The Mighty Fall
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The things we used to share ✘ Arianne

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Mensaje por Benedict D. Franco el Lun Oct 23, 2017 4:42 am

Recuerdo del primer mensaje :

Esa pared siempre ha tenido anuncios al azar que se sobreponen el uno sobre el otro hasta llenarse de papeles que tienen vaya a saber cuánto tiempo, pero nunca le he prestado mucha atención en mis pocas visitas al distrito doce. En esta ocasión, sin embargo, me he detenido a mirarla porque alguien ha arrancado algunos carteles que dejaron al descubierto anuncios más viejos, y no pude evitar fijarme en un rostro tan familiar como desconocido a la vez. Me causa risa ver la fotografía de un Benedict Franco joven junto a su orden de captura, búsqueda y recompensa, en especial porque es una de esas últimas fotos públicas que hubo de mí y que nunca jamás han podido actualizar. ¿Hasta hace cuánto tiempo han estado colgando estos carteles? Posiblemente hace bastante, por algo había quedado cubierto, pero sin embargo no lo suficiente como para hacerme sentir seguro al caminar por las calles.

No suelo adentrarme tanto en Neopanem al menos que sea necesario, pero no falta tanto tiempo para el invierno y es mejor hacer crecer nuestra reserva de medicamentos antes de tener algún problema que esté fuera del alcance del grupo médico. Sé que muchos extraños apareciendo en las calles llama la atención así que suelo venir solo, aunque llevo conmigo una clásica capa de mago que me cubre la cabeza con una capucha tan grande que me hace sentir como una pobre imitación de la parca. Lo bueno, es que es suficiente como para dejarme esconder la mochila de viaje donde he escondido la capa de invisibilidad. Igual, no es como si en el mercado negro fuesen a hacer muchas preguntas.

- ¿Todavía siguen buscando a esa gente? - la voz irritada de uno de los vendedores hace que me voltee, observando a un hombre regordete y mugroso cuyos ojos rasgados y oscuros están clavados en la fotografía - Es un desperdicio. Todos muertos, eso digo yo. Si no murieron de hambre, los han matado a todos... - no puedo evitar apretar mis labios en un intento de aguantar la risa y solo asiento, despegándome de la pared para observar su mercancía, aunque nada de las chucherías que está vendiendo me interesa demasiado - Si los hubiesen matado, dudo mucho que no lo pusieran en la televisión - comento como quien no quiere la cosa. El hombre parece vacilar mis palabras y yo solamente me despido con un movimiento de la cabeza, alejándome de allí hasta dar con el puesto que estaba buscando.

He conseguido algo de dinero en mis expediciones, por lo que rebusco para chequear las monedas que me quedan aunque noto de inmediato que no son las suficientes como para hacerme con mi pequeña reserva de drogas. La mujer del puesto parece mirarme con gesto suspicaz, pero rechaza mi propuesta de conseguir alguna oferta. Perfecto. Quizá debería irme con menos de lo pensado, aunque tener que volver en el futuro lo haría nuevamente arriesgado. ¿Qué era lo que había pedido Seth? Busco la lista en mi bolsillo y vuelvo a chequear. No puedo caer en la inutilidad de ni siquiera poder cumplir con mi tarea... y no es como si no hubiese robado en otras ocasiones.

Siempre he dicho que es más fácil robar dinero para comprar tus necesidades que robar el objeto en sí frente a los ojos de un vendedor atento que se muere de hambre y necesita de aquellas ventas para sobrevivir, así que me mantengo fiel a mis principios y pido un momento. Guardo la lista y avanzo entre la pequeña multitud que recorre el mercado, el cual siempre va a apestar a polvo y porquería, buscando una víctima cuya apariencia me clame que será fácil de robar. Y entonces la veo: un cabello rubio y un cuerpo menudo que sobresale entre el color gris y opaco, a solo unos metros de distancia; y a juzgar por sus ropas, dinero debe tener.

Papá siempre dice que no sabe de dónde he sacado ciertas actitudes con el paso de los años, así que es probable que esto nunca se lo cuente. Rebusco hasta encontrar uno de los finos brazaletes robados dentro de mi mochila, uno de esos que Eowyn solía llevar, y me quito la capucha en un intento de buscar una mayor confianza con mi víctima. Tomo aire, me preparo mentalmente dos segundos y aclaro mi garganta, antes de empezar a acercarme hacia ella - ¡Señorita! - exclamo en tono preocupado, levantando mi mano para llamar su atención - ¡Señorita, espere!

