The Mighty Fall
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VERANO de 247221 de Junio — 20 de Septiembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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2 participantes
Seth K. Niniadis
Fugitivo
Aún recuerdo el día en el que lo de los juegos se volvió una obsesión. Pasaba con la televisión día y noche incluso aunque eso ponía nervioso a todo el mundo en la casa. Me daba lo mismo, en ese instante me daba excatamente igual qué le molestada a quien, donde o porqué, solo tenía ojos para Silván dentro de la arena padeciendo el mismo horror que lleva atormentando a todos los chicos de mi edad desde que tengo uso de razón. Siento el corazón darme varios golpes cada vez que despierta pensando en lo que olvidó, en lo que todavía recuerdo, en cuanto durará la paciencia de las personas de su alrededor. Incluso no puedo parar de mirar a Alexander, el chico que es su aliado, porque de alguna manera saber que es del cuatro y que está cuidando de mi hermano me hace sentir a Ben cuidando de él. ¿Cómo se lo habrá tomado? Me imagino la cara que tiene que habérsele quedado al verle.

Siempre le conté sobre Silván pero nunca le dije su nombre, ni tampoco donde vivía. No se me ocurrió que ese conocimiento fuera a serle útil en algún momento de su vida. Después me arrepentí, podría haberle sido de mucha ayuda, pero no fui capaz de llamarlo por miedo. ¿Y si saben que tiene relación conmigo y alguien le hace daño? Me mantuve solo delante de la tele, deseando que mi hermano no muriera, intentando hacerlo volver a fuerza de voluntad. Cuando fuera un vencedor tal vez tendría el dinero suficiente para curarse, en eso pensé muchas veces, pero luego me lo imaginé recordando todas y cada una de las noches cómo murieron todas esas personas para que él estuviera donde está, y entonces por primera vez en siglos deseé que se pasase enfermo el resto de su existencia.

Últimamente solo tengo encontronazos con todo el mundo. Tío Sean está intentando ser amable y condescendiente como siempre, y yo solo le hago más difícil la vida con Audrey. Pero no me importa, en ese momento no me importa nada que no sea mi hermano durante los juegos.

Hubo un momento en el que sentía que era yo quien se paraba, quien se movía, quien empuñaba ese cuchillo. Cuando llegó aquella nota casi morí de la felicidad. "Nos vemos en casa" era mamá, no tengo que ser un genio para saberlo. Mamá le iba a sacar, le iba a salvar y le iba a llevar a casa. Había visto a aquella chica varias veces, Heidi Hudson, merodeando por el once mientras me reconcomía de pura ira y celos. Incluso estaba pensando en ir y hacer mi maleta porque estaba deseoso de ir a verle, pero se quedó en solo un deseo cuando la transmisión de los juegos se cortó. Nunca he sido ingenuo, sé que las transmisiones de los juegos no se cortan mágicamente porque sí. Eso nos dejaba dos posibilidades y una de ellas no era buena. Me aferré a la televisión gritándole, como si ella tuviera la culpa de haberse estropeado. La imagen de "problemas técnicos" me aceleraba el corazón. Alguien dijo algo y le grité que se callara, no estoy seguro de quien, porque la imagen volvió y lo primero que enfocaron fue el cuerpo muerto de mi hermano, debajo el de la otra chica que debía protegerle.

Un dolor se precipitó desde el interior de mi, pero a diferencia de muchos otros no se transformó en rabia. Solo se comió todo mi interior y me dejó vacío. Las manos de Audrey fueron las primeras que sentí, o al menos eso creo, estaba llorando, estaba gritando, me estaba llamando en su intento porque recuperase parte de lo que esa imagen se llevó; Tío Sean se le unió después y ya no recuerdo nada más. Solo sé que llevo días en mi cama, que de vez en cuando salen lágrimas de mis ojos y que mi hermano ha sido asesinado porque mi madre no fue capaz de cumplir la promesa de devolverle a casa.
Seth K. Niniadis
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Hace mucho tiempo habían 3 hermanos. Uno murió enfermo. Otro murió asesinado. Y ahora ya solo quedo yo. {Sean} IqWaPzg
A. Sean Niniadis
Fueron unos días de mierda. Es el único modo que encuentro para darles una definición.

