado así…— hablo, podemos sacar la enciclopedia de razones por la que esto no se planea sino que se da de un modo natural, también todo lo que se dice sobre que precisamente es algo que se planea, algo que se desea. Con lo que me quedo es con nuestra propia historia. —¿Te acuerdas la primera vez que me quedé contigo en el hospital y me preguntaste si te amaba? Aunque lo hiciera, no estaba lista para reconocerlo ante ti porque todavía no terminaba de descubrirlo por mí misma. Y te pregunté, tampoco estabas listo para decirlo. No lo estuvimos por mucho tiempo después de ese día, siempre vamos a destiempo—digo, mi mejilla se acomoda en la curva de su garganta, estoy escapando de su mirada. —Así que tampoco creas que esto es como esa vez que te pregunté en la cocina si querías casarte conmigo, ni se te ocurra mucho menos hacer de esto lo mismo que con el anillo, que un día solo lo sacaste de un cajón tiempo después del error en el restaurante cuando creí que me dabas uno. No es…— suspiro contra su piel, —no te estoy pidiendo nada, solo estaba preguntándotelo. Yo no…— tengo que cerrar mis ojos por un momento, buscar el calor de su pecho contra el mío para quedarme en esa sensación. —No necesito más de lo que tenemos, las dos niñas, lo que somos.
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