No me cuesta llegar hasta ella y cortarle el paso, sin tocarla para no resultar molesto; incluso, alzo las manos casi como pidiéndole disculpas - ¿Esto es suyo? - pregunto. Quizá hable con ella, pero me sirve para chequear si tiene algún bolsillo o bolso a la vista de donde pueda sacar el dinero con la rapidez suficiente como para que no se dé cuenta. Le enseño el brazalete, el cual brilla vagamente en la poca luz que entra al lugar - Creo que se le ha caído. - de inmediato le sonrío, como si de esa forma pudiese ganarme toda su confianza - Dígame que es suya o tendré que disculparme por inoportuno.
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Mensaje por Benedict D. Franco el Miér Oct 25, 2017 11:23 pm

Ahí está. Justo ahí,en el brillo fugaz de esos ojos azules, el halo del reconocimiento a pesar de que toda lógica probablemente le está gritando que nada de esto tiene sentido. Que Benedict Franco murió hace mucho tiempo y que siempre fue el niño menudo y pecoso de hace ya siglos, pero puedo apostar a que en su cabeza las ideas empezaron a acomodarse. He cambiado y he crecido, pero sigo siendo yo; los mismos gestos, las mismas manías, los mismos ojos celestes del distrito cuatro que mamá siempre remarcaba que simulaban un color similar al mar. Incluso el mismo remolino de pelo desordenado y estoy seguro de que alguna peca o lunar sigue en su lugar. No soy el que era, pero soy yo y sospecho que ahora ella puede verlo.

Su voz temblorosa solo logra que un dolor punzante en las mejillas me indique que la sonrisa ha aumentado e intento acercarme a ella aunque me detengo de la misma forma que ella lo hace, sin saber si tengo el permiso de abrazarla o poner mis manos sobre ella luego de mi actitud anterior. Bueno, no es como si hubiera tenido opción luego de su forma de reaccionar. He empezado a decir su nombre cuando la rubia me pone la capucha sobre la cabeza y en pocos segundos nos encaminamos al final del pasillo, observando como sus dedos se cierran en mi muñeca de forma sorprendente, al menos si consideramos el hecho de que hace cinco minutos no quería tocarme.

No te preocupes, si necesito desaparecer puedo hacerlo bien rápido — consigo explicarle en cuanto puedo acomodar mi cabeza. Hace siglos no sentía una adrenalina similar, como si me hubiesen puesto un motor en lugar de mi corazón, además de un cosquilleo indescriptible y cálido en la boca del estómago. Ladeo la cabeza, esperando que Arianne diga algo, cualquier cosa, hasta que sus palabras me hacen reír suavemente y de una forma mucho más grave de lo que ella debe estar acostumbrada — Lo sé, lo siento. La vida no ha sido demasiado buena conmigo. Pero créeme que pudo haber sido peor...

He visto gente consumirse hasta los huesos y a cientos de personas en un estado deplorable en los distritos del norte, así que estoy agradecido con mi oportunidad de ser una persona libre en mi propia forma. Me es inevitable no mirarla de pies a cabeza hasta encontrarme con sus ojos, lo que me provoca alzar las manos con timidez — ¿Me permites? — pregunto con amabilidad. En segundos estoy tomando su rostro suavemente entre mis manos, lo suficientemente grandes como para moverla sin lastimarla, y le obligo a mirarme. Sus facciones no emanan la juventud que recuerdo pero ella continúa siendo suave. Tiene un porte diferente, pero le echo la culpa a los años y su nariz parece haberse acomodado a las proporciones de la adultez. Es Arianne, la mire por donde la mire, convertida en una mujer posiblemente atractiva aunque jamás la he encontrado fea, solo que era demasiado niño como para mirarla más de cinco segundos.

Me muerdo el interior de la mejilla y luego el labio inferior, tratando de contener las ganas locas que tengo de reírme — Sí que eres tú  — murmuro alegremente. Mis pulgares presionan con suavidad sus mejillas como si buscase pistas sobre su pasado genético, aunque pronto la suelto para descender mi agarre por sus brazos hasta tomar sus manos en un abuso de confianza a pesar de que ella no quisiera tocarme anteriormente. Estiro sus dedos y los plasmo contra los míos, midiendo su longitud — Bueno, esto sí ha cambiado — comento con resentimiento al paso del tiempo. A los trece o catorce años yo solía tener las manos suaves, aunque ahora se volvieron ásperas y sus dedos se han estirado y madurado. Sin embargo aprieto cariñosamente las suyas y doy un paso hacia atrás para verla mejor — Es increíble. Mierda, siento que tengo tanto para decirte...

