The Mighty Fall
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Mensaje por Maeve P. Davies el Lun Dic 18, 2017 7:34 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Si hay algo que no soporto tener que hacer son trabajos escolares. Requieren mucho tiempo que no estoy dispuesta a perder en hacerlo para que no pasen más de dos horas y ya lo haya olvidado. Por no mencionar que los trabajos suelen ir ligados a parejas, lo que significa que todos mis compañeros estarán emparejados incluso antes de que el profesor reparta la tarea. Sin embargo, esta vez la maestra de transformaciones ha decidido organizar ella misma los grupos, y no sé si debe a que yo soy miss no hace nada en todo el curso, pero por obra divina veo que mi nombre aparece junto al de doña siempre tiene los deberes perfectos, alias Hero Niniadis. Para ser sinceros nunca me ha molestado que sea la favorita de todos los profesores porque hasta ese momento, jamás he tenido que perder más de cinco minutos en la misma conversación.

De igual manera acabo utilizando un traslador para desplazarme del seis hasta su casa, si es que podría llamarse así, a mis ojos parece más un palacio. Nunca he estado en el capitolio con anterioridad, por lo que usando a mi favor que no tengo a nadie pendiente de mí por un tiempo, aprovecho para grabar en mi cabeza diferentes paisajes para que a la vuelta, tenga algo nuevo para dibujar. Por consecuencia llego casi cuarenta minutos tarde de la hora prevista, y digo casi porque no tengo ningún reloj que me lo asegure con certeza, pueden haber pasado cuarenta minutos como dos horas enteras. Claro que no contaba con que el simple hecho de atravesar la puerta de la entrada fuera a tomarme diez minutos más a causa de la seguridad. Incluso creo que alguien me mira mal por pisar el suelo recién fregado con mis botas llenas de una ligera capa de mugre después de haber estado paseando por un parque cercano. No me hubiera extrañado que alguien me pidiera ponerme unas bolsas de plástico, pero tras demostrar que en mi vieja mochila solo hay un par de hojas en blanco y rotuladores, acaban por asentir y dejarme pasar.

Sigo al esclavo que se encarga de escoltarme, por decirlo de alguna manera, hasta la habitación de Hero. En el camino no puedo evitar mostrar mi estupefacción ante la cantidad de salas, espacio, y cosas que tienen pinta de ser caras pegadas a la pared. Estoy por tocar un jarrón con uno de mis dedos cuando de una puerta aparece una melena pelirroja, lo que me hace perder el equilibrio del susto y casi tirarlo al suelo. Por suerte lo atrapo antes de que se haga añicos y tenga que pagar una suma de dinero que probablemente no conseguiré en toda mi vida por el maldito jarrón. - Creí que estaría pegado. - Suelto recordando que de los pocos museos en los que he estado, tienen un poco más de aprecio por este tipo de cosas y utilizan vitrinas de cristal además de pegamento. O eso parece al menos. - Pareces más alta en la tele. - Digo sin más ignorando que suelo encontrarme con ella en los pasillos pero nunca me fijé en si yo le sacaba más centímetros o no. Lo que ahora puedo comprobar cuando paso por su lado y sus ojos quedan ligeramente inferiores a los míos.

Sin invitación alguna me hago pasar a su habitación, mucho más amplia de lo que esperaba a pesar de saber los lujos que tiene. Sin embargo, si la amplitud me sorprende no dejo que se muestre en mi cara, sino que me limito a mirar alrededor sujetando mi carpeta con ambas manos. - Tu diseñador hizo un trabajo horrible. - Comento con gracia, observando por el rabillo del ojo su enorme cama, a la que no tardo en acercarme y sentarme sobre ella. - ¿Para qué una cama tan grande con lo pequeña que eres? - Si yo tuviera una del mismo tamaño me perdería entre las sábanas, y eso que yo soy unos cuantos centímetros más alta que ella. Por alguna razón doy ligero saltitos para comprobar su comodidad, no sé si ella acostumbra a hacer los deberes en la cama, pero suponiendo que les dedique varias horas no lo creo. A mí nunca me ha supuesto un problema porque son cinco los minutos que tardo en hacer unos cuantos garabatos en un papel, y no es tiempo suficiente como para que me entre dolor de espalda de estar tumbada y escribiendo a la vez.
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Mensaje por Maeve P. Davies el Dom Dic 24, 2017 5:30 pm

