The Mighty Fall
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VERANO de 247221 de Junio — 20 de Septiembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
La coronación ha sido eterna, o al menos me ha parecido eterna. Sacudo la cabeza mientras me abrocho la chaqueta incluso tras entrar en casa porque parece que dentro hace más frío que fuera. Alguien ha dejado abierta las ventanas del recibidor y no pienso cerrarlas así que me limito a encogerme sobre mí mismo mientras farfullo y maldigo al idiota que pensó que así nos haría fresquito. He bebido un poco, lo admito, aunque no tanto como para no recordar lo que pasó en la coronación, la cara de Alice o los murmullos de la gente; incluso he parecido bastante normal frente a Allen que bajó preocupado a preguntar por qué Alice ha subido a encerrarse directita en su cuarto. – No hemos discutido, otra vez – Respondo cuando cree tener la respuesta. – Solo déjala un rato. – Me meto las manos a los bolsillos y me marcho a casa.

La ventaja de haber ido con Alice es que no tuve que volver a casa con mamá, aun así puedo escuchar ruidos en su cuarto justo cuando paso por la planta en la que duerme, una por debajo de la mía. No sé que hace ni me importa, así que con un ligero vistazo al pasillo oscuro, solo roto por la luz que sale por debajo de su puerta, sigo mi camino. Abro la puerta de mi cuarto y Ben está sobre la cama, aunque no durmiendo como debería. - ¿Qué haces despierto? Son las 4 de la mañana – Me daría lo mismo si no fuera porque mi madre le puso un horario estricto que incluye que esté en pie a las 7 y donde le importa una mierda si se ha dormido hace 10 minutos.

Antes no lo noté, pero el ruido de la tele capta mi atención, está puesto el canal del capitolio donde están haciendo un resumen de la coronación. Salen modelitos idiotas y comentarios sobre la ropa y sobre lo que hicieron y sobre quien se cayó. En eso último aparece la caída de una, desde todos los ángulos y una risa ahogada se me escapa de la garganta. Y entonces... lo más emblemático de la noche. El anuncio de los juegos. Mi madre lanzando todas sus cartas al aire. La promesa real de que lo sucedido en los pasados no se repetirá. Ofreciéndome a mi y a uno de sus ministros como parte de ese juego. Aún así, Ben no quita la vista de mi así que asumo que ya lo sabía y que se ha pasado la noche viendo las repeticiones; he ahí la razón de que no se haya dormido. Me relamo los labios inconscientemente y paseo mis ojos por mi cuarto desde la tele hasta él. - Iba a decírtelo - Es la segunda vez en la noche que utilizo esa frase y no es como que haya sido un éxito la primera.
Seth K. Niniadis
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Quedarme en casa es, por lejos, una de las mejores cosas que he decidido en mucho tiempo. Como no queda casi nadie, he logrado robarme algo de comida de las cocinas sin que nadie se diera cuenta y me encerré en el dormitorio de Seth, sentado a los pies de la cama mientras me meto absolutamente de todo en la boca, desde patatas fritas hasta un postre de chocolate que está demasiado bueno como para comerse al menos diez de ellos. Una vez escuché que la adolescencia es la etapa donde más comes y, a la vez, la que más te llenas de granos, pero como eso me da igual, no voy a privarme de la comida una vez que tengo la oportunidad de disfrutarla. Jamie no está, y al resto no creo que le importe demasiado. Lo más aburrido es tener que ver la coronación y toda su ceremonia, porque obviamente, es básicamente obligatorio el tener que soportar estas cosas por televisión, como siempre.

Me estoy chupando el pulgar lleno de queso derretido cuando comienzan a desfilar los anuncios provenientes de la boca de la colorada Niniadis, los cuales no me interesan en lo absoluto. Mi sonrisa cínica se hace presente cuando ella anuncia unos nuevos juegos, porque la verdad, no entiendo como es que vuelve a caer en el mismo error que los Black. ¿Es que esa gente no aprende? Estoy por meterme en la boca otra bomba de queso, cuando lo siguiente que se le escapa me deja con un escalofrío corporal que no logro entender. El nombre de Seth, siendo ofrecido como un tributo por su propia madre, consigue que suelte mi comida, aquella que se estrella contra el suelo mientras trato de comprender bien los hilos que está moviendo. Seth no puede ser tributo. Seth no puede ir a ninguna arena. Es una mentira, un engaño, algo que ella está diciendo ahora para tenerlos a todos contentos y luego encontrará el modo de no arriesgar a su hijo de esa forma. Porque simplemente no puede hacerlo.

