The Mighty Fall
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Give my gun away when it's loaded ✘ Annie

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Mensaje por Hans M. Powell el Jue Dic 06, 2018 3:39 am

Segunda vez en… ¿cuánto? ¿Una semana, diez días? Da igual. Lo bueno de tener una cama inmensa es que puedo girar en ella sin la necesidad de tocar a la persona que tenga al lado, por lo que dormir siempre se resume en una experiencia placentera al menos que tenga algún problema toqueteando la parte trasera de mi cerebro. Ahí es cuando entra el famoso y viejo truco de acostarse con alguien para eliminar pensamientos, agotar al cuerpo y sentirse plenamente satisfecho. Las persianas aún se encuentran bajas, pero algunos rayos de sol se cuelan en la habitación haciendo brillar los ácaros en el aire, dando a entender que es posiblemente media mañana. Nadie se ha molestado en levantar la ropa que ha quedado en el suelo, ni siquiera el corpiño que quedó colgado de una de las lámparas ni los calzoncillos que decoran el borde del televisor. La pulcritud y el decoro se queda en el ministerio.

Tanteo hasta golpear con la mano el despertador que me recuerda una vez más que tendría que levantarme y mis dedos rozan la copa de champagne que quedó a medio vaciar, lo que me hace abrir un ojo con desaprobación por semejante desperdicio. Con un suspiro que delata mi cansancio, cierro mis ojos y mi mano cae hasta rozar el suelo, hasta que giro para quedar panza arriba y paso mis dedos por todo mi rostro en un intento de despabilarme. Estoy hundiendo las uñas en la maraña que suelo llamar cabello cuando vuelvo a subir los párpados y tengo que fruncir el ceño al notar un detalle sobre nuestras cabezas — ¿Es esa mi corbata? — mi voz suena rasposa y profunda, delatando mi penoso estado. ¿Cómo llegó la prenda al ventilador de techo? Ah, sí, creo recordar haberla tenido en la cabeza en algún momento. Da igual, el llegar cansado del trabajo siempre hace que los métodos para ir a la cama se transformen en algo mucho más festivo y apresurado.

La punzada en una de mis sienes deja en evidencia un leve signo de resaca, por lo que cuando el despertador vuelve a sonar le respondo casi con un puñetazo. Giro la cabeza para ver el cabello negro que reposa a mi lado, dándome la espalda, por lo que giro lo suficiente como para picarle el hombro con un dedo antes de con los dientes. A juzgar por el sonido, asumo que está despierta — ¿Tienes excusa para no estar en el trabajo, Weynart? — pregunto en tono jocoso. Considerando nuestros puestos, nadie vendrá a fastidiar si tenemos una coartada. Pasé de preocuparme por las excusas hace mucho tiempo — Solo espero que no hayan caído las defensas en nuestra ausencia o podría ser un bochorno.

Lo único que me falta: encender el televisor y encontrarme con una noticia escandalosa mientras no estoy en el trabajo. La simple idea hace que suspire con pesadez y, como no soporto que no me presten atención cuando la demando, me inclino sobre ella para juguetear con el lóbulo de su oreja — Puedo pedir que nos traigan el desayuno, si quieres. Hay algunos jugos que hacen bien cuando te levantas con resaca — aparto un poco su pelo con dedos cuidadosos y el raspón de mis dientes se vuelve algo más demandante — O un baño. La ducha siempre suele ayudar — si es que te puedes levantar de la cama, para empezar.
Hans M. Powell
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Mensaje por Annie C. Weynart el Jue Dic 06, 2018 6:22 am

Tenía que admitirlo, incluso sin la complicidad sencilla, los tragos exquisitos y el buen sexo, valía la pena quedarse en lo de Hans aunque fuese solo por el increíble colchón que poseía. El dinero no era precisamente escaso en mi familia y no solíamos privarnos de ningún tipo de lujos, aún así, jamás había dormido en una cama tan cómoda como esa y me había hecho más de una nota mental para no olvidar preguntarle de dónde había sacado ese pequeño pedacito de gloria. Estaba cómoda, increíblemente cómoda, y ni siquiera el insistente despertador podía sacarme del relajante estupor en el que me hallaba.