Su comentario acerca de músicos alcohólicos me hace reír, más por la veracidad de ese hecho que por la forma en la que se siente superior a ese tipo de gente. No me planteo lo mucho que debe de aburrirse Sage con su trabajo, si es que se podría considerar trabajo, hasta que menciona que se encarga de organizar citas, pero no le doy mucha importancia porque me llama la atención lo siguiente que dice. - ¿Es lo mismo pintarse a uno mismo que un cuadro? - Si fuera así, no me sorprendería tanto que sepa maquillarse, hasta yo podría hacerlo si tuviera esa cantidad de pinturas. Aunque tampoco me hace mucha gracia la idea de pasearme por ahí con la cara llena de polvos y pintalabios. Acabo por aceptar que el maquillaje no es para todos con un lento suspiro mientras vuelo el lapicero por la superficie del papel.

- Lo dicen las películas, y que el té de por sí no tiene nada de divertido. - Digo como si eso fuera suficiente razón como para no considerarlo una afición entretenida. Hasta donde yo sé solo las personas mayores con demasido tiempo libre toman el té. - ¿Patrick? ¿El chico de clase con cara de rana? - Alzo una de mis cejas en su dirección con una sonrisa divertida a punto de escaparse de mis labios. - Quien no vio que está coladito por ti está ciego. - Murmuro como observación volviendo a bajar la vista hacia mi trabajo. Solo hay que ver como la sigue por los pasillos cual perrito faldero y que siempre está dispuesto a prestarle sus cosas a pesar de saber que no necesita que nadie le preste nada. - Tenía curiosidad. - ¿Por qué? La verdad es que no lo sé. De normal no soy una persona a la que le interesen los cotilleos, mucho menos si tienen que ver con ella, así que me limito a encogerme de hombros mordiéndome el labio inferior mientras trato de concentrarme. - Sí. - Respondo con simpleza para poder observar su reacción por el rabillo del ojo. Aunque no creo que se pueda considerar un beso como tal, fue hace años y el chico que me besó no volvió a hablarme en todo el curso por culpa del bofetón que le solté después.

Ruedo los ojos cuando escucho como la escoba le resulta incómoda. Tendría que haberlo supuesto teniendo en cuenta su afán por comportarse como una princesa. - Ahora venden unas con asiento incorporado para que no sea tan molesto. - Que sean muchísimo más caras que las de toda la vida tampoco resultaría un problema para ella. - Aunque supongo que tienes razón, tener alas debe de molar mucho más. - En ese momento me entran ganas de borrar todo lo que he dibujado para cambiar la ardilla por un ave, pero acabo por sacudir la cabeza ante el trabajo que supondría tener que repetirlo. La miro como si estuviera loca en cuanto siento su mano sobre mi frente, casi riéndome por su gesto en cuanto murmura un agradecimiento que considero honesto.

- No sé. Es mono. - O al menos eso me ha parecido bajo ese aspecto compungido. - No creo que la barba le favorezca demasiado. La barba es para mayores o para los que quieren aparentar tener más edad de la que tienen. - Y ninguno de esos dos motivos concuerdan con su esclavo, ni es mayor, ni tampoco veo como podría ayudarle a él aparentar ser más mayor. Me río ante la estúpida posibilidad de acabar haciendo cuadros de ardillas y ruedo los ojos como si estuvier impresionada de que ella haya podido decir algo tan estúpido. - Claro, pero para eso eso tendrías que estar muy quieta y calladita, ni siquiera podrás quejarte de nada, ¿crees que puedes conseguirlo? - La reto con una sonrisa de picardía en los labios.

Repaso con tinta por encima de los bordes de lapicero para después agarrar una goma y borrar los restos que hayan podido quedar por debajo. Su pregunta me viene de forma tan repentina e inesperada que tengo que dejar de hacer lo que hago durante unos segundos antes de volver a la tarea de borrar, intentando actuar normal pese a que su curiosidad me incomoda. - Dedicaban. - No sé la razón por la cual la corrijo pero si va a querer saber de mis padres que al menos sea real. - Mi madre se ocupaba de estudiar plantas y hongos, siempre estaba experimentando con alguna poción extraña, y mi padre era auror. - Hablar de ellos me produce una sonrisa triste en los labios, como si hubieran pasado años cuando en realidad no hace mucho más de tres meses desde que se fueron. O se los llevaron. - Vivo en un centro de acogida en el seis. - Murmuro, dando por hecho que eso responde a su pregunta acerca de si tengo esclavos. - Y no, no tengo novio. Tampoco lo busco, estoy bien por mi cuenta. - Los chicos son demasiado complicados y prefiero no traer esa complicación a mi vida. - Tienen unos horarios bastante estrictos y no les gusta que nadie ande perdido por ahí sin su consentimiento. - Supongo que esa es la razón por la que jamás hemos coincidido.
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Mensaje por Hero N. Niniadis el Mar Dic 26, 2017 10:14 pm

