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Mensaje por Maeve P. Davies el Lun Dic 18, 2017 7:34 pm

Si hay algo que no soporto tener que hacer son trabajos escolares. Requieren mucho tiempo que no estoy dispuesta a perder en hacerlo para que no pasen más de dos horas y ya lo haya olvidado. Por no mencionar que los trabajos suelen ir ligados a parejas, lo que significa que todos mis compañeros estarán emparejados incluso antes de que el profesor reparta la tarea. Sin embargo, esta vez la maestra de transformaciones ha decidido organizar ella misma los grupos, y no sé si debe a que yo soy miss no hace nada en todo el curso, pero por obra divina veo que mi nombre aparece junto al de doña siempre tiene los deberes perfectos, alias Hero Niniadis. Para ser sinceros nunca me ha molestado que sea la favorita de todos los profesores porque hasta ese momento, jamás he tenido que perder más de cinco minutos en la misma conversación.

De igual manera acabo utilizando un traslador para desplazarme del seis hasta su casa, si es que podría llamarse así, a mis ojos parece más un palacio. Nunca he estado en el capitolio con anterioridad, por lo que usando a mi favor que no tengo a nadie pendiente de mí por un tiempo, aprovecho para grabar en mi cabeza diferentes paisajes para que a la vuelta, tenga algo nuevo para dibujar. Por consecuencia llego casi cuarenta minutos tarde de la hora prevista, y digo casi porque no tengo ningún reloj que me lo asegure con certeza, pueden haber pasado cuarenta minutos como dos horas enteras. Claro que no contaba con que el simple hecho de atravesar la puerta de la entrada fuera a tomarme diez minutos más a causa de la seguridad. Incluso creo que alguien me mira mal por pisar el suelo recién fregado con mis botas llenas de una ligera capa de mugre después de haber estado paseando por un parque cercano. No me hubiera extrañado que alguien me pidiera ponerme unas bolsas de plástico, pero tras demostrar que en mi vieja mochila solo hay un par de hojas en blanco y rotuladores, acaban por asentir y dejarme pasar.

Sigo al esclavo que se encarga de escoltarme, por decirlo de alguna manera, hasta la habitación de Hero. En el camino no puedo evitar mostrar mi estupefacción ante la cantidad de salas, espacio, y cosas que tienen pinta de ser caras pegadas a la pared. Estoy por tocar un jarrón con uno de mis dedos cuando de una puerta aparece una melena pelirroja, lo que me hace perder el equilibrio del susto y casi tirarlo al suelo. Por suerte lo atrapo antes de que se haga añicos y tenga que pagar una suma de dinero que probablemente no conseguiré en toda mi vida por el maldito jarrón. - Creí que estaría pegado. - Suelto recordando que de los pocos museos en los que he estado, tienen un poco más de aprecio por este tipo de cosas y utilizan vitrinas de cristal además de pegamento. O eso parece al menos. - Pareces más alta en la tele. - Digo sin más ignorando que suelo encontrarme con ella en los pasillos pero nunca me fijé en si yo le sacaba más centímetros o no. Lo que ahora puedo comprobar cuando paso por su lado y sus ojos quedan ligeramente inferiores a los míos.

Sin invitación alguna me hago pasar a su habitación, mucho más amplia de lo que esperaba a pesar de saber los lujos que tiene. Sin embargo, si la amplitud me sorprende no dejo que se muestre en mi cara, sino que me limito a mirar alrededor sujetando mi carpeta con ambas manos. - Tu diseñador hizo un trabajo horrible. - Comento con gracia, observando por el rabillo del ojo su enorme cama, a la que no tardo en acercarme y sentarme sobre ella. - ¿Para qué una cama tan grande con lo pequeña que eres? - Si yo tuviera una del mismo tamaño me perdería entre las sábanas, y eso que yo soy unos cuantos centímetros más alta que ella. Por alguna razón doy ligero saltitos para comprobar su comodidad, no sé si ella acostumbra a hacer los deberes en la cama, pero suponiendo que les dedique varias horas no lo creo. A mí nunca me ha supuesto un problema porque son cinco los minutos que tardo en hacer unos cuantos garabatos en un papel, y no es tiempo suficiente como para que me entre dolor de espalda de estar tumbada y escribiendo a la vez.
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Mensaje por Hero N. Niniadis el Lun Dic 18, 2017 10:02 pm

Estoy histérica. No "histérica" de la manera que he escuchado decir alguna que otra vez a los varones, sino en ese sentido que no dejo de dar órdenes a todo el mundo porque mi habitación tiene que lucir perfecta, brillante y tiene que tener un montón de comida deliciosa y colorida en la mesita para poder darle a mi invitada. No es que me interese mucho lo que Maeve Davies pueda pensar sobre mí, pero como por culpa de la profesora va a haber alguien nuevo en mi dormitorio me veo obligada a dejar todo impecable para que nadie se atreva a decir que soy una desordenada o una mala anfitriona.

Estoy tratando de asegurarme que los muffins son todos de chocolate cuando uno de los elfos me anuncia que Maeve ya ha llegado y la están guiando hasta la habitación, así que arreglo un poco mi ropa, me doy un último vistazo al espejo y salgo del dormitorio con toda la gracia que tengo para verla atajando un jarrón en medio del aire. Una de mis cejas se arquea cuando dice que creyó que estaría pegado y la miro como si hubiese dicho una estupidez monumental — ¿La gente hace eso? — le pregunto. La verdad es que jamás me he fijado en detalles de decoración porque cuando yo quiero algo alguien más lo hace por mí, así que da igual.  Cuando se mete con mi altura me miro los pies para darme cuenta de que hoy llevo zapatos sin taco y no le doy importancia, empujando un poco la puerta para que pueda pasar — ¿Tan poca atención le prestas a tus compañeros de clase? — trato de sonar sorprendida, pero creo que se me nota un poco la frustración de que alguien no se fije tanto en mí. Ciega y sorda debe estar, aunque es una de esas niñas a quien he visto pasar pero que jamás me preocupé en conocer porque hay que ver cómo se viste. Cuando entra a mi cuarto, rápidamente me fijo en sus zapatillas sucias y frunzo la nariz.

