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Mensaje por Lara Scott el Mar Dic 24, 2019 3:12 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Con los pies debajo de mi cuerpo, coloco a la bebé en medio de mis piernas cruzadas y la recuesto contra mi vientre para que pueda ir mirando las fotografías que le muestro, que después de estar toda la tarde al borde de la piscina con kilos de protector encima y un sombrero que no le deja fuera ni los pies, volvimos al interior de la casa a esperar que aparezcan otras vidas humanas. —¿Te puedes creer lo hermosa que era tu hermana de niña? ¡Mira esos cachetes, Tilly!— chillo de la emoción, que no hay nadie más en la sala y las pocas fotografías de Meerah que logré conseguir de los cumpleaños a los que fui son material para enternecerse. Si no lo hice antes y lo hago recién ahora, es porque aprendí a apreciar la belleza de los cachetes redondos al tener que cargar desde hace un par de semanas con una bebé tan gorda, que picarle las mejillas es una tentación de la que nadie se priva. Dejo la fotografía a un lado cuando escucho el timbre y en lo que me tardo en descruzarme para ir a abrir, escucho como la puerta se abre, se cierra, avanzan los pasos por el pasillo y maldita Poppy veloz que me ha ganado, ella porque se aparece y desaparece en un pis pas, tramposa.

Recuesto mi espalda contra el respaldo del sillón y para cuando una figura tal alta como es característico de los Powell cruza el umbral de la sala, tengo a Tilly sobre mi pecho para que pueda saludarla con su manito en alto. —Hola, tía Phoebs—. Sacando lo de las noches en vela, lo de tener que estar limpiando un culo todo el día, de que los senos me duelen de muerte cuando se cargan de mucha leche y me escuecen a veces, ah, también que está acaparando nuestra cama, esto de tener un bebé es divertido y con la cantidad de juguetes que le traen, tenemos para entretenernos. Sí, claro, decían que la maternidad me iba a traer madurez, pobres ilusos. Ni que fuera Navidad y me la pudieran colocar como un obsequio debajo del árbol. Toma, Lara, aquí tienes tu madurez. Meerah le regaló un cactus bailarín a Tilly, o sea, ¡un cactus bailarín y con luces en las mejillas! Ni hablemos del chupete de snitch, me lo voy a robar, diré que se perdió y haré que Hans le compre otro. Esta licencia del trabajo se parece mucho a unas vacaciones en un parque de diversiones, las noches son la montaña rusa del terror, el resto es llevadero.

Todas las ideas desopilantes que se me ocurren de repente tienen que ver con la bebé y tal vez de las más sensatas, sea la de darme cuenta que Tilly necesita conocer a sus abuelos y no es demasiado pronto, quiero que sus caras se vuelvan tan familiares para ella que pueda hablar de la abuela Penny o el abuelo Lawrence de la manera más natural posible, que siempre los tenga presente como sé que Mohini siempre estará para ella. ¿Hermann? ¿Quién es Hermann? Yo no lo conozco, hay gente que hace mérito para que ni los mencionen. —Gracias por buscar una fotografía de tu mamá, Phoebe. No era mi intención sacudir los cajones de los recuerdos y que puedan traer nostalgias, lamento si fue así. Solo quiero darle lo mejor de nuestros pasados a las niñas— se lo explico, como ya lo hice por teléfono cuando la llamé para preguntarle con toda cautela si acaso tendría una fotografía de Penny que pudiéramos colocar en el álbum de Tilly, después de preguntarle a Hans con la misma y aún más exagerada cautela si tenía capturas del rostro de su madre para incluirla a ese libro que voy llenando en mis ratos de aburrimiento con todos los detalles de la bebé que no querremos olvidar. Extraigo de debajo de las que muestran la carita infantil de Meerah, una en la que se aprecia el viejo taller como lo era antes de que las cosas cambiaran tanto y en el centro de la imagen, mi padre con su mameluco de mecánico y ese rostro suyo, grueso y sonriente, de una época en la que yo era tan pequeña como la misma Tilly. Se la tiendo a Phoebe para que pueda verla. —Cuando volvamos a la casa de la playa, podemos colocar ambas en cuadros para colgarlas en la pared— aquí no me animo ni a poner un clavo en la pared para no arruinar la decoración.


Última edición por Lara Scott el Vie Dic 27, 2019 3:04 am, editado 2 veces
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Miér Ene 01, 2020 7:15 pm

Ruedo los ojos porque al parecer mi presencia resulta un incordio para los comentarios salidos de tema de mi hermano, por lo que solo termino de mover las cejas en un movimiento que acompaña a la sonrisa sarcástica que le muestro después por su gracia. — ¿En serio crees que dedico tanto tiempo a mi pelo? Este cabello es completamente natural. — digo con un tono que pretende no irse por el camino del primer comentario, y más por el segundo al que hilo con un gesto de mi mano para apartarme un mechón del hombro, casi hasta con dignidad. Digamos que nunca me he preocupado en exceso por mi aspecto físico en cuanto a belleza se refiere, tampoco es algo que desee hacer, pero es cierto que uno tiende a juzgarse más a nivel individual cuando hay otra persona en el cuadro. Le dedico un ademán de profundo agradecimiento exagerado a Lara cuando nos hace a mí y a Charles parte de su congregación de fe de los lunes, más se queda tan solo en eso. No quiero tener que poner en imagen mental lo que sería tener que presenciar eso y, aunque puede sonar atractivo al principio, solo Dios sabe lo que podría salir de ahí.

