The Mighty Fall
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The war outside our door keeps raging on ✘ Dave

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Mensaje por Holly A. Callahan el Jue Oct 31, 2019 6:12 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Me quito el pelo de la cara con un manotazo, recordándome una vez más que debería cortarlo cuando tenga oportunidad, en lugar de dejar que siga siendo la cortina que me cubre la visión y la cual tironeo cuando estoy nerviosa, como ahora. Creo que nadie se ha dado cuenta, todos aquí parecen sumidos en su propio mundo nocturno como para fijarse en lo que acaba de pasar, que duró solo un segundo pero que de todos modos podría habernos condenado a todos. Las cosas que te cambian la vida son así, suceden en esa fracción mínima de tiempo, no existe la palabra “instantáneo” porque sino serían cosas efímeras que no sentiríamos. Y por estúpida ahora soy cómplice de un delito gigante, el cual deberé fingir por todos lados que no sucedió y que me obligará a mentir en caso de que alguien me haga preguntas en el trabajo. ¡Y yo solo quería divertirme! ¿Por qué siempre me meto en problemas? ¡Ahí se va la inocente Holly!

El camino hacia los baños es un pasillo oscuro, iluminado solamente por alguna que otra luz de neón que transforma a los grupos de amigos o ligues de una noche en pequeñas sombras que hablan, se manosean y ríen en los rincones. Miro sobre mi cabeza para chequear que, en efecto, Dave continúa detrás de mí y eso me da la libertad de tomar su mano para acercalo, colándonos en una de las esquinas oscuras en donde me apoyo contra la pared. Sí, tomo el cuello de su camisa y lo tiro hacia mí, pero con intenciones muy diferentes a las que tiene la pareja de unos metros más allá — ¿Vas a decirme por qué eres amigo de Kendrick Duane y qué demonios hace en el Capitolio? — la música es suficiente como para que solo él me escuche, si gritase algo como esto afuera los dos terminaríamos en problemas. Solo necesito un par de respuestas y ya podré irme a casa — Quizá no te fijaste en las imágenes que pasan constantemente en las pantallas del Ministerio, pero resulta que tu amiguito vale una pila de galeones y un par de condenas altas que te ponen a ti como un traidor en caso de que se sepa lo que acaba de pasar — dudo mucho que le interese pasar el resto de su vida en prisión o, peor, ser ejecutado delante de todo el mundo.

Aflojo un poco el agarre de su camisa y miro hacia abajo cuando un grupito pasa por nuestro lado a carcajada limpia, aprovecho esos segundos para masajearme las sienes y tratar de calmarme. ¡No, no, no! Tengo derecho a estar un poco histérica — No creí que fueses tan idiota, Dave. ¡Y ahora yo lo sé! ¿Y qué si alguien nos vio? ¡No quiero terminar la noche besada por un dementor, que tenía fichado al chico de la barra para esa tarea! — creo que hay una enorme diferencia entre una criatura putrefacta y un camión de brazos enormes y ojos verdes. ¡Maldita sea mi suerte!
Holly A. Callahan
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Mensaje por Holly A. Callahan el Miér Nov 06, 2019 2:09 am

Estar pendiente de lo que pasa en el ministerio… suena a un plan demasiado vago, hasta sé que lo estoy mirando como si lo acusara de ocultarme la mitad de la información — ¿Dices que los rebeldes no hacen otra cosa que estar pendientes de las noticias, como lo están todos? Vaya, qué amenaza — ironizo, que si ese es su plan de batalla, David está arriesgando el pellejo por nada. Al final, las cosas son como siempre las he sabido: ellos tienen el poder y los demás solo bailan alrededor de sus porquerías, porque no somos más que títeres que acaban moviendo a su antojo. No hay un juicio justo, no hay esperanza para los que son señalados como diferentes. El Ministerio es la cuna de las cucarachas y nadie sabe qué hacer para llamar al fumigador. Por eso las cucarachas sobreviven.

Sí, lo que dice me lastima. Se siente como un pequeño golpe en la boca del estómago, porque estoy acostumbrada a que las personas se vayan, así que es fácil visualizar la pared de cemento que alza entre nosotros con solo unas pocas palabras. La sonrisa que le demuestro, irónica y helada, delata que ya sabía que esto vendría y que no me sorprende, pero sí me decepciona un poco — Creo en muchas cosas, David — mascullo, a pesar de que tengo el reflejo de colocarme el pelo detrás de la oreja, fallo y vuelve a caer sobre mi cara — Creo que alguien debe hacer algo. Creo que estoy en el ministerio porque es lo único que me ha sacado de las zanjas y porque el cambio inicia desde adentro. Creo que sin confianza, solo caminarás a ciegas. Pero tú… al final, eres como todos los demás — una pila de discursos, sin nada más que eso para ofrecer. Sacudo la cabeza y me pongo de pie con algo de brusquedad, alejándome lo suficiente como para darle la espalda — ¿Por qué es tan importante un niño? Me pides que confíe en que esto es lo correcto, pero tu historia no cuadra. Y lo único que he conocido en la vida han sido puertas cerradas y ahora… — bufo, molesta, sacudo los brazos para abarcar el aire y cerrar los puños delante de mí. Tranquila, Holly. No pierdas los estribos.