Repentinamente, he perdido el apetito. Con movimientos lentos y automáticos, dejo la comida sobre la cama, tratando de encontrar alguna falla en lo que mis oídos han escuchado. Quizá yo lo comprendí mal, esa siempre es una opción. Y trato de entenderlo durante horas, mientras el aire comienza a faltarme. Porque la última vez que he visto a alguien que me importaba en la arena, ha muerto. Porque Melanie murió. Martin murió. Alex murió. Shamel murió. Yo casi muero, pero es mi desgracia para seguir viendo como los demás siguen muriendo. Seth no puede sumarse a esa lista. No lo permito. Me niego.

Para cuando lo oigo llegar es de madrugada, y yo soy una estatua en el mismo punto de la cama donde me he sentado hace horas, sin haber logrado siquiera apagar la televisión. Lo veo asomar su estúpida cabeza por la habitación, pero cuando él habla, me limito a quedarme callado, sin quitarle los ojos de encima. Él no va a entender, nunca nadie lo hace. Solamente quiero saltarle encima, sacudirlo, pellizcarlo, pero como sé que no puedo, me limito a cruzarme de brazos con incomodidad - Eso quiere decir que lo sabías - me quejo finalmente, en un murmullo que no sé si es más para mí que para él. Muevo mi cabeza de un lado a otro, tratando de aclararme la mente, y finalmente vuelvo a mirar sus ojos, sin saber si debo estar así de enfadado o si debería sentirme un poco más desesperado. Es mi mejor amigo, y va a terminar como todos los demás, aunque su madre diga que nadie va a salir lastimado. Todos sabemos que eso es mentira - estoy cansado, Seth, ¿sabes? - confieso en un murmullo, reconociendo el tono suave pero tembloroso de mi voz - Cansado. Sí. Creo que esa es la palabra que buscaba -  medito en voz alta, acabando por dejar caer mis manos. Y sin más, me levanto de la cama de una buena vez, comenzando a juntar la comida que yo mismo he traído hasta aquí, evitando volver mis ojos a los suyos.  Es un idiota.
Benedict D. Franco
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
"Eso quiere decir que ya lo sabías". Cuando se anima a mirarme desvío yo la vista mientras de forma completamente inconsciente me muerdo el labio. ¿Que hago? ¿Le miento? Claro que lo sabía. Lo peor es que acepté. - Me - Las palabras son como bucles sin fin, que vienen y se van con la misma facilidad. - Me lo preguntó. Y yo acepté. - Aunque ahora no recuerdo porqué. Bah, a quien engaño. Acepto por lo de siempre; sigo pensando que detrás de esa mujer de pelo rojo que últimamente no reconozco, sigue estando la madre por la que pondría mi mano al fuego cuando tenía seis años. Han pasado 10 desde entonces y no sé porqué me sigo torturando de esa manera. Supongo que sigo siendo masoquista.

Me rasco la mejilla como si eso me pudiera dar tiempo para pensar en... no sé ¿una excusa? ¿Qué excusa? no tengo excusa para esto y cualquier cosa que diga será una estupidez. Estos juegos no serán iguales, han doblado la seguridad, estaré bien, es casi como una competición entre colegios... todas esas cosas me las dijo mi madre, pero también las dijo hace varios meses, antes del verano, cuando reimplantó los juegos para ganar dinero y salieron mal las cosas. Por un rato solo escucho las bolsas de lo que se andaba comiendo con ganas de reprochar que esos eran mis ganchitos, pero finalmente no lo hago. Creo que puedo renunciar a ellos por esta noche.

