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Mensaje por Jakobe V. Solberg el Vie Jul 12, 2019 11:09 am

26 de septiembre.

El bullicio a la salida de un colegio que parece atiborrarse a cada nuevo día que pasa un poco más me provoca un ligero resquemor en la cabeza. Todo mago que se precie, o de familia respetable, ha terminado estudiando para ser lo que es ahora. Y yo no he sido la excepción pese a mi lamentable estatus al llegar solo a las orillas de NeoPanem. A veces pienso que de no haber sido por la influencia de Arianne y su madre, no habría sido capaz de sobrevivir en mis primeros años. Le debo tanto al distrito cuatro que fue un golpe duro para mí abandonarlo para tratar de rehacer mi vida en el Capitolio, guardando un puesto que fue el motivo de una pelea que, hasta día de hoy, todavía no he visto lapidada del todo. Ni siquiera por lo que pasó aquella noche.

Sacudo mi rostro un par de veces, para soltar la cara de embobado que se me ha quedado mirando a los alumnos salir del colegio. Mis ojos se plantan, directos, en una cabellera rubia que se agita con gracilidad y que parece estar también buscándome. Ladeo la cabeza, curioso, y una sonrisa estúpida se entierra en mi cara porque, de todas las personas que pueden formar parte de la familia de mi padre, ella es la única con la que puedo llevarme bien y sentirme sincero. O casi, al menos.

Tras una larga pausa donde ella sigue buscándome, me muevo entre los estudiantes hasta plantarme a varios metros de ella y hago un gesto que espero vea. La multitud es tan descontrolada que termino por acercarme hasta quedar delante de ella. Más de una persona se fija en mi gesto, y en cómo me escabullo como si llevase años entrenándome para todo ésto.

Última vez que intento venir a recogerte a este sitio, no me trae buenos recuerdos —miento, rodando los ojos con una sonrisa. Si bien es cierto que tengo malos recuerdos, los buenos suplen toda la carencia emocional. Soy demasiado competente como para no ser capaz de reconocer que me faltan algo más que las amistades. —¿Te hace una merienda? Eliges sitio, yo pongo el resto —comento, apartándola de la muchedumbre y dirigiéndonos a un lugar más apartado.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Sáb Jul 13, 2019 2:03 am

Recojo los libros de mi mesa para guardarlos en el bolso y se mezclan con el cuaderno de lienzos en blanco y los pomos nuevos de pintura que compré para recomenzar las clases en el Instituto de Arte, para cambiar de técnica y agregar un poco más de color a lo que hago. Necesito que las paredes de mi dormitorio cobren más vida, que rompan con la monotonía del gris y cristal que es el departamento donde por años hemos vivido con mis padres. Con la llegada de Simon todo cobra también un cariz distinto, es diferente a cuando vivió Sami con nosotros un tiempo, buscamos encajar para funcionar como una familia, y sí, por complicado que sea, me gusta tener una familia en la que somos más que tres personas viviendo en silencio en un sitio que pese a no ser grande, se sentía enorme por tanta distancia personal.

El espacio de horas que tengo entre la salida del Royal y la primera clase en el instituto, tengo tiempo para quedar con Jakobe. Es un poco raro que haya un chico esperándome fuera del colegio, no tengo que explicárselo a nadie porque salgo sola al playón donde los estudiantes se reúnen para despertarse en una algarabía a la que dejé de pertenecer hace tiempo, es más, la sonrisa que cruza mi cara en el momento de ver al muchacho moreno entre otros pocos adultos que esperan me hace parte de esa multitud por unos breves segundos. Camino a prisa porque a mi edad no es que pueda correr de un lado al otro, interioricé también algunos de los rasgos de conducta de los estudiantes de leyes y ellos son siempre tan sobrios.