Mi vida como esclavo. La licantropía. El distrito 14. Derian. ¿Por dónde empiezo a recolectar los últimos quince años? ¿Qué se le dice a alguien luego de todo este tiempo? ¿La he extrañado? Claro, siempre me preocupé por ella. ¿Me ha extrañado a mí? ¿Cuál es el punto de partida? La cabeza me da vueltas tanto por mis dudas como por mi emoción y no sé exactamente por donde estallar. Estoy tan perdido en mis emociones que ni me importa el olor ni la oscuridad de donde estamos, ni que alguien piense que nos encontramos a mitad de algún negocio turbio. Es Arianne Brawn y está frente a mí, más viva de lo que pensé que la vería en mi vida.

Tú... ¿Cómo has estado? — es la pregunta más idiota que me sale y me sorprende a mí mismo que con eso me sale empezar. Escondo mis manos en mis bolsillos en un intento de no seguir molestándola con mis impulsos de abrazarla o tocarla para corroborar que es real, pero me muevo inquietamente en mi sitio — Creí que... bueno yo... por un tiempo creí que habías muerto hasta que me confirmaron que seguías viva pero de todas formas... — todo me nace torpe. Todo me hace sentir que he vuelto al pasado y todavía no sé como expresar lo que me pasa por la cabeza. Saco una mano solo para rascarme la nuca por abajo de la capucha, confundido y perdido — Diablos, Arianne, han sido años. ¿Qué haces aquí? Mierda que te he extrañado. Yo...  — carraspeo — No sé que decir. Lo siento — Por todo. Por la ausencia. Por no haber tratado de comunicarme. Por el susto. Por todo.
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Mensaje por Arianne L. Brawn el Jue Oct 26, 2017 12:21 am

Jamás pensó que un momento como aquel se presentaría frente a ella, que tendría que enfrentarse al tipo de situación que con tanta asiduidad rehuía cada vez que se abría aquella puerta. El pasado. Hablar de todo ello, rememorar los acontecimientos de los que estaban compuestos sus recuerdos no era algo que deseara hacer, que intentaba evitar con todas sus fuerzas. También en ello se incluía anular de su mente a las personas relacionadas con las partes duras de su pasado, al menos tanto como pudiera ya que el hecho de mantener relación con algunas de esas personas, como era Alexander, lo convertía en algo realmente complicado, o al principio había sido así, hasta que acabó por acostumbrarse a ver su cara de desvergonzado en cada esquina que doblaba en el distrito cuatro.

Pero lo inesperado fue el encuentro con Benedict. Una persona que daba, como mínimo, por muerta. Pensar en que lo tenía delante, de pie, se mostraba inalcanzable, tan increíble que las palabras se atoraban en su garganta sin ser pronunciadas, pretendiendo salir todas a la vez pero no siendo capaz de que ninguna fuera exteriorizada. El hecho de haber odiado que no le cambiaran el turno había cambiado por completo, sintiéndose aliviada de que así fuera, aunque le costara creerlo y un millón de dolores de cabeza superarlo, no podía negar que si volviera atrás en aquel día, repetiría los mismos pasos que había dado. Liberó su muñeca arrepintiendo de aquel involuntario acto que tan impropio era de ella; no tocaba a los demás, tampoco permitía que lo hicieran, pero se estaba encontrando ante una de las excepciones más grandes de los últimos diez años cuando dejó que sus amplias manos  tomaran su rostro, siguiendo con la mirada los ojos contrarios hasta que ambos se encontraron.

Presionó ambas manos contra su cuerpo, intentando contener el leve temblor que las amenazaba, tragando saliva con nerviosismo. No tenía ni la menor idea de porqué estaba actuando de aquella manera, permitiendo que estuviera tan cerca sin alejarlo, incluso las personas que se habían convertido cercanas a ella sabían que no podían traspasar su espacio personal. Pero era Bennie, si quiera se había dado cuenta de lo que había echado de menos al enano hasta que lo tenía delante de ella, completamente transformado en una persona nueva, irreconocible para cualquiera que se encontrara con él. Irreconocible incluso para ella. No podía decir que hubieran sido los mejores amigos, su amistad fue breve pero nunca podría olvidar que fue una de las personas que la había comprendido y ayudado al inicio de todo. —Algo más vieja— agregó esbozando una diminuta y casi imperceptible sonrisa, dándole la razón a su afirmación anterior. Los años no habían pasado en balde para ninguno de los dos, y a la vista estaba como los había acabado tratando el mundo en los últimos quince años.