La charla amarga no se tarda en llegar, esa misma expresión se refleja en mi rostro cuando no puedo contener la cara de haberme chupado un limón por el modo que tiene Hans de hablar de nuestra padre, como si estuviera excusando que mi madre al quedarse con él, independientemente de nosotros, le arruinó la vida. ¿Cómo lo recordamos, a Hermann Powell, exactamente? Estoy segura de que Hans lo hace de una manera distinta a la mía, él tuvo la oportunidad de convivir con un tipo que él señala algo así como decente durante bastante más años que yo. En mi caso, solo tengo el recuerdo de una niña escondida bajo las sábanas de su hermano mayor, creyente de que de esa manera podría ignorar los gritos y el escándalo de fuera, cuando la realidad era otra. Fui lo suficientemente pequeña como para no darme cuenta de lo que estaba pasando en mi casa, pero sé que hubo un comienzo y un final en el modo que tenían de funcionar las cosas en nuestro día a día. Por eso no digo nada, a sabiendas de que tengo bastantes cosas que opinar al respecto, si me callo es porque no quiero hacer de esto una conversación desagradable.

Las imágenes que se presentan a continuación no ayudan a lo que empieza a ser una sensación de malestar en mi pecho, tampoco lo hacen las palabras de mi hermano, que no sé por qué me sorprende que esté defendiendo lo indefendible, cuando ha estudiado lo que ha estudiado por alguna razón. Creo que no me corto un pelo cuando aprieto mis labios, mordiéndome parte de la mejilla interna al tiempo que mis cejas pasan a formar una línea comprimida. Me cuesta pensar en Hermann como un buen esposo, o un buen padre siquiera, cuando fue la misma persona quién me arrebató a mi madre. Puede que yo tenga puesta a mamá en un pedestal, porque no dejé de tener apenas siete años cuando murió, cuando todo lo que recuerdo de ella son momentos felices en comparación con los que me ha brindado mi progenitor, pero jamás podría decir lo mismo de él, que fue un buen padre. No al menos para mí, no puedo compartir la imagen de Hans en bicicleta, acompañado por Hermann, porque esa no es la experiencia que yo recuerde. Reconozco mis memorias bastante vivas, soy capaz a recordar muchas más cosas de las que creía posibles de ponerme a ello, pero tampoco soy una grabadora y tenía unos seis años cuando toda nuestra vida tal y como la conocíamos se vino abajo. Como es evidente, no tengo una buena imagen de Hermann Powell, no creo que llegue a tenerla nunca, ni por muchos vídeos que vea en los que su figura parece menos trastornada.

Mis primeros pasos no me hacen tanta gracia o me producen tanta ternura como debería, siendo que la persona que estira los brazos para acompañar al bebé en su patoso camino es su padre, y después de lo dicho por Hans ni siquiera tengo ganas de fingir que su figura no está presente, cuando es obvio por todos los que estamos aquí sentados que no podemos borrarlo. — Sí. Se equivocó bastante. — no me doy cuenta de que mi voz suena seca, como si le estuviera echando la culpa a mi madre por haberse quedado con nosotros en lugar de salvarse a sí misma. En parte lo hago, pero sé que estoy siendo injusta, no puedo culparla por algo que hubiera hecho cualquier madre decente. Me limito a pasar al bebé a los brazos de su padre, es intensa la sensación que tengo de necesitar algo de aire, casi me estoy levantado con la excusa de ir a buscar más palomitas, que apenas el bol está terminado y me es igual, cuando Lara comienza a hablar.

No sé si tengo la contención suficiente como para tomar lo que dice sin que afloren las emociones que llevo ya un tiempo reprimiendo. Lo pone de una manera que me es imposible no echarle una mirada a mi hermano, me atrevo a sonreírle al verle cargando con su hija, a pesar de que dirijo un poco la vista hacia el suelo, tratando de no pensarlo demasiado por si se me escapan las lágrimas. Me quedo más callada de lo normal, y creo que es porque nadie se ha dado cuenta de que las imágenes del vídeo siguen rodando en la televisión pese a estar sumergidos en una conversación nostálgica de la que me veo incapaz de formar parte si no es que quieran que termine llorando. No hacen faltas las palabras tampoco, me basta con colocar una mano sobre el brazo de mi hermano para darle una caricia a modo de agradecimiento, por estar aquí, por haberlo estado incluso cuando no lo sabía. Le dedico unos segundos de mis ojos a Tilly antes de girarme hacia su madre y acariciar su hombro desde la diferencia de alturas por estar sentada en el suelo, porque menos mal que no tomó mi advertencia sobre usar protección, o ni siquiera estaríamos aquí para empezar.
Phoebe M. Powell
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Mensaje por Hans M. Powell el Jue Ene 02, 2020 2:52 pm

Es una suerte el tener a Tilly en brazos, puedo concentrarme en sostenerla con toda la delicadeza que soy capaz a pesar de que la conversación gira hacia un tema que ha sido complicado desde hace mucho tiempo. Oigo las voces de la televisión, a esos niños que ya no existen, a pesar de que mi mirada está clavada en la bebé que parece demasiado pequeña en comparación a mí al tenerla contra mi cuerpo, en lo que su madre habla desde su punto de vista. Siempre he tenido cierta sensación de urgente protección hacia ellas en cuanto empecé a incorporar a mis hijas a mi vida, el saber que están expuestas al exterior es algo que me llena de un pánico que no puedo controlar, porque soy consciente de que no puedo hacer nada contra eso. Hay veces, en especial cuando es de noche y puedo decir que están durmiendo tranquilas, seguras en sus camas, es que siento una enorme paz que me hace desear que todo se quede de esa manera. Por obviedad, la mañana llega.