Cierro con fuerza los ojos y prenso mis labios, me recuerdo que debo respirar para seguir siendo yo — Si quieres que los demás te den una mano, tienes que estar dispuesto a tender la tuya. No puedes pedir confianza ciega cuando hay tanto en juego. Yo no soy tú, David. No tengo tu posición, no tengo una familia bonita y una casa con cerca blanca. Si las cosas salen mal, yo perderé más que un puesto que no lo vale, si no puedo hacerme valer como algo más que una criatura que todos ven como una cara bonita — Porque parece que eso es lo único que soy, ¿no? Holly Callahan, la veela que sirve el café y a la cual pueden pedirle favores porque será tan amable que los hará sin reprochar… ¡Cómo si tuviera otra opción! Ahora la tengo, por eso camino hasta la puerta y la abro de un tirón, quedándome con la mano en el picaporte y el cabello ayudándome a no mirarlo — Vete, David. No contaré tu estúpido secreto, pero tampoco quiero ver tu estúpida cara. Y asegúrate el lunes que sea Patricia Lollis quien te ayude con el papeleo — que me digan temperamental, pero él ya lo sabía.
Holly A. Callahan
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Mensaje por David Meyer el Miér Nov 06, 2019 4:29 am

Sabes, sabes muy bien, que hay información que sólo se conoce cuando estás trabajando en el ministerio y ordenando expedientes—. ¿No es así como nos enteramos de los detalles de las redadas de los aurores? ¿De lo que se hace? ¿De cuáles son en verdad los daños colaterales de cada aprensión que hacen en el norte? ¿Cuáles son los nombres que pasan por las celdas de la base seguridad como si sus puertas fueran giratorias? Nosotros no creemos oler la mierda como sucede con muchos ciudadanos de Neopanem que se mantienen callados, nosotros abrimos cajones y la encontramos, la certeza de que está allí nos recibe cada mañana. Es lo que puedo compartir con ella y lo que puedo pedirle, decirle que Kendrick es un Black ni siquiera lo he considerado. Plantearle que el chico pretende avivar ánimos entre los rebeldes para el intento de un nuevo golpe, no se me pasa por la cabeza. La miro por como es, por debajo incluso de ese halo de veela que la envuelve, es una chica en la que no veo nada malo, ninguna razón puntual para desconfiar, todo en ella dice que puedo ser honesto y que lo que diga no saldrá de aquí. Pero me escucho a mí mismo, a esa conciencia que me ha llevado a actuar con prudencia cuando el resto corre hacia al barranco, están en juego demasiadas cosas como para que le diga a una chica, quien sea, qué está sucediendo.  

No lo soy como los demás— respondo a su frase que tildo de trillada, una manifestación clara del despecho que siente porque acabo de decirle algo que no le gustó escuchar. Puede ser el comentario más arrogante que me ha oído, tiene un poco de eso, el resto es un tono quedo, casi que indiferente. Estoy señalando esto como si dijera que el cielo es de color azul, no tiene caso que me compare con políticos o con revolucionarios, porque sé que no coincido con ninguna de esas figuras. Sé que no encajo, ni pretendo encajar, en ninguno de esos moldes. —¿Por qué es tan importante un niño?— repito, una nota un poco más alta. —Pregúntate eso mismo, ¿por qué es importante un niño?—, entonces podrá entenderlo.

No te estoy cerrando ninguna puerta, pero tampoco la abro de par en par. Porque la confianza regalada es peligrosa, no se la aconsejo a nadie en estos tiempos— mi voz choca con la suya, que procuro escuchar con el respeto que merece su descargo porque sé que está enojada, pero no logro contener la mueca que me provoca lo que trata de ser un golpe abajo por la condición de mi familia. —Te estás victimizando. Habrás pasado por mucha mierda, pero te estás victimizando al golpearte el pecho mientras aludes a las cercas blancas de mi casa—. No me muevo del alfeizar de la ventana, no bajo mi rodilla, no me muevo ni un ápice de mi lugar. Se lo estoy diciendo todo lo más claro que puedo, haciendo acopio de una paciencia con la que puedo hacerle frente, porque yo sí, al menos, trato de comprender cómo se siente. —Quiero confiar en ti, mientras tú tratas de confiar en mí. Sí te estoy tendiendo la mano, estoy esperando que la tomes y que yo pueda tomar la tuya. Porque la confianza es así, se sostienes de la mano de la otra persona y saltas al abismo con los ojos cerrados. Puedes caer o puedes volar—. Así de simple, ¿no? Si no fuéramos tan complejos. —No pienso irme— me arrellano en mi sitio en la ventana, —Si necesitas salir a caminar un rato para aclarar las ideas, te espero aquí.


