The Mighty Fall
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If you’re the toast of the town · Hans

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Mensaje por Lara Scott el Mar Sep 03, 2019 2:16 pm

Camino a contra corriente de las caras largas que están contando los minutos que faltan para que den las seis y puedan escapar de los escritorios a cualquiera de los muchos lugares en que las botellas de champagne se están poniendo en fila para festejar el inicio de un nuevo año, que nadie presiente que sea mejor que sus antecesores, una razón más para beber hasta olvidar qué día será mañana. Tengo asuntos más urgentes en este momento que preocuparme si este es el año en que el mundo finalmente colapsará, como creo que vienen prediciendo hace medio siglo y dos veces en los últimos seis meses. Las secretarias que están obligadas a permanecer en su puesto hasta un minuto después de que su jefe se vaya, se han familiarizado con mi ir y venir ansioso y apenas prestan medio oído a las excusas que les doy. No son las mejores cómplices tampoco, porque más de una vez han molestado por una supuesta llamada importante. Pero he dejado muy clara mi postura respecto a lo que es prioridad desde esa vez en que Hans me salió con que no podía, que estaba en algo así como un juicio oral, y puede decir de mí que soy todo lo caprichosa que quiere, pero el juicio oral lo exigí yo de inmediato. Esto se ha puesto peor que en el verano, en todos los sentidos.  

Creo que me equivoqué en el cálculo de que nos alcanzarían los diez minutos antes de la hora, no sólo porque hay más ropa entre nosotros a causa del frío de la temporada y el trabajo de quitarla se hace más complicado, sino por lo incómodo que se ha vuelto encajar en ciertas posiciones en las que antes ni siquiera nos deteníamos a pensar, porque en medio del desastre era lo que más rápido mataba la ansiedad, y ahora no se puede porque hay algo en medio que todo el tiempo está haciendo que retrocedamos en nuestros movimientos, busquemos otro modo de llegar a lo mismo y me siento tan torpe que la frustración me está embargando. —Espera, no…— murmuro, interrumpiendo el beso que nos tiene respirando con falta de aire que hasta mi voz se escucha más ronca. —De acuerdo, esto no está funcionando…—. Sé que suena contradictorio que lo diga por la manera en que mi pecho sube y baja por debajo de la camiseta, que es de lo poco que me queda puesto, y el calor que arrasa mi piel de un modo en que nadie creería que estamos en pleno invierno.

Me parece muy injusto el juego de las hormonas, que en estas semanas el aumento de libido vaya acompañado de un aumento paralelo de mi vientre, y ahora sí me arrepiento de todos esos postres de chocolate que comí para sobornarlas durante los primeros síntomas y que no fueran tan crueles, porque las perras me han traicionado de la peor manera. Y esto no puede más que empeorar, porque mi vientre sigue creciendo y voy a tener que comer chocolate en las medianoches para compensar la falta de sexo. Por lo menos si Hans fuera feo, pero no, claro, no podía ser feo. Tengo que cerrar los ojos y respirar hondo para decir algo que haría caer a todos mis dioses plebeyos de sus altares, y por supuesto que tengo que tener los ojos cerrados para poder decirlo. —Lo intentaremos otra vez en la casa con el libro de Rose a mano—. Suspiro con pesadez al soltarlo del agarre de mis piernas para que estas queden colgando de su escritorio donde me encuentro sentada y aplastando un par de carpetas que en la prisa no atiné a hacer a un lado. —Después del estúpido brindis—  me quejo, en el que tendré que picar bocaditos para conformarme por unas horas y ver como el resto se vacían las botellas de licor.
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Mensaje por Hans M. Powell el Mar Sep 03, 2019 4:33 pm

He pasado la última semana en una especie de nube borrosa en la cual siento que camino por mera costumbre y solo me apago en los minutos en los cuales puedo dormir. Empujar los pensamientos negros desde la Navidad se ha vuelto una tarea tan rutinaria como sumirme constantemente en el trabajo, uno que puedo dar gracias a que Scott tenga la manía de interrumpir ahora que, según ella, su atención será más demandante que antes. Por cuestiones obvias, escojo el creerle. No sé cómo llegar a ella ahora que su vientre empieza a sentirse como una pequeña presencia entre ambos, porque siento que si me presiono contra su cuerpo estoy aplastando al bebé y apoyarme en el escritorio para crear una distancia cuidadosa no ayuda al resto del trabajo. Me invade un nuevo pánico cuando interrumpe el contacto de nuestras bocas y me incorporo un poco para poder mirarla entre el escándalo que me ha desarmado, respirando con dificultad en lo que intento enfocarla — ¿Hice algo mal? — es la primera alarma que se me enciende y ladeo la cabeza para inspeccionar su cuerpo. Es mi primera experiencia con una embarazada, estas semanas todo me ha arrebatado la costumbre de los años anteriores y ahora que hay un vientre hinchado entre los dos, se hace mucho más notorio. Quizá sí deba pedirle consejos a Jack después de todo.

