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Mensaje por Phoebe M. Powell el Lun Ago 12, 2019 1:21 am

Estoy tratando de distraer mi cabeza de la conversación que mantuve con Hans hace poco, no me hace bien pensar en cosas que no puedo cambiar, y mucho menos poner un remedio, no hay forma de solucionar un problema que viene arrastrándose solo por años de la noche a la mañana. Por esa misma razón, decido que es mejor centrar mis energías en tareas que sí tienen algo más de sentido, y como tampoco tengo otra cosa mejor que hacer la tarde de un domingo en que Charles ha salido fuera a hacer no recuerdo qué cosa, me pongo a hacer un bizcocho para mi nueva vecina, aunque no tan desconocida. Sé por mi hermano que entre los dos han barajado la idea de que Lara se mude al cuatro, viendo que la isla ministerial no parece un lugar demasiado apropiado para criar un bebé con toda la que se viene encima, y no puedo estar más de acuerdo. Lo que no sabía es que lo terminarían haciendo de verdad, tengo que recordarme una vez más que la situación del país hace que tomemos decisiones inesperadas en tiempos que las requieren.

Aparte, creo que también es una excusa para salir de la isla más a menudo y con una excusa lo suficientemente válida como para que nadie le reproche no estar trabajando, aunque no estoy enterada de hasta qué punto en el ministerio están enterados de que Hans va a ser padre de nuevo. Resulta irónico como en el último año, sin quererlo, la familia Powell ha ido creciendo al punto de que ya no somos solo él y yo en la imagen grande. Eso me hace replantearme algunas cosas, como el qué hubieran sido de las cosas si en su día yo no hubiera sufrido un aborto, si hubiera tenido un hijo con Charles de la misma manera que él va a tenerlo con Lara. Es extraño, como afectan unas circunstancias cuando se dan otras en contraposición, y es que si se hubiera dado el caso de tener un bebé, probablemente ni Chuck ni yo hubiéramos salido del once, puede que ni siquiera me hubiera encontrado con mi hermano. O sí, dado que en los últimos meses ha salido más en televisión que cualquier otro famoso conocido. Supongo que las cosas terminan pasando por algo, que en el momento no llegamos a entender, pero que acabamos por encontrarle el sentido en el futuro. O eso espero, al menos.

De igual forma, me presento en la curiosa casa de Lara, encontrándome con que la puerta está abierta de par en par de primeras, pero como escucho voces dentro no me preocupo demasiado. Doy unos golpecitos a la puerta con mis nudillos, pidiendo permiso para pasar pese a saber que van a pasar desapercibidos, por lo que una vez hecho el gesto me adentro por el pasillo guiándome por la voz camuflada de la morena. — Lara… — Canturreo por la casa aun en su búsqueda. — Todavía no me creo que le presentaras a tu madre y no le diera un… — Empiezo a hablar alegremente cuando distingo su cabellera de espaldas en la cocina, hasta que descubro otra figura morena detrás de ella que me hace interrumpirme a mí misma en silencio. — Oh. Lo siento, no sabía que tenías visita. Tienes la puerta abierta, por si no lo sabías y… — ¿Qué más era para lo que vine? Ah, sí. — Te traje un bizcocho. — Elevo el brazo en que sostengo el mismo con una mano y sonrío, un tanto incómoda por no conocer todas las caras. Y es que tanto Charlie como yo no nos hemos puesto a charlar con vecinos en todo lo que llevamos aquí porque nuestra llegada fue de lo más inusual.
Phoebe M. Powell
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Mensaje por Lara Scott el Lun Ago 12, 2019 3:30 am

No lo sé, Rose. Mi madre se ha enamorado de él y sus recetas son mucho más potentes que el amortentia, a la larga seré la que importuna entre los dos. Se casarán, tendré que dejar que sea quienes críen al bebé porque son mucho más responsables que yo, acabaré siendo la tía que va de visita en Navidad con regalos costosos si es que quiero seguir siendo parte de la fotografía…— me quejo, sacando una cosa tras otra de la caja de cartón que rodeo con mis piernas enfundadas en un pantalón más suelto a la altura de mi cintura para que no presione mi vientre y sentada en la alfombra que cubre casi todo el suelo de la sala, con mi espalda recostada contra el borde del sillón que está enfrentado a la gran chimenea de piedra que, pese a ser una casa de playa, está pensada para el invierno que se está haciendo sentir. —¿Crees que estoy exagerando?— pregunto a mi amiga, en medio del caos de cosas levitando en la sala, los libros se van ubicando en fila sobre la repisa de la chimenea, algunos retratos enmarcados y todas esas cucherías de colección. Los almohadones se sacuden entre sí para librarse del polvo que es mínimo y caen sobre el sillón.