Sin embargo, se me sale la sonrisa de los labios cuando llego hasta él. —No es tan mal lugar— miro por encima de mi hombro a la fachada del edificio del colegio, —Ya no usan el armario de castigo y nos dejan venir con ropa informal en vez de los mamelucos naranjas— bromeo, haciendo un repaso por mi pantalón vaquero y la camisa a rayas celestes. —¡Ya sé! Vamos a una cafetería de aquí cerca,— le propongo. —Estamos en otoño, no hace mucho frío, tampoco hace mucho calor. Y en este lugar venden café en cono, ¿puedes imaginarlo? Lo mejor de dos mundos— ensancho mi sonrisa.
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Mensaje por Jakobe V. Solberg el Sáb Jul 13, 2019 10:27 am

¿Han quitado el armario de castigo? ¿Cómo se supone que os educan ahora? —pregunto, con una fingida mueca de sorpresa que se evapora al segundo siguiente cuando me doy cuenta de que, sin quererlo, he sonado como un auténtico carcamal que se vanagloria en tiempos antiguos y se queja de los tiempos modernos—. Olvida eso, ¡no quiero comentarios al respecto! —Alzo mi índice, advirtiéndola, pero termino dándole un empujón leve en el hombro para desestabilizarla a modo de broma, y me dejo influenciar por el espíritu entusiasta de alguien a quien, todavía, desconozco en algunos momentos.

Café en cono... mmmmh —esbozo una mueca pensativa, mirando a mi alrededor por si acaso no es que alguien nos está grabando con una cámara oculta o algo por el estilo y esto no es más que una broma de mi... de mi hermana. El sólo pensamiento me marea levemente, imperceptible, y entonces vuelvo a recaer en su espíritu aventurero y en la manera efusiva que tiene de decir las cosas. A veces pienso que es por eso que soy capaz de tolerarla sin hacerle un daño que, a mi modo de ver las cosas, no se merece. Tampoco se lo merecía aquel pequeño al que mi padre acaba de adoptar. Sus papeles y su nombre todavía rayan en mi cabeza, aquella tarde en el despacho estuve a punto de cometer una locura. Hoy estoy más que seguro de que voy a cometerla. —Está bien, está bien. Vamos sólo porque sino no habrá quien te aguante durante todo el camino —Ruedo los ojos, con intensidad, recorriendo el pequeño patio en el que nos encontramos para buscar la salida que, atiborrada, termina esparciéndose hasta dejarnos espacio suficiente como para salir sin tener que atropellar a nadie.

El país en el que vivimos es demasiado inmenso. Sus calles viven habitadas a todas horas, y aunque estamos en plena guerra, el sentimiento de despreocupación es demasiado alarmante. La gente confía en que el gobierno esté capacitado para defenderles. Y todo aquello queda demasiado lejos. Caminando a un lado de Synnove, observo el cúmulo de cosas que llevo y me ofrezco a cargar un par para que no parezca una vendedora ambulante. —¿Son todo cosas de la escuela? ¿O son para uso personal y te has vuelto loca comprando? —bromeo, con una sonrisa cómplice. Estoy determinado a entenderla, a saber si soy capaz de convivir con alguien sabiendo mi secreto. Pero no es el momento, no cuando creo estar convencido de que pegará un grito enorme cuando se entere. Y no es muy pictórico en mi cabeza. No con tanta gente en las calles.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Sáb Jul 13, 2019 7:50 pm

Ahora nos dan estrellas doradas cada vez que hacemos algo bien, ¿te lo puedes creer?— continuo con la broma con un tono tan serio como si acabara de compartirle una novedad que nunca hubiéramos imaginado, mi sonrisa se escapa por los labios y a pesar de lo pálida que es siempre me expresión, supongo que me veo con un semblante más resplandeciente. Si mal no recuerdo, fue en primer curso que una maestra tenía como iniciativa reforzar los logros con un premio, pero no es un método que comparta demasiado, la competencia puede llegar a ser cruel, también entre los de menor edad. Tengo un par de ideas al respecto en realidad, se lo comparto a Jakobe porque… bueno, es Jakobe. —Podría hacer algo al respecto, ¿sabes? Hablé con la mismísima ministra Leblanc hace unos meses, puede ser que este año trabaje como practicante en su área en lo que es la formulación de leyes de educación…— cuento, con una emoción que se había apagado durante el verano, cuando no tuve mucho que hacer ni planear, pero… los comienzos de curso me devuelven todo el espíritu de emprender cosas nuevas, toda la energía se ha renovado, y sí, también puede ser porque ciertas cosas en mi familia están cambiando, tengo la esperanza de que para mejor.  

