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Mensaje por Phoebe M. Powell el Miér Feb 05, 2020 12:07 am

Recuerdo del primer mensaje :

Desaparecerme cerca de casa es un recuerdo de que a partir de ahora viajaré a todas partes a pie  o a partir de otros medios, porque el revolcón que sufre mi estómago al frenar la caída con mis piernas en el asfalto me obliga a amarrarme a la primera papelera que veo, devolviendo lo poco que tengo dentro. Es tal la reacción de mi cuerpo ante el estrés, que no me doy cuenta de que una vecina se ha acercado hasta que puedo levantar la cabeza. La reconozco enseguida por ser una de las pocas personas que no curiosearon sobre nuestra llegada al cuatro, es una anciana bastante atenta y, a juzgar por el carrito que carga consigo, he interrumpido su camino al supermercado. Aun así, es lo suficientemente amable como para preguntar si me encuentro bien, si necesito de su ayuda, a lo que respondo con un movimiento de cabeza que indica que no debe preocuparse, que solo necesito llegar a casa. Por la mirada que me da no me es difícil comprender que no se lo traga, pero tampoco le doy el tiempo suficiente para atosigarme con más preguntas que ya estoy emprendiendo el resto del camino hasta la puerta de casa.

Mentiría si dijera que para cuando entro no estoy llorando, pero son unas lágrimas de impotencia mezcladas con tal angustia que me son imposibles de no derrochar en lo que atravieso el pasillo principal. No es como si les prestara mucha atención, a cada una que cae le pego un manotazo para apartarlas de mi rostro, asqueada por siquiera estar permitiéndome el llorar por esto. Ni me paro a fijarme donde es que se encuentra Charles, que ya estoy subiendo las escaleras a una velocidad sorprendente para alguien que hasta hace poco, le temblaban las piernas. Creo que lo siguen haciendo a pesar de todo, y no solo ellas, mi cuerpo entero también. — Nos vamos de aquí, no hace falta que deshagas las maletas. — es lo que voy diciendo y repitiendo a medida que subo un escalón detrás de otro, no me hace falta sonorizar mucho mi voz para que se me oiga, el llanto ya habla por sí solo.

Para cuando entro en la habitación, las maletas siguen sobre la cama, a excepción de que la propia ropa se está desenvolviendo a sí misma por magia. Poco me importa cuando uso mi mano para terminar con el hechizo, y ni siquiera lo reutilizo para hacer la tarea contraria, sino que me dispongo yo misma a abrir las puertas del armario. — Dejaré el trabajo, buscaré otro, nos iremos al nueve, o al siete, como si tengo que regresar al once. No pienso formar parte de nada más, mañana mismo voy a presentar mi renuncia en el ministerio. — refunfuño por lo bajo, aunque lo suficientemente alto como para ser escuchada si así se quiere. El tono de mi voz denota enfado, enojo, agotamiento y frustración, pero creo que no es nada comparado con la forma que tengo de arrancar las perchas del armario y tirar de la ropa para lanzarla sobre la cama, sin apenas perder el hilo de cada movimiento a pesar de no estar siquiera prestando atención a lo que hago. Es más bien el mecanismo de defensa que tengo para no estampar algo contra la pared, o golpearme a mí misma contra ella, si vamos al caso.

Hago un esfuerzo descomunal por no soltar ni una sola lágrima, a pesar de estar segura de que mi rostro se está tornando rojo en consecuencia. Es tal la impotencia que siento que la tomo con una prenda que no quiere desenfundarse de la percha y comienzo a tirar de ella sin siquiera hacerlo bien. — Joder. — termino por perder la paciencia y arrojo el conjunto a cualquier parte de la habitación, no estoy mirando para cuando no puedo aguantarlo más y dejo escapar un sollozo, cerrando los ojos con ayuda de mis dedos índice y pulgar sobre mis párpados para no permitir que el agua caiga sobre mis mejillas. Claro que lo hacen igualmente, es insoportable el dolor que siento en el pecho, el mismo me recuerda que tengo dificultad para respirar en cada uno de los espasmos que sufre al tratar de llenar mis pulmones de un aire que no llega.


