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Mensaje por Phoebe M. Powell el Lun Ago 12, 2019 12:21 am

Recuerdo del primer mensaje :

Estoy tratando de distraer mi cabeza de la conversación que mantuve con Hans hace poco, no me hace bien pensar en cosas que no puedo cambiar, y mucho menos poner un remedio, no hay forma de solucionar un problema que viene arrastrándose solo por años de la noche a la mañana. Por esa misma razón, decido que es mejor centrar mis energías en tareas que sí tienen algo más de sentido, y como tampoco tengo otra cosa mejor que hacer la tarde de un domingo en que Charles ha salido fuera a hacer no recuerdo qué cosa, me pongo a hacer un bizcocho para mi nueva vecina, aunque no tan desconocida. Sé por mi hermano que entre los dos han barajado la idea de que Lara se mude al cuatro, viendo que la isla ministerial no parece un lugar demasiado apropiado para criar un bebé con toda la que se viene encima, y no puedo estar más de acuerdo. Lo que no sabía es que lo terminarían haciendo de verdad, tengo que recordarme una vez más que la situación del país hace que tomemos decisiones inesperadas en tiempos que las requieren.

Aparte, creo que también es una excusa para salir de la isla más a menudo y con una excusa lo suficientemente válida como para que nadie le reproche no estar trabajando, aunque no estoy enterada de hasta qué punto en el ministerio están enterados de que Hans va a ser padre de nuevo. Resulta irónico como en el último año, sin quererlo, la familia Powell ha ido creciendo al punto de que ya no somos solo él y yo en la imagen grande. Eso me hace replantearme algunas cosas, como el qué hubieran sido de las cosas si en su día yo no hubiera sufrido un aborto, si hubiera tenido un hijo con Charles de la misma manera que él va a tenerlo con Lara. Es extraño, como afectan unas circunstancias cuando se dan otras en contraposición, y es que si se hubiera dado el caso de tener un bebé, probablemente ni Chuck ni yo hubiéramos salido del once, puede que ni siquiera me hubiera encontrado con mi hermano. O sí, dado que en los últimos meses ha salido más en televisión que cualquier otro famoso conocido. Supongo que las cosas terminan pasando por algo, que en el momento no llegamos a entender, pero que acabamos por encontrarle el sentido en el futuro. O eso espero, al menos.

De igual forma, me presento en la curiosa casa de Lara, encontrándome con que la puerta está abierta de par en par de primeras, pero como escucho voces dentro no me preocupo demasiado. Doy unos golpecitos a la puerta con mis nudillos, pidiendo permiso para pasar pese a saber que van a pasar desapercibidos, por lo que una vez hecho el gesto me adentro por el pasillo guiándome por la voz camuflada de la morena. — Lara… — Canturreo por la casa aun en su búsqueda. — Todavía no me creo que le presentaras a tu madre y no le diera un… — Empiezo a hablar alegremente cuando distingo su cabellera de espaldas en la cocina, hasta que descubro otra figura morena detrás de ella que me hace interrumpirme a mí misma en silencio. — Oh. Lo siento, no sabía que tenías visita. Tienes la puerta abierta, por si no lo sabías y… — ¿Qué más era para lo que vine? Ah, sí. — Te traje un bizcocho. — Elevo el brazo en que sostengo el mismo con una mano y sonrío, un tanto incómoda por no conocer todas las caras. Y es que tanto Charlie como yo no nos hemos puesto a charlar con vecinos en todo lo que llevamos aquí porque nuestra llegada fue de lo más inusual.
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Mensaje por Lara Scott el Dom Ago 18, 2019 9:03 pm

Mi cara debe ser un poema cuando Phoebe me pregunta por los pijamas de su hermano, muevo mis labios sin decir palabra y sale ella misma a mi rescate para liberarme de tener que decir «¿qué pijamas? » como la respuesta más inocente a sus oídos, de entre todas las posibles. —No pasa nada, puedo mentirte y decirte que duerme con uno que tiene diminutas balancitas— sonrío para quitarle peso al asunto, y soy quien presiona su rodilla con un gesto de disculpa, porque lo que fue un comentario al vuelo de mi parte, sé que tiene un trasfondo que mencionamos una vez, pero así como con su hermano, no quiero ser invasiva con sus espacios reservados a los recuerdos del pasado. Rory es un buen tema para cambiar el aire de la charla, como una bocanada de brisa marina.

