The Mighty Fall
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VERANO de 247221 de Junio — 20 de Septiembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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Call it what you want • Ben & Eowyn
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Ava E. Ballard
Fugitivo
Habían pasado unos días desde la expedición y casi que podría decir que las cosas habían vuelto a la normalidad. La palabra clave en esa oración era 'casi' porque dejando de lado el hecho de que la mayoría de nuestras heridas estaban curadas, o en proceso de estarlo; al menos por mi parte no podía decir que estaba completamente bien. Claro, había retomado mis actividades normales, los entrenamientos y las tareas comunes en el distrito; pero últimamente saltaba por todo, y no podía estar sola demasiado tiempo sin sentirme levemente insegura. Era una estupidez, pero incluso cuando retomamos las guardias volví a sentirme como cuando era una niña pequeña y me asustaba el que sucediese algo y no supiese como actuar.

Resignada, simplemente me dedicaba a hacer de cuenta que estaba todo normal, y una de esas cosas incluía el pelear con Ben por quién ocupaba su cama cuando el resto estaba de guardia en las torres. Y es que dormir en el piso no me molestaba, pero sabiendo que había una cama disponible y que los días de frío estaban cada vez más cerca...

Ninguno ganó, yo estaba demasiado ocupada siendo una obstinada, y Ben no iba a ceder SU cama. Una poción para dormir sin sueños más tarde, y unas cuantas patadas después porque mi hermanastro tenía el tamaño de un ropero, pude dormir luego de días en una cama decente. O al menos pude hasta que me desperté con sed y muchísimo calor. No sabía si porque era un licántropo o qué, pero ben podía ser una estufa si se lo proponía.

Maldiciendo en voz alta cuando al levantarme me golpeé el dedo del pie contra la mesita del costado, fui al fregadero pegando saltos ridículos para poder tomar un vaso con agua, sin dejar de putear a medida que avanzaba. No tenía idea de qué hora era pero la luna se hallaba en lo alto, y mientras bebía el agua que me había servido, me entretenía viendo las sombras que se proyectaban en la pared contraria. Sin embargo, cuando apareció la sombra de la araña el corazón se me oprimió, y más por impulso que por otra cosa, corrí hasta donde estaban las armas. No dudé, y antes de que pudiera percatarme del verdadero tamaño del bicho, disparé contra una de las paredes.
Ava E. Ballard
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Los días siguientes a la expedición fueron una tortura, en parte porque mi cuerpo estaba cansado y en parte, porque estaba acercándome nuevamente a la luna llena y mi humor se tornaba por los suelos. Estaba pálido, ojeroso y molesto, por lo que pasaba horas gruñendo contra todo el mundo y buscaba la soledad e incluso dormía más de lo normal, aunque muchas veces no me era posible por la cantidad de gente que tengo en mi casa y acabo metido en algún árbol o arbusto para poder echarme una siesta. Ridículo pero efectivo.

En esta ocasión el dilema se presentó cuando Derian, Murphy y Alice estaban de vigilancia todos a la vez y eso significa algo tan simple como que en una choza donde ahora viven cinco personas, repentinamente haya solo dos y una cama doble que no está siendo utilizada. El resultado es una pelea estúpida e infantil donde básicamente me aferré a las sábanas como un poseso y le di algunas patadas a mi hermanastra como si volviese a tener quince años, hasta que terminamos durmiendo uno en cada extremo del lecho, yo personalmente dándole la espalda y tapado hasta la cabeza, dejando ver solamente mi frente y el cabello. Extraño mi cama, para qué mentir.

Estoy soñando algo relacionado a comida cuando el sonido del disparo me hace saltar en la cama con urgencia, disparándose la alarma de mi cerebro que me obliga a buscar en la oscuridad la zona donde sé que están mis armas. Tanteo torpemente y con mucho ruido hasta encender la lámpara de gas que dejé sobre una mesa de luz y la habitación se ilumina, viendo primero a Ava justo del otro lado del arco de la puerta de mi cuarto. Parece estar bien, por lo que gruño y me levanto del todo rascándome la cabeza para cruzar la habitación en dos zancadas y salir a la pequeña y agarrotada sala de estar — ¿Qué mierda estás haciendo? — le pregunto, encendiendo otras de las lámparas justo para fijarme en el agujero que está contra la pared. Con solo ver su forma me doy cuenta de lo que estuvo haciendo — Vas a tirarme la casa abajo, desquiciada...

Me acerco para notar la bala incrustada sobre la madera y noto las patas sobresalientes y finas de una araña, por lo que ruedo los ojos sin ningún disimulo ya que le estoy dando la espalda — ¿Necesitas hacer terapia de grupo o algo por el estilo? — le pregunto, rasqueteando con una uña la bala pero, como no hay caso, la dejo ahí y por fin volteo hacia ella — Deberías dejar el arma. Por tu cara sospecho que podrías matar a quien sea que entre por la puerta casi por accidente.
Benedict D. Franco
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Ava E. Ballard
Fugitivo
El sonido del disparo retumba en mis oídos gracias al silencio de la noche, y todavía me estoy aferrando al arma con fuerza cuando Ben se levanta. De nuevo me he comportado como una niña tonta y asustada, pero no puedo evitarlo, son esos estúpidos bichos que me causan un terror que no puedo comprender y me vuelven estúpidamente irracional. Cualquiera hubiese pensado que después de enfrentar arañas del tamaño de un caballo, una araña menor a la palma de mi mano no me generaría nada, pero al parecer no es así y termino gastando municiones inútilmente.

- ¿Está muerta? - Consulto al ver a mi hermanastro revisar el orificio que he dejado en la pared; si no lo está, no hay forma alguna en la que pueda volver a intentar dormir. Dudo unos segundos cuando dice que debería soltar el arma, pero termino cediendo ya que, después de todo, si llego a ver otra asquerosa criatura como esa simplemente la matará él. Dejando el arma apoyada contra la pared más cercana, termino por abrazarme a mi misma al no saber qué hacer con mis brazos. Sigo teniendo esa sensación de parálisis que siempre me da, y me empieza a dar frío por estar fuera de la cama solo vestida con una remera al menos cuatro talles más grande que el mío. - Terapia de grupo, Valium, lo que quieras si puedo dejar de ponerme histérica cuando veo uno de esos bichos insoportables. - Respondo sin sentirme insultada en lo más mínimo, porque sí, cuando me llamó "desquiciada" no le faltó mucho para tener razón.

Sabiendo que ni una cosa ni la otra funcionan contra eso, decido irme por la segunda mejor opción... o la primera si consideramos que hace frío y es una muy buena forma de entrar en calor. Cruzando la distancia que me separa de mi hermanastro a pasos tentativos, no separo la vista de mis pies para no pisar ninguna araña en caso de que se aparezcan. No tardo nada en estar en frente de él, y lo palmeó con golpes rápidos en el brazo. - Muévete. - Le ordeno para poder alcanzar el bolso con las pocas cosas que he juntado para mí desde que ocurrió el incendio. Entre medio de ellas, encuentro lo que estoy buscando y saco la botella de whiskey con expresión triunfal. Llevo días queriendo que pregunte por su preciada botella, o al menos esperando que Beverly le haya dicho; pero viendo que he esperado en vano, le sonrío de costado en lo que voy a servirme en el vaso que antes estaba usando.
Ava E. Ballard
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
¿Está muerta? La pregunta me hace arquear una ceja en su dirección y mirar nuevamente a las patas sobresalientes de la araña que quedó básicamente siendo parte de la pared, por lo que alzo mis hombros como si fuese una pregunta totalmente natural y cuestionable — Si es una araña radiactiva quizá lo esté. ¿O quieres chequearlo tú? — intento una vez más sacar la bala de la madera pero como no puedo sujetarla bien no lo consigo, así que chasqueo la lengua en señal de que me doy por vencido y me giro hacia ella pasándome una mano por la cabeza que me hace notar la maraña desastrosa que es mi pelo, al punto que tironeo un poco para desenroscar uno de los dedos. Entre eso y mis calzoncillos creo que soy la viva imagen de una persona con sueño interrumpido. Me cago en Ava y todos sus muertos.