¡No es un diseñador horrible! Es el mismísimo Abelino Babineaux, uno de los mejores de todo el país — me defiendo con un ruedo de ojos que deja muy bien en claro que es una ignorante y cuando se sienta en mi cama, cierro la puerta detrás de mí con más fuerza de la que hubiese querido — ¡Y no subas los pies al colchón, los ensuciarás! Quítate los zapatos, los elfos se encargarán de ellos y los tendrás limpios para cuando tengas que irte — mejor bien atendida que malas lenguas, tengo que recordar eso, pero cuando me giro hacia la mesita su pregunta me hace mirarla como si estuviese sorda — ¿Nunca te has estirado en una cama gigante? — le pregunto, sonriendo de lado con cierta ironía y tratando de no reírme de una pregunta tan extraña — Si puedo tenerla la tendré. Es demasiado cómoda como para dejarla pasar — simple y lógico.

Si tienes hambre, aquí he dejado algo de jugo, té, galletas, bizcochos, muffins... ¿Qué te gusta? — le pregunto, señalando cada una de las cosas que hay en la mesita blanca en el centro de mi habitación, esa que utilizo para las meriendas privadas con mis amigas — Si tienes algún antojo en particular solo tienes que pedirlo y haré que te lo traigan — doy un aplauso para frotar mis manos en un intento de parecer emocionada por lo que tenemos que hacer y voy hacia mi escritorio, donde abro mi carpeta y empiezo a pasar las hojas hasta encontrar las indicaciones del trabajo que se supone que tenemos que hacer juntas — La Animagia, su concepto, historia y proceso — recito, mordiéndome un poco los labios — ¿Has buscado información o tengo que sacar todos mis libros?
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Mensaje por Maeve P. Davies el Mar Dic 19, 2017 12:03 am

No sé si la gente lo hace, pero lo que está claro es que eso sería muchísimo más cómodo, uno no tendría que preocuparse de respirar demasiado fuerte cada vez que pasa por delante. Por el aspecto que tiene el jarrón parece poder romperse hasta con la mirada más suave. - Yo lo haría. - Reconozco. Ahorraría mucho dinero además de eliminar el problema que tienen las personas tan torpes como yo, o curiosas. - Aunque para ser honesta yo lo vendería para comprarme una piscina. O una máquina para hacer donuts. Los jarrones son un poco anticuados. - Por no mencionar lo guay que sería tener un chisme de esos solo para comer dulce cada vez que se te venga el antojo. - Si te sirve como consuelo, tampoco le presto atención a la profesora. - Aunque lo más probable es que en vez de consolarla tenga el efecto contrario en ella. Cuando voy al colegio tengo mejores cosas que hacer que fijarme en como viste la chica del asiento de al lado o de cuantas pecas tiene el chico raro en la cara. Es simplemente aburrido.

No puedo evitar soltar una risa, a pesar de que intento pegar mis labios con fuerza, lo que provoca que suene aún más estrepitoso cuando el aire quiere salir por mi boca y se junta con la risa. No sé si me hace más gracia el nombre del tipo o la forma en la que salta a la defensiva ante una simple crítica constructiva. - Pues dile a Abelini Babiadandjasnd que tiene muy mal gusto para combinar colores. - Intento poner un acento francés creíble, y que para mi gusto sale a la perfección de no ser por el pequeño error de permutar su nombre por uno italiano. - Está bien, marimandona. - Digo con tono burlón y rodando los ojos para indicar que su reacción me resulta exagerada, encorvándome durante el tiempo que tardo en deshacerme los cordones de los zapatos. - ¿Siempre estás tan alterada? - Acabo por soltar en lo que coloco mi calzado a un lado. Los hubiera tirado a cualquier esquina de la habitación, pero la veo capaz de montar un espectáculo por ese gesto.

Me encojo de hombros aún sentada en el borde de su cama, aunque esa pregunta hace que gire mi torso levemente para observar la suave colcha que la cubre. -  Desde luego no en una tan cara como esta. - Y como si con ese comentario lo dijera todo, estiro mis brazos hacia delante para dejarlos caer en lo que inclino mi cuerpo hacia atrás y dejo que todo mi peso se recargue contra la cama. -  Así que así se siente ser asquerosamente rica. - Murmuro más para mí que para ella. No ocupo mucho tiempo en disfrutar de la esponjosidad de la manta porque la curiosidad hacia la comida es demasiado grande como para que me gire en su dirección y posteriormente me acerque a la mesa. Creo que jamás vi tanto dulce junto. -  ¿Cómo es que no eres del tamaño de una bola gigante? - Digo masticando un trozo de muffin con velocidad ante su sabor, sin darme cuenta de que ya van dos veces que me meto con su tamaño en menos de diez minutos. -  Si yo pudiera me alimentaría a base de esto todos los días.  - Intento explicarme para que no parezca que lo he hecho a propósito.

