The Mighty Fall
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VERANO de 247221 de Junio — 20 de Septiembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
Han pasado un par de semanas desde lo de las cuevas, lo suficiente como para haber avanzado bastante en la investigación del libro. Hoy me he levantado casi a medio día porque me he pasado lidiando toda la noche con Jared y su insomnio; y no es que haya ayudado precisamente a que el cuento que eligiera para leerle fuera exactamente el libro que estaba traduciendo. He acabado de todo menos ayudándolo a dormir. Él se sentó entre mis piernas, pusimos el libro sobre las suyas y me ha ayudado a traducir casi toda la noche. Se le da mejor el lenguaje mágico de lo que recordaba haber visto la última vez que leyó un libro para niños, que por cierto detestaba con toda su alma. Quizá su curiosidad y entusiasmo hayan hecho que sus repentinas habilidades traductoras aparecieran por fin.

Cuando quiero darme cuenta se ha caído frito, pero ya eran las seis de la mañana así que se libró de ir a clase. Para que durmiera en su mesa prefería que durmiera cómodo en una cama.

Pero eligió mal día para trasnochar. Yo no lo sabía, pero al parecer Sophia si. Cuando echo aparece en nuestra puerta me quedo mirándolo con una cara rara, porque él nunca viene personalmente. Claro que escuchar el bullicio de todos los enanos ya despiertos y preparados en la plaza, me hace intuir su visita. — Debí intuir que no podía dormir por los nervios. — Jared se pone hiperactivo con facilidad, especialmente cuando salen al bosque al entrenar. Es como si le chutaran un jeringazo de adrenalina.

No le doy excusas a Echo sobre que tal vez Jared debería quedarse en casa porque apenas ha dormido dos horas; sé que a no ser que sea porque se estaba muriendo, le va a dar lo mismo. El pobre baja las escaleras como un zombie y Sophia lo acompaña, le pone a la espalda la mochila que ya tenía preparada y cierra la puerta antes de que su carita de desvalido somnoliento le de pena. Me asomo por la ventana solo para ver como se marchan. — ¿Sabías que iban al bosque? — Claro que lo sabía. Hoy es día de escuela y Echo le habrá avisado que se los llevaría todo el día. — Debiste decírmelo, se ha pasado despierto toda la noche. Si le dispara a alguien, será tu culpa.
Seth K. Niniadis
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Sophia A. Niniadis
Consejo 9 ¾
Desde el incidente de la tormenta todo se volvió un caos aquí en el 14. Seth no despega los ojos del libro, tratando de traducirlo en todo momento, incluso cuando yo le pido que descanse. Lo intenté por días: "Amor, deja eso un momento", o, "¡SETH NINIADIS TE DIGO QUE LO DEJES YA!". Nada funcionó. Entiendo a la perfección la importancia que tiene, pero igual me parece que debería tomarse un poco de tiempo antes de volverse un loquito. Espero que logre avanzar un poco más en ello. No sé si sea sólo el hecho de que quiero verlo sin ojeas un día o de que no puedo ayudarle ya que yo no soy una bruja y eso me frustra bastante. No me frustra el hecho que soy humana, nunca he envidiado a los magos, es sólo que saber que no puedo apoyarle como me gustaría no me hace sentir del todo a gusto, nada que importe demasiado...

Por la noche Seth fue a cuidar de Jared, para acompañarlo y leerle mientras se dormía, pero conociendo a ambos seguro no pegaron ojo en toda la madrugada. Les llevé a ambos un vaso de leche calientita, para ver si eso ayudaba a que conciliaran el sueño, pero estaban tan concentrados en su libro que no quise interrumpirlos por mucho tiempo más y regresé a acostarme. Ya una vez en la mañana, logré abrir los ojos por Seth, quien, o madrugó bastante, o se volvió búho y ahora sólo duerme de día. Me levanto sin más y me asomo a ver a Jared. El pobrecillo parece un cadaver durmiendo. Le acaricio un poco su cabecita antes de bajar a comer una fruta para dejar todo listo para su clase con Echo. Recuerdo cuando nos hacía acompañarlo para entrenar, casi nunca fueron mis mejores días pero al final aprendí algo.

