The Mighty Fall
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OTOÑO de 247221 de Septiembre — 20 de Diciembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Julio

El mundo se está desintegrando a mi alrededor, al parecer mi matrimonio acaba de hacerlo definitivamente pero las últimas palabras que le dije a Amalie son ciertas, no dejaré que mi relación con ella vaya de la mano con la de Syv. Me propuse a mi mismo aprender oclumancia para así mantener una relación sincera y poder ocultarlo en caso de que me atrapen y así será, pero no perderé un solo segundo de nuestra relación... No sabiendo que las cosas en el norte están que arden y en cualquier momento tendré que movilizarme a seguir el plan que propongan, porque eso es algo que ya está decidido.

Estamos en vacaciones así que los alrededores del Royal están vacíos, se siente bien tener un poco de silencio para variar pero debo admitir que me incomoda un poco la falta de aparente vida. Mi idea era hacer con Syn algo cotidiano juntos pero no contaba con ésta falta de espectadores la verdad y estoy empezando a creer que en realidad no es tan buena idea. Habría sido más sencillo hacer algo en casa pero cambiar de planes para volver al punto de partida no es conveniente. Así que en cambio le envío un mensaje de texto para que nos encontremos debajo del roble en una de las plazas del Capitolio.

Minutos más tarde llego allí y tomo asiento en uno de los bancos. Hay un poco más de movimiento que en las afueras de la escuela lo que me deja más tranquilo y de hecho el que haya algunos padres jugando con sus hijos sirve a mi propósito ¿O quizás todo lo contrario?

"Es descortés dejar a tu anciano padre esperando" envío para pasar el tiempo mientras espero con una sonrisa "¿Puedes comprar galletas de camino? Tengo algo de hambre" agrego luego y vuelvo a la espera. Dos mensajes que definitivamente marcan un antes y después pues en sus 19 años jamás me he dirigido de esa forma a ella, pero lo hago con su hermano así que no veo por qué tener que ser diferente.
Ivar Lackberg
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Invitado
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No puedo imaginar qué hice mal para que mi padre quiera hablar conmigo, y no en su despacho, sino en un lugar por fuera de la casa. Eso quiere decir fuera de los límites que mi madre impone. ¿Puedo llevar a Sami? Tengo esa duda, como se trata de mi padre no veo la justificación de tener que usarlo como guardaespaldas, cuando no pido que lo haga en ninguno de los otros días. De todas las personas, es con mi padre con quien necesito un escudo y no debería ser así. La incertidumbre del motivo del encuentro que me pidió me tiene nerviosa y sopesando mil posibilidades, una más delirante que la otra. Para empezar, no hice nada malo. En todo el verano no he hecho otra cosa que releer novelas en mi cama, tratar de ser vegana y que Sami pruebe recetas conmigo, mirar una serie para adolescentes sobre la que tengo mil críticas, y hasta mi cuaderno de bocetos está abandonado sobre el escritorio. Pensé en inscribirme a uno de esos talleres de verano en el instituto de arte, pero las paredes de mi habitación me consumen toda mi energía y el sol me golpea en el rostro cuando estoy a una calle de distancia del parque donde me espera mi padre. ¿Tan cerca del Royal? ¿Tengo que tomarlo como algo simbólico?

Puesto que no hice nada malo, supongo que el reto vendrá por el lado de algo que es solo un rumor, una mentira dicha de la que tendré que defenderme. ¿Y si el rumor de las drogas en el bar llegó hasta él? ¿Pensará que fue decisión mía? Hay muchas cosas que deben preocupar a los padres, y las drogas están casi en la misma categoría que un embarazo o un robo. ¿Pensará que estoy embarazada? No, no puede ser. ¡Vamos! Vivo en la casa, todavía no se hacen bebés a través de llamadas. ¿O sí? No sé qué tan lejos ha llegado a la tecnología, y antes de saber si llegó a ese punto, la verdad es que me gustaría conocer experiencias más tradicionales. Mi mente es un lío tirano cuando estoy a pocos pasos de la banca en la que diviso a mi padre, todos mis pensamientos corren descarrillados. Giro sobre mis pies para quedar de espaldas y tomar un par de inhalaciones profundas de aire, peino mi cabello una y otra vez en movimientos rápidos. Mi celular vibra por la llegada de un mensaje y me sobresalto, inmediatamente le sigue otro. ¡Ay, no! ¡Maldición! Mi padre se está enojando por culpa de mi demora, ¡y ahora quiere galletas! «¡Estoy en diez minutos!», escribo.

