The Mighty Fall
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OTOÑO de 247221 de Septiembre — 20 de Diciembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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Arleth L. Ballard
Con el otoño vinieron las clases y eso significa que regresará la lluvia de preguntas de Ava sobre el motivo por el cual no puede ir a la escuela como el resto de los niños, cosa que no puedo explicarle porque su frágil temperamento no podrá con ello y, probablemente, recaiga en un montón de problemas que yo no podré solucionar sin la ayuda de un terapeuta y, para ser honesta, no tengo ganas de meterle más líos a nuestra pequeña y destrozada familia. Por eso mismo, preferí dejarla a cuidado de la señora Terrence, la vecina de al lado, a la cual mi hija adora visitar porque siempre le regala galletas rellenas y le hace la clase de chocolatada que tanto le gusta, para así tener tiempo de ir a recoger a Cale a la escuela. No es como si él no pudiese regresar solo a casa; después de todo, está en el duro y fastidioso camino de transformarse en un hombre, pero aún así tengo la necesidad de pasar un rato con él y, de paso, pedirle ayuda para ir a comprar algunos ingredientes para la cena. Sé que refunfuñará, que dirá que no lo necesito y que se apresurará para poder llegar a casa y pegar el trasero frente a la televisión como todo adolescente, pero no es algo que permitiré sin dar batalla.

Su cabello es el más reconocible entre la multitud que sale disparada para apartarse de las puertas del instituto, no por alguna característica especial como algún color extraño o un look extravagante, sino porque es el mismo pelo que su padre lucía cuando continuaba con vida. Cale se parece tanto a Iago como Ava se parece a mí, lo que por momentos incluso llega a ser doloroso. Le llamo la atención con un movimiento de la mano y le sonrío con ganas, consiguiendo así su atención mientras que, con la que mantengo libre, me subo la bufanda colorada para mantenerme a salvo de los primeros vientos fríos de la época. Poco a poco se acerca el invierno y con él, el temor a que se lleven lejos al niño no tan niño que tengo enfrente. En cuanto Cale me alcanza, no me demoro en acomodarle el cuello de la chaqueta mientras dejo salir un saludo tal vez demasiado efusivo para su orgullo adolescente.

- Creí que sería genial venir a buscarte, como en los viejos tiempos, ¿qué te parece? - probablemente le parezca una porquería, pero también creo que es demasiado obvio lo que estoy intentando. Paso una mano por su cabello, despeinándolo un poco, del mismo modo cariñoso de siempre aunque ahora que está mucho más alto, se me complica un poco - además, pensaba ir de compras. Podrás elegir la cena de esta noche y algún postre. ¿Y qué te parece si conseguimos alguna película?

A veces creo que lo intento demasiado. Que trato y trato para que él se olvide de su padre y de cómo se ha ido. Que deje de entender las cosas que ha visto. Ojalá fuese tan simple.
Arleth L. Ballard
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Cale J. Ballard
Consejo 9 ¾
La campana que indica el final de la jornada escolar resuena por todos los pasillos del instituto pero aún así no la escucho hasta que unas compañeras me despiertan. Bah, no es mi culpa quedarme dormido en la aburridísima clase de historia, es un asco. A parte de todo no tenía ganas de prestar atención después de la pelea en la que me metí. Resulta que unos chicos del año posterior se creyeron lo suficientemente listos para andar diciendo lo que quisieron de mi familia; al inicio los ignoré y lo dejé pasar pero después del primer empujón que me metieron y los improperios que soltaron... Bueno, entre mis amigos y los de ellos todo se transformó en un campo de batalla que terminó con moretones, rasguños, y un par de ojos morados. Pero es no fue todo. Como en toda escuela, se formó un grupo al rededor que gritaba los nombres de los que peleaban y que nos incitaban a seguir golpeándonos, cosa que sólo sirvió para llamar la atención de los profesores que se encargaron de poner fin al asunto, no sin antes darnos una buena regañiza, seguida a un cita a la oficina del director. Sólo nos llamaron al niño que comenzó con los golpes y al que lo continuó, o sea yo. Me mantuve en silencio todo el tiempo, al final si decía algo no me iban a creer, como siempre sucede cuando tratas de explicarle algo a los adultos y te dejan de lado como si no entendieras nada, cuando realmente entiendes todo, o al menos lo intentas. Conseguí un papel que indica que mamá debe venir mañana en la mañana y un castigo por el resto del mes para resolver ejercicios de álgebra todos los recreos. Vaya porquería.

Las chicas me mueven un poco hasta que ven que alzo la cabeza y me indican que las clases, finalmente, terminaron. Les agradezco con una sonrisa un tanto forzada, claro que ellas no se dan cuenta de ello y se van satisfechas, y me levanto guardando todas mis cosas. Por fin podré regresar a casa. Llegaré directo a la cama, así mamá no se dará cuenta de mi ojo morado... Al menos no por unas horas, aunque al final tendré que explicarle todo, si me deja hacerlo. Cargo mi mochila sobre mi espalda y salgo con el ceño fruncido del instituto. Mis pasos son lentos y marcados y los alumnos del año posterior no tardan en abrirme camino para que pase, un camino lleno de murmullos y rumores acerca de lo que pasó hoy con su estúpido y fanfarrón compañero. Puede que mi ojo haya quedado morado, pero el de él quedó peor; lo único que me consuela es que así aprenderán a no andar soltando lo que quieran acerca de mi familia. Me paro en seco cuando distingo la figura de mi madre esperándome afuera. ¿La habrán llamado? ¿Le habrán dicho lo que pasó? Trago grueso cambiando la expresión de mi cara y camino todavía más lento hacia ella. Me paso la mano por el ojo dejándola sobre de el, fingiendo que me pica la cabeza mientras escucho lo que dice... Está tan entusiasmada que no se ha dado cuenta de lo que tengo, al menos así sé que no le dijeron nada.

En otro momento me enojaría que viniera por mí, tengo la suficiente edad para regresar solo a casa, y esto, lejos de ahorrarme problemas, sólo aumentará los rumores y habladurías de las personas a las que no les agrado. No es que me importe lo que piensen o digan, pero después de tanto hablar, hasta yo me harto. - Mamá... - Le digo al tiempo en que bajo la mano, dejando ver mi ojo hinchado y algo morado por el golpe que me metieron. Si tenía algún plan de dejarme escoger la cena o ver una película, seguro se le borra de la mente ahora y me castiga de por vida.
Cale J. Ballard
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Arleth L. Ballard
Espero, espero a que llegue una respuesta, a que mi hijo se muestre tan entusiasmado a pasar el rato conmigo como cuando era un niño pequeño, a que parezca ser alguien que no sigue enfadado por la muerte de su padre, pero parece que nada de eso va a llegar, al menos no ahora. Cale solamente habla en un tono que yo me huelo a malas noticias y, como bien que lo conozco, deja al descubierto un ojo morado que solamente indica problemas. De todas formas, mi primera reacción es la más natural, puesto que reconozco de inmediato el vuelco al estómago que me asalta en cuanto veo aquel golpe en el rostro de mi hijo; es la clásica preocupación de una madre – ¡dios santo, Cale! ¿Qué te ha pasado? – le tomo del mentón para poder mirarle mejor, y no me demoro en hacer una muequita de compasión - ¿acaso no pediste hielo? En casa podremos bajar la hinchazón. No creo que dure demasiado… ven.