No tanto, aunque tienes que saber qué colores sirven mejor en tu piel — es todo un arte, eso no lo puede negar nadie, ni ella con su mal gusto. Pongo los ojos en blanco con toda la dignidad que me queda cuando dice que el té no tiene nada de divertido y levanto una mano como si de esa forma pudiese dejar de decir tonterías — no es solo tomar té. Hablamos de cosas divertidas también, pero tú nunca lo entenderías — hay que ver como se viste y lo desordenada que es como para darse cuenta — ¡Patrick no tiene cara de rana! — exclamo sin poder contenerme, aunque que ella misma diga que se nota que le gusto me hace sonreír con suficiencia. No es que Patrick me guste, pero su atención es más que bienvenida — Me regaló un ramo de rosas y chocolates para mi cumpleaños — le digo como si fuese secreto de estado y me río tontamente de forma aguda por lo bajo — es lindo que alguien tenga esos detalles con una — como sea, Maeve suelta la bomba de que ha besado a alguien y mi vena cotilla se dispara al punto de mirarla bajo una luz nueva de interés — ¿A quién? — porque no se puede ir sin decírmelo.

Supongo que tendré que conseguir una de esas — la verdad es que no me interesan las escobas pero si hay una nueva con asiento tendré que tenerla solo porque es nueva. Lo que sea, porque entonces dice que Sage es lindo y yo miro la puerta como si pudiese verlo desde mi lugar y descubrir que ella tiene razón, a pesar de que jamás lo he visto de esa manera y si mi madre supiese lo que estamos diciendo pegaría el grito al cielo — Es solo... Sage — digo como si eso sanjara la cuestión — ¿Me crees incapaz? ¡Ya me han pintado y jamás me he quejado! — bueno solo un par de veces pero tampoco para tanto, sino no los hubiesen podido terminar.

La verdad es que mi marcador se queda a mitad del contraste de mi caligrafía cuando habla en pasado de sus padres y aunque quiero hacerle muchas preguntas, solo me conformo con levantar la vista hacia ella, como si quisiera averiguar cuanto le afecta lo que acabo de preguntar — pero ellos eran como nosotros — le dejo caer cuando habla de esas profesiones y suspiro como si fuese un alivio descubrir que tengo a alguien aceptable entre mis paredes, o al menos puedo contarle mejor sobre mi visita a mi madre sin que me ande mirando con sospecha. Que me hable de vivir en un centro de acogida me hace pensar en un lugar gris, aburrido y con muy mal gusto para la decoración, así que suspiro y dejo mis fibras para ponerme de pie, ir hasta el escritorio y volver a la cama — Ten — le entrego un esmalte bastante nuevo de color azul eléctrico que me ha gustado mucho, pero tengo dos más de ese estilo así que no importa — Te lo regalo así le pones algo lindo a un lugar que suena muy feo. No me extraña que te vistas como niño — y de golpe me entusiasma la idea de tenerla en mi casa porque es como tener una muñeca tamaño real para arreglar como a mí me guste, aunque por su cara creo que no va a dejármela tan fácil — Y tener novio no es la gran cosa porque los niños son idiotas y viven corriendo atrás de una pelota. Los más interesantes son más grandes y jamás te miran — o quizá lo hacen pero como son poco impresionantes no me doy cuenta.

Termino de remarcar el título y las flechas y paso a rellenar con cuidado los puntos, hablando pausadamente por culpa de mi concentración en un intento de terminar pronto sin tener ningún error — ¿Sabes? Algún día cuando quieras hacer mi retrato puedes venir y quedarte a dormir. Podemos enseñarte a usar ropa que valga la pena, ir de compras y te mostraré cómo maquillarte. ¡Quedarás tan linda que nadie va a reconocerte! — y paso por alto que en cierto modo le digo fea mientras acomodo la pancarta para ver bien cómo está quedando — Soy espectacular para estas cosas.
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Mensaje por Maeve P. Davies el Jue Dic 28, 2017 12:58 am