No recuerdo unos juegos dónde se haya sufrido tanto, o al menos, de forma tan cercana, desde la muerte de mi primo mayor. Claro que en ese entonces Seth no había nacido y no tenía que preocuparme por las reacciones dañadas de un niño de catorce años. Tampoco tenía que darle explicaciones a una Audrey que se dedicaba a hacerme la tarea mucho más complicada de lo que hubiese querido, porque al parecer, me había transformado de la noche a la mañana en el ser más indeseado en aquella casa. Hasta que finalmente se cortó la trasmisión. Y lo que pareció ser un pequeño momento de esperanza, un instante en el cual todo simulaba andar bien, terminó en desastre. Nunca habría creído que Silván se vería tan pequeño muerto. Tampoco creí volver a saber lo que es observar a un ser querido tirado ahí, sin vida, para entretenimiento y felicidad de un puñado de malditos psicópatas. Pero yo no importaba, tampoco me importo ahora; solo me pude concentrar en evitar que Seth se destruya a sí mismo.

Asomo la cabeza por la habitación que compartimos, que se encuentra a oscuras, pero puedo reconocer el bulto que es mi sobrino entre las mantas, a pesar de las altas temperaturas del verano. Le doy una patada algo torpe para poder abrir la entrada e ingreso con una bandeja, en la cual se lucen un jugo, un plato de sopa y un emparedado completo que me tomé la molestia de preparar porque sé que es odioso vivir a comida de enfermo cuando no te duele el estómago y el malestar se hace presente en otras partes, algunas de las cuales no se pueden curar - ¿Seth? - le llamo, intentando hablar en susurros aunque sé que de todas formas podrá escucharme porque este sitio casi parece una tumba. Tal vez no es bueno hacer esas comparaciones ahora mismo. Avanzo con cuidado de no llevarme nada puesto y pongo la bandeja en la mesa de noche de manera cuidadosa para no romper nada, corriendo a un lado sus lentes, que parece que nunca más se volverá a colocar si no se atreve a moverse del lecho. Me siento a su lado y me mastico la lengua al mirarlo, como si en su pálido rostro tuviese las respuestas a lo que él necesita. No voy a decirle que sé como se siente porque sonará tonto y tampoco quiero decirle como me siento yo. Simplemente quiero que sepa que estoy aquí para él.

Mi mano se aferra a su hombro y le doy un apretón cariñoso, forzando una sonrisa triste y torcida que no durará mucho en mi rostro - ey, campeón. Necesitas comer algo. No queremos terminar en el hospital, ¿Verdad? - le insisto en voz baja, apremiante e incluso podría decirse, afectuosa - Audrey está preocupada por ti. ¿No quieres salir a tomar algo de aire? ¿O que te traiga el teléfono para llamar a tu amigo del cuatro? ¿O ir por un helado? - hay cientos de opciones, pero ninguna parece probable. Yo tampoco les encuentro demasiado sentido.
A. Sean Niniadis
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Hace mucho tiempo habían 3 hermanos. Uno murió enfermo. Otro murió asesinado. Y ahora ya solo quedo yo. {Sean} IqWaPzg
Seth K. Niniadis
Fugitivo
Desde que me limito a respirar lo justo y necesario para sobrevivir, apenas siendo consciente del ruido que hago al hacerlo, escuchas muchas cosas. Como por ejemplo, a los vecinos de en frente gritándose por las altas horas de la madrugada a las cuales llega el marido de la susodicha borracho y lleno de rimel. O al perro de la mujer de tres casas más allá que siempre ladra cuando se queda solo. O incluso a Audrey en el salón peleando con Tío Sean y destilando un odio que no había conocido en mi vida hasta que la escuché. Muchas veces en medio de mi desolada habitación me pregunto porqué lo odia, al principio lo entendía aunque no del todo, él vino cuando ella ya no tenía a nadie, le hizo compañía, ella debería apreciarle más que a sí misma. Pero sé que probablemente no funcione con esa misma lógica, que tal vez crea que ha venido a reemplazar el lugar de su madre y ella esté intentando defenderlo con uñas y dientes. Esa sensación la recuerdo, yo hice lo mismo cuando me enfadé porque Allen y Jared montaron una cena familiar para cuatro personas mientras ella estaba en coma. Allen intenta reemplazar a Tio Sean, y a mamá, y Alice ocupar el lugar de Sinhué y Silván. Pero Allen es un buen tío, acabaré dejando que entre en nuestro círculo familiar pequeño y destrozado; Audrey no parece querer bajo ningún concepto que nadie entre. Solo su madre y ella para siempre.