Suelto un estruendoso prfffff haciendo vibrar mis labios cuando en seguida se pone a hablar del trabajo que tenemos que hacer y ruedo los ojos mientras engullo el resto de magdalena, provocando que algunas migas caigan al suelo. -  Todo lo que necesito está aquí. - Me llevo el dedo índice a la sien y me doy varios golpecitos suaves como si quisiera decir que tengo una memoria de oro cuando en realidad no me acordaba ni de lo que iba la tarea. Segundos después libero una sonrisa alzando mis manos como sinónimo de solo traje papel. Aprovecho la distracción en lo que ella va a buscar qué se yo a su escritorio para agarrar una galleta y pegarle un mordisco. -  ¿Es cómodo el pelo corto? - Acabo por soltar como si eso fuera lo único que he venido a averiguar. -  Imagino que tiene que serlo si todo el mundo se lo está cortando. - Aunque quizás tenga que ver con el hecho de que si la hija de la ministra hace cualquier cosa, todo el que esté un poquito obsesionado con la popularidad hará lo mismo. Yo misma me llevo ambas manos a mi pelo después de zamparme la galleta y lo aprieto en una coleta baja para ver como me quedaría a mí, pero arrugo la nariz en cuanto me veo en el espejo.
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Mensaje por Hero N. Niniadis el Mar Dic 19, 2017 1:12 am

Puedo perdonarle todas las cosas raras que dice respecto a jarrones, donuts y piscinas, pero no puedo dejarle pasar que insulta al grandísimo señor Babineaux de esa manera tan descarada, por lo que me llevo una mano al pecho y abriendo la boca en un sonido ahogado tan agudo que por un momento parece que una motocicleta frenó de forma repentina en medio de mi dormitorio — ¡No tienes ni la más mínima idea de lo que es el diseño de interiores! — si su criterio es el mismo para decorar como para vestirse, esta chica está frita, solo hay que ver el estado de sus medias cuando se saca los zapatos. Ruedo los ojos con una sacudida exasperada de la cabeza cuando me llama marimandona y pongo las manos en mis caderas, dando algunos golpecitos impacientes con mis dedos sobre mi ropa — Me tuviste esperando una eternidad y llegas a mi casa llena de mugre. ¿Y esperas que no esté alterada? ¿No te han enseñado modales? — las palabras se me salen antes de que pueda pensarlas y tengo que tomar aire para calmarme. Es una visita, no tengo que insultarla, se ve mal.

Que se tire sobre mi cama por un momento me pone los pelos de punta, pero entonces me doy cuenta que lo está disfrutando y eso me calma bastante porque significa que hay alguien en esta habitación deseando tener lo que yo tengo. Puede que no lo diga, pero yo se lo noto en toda la cara porque a todo el mundo le gustan los lujos aunque digan que no para hacerse los humildes y desinteresados, así que la dejo ser hasta que se pone como loca con toda la comida y hace que me mire la no-panza que tengo — Porque como dulces tanto como verduras y hago ballet, natación y equitación — enumero mis actividades usando mis dedos estirados y los contrarios para ir tocando las yemas — La actividad física y la alimentación equilibrada mantiene tu cuerpo sano. No podría salir linda en las cámaras si estuviese llena de granos por el chocolate o fuese una super bola de grasa — creí que era obvio.

Me agarro uno de los muffins y lo mastico como pajarito mientras chequeo lo que tenemos que hacer y por segunda vez casi consecutiva tengo que ponerme bizca para girar mis ojos hacia atrás cuando se la da de la Da Vinci de las clases — de todos los flojos del aula... — me lamento más para mí que para ella y me acerco a mis estanterías para hacer revolotear los dedos hasta agarrar el libro de transformaciones que estaba buscando. Me meto lo que queda del muffin en la boca y mastico mientras lo apoyo en el escritorio y paso las páginas, hasta que la pregunta de mi compañera me toma por sorpresa y me toco el pelo como si quisiera arreglármelo — Me queda lindo, mis rizos se forman más grandes y es mucho más rápido estar lista en cualquier ocasión — además es original, o al menos lo era hasta que todas empezaron a imitarlo pero no puedo culparlas — Y en verano es mucho más sencillo no tener calor o evitar los daños de la piscina o el mar. ¿Piensas cortártelo también? Tienes las puntas horribles y abiertas.

Doy un golpecito con el dedo en el libro cuando encuentro lo que buscaba y le hago una seña para que se acerque — Aquí está. Ley mágica blah blah blah control de animagia blah blah. Definición, características y proceso — saco mi varita del bolsillo de mi falda y hago un movimiento para acercarme una pluma la cual atrapo para ponerme a escribir sobre la hoja — ¿Piensas hacer algo o vas a comer toda la tarde? Podemos resumir y dictar. ¡Hasta podríamos hacer una pancarta con un cuadro sinoptico e imágenes! — la idea de hacer una muestra detallada y colorida me entusiasma como para olvidarme de quien es mi compañera de trabajo y doy un saltito en mi sitio, emocionada — puedo enviar a Sage a comprar los materiales que nos hagan falta y créeme que lo tendremos listo en un abrir y cerrar de ojos. ¡Será la mejor nota en tu libreta! — y es que hasta donde sé, ella nunca tiene nada hecho. Pobre criatura.
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Mensaje por Maeve P. Davies el Mar Dic 19, 2017 5:09 pm

Cuando se queja de que no tengo ni idea de como se diseña una habitación, me encojo de hombros lanzando un bufido que deja claro que tampoco me interesa saberlo. - Pues la verdad es que no. - Admito, a punto de soltar una risotada ante sus exagerados aspavientos. - Pero tampoco puede ser muy complicado si como dices a él se le considera el mejor del país. - Vuelvo a enfatizar que no me gusta la decoración de su dormitorio. Paso un dedo por uno de los muebles para comprobar que no existe rastro de polvo, lo que me hace pensar si alguna vez tuvo algo tirado por el suelo sin que nadie se lo recogiera. Yo no podría encontrar mis cosas en un sitio tan ordenado. - Solo fue un poco de barro, no hace falta que lo conviertas en la mayor tragedia de la historia. ¿Es que nunca te has ensuciado ni siquiera un poquito? - Como si fuera necesaria la explicación, junto mis dedos índice y corazón al punto de casi pegarse. - Y en mi defensa estuvieron como media hora chequeando mi mochila. -  Digo a forma de darle a entender que la seguridad me parece excesiva en lo que se refiere a compañeros de clase. Aunque en realidad fueron como siete los minutos que tardaron en dejarme pasar, pero eso ella no tiene por qué saberlo.