Y ahí va, murmura unas palabras que me apagan un poco y me suelta de manera que continúo pegado a ella por mi falta de reacción. Me ayudo de las manos en el escritorio para enderezarme un poco y me quito el cabello de la cara en un intento de verla mejor; hace días que no sé cómo tomar este asunto y siempre temo que decirle algo acabe en una explosión hormonal, así que busco ser cauteloso con su obvio mal humor — Siempre podemos intentar… ya sabes, podrías darte la vuelta… — y que la panza se le aplaste contra el mueble, para variar — Tal vez el escritorio no es el mejor lugar. Podríamos haber intentado en la silla o de pie o… — sacudo la cabeza y muevo mis hombros en señal de desconcierto y, con un suspiro de resignación, tiro de los pantalones para acomodarme la ropa — Si quieres puedo ayudarte a terminar en… — giro la cabeza en dirección al reloj de pared, cuya luz titila avisando que se nos acaba el tiempo — dos minutos. Siempre podemos seguir intentando en casa…

Porque sí, la isla ministerial me pareció el mejor lugar para festejar Año Nuevo y evitar visitas indeseadas y, como los elfos se encargarán de la comida, tenemos algunas horas de libertad. Me es imposible el evitar mirar su vientre un momento y acomodo la camisa con un movimiento de hombros, tratando de regresarla a su sitio a pesar de los tirones que la dejaron a medio camino — Lo lamento, no sé cómo… siento que estás incómoda todo el tiempo y se me complica un poco el trabajo — si su cuerpo está cambiando y no podemos adaptarnos, tendremos que ser inventivos u olvidarlo. Y mierda que no quiero olvidarlo, incluso cuando intento pensar una y otra vez que el bebé no sabe lo que está pasando.
Hans M. Powell
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Mensaje por Lara Scott el Mar Sep 03, 2019 5:56 pm

Resoplo por su obvia pregunta y por temor a que se lo tomé como que efectivamente le estoy reprochando algo, me tomo el trabajo de aclararme con un tono suave. — No— musito y el problema de los monosílabos es que pueden ser interpretados en su sentido contrario, así que lo intento un poco mejor. —No lo estás haciendo mal— bufo, con el aire que sale de mis labios como si me estuviera desinflando, y no, no es lo que está pasando. Si miro, sé que la bola que se interpone entre nosotros sigue ahí. —O sí, tal vez estamos haciéndolo todo mal, ambos— suelto, apartándome los mechones de la cara con las manos para acomodarlos detrás de mis orejas y poder mirarlo en lo que tarda nuestra respiración en recobrar la normalidad. A mí el aire todavía me resulta insuficiente que tengo que tomarlo en bocanadas y por eso no hago oído sordos a su sugerencia, si bien las voy descartando al poner mis ojos en blanco.

Si me doy la vuelta va a quedar mi panza contra el escritorio— contesto, —y de pie no vas a poder… ¡qué estoy más pesada, Hans!—. Si es que me muerdo la lengua para no gritar que estoy gorda, eso me lo reservaré para cuando tenga razones auténticas para decirlo, dentro de unas semanas más cuando no pueda ver mis pies que van desapareciendo lentamente. —¡La silla!—. El desgano en mi semblante desaparece como si acabara de soltar una idea que todavía nadie la ha inventado, cuando no es para nada así. —Si te sientas, yo me acomodaré mirando hacia el escritorio y…—. Tengo mis manos sobre sus hombros para acompañar mi explicación con la demostración cuando el vistazo que le echo al reloj, al imitar su gesto, me hacen ver que incluso en esa posición vamos a necesitar más tiempo del que tenemos para que funcione. Siento que es un mal chiste que esto no esté funcionando para nosotros.

Siempre hay otras maneras, no puedo reprocharle que no trate de ofrecérmelas y que así trate de apaciguar mi frustración evidente, una cosa más que se suma a mi coctel de emociones. Si al final lo único que voy a poder aprovechar de las clases de yoga para embarazadas son los ejercicios de respiración para calmarme y que mi actitud rabiosa con la vida y sus perradas no me saquen de quicio. —Dos minutos podrían bastar— me resigno, con un meneo de cabeza que habla de mi derrota. Alcanzo su mejilla para frotarla con mi pulgar. —Me siento mal por ti— trato que se vea que también lo tengo en cuenta, —pero si insistes—. Se lo advertí, busqué cosas para que leyera y supiera que no estaba de broma cuando le dije que esto se pondría serio, que abusaría de que me haya ofrecido su escritorio. Pero las prisas evidenciaron lo que con tiempo, la ayuda de un libro y una cama, era un problema que todavía podía bordearse.