Lo tomo de la muñeca para quitarlo de en medio, en parte porque es molesto como los niños nunca miran por dónde caminan y, por otro lado, también porque sé lo fastidioso que es a su edad que te vean siendo curado por tu madre. Le suelto al llegar a la esquina para tantear dentro de mi bolso, en el cual generalmente llevo algunos productos del trabajo, hasta que doy con un gel helado. Creo que es lo mejor que tengo – toma cariño, así… - aunque sé que es perfectamente capaz de hacerlo solo, se lo coloco sobre la zona afectada y dejo que se lo sostenga por su cuenta. Y como no puede ser para menos, frunzo el ceño para que no se crea que se está salvando - ¿otra vez metiéndote en problemas? ¿Cuántas veces te he dicho que seas más listo que ellos y evites estas cosas? – sé que Cale es mejor que esos muchachos creídos que tienden a meterse con los demás, lo que incluso produce que me decepcione de sus reacciones. Yo no lo he criado para que vaya repartiendo golpes por todos lados.

Pero de todas formas, sé lo complicado que debe ser para él estar en su posición. Conozco los rumores, y sé muy bien lo crueles que pueden ser los  niños. Se ha dicho de todo sobre Cale y Ava, especialmente porque llevan mi apellido y podría decirse que, oficialmente, no tienen padre. Hay gente inteligente, gente que sabía que Iago y yo teníamos un romance en nuestra adolescencia, que se atreve a decir que son hijos de aquel rebelde que ha sido masacrado en público. Hay otros que simplemente disfrutan en adivinar de dónde han salido y, a veces, no saben hacer otra cosa que acudir a los comentarios malintencionados. Miro alrededor un momento para que no nos escuchen y suspiro, bajando la voz e inclinándome hacia él – Cale, sabes que puedes contarme lo que te sucede. No tienes por qué siempre parecer fuerte – últimamente, conocernos se ha vuelto complicado. A veces me pregunto qué clase de familia somos.
Arleth L. Ballard
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Cale J. Ballard
Consejo 9 ¾
La expresión exagerada de mamá y el tirón que me pega para poder ver bien mi ojo sólo me hacen alzar los ojos y soltar un gruñido indicando que no hice nada por curar mi herida en la escuela. - Lo lamento, aparentemente el hielo se les había derretido. - Comento cínicamente ante su pregunta. De mis labios está apunto de escaparse otro comentario irónico pero una punzada palpitante en mi ojo me hace cerrar de una buena vez la boca, lo que me recuerda que estoy siendo demasiado cruel para tratarse de mi mamá y que, de todas maneras, ella es la que debería contestarme de esa manera y dejarme a ver cómo me las arreglo yo solo, a fin de cuentas es mi culpa estar en esta situación; sí, mi culpa y la del gorila bocón que me golpeó. No, mamá es demasiado buena conmigo para dejarme a la deriva, incluso puede llegar a ser algo sobreprotectora en estas situaciones. - Perdona yo... Estoy de malhumor por el golpe... - Murmuro tras haber respondido con sarcasmo, aunque por otra parte logro deshacerme de su mano que aprieta mi barbilla con fuerza para lograr detectar la hinchazón. Suelo soltarle comentarios así a mi madre, pero creo que esta vez están de más... Siempre está de más.

Entonces ella me toma por la muñeca y jala de mí hasta que nadie puede verlos, sin embargo podría jurar que el eco de las risas de los que vieron la escena retumba por mi cabeza, ya tendrán de qué hablar mañana. Seré la comidilla de todos los chismosos entrometidos, aunque... Siempre puedo decir que no me siento bien por la mañana y así quedarme a cuidar a Ava, además a ella le gusta que juguemos juntos. Agacho la cabeza por vergüenza a ver la cara de mi mamá hasta que saca una especie de gel y me lo pone sobre el ojo. Hago ademán de querer apartarme pero respiro hondo y dejo que haga su trabajo, a fin de cuentas a todas las mamás les gusta sentir que ayudan a sus hijos. Recuerdo que cuando era pequeño y me caía dejando raspones en mis rodillas, no tan profundos pero que en ese entonces significaban mucho para un pequeño como yo, mamá era la primera en ir a ver qué pasaba, me curaba la herida y al final besaba la herida con una sonrisa, como todas las madres, o casi todas, hacían con sus hijos. Pero entonces pasó lo que pasó y crecí de otra manera. Cuando me deja el gel continúo su trabajo, sosteniéndolo con fuerza para que el frío penetre más en el área afectada. Es frío, y por eso mismo la frescura que despide en mi rostro hace que el malestar se vaya, al menos por un momento.

¿Y luego qué? Está más que claro que era demasiado bueno para ser cierto. Mamá comienza a darme una especie de mini-sermón, durante el cual no soy capaz de verla a los ojos, tanto por el gel en uno de los míos, como por el arrepentimiento, indignación y frustración que embargan a cualquier adolescente en momentos similares. - Puedes llamar a esto como quieras mamá, pero eso no quita que después de hacer lo que hice me sienta... mejor. Esos chicos se lo merecían, alguien debía cerrarles la boca y ese he sido yo. No me digas que tú no te hartas de escuchar sus comentarios, son tan... estúpidos. - Murmuro lentamente. Iba a utilizar la palabra "bien" pero creo que no habría sido la más adecuada, mucho menos porque entonces mamá pensará que soy un sádico, violento e impulsivo. Bueno, tal vez lo de impulsivo quede al caso, pero si quisiera podría evitar estas situaciones. Ella vuelve a hablar, creo que quiere tener eso "acercamientos madre-hijo" como los que muestran en las películas o libros. No puedo evitar sentirme un poquito conmovido por su esfuerzo de hoy: Primero llegó diciendo que podía escoger la cena y veríamos películas; luego me vio con el ojo morado y no dudó en ayudarme; ahora esto... Aunque el sentimiento no dura y me aparto dos pasos sintiendo mis mejillas arder. Quiero decirle que no importa y que todo está bien, que no trato de hacerme al fuerte, pero por algún motivo sólo evado su comentario cambiando de tema. - ¿Entonces qué película veremos? -
Cale J. Ballard
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Arleth L. Ballard
Si hay algo que no tolero, y que él muy bien lo sabe, es que me responda o se atreva a discutirme. Se supone que yo soy su madre, que debe existir cierto respeto y algunos límites, lo que entonces le vale una mirada de advertencia antes de que él solito se dé cuenta de lo equivocado que se encuentra, y entonces se corrige sin que yo necesite decir nada más. De todas formas, Cale se zafa de mí con tanta facilidad que indica que siempre hace lo mismo, porque con el correr del tiempo ha dejado de ser el niño que venía llorando hacia mí cada vez que se golpeaba y pasó a ser el jovencito orgulloso que tengo enfrente. Es extraño como, con el tiempo, noto que cada vez parece alejarse cada vez más de mí, incluso sin la necesidad de moverse de mi lado. No recuerdo haberlo sentido de esa forma cuando yo era la adolescente y mis padres eran los que reprochaban, pero supongo que recién notamos esas cosas cuando somos mayores. Hay tantas cosas que no apreciamos...