Por alguna razón todo lo que suelta por la boca me hace reír, no un reír de 'eres la más graciosas del mundo', sino más bien una risa que da a entender que me parece increíble que alguien se comporte de esa manera. - ¿Y aún tienes tiempo para respirar? - Respondo atónita tras verla enumerar con los dedos de las manos todas las actividades que hace, intentando ignorar la voz en mi cabeza que se centra en el detalle de la natación. - ¿Entonces tienes piscina? - Porque sí, de todo lo que ha dicho solo me interesa conocer eso. - Creo que se te ha olvidado mencionar el yoga, ¿o es que lees demasiadas revistas? - Suelto divertida en cuanto escucho su sabio consejo sobre la salud salir de sus labios. Segundos después se me escapa la risa porque me la imagino encima de una pelota de goma abriendo los brazos e intentando buscar la paz interior cual loca de la meditación. - ¿Por qué te preocupa tanto lo que piensen los demás? - Pregunto como simple observación ante su obsesión con verse linda, estirando el brazo para alcanzar una galleta. Nunca me puse a pensar en el estrés que debe resultar tener que estar cual muñeca las veinticuatro horas del día. Quizás por eso haga yoga.

A cualquiera que no supiera reconocer que es vago le hubiera molestado el comentario que hace para sí misma en voz alta. En cambio yo estoy tan acostumbrada a que me lo digan todos los días que llevo tiempo admitiendo que lo escolar no me interesa, por lo que me limito a sonreír de lado con la intención de molestarla. - No lo había pensado. Me gusta mi pelo largo. - Atajo la parte inferior de mi cabello con mis manos tras comerme la galleta para discutir sobre las puntas abiertas, pero tras comprobar que tiene razón me callo y dejo que vuelva a caer sobre mi espalda. - Además las trenzas quedan lindas, y con el pelo corto son imposibles. ¿Tú sabes hacerlas? - Inconscientemente mi mirada se va hacia su cabeza tratando de imaginarme su pelo rojizo en ese peinado. - Yo me ofrezco a intentarlo, si me dejas. - Aunque quizás debería limpiarme las manos antes, si puso esa cara solo con ver mis zapatos no me quiero imaginar su reacción si toco su pelo con las manos llenas de tinta, consecuencia de unos dibujos que hice justo antes de venir. De todas formas seguro que no me salen bien, con el pelo tan corto y suave, sería más fácil ponerle una falda a un hipogrifo que que me deje poner las manos sobre él.

Me acerco arrastrando los pies tras haber fracasado en mi tarea de intentar distraerla hacia algo que no sea la tarea, ignorando la parte de mí que prefiere comer toda la tarde como ella misma dice. Mi cara se convierte en un poema ante el entusiasmo que le produce tener que hacer semejante cantidad de trabajo. - ¿Eso es obligatorio? - La idea de tirarme horas haciendo una pancarta que lo más probable es que no le interese a nadie más que a la profesora no me llama demasiado. - Me pido dibujar. - Murmuro después de realizar un largo suspiro, dándome por vencida. - ¿Quién es Sage? - Esa no es exactamente la pregunta que quiero hacer, pero creo que no tenemos la suficiente confianza como para preguntarle si se trata de su novio. Me separo de ella para aproximarme hacia donde dejé mi mochila de cuero al entrar, volcándola sobre el suelo en cuanto vuelvo a estar a su lado. De su interior caen papeles en sucio, envoltorios vacíos de chicle, mi varita, algunas pinturas y varias horquillas de pelo. La agito de arriba a abajo hasta que sale a la fuerza mi cuaderno de clase. - Qué rollazo tener que ser siempre la mejor en todo. ¿Alguna vez suspendiste una asignatura? - Quiero saber en lo que me pongo de rodillas y me siento sobre mis gemelos, removiendo entre mis cosas en busca de un color en particular.
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Mensaje por Hero N. Niniadis el Miér Dic 20, 2017 12:52 am

No voy a discutir con gente inculta sobre asuntos de diseño así que hago un gestito con las manos dejándole bien en claro que es imposible dialogar con gente como ella, hasta que me pregunta si nunca me he ensuciado y la miro como si estuviese demente por preguntar una tontería como esa — Sí pero me limpio los pies antes de entrar — odio la mugre, los gérmenes y todas las cosas exteriores que pueden arruinar las superficies limpias y bonitas, tanto como mi piel o mi pelo. Le creo cuando dice que han estado largo rato revisando su mochila pero de todos modos, no voy a dejar de mostrarme fastidiosa por hacerme esperar — La próxima intenta llegar antes — y uso ese tonito que indica muy bien que no voy a discutir más el asunto.

Tener tiempo libre es para la gente ociosa, no yo, aunque no puedo evitar mirar a la pila de revistas un segundo justo antes de darme cuenta de que he dejado muchas de ellas sin leer por estar ocupada en otras cosas — También toco el piano, el violín y pinto, pero no hago yoga — le cuento muy orgullosa de mí misma y sonrío inflando todo el pecho — se puede con todo si sabes como organizar tus tiempos — además de que tengo elfos y un esclavo que hacen todo ese trabajo por mí.  Asiento ante lo de la piscina con una expresión que deja bien en claro que es obvio que tengo una y me iba a poner a dar indicaciones de cómo se llega hasta ella cuando  su pregunta me toma desprevenida — No es que me importe, pero si eres una figura pública debes dar el ejemplo. ¿No? — es lo que siempre papá y mamá dicen y me esfuerzo todos los días en ser la mejor señorita Niniadis que NeoPanem puede tener.

La mirada que le lanzo deja muy en claro que opino que su pelo es un desastre pero cuando se ofrece a peinarme me llevo las manos al mío, tocando uno de mis rizos cortos al cual estiro antes de dejar que vuelva a su sitio — sé hacerlas pero no me hago muchas. Solo algunas que me quitan algunos mechones de la cara con algunos ganchitos — y señalo mi escritorio donde tengo toda variedad de cosas para el pelo y maquillajes por todos lados. Me tienta el aceptar su propuesta de pasarnos un rato peinándonos, pintándonos las uñas y hablando de chicos (cosa que ella no dijo nunca pero que asumo como eso porque no se puede hacer una cosa sin la otra) pero sacudo la cabeza tratando de convencerme a mí misma de que tenemos que trabajar — si terminamos temprano te dejaré peinarme y usar los esmaltes que quieras — y uso ese tono que deja bien en claro que no se puede negar porque es una oferta tentadora.