Salgo de mis pensamientos cuando escucho la puerta, demasiado cerca de los habituales sonidos que llevo escuchando toda la mañana. Es tío Sean, lo sé antes de que termine de abrir del todo con una patada porque huelo a comida desde aquí. Diría que tengo hambre después de tiempo sin comer pero lo cierto es que no; es que desde que murió silván solo duermo y pienso en lo que escucho a mi alrededor, en como podría cambiar las pequeñas cosas que me rodean porque está claro que las grandes me sobrepasan. Le sobrepasan incluso a mamá, que se supone que tiene mil veces más del poder que yo soñaré tener jamás. - Largo - Murmuro, suavemente, porque quiero que sepa que no le odio. Estoy en una encrucijada de sentimientos dispares, irreconocibles y confusos, que si alguien me pregunta como me siento ahora mismo no sabría que decir. Estoy triste, enfadado, asustado y miles de cosas más todas a la vez. Tantas emociones juntas acabarán por hacerme explotar en miles de pedazos que luego no sabré como recoger.

Él me ignora, probablemente porque mi voz ha sido un susurro y entra en la habitación de todas maneras. Me hago más un ovillo hasta que ocupo la mitad del espacio que tengo disponible, incluso menos que eso, haciendo que parezca mucho más frágil de lo habitual. - Déjame - Insisto. Todas sus ideas me habrían apetecido en otro momento, pero no ahora. Incluso cubro con la manta mi cabeza con la esperanza de que se aburra y se marche, aunque sé que no lo hará. Cuando quiere puede llegar a ser muy insistente. Siento otra vez algunas lágrimas salir de mis ojos y empotrarse en la almohada que ya se ha tragado varias más. Silván era la última frontera para estar solo de verdad. Sé que no tenía memoria, sé que se había olvidado de mi, pero confiaba en que alguna vez volvería a ser como antes y entonces podría decirle todas las cosas que nunca le pude contar a nadie porque cuando murió mi hermano mayor, dejé de confiar en el resto del mundo.

Antes de darme cuenta estoy llorando otra vez, pero no en silencio como muchas ocasiones, sino de verdad, con gemidos extraños que salen de mi garganta donde intento retenerlos por la fuerza pero incapaz de hacerlo. De la tristeza viene la impotencia y con ella la rabia. ¿Por qué no puedo dejar de llorar? Murió, miles de personas mueren todos los días y no me importa; miles de personas que conozco han ido a los juegos y siempre me dio lo mismo. Supongo que ahora he pasado esa frontera de las personas que no soporto ver morir. ¿Cuantas más estarán en esa lista?. - Deja de llorar - Me reprimo a mi mismo mientras me encojo más si cabe, y limpio mis ojos por la fuerza sintiendo la mano de Tío Sean en mi hombro lo que provoca una reacción violenta en mi. Casi grito, no nada coherente, solo grito, mientras de un salto estoy en el rincón de la cama más alejado de donde él está despreciandome a mi mismo y también a su lástima. - Basta! NO! BASTA! no quiero tu maldita caridad, no quiero tu estúpida pena, NO LO NECESITO! - Incluso alcanzo a soltar un "estoy bien" que no suena nada creíble entre esos gemidos raros mientras me fuerzo a parar de llorar estando recluido en un rincón, lo cual solo lo empeora.
Seth K. Niniadis
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A. Sean Niniadis
Nunca se me dio bien consolar a las personas y, por lo general, optaba por dejarles en paz con la esperanza de que ellos solos encontrarían el camino y que con eso sería suficiente, porque sé lo molesto que puede llegar a ser cuando te insisten en la necesidad de la compañía cuando lo único que deseas es estar solo o simplemente desaparecer. Por algún extraño motivo, posiblemente porque es el hijo de mi querida Jamie y lo he cuidado como si fuese el mío propio, con Seth no puedo actuar de esa forma. No me iré ni aunque me ruegue que lo haga. Tampoco le abandonaré por mucho que me diga que me marche y continuaré a su lado a pesar de que ahora mismo se está haciendo una pequeña bola entre las sábanas, hasta el punto en el cual dejo de verle el rostro y solamente se asoma un poco de su cabellera oscura - ¿Que te deje? Si me voy ahora, volveré y no serás más que una esponja para estrujar. Olvídalo. Me quedaré incluso aunque sé que me odias por hacerlo – con un poco de suerte se atreve a la idea de darme un puñetazo y ahí tendré una excusa para sacarle de la cama aunque sea con un falso enojo que lo mantenga ocupado con las tareas del hogar como una especie de castigo terapéutico.