Son los conos de helado*— explico, por si hacía falta, para convencerlo cuando noto que lo está pesando. —No sé cómo lo hacen. Bueno, sí, magia. El café queda dentro del cono al que puedes ponerle confites si quieres— sigo, y no hace falta insistir más, ni tampoco mostrar las fotos que hay en Wizzardface para que compruebe por sus propios ojos lo genial que es esta cafetería, me siento triunfal cuando cede en mi petición y alzo mis brazos en una pose de victoria, el bolso que cuelga de mi hombro se sacude en el aire y puedo sentir el peso de estar cargado con más cosas de las que llevo habitualmente. — Está aquí a una cuadra y media— digo, cuando estamos metiéndonos entre los estudiantes que se amontonan en la salida en una despedida interminable. Busco la cara de Jakobe al quedar una mujer con su hijo en medio, tapando mi visión, y cuando llegamos a la acera me encuentro con él. Podríamos desaparecernos, pero la distancia es mínima y también nos da la oportunidad de conversar un poco más. No somos los únicos que tienen como plan ir a tomar un café en cono, este negocio tiene una ubicación estratégica para llenarse de alumnos del Royal.

Estoy llevando unas cosas para la clase de pintura en el instituto— le cuento, moviéndome para que mi bolso a estallar quede a la vista. —Este curso tomaré las últimas del día, casi a la noche— explico, puesto que a la noche es cuando me siento más inspirada para hacer bocetos, no tenía caso en insistir con clases que eran a plena siesta o tarde, lo hacía por disciplina, no por emoción. Además, tengo que organizarme con los horarios de la especialidad en leyes, a veces creo que me veré obligada a renunciar al poco tiempo que tengo para dibujar y me doy cuenta que no quiero hacerlo. — Pasaré del carboncillo al óleo— le cuento, haciendo un movimiento en el aire con mi mano como si estuviera deslizando un pincel imaginario. —¿A ti como te va con… todo?— pregunto, y al echar un vistazo a las calles donde nada parece fuera de lugar, suspiro. —Cuesta pensar que nos hemos declarado en guerra, ¿no? Es como si eso fuera algo que sucede en otro lugar… que el festival quedó demasiado lejos…— murmuro.


*Café en cono de helado
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Mensaje por Jakobe V. Solberg el Dom Jul 14, 2019 12:20 am

Mis ojos en blanco quieren decirlo todo, más cuando sé que es una broma que me gasta pero que me gusta seguirle porque el juego entre ambos crea una especie de historieta que nos divierte demasiado. Es la complicidad que vengo trabajando con ella la que me hace preguntar si no estoy siendo demasiado estúpido. ¿Por qué trataría de esta manera a la hija de mi padre si no quiero más que sacármelo de la cabeza? La respuesta es clara y sé que la conozco, pero formularla en voz alta no conseguiría más que me entrasen ganas de ir a volarle los sesos al imbécil que nos dejó abandonados a mi madre y a mí hace ya muchos años. Demasiado, no es fácil olvidarlos porque coincide con mi edad.

Treinta y cuatro para ser exactos.

¿Prácticas? ¿Leyes? Son demasiado aburridas, te lo digo por experiencia —replico, a sabiendas de que en su tiempo yo mismo me lo planteé al saber que Arianne pensaba tomar ese camino. Mis dudas fueron resueltas cuando fui consciente de la cantidad de materia innecesaria que tenía que aprenderme. Leyes, escritos, manuscritos importantes... una completa basura—. Tampoco podía aspirar a mucho más, Europa no me resultó indiferente y tenía la fea costumbre de no hacerle caso a nada ni nadie cuando vivía allí. Aunque claro, también era un crío demasiado hiperactivo como para prestar atención a lo que me enseñaban —finalizo, escuchando entonces su explicación sobre los conos de helado que, gratamente, me convence.

Observo con curiosidad el cúmulo de pinturas al óleo que lleva en su bolsa. Mermada, no sé cómo es capaz de cargarlo sin quejarse. Entiendo que es su entusiasmo por la pintura lo que hace que no le importe en lo absoluto, pero también estoy convencido de que ha encantado la bolsa para que no pese tanto como parece. —No es por nada, pero expondrían tu arte en cualquier galería si yo soy el tema principal —comento, haciendo una carantoña y esbozando una pose heroica que se diluye en una sonrisa y una mueca divertida. La misma desaparece al sonido de su frase. Synnove no es tonta, es demasiado inteligente. Y como todos es capaz de comprender en qué situación nos encontramos.