¡¿Padrino de Rory?!— grito, es la segunda vez en menos de un cuarto de hora, que al parecer es el día en que el universo elige para destapar un par de verdades que estaban ahí ocultas de la superficie, para que desborde todo lo que conozco o creía conocer sobre cierto hombre. —¡¿Él es el padrino agente secreto de Rory que nunca podía estar presente en nada?!—. Di por hecho de que si mi amiga y su marido eran aurores, y como las excusas para disculpar al padrino de Rory que no pudo coincidir en la ceremonia conmigo era que siempre estaba ocupado, lo lógico era que el hombre en cuestión fuera alguien que trabajara como un agente encubierto, de esos que están veinticuatro horas, siete días a la semana en misiones imposibles. ¿O no? ¿No era lo lógico? ¿Por qué nunca pregunté? Estoy recuperándome del shock que me supone descubrir esta verdad que lo cambia todo cuando ellas festejan las fotos de las mejillas regordetas de Rory, aunque todavía no sé qué carajos cambia, que si era un nerd de ciencias o el padrino invisible de Rory no se bien en qué me afecta. Así como vamos, tendré que comprar dos diarios, uno para el bebé y otro para su padre, para ir apuntándome todo.

Es algo en lo que podré pensar luego, que la cara de Phoebe no me engaña y en serio que trato de respetar las reservas de esta familia, pero si la veo ensimismada por algo, lo que menos que puedo hacer es indagar. ¿Y si es algo grave? ¿Cómo que este tal Charles no es muy buen tipo? ¿Y qué si la está pasando mal? Un bizcocho es una solución de momento, el mejor de los consuelos, el problema es si se trata de algo que la está angustiado más profundo y este sujeto necesita de una visita mía y de Rose. Porque, por supuesto, Rose viene conmigo. Salto de mi sitio en la alfombra para ir a colocarme al lado de Phoebe y rodear sus hombros con mi brazo cuando la escucho, sintiéndome increíblemente culpable de haber pensado tan mal del tipo este, es que… Sí, sí, siempre pienso mal a la primera, que conozco mis defectos en detalle. —¡Ay, Phoebe!— murmuro, por inercia mi mano se mueve por su cabello en una caricia y sí, le estoy quitando de la cara los mechones finos que se le adhieren a la piel, si es que creo que va a llorar. No creo que las palabras que necesita escuchar sean que entiendo su miedo, porque es el mismo con el que me levanté de la cama muchas mañanas, si es que hay días en que todavía anda merodeando por esta misma casa. En cambio, la estrecho en un abrazo para el cual puedo usar las excusas de las hormonas maternales. —No vas a cagarla, en serio. No vas a perderlo…— es el mantra que hace bien repetirse en voz alta, que se lo he dicho a Hans, así se puede espantar a algunos fantasmas o al menos mantenerlos a raya. —Te mereces estar con la persona que amas, Phoebe. Después de todo lo que has pasado, de todo lo que perdiste, puedes abrazarlo fuerte—. Paso mi mano por su espalda, así el bizcocho no se le queda en la garganta y puede comer para consolarle. Le lanzo una mirada a Rose para que me ayude. ¿Qué ella no era la gurú de “seamos felices en la playa”? Que sé que son promesas frágiles en estas fechas, pero la necesitamos tanto como el aire cuando se tiene los pulmones contaminados, que será tiempo prestado, sin embargo es el presente que tenemos y vale aferrarse a este.
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Mensaje por Rose S. Harkness el Dom Ago 18, 2019 9:24 pm

Le digo que si no se pone ropa, las demás personas no van a dejarlo pasar y no le darán golosinas. Es fácil de convencer si sabes cómo hacerlo — cada niño tiene su debilidad, la clave está en saber razonar con él sin perder la autoridad para no volverlo un malcriado o acabar siendo una madre sin un ápice de control sobre la criatura. Le estoy por contar sobre el día en el cual Rory accedió a ponerse una camisita solo porque íbamos a recibir visitas y dijimos que siempre decían que se veía apuesto, pero Lara pone un grito en el aire que me hace dar cuenta de que jamás he dado algunos detalles — ¡Lo lamento, hasta hace unos meses creí que no lo soportabas! — primero que nada porque siempre rodaba los ojos cuando se hacía mención del ministro y después porque jamás tuvo el tupé de decirme que se andaban revolcando como lagartijas. Obviemos la parte de que quise hacer que salgan por mucho tiempo pero ninguno aceptaba que les arme citas a ciegas con nadie, así que me arruinaron la posibilidad de crear a la pareja que hoy me da la razón porque funcionan mejor de lo que hubiera creído y eso que soy una perfecta celestina — Si te sirve de consuelo, sí es verdad que estaba muy ocupado. Ya debes saber que es uno de esos sujetos que viven para el trabajo — si algo ha cambiado, yo no me he enterado.