No es obligatorio pero lo es si deseas que un profesor te tenga estima. ¿Cuánto necesitas para aprobar la materia? — la miro como si supiera que soy la única opción que tiene para pasar el curso y chasqueo los dedos dos veces, haciendo que un elfo doméstico aparezca unos segundos después mientras yo ya me he puesto a hacer una lista de compras en un papelito — Sage es mi esclavo. Es unos pocos años más grande que nosotras y es muy rápido para los mandados — le explico alegremente. En lo que ella va a buscar la mochila le doy la lista de compras al elfo, indicándole que vaya con Sage a conseguir todo lo necesario y en cuanto desaparece, me fijo como tira todas sus porquerías haciendo que me estremezca ante tanta mugre — ¿Alguna vez limpiaste tu mochila? — le respondo, limpiando con un movimiento desdeñoso de la mano algunos envoltorios de los que ella ha tirado — Claro que no. Mi padre me ha enseñado a tener siempre todo en su lugar para ser una buena estudiante. Además, si me va mal en el colegio significa que tendré que pasar horas extra estudiando y nadie desea eso — es lógico. Quítate el trabajo de encima primero y tendrás tiempo para tus actividades de ocio con mayor facilidad.

Empujo el libro hacia ella y sonrío, señalando con un dedo los puntos que le he leído antes — Deberíamos anotar los puntos más importantes y luego pasarlos a la pancarta. Creo que por aquí tengo... — abro y cierro los cajones hasta que saco algunas brillantinas y cintas de colores que pueden sernos de utilidad — siempre tienes que hacer sobresalir las cosas que quieres que tomen mayor importancia y eso los maestros lo aman. A veces las materias son aburridas pero si finges que te gusta, van a pensar de forma positiva sobre ti — le aconsejo, leyendo una vez más el título del capítulo que debemos estudiar — ¿Alguna vez quisiste ser animaga?
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Mensaje por Maeve P. Davies el Jue Dic 21, 2017 1:51 am

Intento disimular mi cara de estupefacción cuando dice que debo ser más puntual la próxima vez, negando interiormente que eso tenga que ocurrir en más de una ocasión. Puede que en otras circunstancias su comportamiento perfeccionista se acentúe menos, o quizás sea así para todo - cosa que no me extrañaría lo más mínimo -, pero en lo que a trabajos se refiere, creo que no sería capaz de soportarla hablando de tarea con el mismo entusiasmo que ahora más veces. - Señora, sí, señora. - Y como si de un saludo militar se tratase, me llevo la mano estirada a la frente con cara seria, la cual se transforma en una repentina alegría cuando encuentro un chicle entre las cosas que desparramo por el suelo. Me lo guardo en el bolsillo antes de que se me ocurra perderlo, algo que veo muy probable si tenemos en cuenta la facilidad con la que dejo mis escasas pertenencias tiradas por ahí.

Me gustaría decir que me sorprendo al escuchar que también sabe tocar varios instrumentos, pero a estas alturas podría decirme que sabe como entrenar a un dragón para que baile y también me lo creería. Aunque de alguna manera, que no haga yoga me resulta reconfortante porque es la primera vez desde que abre la boca que reconoce que hay algo que no sabe hacer. - Pues yo sí sé hacer yoga. Puedo enseñarte si quieres. - Intento sonar convincente cuando lo digo, manteniendo una expresión seria que da a ver que entiendo todo el rollo ese de paz interior. En realidad no es más que una mentira que me invento como resultado de la satisfacción que me produce saber hacer algo de lo que ella no tiene ni idea. Sin embargo, creo que mi trola se desmorona en el momento en el que junto las palmas de mis manos sobre mi cabeza, cierro los ojos y murmuro un ligero ommm que me hacer perder toda profesionalidad. - Quiero ver tus dibujos. - No es una petición, sino más bien una demanda. - Seguro que no pintas tan bien como crees. - Que se quede con el piano y con el violín, pero me niego a aceptar que pueda existir otra persona en el colegio que dibuje mejor que yo. Principalmente porque es lo único que se me da de maravilla y a lo que le dedico cierto tiempo.

Me encojo de hombros sin saber si estoy de acuerdo con ella o no. Jamás entendí el afán que tienen las personas que salen en la tele de querer gustarles a todo el mundo, o mismamente de ser un modelo a seguir como ella dice. - Cada uno debería tener derecho a ser quién es. - Hay niñas en clase que se esfuerzan tanto en imitar a Hero, que a veces me sorprendo cuando tienen algo que decir que no sea influenciado por la opinión de la princesa. Chasco la lengua y ruedo los ojos, imposible encontrar algo en esta chica que no sepa hacer. Sin embargo, no tengo tiempo de quejarme en voz alta porque mi mirada sigue su dedo señalar el escritorio, donde no tardo mucho en identificar a lo que se refiere. - ¿Usas todo ese maquillaje? - Pregunto al observar la cantidad de pinturas para la cara que yacen en la mesa. Solo de pensar en el tiempo que tiene que tardar en maquillarse me desmayo. - Jamás me pinté las uñas. - Comento mirándomelas, bastante destrozadas y llenas de mugre para ser honestos.