Apenas me sobresalto cuando se pega contra el otro rincón gritando un montón de sandeses que, probablemente, son causadas por el dolor que siente ahora mismo y que yo no tengo idea de cómo aplacar, pero eso no quiere decir que yo sea capaz de reaccionar. Incluso me quedo helado en mi sitio, casi sin atreverme a mover ni un dedo y me relamo los labios secos, casi esperando que deje de llorar ahora que me ha gritado pero, obviamente, no es así - ¿ya terminaste? – pregunto con algo de irritación, aunque intento por todos los medios no ser grosero con él. No ahora -  ¿quién dice que esto se llama caridad, Seth? Porque lamento decirte que esto en realidad tiene el nombre de “somos una familia”. Y sí, lo somos, aunque no parezcamos una – hago una mueca de disgusto ante las palabras sentimentales que estoy soltando y tomo el sándwich que le preparé con esmero, cortándolo en dos y le tiendo la mitad – lo preparé tal y como te gusta – hemos pasado horas y horas juntos en el bar, de modo que eso me ayudó a descubrir absolutamente todo acerca de sus preferencias en la comida. Eso facilitó mucho nuestra convivencia.

Me llevo el trozo de emparedado a la boca y mastico en silencio, sintiendo como éste cruje entre mis dientes y miro la habitación con interés, casi como si estuviese a punto de comentar que necesitamos darle una capa de pintura antes de que la humedad caiga del techo. Si vamos al caso, estos días incluso he considerado la idea de mudarnos para tener un nuevo inicio, los tres juntos, pero creo que no es momento de ponerme a hacer planes como esos con Seth en este estado tan fácil y Audrey que todavía no parece aceptarme del todo como su padre – probablemente creas que no te entiendo y no nos necesitas, cuando la verdad es que te equivocas en ambas cosas. No eres el único que perdió a Silván y tampoco él es el único que murió en ese evento, dejando familia atrás. No te digo que no llores, ni que no demuestres lo que sientes y mucho menos que te lo guardes, pero por favor… - me inclino un poco hacia él, intentando verlo a esos ojos grandes y claros que me recuerdan a los míos. Clásicos de nuestra rama de la familia – no te cierres, Seth. Seguimos aquí. Tú sigues aquí. Tu hermano no hubiese deseado nada de esto – nadie lo desea. Son cosas que simplemente pasan y tenemos que amoldarnos a ellas. Seth es un chico inteligente; lo sabrá tarde o temprano.
A. Sean Niniadis
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
Me cubro los oídos y me doy golpes en la cabeza como un castigo completamente reflejo. Nunca me ha gustado llorar, yo no lloro desde que era un crío. Las lágrimas pasaron por mi demasiadas veces años anteriores y me di cuenta de que no servían para otra cosa que no fuera hacerte sentir un crío desolado y abandonado; además de para darte un terrible dolor de cabeza. Pero por un estúpido impulso no puedo parar, lo cual me molesta porque creía que a estas alturas de mi vida y después de todas las cosas que me han pasado podría controlar esa clase de sentimientos que solo me hacen sentir confuso. Intento recuperar un poco de mi orgullo cuando me pregunta si acabé, y me estrujo mas contra la pared alejándome de él todo lo que ésta me permite, que es prácticamente nada, solo consigo hacerme daño en la espalda hasta que me empieza a doler, pero en ese momento no me importa una mierda.  