Seth se aparece un poco más tarde por la casa y trae cara de muerto, al igual que Jared. Me gustaría dejarlo en casa a dormir pero la expresión de Echo dice todo lo contrario. Le pongo sus cosas y le planto un beso en la frente, él está tan dormido que no creo que se de cuenta de lo que pasa a su alrededor. Me quedo parada detrás de Seth mientras lo observa por la venta y arqueo las cejas cuando habla. — Intenté hacerlo pero, señor "sólo leo y traduzco", no me hiciste caso en lo más mínimo. —  Siento pena por el pobre Jared. — Creí que habías ido a hacer que se durmiera, no a todo lo contrario. — Termino por sentarme en el sillón, recargando mi codo en la orilla y apoyando mi cabeza sobre la palma de mi mano.
Sophia A. Niniadis
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
Señor solo leo y traduzco.

Frunco el ceño y la miro con los ojos entrecerrados intentando recordar el momento en el que ella haya intentado decirme algo anoche, pero salvo por la leche que... creo que al final ninguno se bebió. — Oh dios, este libro me está sorbiendo la vida. — Farfullo en plan dramático, pero no es del todo una exageración. Acabo de caer en cuenta que por más que intento recordar que he hecho los últimos días, no veo en mi cerebro más cosas que runas que desconozco y ese estúpido libro. Bien podrían haberme dicho que durante esos momentos se ha incendiado el 14 cuatro veces y que estoy muerto, y podría ser perfectamente cierto PORQUE NO ME ACUERDO. — ¡Y lo intenté! Ni siquiera sabía que le interesara la piedra filosofal de esa manera. Se obsesionó horrible. — Habló el burro de orejas. Pero de todas maneras estoy dispuesto a seguir con la bromita, así que levanto mi dedo y la sigo hasta el sofá. — Y eso de obsesionarse, claramente lo sacó de ti. Así que... já, vuelve a ser culpa tuya — En realidad no. Porque el que no suelta el libro ni para ver como su hijo se va al bosque soy yo. Ni para dormir.

Ese libro en algún momento se ha convertido en parte de mi anatomía; es como si fuera incapaz de sacármelo de encima. Siempre estoy demasiado cerca de conseguir algo; a punto de... solo un poco más. Pero nunca es solo un poco más porque después de la encrucijada en la que me meto, vienen más.

Lo peor es que no soy consciente en realidad de cuantas horas duermo, precisamente porque las ideas me vienen de repente mientras estoy tirado en la cama aparentemente en blanco, lo cual me impide distinguir si dormí en ese periodo en blanco o literalmente estaba en blanco. Tomo asiento en la mesa de centro y enredo mis manos con las suyas. — ¿Qué tal si dejo el libro hoy y hacemos algo aprovechando que estamos solos? — Un carraspeo proveniente del comedor, o más bien antiguo comedor, donde está acomodada la cama de Cale y la de los señores Robinson, me hace intentar contener una risa. — Casi solos — con Stephen en el cuarto de arriba creo que hasta sobre lo de solos.
Seth K. Niniadis
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Sophia A. Niniadis
Consejo 9 ¾
Hago apenas una muequita cuando se hace la víctima que sufre a causa del libro. - Dramático - Resoplo y me le quedo mirando mientras se excusa de haber acaparado toda la noche de Jared traduciendo capítulo por capítulo. Ahora que lo pienso, ¿Estará bien el niño en el bosque? ¿Metí todo a la mochila? ¡Oh Dios, qué tal si le falta algo!... Enfócate Soph. Seth. ¿Que lo heredó de mí? Ok, sí, es cierto, a veces puedo ser tantito obsesiva pero, es mi trabajo como mamá, ¿No? Me río un poco a modo de burla soltando un "ja ja ja" - Mira quien habla. Hace días que te la pasas metido en el libro, creo que ahora duermes con él en lugar de conmigo. - Lo cual es cierto, porque incluso cuando trato de que se quede dormido y me jura que lo hará, termino sorprendiéndolo leyendo a escondidas en la madrugada. - Y ahora parece que le pegaste tu trauma a Jared. Oh, mi pobre hijo. - Entono al final queriendo dar estilo de telenovela antigua, en parte porque quiero bromear, y en parte para ver si se siente tantito culpable.