Hans habla y se remueve a un costado, pero no tengo el nivel de consciencia necesario para entender del todo lo qué me dice. No es hasta que se acerca y comienza a juguetear con mi oreja que registro sus palabras, pero no contesto de inmediato, demasiado satisfecha por la atención que me propina. Gruño por lo bajo y giro apenas la cabeza, lo suficiente como para poder verlo de reojo mientras que dejo que una de mis manos se eleve hasta llegar a enredarse entre las hebras de su cabello. - Las dos opciones suenan exquisitas… siempre y cuando me acompañes en la ducha, claro. - Sin soltarlo termino de girarme, quedando boca arriba en el colchón solo a centímetros de su rostro. En un gesto impulsivo pero gratificante, elevo mi cuello y lo beso rápido y con fuerza, mordisqueando con un cuidado practicado su labio inferior y disfrutando del contacto hasta que empiezo a sentir punzadas en mi brazo debido a lo incómodo de la posición en la que lo he dejado. - Aunque muero de hambre, así que eso del desayuno en la cama no suena mal tampoco. ¿Qué hora es? - Desde mi posición no llego a ver la hora, así que me incorporo con lentitud hasta poder divisar los números en la pantalla.

Es tarde. No tarde, tarde; pero lo suficiente para necesitar un razonable motivo para no haber llegado a horario. - No es excusa, Powell. Tengo asuntos que discutir con mi abogado, su secretaria lo puede confirmar. - Si era tan eficiente en su trabajo como Hans decía que lo era en la cama, supongo que no debía ser ningún problema hacer un pequeño cambio en la agenda con cosas que podían ser totalmente plausibles. A fin de cuentas, sí tenía un par de temas pendientes que debía consultar con él, pero no eran urgentes y prefería no arrancar la mañana con eso.

- ¿Sabes? De haber sabido que no ibas a hacer ni una décima de las preguntas que haces cuando te planteo algún caso, esta no sería la segunda vez que hubiésemos terminado así. - Confieso señalándonos con un ademán de mano. No buscaba una relación y era por eso por lo que generalmente buscaba amoríos de una noche, sin nombre y sin historia. Gracias al cielo Hans lo entendía tal vez incluso mejor que yo, y todas las complicaciones que supuse que vendrían al repetir una noche con alguien conocido resultaron inexistentes. - ¿Qué era eso que dijiste del jugo para la resaca? - Recorro rápida la vista por la habitación y dejo escapar un par de bufidos divertidos cuando noto a dónde han ido a parar algunas de las prendas que llevábamos anoche. Cuando mi vista se posa en la musculosa de Hans, a poca distancia, me estiro por encima de las sábanas y la tomo, pasándola por encima de mi cabeza en un rápido movimiento. No estaba acostumbrada a permanecer más que unos pocos minutos al lado de alguien cuando despertaba, así que vestirme, aunque sea para apenas quedar cubierta, me da una sensación extra de seguridad.
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Mensaje por Hans M. Powell el Jue Dic 06, 2018 6:44 am

La caricia en mi cabeza es respondida con un sonido suave de mi garganta a modo de demostración de placer, sonriendo ante la idea justo antes de recibir un beso que correspondo a pesar de la breve queja por el mordisco — Es un buen trato. Se me da de maravilla eso de enjabonar espaldas — mascullo con una sonrisa cómplice. Me giro para chequear la hora apenas hace la pregunta, pero el movimiento a mi lado indica que, claramente, ella ha decidido averiguarlo por su propia cuenta, así que me quedo tendido en la cama sin mucho interés en levantarme. Siempre voy a amar este colchón, definitivamente.

Su secretaria de seguro tendrá una enorme lista de llamados a responder cuando vuelva al trabajo — le contesto, aclarando cada vez mi garganta con cada una de las palabras que voy soltando. Necesito comida, posiblemente café y un cepillo de dientes, porque el sabor a alcohol no se ha ido ni con las horas de sueño. Tomo el impulso para sentarme y me froto uno de los párpados con los nudillos, riendo apenas por ese comentario — ¿La verdad? No sé cómo nos tardamos tanto. Siento que me estaba perdiendo una buena parte dentro de todos estos negocios — es una confesión honesta, subrayada por la naturalidad con la cual aparto la sábana y me pongo de pie sin molestarme por la desnudez. Medio que salto hasta llegar al televisor, tomando el bóxer para ponérmelo con rapidez mientras la oigo hablar — Solo dame un segundo.

Ni me molesto en ponerme más ropa cuando sé que tendré que volver a quitármela pronto si quiero ducharme, así que simplemente como me encuentro presiono en comunicador que poseo en la mesa de luz, llamando por mi esclavo. Su voz delata que ha estado durmiendo hasta tarde, por lo que ruedo los ojos al reclamar por un desayuno completo, el cual ordeno que deje en la puerta del dormitorio. En cuanto la comunicación se corta, tomo la varita que quedó junto a la copa de champagne y la sacudo para que la corbata levite, se doble y repose en uno de los cajones que se abre por sí solo — A veces, prefiero ordenar por mí mismo porque es mucho más rápido. Además, es fastidioso que anden hurgando en mi cuarto o en mi escritorio — explico con total confianza. Es Annie, no es como que a estas alturas tenga mucho que esconderle — Pero sigo diciendo que, para no ensuciarse las manos, los esclavos y los elfos son la mejor opción.