Mi silencio se prolonga más tiempo del necesario, aunque giro el rostro en dirección a mi hermana en reacción a su caricia. A pesar de ser honesta, la sonrisa que le regalo se siente un poco tirante, tal vez porque mis labios tiemblan vagamente. Hay cosas de las que me arrepiento, sí; he hecho mil estupideces desde que me quedé solo, la mayoría en nombre de una persona a la cual no lograba encontrar y otras, en sensación de cobrarme los dolores que me produjo mi padre. Creo que no he tenido descanso en al menos una década — ¿Ves lo que te digo? Le hubieras agradado — es lo único que puedo decir, una broma tonta que no tiene tanta gracia. En mi posición no me puedo acercar a ella, pero le doy un suave toque con el pie para que Scott pueda sentir al menos un agradecimiento silencioso — Más de una vez me he preguntado si ella se hubiera sentido orgullosa de mí o no. La verdad es que solo puedo hacer suposiciones, nunca sabremos la verdad. Así que he optado con quedarme con el recuerdo que tengo de ella — que quizá no es tan ideal como el que tiene mi hermana, porque he visto cosas que ella no. Pero mi madre fue mi madre, tuvo sus errores y sus aciertos, aunque siempre la relacionaré a la calidez y a los buenos tiempos, antes de que todo se volviera complicado.

Noto los movimientos incómodos y la manera que tiene Tilly de retorcerse, mi rostro cargado de una expresión de asco deja en evidencia lo que ha sucedido. Siento la urgencia de salir de aquí por un momento y parece que mi hija me ha dado una buena excusa, así que no me demoro mucho en ponerme de pie — Tengo que cambiarle al pañal — sé que no es una tarea a la que suela ir con mucho entusiasmo, así que levanto una mano para que Scott se quede donde está — Yo me encargo. Ustedes quédense aquí y coman palomitas. Si quieren, estoy seguro de que hay grabaciones de mi adolescencia en algún sitio, como para que se rían a mis espaldas. Jack una vez me filmó tratando de hacer una seguidilla de tragos que terminó muy mal — suena a un buen soborno. Apenas les sonrío cuando me aparto, dando los pasos que abandonan la sala en lo que Tilly comienza con los quejidos que demuestran su molestia. La entiendo, de verdad; a muchos nos viene bien el quejarnos.
Hans M. Powell
Hans M. Powell
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Mensaje por Lara Scott el Jue Ene 02, 2020 9:31 pm

Tilly no es la única que la cagó. Phoebe está llorando y Hans se hace cargo de cambiarle el pañal a la niña como un héroe de la patria para abandonar la sala antes de que siquiera pueda formar la petición de quien se la lleve, así los puedo dejar a los dos guardando sus recuerdos de la infancia. No importa que diga que tengo buenas intenciones, tengo ganas de llamarle a Mo para decirle que acabo de joderla con los hermanos y no sé qué hacer. Esta vez ni siquiera puedo decir que Hans se la buscó y se merecía que lo pellizque como si fuera una pelea de niños de preescolar, se siente más bien como si acabara de pisar esa tortuga que me dijo que tenía de pequeño. Mo, maté a la tortuga de Hans y Phoebs, así básicamente. Cuando ya no sé ve ni un mechón de su pelo al salir, me trepo al sillón para quedar sentada al lado de Phoebe y estiro mis brazos así puedo rodearla por los hombros, una de mis manos sobre su cabello, peinándolo. —No le hagas caso a tu hermano, tu cabello es hermoso también— digo, es lo más tonto que puedo decir, ¡lo sé! —Lo siento, Phoebs. No quería hacerte llorar, ni quería que Hans se fuera así— le pido disculpas, definitivamente fue una mala idea pedirle fotos de Penny, tendría que haber dejado que por su lado encontraran el momento de hablarle de ella a Tilly, quizá en cinco años cuando se pusiera a hacer preguntas. Quizá entonces a una niña sí se le podría contar lo que se quisiera contar, no más que eso. No haría falta ahondar tanto.

Yo sí creo que tu mamá estaría orgullosa de la mujer fuerte en la que te has convertido y también estaría orgullosa de Hans por conseguir, a veces volviendo sobre sus errores, que la familia se mantenga junta. Él, tú, Meerah, ahora Mathilda…—voy enumerando a los legalmente Powell y deslizo la palma de mi mano por su cabello, entonces la suelta para colocar mis manos sobre sus hombros. —Se notaba que era una mujer que amaba a su familia y ustedes son iguales a ella— froto sus hombros para reconfortarla, y en vista de que estoy siendo terriblemente invasiva de su espacio personal, la libero de mi efusivo intento por hacerla sentir mejor. —Se habría llevado bien con Mo, es más, yo me hubiera tenido que valer de Mo para mandarla por delante y le diga que iba a ser la madre de su segunda nieta. Hubiera sido el horror, soy el tipo de nuera que rompe los jarrones donde están las cenizas de los bisabuelos. Esta noche de seguro se me aparece en sueños para tirarme de la oreja por haberte hecho llorar—  parloteo, un poco incómoda porque no sé si se puede bromear sobre esto y eso es prueba más evidente de los nervios que me ha dejado esta mala tarde de películas.