En cuanto se sienta en la mesa frente a mí me acerco un poco más hacia su dirección y suelto un suspiro. Sonrío cuando dice que dejará el libro por hoy y acaricio con la yema de mis dedos los suyos. Estoy por hacerle un comentario cuando nos interrumpe un sonido proveniente del antiguo comedor y me río pero volteo a ver a Cale con cara de "cállate". Es cierto lo de casi solos, porque con todas estas personas la casa se convirtió en hotel. No hay nada que hacerle, todo lo que pasó volvió a esto algo necesario. Mi padre desde luego está aquí, no le he visto en toda la mañana pero estoy segura de que no ha salido de la casa porque se escuchan pasos arriba. Regreso mi vista a Seth y le sonrío. - Jum, tentador. ¿Qué tienes en mente? - Al final Cale termia por carraspear una vez más y sale por la puerta haciendo comentarios de broma al respecto. Debe estar celoso. Eso. Una vez llegué a pensar que era gay, pero quien sabe, nada se ha confirmado aun. Pero tampoco le he visto con una chica, al menos en los últimos años, que yo recuerde. Uff, necesito actualizarme más a menudo de los chismes de por aquí.

- Parece una eternidad, ¿No? No recuerdo cuando fue la última vez que nos tomamos un día para ti y para mí, solo los dos. - A medias, por el ajetreo de la gente dentro de la casa, pero es algo. La verdad es que desde que nació Jared estuvimos tan enfocados en ser padres que llegamos a dejar de hacer tantas cosas sólo por tratar de crecer a nuestro hijo de la mejor forma. Incluso cuando Jared creció y comenzó a entrenar con los demás e ir a clases nos volvimos demasiado... adultos.
Sophia A. Niniadis
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
Dramático a estas alturas se ha convertido en mi segundo nombre. Suelto el aire por la nariz de forma brusca, lo cual deja claro lo divertido que me parece su resoplido que se acaba transformando en una risa real al escucharla refutarme lo de la herencia obsesiva de nuestro hijo, que claramente es a partes iguales. Porque a ella le gusta tener todo bajo control, y yo soy monotema cuando algo se me interpone entre ceja y ceja. — Técnicamente como lo leo en la cama, estamos durmiendo los tres. — Sé que lleva días intentando sacarme esa cosa de encima y con él, también el desorden de haber pasado a dormir a lo sumo cuatro horas diarias en momentos repartidos del día por minutos; lo cual podría acabar afectando gravemente mi salud y nadie necesita ser médico para saberlo. — Es mejor que cuando viene Jared. Al menos no patea. — Intento buscarle lo bueno a todo ese asunto, pero debería empezar a ponerme normas a mi mismo. Echo quería respuestas rápidas pero no puedo darle respuestas de ningún tipo si me acabo friendo el cerebro.

Dejo que las cosquillas que me hacen sus yemas sobre la piel funcionen como calmante, acabando por soltar una carcajada cuando Cale se levanta y se va arrastrando los pies, sin perder la oportunidad de dejarnos caer que mejor se va antes de que empecemos a quitarnos la ropa. — Eso sería una idea perfecta si Stephen no estuviera arriba. Te lo podrías llevar... — Ladeo la cabeza parar mirar de reojo la puerta por donde desaparece, y solo le veo regresar para poner contra la ventana su dedo anular. — ¿Eso es un no? — Para entonces ya estoy ahogándome en carcajadas.

Acabo soltando un suspiro enlazando mis dedos a los suyos, levantando su mano y poniendo mis labios en el dorso intentando recordar lo que menciona. Jared ocupa la mayor parte de nuestro tiempo y lo que queda libre siempre es para el trabajo. Los pocos ratos que podemos permitirnos antes de dormir eran lo único que teníamos y con esta casa convertida en un hotel, ahora ni siquiera eso. — Hemos tenido varios... ¿recuerdas la vez que ben lo llevó de acampada? — Me parecía un buen ejemplo hasta que recordé que volvieron antes de lo previsto. Chasco la lengua. — Al final regresaron antes. — Kendrick le contó algo acerca de una mujer en el bosque que perdió a su bebé y lloraba buscando otro para robarse; no sé que paranoia se montó Jared pero Ben decía que escuchó a algo graznar, se puso a llorar y luego no hubo quien lo parara. — Pero y... esa tampoco.... pero nos quedó la noche de... tampoco — Siempre hubo una excusa. Cuando solo éramos los tres, docenas de personas vinieron a sacarlo de casa alguna vez; y si no era una emergencia médica, era Soph con trabajos atrasados, era Jared volviendo antes, o cualquier otra cosa que se puso de por medio en un día de vamos a tirarnos al césped a mirar el cielo y no hacer nada que tenga que ver con la paternidad-vida adulta las próximas 12 horas.

