The Mighty Fall
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VERANO de 247221 de Junio — 20 de Septiembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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Sophie A. Van Veltheim
Keysar ha muerto. Keysar, el esclavo de mi hermana y mío, ha sido quemado vivo en a hoguera por la Jueza Suprema junto con otros presos. Me acuerdo que mandamos a por recados a Keysar fuera, necesitábamos cosas nuevas en casa y le mandamos fuera.. pero fue como el típico de las películas, el padre que siempre va a por tabaco y no vuelve.. pues eso le pasó a Keysar, que no volvió. Julie y yo estábamos preocupadas, nos dejamos dinero en el, por comprarle y ademas que por primera vez le estaba cogiendo un poco de cariño, ya que al fin y al cabo, para mi, era como otro miembro de la familia después de tantos meses con nosotras.. Julie fue a buscar pruebas, ver si lo encontraba por alguna parte y cuando volvió a casa, me soltó toda la información. Al parecer buscó informes, archivos y encontró que lo habían encerrado en Alcatraz por haber estado ayudando a prófugos.. ¿podría ser verdad? Podría ser, pero si hubiese querido ayudarles o por lo menos escapar con ellos.. no estaría en Alcatraz. Al final fue cuando vi por la televisión todo esa "quedada" que hizo la Jueza Suprema, que parecía más que nada un espectáculo y vi como sacaba a Keysar a aquel escenario. Vi como lo acusaba y lo sentenciaba con la muerte. La piel se me puso de gallina por eso y bueno, pensaba que su muerte sería rápida y todo eso.. pero al ver como aparecían en la plaza aquellas.. hogueras y comenzaron a quemar a los presos vivos.. no pude evitar romper a llorar.. El Gobierno se había vuelto loco, yo no pensaba que todo se convertiría en esta locura, no cuando ayudé codo contra codo a Jamie Niniadis a ganar la guerra.

Por eso mismo le dije a Seth que quería hablar con el sobre nuestro equipo de Quidditch, sobre que tendríamos que empezar a planificar algunas tácticas para poder ganar el torneo o por lo menos algunos que otros partidos que nos tocase contra otros equipos. De alguna manera necesitaba quitarme la mente de Keysar, olvidarme un poco de el. El hecho de ir a la casa de Gobierno me pone los pelos de punta, ya que es como una enorme mansión en la que no tengo ni idea de como es por dentro y seguramente tenga como miles de pisos, miles de pasillos por los que perderme y todo por el estilo. Mi casa es mucho más sencilla y la verdad es que prefiero casas sencillas que una enorme y gigantesca mansión en la que me puedo perder con la mirada. También estoy nerviosa por si me encuentro con la nueva Ministra de Magia, Jamie Niniadis vamos, ya que me intimida un poco y seguramente nos tenga un poco vigilados porque estaré con su hijo hablando de deporte, pero vete a saber como es una madre con sus hijos y puede que al verme, al ver que soy una chica le salten las alarmas y yo que se que hace una madre en esos casos. Aunque vete a saber si está en la mansión o no, puede que esté fuera ya que al ser la Ministra de todo tiene que estar bastante ocupada.

Por fin llego a la mansión y toco un timbre que hay, el cual tiene un tipo de cámara y al cabo de un pequeño rato, me abren. Parece que Seth ha avisado que llego, parece que saben que hay visita en la mansión. Entro por las enormes puertas de la casa y me quedo más que nada boquiabierta, ya que la entrada de la casa es tan grande como mi salón y mi cocina juntas. Espero durante unos cuantos minutos en la entrada, mirando hacia cada puerta que hay sin saber que hacer, si esperar o ir en busca de Seth. Pero al final, cuando me acabo cansando de esperar, voy en busca de el. Voy hacia la izquierda y comienzo a abrir puertas sin ton ni son, para ver si encuentro su habitación o algo por el estilo. Pero justo es cuando cierro una y miro hacia el pasillo para ir a la siguiente cuando me quedo congelada, al ver que Benedict Franco está delante de mis narices. ¿Que hace un prófugo en la casa de Gobierno? ¿Es que se quiere suicidar o algo por el estilo? No se que hacer, si gritar, salir corriendo, avisar a un auror que esté cerca.. no se que hacer. Simplemente me quedo congelada mirándole a los ojos.
Sophie A. Van Veltheim
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Desde que Seth y yo nos mudamos a la casa de gobierno, las cosas solamente han ido de mal en peor hasta el punto en el cual creo que prefiero salir con la cabeza gacha detrás de mi amigo que el estar dentro de casa. Ya no tenemos la libertad que solíamos tener esos primeros gloriosos meses, cuando éramos solamente nosotros dos en un intento de ser nosotros con algún que otro cambio, ahora que Jamie parece asomar su cabeza en cada esquina. Se acabó ese juego mal disimulado del amo y esclavo de puertas para afuera. Ahora, todos los días tengo que levantarme a prepararle la ropa, hacer el desayuno, calentar la habitación, preparar la ducha, limpiar la casa, cocinar para cuando llegue y tonterías así que, cuando llega la noche, no me dejan otra opción que caer rendido si tengo la suerte de no tener que hacerme cargo de alguna tarea nocturna. Y ni hablemos de que éste lugar es mucho más grande que el anterior, y que además sé que pertenecía a un montón de gente que yo detestaba y que ahora anda muerta. Es todo demasiado macabro.