Aun permitiendo el breve contacto retiró las manos a los pocos segundos, volviendo a colocarlas en sendos lados de su cuerpo, siendo incapaz de estar tanto tiempo en contacto con otra persona. Una sonrisa culpable se dejó ver. —Lo siento— fue lo único capaz de pronunciar, frunciendo los labios ligeramente. Permaneció parada delante de él, recorriéndolo de tanto en tanto, teniendo que alzar la mirada para poder visualizar su rostro. ¿Acaso tenía derecho a llamar enano? ¿O quizás Bennie? No le haría justicia en absoluto.

El pensamiento de aquella palabra conseguía que todo desapareciera a su alrededor. Estaba emocionada de volver a verlo, pero no podía negar quienes eran cada uno y el lugar en el que se encontraban, por más que no quisiera que los negativos pensamientos bombardearan su mente y estropearan todo. Una débil risa escapó de sus labios, bajando la mirada mientras tomaba una amplia bocanada de aire por la boca. Así que aquella era la sensación. El ahogamiento que se sentía, la falta de aire cuando la emoción era tan fuerte que no permitía que el aire trascurriera con normalidad hasta sus pulmones. —Hasta ahora mismo pensaba que estabas muerto— aseguró entonces ella. Sintiéndose culpable por nunca haber intentado buscar más allá… pero sabiendo, a partes iguales, que no habría sido algo productivo ni seguro. Mordió su labio inferior, intentando reprimir la sonrisa que amenazaba con asomar a sus labios. —Yo soy alguien que puede caminar libremente por aquí— puntualizó casi haciendo divertido el hecho de que él ‘no pudiera’.

—Sé que me voy a arrepentir de esto— habló. Era un pensamiento que, sin querer, había exteriorizado. Pero sabía que después se sentiría demasiado mal, que le recorrería la picazón que se apoderaba de su piel cuando ocurría; aun así parecía no importarle en absoluto en el mismo momento que acortó las distancias y lo rodeó con sus brazos, apoyando la frente contra su pecho. Era mayor que él pero se sentía mucho más pequeña, en todos los sentidos, en aquel momento. Lo mejor de aquello era que no le importaba en absoluto sentirse más pequeña, solo el hecho de que era real y lo estaba abrazando, que realmente estaba vivo. Tenía muchas cosas que decir, puede que incluso fuera capaz de acaparar toda una rueda de prensa con las preguntas que se amontonaban en su mente pero que, poco a poco, fueron diluyéndose cuando lo abrazó, como si le dieran igual todas las razones por las que estuviera allí, donde hubiera estado escondido; solo importándole que lo tenía frente a ella en aquel instante.
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Mensaje por Benedict D. Franco el Jue Oct 26, 2017 12:45 am

Algo más vieja. El simple comentario me provoca una sonrisa pequeña y casi tímida, como si el descaro que siempre utilizo con mis mejores amigos se hubiese evaporado en dos segundos — Te sienta bien la vejez — bromeo, puntualizando el chiste de forma inocente y sumisa, como si buscase tanto su aceptación como perdón en unas palabras que cualquier persona, especialmente una mujer, tomaría de mala manera. Pero ella no, Arianne debe estar segura de que todo lo que sale de mí ahora mismo son solo comentarios para hacernos sentir mejor y más cómodos en una situación tan fuera de lugar como puede ser posible. Es como en los viejos tiempos y eso no ha cambiado.

No me permite tocarla más de lo debido y no puedo reprocharle en lo absoluto ese comportamiento, aunque acepto su disculpa con un movimiento gentil de la cabeza. Era obvio que ella pensaba que estaba muerto así que esa confesión no me lastimó, pero sí me hizo reír — Bueno, no. No lo estoy. Lo he chequeado varias veces — le digo con cierta picardía y confidencial diversión, arqueando mis cejas como un infante travieso — Aunque he querido estarlo, no te creas. No puedo decir que haya tenido los mejores años de mi vida, aunque los últimos no han estado mal. Un poco complicados pero... cada quien con lo que le toca... ¿No? — eso me hace preguntarme como es que ella terminó trabajando en el Wizengamot, pero sé que tocar el tema nos hará discutir. Y ahora no quiero eso.