Y corro hacia la primera esquina donde pueda encontrar una tienda donde vendan galletas. Vuelvo a la plaza con tres paquetes diferentes. —¡Hola!— mi saludo suena a un grito ahogado por la falta de aire. —Yo… lo lamento, estaba… lamento llegar tarde— balbuceo y estiro mi brazo para poner los paquetes a su alcance. —Traje tres porque no sabía cuál te gustaría. Hay uno que es de chocolate con relleno, otro que es salado… y uno que es de semillas. No creo que te guste el de semillas, lo compré porque estoy intentando ser vegana este verano— me atropello con mis palabras.
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Los minutos pasan y me entretengo viendo como un joven padre, probablemente primerizo, lanza una pelota sin cesar a un niño de poco más de dos años. El pobre pequeño no puede correr tan rápido con sus pañales pero aún así lo intenta en su afán por seguir el ritmo, todo para complacer a su padre en el juego... Y al parecer las cosas no cambian a lo largo de los años pues el saludo de Synnove me sobresalta y pronto comienza a excusarse por la tardanza y da distintos tipos de galletas. En realidad ni siquiera yo he pensado en cuáles quería y ella ha analizado todas esas posibilidades. Para colmo luce ¿Alarmada? ¿Asustada?

-Vaya que lo hice mal contigo, lo siento Syv - pido sinceras disculpas y tomo los paquetes para dejarlos a un lado y rodearla en un abrazo. Hace años que no la tengo entre mis brazos, desde que es una pequeña y tenía que salvarla de las pequeñas e insignificantes amenazas del mundo. Ha crecido pero la satisfacción de tenerla allí, protegida, es la misma. Es mi pequeña y nada cambiará eso, quizás ya sea tarde para vivir ciertas experiencias de la mejor manera pero me encargaré de que ahora en adelante eso cambie - Estaba bromeando cuando dije lo de la tardanza, no tengo nada más que hacer hoy y el día está bonito - intento tranquilizarla con una sonrisa y dejo un beso en su coronilla antes de volver a sentarme.

Tomo los paquetes de galletas y le entrego el de semillas pues si está intentando ser vegana no quiero ursurpar su única fuente de alimento de la tarde. Además, las de chocolate me gustan mucho así que iré por esas - ¿Sami sabe hacer platos veganos? Lamento no poder acompañarte en el proyecto pero si quieres puedo comer lo que te gusta afuera para no tentarte - es el mejor plan que se me ocurre para colaborar. Aunque, siendo honesto, en los últimos años comí más en restaurantes que en mi propia casa. Me acomodo en el banco y llevo tres galletas a mi boca disfrutando del sabor, nada como un pequeño y simple snack a ésta hora, nada de nombres floridos ni calorías bajas.

- ¿Tenías planes para hoy? Lo lamento si interferí con eso pero tenemos que hablar sobre algo... Quizás ya lo hayas notado pero las cosas cambiarán un poco de ahora en adelante y necesitas saber por qué.
Ivar Lackberg
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Ok, esto no me lo esperaba. Sentir los brazos de mi padre rodeándome es una sensación extraña por lo desconocida. Decir que nunca me abrazó puede que sea una mentira cruel hacia él, pero los recuerdos que podría tener de momentos en los que fue cariñoso para hacerme sentir mejor se han vuelto difusos con los años. Dudo si han sucedido en verdad o si es mi imaginación que recreó escenas para que pueda guardar en la memoria, tal vez de esas que iba construyendo con los ojos cerrados tendida en mi cama, recurriendo a las fantasías para pintar mejores colores a la realidad. El abrazo que me da en este momento se siente bien, se siente real. Mi espalda se relaja después de la tensión inicial, con un poco de vacilación cierro mis espaldas en su espalda y apoyo apenas mi mejilla en su hombro, con una punzada en mi pecho. Su voz cae sobre mí como una canción del verano, parece irreal. No hago otra cosa que mirarle a los ojos cuando se aparta, buscando en él qué es diferente o si él es una persona diferente. ¿Dónde está mi padre? Le echo mucho de menos, creo que desde siempre, que acepto su cambio de actitud con la naturalidad de quien pagaría por vivir una bonita mentira de un día.