El punto de vista de Cale consigue que tuerca los labios sin tener idea de qué responderle a eso, porque por mucho de que intente enseñarle que algunas cosas no se hacen, me es imposible no pensar en que yo en su sitio habría hecho lo mismo. Hubo una época dónde era yo la que repartía los golpes, en la cual su padre era un vencedor lleno de gloria y aliado a personas que buscaban sus habilidades para infiltrarse en el gobierno. ¿Qué otra cosa puedo esperar de él, si ya básicamente lo lleva en la sangre? Y sin embargo, ahora mismo y por su bien, necesito ser hipócrita - por muy estúpidos que ellos sean, tú no lo eres. Deberías dejar que los directivos se encarguen de que ellos cierren la boca - sé que no le gustará, porque los chicos de su edad nunca piden ayuda a los adultos, especialmente porque no soportan las probables burlas que esto les valga. Pero prefiero que se burlen de él a que regrese a casa con el rostro hinchado.  Eso queda confirmado en cuanto sus mejillas se ponen rojas como tomates y se echa hacia atrás con el orgullo saliendo por los poros (o tal vez es que yo lo conozco demasiado, lo que es otra opción), lo que consigue que suspire - Cale... - comienzo, pero él ya ha cambiado de tema y sé que no debo presionarlo. Cuando él se encuentre listo, me dirá todo lo que quiera decirme, el problema es cuánto tiempo deberé esperar. Decido que hoy se lo perdono y le rodeo los hombros con un brazo, sacudiéndolo cariñosamente para hacerlo caminar a mi lado - No lo sé, por eso mismo vine aquí, porque necesito de la ayuda de mi mejor seleccionador de pelis. ¿No había una que deseabas ver hace poco pero que no alcanzamos a ver en el cine? - en el distrito tres solamente hay un cine, muy pequeño, y las pocas películas que llegan no duran demasiado en cartelera. Pero de todas formas, cuando tenemos el dinero, es un buen método de distracción - Supongo que ya estará en la tienda. Podemos fijarnos mientras me ayudas a elegir qué comeremos hoy.

No tenemos un buen postre desde aquella tarde de pastel en la cual nos visitó Elioh, de modo que creo que ya se lo han vuelto a ganar. Dejamos poco a poco atrás la escuela y al tumulto de los jóvenes, y no me pasa desapercibido el hecho de que algunas chicas lo saluden de un modo bastante efusivo que él, probablemente, ni note; parece ser que es la maldición de todos los hombres de su edad. No hago otra cosa que morderme el labio inferior para simular la risa que quiere salirse y le suelto, caminando tranquilamente a su lado hasta que doblamos en la calle principal; los gritos de los vendedores no se demoran en hacerse sonar, de modo que sujeto mejor mi bolso y le echo una mirada apremiante - Vamos, elije el menú - le insisto. Si se siente mal consigo mismo, a ningún niño de catorce años le falla la satisfacción de la comida. Señalo el gel frío - ¿cómo sigue eso?
Arleth L. Ballard
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Cale J. Ballard
Consejo 9 ¾
- ¡Cómo si a ellos les importara! ¿Acaso no crees que piensan lo mismo que todos? Mamá son una bola de... No importa. - Cale, si no cierras la boca tú, un día te la va a cerrar ella y los metiches que difunden rumores serán tu menor problema. No lo sé, a veces es como si una voz en mi cabeza apareciera cuando estoy a punto de meter más la pata. Normalmente no puedo evitar hacer comentarios desdeñosos que tienden a herir a las personas, entonces aparece esa voz que me calma y me ayuda a pensar antes de actuar... No a tiempo y no siempre le hago caso, pero lo intento. Con los años me he dado cuenta de que me vuelvo más y más impulsivo y un día, como hoy, eso me traerá problemas, pero, ¿Para qué pensar en el futuro si puedo aprovecharme de lo que suceda en el presente? Es decir, no me gustaría desarrollar una pequeña desgracia en mi cabeza derivada delo que puede pasar o no gracias a mi actitud que muchos describirían como "infantil", incluso mi mamá, al final no le hago caso ni a eso. Tampoco es que me guste ser así pero es inevitable, me siento tan impotente por momentos y siempre que quiero encontrar la forma de deshacerme de ese sentimiento, algo sale mal. Es como si me faltara otra literal o número para resolver la ecuación. Si papá estuviera vivo... Digo... A veces me pregunto... Si él estuviera con nosotros, intentando ser una familia... ¿Pasaría todo esto? Para empezar la gente no tendría esas habladurías absurdas y podrían dejar a mamá y Ava en paz; y como ya no habrían rumores no tendría que golpear a los estúpidos cada vez que abren la boca. Tal vez si el no hubiese muerto todo estaría mejor y mamá y yo nos llevaríamos muy bien, justo como ella siempre ha querido. Todo el tiempo me rondan las mismas preguntas por la cabeza: ¿Papá haría esto en esta situación? ¿Y en aquella? ¿Qué diría si estuviera junto a nosotros? Tal vez me diría que no actúe de la forma en que lo hice hoy, después de todo sólo les doy lo que quieren a las personas equivocadas actuando de esa forma. - Mamá, yo... - Lo siento mucho, no era mi intención causarte más problemas. Sé que no me comporto de la mejor manera pero no me gusta que digan cosas de ti y Ava, quisiera poder ayudarlas en todo, perdón. - Tengo hambre... - Marcador: Cale, menos uno; orgullo, otro punto extra.

Sonrío de una manera de la que mamá no pueda percatarse cuando me rodea por los hombros y damos por olvidado el asunto de los rumores y golpes. - Oh, sí recuerdo que no la alcanzamos a ver, puede ser una buena opción. - Asiento acomodándome la mochila bien sobre los hombros para empezar a caminar. Al pasar por la calle donde se ubica la escuela escucho unas risas de la bola de niños que estaban conmigo en el problema y como por inercia aprieto las manos cerrándolas en puños. En seguida me relajo, no quisiera que mamá me viera actuando así. Seguimos avanzando hasta que unas de mis compañeras me saludan y les hago un gesto con las cejas y mi mano libre a modo de despedida. Pasan unos cuantos minutos hasta que por fin llegamos al pequeño mercado donde compraremos las cosas para la cena. - Hace tiempo que no comemos pasta... - Pregunto mirando hacia otra parte y luego regresando mi vista a ella. - Digo, si te parece bien a ti... De todas maneras si no quieres podemos comer otra cosa... No sé, ¿Ava que quiere? - Carraspeo un poco sin saber hacia qué punto me dirijo y al final alzo los hombros. - Compra lo que sea, sólo es la cena... - Mis dedos se cruzan internamente esperando que la respuesta sea pasta. Me despego el gel de la cara y se lo doy. - Creo que puedo continuar sin tenerlo... Gracias mamá. - Me despego el gel de la cara sintiendo como la frescura se esfuma segunda a segundo, y se lo entrego. No es muy cómodo andar con eso en la cara, además atrae miradas indiscretas de todos... Es lo que menos importa pero en fin, si ya estoy mejor no hace falta... ¿O sí?
Cale J. Ballard
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Arleth L. Ballard
Tener hambre, la mayor excusa posible en cualquier chico entre los doce y los veinte años. He sido madre muy joven, apenas cumplí las dos décadas, y por eso tal vez a veces me permito recordar con demasiada facilidad lo que era estar en los zapatos de alguien como mi hijo. Sé que Cale no tuvo la vida que le hubiese gustado y ni hablar de la que yo quise darle, pero aprendimos a sobrellevarlo con el correr del tiempo, incluya eso castigos escolares o no. De todas formas no le digo nada, simplemente dejo que siga en su papel de niño orgulloso cuanto tiempo se le antoje, porque rebuscar dentro de él es lo peor que puede hacer una madre. Siempre he preferido que se tome su tiempo. Asiento con respecto a la película y lo anoto en mi lista mental en el camino, y entonces me giro hacia él con cierta sorpresa. Los adolescentes generalmente se antojan de comida como pizza o salchichas, de modo que escuchar la petición de pasta me resulta un poco anormal. Bueno, tampoco es como si Cale fuese un adolescente como todos los de su edad  - No he hablado con Ava de la cena, así que pasta será. Además sabes lo mucho que le gusta el tuco – y sí, “solo es la cena”, pero a veces la gente no se da cuenta de lo mucho que importa poder compartir algo como eso. Gente como Elioh me lo ha enseñado.