La sigo con la vista para asegurarme que deja el arma y puedo decir que solo respiro con tranquilidad cuando veo que me hace caso, soltando una risa desganada mientras me rasco el pecho sin mucho interés — Al menos lo admites. Quizá deberías pedirle a tu mamá algunas dosis extra de poción... o algún porro de más a Eowyn — la segunda opción siempre es mi favorita cuando se trata de épocas de estrés, aunque tengo que admitir que las pociones para dormir han salvado mi cabeza en más de una ocasión. No puedo decir que soy una persona calma y saludable en mis días comunes y corrientes, y jamás lo he sido desde hace mucho tiempo.

Iba a moverme para regresar a la cama cuando Ava camina hacia mí y eso provoca que la mire obviamente confundido, sin entender muy bien lo que va a hacer hasta que me palmea el brazo y me aparto por inercia. La veo hurgar dentro de su bolso y estoy por preguntar si tiene un porro ahí guardado cuando saca una botella que en principio no reconozco hasta que veo la etiqueta. En primer lugar mi reacción es abrir mis ojos como platos y la segunda es girar la cabeza hacia mi habitación, desde donde puedo ver la cama desarmada — ¿Pero qué...? — como un animal al cual le han quitado su presa regreso al cuarto y empujo la cama con un estrépito hasta poder dejar al descubierto las maderas del suelo, moviendo una para chequear que mis cosas siguen ahí. La mayoría lo hace, pero la principal... — ¡Desgraciada hija de...!

Cuando me levanto regreso a la sala con el calor quemándome la nuca e hinchándome el cuello, tragando saliva con la rapidez suficiente para que la nuez de Adán suba y baje. Tengo la fuerza suficiente para quitarle la botella de un manotazo a pesar de que ya se ha servido un buen trago y la levanto a contraluz para chequear cuanto le queda, ahogando un gemido al ver todo lo que se ha bebido — ¡¿Desde cuándo la tienes?! — pregunto con un obvio enojo contenido — ¿Por qué carajo...? ¡¿Quién te dio el derecho a tocar mis cosas?! Ladrona borracha... — y como el adulto maduro que soy, le quito el vaso que se ha servido y me lo bebo con tanta rapidez que incluso me chorreo el costado de los labios. No voy a dejar que me robe y encima lo beba delante de mis narices.
Benedict D. Franco
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Ava E. Ballard
Fugitivo
Frunzo la nariz y niego con la cabeza cuando insinúa si quiero chequear el estado de la araña. Estoy demasiado feliz por el hecho de que está muerta, y porque al parecer tengo puntería incluso a las... vaya a saber qué horas de la madrugada. Simplemente no pienso acercarme a esa cosa, ni siquiera cuando noto como Ben trata con dedos torpes de quitar la bala de la pared. Es un lindo adorno, y si las arañas tuvieran la consciencia suficiente hasta sería una bonita advertencia para su prole... Sin querer detenerme a pensar lo que realmente acabo de imaginar, decido que debo pasar menos tiempo cerca de los delirios de Bev, al parecer son contagiosos.

- ¿Realmente quieres que esté porreada antes de irme a dormir? Con mi suerte me termino despertando más delirante todavía y acabo disparándole a Derian por creerlo una acromántula gigante o algo así... - Defintivamente iba a evitar estar drogada a la hora de dormir, prefería la poción sin sueños de mi madre y las armas lejos. A lo sumo me iba a proponer despertar a alguien para no volver a hacer el escándalo de hace unos minutos.

Sabía que su cara iba a valer la pena en el instante en que se diera cuenta de qué botella había tomado, pero no esperaba que valiese TANTO. Llevándome el vaso a los labios, saboreo cada segundo del trago que tomo en lo que corre a cerciorarse de que la botella no se encuentra donde la había dejado, y de paso también disfruto del paisaje. Y es que por regla general puedo olvidarme de lo bueno que se ha puesto Ben con los años, o al menos puedo ignorarlo lo suficiente como para que no me afecte. Pero vamos... la vista que me da cuando se tira al piso para revisar la madera debajo de su cama, es una que no puedo ignorar precisamente y tomo otro trago para poder justificar el pequeño rubor que estoy segura debió aparecer en mis mejillas.

- ¡Cuidadito con mi madre! - Le advierto divertida en lo que escucho como sus pasos, normalmente silenciosos, parecen retumbar en toda la casa en lo que se acerca hecho una furia. Lanzo un pequeño quejido cuando me arrebata la botella con brusquedad, pero rápidamente cambio la expresión cuando lo veo revisar el contenido del envase. El whiskey ni siquiera es mi bebida favorita, pero lo fino de la botella hace que su sabor sea increíble y procuré tomar bastante a lo largo de estos días; no demasiado, debe tener cerca de la mitad del líquido, pero considerando que cuando la robé estaba prácticamente intacta... - Borracha no, no puedes embriagarte con alcohol de esta calidad. Y si te soy sincera, creí que a estas alturas Bev ya te habría ido con el chisme. - Declaro para tratar de desviar la atención hacia la Redford menor y que no deduzca que fue Ken quien me había hablado de la botella en primer lugar. - Además, ¿desde cuando puedes conseguir cosas así sin que nadie se entere? La vez que conseguí los chocolates europeos los tuve que dejar en el almacén y aguardar a que se repartieran, mientras que el señorito anda escondiendo... ¡Hey!- Cuando me quita el vaso quiero seguir quejándome, pero me quedo unos segundos mirándolo fijo en lo que bebe con descuido, con lo que espero sea una expresión de indignación y no una que cante "estás bueno incluso estando enojado". Hormonas traidoras de mierda...
Ava E. Ballard
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
No había pensado en ese detalle respecto a su estado de drogadicción, por lo que muevo la cabeza de un lado al otro hasta que admito que tengo que darle la razón — Mejor evitemos cualquier tipo de accidente con armas. Ya suficientes problemas tenemos como para encima matarnos entre nosotros mismos — entre lo que tuvimos que enfrentar en la cueva y lo que se nos puede venir encima si Jamie nos encuentra tenemos una infinita variedad de opciones de cómo terminar muriendo, como para que nosotros mismos seamos los verdugos.

Cuidadito mis pelotas. Me es imposible no mirarla entre indignado y aterrado cuando suelta el nombre de Beverly así como así, lo que me hace mirar en dirección al armario donde he guardado sus novelas hace siglos y que jamás me he fijado si siguen allí porque, si soy honesto, me he olvidado de ese detalle. Tengo muchas cosas en las que pensar como para estar preocupándome por las hormonas descontroladas de una niña de trece años  — ¿Y puedo saber qué hacen ustedes dos metiéndose con mis cosas? Sabes como es ella... ¿No se supone que eres la adulta responsable?  — bueno, sí, quizá estoy siendo hipócrita en extremo y que ninguno de los dos se caracteriza con la virtud de la responsabilidad, pero cuando se trata de Bev siempre hay que estar despiertos  — ¿Te das cuenta de que ella podría emborrachar a los demás niños o darles los condones?   — y que me libren si Jared o Kendrick tienen una caja de esos en sus manos.

Me relamo el whisky de los labios y le entrego el vaso vacío con la tosquedad suficiente como para que se estrelle contra su pecho, dando unos pasos hacia atrás en un intento de alejar la botella de su alcance, manteniendo la vista desconfiada en ella  — Se llama "años de experiencia, capa de invisibilidad y expediciones en solitario"  — lo recito como si fuese totalmente obvio y, como hace frío, doy un trago al alcohol con una ligera mueca que indica lo seca que tenía la garganta antes de beber  — ¡Y estoy en mi derecho! Lo tomo como mi propia paga privada cada vez que arriesgo el culo para traer cosas nuevas... ¡Seth también se ha guardado chocolates!  — y sé que es idiota echarle la bola también a mi amigo como cuando quieres demostrar que no eres el único en falta, aunque técnicamente ella no puede acusarme. Y si lo hace, siempre puedo encontrar el modo de vengarme.