Doy un paseo visual por la habitación, deteniéndome en los papeles apilados sobre el mueble de la esquina (ese donde tengo un montón de papelerío dentro y fuera), la biblioteca pequeña (nada que ver con la que tengo en otra habitación) y el armario cerrado. Quitando los rastros de la pequeña fiesta privada que nos pegamos anoche, se ve bastante decente — ¿Quieres ir a la ducha en lo que traen el desayuno? — creo que queda bien en claro que el tono de mi voz indica una invitación. Sin mucho más que otro movimiento de mi varita, la puerta que da al baño que tengo en suite se abre con un chasquido — Se tardarán unos minutos y creo que tú y yo podemos entretenernos bastante bien en el mientras tanto — no le doy mucha vuelta al dejar la varita sobre la mesa de luz y darle la espalda para ir directamente al baño. Sé que va a seguirme en cuanto enciendo la ducha y el vapor empieza a subir por el aire, cubriendo el sonido de mi bostezo. Todo controlado, como todos los días.
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Mensaje por Annie C. Weynart el Miér Dic 12, 2018 12:45 am

Le dedico una mirada cargada de escepticismo cuando menciona lo de la lista de llamadas. Incluso antes de obtener su nuevo puesto, no me parecía que Hans fuese de esos que devolviesen llamadas a menos de que vinieran de alguien con un cargo superior al suyo; no lo imaginaba devolviendo llamadas a gente que bien podía volver a tratar de comunicarse con él si tanto querían contactarlo. - No eres el único con esa sensación. - Mi comentario suena algo lascivo gracias a que las ‘s’ se arrastran un poco más de lo que me gustaría, pero nadie podía culparme cuando me regalaba con una vista bastante interesante.

- Y yo sigo estando de acuerdo con los elfos, pero dibujo la línea con los esclavos. - Tendría que demostrar que servían algo más que para mantener mis manos limpias si quería que cambiase de opinión. Como científica estaba demasiado acostumbrada a hacer el trabajo por mi cuenta; las pocas veces en las que había confiado en alguien más, los resultados estuvieron lejos de ser los esperados y eso generalmente me significaba un doble esfuerzo a mí. - Los elfos son eficientes, rápidos y leales. No veo como un humano podría hacer la mitad que ellos, incluso si le dan el doble de tiempo. - Chasqueo la lengua con algo de fastidio. No me gustaba siquiera pensar demasiado en ellos.

Por suerte no le da muchas más vueltas a ese tema y en cambio hace una propuesta que no pienso declinar. La eficiencia era mi sello personal y si podía hacer un buen uso del tiempo en lugar de malgastarlo, ¿pues quién era yo para negarme a ese plan? - Me gusta como trabaja su mente sr. Powell. - Me incorporo con pereza, y me revuelvo el cabello con la mano antes de escanear rápidamente la habitación. Tengo la costumbre de dejar siempre lista la ropa antes de entrar a bañarme, así que necesito como mínimo encontrar mis prendas y limpiarlas con un rápido movimiento de varita antes… ¡Ahí estaba mi pollera!

Levanto la camisa que encuentro a mitad de camino en lo que atravieso el cuarto hasta llegar a los pies del mueble en dónde recojo la falda negra que, por lo que puedo notar, tiene el cierre roto. Nada que no se pueda arreglar si encontrase mi saco para poder utilizar mi varita. ¿Ese era mi culotte? Lo tomo estirando mi brazo ya que me encuentro en cuclillas, pero en mi descuido termino arrastrando unas carpetas con papeles que llueven sobre mi cabeza. - ¡Lo lamento! ¡En sequida lo arreg…! - Haciendo malabares entre las prendas que tengo estiradas sobre mi antebrazo, quise juntar los papeles antes de hacer más desastres, sin embargo me quedo congelada cuando una cara que no esperaba ver allí me sonríe casi que con burla. ¿Pero cómo?

- ¿Qué es esto Hans? - Dejo caer las prendas y levanto con cuidado lo que parece ser un archivo con una foto enganchada con un clip. Parece ser un informe, pero no puedo prestar atención más que a las palabras «Joyce Henderson» acompañadas de «Se presume muerta». Incorporándome como si el suelo quemase, estoy delante de la puerta del baño antes de que pase siquiera un segundo, y le tiro el montón de hojas a la cara. - ¿Qué haces tú con un archivo de mi hermana? ¿Y qué es esa idiotez de “se presume muerta”? - El archivo diría Henderson, pero la foto no mentía y mirase por donde mirase esa era mi hermana: Joyce Weynart.
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Mensaje por Hans M. Powell el Miér Dic 12, 2018 7:35 am

Le guiño el ojo con gracia a sabiendas de que aquella iba a ser su resolución. No conozco a una sola mujer que hubiera despertado en esa cama que se tomase el atrevimiento de rechazar una ducha, especialmente porque creo que no todo el mundo tiene las bañeras que poseemos en la isla ministerial. Un chorro de éstos y tendrás tu espalda relajada por toda la semana, además de que tienen el espacio suficiente como para hacer de la experiencia compartida algo mucho más cómodo y placentero.