No sé mucho de la vida de los Powell a excepción de lo que Hans ha soltado y Jack me ha contado en nuestras noches de chismes, lo que me hace pensar que en realidad tengo un panorama muy amplio de lo que ha sucedido. No quiero sentirme invasiva así que solo me muerdo la lengua, pero las confesiones de Phoebe me hacen mirarla como si se tratase de un cachorrito herido que se merece protección y mucho, pero mucho chocolate — Nadie es feliz toda la vida, no hace falta aclararlo. La felicidad son esas pequeñas etapas donde todo parece funcionar a la perfección y que sean únicas es la que lo hace especial. ¿Por qué temerías perderlo? — antes de que alguna se mueva, muevo el bizcocho para que lo tenga sobre su regazo y coma todo lo que quiera — Sé que siempre tenemos miedos, sé que muchas veces pensamos en qué haríamos si nos arrebatasen lo que más amamos, pero no podemos vivir de ese modo. Si eres feliz con este muchacho, no temas cagarla, todos lo hacemos. Si los dos se quieren honestamente, no habrá nada que pueda contra eso. Las parejas no son perfectas — me encojo de hombros y ruedo los ojos porque diablos que no, ninguna lo es — pero el respeto y la confianza son todo lo que necesitas para asegurarte que no habrá problemas si pones empeño en ello. Y en cuanto a tu familia… veo que no tienen muchas ganas de soltarte — con una sonrisa bromista, señalo a Lara y su estado abrazador con el mentón.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Lun Ago 19, 2019 12:41 am

Me siento un poco patética ahora mismo, en especial porque no soy yo la mujer más hormonada de la sala y aun así me estoy comportando como una. Probablemente solo sea que estoy sensible porque esos días del mes se acercan y tampoco ayuda estar en compañía de una embarazada y una mujer con el crío más adorable que he visto en mi vida. Que encima me estoy sincerando como si no fuera una reservada con el resto del mundo cuando ya de por sí con mi propio hermano me cuesta horrores hablar de mis sentimientos, no sé qué mosca me ha picado ahora, ¿seguro que no le metí algo al bizcocho sin querer? De seguro soy alérgica a algo que ya me esta afectando. — Lo siento, lo siento, si yo solo vine para ver como estabas y si necesitabas ayuda con algo, no para molestar con mis problemas que nada tienen que ver. — ¿Que mis confesiones de última hora tienen que ver con que esta mujer esté formando una familia con mi hermano y me dé pánico el pensar que pueda terminar como yo? Pues también, por eso mismo me meto un trozo de bizcocho en la boca cuando lo tengo entre mis piernas y me obligo a comerlo para concentrarme en eso y no en la posibilidad de ponerme a llorar.  — Y tú debes comer mucho, engorda unos cuantos kilos y que Hans se aguante, que yo estaba muy delgada cuando me quedé embarazada y de seguro eso ayudó a perderlo. — Otra vez, en serio, ¿pero qué me pasa hoy? Me lo pienso antes de tenderle el bizcocho porque me lo comería entero solo para callarme, pero al final lo poso sobre sus piernas para que me haga caso.

A lo que tiene Rose por decir solo puedo mirarla como alguien que tiene mucho que aprender de una mujer que, si bien no parece mucho mayor que yo, de hecho aparenta mi edad, sabe mucho más acerca de la vida. Me aseguro de tragar mientras continúo atendiendo sus consejos, bajando un poco la mirada. Son este el tipo de cosas que me hubiera gustado escuchar de mi madre, que estoy segura podría haberme ayudado a comprenderme un poco a mí misma porque se supone que ella habría pasado por lo mismo, pero me la arrebataron antes de que fuera lo suficientemente mayor como para entender lo mucho que la necesitaría en el futuro. Trago el resto de bizcocho que queda en mi boca antes de hablar. — No lo sé. He sido feliz en pocas veces y ahora creo que es de las que más real se siente, pero siempre está la de que vaya a terminar mal por... — No consigo acabar la frase. A quién pretendo engañar, tengo un trauma con el abandono que es muy difícil que alguna vez lo supere, porque viene de atrás y hay cosas que preferí dejar enterradas que aprender a superar. Quizás vaya siendo hora de que lo haga. — Tengo miedo de perderlo porque las últimas veces que he tenido algo a lo que aferrarme de alguna forma siempre le ha dado por desaparecer. — Y normalmente por mí, pero eso me lo ahorro para no sonar más deprimente de lo que ya hago. — Pero supongo que tenéis razón. — No soy mucho más joven que ellas, pero se siente que tienen más experiencia en estas cosas, así que no me queda otra que creerlas.
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Mensaje por Lara Scott el Lun Ago 19, 2019 4:53 am