Todo en la casa lleva días acomodándose en su lugar, al menos en los ratos que puedo estar cuando salgo del trabajo. Estoy descuidando mis horas en el taller del distrito, lo sé, me dije que lo compensaría durante los fines de semana que no estoy obligada a presentarme en el ministerio, pero no sé cómo lo haré. Me siento dividida entre varios lugares a la vez, que si bien me emociona la idea de la casa en el cuatro, de a ratos me siento tan sola que agradezco que Rose haya encontrado un tiempo para venir a verme y así ponerla al día sobre todo lo que hemos hablado muy por encima, sin poder detenernos en los detalles interesantes. Lo primero que hago nada más verla llegar es indicarle la botella de vino que tiene una tarjeta con su nombre como agradecimiento de mi parte y de Hans, si hasta se lo escribí. Ella puede beberlo mientras yo me conformo con mi jugo de calabaza. —Si es que casi fue amor a primera vista— bufo, en el mismo momento que escucho una voz llegando desde la entrada.

¡Phoebe!— grito para hacerle saber que estamos en la sala, trato de ponerme en pie y no tendré una panza de veinte kilos aun, pero se me complica un poco. —¡Ah, sí! La dejé abierta para que cambie un poco el aire de la casa, que se me quemaron los huevos esta mañana…— cuento, haciendo un movimiento en el aire para descartar la anécdota que no me trae ninguna gloria. —¡Oh, Phoebe!— exclamo, cubriendo mis labios con una mano, si es que me tiembla la voz y tengo que pestañear por la lagrimita que me sale de un costado del ojo. —Eres la segunda mejor virtud de tu hermano— digo conmovida, ¡si es que me ha traído comida! ¿Hay un detalle más conmovedor que este? —La primera es Meerah— aclaro, que a ella la conocí primero. —Cada vez que me enfado con Hans, respiro hondo y pienso en ustedes, entonces todo vale la pena— bromeo. Me acerco a la mujer que acaba de llegar para liberarla del peso del pastel y apuntando a la una y a la otra con mi mano. —Phoebe, la hermana de Hans. Rose, una amiga, esposa de un amigo de Hans— resoplo al darme cuenta de algo, —¡Ay, Morgana! ¡Es que no dejo de mencionar a ese hombre!—, las dejo unos minutos a solas en la sala para volver de la cocina con un cuchillo, que no es un utensilio que me guste invocar con la varita, y recuperando mi sitio en la alfombra, corto anchas rebanadas del bizcocho para ofrecer una a cada mujer. —Justo le estaba contando a Rose de la cena con mi madre, que al parecer me estoy imaginando cosas que solo viven en mi mente. ¿Todo bien, Phoebe? ¿Qué te parece vivir aquí? Si hay algo malo, dímelo ya, que todavía no abrí todas las cajas. No puedo confiar en las buenas referencias de Rose, yo sé que ella solo se queda aquí por cierto hombre de la playa— lleno mi boca con una bocado que interrumpe mi parloteo.
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Mensaje por Rose S. Harkness el Lun Ago 12, 2019 4:37 am

Lo que yo creo es que estás celosa de tu propia madre — me burlo sin poder contenerme y tengo que esquivar lo que creo que es un libro bastante gordo para que no me dé de lleno en la cara — Míralo de este modo: es mejor que se lleven bien antes de que se detesten. Imagina lo que sería el criar un hijo con una abuela y un padre que no hacen otra cosa que contradecirse y ladrarse. Así, puedes dar por sentado que tu mamá lo aprueba, no tendrá problemas en cuidar de tu hijo en caso de necesitarlo y solo debes preocuparte por que Hans no tenga fetiches extraños con mujeres mayores — ya, esa broma es un poco innecesaria, pero también inevitable — No tenía idea de que Hans podía ser tan convincente fuera de su oficina. Siempre creí que su encanto residía en su cháchara legal y todo eso — puede ser que estoy demasiado acostumbrada a sus salidas con Jack como para verlo bajo ese velo, pero eso es un tema en el cual no me interesa husmear.

En los tiempos que corren, tener a Lara y su futuro bebé cerca es algo demasiado bueno como para ser verdad. Ya le he dicho a mi marido en más de una ocasión que deberíamos hacer una cena todos juntos para celebrar la mudanza y la nueva incorporación a la familia de una manera un poquito más oficial, pero tampoco tuve tiempo para ponerme a organizar una comida para tantas personas. Así que lo que menos pude hacer es el venir a visitar y ofrecer mi ayuda a acomodar lo que falte, ahora que Jack tuvo algo de tiempo para quedarse con Rory y yo no estoy cubriendo ningún turno de guardia. Una tarde para nosotras, como debe ser, ni hablemos de que recibo un vino que me vendrá más que bien. Estoy por burlarme una vez más sobre sus celos y preguntarle si el regalo es realmente merecido, cuando una voz desconocida aparece en escena y tengo que asomarme por detrás del perchero que me he puesto a colocar en uno de los rincones cerca de la entrada. Siento que me estoy perdiendo una parte de la conversación, aunque pronto estoy abriendo mi boca en señal de comprensión al recordar que Hans mencionó en alguna ocasión a su hermana, algo que las palabras de Lara secundan — Un placer. Creo que también eres nueva por el barrio, ¿no? — saludo y coloco mi propia chaqueta sobre el perchero para chequear que tan bien se ve. Bueno, para mí está perfecto — Tu hermano lo comentó hace semanas, pero no sabía que te habías mudado al final — lo que me hace pensar que tengo que ponerme al corriente de lo que anda pasando, porque esto de no conocer a mis vecinos en tiempos de dementores no es algo favorable.

