The Mighty Fall
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VERANO de 247221 de Junio — 20 de Septiembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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2 participantes
A. Sean Niniadis
Estos últimos días se han vuelto un caos, en el cual no logro entender donde ha terminado todo aquello que conocía y dónde comienzan mis nuevas responsabilidades. Fue una sola llamada, nada más simple que eso, lo que me colocó en un nuevo camino; he cuidado de Seth durante años lo mejor que he podido, pero ahora mismo  me encuentro con que soy responsable de la crianza y el cuidado de una niña que nunca antes había visto. Llegué al distrito ocho con solamente una maleta de mano y allí estaba ella, con un cabello igual al mío, unos ojos que me resultan familiares y hasta una nariz que me hace dudar cómo nadie me dijo alguna vez que una chica de este lugar podría ser mi hija. Audrey.

Aunque las ideas nunca acaban de formarse en mi mente, hago lo posible por aceptarlo y me quedo con ella porque creo que tiene demasiado con haber perdido a su madre  como para también llevarla a un nuevo hogar. Todavía no asimilo que Margareth haya fallecido, pero empujo eso a un lado porque tengo cosas más importantes que atender; intento conocerla mejor, pruebo diferentes platos de comida para adivinar qué es lo que le gusta y me acomodo a sus horarios. Intento conocerla, sin mucho éxito, y cada vez me voy dando más cuenta de que no sé como se trata con niñas de trece, en especial cuando me sorprendo con que necesita algunos cuidados que hasta el momento no sabía que existían, como un shampoo en específico y esas cosas extrañas que nunca se presentaron en mi vida como para que las tenga presentes.

Intenté encontrar a Seth, claro que sí, pero me ha costado una vida y, finalmente, recibí el llamado de mi socio, Richard, para decirme que el chico había llegado al seis y se había encontrado con las cajas apiladas por causa de mi mudanza. Y así es como le rogué que le consiga un boleto al ocho, de modo que me encuentro esperando en plena tarde soleada bajo aquellos rayos molestos que me hacen picar la cabeza. En cuanto el tren se acerca con una lentitud exasperante, arrojo el cigarro al suelo y lo pisoteo, dejando salir el humo con la lentitud que necesito para sentirme relajado, aunque por dentro sé que me estoy consumiendo. No tengo ni la más mínima idea de qué explicaciones voy a dar, de modo que cuando lo veo bajar, obviamente confundido, finjo una sonrisa alegre y le revuelvo el cabello – Es genial verte, campeón. ¿Creciste unos diez centímetros o yo me estoy achicando? – tomo su mochila y me la cuelgo al hombro,  dándole un golpe amistoso en el hombro para comenzar a guiarlo fuera de la estación. El camino no es tan extenso porque el distrito ocho no es lo suficientemente grande como para que todo se encuentre despatarrado, de modo que tras una caminata que me deja las piernas ligeramente cansadas y durante la cual no hago más que preguntarle cosas sin importancia, llegamos frente a la puerta de la pequeña casa de la cual ahora me hago cargo. Antes de abrirla, lanzo un suspiro de rendición y lo tomo del hombro, deteniendo su paso e inclinándome ligeramente para poder estar a su altura – estás aquí porque hay alguien que quiero que conozcas – confieso en un murmullo que casi parece estar cargado de disculpas. Abro la puerta y le doy un leve empujón, dejando que Seth ingrese primero - ¡Audrey, hemos llegado!

Creo que aquí es dónde empieza mi nuevo espectáculo. Bien por mí.
A. Sean Niniadis
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
Llegar al seis y ver tu casa vacía es casi como si alguien que conoces te dispare por la espalda. En realidad no está del todo vacía, está todo apilado en cajas que me encargué de abrir en medio de un pequeño ataque de pánico pensando en que algo le había pasado a mi Tío Andrew y por eso nos estaban echando de allí. No pueden echarnos, no pueden simplemente darle mi casa a otra persona como si yo jamás hubiera estado aquí. Es lo único real a lo que puedo aferrarme, lo único que me recuerda que Sinhué y Silván fueron reales alguna vez. Alguien me agarra por la espalda y yo chillo de inmediato, estoy tan confuso y agobiado que incluso tengo la sensación de que mis ojos se humedecen, pero no caen lágrimas. Mi orgullo me lo impide. Golpeo a Richard como me enseñó mi Tío Jared, primero en las partes bajas, luego en el estomago, cuando se agacha en la boca y por último en el suelo una última patada en la cabeza. no llego más que al golpe del estómago porque al girarme para golpear su boca con mi codo me doy cuenta de quien es. - Donde está mi tío Andrew. DONDE ESTA! Que ha pasado. Porqué está todo empacado, Por qué no está aquí - Conforme mis apalabras avanzan mi miedo aumenta, y la voz se me quiebra hasta que ya no puedo más. Me he montado una película en tres segundos, y no acaba bien.