Última edición por Phoebe M. Powell el Mar Feb 11, 2020 7:22 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Miér Feb 12, 2020 6:51 pm

No tienes que fingir que te sigues preocupando por mí, Hans, si no es algo que te faltó añadir es porque sé leer entre líneas, mucho menos si la razón por la que has venido es porque sientes que es lo que debes hacer. — contesto a su alegación sobre el motivo de su visita. Mi hermano tiene esa manía de hacer las cosas sólo porque debe, probablemente porque se ha pasado toda su vida entre leyes, siguiendo órdenes de sus superiores. Lo que me duele no es que haya venido, sabiendo que hace unas horas dejó en evidente lo que opina sobre mí, me duele que lo camufle como una preocupación que sé que ya no está ahí. Por lo siguiente, me remuevo un poco en la cama, no es la primera vez que recibo un sermón de parte suyo, creo que sería capaz de recitar todos los que me ha dicho a lo largo de mi vida. Precisamente en esta ocasión, no es lo que necesito, pero no es algo que pueda reprimir tampoco. — Puedes quedarte tranquilo, he aprendido mi lección, no voy a volver a confiar en las personas equivocadas. — no sé si es lo que necesitaba oír, es lo que me sale, aunque apenas le dirijo la mirada. — Al contrario de lo que piensas, sé dónde estuvo mi error y soy consecuente con mis acciones, pero ya estuve embarazada una vez, e incluso en el norte estaba preparada para darle la vida que se merece. — ¿espero que entienda que no pretendía que nada de esto pasara? No. Él no ha pasado su vida entera en el norte, no sabe que allí las reglas de raza no funcionan como aquí porque lo importante no es la sangre que se tiene, lo que allí importa es la supervivencia. Si para ello tuve que depender de un humano, uno en el que confiaba y que me salvó la vida, puede que mi equivocación estuviera en confiar en él después de tantos años, pero también lo hice con Hans, independientemente de que su cobardía lo hizo vivir una vida sin carencias. Con un padre posesivo, sí, pero la peor parte no la sufrió él.

Mis párpados se mueven de manera que enfoco hacia su figura cuando se acerca, mi rostro pasa a ser un reflejo de alguien que guarda el dolor de tener que estar pasando por esto. Me quedo callada a su invitación, pasan segundos en los que solo se aprecia el silencio y mis ojos no se apartan de los suyos en ningún momento. No me cuesta nada identificar los matices que para él pueden pasar desapercibidos en sus frases, pero que para mí son un determinante de que, una vez más, está actuando en base a lo que debe ofrecer, y no lo que realmente desea hacer. — Hans, si todo lo que soy para ti es una mancha en tu expediente, no quiero favores. He vivido a base de ellos toda mi vida y no deseo recibirlos de mi hermano también. Te devolveré todo lo que has hecho por mí en este tiempo, pero no busques forzarte a hacer cosas por mí solo porque te sientes en la obligación de hacerlo. — porque no es más que lo que he recibido con ese comentario de puedo enviártelo, que no denota otra cosa que el supuesto esfuerzo que le supondría. No planeo ser una presencia molesta en su vida de ahora en adelante, ya fui un estorbo por demasiado tiempo, supongo que esa es otra lección que debería haber aprendido en su momento, al nacer, por lo que parece. Me he cansado de vivir a base de los favores de otra gente, creía que había puesto freno a esa parte de mi vida al escapar del once, pero esto solo demuestra que mi hermano no me considera más que eso, alguien al que le debe echar una mano solo porque sí, no porque verdaderamente le importe. A lo de la locura, he apartado la mirada de su rostro, tomo aire por la nariz en lo que siento que mi garganta se está cerrando. — Eres libre de marcharte cuando quieras. — al final, todo el mundo lo hace. Solo me queda confiar en que mi marido se quede conmigo pese a las equivocaciones que está claro que mi hermano no puede, ya no digo perdonar, sino aceptar por lo que son.
Phoebe M. Powell
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Mensaje por Hans M. Powell el Jue Feb 13, 2020 3:24 am