Aligero un poco mi agarre efusivo que me hace ver como un animalito aferrado al cuerpo de Phoebe, que esto de dar abrazos no es algo que me salga tan natural como parece, si es que para consolar a la gente desarrollé eso de toques suaves como acomodarles los mechones, lo hacía siempre que alguien me inspiraba ternura y lo veía como un niño herido, que tengo la creencia que no me quito del todo, de que en el fondo lo somos. Niños lastimados por algo que dejó su marca, adultos que formamos carácter para aparentar que estamos bien y que somos fuertes a las adversidades que puedan venir. Entonces nos quebramos en medio de una sala, le echamos la culpa a las hormonas o un postre, lo que sea que nos sirva de excusa. No quiero que Phoebe tenga que disculparse por el desahogo, sino creer que este lugar y nuestra compañía le han dado la confianza para compartir con nosotros. —No digas tonterías, que tengo a tu hermano preguntándome a cada rato las mismas cosas y si tienes problemas que quieras hablar, aprovecha que estamos en el mismo barrio— la aliento a que lo haga, que dicho en otras palabras, se me da mejor ver qué puedo hacer por otros en lugar de quejarme o pedir una atención que la siento incómoda. Además, Phoebe me agrada por quien es, no por su hermano. Hasta diría que el único defecto que le veo es justamente ese hermano tonto que tiene que la usaba de conejillo de indias cuando era niña.

Percibo que se me va un poco el color de la cara y mis brazos cuelgan tiesos a su alrededor cuando le escucho decir que perdió un bebé, agradezco que por mi posición, mi rostro esté parcialmente fuera de su vista. Se me ha desencajado todo, que busco la mirada de mi amiga para que diga algo más inteligente y cariñoso de lo que pueda llegar a articular. —Lo siento tanto, Phoebe, no lo sabía…—. ¿Ven? No creo que he dicho algo tan idiota, claro que no había manera de que lo supiera y que un lamento que llega tan tarde pueda servir de algo. Froto su hombro con mi mano para darle calidez o siquiera reconfortarla con esa caricia, me ha dejado un nudo que es una amenaza de llanto pensar en que ha perdido su bebé… porque no sé qué sucedería si llegara a perder así a la pelusa, y no tener nunca de esas fotos bochornosas que Rose tiene en su teléfono de un bebé que andaba desnudo y risueño por la playa. Pestañeo para limpiarme esas gotitas de agua que están en los bordes antes de alguna se dé cuenta.

No hay mucho más que pueda decir a lo que Rose nos instruye sobre la felicidad y cómo ser felices, que me hace entender por qué hay mucha gente que consume los libros que dan consejos de ese tipo, si es que somos propensos a que nuestros miedos den vuelta un momento en que nos sentimos plenos, para preocuparnos por todos esos males que tal vez lleguen algún día. Pero no será hoy y tal vez tampoco mañana. Quizá no ocurran, quizá sí dentro de mucho tiempo. ¿Y entonces qué? —Bien, Phoebe, la cosa es así…— respiro hondo, que lo que voy a decir no encaja bien con la imagen que doy en estos días en una casa nueva, lo sé. Si es que yo no pensaba cambiar de casa. Yo no pensaba tener un bebé, si he sido cuidadosa en extremo con eso y feroz en mi resolución de que jamás prestaría mi vientre, tal vez porque rechazaba ese instinto maternal al que siempre nos apelan, que a mí no me iban a llamar hormonal y ahora estoy lidiando todos los días con esos altibajos. Mucho menos pensaba en dejar entrar a alguien a mi vida y poner mi confianza en él, darle todo el espacio y todas las armas para lastimarme si quiere, dañarme como nadie, pero confiando en que no lo hará. No había pensado que pudiera enamorarme así, con un bebé en medio. —Te sientes vulnerable, ¿es eso? Te abriste a algo a pesar de todo y eso te hace en extremo consciente de lo vulnerable que eres. ¿Sabes? Las cosas malas ocurren de una forma u otra, andar por la vida nos causa heridas al paso. Pero si encuentras algo bueno, algo que puedes amar y que te haga sentir bien, tienes que abrirte a ello. Tal vez duela algún día, uno que puede tardarse mucho en llegar y te preguntarás por qué perdiste tanto tiempo. Porque tal vez si te abres a ese algo y le muestras todo lo vulnerable que te sientes, en vez de destruirte, te haga fuerte. Fuerte para todo lo que vendrá después…— se lo digo como una manera de repetírmelo a mí misma ya que estamos, que la felicidad son momentos pero no promesas. No podemos negar que cosas malas ocurrirán luego, así que no sé si vale de algo desear felicidad, más bien convertirla en fuerza.
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Mensaje por Rose S. Harkness el Lun Ago 19, 2019 10:36 pm