Procuro no mirarlo porque eso solo empeora la sensación de patetismo que siento ahora mismo por mi, rechazando con ese simple vacío que intento hacerle el sandwich que ha preparado para mi. Cada palabra que sale de su boca me golpea como una daga, porque tiene razón. Mamá también perdió a otro hijo, si es que le importa. Tito Sean a otro sobrino, si es que le importa. Durante un instante me permito mirarlo e intentar averiguar cuanto le duele o alivia la muerte de Silván. No estoy seguro, pero inconscientemente estoy deseando que le alivie, así puedo odiarle sin sentirme mal a los tres segundos. - Mamá ni siquiera pudo salvarlo. Seguramente ni lo intentó. ¿Acaso de verdad le importa él o alguno de nosotros? - Meterme con ella siempre me llena de ira, y la ira me impide llorar. Me conozco suficientemente bien cómo para saber que si pincho suficiente en el odio que siento por ella, conseguiré calmarme. Y en realidad lo consigo, bastante fácilmente además. Lleva muchas cosas acumuladas a lo largo de los años como para que enfadarme con ella sea bastante simple. - Se pasa la vida haciendo dios sabe qué, robando distritos y sacando a gente por la fuerza de su casa. Dice que lucha por un sitio mejor pero yo veo las mismas mierdas de siempre - Pero mil veces peores, porque ella está luchando de mentira, por un ideal que en realidad no representa lo que supuestamente dice que representa.

Una risa amarga sale de mis labios cuando dice que somos familia pero no hablo de ello. No quiero desquitarme con él, una parte de mi lo sabe; ya tiene suficiente con Audrey dándole caña las 24 horas del día como para que yo intente desahogarme con una persona que en realidad intenta ayudar. Solo por respeto y un poco por pena arranco el trozo de sandwich que dejó para mi en sus manos y paso a sostenerlo en las mías, sin ánimo de clavarle los dientes incluso tras dejar de lamentarme de algo que ya no puedo cambiar. Miro hacia otro lado cuando se acerca para mirarme sintiendo otra vez ganas de llorar cuando me trata como un crío, porque es un acto reflejo; si me tratan como uno me comporto como tal. Pero consigo encontrar la manera de mantenerme firme, con los ojos cristalinos y muerto del asco en el rincón de mi cuarto, pero firme. - Él no deseaba nada. ¿Qué mierda va a desear un idiota que no sabe ni como se llama? - Pensé en eso más de una vez, odiarlo resultaba mas fácil tener que verlo por los pasillos. Pero no pude. No puedo echarle la culpa a Silván de algo que no fue su culpa, fue de mamá.

Me dejo resbalar por la cama otra vez, hasta quedar en la misma posición que antes pero con todas la mantas echas un lío y mis manos aún intentando sostener delante de mi rostro el trozo de emparedado que me es tan familiar. Recuerdo haberme pasado días comiendo esta porquería, días definitivamente mejores. - A quien le importa quien se muere o se deja de morir, mientras no le conozcas. ¿No funciona así? - Por eso la gente soporta los juegos. Por eso dejan todos los años ir a 28 chicos a morir. Se me ocurren millones de insultos para los vencedores, para sus familias, para los muertos, y sus padres. Pero Ben se me viene a la cabeza, y eso es lo único que me impide soltar todas esas barrabasadas que se me pasaron por la mente. - ¿Ben volvió casa y sabes cuantas veces le oigo hablar de la gente que tuvo que matar para hacerlo? - Sin esperar su respuesta si quiera, hago con mi mano un cero. - Solo habla de su hermana y Amelie. Una muerta, una viva. Nada más. El resto en realidad no le importan. Ni a él, ni al resto de vencedores, ni al resto de familias que vieron morir a los suyos. - Así de podrido está el mundo. - Ahora lárgate. Puede importarte que Silván esté muerto en otra parte. Esta casa es muy grande.
Seth K. Niniadis
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A. Sean Niniadis
Escuchar a Seth hablar de Jamie me deja un momento sin palabras, especialmente porque hace tiempo que dejamos de nombrarla, sospecho que por el bien tanto suyo como el mío. Me produce una ligera molestia que crea que no le importan, pero durante un segundo me pregunto a mí mismo hasta qué punto lo intentó de veras; si las cosas son como sospecho, si esa falla en la trasmición tiene algún sentido, tal vez de verdad quiso sacar a Silván de la arena. Pero como nada es seguro, como no tengo un maldito medio para comunicarme ahora con ella, solamente puedo dejarlo en especulaciones. De modo que me limito a arrugar el ceño y mirarlo con desaprobación, como si no pudiese creer que es capaz de decir esas cosas sobre su propia madre - tu madre lo intenta de verdad, Seth, mientras nosotros estamos aquí sentados de forma muy cómoda y segura. Cuando seas un poco más grande, tal vez lo entiendas - me limito a decir, aunque el tono de consuelo se ha patinado para parecerse a uno de regaño, incluso cuando esa no era mi intención