La oigo ir y venir por la habitación mientras enciendo la ducha y chequeo que la temperatura sea la adecuada. El estruendo me tiene sin cuidado porque estoy mucho más centrado en mi tarea y en la promesa de los minutos siguientes de su compañía, así que su pregunta me toma vagamente por sorpresa y en un estado algo distraído. Estoy seguro de que no ha oído mi “¿Mmm?” cuando aparece por la puerta justo cuando estaba empezando a bajarme el bóxer, ese que tengo que subir de un tirón cuando el montón de hojas me da en la cara y me hace retroceder con una mueca de sorpresa tan estúpida que debería darme vergüenza — ¿Pero de qué demonios estás habland…? — puedo atrapar una de las pocas páginas del informe en el aire y chequear cual fue el que agarró, chasqueando la lengua al darme cuenta del pequeño detalle. Y yo que pensaba tener una mañana tan tranquila.

Es puro reflejo el mirar hacia la puerta al darme cuenta de que estoy sin mi varita, la cual sigue reposando donde la dejé antes de entrar al baño. No es que sospeche que Annie va a atacarme, pero no quiero sentir mi guardia baja en un momento como este. La mandíbula se me tensa y me demoro unos segundos en contestar, aún escuchando como el agua corre y sintiendo los ojos de mi colega puestos en mí, buscando una respuesta que no sé cómo dársela —Se presume muerta” porque simplemente no hay datos de ella desde hace meses. Es una de las tantas personas con comportamiento sospechoso en los distritos del norte de la cual hemos perdido el rastro — mi voz es calma y pausada, tratando de dejarle bien en claro que estoy hablándole con amabilidad a una persona que no se merece ese trato después de haberme tratado como lo hizo hace dos minutos. Nadie me grita de esa forma — Tu hermana no era más que un sujeto en observación. Hay algunos trabajos de los cuales no te he hablado porque no son de tu incumbencia.

Moverme entre las parias es algo que he hecho con mucho cuidado, especialmente desde que el señor Niniadis insistió en profundizar los rastreos en lo más profundo de los distritos pobres. No se puede investigar sin colarse en las entrañas, es algo que he aprendido por las malas — Se sospecha que tu hermana es una de las muchas personas que irrumpieron en la Gala de Caridad del pasado diciembre junto al movimiento rebelde. No hay pruebas suficientes, pero todo sospechoso debería ser interrogado. Sé que es trabajo del departamento de aurores, pero hay ciertas cosas que siempre se les escapan. Ahora… — doy un paso hacia ella, entornando los ojos en una mirada gélida que se clava en la suya, apretando un poco los dientes al arrastrar las siguientes palabras — ¿Serías tan amable de levantar los papeles del suelo? Porque no sé quién te has creído, pero no toleraré ese trato ni siquiera de ti.
Hans M. Powell
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Mensaje por Annie C. Weynart el Vie Dic 14, 2018 12:34 am

¿Qué dice de mí como hermana el que pueda creer cada palabra que sale de la boca de Hans? Llevo meses sin saber una sola cosa sobre Joyce, y por más de que quiera defenderla y decir que ella no sería capaz, lo cierto es que no lo sé. Nunca habíamos sido muy cercanas para empezar y luego del descubrimiento sobre mi parentesco… Bueno, técnicamente hablando no era mi hermana de sangre. ¿Es por eso por lo que nunca he preguntado demasiado sobre su desaparición? ¿A ese punto llega mi nivel de egoísmo? La respuesta a ambas preguntas en mi cabeza es un rotundo sí. - Lo… - Me detengo antes de empezar a hablar y dejo que mis ojos se encuentren con los suyos. Reconozco esa mirada, no por verla antes en él, sino porque esa cólera pasiva la había visto reflejada en el espejo más de una vez. - No, no lo lamento. - Me enderezo todo lo que puedo sobre mi altura, doy media vuelta y me dirijo a pasos seguros hacia donde he visto mi saco tan solo unos segundos antes.