No sé cómo debo verme, pero estoy más que segura de que la angustia debe haberme cruzado la cara porque no puedo imaginarme lo que debe sentirse el perder un hijo, incluso cuando aún no ha tomado una forma verdadera. Hay alguien ahí que te ha llenado de ilusión, una parte de una siempre se pregunta cómo se verá ese niño o niña y que eso te sea arrebatado cuando no es lo que deseas debe sentirse terrible. Mi misión por dos segundos, por extraño que suene, es quedarme calladita en mi sitio en lo que Phoebe toma mis palabras y me pregunto por qué cosas debe haber pasado alguien tan joven como para tener ese miedo, cuando la vida le está regalando una segunda oportunidad plena. Lara toma la batuta de la situación y yo aprovecho a sacar mi varita para atraer hacia nosotras la botella de vino que fue mi regalo, cuyo sabor no debe ser muy lindo con el bizcocho pero ahora mismo creo que nos viene mejor. Bueno, a Phoebe, que el bebé de Lara no tiene por qué embriagarse. Juguito para ella.

Si fuésemos indestructibles, no seríamos humanos. Creo que todas en esta sala hemos derramado lágrimas por alguien, sea una pareja, un amigo o un familiar. ¿Quién jamás lo ha hecho? — con un golpecito de la varita, el corcho sale disparado hacia arriba y golpea el techo, al menos no demasiado fuerte como para dejar una marca, pero sí vuelve a caer al suelo. ¿Dónde tiene esta chica las copas…? Bah, no importa, hay confianza como para fingir que somos gente con mucha clase que jamás bebió del pico — La vida es demasiado corta, Phoebe, y la juventud dura todavía menos. Amar duele, tanto para bien como para mal y la gracia es permitirse hacerlo y sentir que te amen también. ¿Por qué te comes un chocolate si luego se va a acabar? Pues por eso, porque luego se va a acabar, pero al menos lo disfrutaste. Quizá las cosas no fueron en su momento porque no era lo indicado para esa Phoebe más joven, pero poco a poco las cosas siempre acaban dónde deben estar, con quien debe ser. Mira a Lara, tanto se negó a las parejas que acabó con la pancita redonda de sus quejas — bromeo y le tiendo la botella — La vida es una estructura débil, pero es bueno tener varios arquitectos empujando los palillos.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Mar Ago 20, 2019 12:26 am

Pues claro que no lo sabía, porque son pocas las personas que lo hacen, hasta podría decir que las puedo contar con los dedos de una sola mano, incluyéndome a mí misma y también a Charles, sin añadir a los evidentes cotillas del once que nada tienen que ver porque ni eran familia ni eran mucho más que conocidos, por lo que puedo decir que mi secreto está a salvo conmigo y con las personas que me importan, al menos. — No te disculpes, si yo sé que me guardo muchas cosas y luego la gente se sorprende porque no tengo pinta de haber estado embarazada, ¿verdad? Solo se dio y también un resultado que no esperaba, pero hay que seguir hacia delante, ¿no es así? — Las miro a ambas, primero a una y luego a la otra, porque creo que de todo eso viene esta charla y si hay algo de lo que puedo hacer caso es que ellas son mucho más sabias que yo en todo esto de la vida corriente. Que ahora parece que me he tomado un par de cervezas antes de venir y a quién pretendo engañar, probablemente se me cayó algo de alcohol en el bizcocho, pero al menos no fue droga. Mentira, fui muy cuidadosa con los ingredientes, pero lo de las cervezas tiene parte de verdad, que yo no soy tan abierta normalmente, o sí y solo me estoy auto engañando.