Ahora mismo, no tengo idea de dónde se ha metido Seth, para variar, pero como ya no tengo permitido pasar tanto rato con él y, además, las cosas andan un poco extrañas, no es algo a lo que realmente no ande acostumbrado. Aquí dentro, la calefacción se encuentra encendida, a pesar de que por las ventanas soy capaz de observar como el viento sopla de un lado para otro en uno de estos días tan cercanos al invierno, lo que me hace al menos agradecer no tener que andar cortando las plantas del jardín; en uno de mis dedos, de hecho, tengo una venda por culpa de una espina mal cortada. En mis brazos delgados pero sorpresivamente largos, me las arreglo para sostener el canasto de la ropa, ese que el idiota de Seth ha llenado hasta el tope con cosas que no me señaló para lavar y que ahora tengo que cargar por los pasillos sin poder ver bien por donde camino, por lo que a cada rato me asomo por los costados para tratar de no chocar con algo o con alguien. El silencio es algo insoportable, pero al menos, me hace saber que no hay nadie cerca que me va a dar alguna orden, lo que en este punto, ya es un alivio.

Estoy doblando la esquina cuando uno de los calcetines de la punta cae al suelo en una cámara lenta exasperante, de esas que te hacen dar cuenta de que no tienes las manos libres como para atrapar algo que ves yendo en dirección al suelo. Tras un bufido de resignación, me detengo en un intento de hacer malabares, y me agacho para agarrarla cuando noto que no estoy solo y me congelo en mi sitio. Mis ojos se topan con los de la desconocida, quien se ha paralizado como si hubiese visto a un fantasma, y por un momento se me cruza la estúpida idea de que el espectro de James Black se encuentre detrás de mí, así que miro sobre mi hombro antes volver a verla - ¿qué sucede?
Benedict D. Franco
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Sophie A. Van Veltheim
Tengo el corazón que de un momento a otro me va a salir del pecho por lo nerviosa que me he puesto al ver al ex-vencedor de los antiguos juegos de NeoPanem. Primero que nada le inspecciono de arriba hacia abajo por si acaso, por si me estoy equivocando de persona y no es el, es otra persona.. pero no, por lo recuerdo de haber visto en ese cartel de "Se Busca".. es él, tiene que ser el por huevos. No puedo creerme que se le haya tenido que ocurrir meterse en el centro donde quieren arrestarlo, en la casa del Gobierno y pienso durante un segundo que tiene que haber un razonamiento, una razón por la que se encuentre aquí con algo que lleva en las manos que no diferencio mucho por los nervios y porque más que nada estoy temblando de los nervios. ¿Que tengo que hacer exactamente? Es verdad que como buena ciudadana tendría que salir corriendo en busca de algún Auror o Carroñero que se encuentre en la mansión para que lo arresten, pero por otra parte, pienso en Keysar y en lo que pueden hacer al chico si lo encuentran.. cosas no demasiado buenas y por eso me encuentro en una decisión bastante complicada sin saber que hacer, totalmente congelada en mi sitio y con la mirada extraña del chico mirándome a los ojos. —Que..quedate donde estás. No te muevas o te juro que acabo.. acabo gritando. —Le amenazo ya que quiero asegurarme que no va a hacerme nada de daño, simplemente quiero reservar las distancias para que no me haga nada ni se me acerque ni nada por el estilo.

En este momento me estoy sintiendo bastante mal ya que estoy incumpliendo mi deber como ciudadana y como supuestamente persona que estuvo trabajando codo con codo junto con Jamie cuando trabajaba para ella, pero desde el momento en el que se le ha subido el poder a la cabeza y ha empezado a hacer todo lo que le ha dado la gana con los humanos y esclavizándolos y todo la pesca.. se le ha ido la cabeza, cosa mala. Creía que iba a hacer algo mejor que los Black, hacer mejor las cosas y organizarlas muchísimo mejor, todo el mundo con los mismos derechos y todos siendo felices.. pero parece que me he equivocado al cien por cien en todo lo que pensaba de Jamie. Luego también pienso en Julie, mi hermana, la cual es aurora y está al cien por cien de acuerdo con Jamie, con todo lo que está haciendo y de alguna forma siento como que estoy traicionándola, aunque ella sabe perfectamente que no estoy de acuerdo al cien por cien sobre todo lo que ha hecho con Jamie. Supuestamente por haberle confesado eso me tendría que detener, pero es mi hermana y se que va a guardar ese secreto hasta que se vaya a la tumba, ella no va a permitir que ningún auror me ponga las manos encima. Por eso mismo ahora me encuentro con un debate mental impresionante.