Sacando la varita de su funda dentro de la manga, solo toma una pequeña floritura el que todos los papeles que he derramado vuelvan a acomodarse sobre el mueble. - La verdad es que ver ese papel… Me tomó por sorpresa es todo. Sabes que no actúo así. - Era cierto, no lograba comprender del todo qué fue lo que me hizo reaccionar de esa forma, pero no por eso iba a disculparme sin sentido. Si Hans fuera otra persona, una de las tantas frente a las que tenía que fingir constantemente, no me habría molestado hacerlo; pero él sabría reconocer la mentira, y sería una idiotez el siquiera intentarlo. Aunque pensándolo bien… - No, de hecho sí lamento haber arruinado la mañana y el haberte increpado de esa forma. Pero es MI hermana y no esperaba que lo próximo que escuchase sobre ella es que posiblemente estuviese muerta. - Mis palabras son sinceras, y en ellas descubro la razón de mi forma de actuar. Joyce era algo mío, no mi hermana de sangre, pero mi hermana en fin. Mía.

¿Sabrían Ri, Elle o Keiran sobre esto? ¿Qué debía hacer con esta información? Riorden era el Ministro de Defensa, ¿estaría investigando esto Hans por creerlo inepto debido al parentesco que mantenían? No me sorprendería que Ri guardase secretos, él había prometido mantener el mío.

¿Qué tanto podía confiar en Hans entonces?

He aquí la razón por la cual prefería acostarme con desconocidos, si no se complicaba por un tema sentimental, siempre se podía complicar por otra cuestión. En este caso, una investigación en curso en la que mi hermana menor al parecer quedaba ligada al movimiento rebelde. Ex-ce-len-te. - Gracias por haber explicado todo, incluso luego de la forma en la que te traté. - Y sé que probablemente lo correcto sería cambiarme e irme, pero no podía. No con la incertidumbre plantada en mi cabeza. Sin pedir permiso, me siento en el borde de la cama, aún vestida solo con su musculosa y con la varita aferrada a mi mano pegada al colchón.

¿Qué pasaría de ahora en más? ¿Joyce de verdad estaba muerta… de verdad era una rebelde? ¿Qué…? - Tú lo dijiste, no es de mi incumbencia el saber qué trabajos haces o dejas de hacer. Pero no deja de ser mi hermana… o algo así. Y cualquier cosa que haga, más aún si es fuera de la ley, repercute en mí. - En mí y en el resto de mi familia. Si Joyce había elegido darle la espalda a su familia y unirse a los parias, pues allá ella. No iba a permitir que sus acciones mancharan nuestro nombre. - Te respeto Hans. Probablemente seas una de las personas por las que más respeto siento… - No es una confesión que me condene de alguna manera. Es la pura y llana verdad. Sin embargo, no necesariamente lo respetaba por ser un mártir, una hoja blanca y prístina. Lo respetaba por su integridad, su confianza, y por las decisiones que había tomado para llegar a dónde estuvo. - … pero no soy idiota, y por más confianza y respeto que pueda tenerte, no puedo no preguntar: ¿Esto saldrá a la luz? - ¿Qué precio debía pagar para que no lo hiciera?
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Mensaje por Hans M. Powell el Vie Dic 14, 2018 6:37 pm

¿Por qué no me sorprende? ¿Por qué debería de hacerlo? Sé que la estoy envenenando con la mirada mientras me mantengo inmóvil, esperando que se digne a obedecer mi orden hasta que los papeles vuelven a estar ordenados — Realmente espero que no — contesto en tono sutil. Si ella tuviese el descaro de actuar de esta manera, yo probablemente jamás la trataría. Sus palabras siguientes son las que me hacen suspirar con frustración y descontracturar mi postura, volteándome para cerrar el agua corriente. Es obvio que cualquier plan de una ducha juntos acaba de evaporarse en el aire más rápido que mis ganas al escucharla gritar de esa forma.

Sin siquiera vestirme o decir una palabra, me cruzo de brazos y me recargo de costado sobre el marco de la puerta, siguiéndola con la mirada y un rostro inexpresivo. Acepto sus disculpas en silencio, conformándome con un simple levantamiento de la ceja izquierda como respuesta, pero no pienso abrir la boca hasta que termine de hablar. Sé que lo sabe: mi silencio no es más que una demostración de mi análisis, de evaluación de sus actos y de cómo debería tratarla después del pequeño escándalo. Al final, mastico brevemente el interior de mi mejilla y resoplo.