Empiezo a hiperventilar porque Richard es incapaz de contestar debido al dolor de sus partes personales y además la falta de aire del golpe que le he plantado en el estómago, pero entonces saca fuerzas de a saber donde y pone sus manos sobre mis hombros pidiéndome que me calme. Cuando recupera el aire y me explica lo que pasa me siento imbécil, aunque la desazón de no tener casa  en el distrito seis a la cual volver sigue en mi pecho. Le sigo hacia la estación de trenes disculpándome cada vez que hace comentarios sobre lo fuerte que soy y rápido y hábil sorprendido por mi capacidad de reacción cuando me sorprendió en casa... que ni siquiera sé si todavía puedo llamarla de esa forma. Me despido de él una vez estoy en el tren y me paso todo el viaje nervioso, con las manos hechas un lío sobre las piernas, las piernas subidas en el asiento, mi espalda pegada contra la pared y la vista en la ventana. ¿Por qué está en el ocho? Richard no quiso darme detalles, solo habló con él, él le mandó a comprarme un billete y eso es toda la información que poseo. Resulta frustrante.

Pongo mis brazos sobre las rodillas y entierro mi cabeza entre éstas cerrando los ojos con fuerza intentando sacar la repentina mareada de recuerdos de cosas que ya no volverán a pasar. Siempre me prometían que mamá volvería, que silván volvería, que tío jared volvería, esperáramos lo que esperáramos. Pero ahora hasta tío Andrew ha abandonado el lugar al que se supone que todos iban a volver. Ahora soy como todos los niños rebeldes del mundo, esos que veo todos los días pelear por hogazas de pan o morir de hambre. No tengo hogar. No tengo un lugar al que volver.

El timbre para la estación del ocho me sorprende en un letargo depresivo, solitario y además a puertas de caer dormido. Me pongo en pie de tal salto que estoy a punto de darme con la parte baja del lugar en el que se ponen las maletas. Espero a que la gente deje de aglomerarse en los pasillos de los vagones para bajar, y busco la cara que tan familiar me es. Es un momento de incertidumbre en el que ¿estará? ¿No estará? ¿se habrá acordado de venir? He oído a Ben varias veces decir que a su padre se le ha olvidado ir a por él más de una vez, y es su padre de verdad, ¿por qué iba a acordarse de mi tío Andrew?. Pero cuando estoy sumido en ese camino le veo, y sonríe, y si él sonríe es que todo va bien. ¿no?. Chisto cuando me despeina peinándome por inercia pero sin saber que responder a lo que dice. No tengo tiempo para medirme, es más, pensar en si he crecido o no he crecido, últimamente, no es precisamente mi prioridad. - ¿Que hacemos aquí? - Murmuro tan bajo mientras le sigo que no se si me oye, pero no tengo el talánte para repetirlo.  