Es buena señal, o tal vez no tanto, el ver como agarra el emparedado, aunque no se lo lleva a la boca, lo que provoca que yo vuelva  a darle un bocado a mi trozo como si de ese modo pudiese recordarle como se hace, pero parece no tener caso. Seth sigue despotricando contra todo y no puedo hacer otra cosa que escucharlo porque sé lo cabezota que puede llegar a ser, aunque en este momento solamente puedo pensar en que tal vez es mejor que deje salir todo lo que piensa y que así, probablemente, pueda continuar. Además es bueno escucharle la voz después de todos estos días en los cuales creí que nunca más volvería a dirigirme la palabra. No tengo idea de cómo se supone que funciona pero no alcanzo a decirlo, porque él sigue con sus explicaciones y mis ojos bajan al cero que forma con sus dedos; no tendría idea de quienes me habla si no fuese porque alguna que otra vez presto atención a las cosas que me cuenta, porque la verdad es que evito mirar los juegos el mayor de tiempo posible - dudo que no le importen... - alcanzo a decir, porque es lo que realmente pienso. Dudo mucho que los vencedores sean capaces de sacarse de la cabeza a sus víctimas, incluso cuando no desean hablar de ello. Pero no puedo decírselo porque ya ha vuelto a echarme de la habitación.

Lanzo un suspiro lleno de irritación y me meto lo último que me queda en la boca, levantándome con decisión porque no pienso ser un tocapelotas, incluso cuando no quiero hacer otra cosa que quedarme aquí hasta que se digne a salir afuera - como quieras, Seth. Pero no lograrás nada productivo si te quedas ahí sentado sintiendo lástima por ti mismo. Lo último que nos falta ahora es que te nos vayas tú también - la simple idea me parece imposible, inaceptable. Me detengo frente a la puerta, a la cual abro de un tirón y se la dejo abierta, pero yo no salgo por ella. Simplemente me quedo de pie a su lado - Nadie puede cambiar el pasado, Seth. Y no te pido que no llores por tu hermano, ni que no te enfades con tu madre, y que no odies a todo el mundo al menos por unos días. Pero algún día, tendrás que salir... - hago una ademán con la cabeza para invitarle al exterior. A tomar un poco de aire fresco. A seguir con la vida que se le permite vivir - sabes que te joderé hasta que lo hagas - añado a modo de amenaza. Tal vez de esa forma se de por vencido porque sabe lo insoportable que puedo llegar a ser.
A. Sean Niniadis
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
Mamá siempre ha sido una especie de tema tabú entre nosotros. Odio que la defienda, lo odio tanto que antes de darme cuenta le estoy tirando el sandwich a la cara con toda la fuerza de la que me siento capaz. Claro está que por la postura en la que estoy, recostado sobre la cama compadeciéndome de mi mismo, apenas le da con la fuerza con la cual tenía planteado darle. - PUES NO LO INTENTA SUFICIENTE! - Todo el mundo me dice eso, él, mi tío Jared. Tu madre lo intenta. Tu madre es la mejor madre del mundo. ¿Por qué me engañan de ésta forma? Una madre nunca deja a sus hijos. Una madre por muy desgraciada que sea su vida permanece en su lugar. Murmuro un par de cosas más que se pierden entre la tristeza y la rabia hasta que siento otra vez el ahogo típico de cuando ya no eres capaz de retener todas las lágrimas y éstas van a explotar en cualquier momento.