Por alguna razón sé que averiguar que tonalidad de maquillaje va mejor con la piel solo es una de las cientas de cosas que uno tiene que saber para no terminar pintado como un payaso, aunque tampoco me sentiría sorprendida de saber que ella conoce a la perfección que sombra va mejor con los ojos dependiendo de su color o cual es la cantidad exacta de colorete que uno se tiene que echar para no parecer sacado de la época victoriana. - ¿Por qué no lo entendería? - Quiero saber en lo que levanto la mirada hacia ella con el ceño ligeramente fruncido ante tal reproche. - De seguro no habláis de cosas tan complicadas como para que no las comprenda. - Tampoco le veo la complicación que puede tener el hablar de cuan caros son los zapatos que lleva o de que famoso diseñador es su vestido. - Un poquito. Sobre todo cuando se enfada y se pone a gritar como crío. - Lo que viene siendo cada vez que algo le sale mal, probablemente porque no está acostumbrado a que nada se salga de sus planes, como cierta persona que tengo delante. - Oh, qué dulce. Acércame esa papelera de ahí antes de que vomite arcoiris y purpurina sobre tu colcha. - La cara de asco que pongo para acentuar mi broma es digna de grabar en vídeo.

- No lo conces, es un poco más mayor que nosotras. - Intento parecer desinteresada cuando lo digo para que no se note que me lo estoy inventando, pero como todo maestro de mentiras sabe, cuanto más detalles sin importancia, más creíble será la mentira. - Tiene el pelo moreno pero no le gusta y hace poco se puso mechas rubias que le hacen parecer más feo. - De esa forma parece que tengo idea de quien es pero sin dejar que parezca que esta falsa relación puede llegar a más de un simple beso. Soy genial. - Bueno, puede que solo sea Sage, pero tiene cara. - Digo como si eso fuera suciente para que pueda resultar atractivo. Al fin y al cabo lo único que le diferencia de nosotras es que él no puede hacer magia, por lo demás tiene las mismas estructuras físicas. Exceptuando que él es chico y nosotras chicas, hasta ahí he llegado de anatomía. - No es que te crea incapaz, es que tienes cierto talento natural para quejarte por todo. - Me río ante la imagen de un retrato de ella con cara de enfado por culpa de que no se haya podido estar quieta.

Asiento levemente con la cabeza ante su afirmación como si necesitara de ese gesto para hacerle confirmar que ni siquiera eso bastó para que no los alejaran de mí. - Supongo que eso no fue suficiente. - Mi tono de voz denota reproche, por lo que cuando me doy cuenta de a quien se lo estoy diciendo, agacho la mirada casi murmurando una disculpa ante la culpa indirecta que le lanzo al gobierno. En ocasiones tengo que aprender a saber cuando callar. No es como si creyera lo que los servicios sociales dijeron acerca de la acusación contra mis padres, pero tampoco es plan de ponerme a despotricar contra la justicia cuando ni siquiera tengo las pruebas que demuestren lo contrario. Levanto ligeramente mi cuerpo apoyándome sobre los codos cuando la escucho acercarse tras no haber notado que se ha desplazado de la cama, extendiendo la palma de mi mano cuando posa un esmalte sobre ella. Se me escapa una risa ante su comentario, y a pesar de saber que esa muestra de afecto probablemente esté ligada a la lástima, cierro los dedos alrededor del botecito antes de sonreír en su dirección. - Gracias. Es todo un detalle. - Murmuro, sobre todo viniendo de ella. Su aclaración sobre los chicos hace que asienta con la cabeza, coincidiendo por primera vez con su opinión sin tener que discutirla. - ¿Verdad? La mayoría son unos inmaduros con la cabeza llena de serrín. - Y los que no son los típicos cerebritos de la clase que se creen mejor que nadie solo por tener la nota más alta en todo.