Asiento con la cabeza a lo que dice Lara, como un perro obediente porque parece acertar en todo lo que dice y realmente resume como me siento, a lo que se le une el discurso de Rose y ya puedo sentirme realizada con mi visita, porque las miro como la mascota que ha sido atropellado por un camión y puedo sentir que me avergüenzo en el sitio por sonar tan melodramática. — ¿Creéis que estoy entrando en la crisis de los treinta? — Porque hace unas semanas que fue mi cumpleaños y seriamente ya me estoy empezando a plantear si todas estas preocupaciones van a ser un resultado de eso y de que ya no soy tan joven como antes. Mi mirada se va al modo que tiene el corcho de volar hacia arriba, bajando los ojos con la misma rapidez con la que cae al suelo. Al menos, las ganas de llorar se me pasan, aunque no reprimo pasarme el dorso de la mano por debajo de la nariz antes de sostener la botella de vino entre mis dedos. Le doy un trago largo, haciendo uso de la confianza que me he ganado en los últimos minutos para beber con tranquilidad y dejo el cristal entre mis piernas un minuto. — Dais muy buenos consejos, por cierto. — Que yo necesito muchos de esos porque me perdí de muchas cosas y ellas parecen conocerlas, así que no será la última vez que me vea en su compañía. Vuelvo a darle un trago a la botella y se la paso a Rose, saltándome a Lara con una miradita que pide disculpa. — El alcohol ayuda, pero ya me siento mejor, gracias, en serio. — Les dedico un vistazo otra vez, con una sonrisa algo apenada que me saco al final sin quererlo.
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Mensaje por Lara Scott el Mar Ago 20, 2019 9:39 pm

Si bien acompaño a cada cosa que dice Rose con un asentimiento de cabeza que lo vida, que es Rose, que ella sabe lo que dice, que entre mis amigos siempre fue de las más centrada o es que cualquiera era más centrado si se lo comparaban conmigo, a lo último que dice le lanzo otra de mis miradas de reproche y le saco la lengua como cada vez que se mete conmigo. En realidad, lamento no haberle dado a sus consejos la importancia que debía, cuando antes lo creí como parte del discurso de sus propias experiencias y que de ninguna manera podían llegar a todas las personas, mucho menos a mí. Estaba demasiado encerrada en mi mente como para escuchar a los demás y si en algo creo, así como ella, de que tal vez nos conocemos hace años o de casi nada en el caso de Phoebe, pero nos encontramos en el momento que tiene que ser para estas charlas honestas, en las que dejamos que corra todo lo que ha llevado años atorado dentro y se siente bien.

Reconozco esa ligera sensación de sentirme a gusto con amigas, y me caerían mejor si no tomaran vino frente a mí que me siento excluida por culpa de esta “pancita de quejas” como le llamó Rose. Se lo perdono para que Phoebe pueda hacer pasar el bizcocho por su garganta. —¿Hay una crisis en los treinta?— pregunto confundida, echando inmediatamente un vistazo a mi vientre. —¡Eso tendría todo el sentido del mundo!— suelto, y como la adivina que no soy, que ese es el trabajo de la misma Phoebe, deshago mi abrazo alrededor de su cuerpo para tomarle en cambio las manos. —Entonces prepárate, porque tu vida está a punto de ponerse de cabeza— determino. No sé si es que los consejos son buenos o es que Phoebe se siente mejor al compartirnos un poco de lo que le apenaba, aunque si me tengo que guiar por las manías de esta familia, siempre le quedara una que otra sombra rondando por su cabeza y no siempre lo dirán. Busco la mirada de la otra mujer como quien no quiere perder de vista a su gurú. —¿Qué viene después de la crisis de los treinta, Rose? Ilústranos, por favor— le pido, que estoy tratando de hacer memoria donde estaba ella a los treinta, aunque creo que la imagen de lo que puede venir está a la vista y eso incluye un par de fotos de nalguitas de bebé a la vista en la memoria del teléfono.
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Mensaje por Rose S. Harkness el Miér Ago 21, 2019 2:13 am