Al final decido actuar, basta de cháchara en mi cabeza y lo primero que me sale hacer es salir corriendo hacia la dirección en la que se encuentra el chico y tirar lo que tiene entre las manos, haciendo que el tipo de cesta que lleva caiga al suelo y el junto con ella. No miro atrás y en el larguísimo pasillo al ver un jarrón, lo cojo como si fuese a defenderme de algo un jarrón. Sobretodo porque ese jarrón puede costar mucho más que todo el barrio en el que vivo junto, puede ser carísimo o puede que no, pero prefiero arriesgarme. Lo cojo con mis dos manos y lo mantengo hacia delante, como si el jarrón fuese una amenaza para el chico, como si en realidad fuese a hacerle daño. —Que.. ¿que estás haciendo aquí? —Consigo decir, viendo como el chico está aturdido en el suelo sin saber exactamente que acaba de pasar.
Sophie A. Van Veltheim
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Está bien, lo admito. En los últimos meses, he estado atrapado en las situaciones más random que jamás he sospechado, pero creo que ésto me supera vagamente. Por encima de la pila de ropa, estoy seguro de que puede ver mis ojos confundidos, analizando su rostro en un intento de saber qué mierda le anda pasando por la cabeza mientras, lentamente, me voy poniendo de pie con el calcetín en una de mis manos en son de paz, manteniendo el cesto entre mi otro brazo y mi rodilla flexionada para que no termine todo en el suelo - ¿Qué...? ¿De qué hablas? - pregunto, un tanto perdido - ¿Quién eres? - si la he visto alguna vez, no lo recuerdo, y a decir verdad que, por su actitud, el que debería estar amenazando con gritar tendría que ser yo. Aunque probablemente nadie me haga caso porque mi vida ahora vale igual o incluso menos que la del pollo ese que van a cocinar ésta noche, así que da igual.

Para cuando consigo enderezarme una vez más y pongo el calcetín en la pila de ropa, es cuando en verdad comienzo a alarmarme. Ella parece totalmente fuera de la situación, y por un instante, me pregunto si no será una de esas personas enfermas que tienen que tener un trato especial antes de perder la cordura y que casi siempre terminan siendo la causa de alguna tragedia de esas que se veían en televisión. Vuelvo a colocar el peso del canasto entre mis dos brazos para usarlo de escudo en caso de no estar equivocado, tratando de que las prendas se mantengan en su sitio - sabes que no tienes que gritar, ¿verdad? Probablemente acabes asustando a... - pero no alcanzo a decirle quién podría verse alarmado por sus gritos o no, porque entonces por alguna razón algo me golpea de prepo y mi espalda acaba teniendo un choque seco contra el frío suelo. Puedo ver como la ropa sale en todas direcciones (y lo primero que se me pasa por la cabeza es que debo levantarla antes de que me castiguen), y el canasto termina en mi cabeza, lo que me priva de la visión durante un instante. Creo que bajar la guardia, aunque sea para acomodar calcetines, estaba en una de las muchas cosas que mi entrenador personal de la isla alguna vez me dijo.

Para cuando, con la respiración acelerada, consigo sacarme el canasto de la cabeza, lo primero que veo es el jarrón demasiado bien decorado en sus manos temblorosas, lo que hace que levante de inmediato las mías - ¡Woah, woah! ¡Momento! ¡Pido tiempo! - si ella es una bruja, probablemente esté rompiendo alguna regla estúpida al hablarte de éste modo, pero es lo primero que me sale en un intento de mantener la cabeza entera - ¡Yo vivo aquí! Bueno, sirvo, pero también vivo, pero... ugh - alzo un poco más las manos, tratando de evitar cualquier posible golpe ante mis balbuceos - ¿Acaso no ves las noticias? - por el modo en el cual me ha atacado, debo suponer que sabe quien soy, pero sus preguntas no tienen sentido alguno - yo tengo dos preguntas para ti. La primera es "¿qué haces aquí?". La segunda... ¿Podrías bajar eso, por favor? Creo que es caro o algo así y a nadie le gustará que lo desperdicies conmigo.
Benedict D. Franco
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Sophie A. Van Veltheim
Si digo que no estoy nerviosa estaría mintiendo como una bellaca, la verdad es que me encuentro como un flan ahora mismo ya que no se exactamente que tengo que hacer en estas circunstancias. Julie me diría que saliese corriendo y que llamase la atención de algún carroñero o auror, pero mi interior me dice que me quede en mi sitio sin hacerle nada al chico y me encuentro en un gran debate dentro de mi cabeza. Alzo una ceja al escuchar la pregunta que me hace el chico sobre que hablo. ¿Es que me está tomando por tonta o me quiere tomar el pelo delante de mis narices? —¿Como que de que hablo? —Le hago la misma pregunta al fugitivo. —¿Es que te crees que soy tonta y no se quién eres? —Digo mientras me muerdo el labio inferior por los nervios. Noto como me sudan las manos, cosa que muy pocas veces me suele pasar, pero la situación en la que me encuentro ahora mismo no es que sea demasiado fácil de llevar, sobretodo si tu hermana es una aurora de categoría bastante importante y tu su hermanita querida. Escucho como pregunta por mi identidad y por un momento dudo en si contestarle o no, pero prefiero no hacerlo, vete tu a saber para que quiere saber mi nombre y mi apellido, claro. Puede que los utilice para hacer cualquier cosa de delincuente y prefiero no arriesgarme y quedarme tranquila sin decírselo. —No te lo voy a decir. ¿Para que quieres saberlo? —Siempre soy así de sincera, nunca iré de falsa ni nada por el estilo.