Me levanto de golpe. — Vámonos antes de que vuelvan. Corre, corre. — No tengo un plan en realidad, pero le hago aspavientos para que coja lo que se quiera llevar antes de desaparecernos.
Seth K. Niniadis
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Sophia A. Niniadis
Consejo 9 ¾
Suelto una risa cuando compara a Jared con el libro a la hora de dormir. -Bueno sí, es cierto, patea menos pero al menos Jared es una ternura. - Por ahora. Qué digo, nuestro hijo siempre va a ser una ternura aunque crezca y se vuelva un adolescente rebelde como Seth. O tal vez se parezca más a mí. No sé cuál de los dos resulta peor o mejor. Oh, de sólo pensar que en algún punto crecerá y dejará de depender tanto de nosotros me parte el corazón, porque, aunque no tenemos la mejor vida aquí, definitivamente su llegada fue de lo mejor que pudo haberme pasado. Me calienta el corazón sólo de verlo al despertar o cuando tengo un día pesado en el trabajo.

El ambiente se relaja demasiado con las bromas de Cale y sus ademanes en la ventana. Sonrío ampliamente al escuchar la risa de Seth mientras Cale se aleja. Me río un poco más antes de mirar al techo. Es cierto que sería un poco mejor si no estuviera mi papá. Es decir, lo quiero mucho y todo, pero... No lo sé, hace tiempo que Seth y yo no tenemos un momento a solas, incluso ahorita que estamos "solos" tenemos la suficiente audiencia para volver de esto una telenovela entre los vecinos. Al menos Cale lo ha entendido y se ha ido. - Creo que eso fue definitivamente un no. - Acaricio con mi mano su mejilla y ladeo levemente mi cabeza mirándolo de fijo. - Si vemos el lado positivo, mi papá y tú no se llevan mal y al menos se la pasan ligero. - O eso quiero creer, porque recuerdo la época en que mi padre no podía soportar la idea de que Seth estuviera cerca mío. Ni hablar de la boda.

Trato de recordar todos los momentos que van saliendo a relucir mientras Seth busca en su memoria ratos libres que hayamos tenido los dos haciendo cosas de gente no adulta. Ninguno. De unos años hacia aquí no hemos tenido más que contados momentos así. Claro que igual están los días de flojera de vez en cuando en que los tres nos quedamos tirados en la cama como osos. Pero eso igual cuenta como vida de adultos puesto que Jared está presente en cada uno de ellos. - Nos volvimos unos aburridos. - Resoplo un poco y lo veo con cara de pena. - Y ancianos. - Recuerdo nuestra época de jóvenes y éramos distintos. Ahora regañamos a Jared por cosas que incluso nosotros llegamos a hacer. O bueno, yo lo regaño, porque Seth es el papi buena onda al que no le sale lo estricto al llamar la atención. Termina siendo como, "Jared... Hazle caso a tu mamá", y luego yo debo regañarlo. Y es que con esa carita de angelito no lo culpo, pero aun así.