Sabes que, si alguien es culpable, será juzgado como todos los demás. Yo no controlo a la prensa y tampoco me he molestado por la discreción en cuanto a cubrir nombres de parias se refiere — sé que estoy hablando de su hermana, pero tampoco me importa demasiado el ser delicado — Los muggles son como el organismo enfermo de esta sociedad. Nos oprimieron por siglos y cualquiera que esté en contra de nosotros, está con ellos. Toda familia tiene una mancha, eso lo tengo muy bien asumido — no es necesario mirar muy lejos en cuanto a mí se refiere. Sé que es sabido que soy un mestizo, porque la verdad es que jamás me molesté en ocultar lo que hice con mi propio padre. Son ajustes de cuentas — Pero si tú no has hecho nada malo, no tienes de qué preocuparte. En cuanto a los Weynart…

Me despego del marco y avanzo hacia Annie, descruzando mis brazos para inclinarme vagamente delante de ella. Poseo toda la paz exterior posible cuando mis dedos se toman el atrevimiento de tocar su mejilla, rozando su pómulo con los nudillos al acomodarle algunos mechones de pelo en un aire natural que casi parece que es un gesto nuestro de todos los días — El señor Niniadis está muy preocupado con una búsqueda privada y realmente sería una pena que tu hermana acabe en medio de la investigación, en caso de encontrarla. Ahora, dudo mucho que tu hermano permita que se corra la voz — Riorden tiene poder, no es un secreto — pero la parte judicial sigue corriendo por mi cuenta. Es muy simple: si ella se lo merece, no tengo problema en evidenciar sus delitos como ejemplo para el resto de la escoria. Vi arder traidores antes y planeo seguir viéndolos arder en el futuro — dejo caer la mano, dedicándole una sonrisa de medio lado que no llega a reflejarse en el resto de mis expresiones — Lamento mucho todo esto, Annie, pero si quieres mi silencio en un asunto como este tendrás que haces algo más que acostarte conmigo. Respeto a tu familia, pero mi deber moral es un poco más importante, si me entiendes.
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Mensaje por Annie C. Weynart el Mar Dic 18, 2018 6:45 am

Mis ojos lo observan con una curiosidad casi científica en lo que habla, y si bien debería sentirme acorralada, no puedo evitar pensarme como un ave de presa al mismo tiempo. No me cabe duda alguna del por qué fue elegido como ministro de justicia incluso a pesar de su edad, y me siento extrañamente satisfecha pese a la posición en la que me encuentro. Incluso su tacto me fascina, desde un punto de vista completamente diferente al que compartimos bajo las sábanas, y me sorprendo a mi misma al notarme completamente impasiva. De haber sido él otra persona, probablemente habría respondido de manera mordaz, o hubiese jugado un papel de víctima, hasta incluso hubiera tratado de seducirlo; pero me era muy difícil actuar delante de Hans y prefería mostrarme tal cual era: como una científica que analizaba todo lo que le llamaba la atención, incluso aunque fuese peligroso. El arrebato de sentimentalismo que había tenido minutos atrás había sido solo eso: un arrebato.

- No lo lamentas, pero tienes razón… - Declaro con cautela, cruzando una de mis piernas por encima de la otra y asumiendo una postura menos vulnerable. - No es tu silencio lo que quiero. - Luego del discurso de Hans no podía ser tan ingenua como para no comprender que el precio sería más alto de lo que quisiera llegar a pagar por él. Y si Joyce encima estaba interfiriendo directamente con los asuntos de Sean Niniadis… pues ojalá que estuviese muerta. Sería mejor para ella y para todos. - A estas alturas creo que conoces a mi hermano mejor que yo, y si él quiere malgastar su influencia de esa forma, allá él. Lo único que quiero es que mi nombre no quede ligado al de mi hermana bajo ningún punto de vista, trabajé demasiado en hacerme un nombre por mi cuenta como para desperdiciarlo en una niñata desagradecida que le ha dado la espalda a su familia.

Podrían decirme cruel, podrían llamarme insensible, pero ya había perdido a dos hermanos en todo este juego político, no sería nada nuevo el perder otro. Si Joyce quería auto condenarse, bien. Pero como tratase de arrastrar a alguien más con ella, yo misma me encargaría de empujarla lo que le quedase de caída. - Nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario, ¿no es cierto? Pues en sí, lo único que quiero es que sigas haciendo lo que mejor haces, tu trabajo. - Y mi tono es lo suficientemente claro para que se note que no es una orden lo que le digo, sino que un cumplido. Y viniendo de mí, eso es mucho. - Si mi hermana es inocente, pues asunto cerrado. Si es culpable… ¿cuál es el precio para que vaya a la arena? - No me costaría demasiado volver como directora si así lo quisiera y no habría mejor forma de desligar nuestros nombres que esa.

La arena no era piadosa, e incluso los “vencedores” en realidad terminaban siendo las mayores víctimas. No importaba la magnitud que pudiesen tener sus crímenes, si Joyce era culpable, pues que pagase las consecuencias de sus actos; yo no iba a pagarlos por ella.