La miro con confundida curiosidad por ese comentario que en primer instancia no comprendo, pero que pronto toma forma en cuanto sus brazos rodean mi torso con una calidez que parece traspasar la piel y llenarme el pecho. Tomo algo de aire ante la sorpresa inesperada pero mis manos reaccionan hasta colocarse en su espalda y cintura, estrechándola contra mí mientras mi nariz se hunde en su cabello rubio. Huele como lo recuerdo y tengo que cerrar los ojos para disfrutar de esa increíble sensación, deseando que por un momento el tiempo se detenga en este segundo, antes de tener que regresar a la mierda de la realidad diaria. Algo en Arianne me recuerda a casa, a mi verdadero hogar, allá en el distrito 4. Los mejores años de mi existencia.

Froto mi nariz sobre su coronilla y acabo moviendo la cabeza hasta apoyar en ella mi mentón, paseando mis dedos por su espalda a modo de caricia como si eso sirviese para calmarnos a ambos. No me importa demasiado que Seth esté esperando en los límites del distrito para desaparecer juntos o que tenga que llevar medicamentos para el invierno, sino que todo eso ha quedado opacado por algo que no esperaba encontrar en el mercado. La aprieto un poco y suspiro, como si ese gesto pudiese librarme de toda presión.

Sabía que estabas viva — le confieso en voz baja, preguntándome si mi habla le molesta al estar apoyada en mi pecho — Hace años conocí a una chica que estaba sobreviviendo como yo y me dijo que te había cruzado. Eowyn, del seis. Una squib — he ganado detalles de esa noche con los años, aunque prefiero no acotarlas — He logrado escapar un tiempo pero terminé sirviendo para Seth Niniadis. Y volvimos a fugarnos. Somos un grupo pequeño pero bueno... quizá te interese saber que Derian está con nosotros.

La información sale por sí sola y ni sé por qué la estoy contando. Debe ser porque necesito hablar con alguien de todo lo que ha pasado o porque confío en ella como para confesar sin sentir que va a juzgarme, pero creo contarle todo, aunque sin nombres. Y sin hablar de mi condición. La idea de que se espante en cuanto lo sepa me hace darle un apretón antes de soltarla y tomarla por los hombros para mirarla con seriedad, aunque me debato un momento en qué decirle — ¿Tienes un lugar más privado donde hablar o solo estás de paso? Hay cosas que no se pueden decir en vía pública y si es verdad que trabajas en el Wizengamot, lo sabes mejor que nadie.

Y aquí me encuentro, saltando a la piscina sin seguridad de saber que tengo un salvavidas... Pero sin embargo, confío ciegamente.
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Mensaje por Arianne L. Brawn el Jue Oct 26, 2017 11:15 pm

Sin duda ella misma debía de ser la primera sorprendida con la emoción que la embargaba estando allí. No se trataba de volver a alguien que conocía después de tantos años, podía encontrarse con compañeras de clase y no pensar absolutamente nada al verlas, sino volver a ver a alguien que creía muerto y, en cierto modo, había salvado su vida cuando estuvo en aquellos juegos de Salem. Frunció los labios, asintiendo a sus palabras. —Podría decir que la vida tampoco me ha tratado del todo bien, pero no creo poderlo decir comparándome con tu situación—. Había tenido sus propios demonios, los problemas que tuvo que afrontar sola; sola porque ella decidió que nadie podía ayudarla, otra vez cerrándose en banda al exterior, como seguía haciéndolo sin importar el tiempo que hubiere transcurrido. Había cosas que no cambiaban con el paso del tiempo. Pero, aunque no supiera de primera mano lo que él tuvo que pasar, el simple hecho de no poder ser libre y estar donde quisiera ya le parecía suficiente como para no poder compararlos.

Meneó la cabeza con incredulidad, resistiéndose a pellizcarse el brazo en busca de cerciorarse de estar despierta y no estar soñando o teniendo algún tipo de alucinación por culpa de los gases que los rodeaban en aquel distrito, cosa que no le extrañaría. Su poco aguante a la bebida seguro que también se extendía al resto de sustancias que tuvieran efectos similares a ésta. Siguió con la frente apoyada contra su pecho, intentando reprimirse a sí misma en lo que sentía cuando estaba demasiado cerca en contacto con alguien. Pero era  tan increíble que no quería dejar de mirarlo por si acaso desaparecía frente a ella cuando menos lo esperara, que era capaz de intentar anular aquella parte de su cerebro que le prohibía estar tan cerca de él. Tomó una profunda bocanada de aire, intentando entrelazar las manos en su espalda pero solo consiguiendo rozar sus dedos ya que, aunque lo estaba abrazando, no había llegado a pegar del todo su cuerpo con el contrario.