Escucho como dice que no tengo razón alguna por la que ponerme a gritar.. ¿es que no le vale que tengo frente a mi a un fugitivo por el cual piden una suma bastante grande de dinero? Se que lo piden vivo, es un ex-vencedor de los antiguos juegos y no es que sea una amenaza demasiado grande, pero le buscan y si me encuentran con el por alguna razón puede que me impliquen como cómplice o algo por el estilo y por eso es una de las razones por las que me alejo de el, salgo corriendo y hago que la cesta de la ropa se ponga en su cabeza y toda la ropa en el suelo, desperdiciada. Ahora que lo pienso.. ¿para que quiere el chico una cesta de la ropa? En realidad puede que la necesite para cualquier cosa, para infiltrarse, para hacerse pasar por alguien dentro de la casa del gobierno.. por cualquier cosa. —Puede que como siga alzando el tono como lo estoy haciendo hasta ahora atraiga a algún auror para que te detenga. —Digo asustada, amenazando al chico.

Alzo una ceja, con el jarrón entre las manos cuando dice que me pare, que pide tiempo como si esto fuese un juego y se pudiera pedir tiempo muerto para hacer cualquier cosa. Escucho que vive aquí y no puedo evitar ir poniéndome roja por cada palabra que dice, parece que ha habido una confusión enorme. —Espera espera espera.. ¿como que sirves en la casa de gobierno? ¿Eres un esclavo ahora? —Digo aún con el jarrón entre las manos. No he de fiarme demasiado del chico, puede que me esté comiendo las orejas para que cuando me despiste salir corriendo y huir, por eso sigo manteniéndolo aunque está claro que el color rojo de mi cara no se va a ir durante un tiempecito. Niego a la pregunta que me hace sobre si veo las noticias, la verdad es que hace tiempo que no las veo, ni leo los periódicos ni me he fijado más en los carteles de 'Se Busca'. Puede que el chico me esté diciendo la verdad, pero puede que se esté inventando todo. Escucho las dos preguntas que me hace y aunque tenga todavía el carísimo jarrón entre mis manos.. decido contestarlas. —Soy compañera en un equipo de Quidditch de Seth, Seth Niniadis y había quedado con el para hablar sobre algunas estrategias.. Pero me he perdido y te he encontrado.. —Soy tonta, completamente tonta. No hay otro adjetivo mejor para describirme en estos momentos. En cuanto a la segunda pregunta, bajo el jarrón de inmediato y lo pongo en su respectivo lugar, pero sin apartarme de el. —¿Como se que me estás diciendo la verdad y no me estás mintiendo para dejarte ir? —Le pregunto. Justo en ese instante caigo en que todos los esclavos están marcados, tienen que estar marcados por sus dueños. —Si es verdad que eres esclavo.. enséñame la marca que debes tener por haber sido vendido. —Añado. Si me he equivocado lo asumiré y seguramente le pida perdón, pero prefiero enterarme de todo antes de hacer algo de lo que pueda arrepentirme.
Sophie A. Van Veltheim
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Sí, creo que es tonta, pero dudo mucho que no sepa quien soy; de todas maneras, me lo guardo, dejando las palabras bien escondidas en ese punto de mi cerebro donde todavía me permito ser yo mismo y no el esclavo supuestamente respetuoso que debería ser. El problema aquí es que no tengo idea de quien es ella, ni sus razones para venirme a amenazar en mi supuesto horario de trabajo cuando, en teoría, no estoy haciendo nada malo además de existir, obvio - ¿Para qué quiero saberlo? - pregunto con un tono de cierta irritación - pues... nunca te había visto por aquí. Creo que esa es excusa suficiente - fuera del hecho de que ella sabe mi nombre, así que por justicia, yo deseo saber el suyo; nunca me ha gustado que la gente sepa más de mí que de ellos por simplemente mirarme.

¿Algún auror que me detenga? ¿Acaso ésta mujer está loca? Creo que mi confusión se hace demasiado obvia en el tono aturnido de mi rostro, sintiendo como mi boca modula algunas palabras incomprensibles sin ningún sonido hasta que acabo arrugando el entrecejo con cierta sorpresa - ¿acaso no lo sabías? - creí que en algún punto, todo el mundo se había enterado de que ando detrás de Seth Niniadis con la cabeza gacha, pero supongo que ella debe vivir dentro de un frigol; incluso cuando me dice que es compañera de mi mejor amigo, eleva mis sospechas. ¿Acaso él nunca le ha hablado de mí? ¿Esa es la clase de relación que tenemos? ¿Ahora me oculta, incluso cuando la única persona que puede condenarme vive bajo nuestro mismo techo? - He notado eso...  - mascullo cuando ella dice que me ha encontrado, y una parte de mí suspira de alivio al ver como deja el jarrón. Me impulso entonces con las manos, apartando el canasto para dejarlo a un lado, y sin quitarle los ojos de encima por las dudas, me voy poniendo de pie con lentitud. Acabo soltando un bufido cargado de sarcasmo - de verdad te piensas que soy tan tonto de pensar que, de ser libre, entraría aquí, ¿verdad? - pregunto, casi sintiéndome insultado. Que poco tacto.