Ni sé si quedan ánimos para ver los momentos vergonzosos de Hans. —¿Quieres continuar… o ir a hablar con tu hermano?— pregunto, que era quien sobraba en la escena y al final me dejó con su hermana, hay cosas que si se tienen qué decir, no creo que deba estar presente. —Si quieres, guarda algunos videos para mirarlos luego y le avisamos a Hans que te lo llevas. ¿No te gustaría ir un rato a casa de Mohini a comer kaju barfi?—la invito con una sonrisa que le pide que me diga que sí, que mi madre es mejor en esto de poner contentas a las personas con comida y abrazarlos sin razón aparente, puede ayudarme a arreglar la metida de pata.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Vie Ene 03, 2020 12:10 am

El hombre de las excusas, casi diría que me recuerda a alguien. Apenas levanto un poco la barbilla cuando le sigo con la mirada mientras procede a salir de la habitación, hasta que siento una presencia a mi lado por como se acomoda el sofá ante el nuevo peso y me obligo a mover un poco la dirección de mi cuerpo. — No estoy llorando. — me apresuro a añadir rápidamente. Tan solo se me ha metido algo de polvo en el ojo, eso es todo. Toda la culpa la tiene esa caja que permanece cerca, como un recordatorio de toda la suciedad que carga, ya no solo por la cantidad de tiempo que ha pasado desde que alguien le echó un vistazo, sino porque también guarda memorias que duelen. — De verdad, se me pasará. — quizá tenga que ver con que tengo demasiado tiempo libre, pero tengo la sensibilidad a flor de piel estos últimos días. — Y ese solo es el mecanismo de defensa de Hans. —añado, a pesar de que la voz suena algo precipitada. Nada de lo que en teoría haya que preocuparse, que ella como madre de su hija y compañera en más de un significado ya debe conocer sobre las formas que tiene mi hermano de confrontar sus preocupaciones.

Poso una mano sobre la de Lara cuando pasa a colocarlas sobre mis hombros, dándole una palmadita de agradecimiento sin menear mucho la cabeza. Sobre lo que cuenta después, solo me sale sonreír con algo de lástima por la idea de que mi madre se le aparezca mientras duerme. — No serás la única, entonces. — bromeo, que para sueños extraños siempre voy a estar yo para hacerle competencia. Desinflo mi pecho con algo de fuerza cuando dejo caer mi espalda sobre el respaldo del sofá, hundiéndome entre los cojines con una mueca en los labios. — Es solo tan extraño, echar de menos a alguien de quién ni siquiera recuerdas mucho. — confieso, pasándome la mano por debajo de la nariz al tiempo que bajo un poco la vista hacia el suelo. — Siempre he extrañado a mi madre, especialmente cuando murió, no entendía lo que realmente significaba la muerte, de alguna manera siempre pensé que aparecería por la puerta. Llegó un punto después, mucho más adelante, que dejé de necesitarla. Quiero decir, sabía que la extrañaba, pero no podía traerla de vuelta, así que era mejor olvidarla en ese aspecto. — como lo hice con Hermann, como ocurrió con Hans, de la misma manera que he construido una barrera de esos recuerdos. Hasta que… — No sé cuál ha sido el punto en el que no puedo dejar de pensar en lo que mucho que la necesito ahora. — son ilusiones estúpidas, unas que debería dejar de plantear. Por eso mismo le dedico un vistazo, alzo una mano en su dirección y asiento suavemente con la cabeza, a modo de entendimiento. — Sé lo que estás pensando, cómo se puede necesitar a alguien que ni siquiera has tenido. — tuve una madre por cuánto tiempo, ¿uno, dos años que pueda recordar?

Eso no es nada, nada comparado con lo que pueden tener Mo y Lara. No conozco lo que es tener ese vínculo, mucho menos el poder extrañar algo como eso. Con una mueca más que una sonrisa me enderezo un poco, le echo una hojeada a lo que hay restante por ver, demasiadas cintas que podrían tener la duración de una larga saga. Con un gesto negativo de cabeza, algo vago para ser sincera, declino su oferta. — Creo que Hans ha tenido suficiente con el paseo de los recuerdos como para tener que lidiar conmigo. — alcanzo a estirar un brazo para remover el interior de la caja una última vez, no busco nada en específico y a la vez creo que estoy esperando encontrar algo que llame mi atención. Creo que se me vuelven a empañar un poco los ojos para cuando me giro en su dirección. — No tengo ni idea de lo que es el kaju barfi, pero suena estupendo.
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Mensaje por Lara Scott el Dom Ene 05, 2020 12:18 am

Hay cosas sobre las que no sé, pero puedo hacer el intento de entenderlas. Coloco mi codo sobre el borde del respaldo del sillón para sostener mi mejilla con una mano, escuchándola mientras me explica sobre eso de añorar sobre cosas que se desconoce, mi explicación inmediata a esa sensación ha sido siempre las reencarnaciones, que la memoria de todo aquello que nos provoca angustia, nostalgia o un inexplicable y fuerte lazo con una persona, tiene que ver con vidas que no recordamos y que se mantiene como un conocimiento callado dentro de nosotros, por eso a veces tomamos decisiones que suponemos instintivas, como alejarnos o atacar algo que creemos peligroso, solo porque en otra vida eso nos hizo mucho daño. Comprendo que ella no se refiere a nada de eso, sino a una niña que perdió demasiado pronto a su madre, incluso yo puedo partir mi vida por la mitad y recordar a mi padre abarcando todos los momentos de la primera, tal vez continué con esa angustia de lo perdido hasta no hace mucho, pero puedo volver a esos recuerdos de una manera distinta ahora, quedarme con la imagen de ese entonces y dejarla allí. De eso se tratan también las fotografías, de poder tomar algo y volver a ese momento, pero queda atrapado ahí. Puedo entender que ella lo que siente es la falta de esa fotografía, una que le diga quienes eran ella y Penny, la una para la otra.