Es como cuando piensas que son cosas que nada más suceden en las películas, ¿cierto? —inquiero, asintiendo un par de veces hasta que me encojo de hombros—. Nuestro departamento es un caos porque nadie se entiende. Vivimos en las calles, Synn, porque es donde tenemos que estar para enterarnos de todo lo que sucede. No hay descansos, tampoco se atreven a pedirlos. La prioridad es la que es porque... —Hago una pausa, parándome a observar la contingente cantidad de carteles que aparecen maquillados con tintes demasiado espeluznantes en el otro lado de la calle—...porque valen su peso en oro —argumento, señalándolos con un gesto de mi cabeza. El cansancio es notorio en todos los aurores de NeoPanem—. De todos modos el Ministerio está así en todos sus aspectos, y la guerra no es tanto el hecho de pelear sino la forma en la que... lo hacen —suspiro, llevándome una mano a la cabeza en un gesto que raya en lo despreocupado. No me afecta más porque no tengo mucha gente de la que preocuparme.

No le des muchas vueltas, no merece la pena encasillarse. Mejor piensa en cuándo vas a querer pintarme —le bromeo, revolviéndole el cabello como si fuese una cría, esperando su queja o, en dado caso, un golpe en mi costado bien merecido.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Miér Jul 17, 2019 5:17 pm

Disimulo una carcajada con una tos suave, no es el primero al que escucho decir que las leyes son aburridas, y es que con mi habilidad por memorizar artículos, tuve mi época en que recitaba las reglas a mis compañeros con toda la petulancia que da la moralidad puritana, de la que mi madre se sentía orgullosa y a mí me dejaba sin tener con quien conversar en los recesos entre clases. Para mi suerte, conocí a Mimi que en media hora puede romper todas las normas de una carilla, ella dice que no soy tan aburrida como estudiantes de leyes y difiero un poco de eso, porque para mi noñez, creo que disfrutaría mucho de esas prácticas en el ministerio. — Cuando tienes una madre como la mía, Jakobe, acabas por tomar como parte de tu naturaleza el estar sentada y serena, impecable de pies a cabeza, y encuentras en el orden cierta paz— explico, moviendo mis manos en el aire como si fuera una profeta convencida de la religión de los obsesivos por el orden. Por mi sonrisa ladeada se puede dar cuenta que me estoy riendo internamente de esto, supongo que soy así, pero por algo termino juntándome con personas como Mimi o Jakobe, que sacuden un poco mi pecera.

No voy a contradecir eso— sigo su broma, riéndome por lo bajo de su postura de modelo griego, de esas que he visto en algunos cuadros que exponen en el instituto y creo que en alguna clase de escultura artística. —Pero no sé si estoy lista para toda la fama que eso me traería— exagero, con mis cejas uniéndose en una expresión de profunda meditación. Dejo pasar el tema porque no creo que sea más que un chiste sin sentido, sin verdadera intención de que sea una propuesta real, me veo en las clases de óleo pintando paisajes porque es lo que vi que hacen en las primeras clases y será salir un poco de mi zona de confort, que estoy acostumbrada a esbozar rostros.

Salir de la zona de confort, en estos tiempos, es muy general. Yo lo veo como de pasar de una técnica de pintura a otra, cuando hay gente e incluido Jakobe que están alertas a la situación de guerra que se vive en Neopanem. Su mirada sobre las cosas es tan distinta a la mía, porque su realidad agitada es diferente a la mía, sí suena un poco a una película que solo miro, de la que no participo. Coloco una mano sobre su hombro para ladear mi rostro hacia él y sonreírle. —Esto se resolverá. No hay bien ni mal que pueda durar demasiado tiempo, lo sé. Solo cuídate mientras tanto, ¿si?— es todo lo que me queda por decir, es cierto, no tengo cómo darle demasiadas vueltas a esto. Podemos hablar en cambio de mis dibujos, si ha sido mi tema refugio por años, puedo compartírselo. —No lo sé, siempre he pintado mujeres. ¿Lo dices en serio? Porque podría intentarlo, pero no lo sé… siempre han sido mujeres porque…— muevo sin labios sin pronunciar palabra, veo la fachada de la cafetería al otro lado de la calle y le hago una seña para que crucemos por la senda de peatones mientras el semáforo está en rojo, —supongo que es porque me buscaba o me encontraba en cada una de ellas.
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Mensaje por Jakobe V. Solberg el Jue Jul 18, 2019 12:12 pm