Me remuevo un poco incómodo en mi lugar, como si me hubiese pedido que le enseñe algo totalmente privado, y desvío la mirada hacia un cuadro que jamás he logrado comprender. Andar pensando en esa marca es una de mis actividades más odiadas, esas que siempre están ahí para recordarme quien soy ahora. De todas formas, para evitar que un jarrón se me estrelle en la cabeza, levanto la manga y le enseño la bendita M que decora mi muñeca, en un tono más rosado por encima de mi piel pálida cubierta de pequeñas pecas - ¿Estás contenta? - pregunto con mayor suavidad, y luego sí, me inclino para comenzar a juntar la ropa y la voy lanzando de nuevo en el canasto, evitando su mirada. Probablemente sea de desprecio, o quizá solo burla. O ambas cosas. Como sea, no tengo ganas de soportarlo - No tengo idea de donde se ha metido Seth, si te sirve de algo. Pero puedo decirle que viniste. ¿Cómo te llamas? - al terminar de juntar las prendas, cierro mis manos a cada lado del cesto y me pongo de pie, recargando algo del peso contra mi pecho - prometo no contarle a nadie que casi me asesinas.
Benedict D. Franco
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Sophie A. Van Veltheim
Escucho la pregunta que me hace en modo de respuesta y me muerdo rápidamente el labio inferior por ello ya que no se que contestarle exactamente.. Es verdad que no quiero decírselo por lo que pueda hacer con el, por si me mete en líos o algo por el estilo.. no me gustaría meterme en líos por culpa de un traidor y por haber sido tonta y haberle dado mi nombre. No quiero meter a mi hermana tampoco en problemas por esto mismo. La verdad es que tener una hermana que tenga un cargo tan importante de aurora es bastante complicada ya que si hago algo malo yo puede que la implique a ella y no quiero meterla en problemas ya que se que ella hace todo lo mejor para mi y para seguir adelante las dos juntas. —Pues no es mi primera vez viniendo aquí. —Miento, miento como una bellaca ya que nunca he entrado a la mansión en la que viven ahora los Niniadis y por eso mismo me he perdido entre todos los pasillos que tiene esta. —Sophie, me llamo Sophie. —Al final acabo diciendo mi nombre, claramente no digo mi apellido por lo que sigo pensando, prefiero guardarme esas cosas para mi misma y no meterme el líos la primera vez que piso la casa de Seth.

Se me cae la cara totalmente de vergüenza al escuchar que ya ha sido atrapado por los aurores y ya no está más en captura. De verdad ¿es que soy tonta? Noto como mi cara de estar pálida como siempre, pasa a un color mucho más rojizo, más que nada parezco un tomate por toda la vergüenza que estoy pasando ahora mismo. He montado un numerito de la nada y.. dios.. soy estúpida. Niego con la cabeza a la pregunta que me dice. —No.. no tenía ni idea.. perdóname por haber sido tan tonta. —Ni le miro a la cara por la vergüenza, dios, de verdad, puedo llegar a ser tonta, pero esto ya es totalmente el extremo de los extremos. La verdad es que hace tiempo que no veo el listado de los "se busca" de NeoPanem y eso me pasa por no mirar las noticias o por mirar simplemente la cartelera y estar al día. Me alzo de hombros ante la pregunta que me hace y siendo sincera, tiene bastante razón por todo lo que dice. —Puede.. puede que intentarías cualquier cosa, envenenar a alguien.. no lo se. De verdad, perdóname. Los nervios me han traicionado. —Cada vez estoy más y más roja. Hacía bastante tiempo que no me ponía tan roja como ahora, pero es verdad que hacía tiempo que no metía la pata tan al fondo como lo estoy haciendo ahora mismo. Sigo escuchando las palabras que me dice Benedict y parece que me está echando la bronca y mientras lo hace me dedico a coger un extremo de mi túnica para empezar a arrugarla entre mis dedos, es lo único que puedo hacer mientras me está regañando por lo que he hecho.