No entiendo cómo es que, a pesar de la molestia dolorosa que me provoca toda esta situación, el sentimiento predominante sea exasperación. ¿Cómo es posible que ella siga poniéndose en el rol de víctima, cuando está admitiendo que sabe dónde estuvo su error? ¿O es que simplemente me dará la razón como a los locos, mientras se dedica a pensar que he sido cruel solo por decirle la verdad? Hay algo que siempre he detestado de las personas y es esa sensación constante de la autocompasión, la queja inmediata sobre un problema que no están buscando solucionar. Phoebe no tuvo nada, es cierto, pero lo poco que ha conseguido no lo ganó en base a esfuerzo, sino porque no tenía otra opción. ¿Y entonces de qué se queja? ¿De que nuestro padre fue una basura? Bingo, lo sé. ¿Qué hizo para solucionarlo? ¡Nada! Los demás vamos siempre detrás y limpiamos su mierda, porque pobrecita Phoebe. Y yo no seguiré con eso.

Creo que por eso mismo la miro con la lengua entre mis dientes. No quiero gritarle que es una llorona mal agradecida, hasta que algo de todo lo que dice hace que vuelva a abrir la boca — No quiero que me devuelvas absolutamente nada, no lo necesito — aclaro — Pero vas a escucharme bien. Nada de lo que hice por ti fue una obligación, lo hice porque me parecía lo correcto. Porque eres mi familia y cuidarte es mi trabajo, como lo haría por cualquiera de nosotros, incluso por tu marido o tu hijo. Y solo esperaba de ti lo mismo… un poco más de razón o cordura, eso es todo. Tú solo… — dejo caer las manos a mis costados con exasperación, respirando con pesadez en busca de las palabras — Te quejas, Phoebe. Crees que el mundo fue una mierda contigo y sí, tal vez lo fue, pero no haces nada con ello. Y no seré el malo de la película solo porque tú cometiste un error y lo único que sabes es sentarte a llorar por eso. Tengo mis prioridades, que son mis hijas y me haré cargo de mis acciones, sean cuales sean. Y si tú no puedes ver eso… — que me disculpe por enfadarme, por necesitar mi tiempo para pensar.

Estoy lejos de rogar por cinco minutos. Me basta con una palmada en uno de sus pies para darme la vuelta, hasta tomar el picaporte. Me detengo, dudoso, antes de abrir con suavidad y girarme para verla una última vez — Me alegro por ti. Por el bebé. Espero, de verdad, que sepan ser muy felices — porque tal vez eso es todo lo que necesita, la felicidad tiende a ser más sencilla de lo que alguna vez creí. Solo hago un gesto con la cabeza antes de salir por la puerta.
Hans M. Powell
Hans M. Powell
Ministro de Justicia

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Mensaje por Phoebe M. Powell el Vie Feb 14, 2020 9:27 pm

Hay una cosa en la que tiene completa y absoluta razón, sería hipócrita negar que no tengo un afán por la protesta. Esas quejas por las que está haciendo un escándalo son la única forma que tengo a día de hoy de ser escuchada, lo que no hace y es algo que yo tampoco voy a formular es por qué, por qué quejarme parece ser la alternativa a la que recurro con más facilidad. La respuesta es muy simple, y tiene que ver con que soy la sombra de una familia que siempre ha tenido opiniones fuertes, unas que son muy difíciles de discutir, como esto no es más que un ejemplo de ello. Mi padre juzgaba a los magos, pero era lo suficientemente pequeña como para no entender nada del asunto y no es algo sobre lo que pueda alegar. La situación ahora es otra. Me encuentro con que mi hermano es el ministro de justicia de una sociedad que se dedica a esclavizar humanos, culparlos de todo el mal que una vez se nos infringió a aquellos de sangre mágica. Leyes que yo, como alguien que ha visto, experimentado y escuchado muchos puntos de vista, no comparto. ¿Puedo luchar contra eso? ¿Podría hacer lo que hizo la madre de Meerah y regresar al norte, lugar donde se acumula la resistencia? Podría, claro que podría, ¿lo he hecho? No. No lo he hecho porque cuando Hans apareció de nuevo en mi vida, tenía claro que quería conservarlo. Sabía que no me aceptaría si era sincera con él, si le contaba que no estaba de acuerdo con lo que estaba haciendo, porque era Hans, ¿cómo podía hacerle eso precisamente yo, yo, que soy una de las razones por las que decidió seguir con esta vida de resentimiento?