Las quejas de Lara, esas tan dignas de una niña de adolescencia, hacen que ruede los ojos con gracia a sus espaldas y me llevo las manos al corazón para burlarme en lo que ella va en busca de un cuchillo — El amoooor — bromeo con voz dulzona, lo suficientemente alto como para que me escuche — Lara no soporta que su madre esté fascinada con tu hermano — explico, sonriéndole con malicia a la recién llegada, cuyo bizcocho huele más que bien cuando por fin tengo un trozo para mí que me permite sentir su aroma mucho más cerca. Me lo estoy llevando a la boca cuando me veo siendo el foco de la conversación, a lo que me tardo en responder porque tengo la boca llena — Esto está estupendo — digo simplemente antes de continuar — ¿Hablas del guardavidas? Que está muy bien, pero hice un voto que me obliga a mirar y no tocar — por suerte, jamás pronuncié ningún juramento inquebrantable, sino ya estaría frita por babosa mirona — Vivir en el cuatro va a fascinarles, a las dos. Hay buena comida, los paisajes son bellísimos y ni hablemos de que los hombres valen la pena. Pero eso va más para ti, Phoebe, que Lara se va a poner como una pelota en poco tiempo y no sería prudente que se vaya de juerga por ahí — solo por si no queda claro, estoy bromeando.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Lun Ago 12, 2019 8:03 pm

Por el aspecto que tiene la casa no tiene pinta de haber acomodado todas sus cosas, lógico en el poco tiempo que debe llevar aquí y entendiendo que mi hermano habrá hecho de las suyas para comprarle cosas que probablemente no utilizará en su vida. Sigo pensando en la utilidad que voy a darle yo a la mitad de las tonterías que me ha regalado desde que nos encontramos. No hay que tenérselo en cuenta porque lo hace con toda la buena intención del mundo, aunque también hay veces que pienso que ve demasiado la teletienda. La anécdota de los huevos me hace reír lo suficiente como para apartar la mirada de los estantes de la casa que se están por rellenar solos, cruzando mis brazos bajo el pecho ahora que mis manos están libres de cargar con nada. — Me sorprende que mi hermano no haya puesto a cargo de la cocina a uno de sus elfos, con eso de que… — Muevo una mano como para hacer entender que no pensaba que fuera a dejarla sola en una casa tan grande en estos tiempos que corren, pero imagino que tendrán otras cosas en mente. Que no es como que yo no esté aquí, o esta amiga suya, pero siempre es reconfortante saber que hay alguien más en la casa si llega a ocurrir algo.

Lo de que empiece a enumerar las virtudes de Hans me hace querer preguntar sobre las demás, pero me limito a reírme entre dientes mientras hace las presentaciones correspondientes y le sonrío a Rose a forma de saludo. — Ah, sí, a una casa tan solo unas calles más abajo, cerca de la playa. Charles y yo… bueno, mi pareja, nos mudamos hace poco. — Comento de pasada en lo que me desprendo de mi chaqueta, la doblo y la dejo a un lado donde no moleste. No sé hasta qué punto llega la ola de reconocimiento de los vecinos de este lugar cuando aparecen nuevas caras, y solo me queda esperar que la llegada de un hombre de casi dos metros, ojos azules y cuerpo esculpido por los dioses, no estoy exagerando, no haya puesto miradas indiscretas de más en nuestra calle. — Creo que vas a tener que empezar a extender tu círculo de amigos, Lara, es pronto aún para comenzar a ser de esas parejas que lo hacen todo juntos y no se separan ni para ir al lavabo. — Bromeo cuando se queja no poder sacarse a Hans de encima, y por favor, que no me malinterpreten eso último.

Tan pronto Lara desaparece giro mi cabeza en dirección a su amiga, transformando mis labios en un ‘ah’ bastante largo cuando me explica la situación. Me hago paso en el salón para sentarme en el sofá, apartando primero un libro que poso sobre una de las cajas que tengo a mi derecha. — Bueno, si te sirve de consuelo, no es solo a tu madre. Teníais que ver cómo lo miraban las otras madres cuando subía al escenario para recoger sus premios en la escuela. Y tenían otros hijos. — Añado, entre risas, pero rodando bien los ojos por el hecho. Lo cierto es que recuerdo más cosas de lo que sería normal en una niña tan pequeña, lo que quiere decir que era bien exagerado el como se comportaban las madres de sus compañeros de clase cuando estaba alrededor. Yo creo que la mitad querían que sus hijas se casaran con él. Estoy elevando mis manos para rechazar el trozo de pastel que me tiende, porque se supone que es para ella, pero me lo empaqueta antes de que pueda quejarme y me obligo a sonreír cuando lo alaban. — Es una receta de internet, solo hice que mezclar cosas. — Digo para quitarme méritos que no me corresponden, los agradecimientos para la abuela Greta que es la que colgó la receta.