Alzo la vista cuando dice que si estoy contenta y niego rápidamente con la cabeza. La verdad es que la he cagado al haberme empujado y haberle hecho caer al suelo, tirando toda la ropa que seguramente ha tenido que planchar y doblar a mano. Yo en casa no tengo ese problema ya que tengo esclavos, pero.. pero el al ser humano lo tiene que hacer a mano y seguramente le haya costado la mar de tiempo. —De verdad, perdóname, déjame por lo menos ayudarte a recoger la ropa. —Digo acercándome a el cuidadosamente y ayudando a recoger la ropa que hay tendida por el suelo. Niego con la cabeza mientras dejo una camiseta en el cesto ante su sugerencia. —No hace falta, le buscaré dentro de nada, cuando termine de ayudarte con esto. Gracias de todos modos. —Mascullo lo último. La verdad es que no debería de estar haciendo lo que estoy haciendo, como me pille alguien de la casa, como me pille alguien que sea auror o carroñero.. la he cagado completamente. Asiento con la cabeza a lo que dice y sonrío levemente. —Te lo agradecería. —Digo poniendo un mechón de pelo detrás de mi oreja mientras sigo recogiendo ropa. En una de estas parece que agarro unos calzoncillos y tiene toda la pinta de que sean de Seth, más que nada porque aparecen sus iniciales en ellas. "S.N.". —¿Calzoncillos de ositos? ¿No es ya demasiado mayor Seth como para llevar estos calzoncillos? —Digo soltando una pequeña risita, para quitar tensión al asunto y rápidamente tiro el calzoncillo a la cesta.
Sophie A. Van Veltheim
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Sophie. La miro un momento como si me hubiera hecho una obra de mal gusto, aunque acabo dando un suspiro de resignación porque tengo que dejar de creer que el mundo está conspirando en mi contra solamente porque se le da la gana. Pero de todas formas me es imposible no pensar en Sophia. En si la han encontrado, en si volvió a casa a salvo, en si no terminó presa de algún hechizo en aquel extraño choque de luces que fueron a parar hacia todos lados. Quizás, al intentar salvarla solamente la he condenado como todos los otros. Y pensar que nuestra última conversación fue una estúpida pelea sobre Cale Ballard; él ni siquiera valía la pena.

Me dan ganas de decirle que ganas de envenenar a alguien no me han faltado, pero creo que sería abusarse de la situación y opto por no responderle; total, se supone que los esclavos apenas abrimos la boca porque nuestras opiniones no importan. Acabo mirándola con una media sonrisa que refleja cierta añoranza, incluso aunque lo que voy a decir, lo odie - sí, solía poner nerviosas a las personas, pero no por cosas como ésta - me explico, revoleando un poco los ojos antes de agachar la mirada. Solían ponerse nerviosos porque era un crío que había ganado unos juegos macabros, y todavía no sé si me tenían respeto o miedo, vaya a saber.

Hago un par de gestitos con la cara para que le reste importancia a todas esas disculpas que ya no me importan, aunque creo que no es capaz de verlos porque la mata enmarañada de mi pelo me cubre el rostro mientras acomodo la pila de ropa, hasta que finalmente, sus palabras me valen mirarla un momento en silencio. Sonríe. Y pide disculpas. Y "agradecería" que le haga un favor. Ni siquiera recuerdo cuando fue la última vez que alguien me trató de aquella forma, fuera de Seth y Roxanne, y ellos casi ni cuentan - no es nada - me limito a responder con suavidad, fijándome del modo en el cual ella recoleta la ropa. Acabo riendo sin darme cuenta al ver los calzoncillos de Seth y alzo mis hombros, acomodando la prenda mejor cuando ella la lanza al cesto -  esto no es nada. Tienes que ver las pantuflas con forma de osito que tiene guardadas en el armario. Él dice que no las usa, pero... - levanto mis cejas de forma pícara varias veces, reprimiendo la risa. Sé que probablemente fueron un regalo de alguna de esas personas que lo ven como un niño, pero siempre encuentro el modo de molestarlo con eso.

Creo que ya no hay nada que recoger del suelo, así que con un suspiro, hago un amague a volver a caminar, aunque me freno de inmediato para hacerle un gesto a que me siga; quizá, en el camino podemos encontrar a Seth y así evito que ande dando vueltas por toda la casa espantando a los esclavos - ¿dices que Seth y tú van a encontrarse para hablar de Quidditch? - acabo preguntando, un poco dudoso de darle conversación a una persona que, deduzco, es bruja - ¿Qué se supone que haces en ese juego? ¿Eres de las que golpean, buscan o tiran goles? Nunca lo comprendí del todo - admito, acomodando mejor el cesto bajo mi brazo - disculpa que diga esto, pero no tienes pinta de jugadora de Quidditch... siempre creí que se verían más... - intento expresar la palabra "ruda" sin decirlo, arqueando un poco mis hombros como si intentase señalar más masa muscular - aunque eres buena golpeando gente en los pasillos.
Benedict D. Franco
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Sophie A. Van Veltheim
Me muerdo el labio inferior por el comentario que dice Benedict, ya que hace que de un momento de estar incómoda por haberla liado tan parda y haber hecho tanto el ridículo, a estar aun más incomoda. Se porque ha soltado ese comentario, se que desde que ganó el chico los juegos no ha sido feliz, lo puedo entender ya que si yo alguna vez hubiese estado en esos juegos y hubiese sobrevivido a estos, no sería feliz. Y mucho menos si hubiese perdido a mi hermana. Ademas de todo eso, ahora no es que sea muy querido por dos razones: una de ellas es el hecho de ser humano, muggle como dicen ahora todos los magos prepotentes que se creen mejores por tener sangre maga, ya que desde el nuevo gobierno eso está fatal visto y el hecho de ir contra el gobierno.. también ha hecho ganarse muchas papeletas y haber estado en busca y captura hasta.. vete tu a saber cuando, ya que yo hoy me he enterado de que está de esclavo para la gobernadora. No añado nada al comentario, simplemente me quedo mirando al suelo un tanto cortada sin decir nada al respecto, no quiero cagarla como lo he hecho durante todos los minutos que llevo hablando con el chico.