Aflojo el agarre de mi varita y estiro los dedos sobre el colchón, distrayéndome con la textura de las sábanas bajo mis yemas mientras me permito, por primera vez desde que inició esta charla, el desviar la mirada hacia otro lado. La pila de archivos, acomodada por arte de magia de nuevo sobre el mueble, me hace pensar que mi hermana no es la única que podría estar bajo la vista de Hans y eso me reconforta tanto como me preocupa. - Por lo que veo hay varias cosas que se les escapan a los aurores…- Señalo vagamente con la vista hacia el esquinero con la cabeza, y vuelvo a centrar mi vista en él. - ¿En cuántas cosas andas metido, Hans? - Y no es la curiosidad lo que impulsa esa pregunta, sino una especie de preocupación sincera.
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Mensaje por Hans M. Powell el Miér Dic 19, 2018 9:01 pm

Bueno no, no lo lamento y me parece excelente que ella lo sepa de entrada. Al menos en eso nos entendemos — Tu hermano no es idiota — Riorden es una de las personas que tiene mayor cercanía con Jamie Niniadis a pesar de que la ministra parezca una mujer impenetrable. Por mi lado, la desesperación de su marido me ha servido en más de una ocasión y ganarme su confianza ha sido sencillo. ¿Quieres ganarte a Sean Niniadis? Dale lo que quiere: una búsqueda fina en los rincones del país. ¿Quieres ganarte a Jamie? Sé el juez justo y recto que ella espera. Ser yo nunca había sido tan fácil — ¿Lo único que me estás pidiendo es desligarte de su mugre para que no te salpique? Vaya — alzo mis cejas sin mucha sorpresa — Cada vez me gustas más, Weynart — creo que queda bien en claro por mi modo de hablar de que no es una frase cargada de sentimentalismo.

Mi trabajo, eso se me da bien, la sonrisa de orgullo y socarronería lo deja bien en claro — Pues veamos… — me froto la nuca con una nueva calma, rascándome apenas esa zona y bajando a uno de los hombros, el cual me masajeo — Depende de la gravedad de los hechos en los cuales se la encuentre culpable. La arena es una buena condena si no eres tan importante. Por ejemplo: un enemigo público del estado sería condenado de inmediato, nadie querría gastar recursos en mantenerlo más tiempo con vida en televisión. Es una idiotez — además, sería darle más tiempo para que nos robe el aire que respira, así que mejor pasar a la inmediata acción y condena — Pero, hasta donde sé, tu hermana no ha hecho nada tan grave. La arena puede ser la salida más rápida en caso de encontrarla. ¿Lo soportarías? — obvio que sé que lo haría, por algo me lo ha pedido. Pero por la cara que le pongo estoy seguro de que ella entenderá que solo deseo que me lo diga.

La postura de Annie cambia y eso me permite enderezarme de una vez, dejando caer la mano que me masajeaba hasta hace dos segundos atrás. Su modo de señalar hace que mire hacia el mueble y tengo que encogerme de hombros de manera apenas visible, tratando de no reírme ante lo irónico de la situación — Si alguna vez iba a tener esta charla, no pensé que sería así — declaro, señalándome a mí antes de a ella, haciendo alusión a nuestra poca ropa — Como sea. Hay búsquedas del gobierno algo urgentes que necesitan de gente que sepa meterse entre los rebeldes. Se me da bien leer y engatusar a la gente — lo explico como si estuviese solamente explicando cómo funciona el ciclo del agua y me siento a su lado, enderezando un poco la espalda — Sean Niniadis confía en mí para hacer algunos trabajos que otros no han podido. Trabajos un poco más… finos, en especial luego del juicio de Sebastian Johnson — no, no estoy hablando del distrito catorce. La ministra es quien está obsesionada con esa gente, pero su marido sabe que hay cientos de lugares donde Stephanie Black y Cordelia Collingwood podrían estar — es información confidencial, Annie. Te respeto, pero no puedo confiar en ti con todo esto.

Nadie puede culparme. Aún recuerdo la charla con Niniadis en su oficina, una charla que me dejó mudo al menos diez minutos antes de poder hacer las preguntas correctas. ¿A quién estamos buscando? No lo sabemos, pero su madre y su tía son un excelente punto de partida. Los Black ya jodieron demasiado en el pasado como para que sigan haciéndolo en el futuro y nuestros mandatarios saben que, de encontrar al bastardo, no tendré problema en arrastrarlo ante ellos. O matarle si se da la oportunidad, por qué no: no han dicho nada sobre no hacer un trabajo más limpio. Sé que estamos hablando del asesinato de un adolescente, pero tanto los Niniadis como yo sabemos que es la única opción que tenemos.