Cerró los ojos, tragando saliva con fuerza, intentando mantenerse en aquella posición y no alejarse cuando sus manos ascendían y descendía por su espalda. Soltó todo el aire, queriendo que aquella exhalación consiguiera liberar toda la tensión que presionaba su cuerpo en cada nervio existente. Hasta que no pudo más. Sus manos resbalaron hasta volver a quedar a ambos lados de su cuerpo, permaneciendo solo en contacto por el apoyo de su frente; simplemente no podía seguir así, los años no habían conseguido acabar del todo con aquello, solo atenuarlo en ciertas situaciones, pero nunca desaparecer como si no hubiera existido la razón por la que tanto rehuía a los demás. Permaneció estática así, escuchando su explicación pero sin saber quién era aquella chica, en los últimos años había tenido que tratar con tantas personas que los nombres y rostros se habían convertido en un desastre imposible de ordenar dentro de su cabeza.

Respiró, resignada, hasta que un nombre llamó su atención e hizo que se separara de él. —¿Derian está contigo? ¿Está bien?— las preguntas salieron de súbito, sintiendo que su pecho podría estallar. —Intenté buscarlo, contactar con el que me dijeron que era su amo, pero no encontraba nada, incluso pensé que lo habrían podido ejecutar o que otra persona lo había comprado o que…— las opciones se amontonaban en su cabeza, saliendo de sus labios sin orden ni coherencia alguna. Era como si una losa se hubiera retirado de su espalda en apenas unos segundos, dio un paso hacia atrás pero no llegó a hacerlo del todo puesto que sus manos la apresaron de nuevo, un escalofrío la recorrió, queriendo retroceder con urgencia. Parpadeó perpleja. Cosas que no se podían decir en la vía pública. —No— susurró, colocando las manos sobre la contrarias para poder liberarse. —¿Qué estás escondiendo?— La pregunta más absurda del mundo partiendo del hecho de que se escondía a sí mismo. Cerró los ojos con fuerza, meneando al cabeza hacia ambos lados en busca de alguna más coherente que aquella. —He venido aquí por trabajo así que el traslador solo lleva hasta winzengamot, y no creo que haya ninguno otro activo por la zona— aclaró, mirando de soslayo las carpetas que había recogido en la ‘reunión’ que tuvo.

—Espera, no… contestes a qué estás escondiendo. No quiero saberlo.— prefería vivir en la ignorancia, no saber nada más allá de que estaban bien, que ambos estaban vivos escondidos en algún lugar. El hecho de que ella lo supiera solo supondría un gran problema difícil de manejar si tenía en cuenta cual era el trabajo que desempeñaba desde hacía ya cinco años.
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Mensaje por Benedict D. Franco el Jue Oct 26, 2017 11:57 pm

No me sorprende en lo absoluto que toda su atención se vaya en dirección a Derian en cuanto su nombre sale de mis labios, por lo que intento no reírme de ella. No recuerdo que ellos hayan tenido la mejor relación del mundo en un principio, pero al menos parece que esos problemas quedaron atrás — Vivito y coleando. Ayer hemos ido a pescar y todas esas cosas que hacemos los machos — endurezco la voz y arrugo el ceño para fingir un rostro mucho más duro, burlándome de una actividad tan tranquila como si se tratase del éxtasis de la testosterona, aunque acabo rompiendo mi breve fachada con una risita — Huyó. Lo encontré hace años en el bosque y ahora es uno de los míos. Ya sabes. Gente que vive lejos de aquí... — hago un ademán con la mano como si quisiera enfatizar el ambiente que nos rodea, porque creo que no hace falta aclarar demasiado. Ambos sabemos que los humanos no tienen razón de ser en Neopanem y que escapar es nuestra única salida si deseamos ser libres.

¿Qué estoy escondiendo? Intento no mostrarme demasiado culpable cuando me hace esa pregunta y el modo en el que aprieto los labios creo que me deja en evidencia, aunque rápidamente ella me da la excusa para no contarle y poder seguir nuestra conversación por otro camino — Bueno, eso simplifica las cosas. ¿Dónde vives ahora? — mi corazón empieza a latir con fuerza, como el saber que si ella sigue en el distrito 4 eso significa estar un poco más cerca de casa — No estoy escondiendo nada. Bueno, sí pero... ugh. Es complicado — Amaría ser honesto con ella. Poder confiarle dónde he estado los últimos años pero es imposible no hacerlo sin poner en riesgo a todo el catorce. Miro a nuestro alrededor, buscando alguna señal de peligro, pero solo escucho las voces lejanas del mercado. Debería apresurarme o regresar será imposible.