Y lo pone en palabras, así que puede que sea en esto en lo que usemos el minuto que nos queda. —Otras personas lo han hecho antes que nosotros, quizá lo estamos haciendo más complicado de lo que es…— digo, porque queremos ir a lo básico, a lo simple, es cuando chocamos con un muro… o bueno, una bola. —¿Se lo preguntaste a Jack?— lo interrogo, y me veo venir su negativa, así que lo atajo. —No me hagas que sea quien le pregunte a Rose cómo hacerlo y que tenga que ir a preguntárselo a Jack delante de mí—. No es una amenaza, si hasta lo digo con un tonito controlado. —No sé si quiero saber los detalles explícitos de cómo nuestros amigos tienen sexo. Y todavía no supero que Rose me haya cambiado por él como para saber esas cosas…— hago una broma que aligere un poco lo que sí, sonó como amenaza.
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Mensaje por Hans M. Powell el Mar Sep 03, 2019 6:31 pm

No estás tan pesada — y sí, no estoy mintiendo para hacerla sentir mejor, es la pura verdad. Ha subido unos kilos, no puedo negarlo, pero creo que todavía puedo levantarla con un poco más de esfuerzo que antes. Deberíamos aprovecharlo mientras podamos, porque me dijeron que ahora la panza va a empezar a crecer a un ritmo mucho más acelerado y dentro de poco se me complicará alzarla sin ayuda de magia. Tal vez de pie, espaldas pero no sobre el escritorio… — Podría funcionar — de verdad espero no sonar tan desesperado por una solución, como si esa silla fuese suficiente como para evitar un desastre. Sabía que no iba a ser fácil. estamos explorando nuestros cuerpos de manera diferente a lo que siempre lo hicimos y debemos adaptarnos a una nueva sintonía que, tal vez, no es la ideal para nosotros. Le sonrío con renovada gracia ante la confianza que me tiene con respecto a los dos minutos, pero cualquier broma al respecto muere en mis labios — Deberías sentirte mal. Si seguimos así, llegaré al parto consumido y podremos dar por sentado que este bebé no tendrá un hermano en el futuro simplemente por falta de materia prima — que no tengo intenciones de tener más hijos y ella está ayudando bastante a la causa.

Me hago el desentendido de sus palabras que van por el camino que ya me veía venir y finjo estar muy interesado en levantarle la camiseta, como si inspeccionar sus pechos fuese suficiente como para calmar sus nervios y ayudar en nuestra tarea — No quiero preguntarle cómo acostarme contigo. No es como si… — es vergonzoso, pero no recuerdo haber pedido consejos sexuales desde hace unos cuantos años — Podríamos hablarlo con O’Neal, se supone que está para guiarnos durante todo el embarazo. O seguir usando libros — he tenido que leer todo lo que me ha pasado y fue hasta incómodo que Meerah me encontrase leyendo un capítulo sobre el acompañamiento paterno en medio de un desayuno. Al menos, jamás nos ha pillado chequeando la santa biblia de Rose y debo decir que confío en que fuimos lo suficientemente cuidadosos para que no escuche ninguno de sus resultados detrás de las paredes de casa.

Como ocuparme la boca puede ser beneficioso para mí en momentos tan delicados como éste, no pido su opinión cuando me inclino delante de ella y tomo sus muslos para colocarlos sobre mis hombros. Me gustaría decir que duro entre sus piernas más de unos segundos, pero puedo apostar a que siente mi resoplido antes de levantar mi vista hacia ella — ¿No pensaste que quizá la incomodidad viene porque el bebé está incómodo con todo esto y es una barrera que deberíamos respetar? — no sé de dónde saco eso y sé que no suena muy serio en esta posición, pero la duda ha brotado y soy incapaz de tragármela.
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Mensaje por Lara Scott el Mar Sep 03, 2019 8:06 pm

Sí, debería sentirme mal, pero no lo hago. —Que conste en tus actas que una de las primeras cosas que te pregunté es si tenías resistencia— hago de esto una broma. Me encojo de hombros como para que sea parte de mi resignación de que las cosas no parece que fueran a darse como nos gustaría, lo que no quiere decir que no puedan ser de una forma que también acabe por gustarnos. Había cosas en el libro que nos regaló Rose que me hacían reír por insólitas que me parecían y a la hora de la verdad, no me molestó probarlas, ni eran tan insólitas. —¿No estarás exagerando un poco?— pregunto por el temor que elijo tomar a chiste sobre lo consumido que llegará al parto, ¿a él no le pasa también que desea con ansías que llegue esa día que es la gran meta y a la vez no, porque siento que todo pasa rápido y no sé qué nos espera más allá de eso, salvo noches de insomnio? ¿Y pasar por lo mismo en alguna otra ocasión? —No me molesta si falta materia prima para hacer más bebés, pero espero que el aparato que hace el trabajo siga funcionando…— hay una sutil alarma en mi tono, que enmascaro con un bufido para mí misma. —No puedo creer que estemos teniendo una conversación del tipo fábrica de bebés… en este momento.  