Phoebe, sé que la mayor parte del tiempo digo muchas estupideces y cosas que no tienen ni pies, ni cabeza, pero…— hay razones muy bien fundadas en mi carácter de por qué pedí trabajar en el departamento de misterios, —sentimos a las personas. Esa idea extraña de que una persona está por estar en cuerpo y voz en un mismo espacio físico suele ser el mayor de los engaños, muchas personas compartiendo espacio no están. Estamos conectados de otra manera, vas a sentir en ocasiones que una persona puede llegar a ti y ni siquiera puedes verla, está a kilómetros de distancia o no está. Se da a veces de manera inconsciente, pero también necesita que estemos abiertos en actitud a esto, a creer. Porque las personas le dan explicaciones científicas, medibles y escépticas a los misterios, antes de tratar de entender la naturaleza de esos misterios y para entender algo, debes zambullirte en él — musito, una sonrisa tirando de mis labios hacia arriba. —No creo estar diciéndote nada que no sepas debido a tu don, pero que pueda servir para pensar que sí has tenido a tu madre, por el hecho mismo de que ella te tuvo y te amó, ha dejado contigo un vínculo contigo que se sostiene pese a todo. Y tal vez no sea ella, pero cuando la necesites o la extrañes, ella volverá a ti a través de muchas cosas y personas que tal vez no son las que imaginas.

Busco con mis dedos la frente de Phoebe para retirarle un mechón de cabello en una caricia que me ha quedado de algún momento de mi infancia, como eso que se hace para consolar a alguien, y pienso en que fue de las primeras cosas que me indicó que quizá estaba viendo en su hermano algo distinto a la cara que me mostró por años, como alguien con un pesar que podía tratar de entender, aunque no llegara a hacerlo del todo y que tal vez, solo tal vez, el idiota había tocado mi corazón. Lo que sé es que lamento todo lo que han tenido que pasar, que algunas cosas todavía les duele tanto, que es mentira eso de que el tiempo remite el dolor y hay algunos con los que simplemente se aprende a convivir, al lado de todas esas otras cosas que hacen sentir mejor, como un postre. —Puede que no sea el mejor momento— digo, antes de abandonar el sillón y llevar a Phoebe al refugio de Mo, —pero hay algo en lo que también me he quedado pensando todo este tiempo, como una fotografía, ¿sabes? Y aunque no lo parezca, tiene relación con todo lo anterior. Encontré, por casualidad, una profecía, una de esas… esferas con luz, muy bonitas, por cierto. Tenía… tu nombre. Fue hecha hace muchos años y había muchas, muchas personas no identificadas en esa profecía. Era… bastante caótico. Parecía una bola conteniendo más de lo que podía y que en el momento en que se rompiera…— lo dejo para que ella pueda hacer suposiciones, si es que no la recuerda, porque si lo recuerda, sabrá lo que ocurriría.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Dom Ene 05, 2020 11:55 pm

Se me escapa una sonrisa rápida, porque no considero que Lara sea una de esas personas que hablan sin saber, que tienen una predilección por aconsejar sobre ciertos temas cuando lo cierto es que no son conscientes de lo que realmente supone esa pérdida. Con ella es diferente, también ha pasado por lo mismo que nosotros en algún punto de su vida, aunque sean situaciones diferentes, en tiempos más que distintos. Por eso le permito hablar, tomo cada una de sus palabras como una indicación para aplicármelo en el día de mañana, incluso cuando este paso es mucho más complicado y requiere de un esfuerzo mayor que el de apoyar la cabeza contra el respaldo para poderle prestar una mejor atención. Vuelve el sentimiento de culpabilidad por haber sido el detonante que hizo que Penny no esté aquí con nosotros, a día de hoy lo sigo pensando y, aunque sé que la última acción que valió fue la que hizo Hermann, yo también tuve un papel en esa historia. — Lo entiendo, y quiero creerlo también, pero no puedo evitar pensar qué es lo que diría ella, de quién soy, de las decisiones que estoy por tomar en mi vida, independientemente de lo que yo crea, al final es algo que nunca sabremos. — lo dijo Hans antes, pero tengo la necesidad de repetirlo por lo que añado a continuación. — Me hubiera gustado hablar con ella, desde una perspectiva diferente, no siendo una niña asustada de seis años. Lo que más me duele de todo esto es que en realidad, no conozco a mi madre. Puedo tener una idea de quién fue en base a mis recuerdos y a los vídeos y fotografías, pero aparte de eso, es completamente una extraña para mí. Y no quiero que mi propia madre sea una extraña. — voy bajando el tono de mi voz a medida que voy hablando, a pesar de que me veo mucho más capaz de dejar las lágrimas salir frente a Lara que frente a mi hermano. — Quiero saber quién era, lo que pensaba cada día al levantarse por las mañanas, lo que opinaba sobre lo que somos y lo que no es nuestro padre. — ese tipo de cosas que cuando eres niño no eres consciente de que existen, pero que cuando te vas haciendo grande te das cuenta de lo que influyeron en tu vida sin darte cuenta. No lloro, pero sí escupo el aire acumulado en mis pulmones lentamente por la boca como si estuviera controlándolo. — Supongo que tampoco importa del todo. — no es como si conociera a mucha gente que pudiera decirme como era mi madre, y tampoco creo que la opinión de alguien me fuera a servir para forjar una opinión sobre ella. Me quedaré con los recuerdos que tengo, con su gusto por la tarta de la manzana y su participación en mis fiestas de té, los vestidos de flores de verano y la sonrisa más cálida que he visto en la vida. Al final, creo que es lo que cuenta.