Todavía en silencio, me acomodo a su lado en la banca del parque. De todas las cosas que me dice se me hace más fácil hablar de Sami, sigo siendo un manojo de nervios que no sabe cómo tener una conversación coherente y fluida con su padre. —Sami sabe cocinar casi de todo, si no lo sabe busca las recetas. Desde que está con nosotros le he pedido un par de platos que eran del norte. No ese norte, del norte del cual venimos…— digo, acomodo un mechón de pelo detrás de mi oreja y otro vuelve a caer para ocultar parcialmente un lado de mi cara.—Y gracias, por ofrecerte…—. No sé qué decir, mencionar que nunca comemos juntos creo que mataría un poco la ilusión de este momento. No quiero que por sentir que lo ataco con reproches a la primera, imponga una distancia otra vez. Estoy casi tocando una emoción que mi niña interior anhelaba tanto, puedo rozarlo con los dedos. Pero la galleta de semillas me sabe a aserrín cuando toda la puesta en escena responde a un motivo que estoy a punto de conocer. —¿Se van a separar?—. No quiero, pero sueno como una llorica de cinco años. —¿Mamá y tú se van a separar?—. Me odio por estar montando un espectáculo de algo que creía asimilado, que me dije que afrontaría con la madurez de mis casi veinte años cuando sucediera. —¿Te irás de la casa y me dejarás con ella? ¿Te irás con tu otra familia?— suelto todo, mostrándole lo herida que me siento a través de mi mirada.
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Creo que Sami sabe hacer absolutamente todo lo que le pedimos y, como dice Syv, si no lo sabe puede pasar toda la noche aprendiéndolo para así al día siguiente cumplir con el pedido. No sé si es cruel de nuestra parte permitírselo pues el chico parece disfrutar mientras lo hace, quizás está acostumbrado a servir de esa manera y dudo que podamos hacer algo para cambiarlo, no mientras tenga el terror de que si hace algo mal podríamos enviarlo de nuevo al mercado. No haríamos eso, creo que en este caso Syv no corre peligro de enamorarse de él de esa manera.

- El verdadero norte - afirmo con media sonrisa. Un norte del cual probablemente ya no queda nada a causa de los ataques que éste país ha hecho en el pasado o quizás un norte que se está volviendo más fuerte mientras que aquí lo consideran territorio destruido. Sería interesante volver una vez más allí antes de morir, quizás cuando tenga 100 o 110 años, falta medio siglo para eso pero un viaje de tales características debe realizarse con tiempo.

Con mi introducción llegan mil preguntas que sé que debo responder una a una, aunque la última me deja tan sorprendido que tardo unos cuántos segundos en reaccionar ¿Cómo que otra familia? ¿Cómo sabe de eso? ¿Le ha dicho Amalie sus sospechas? - No podemos separarnos, Syv, hicimos un juramento inquebrantable - respondo honestamente pues de no ser por eso nuestro matrimonio habría terminado hace años ya ¿Qué mejor forma de protegerlas que hacer creer al mundo que ya no formo parte de sus vidas? Claro que seguiría por allí pero de una forma más segura.