- Si quiero que un profesor me tenga estima, le hago la pelota, no me tiro toda la tarde haciendo un trabajo que aburra a la mitad de la clase. - Digo con total sinceridad, molesta por la pregunta que hace a continuación pero sin tener ninguna defensa. - Creo que ni una pancarta llena de purpurina hará que apruebe la asignatura. La maestra me odia. - Reconozco. Quizás tenga que ver con aquella vez que hice explotar una bomba que llenó la clase de polvo rojo durante horas. Ni siquiera me creyó cuando le dije que había sido sin querer, lo cual no era más que la verdad. - No dudo que sea rápido... - Si se pone como se puso conmigo por llegar tarde no me quero imaginar si le llega a pasar a él a menudo. Menos mal que no me atreví a preguntarle si era su novio, eso no hubiera sido del todo adecuado y probablemente me hubiera metido en un gran lío. Agacho la mirada hacia mi mochila en cuanto la deshonra de esa manera tan sutil. - ¡Claro que sí! - No recuerdo cuando fue la última vez que lo hice pero estoy segura que no hace más de un año. - Pues a mí me enseñaron que hay cosas más importantes que ser buena estudiante. - Vuelvo a elevar mis hombros, restándole importancia. - A mí me va mal en el colegio y no paso horas extra estudiando, qué aburrido. ¿Alguna vez te divertiste de verdad? - Entre tantas aficiones y tareas escolares, no puede tener tiempo para hacerlo.

Paso mis ojos por los puntos que dice, asintiendo con la cabeza como si la estuviera haciendo caso, cuando en realidad presto atención a las cintas de colores que saca de un cajón por el rabillo del ojo. Al final acabo por deshacer la posición en la que estoy para acercarme, dejando mis cosas en el suelo. - Los dibujos siempre gustan. Podemos hacer la secuencia de un mago convirtiéndose en, no sé, ¿qué animal te gusta? Mira así. - Cojo un lápiz para hacer en un papel en sucio el esbozo de una figura humana, un pequeño paso intermedio entre lo humano y lo animal y finalmente una pequeña ardilla. ¿Por qué una ardilla? No tengo ni idea, solo sé que son monas. - No. ¿De qué serviría? - No tengo otra respuesta mejor ante su curiosa pregunta. - Aunque tengo que reconocer que tiene que estar guay poder convertirse en un pingüino, así podría deslizarme por la nieve sin la necesidad de un trineo. Son muy graciosos. - Hago como último comentario, alzando ambas cejas en su dirección. - ¿En qué animal quisieras transformarte tú? - Conociéndola podría esperar un unicornio.
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Mensaje por Hero N. Niniadis el Jue Dic 21, 2017 5:00 am

Tengo que admitir que la miro con cierto interés cuando dice que sabe hacer yoga e intento que no se me note tanto que la miro de reojo viendo como se pone en esa pose ridícula, haciendo un enorme esfuerzo en no demostrar que me causa algo de gracia pero fallando en el intento de ocultar una pequeña sonrisa. De todos modos ella no se demora en retarme básicamente en toda la cara a que debo ser una pésima pintora y le señalo sin más algunos cuadros pequeños que decoran las zonas más altas de las paredes  — He pensado en seguir una carrera de arte en paralelo con la política algún día — soy la hija de Jamie y Sean Niniadis; tengo que tener bien en claro mis prioridades y compromisos para con el país, pero sé que soy capaz de seguir disfrutando de algunos gustos — ¿Qué? ¿Te interesan las pinturas? Tengo toda una habitación dedicada a pintar. Y delantales para no manchar mis vestidos. Y atriles bastante altos — porque presumir un poquito no le hace daño a nadie.

No siempre ser quien eres está bien — le digo con la frente arrugada al punto que parezco mucho más grande de lo que soy.  Si fuese así, sería aceptable ver como gente hace sus necesidades en plena calle solamente porque ellos lo ven correcto y no es así; hay que apuntar a tener cierta clase — ¡Claro que no! Bueno, no todo junto. Tengo maquillaje para todos los días, para fiesta, para cenas de gala, para actividades de día o de noche, para cubrir la piel o simplemente darle un poco de color... hay que estar lista para toda ocasión — perder el tiempo y no verse glamorosa es cosa de pobres. Cuando me dice que nunca se ha pintado las uñas mis orbes parece querer salirse de sus cuencas y doy un manotazo para agarrarle con rapidez la mano y ver el desastre que tiene en los dedos — ¿Cómo puedes salir a la calle? No te irás de aquí sin unas uñas totalmente nuevas — si tengo que pasarme la mitad de la tarde arreglándole esa asquerosidad después del trabajo, lo haré, por el bien común.

Entre la charla sobre Sage y sus malas notas no puedo hacer otra cosa que mirarla con cierta lástima. Pobre, no tiene un esclavo que haga su vida más fácil, tiene un pésimo gusto para vestirse y además le va mal en el colegio. ¿Cómo puede soportarlo? Y le hubiera dicho que tiene que hacer algo para cambiar su posible futuro desastroso cuando prácticamente me dice que mi vida es aburrida. Creo que la miro más tiempo de lo normal como si fuese la primera vez que la veo, tratando de recordar algún momento genuino de diversión en los últimos años, aunque estoy segura de que no debe ser la clase de entretenimiento que ella debe disfrutar — Claro que me divierto — digo cortante. Tampoco tengo que dar explicaciones de mi modo de vida a los civiles.

Al fin parece prestarme atención y hacerme caso, así que me pongo muy digna apoyando una mano sobre la otra en el borde del escritorio mientras trato de ver el dibujo que está haciendo, sin alcanzar a darle alguna indicación porque ella está haciendo una ardilla bastante simpática. Asiento porque creo que ha dado justo en lo que yo quería explicar cuando su negativa a mi pregunta me hace mirarla sorprendida, hasta que su idea de convertirse en pingüino me hace reír — eres tan extraña — le digo alegremente y tomo uno de mis marcadores de color rosa para empezar a resaltar los puntos importantes que debemos pasar a la pancarta — Un ave. Cualquier tipo de ave mientras vuele mucho y tenga alas largas. ¿Te imaginas lo lindo que debe ser volar? Podrías ver absolutamente todo — un felino o un canino se me hace muy pulgoso, un equino es majestuoso pero tiene patas frágiles y bueno... algún animal de mar no le veo la utilidad. En cambio, si vuelas puedes ser glamoroso y libre tanto como te guste — Algún día me haré animaga y seré tan genial como mi mamá — que no es animaga pero tiene ese poder extraño que me encanta y tristemente no heredé.