Me rasco el mentón y, como si nada hubiera pasado, descontracturo la postura y me acerco un poco más a ella, buscando un nuevo tipo de proximidad — Creo que no debo aclarar que nada de esto tiene que salir de esta habitación. ¿No? — murmuro sin demasiada amenaza en mi voz, al menos no de la palpable, mientras le dedico una veloz sonrisita a pocos centímetros de sus labios — Eres inteligente, Annie. Conoces hasta donde llega tu poder de acceso y donde se marca la línea que indica cuando te pasaste. Sé que sabrás cómo actuar — mi boca presiona rápidamente la suya, aunque en un gesto demandante que delata mi postura de demanda sobre ella por esos breves segundos — Si hay alguien a quien admiro en cuanto a sus decisiones, eres tú. Sé que no voy a sentirme decepcionado.
Hans M. Powell
Hans M. Powell
Ministro de Justicia

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Give my gun away when it's loaded ✘ Annie Empty Re: Give my gun away when it's loaded ✘ Annie

Mensaje por Annie C. Weynart el Jue Dic 20, 2018 12:47 am

Siento una leve sensación de orgullo cuando declara que Riorden no es idiota, pero dura poco. Sé que él es más sentimental de lo que parece y me sorprendería que no quisiese ayudar a Joyce si resulta que sí es culpable de las cosas de las que se la acusa. Pero al fin y al cabo terminaría siendo una pérdida de su tiempo, el gobierno de Jaimie Niniadis no se caracterizaba por su piedad ante los traidores y yo no veía nada de malo con eso. - Eres un amor de persona, Powell. Otros me dirían inmoral o me tacharían de fría. - Pero yo seguía mi propia moral y no tendría esta charla con otras personas a menos de que la situación lo ameritase, así que daba exactamente igual.

Lo observo con atención cuando comienza a explicarme las posibilidades de la condena que solicité y me siento satisfecha con su respuesta, o al menos lo hago hasta su pregunta final. - Si es de verdad culpable, probablemente lo disfrutaría, no voy a mentirte. - ¿No había dicho él que podría haber sido parte de los rebeldes que habían atacado la Gala de Caridad? Si dependiese de mí, haría una Arena especial para todo ese grupo de irreverentes que se atrevían a traicionar a su propia gente. Sería casi como un experimento; podían ser un grupo unido que se proclamaba en contra del gobierno, pero los lazos se cortaban bastante rápido cuando se trataba de la supervivencia propia. - Tal vez incluso solicitaría volver como Directora si ese fuera el caso.

- ¿Desde cuándo te volviste tan pudoroso? - Consulto levemente divertida cuando señala nuestro estado de semi desnudez. No era el primer hombre desnudo que veía en mi vida, y tampoco iba a ser el último; independientemente de qué temas pudiésemos estar hablando. Aunque tendría que darle la razón si consideraba que no solía hablar de ningún tema en particular si había poca ropa de por medio, generalmente porque no buscaba temas de conversación con la gente con la que elegía compartir mi cama. - Ósea que básicamente eres un espía. - No es una pregunta. Sus palabras fueron lo suficientemente claras, e incluso aunque me dice que no puede confiarme cierta información, no puedo evitar sonreír. - Nunca te consideré una persona aburrida, Hans, pero debo admitir que no me esperaba eso de ti. - No cuando lo que dio inicio a nuestra relación había sido mi necesidad de encontrar a alguien que pudiese entenderse bien con todo el papelerío legal. Aunque en cierta forma, tampoco me sorprende. Si quieres un trabajo bien hecho, nada mejor que hacerlo tú mismo, ¿no?

No podía comparar lo que yo hacía a lo que él estaba haciendo al meterse con esa… gente. Pero si podía entender muy bien eso de necesitar mancharse las manos para poder hacer bien el trabajo. La inutilidad ajena y la desconfianza eran dos cosas con las que vivía a diario, así que no había forma de que me molestase el no obtener más información de su parte.

- Me siento ofendida de que debas preguntar, Hans. Puedes quedarte tranquilo, nada saldrá de esta habitación. - Y puede que eso lo incluyese a él si es que seguía acercándose de esa forma. - No hacen falta los cumplidos, conozco muy bien mis límites y no planeo cruzarlos a menos de que en algún momento necesites una mano amiga. - No me molestaría ayudarlo si llegase a necesitarme en alguna ocasión, aunque bueno… Mi cara no sería precisamente bienvenida en esos distritos. Inclinándome hacia adelante, llevo mi mano a su hombro y me impulso en él para alcanzar los pocos centímetros que separan nuestros labios. Tenía que admitir que Hans era tentador. - Igual debo felicitarte, con un puesto como el tuyo debes ser más inteligente, o más seductor de lo que creí para poder moverte entre tanto repudiado y estar tan ileso como se te ve. - Dudaba mucho de que se rebajase a llevar un disfraz o una capa de invisibilidad por aquellos lados. Si en eso consistiese su trabajo, probablemente se lo dejaría a los aurores en vez de arriesgar su vida por ahí simulando ser otra persona.
Annie C. Weynart
Annie C. Weynart
Jefe de Área Científica

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