Tomo el gel que me entrega y suspiro, volviendo a guardarlo sin atreverme a reprochar algo que arruine el momento, y lo hago caminar conmigo por la calle principal, esquivando a los vendedores ambulantes que van y vienen por todos lados.  Me adelanto un poco a los pasos de mi hijo, pero de vez en cuando miro sobre mi hombro para chequear que se encuentra justo detrás de mí, porque no importa cuánto crezca, para mí Cale sigue siendo un niño pequeño que puede llegar a perderse – Hazme un favor – me detengo al llegar a la esquina siguiente y tanteo hasta dar con mi billetera, de la cual saco algo de dinero que pongo en su mano – puedes ir a buscar la película a la casa de vídeos – señalo vagamente la tienda – mientras yo me encargo de encontrar la comida. Te veo aquí en diez minutos, ¿de acuerdo?

Dejarlo ir solo luego del sermón, en cierto modo, es como hacer las paces. Me alejo con algo de dudas de él antes de meterme a la tienda, en la cual, afortunadamente, no hay mucha gente. No me demoro demasiado en encontrar las pastas, la salsa e incluso me permito comprar un enorme chocolate, de modo que luego de diez minutos, salgo con una bolsa pequeña para empezar a buscar su cabeza entre la multitud una vez más. Pero no está en la esquina. No tiene sentido, lo lógico sería que yo tarde mucho más que él. Bufo, en cierto modo con reproche, y cruzo la calle a medio trote para poder meterme en la tienda de vídeos, que por lógica, está repleto de niños de la edad de mi hijo. Incluso hay uno que tiene una chaqueta muy similar y que, por un momento, me confunde. Pero al final lo encuentro al fondo del local, de modo que lo tomo del hombro para llamar su atención - ¿por qué tanta demora? – pregunto. Inclino un poco el rostro hacia él, chequeando el estado de su herida, y tengo que reprimir el impulso de darle un suave apretón para comprobar si está tan inflamado como de verdad lo aparenta – Cale, de verdad vas a tener que dejar que te cure eso en casa. ¿Puedes cerrarlo bien, al menos? A veces, eres demasiado parecido a tu padre. En especial en la capacidad de meterte en problemas.

Ni siquiera estoy pensando en lo que digo y me arrepiento casi de inmediato. Sí, a veces soy una madre demasiado insoportable.
Arleth L. Ballard
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Cale J. Ballard
Consejo 9 ¾
Aprieto el dinero entre mis manos asintiendo con la cabeza. - Vuelvo en nada mamá. - Doy media vuelta caminando con zancadas largas hacia el videoclub que se encuentra a pocos metros de donde estamos. Casi al llegar volteo como por inercia y miro a mi mamá de reojo comprando las cosas para la cena a lo lejos. Suelto un pequeño suspiro que se transforma en sonrisa y entro a la tienda. Hace tiempo había una película en el cine que no pudimos ir a ver, no siempre hay dinero para hacerlo, o a veces no tenemos tiempo. Es muy común, casi nadie va al cine aquí porque tienen que ocuparse de sus casa, familias y trabajos, la vida no es tan sencilla. En distritos como el cuatro, el trece o el uno tal vez tengan más salas de cine y no se esfuercen tanto porque son ricos, pero aquí, bueno, es simple, o trabajas o no comes. Nadie tiene la vida arreglada y aunque sea más fácil que en otros lugares mamá sigue esforzándose mucho para sacarnos adelante a mí y a Ava. Repaso las repisas con las películas buscando la que queríamos ver, era una de carros y acción, recuerdo por el corto en el que la anunciaban. Sigo buscando agachándome de vez en cuando hasta que doy con ella. Sonrío satisfecho y la agarro. De camino a la caja paso por un pequeño estante con películas para niñas pequeñas, como las que le gustan a mi hermana. Recuerdo a Ava pidiendo que viéramos una película de arcoiris y unicornios... O algo así. Estiro la mano tomando el video y viendo el reverso de la cuja para leer la reseña... Es una película de barbie... Pero Ava quería verla... Tomo las películas y las acomodo una junta a la otra tanteando mis opciones. Dejo ambas recargadas en el estante mientras me agacho y empiezo a rebuscar entre mi mochila. Siempre hay algo por aquí... ¡Ajá! Mis manos encuentran unas monedas extra al fondo de mi maletín. Como a veces compro en la cafetería de la escuela, el cambio que queda lo dejo resbalar hasta que queda ahí, así que siempre tengo algo de dinero de más por si se me antoja algo. Cuento el dinero que me dio mi mamá, con lo que queda de el, más lo que tengo yo... Creo que está bien. - Me llevaré estas dos. - Pongo amabas películas, la de misiones y acción, y la de barbie, en el mostrador y espero a que me digan lo que cuestan. Entrego el dinero necesario y las agarro  para después guardarlas en mi mochila. Seguro que a Ava le gustará ver esta película luego...

En eso en que estoy por salir de la tienda una voz conocida me habla y me hace regresar a la zona donde exponen los videojuegos. Son algunos de mis compañeros con los que me llevo bien. - Hey. - Los saludo con un leve ademán y me acerco a ver qué hacen. Todos están al rededor del juego nuevo que acaban de poner a renta. Se ve muy bueno. En cuanto llego empiezan las bromas acerca de mi pelea y herida que me hacen bufar un poco pero que al final termina con una risa y más bromas acerca de ellos también. Me quedo unos minutos más platicando hasta que un escalofrío me recorre. Volteo a ver la hora en el reloj grande del centro de la tienda y cuento mentalmente... Me he tardado más de la cuenta y seguro que mamá se habrá preocupado... Doy media vuelta despiéndome justo en el momento en que mamá me toma por el hombro y me mete el susto del año. - ¡Mamá! - Mi respiración se agita un poco pero consigo tranquilizarme y hacer un ademán para que ella haga lo mismo. - Nada importante, vamos a la casa. - Estoy por dar un paso cuando su voz me envuelve y me hace retroceder. Ruedo los ojos cuando empieza a hablar. - Sí, sí, sí, lo que digas mam... - ¿Esto es emoción o enojo? ¿Por qué hablamos de esto ahora? Mis ojos se abren grandes cuando menciona a papá y desvío la mirada a un punto en la nada donde no me pueda alcanzar. - Vamos, aquí hay mucha gente a la que le gusta escuchar las pláticas donde no las llaman. - Le quito la bolsa de la compra de las manos y la jalo con la otra sin dejar de apretar ligeramente su muñeca. El escucharla hablar de papá tan naturalmente es como si... Nada. Claro que la curiosidad se ha formada dentro de mí y quisiera hacerle miles de preguntas pero no puedo hablar así porque sí con tanta facilidad como lo ha hecho ella, además estando en la calle no creo que sea buena idea bombardearle de preguntas. ¿Será verdad? ¿Me pareceré a papá como ella dice?
Cale J. Ballard
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Arleth L. Ballard
Las miradas de los jovencitos se clavan un momento en nosotros, lo que consigue que los observe con curiosidad y cierto reproche antes de que Cale me arrastre lejos de ellos, lo que no me da a tiempo de decir absolutamente nada, lo que es la peor pista que mi hijo pudo haberme dado. Pero todo se esfuma cuando veo el rostro que pone ante la mención de su padre, de esa persona que parece haber desaparecido de nuestras vidas y, al mismo tiempo, haberlas marcado lo suficiente como para que se encuentre presente en todo momento - Cale, lo siento mucho... - alcanzo a murmurar, porque sé lo que le estoy haciendo, lo que le hice durante todos los días desde el momento en el cual Iago se marchó para siempre. Justo antes de que su boca dijese cientos de tonterías y muriese en público. El simple recuerdo me produce náuseas.