Como tristemente ya me he despertado y si vuelvo a la cama ahora no conseguiré ni dormirme ni proteger el alcohol que ella se ha robado,  agarro una chaqueta de algodón azul oscura que he dejado en una de las sillas y me la coloco para abrigarme, sentándome en el sofá que usualmente Derian utiliza como cama para no quitarle la vista de encima a mi hermanastra, con la botella agarrada contra el pecho antes de darle un trago muy lento, dejando bien en claro que no voy a dejar de vigilarla hasta que se duerma — Si vamos a hacer esto, deberías alcanzarme los cigarrillos. Aparentemente ya sabes donde los guardo — y con una sonrisa irónica, le dejo bien en claro que no voy a dejarla sola y descuidada con mis cosas. Creo que la situación es demasiado obvia para los dos.
Benedict D. Franco
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Ava E. Ballard
Fugitivo
Alzo una ceja con completa indignación cuando habla de ser la adulta responsable. ¿Acaso es chiste? Espero que lo sea, porque de verdad no puedo creerme que me esté tratando de esa forma cuando es él quien no puede controlar sus pertenencias. - ¿Y por qué crees que me quedé con el alcohol y volví a esconder sus novelas porno? Por el amor a los cielos, le insinuó a Kendrick que podría practicar quien sabe qué cosas de esos libros con ella... ¿y luego YO no soy responsable cuando al parecer medio distrito sabe dónde están tus cosas? - Es increíble la facilidad que tiene Ben para irritarme, pero es inevitable que lo haga cuando quiere echarme a mí las culpas por las actitudes que pueda tener o no su pseudo hija. - Para responder a tu pregunta, no, no estuve husmeando tus cosas, simplemente me quedé con la botella cuando la vi porque eres un cerdo acaparador. - Prácticamente le gruño.

Cuando me golpea con el vaso al querer devolverlo, me olvido de mis hormonas y pienso en que de tener la fuerza necesaria para hacerle algo, lo golpearía. El intentar devolverle el golpe ahora, simplemente serviría para humillarme e irritarme en partes iguales, por lo que simplemente arrugo la nariz y deposito el vaso con fuerza sobre la austera mesada. -¿Años de exp... ¡LAS PELOTAS!- Levantando los brazos en un ademán de frustración, aprieto los puños con fuerza y los suelto en lo que extiendo mis brazos hacia delante para contenerme de matarlo. - No te voy a negar los malditos años de experiencia, pero las expediciones en solitario las haces porque se te canta que no te acompañemos, y eres un receloso de mierda con tu capa. Así que no jodas con eso. - Cuando nombra a Seth, insinuando que él también está al tanto de sus andanzas, decido que se pueden ir a cagar los dos y que buscaré la manera de acusarlos... aunque sea con Sophia. Ella sabría manejar a los dos idiotas sin la necesidad de recurrir a la violencia física. - ¿Paga privada? Pues diviértanse con Seth metiéndose las pagas privadas por el culo, no son los únicos que se arriesgan al ir afuera, y si lo hacen de más es por sus estúpidos egos y porque usas a tu amigo de transporte.

Estoy enojada, frustrada, y agradeciendo mentalmente que dejé el arma a un costado, porque lo de "casi" por accidente comenzaba a sonar cada vez mejor en mi cabeza. Cruzándome de brazos para no hacer ninguna tontería, lo sigo con la mirada entrecerrada, esperando a que haga otro comentario estúpido solamente para seguir gritándole un poco más. - No, Ben. No sé donde guardas tus malditos cigarros. - Le respondo remarcando las palabras y dejándome caer al otro costado del sillón, rodillas arriba y brazos cruzados, demostrando claramente que no pienso hacer lo que me diga. - Por favor, lo único que te robé fueron la botella, y las remeras que claramente ves que te saco. Le aclaro tomando el cuello de la remera que llevo puesta y tirando hacia adelante de ella para demostrar mi punto. - No ando revisándote las cosas por diversión aunque no lo creas...- Le aclaro entre sarcástica e irritada, y rodando los ojos de manera infantil.
Ava E. Ballard
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Entre toda la cantidad de insultos que trata de lanzarme en primera instancia, yo solamente me quedo con el detalle de que habla de Kendrick y tengo ganas de darme un golpe en la frente ante tanta obviedad. Ya tendré que tener una charla muy seria con el mocoso, pero ahora tengo unos asuntos más importantes que atender — Primero que nada, sería un cerdo acaparador si me quedase con absolutamente todas las botellas. Me he guardado esta en especial porque me costó mucho conseguirla — aclaro, levantando un dedo que me sirve tanto para callarla como para marcar mi punto — Y segundo... ¿Kendrick te trajo a revolver mis cosas? Voy a matarlo. ¿Ustedes no conocen el término "privacidad"? — pues parece que no, porque ahora me voy a ver obligado a buscar otro lugar donde meter mis regalos de mí para mí. Les guste o no, están en falta.

Estoy seguro de que a pesar de la distancia entre la choza y el resto del distrito, alguien debe estar escuchándonos gritar y hasta apostaría que alguien preguntará mañana por el disparo. Ruedo los ojos hasta ponerme bizco en un obvio gesto de irritación cuando empieza a acusarme de cosas que me hubiese esperado de Zenda pero no de ella y hago la mímica burlona de su boca moviéndose al hablar, revoleando los ojos hacia arriba y moviendo apenas la cabeza — Isi qui ni jidis cin isi — me burlo agudamente, sufriendo de un retroceso madurativo momentáneo — ¡Nadie hace nada por ningún estúpido ego! ¡No voy a arriesgar a cualquiera a que se meta a Neopanem solo! Disculpa por ser cuidadoso y responsable — no puedo negar que uso a Seth de transporte pero, venga, él fue el que se ofreció hace años y tampoco le molesta. Es un modo de ser solo nosotros dos como en los viejos tiempos y poder hablar de lo que se nos dé la gana.

Para cuando Ava se sienta a mí lado me pego aún más a los almohadones como si así pudiese evitar que me dé un manotazo y me quite la botella, haciendo un enorme esfuerzo en no poner los ojos en blanco porque creo que si lo hago de nuevo se me van a quedar trabados hacia atrás — Como digas... — resentido, me pongo de pie para ir al dormitorio y regreso en pocos minutos con la caja de cigarros que le lanzo sobre los muslos desnudos, aunque ya llevo uno apretado entre los labios y ando sacudiendo un encendedor en la mano libre. Me siento, aprieto el whisky entre las piernas para que no se me caiga y aprovecho la libertad para encender el cigarro, haciendo que el humo se eleve en segundos sobre nuestras cabezas.— Esas remeras te quedan como vestido — le digo sin mucho interés. Ya pasé hace años de quejarme porque ella me quite la ropa. Dejo el encendedor entre nosotros y aprovecho la comodidad para estirar las piernas y beber un poco más de whisky, manteniendo la vista al frente — ¿Me vas a decir qué hacías con Kendrick y Beverly en mi casa o voy a tener que castigarlos así porque sí? — con el primero solo me basta hablar con Echo y la segunda... bueno, aunque nadie lo crea siempre me las arreglo para mantener cierto grado de autoridad en caso de ser algo así como su padre. Y si Eowyn se entromete, basta con más clases de supervivencia u horas extra de trabajo.
Benedict D. Franco
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Ava E. Ballard
Fugitivo
Vuelvo a rodar los ojos cuando se pone a aclarar que no es un cerdo acaparador, y reprimo un gemido de molestia cuando por supuesto que de todo lo que dije tiene que captar que Kendrick estuvo involucrado en el robo de la botella. - ¿Traerme? Tengo que vivir aquí, la botella te la robé el día siguiente a mudarnos si no mal recuerdo. Y no creía recordar mal, porque al día siguiente nos fuimos a la bendita expedición que casi nos mata a todos, así que dudaba tener un lapsus de memoria tan grande. - Aguarda, ¿cuántas veces ha estado Ken aquí como para que desconfíes tanto del pobre? - Consulto con verdadera curiosidad, más que nada para distraer, pero también porque me gusta oír los dos lados de una misma historia.

Mi enojo había amainado un poco, pero claro que Ben tenía la tendencia a comportarse como un idiota en los momentos menos oportunos, y poco me faltó para aventarle el vaso cuando se burló de la forma más infantil posible. -Sigue siendo una cuestión de ego. No quieres que el resto se arriesgue, así que te pones al frente como carne de camión. Porque sí, el señor es grande y nada lo lastima. Con un demonio Ben, eres más fuerte pero te pueden seguir lastimando de todas maneras, ¿o vas a olvidar lo mierda que nos hicieron en la expedición pasada? - Y me abstengo de agregar que él y Seth fueron los que peor terminaron, ya que me arrepiento de haber sacado el tema a flote en el momento que las palabras escapan de mi boca. No es que él sea particularmente sensible, pero su complejo de culpa alcanza niveles bastante altos en casi todas las ocasiones.

