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We became the heirloom of the heaviness we've known ▸ Charles

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Mensaje por Phoebe M. Powell el Miér Jul 24, 2019 7:02 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Creo que el golpe que doy contra la puerta cuando entro en la casa deja bien en claro que no estoy de humor. No es como para estarlo después del anuncio de los últimos días, ese que ha señalado lo mal que van a ponerse las cosas ahora, incluso cuando creía que no se podía caer más bajo. Bueno, pues me equivocaba. La noticia de que la ministra de magia ha muerto no me produce ninguna pena, si vamos a ser sinceros, nunca me ha caído bien y su fama fue decayendo en los últimos años con cada pésima decisión de gobierno, pero que haya sido asesinada por sus propios hijos sí consigue despertar en mí un nuevo sentimiento de preocupación que hasta hoy no he tenido que demostrar fuera de mi cabeza. Quiero decir, gracias a que mi hermano está dentro de las paredes del ministerio he podido enterarme antes que muchos otros lo que va a pasar a continuación a gran escala en el país, pero no es hasta que he llegado a las puertas del colegio esta mañana que he podido comprobar como van a ser realmente las cosas a partir de ahora.

Jamás he visto tantos aurores juntos patrullando los pasillos del Royal, ni siquiera cuando tuvo lugar el atentado y se aumentó por unas semanas la seguridad de la escuela para proteger a los alumnos en caso de un segundo ataque. Y es que tampoco podría haber imaginado que los profesores seríamos prácticamente arrastrados a salas individuales para una entrevista personal, una charla que parece más un interrogatorio que una entrevista en sí misma. Protocolo, lo llaman. Al parecer el nuevo jefe de gobierno no se fía ni de su propia sombra y empezar por investigar de forma concisa y privada a todos los funcionarios es el primer punto en la lista de su mandato. Es por eso que me paso casi toda la mañana entera sentada en una silla, respondiendo a preguntas elaboradas sobre mi historial antes de ingresar al Royal. Y sé que el hecho de ser mestiza y haber vivido la mayor parte de mi vida en el norte no me deja en un buen lugar. Lo veo en sus caras, que no quieren tragarse ni una palabra de lo que digo, y si no es porque soy la hermana del ministro de justicia creo que me hubieran sacado a rastras para seguir la investigación como a un compañero de trabajo que percibo por el rabillo del ojo al mirar hacia el hueco que deja la puerta entre abierta.

Arrastro los pies por el pasillo hasta la entrada del salón, maldiciendo y despotricando en voz más bien alta, solo para tirar el bolso sobre la mesa y deshacerme del algodón que cubre el diminuto agujero por el que han decidido sacarme sangre. Apoyo los codos sobre la superficie dura del mueble en lo que me inclino para sujetar la frente con mis manos y al instante suelto un suspiro, ese que llena el silencio hasta que las pisadas reconocibles de Charles me obligan a levantar la mirada hacia él. Entrelazo los dedos y deposito la barbilla sobre estos antes de hablar. — Van a echarme. — No es una cuestión de debate, es una afirmación. Que no me hubiera importado una mierda hace unos meses cuando ni siquiera quería este estúpido trabajo. Ahora las cosas han cambiado, y encontrarme en la situación de despido no es precisamente lo que mejor nos conviene. Le miro un segundo, antes de volver a cubrirme la cara con las manos para resoplar con fuerza nuevamente, el sentimiento por excelencia del día.
Phoebe M. Powell
Phoebe M. Powell
Profesor del Royal

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Mensaje por Phoebe M. Powell el Mar Jul 30, 2019 6:27 pm

No es la primera vez que me pregunto si realmente Charles se tiene algo de estigma propia, esa que tanto me cuesta sacar a relucir porque si tiene que ser por él ni siquiera se consideraría a sí mismo como alguien válido. Y es que me revienta a veces su forma de pensar, al tiempo de plantearme si el problema viene de algo más profundo que no se atreve a mencionar u otra cosa, pero ya dijimos que no había secretos entre nosotros. — Puede, o puede que tú seas demasiado exigente contigo mismo. — Sí, no voy a negar que no soy una persona que acostumbra a quejarse o a pedir de más, pero cuando se trata de él, la palabra conformismo no es la primera que se me viene a la mente, ni de lejos. Le miro con seriedad en los ojos ahora, como si necesitara de ese cambio de humor para que me tome en serio. — Lo digo de verdad, Charlie, ¿cuándo vas a dejar de pensar que eres insuficiente? — Bufo, soltando aire por la boca que remueve algún mechón de pelo en un enfado repentino, pese a que tampoco puedo mantener el rostro tieso por mucho tiempo. — Vamos, que no necesitas un anillo de diamantes para hacerme feliz. — Digo con sorna, recurriendo a una broma del pasado como la enorme verdad que significa. Soy tan fácil que me basta con que me acaricien el pelo para sacarme una sonrisa. Bueno, quizás sí sea fácil de agradar, pero son cosas completamente diferentes.