Una vez está limpia la cama me dejo caer en el borde sentado con la vista en mis zapatos y las manos sobre el colchón apretando ligeramente mientras intento procesar "el cansancio" del que habla. ¿De mi? ¿De mi madre? ¿De esta mierda? ¿De la gente? De todas las cosas que se me pasan por la cabeza, es solo el "de mi" lo que hace que me de un vuelco al corazón. Aún recuerdo el distrito del cual habló, aún recuerdo que me pidió que me fuera con él, aún recuerdo que prometió quedarse, pero no tiene porqué. Él puede irse. Siempre ha podido hacerlo. Yo no; y menos ahora.

Me levanto de la cama y en tres pasos estoy de vuelta en la puerta. Me apoyo de espaldas a esta dejándome ir hacia atrás para cerrar detrás de mi. Mantengo el silencio un segundo con el oído atento por si hay alguien que viene por el pasillo e inmediatamente después, al solo escuchar el eco de la propia puerta, le observo. - ¿Quieres irte a casa? -  Murmuro. Pese a que estamos solos en ésta ala, cualquier precaución es poca. - ¿Sabes que puedes irte cuando quieras, verdad? Sé que a veces mi madre difumina esa línea, pero aunque ella se empeñe en tratarte como al resto, tú no eres como el resto -
Seth K. Niniadis
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Le preguntó y él aceptó. Bien. No sé como es que no le estoy metiendo uno de estos palitos de queso por la nariz. Incluso los miro, considerando la idea, pero acabo asumiendo que de seguro será algo desagradable, así que mejor no lo hago. El silencio es mi mejor amigo, y me pongo a masticar uno de los palitos con tal de tener la boca ocupada, mientras ordeno toda la comida en su escritorio; ya la llevaré mañana por la mañana a las cocinas para hacerla pasar como sobras, o quizá Seth quiera comer luego. Él se sienta en la cama, aunque no dura mucho ahí, porque rápidamente comienza a fijarse en que nadie pueda escucharnos y eso consigue qu me voltee hacia él con el entrecejo fruncido, esperando a ver que tiene para decirme; y a decir verdad, no es nada de lo que esperaba. Dejo de masticar con fuerza y de prepo, arqueando mis cejas hasta el punto que creo que ya no puede verlas por mi flequillo, y trago de forma sonora.

- No lo entiendes... ¿verdad? - mascullo, apretando tanto el palillo de queso entre mis dedos que se parte en dos con un sonoro "crack" - Sí, odio este lugar, pero no voy a irme y dejarte atrás. ¿Quieres que me vaya, sabiendo que probablemente mueras? ¡Y no... - lo apunto con el palito, sintiendo que grito aunque estoy tratando de susurrar - ... se te ocurra decirme que no es así! Sabes como funciona, Seth. Sabes que los juegos siempre han sido juegos y siempre incluyen muertes. La gente ama el morbo - lanzo los trozos del palito en la bolsa y cierro ésta con rápidez, volviendo a darle la espalda - Tu madre no lo entiende. Ya falló una vez y volverá a hacerlo. Es la ley de esos estúpidos eventos.

Cuando creo que ya no me queda nada más que ordenar que me sirva como excusa para no mirarlo, dejo caer mis manos sobre el borde del mueble, aferrando allí mis dedos mientras cuento mi respiraciones para no alterarme, dejando que me invada el silencio. Entonces, no puedo evitarlo - estoy cansado de ver a todos los demás morir - me explico, en un murmullo que considero que está cargado de una angustia que no deseaba dejar salir - Mis hermanos. Mi mamá. Mis amigos. Tú no puedes morirte también, Seth. No así - básicamente, me está pidiendo que me siente a ver la televisión mientras le hacen daño, como lo han hecho con todos los demás.
Benedict D. Franco
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
Hago un gesto con mi hombro, encogiéndome ligeramente porque realmente, si no es eso, sí que tiene razón, no sé a que se refiere. Intento decir algo en mi defensa que no me haga parecer estúpido pero él sigue hablando y me ahorra la vergüenza. Ahora mismo el alcohol corre por mis venas, no como otras veces donde he bebido hasta que no podía más y mi tío me sacó corriendo de un bar donde ni recuerdo haber estado; pero si lo bastante como para que me cueste entender porqué todo lo que digo le cabrea de esa manera o algo coherente para arreglarlo. - No-No voy a morir. - Las palabras salen de mi boca con un evidente tono de "eres un dramas", porque además lo primero en lo que pensé cuando mi madre me dijo esto, fue precisamente eso. Me prometió que no pasaría nada. Me prometió que solo era un concurso entre colegios. - Y no quiero que te vayas - Admito un poco a regañadientes porque sé que es una petición sumamente egoísta. - Mi madre no quiere una carnicería. Sé que no me crees. Solo necesita dinero. Está intentando ser justa, pero nadie puede ser justo sin dinero. - La gente se seguirá muriendo de hambre.