Última edición por David Meyer el Jue Nov 07, 2019 5:06 am, editado 1 vez
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Mensaje por Holly A. Callahan el Miér Nov 06, 2019 5:59 am

Todos los que dicen que no son como los demás, lo terminan siendo — es algo que he aprendido en base a ver como muchas personas tenían una manía sobre negar sus propios defectos. Reconozco los míos, me pone nerviosa que los demás se vean como héroes incomprendidos, subidos a un cajón de moralidad. Y sí, ya me estoy preguntando por qué un niño es tan importante, creo que se lo dejé bien en claro, mi problema es que no encuentro una respuesta que sea válida. Se lo contesto con un bufido, un ruedo de ojos y un par de manos que golpean mis costados. Maldito David, no tiene por qué poner en jaque todo lo que le digo, incluso cuando podríamos estar tres días más discutiendo al respecto. ¿Por qué me esfuerzo para que lo vea desde mi punto de vista, cuando sé que no va a hacerlo? Al menos, no por completo.

Masajeo el costado de mi cuello, lo que me lleva a ladear un poco la cabeza hacia un lado en lo que me armo de paciencia — No te estoy pidiendo que confíes ciegamente en mí, Dave. Pero no puedes pretender que, diciéndole a una persona que no confías en ella, ella salte a tu piscina sin mirar hacia atrás. ¿Las cosas no son dar y recibir? — porque ahí va, dice que me estoy poniendo en víctima y… ¡Sí! ¡Estoy haciendo un berrinche, porque puedo hacerlo! ¡Porque es tan pulcro y yo lo único que quiero es reprocharle absolutamente todo lo que me dice! — ¡No es victimizarse, es la realidad! Algo que me ha enseñado la vida es que no todos somos iguales, las consecuencias no serán las mismas para todos. Hay una pirámide social, nos guste o no — siempre me he colocado debajo, si estoy un poco más arriba es porque no soy tan tonta como para rechazar esa posibilidad.

Me atrevo a mirarlo porque siento que se está burlando en mi propia cara, hasta me río sin ánimos y todo. Se me patinan los dedos del picaporte y los dejo caer, evaluando su expresión desde la otra punta de la habitación — Puedes confiar en mí, está en ti lo que decidas hacer con eso. Puedo ser muchas cosas, pero yo no voy a ser tu enemiga. Hay gente que también quiere que todo cambie y no necesariamente está allá afuera, jugando a salvar el mundo — yo soy una de ellas, sé que hay varios que también lo haría. El miedo y los riesgos siempre fueron los que hicieron la diferencia en números. Pero es tan terco, tan orgulloso, que soy yo quien tiene que inclinar un poco la puerta para no molestar a los vecinos en lo que se decide a quedarse, encaprichado en mi ventana — Yo no necesito tomar aire. Sé quien soy y sé lo que soy. Sé lo que quiero y sé bien dónde tomarlo. Y tú… ¿Me tomas? — doy los pasos que necesito para regresar a él, pero lejos de ser suave, hundo mis dedos en su cabellera con algo de demanda. No tiro de su pelo, pero sí ejerzo la presión para obligarlo a mirarme — Piensa otra vez en lo que vas a responder, entonces: ¿Confías en mí? Porque si quieres gente en el ministerio, porque si lo que deseas es mi confianza y mi ayuda, yo exijo lo mismo. Sino, seré yo quién te saque por esa puerta y quiero creer que tú no quieres eso — porque puedo hacerlo, claro que puedo.
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Mensaje por David Meyer el Jue Nov 07, 2019 5:35 am