No lo culpo, yo también estoy resentida, con mi pasado, con mi padre, creo que ese es mi principal problema, que no hago otra cosa que proyectar sobre mi presente lo que pasó hace años. Y lo acepto, soy consciente de que este fue mi error, ahora lo veo más claro que el agua. Tiene razón en muchas cosas, la mayoría de las cosas que salen de su boca se sienten como un llamado a la realidad que no me queda otra que asimilar, esta vez sin protesta. Porque es la verdad, puse en peligro a su familia, puede que él no comprenda que solo lo hice porque la propia experiencia personal me cegó, me hizo ver a una persona que en el pasado me había ayudado como alguien que solo quería comprobar que su familia estaba bien. ¿No es lo que hubiera hecho cualquiera? Quiero creer que sí, que mi hermano hubiera hecho lo mismo si la situación hubiera sido del revés, sangre dejada a un lado. Es por eso que me quedo callada, no tengo una defensa ante lo que dice y espero que el silencio sirva como respuesta tanto como mis ojos se mueven al tratar de permanecer quietos sobre los suyos. No pretendo excusar mis acciones, no lo haré, pero sí me atrevo a decir que el hecho de que no murmure una sola palabra refleja verdaderamente dónde estaban mis intenciones.

Su explicación se basa en que solo sé quejarme, y es una justificación perfectamente válida. Lo que no ve es que yo me he callado durante todo este tiempo porque valoro a mi familia, porque no quería que se rompiera por mis opiniones dispares, porque podría haber hecho muchas cosas diferentes, y no las hice sabiendo que a día de hoy los Powell están con la soga atada al cuello. Porque los quiero y no pretendía ponerlos en peligro. Me equivoqué, soy humana, he cometido toda clase de errores en mi vida, pero lo que me queda de esto es que el más grave ha sido confiarle quién soy a la persona que se suponía no iba a juzgarme. Mi falta está en haber sido yo misma al pretender ayudar a una persona que consideraba un amigo por lo que hizo por mí cuando todo lo que tenía se esfumó de un día para otro. No puedo cambiarlo, claro que me arrepiento de haber puesto mi confianza en alguien que la tomó y no solo la estrujó con la mano, sino que la pisoteó hasta que la convirtió en humo y cenizas, de la misma forma que yo ahora estoy viendo como mi propio hermano está haciendo lo mismo con la confianza que tenía en mí, no sé si solo por ser su hermana, o porque esperaba otra cosa diferente de mí, pero me duele haberle fallado de la peor manera posible.

Y sé que, si hay algo que me ha quedado claro de esto, es que voy a necesitar ayuda. No de mi hermano, ni de mi marido, tampoco de amigos. Necesito ayuda y no la de cualquiera, la de alguien que sea capaz a darme una perspectiva diferente, que sepa decirme qué es lo que estoy haciendo mal, para no volver a permitir que esto suceda de nuevo. Tengo que aprender a dejar de usar mi pasado como una excusa a todos mis problemas, cuando el principal problema es que solo hago que cometer estupideces por cuenta propia. Puede que no me haya dado cuenta hasta ahora, que he sido una egoísta en todo este tiempo, con Charles, con mi familia, que me he convertido en una amenaza para ellos, no importa si ha sido consciente o inconscientemente, el resultado es que por mi manía a verlo desde mi punto de vista, los he puesto en peligro. Y si continúo por este camino voy a terminar por ser mortífera para mí misma también, que no es ni la mitad de terrible como el de haberlo sido para los que me importan. Soy plenamente consciente de que necesito cambiar, que no valen las disculpas si sigo repitiendo los mismos errores, si continúo con los vicios que empecé a arrastrar desde vaya a saber cuándo. Pero no creo que pueda hacerlo sola, ya lo he intentado y he acabado traicionando lo que verdaderamente importa, incluso cuando eso signifique traicionarme a mí misma y lo que pienso. Necesito ayuda externa, de una vez por todas, y en esta ocasión no seré reacia a pedirla si con eso aseguro que no vuelva a repetirse. Por la forma que tiene mi hermano de marcharse, no queda duda de que una segunda oportunidad no es lo que voy a recibir, pero sí creo que sea algo que puedan darme mi hijo, mi esposo, si puedo intentarlo de nuevo.
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