Salimos a la calle, allí donde el aire se encuentra mucho más puro, y lo comienzo a guiar hacia la casa, viendo como él arrastra la bolsa y las nuevas compras; me es imposible no sonreír al menos un poco al divisar que se tomó la molestia de elegir una película para su hermana pequeña, a quien sé que adora aunque no lo diga en voz alta, como todo adolescente orgulloso. Al final, cuando creo que estamos lo suficientemente lejos, tiro de mi mano con suavidad para soltarme y me froto la muñeca, echando una mirada hacia atrás - ni siquiera sé por qué te molestas en hablar con esos chicos. Se nota demasiado que no son de tu mismo palo. ¿No pensaste en que tal vez, deberías hacer amigos fuera? No lo sé. ¿No te interesa algún deporte en particular o alguna actividad extra? Cuando yo tenía tu edad... - cuando yo tenía su edad las cosas eran muy diferentes y la gente no hablaba de mí a mis espaldas murmurando cosas que nadie sabía si eran ciertas o no. Por eso mismo me muerdo la lengua y me encojo un poco de hombros. Tal vez simplemente deberíamos mudarnos del distrito, empezar de nuevo. En un lugar dónde no nos conozcan y nadie se atreva a lanzarnos miradas dudosas.

Doblamos en la esquina de nuestra casa mientras yo le sigo dando vueltas al asunto mentalmente, así que decido tirarlo como un comentario casual - ¿No te imaginaste nunca tu vida en otro lugar, Cale? No lo sé, tal vez el distrito cinco, o el seis... ¿y qué me dices del cuatro? - le había prometido llevarlo al mar alguna vez, pero por diferentes motivos, esa promesa jamás fue cumplida. Saco las llaves y las meto en la cerradura, abriendo la puerta para dejarlo ingresar primero. Sin embargo, en ningún momento dejo de observar su rostro, buscando alguna señal de aprobación o negación - Ya conoces a Elioh y él vive allí. Tiene un hijo de tu edad. Tal vez... no lo sé. Te vendría bien conocer a alguien que no te deje el ojo morado y con quien puedas hablar. ¡Y ya sé que ya no tienes tres años! - casi siempre me echa en cara que lo intento juntar con niños como cuando todavía era un pequeño que jugaba con cualquiera que se le cruce en el camino. Pero tal vez en un sitio lejos, con alguien que haya vivido historias similares... tal vez, la cosa cambie.
Arleth L. Ballard
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Cale J. Ballard
Consejo 9 ¾
Suelto una especie de gruñido entrecortado cuando se disculpa. ¿No se supone que es mi mamá? No lo entiendo... ¿Por qué disculparse? Papá no está aquí, y aunque pensar en él, en todo lo que hicimos, lo que no hicimos y lo que pudimos haber hecho, sea doloroso, hay que enfrentarlo de alguna manera... Es decir, mi hermana y mamá son más frágiles, en especial Ava, y si a todos nos dejó un hueco inmenso la partida de papá, sólo hay que trata de... No lo sé, pero hay que hacer algo antes de que nos marchite la vida a todos. Pensar que mamá pida disculpas y no al revés es algo que me causa una revolución adentro, al fin y al cabo nunca pasa esto. Un movimiento llama mi atención y entonces me doy cuenta de que sigo aferrado a la muñeca de mi madre. Antes de que siquiera intente soltarla, ella se safa con tal naturalidad y suavidad que me sorprende; sin embargo continúo con la mirada clavada en el suelo. De pequeño me gustaba jugar al caminar, esquivando las grietas del piso, brincando cuando el camino se me cerraba entre ellas, era una especie de costumbre que me gustaba mucho. Claro que ahora ya no hago esas niñerías, aunque... Me he fijado que Ava lo hace a veces, supongo que inconscientemente nos parecemos, sólo un poco.

Alzo una ceja cuando comienza a hablar encogiéndome de hombros. - Son mis amigos. Los otros chicos no me agradan, son demasiado engreídos, con ellos puedo pasar el rato sin escuchar comentarios incómodos. Además, no es que me interese mucho eso, lo de tomar actividades fuera. En la escuela puedo jugar fútbol con los demás y estoy bien así. Aunque practicar un poco no creo que venga mal... - De alguna forma extraña, termino mordiendo el anzuelo reconsiderando lo de tomar una actividad extra. Los deportes me gustan y puedo correr rápido, encima no tengo nada que hacer por las tardes más que terminar deberes o perderme por ahí, podría ser un buen uso de mi tiempo libre. Luego mamá trata de empezar una de sus historias, típico de las madres: "Cuando era joven hacía esto, eso y un poco de aquello", "a tu edad no me comportaba así", pff, a veces es tan molesto que hable de esa forma, es como si no me dejara respirar. Es muy obvio que cuando tenía mi edad podía hacer más cosas, porque eran diferentes épocas. ¿Por qué mamá se esfuerza tanto conmigo? Digo, ¿No sería más fácil aceptar que esta es mi forma de ser y ya? Me gusta que se preocupe, y sé que esta es su, muy extraña pero cálida, manera de demostrarlo; eso sólo que a veces... Ahhh, no tengo ganas de soportarlo. Tampoco es que tenga muchas opciones y a las mujeres les gusta que las escuchen y les den la razón... ¡Dios!

Silencio. Detesto los espacios de silencio incómodo. Por fin llegamos a la casa y puedo sentir como la respiración me regresa, es mejor estar aquí que afuera en algunas ocasiones. Nada más poner un pie dentro mamá retoma la conversación, pero esta vez de una manera extraña. - Hablando hipotéticamente, ¿No? - Trato de convencerme a mí mismo de que es así, pero con tan sólo notar su mirada fija en mí, su determinación y esfuerzo para pronunciar las palabras, y la pizca de nerviosismo y ansiedad que va impregnada en ellas, me hace darme cuenta: Mamá nunca preguntaría algo así sin tener un motivo. Mi sospecha se confirma cuando menciona a Elioh y su hijo. - No, nunca me imagine ahí y no me gustaría. - No me esmero en levantar la voz y mi vista ahora está pegada en el piso. Mis pies... Es como si se hubieran adherido a la superficie y de mi garganta no brota nada. ¿Qué rayos está pensando ahora? ¿Por qué saca esto tan de repente? ¿Acaso quiere que nos vayamos a vivir con ellos? ¡Me niego! ¡No me importa si hablan todo lo que quieran de nosotros aquí, simplemente no! - No me imagino estando en otro lugar que no sea este, tampoco es que me guste pero es mejor que estar ahí. ¿Por qué estás preguntando todo esto? ¡¿Acaso quieres que nos vayamos, Mamá?! - No puedo evitar subir mi tono peor el hecho de imaginarnos iniciando de cero, aunque tal vez no sea así y todo lo esté imaginando, me provoca náuseas.
Cale J. Ballard
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Arleth L. Ballard
Creo que mi cara deja por completo al descubierto que no estoy hablando hipotéticamente, pero me encojo de hombros como si de esa forma pudiese desviar completamente su atención, aunque Cale me conoce demasiado como para caer en esa treta. Levanto una mano para tranquilizarle un poco, teniendo en cuenta de que ahora que estamos en casa probablemente su voz retumbe demasiado; estamos solos, pero estoy segura de que en la casa de al lado Ava será capaz de escuchar absolutamente todo si los gritos se exceden. Siempre tuvo una habilidad especial para escuchar absolutamente todo, en especial si eran cosas que deberían no llegar a sus orejas y que luego tuviese que refutar con alguna excusa bastante pobre que ella no nota porque todavía es muy pequeña. Pero aquí estoy, con un adolescente que sabe muy bien de las cosas que hablo y que ya es imposible engañar con peros y tonterías brillantes. Me demoro un momento en responder y uso ese silencio para quitarle las bolsas, yendo derechito hacia la cocina, en donde dejo las compras sobre la mesada para comenzar a sacarlas de su sitio y poder guardarlas. El abrir y cerrar de las alacenas es por un momento el único sonido dentro de la casa, hasta que ya no queda nada por guardar y me quedo sin excusa.

