You're your father's daughter ✘ Meerah

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Mensaje por Hans M. Powell el Mar Abr 16, 2019 9:16 pm

Es un poco deprimente, pero me gustaría decir que la última vez que vi a Meerah fue esa vez que terminó ebria en mi casa y no hace semana y media, cuando nos cruzamos en el funeral de su abuelo. Fue un encuentro rápido, puesto que solo estuve allí para presentar mi respeto y apoyo a la familia, pero permití que los Niniadis tuviesen su tiempo de duelo y eso incluyó unas pocas palabras con Audrey, a sabiendas de que no serían un enorme consuelo. Con Meerah, por otro lado, busqué un apretón de su mano, la promesa de que las cosas estarían bien y, luego, me mantuve en silencio hasta que ella decidió llamar. No sé si fue la mejor postura a tomar luego de la tragedia, pero tampoco tengo a quien hacerle consultas sobre cómo tratar a mi hija en estos casos y no pienso irle con mis problemas parentales a Lara Scott, quien sospecho que sabe tratarla mejor que yo.

Estoy acomodando los cajones de uno de los muebles de la oficina cuando la puerta se abre sin que hubiese un llamado al comunicador y me volteo para ver como Meerah se encuentra en la entrada, aunque lo primero que me sale es estirar el cuello en busca de mi secretaria, sorprendido de que no la hubiese frenado — ¿Dónde está Josephine? — ¿La envié a hacer algún recado y no lo recuerdo? ¿O fue al baño? Ya, tampoco es que importe mucho. Le hago unas señas a la niña para que cierre detrás de ella y vuelvo a darle la espalda, siendo libre así de terminar mi papeleo — Es un placer verla por aquí, señorita Powell — el tono pomposo es meramente bromista. Creo que es la primera vez que tenemos la oportunidad de conversar como es debido desde que firmé los papeles para ser su padre de manera legal, así que todavía no me hago la idea de que mi familia se ha expandido oficialmente. Si debo ser sincero conmigo mismo, es una sensación que no creí que me fuese agradable, pero que sorprendemente resultó serlo — Lamento que hoy no podamos ir por nuestro almuerzo, pero siempre podemos tenerlo aquí dentro. ¿Qué se te antoja? — empujo el cajón, cuyo ruido es estruendoso dentro de la enorme oficina y vuelvo hacia ella, dando unos pasos en dirección al escritorio — Siempre que quieras algo, aprieta ese botón — señalo vagamente al enorme del comunicador — y Josephine lo traerá. Intenta no abusar de eso, no es que estemos falto de trabajo estos días.

A decir verdad, el ritmo se ha acelerado. Percatarme del motivo justo delante de ella no es algo que hubiese deseado, así que apoyo las manos en el escritorio y bajo un poco la voz cuando la analizo con la mirada — ¿Cómo has estado? — es obvio que sabe de lo que estoy hablando. Sé que su abuelo no era nadie cercano a ella, pero a sabiendas del lazo de sangre que los unía, a veces las noticias no dejan de ser impactantes. Y, además, no tengo idea de cómo ha sido todo esto dentro de las paredes de su casa.
Hans M. Powell
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Mensaje por M. Meerah Powell el Jue Abr 18, 2019 7:07 am

Creo que llamar a mi padre ha sido la mejor decisión que he tomado en estos días que solo han estado plagados de incertidumbre y un aire tan tenso que podía cortarse con un cuchillo. Habían pasado poco más de una semana desde la muerte de Sean y, aunque era mi abuelo, no podía sentirme todo lo triste y acongojada que debería. No es por falta de intentos, de verdad; pero no podía sentir lo mismo que sentía Hero, a quien casi no había reconocido en el funeral, o que mamá, quien con su silencio me incomodaba más que con sus extensas explicaciones. Podía contar con los dedos de la mano las veces en las que había visto al hombre y, aunque me parecía alguien afectuoso e increíble en regla general, no dejaba de ser un desconocido. Lo único que de verdad lamentaba, era no haber tenido más tiempo que compartir con él, no haber podido conocerlo como me hubiese gustado.

Al menos con Hans puedo aparentar que no mucho ha cambiado, y no me siento culpable de volver a nuestra relación tambaleante, mientras tratamos de medir los límites del otro sin forzar situaciones innecesarias. Todavía le debía una por lo del cumpleaños de Hero, e incluso por darme mi espacio luego del funeral. Así que, cuando siento que no aguanto más la incomodidad de la semana, lo llamo para preguntarle si podemos retomar los almuerzos que han quedado replegados.