Parece que le resta importancia a todas las disculpas que digo, a todos los 'lo siento', pero es que sinceramente, me siento una persona un tanto horrible por ello, ya que yo no soy de esas personas que suelen echar en cara nada a nadie y bueno, es que me he asustado! Seguramente otra persona que estuviese en mi piel hubiese hecho lo mismo, o bueno, algo peor. Otra persona habría salido corriendo en busca de algún carroñero o auror en busca de ayuda, pero yo como soy una persona buena y se empatizar, ponerme en la piel de las otras personas, no he hecho eso mismo. Se, que desde el momento que he cruzado palabra alguna con el chico, para el gobierno estaría haciendo algo horrible, puede que hasta que me pusieran de traidora y me llevasen ante un juez por ello, pero la verdad es que me da igual ahora mismo, se que los humanos son personas como yo y no nos han hecho nada malo. Los únicos 'malos de la película' son los Black por haber hecho todas esas estupideces y no los humanos inocentes, la gente civil.

Abro los ojos de par en par cuando Benedict me dice que lo que he visto de los calzoncillos de Seth no es nada, que en su armario guarda pantuflas de ositos.. no puedo explotar de la risa y taparme la mano la boca ya que estoy haciendo demasiado escándalo. —¡No me lo puedo creer! —Suelto mirando al esclavo partiéndome de risa. —¿Me lo estás diciendo de verdad o te estás quedando conmigo? JAJA —No se si creérmelo del todo, pero seguramente esté diciendo la verdad. —No me digas que también tiene calzoncillos de corazoncitos. —Añado entre risas.

Los dos acabamos terminando de recoger la ropa que he tirado yo al suelo por haber empujado al chico y haber huido unos cuantos metros cuando nos hemos encontrado, pero bueno, el problema está terminado y ya no me siento tan mal por haberla liado tan parda. Parece que Benedict sabe donde puedo encontrar a Seth o donde se encuentra ahora mismo, a si que simplemente le sigo mientras caminamos por la enorme casa del gobierno. Asiento a la pregunta que me dice Benedict sobre a lo que he venido. —Exacto, he venido para que discutamos los dos sobre algunas estrategias para que en el campo no se nos de tan mal. —Digo con una pequeña sonrisa, se le ve un poco interesado sobre el tema. Pienso un poco su segunda pregunta, sobre como es el Quidditch, de que va etc. y simplemente pienso una forma de explicársela a alguien que no sabe nada sobre magia. —Simplemente consiste en meter una pelota en aros e ir acumulando puntos. Los que buscan, los buscadores vaya, tienen que encontrar la 'snitch dorada' y cuando la encuentren termina el partido. Esta es la que más puntos da y quién la coja seguramente gane el partido. —No se si lo habrá entendido bien pero lo he intentado lo mejor que he podido. —Soy la que para las pelotas que tiran a los aros. Intento hacerlo lo mejor que puedo. —Digo llevándome una mano a la cabeza. Alzo una ceja por lo que dice y suelto una pequeña carcajada. —Y tienes razón, pero es un deporte que siempre me ha gustado y bueno.. tuve la oportunidad de apuntarme y lo hice. —Digo con una pequeña sonrisa. Suelto otra pequeña carcajada por lo que dice y le doy un pequeño golpe en el hombro, insignificante que no le habrá dolido nada ya que no lo he hecho con mala intención. —Tu serías bueno en coger la cesta con la cabeza. —Digo guiñándole un ojo.
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Consejo 9 ¾
- Eso es información confidencial - bromeo, arrastrando las palabras para subrayar el sarcasmo cuando me pregunta sobre los calzoncillos con corazones, aunque la verdad es que no recuerdo haber visto nada de eso en el armario de mi amo barra mejor amigo barra Seth. Y estoy muy seguro que, de haber encontrado algo de eso, lo hubiera molestado para toda la eternidad; además, es muy fácil hacer enojar a Seth. Tiene esa manía de ser tan orgulloso que ni siquiera las bromas le vienen bien, o al menos, tiene siempre la necesidad de defenderse.