De todos modos no hace falta, llegamos a una casa en el distrito de residencias bastante rápido, y cuando me dice que quiere que conozca a alguien pienso en la primera vez que ésto pasó, en que era su novia y quería que me conociera porque se supone que iban en serio. De eso hace no me acuerdo cuantos años. - Mi tío Jared también tiene novio nuevo. - Tropiezo porque me manda al interior primero y comento asumiendo que se trata de eso hasta que veo a la chica aparecer al final del pasillo con una cara de desconcierto tan grande como la mía. Definitivamente no es su novia, no puede serlo, seguro que sería ilegal. - ¿Quien es?
Seth K. Niniadis
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Invitado
Invitado
Estos últimos días mi vida había cambiado por completo. Todo comenzó cuando dos personas se habían aparecido en la puerta de mi casa y me habían dicho que mi madre murió en una pelea con unos cuantos rebeldes, esos rebeldes que cada tanto se veían en la televisión. Pero eso no había sido todo, unos días después otro hombre, con un aspecto descuidado y cabello de un color de pelo color rubio raro muy parecido al mío,  se apareció también en la puerta de casa diciendo que era mi padre y que a partir de ese momento cuidaría de mi; el primer instinto que tuve al momento de verlo fue pegarle una patada en el lugar mas doloroso para los hombres e intentar escapar (cosa que hice), pero al verlo una segunda vez supuse que no podía ser una idea tan loca, después de todo físicamente parecíamos familia. Le dí una oportunidad aunque no necesitaba que me cuidaran y a partir de ese momento se quedó en casa. Esto provocó que mis solitarios días se volvieran demasiado agitados para mi gusto, era mucho cambio en tan poco tiempo. Lo único bueno de todo esto era que ahora no lo hacía todo yo sola; en ocasiones Sean, al que todavía no me acostumbro llamarlo padre, es el que hace las compras o cocina y eso es lo más parecido, que tuve hasta ahora, a una familia. Sin embargo, hay momentos en los que deseo que ese hombre salga de mi casa, todo por algunas cosas que me molestan de él, pero lo olvido recordando que mi madre no volvería más y que si quería una familia "ese hombre" era lo único que quedaba. Este día se estaba volviendo uno de esos momentos. El hombre estaba entre nervioso o ansioso, no pude descifrarlo bien, y de la nada se fue diciendo que volvería con alguien que tenía que conocer. Eso no me importaba mucho que digamos, pero preferí guardarme cualquier comentario y dejar que se fuera, de esa manera podría estar sola aunque fuera un ratito.

En cuanto escucho la puerta cerrarse dejo lo que estoy haciendo y corro a toda velocidad hacia mi habitación. Si quería hacer algo sin que Sean se enterara tendría que hacerlo rápido porque no sabía cuanto podría tardar. Abro la puerta del armario y saco de adentro una pequeña caja. Esa era la caja que mi madre miraba a escondidas mías, en ella hay un par de fotos de cuando salía con ese hombre que dice ser mi padre y una carta escrita a mano por ella para Sean. Si hubiera encontrado esa caja antes no me hubiera intentando escapar, pero la encontré al día siguiente cuando me dispuse a limpiar la habitación de mi madre. Quedo atrapada en la lectura de la carta que ya conocía de memoria hasta que un sonido llegó a mis oídos, el típico sonido por el que antes solía alegrarme pero ahora se volvió un hábito escuchar. Meto la carta en la caja, la escondo dentro del armario a una velocidad sorprendente y con la misma rapidez salgo corriendo para acercarme a la puerta. Por suerte mi habitación era la más cercana a la entrada porque en cuanto llego allí escucho la voz de Sean decir "¡Audrey, hemos llegado!".

Tal como pensé, el hombre no entró solo, pero se me había ocurrido que estaría acompañado de una novia o algo por el estilo. Por eso cuando miro que un chico no mucho mayor que yo lo acompañaba, no contuve mi cara de desconcierto. ¿Quien es ese chico? ¿Porque Sean estaba tan ansioso porque lo conociera? Lo primero que ocupa mi mente es la idea de que quizás fuera hermano mío. -Eso mismo pregunto ¿Quien es ese y que hace acá?- me limito a decir dirigiendo una mirada un poco enojada hacia Sean y señalo a su acompañante.

Solo un segundo tardo en darme cuenta que mi comentario había pasado de ser solo curiosidad a volverse un poco ofensivo, así que suspiro de resignación y presento mi mano al chico desconocido -Me llamo Audrey, un gusto- le dirijo la mejor sonrisa posible -Esta es mi casa, bienvenido.
Anonymous
A. Sean Niniadis
La casa no está demasiado ordenada, en parte porque a mí no me interesa y por otra parte, porque Audrey se pasa la mayor parte del tiempo encerrada en su habitación sin aparentes intenciones de querer que alguien la fastidia, de modo que entre una cosa y otra, esto parece el hogar de diez y no de dos personas. Seth tropieza y apenas logra incorporarse al entrar a la casa, haciendo un comentario que me arrebata un bufido y pongo los ojos en blanco, cerrando la puerta detrás de mí - ¿tengo cara de qué voy a presentarte un “novio” nuevo? – refuto, utilizando el tono que se me suele escapar con el niño en más de una ocasión. Nuestra relación se asimila más a la de un hermano mayor y su pequeño que a cualquier otra cosa, probablemente porque yo nunca me esforcé demasiado en ganarme una imagen que imponga un mayor respeto. Le di comida, le di un techo, lo cuidé cuando lo necesitaba… mi parte del trato está completa, de modo que continuar mi estilo de vida es algo que me lo tomo por ganado.