Me aprieto los ojos con las manos y con muy poca delicadeza con la esperanza de que eso las retenga, pero algunas cuantas más rebeldes se escapan antes de que pueda evitarlo. - Siempre la defiendes. Siempre haces lo mismo. ¿Cuantas vece vino a verte? ¿Cuantas veces te dio las gracias? ¿Cuantas veces hizo algo de lo que le pediste? - Tío Jared dijo que había despertado, la misma tarde en la que me fui. Y aún no sé si eso fue una mentira para que me quedara, o mamá de verdad abrió los ojos. - ¿Donde está ahora? ¿Ahora que está despierta y puede venir a por mi? Va a dejarme morir como al resto - Es algo que tengo claro desde el momento en el que la transmisión se cortó y después, vi el cuerpo de mi hermano en el suelo. A los 14 años de edad, pocas personas pierden la fe en sus padres. Pero ver el cuerpo muerto de tu propio hermano, y que tu madre ni siquiera haya sido capaz de intentar hacer nada para salvarlo, rompe cualquier creencia en ellos.

Mientras me doy un momento de paz, las palabras de tío Sean me atraviesan los oídos. Ahora no son solo los ojos las únicas partes de mi cuerpo que quiero cubrir para dejar de pensar, oír y sentir. Cómo no puedo cubrir las cuatro zonas a la vez, acabo dándome cuenta de que estoy siendo injusto con él, que él solo intenta defender a mi madre porque eso es lo que se supone que debe hacer. No quiero que empeoren las cosas con Audrey, no quiero que sigan llevándose mal, porque cuando yo ya no esté, solo estarán ellos dos. Solo se tendrán el uno al otro. Un sollozo se me escapa de los labios. ¿Cuánto he jodido yo ya todo el terreno que pudiera haberse ganado con ella? - Lo intento - Se me escapa en un sollozo mientras sigo hecho un manojo de mantas sobre la cama. - Pero cada vez que me despertaba en ese lugar, estaba Jared intentando ahogarme. Después, desayunando, calvaba cuchillos en la mesa por sorpresa. Después podía dejarme pasear en calma un par de horas hasta que decidía fingir un secuestro. - Todo en días diferentes, cosas que me mantuvieron en tal sensación de pánico y vigía permanente que casi me vuelven loco. - ¿sabes porqué? por si algún día un agente de la paz se hacía conmigo. Por si algún día estaba solo y necesitaba defenderme.

Con las palabras de Tío Jared fue que me di cuenta de la verdadera situación de todo ésto. Mamá se fue a una guerra. Mamá no tuvo intención de volver porque sabe que tarde o temprano, para cumplir los deseos y motivos por los cuales se haya unido a la resistencia; probablemente muera. - Así que ese es el sitio a donde se ha ido mamá. Uno donde la gente es asesinada injustamente porque se rebela contra el gobierno. Y sabía que vendrían a por mi. Y sabría que vendrían por Silván. ¿Qué hizo? ¡NADA! Probablemente sepa que también vendrán por ti, y le da exactamente lo mismo. - Escojo con cuidado mis palabras, y no levanto la voz. No me siento capaz de seguir gritando. - ¿Por qué hace eso? ¿Perder a Sinhué no fue bastante? ¿También tenía que arriesgarnos al resto? ¿Cuanto crees que tardarán en cogerme a mi? ¿De verdad crees que porque Jared me haya enseñado un par de trucos para librarme de alguien más grande que yo, me servirán si el capitolio decide matarme? - Morir, creo que eso es lo que más miedo me de todas las cosas a las que tengo que enfrentarme ahora. - ¿Y tú? ¿Que crees que pasará contigo? ¿Que crees que le harán a Aud?! Eres ya lo único que le queda, y ella lo está arriesgando también. Es una egoísta!
Seth K. Niniadis
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A. Sean Niniadis
Nunca va a entenderlo. Lo puedo ver en el modo en el cual me grita, en cómo despotrica en contra de mi prima como si se le fuese la vida en ello y en cómo no parece escuchar ni una sola palabra de lo que le he dicho. Es normal, recuerdo que a su edad yo también me enfadaba por absolutamente todo. Cuando se es un adolescente, cualquier problema es el fin del mundo; probablemente lo que le ocurre ahora  es tan grande que ninguno de los dos sabe manejarlo, pero aún así debería entender que encerrado aquí dentro no logrará nada. Incluso el trozo del emparedado que le he dado cae a la cama de manera patética cuando intenta darme con él y le lanzo una mirada, arqueando una ceja, casi preguntándole si eso es lo mejor que tiene. A veces vuelve a parecer tan chiquillo que me sorprende.