Me toma por sorpresa que se levante de tal forma y abro un poco más de la cuenta mis ojos para luego relajar mi expresión y pararme. Le hago un ademán con mi dedo índice como queriendo decir, dame un segundo, y me voy para la cocina, que justo ahora está toda revuelta. Rebusco un poco pero al final tomo unas galletas y algunos de los chocolates de la reserva de Seth, su castigo por lo del libro será compartirlos conmigo. - Mira que me encontré. - Le sonrío y tomo su mano antes de que desaparezcamos. En un abrir y cerrar de ojos nos encontramos frente a un lago, pero no es al que estaba acostumbrada, este no me lo conozco y es que seguro que él lo ha encontrado en alguna de sus expediciones. - Es hermoso, perfecto para pasarnos el día tranquilos. - Le sonrío y le planto un beso para después dejarme caer en el césped. Palmeo un par de veces como diciendo "ven, siéntate aquí" y suelto un suspiro. - ¿Crees que las cosas se tranquilicen y vuelvan a la normalidad? - Espero que sí pero al paso que va todo lo veo un poco complicado, y es que nos ha caído una tormenta terrible. - No me gustaría que Jared tuviese que vivir preocupándose toda la vida. Aunque al menos tiene compañía, espero que no sean tan terribles como nosotros. - Y por nosotros me refiero a él, que se la vivía de aventura en aventura. A veces me detengo a pensar en lo aburrida que siempre fui, salvo cuando Eowyn me enredaba en sus locuras. En fin.

Abro uno de los chocolates y por un momento todo lo que se escucha es el sonido del envoltorio. Y el viento. Corre y mueve las hojas, el agua está tranquila y parece el lugar perfecto por un instante. Muero el chocolate y luego lo estiro hacia su dirección por si se le antoja. - No te culpo por esconderlos. Si yo pudiera me robaría todas las galletas del distrito. - No recuerdo cuando fue la última vez que probé un dulce que no fueran galletas, porque cada vez que abría uno era como si Jared lo oliera y me pedía. La verdad es que me sabe a gloria. Me le quedo viendo al agua del lago. - Si no tuviera frío probablemente me metería. - Y es que hay viento suficiente como para que mis manos se pongan heladas.
Sophia A. Niniadis
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
Suelto un bufido a modo de burla cuando llama tierno a nuestro hijo, y no porque no lo considere tierno, sino porque si él oyera esa conversación, ahorita mismo estaría intentando demostrar que eso no era cierto, aunque estuviera enfundado en su pijama preferido, que por cierto tiene ositos por todas partes. — Que no te oiga — Susurro de forma ahogada, como si fuera un secreto de estado. Pero en realidad, que Jared es tierno es un hecho, porque incluso los momentos en los que he querido ahorcarlo, a la larga se acaban convirtiendo en recuerdos que atesoro y que pasarán como anécdotas a la posteridad cuando venga con su primera novia y tenga que asegurarme de que lo dejo lo bastante mal para que ella 1. huya o 2. nunca se vaya; porque cuando ellas saben lo peor de ti y se quedan, es cuando realmente vale la pena.

Tiene gracia que todo esto esté pasando ahora luego de la cantidad de veces que no pude pensar en mi vida más allá de los meses siguientes. Algo para siempre nunca fue del todo posible en el distrito 14, porque a pesar de lo bien que nos ha ido estos últimos años, no todos fueron igual de buenos. Una tormenta hace poco nos dejó para el arrastre, cuando mejor estábamos, aún intentamos recuperarnos de ello; ahora imaginen como habría sido eso cuando apenas teníamos nada. Muchas veces me llegué a preguntar si llegaría al día siguiente. Si mis amigos lo harían. Si tendría que dejarlos ir y vivir con ello el resto de mi vida; o por el contrario serían ellos los que tendrían que vivir sin mi.

Suelto un tsk como si no me esperara que los gestos de Cale fueran un no, acabando por soltar un bufido al escucharla mencionar la época en la que su padre me odiaba. — Más miedo me dio cuando hizo equipo con Ben — Aunque tenían su parte de razón, especialmente después de la segunda vez que rompimos, cuando mi cobardía fue lo que hizo que echara para atrás antes de que me acomodara a una vida con Sophia y la vida me la arrebatara. Tardé años entendiendo que era una estupidez dejar pasar el tiempo con la esperanza de que ella sobreviviera cuando todo acabara y entonces darnos una oportunidad, en vez de darnos una oportunidad ahora porque mañana podía no estar. Casi tuve que perderla para darme cuenta de que me iba a arrepentir el resto de mi vida si seguía esperando. Y de alguna forma, nos han pasado 11 años por encima. — Vieja todavía no estás. Te faltan la mitad de las arrugas aún. — Estallo en carcajadas y huyo escaleras arriba para coger un par de jerseys y zapatos para ambos, dejando el espejo sobre la mesa y volviendo al salón, intentando ocultar las ganas de reírme cuando veo la bolsa de dulces que confiscó hace un tiempo. — Saliste ganando con ese castigo injusto y nazi — Jared se quedó sin dulces, yo de alguna forma también porque ahora solo podía usarlos para verdaderas emergencias pero... ahí estábamos, con una emergencia propiamente salida del "tengo antojo de chocolate".