He hecho cientos de cosas a lo largo de mi vida, en especial en esos tiempos en los cuales cargaba con una pistola en la cintura hasta que tuve que renunciar para hacerme cargo de una familia que necesitaba a alguien que la mantenga. Pero nada, absolutamente nada, me dio nunca tanto miedo como me lo da a veces tener que enfrentarme a mis propios hijos, quizá porque sé que son los únicos que de verdad pueden hacerme daño sin siquiera proponérselo – solamente creí que nos vendría bien un cambio de aires. ¿Cuánto tiempo ha pasado, Cale? Y cada día que pasa es simplemente igual al anterior. Tú estás estancado, yo estoy estancada… - le señalo primero y luego pongo la mano sobre mi pecho para hacer énfasis sobre mí misma, aunque mi voz suena un poco temblorosa, cargada de dudas – nunca hemos sido claros y nadie tiene ideas certeras sobre el asunto, pero no son tan idiotas. Y tu padre no fue muy disimulado en sus actos antes de… - de que lo ejecutaran por trabajar con rebeldes.  Y aquí estamos, una mujer sin marido y un hijo sin un padre a quien admirar. Tampoco sé cómo decirle que mis ansias por irme lejos incluyen la necesidad de mantenerlos a salvo. Pero Cale ya es grande. Y tal vez yo no esté siempre para ayudarlo.

Suspiro y froto mis manos con nerviosismo, hasta que al final le señalo una de las sillas de la cocina – siéntate. Por favor. Y espera aquí – lo dejo a solas en la cocina y voy con paso apresurado hacia la escalera, subo y me precipito hacia mi habitación. Me demoro al menos cinco minutos en revolver mi mesa de noche y encontrar lo que estoy buscando, hasta que al final regreso y coloco el comunicador sobre la mesa, justo enfrente de mi hijo. No hay ninguna luz encendida, lo que indica que se encuentra apagado, como lo ha estado hace meses. Me siento justo enfrente de él y uno mis manos sobre la mesa, relamiéndome a causa de los nervios, y clavo mi mirada en Cale – supongo que tienes muchas preguntas, pero empecemos por la básica. Eso es un comunicador, un artefacto usado principalmente por los agentes de la paz y no, nadie tiene que saber que está aquí. Ahora… ¿qué quieres saber?

Si estaba esperando la oportunidad para hablar conmigo, que sea ahora.
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Cale J. Ballard
Consejo 9 ¾
Alzo ambas cejas cuando mamá se queda en silencio y se pone a guardar todo en la alacena. ¿Realmente no contestará? Vaya pues, yo que trataba de hacer todo más fácil y ella que sale con esto tan de repente. Me quedo observándola, caminando con paso lentos hasta quedar al lado. Me cruzo de brazos frente a ella viéndola fijamente, esperando por una respuesta. Primero las latas, luego la bolsa con pasta, unas cuantas cosas más en el mueble y ha acabado con la compra. ¿Qué hará ahora que no le queda otro remedio para esconder sus palabras? Entonces mamá empieza a hablar de nuevo y lo único que hago es apretar más mis brazos y provocar una pequeña mueca en mi boca de forma en que no digo, ni hago nada más que escuchar atentamente y ser observador con sus ademanes y movimientos. - ¿Y Ava? ¿Crees que le gustará cambiar todo lo que conoce por otras cosas? Además todavía quedan unas pocas personas que creen en nosotros mamá, aún en la escuela. - No creo que Ava sea problema, siempre que la veo a ella y a mamá, no puedo evitar tener una imagen en mi cabeza de mamá gallina y su pollito aferrada a una parte de ella. Mi hermana no opondrá resistencia porque lo que más necesita es a mamá, y si mamá dice que nos vamos seguro se irá con ella. Es por eso que no menciona para nada a Ava... Me pregunto si todo el asunto de "hoy será un lindo día, te vine a buscar, vamos por la cena y luego una película", era una estrategia para ablandar las cosas entre nosotros y hacer de esta conversación más sencilla... Mmmm... Es probable, pero igualmente tengo mis dudas sobre lo que haría mamá o no en este tipo de situaciones, sabe a la perfección cómo soy, y por ello es conmigo con quien necesita hablar.  - No sólo es eso... - Pero tampoco sé más qué decir. Es cierto, ambos estamos estancados, pero no por eso dejaremos todo para huir y recuperar el tiempo perdido iniciando de cero, ¿O sí?

Frunzo el ceño cuando dice que la espere sentado en el comedor, y tras soltar un bufido me tumbo en una silla observando como desaparece con prisas por la escalera. Bien, ahora sí que vamos mejorando. En silencio de mis pensamientos varias series de imágenes y flashes del pasado se adueñan de mi mente, el tiempo en que papá vivía y, aunque no estaba siempre, mamá sonreía más. Cuando yo corría jugando con Ava y no me importaba quién dijera qué mientras pudiera correr a abrazar a mi madre. Y luego está ese día en que mamá nos metió a la casa a mi hermana y a mí para decirnos lo que había pasado con papá, y que ya no lo podríamos ver nunca más. Todo pasó tan rápido, y aún así sigue doliendo. Tal vez mamá tenga razón y debamos respirar otros aires, tal vez, y sólo tal vez, podríamos tener la vida que siempre deseó... No, que siempre deseamos. Tranquilos, sencillos, pero felices. No lo sé. Los pasos impacientes de mamá me hacen regresar al tiempo y lugar donde nos encontramos con mirada aturdida. De alguna forma en los pocos minutos que estuve solo, dejé de apretar los brazos y el gesto de la cara se me relajó notablemente. Observo con precaución y duda el artefacto que pone sobre la mesa. Claro que se me ocurren demasiadas preguntas pero no creo que sea buena idea soltarlas todas de golpe. No... No sé por dónde empezar o qué debería decirle a mamá. ¡¿De dónde rayos sacó eso?! ¿Ava lo habrá visto? - ¿Qué hace eso aquí? - Creo que me puedo hacer una idea pero no tengo ninguna seguridad sobre ello, mamá guarda más secretos de lo que esperaba.
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Arleth L. Ballard
Si no quedasen personas que creen en nosotros yo no tendría trabajo, eso está más que claro, pero a veces simplemente aceptan mi ayuda porque saben que tengo un mejor conocimiento sobre la salud que algunos otros médicos que cobran el doble que yo.  Me he dedicado a la enfermería luego de tener que renunciar por mis hijos y, siendo honesta, no me arrepiento de ello, pero eso me permitió ver más de cerca como el mundo a nuestro alrededor ha seguido funcionando cuando me dejan ingresar a sus casas las mismas personas que alguna vez murmuraron cosas sobre mi familia.  La gente no olvida muy fácil las cosas que les puede costar su propia cabeza, aunque dejan pasar absolutamente todo cuando no les concierne; es como el egoísta pero real instinto de supervivencia en un mundo en donde mueren todos los que se relacionan con aquellos que son un terrible error para la sociedad.