Entrar al ministerio y llegar a su piso sigue siendo tan fácil como lo había sido la primera vez, y al igual que en aquel entonces, me reciben su secretaria y la camisa más fea que había visto en mi vida. ¿Alguien podría decirle que devolviese esa prenda al milenio pasado? Me acerco al escritorio que ocupa y le sonrío con la mejor expresión de niña buena que tengo. - Hola, ¿qué tal? vengo a buscar a Hans. - Apoyo las manos sobre la superficie y, cuando vuelco el vaso de carton lleno de café, me disculpo enseguida pese a que ha sido un acto totalmente intencional. No tarda en limpiar el desastre que he causado y, no sin antes mirarme de mala manera, desaparece por el pasillo en busca de lo que supongo debe ser el baño más cercano. No sé por qué la verdad, si la gente se concentraba en la mancha de café, tal vez no viera el horror que era su camisa en sí.

No espero a que la mujer vuelva, y no tardo en pasar por las puertas que estoy segura corresponden a la oficina de mi padre. Me encojo de hombros ante su pregunta, pero no me dura mucho la expresión de desentendida porque su siguiente comentario hace que se me escape una sonrisa. Puede que sea una tontería, o tal vez no, pero haber agregado su apellido a mi nombre es algo que me ponía feliz por algún motivo. - Es un placer estar aquí, señor Powell. - Respondo con gracia, en lo que me pongo a examinar su oficina con la mirada. - No te preocupes, no tengo antojo de nada en particular. Puedes elegir lo que quieras. - Además de que no sabía qué podíamos pedir por aquí, y aunque ví el cartel que indicaba la cafetería a solo unos pisos de distancia, tampoco tenía ganas de conocerla hoy. Suponía que si Josephine (trataría de recordar su nombre) podía hacernos el favor, no me opondría a algo de comida.  

Claro que, como cualquier persona normal haría, Hans pregunta cómo he estado y no puedo responderle de inmediato. Sé a dónde quiere llegar, pero me quedo entretenida tironeando de una de las pelotitas del adorno que descansa en la repisa, y las observo golpetear la una contra la otra. - Mejor que mamá seguro. - Frunzo los labios y me doy la vuelta llevando mis manos a mi espalda, entrelazándolas entre sí, sin saber muy bien qué decirle. - ¿Soy muy mala persona por no sentirme mal? Digo, era mi abuelo, ¿no?
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Mensaje por Hans M. Powell el Jue Abr 18, 2019 8:21 am

El ida y vuelta me sirve para darme cuenta de que, al menos, creo estar yendo en la dirección correcta. No fue sencillo para mí el tomar la decisión de hacerla parte de mi familia, más no por ella, sino porque sé lo que puede repercutir de algo como esto. Aún así, aquí estamos, tratando de ser lo más parecido a una familia normal en vista de las circunstancias — Eso depende. ¿Cuánta hambre tienes? — aventuro — Porque podemos ir desde un plato elaborado a un simple sándwich. Se supone que eres mi invitada, pretendía darte la última palabra — es solo simple protocolo y educación. Obviemos de que me estoy dando cuenta de que tengo una ligera vena de padre consentidor, pero eso es algo que me parece que no se lo tienes que decir directamente a tu hija, más a sabiendas de que corres el riesgo de perder la batalla si juega esa carta.

Reconozco muy fácil la incomodidad plasmada en ese intento de darle toda su atención al adorno y no a mí, en especial porque eso es algo que tiendo a hacer mucho. Quizá no hice bien en sacar el tema tan rápido, pero sorpresivamente, consigo una respuesta — Bueno, sí. Pensé en llamarla estos días, pero no sé si seré bien recibido o no — admito. Aún no entiendo cómo se supone que debo actuar alrededor de su madre, principalmente porque a veces siento que entender a Audrey es ir a ciegas. Su otra pregunta me hace llenar los pulmones y soltar un suspiro largo y pesado, de esos que inflan tus mejillas hasta que vuelven a su tamaño normal — No lo sé — confieso, subiendo la mirada que había desviado a la nada en mi segundo de meditación a sus ojos — Siempre he creído que las relaciones se construyen, por mucha sangre que puedas tener en común — mi padre y su incierto destino es algo que lo pone en evidencia. Lo extraño es que sé muy bien que sería muy sencillo el rastrearlo para saber si sigue con vida, pero hay algo que siempre me ha detenido y no puedo identificarlo — No tienes que sentirte obligada a sentir algo que no te sale naturalmente. Creo que es bueno que lo respetes, que respetes a tu madre y que sepas que no eres mala persona por algo como esto. Quiero decir, no es tu culpa no haberlo conocido y ya no puedes cambiarlo — ¿No estoy siendo un poco duro, no? Aprieto mis labios y trato de aclararme un poco la garganta para encontrarme en el hilo de esta conversación — Sean era un hombre honorable. Trabajé con él durante años y creo que fue una pieza clave en la formación y estructura del país que estamos buscando mantener. Quizá deberías mantener la idea de que tu abuelo era alguien admirable y…. bueno, sostenerte a esa idea — hablar de cómo murió es algo que no pienso tocar. Los dos sabemos cómo debieron ser las últimas horas de vida de Sean Niniadis y eso dice mucho de su carácter.