Levanto mis brazos para que pueda pasar las mangas de la camiseta y eso oculta por un segundo mi ceño fruncido, el que queda a la vista y se profundiza cuando sugiero hablar con O’Neal sobre el tema. —Más que una pocas recomendaciones, no creo que sea su trabajo dar educación sexual a una pareja durante el embarazo. Se me hace que será muy técnico…— opino, al tiempo que mi piel se eriza al quedar al descubierto y estoy ocupada en buscar una solución a nuestro problema, que no alcanzo a quejarme de que su camisa haya vuelto a su sitio. —¿Por qué no vamos con una de esas terapistas de pareja? Escuchan los problemas y también dan consejos sobre cómo mantener activa la vida sexual. Podrías llevar tu lista de mis defectos y yo llevaré la de los tuyos. Hay una en…— olvido a qué punto es que quería llegar o siquiera cuál es la dirección del lugar donde dan yoga prenatal, porque al final estas clases sí puede que sirvan de algo.

Voy a necesitar terapia urgente si se detiene después del amago entre mis piernas, que con la espalda tendida sobre su escritorio en el que caía por pura gravedad, tiro mi cabeza hacia atrás y compruebo como el reloj va a su propio ritmo. Cubro mis párpados con una mano y quiero contar hasta diez, pero ni siquiera llego a dos. — ¿Tal vez sólo deberías quedarte ahí y convencerlo de que levante la barrera? Que sus padres no es que quieran faltarle al respeto…— sueno tan pero tan calmada a mis oídos, que no hay manera en que no pueda darse cuenta lo tensa que estoy y no precisamente de la tensión que viene por sus reparos de último momento. —Pero este cuerpo ha sido de mi propiedad y seguirá siéndolo, como para que se me respete a mí el derecho a querer follarme a su padre. Ya que estamos, dile que esperamos que le haya gustado los regalos de Navidad y que le vamos a conseguir una hamaca— concluyo, sacando todo el aire contenido en los pulmones y peinando mi cabello con los dedos hacia atrás para que caiga al borde del escritorio. —Siento que no valoré lo suficiente el tiempo que pasábamos en el archivero— murmuro.
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Mensaje por Hans M. Powell el Mar Sep 03, 2019 8:53 pm

Sí, en este momento hablamos de fábricas de bebés, tanto como repentinamente me encuentro con el escenario mental de tener que ir a terapia de pareja y si algo necesitaba para evaporar el calor que me quedaba dentro, es eso. Hasta creo que se me cayeron los hombros y la mitad de las expresiones faciales, porque a veces siento que hemos pisado el acelerador y estamos quemando en pocos meses lo que otras personas llegan a vivir en años de distancia. Esa parte no se la digo, creo que ya tenemos suficiente con nuestros problemas como para sumarle a la situación mis inseguridades con respecto a las relaciones estables. Al menos, la atención se desvía hacia su obvia irritación y si me quedo entre sus piernas es porque las encuentro como el sitio más seguro de la habitación cuando ella empieza a hablar — ¿De verdad quieres que mantenga una conversación con el bebé por este medio? Podría ser un poco polémico — intento verle un lado cómico al asunto, seguro de que en otro momento me estaría riendo de esto y no temería por mantener la cabeza sobre mis hombros frente a posibles comentarios fuera de tiempo — Podría intentarlo. Veamos — carraspeo un poco, tratando de adoptar el tono de voz más parecido al que utilizo en las juntas — Señor o señorita Muffin, su madre pide encarecidamente que nos dé un poquito de privacidad y, si le molesta mi presencia, podría simplemente dormir o voltearse para ignorarla por un rato. También se agradecería que colabore pidiendo menos comida y creciendo un poco más lento. Enviamos nuestros saludos cordiales, la agencia — como si fuese un sello o una firma, beso el interior de sus muslos en lo que oculto la ligera sonrisa.

Podríamos ir al archivero, pero creo que no nos daría tiempo. ¿Crees que…? — me interrumpo cuando oigo la voz de Josephine en el comunicador haciendo petición de su horario de salida y, por el tonito que emplea, asumo que ya han pasado las seis de la tarde. Con un bufido, estiro el brazo para tantear y en cuanto mis dedos dan con el aparato, lo apago sin molestarme en dar una respuesta — Esperemos que mantenga su carácter a raya y no se le ocurra entrar — ¿He trabado la puerta o el ataque de hormonas llegó antes de que pudiera pensar? ¿Por qué no lo recuerdo? Bien, no podemos quedarnos mucho más, dudo mucho que alguien me reproche unos minutos extra pero eso significa que tengo que concentrarme o, mejor dicho, dejar de hacerlo. Con un poco de suerte, podemos salir de aquí con al menos un solo orgasmo y eso me basta para sobrevivir la jornada y no sentir que debería terminar en un diván.