Es dar y recibir de a poco— aclaro, estamos dando vueltas sobre un mismo, una confianza para la que es demasiado pronto que podamos plantear entre nosotros. Nos conocemos hace un tiempo, nos vemos en el trabajo, quiero creer que hemos podido ver al otro más allá de lo que es una primera impresión, pero no le confías a una chica por agradable que te parezca, los planes de revolución que tiene un heredero fugitivo del gobierno. —Lo que sé de tu pirámide social es que me la pasa por el culo, todos tenemos algo que perder y algo que ganar con todo esto. ¿Mis benditas cercas blancas? Te sorprenderá saber que no me dolerá si las pierdo— digo, con una mano en mi pecho en otra pose dramática. —Porque es mi familia la que está en peligro si hago algo o si no hacemos nada también. Me importa un cuerno la casa, el jardín y las cercas. No sé qué quieras que entienda de la posición en la que te encuentras, si tú solo decidiste creer que soy de las personas que tienen suerte en la vida. Un chico con privilegios, ¿no? Siempre es fácil condenar para los que se creen víctimas de sus circunstancias, porque a la mierda los privilegios que crees ver, estoy metiendo mis pies en el barro y ensuciándome por lo que creo. Pero, adelante, envídiame las cercas blancas—. ¿Me pasé un poco? ¿Me he ido tres distritos? Tal vez cinco. Dije más de lo que pretendía y nada que crea que contribuya a la causa. ¿Qué causa? La de aclararme, por lo menos.

Esas personas que dices que están allá afuera «jugando» a salvar el mundo, se están muriendo. Vi quemarse vivo a un hombre que creía en una revolución posible, en que toda esta mierda de la que sólo te quejas, podía cambiar. No sé qué piensas de lo que estoy haciendo en el ministerio, pero es el aporte que puedo hacer y no es un juego— insisto, demonios que sigo insistiendo en esto que se parece demasiado a llevarle la contraria porque sí, porque al parecer no podemos llegar a un entendimiento cuando creo que es tan claro. Todo parece decir que estamos del mismo lado, entonces ¿por qué no? —No es un juego, me lo tomo en serio, hablar de más sería malo. Para mí y también para ti— digo en la necesidad de pasar esto en limpio. —La confianza requiere de tiempo…— y no digo más porque cierro mi boca con mi mandíbula tensa al reprimir el grito que casi me sale por el tirón de mi cabello. Me pongo de pie más rápido de lo que podría una snitch cruzar la sala y alzo mis manos en señal de rendición. —¡De acuerdo! ¡Me voy a mi casa!— es lo primero que atino a decir, pienso que va a echarme, y tengo que retroceder un poco para tomarme en serio su pregunta. —Holly, confío en ti… no plenamente— me corrijo de inmediato, —pero muy cerca de plenamente, absolutamente. ¿Podemos hacer esto juntos, no?—, creo que hemos dado una larga vuelta para llegar a esto.
David Meyer
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Mensaje por Holly A. Callahan el Jue Nov 07, 2019 6:04 am

Abro la boca para contestar, hasta sacudo la cabeza con toda la dignidad enfurecida que me queda, pero me doy cuenta de que no tengo nada para decir porque sí, separo los labios, intento de nuevo y… ¡Maldito David Meyer y su estúpida moral de niño bueno! Hago lo más maduro que puedo hacer y me cruzo de brazos, desviando la mirada con un mohín indignado mientras él sigue hablando, convenciéndome de que las paredes de este lugar son tan delgadas que mis vecinos probablemente escuchen voces alzarse y creerán que estoy en una disputa mucho más estúpida y banal que esta. Sé del sujeto de quien habla, creo; recuerdo el discurso que dio Ferdia Wallace en la televisión, minutos antes de que lo quemaran en la plaza principal sin siquiera considerar una segunda opción. Es extraño el pensar los últimos minutos de vida de alguien, porque se lo veía tan pleno, tan encendido por dentro, que es casi irónico que ardiese en llamas delante de los ojos de todo el país — Todo el mundo hace o deja de hacer desde el lugar que puede, David — es lo único que atino a decir, que lo tome como quiera.

Tiempo, como si las cosas tuvieran tiempo. ¿No nos demuestran todos los días que no poseemos esos minutos que se supone que fueron dados para nosotros? Todos envejecemos, todos morimos. En el medio, están todas estas historias, esos segundos que nos arrebatan para jugar a los soldados. Y además, la confianza, una que yo podría darle si no fuese tan testarudo. ¿O yo soy la testaruda? Quizá estamos en el mismo sitio y no lo estamos viendo. Su grito y la manera que tiene de moverse hacen que levante las manos en el aire, las dejo allí en lo que a él le toma dar un veredicto y tengo que achinar un poco mis ojos — Le diste en el clavo al pensarte como abogado: te encanta darle vueltas a las cosas — bajo poco a poco los brazos, mirándolo en medición de sus palabras. ¿Podemos hacer esto juntos? ¿Podemos dejar de vernos como el enemigo, cuando ambos queremos lo mismo? ¿Puedo aceptar una confianza a medias y demostrarle que está equivocado? Son demasiadas incógnitas, no sé si me siento capaz de responder a todas.