La pregunta de Lara me tiene mirándola con la boca abierta en lo que trato de elaborar una respuesta, optando por llevarme un trozo de bizcocho a la misma para que no me entren moscas por pensativa. Así aprovecha Rose para hablar y tengo que asegurarme de no atragantarme cuando menciona lo de los hombres de playa. Suerte que ya tengo los ojos puestos en cierta cara pálida y no en los cuerpos morenazos que hay por ahí, porque sino… pobre Charles. — Creo que ya sé de que salvavidas hablan, entonces. — A ver, que el hombre se pone a correr incluso cuando no hay nadie metido en el agua, por favor. En cuanto a la pregunta de Lara… — Se está bien, por lo general, es más tranquilo que el capitolio y eso me gusta, pero las gaviotas… No hay mañana que no me levanten. — Suelto un suspiro que hace rebotar mis labios entre sí, inclinándome un poco hacia atrás en el asiento. Me termino el pequeño trozo de bizcocho y al sacudirme las manos para desprenderme de las migas me fijo en el libro que aparté hace unos instantes. — ¿Ya andas leyendo estas cosas antes de que nazca el bebé siquiera? — Me mofo, cogiendo entre mis manos el libro que tiene por nombre ‘Qué hacer y qué no hacer cuando tu bebé no deja de llorar’ .
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Mensaje por Lara Scott el Mar Ago 13, 2019 10:54 pm

A las risas de Rose tengo que arrugar mi ceño en modo pensativo, que si las primeras experiencias son significativas de alguna manera para las personas, puedo continuar con mis paranoias, no lo hago porque terminan siendo imágenes bastantes desagradables que Mohini misma me reclamaría y por fin se me está yendo el malestar constante de los primeros meses. Al postre que trae Phoebe mi estómago le da la bienvenida y puedo tener la tranquilidad de que no se me revolverá a la madrugada, es la misma serenidad que siento desde que me acostumbré a lo blanco de esta sala, que se llena de la luz del día con los ventanales que tiene. Salvo por el detalle de que estar sola no es como lo recordaba cuando vivía en el seis, puedo intentar una sonrisa y agradecer que haya personas para hacerme compañía en lo que acabo de ordenar todo, para compensar la falta de otras presencias a las que terminé por acostumbrarme. — Ah, no. Nunca me ha gustado tener elfos— comento como al pasar, cuando las razones son similares, pero no tan hondas como mi negación a tener esclavos. — Tiendo a hacerlo todo por mi cuenta— digo, así lo mantengo como un tema en el que no hay mucho sobre le cuál decir. —Muchas veces mal, pero por mi cuenta—. Como los huevos del desayuno, a la larga le he demostrado a mi madre que puedo vivir por mi lado, ¿y qué otra aprobación necesito? Con las presentaciones hechas y a medio camino a la cocina, solo me queda reírme del comentario de Phoebe, que creo que demasiadas cosas nos han hecho estar en el extremo opuesto a esa situación. A Rose solo me queda hacerle oídos sordos y tararear lalalalala para callarme, en lo que tardo en volver a la sala a hacerme cargo del bizcocho.

¿Por qué no me sorprende que el pequeño Hans tenía a las madres rondándole alrededor? Y por Morgana que quiero imaginar que lo hacían en un sentido maternal y para emparejarlo con sus hijas o hijos, que sí esto sería tan perturbador para mi fácil imaginación. —¿De qué era los premios que ganaba?— pregunto, porque me dije que a la primera que pudiera hablar con Phoebe, no lo desaprovecharía. Lo de pedirle fotografías no sé cómo encararlo, con todo lo que ella pasó no sé si habrá recuperado un par o siquiera si han querido verlas otra vez. Pero si creo que si eres capaz de voltear medio país para encontrar a tu hermana, es porque ninguno olvidó nada de lo que compartieron y Phoebe tiene una simpatía particular al hablar, pecando un poco de charlatana, lo que me viene bien para mis fines investigativos. Aunque el objetivo de mi curiosidad cambia pronto. —¿De qué salvavidas hablan? Yo me refería a Jack…— me veo sorprendida, busco con la mirada mi teléfono que tiré por algún lado entre el sillón y las cajas. —¿Está en Wizzardface? Quiero ver quién es…—, que es su deber como vecinas con mayor antigüedad instruirme en todo lo que merece la pena ser visto en este distrito. La manera en que tiene mi amiga de hacerme a un lado por embarazada, no, peor, por gorda embarazada, me ofende un poco. —Rose, ¿te escuchas lo que acabas de decir? Me estás describiendo una playa llena de hombres atractivos, a mí, que estoy con las hormonas peor que una adolescente y viviendo en esta casa fría prácticamente sola. No me hubieras dicho nada. Esto será el infierno, voy a estar ardiendo lento…— murmuro, alzando mis ojos al techo. Porque si descarto a los dos hombres que las acompañan a ellas, sigue habiendo una población muy numerosa como para mi paz mental, y sí, volveré a culpar al embarazo de que mis pensamientos se vayan por ahí de paseo.