Vuelvo a llevar las piernas sobre el sofá, me acerco las rodillas un poco al pecho y dejo que mis brazos resten sobre el hueco que queda entre mis piernas y mi estómago, sin apenas mover el cuello de la figura de Lara. La confusión empieza a aparecerse en mi expresión cuando empieza a hablar sin dejar caer una palabra clave, me cuesta seguirle el ritmo de la conversación al no saber hacia dónde quiere parar con eso de la fotografía. Si no la insto a que se vaya al grano es porque conozco de los rodeos que le gusta dar a la mujer para llegar al tema en concreto. No lo voy a negar, se me erizan algunos pelos de los brazos, no importa que la temperatura en la habitación sea parecida a la que hay fuera, azotando el calor de pleno verano. — ¿Una profecía con mi nombre, dices…? — repito, casi con la duda de no haber escuchado bien. — ¿Hace cuánto tiempo dijiste? — no estoy segura de que haya especificado la fecha, pero si es lo que creo que es, tengo que asegurarme de que no se trata de una equivocación y que simplemente se ha confundido de nombre. ¿Cuántas Phoebe Powell, videntes, pueden existir en el planeta? Tomo aire por la nariz, volviendo la cabeza al frente mientras medito dentro de mi cabeza la propia respuesta, cuando lo cierto es que estoy tratando de poner en orden mis memorias. — ¿Crees que…? — empiezo, más me freno porque soy consciente de que lo que voy a preguntar no tiene sentido, al menos no para ella. Entonces me giro, cambio de postura para quedarme frente a ella, sentándome medio en el sofá, medio encima de mis gemelos. — Hubo esta vez… fue hace una eternidad, para entonces ni siquiera sabía que era vidente, o qué era la videncia para el caso. Tenía unos… no lo recuerdo bien, trece o catorce años, quizá ya tuviera los quince. — como dije, fue hace mucho tiempo y lo que estoy por contarle tampoco ayuda a que mis ideas de aquello sean claras. — Ocurrió con la caída de los Black, ¿recuerdas cómo fue? Cuando los aurores vaciaron el país de muggles para dejar en libertad a los magos. — creo que todos los que tenemos nuestra edad en adelante, recordamos cómo fueron esos meses. — Yo no era nadie, una niña sin nombre más, no tenían forma de saber que era bruja sin una prueba de sangre, y vamos a ser sinceras la una con la otra, en el norte no se iban a tomar esas molestias tampoco, menos con una que no era nadie y con apenas carne en los huesos. — evito mencionar a Andrew por el camino, en esta historia no tiene mucha relevancia. — Como te iba diciendo, en ese momento, ahí pasó algo, algo que ni siquiera yo soy capaz a recordar, porque cuando desperté estaba en un sitio completamente distinto de la calle. Nunca me dieron explicaciones, tampoco las pedí porque no iban a dármelas, tan solo terminé en un hospicio del norte, mismo lugar, diferente cama. — seguía siendo una basura, pero era mejor que el suelo. Por aquel entonces mi yo del pasado creyó que nada más me habían dado un golpe, estaba bastante agitada porque me separaran de Andrew y, ahora que lo pienso, jamás llegué a ver cómo se lo llevaron. — Lo consideré nada, algo sin importancia. Pero ahora… cuando has dicho lo de la profecía, me ha llevado a pensar que quizás había una razón por la que no recuerde nada de eso, más que imágenes inconexas y que si trato de ponerlas en alguna especie de patrón, no creo que tengan sentido. — me repaso los labios con la lengua, todavía pensativa en mis propias palabras, tratando de buscar alguna explicación. — ¿Crees que…? ¿Podría ser eso? ¿Qué es lo que había exactamente en la esfera? — me acerco a ella, a sabiendas de que ya me lo ha dicho, pero la parte ansiosa de mí que me hace posar una mano sobre la suya me lleva también a cuestionarlo de nuevo.
Phoebe M. Powell
Phoebe M. Powell
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Mensaje por Lara Scott el Lun Ene 06, 2020 4:34 am

No encuentro palabras que puedan responder a lo que me dice para brindarle algún tipo de consuelo, incluso un abrazo se me hace insuficiente para devolverle a la niña que Phoebe fue, esa madre que no llegó a conocer. La escucho en silencio, mis ojos puestos en ella en todo momento, para que sepa que tiene mi más absoluta atención, es al menos lo que puedo ofrecerle. Dudo en tomar su mano, en algún punto de todo lo que dice lo hago, acaricio sus nudillos con mi pulgar. Entiendo mejor que nunca por qué al fallecer a alguien nos acercamos a la familia que lo sobrevive con la frase «lo lamento». Puedo sentir que en verdad lo lamento, por ella, por su hermano, porque una fotografía en un marco nunca podrá llenar el espacio vacío que dejó y no bastan las anécdotas para conocer a una madre, como me gustaría que Tilly llegue a conocer a su abuela. —Sí importa— es lo que digo en un murmullo que queda entre nosotras, —cómo te sientas respecto a todo esto siempre importa— y si lo que necesita es poder ponerlo en voz alta, habrá alguien para escucharla.