¿De dónde mierda sacó Jared que debe entrenarlo por si algo le ocurre? Sé que él vive en riesgo, que es muy probable que se meta en problemas cuando sea un poco mayor, pero mientras se encuentre conmigo, nada malo va a pasarle porque nunca lo podría permitir. Pero en lugar de ponerme a despotricar contra esas crianzas de las cuales no apruebo casi ninguna, lo escucho, apoyado un poco contra la puerta, por la cual, aparentemente, hoy no va a salir. Probablemente tampoco mañana - ¿te crees que para ella es fácil? – alcanzo a decir, algo molesto, aunque creo que no me escucha porque su cháchara sigue y sigue y por un momento creo que Seth no va a callarse nunca. Bendito el día en el cual acepté hacerme cargo de él, ser su espalda, su apoyo y la imagen paterna que nunca ha tenido de verdad. Sí, ese es un favor que algún día Jamie debería cobrarme, pero que nunca se lo pediré porque la verdad es que ya lo hago por gusto.

Creo que la palabra “egoísta” es la que me activa, aunque no estoy seguro. Sea como sea, regreso junto a su cama en unas pocas zancadas y lo tomo de los hombros con brusquedad, consiguiendo que se siente del todo en el colchón y creo que el sándwich ha volado hacia algún sitio en el suelo - ¿desde cuándo piensas todas estas cosas? ¿Hay algo más que quieras decirme? – lo sacudo una sola vez, clavando mi mirada en la suya, casi retándolo a que se atreva a mirar hacia otro lado – Nadie me llevará a mí, ni a Audrey, y mucho menos a ti. ¿Acaso me crees capaz de permitir algo como eso?  ¡Cuando puedas salir a la calle sin miedo a que te salten encima y te arranquen la cabeza, solamente ahí verás con claridad todo lo que ha pasado! Hay que tomar riesgos, pero mientras tanto, aquí nadie se llevará a nadie…. -  mis dedos aflojan poco a poco el agarre, hasta que finalmente,  mis brazos lo rodean y lo estrechan en un abrazo que dice más que mil palabras.

Se supone que soy el adulto responsable, aquel que no puede quebrarse. ¿Cómo lograré entonces dejar salir todo lo que pienso sin parecer débil? Seth debería saber que puede apoyarse en mí. Audrey debería saber que estoy aquí para cuidar de ella. Y aún así todo parece ir en picada. La muerte de Silván  fue solamente la gota que derramó el vaso. Por un momento me gustaría haber podido ser yo el que tenía los medios para sacarlo de ahí dentro. No lo hice. Otro sobrino más que se va… otra parte de la familia que se quiebra.

Me separo con lentitud y, al volver a mirarlo a la cara, todo enojo se ha ido y fue reemplazado por una capa de tristeza que no me he atrevido a mostrar jamás. Paso una mano por su cabello, negro como el carbón, y lo despeino suavemente; los pelos le quedan extendidos hacia todas partes como me suele pasar a mí cuando hundo los dedos al intentar quitarme la frustración, pero ni me molesto en peinarlo – quiero que sepas, Seth, que afuera te estamos esperando. Tan solo piénsalo. Y come algo.

Al ponerme de pie levanto el emparedado y se lo dejo en la mesa de noche. Al marcharme, no miro atrás e incluso le cierro la puerta para darle privacidad. Y para no ver en él todo lo que hemos fallado.
A. Sean Niniadis
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