Cuando se levanta a buscar los cigarros, me alegra que la caja vaya a parar a mis piernas, ya que si no piensa compartir la botella, los cigarrillos son una buena alternativa. - De hecho son más grandes que un vestido. Eowyn me cedió uno... Creo que tenía remeras más menos ajustadas que eso. - Le comento ya habiendo calmado bastante mi arranque de mal humor. Estirándome a buscar el encendedor, termino cruzándome de piernas para poder mantener el equilibrio mientras enciendo el pequeño cilindro. Dando una bocanada, disfruto como el humo pasa a través de mi garganta, y lo dejo salir con cuidado. - Le mostré a Kendrick todos nuestros mapas, las mejores rutas de exploración, las trampas y todos los puntos buenos de caza, ah y lo dejé copiarlos todos. Dibuja pésimo así que creo que terminará en el mar, pero supongo que sobrevivirá... y con Bev discutimos acerca de tus partes, algo acerca de que las llamas ¿tus tesoros? y de cómo explorar la sexualidad de uno utilizando cuerdas y otros artefactos. - Le respondo encogiéndome de hombros.
Ava E. Ballard
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Que me hable tan campante sobre lo fácil que le fue hacerse con mi botella me deja tan impactado como indignado. ¿Acaso no le da una mínima vergüenza? Pero en lugar de seguir discutiendo los pocos recursos morales de mi hermanastra, me mantengo en su pregunta, esa que me hace reír vagamente con sarcasmo — Lo he encontrado más de una vez tomando de mi cerveza y leyendo mis anotaciones. No sé que manía tiene con querer irse de aquí — como si allá afuera fuese seguro para alguien como él. No solo por su apellido, tanto el verdadero como el falso, sino porque no está registrado como ciudadano y a la primera de cuentas que alguien lo agarrase, tendría cientos de problemas que explicar. En lo que cabe para Neopanem y sus ministros, Kendrick no existe. Y todos sabemos lo que eso significa — Algún día va a entender que le digo que no por su propia seguridad.

Ava escupe palabras y cada una de ellas parece golpearme como un nuevo cachetazo, obligándome a la quietud y el silencio por un mínimo de un minuto completo sin saber muy bien cómo responder a aquella acusación. He estado tratando de evitar el pensar en cómo casi mato a mi mejor amigo y también como fui un completo inútil cuando todos pudimos haber muerto, por lo que el que me lo recuerde me produce una sensación ácida y desagradable en el estómago — Mejor yo que el resto... ¿No? — acabo escupiendo con resignación — Al fin y al cabo sería un problema menos y tampoco sería una graaan pérdida — todos en el catorce parecen tener su lugar de una forma u otra, incluso Alice a quien le cuesta tanto relacionarse, pero hace años estoy convencido de que yo solamente sirvo para traer problemas o complicaciones. Mi familia me extrañaría, lo sé, pero todos seguirían con sus vidas porque nadie es indispensable — ¿O acaso crees que prefiero que Seth, tú o quien sea vayan antes que yo? No seas idiota — y sé que me lo va a discutir, pero jamás va a verlo desde mi perspectiva. He estado viviendo tiempo prestado desde que tengo trece años y sí, lo he disfrutado, pero a veces simplemente no comprendo cómo sigo aquí con la mala suerte que me ha perseguido.

Que hable de los vestidos de Eowyn y su tamaño me obliga a mirarla de reojo, casi disimulando mi paseo por sus piernas hasta llegar al borde de la remera que cubre su cuerpo. Ya lo he dicho muchas veces, pero hace tiempo que Ava dejó de ser la niña que conocí para ser una de las mujeres más atractivas de todo el distrito, por lo que me recuerdo a mí mismo lo incorrecto que es verla de esa manera y me entretengo dando otra calada al cigarro levantando la vista al techo. Fumar es una buena distracción para no dejar volar la imaginación que suma a mi hermanastra a los vestidos ajustados de Eowyn — Al menos agradece que ha dejado de perseguirte con maquillajes y faldas  — le recuerdo.

Esa confesión hace que me atragante a la mitad de un trago y tengo que ponerme a golpear mi pecho para dejar de toser — ¿Qué hiciste qué? — no sé que me perturba más, si lo que me dice de Beverly o lo de Kendrick, así que voy por partes — ¿De verdad estás alimentando los delirios de la niña? ¿Y Ken...? ¡Si ese chico termina muerto va a ser tu culpa! — sé que debería estar incluso más furioso pero el shock de que me lo diga tan campante me deja demasiado confundido como para reaccionar con normalidad. Al final, bebo como si necesitase el alcohol para poder pasar por esto — ¡Son niños, Ava! ¿Acaso no recuerdas lo que éramos nosotros a su edad? No deberías alentarlos. En especial a Kendrick. — y con un farbullo molesto entre dientes, le paso la botella de muy mala gana como si ella lo necesitase tanto como yo — Debería matarte. O peor, decirle a tu madre.
Benedict D. Franco
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Ava E. Ballard
Fugitivo
Las versiones de ambos parecen coincidir, lo cuál hace que pierda el interés con rapidez. Sé lo que todos en el distrito piensan de Ken, pero el muchacho era mucho más listo y habilidoso que lo que su mala fama le acarreaba. Claro, tenía actitudes de niño muchas veces, pero esas las teníamos todos. No habían pasado ni cinco minutos desde que habíamos comprobado que tanto Ben como yo, todavía teníamos la capacidad de comportarnos como adolescentes insoportables y estaba bastante segura que no pasarían ni cinco minutos más hasta que lo volviésemos a demostrar. - El problema es que por mucho que le quieras contar que tanto anda pasando afuera, lo único que Kendrick conoce es el distrito, no va a entender tan fácilmente que todo se hace por una razón. - Respondo con simpleza. Después de todo, yo había sido una niña cuando habíamos salido del 3, y aún así estaba segura de no conocer la magnitud de lo que podía llegar a pasarnos fuera del distrito.

- ¿Y tú crees que yo no prefiero lo mismo? Mejor yo antes que tú, que Cale, que Seth...No eres el único que tiene el derecho de preocuparse por los demás, ¿sabes? Sin embargo, eres el bendito líder de exploración y me tengo que callar la boca porque confío en que tomes las decisiones correctas. - O al menos lo hago la mayoría de las veces, ya que no es secreto para nadie que cuando estaba en desacuerdo con algo, lo vociferaba sin ningún inconveniente. - Y quítate de la mente eso de ser un puto problema de una vez. Eres licántropo una vez al mes, ¿y qué? Yo menstrúo una vez al mes, y con mis humores soy más propensa a matar a alguien yo, que tú. - Y pese a que es una exageración, no está muy lejos de la verdad. - ¿Podemos volver a la parte en la que nos gritamos el uno al otro? Al menos así dan menos ganas de golpearte.

Doy otra calada al cigarrillo, y esta vez retengo el humo hasta que me empieza a quemar un poco antes de soltarlo en una nube tranquila. - ¿Agradecer? Ahora me persigue con porros, que no me quejo, y con charlas de sexo y chakras desalineados completamente innecesarias. - Vuelvo a llevarme el cigarrillo a la boca, pero me freno antes de posarlo sobre mis labios y me sonrío. - ¿Sabes que hace poco me preguntó acerca de las guarradas que hacemos en el bosque? - Le consulto divertida, sin agregar que prácticamente negué cualquier tipo de relación con Ben que no fuera la de ser hermanastros...