Presionarme entre sus piernas es algo que he aprendido a hacer con facilidad en los últimos meses, como si no hubiera sitio más sencillo al cual pertenecer por simple naturaleza. Mis dedos se sienten ansiosos en lo que se aferran a sus muslos y mi respiración se vuelve a agitar en los momentos en los cuales creo olvidarme, por un segundo, de que hay una tensión diferente en en aire. No sé cuánto tiempo ha pasado hasta que siento mi móvil vibrar en el bolsillo, haciendo que el pantalón, todavía abierto, amague a deslizarse hacia abajo. Creo que es ese detalle el que me desconcentra y me obliga a interrumpirme y soltarle para incorporarme con un golpe de ambas manos sobre el escritorio — De acuerdo, esto es ridículo. Jamás hemos tenido problemas para tener sexo, ese es el principal motivo por el cual estás embarazada. ¡Y ahora no puedo hacer siquiera esto sin que…! — quito el aparato vibrador de mi bolsillo y se lo enseño, para demostrarle a dónde quiero llegar — Me niego a ir a terapia en este punto de nuestra relación, cuando deberíamos estar disfrutándola sin problemas. Solo… ugh — con rapidez me paso el dorso de la mano por los labios y procedo a empezar a abotonar mi camisa con obvia frustración, una que arruga mi frente hasta el punto que debe ser un acordeón — Lo siento, Scott. Perdona que el año tenga que terminar de esta manera, pero no creo tener los ánimos para esto ahora. O siquiera la habilidad — como si cualquier función sexual se hubiera apagado en menos de cinco minutos.
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Mensaje por Lara Scott el Mar Sep 03, 2019 10:51 pm

¿Lo vas a hacer?— pregunto con más sorpresa de la que debería, en vez de decirle con rotundidad que ocupe su boca en otra cosa y acabemos con esto, que nos hemos pasado de las seis. No hago otra cosa que mirar el techo en lo que dura su discurso tan formal, y si mi boca se está ladeando en una sonrisa es porque el gesto se me da involuntario, en una respuesta espontánea a su tono, rompe un poco con toda esa sensación agobiante que me tiene atenta al reloj de la pared e inmóvil en su escritorio, en el que sigo esperando. —¿Por qué…— intento, creo que se me ha ido toda la reserva de suspiros del año que viene en estos últimos minutos, —somos así?— no se lo pregunto a nadie, sólo lo pongo en voz alta cuando retoma lo que dejó pendiente. Así, saliéndonos un poco de cómo deberían ser las cosas para derrapar hacia algún chiste o comentario sin sentido, en el que un bebé que jamás pensé que sería el tercero inoportuno, va tomando relevancia.

¡¿Y qué demonios quiere su secretaria?! Gracias, Josephine, por recordarnos los horarios. Qué atenta. Sé que todos los que quieren es irse a casa, tirar champagne al techo, soplar confeti y yo también quiero tantas cosas, pero a todos nos toca esperar un poco más. —Si entra, desde aquí le voy a decir que puede irse y que tenga buen año— digo con la clara nota de que lo haría, que lo que puedan ver no es nada que su imaginación por sí sola no haya dado forma. Yo lo que espero es no tener que estar imaginándomelo a medianoche en el brindis como lo que podría haber sido, que no voy a tener el consuelo del alcohol. Casi creo que no tengo que preocuparme por algo que desestimo como una tontería, porque en medio de todo podemos tomarnos de lo que sea, de dos minutos que ya no existen, recuperar posiciones, acabar con esto aunque sea para acabar. No estamos tanteando nada, nos conocemos y es a matar, así que no hace falta que le diga nada, se encarga de ello por su cuenta porque me conoce.

Y no, su cuerpo no está temblando en respuesta al mío, la interrupción llega por otro lado y bien podría tirar el vibrador a la pared, lo que hace en cambio es apartarse y se ha jodido todo, no del modo en que debería. Reprimo un grito de pura frustración y me incorporo de inmediato para sentarme, porque si no me quedaré tendida allí hasta el fin de los tiempos por la decepción. Paso mis dedos por debajo de mi cabello haciendo presión, tirando de algunos mechones, escuchando lo que dice y debatiéndome en si enojarme, calmar su propio arrebato o darle la razón, pero no puedo preguntar qué nos está pasando sin que aflore su rechazo a la terapia, que como opción le ha tocado una fibra sensible al parecer. Repaso con mi mano el desorden del escritorio hasta dar con la camiseta que vuelvo a colocarme, en el movimiento tengo el reflejo de pasar mi mano por la bola que comenzó todo esto o no, lo empezamos nosotros. —¡Es que no pensábamos! ¡Y ahora lo pensamos todo!— suelto, que tengo mi propia rabia subiendo desde mis muslos a mi pecho y froto mis brazos para dar un poco de alivio a esa sensación. —Y pensamos en bebes, en casas, en cunas, en más bebes, en toallas— resoplo porque una lista infinita de nunca acabar, —Un montón de cosas que se están volviendo parte de lo que nos rodea y también de lo que somos—. Me froto los párpados cansados con mis dedos, mi voz baja un par de notas escuchándose igual de abatida en vez de enojada. —Como si ya el mundo por su cuenta no nos diera suficiente para pensar, que a solas nos abruma todo esto…