Y sin embargo, no lo expulso de inmediato, no corro a los gritos una vez más hacia la puerta para sacarlo de aquí sin que elimine los recuerdos de esta noche, porque no quiero olvidarlos. Me cuesta creer que aún hay personas buenas, incluso cuando en el fondo sé que las hay, escondidas por ahí, en forma de chicos bobos en boliches y compañeros de trabajo que te hacen rabiar. Mi respuesta es un asentimiento lento, seguido de un puñetazo en su brazo que soy incapaz de contener — Esto es por hacerme enojar. ¡Podría comerte vivo, Meyer! — triste, pero no es una exageración, al menos no del todo — Guardaré tu secreto, te ayudaré a ti y a tu tonto amigo de la gorra si es necesario y espero que, algún día, puedas contarme la historia completa — solo para hacerme la interesante y darle a entender que no tendrá mi perdón por completo, me cruzo de brazos y miro hacia cualquier otro lado. Sí, ese punto luminoso random de la habitación es una buena opción — Y puede que te ayude con el papeleo, pero la crema de la cafetería será solo mía. Y deberás cederme tu pudín en los almuerzos — es un trato más que justo después de haber sido un imbécil. Un poco más que yo. Solo un poco.
Holly A. Callahan
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Mensaje por David Meyer el Dom Nov 10, 2019 5:30 am

Me hice abogado porque el traje me queda bien— de pronto estoy bromeando con ella otra vez, si bien en estos días tengo más presente que nunca el por qué me hice quedé cautivado de los tribunales la primera vez que los visité con mi tío y con mi mejor amigo, marcándonos la decisión de vida de cada uno. Sabía que quería defender lo indefendible, demostrar la inocencia de quienes se había condenado a sentencia como culpables y no lo eran, luchar por un montón de causas perdidas, esas son las que más me gustan y por eso debe ser que apoyo a Ken como a nadie más, etiquetado con el rótulo de criminal peligroso cuando lo he visto tirarse de la cama por creer una broma estúpida de mi parte.

Tomo su puñetazo a mi brazo como que me ha perdonado la falta de esta noche al menos, por más que no pueda aceptar del todo mi falta de confianza entera y es algo sobre lo que luego volveré a pedir perdón, en serio lamento esto de… no poder confiar en una persona. Más por mí, que por ella. —Espero poder hacerlo un día— le sonrío a modo de ofrenda de paz. Pongo mis palmas en alto, en señal de rendición a sus condiciones para este nuevo trato en el que contaré con su ayuda para no estar buceando solo entre los muchos expedientes que se traspapelan en el ministerio. —La crema de la cafetería, mi pudín y la mitad de reino para cuando todo este termine, espero que sea suficiente—, muestro mis manos con humildad como si le estuviera ofreciendo fortunas en agradecimiento y ni reino tengo, que sigo viviendo con mis padres. Recorro con mi mirada todo lo que puedo ver del departamento, ella es mucho más joven que yo y está aquí, viviendo sola.

Entonces… vives aquí— asumo, lo sé, soy un as en esto de resolver acertijos que no lo son. Como ha dejado de marcarme la salida, vuelvo a sentarme en el borde del alfeizar, no tan cómodo por si tengo que pararme de golpe e irme para huir de una nueva rabieta. —¿Puedo preguntar por tu familia?— pregunto como si estuviera caminando en puntitas de pie, con cuidado. —No tienes que contestar si no quieres, soy curioso de por sí. ¿Sabes que hacía cuando andaba por el norte?— sigo, y alzo mis manos a la altura de mi rostro para colocarlas de la manera en que lo hacía cuando tenía que sostener la cámara mágica. —Sacaba fotografías, muchas fotografías. Me gustaba hacer retratos de personas del norte, creo que lo sabes, serías una buena cara para retratar—, desarmo la pose con mis manos. —Hace meses que no saco ni una fotografía.
David Meyer
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Mensaje por Holly A. Callahan el Dom Nov 10, 2019 6:21 am

Sí, vivo aquí — suena a que me resigno y no a que estoy orgullosa de este lugar, por mucho que he aprendido a tenerle cierto aprecio. Cuando llegué pasé noches sin poder dormir con calma, confundida por el cambio de ciudad y sin comprender cómo es que todo esto, tan repentinamente, era mío. Conseguir adornos pequeños y luces de colores fue mi modo de ir transformándolo en algo más personal, incluso cuando empiezo a verlo como una especie de guarida donde nadie puede tocarme, ni siquiera los malos recuerdos. Mi hilo de pensamiento hogareño se muere cuando hace una pregunta que no me espero y, a pesar de no estar a la defensiva, respondo con lo primero que se me viene a la cabeza — No tengo — es tan simple como eso. A lo siguiente, solo niego.