Como no me queda de otra y es la primera vez que alguien se toma la molestia de explicarme como funciona ese bendito deporte, la escucho con atención, avanzando entre los pasillos y bajando escaleras que nos van a guiar hacia el lavadero y, por defecto, cerca de las cocinas, donde suelo encontrar al dueño de casa además de su dormitorio, donde ya sé que no está porque vengo de ahí - ¿Siempre te ha gustado? - pregunto con curiosidad y cierto grado de confusión, acomodando algo de ropa con mi mentón para que no se caiga y, de todas formas, poder mirarla - No eres de por aquí entonces, ¿o sí? ¿O acaso leías sobre Quidditch en libros? - que yo sepa, las actividades mágicas estaban prohibidas durante el gobierno de los Black, de modo que es básicamente imposible que ella conociera aquel deporte mágico, a no ser que su familia le contara sobre éste de manera clandestina o que proceda de alguno de esos lugares donde los magos se estuvieron refugiando antes de saltarnos encima. Al ver su guiño intento sonreírle, aunque sea con una pizca de amabilidad, y estoy por empujar la puerta del lavadero cuando me percato de que hay algo en todo esto, que es sumamente anormal. Por un instante, me quedo inmóvil, con el cuerpo vagamente apoyado en la puerta para poder hacer que se abra, hasta que la miro por encima de las prendas.

- Eres la primera persona que no me trata como si fuera escoria - Seth no lo hace, pero él no cuenta ya que me conoce desde antes, y Roxanne tampoco lo hizo pero ella se encuentra en la misma situación que yo. Sean suele pasarme de largo, lo cual es un poco mejor que me anden dando órdenes o mirándome con cara de asco, pero después de eso, Sophie es la primera que jamás me ha visto que me está hablando como si fuera una persona y no un mueble. Empujo del todo la puerta y entro, para apoyar la cesta sobre el primer mueble que encuentro, y comienzo a dividir las prendas por color - Seth de seguro anda comiendo, o algo así. ¿Probaste el buscarlo en las cocinas? - le pregunto, tratando de cambiar de tema - están a dos cuartos de aquí. Sabes que no es adecuado que yo ande reunido con ustedes mientras pasan tiempo juntos, al menos que les lleve comida.
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Comienzo a reír cuando me dice que lo de los calzoncillos de corazones de Seth es información confidencial La verdad es que no creo que un chico como Seth lleve calzoncillos de corazones, vamos, espero que no, y tampoco creo que Jamie le dejase tener calzoncillos de ese estilo, es el hijo de la presidenta, ¡por favor! La verdad es que Benedict me está pareciendo un chico encantador y me siento avergonzada todavía por haberle montado el pollo que he montado. Siendo sincera, no se porque a Jamie le ha dado por oprimir a los humanos cuando ellos no tienen culpa alguna de que nosotros hayamos estado oprimidos por los Black, la culpa la tienen los Black, la única Black viva todavía y no los pobres humanos. —Está bien, resérvate esa información. —Le digo guiñándole un ojo.

Pasamos por todos los pasillos de la mansión y me quedo completamente loca por todo lo que veo. La verdad es que la mansión es preciosa y gigantesca. Creo que un pasillo que hemos cruzado Benedict y yo es mucho más grande que toda la casa que comparto con mi hermana Julie. Me quedo un poco embobada mirando la decoración, las alfombras, los jarrones, los cuadros, las cortinas.. sobretodo las vistas que da la mansión a la ciudad del Capitolio, impresionante tener la oportunidad de ver todas las casas, los pisos y todo lo que forma la ciudad. De repente me doy cuenta de que Benedict sigue con la conversación que había comenzado unos minutos atrás sobre el Quidditch. —Uhm.. bueno.. siempre siempre no. La verdad es que hace bastante poco que lo he descubierto. —Le admito al humano. La verdad es que casi nunca había escuchado sobre el Quidditch hasta que mi hermana me había dicho que me podía apuntar si quería. —No soy de por aquí. —Le admito al esclavo. —Vivía con mi hermana en Europa, peleaba junto con Jamie para quitar a los Black del poder.. y bueno, me ha tocado mudarme al Capitolio con mi hermana por su puesto de trabajo. —No se porque le estoy contando tantas cosas al chico, es la primera vez que le cuento 'mi historia' a alguien, por llamarla así de alguna manera. —Y cuando mi hermana me dijo de apuntarme a Quidditch, primero me informé con libros, como has dicho, y luego ya lo puse en práctica. Demasiadas tortas me he dado yo con la escoba. —Digo soltando una pequeña risita. Es verdad que muchos moratones en los brazos y piernas he tenido por culpa de las caídas de no saber tener equilibrio en la escoba.

Me corto bastante cuando me dice que soy la primera persona que no le trata como escoria. No se que decir en ese momento, ya que me he quedado un poco en shock, no me esperaba para nada eso por parte de él. Me alzo ligeramente de hombros. —No creo que haya razón alguna para tratarte como escoria. —Digo con una sonrisa tímida. Niego con la cabeza ante la pregunta que me hace, no se me había ocurrido mirar en las cocinas. —¿Me acompañas? No quiero perderme de nuevo por estos enormes pasillos y atacar a otro esclavo. —Bromeo. —Le pondré una excusa barata a Seth para que te puedas quedar con nosotros, no te preocupes por ello. —Digo guiñándole un ojo mientras ambos seguimos caminando hacia las cocinas.

Lo siento, no había visto que habías contestado q.q
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