Audrey se presenta en la habitación y por un momento el ambiente puede ser cortado por un cuchillo, y noto como ambos se miran con obvia confusión. Con cierto nerviosismo camuflado, encierro mis manos sobre los hombros de Seth, estando detrás de él para guiarlo frente a Audrey y mostrando una sonrisa que intenta resultar tranquilizadora, como cuando tratas de que un niño de tres años acaricie a un perro que cree que lo va a morder - antes de que los dos me muerdan… Seth, ella es Audrey. Audrey, Seth – suelto los hombros de mi sobrino y doy un paso hacia atrás, observándolos a ambos como si así pudiese evaluar mejor su reacción. De todas formas ella parece ser lo suficientemente madura como para tomar las riendas de la situación y le da la bienvenida, lo que me llena de alivio.

Me rasco la cabeza al sentir que debo interferir y dar alguna explicación, aunque en realidad quiera irme derecho a la cocina y encerrarme allí con la excusa de hacer la cena – Esto… Seth, ella es tu prima. O tu prima segunda. O lo que sea… - hago un movimiento de la mano como si quisiera espantar una mosca, dándome por vencido en mi explicación y decidiendo ir al grano – he recibido una llamada hace poco y, bueno… aquí estamos – encojo mis hombros porque creo que queda explícito el resto de la historia. Seth es inteligente, así que debe saber de lo que estoy hablando. Las palabras "ella es mi hija" todavía no salen demasiado fácil de mi boca – Seth es hijo de mi prima. Vas a verlo mucho por aquí – le aclaro a Audrey, escondiendo las manos en los bolsillos de mis jeans. Evito algunos temas mucho más complicados por el bien de todos y, tras un instante de incomodidad, me balanceo un poco en mi lugar como si fuese un crío intentando zafarse de un castigo - ¿tienen hambre? – la comida calma absolutamente todas las aguas, que lo sé yo.
A. Sean Niniadis
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
Las voces de tío Andrew y aquella chica se mezclan en mi cabeza como si hablasen al mismo tiempo, no lo hacen, aunque si algo sobrepuestos. Miro a Audrey de arriba a abajo cuando se presenta, terminado mi inspección en la mano que me tiende, para luego mirar a único adulto de la sala. Está balbuceando, cosa que es casi habitual en él cuando se pone nervioso, he crecido a su lado y pasado con él el tiempo suficiente como para notar esos pequeños detalles. - ¿Es tu hija? - Mi voz es una mezcla entre la sorpresa, los celos y la incertidumbre. Después miro a la chica. - ¿Eres su hija? - Recuerdo haber hablado con Ben varias veces sobre éste tema, ¿de verdad mi tío Andrew está conmigo porque quiere? ahora tiene una excusa muy buena con la cual mandarme a la mierda, tiene otra persona de la que encargarse y que además es su hija de verdad, no solo la hija de una mujer con la que tenía una relación sanguínea y que nos dejó a todos tirados.

Me encojo un poco violentado sintiendo que repentinamente sobro en todas partes. En la que era mi casa que ahora ocupará otra familia, con la que era mi madre que está debatiéndose entre la vida y la muerte, incluso con mi tío Jared que ahora tiene otras cosas y personas de las cuales ocuparse. - Seth. Eso... Seth - No alcanzo a presentarme antes de que él lo haga por mi, pero le resto un poco de importancia y me limito a tomar su mano con la mía aunque muy ligeramente todavía no demasiado convencido de entender que está pasando, y además, que voy a tener que compartir a mi Tío Andrew con una desconocida.