No sé por qué, pero no me sorprende lo que me está contando. Incluso me quita una risa, esa que suena demasiado antinatural después de la pelea que acabamos de protagonizar, como un viejo matrimonio — No sabía que tenías esa vena artística. ¿Me estás pidiendo permiso para tomarme una fotografía?  — pregunto, me permito el darle la espalda para caminar unos pocos pasos y empujo la puerta con mis dedos, apenas se oye el “click” cuando vuelve a cerrarse — Mis padres eran muggles, yo nací bruja — es una explicación que viene como un extraño cuento, se siente un poco ajena ahora que ha pasado el tiempo. Regreso sobre mis pies pero, en lugar de sentarme a su lado, me siento en el borde de la cama, cuyos almohadones la hacen ver como un sofá en uno de los rincones — Fuimos una de las tantas familias que tuvieron que huir cuando los Niniadis llegaron al poder, no demostré tener poderes hasta los seis, entonces… — me encojo de hombros, creo que estoy siendo obvia: a pesar de mi condición, tuve que escapar con ellos.

Subo los pies, apoyándolos en el borde así puedo quitarme los zapatos — Pasamos años de sótano en sótano, mis padres tuvieron otro hijo, Quentin. Estuve ahí cuando nació, ya te harás una idea de que no tuvo un parto en un hospital ni nada por el estilo. Había otros muggles con nosotros, así que éramos… una extraña familia. No siempre eran los mismos rostros, casi nunca volvías a verte, así que… inestabilidad — muevo un poco los dedos descalzos en busca de comodidad y acomodo mi cabello suelto hasta volverlo un rodete desprolijo — Alguien delató a los magos que nos ocultaban en una ocasión y llegaron los aurores. Quentin y yo nos escondimos bajo unas tablas sueltas de madera, pero el resto… — ni hace falta aclararlo. Magos condenados, muggles encerrados. “Tal y como debe ser”. Suspiro con pesadez, encogiendo un poco mis hombros por ese gesto y apoyo mis manos en mis rodillas — Cuidé de Quentin hasta la noche en que murió. En la que ambos morimos. Si conoces el norte… no hay criaturas muy agraciadas y amables por ahí… — se me va apagando la voz, mantengo los ojos fijos en el modo que tengo de rasquetear mi propia piel con una de mis uñas. Parece tan lejano y, a la vez, se siente tan real.

— Como sea — recupero el tono de mi voz con una sacudida de la cabeza, que me regresa los ojos hacia él — Volví como veela y estoy aquí, contigo. Dicen que las fotografías relatan historias… — como todas las imágenes. Capturan un segundo, pero siempre hubo vida detrás de ellas — ¿Crees querer fotografiarme aunque la mía no sea tan divertida? Porque se me da muy bien fingir, hasta podemos inventarnos un cuento nuevo detrás de la foto. Ya sabes, una historia genial como que soy la princesa de un reino desconocido de Europa y que en realidad estoy aquí porque… la crema del departamento de justicia es demasiado rica como para dejarla pasar — es una idea tan absurda, que apenas y contengo la risa que se camufla en mi voz.
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Mensaje por David Meyer el Lun Nov 11, 2019 5:44 pm

Es propio de los sentimentales— sonrío hacia ella, haciendo una broma de lo que me dijo, y creo que es la verdad, me decían de niño que era sensible, como puede que lo sea cualquier niño que ve en el barrio donde creció como sus amigos van desapareciendo, que al crecer se va dando cuenta de espacios vacíos que todavía están tibios por haber sido ocupados por alguien, que las fotografías enmarcadas muestran a cuatro personas y a veces a una quinta, pero… ¿dónde están los demás? Las fotografías tienen eso de triunfar sobre la muerte, de preservarnos de las pérdidas, porque cuando capturas un segundo con una imagen, ese segundo nunca muere, las personas retratadas estarán allí, inmarcesibles al paso del tiempo. Y tal vez es lo que he buscado siempre, pero he dejado de sacar fotografías porque le perdí un poco el sentido o la motivación a tratar de atrapar esos segundos para mí, que siguen escapándose, las pérdidas se suceden. —¿Te gustaría que te fotografíe?— le pregunto, si es que acaso vuelvo a sacar la cámara de la caja en la que está guardada, la misma que tengo conmigo desde que la encontré entre todas esas cosas que deberían haberse quedado guardadas y olvidadas en el fondo de un armario.