La reacción que obtengo de Ben acerca de los temas que trato con los menores, es exactamente la que esperaba. De hecho es más de lo que esperaba, porque en el leve lapsus mental en el que imaginé esta situación, no creí que pudiese atragantarse con nada. Sin poderlo evitar, suelto una carcajada profunda haciendo que las cenizas del cigarrillo tiemblen y caigan al costado del sillón - No se si sentirme insultada, ofendida u orgullosa. - Digo sonando lo más convincente que puedo, feliz de saber que cuanto uno más se acerca a la verdad, más fácil resulta la mentira. - ¿De verdad me crees capaz de fomentar a una niña que me cree lesbiana y casta, a practicar con cuerdas? ¿O que Ken necesita de mi ayuda si quiere conocer rutas siendo que al parecer prácticamente vive en tu casa? - Rodando los ojos, le sonrío mientras acepto la botella que me entrega por voluntad propia, y doy dos tragos grandes saboreando la mezcla de sabores que dejan el tabaco y el whiskey en mi boca. -Dile lo que quieras a mi madre... ¿qué puede hacer? ¿dejarme sin postre?
Ava E. Ballard
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
No lo entenderá al menos que se le diga la verdad y los dos sabemos que no es una opción — remato para simplemente dejar el tema. Kendrick ya es un peligro para sí mismo si pretende salir de este lugar sin supervisión con las chances que hay de que lo atrapen, pero sus orígenes son algo que hemos mantenido ocultos no solo para él, sino para aquellos que no tuvieron la oportunidad de conocer a su madre. Vaya a saber quien puede tener una lengua suelta y terminar haciendo que todo esto explote en todas direcciones.

La miro entre escéptico y sarcástico cuando dice que se debe callar la boca ante mis decisiones porque es obvio que no lo hace muy seguido. Me ahorro el decirle que jamás va a entenderlo porque primero no quiero sonar como un adolescente caprichoso e incomprendido y segundo, porque soportar las cachetadas de Ava es algo que he estado evitando hacer desde que me mudé solo — tú eres más propensa a matar a alguien no solo una vez al mes. Díselo a la araña que dejaste incrustada en la pared esta noche — le recuerdo. Sin embargo, le guiño un ojo con diversión — Es divertido verte intentarlo — las pocas veces que ha logrado pegarme fueron o porque estaba lento o estaba distraído; la verdad es que con mi tamaño siempre fue fácil bloquear sus golpes o simplemente, no sentirlos.

La descripción de la Eowyn actual me hace estallar de risa, dejando caer la cabeza hacia atrás y apoyándola en el respaldar del sofá con una mano en el abdomen a causa de la carcajada que me achina los ojos — ¿De veras? ¿Sigue creyendo que no tenemos nada mejor que hacer que meternos mano? — le pregunto con la risa todavía haciendo mi voz mucho más cantarina de lo normal, sintiendo los ojos vagamente brillantes por la anterior carcajada — Eowyn ha estado tratando de besarme o acostarse conmigo desde que la conocí. Hasta se me metía en la cama pero bueno... ya sabes como es con todo el mundo. Jamás va a cambiar y creo que no parará hasta montar una orgía con todo el distrito — la verdad, es que no me sorprendería que esa sea su idea de acabar con las injusticias mundiales.

No sé por que me sorprende tanto que Beverly la crea lesbiana y casta, pero por algún motivo giro la cabeza hacia ella con la boca ligeramente abierta entre la sorpresa y la risa y las cejas completamente arqueadas hasta desaparecer abajo de mi pelo — Estoy empezando a creer que eres una pésima influencia para los niños — bromeo. Al final, doy una calada al cigarro y mantengo el humo en la boca para dejarlo salir formando círculos que se pierden en el aire, notando como la ceniza cae sobre el sofá pero no le doy importancia alguna — A veces extraño los tiempos en los cuales podía amenazarte con tu madre para que no me rompas las bolas — confieso con una sonrisita sin culpa alguna y le quito la botella para volver a beber. Sin más, trago, se la devuelvo y me pongo de pie para buscar el cenicero que tengo sobre la mesada. Me apoyo en la misma dando algunos golpecitos al cigarro y miro a mi hermanastra, justo en la otra punta de la pequeña habitación, mientras que solo el silencio de los grillos se cuela entre nosotros.

Quizá ella no puede castigarte pero yo sí — acabo soltando y de muy buena gana le sonrío enseñándole todos mis dientes de forma maliciosa — Puedo simplemente dejarte sin venir a las próximas expediciones. O quitarte todo el alcohol. O puedo buscar algo todavía más fastidioso como hacerte limpiar las telarañas de la casa —me encojo de hombros y vuelvo a apretar el cigarro entre mis labios — ¿Qué opinas?
Benedict D. Franco
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Ava E. Ballard
Fugitivo
Decirle la verdad de sus orígenes a Kendrick, era probablemente el mayor tabú en todo el distrito, y era probablemente uno de los pocos que realmente respetaba. Generalmente era partidaria de que todo el mundo merecía saber la verdad, y más cuando era verdades que le concernían a la vida de esa persona... pero el asunto con Ken era bastante más complicado. Termino por encogerme de hombros, después de todo no se podría mantener al muchacho entre paños de seda por mucho tiempo, y tarde o temprano se enteraría de la verdad... Tal vez, y si para ese entonces no nos odiaba, podría contarle los buenos recuerdos que tenía de su madre.

Decido tomar el comentario de ser más propensa a matar como un cumplido, después de todo de verdad no puedo negar eso, e incluso siento algo de orgullo cuando menciona la araña que ya hasta había olvidado; sobre todo porque me enorgullece mi puntería y mi velocidad de reacción. Claro que después la caga con su siguiente frase, pero en lugar de querer matarlo como de costumbre, las hormonas vuelven a hacer su aparición. No tanto por el guiño, o por su sonrisa burlona... es más bien por el desafío implícito que marca al hablar. - Me alegra ser una constante fuente de diversión. - Es lo único que consigo mascullar, en un tono que se debate entre molesto y burlón.

Y si antes mis hormonas no habían despertado por sus gestos, su carcajada profunda tiene el efecto necesario para refrescarlas. - No estoy segura de que mejor sea la palabra... Pero sí, parece pensar exactamente eso. - Le respondo sin ese filtro que parece desaparecer cada vez que tengo una conversación a solas con Ben. Claro que luego es mi turno de reírme ya que no soy la única que al parecer piensa lo mismo de la rubia. - Wyn hasta me ha ofrecido ayuda a mí, así que espero que no tengas razón, y que si la tienes al menos ponga un cartel de "ancianos y niños abstenerse por favor". Y sí, voy a incluír a nuestros padres en ese grupo porque de solo pensarlo... - Un temblor involuntario me recorre la espalda y me sirve para ejemplificar mi punto.- Simplemente no. Nada de orgías por favor.

- Soy una pésima influencia para los niños. Y es por eso que agradezco que Zenda se apoye bastante en mamá, aunque a veces quiera ser tu sombra. Mejor tú que yo. - Después de todo, y pese a que me gustaría tener hijos algún día, probablemente sería una pésima madre y cuestionarían mis métodos aún más que los de Eowyn... ok, no se si tanto, pero estaría tan enfocada en evitar comportarme como Arleth que seguramente me iría a la mierda. Dejando el lado mi hipotética, imaginaria y futurística maternidad de lado, me vuelvo a centrar en lo que dice Ben y le doy otra calada al cigarrillo. - Ni que fuera tan insoportable... créeme, yo no los extraño para nada.

Sé que debería enojarme que trate de amenazarme con idioteces, todo mi cerebro prácticamente grita que le arroje la colilla del cigarrillo a los ojos... ¿pero era necesario que enumerase con ese tono? Hor-monas-de-mierda. -Opino que eso es bajo, incluso para ti. Además de que ya olvidé por qué era que me tenías que castigar. - Le respondo encogiéndome de hombros, felicitándome internamente de manera estúpida cuando una de las mangas de la remera se desliza por mi hombro. ¿Había dicho algo sobre mis hormonas de mierda, ya?
Ava E. Ballard
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Oh, lo eres — aseguro sin pudor alguno con respecto a su comentario de ser una fuente de diversión porque, lo diga en voz alta o no, siempre he encontrado el modo de encontrarla entretenida. Cuando éramos niños Ava era una buena compañía para distraerme de mis problemas con sus historias infantiles y cuando empezamos a crecer, las cosas se fueron tornando en la relación extraña que llevamos hace años y la cual he estado tratando de esquivar por mucho tiempo. Bueno, solo a veces, porque tengo mis momentos de ser demasiado débil y caer en el tire y afloje que ambos determinamos sin siquiera pensarlo.

A estas alturas debería estar acostumbrado a su sinceridad pero de todas maneras una de mis cejas se alza un segundo por su comentario, pero me ahorro cualquier respuesta de la cual me pueda arrepentir luego a pesar de que trago algo de saliva. Por suerte cualquier tipo de tentación se evapora cuando me mete esa imagen tan desagradable en la cabeza y me estremezco con una mueca de asco, sacando la lengua con un "puaj" algo infantil — Nada de orgías —declaro como si estuviéramos cerrando un trato.