- No me voy a ir a ningún lado y me sorprende esa pregunta, la verdad - sé que ser honesto con el asunto de su hermano adoptivo traería muchos problemas. Le temo al Capitolio y a lo que pueda llegar a hacer, pero tampoco puedo permitir que crea que soy capaz de traicionarla a ella y a su madre de esa manera - Seré honesto contigo con una condición - pido pensando una y mil veces lo que voy a decir, es extremo y peligroso pero no se me ocurre otro remedio - Te contaré la verdad sobre esa familia, escribirás en un papel lo que sientas al respecto sin dar datos precisos y luego borraré de tu memoria la verdad... Tendrás que confiar en lo que escribas allí para no odiarme - propongo tomando una de sus manos para que confíe - Soy tu padre, Syv, jamás te haría daño y soltarte al mundo con esa verdad en tu memoria podría ponerte en peligro ¿Confías en mí?
Ivar Lackberg
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El verdadero norte. Pensarlo de esa manera me lleva a imaginar un lugar entre montañas y lagos, donde el sol brilla sobre la nieve, haciendo un camino para nosotros. Nunca tuve dificultades para plantearme escenarios fantasiosos de tanto pasar encerrada dentro de una habitación que tuvo paredes blancas, hasta que empecé a recubrirlas con mis bocetos que tampoco aportaban mucho color por estar hechos con carboncillos. Es un destino al que me gustaría ir con mi padre, volver a esa tierra de la que emigró, por la cual siento una nostalgia pese a no tener siquiera una fotografía de quienes fueron mis abuelos o tatarabuelos. Me gustaría ir con él, siendo honesta, iría con él tomada de su mano con la confianza de una niña de cuatro años, como alguna vez lo hice en el pasado. Los hubiera seguido a donde fuera, a él y a mamá, pero por alguna razón me fueron dejando atrás y se fueron distanciando entre sí. —Si siguen juntos es por ese juramento…— repito con un tono dolido, es algo que sabía y me viene bien el recordatorio, es el motivo real de por qué seguimos en una convivencia obligada para ellos.

No te vas a ningún lado, pero tampoco estás presente— me sale el reproche de los labios sin darme cuenta, muerdo mi labio con fuerza por haber cedido al impulso y estar actuando así, más honesta de lo que sé que debería ser. Pero si no saco ahora todo lo que tengo atorado en mi pecho podría ahogarme, necesito decirlo tanto como llenar mis pulmones de aire. —Estamos viviendo como extraños, desde hace años. No hablamos, no sabemos qué sucede con el otro. ¡Y estamos a un pasillo de distancia! Lo mismo daría que mamá esté viviendo en el nueve o que tú estés en el… verdadero norte. Me aterra la idea de que estén separados porque no quiero elegir entre los dos, pero dos personas no deberían estar juntas si no se aman. Fue un error que hicieran ese juramento alguna vez…— acabo con los ojos picándome por unas lágrimas que aparecen de golpe, que llevan años guardadas y siendo derramadas contra mi almohada, nunca delante de uno de mis padres.

Paso las palmas de mis manos por mis parpados para calmar la sensación, y asiento suavemente con mi barbilla cuando se ofrece a ser honesto conmigo, es lo que más deseo. Lo miro a través de mis dedos y voy bajándolos lentamente cuando escucho sus indicaciones, que me confunden en un principio, también me asustan un poco, pero sé lo que diré porque es lo mismo que seguirlo a donde sea. —Confío en ti— respondo, a pesar de todo. —De acuerdo, lo haré— acepto, lo que sea, con tal de escuchar su verdad.
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Ivar Lackberg
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Su reproche me lastima donde más me duele e incluso tengo que curvar un poco mi torso para calmar la puntada que genera en mi pecho. Lo sé, ha sido mi gran error desde el principio pero espero poder arreglarlo de ahora en adelante. Quizás Danielle tenía razón después de todo y nunca seré capaz de ser un buen padre para nadie, estoy intentándolo con el niño y creo que no lo he arruinado hasta ahora pero tampoco estoy tan presente cómo me gustaría. Ser dos personas es diferentes es difícil y a veces creo que solo consigo lo peor de los dos mundos.

La observo durante su descargo con expresión triste y hago un esfuerzo para encontrar palabras que no existen en el diccionario para explicar la situación sin sonar como que todo está perdido. Amo a Amalie o la amaba, definitivamente la amaba cuando nos casamos y era mi mundo, pero si nos fuimos distanciando. El punto es que no imagino el mundo sin ella y me moriría si algo le pasase ¿Eso no es amor? - El amor es tan complicado en la adolescencia como lo es a la mitad de la vida - respondo luego de unos segundos esperando que eso sea suficiente para ella - Intentaré estar más presente, quizás no sea perfecto pero seré la mejor versión que pueda de mi mismo - es todo lo que tengo para ofrecer, el Ivar que siempre ha estado allí pero reprimido por el deber y lo que es conveniente.

Cuando acepta siento que algo que tranquiliza dentro de mí, tengo una oportunidad de explicarme y quizás me comprenda, me perdone y terminemos esta conversación con un abrazo sincero charlando de su hermanito... Claro que luego tendrá que olvidarlo pero el momento sí quedará en mi mente. Ahora más que nunca tengo que ponerme a practicar la oclumancia como le prometí a Amalie, la seguridad de Syv depende de eso ahora.