Devuelvo mis pies a tierra firme, pero no para ponerme a dar vueltas en su oficina recogiendo mis prendas y echarnos prisa por irnos a cumplir con las obligaciones de la fecha. Me dejo caer en su silla, hundiéndome en lo cómodo que se siente, el respaldo sirviéndome de apoyo para mi cabeza que está recuperándose del cambio de planes de dos minutos. —Acepto tus disculpas— digo, toda ceremoniosa, sabiendo que no es momento para ponerme petulante y de todas maneras lo hago. —Para los chicos como tú en la escuela teníamos una manera de llamarlos y era calienta bragas, tal vez no lo haces con esa intención, pero ahí vas… y no acabas. Es bastante frustrante, que quieres que te diga, una falta de respeto para cualquier mujer— tiro de mis labios en una sonrisa y me arrimo al borde de su silla para tender una mano hacia él en señal de tregua. —Salvo eso, no tienes que pedirme perdón. ¿Eres supersticioso o qué? ¿Crees que nos vienen siete años sin sexo por no poder hacerlo hoy? Yo creo que hemos tenido suficiente en el año como para estar resguardados siete vidas—, tal vez estoy exagerando. —Y no me lamento de cómo acaba este año, en casi nada — digo, muy convencida.
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Mensaje por Hans M. Powell el Mar Sep 03, 2019 11:15 pm

Puedo decir que ya no hay marcha atrás cuando se incorpora y se pone a exclamar en un tono de voz que deja bien en claro que ya no hay más erotismo en el aire, sino un montón de nervios que no tengo idea de cómo vamos a calmar porque, vamos, es frustrante — Bueno, es parte del paquete, ¿no? Tener un hijo no es follar a toda hora y aceptar los problemas de color rosa cuando aparezca de la nada — casi siento que esto es un ataque cuando sé que no lo es, solo que no podemos escapar de la bomba de tiempo que se anda formando en su barriga. Tampoco deseo hacerlo, pero no tengo idea de cómo manejar la situación para que todos estemos contentos, sexualmente satisfechos, descansados y sin un pico de estrés. Tironeo de mi camisa, elimino sus arrugas y acomodo las solapas de su cuello en lo que tengo que apartarme de su camino, seguro de que ahora andaré refunfuñando lo que queda del día hasta que me pongan una copa en la mano.

Estoy buscando la corbata con la mirada, no seguro de dónde habrá ido a parar, cuando me doy cuenta de que habla a mis espaldas y me giro en pleno proceso de acabar de ajustar mi pantalón — He disfrutado de calentar bragas en otro momento, pero ahora mismo me encantaría que no fuese la ocasión — me defiendo con tonito arrastrado, metiendo la camisa dentro antes de tirar del cinturón. No me espero, claro está, que me tienda la mano y hasta la miro con desconfianza en lo que me tardo en estrecharla — Casi, eso es lo que importa. Y no creo que no tengamos sexo durante siete años, me preocupan los meses que nos quedan por delante. No quiero… — vuelvo a resoplar, es casi mi manera de rezongar por tener que admitir algo que jamás tuvo que salir de mi boca — Es la primera vez en mi vida, al menos desde que era un adolescente patético, que tengo problemas para tener sexo. Tú lo dijiste el otro día, se supone que deberíamos estar disfrutando de esto y, en su lugar, no sabemos cómo hacerlo y nos ponemos tensos, cuando la idea es completamente lo opuesto. ¿Y cómo llegó esto ahí? — me estiro sobre su cabeza para tomar la corbata que decora la botella cristalina de whisky que adorna el mueble detrás de mi escritorio, asumo que ha caído en ese sitio en un arrebato que no nos llevó salvo a absolutamente nada.

Paso la corbata por mi cuello y la acomodo de manera que puedo empezar a hacer el nudo, aunque mi expresión continúa ceñuda y creo que mis labios van a desaparecer si sigo apretándolos de esta forma — Quizá las hormonas no están jugando a nuestro favor. ¿Me sigues deseando o solo es el impulso de necesidad? — triste, pero es una pregunta que va en serio. Me hago la misma pregunta, me basta con echarle un vistazo para saber que sí, me sigue atrayendo a pesar de que estoy patinando en un terreno nuevo, demasiado resbaladizo para mi gusto — Si quieres que probemos algo nuevo, solo dímelo. O tal vez… bueno… ¿Necesitas un descanso de mí o algo por el estilo? — ¿De verdad estoy preguntando algo como esto? Siempre creí que sería yo el que necesitaría distancia en una relación, pero no tengo idea de cómo funciona la mente de una embarazada y necesito que me señale el camino. Tal vez la rutina no sea nuestra mejor amiga ahora mismo.
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Mensaje por Lara Scott el Miér Sep 04, 2019 1:26 am