Siempre he pensado que el capitolio tiene demasiado, solo tengo que ver esta casa llena de habitaciones donde cabe una casa entera para que solo vivamos aquí tres personas. Es un desperdicio de espacio, de lujo y de recursos. Pero se supone que los gobernantes deben tener lugares así, porque no pueden ser iguales que el resto. Sigo sin entenderlo. Pero la sociedad funciona así. - Ben - Murmuro cuando admite algo que probablemente no le ha dicho nadie; y lo sé porque él y yo nos parecemos mucho, hemos pasado toda la vida viendo morir personas, tocando a la muerte con la punta de los dedos e incluso a punto de acabar yéndonos con ella. Y si yo no se lo he dicho a nadie, él tampoco. - Mi madre ya perdió a un hijo en los juegos. ¿Recuerdas?... en unos que no llevaba ella. ¿Realmente crees que se arriesgaría si quiera, con una posibilidad mínima, así? Todo lo que ella ha hecho... tal vez no de la manera correcta... pero todo lo ha hecho para que nadie tuviera que ver morir a sus hijos otra vez - Porque todo empezó con mi hermano pequeño, con uno que apenas recuerdo. Silván dolió. Duele todavía, porque a él lo recuerdo como si hubiese muerto ayer. - Además, después de todo lo que sabes de mi... ¿crees de verdad que perdería esos juegos? - Intento amenizar la situación con un ligero tono prepotente que exagero precisamente para que haga gracia, sin ser consciente de que probablemente es demasiado pronto para eso.
Seth K. Niniadis
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Sus excusas me parecen un montón de tonterías, cuando alguien intenta negar un problema obvio y a la vista con tal de no asumirlo y aceptar que las cosas van a salir mal; ataques de estúpido positivismo , así los llamaba Shamel. O intentos de consuelo mediocres - ¿Justa? ¿Sin dinero? - pregunto, tratando de no sonar demasiado brusco; si elevo la voz, lo más probable es que nos escuchen desde otra habitación y vengan a ver qué sucede, y se supone que yo no puedo hablarle de este modo a Seth. Ni siquiera debería mirarlo a los ojos - en la cocina hay comida para alimentar a la mitad de un distrito pequeño. ¿Y dices que es por el bien de los demás? - si tanto se preocupa por su pueblo, debería comenzar a hacer las cosas bien y en cantidades iguales, no un 60% para el Capitolio y un 40% para el resto de la sociedad.  

Cuando dice mi nombre me obligo a mirarlo, primero observándolo por encima de mi hombro para luego, lentamente, ir soltando el mueble y darme vuelta para enfrentarlo. No tiene que hablarme de su hermano, porque yo estaba ahí. Yo vi con mis propios ojos a Silván, cara a cara, en el Centro de entrenamientos, en un recuerdo que parece ser de una vida pasada aunque ya no sé cuanto tiempo ha pasado. ¿Un año? ¿Año y medio? Y hay que ver como han cambiado las cosas en ese lapso de tiempo - pues no lo está haciendo bien - respondo con sarcasmo, arqueando una de mis cejas - hay otros modos para hacer funcionar el dinero. Sin poner hijos en riesgo - me cruzo de brazos sobre mi pecho como si hubiera dado mi última opinión al respecto, pero él continúa, haciendo que le sonría de manera burlona - Seth, no sabes ni limpiarte los calzoncillos tú solo - le remarco, en un tono que roza tanto la diversión como la irritación - Solo... no me importan tus motivos. Ni los motivos de tu madre. Prométeme que no morirás - y sé que es una petición absurda, pero debo hacerla. Como si así al menos me asegurara de que no va a hacer alguna estupidez.