Escucha, Ari... — me volteo hacia ella. Odio pedir cosas, pero creo que en este momento es la única opción que me queda — Necesito que me hagas un favor. Necesito estos medicamentos y no tengo el dinero suficiente... — con torpeza y rapidez saco la lista de mi bolsillo y la estiro, tratando de que el papel no se vea tan arrugado y así poder enseñárselo — Tengo que cuidar de gente, niños incluso, durante el invierno. Es muy largo... — la mueca de mi cara deja bien en claro que me encuentro incómodo. Es algo que me provoca malestar y tengo que moverme en mi sitio para quitarme la incomodidad de alguna forma — No quiero robarle a los vendedores aunque pudiera, porque sé que es gente trabajadora. Lo siento por lo de antes... — vuelvo a decir, sonriendo apenas — ¿Puedes conseguirlos por mí? Prometo devolverte el favor. Con intereses si me hace falta.

El mercado sigue abierto. Si ella los compra por mí, solo será necesario darle todo el dinero que tengo y tener que regresarle de alguna manera la diferencia. Vaya reencuentro. Pero el apuro solo hace que le entregue la lista y la bolsa con el dinero, apretando sus manos con cuidado para que los tenga — Necesito irme antes de que anochezca — explico en un murmullo que delata las pocas ganas que tengo de marcharme — Pero si tú quieres, te encontraré aquí en exactamente una semana. Podemos buscar donde hablar tranquilos y ponernos al día. No quiero perder el contacto ahora que te he encontrado — le sonrío de medio lado, buscando regalarle la confianza que yo siento. Si nos encontramos es porque simplemente tenía que ocurrir y no estoy para nada arrepentido de haber llegado hasta aquí — Doy gracias por que se me metiera en la cabeza venir justamente hoy. Solo dí que sí y prometo buscarte.
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Mensaje por Arianne L. Brawn el Vie Oct 27, 2017 10:14 pm

Saber que Derian estaba bien era un verdadero alivio, quizás empezaron su relación con mal pie, pero las cosas fueron cambiando poco a poco, y en especial cuando fue en su busca la noche que atacaron las Isla de los Vencedores, llevándola con él pero siendo apresados en el intento. Respiró con tranquilidad, como quien sabe que dos personas importantes, que creía completamente perdidas o muertas, se encontraban todo lo bien que podía estar alguien que, aun habiendo transcurrido tanto tiempo, seguía siendo traidores al gobierno instaurado en NeoPanem. Asintió con la cabeza, no queriendo preguntar ni saber nada mucho más allá. Nunca había pensado en ello pero, quizás, otras personas habrían hecho mil preguntas sobre su paradero, qué habían hecho en todo aquel tiempo; mas ella sabía que lo mejor, en su situación, era tener el conocimiento justo y necesario para saber que se encontraban bien, no entrando en mayores detalles que pudieran comprometerla llegado un momento delicado. Con saber que estaban bien le era más que suficiente.

—En el cuatro, siempre he vivido en el cuatro a excepción de cuando estuve en la Isla de los vencedores—. Y nunca me iré de allí, le faltó por agregar. Allí estaba su hogar, quizás no tuviera una gran familia, solo su madre, pero aquel distrito era el lugar donde había crecido y no lo abandonaría mientras existiera la opción de poder seguir allí. Alzó las manos, queriendo parar sus palabras antes de que terminara de hablar pero, por suerte, él mismo no continuó declarando algo no conveniente. Aunque quisiera, no podía saberlo. Tomó una bocanada de aire, frotando sus sienes con una mano, sintiendo como perdía el control de la situación, y lo poco habituada que estaba ya a perderla y no poder poner un orden inmediato. —¿Qué?— preguntó de inmediato, retirando la mano de su rostro y observándolo con cierta sorpresa reflejada en su expresión. Sin ser capaz de responder acabó tomando el arrugado papel de sus manos, no enfocando su mirada hacia las letras escritas, solo prestándole atención a él. —Pero si pretendías robarme a mí— puntualizó antes de poder evitar que las palabras surgieran de sus labios. Meneó la cabeza, quitándole importancia  a las palabras que acababa de pronunciar y bajando la mirada, leyendo con rapidez algunos de los nombres que allí escritos se encontraban.