- Desde siempre usé mi puesto como director del servicio social para ayudar a los que lo necesitan... Hijos de repudiados, squibs, niños con sangre de muggle - explico mirando el suelo - Reubiqué a cuantos pude, les di nuevas identidades para que estuvieran a salvo - continúo. Sherlock, Jerek, su propio hermano, todos son ejemplo de esas movidas - También hice algunas cosas que el gobierno no aprobaría y por eso, mantuve a tu madre y a tí apartados, así no tendrían que lidiar con las consecuencias de mis acciones pues un veritaserum bastaría para ver que ustedes son inocentes. - finalizo la introducción y pienso en cómo explicar el asunto de la otra familia - Hubo un momento en el que no pude conseguir padres para un niño así que con una colega, es solo mi amiga Syv, jamás pasó nada - me apresuro a aclarar - Dijimos que era nuestro y el rumor se esparció... Simon cree que somos sus padres, de hecho lo quiero como un hijo, pero lo adoptamos - largo al final inclinándome hacia atrás a la espera de una reacción - Él sabe que eres su hermana, pero jamás se ha animado a hablarte... Es un buen niño.
Ivar Lackberg
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No debería ser complicado— musito, es algo en lo que llegué a creer con fuerza después de una primera vez que acabó de una manera que no podré olvidar nunca. Será de esas heridas que no pueden cerrarse, que no me hace llorar después de tanto tiempo, pero si tuviera que repetir esa historia en voz alta, tal vez terminara por quebrarme. Amar por primera vez no debería ser tan malo, tampoco debería morir el amor entre dos personas que juraron estar juntas a pesar de todas las circunstancias adversas. Surgen entonces otras formas del amor, esas que me dan un atisbo de esperanza de que es un sentimiento que vale la pena, porque la promesa de mi padre de que será una mejor versión de sí mismo me hace lagrimear contra mi voluntad y estoy a punto de abrazarlo.

Si no lo hago es porque me siento expectante de la explicación que me promete, estoy pendiente de cada palabra que sale de sus labios a las que voy dando un sentido a medida que las escucho. Una introducción necesaria para llegar hasta el rumor que nos fue lastimando, aislándonos en dolores egoístas. A la larga eso siempre hace que las personas se vayan separando. Y duele tanto, que hablarlo lo remueve todo, quizás haya cosas que no quiero escuchar y estoy dispuesta a hacerlo. Las heridas para sanar necesitan sangrar. Creo que rompo a llorar como una tonta cuando comprendo por mi cuenta que el niño al que he anhelado como hermano todo estos meses es un niño al que mi padre decidió tomar bajo su cuidado y que esa mujer que supuse que amaba por encima del juramento a mi madre no es más que una cómplice del engaño. Repito esa sensación de que he vivido en un engaño como cuando creí descubrir que mi padre tenía una familia paralela, pero el engaño fue creer en aquello. Estoy llorando porque nada es lo que parece, porque mi padre se ha escudado en mentiras que me mantuvieron aparte, y me he creído todas y cada una de ellas. —¿Por qué?— murmuro. —¿Por qué todo se ha complicado tanto?— sollozo, limpio mi nariz con una mano, todo mi rostro enrojecido.
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Ivar Lackberg
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Mis ojos se humedecen y siento un nudo en la garganta cuando la veo llorar. Estoy seguro de que lo ha hecho muchas veces en éstos años, pero siempre de forma privada. Creo que yo mismo he implantado la idea en su cabeza de que no debe mostrarse débil y mucho menos en frente de mí, así que verla de esa forma me quiebra a mí también al punto que tengo que arrugar el gesto para evitar que las lágrimas se escapen. Debo hacer algo para evitarlo así que alzo las manos hacia su rostro y me entretengo atrapando las gotas que se deslizan por sus mejillas. Lo tomo como una señal de que he tomado la decisión correcta al ser honesto de ésta forma, al menos no está enfadada gritándome por no ser honesto.