Lo tuyo no fue ninguna crisis de los treinta, Lara, sino que te olvidaste de usar condón — le remarco en tonito de madre severa, aunque creo que ya quedó muy en claro que estoy más que feliz por ver que su vida ha tomado un rumbo. Como suena a que le está pronosticando un bebé a Phoebe, levanto las manos en petición de silencio — La vida se te puede poner de cabeza a los veinte, a los treinta, a los cincuenta… No tiene nada que ver con la edad — aunque no dejo de pensar en las cosas que pasaron después de que cumplí las tres décadas. Mi embarazo coincidió con una de las etapas más oscuras que he atravesado y recordarlo provoca que le dé un trago lento a la botella, no muy segura de que lo correcto sea meterme de lleno en asuntos que he estado tratando de olvidar. No hay nada que duela más que la decepción de las personas que tan bien creíste que conocías — Cuando quieras, eres bienvenida en casa. Jack cocina de maravillas y podemos enseñarte un par de danzas tradicionales de las zonas costeras como para bautizarte como miembro del cuatro — que a mi hijo se le dan de maravilla.

Crisis de los treinta, crisis de los treinta. Intento agarrarme de algo para no seguir por un camino depresivo y doy una palmadita con mis manos al pasarle el vino a Phoebe — Las primeras canas, las patas de gallo, la resaca se siente mucho peor que antes… ¡Pero hey! Que tienes casi toda tu vida organizada y dicen que es la mejor etapa de tu vida porque te encuentras pleno. No lo digo yo, lo dicen los sabios mayores. Nosotras solo tenemos que creerles y aceptar que nos vamos a volver viejas en unos años, así que… ¿Por qué angustiarse ahora? — además, aún seguimos jóvenes y la vida de los magos es más larga que la de un humano normal, así que podemos dar gracias por la genética y seguir gozando de la suerte que hemos tenido de ser quienes somos — Lara… ¿Aún tienes el twister guardado en algún lugar? Creo que nos vendría bien enroscarnos un poco para aflojar los músculos. Al menos que quieras que te acomode todo el armario — que de seguro tiene un montón de ropa vieja que ya no usa y tendrá que ver cuáles son los pantalones que modificará ahora que la tripa le va a ir creciendo. ¿Quién dice que una mudanza no puede ser entretenida, cuando tienes la compañía adecuada? Incluso, cuando hay vino y bizcocho de por medio. Las crisis existenciales vendrán luego.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Jue Ago 22, 2019 11:19 pm

Asiento de forma rápida con la cabeza hacia Lara, con una cara no muy agradable cuando he de afirmar la realidad de una crisis existencial que mucho tendría que ver con la forma en que estoy pensando estos últimos días, casi semanas. De seguro todo lo que está pasando tiene una explicación lógica, que añadido a mi suma de edad y los dementores, me están haciendo reflexionar sobre todas estas cosas. Estoy por balbucear un ¿todavía más? cuando dice lo de que se me está por poner de patas arriba la vida, pero me quedo a medias cuando continua hablando. — ¿La crisis de los cuarenta? ¿Cincuenta? No suena muy alentador para mí, no sé a vosotras. — Suelto una risa nerviosa, algo depresiva también de pensar que no hay más que crisis a partir de ahora. Me giro hacia Rose que creo que ha quedado demostrado que es la más sabia de las tres, o, al menos, la que tiene la cabeza más organizada. Tengo que obligarme a no reírme de más cuando es tan directa con la resolución que saca de la barriga de Lara, pero me es un tanto imposible dadas las circunstancias. — Y no sería porque no te lo advertí… — Aprovecho para decirle a la morena embarazada, que no es porque quiera meter más leña al fuego, pero creo que nunca nos llegamos a reír al respecto y ahora parece el momento adecuado para hacerlo.

Al ofrecimiento de Rose respondo con una sonrisa de agradecimiento, asintiendo con la cabeza en lo que apaño de nuevo la botella con una mano. — No sé de danzas tradicionales, pero… lo mismo digo, si alguna vez cualquiera de las dos quiere pasarse por casa, hay muchas cosas que aun no he probado y quiero hacer. — Debería hacer una lista de esas, algún día antes de morirme. Le doy un trago de nuevo al vino, y diría que me siento un poco mal por Lara porque nos estamos comiendo un bizcocho que era para ella y bebiéndonos su alcohol que siempre es muy necesario tener en casa. Me paso el dorso de la mano  por la barbilla por si acaso se ha resbalado algo del líquido de la botella por mi piel, mirando a Rose con cara de espanto cuando empieza a enumerar todas esas cosas que, desde mi punto de vista, suenan fatal. — ¿En unos años? Creía que las canas empezaban a salir mucho más tarde… — Confieso, dándole otro sorbo a la botella, lo de la resaca no suena tan mal si se compara con las patas de gallo. — Decidme que no se sigue jugando al twister, creo que la última vez que jugué a eso Hans aún tenía dientes de leche. — Y de seguro yo le saqué alguno, no voy a mentir, y al parecer es uno de esos juegos que nunca pasan de moda. — ¿Seguro que es buena idea teniendo a una embarazada entre los participantes? — Digo, aunque soy la primera en posar la botella en el suelo dispuesta a darle una oportunidad a mi elasticidad.
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Mensaje por Lara Scott el Vie Ago 23, 2019 3:57 pm