El libro que me muestra Phoebe me sirve de centro para fijar mi atención, y le muestro una sonrisa muy ancha a ambas al ponerme de pie y saltar de un lado al otro por la sala otra vez. —No he leído nada todavía, ¡son muchos! Es que los veo y me los compro, ¡es más fuerte que yo!— exclamo, empujo con mis dedos a los libros que levitan para que vayan hacia las manos de Rose y Phoebe. ”Manual de supervivencia para padres primerizos desesperados”. “¿Cómo criar un hijo con un CI más alto que el tuyo?” . “Cuentos de la Sra. Mooncalf”. “Manual de instrucciones de un bebé”.¿Sabían que los bebés tienen hipo dentro del vientre? ¡Increíble! Eso me lo leí en internet— cuento, acomodándome en la alfombra con mis piernas cruzadas como indio y agarrando el libro de cuentos porque me gustan las ilustraciones.
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Mensaje por Rose S. Harkness el Miér Ago 14, 2019 6:04 am

Intento hacer algo de memoria, pero creo que no tengo ubicado a su pareja, aunque sí he oído rumores de unos nuevos vecinos en la zona por parte de las viejas chismosas del barrio, cosa a la cual no le presté mucha atención. Al menos, la conversación sigue y eso me permite no quedar mal con mi falta de información, excusándome con la risa idiota que me da cuando Lara se pone en su versión infantil para hacerme callar — ¿Premios al mejor jopo de la clase? Las secretarias del ministerio suelen elogiar su cabello o sus nalgas, pero Lara debe saber mejor sobre eso — me encojo de hombros porque jamás analicé tanto la situación y la verdad, no sacaría el tema a colación delante de su hermana si no fuese porque es divertido fastidiar a la embarazada de la sala. Le hago un gesto con la mano a Phoebe para que no se haga la humilde, porque esta cosa está deliciosa y es eso o yo estaba muerta de hambre.

No tengo idea de cómo se llama. Es uno moreno, de espalda tamaño armario y unas manos que… ufff, dan ganas de ahogarse para que te sujete — ruedo mis ojos con demasiada exageración y por suerte no me ahogo con mi bizcocho — Intenta que el bebé se quede dentro de ti si lo ves — pobre Jack. Creo que es sabido por todos que, por mucho que hable de la belleza de otras personas, jamás los miraría de la misma manera que lo miro a él. Mi estúpido, dulce y sexy barbudo marido — ¡Te he dado un libro entero y tienes una casa nueva con muchos lugares que no has estrenado! Si no estás siendo creativa, no me eches la culpa, son tus hormonas que no están funcionando bien o el otro no está haciendo bien su trabajo… lo siento — agrego en dirección a Phoebe y me chupo las migas del pulgar con expresión culpable — sé que nadie quiere oír estas cosas sobre sus hermanos, pero bueno… — los bebés no se hacen del aire, aquí todas lo sabemos.

Tengo que decirlo, me da mucha ternurita ver a Lara tan feliz y campante con todo esto del embarazo y a veces siento que me han cambiado de amiga para volverla una versión tan dulce como el bizcocho que estamos masticando. Las hormonas hablando o la felicidad de un embarazo que la tiene más radiante de lo que puede admitir, posiblemente — Te acostumbras a las gaviotas con el tiempo… ¿Has pensado en comprarte esos diarios para embarazadas? Tuve uno con Rory y es bonito, queda como un lindo recuerdo muy personal — paso las hojas del libro que me ha tendido y meto la cabeza dentro del capítulo que habla sobre la falta de sueño en los primeros meses del bebé — Si eso te hace pensar, espera a que empiece a moverse. No hay nada más extraño y genial que sentir un pie con todo detalle presionándote desde adentro. Ay, que casi me dan ganas de tener otro — pero no es momento, no con todo lo que anda pasando ahora — Ahora que tienen la casa… ¿Piensas armarle el cuarto al bebé? ¿Cuál escogieron para darle? — tengo entendido que también Meerah iba a tener el suyo, así que las divisiones deberían estar hechas.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Miér Ago 14, 2019 8:49 pm

Creo que se me cae la mandíbula cuando escucho a Rose alabar el culo de Hans con toda naturalidad, quedándome con la boca abierta por los segundos incómodos que me toman soltar una risa nerviosa de hermana menor que no debería estar hablando del trasero de su hermano mayor cuando hace tiempo que se quedó atrás la época de verlo andar en ropa interior de dinosaurios por la casa. Nop, no seguiré por ese camino y tampoco voy a enseñarles fotografías de eso que seguro queda alguna por ahí. Con un carraspeo de mi garganta vuelvo a recuperar mi voz para responder a la pregunta de Lara con un poco más de aire. — Ciencias, en su mayoría, había esta feria de ciencias a final de cada curso, donde los alumnos podían mostrar sus inventos y creaciones a los maestros para luego decidir quién se llevaba el premio. Hans pasaba todo el año escolar probando sus proyectos para asegurarse de que ganaba, no voy a mentir algunos eran bastante… curiosos, por decirlo de alguna manera. Os podéis imaginar a quién usaba de conejillo de indias. — No me señalo al principio porque creo que es algo evidente, pero al final termino por levantar un dedo hacia mi pecho con una cara no demasiado alegre. Si todavía recuerdo la vez que me cortó un mechón de pelo bastante gordo asegurando que me crecería al día siguiente. — Era un poco ingenua y sus argumentos sonaban convincentes, en serio, hazlo por la ciencia, decía el muy friki, ¿cómo iba a decir que no a eso? Además, siempre me ofrecía dulces si lo hacía y es muy difícil rechazar una oferta como esa cuando tienes seis años. — Extiendo mis manos hacia delante como para buscar un poco de apoyo, que parece que más que ingenua me faltaban dos neuronas por dejar que mi hermano me tratara como muñeco de trapo. — Hizo esta cosa una vez, no recuerdo muy bien que era, pero se suponía que debía saltar con chispas o algo parecido, y digamos que yo lo arreglé un poco, tendríais que haber visto su cara cuando le explotó purpurina en la cara. — Muevo un poco mis manos mientras hablo como para explicarme mejor, y termino por reírme ante lo último. Si no me mató después de eso creo que no lo hará nunca. — También le gustaba participar en estos debates que se organizaban entre distritos, podéis imaginaros el tipo. — Yo no entendía ni la mitad de lo que decía, pero ahora que le conozco siendo adulto creo que puedo hacerme una idea de sus discursos. ¿No le gustaba el ajedrez en su día también?