La manera en la que me enderezo y tironeo del saco hacia abajo como si buscase acomodarlo delata que esta no es mi zona de confort. No sé si algo de todo esto va a servirle de alguna manera, pero creo que es lo mejor que tengo — Me gustaría poder serte de ayuda, Meerah. Pero el haber pasado las fiestas de los últimos años con amigos y colegas deja en evidencia que todo esto de las relaciones estrechas no se me da muy bien — le sonrío a medias, casi disculpándome por la actitud cómoda y segura que he tomado durante los años en los que no pude ser su padre. Ahora que lo pienso, puede que solo hubiese estado tomando el camino fácil — Como sea… ¿Vas a querer que te pida un postre también?
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Mensaje por M. Meerah Powell el Vie Abr 19, 2019 10:34 pm

- ¿Me darás la última palabra siempre que sea tu invitada? Podría acostumbrarme a eso… - Viviendo con Audrey, no conocía eso de tener la última palabra porque mamá siempre tenía una respuesta para todo, y generalmente eran cosas que uno no podía refutar. - No tengo demasiada hambre, ¿tal vez un tostado y un jugo? o una gaseosa. Él dijo lo del sándwich, así que no estará demasiado negado a esa idea. Además de que era una oficina, no me imaginaba comiendo un bistec con ensalada, al lado de las pilas de papeles importantes que parecía tener. De solo pensar en las manchas de grasa sobre el papel…

- No sé si te hubiese servido de mucho. La mayoría del tiempo quiere hacer parecer que no le afecta así que… - Me encojo de hombros, demostrando que no tenía idea de cómo podría resultar esa conversación si es que Hans la llamaba. Cualquiera que no la conozca, no notaría nada distinto en ella; pero yo la conocía mejor y podía notar que detrás de toda su fachada comprensiva, no estaba todo lo bien que decía estar. Claro que podía estar equivocada, con mamá nunca estaba del todo segura, y podría equivocarme.

Me doy vuelta cuando lo escucho suspirar, y llevo las manos a mi espalda, uniéndolas entre ellas y jugando a estirar mis brazos a causa de la incomodidad. - Gracias. Lo conocí más que nada por la tele, y por las vagas descripciones que daba mamá, así que es lindo pensar que otras personas que lo conocieron puedan pensar así de él. - Podía vivir con eso. Saber que no estaba mal el no sentirme especialmente triste por su muerte, pero sí respetando lo que fue como persona y lo que había ayudado a crear. No conocía otra cosa que no fuese el régimen que estamos viviendo, pero había leído y en el colegio nos habían enseñado lo que había sido antes. Pensar que gente como mi abuelo hubiese tenido la voluntad de promover tanto cambio, de arriesgar y sacrificar todo por un ideal tan justo… Es cierto, Sean Niniadis era un hombre admirable y debía recordar eso.

Ya más reconfortada, me acerco hasta su escritorio, y tomo asiento en una de las sillas que se encuentran delante de él. ¿Era necesario que tuviese sillas tan altas? Si me siento erguida, como siempre lo he hecho, los pies me quedan colgando del borde, sin llegar a tocar el suelo. - ¿Una malteada de chocolate, tal vez? - Contesto a su ofrecimiento algo dubitativa, todavía pensando en lo último que dijo. - Podemos pasar estas fiestas juntos… si quieres. - Me sonrojo por haber propuesto algo así tan abiertamente, sin saber si él iba a considerar siquiera sacrificar sus salidas con gente de su entorno, por pasar tiempo con una niña que apenas y estaba conociendo. - No tienes qué, pero pensé… Bueno, no tiene que ser con mamá. Puedo pasar unas fiestas con cada uno… - Me agarro del borde del asiento, sin saber muy bien como salirme de esta, y me muerdo los labios con nerviosismo.
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Mensaje por Hans M. Powell el Sáb Abr 20, 2019 8:58 am

Un tostado con un jugo me parece bien — tampoco es que me muera por llenarme la panza a sabiendas de que tengo mucho trabajo que hacer y una hija a quien entretener, así que amago a poner un dedo sobre el comunicador, pero no lo hago. La atención se la lleva la leve sonrisa que dejo escapar, tratando de no mostrarme tan divertido ante una extraña sensación de nostalgia — Sí, tiende a hacer esas cosas — declaro con gracia, en memoria a una Audrey adolescente que me costaba descifrar. Se me da bien leer a las personas, creo que lo he demostrado con el correr del tiempo y el avance de mi carrera, pero mi ex siempre encontraba el modo de complicarme en sus máscaras.