Sonrío, divertido, pues los gestos de Synnove serían capaces de alegrar a cualquiera. Su manera de pensar raya en la mentalidad del resto por la facilidad que tienes al poder hablar con ella de cualquier tema. Y es algo que agradezco. ¿Confidente? La siento más cerca que cualquier otra persona de mi desestructurada familia. A veces pienso que rivaliza hasta con mi propia madre, y la sola idea provoca una sensación extraña no sólo en mi corazón, sino también en mi cerebro. Que mencione a la que es su madre no hace más que me den picores extraños. Esa señora... espero no tener nunca el disgusto de conocerla.

Por supuesto que se resolverá, ¿o no ves que con un hermano tan fanfarrón y profesional ni te vas a dar cuenta? Sé cuidarme muy bien, descuida —replico, dándome cuenta del error casi al instante pero sin prestarle mayor importancia. Lo dejo correr, sonriendo mientras cruzamos el paso de peatones, pues puede interpretarse como un comentario amistoso dado el tiempo que llevamos hablando. Es una confianza que no rechazo en ningún momento, ¿se sentirá extraña de pensarlo? La escruto con mi mirada, esperando una reacción diferente por su parte, y cuando me canso de esperarla me percato de su razonamiento y de cómo parece evadirse en la pintura.

¿Me vez capaz de no decirte las cosas en serio? —pregunto, a sabiendas de que su respuesta será afirmativa porque a ratos no soy la persona más seria de NeoPanem—. Quiero decir... ¡pues claro! Y tampoco pasa nada si te ves reflejada en mí cuando me pintes, estoy dispuesto a aceptar tu condición —Hago una pausa, burlándome—. Sea cual sea —aseguro, por si no le ha quedado claro, pasando uno de mis brazos alrededor de sus hombros. La siento tan madura pero a la vez tan pequeña que tengo miedo de que pueda sentirse incómoda.

La heladeria con café en cono se abre paso delante de nuestras narices. El cúmulo de personas es asfixiante, pero poco tardan en dispersarse pues no todos se quedan a tomarlo en las pequeñas terrazas habilitadas. Varias personas me miran con el rostro compungido y yo les dedico un guiño con una sonrisa traviesa. Me toca la moral que vivan preocupados, mina nuestra profesionalidad. Aunque lo entiendo.

Dos cafés en cono, y una tarrina con helado de vainilla y... ¿frambuesas? —Ni siquiera le pregunto, sólo espero que le gusten y que no haya protestas. Tras aquello me paro a buscar un lugar apartado. Una vez estamos sentados, la observo con curiosidad. —¿A cuántas mujeres has pintado ya? —pregunto, concienzudo y seguro—. Espero que no te veas muy reflejada en tu madre, o que no la hayas pintado todavía —susurro, por lo bajo, como si fuese un secreto confidencial. Puede sonar a burla, pero hay tanto de verdad en mis palabras que me asombra.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Sáb Jul 20, 2019 9:59 pm

¿Hermano?— repito, prendiéndome de esa palabra con una sonrisa que demuestra lo enternecida que estoy por ese acto fallido o desliz. Sentí demasiado la soledad de ser hija única, que estaría más que complacida de tener otros hermanos. He pasado meses buscando entre las caras de los niños del Royal a quien podría ser mi hermano menor, y aunque no compartimos sangre, estoy contenta de tener a Simon viviendo en casa como uno, es mi hermano en todos los sentidos que importan. Con los años que nos llevamos, lo fácil que se da conversar entre nosotros, el tener a alguien que se interesa por lo que hago y lo que me preocupa, también puedo adoptar a Jakobe como un hermano mayor. —Puedo pensarte como uno…— pongo mis pensamientos en voz alta.