Paso los siguientes minutos señalando los puntos importantes en la hoja hasta que un "¡plin!" indica que el elfo y Sage han aparecido en la habitación, cargados de pancartas de diferentes colores para que tenga para elegir, más papel, algunas lapiceras nuevas y todas las cositas y cosotas que he pedido para nuestro trabajo. Suelto el marcador con una sonrisa y les indico que dejen todo sobre la cama antes de marcharse, por lo que cuando volvemos a estar a solas le hago una seña a Maeve para que me siga y mudo absolutamente todo lo necesario al colchón — Ese era Sage. Se ha dejado la barba porque se lo pedí y se ve un poco raro, pero no es tan feo como parece — explico tranquilamente mientras extiendo algunas pancartas — ¿Rosa, lila, azul o verde? — le pregunto para saber sobre qué debemos trabajar, analizando la situación como si se tratase de un traje de gala — Puedes ir haciendo los dibujos en las hojas blancas, luego los recortamos y los pegamos en la pancarta para ponerle el decorado y el cuadro. ¡Se verá m a r a v i l l o s o! — hago ese gestito con los dedos pegando los pulgares con los índices para señalar alguna exquisitez y me acomodo en el borde de la cama, tomo un marcador negro y empiezo a escribir con letra llamativa pero prolija — ¿Qué quieres hacer cuando termines la escuela?
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Mensaje por Maeve P. Davies el Vie Dic 22, 2017 12:40 pm

No intento disimular la sorpresa en la cara cuando la escucho decir que quisiera convertirse en artista, abriendo los ojos tanto como un búho en mitad de la noche. Mi molestia es más por la posibilidad de que tengamos algo tan básico como lo es dibujar en común más que por el hecho de que quiera estudiar dos carreras a la vez. En el futuro acabará dirigiendo el país, ¿no es más importante eso para ella? Si lo pienso me lo callo, algo curioso en mí que estoy acostumbrada a decir todo lo que se me pasa por la cabeza, pero esta vez me limito a asentir con la cabeza. - Pintar es lo único que sé hacer bien. - Confieso, elevando la mirada hacia donde me señala. No puedo negar que son bonitos y me gustan, aunque yo hubiera utilizado una técnica distinta en la mezcla de colores. - Y hasta ahora creía que era la única de la clase con ese talento. - Remarco esa palabra con un ligero retintín en la voz, aunque no suficiente burlón como para querer hacer de ello una competición.

- No, pero en ocasiones las personas se comportan de una manera solo porque es lo que todo el mundo hace. - No digo que cada uno pueda ir a su libre albedrío sin que existan normas o unas reglas básicas de educación, pero tampoco me parece correcto que alguien actúe de una forma por miedo a que le miren extraño si resulta hacer algo original. - ¿No te molesta que las chicas de clase imiten siempre lo que haces? - Es algo que siempre le he querido preguntar pero que nunca he tenido ocasión de hacer, por lo que aprovecho este momento para dejar hablar a mi mente. - ¿Es Sage quien te maquilla? ¿O también tienes un maquillador profesional que haga eso por ti? - Comento con gracia recordando la charla sobre su diseñador. - Sacando un pie por la puerta. - Bromeo en cuanto la veo agarrar mi mano con ese gesto que me confirma que sí, mis uñas están hechas un asco. No es que me importe demasiado si están arregladas o no, pero acostumbro a no rechazar una oferta cuando le veo, así que lo dejo estar antes de que cambie de opinión.

Me cruzo de brazos y alzo ambas cejas, mirándola directamente desde esa posición con aire irónico. - ¿Cuando fue la última vez? - Quiero saber en lo que parece no tener una respuesta clara. - Ir a clases de piano y de natación no cuentan como diversión. Y tampoco ir a todas esas fiestas caras a las que vas. Ni tomar el té a las cinco con tus amigas pelotas. - Porque sí, la veo por la tele y no tiene nada de divertido estar rodeada de adultos que beben champagne y hablan de política. Lo último no sé si es del todo cierto, pero he visto suficientes películas como para saber que esa es una de las cosas que hacen los ricos. - ¿Alguna vez besaste a un chico? - Por su aspecto no tiene pinta, aunque tampoco estoy segura de conocer a alguien que pueda soportarla durante más de dos horas seguidas, sin contar a su corte claro.

Tengo que soltar una risa jocosa cuando se toma tantas molestias en buscar un atributo para mi persona. - ¿Qué hay de malo en ser extraña? - Le hago esa pregunta como si me interesara saber lo que opina acerca de eso, cuando en realidad no puede darme más igual caerle bien o no. - Aunque si vas a llamarme así prefiero que me digas peculiar, no suena tan bicho raro. - Hasta ese momento no me he parado a pensar en si soy lo que la gente de clase considera como bicho raro. Es cierto que no tengo ningún amigo con el que pueda contar siempre que quiero, pero tampoco me considero tan rara. - ¿Nunca has montado en escoba? - Al principio me encuentro sorprendida, antes de recordar que igual ella lo considera demasiado peligroso. - Yo tenía una, pero me la robaron hace tiempo. - Me abstengo de decir que en realidad se llevaron todas mis cosas cuando arrestaron a mis padres porque bueno, es la hija de la ministra y no parece adecuado quejarme a ella de lo que hicieron con ellos. - Es una sensación estupenda que el viento te revuelva el pelo y el subidón de adrenalina hace que creas ser capaz de hacer cualquier cosa. - Por no hablar de lo lindo que es que todo sea vea más pequeño desde allá arriba. - Bueno, con todo lo que hay que estudiar para serlo no dudo que lo conseguirás. - Hablo con total sinceridad cuando se lo digo, mostrándole una sonrisa tan honesta como mis palabras.