No puedo negar que su ofrecimiento me conmueve por dentro, pero si lo hace no lo dejo mostrar por las diferencias que existen entre ella y yo. Aunque sí me atrevo a enseñar una sonrisa divertida ante la idea de verme vestida con la misma ropa que Hero. - Trataré de ser puntual. Y de venir con los zapatos limpios. - Añado tras recordar el drama que me montó nada más llegar a su casa, sin poder evitar reírme ante el recuerdo. Incluso me freno de decir que no tengo dinero para ir de compras porque estamos teniendo una conversación bastante agradable como para estropearlo con eso. - Será el mejor de la clase. - Digo en su dirección con el movimiento afirmativo de mi cabeza para después terminar de repasar los dibujos. - Listo. Podemos pegarlos bajo este título de aquí. - Señalo bajo su caligrafía en cuanto se los paso hacia su lado.
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Mensaje por Hero N. Niniadis el Sáb Dic 30, 2017 3:02 am

Porque tenemos diferentes gustos y formas de pensar — le digo con toda la madurez y altura de la que soy capaz, sabiendo que no puede contradecirme eso. Ser opuestas deja bien en claro que no tendremos los mismos gustos en cuanto a diversión y a juzgar por su dramática y tonta reacción cuando le hablo de Patrick, también opinamos igual sobre los detalles — suena bastante feo si se pone reflejos en el pelo.  A los hombres les quedan horribles — y nunca supe por qué, pero es como que su cabello no está hecho para lucir esas cosas. Creo que nuestras diferencias en cuanto a gustos quedan en evidencia cuando se atreve a decir que Sage es guapo y lejos de horrorizarme porque se trata de mi esclavo, empiezo a reírme de forma aguda como si hubiese dicho una grosería y tuviésemos cinco años — ¡Pero es muggle! — le digo con gracia y revoleo mis ojos con un "duh" que deja bien en claro que es un amor imposible para ella y que va a tener que contentarse con mirarlo.

Mi intención es quejarme de que ella diga que yo me quejo de todo pero me doy cuenta de que así le estaría dando la razón, así que frunzo los labios en un mohín algo ridículo que infla todo mi labio inferior — no exageres — le digo, obviando que la primera en agrandar toda soy yo cuando se da la ocasión. No me esperaba su agradecimiento pero lo acepto de todas formas con una sonrisa y hago un gestito veloz de la mano para indicarle que no ha sido nada — seguro se te ve fantástico con el color de piel que tienes. Además, a las castañas el azul les queda brillante — como a las coloradas nos sienta bien el verde y a las rubias el rojo, aunque también puede variar acorde a tu color de ojos y piel. Es toda una técnica, ni te creas — ¿Solo de serrín? Ni hablar. No entiendo que tiene de interesante vivir empujándose y hablar como tontos orangutanes. Una vez leí que maduran mucho más lento que nosotras, lo que tiene mucho sentido — por eso nosotras podemos hablar como personas normales mientras ellos parece que solo balbucean hasta los veinte años o quizá más.

Por Merlín, los zapatos limpios y la puntualidad son obligatorios. Sino tendré que prestarte algunos míos y creo que tus pies son enormes — me estiro para chequear su calzado una vez más y definitivamente sus dedos sufrirían de ponerse algo mío, y aunque es delgada estoy segura que igual me estiraría la ropa — Vas a ver que tendrás un armario nuevo y totalmente genial. Serás la envidia de todas las chicas en donde vives — y lo digo con tanta seguridad y alegría que dudo mucho que pueda llevarme la contraria.

Creo que es la primera vez que ella parece estar de acuerdo conmigo respecto a nuestro trabajo y me siento orgullosa por ella, porque parece que al fin ha mejorado su buen gusto y sentido común — Me parece perfecto. Pásame una cinta rosa y otra turquesa — le indico con un chasquido de los dedos automático. Saco mi varita y doy un suave golpecito para pegar los dibujos, con otro movimiento las cintas que ella me pasa decoran el contorno y se suman a un juego de brillantina. En segundos la cartulina está lista, dejo la varita y la tomo para ponerme de pie y verla mejor, enseñándosela para que ella me dé su opinión — Si tu nota no sube con esto, no tengo idea de qué lo hará — le comento con alegría, dejando todo sobre la cama una vez más. Me giro y voy derecho a la mesita para tomar una galleta con confites y le doy un mordisco, demasiado relajada al saber que hemos hecho un buen trabajo y que nadie nos dirá lo contrario — ¿Quieres algo de beber? — le recuerdo — Puedes comer algo y llevarte para el camino. Ya tendremos futuras citas donde me haga cargo de... bueno, todo esto — y sin disimulo la señalo a ella.
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Mensaje por Maeve P. Davies el Miér Ene 03, 2018 9:25 pm