Con toda la descripción del socorrista me la paso mirándola de una a otra hasta que mi atención lo capta otro detalle que no escapa de mi interés curioso por cosas que desconozco. — ¿Wizzardqué? — ¿Por qué siento que llevo viviendo debajo de una piedra todo este tiempo? Bueno, que quizás lo he hecho pero esperaba que los últimos meses dentro de la sociedad normal me hubiera puesto al día con estas cosas. Claro que luego pasan a hablar de nuevo sobre mi hermano y sus prácticas sexuales y tengo que quedarme callada otra vez por el tiempo que mi cara delata un tierra trágame más que evidente. Y es que no importa cuan adultos seamos los dos, creo que estas cosas siempre van a producirme una sensación extraña en el estómago. Probablemente porque de niños a adultos hay un largo camino que nos saltamos y muchas veces sigo pensando en mi hermano como al crío al que le siguen gustando las ciencias  y los certámenes de ajedrez. Por suerte la conversación toma como centro a la embarazada de la sala, aunque no puedo evitar mantener mi mirada puesta en Rose un minuto. — ¿También tienes un hijo? — De acuerdo, por ahora lleva el título de casada, madre y… creo que eso es todo de momento. Fácil. Lara es la madre ahora, me pregunto lo que tardará en adjudicarse el título que le falta para que ambas puedan ir a par. No voy a mentir, el estar sentada en un sofá ajeno charlando sobre un proyecto de vida que mismamente podría haber sido mi caso, me produce una sensación amarga en el estómago, porque aunque yo esté aquí sentada con ellas, puedo percibir perfectamente que están a otro nivel muy diferente del mío. Siento que puedo entender de lo que hablan, y comprenderlo hasta cierto punto, pero también que no puedo formar parte de esa imagen. Ignoro ese sentimiento inclinándome hacia delante, apoyando los antebrazos sobre mis piernas para poder escucharlas mejor.
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Mensaje por Lara Scott el Dom Ago 18, 2019 2:00 am

¿Me estás haciendo elegir entre esas dos cosas?— pregunto a la auror, mis cejas casi chocando con el nacimiento de mi cabello en una clara y abierta expresión interrogante. Presiono las palmas de mis manos contra mis sienes en una pose que me hace parecer que estoy en un dilema crucial. —Espera, dame cinco minutos. Necesito pensar bien mi respuesta…— bromeo, en vez de darle una respuesta me pongo a reír a carcajadas y al calmarme, le lanzo una mirada de soslayo, se tendrá que conformar con los rumores que corren, que más de uno con razón de conocimiento así que no hace falta que yo confirme nada. No fingiré sorpresa de que haya más información divulgándose por ahí sobre el trasero de Hans, que sobre esos premios de su infancia que nadie esperaría de un chico que terminó estudiando en la escuela de leyes. —¡¿CIENCIAS?!— sí, creo que he gritado quizás un poco alto. Creo que la pelusa ha pegado un pequeño brinco dentro de mi vientre, quizás tampoco se lo esperaba. Mi mirada recorre a Phoebe como si la estuviera viendo una segunda vez, y no porque la esté imaginando como el conejillo de indias de su hermano lo que me hace entornar los ojos internamente, sino porque tengo de vecina a quien es el cofre de información de este sujeto y no hay siete candados por abrir. Ella se explaya en la anécdota con todos esos detalles que acaban por hacerme reír tan fuerte que tengo que sujetarme el vientre porque la imagen mental de Hans cubierto de purpurina es demasiado para mí. —¡Ay, Phoebe! ¿Dónde has estado todo este tiempo en mi vida?— me giro hacia ella para tomarla del brazo en un apretón cariñoso, que quien le haga esas maldades infantiles a mi blanco favorito de maldades infantiles, es mi amiga.