- Porque el mundo se ha complicado - respondo acercando mi cuerpo para rodearla en un abrazo de lado, parece que ella lo necesita pero definitivamente yo no puedo seguir ésta conversación con el aire entre nosotros. Estamos desmoronando la falsa realidad en la que vivíamos así que necesito tener el contacto para estar seguro de que al menos ella sigue allí de forma real - Syv, dije que las cosas cambiarían porque charlando con tu madre tomé la decisión de tomar un papel más activo en la lucha pero creo que no es lo correcto ¿Quieres que me quede? - pregunto estrechándola lo más que puedo sin llegar a hacerle daño.

Tengo un millón de razones para ir al norte. Comenzando porque nadie debería vivir en un mundo como éste, hay personas que necesitan mi ayuda allí y siento que debo terminar el trabajo que comencé tantos años atrás, pero Synnove es una de las personas más importantes del mundo para mí así que bastaría una sola palabra de ella para hacerme desistir de los otros propósitos.
Ivar Lackberg
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Me escondo en su abrazo para escapar de estas circunstancias que se han complicado tanto para nosotros, en el que mis padres no son los héroes que vendrán a mi rescate como creía de niña, que en realidad son humanos que también respiran y sangran, y cuyas vidas no han comenzado conmigo, tienen pasados que no conozco y que tiran de ellos todo el tiempo alejándolos de mí. Tienen muchas caras y muestran una distinta a cada persona, que no sé cuál es la verdadera, no siento que conozca a mis padres. Sus brazos se sienten como una realidad a la que pueda sujetarme, una verdad innegable, rodeándome. Con mi mejilla sobre su hombro lloro todo lo que me he guardado este tiempo. No lloro sólo por lo que acaba de decir, ni tampoco por todas las cosas que no hemos dicho estos años. Lloro por todo lo que no ha sido y todo lo que no será, por una época mejor, por un mundo más hermoso.

¿Qué harás qué?— sollozo contra la tela de su camisa de la que me aparto dejándole una mancha húmeda y con todo mi rostro enrojecido. —¿Qué lucha?— pregunto, con una marcada nota de pánico y mi mirada quebrándose al entender que piensa marcharse, quien sabe para qué, no entiendo quiénes son sus amigos y su bando, quiénes son sus enemigos, si es que volverá. No tengo idea de quién es mi padre, es un desconocido al que me estoy aferrando con todas mis fuerzas y me niego a soltar. —Quiero que te quedes— se me rompe la voz al volver a llorar, apelo a toda su lástima y al cariño que dice sentir por mí, del cual dudada hasta el día de ayer. — Quédate, papá. Quédate, quédate—. Si es cierto lo que me dice ahora, si en verdad me quiere, no se irá. —¿Qué haré sin ti? ¿Qué hará mamá sin ti? ¿Y Sami?—. Todo mi cuerpo tiembla entre sus brazos. —Sami no tendrá a quien elegirle trajes y demostrar que la elegancia también es una cuestión de los hombres—. No sé de dónde salen esos pensamientos ridículos, cuando estoy ensuciando su ropa con mi llanto. —Y mamá no tendrá a quien amar, ni yo tendré por quien ser mejor persona. Todo, todo, lo hago por tí y mamá.
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Siento una nueva puntada en el pecho que se va con facilidad al caer en la cuenta de que también puedo ser honesto con eso sin miedo ya que lo olvidará ¿Por qué no hice ésto hace años? Debería haber sentado a Amalie y Synnove a explicarles la situación y luego borrar todo aquello con una garantía para que confíen en mí. Hacerlo con Amy ahora sería demasiado arriesgado, sé todas las pastillas que toma y temo que soy culpable, pero su mente no está preparada para semejante hechizo, no me arriesgaría a hacerle daño.

- Hay gente en el norte intentando cambiar las cosas como son ahora. Imagina a los esclavos libres, personas sin miedo, squibs con trabajos decentes - omento y creo que no necesito dar más información que esa. Podría hablar de la red y cómo trabaja desde hace años con pequeños actos pero no es un secreto mío como para compartirlo. Sé que ahora hay más gente allí así que no estoy haciendo visitas sociales porque es un caos pero confío en que todos llegarán a un acuerdo de lucha y métodos.