Sé cómo termina su historia antes de que la empiece, la tengo frente a mí todos los días en la oficina como un testimonio vivo y mudo de lo que sucedió, y es la primera en mucho tiempo que puedo sentarme a escuchar la historia de alguien más, porque creo que también perdí eso, también me cerré a querer seguir empatizando con otros. Al final de todo, ¿para qué? Cuando haces carne de la historia de otras personas, también se te corta la piel por reflejo de sus heridas, y lo lamento, escuché tantas que una más me hubiera dejado a carne viva. Necesité mi tiempo para recuperarme, estoy seguro de que también lo necesitaré después de que Ken se anuncie como un Black. Porque las historias como las de Holly me duelen, el tener que esconderse así, que se llevaran a todas esas personas, la muerte de su hermanito… No lo digo, trato de que no se note, pero estas son las cosas que en el fondo me angustian e impiden que tenga una actitud despreocupada y alegre como la que transmiten mis padres, cargo conmigo tristezas que no son sólo mías, sino que las tomo de los demás.

Y por tentador y posible que sea inventarle otra historia a su rostro en una fotografía, cuando separo mis labios para hablar, es otra cosa la que le digo. —Una vez conocí a una chica que cuidaba de su abuela ciega, y ella me hablaba de poder ver las cosas que nadie más, de cerrar los ojos y poder ver. Recuerdo que tocaba el piano…— me meto dentro de la historia que le cuento y muevo mis dedos en el aire como simulando el roce de unas teclas, la sonrisa que cruza mi rostro es apagada. —Me sentía muy triste en esa época y ella fue lo más triste que encontré, era una tristeza desgarradora que te conmovía. Y ella solía decirme… «también hay belleza en las cosas tristes»— la evoco, mi mirada buscando el cielo oscuro al otro lado de la ventana al echar hacia atrás mi cabeza. —Aprendes a verlo, aprendes a amar eso, lo que está roto, lo que es triste, la herida, el defecto, lo que es diferente. A ella le gustaban todas esas personas que otros llaman locos, raros, extraños… era la gente que yo también buscaba para hacerles fotografías…—  devuelvo mi mirada a Holly. —Lo siento, lamento lo de tu familia. Sé que lo que te digo no parece tener razón de ser… no te estoy diciendo que haya algo bello en todo lo triste que te ha pasado, pero… es lo que te ha hecho quien eres y eres hermosa,… y no, no me estoy refiriendo a que seas veela. Sino a que eres una buena persona, Holly, que tiene su propia luz.
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Mensaje por Holly A. Callahan el Mar Nov 12, 2019 3:16 am

Mi respuesta es escueta, un simple movimiento de mis hombros que deja la idea de una fotografía a su elección. Nunca he pasado mucho tiempo delante de las cámaras, creo que me agradan las imágenes pero no soy una fanática de aparecer en ellas. Me cautiva lo bella que puede ser una película o una foto, posiblemente porque vengo de un sitio tan oscuro que no siempre estaba la posibilidad de ver todas esas imágenes y texturas dispuestas para contar una historia. Cuando creces dentro de sótanos, lo más parecido que encuentras a ello son los libros, la imaginación se enriquece, pero sé que no es lo mismo. Con Quentin supimos disfrutar de beber la lluvia cuando nos quedamos solos, porque al no ser muggles nadie nos estaba buscando y podíamos pasear por la calle hasta que algún adulto se preocupaba por nosotros, si es que lo hacían. Solo éramos dos niños pobres que se detenían en medio de la vereda con la lengua afuera. Esas cosas no puedes sentirlas en las historias, tienes que vivirlas.

Obvio que él tiene otra que contar, me acomodo en mi sitio con la calma de la persona que está dispuesta a prestar atención. Quiero preguntarle por qué se sentía triste pero creo que él lo habría dicho si quisiera hablar del tema, así que me centro en comprender lo que me está contando, trato de seguirle el hilo hacia dónde quiere llegar y lo sospecho. Llega un elogio que me pinta una sonrisa triste, me demoro un momento en poder encontrar mi voz — Gracias, Dave — es lo único que puedo decirle, aunque me sorprende el descubrir que estoy hablando con lo poco que queda de mi voz. Creo que han sido demasiadas emociones para una noche en la cual no he llegado a estar ebria — Siempre he creído que las personas son como esas luces de Navidad — las señalo con un movimiento del mentón, por encima de su cabeza; estoy segura de que muchas de ellas son las que arrancan esos reflejos de su cabello — Algunas se han quemado, otras tienen una luz muy titilante… y otras son meramente brillantes. Pienso muchas tonterías cuando paso tiempo aquí dentro — aclaro, hasta me río vagamente de mí misma — No sé si la tristeza es bella, es solo… las emociones se sienten demasiado vivas, demasiado caóticas. Puedes escribir el más bello poema por el simple hecho de estar triste, incluso cuando lo que te ocasionó esa sensación haya sido… — no puedo encontrar una palabra, pero creo que él no la necesita para entenderme.