La ayudo a ponerse la chaqueta, coloco el libro encima de la estantería para que Jared no lo alcance si regresan y nos desaparezco a ambos.

Había conseguido encontrar aquel lago hacía un par de semanas, cuando nos habíamos visto obligados a alejarnos para buscar comida. Sería un buen lugar al cual traer a los chicos en verano, porque a parte de ser enorme, en el otro lado desemboca un río que con una llanta gigantesca convertida en salvavidas, podrían pasárselo en grande. Tengo que recordarme a mi mismo que estar de vacaciones (si es que a esto se le puede llamar así) incluye no pensar en qué sería divertido hacer con los niños dentro de medio año. Sonrío porque sabía que iba a gustarle, colocando mis manos en su cintura por inercia cuando me besa y dejándolas que resbalen al verla sentarse. La acompaño al segundo dejando caer primero mis manos y luego el resto de mi cuerpo, apoyando los codos en el suelo para elevarme un poco y poder ver el lago. — Pronto deberían volver a la normalidad. Ayer estaba hablando con Echo sobre reconstruir el distrito con magia, ahora que ya puedo andar. — La pierna todavía me molesta en ocasiones muy puntuales y de forma muy extraña. Puedo estar caminando perfectamente y de repente perder el equilibrio porque por un instante, deja de funcionar. Aún estoy intentando ser optimista. Derian rozó uno de mis tendones así que como no puedo reconstruirlo con magia, ha tenido que sanar del modo convencional. — Hey, heeey, nada de preocuparse — Me reincorporo para sentarme, cuando se empieza a preocupar demasiado, uso una de mis piernas y la enredo con la suya más cercana y levo una de mis manos a su mejilla para girar su rostro hacia el mío, pasando mi dedo pulgar por su piel y Acariciándola con suavidad. — Un día libre incluye no pensar en eso. — y aunque intento animarla, lo cierto es que acabando la frase se me escapa la risa floja. — Creo que salvo por Berverly, tenemos una panda de ángelitos. Además hoy están con Echo, así que seguro que tiempo para meterse en problemas no van a tener mucho. — Cuando estira el chocolate hacia mi abro la boca por inercia y luego lo mastico. — Robémoslas. Con tu historial nadie va a creer que fueras tú. Es el crimen perfecto. — Susurro lo último intentando no estallar en risas. — Yo los distraigo y tu las robas y luego repartimos el botín en el desván, que Jared lo odia — No puedo acabar sin reírme.

El viento sopla bastante fuerte por rachas, y una de ellas me golpea hasta que me cala los huesos. Suelto un suspiro porque el otoño ya se ha quedado atrás y el invierno va a ser duro para nosotros. Tengo que admitir que estoy algo preocupado, pero me he mantenido callado porque Soph siempre se preocupa demasiado. Intento quitarle cosas de encima cada vez que puedo, aunque no siempre consiga lo que buscaba. Saco la varita e invoco una ligera llama sobre la niebla, al principio le cuesta mantenerse y estoy casi seguro de que se apagará, pero finalmente la ráfaga de viento se convierte solo en una brisa y el fuego encuentra el equilibrio para brillar y proporcionar calor, aunque sea poco. Luego, tomo sus piernas y las paso sobre las mías, para girarla de lado y rodearla con uno de mis brazos y parte de la chaqueta, para ayudarla con el frío. — ¿Mejor? — Acerco mis labios a su hombro y deposito un beso en este, y luego llevo mi nariz hacia su mejilla para acariciarla con la punta. — Te he echado de menos — Susurro, antes de depositar un beso corto en sus labios y luego otro, que gradualmente van haciéndose más largos.
Seth K. Niniadis
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