Observo la televisión nuevamente, allí donde siguen las repeticiones en un volumen demasiado bajo, y me acerco a la cama para agarrar el control remoto y apagarla de una buena vez. La pantalla gigante se queda en negro y muevo el aparatito entre mis dedos de manera nerviosa, antes de lanzarlo otra vez sobre el colchón para mirarlo - Apestas a alcohol. ¿Te preparo la ducha o vas a la cama? - y otra vez, evito mirarlo, utilizando un tono de voz que deja bien en claro que aún no lo perdono.
Benedict D. Franco
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https://www.themightyfall.net/t8228-franco-benedict-desmond#9926
Seth K. Niniadis
Fugitivo
Ben cree que no lo entiendo, que creo que no tiene razón y a veces me pregunto porqué sigo empeñándome en buscar excusas para mi madre. Supongo que porque sigo siendo el mismo idiota de siempre que cree que las cosas se mantienen como están después de tanto tiempo. Mi madre lo decía y Sean también; era su excusa para justificar que ella nunca estuviera y yo no se lo reprochara. Puede que me haya calado más hondo de lo que admitiré jamás. - ¿Crees que no lo he visto? - Suelto con ligera irritación, casi tanto como la que él mismo intenta contener al hablar. Ni siquiera somos los apropiados para estar hablando de esto. ¿Qué sabemos nosotros de dirigir un país?. - No es tan fácil. No es soplar y hacer botellas - Al menos eso es lo que ella dice. No sé que se le pasa por la cabeza, apenas hablamos de temas de trabajo porque ya tengo suficiente de ella metiéndose en mi vida como para encima meterme yo en la suya.

Todo este asunto me tiene cansado así que suelto una ligera carcajada cuando habla de mis calzones. Me dejo caer a la cama de para atrás y luego me giro boca abajo, pareciendo un poco patético mientras uso mis propios pies para deshacerme de los zapatos y al mismo tiempo acomodo mejor para que mi cabeza choque contra la almohada. Finalmente mis intentos solo me llevan a acabar medio ubicado en diagonal sobre el enorme colchón y con los pies colgando. - No tengo que limpiarme los calzones. Tengo que ser mas listo que el resto y soy más listo que el resto. - Levanto mis manos delante de mi sosteniendo en cada una de ellas las puntas de la corbata cuyo nudo se deshizo hace mucho tiempo. - Además me pagará por eso. Con todo lo que gane, te compraré ropa. - Ya no tendría que justificar cada cosa que saco de la tarjeta que me dio, empezaré a hacer con mi propio dinero lo que quiera.

Su tono me parece todo tierno así que me apoyo en los codos sobre el colchón para levantar mi cuerpo y sonrío. - No voy a morir. Te lo prometo. - Y en ese momento tengo infundida una seguridad irracional por el alcohol; porque si hubiera tenido que decírselo sobrio, seguramente no habría sido tan creíble. Vuelvo a dejarme caer en la cama como si fuera una estrella de mar e incluso muevo las piernas un par de veces cuando me doy cuenta de lo que parezco. - Baño. ¿Mañana hay clase? no quiero ir a clase. - Me quejo mientras le escucho marchar hacia el servicio y luego el agua caer. - Podemos cerrar la puerta y fingir que nos morimos y dormir hasta tarde. - No estoy seguro de cuantas cosas incoherentes y estúpidas salen de mi boca antes de que el sueño me venza, pero para cuando Ben vuelve del baño para decirme que está todo listo, estoy completamente dormido echado sobre mi costado e invadiendo ligeramente su lado de la cama.
Seth K. Niniadis
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