Si Zenda quisiera seguir los pasos de cualquiera de nosotros dos... bueno, no veo como eso puede terminar bien — sé que quizá estamos hablando de su irresponsabilidad pero no puedo negar que yo sería un pésimo padre. He intentado ser lo mejor que puedo para Beverly pero todavía no descubro mi fuerte con el tema y sospecho que a veces, esa niña es más rápida que yo. Aprieto un poco mis labios para ahorrarme cualquier comentario sobre su época de infante y al final, decido que es mejor dejarlo ahí.

La verdad es que yo también me he olvidado por qué debía castigarla y cuando trato de hacer memoria, mi intento falla ridículamente porque mis ojos se van directo a su hombro descubierto. Recuerdo repentinamente las razones de mis amenazas y abro la boca para decirlas pero de ahí dentro no sale ninguna palabra, así que vuelvo a cerrarla mientras me aprieto el puente de la nariz para masajearlo con los ojos cerrados — Era algo sobre tu mala influencia en los niños... ya... no importa — no sé si es por la situación en sí o porque hemos estado tonteando el uno con el otro hace mucho tiempo, pero de repente no se me antoja insistir con los castigos y sus faltas. Con una última calada apago el cigarro en el cenicero y dejo salir el humo con lentitud, centrado en como aprieto la colilla hasta que se apaga del todo — ¿O quieres que te castigue de todas formas? — mierda, eso en mi cabeza no sonaba tan mal, aunque tampoco entiendo el involuntario tono pausado de mi voz.

Si tengo que ser honesto, siempre me he sentido ridículo en cuanto a mujeres se refiere. Y sin embargo, meterme con Ava siempre me ha resultado divertido, incluso placentero, sabiendo que ella corresponde de esa manera que me llena de una extraña y cómoda seguridad. Para cuando la miro de nuevo siento el impulso de cruzar toda la habitación para saltar sobre ella, lo que hace que meta mis manos impacientes dentro de los bolsillos del buzo y lo estire hacia abajo — Quizá debería... —intento hablar calmado aunque creo que la tensión se nota en mi voz y acabo ladeando mi cabeza un momento mientras pienso —... volver a la cama. Ya sabes — me separo de la mesada y paso cerca de la mesa, aunque la verdad es que no me encamino hacia el dormitorio sino que acorto la distancia con el sofá. Apoyo una mano en una de las sillas y golpeteo allí mis dedos, torciendo un poco los labios antes de relamerlos — ¿Vienes o...? — dudo un poco al decir esas palabras, aunque acabo riendo por lo bajo ante mi propia estupidez y me miro los pies descalzos dos segundos con obvia diversión — A veces te odio, Ava — acabo soltando con gracia, alzando los ojos entre el flequillo con una sonrisa ladina en su dirección. Creo que no hace falta explicar el por qué.
Benedict D. Franco
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Ava E. Ballard
Fugitivo
Alzo la ceja con intención cuando con su comentario demuestra que no importa como, siempre quiere tener la última palabra. Y lo peor es que lo consigue, porque me niego a seguir acotando el cómo puedo ser o no una forma de diversión constante. Después de todo, Ben era un experto en saber como empujar todos mis botones y podía irritarme en el mismo tiempo en el que podía hacer que me partiese de la risa.

Lo bueno, es que yo también encuentro en él una fuente de diversión constante, y no puedo evitar leer su línea de pensamiento tan claro como si fuese un libro antiguo. Indefectiblemente, una voz (sorprendentemente parecida a la de mi madre) parece decir "Hombres" en mi cabeza, y termino por hacer un esfuerzo monumental para no rodar los ojos nuevamente. Por suerte, parece asquearse aún más que yo con la sola idea de que cualquiera de nuestras figuras paternas y la palabra sexo estén mezcladas, y termino riéndome por su gesto de asco mientras que asiento con la cabeza.

- Oh por favor, somos lo mejor que el distrito tiene para ofrecer, ya quisiera Zenda salir como uno de nosotros. - Y no termino de hablar antes de estar carcajeándome a risa suelta por la sola idea de lo que acabo de decir. Si era sincera, nada le sabría mejor a la pequeña, que seguir el ejemplo de sus padres en lugar de tratar de imitarnos en cualquier idiotez que se nos ocurra hacer. Cuando menos me sentiré feliz si madura un poco antes que nosotros (léase: antes de llegar a los treinta).

Debo admitir que me apremio mentalmente cuando mi pregunta lo hace boquear como uno de los pescados que tan fácil puede sacar del arroyo y de manera imbécil me regocijo aún más cuando trata de responder de manera patética y casi inentendible. Doy una calada al cigarro, sonriendo en el proceso y notando como a partir de ahora solo queda el filtro del mismo; exhalo con cuidado el humo y ya he comenzado a incorporarme para apagarlo cuando la voz de Ben me para en seco. ¿De verdad acaba de preguntar...?

Por unos segundos mi mente queda completamente en blanco. Cómo si estuviese buscando como arrancar, pero no tuviese combustible para hacerlo. Lo cual era una tontería considerando que la frase de Ben podía malinterpretarse de muchas formas diferentes sin la ayuda de ninguna de las novelas de Bev. ¿Volver a la cama? ¿Esa era su fantástica idea después de dejarme con las hormonas a mil y 4 años de frustración acrecentados por ya no tener un cuarto propio? Poco me falta para putearlo, pero mi vista no se aparta de su figura, y cuando se acerca relamiéndose los labios decido mandar a la mierda cualquier resolución que pudiera tener acerca de mi autocontrol. - Si te sirve de consuelo, a veces también te odio. - Es lo único que logro articular antes de incorporarme con las rodillas sobre el apoyabrazos del sillón, aferrándome a su ridículo buzo para darme el impulso que me falta hasta llegar a sus labios.
Ava E. Ballard
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Cuando me acerco al sofá, es con la intención de tomar su cigarro y arrojarlo al cenicero, pero su respuesta es algo que no me esperaba y que en cierto modo, me toma por sorpresa a pesar de mis palabras busconas hace menos de un minuto. Quizá porque estaba esperando que todo termine como suele hacerlo, con algún que otro grito y una patada al regresar a la cama, pero la verdad es que cuando la veo tironear de mi buzo para llegar hasta mí, no tengo la rapidez necesaria y sus labios sobre los míos me dejan un instante con la respiración contenida, inflando mi pecho por inercia justo antes de sentir como los músculos se me relajan y dejo salir el aire en un suspiro que se pierde en sus labios. Sí creí que iba a ser capaz de mantener a raya una historia de hace cuatro años que no debería haber existido porque fue una debilidad capaz de encender a nuestra familia, acabo de mandarlo todo a la mierda.

Mis manos viajan hasta su cintura y se aprietan en su espalda para aferrarla con fuerza y de paso obligarla a alzarse un poco más, sintiéndome demasiado encorvado sobre ella como para estar cómodo a pesar de estar centrado en el tacto de su boca, pero de todos modos tiro de Ava como si se tratase de una muñeca de trapo hasta ponerla de pie. Creo que no me doy cuenta de lo mucho que había deseado esto hasta que noto la insistencia y brusquedad de mis besos, como si los últimos años después de esa noche hubiesen sido solo un juego para ver cuánto éramos capaces de aguantar sin volver a ponernos las manos encima. Sé que es pura atracción, pero no recuerdo haber sufrido una de este tipo en mi vida. Quizá porque conozco muy pocas mujeres como para saber libremente lo que es.

No sé exactamente dónde tocar porque parece que nada es suficiente y cuando me enrosco en alguna zona de su cuerpo, de inmediato tengo la necesidad de tocar la siguiente. Acaricio cada una de sus curvas con vehemencia como si mis dedos tuviesen la urgencia de apretar y marcar su piel, con una respiración descolocada y olvidándome del whisky, del cigarro, de que quizá algunos de nuestros compañeros de casa decide volver antes o de cualquier otra cosa que se me cruzaría por la mente en otra ocasión. Solo me concentro en como nuestros labios se presionan, se buscan y descontrolan, lo que me grita en algún punto que no tiene por qué ser algo tan incorrecto al fin de cuentas. O en realidad, debería recordarme por qué lo es.