Cuando me pide que me quede noto que esa es precisamente la respuesta que esperaba. Río y doy algunas caricias en su hombro para tranquilizarla, sumado a las palabras que espero que sean suficientes - Me quedaré, me quedaré - si las cosas van a estar mejor con Syv, creo que puedo seguir ayudando como hasta ahora y seguir siendo un infiltrado en el ministerio, la idea no me molesta - Creo que Sami sería el menos afectado pero también disfruta de vestirte a tí y a tu madre - respondo con una mueca porque no sé a que viene el tema del esclavo.

Para lo siguiente la suelto con cuidado y me levanto del banco para tomar una nueva posición de rodilla frente a ella. Estoy seguro de que le di algunas lecciones de vida así cuando era pequeña y noto la diferencia pues tengo que alzar mi cuello esta vez para quedar a la altura de sus ojos - Tu eres una excelente persona y lo eres por mérito propio - comienzo acariciando su mejilla- Estoy muy orgulloso de la mujer en la que te estás convirtiendo y quiero que brilles no importa lo que ocurra entre tu madre y yo ¿De acuerdo? Lo que nos pasa es complicado pero... creo que podemos llegar a un acuerdo para que no te afecte a ti.
Ivar Lackberg
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Invitado
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Su explicación llega a mis oídos a pesar de mi llanto incesante, escucho a medias como si estuviera recitándome un cuento para dormir en el que me habla de imposibilidades de la realidad. ¿En qué mundo los esclavos serían libres cuando no tengo memoria de un tiempo distinto? ¿Dónde trabajarían los squibs a los que no conozco porque han sido marginados desde hace años y yo nunca he salido del sur? ¿Y qué personas tienen miedo? Dentro de la burbuja que ha sido mi vida en el Capitolio, nunca he conocido el miedo. Siento como si mi padre ha estado viviendo en un mundo paralelo, lo que se ajusta a la idea que siempre he tenido de él de que está dividido y solo conozco una parte de sí. Así como mi madre se encierra a veces en su mente y no puedo llegar a ella, mi padre cruza un puente por el cual no puedo seguirle, me resigno a que se vaya. Hoy puedo ver ese puente, quiero pedirle que se quede… o que me deje ir con él.

Su promesa de que se quedará me apacigua, mi espalda se relaja y los sollozos van menguando, después del desastre que han hecho en su camisa. Perdono que su comentario se refiera únicamente a Sami, que no diga nada respecto a mí o a mamá, tal vez no haya mucho por decir. Me toma desprevenida que me suelte para colocarse frente a mí a una altura diferente. Limpió mi cara con las manos, deshaciéndome de las manchas y las lágrimas que quedaron pendiendo de mis pestañas. Podría llorar nuevamente por sus palabras que son para mí tan necesarias como el abrazo de unos minutos antes, asiento con mi cabeza para prometerle que seré alguien de quien pueda sentirse orgulloso. — Lo siento— murmuro con la voz atorada en mi garganta, luchando contra el nudo que vuelvo a sentir. —Siento mucho que el amor haya acabado entre los dos y espero que a pesar de todo, sepan entenderse. Si alguna vez se amaron, no merece terminar así…—. Dos personas que se amaron tanto no deberían volverse extraños. Sé que me ha dicho algo sobre que no debo recordar esta charla, por si las dudas, tomo la oportunidad para que mis labios articulen las palabras que llevo más de una década sin decir. — Te quiero, papá…— susurro y lo miro a los ojos con los míos que están a punto de un nuevo torrente de lágrimas. —Por favor, ¿podría dejar que recuerde todo esto?
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Intentar explicar lo que ocurre entre Amalie y yo es un desafío más grande que explicar todo lo que acabo de decir sobre mi pasado y la situación en el norte. Así que solo asiento y dejo que el dolor que me causa la situación se traslade hasta mi rostro. Claro que nos amamos, solo que Syv no tiene recuerdos de aquellas épocas, es una lástima y me gustaría tener un pensadero para poder mostrárselas algún día... Ya no creo que lleguen momentos así en el futuro, duele pensarlo pero un Ivar y Amalie llenos de vida y sin miedo a mostrar su amor suena más a mito que a historia verdadera.