¿Vas a asumir cosas que te molestan por alguna razón en vez de preguntar qué es ese «casi»?— se lo tengo que apuntar porque el peso de su mano en la mía no es el acuerdo de paz que pretendía, si va a mantener la distancia y esa actitud de estar masticando con enfado algo que no acaba de tragarse. Tengo que hacer un esfuerzo por imaginar y no proyectar qué cosas me molestan a mí de todas las situaciones que están acabando en confusos desenlaces. Recargo mis brazos en los lados de su sillón para asumir mi pose de quien está tratando de ordenar este lío en el que nos metimos, aunque me distraigo un poco en como recupera su corbata de un whisky que es tentador y tampoco podrá ser, y será que estoy tomando practica en esto de verlo vestirse, que soy capaz de articular mi voz por más que mis ojos sigan con atención sus movimientos. —¿Te preocupa que te vea como un adolescente inexperto y patético?— se lo pregunto, y alguna vocecita en mi interior me reprende porque suena a que me lo estoy tomando con humor, como si pudiera hacer una broma de esto también. Mi respuesta más rápida a cualquier problema ha sido siempre reírme, así es como le doy la vuelta a todo, como choco con su expresión severa.

Es parte del paquete también, ¿no? Nada será color de rosa, genial o perfecto todo el tiempo, el sexo tampoco. Nuestro humor tampoco— digo, echándome hacia atrás, en lo que no me doy cuenta que es una reacción a la defensiva, pero trato de hacerle ver como yo lo veo con un tono más conciliador, pese a sus reservas.  —Todo es nuevo, somos inexpertos en esto, estamos pisando en falso todo el tiempo y tienes que pedir permiso para meterme mano. Se siente un poco como si volviéramos a ser adolescentes, es cierto— reconozco, tengo en los labios lo que podría decirle sobre esto, si no fuera porque su pregunta me silencia, me descoloca tanto como si acabara de girar el tablero de una manera en la que no me veía venir y tengo que respirar hondo, al tiempo que cruzo mis piernas y trato de verme un poco más erguida en su silla. —¿En serio estás preguntando eso?—. ¿Por qué contesto a su pregunta con otra pregunta? Conversaciones así nunca acaban bien, no cuando se da al otro el espacio para hacer estúpidas suposiciones y elegir entre las peores, porque el ánimo está predispuesto a tomárselo todo a la tremenda, si lo sabré yo que tuve que ponerme a descifrar las caras de este hombre a solas como si fuera un cubo de rubik.

Espera, ¿qué?— balbuceo, y pese a toda mi pose, caigo en la respuesta más predecible de todas porque también hago suposiciones sin saber, eligiendo las peores. —¿Acaso eres tú quien quiere un descanso de mí?—. Me apena reconocer que esas hormonas a las que alude se están quedando fuera de la charla, porque no hay amago de ningún llanto histérico ni de quejas, solo soy yo esperando en silencio que me diga que se ha cansado de que esté yendo de un lado al otro con un humor tan voluble, más exigente de lo que nunca he sido, porque hasta hace poco me procuraba las cosas por mi cuenta, y ahora lo que hago es llamarle por antojos, para que calme mis nervios y tal vez planteando posibilidades a futuro para lo que ninguno de los dos está preparado, si es que se está preparado alguna vez en la vida o esas cosas sólo pasan. —Hans, yo sé que hay algún infierno para mí por la manera en que te quiero— arrastro mi voz, mirándole como si estuviera firmando mi rendición y entregándome a su capricho o arrebato hormonal, o a ese viejo juego de quien pierde el orgullo primero por sincerarse con el otro.

Y no es sólo deseo, me condenarán a arder de la misma manera en que quiero tantas cosas de ti, tan intensamente. No puede estar bien querer algo así y lo peor de todo, tenerlo…—. Reconozco que no es una rendición ante él, sino algo que reconozco para mí misma y a la suerte que nos escucha. —No quiero desearte de esta manera tan patética y mucho menos quiero quererte como una tonta que se queda mirando cómo mueves tus manos al abotonarte la camisa, que también me gusta cuando te vistes— digo, escondiéndome en su silla porque es lo que me otorga la distancia para que escuche lo que digo y no caer en darlo por sobreentendido con la cercanía de mi cuerpo. —Podría volver a tratar con un adolescente patético a esta edad, porque también me siento torpe y acomplejada con mi cuerpo como cuando tenía quince años. Y tener mucho sexo malo del cual reírnos hasta hacerlo bien y que nos guste—, estoy mirando a cualquier punto impreciso al hablar y ruedo los ojos cuando regreso a su cara, trato de que se me vea desenfadada, animándolo a que acepte el desafío o a que se retire si soportará que le haga pulla por eso, me aclaro la garganta para que no se note lo que me inquieta que pueda retirarse. —Ni siquiera hace falta que follemos, que se han inventado muchas cosas para compensar y siempre queda el chocolate. No es como si te quisiera sólo para eso.
Lara Scott
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Inefable