Bueno, ¿quién necesita un nombre cuando basta la vista? Supongo que viviendo aquí tendré la oportunidad de verlo alguna vez, si bien no es la temporada más idónea para hacerme a la playa fingiendo que iré a nadar un rato. Hará falta una excusa mejor, ¿dónde está el perro cuando uno lo necesita? Tendré que sacar a pasear a una planta. —Es una red social donde te creas un perfil, compartes fotos y videos, ¿no tienes una cuenta?— me sorprendo, que estará en línea hace dos años o más, pero su uso se volvió masivo dentro del Capitolio. —Es más popular entre los jóvenes del Royal, pero yo tengo uno… bastante desactualizado, ahora que lo pienso…—. Sí, bastante. El reproche de Rose me hace enderezar la espalda, asumo una postura para defender mi vida sexual de su ataque y si me muerdo la lengua a tiempo es porque recordamos que Phoebe no deja de ser la hermana de Hans por estar entre nosotras. —¡Lo siento! Yo… que tu hermano no esté aquí no quiere decir que yo…— no sé qué estoy tratando de explicarle, así que choco mis dientes, aprieto fuerte mi mandíbula y hago a Rose el foco de una mirada molesta como si le estuviera echando la culpa de lo que sea.

La emoción que comparto sobre todas esas cosas que aluden al bebé y que empiezan a copar esta casa, no impide que note que algo en el semblante de Phoebe cambia. Escucho a Rose con la atención que se merece como mi guía espiritual en todo este proceso, que creo que me olvidé el anotador en el dormitorio, pero puedo traerlo con un hechizo si empieza a tirar sus consejos. —No sabía que había diarios para embarazadas, podría ser divertido. Y hasta ahora no sentí ningún movimiento, solo retorcijones del estómago…— contesto a Rose, mientras deslizo mi mirada por las facciones de la otra mujer. —El cuarto es uno que tiene un ventanal de tres hojas y da al patio con pasto, quizás pueda plantarse algo ahí después. Meerah tiene el cuarto con balcón a la playa, es adolescente y lo disfrutará más…— cuento, y como nunca he sabido mantener mi curiosidad a raya, no me espero más para preguntar. — Phoebe, ¿ocurre algo? Tienes esa misma cara que pone tu hermano cuando se queda ensimismado con algo, esos ojitos azules de cachorro…— señalo. Cierro mi libro de cuentos y me muevo unos centímetros más cerca de ella para colocar una mano en su rodilla. —Si tienes algún problema, te escucharemos y… yo sólo escucho, Rose es buena encontrando soluciones— la señalo con mi dedo índice.
Lara Scott
Lara Scott
Inefable

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Mensaje por Rose S. Harkness el Dom Ago 18, 2019 6:23 am

Todas las historias sobre un Hans Powell pequeño me hacen reír, en especial porque no puedo evitar imaginar a un niño con aspecto demasiado pulcro y me pregunto si Lara tendrá uno de esos recorriendo esta casa dentro de poco; creo que se volvería loca, pero no se lo voy a decir ahora que parece tan contenta con su cuñada. ¡Ay, quién lo hubiera imaginado! De entre todas mis amigas, creo que la morena era la última que hubiera pensado que sentaría cabeza y de repente aquí estamos: hablando de bebés, ordenando la casa donde planea formar una familia… Mejor dejo de pensar en estas cosas porque me voy a poner sensible y creo que no soy yo quien debería estar llorando. Que me mire molesta por mis comentarios desubicados hace que me distraiga y me fuerzo a sonreír entre pícara y disculpona, si es que existe esa palabra.

— ¡Ay, sí! Un niño gordito y tierno, Rory. Mi marido nombró a tu hermano padrino una noche de copas dónde a los dos les dio por ponerse cursis con su amistad — busco en mis bolsillos hasta dar con mi teléfono, paso algunas imágenes de la galería entre las que hay demasiadas fotos de comida hasta dar con una de mi pequeño corriendo desnudo a la playa — Siempre lo verás de esta forma, así que te pido perdón por adelantado. ¡No soporta tener la ropa puesta, no importa que tanto frío haga! — le tiendo el móvil, regalándole dos momentos a solas con mi galancito en lo que me centro en Lara  — Eso es hambre — bromeo — ¡Te llevaré a una librería preciosa donde los venden! Muchas personas dicen que es muy sentimental, pero creo que es una de las cosas en las cuales una no debe fijarse. Quedará como algo muy íntimo entre tú y tu bebé, porque nadie más va a comprender esa conexión — es uno de los misterios más lindos de la vida.

Tanta emoción sobre los dormitorios hace que me olvide de fijarme en lo que mi amiga nota y me acomodo para ver mejor a Phoebe, pero no la conozco como para saber qué es lo que sucede — Con tan rico bizcocho, no tendré problemas en ayudar. ¿Es porque las paredes son blancas? De seguro Lara va a pintarlas y tengo entendido que tu sobrina tiene muy buen gusto — vale, sé que no debe ser eso, pero prefiero ponerle un poquito de humor. Me acerco para sentarme en el sofá y no tengo mucha confianza, pero aún así le doy una palmadita en la espalda — ¿Más bizcocho servirá?
Rose S. Harkness
Rose S. Harkness
Auror

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Mensaje por Phoebe M. Powell el Dom Ago 18, 2019 7:48 pm