El aire se escapa de mis pulmones cuando me dice que me quiere y mis ojos de humedecen más de lo que ya estaban antes - Y yo a tí, mi pequeña - creo que hace años que no escuchaba esas palabras y son todo lo que necesito para hacer lo que viene después. No respondo a su pregunta, solo saco mi libreta y una lapicera de mi bolsillo y se la tiendo - No puedo hacer eso, Syv, estarías en peligro... Pero tú te conoces mejor que nadie, si eliges las palabras con cuidado de seguro al leer recordarás el sentimiento - y espero que lo haga ya que es la garantía de que las cosas funcionarán luego.

Mientras escribe saco mi varita y miro al suelo mordiéndome la lengua. No quiero que lo olvide, quiero mantener esta honestidad por siempre y decirnos que nos queremos cada vez que querramos. Pero no es lo mejor para ella así que sin ver levanto la varita en su dirección, ya con lágrimas claras sobre mi rostro y pronuncio - Obliviate.
Ivar Lackberg
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Tomo entre mis dedos la libreta que me tiende y al sujetar la lapicera me doy cuenta de lo nerviosa que estoy sobre lo que sé que vendrá. No hará caso de mi petición y no podré confiar en mi memoria a partir de este día, el rechazo que siento a esa posibilidad debe ser instintivo, es todo mi cuerpo rebelándose a un ataque a mis recuerdos. Mi mirada trasluce lo asustada que estoy y es más fuerte su intención de protegerme de esto, que no dudo de que lleve su varita a mi sien para borrar todo lo que me reveló sobre su trabajo, su familia paralela, sus ideas contrarias al gobierno Niniadis. No me decido a qué de todo escribir en la libreta que después tenga un significado para mí, decido plasmar con una letra imprecisa lo único que necesito para creer. «Synnove del futuro: Cree en papa, él te quiere. Cree siempre en papá. Syv del pasado». Desprendo esa hoja de la libreta y la doblo por la mitad para guardarla en el bolsillo de mi pantalón, asiento con mi barbilla para indicarle que estoy lista.

Escucho su voz susurrando el hechizo que hará como si la última media hora nunca hubiera existido. El asalto a mi memoria no será brusco, aun sabiéndolo cierro mis párpados con fuerza, negándome con toda mi callada fuerza de voluntad a desprenderme de los recuerdos y creo que hay una voz repitiéndolo en mi mente, se hace cada vez más insistente. «No quiero olvidarlo, no quiero olvidarlo». Abro mis ojos lentamente, pestañeando para aclararme la vista, y tomo una inspiración profunda, muy profunda, mientras mi mente se reorganiza a una velocidad sorprende para dar una respuesta. Me tardo uno, dos minutos. —¿Papá…?— murmuro y pido perdón en silencio. —¿Cuándo nos sentamos?—. Tomo el paquete de galletas con semillas que en algún momento dejé sobre la banca y la reviso como si acabara de redescubrirla.
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Tras pronunciar el hechizo se me escapa un sollozo que reprimo en un instante a la vez que rápidamente llevo las manos a mi rostro y limpio el rastro de lágrimas. Por suerte no tengo la piel blanca que tienen Syv y su madre así que es sencillo ocultar lo que estaba ocurriendo hace unos segundos atrás. También aprovecho para guardar la varita y ponerme de pie para que parezca que solo andábamos por aquí de manera casual, ni siquiera el mensaje en su teléfono tendrá así que incluso las galletas en el banco serán un misterio.

Respiro profundo y me doy la vuelta simulando ver lo que ocurre en el parte mientras escucho su pregunta. Una vez que reúno fuerzas para responder de manera natural vuelvo a verla y le dedico una sonrisa - Hace un segundo ¿Estás bien? - pregunto con el ceño fruncido - Quizás es el calor... Mejor volvamos a casa - sugiero estirando mi brazo izquierdo para invitarla a caminar en un abrazo.

Probablemente le resulte extraño el gesto así que pongo mi rostro más amable para que se sienta bienvenida. Me duele que no recuerde pero es un alivio haberlo sacado del pecho, fui honesto y quizás la nota alcance para que no siga creando teorías absurdas en su mente... Claro que Amalie no ayuda a mantener esa parte controlada, estoy seguro de que tiene su propia idea del asunto bien formulada. De todas formas no importa, pese a que en su mente no existe creo que hemos dado un paso hacia adelante hoy, yo definitivamente lo he hecho pues no hay chance de que abandone mi hogar después de esto, por nada en el mundo.
Ivar Lackberg
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