Lamentablemente para todos nosotros, ese lugar donde se encuentran todas las cosas que perdimos alguna vez no existe, no se puede llegar a él, porque si existiera, sería de las primeras en tratar de construir algo que nos lleve a ese sitio y revolver entre todas las cosas perdidas, para que podamos recuperar lo que buscamos. Lo que no me atrevo a decirle es que lo perdido tal vez era algo que debía suceder, la muerte es quizá la única certeza que tenemos en medio de todo este caos que hasta la vida que nace es una cuestión de azar. Y el tiempo es también un negocio, en el que aquello que parece una pérdida de la que no podemos recuperarnos, pasar del todo a la nada, es el preludio a algo que vendrá. Si pudiéramos volver, abrazarnos a eso que perdimos para no soltarlo, ¿qué sería de lo que tenemos ahora? ¿Y si todo se esfuma? Este es un negocio en el que pierdes y ganas, el tiempo quita y da, si tuviéramos algún tipo de control sobre él, deberíamos pensarlo con cuidado. Pero no me atrevo a decírselo, no cuando me falta autoridad sobre el tiempo y el azar, como para prometerle que hay algo para ella o que vendrá. Porque nunca me ha gustado que las personas hagan promesas vacías y he luchado muy fuerte para no ser una de ellas. —Nada compensa la ausencia de tu madre, pero tienes una familia en Charles, tu hermano y tus sobrinas, también en Mohini y en mí si quieres, para que puedas apoyarte siempre que esto duela— susurro.

No es momento de traer lo de la profecía a cuento, estoy tomando la oportunidad de aparente privacidad para tocar el tema que me he guardado por semanas, no traigo a colación el nombre de su prometido porque no sé si eso podría significar problemas para el pobre hombre que me dijo que no se me ocurra romper ninguna profecía de las que estaban en el estante. Presto toda mi atención a su relato para encontrar en los detalles el punto al que quiere llegar y casi creo que por su cuenta podrá revelarme de qué trataba, en cambio me describe un contexto sospechoso en el que esa profecía por lo que entendió, acabó en una sala del ministerio. Mis ojos están entrecerrados por el esfuerzo de tratar de entender que se tomaran esas molestias. —Estabas en trance— asumo, —apareciste en un lugar diferente y no tienes idea de donde estuviste antes o con quienes cuando ocurrió el trance— decirlo me provoca un molesto escalofrío por los brazos de pensar en el estado vulnerable que se encontraba, sufriéndolo, y la sospecha de que en el norte no hubiera nadie con ella en ese momento que fuera de fiar, que si había alguien, bien podría ser un peligro. —No sé qué contenía la esfera— contesto francamente, —lo único es que se refería a muchas personas. Y está ahí, en uno de los estantes del departamento de misterios, debe ser importante—, como se lo dije a Charles en su momento, algo lo suficientemente importante como para que el ministerio lo tenga a resguardo y la única que lo sabe es la mujer que tenemos enfrente. —¿Recuerdas que hablamos sobre el estudio del tiempo y tus predicciones una vez? Si llegas a sentir— lo digo así para no insistir en si lo recuerda, —que una profecía tuya se cumple, ¿me lo dirías? Entonces podría tratar de entender algunas cosas.
Lara Scott
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Vie Ene 10, 2020 8:35 pm

Oh, lo sé, soy un poco más afortunada cada día que paso con Charles, con Hans, con todos vosotros. — porque sé que no hay nada que pueda traer a mi madre de vuelta, o hacer que me sienta mejor sobre su ausencia, pero eso no quita que me considero, y eso es decir mucho viniendo de mí y de mi historial, muy afortunada de poder tener a alguien con quién compartir las nuevas experiencias que me trae este juego que comúnmente se conoce como vida. Porque al final no es más que eso, un juego en el que siempre va a haber un perdedor  y un ganador, habrá piezas que coleccionar en cada paso y cada día estaremos un poco más cerca de cumplir con el objetivo que nos hemos impuesto a nosotros mismos, que no es ni más ni menos que el de ser felices. Algunas personas tienen un comodín para alcanzarla, mientras que a otras nos toca recorrer el camino largo para poder siquiera atisbarla de refilón. Muchas veces preferimos darnos por vencidos, he asumido en varias ocasiones que la felicidad es simplemente algo que no va con mi genética, pero con el tiempo me he dado cuenta de que no es hereditaria, no porque mis padres no hayan tenido un final feliz o porque en mi familia corra la mala suerte signifique que yo estoy destinada a pasar por lo mismo. Se hace de rogar, la felicidad, nadie lo va a negar, una vez que la tienes, que puedes llegar a rozarla con los dedos hasta el punto de decir que eso es tenerla, se puede escapar tan fácil que parece que nunca ha estado allí. Porque eso es lo que se siente cuando desaparece, como si jamás la hubieras tenido, que apenas recuerdas lo bueno que una vez fue.