No puedo hacer más que apretar los labios y asentir con la cabeza cuando pone en evidencia que somos completamente distintas, aunque la forma que tiene de decirlo me deja caer que se cree ligeramente superior a mí solo por tener gustos diferentes. Eso me da a pensar en lo aburrido que tiene que ser conversar con personas que piensen de igual forma, como si fueran robots sin pensamientos propios y sin la capacidad de argumentar acerca de sus propias ideas. - Oh, si, le queda realmente mal. - Recalco con un movimiento enérgico de mi cabeza, internamente agradecida por mis dotes como mentirosa y capacidad de improvisar para respaldar mi pequeña pero ingeniosa trola. Tengo que pensar bien mis palabras para asegurarme de no soltar ninguna tontería en el lugar que no debo, por lo que suelto una risa tonta que deja claro que no tenía pensado hacer nada con su esclavo. - Y además tiene cara de niño. - Murmuro a pesar de no estar segura de la veracidad de mis palabras.

Que diga que estoy exagerando provoca que mis ojos rueden sobre sí mismos en un claro ejemplo de molestia porque, aunque solo para aclarar, la que se dedica a montar un drama por la mínima cosa es ella. Bajo la mirada hacia el pequeño bote de esmalte que continúa entre mis dedos para observar con más detalle lo que dice, girando la cabeza en dirección al espejo como manera de comprobar si tiene razón. - No se me habría ocurrido. - Admito en lo que vuelvo la vista hacia ella. La verdad es que hasta ese momento no me he preocupado por el aspecto de mi ropa, ya sea porque en realidad no me importa o porque desde que comparto habitación con otras chicas, no necesariamente de mi edad, la ropa viene siendo propiedad de todas. Su comentario me hace reír entre dientes, aún un poco ensimismada en los pensamientos anteriores. - Eso explicaría por que se comportan como brutos la mayor parte del tiempo. - Por no mencionar lo poco capaces que son de hablar con claridad cuando están frente a una chica.

Por inercia mis ojos vuelan hasta mis pies, como si de esa manera pudiera comprobar que no son tan grandes como ella cree. La idea de que me preste su calzado tampoco es lo que más me apetece en el mundo, sobre todo por la habilidad que debe de tener para caminar estirada con zapatos de tacón, por no hablar de lo incómodos que tiene que resultar. - Supongo que... gracias. - Intento sonar convincente pese a que acaba de meterse con mis pies de no tan gigante. No soy tan tonta como para rechazar una oferta así, incluso aunque el motivo por el que de repente se muestre tan amable conmigo es porque le doy lástima, mezclado quizás con un poquito de asco ante el aspecto que tienen mis zapatos.

Le acerco lo que me pide inclinándome ligeramente sobre la cama para después esperar en silencio a que le de los últimos retoques a nuestro trabajo. Cruzo los brazos sobre mi pecho, haciendo leves asentimientos de cabeza en lo que mis labios se juntan formando una pequeña curva de aprobación. - El hecho de que ponga tu nombre en el trabajo ya subirá unos puntos extra. - Bromeo soltando una risa segundos más tarde que deja caer la influencia que tiene sobre los profesores. Porque de alguna manera, a pesar del evidente esfuerzo que pone en sus deberes, es imposible tener la máxima calificación en absolutamente todo. - Si insistes... - Murmuro tras un suspiro exagerado, acercándome hacia la mesa llena de comida y de la cual me había olvidado de su existencia hasta que la menciona. Me llevo una magdalena que me dura menos de un minuto a la boca, por lo que decido coger otra tras haber llenado los bolsillos de mi camisa de cuadros de galletas. - Para el camino. - Repito lo que ella misma dice como excusa, aunque por mi actitud parece que no me han dado de comer en días. Lo que tampoco está tan lejos de la realidad si comprobamos el aspecto que tiene la comida en ese lugar.

Con ayuda de mi varita y mis propias manos para hacerlo más deprisa, meto mis cosas dentro de la mochila sin buscar una ordenación en concreto, más bien metiéndolo todo a presión porque dudo que pueda entrar de otra manera. Me recoloco la chaqueta en lo que me acerco a por mis zapatos, agachándome para atarme los cordones con mayor facilidad.- Guarda tú el trabajo hasta que tengamos que entregarlo, conociéndome lo perderé y acabarás matándome. - Me río pese a creerla capaz de hacer cosas más dolorosas que esas. Me despido de ella con un movimiento de mi mano mientras cruzo la puerta, pero antes de que se llegue a cerrar asomo mi cabeza por el espacio que queda. - ¿Sabes? No eres tan estirada como pensaba. - Y aunque incluso yo reconozco el cumplido en mis palabras, dejo escapar una sonrisa sincera por mis labios.
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