Te equivocas en eso, Rose. Precisamente lo mío fue una predicción de Phoebe— contradigo a mi amiga, agitando mi dedo desde donde me encuentro y un gesto arrogante, que no sé bien que fue lo que ocurrió esa noche, me inclino más a pensar que fueron todos los astros traicioneros de Phoebe chocándose entre sí en medio del lío para ponerse en fila y hacerlo real. Aunque cada vez se me hace más difícil pensar en lo que ocurrió como un accidente, un error, una sorpresa o eso mismo, una traición de la buena suerte y los astros, si es algo que me hace… ¿cómo lo dijo Hans y también Phoebe? ¿Feliz? Y es un poco complicado reconocerse feliz cuando se tiene una mente abrumada de pensamientos sobre todo lo que puede salir mal, que Rose nos las acomoda a Phoebe y a mí con sus palabras que reconfortan. —Entonces, ¿tendremos bautismo en la playa?— se me nota el entusiasmo, que por fin suelto a la mujer que hice víctima de mi abrazo trepador y me encaramo en el respaldo del sillón, hasta quedar con los pies sobre el tapiz y abriendo mis brazos en el aire. —¡Playa, música y alcohol! No, alcohol no, cierto. ¡Bailes nudistas de Rory!— exclamo seguido de una carcajada, y miro más allá de la amplia ventana que da a la costa, sobre el horizonte hay una permanente línea gris de nubes que se reflejen en el agua, que se ve más oscura y ciertamente helada, incluso la arena se ve blanca. Necesitaremos de un gran fogón para no morirnos de frío por un bautismo en el que tendrá que ser de ropas tradicionales o no será.

Me cae toda la desilusión en los hombros y por poco no me hundo en el sillón. — Entre tus predicciones y las de Phoebe…— digo, mirando a Rose con una cara de quien no quiere que el reloj siga avanzando. —¿Alguien me predice que me sacaré la lotería, por favor?— pido, volteo mi mirada al techo y extiendo mis brazos en un ruego secreto a los astros. Hago equilibrio sobre el sillón, lo bueno es que mi corta estatura ayuda a que no sienta vértigo, que estoy más cerca del suelo que el resto de las personas y si me caigo no me haré tanto daño. Para bajarme sí que me prendo del respaldo, en vez de saltar, que me siento con más energía estos días de los que creo que tuve en el último año, pero no me olvido que si ahora me caigo, no me caigo sola. — No tienes que preocuparte por mi armario, Rose. Solucioné el problema yo sola, ¡me compré un montón de jardineros!—. Fin del problema de la ropa que me apretaba la cintura y lo más cómodo para este cuerpo que se va redondeando un poco más rápido en estas semanas, tanto que cada día tengo que controlar si no se ha pasado un centímetro durante la noche. Con mis pies de vuelta en el suelo, pongo mis manos en la cadera y me giro hacia Phoebe. —Pues ésta embarazada se apuntó a clases de yoga con Meerah y podría ganarle en el twister a cualquiera de las dos— presumo, pasando una mano sobre mi vientre, que luego podré decirle a mi bebé que sus tías ya jugaban con él o ella desde que estaba dentro y que, por supuesto, les ganamos. O espero que me dejen ganar, que soy la embarazada aquí y siempre hay que dejar ganar a los niños, yo tengo uno conmigo. —¿Se han dado cuenta del trío extraño de vecinas que somos?— pregunto, yendo a revisar las cajas que tengo más a mano a ver si encuentro el juego. —Rose vive aquí con su familia, yo vine a ver como mi panza se vuelve una bola de puro bebé y Phoebe a besuquearse con su novio. Pido que si pasamos la crisis de los cuarenta, cincuenta, sesenta, seamos de esas vecinas que se juntan a jugar canasta y con un ligero alcoholismo— me río, que si en serio el tiempo corre y es a nuestro favor, espero que podamos disfrutarlo así algún día.
Lara Scott
Lara Scott
Inefable

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