No queda claro cuando hablamos en serio o estamos bromeando, de alguna manera nuestras bromas se tornan tan serias, porque estoy considerando como algo posible tomar mis lápices para hacer un primer esbozo de él. —Será un poco difícil verme reflejada en ti— me río con una carcajada, acomodándome a su brazo que cubre mis hombros en un medio abrazo que no me hace sentir incómoda, sino que tomo como un gesto natural. ¿Por qué? No me lo pregunto. — Somos muy diferentes físicamente, el cabello, los ojos, la nariz…— señalo sus rasgos moviendo mis dedos en el aire, —Te pareces un poco a mi padre— se lo comento, lo he notado en otras ocasiones, es esta vez al percatarme de las líneas de cada facción para hacer un bosquejo mental que me queda patente el parecido. —No sé si no se pondrá celoso de que te dibuje primero a ti— bromeo.

He admirado el rostro de mi padre con un cariño que nunca oculté, tengo el vago recuerdo de que siendo poco más que una bebé podía recorrer esas líneas con mis dedos. Mi madre, en cambio… —¿Café en cono y frambuesas? ¿Qué es esto? ¿Navidad?— la sonrisa no me cabe en la cara, apenas me hago un lugar entre los otros estudiantes que se amontonan aguardando su pedido, agradezco cuando puedo respirar por fuera de esa multitud y ubicarnos en una mesa más despejada. —No podría pintar a mi madre— suelto con toda la honestidad que puedo usar con Jakobe. —La miro, la miro otra vez. No hay nada en ella con lo que pueda sentir identificada… ella…—. Tomo tanto aire para llenar mis pulmones, en una inspiración tan larga, que me desinflo en mi silla al hablar de mi madre con todas las contradicciones que siempre me ha generado: —Trato de ser como ella espera que sea, de seguir el patrón… pero no me veo en ella, no puedo, es tan…— me encojo de hombros. —No lo sé.
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Mensaje por Jakobe V. Solberg el Lun Jul 22, 2019 8:51 am

Si la rubia supiera lo fácil que sería decirle que en realidad lo somos, hasta se sorprendería. Sin embargo no hallo el momento, no cuando no depende de mí alterar el cauce normal de los acontecimientos en su vida. Si mi padre nunca ha sido consecuente con sus acciones, ¿por qué debería serlo yo? Es lo único que me aviva a contarle toda la verdad a Synnove. Pero llevo tanto tiempo en las sombras siendo simplemente Kobe para ella que no estoy seguro de cómo va a reaccionar. ¿De verdad quiero contarle todo ésto?

Mi ceño se frunce, por completo, cuando su afirmación sobre mi parecido razonable con Ivar salta a la luz tras haber pedido los conos y he sido consciente de lo que eso significa. No quiero parecerme a él pero es algo inevitable. —¿A tu padre? ¿Ivar? Estás de broma —replico, como un chico caprichoso de quince años al que no le han comprado su videojuego favorito—. Ya quisiera ese señor parecerse a mi una mitad de lo que yo pueda parecerme a él —Ruedo los ojos, con ese tono pedante que demuestro de vez en cuando, y escucho con atención las suposiciones y la forma que tiene de hablar sobre su madre. En medio de su duda, intento restarle importancia a sus pensamientos con un gesto negativo de mi cabeza.

Tan... tan como una madre —reconozco, pues aunque Elizabeth nunca ha sido una carga de seriedad constante, a ratos hemos tenido también nuestros encontronazos. Ella sigue enamorada de mi padre y reniega de rehacer una vida que, desde siempre, se ha merecido. —Mi madre lleva años esperando a que mi padre regrese —le confieso entonces, abriendo un pequeño paso a lo desconocida que le resulta mi vida a Synnove—. Eso ha provocado que me haya enfadado más veces de la cuenta, ¿sabes? Incluso ahora mismo podría asegurarte de que, aunque yo estoy fuera, ella sigue esperando con más ganas a que él regrese —bufo, no porque la odie a ella. Sino porque lo odio a él.

Le ha generado una dependencia horrible.

No es extraño que tengas sentimientos contradictorios con ella —tercio, fijándome en el perfil de su rostro—. A menos que esos sentimientos incluyan matarla o algo por el estilo —dramatizo, exagerando la situación mientras llevo una mano a mi frente para fingir un desmayo digno del teatro. Termino riendo, no obstante, y trato de alcanzar su mejilla para pellizcarla como haría una abuela pesada. —Ella sólo quiere lo mejor para tí, y hasta estoy seguro de que lo hace porque ella cometió errores que no quiere que tú cometas. No quiere que revivas su pasado, aunque suene egoísta —O quizás estoy haciendo suposiciones que no van a llegar a ningún lado.