Paso las manos por encima de sus glúteos hasta llegar a sus muslos y la aprieto contra mí, moviéndonos atropelladamente hasta presionarla contra la pared más cercana. Nos chocamos contra la misma estrepitosamente y eso me hace reír de manera cómplice en su boca, tomando sus muslos para alzarla lo suficiente para que se encuentre a mi altura, ayudándome a sostener su peso al apretar su espalda contra la pared. Es una suerte que sea tan menuda, porque es una tarea que me resulta más que fácil. Le sonrió de lado al apoyar mi frente contra ella, paseando mis ojos entornados por su rostro hasta llegar a sus labios hinchados y muevo apenas la cabeza — Nada mal para no hacerlo hace cuatro años — bromeo en un susurro ronco por culpa de mi respiración, ladeando la cabeza para rozar mis labios por el contorno de su mandíbula — Eres todo un tema, Ava — agrego y solo para testearla, raspo su piel con mis dientes.
Benedict D. Franco
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Ava E. Ballard
Fugitivo
Los microsegundos en los que tarda en responder al contacto, me hacen titubear y no puedo evitar pensar que he leído mal la situación. Y es que por más de que siempre andamos discutiendo y buscando provocarnos a cada que se pueda, desde aquella tarde en el lago que en más de una ocasión he pensado en mandar todo a la mierda, aunque ésta sea la primera vez que de verdad he actuado sobre ello. Sí claro, tenía que pensar en nuestra familia, en Zenda, y en cualquier excusa que podía ocurrírseme en esos momentos; pero cada vez más me iba convenciendo un poco más de que a nadie le incumbían nuestros asuntos y que ya estábamos grandes como para tomar decisiones por nuestra cuenta.

Mis temores son acallados rápidamente cuando, además de relajarse, lo siento apresar mi cintura enderezándome contra él y generando un contacto que además de deseado, es plenamente bienvenido. Hay un atractivo particular en sentir la fuerza ajena sobre la propia, y mientras que muchas otras veces me he quejado por mi tamaño, en esta ocasión lo celebro mientras me dejo llevar sin oponer resistencia alguna ante las maniobras de Ben. Cuando vuelvo a incorporarme sobre mis pies, agradezco de sobremanera que sus brazos me sirvan de apoyo, porque no estoy segura de poder mantenerme en pie de no ser así.

La colilla del cigarrillo seguramente ha ido a parar al piso, pero la descarto rápidamente de mis pensamientos en lo que utilizo mi mano libre para llevarla a la parte posterior de su cuello. De haber llevado la cuenta, hace tiempo me habría perdido en cuántos besos nos propinábamos el uno al otro, buscándonos constantemente con una avidez ferviente producto de años de juego previo. Siento cada caricia que me propina con una intensidad muy distinta a la que había sentido años atrás, y busco devolver el favor usando hasta las uñas para poder recorrer cuanta superficie de piel encuentro libre. Más veces que las que no, mis manos terminan en su nuca, enredándose en su cabello y tironeando de él cuando su agarre se hace más fuerte en alguna zona de mi cuerpo.

Unos cuantos gemidos se han escapado de mis labios pero pese a la agitación, parecemos estar coordinados incluso al respirar, inhalando en los momentos oportunos y dejando salir el aire en varios suspiros que nos arrancamos mutuamente. No noto que estamos en movimiento hasta el momento en que la pared choca contra mi espalda, y al igual que él una risa se me escapa al pensar en la situación en la que nos encontramos. Tengo que contener la respiración cuando me alza en vilo y me vuelve a apresar contra la pared, dejándome atrapada sintiendo el contraste que generan las temperaturas de la pared y la de su pecho. De manera casi involuntaria, mis piernas rodean su espalda, y pese a que mi altura no sea mi mejor atributo, logro cruzar mis tobillos para asegurar mi agarre sobre su torso.

Me río nuevamente cuando me propina ese cumplido disfrazado de burla, y como no me gusta perder, busco su oído en lo que él se entretiene con el contorno de mi rostro. - No se si pueda decir lo mismo... aquella fue una muy buena noche. ¿Crees estar a la altura de mis recuerdos? - Lo desafío respirando entrecortadamente para luego mordisquear su lóbulo con diversión. - Siempre lo he sido. - Agrego, y sin poderme contener, dirijo mi boca contra la piel que deja expuesta justo debajo de su oreja usando los dientes para saborear mejor la zona, mientras una de mis manos se apoya sobre su pecho a modo de sostén y la otra se aventura nuevamente a sus cabellos.

No pasa demasiado tiempo antes de que el buzo que viste me parezca un obstáculo tanto como antes fue de ayuda, y esta vez, mientras me entretengo recorriendo su cuello, trato de tironear de la tela para que la misma abandone su cuerpo. No creo que pueda decir que hace frío en este preciso instante...
Ava E. Ballard
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Siento un suave y placentero ardor allí donde se clavan sus uñas y mi cuerpo se alborota cada vez que escucho los sonidos que salen de su boca, como si fuesen una guía sobre dónde y cómo debo tocarla para seguir recibiendo el premio de sus acciones. Mis hombros se encuentran tensos gracias a las descargas eléctricas que causan cosquillas de puro goce por toda mi anatomía, necesitando con urgencia una mayor cercanía que me obliga a pegarme a ella todo lo que puedo, apretándome entre sus piernas al tenerla sujeta por las rodillas para evitar que el aire exista entre nosotros. En algún momento no tengo idea de dónde termina mi cuerpo y empieza el suyo, porque creo que nos volvemos un mar de brazos, piernas y piel que busca el contacto con desespero.

La tentación del desafío que me pone en segundos me pinta la sonrisa más pícara y temblorosa que he tenido en mucho tiempo, mordiendo por un instante mi labio inferior al sentirlo hinchado por culpa de sus besos — No lo pidas dos veces — respondo vagamente. Su siguiente comentario me arrebata una breve risa que se pierde en el hueco de su cuello donde me he ocultado, presionando los labios en un camino de besos que culminan en un suave mordisco en la zona donde puedo sentir el palpitar de sus venas.

Siento como se me escapa un jadeo traicionero por culpa de sus acciones y el estremecimiento me delata en reacción de aquel mordisco, dejando que me desnude sin mucho problema y siendo de ayuda con un movimiento de mis hombros para acelerar el trayecto de mi buzo al suelo, oyéndola caer.  Tomo eso como una invitación para meter mis manos debajo de la remera que me ha robado y la aprieto un poco más para evitar que se patine de mi agarre, acariciando con fervor su vientre, sus pechos y su cintura, levantando un poco la tela que la cubre en el proceso para ser libre de saborear la piel que logro dejar al aire libre. El calor me hace respirar con dificultad, ansioso hasta enganchar mis dedos en los bordes de su ropa interior en un intento de hacerla a un lado para tener mayor libertad.

Oigo caer la prenda íntima de mi hermanastra cuando la bajo al suelo, notando lo arrugada que está la remera que lleva puesta por todo ese tironeo y con impaciencia, la empujo lo suficiente para que caiga al sillón, aferrándome con una mano del respaldar del mismo para acomodarme sobre ella. Con mi mano contraria la tomo de la nuca con el ímpetu que la obliga a estar a mi alcance para besarla bruscamente, dejando que mi cuerpo se coloque sobre el suyo en una fricción que me obliga a jadear en sus labios, ignorando el crujido del mueble debajo nuestro. O de básicamente, todo el mundo; si esto me convierte en un pecador, pues me voy a ir al infierno con gusto.
Benedict D. Franco
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Eowyn J. Redford
Estaba preocupada por Sophia.

Mentira. Volveré a empezar.

Desde que el grupo de exploración volvió de la expedición a donde mierda ni me importa porque no me llevaron, Seth ha estado en su casa vagando en ropa interior (no por depresión, que a lo mejor, no sé, no soy psicóloga; pero vamos a dejarlo en lo obvio: está herido). Y ya se que está casado pero de tonta yo no tengo ni un pelo, así que voy a su casa de vez en cuando, a darle a Sophia un respiro de su pobrecito marido enfermito y aprovecho para soñar con como sería mi vida si fuera yo la casada con Seth. Me meto en su cama mientras duerme, le hago dibujitos en el pecho y le doy sopitas como si fuera un bebé; además a veces me pongo sus camisas, porque si uno va a hacer algo, tiene que hacerlo bien.