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If you’re the toast of the town · Hans Empty Re: If you’re the toast of the town · Hans

Mensaje por Hans M. Powell el Miér Sep 04, 2019 4:57 pm

Por la manera en la que la miro debería quedarle en claro que sí, me preocupa que me vea de esa forma, que a estas alturas de mi vida no quiero ser un niño inexperto jugando a ser un adulto. Pero como decimos, es parte del paquete y demuestro mi resignación con un chasquido de la lengua, ese que culmina en un suspiro y mis manos en la cadera de mi pantalón, pasando el peso a una de mis piernas —Sí, lo pregunto en serio — temo sonar seco, para mi desgracia es un tono calmo que, en mi opinión, suena peor. Solo espero una respuesta, paciente hasta en la respiración y apenas muevo una ceja hacia arriba cuando me pasa la pelota de mi inicial pregunta — Creo que es un poco obvio que no. Jamás estoy en dónde no quiero estar — si quisiera apartarla lo haría y, no obstante, aquí estamos. Lo que sí me descoloca un poco es lo que dice a continuación, su elección de palabras y el modo de pronunciarlas. Tengo que mirarla mejor, medir que no está mintiendo ni que ha enloquecido.

Intento sostenerle la mirada, pero sé que en algún punto la desvío hacia la ventana y observo como el atardecer nos quita los últimos rayos de luz del año. La oigo hasta que el silencio se vuelve conquistador entre estas paredes y podría quedarme un tiempo más en mi cerebro atontado, si no fuese porque oigo la voz de mi segunda secretaria preguntando por mí del otro lado de la puerta. Levanto un dedo para pedirle un momento a Scott, bordeo el escritorio y apenas asomo mi cabeza para encontrar a la rubia, seguida por el rostro malhumorado de Josephine — Solo fichen y pueden irse. Que tengan un feliz año — mi sonrisa falsa es fugaz y les cierro la puerta en la cara, antes de que puedan siquiera decir algo. Y me quedo allí, con la mano en el picaporte, sintiéndolo frío a pesar de la calefacción.

Hay bastante chocolate en casa. Le pedí a Poppy una reserva que escondió en las alacenas, si te interesa — tardo un momento en voltearme hacia ella, lo hago metiendo las manos en los bolsillos de mi pantalón y relamo los labios que siguen sensibles después del besuqueo en el que nos sumimos hasta hace unos minutos — Perdona mis dudas, pero a veces no puedo concebir la idea de que alguien me quiera para algo más que una noche o el abuso de la billetera. Malas costumbres — intento sonar bromista, hasta le sonrío un poco y doy algunos pasos en regreso al escritorio — También es mi culpa, yo no buscaba otra cosa. Tampoco creí que sería diferente contigo, lo hemos hablado cientos de veces. Pero pensé... bueno, sé que estás pasando por muchos cambios y a veces no sé si yo soy uno que desees conservar. Sé que vengo con muchos problemas a cuestas que tú no estás obligada a soportar — no solo hablo de mi familia, sino también de la guerra que pone a los ministros en foco y aumenta las posibilidades de que mi cabeza sea calmada en algún futuro no muy lejano.

Alcanzo a cruzar el escritorio y me pongo de cuclillas frente a ella, en un movimiento calmo hasta que tomo una de sus manos para cerrarla entre las mías. Sigue tibia, lo cual ayuda un poco a mi temperatura — Nunca creí que querría así a alguien. Ya sabes, de una manera casi devota y fiel. Tampoco pensé que podría dejar atrás todas las cosas que sé de ti y que en su momento eran mis motivos para creer que esto estaba mal. Y a veces pienso que esto será demasiado, que alguno de los dos decidirá marcharse y que todo va a evaporarse. Una vez dije que yo sería quien te rompa el corazón, porque nadie puede romper el mío. Fue bastante egocéntrico y estúpido de mi parte — me sonrío con burla a esa conversación amistosa entre copas de un bar, iluso en mi confianza ciega a que ella no podría tocarme tanto. Ahora, no quiero que se marche porque sospecho que no podría llenar ese hueco. Beso sus nudillos y los dejo pegados a mis labios, tomándome un momento de reflexión antes de seguir hablando — ¿Seguirás amándome mañana cuando tenga resaca y tengas 365 oportunidades más para conseguir a alguien mejor? Porque algún día me pondré viejo, más cascarrabias y posiblemente panzón. Todavía tienes tiempo para decidir si quieres arder en el infierno conmigo o no. Por mi parte... bueno, suena un buen plan después de la muerte — intento a que suene a una broma pasajera, sin teñirla de mi verdadero pánico. Ese que ella ya conoce tan bien.
Hans M. Powell
Hans M. Powell
Ministro de Justicia

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