Lo dudo mucho, pero quizá debería decir algo más. Le doy un poco de vueltas e intento convencerme de que es lo correcto, hasta que me convenzo de que Meerah es una niña inteligente y sabrá qué hacer con lo que le digo a continuación — Siempre que tengas una duda sobre él, estaré contento de contestar si me sé la respuesta — es lo mínimo que puedo hacer. Sean fue un buen mentor, en especial porque se había tomado la molestia de educarse en leyes para ayudar a dirigir un país con inteligencia, estrategia y sutileza. Tal vez no éramos cercanos en un aspecto personal, pero yo jamás habría llegado a donde estoy si no fuese por ese hombre. Si su nieta quiere saber de él, no puedo hacer otra cosa que responder con honestidad.

Malteada de chocolate, bien, eso ayuda que regrese a la idea del almuerzo y me saque los pensamientos amargos. Obviamente, ella se las arregla para hacer que me distraiga una vez más, pero con una propuesta que no me esperaba y que me dejan mirándola como si acabase de darme un fuerte golpe en la cabeza — ¿Quieres pasar una fiesta… conmigo? — me señalo el pecho sin apoyar el dedo sobre mi camisa en un intento de reforzar la creencia de que es una idea un poco descabellada, no por nosotros sino porque no recuerdo una propuesta de este estilo con tanta honestidad. Intento imaginarlo un instante, visualizar cómo sería un festejo en compañía de ella y no de los ebrios adinerados de siempre. Es penoso pero me cuesta hacerlo, en gran parte porque creo que ella moriría de aburrimiento — Faltan meses para las fiestas — recuerdo, tratando de encontrar una respuesta que no me ate a ninguna incomodidad — Sería un honor pasar una de ellas contigo, Meerah. Te aburrirían mis colegas, pero podemos armar un plan un poco más interesante. Y si tu madre se queda sola, bueno… — me encojo de hombros, pero espero que en este punto no se me note que sería más por ella que por mí — Podemos hacer algo los tres — o los cuatro. ¿No tenía una tía? Por favor, necesitaría demasiado alcohol para poder soportar la impresión posterior de una cena así.

Antes de olvidarme una vez más, toco el comunicador y descubro que Josephine ha vuelto, aunque por el tono de su voz no parece de muy buen humor; tarda incluso en contestar y creo que chasquea la lengua cuando ni siquiera se despide ni hace su clásica promesa de que lo hará en seguida, pero tampoco le doy mucha importancia. Con la petición de dos almuerzos iguales y una malteada, me encuentro en medio de mi zona de trabajo sin saber muy bien qué es lo que tengo que hacer a continuación — Nunca me dijiste si habías averiguado los costos de esa escuela de moda que me habías comentado — recuerdo repentinamente — Deberías chequearlo antes del inicio del próximo año. ¿O ya solo quieres que empiece a enseñarte sobre abogacía? Tengo un par de casos archivados que podríamos revisar juntos — ¿Por qué siento que mis propuestas serían de lo menos atractivas para un niño de su edad? Aún así, creo que ya he aprendido que Meerah no es una niña precisamente normal.
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Mensaje por M. Meerah Powell el Dom Abr 21, 2019 6:22 am

Le agradezco con una sonrisa que me ofrezca el contarme de mi abuelo, y me prometo a mi misma sacar el tema a flote más adelante. Hoy no tengo muchas ganas de dar más vueltas a ese asunto, más que nada porque quiero aprovechar el estar aquí para pasar tiempo con mi padre. - Sí, ¿por qué no? - Trato de sonar total y completamente desinteresada. Como si hubiese sido un comentario al azar y no un pedido nacido de mi alma de niña tonta. Ya que, si su expresión me decía algo, es que jamás había sopesado esa posibilidad. - Como tú desees, ni me molesta pasar tiempo con tus colegas, ni me es de ninguna inconveniencia el que sea una fiesta que incluya a mamá. No suelo darle mucha importancia a las festividades más que por los regalos y las vacaciones si tengo que ser sincera. - Me gustaba el colegio, pero no podía decir que tener tiempo libre en mis manos era hermoso, y más cuando había telas nuevas que acompañasen ese tiempo.