Pero bueno, ¿qué decías de pintarme? —Alzo ambas cejas, con una mueca traviesa que termina dando un sorbo a los conos de café ahora que nos los han servido a la mesa después de un par de minutos de espera.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Jue Jul 25, 2019 9:19 pm

Muerdo mi labio inferior para contener la carcajada cuando se ve un poco indignado de que diga que se parece a mi padre, ¿será por la diferencia de edad? ¿No le gusta que lo compare con alguien tan mayor? —Mi padre es un hombre muy atractivo, así que puedes tomarlo algo así como un halago— apunto, la sonrisa se me sale de los labios cuando sigo: —Seguro que se enamoran fácil de ti, siempre he creído que de mi padre también. Tienen ese algo… se ven serios y severos, pero…—. Hoy, definitivamente, es el día de tratar de explicar a las personas que me rodean con unas pocas palabras. Muevo mis dedos en el aire buscando un poco de inspiración para hacer estas definiciones. ¿Qué es lo que trato de decir que hay por debajo de esa primera impresión que causan estos hombres? —Inspiran confianza, la confianza como para hacer que alguien quiera apoyarse en su hombro— digo, con una sonrisa que va menguando.

Es lo que ha hecho mi padre con muchísimas personas, también con mi madre y ella… vio defraudada esa confianza, quiso apoyarse y se lastimó. Es por eso que no puedo ser muy dura con ella al juzgarla, al tratar de fijar unos límites en los cuales encasillarla. Si actúa tan exigente, es porque quiere lo mejor para mí. No lo hace de las mejores maneras, a veces me gustaría que me demostrara un poco más de afecto, que me abrazara por mis pequeños logros o preguntara por las cosas que dibujo, pero hay ocasiones en que percibo en su mirada que aprecia lo que hago y nunca me ha puesto pegas por las clases de dibujo. Me ha dado dinero para que compre todo lo nuevo, ¿no? —Tan madre— hago eco de lo que dice Jakobe.

Mis ojos se quedan fijos en él cuando me cuenta lo de su madre, eso no lo sabía y me apena muchísimo que alguien pueda amar de una manera, en la que se pase toda la vida esperando el regreso de la persona amada. No sé de dónde saca las mejores palabras para consolarme respecto a mi madre, para que trate de entenderla. Siento que también quiero consolarlo, —Creo que tu madre también te ama, Kobe. Es solo que las personas aman de maneras distintas y dependiendo de a quién. Lo que quiero decir es que no amas de la misma manera a tu pareja que a tu hijo…— lo sé, he leído mucho sobre esto y también hice mucho trabajo de introspección, porque algo tenía que hacer durante una adolescencia en la que me pasé horas en la soledad de mi habitación. —Ni sufres de la misma manera por una pareja que por un hijo. Porque, muchas, muchas veces… las personas no saben amar— me planto seria delante de él con esta idea a la que le he dado muchas vueltas.

»Somos un desastre enamorándonos, haciendo promesas a otros, al menos un hijo es algo seguro hasta que no lo es, tener un hermano no te hace sentir tan solo en el mundo. Nos hacen daño, hacemos daño— me encojo de hombros, es algo que no podemos cambiar. —Somos la herida y la daga, todo el tiempo—  lo digo lentamente, dejando caer una palabra tras otra. —Porque amamos como aprendimos a amar y a veces, aunque intentamos amar de la mejor manera que podemos, sigue siendo de una manera en la que lastimamos a otros…— acabo con mi larga explicación para tomar una respiración de aire tan profunda que vuelva a llenar mi pecho. —Y eso fue un tratado sobre el amor, escrito por Synnove Lackberg. Estará a la venta muy pronto— le hago un guiño. Me recargo en el respaldo de mi silla y me llevo el cono de café a los labios para un primer sorbo, hago espejo de su expresión traviesa con una parecida. — Decía que podría ser una buena idea, tenemos que fijarnos un día, hoy no tendré mucho tiempo. ¿Te gustaría acompañarme al instituto de arte algún día? ¡Lástima que la profesora Yorkey ya no está ahí! Me hubiera encantado que la conocieras!
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