Cuando dijo que serían rápidos no me esperaba que fuera tan rápido. Casi pego un brinco cuando el elfo y su esclavo se aparecen en el cuarto sin avisar, pero no le doy mucha importancia porque me fijo más en el chico que en lo que traen. - ¿Por qué le pediste eso? - Pregunto por curiosidad, analizando la situación que podría haberla llevado a hacer eso. - Azul. - Murmuro señalando la cartulina antes de ayudarla a trasladar el material a la cama, donde me tumbo una vez está todo listo para empezar a trabajar. Me acomodo boca abajo y agarro un papel en blanco para comenzar a dibujar la superficie con un lapicero y en cuanto decido que me gusta, lo repaso con tinta. - No lo sé. Es demasiado pronto para saberlo, ¿no crees? - Y no lo digo solo porque tenga quince años, sino porque nunca se sabe con certeza lo que deparará el futuro. - Cualquier cosa que tenga que ver con el arte me gustaría. No es una salida prometedora pero siempre me dijeron que hay que dedicarse a lo que uno le gusta. - Eso solían decir mis padres cuando se dieron cuenta de que lo que me gustaba de verdad no tenía nada que ver con ser aurora o medimaga.
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Mensaje por Hero N. Niniadis el Sáb Dic 23, 2017 9:39 pm

No sé qué me hace más gracia, si que creía que era la única que podía pintar o el hecho de que cree que hay algo que yo no haya aprendido al menos una vez en mis intentos de saber un poco de todo. Medito un momento en cuanto intento recordar cuál es la sensación que me produce todo ese grupito de seguidoras y acabo encogiendo uno de mis hombros sin mucho interés — Ellas saben lo que es apuntar un poquito más alto. Mejor yo que algún músico con problemas de alcohol — hay buenos modelos y malos modelos, hay que saber qué elegir. Su pregunta sobre mi maquillador me hace reír y trato de imaginarme a Sage trabajando sobre mi belleza, aunque tengo que admitir que sería muy divertido de verlo intentar — él se encarga de organizar mis citas con mi estilista para los eventos y para el día a día sé maquillarme sola — confieso. He descubierto los últimos años que disfruto mucho de ponerme bonita, aunque me tome tiempo. Ruedo un poco los ojos por su comentario final y niego con la cabeza; esa chica necesita un poco de aprendizaje sobre cómo cuidarse a sí misma o jamás tendrá novio.

¿Y quién dice que tomar té con mis amigas no me resulta divertido? — quizá ella tiene amigos que son monos como ella y eso le gusta, pero a mí no — El otro día Patrick me llevó a andar a caballo y fue bastante divertido. Tomamos helado y limonada — quizá ella necesita estar siempre sucia para pasarla bien, quien sabe. Su siguiente pregunta, sin embargo, me hace colorear mis mejillas de un suave rosa que remarca mis pecas — No. ¿Por qué preguntas? ¿Tú sí? — no sé mucho de chicos o de besos, pero tampoco debería volverme loca por eso. ¿No? Bueno, quizá sí, si todos lo andan haciendo y yo no.

Peculiar es un buen término, pero no estoy segura de que le quede del todo, o quizá sí. Me siento ligeramente ofendida cuando me cree capaz de no haberme subido alguna vez a alguna escoba, cuando mi problema no es precisamente ese sino lo incómodo que se siente tener que aferrarte a un palo entre tus piernas — Lo he hecho, aunque solo he sobrevolado el jardín — confieso, bajando un poquitito el tono de mi voz como si la última parte no tuviese que ser escuchada — Me ha resultado incómodo. Ser un ave debe ser una sensación totalmente diferente — soy buena teniendo el control sobre mi cuerpo y no debería estar confiándome de un objeto mágico del cual te puedes caer y partirte la cara.  Además, ser animago tiene un toque especial. Como sea, ese cumplido seguido de una sonrisa me toma por completa sorpresa y la miro como si temiese que hubiese levantado fiebre, incluso pongo por un momento la mano en mi frente y luego en la suya para comparar la temperatura. Está fría, así que muy a mi pesar le termino regresando la sonrisa — gracias — y lo digo de todo corazón.

No se me escapa nada y eso incluye el pequeño factorcito de que ha mirado más a Sage que al elfo, lo que me hace sonreírle con picardía cuando pregunta por su barba — Quería probar a ver si es verdad que ya se afeita o no. Ha estado conmigo desde que todavía tenía cara de bebé así que no estaba segura de si me mentía o no. ¿Por qué? ¿Crees que se le ve mal? — y lo pregunto con verdadera preocupación porque si Sage parece un linyera no puedo dejar que ande así por la vida cuando es mi esclavo y no el de cualquiera. Acomodo la cartulina azul y voy chequeando los datos, coloco el título y estoy empezando a decorarlo con brillantina cuando su declaración me hace dudar — Quizá podrías hacer cuadros mágicos de ardillas — sugiero — ¿Alguna vez pintaste un retrato? Puedes usarme de modelo cuando quieras — es todo un honor que le estoy concediendo, tiene que admitirlo.

Intento que los brillos no acaben sobre el acolchado pero pronto tenemos el título bastante decente, aunque tengo que remarcar un poco los bordes para que se diferencie de lo que será luego el cuerpo del esquema. Espío sus dibujos con interés y me pongo con los puntos importantes de mi resumen, plasmándolo en la cartulina con cuidado de dejarle el espacio para sus ilustraciones — Nunca me dijiste a qué se dedican tus padres — pregunto con tal de no quedarme callada mientras trato de concentrarme mordiendo mi labio inferior — ¿Dónde vives? ¿Tienes novio? ¿Esclavos o al menos un elfo? Conozco bastantes distritos pero jamás te he visto — o quizá sí pero no le preste atención.
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