Aprieto los labios con fuerza cuando se comunica con su secretaria, y llevo mi mirada al techo, como si las junturas y la práctica nula textura del mismo fuesen más interesantes que cualquier otra cosa en la habitación. - No tiene el mejor de los humores, ¿verdad? - Se me escapa ni bien corta la comunicación. No me conviene llevar la atención a ese tema, lo sé. Mi comportamiento había sido de lo más infantil, pero no me arrepentía y eso se me notaría en la cara. Al menos Josephine no me delata y simplemente se limita a hacer su trabajo lo que, en cierta forma, hace que me caiga un poquito mejor. Si no se vistiese tan mal…

- Oh, sí. Los averigüé pero… es cara, no quería parecer demasiado interesada. Las clases comienzan en Octubre igual, así que tengo tiempo. - Había estado muy interesada con su propuesta la última vez, pero el tema no había surgido por sí solo, y yo no iba a buscarlo. No cuando no tenía la confianza suficiente con él todavía. - No te preocupes igual, ni siquiera parece que asista gente por debajo de los dieciocho así que… - Me encojo de hombros y aprovecho su cambio de tema con rapidez.

Aunque jamás podría decir que no a esa oferta. - ¿De verdad no tenía inconvenientes en que mirara sus casos? Mamá siempre me contaba de lo que le pasaba en el trabajo si es que lo preguntaba, pero no era partidaria de que viese sus expedientes… o cualquier tipo de documentación en realidad. - ¿En qué puedo ayudar? Me imagino que, siendo el ministro, debes tener más casos de los que podrías querer.
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Mensaje por Hans M. Powell el Dom Abr 21, 2019 6:55 am

Verdad que tendré que darte un regalo este año — por un momento, intento que suene a que eso sería un enorme y molesto sacrificio, pero demuestro lo contrario al regalarle una suave sonrisa — Tendrás que pasarme la lista de Santa cuando llegue el momento — el tonito burlón es suficiente como para quitarle el peso de lo extraño a toda esta situación. Tendré que conversar con Phoebe, llegado el momento. Y, repentinamente, una fiesta en familia no suena nada mal, porque sería la primera vez en más de dieciséis años que viviría algo así. Paso de ser un enclenque emocional, así que el tono gruñón de mi secretaria y el posterior comentario de Meerah me dan la excusa perfecta para hablar de otras cosas — ¿Josephine? Tiene su carácter, pero suele estar de buenos ánimos — al menos que Patricia Lollis esté cerca — Tal vez tiene uno de esos días, no pienso culparla mientras su trabajo esté bien hecho.

Los golpeteos rítmicos y distraídos que le estoy dando a mi escritorio con mis nudillos se vuelven más lentos cuando me confiesa que no me ha pasado ningún nombre o teléfono debido a su alto costo, así que le chisto — Hice una promesa y pienso cumplirla — le recuerdo. Si hay algo de lo que me puedo jactar, es que soy un hombre de palabra, para bien o para mal — Meerah, trabajo de manera constante y eso me es retribuido con uno de los sueldos más suculentos dentro de nuestro ministerio. Si consideramos la cantidad de cumpleaños y Navidades que me he perdido, invertir en algo que deseas hacer no me cuesta en lo absoluto — siento que es lo correcto, pero una vocecita en mi cabeza me pregunta si no la estoy consintiendo demasiado. Bueno, me perdí de ella por casi trece años, así que voy a darme ese gusto — Solo dame los números y yo haré algunas llamadas. Van a aceptarte, ya verás — sino, siempre puedo abusar un poco de mi nombre.

No me creo que de verdad esté interesada en algo como archivos legales y me tomo la molestia de evaluarla con la mirada en busca de algún rastro de sarcasmo, pero no encuentro ninguno — Solo llegan a mí los casos de verdadera importancia nacional. El resto es trabajo del Wizengamot — a decir verdad, extraño un poco la constancia de la corte. Era menos rutinario que encerrarme todos los días en esta oficina — No podría hacerme cargo de las leyes y del orden si viviese metido en el tribunal, tú me entiendes. Mi trabajo es mantener estable nuestra constitución y asegurarme que nada se salga de las líneas establecidas. Soy el asesor jurídico de la ministra y el defensor de nuestros civiles, ya sabes. Sin embargo... — vuelvo a darle la espalda para acercarme a uno de los muebles del rincón y lo abro con rapidez, pasando los dedos por algunos de los expedientes — Tengo unos cuantos casos que quizá te interesen. ¿Qué me dices de este?