La reacción de Lara es la que me hace más gracia, motivo por el cual asiento con la cabeza con una curva fina en mis labios en confirmación a lo que digo. — Raro, ¿eh? Que después siguiera un camino tan opuesto. — Claro que aquí las tres, si me supongo que Rose es una persona de confianza para mi hermano, sabemos de sobra por qué mi hermano escogió lo que escogió, lo que produce que me remueva un poco en el sitio. Para no seguir por ese lado, opto por volver a poner el foco de mi atención en la infancia que compartimos juntos. — Nunca lo reconocerá en voz alta ahora, pero era un auténtico friki de esas cosas, antes de cambiar el pijama de cuadros por el traje, claro. Por favor, dime que duerme con un pijama un poco menos anticuado. — Miro a Lara cuando digo lo último, que ella debería de saber, aunque es segundos después que me doy cuenta. — Vale, no hace falta que digas que duerme desnudo o en boxers. Error mío. — Que alguien me recuerde otra vez por qué estoy hablando de mi hermano como si fuera un amigo del colegio. A lo siguiente que dice, no obstante, tengo que devolverle el apretón con mi mano contraria y una sonrisa irónica aparece en mi boca mientras muevo la cabeza. — Créeme, no te gustaría saberlo. — Realmente, no quiere saberlo.

Me rasco un poco la rodilla cuando habla de la red social esta y tengo que obligarme a no mirarla como si no entendiera del todo el uso del mismo. — Errrm, no. — Respondo con un tono de voz que deja en claro que tampoco tengo mucha intención de hacerme una cuenta. — Aaaah, sí, creo que no es una idea muy inteligente tener una cosa de esas siendo profesora en el colegio. — Junto un poco mis cejas, a punto de sacudir con la cabeza para darle más credibilidad a mi punto, cuando me veo girando el cuello en dirección a Rose. Cojo el teléfono que me tiende entre mis manos para contemplar la foto de un niño tierno corriendo por la playa completamente desnudo, que junto con su comentario me hace reír. — Qué gracioso es, tiene muchos mofletes. No sabía que mi hermano tuviera también ese título. — Porque siempre dijo que no tenía prácticamente vida fuera del trabajo, cuando ahora nos encontramos con que es padre de una adolescente, está por serlo otra vez y es padrino de un niño que odia ponerse ropa. — ¿Qué haces cuando tienes que llevarlo a algún sitio? — Comento de chiste al respecto, devolviéndole el teléfono con cuidado de que no se caiga al suelo en el proceso.

Mm. No, yo tampoco sabía que había diarios para embarazadas, pero supongo que se asocia a que esa clase de cosas no existen en los distritos pobres del norte, no cuando hay otras cosas peores de las que preocuparse. Escucho con atención lo que tiene por decir Lara de la asignación de habitaciones en la casa, imaginándomelas en la cabeza con la descripción, hasta creo que miro hacia arriba como si tuviera rayos x y pudiera visualizar mejor lo que cuenta. Bajo la cabeza cuando atiendo a mi nombre salir en la conversación, mirándola como quién no tiene ni idea de lo que está hablando. — ¿Mm? Oh, no es nada. — Niego tan leve que apenas se aprecia que estoy moviendo la cabeza, prensando los labios. Luego es cuando Rose se sienta también en el sofá y siento que voy a soltar media vida con esa palmadita en la espalda. — De veras, si es que no son más que reflexiones de última hora. — Paso mis manos por mis rodillas en una caricia que me infla el pecho de aire con los codos estirados. Me desinflo casi al instante, dejando que mis hombros se hundan un poco hacia delante. — Siento que estoy viviendo otra vida y recién ahora estoy empezando a asimilarlo, ¿sabéis? — No, en realidad no creo que me entiendan, pero qué va. — Quiero decir, no podría ni haber imaginado nada de esto hace un año, encontrar a mi hermano, vivir con Charles en una casa que ni siquiera se hubiera asociado a nosotros de pensar que procedemos del once, vamos, soy hasta tía, ¡dos veces! — Ni las miro cuando hablo porque siento que si lo hago no voy a poder seguir, solo señalo el vientre de Lara al final para ejemplificar de lo que hablo. — Y no sé si por eso, o porque tú estás embarazada y feliz, y mi hermano también lo es, y Charles que… bueno, le quiero, y siento que ahora que tengo todo eso, que es mucho más de lo que he tenido nunca, es más fácil perderlo si algo sale mal. Porque antes no me importaba, ¿sabéis? No tenía nada que perder, literalmente, si acaso me perdía yo sola, pero… no lo sé, sólo no quiero cagarla. — Termino mi discurso soltando un suspiro al apoyar mis codos sobre mis rodillas y esconder mi rostro entre mis manos. Me voy a poner a llorar y ni siquiera soy yo la embarazada. — Que alguna me pase el bizcocho. — Extiendo mi brazo sin apartar la frente de la otra mano, sacudiendo un poco la cabeza en vergüenza por la situación que acabo de montar. — Prometo que te haré otro, Lara. — Que me lo estoy comiendo yo sola y ni era para mí.
Phoebe M. Powell
Phoebe M. Powell
Profesor del Royal

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