Cuando he llegado esa tarde estaba súper colocado con una poción calmante que acababa de tomarse, lo cual es súper interesante porque si algo he descubierto es que a Seth le gusta hablar cuando está hasta arriba. Me pongo a entretenerlo (en ropa interior, obviamente) con un juego de cartas (donde va perdiendo por goleada y no le culpo, creo que no distingue los diamantes de los corazones) cuando sale un tema muy delicado. Un tema delicadísimo. Un tema nivel: porqué mierda esperó cuatro días para soltarme algo así.

¿QUÉ QUÉEEEEEEEEEEEEE? — Sophia aparece de la nada asustada por mi grito y abre la puerta repentinamente, justo para ver como me levanto de la cama en ropa interior y miro a Seth como si hubiera intentado violarme. Obviamente todos los presentes somos conscientes de que si alguien hubiera intentado violar a alguien, habría sido al revés. — ¿COMO TE CALLAS ALGO ASÍ? ¡IDIOTA! — Mi momento dramático se ve cortado por la rubia que está intentando entender la escena y porqué mierda estoy medio desnuda en su cuarto. — ¡Ahora no, Soph! ¡Ahora, no! — Y me voy súper indignada, con el tiempo justo para agarrar una de las chamarras de Seth y ponérmela encima porque una no puede ser dramática sin una salida como esa.

Corro el resto del camino hasta la cabaña de Ben y antes de incluso abrir la puerta, ya le estoy chillando. — ¡COMO ES ESO QUE VIOLASTE A SETH CON PÚBLICO Y NO ME DIJISTE! — Abro la puerta tan repentinamente que en principio ni noto la maraña de cuerpos y extremidades del sofá, pero dos segundos más tarde mi cerebro reacciona. Sé lo que hacen. Pero no sé quien, hasta que Ava gira la cara.

¡Ava!
¡Ben!
¡AVA SE ESTÁ TIRANDO A BEN!
¡BEN SE ESTÁ TIRANDO A AVA LUEGO DE TIRARSE A SETH!
¡QUÉ MIERDA ESTÁ PASANDO ACÁ!

Me pongo a chillar, de estos que solo gritas "aaah" super agudo como si acabaras de ver la peor aberración de la historia.

Pero amigos míos, están muy equivocados si pensaron en eso. — LO SABIA. LO SABIAAAAAAAAAAAAAAAAAA — Fangirling extremo acá. Más chillidos. Saltitos. Aspavientos. Más saltitos. Más grititos. — Me voy a desmayar. Esto es demasiado para mi pobre corazón. Esto es demasiado. DEMASIADO. ¡YO TENÍA RAZÓN! — Cambio constantemente la entonación de voz, aguda, a grave, a suplicante, a casi pornográfica. Todo por sílabas y aparentemente sin sentido alguno, pero que revelan mi estado anímico momentáneo. Me importa una mierda si me están lanzando excusas. ¡Me importa un puto carajo! — ¡Ava estaba ahí! ¡Los oísteeeeeee! ¡Seth dice que Ben se le tiró encima y le arrancó la ropa a mordiscos! — Así como dato: Las palabras textuales de Seth fueron no sé que pasó, de repente se me echó encima y era otra persona. Mi imaginación hizo el resto.

Mientras hablo me toco el cuerpo, como si unas manos imaginarias representaran la escena de mi cabeza al mismo tiempo que doy irregulares pasos por el lugar, siempre con intención de acercarme al sofá aunque de forma casi involuntaria. — Me encanta cuando hace eso. Se pone en plan bruto y es tan sexy.
Eowyn J. Redford
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Ava E. Ballard
Fugitivo
Si creía que los besos que Ben propinaba en mis labios eran intensos, claramente había olvidado lo que se sentía sentir su boca recorriéndome por donde se le cantase pasarse. ¿Qué no pida dos veces qué...? No es fácil retener los pensamientos en mi cabeza, y cuando por fin capto a lo que hace referencia, mi única respuesta es mordisquear la piel que está entre su hombro y el nacimiento de su clavícula. Esperaba no tener que pedirle dos veces nada, estaba demasiado ocupada poniendo la boca a un mejor uso. Uso que al parecer estaba funcionando, porque cuando Ben se estremece, el temblor de su cuerpo se refleja contra el mío y un jadeo propio no tarda en unirse al suyo.

Cuando la tela que cubre sus parte superior desaparece gracias a un esfuerzo conjunto, no tardo en tratar de masajear cuanta porción de piel alcanzo, para terminar clavando las uñas en sus omóplatos cuando sus propias manos buscan explorar lo que la ropa está cubriendo. Su toque quema contra mi piel, y sin importarme que alguien pueda escuchar, termino gimiendo en voz alta perdiéndome en las sensaciones a las que mi memoria claramente no le había hecho justicia.

En el momento que sus manos se posan en mis caderas, enganchando mi ropa interior entre sus dedos, ahogo un grito contra su cuello y permito que mis uñas se arrastren por su espalda y hasta sus hombros, clavándose con fuerza en lo que busco apretarme más contra él. No tardo en entender que la posición en la que estamos dificulta su tarea, y desengancho rápidamente mis piernas en lo que él vuelve a depositarme en el suelo. La suave tela se desliza rápidamente por mis piernas, y no he terminado de patearla para desenredarla de mis tobillos, cuando Ben me empuja hacia el sillón y se posiciona sobre mí en lo que creo es el momento más erótico de toda mi vida.

La imagen de mi hermanastro encima mío, despeinado, sudoroso y jadeando a causa de lo que está sucediendo, es una que se graba en mis retinas instantáneamente y lo agradezco, porque al instante siguiente estoy demasiado ocupada tratando de competir contra la brusquedad de sus labios sobre los míos. Como es costumbre, no pienso dejarme ganar y enrosco una de mis piernas en su cintura para atraerlo aún más hacia mí. La presión es increíble, y termino por morder su labio inferior mientras un gemido se me escapa entre dientes. Involuntariamente, o tal vez con demasiada voluntad, trato de enganchar el borde de sus bóxers entre los dedos de mis pies en un intento desesperado de no romper ese beso hambriento que me nublaba los pensamientos.

¡COMO ES ESO QUE VIOLASTE A SETH CON PÚBLICO Y NO ME DIJISTE!

El grito que interrumpe el aire seguido del golpe que da la puerta al abrirse de par en par me congelan en mis acciones. De repente, el calor que me invade es completamente diferente al que tenía segundos atrás, y puedo jurar que mi vista se torna roja en lo que Eowyn hace una mezcla de sonidos guturales, chillidos y pantomimas extrañas que no logro entender a qué vienen. ¿PERO QUÉ TANTO LE CUESTA DAR LA VUELTA E IRSE POR DÓNDE VINO? Ignoro Lo que sea que vino a contar, y soltando mi agarre sobre Ben, busco lo primero que tenga al alcance para arrojárselo por la cabeza.

- ¡LA CONCHA TUYA EOWYN! - Vocifero demasiado enojada para detenerme a pensar en mis palabras, en lo que pueda pensar Ben o el resto del distrito cuando la rubia ande divagando lo que acaba de ver. - ¿DE TODAS LAS MALDITAS NOCHES DE LOS ÚLTIMOS CUATRO AÑOS TENÍAS QUE ELEGIR ÉSTA PARA APARECER CON TUS RIDICULECES? - Incorporándome, busco lo que sea que pueda seguir tirándole al rostro, entre lo que encuentro un zapato, el buzo de Ben y hasta mi ropa interior. Todo se vuelve un proyectil para la rubia, y espero que agradezca que el arma que usé contra la araña se encuentre lejos de mi alcance. Estoy más rabiosa que un perro salvaje, y si creía que cuatro años de frustración eran mucho, claramente Eowyn había encontrado la manera de superar eso.- ¡ME IMPORTA UN CARAJO QUIÉN VIOLÓ A QUIEN EN TU REBUSCADA CABEZA! LA PRÓXIMA VEZ QUE UNA DE TUS FANTASÍAS MORBOSAS TE ATRAVIESE EL CEREBRO, PROCURA QUE YO ESTÉ DE GUARDIA CUANDO MENOS.
Ava E. Ballard
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