Cruzo mis pies descalzos entre sí y doy algunos golpecitos con mi lengua contra mi paladar — Puedes fotografiarme, Dave, solo dime cuando. Y en cuanto a lo que sucedió esta noche… lo siento. Por haber expuesto a tu amigo, por hacer un escándalo de ello. Por gritar antes de saber escuchar — eso es primordial, creo que mis vecinos nos habrán odiado por cinco minutos. Lo bueno es que de seguro pensaban que era otra pareja chillándose por alguna infidelidad o tonterías por el estilo — Siempre fuiste amable conmigo, incluso cuando muchos de tus compañeros no lo son. Y lo único que hice hoy fue atacarte, por más de que te merecieras algunos golpes… — le sonrío con divertida sorna, porque al fin de cuentas puedo decir que ya pedí disculpas, no tengo ese cargo de consciencia.
Holly A. Callahan
Holly A. Callahan
Secretaria

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The war outside our door keeps raging on ✘ Dave - Página 2 Empty Re: The war outside our door keeps raging on ✘ Dave

Mensaje por David Meyer el Mar Nov 12, 2019 11:15 pm

No lo dije para que me agradezcas nada— murmuro, bajo las mismas lucecitas a las que ella alude después, así que fijo mi mirada en cada una de esas, tratando de detectar esas diferencias que menciona y encontrando que efectivamente hay una o dos que están apagadas. Por un momento tengo esa vieja sensación de anhelo y nostalgia que no pertenece del todo, como cuando estaba tirado en alguna colina del distrito once, con el cielo absolutamente negro y buscaba las estrellas, que son mucho más brillantes, cuando más intensa en la oscuridad que las envuelve. Me sentía agradecido por esas estrellas, había una bonita moraleja guardada allí, vuelvo a encontrarla en este lugar. —Más que pensar en que las emociones se sienten muy vivas, suelo pensar que las emociones nos hacen sentir vivos. Mientras somos capaces de sentir tenemos la reafirmación de que seguimos vivos, cuanto más intenso sentimos, más vivos estamos. Por eso no entiendo…— me quedo mirando el brillo vacilante de una de las lucecitas, —porque se suele decir que es mejor no involucrarse, no aferrarse demasiado a nada. En ocasiones lo entendí… porque puede llegar a doler tanto, que prefieres volverte insensible a todo. Pero…—, sin mentirle, creo que estoy saliendo de una temporada bastante gris en que el ministerio, irónicamente, fue mi refugio y escondite para lamerme las heridas. —Lo necesitas, ¿qué sentido tiene no sentir?— le pregunto, sin esperar una respuesta, le quito el peso de tener que darme una al mostrarle una sonrisa. —Si, soy un sentimental, pero no, en serio no me gusta Kendrick. Puedo verte pensando que tan bueno es lo que dicen de tener amigos gays. No seremos otro par de Patricia y Tom. Sólo soy así…— me atraganto con una carcajada.

Supongo que esto es una tregua de paz, como me parece que no podía ser de otra forma, no somos enemigos con Holly, nunca lo hemos sido. Me ha acompañado todo este tiempo en el ministerio, una compañera necesaria en la rutina de ser secretarios para tener con quien reírme mientras me tomo un café y eso me salva de no ir a tirarme de la terraza del edificio. —Lamento haberte dicho que no confiaba en ti— o no confío. No volveré sobre el tiempo presente porque podría arrojarme por la ventana, todavía lo siento como algo sensible y espero que deje de serlo después de un tiempo, porque quiero poder confiar en ella. Supongo que después de todo lo que he dicho, a mí todavía me pesan un par de pérdidas y ausencias que sumaron a las viejas, que lo que más miedo me da es que tal vez pueda encontrar en ella una amiga y… todo, todavía, se siente como un dolor punzante. —Y a veces me merezco un par de golpes, lo reconozco. Perdón por gritarte cosas que no venían a cuento… y perdón por venir de visita a tu casa sin traer un par de cervezas, me parece que de todo es lo más imperdonable, porque no creo que estemos hablando de todas estas cosas y hayamos pasado a la parte de lamentos de vida sin alcohol de por medio. Solo nos falta ponernos a llorar, ¿quieres llorar por algo? Es la oportunidad, te daré palmaditas en la espalda, cuenta con ello—, pero en vez de hacerlo, vuelvo a colocar mis pies en el suelo y me paro. —O sino creo que queda irme, tus vecinos pueden empezar a pensar que tienes un amigo gay que viene a dar de gritos a deshoras— bromeo, por no ofrecer la otra alternativa en la opinión de los vecinos que también se me ocurre. —Y gracias, por cierto... por no ser tan veela conmigo. Ken me ha dado tanta vergüenza ajena que espero nunca comportarme tan idiota contigo.
David Meyer
David Meyer
Abogado

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