Un gesto afirmativo de cabeza me vale para confirmar sus sospechas, una que había asumido el momento de la mención porque estar en trance no es algo que haya experimentado con frecuencia. En ocasiones me encuentro fuera de sí cuando percibo algo que está por pasar, no se siente tan extraño como de pensar que he perdido la consciencia al punto de no acordarme de nada, pero sí que he notado sensaciones más fuertes que otras. De esta en concreto, pasó hace tanto tiempo que probablemente ni aun sin haberme ido para el otro lado hubiera podido recordarlo. O quizás sí, he leído libros sobre videntes que declaraban no haber sido capaces de deshacerse de una sensación por el resto de su vida. Creo que me siento un poco decepcionada al no poder decirme nada más, a pesar de que tampoco esperaba mucho más. Nadie que no haya estado presente en el momento que ocurre tiene el conocimiento sobre lo que cuenta una profecía, solo alguien con mucho poder tendría esa autoridad y las dos sabemos quién es. No especialmente una persona que me caiga bien, así que la idea de pedirle el favor a Silas Jensen desparece de mi cabeza al momento de pensarlo como si jamás se me hubiera ocurrido. Su petición, no obstante, sí que es algo que puedo cumplir. — Lo haré si quieres que lo haga. — tiendo a ser bastante reservada en lo que a predicciones se refiere a no ser que sean de carácter importante, esas que elevan mi nivel de preocupación por encima de lo normal incluso cuando yo no soy consiente de que están afectando a mi comportamiento. — Aunque no sé si eso te llevará a entender algunas cosas o a confundirlas más. Sé por experiencia que muchas cosas a las que le quiero sacar sentido al final terminan teniendo menos del que tenían en un primer lugar. — mis labios se transforman en una pequeña mueca, a la que acompañan mis cejas en una curva indefinida.
Phoebe M. Powell
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Mensaje por Lara Scott el Dom Ene 12, 2020 2:21 am

Tiro de mis labios en una sonrisa débil y deslizo mi mirada hacía la puerta abierta que ha quedado de la sala por la que salieron Hans y la bebé, sé pese a que no los veo que están en algún lugar de la mansión, asumo que en la habitación de Tilly donde estará sacudiendo sus piecitos mientras su padre trata de cambiarla. Puedo verlos si hago el intento de imaginar esa escena que se ha vuelto parte de nuestra cotidianeidad, pero no era algo que pudiera haber visto hace unos pocos meses o de haberlo visto, poder interpretarla de la manera indicada. —Eso es cierto, quizá todo se vuelva más confuso…— admito, a diferencia de los sueños de Phoebe que son vaticinios, los míos no son más que incoherencias que proyectan en muchas ocasiones mis miedos, no he podido atrapar en ninguno de ellos algo que se haya vuelto parte de mi presente. Estiro mi mano para sujetar la de Phoebe en un último apretón. —Mejor no lo hagas— digo con un nuevo convencimiento, —salvo que necesites compartir con alguien si ves algo que pueda inquietarte o sino… no, no me lo digas, no insistiré. Tal vez sea lo mejor— asiento con mi barbilla, renuncio a querer importunar con sus visiones, es alguien demasiado cercano como para estar casi segura de que algún día podría ver algo que preferiría no saber.

Para elaborar teorías sobre los tiempos habrá otras profecías que no rocen tan de cerca a personas a las que podría poner un nombre, si de todas formas el futuro, así como el pasado, no es algo que yo pueda cambiar. Echo un vistazo a la caja que quedó sobre el sillón con todos los videos y no quiero que quede aquí en la sala, muevo mi varita para que desaparezca así luego Hans lo encuentra sobre el escritorio de su despacho en la casa. —Buscaré a Tilly para que vayamos a visitar a su abuela, ¿me esperas aquí? Si Hans no está ocupado también le diré si quiere ir a comer kaju barfi— cargo mi voz de un entusiasmo que no llego a sentir del todo, mis dedos van recogiendo las fotografías y las alinean para que coincidan sus bordes, coloco la de mi padre por detrás de las Penny así puedo familiarizarme con sus rasgos. No me muevo al pararme al lado del sillón, no doy el paso que me haga salir, permanezco con los ojos puestos en el rostro de alguien que una vez fue feliz. —¿Y sí…?— balbuceo, me esfuerzo en sonreír para no sonar tan grave al hablar. —¿Si el tiempo fuera un círculo? Solemos dibujarlo como una línea que alguien marca un principio y la traza hasta un final. Si fuera un círculo entonces el futuro ya estaría definido al mismo tiempo que se ha definido el pasado, las cosas ocurriendo cuando deben ocurrir, nunca sabrás donde están los principios y los finales, y tal vez… solo estamos viviendo— y siendo el pasado de alguien más, nuestro propio pasado. No puedo evitar pensar que somos el reflejo de nuestros pasados, como si se tratara de eso, del tiempo como un espejo. — Y la razón de que haya personas que ignoramos lo que vendrá, es para que sea posible vivir. Así que… tal vez el desconocimiento sea lo mejor que no se nos pueda dar a veces a los curiosos— decido. Ensancho mi sonrisa para que le reste importancia a mis divagues. —Iré a ver por tu hermano— digo y cubro las fotografías con mi mano, así las guardo en un cajón donde después será Tilly o Meerah quienes pueden verlas.
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