Me recuerdo, una vez más, que estoy tratando con una niña y aún así saco la pequeña carpeta y cierro el cajón — Finneas Ottlegone, del distrito cinco. Estuvo desaparecido durante días luego de que se encontraran rastros de que en su sótano habían estado escondiendo a una familia de muggles. Cuando apareció, no tenía memoria y su varita indicaba que había efectuado un encantamiento desmemorizante. Ahora… — lanzo la carpeta sobre el escritorio y tomo asiento, como si no estuviese hablando con mi hija pero sí con un colega — Había un mago muerto en su domicilio esa noche, Hugh Ottlegone, su hermano. Ambos eran fieles a nuestro sistema, incluso trabajaban en el departamento de defensa. Pero no hubo rastros de violencia en su cuerpo y Finneas insiste en que él es inocente. Recuperar su memoria está costando trabajo, así que… — alzo las cejas en su dirección, moviéndolas como si estuviese dándole el mejor regalo de navidad — ¿Tú que opinas?
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Mensaje por M. Meerah Powell el Dom Abr 21, 2019 8:02 am

- ¿Santa? ¿de verdad? - Quiero creer que está bromeando, pero ni siquiera la leve certeza de que Hans no pensaría algo tan estúpido como el que creo en Santa Claus, evita que mi ceja se eleve en el aire con un marcado escepticismo. Aunque si quieres hago una lista. Procuraré incluir un unicornio y una motocicleta voladora en ella. - Que si lo pensaba, la idea de una motocicleta era ciertamente tentadora, si no contaba que tenía doce años, y cero destreza para manejar cualquier cosa que no fuese mi propio cuerpo. - ¿En sus días? - Me río, porque siempre me ha dado gracia eso de que justifiquen el mal humor de una mujer en base a su menstruación. Yo no noté ningún cambio particular cuando me pasó por primera vez hace pocos meses, y tampoco notaba ningún comportamiento distinto en mamá. - Incluiré tampones y chocolates en la lista, y se los regalaré a Josephine de tu parte. - Me río entre dientes, y cuando noto que lo hago, muerdo mis labios a fin de cortar con la diversión que me causa una ocurrencia tan ridícula como esa.

Lo observo con un leve rubor en las mejillas cuando reitera que no tiene inconvenientes en pagar por el colegio de diseño, y musito un leve gracias al saber que es completamente sincero en su deseo de complacer el único capricho que de verdad quería cumplir. - Jamás dudé que fueran a hacerlo. Mi portfolio habla por sí solo, “The Fairy Godmother” no se perdería de educar a una niña de doce años con talento, dedicación, y un futuro emprendimiento con un plan de negocios diagramado. - Puede que esté pecando de vanidosa, pero si hay algo de lo que estoy confiada en mi vida, es de mi visión como diseñadora. - Estoy tan confiada, que hasta me anotaría con un pseudónimo para que no juzguen en base a mi apellido. - Y era verdad, porque sabía que pese a que el añadido Powell era bastante reciente, el Niniadis solo bastaba para que me consideraran, tuviese talento o no.

Tengo que admitir que me impresiona cuando describe su trabajo, incluso con más seguridad de la que yo describo mi vocación. - No sé si entiendo todo, pero hay cosas que nos han ensañado desde antes de conocerte que me hacían tenerte un gran respeto como Ministro. Cómo la ley de trabajo esclavo en beneficio de nuestra comunidad. - Sabía que Hans se había hecho un nombre por sí mismo, y que si estaba dónde estaba, era por su capacidad y no por otra cosa, sin importar lo que piensen los esclavos maleducados y harapientos que se encontraban en el mercado.

No estaba del todo segura de que mi padre de veras fuera a confiarme con un caso, pero cuando lo hace, trato de prestar la mayor atención posible a todos los datos que me da. Es interesante el pensar que tenga que lidiar con casos como este, y no tardo en recordar a los Millards y los diez, no: once minutos y medio que había demorado en resolver el caso. Sé que no estaré ni cerca de alcanzar su tiempo, y eso si es que lograba llegar auna conclusión razonable en sí, pero lo intentaría. Como la información que Hans me brinda es incompleta, no tardo en tomar la carpeta y notar que, dejando de lado el informe psicológico de Finneas, por lo demás es bastante concisa en los datos que contiene. - Para empezar, opino que eso de la fidelidad es cuestionable. Aquí dice que se refugiaron por meses en su casa, así que, o tienen aurores muy incompetentes, o con ideologías cuestionables. - Sigo leyendo el informe, los datos de los hallazgos, y la descripción que corresponde al segundo hermano. - ¿Por qué hallaron solo una varita? Si los dos eran magos eficientes… ¿El desmemorizante es el único hechizo que se detectó en la de Finneas? - No quiero, de verdad no quiero decir ninguna estupidez, pero tengo una idea en mente que parece bastante razonable. Me muerdo el labio inferior con nerviosismo, y vuelvo a leer las partes del expediente que me importan a fin de confirmar que nada de lo que pueda llegar a pensar es una tontería hecha y derecha.