Mantengo la mirada sobre él en espera a la respuesta hacia mi propia duda, asintiendo de forma tímida con la cabeza al mismo tiempo que empieza a hablar. Contemplo sus mismas preocupaciones como algo diario a lo que nos enfrentamos cada mañana, esto no deja de ser una situación de gran escala muy distinta a la que solíamos tener en el once, porque una cosa es vivir por tener que hacerlo y otra muy diferente por haberlo escogido. — Lo sé. — Respondo únicamente, dándome tiempo a pensar en lo que decir a continuación. — Supongo que poco a poco es la respuesta más apropiada, no tenemos por qué hacerlo todo de golpe. Sé que del once a esto hay un largo trecho, y que nos saltamos algunas piedras por el camino, pero podremos con ello, ¿no? — Esto no puede ser peor que cuando me quedé embarazada para luego acabar perdiendo al bebé… ¿o sí? Aprendimos la lección, ahora no hay marcha atrás que valga tampoco. Me repaso los labios con la lengua, pensativa por unos segundos. — Oye, Charlie… Sé lo mucho que te está costando adaptarte a este estilo de vida, todo esto de jugar a las casitas… Por eso quiero que sepas que me siento muy agradecida de tenerte aquí. — Se asoma una mínima sonrisa por mis labios. Quiero que sepa que lo valoro, porque no es un paso fácil de dar, y él lo dejó todo con solo una vez de pedírselo. No cualquiera lo haría, eso vale más que cualquier diamante que se pueda comprar con dinero.

Con mis brazos cruzados, apoyada sobre la pared, tuerzo mis labios en una curva pícara cuando deja caer la toalla, mirándole de arriba a abajo sin disimulo. — Bueno, si me lo pides así… es muy difícil declinar una propuesta como esa. — Me despego con un impulso y doy unos pasos para alcanzar su mano. — Vamos, que ya me encargo yo de que no pases frío. — La película siempre puede estar de fondo. Me apresuro a ser yo la que suba primero por las escaleras, tirando de su brazo y frenándome cuando llego a la parte superior al tiempo que a él todavía le queda un escalón, lo suficiente para que pueda darme la vuelta y abrazar sus hombros con mis brazos desde una altura parecida. — Me parece a mí, ¿o estás en cierta desventaja? — Entrecierro los ojos con picardía para mirarle de vuelta todo el cuerpo con algo de descaro, mordiéndome el labio inferior justo antes de regresar la mirada a su rostro y atrapar el suyo con mis dientes.
Phoebe M. Powell
Phoebe M. Powell
Profesor del Royal

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Mensaje por Charles B. Sawyer el Miér Jul 31, 2019 1:59 am

Sé que no lo necesita, pero eso es ahora. ¿Qué pasará si un día deseamos tener hijos? La vida es incierta, el mejor ejemplo de ello es Jamie Niniadis y su inesperado final. Si esa mujer no estuvo segura y sus propios hijos andan sueltos por ahí siendo acusados de su asesinato, no comprendo cómo nosotros podremos estar seguros y estables. No espero que comprenda mis miedos, ella siempre ha sabido moverse por encima de ellos y sostenerme a pesar de no compartirlos. Y no solo saltamos piedras, sino que las olvidamos sin ningún problema, nos aseguramos de que no eran importantes y nos aferramos a nuestro propio ritmo, como si no necesitásemos nada más. Que lo llame “jugar a las casitas” me hace reír, aunque no con tantas ganas como me gustaría — Sabes que solo lo hice porque es contigo, ¿no es así? — pregunto, aunque siento la inmediata necesidad de explicarme — Siempre pensé que estaba destinado a morirme en el once y jamás habría considerado seriamente la opción de mudarme. Hacer esto contigo es como… ya sabes, el empujón que necesitaba para empezar de nuevo — las cosas habrían sido muy diferentes si no volvíamos a estar juntos. De seguro ya habrían encontrado una excusa para meterme en prisión.

Me siento recibido en sus manos, guardo silencio cuando ella nos guía por la escalera y procuro no tropezar con la toalla que dejo atrás, mucho más entusiasta que hace unos dos minutos. Soy obligado a una pausa a causa de que ella se detiene, río entre dientes y paso mis manos extendidas por su cintura, atrayéndola hacia mí — Depende. ¿Estás hablando de alturas o desnudez? Porque todo se soluciona demasiado fácil — no tengo que decir más, me basta con rodearla con los brazos para alzarla. Me las arreglo para que sus piernas se cierren alrededor de mi cadera y así puedo sostenerla como un koala, doy el último paso que me coloca en el piso superior y beso sus labios con suavidad — Sabes que te quiero más que a nadie… ¿No es así? — murmuro, entornando los ojos para poder enfocarla — Y no me arrepiento de haber hecho toda esta movida para que estemos a salvo. Solo tengo miedo de que las cosas salgan mal y no poder ser capaz de solucionarlo, es todo. Supongo que es normal — si no me preocupase, significaría que no me importa. Está claro que sí lo hace.

No hay necesidad de decirlo o demostrarlo, pero aún así mi boca busca el contacto con la suya, quizá con demasiada calma para lo que es el trayecto hasta el dormitorio. Me olvido de la idea de poner una película, para variar. Tengo algo mucho mejor para observar, para tocar, para entretenerme por los minutos siguientes y quizá por el resto del día. Quizá no tenga un norte, pero ella puede ser mi brújula al menos durante un tiempo. Hay cosas contra las cuales uno no puede luchar y nosotros somos una prueba de ello.
Charles B. Sawyer
Charles B. Sawyer
Inefable

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