Se rascó la parte posterior de la cabeza, torciendo el gesto con algunos de los nombres que leía. —La mayor parte son genéricos así que podría intentarlo— accedió finalmente. Se arrepentiría mucho cuando tuviera que comprarlos, pero no podía evitar querer ayudar a los demás, ayudarlo como él lo hizo con ella en su momento. Se trataba de un compromiso en toda regla. —Aquí de nuevo en una semana— corroboró, aunque era más un pensamiento en voz alta. No tenía un permiso para crear un traslador hasta allí, ni siquiera tenía un sitio concreto al que conectarlo, y tendría que usar el de wizengamot, con las preguntas que aquello conllevaría y las respuestas que habría de pensar llegado el momento. —De acuerdo— acabó por acceder. —Las compraré en el capitolio o en el cuatro, venir a un distrito como este a comprar medicamentos significa que quieres pagar tres veces el precio estipulado— comentó. Debían de sacar dinero de donde pudieran y vender medicamentos a un precio superior se había convertido en un negocio que intentaban parar pero escapaba de sus manos.

Miró su reloj de soslayo, frunciendo el ceño a la par que guardaba lo que le acababa de dar. —Dentro de una semana nos encontraremos por la mañana aquí e intentaremos ir a algún sitio donde poder darte las medicinas y hablar, ¿de acuerdo?— explicó acomodando las carpetas. —Tengo que irme, llevo demasiado tiempo fuera y no me extrañaría que enviaran a alguien a buscarme, si no lo han hecho ya— agregó acomodando su abrigo y respirando lentamente. —Ten cuidado— habló con ademán protector, dando un pequeño apretón en su brazo a modo de despedida.

Aceleró sus pasos, mirando a su alrededor y no sintiéndose segura del todo hasta que sus dedos se cernieron en torno al traslador que la llevaría de nuevo hasta el Capitolio.
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Mensaje por Benedict D. Franco el Lun Oct 30, 2017 5:49 am

El distrito cuatro. La nostalgia me golpea como una patada helada en medio de la cara, haciéndome sentir que pertenezco a un mundo demasiado aislado del que deseo para mí mismo. No hay que malinterpretar, le tengo un inmenso cariño y respeto al distrito catorce, pero sé que nunca podré echar raíces en un lugar como aquel cuando sé que mi verdadero hogar es aquel lugar frente a la playa. — Bueno, tienes mi envidia... — le comento a modo de broma, aunque creo que ambos sabemos que una parte de mí está hablando más que en serio. Le muestro todos mis dientes con una sonrisa similar al arrepentimiento cuando te atrapan en medio de una travesura y con una ceja escéptica y arqueada, la miro de arriba a abajo deteniéndome en su ropa — No es lo mismo robarle a un vendedor del mercado negro que a alguien que no parece pasar ninguna necesidad, sin ofender — me explico, aunque me apresuro a buscar bromear — Muy galante de mi parte, lo sé.

Mi corazón se pone a galopar y creo que mis manos sudan en cuanto ella parece sumamente dispuesta a aceptar mi propuesta, dándome a entender de inmediato que a pesar de todo la Arianne que conocí sigue allí, justo detrás del rostro que hace unos minutos estaba por golpearme como a un simple criminal; bueno, técnicamente lo soy, pero creo que nuestra situación va más allá de eso. Asiento conforme porque todo lo que me plantea tiene sentido, hasta que es momento de despedirnos. ¿Podremos volver a encontrarnos? ¿O no vendrá? ¿Estoy haciendo bien en confiar algo tan importante a ella o tendré que soportar las miradas de reproche de Seth? Bueno, puedo modificar un poco la historia y nadie tiene que enterarse. Ni de su lado ni el mío. Diablos... ¿Desde cuando le miento a Seth?

Una semana — le prometo, llevándome una mano al pecho para presionarla sobre mi corazón a modo de juramento y hago un movimiento con la cabeza para inclinarme vagamente como si se tratase de sellar un trato. Espero que no se espante en ver algunos ingredientes para la matalobos en la lista más allá de las medicinas comunes, pero opto por no decirle nada al respecto. Ella es bruja, comprenderá la necesidad de tener reservas para pociones, aunque es imposible que lo capte de inmediato. Quizá en una semana pueda decirle todo — tú también. Prometo no fallar.

El apretón se lo devuelvo haciendo lo propio con mi mano sobre la suya en cuanto la apoya en mi brazo, y me giro para observar como desaparece de mi vista en cuanto sale del callejón. Aún nervioso y con las manos sudadas como un adolescente, acomodo mi capucha para largarme de allí por la calle menos concurrida del distrito. No me pongo la capa de invisibilidad hasta que es necesario, buscando una excusa confiable para mi tardanza. Ojalá Seth se olvide de cómo es mi rostro al mentir.
Benedict D. Franco
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Escuadrón Licántropo

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