No sé cuántos minutos pasan hasta que me convenzo a mi misma de lo que voy a plantear, y sin despegar la vista de las hojas, empiezo a hablar.  - Se me ocurre algo, pero no puedo ver que haya pruebas que determinen la culpabilidad de Finneas pero… Si Hugh Ottlegone descubrió la traición de su hermano, en alguna visita informal, pudo no haber estado preparado para un enfrentamiento. Si Finneas lo desarmó y lo asesinó con su propia varita, no le habría costado mucho el convencer a la familia de muggles de huír llevándose la evidencia, para luego desmemorizarse y alegar inocencia. ¿no?- Cierro la carpeta y golpeteo mis labios con el borde del cartón, tambaleando los pies de adelante hacia atrás de forma involuntaria, y  mirándolo esperanzada. No quería que pensara que era una niña tonta, o que no tenía destreza en algo que siempre me había interesado, pese a que no era lo que me apasionaba.
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Mensaje por Hans M. Powell el Miér Abr 24, 2019 7:43 pm

Estará fascinada  —bromeo, siendo incapaz de imaginar si ella se lo tomaría con humor o me los devolvería sutilmente. Tampoco es que me importe mucho, hay cosas un poquito más preocupantes, como el exceso de confianza que puedo ver en la niña que tengo delante y me hace preguntarme si así es como sueno cuando abro la boca. Me muerdo los labios para no mostrarme tan divertido al respecto y la dejo hablar, hasta que creo que se toma un momento para respirar — Jamás voy a decirte que no tengas confianza en tus habilidades porque una actitud segura a veces vende más que un buen proyecto. Demuestra personalidad y espíritu y si alguien debe seleccionarte, eso hará que sobresalgas — por el tono de mi voz, es obvio que se viene el… — pero …. — ahí va — La confianza desemboca usualmente en vanidad y la vanidad nos ciega un poco. Conozco unas cuantas personas que te dirían que es irónico que yo te diga esto, pero mantén tu ego unido a tu humildad. Siempre habrá cosas que puedas mejorar de tu trabajo y estoy seguro de que en esa institución que tú quieres aceptará tu portafolio de buena gana, solo… bueno, no te decepciones si no ven las cosas como tú lo haces — dicho y otra forma, que no se suba al caballo tan rápido porque el hondazo podría ser doloroso si las cosas salen de manera diferente a su imaginación.

Que reconozca esa ley me causa algo de gracia, porque no estoy acostumbrado a debatir temas laborales con niños de su edad. Aún así, no digo más, esperando su veredicto sobre uno de los casos que hacen que observe a mis colegas discutir sobre asuntos que para mí ya son un poco estúpidos — Cuestiono los ideales de la mitad de las personas del ministerio — declaro — Y sí, la varita de Hugh se encuentra desaparecida, lo cual crea una laguna. No hay hechizos registrados más allá de los normales y cotidianos — por la manera en que levanto la mano y me muerdo la uña del pulgar, puedo decir que me muestro hasta aburrido. Lo bueno es que Meerah piensa rápido y su sospecha me obliga a sonreír por detrás de mis nudillos — Eso es lo que pensé yo. Entrevistamos a las personas más cercanas, incluyendo a los padres de ambos y éstos aseguran que eran unidos y que Finneas jamás haría algo así. Ahora, la pregunta: ¿Dónde está la varita que falta? ¿Hubo otro mago en escena que cometió el crimen y borró la evidencia? ¿Finneas actuó por voluntad propia? — lo único malo de la magia es que, a veces, puede ayudar a complicar las cosas más que hacerlas fáciles. Bajo la mano y me aferro al borde del escritorio para así impulsar la silla y acercarme — También creo que los muggles robaron la varita de Hugh en cuanto se marcharon, aunque no entiendo por qué harían eso si solo compromete a su protector. Hay cabos sueltos y la ley me prohíbe condenar a un mago cuya memoria está modificada, porque eso lo vuelve inimputable. Digamos que borrarse la memoria habría sido un acto inteligente de salvarse el pellejo, en especial si fue un hechizo poderoso que cuesta ser revertido. En pocas palabras, Ottlegone es un rebuscado hijo de….