Casi puedo ver como las preguntas se van formando en la cara de mi hijo mayor, y por suerte, la suya es una reacción mucho más calma de la que esperaba. Suspiro y tomo el comunicador para hacerlo girar entre mis dedos un momento, intentando buscar las palabras adecuadas – tú sabes que hace años yo estaba entre los agentes de la paz, ¿no es así? – le recuerdo. Alguna vez le he contado de mi trabajo pasado, muy por encima para no caer en los detalles que ningún niño tiene que escuchar, pero no le he comentado de la cantidad de información que guardo en mi memoria por culpa de mis servicios como agente especial. Creo que con saber que su madre alguna vez supo manejar un arma, tiene suficiente – Cale, tú has visto en la televisión todas las cosas que están pasando. Como se llevan a los niños de sus casas para condenarlos solamente porque creen que son culpables de cosas que probablemente ellos ni sepan – le miro con miedo y, a la vez, con súplica. Ni hace falta decir que no deseo que él corra el mismo destino – Hace un tiempo, cuando Dexter Metzger asumió el cargo con las nuevas normas, le pedí ayuda a un viejo amigo mío que me debe unos cuantos favores, tanto a mí como a tu padre. Tú ya lo conoces, Echo siempre aparece en la televisión – no precisamente siendo amigable, sino siempre detrás del presidente, pero eso es suficiente por ahora para que sepa de quién le hablo - Quería asegurarme que podremos salir corriendo de aquí con tiempo de ventaja en caso de ser necesario. Por eso tenemos “este aparatito”.

Que bien podría significar la diferencia entre la vida y la muerte. Lo dejo una vez sobre la mesa y paso saliva, porque siento como si hubiese hablado durante siglos. Todavía siento cierta incomodidad, pero dentro de mí se encuentra la impaciencia, porque es realmente necesario que Cale pueda ver la gravedad de la situación - ¿quieres saber por qué estoy tan asustada todo el tiempo? Simplemente no quiero que te alejen de mí, Cale, ni a tu hermana. No quiero que paguen por cosas de las cuales no tienen la culpa. Y todo esto es tan injusto para ustedes…
Arleth L. Ballard
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Cale J. Ballard
Consejo 9 ¾
Mamá estaba entre los agentes hace tiempo, que me lo recuerde no provoca más que un ceño fruncido por mi parte. No imagino a mi mamá sosteniendo un arma mientras persigue a algún criminal, o yendo a misiones en el Capitolio, definitivamente no queda con la imagen que tiene ahora, aunque, ¿Qué puedo saber yo acerca de ella, si con este comunicador me demuestra que ha guardado demasiadas cosas para sí misma? Por otra parte que me diga esto es... Bueno, no sé cómo explicarlo. Escucho con atención todo lo que dice, es una bomba de información que ha estado presente todo el tiempo, siempre delante de nuestras narices, pero que hemos dejado pasar al no darle la importancia que necesitaba. A muchos niños se los han llevado, sí, de la manera más injusta que existe. A veces no entiendo qué pasa por la mente de los agentes que hacen eso, ¿No sentirán remordimiento luego de atacar y llevarse inocentes lejos de sus familias? Si a mí me dijeran que entrara por la fuerza en un sitio y sacara a las personas de dentro porque se sospecha que han hecho algo malo, o porque su familia les dejó una deuda pendiente con las personas equivocadas, seguramente no podría hacerme cargo de ella, me sentiría el ser humano más despreciable sobre el planeta. Una pregunta se me viene a la cabeza, claro que es la menos indicada para mencionar en esta mesa, pero aún así... ¿Mamá también habrá tenido que hacer ese tipo de trabajos cuando estaba en la fila de los agentes de la paz? Digo, si ahorita hacen esto seguro que lo llevan ejecutando desde hace años, cuando mi mamá trabajaba con ellos. Trato de imaginármelo pero me resulta tan repulsivo y fuera de lugar que mejor ni abro la boca y sigo escuchando con los ojos firmes puestos sobre ella.  

- ¿Salir... corriendo? - No me había dado cuenta, pero mamá siempre está pendiente de todo. Conoce al señor que siempre sale en la televisión con el presidente y el ministro, además se ha encargado de pedirle ayuda que en el futuro tal vez necesitemos para escapar... Empiezo a creer que no tengo derecho de seguir quejándome por cosas que carecen de valor cuando están al lado de otras más importantes. - ¿Estás diciendo que un día lejano tendremos que usar este comunicador para escapar si se da la ocasión? - Entonces no habrán pleitos sobre si irnos o no y a dónde, no podré discutirle a mamá acerca de su idea de cambiar de aires, y modificaremos todo lo que hasta este momento consideramos "estable". ¿Cómo sería? Si nos fuéramos... ¿Qué pasaría? No hay seguridad de que un día debamos desaparecer, pero debido a la seriedad con que mamá habla, todo lo que dice y que el comunicador esté en la mesa, creo que es un cincuenta-cincuenta en posibilidades de irnos, o quedarnos.

Ava y yo corremos peligro por las acciones pasadas de nuestros padre, de eso no hay duda. Mi hermana sólo tiene nueve años, yo soy más grande con la diferencia de cinco. No puedo creer que todo cambie tan de repente, hace sólo cinco minutos me preocupaba más por ser un adolescente caprichoso, y ahora... Bueno, tengo más cosas para consultar con la almohada a la hora de dormir. - A mí tampoco me gustaría... Que nos apartaran de tu lado. Mamá... ¿Realmente crees que un día tengamos que activar ese comunicador para escapar? - Me da miedo, aunque no quiera admitirlo, pero temo porque nos separen a los tres y rompan más nuestra familia. Porque si con una grieta nos distanciamos tanto, con una ruptura real no me puedo hacer a la idea de lo que pasaría. - ¿Por qué está pasando todo esto? Antes no teníamos que preocuparnos por buscar un lugar seguro a donde ir, ¿O sí?, ¿Siempre ha sido así? ¿Incluso cuando tú eras agente? - Tal vez me exceda con las preguntas, pero la curiosidad me ha atacado, aún cuando nunca permito que salga a flote.
Cale J. Ballard
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Arleth L. Ballard
Mi cara creo que lo dice todo sin la necesidad de que abra la boca. De verdad, espero que no tengamos que utilizar nada de esto y que podamos seguir como hasta ahora, disfrutando de la vida completamente normal que mis hijos se han ganado al ser realmente inocentes con respecto a las cosas que su padre hizo alguna vez. Alzo un poco mis hombros para darle a entender que no tengo idea de qué nos espera, frunciendo un poco los labios que no me demoro en relamer, y estiro la mano para tomar la suya por encima de la mesa. Mi pequeño Cale. No hay día en el cual no recuerde como fue tenerlos en brazos por primera vez. Y ahora lo tengo enfrente de mí, tan grande, tan guapo, tan... maduro, que no puedo entender como ese bebé y este chico son la misma persona - las cosas nunca han sido de verdad fáciles, Cale - le digo con una sonrisa desganada, dándole un apretón a sus dedos - me encargué de todo hace años atrás, cuando su padre estaba vivo, para no ponerlos nunca en la mira de nadie. Por algo ya sabes que llevas mi apellido y no el suyo - el de un vencedor que nunca nadie olvidará, no por sus hazañas en la arena, sino por su pública ejecución cuando todas sus tareas rebeldes salieron a la luz - pero las cosas van empeorando, cariño. Antes al menos lo fingían con las cosechas, pero con el cambio tras la desaparición de Stephanie Black las cosas se fueron en picada. Ya no disimulan y si encuentran a cualquier sospechoso, se lo llevarán. Dudo mucho que todos esos niños que vemos en la televisión sean en verdad culpables de los crímenes que se les otorga.