Es un poco afortunado que mi insulto automático quede silenciado por cómo se abre la puerta y Josephine hace acto de presencia, llevando delante de ella una bandeja repleta que mantiene en el aire con la varita. Me es imposible no fijarme en el manchón húmedo de su camisa que indica que la ha limpiado con agua, lo que me hace señalarla con el mentón — ¿No pensaste en utilizar el encantamiento de aire caliente para secarla? — es una pregunta inocente, así que no entiendo por qué me contesta una negativa acompañada de una sonrisa cínica que me enseña todos los dientes. La bandeja se apoya con algo de brusquedad en el escritorio y el jugo se agita en los altos vasos de vidrio, por lo que le lanzo una mirada de reproche antes de que cierre de un portazo que me hace dar un bote en el asiento. Parpadeo, confuso, volviendo a girar el rostro hacia Meerah — ¿Viste algo en los pasillos cuando llegaste o de qué me perdí? — pregunto y empujo uno de los vasos en su dirección — Hablaré con ella luego, de todos modos.
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Mensaje por M. Meerah Powell el Dom Abr 28, 2019 7:33 pm

Tengo que admitir que no esperaba un “pero” saliendo de la boca de Hans y no estoy del todo segura de cómo debía tomarme sus palabras. ¿Acaso no confiaba en mis habilidades? En su defensa, tampoco es que había visto mucho más que la ropa que suelo vestir y la corbata que le hice, pero aún así me desilusiona un poco que mis palabras sean vistas como un exceso de vanidad. - Mi ego unido a mi humildad, ¿y mis pies unidos a la tierra? Sé que hay cosas que puedo y tengo que mejorar, porque esa es la razón por la que quiero estudiar. Pero no voy a opinar que soy menos de lo que creo porque no le veo el sentido. - Me encojo de hombros, dudando por unos momentos si estuvo bien o no hablarle así, más acostumbrada a tratar con mamá con quien básicamente teníamos charlas a base de enciclopedias. - También creo estar preparada para lidiar con el rechazo… si es que está bien justificado. - Probablemente no admitiría excusas idiotas como ‘es muy joven’ o ‘es una niña de segundo curso’. Diaj, estaba harta de que me juzgaran por mi edad.

Entrecruzo los tobillos y balanceo los pies mientras Hans sigue desarrollando el caso, y tengo que admitir que me encuentro feliz de no haber errado demasiado en mis conjeturas. La verdad es que es un caso rebuscado y bastante difícil de probar; se me ocurrían sólo dos opciones, y ninguna hacía quedar bien a Ottlegone. La primera ya la había planteado, la segunda era suponer que una familia de muggles hubiese sobrepasado a dos aurores capacitados y montado una escena del crimen que no tenía ni pies ni cabeza. Sabía que los muggles eran rastreros y engañosos, pero de ahí a creer que podían superar a dos magos del ministerio, entrenados especialmente. No era muy probable que Finneas hubiese convivido con una familia de muggles amenazado o en contra de su voluntad…

El sonido de la puerta interrumpe el insulto de Hans y me volteo con rapidez para ver entrar a Josephine con una enorme mancha húmeda en su camisa. Tengo que apretar los labios con fuerza y fruncir la nariz para que no se me escape una risa cuando Hans le sugiere un encantamiento al que ella responde con una cara que espero almacenar en mi memoria solo para reírme luego. Me sobresalto un poco con el ruido que genera la bandeja, y vuelvo a hacerlo de nuevo cuando pega un portazo que evidencia su poco genio.Tengo que respirar profundo para poder cambiar la expresión de mi rostro, así que cuando me volteo, trato de tener las facciones relajadas y un gesto inocente en mi rostro. Tomo el vaso que Hans me ofrece, y doy un pequeño trago antes de contestar. - No lo sé, creo que simplemente no le caigo bien. - Debe ser por el comentario de la primera vez que la vi, por mi evidente disgusto hacia su ropa, o tal vez por el café que he derramado sobre ella esta mañana; pero esas eran cosas que Hans no tendría por qué saber, ¿no? - No lo hagas, tal vez sí está en sus días… - Hago un pequeño resoplido divertido en mi vaso, y tomo un trago para disimularlo, lo cual resulta ser una pésima idea cuando la bebida pasa por el lado equivocado. Toso con fuerza mientras mis ojos lagrimean por el ardor que siento, y apenas atino a apoyar el jugo en la bandeja para no volcármelo encima.
M. Meerah Powell
M. Meerah Powell
Estudiante del Royal

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