Pensar en lo que sienten sus padres ahora mismo me llena de desesperación, así que aprieto más fuerte la mano de mi hijo con las intenciones de que nadie nunca jamás se lo lleve lejos. Estoy segura de que si alguien entrase por esa puerta ahora mismo e intentara ponerle una mano encima, no respondería de mí misma. ¿Cómo pueden dejar que se lleven a sus niños? - realmente, espero que no, que no tengamos que usarlo. Pero siempre es mejor prevenir que curar, ¿no te parece? - le suelto la mano con delicadeza y dejo que la sonrisa se me patine en la cara para darle ciertos ánimos. Afuera puedo escuchar a los pájaros cantar y eso me indica que el mundo sigue girando, pero el ambiente en la cocina es completamente diferente al de todos los días - pero quiero que te hagas la idea de que tal vez, las cosas no siempre serán como lo son ahora. Quiero decir... lo vemos todos los días. La gente tiene miedo, yo tengo miedo. Y si tú quieres tener miedo, no me molesta, porque recuerda que solamente se es valiente cuando tienes algo a qué temer. Y yo sé que tú eres valiente, y estoy muy pero muy orgullosa de ti. Incluso con esos golpes en el ojo - añado, intentando bromear aunque sea un poquitito para calmar el ambiente. Ladeo un poco la cabeza para examinarlo con exactitud - nunca escuches lo que tus compañeros digan. Eres el hijo de tu padre y él era un excelente hombre, con ideas muy claras. Eso debería bastar para que siempre andes con la cabeza en alto.

Tomo el comunicador y lo paso de una mano a la otra, de una forma algo distraída. Siento la garganta seca como cuando hablas demasiado, pero tengo la ligera sensación de que no dije absolutamente nada. Tal vez porque no sé como explicar exactamente todo lo que ha pasado y puede llegar a pasar. Lo miro fijamente un momento y largo el aire con lentitud - Creo que ni es necesario decir que de esto no le puedes decir ni una palabra a tu hermana, ¿está claro?
Arleth L. Ballard
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Cale J. Ballard
Consejo 9 ¾
Por algún motivo que desconozco, me siento ajeno a la mano que se posa sobre la mía a pesar de que años atrás fuera a la que siempre me aferré. Creo que la reacción que más se puede esperar es que aparte su mano o algo por el estilo, o tal vez, que no haga nada y finja que no tengo nada encima. Sin embargo, tan sólo sentir como mamá se estira para tomarme, viro mi mano y aprieto la suya en señal de que comprendo todo y puedo ayudarla en lo que sea. Desvío mi mirada casi de inmediato y sólo la regreso cuando su voz me llama. Ella dice que las cosas nunca han sido fáciles, no imagino qué tanto tuvieron que hacer ella y papá. La vida que hemos tenido Ava y yo no ha sido la más bonita de todas, mucho menos por la ausencia constante de papá. Hemos pasado pésimos momentos y tenido que lidiar con las constantes burlas de algunos de los niños de la escuela. Para mi hermana es más fácil, es pequeña, mujer, no tiene que pelear con los niños de las clases como yo, encima de todo es una niña adorable así que las personas que tratan de meterse con ella son nulas. No culpo a mis padres en absoluto, sé que ellos trataron de hacer hasta lo imposible por mantenernos al margen de todo, pero tal vez no pueda perdonar nunca que papá esté muerto. No lo entiendo. ÉL sólo dio sus puntos de vista... Pero al hacerlo no pensó en lo que podría pasarle y, aunado a eso, pasarnos, o tal vez sí lo hizo, no sé. Luego está mamá que siempre trata de cuidarnos y ver por que nada malo nos ocurra, aunque a veces puede llegar a fastidiarme por hacer las cosas a su manera. ¿Por qué las cosas son tan complicadas?

- No lo son. Pero mamá, papá él... Bueno hizo... ¿Ava y yo estamos en peligro por eso? - Llevamos el apellido de mamá, sí, pero si supieran quién es nuestro papá creo que nos llevarían como a los otros niños. No quiero que eso pase. Asiento cuando dice que la culpa no es de los niños. Por supuesto que no lo es, pero eso es algo que el Capitolio no puede ver con tal de "acabar con los rebeldes". Tengo catorce, pero hasta yo me doy cuenta de lo que está pasando, por qué tan de repente cambiaron las cosas, por qué ahora nadie puede acercarse al once y por qué las cosechas fueron de esa manera en verano. Asiento de nuevo cuando dice que es mejor prevenir que lamentar. Dirijo mi vista hacia el mantel tratando de procesar todo lo que acaba de decir... Es demasiado para un sólo día y sin duda tardaré más en dormir esta noche. Todo es tan... complicado en el mundo de los adultos pero aún así quiero crecer más rápido para poder ser ayuda, para eso y para que me digan qué hacer y qué NO hacer. Dejo de sentir la mano de mamá sobre la mía regresando mi vista a su rostro. Aprieto mi mano un par de veces y me encojo en la mesa cruzando is brazos y recargando mi cabeza sobre ellos.

"Y yo sé que tú eres valiente, y estoy muy pero muy orgullosa de ti." No puedo evitar sentir como se dibuja una sonrisa en mis labios. Una sonrisa que no se ve debido a mi posición actual, pero que está ahí, haciéndome cosquillas en la cara. Creo que una de las mejores cosas es que te digan que se sienten orgullosos de ti. "... Incluso con esos golpes en el ojo." Me levanto ahora con una sonrisa burlona. - Ya... pues en la escuela no decías lo mismo. - Dejo salir un ruido de mi garganta parecido a una risa y niego levemente. - Lo sé, sé lo que era. - Mi padre, me gustaría saber qué diría de estar aquí. Ruedo los ojos cuando dice que no le diga a Ava, está claro que no lo iba a hacer. - No... - Mi tono ahora es cansado y me encargo de hacer más larga la o para que vea que no penaba hacer eso. Al final me encojo de hombros y respiro hondo. - ¿No deberíamos preparar la cena o algo? -
Cale J. Ballard
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Arleth L. Ballard
No se me ocurre una respuesta realmente certera, así que me conformo con lanzarle una miradita significativa; si están en peligro está por verse, pero eso es algo que no me agrada mucho averiguar. De todas formas Cale es mucho más fuerte que yo, lo veo en cuanto intenta reírse de mi broma cuando ni siquiera tiene ganas y cómo me promete mantener a Ava fuera de esto. Y es él quien me sugiere preparar a cocinar, probablemente esperando que demos por finalizada una charla que le meterá muchas ideas en la cabeza, espero que ni la mitad de peligrosas de las que yo pude llegar a tener alguna vez. “Por favor, que solamente sea inteligente, que sepa que no puede intentar nada estúpido”…  

Y no estoy pidiendo demasiado. No viniendo de Cale.

- Supongo que tantas emociones en un día abren el apetito – le comento en tono casual, dando por cerrado el asunto, casi como si estuviésemos hablando de muchas tonterías que no tienen ningún verdadero peso. Me pongo de pie y guardo el comunicador en mi bolsillo, dispuesta a comenzar con los preparativos, pero en lugar de acercarme a buscar las ollas, me detengo un instante y me inclino sobre la silla para poder darle un fuerte abrazo a mi hijo. De esos abrazos que lo dicen todo sin decir nada. Como decirle que se cuide, o que le quiero, o que no se meta en más líos en la escuela porque si algo malo le ocurre, no sabré cómo luchar contra eso. Solo le suelto porque puedo escuchar la voz de Ava fuera de la casa, y eso indica que es momento de fingir que somos una familia feliz, como todos los días.

Y así pasamos la noche, entre risas, películas, comida y un buen postre, con un comunicador apagado en el fondo del cajón. Porque no hay nada de qué preocuparse. No por ahora.
Arleth L. Ballard
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