Asiento cuando pregunta si tengo hambre quedándome completamente callado mientras miro a la que ahora es mi prima. Jamás he tenido primos, solo hermanos, hermanos que se murieron o bien acabaron tan enfermos que ni siquiera son capaces de recordar que existo. ¿Cómo se comporta uno con los primos?. Sonrío como un imbécil cada vez que mi mirada se cruza con la suya sin animarme tampoco a mirarla mucho tiempo por si se siente incómoda y además porque yo también me siento incómodo cada vez que veo que me mira de vuelta. - ¿Cuánto lleváis viviendo aquí? - Me animo a preguntar pasado un rato, tocando con mi mano la muñeca para reducir la incomodidad que me abruma. - ¿Y por qué aquí? - Conforme las palabras salen de mi boca voy recuperando la fuerza que me falta por estar plantado en medio de un salón que ni siquiera me es familiar. - ¿Y qué va a pasar con la casa? ¿Vas a dejar que otros vivan ahí? ¡Es nuestra! Es a donde mam... - mamá iba a volver. Me interrumpo antes de acabar la frase porque mi propia mente se escucha ridícula. Mamá lleva 8 años sin volver a casa ¿por qué iba a hacerlo ahora?.
Seth K. Niniadis
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Invitado
Invitado
La casa era un lío y lo peor que se le había ocurrido a Sean había sido traer a ese chico sin avisarme un tiempo antes, de esa manera hubiera podido limpiar un poco o habría ayudado a ordenar; pero la situación ya se había vuelto así. Seth, el chico que esta enfrente mío en este momento se llama Seth. Al estrechar nuestras manos en seguida noto que él está igual de desconcertado que yo, después de todo "el hombre" parece que eligió hacer todo esto de improvisto. Sin embargo yo no me sentí para nada nerviosa, después de todo mi mamá también solía traer visitas improvisadas. La pregunta de Seth sobre si Sean era mi padre ocupa mis oídos -Eso dice él, aunque yo no estoy del todo segura- comento señalando con el dedo pulgar a "el hombre". Está bien, hay fotos que prueban que mi madre y Sean salían juntos y también me parezco un poco a él; pero igual creo que se me puede estar permitido dudar, después de todo, nunca, antes de que mi mamá muriera, lo había visto o había dado señales de vida.

Estudio las reacciones de  los presentes esperando poder descubrir que es lo que pasa por sus cabezas, pero lo único que puedo decir con certeza es que Sean se siente inquieto o nervioso, puesto que sus balbuceos se vuelven cada vez más difíciles de entender. Eso de descifrar como era que se sienten los demás es lo más complicado que he hecho en mi vida porque yo ya estaba acostumbrada a esa soledad en la cual solo mis propios sentimientos y pensamientos eran importantes. Intento entender cada una de las palabras que "el hombre" va soltando con torpeza y las ato en mi cabeza para poder darles un sentido. Primos, ese chico llamado Seth es mi primo. Es algo increíble, paso de estar tan sola como para aprender a cuidarme a mi misma, a tener que adaptarme a dos personas nuevas en mi vida en solo unos meses. Todo se estaba volviendo demasiado concurrido y vaya uno a saber cuantos parientes más tendría sueltos por ahí. Simplemente asiento a desgana, imitando a Seth, en cuanto Sean pregunta algo acerca de la comida y comienzo a caminar hacia la cocina sin fijarme si estoy siendo seguida o no.

Por momentos fijo la mirada hacia el chico que desde este momento es mi primo y por otros momentos esquivo el encuentro con la suya, no sin antes mostrar una sonrisa forzada. Realmente es una situación un poco incómoda, si esto sigue así no seré capaz de llegar al final del día sin querer encerrarme en mi habitación, cosa que suelo hacer cuando necesito algo de soledad. -¿Se quedará a vivir aquí?¿Cuanto tiempo estará?- comento evitando a Seth y mirando a "el hombre". Lo que en realidad quiero saber es cuanto tiempo voy a tener que soportar estar en un lugar tan concurrido.

Finalmente Seth vuelve a abrir su boca y decide emitir sonido alguno, pero su voz no suena como la de antes, parece como si hubiera necesitado mucho valor para hablar. Aunque yo no le dirijo la palabra él continúa hablando, preguntando en realidad, lo mismo que yo hubiera querido saber de estar en su lugar. Miro a Sean esperando que hiciera algo para detenerlo porque su tono de voz comenzó a sonar con mayor ansiedad. No hizo falta detenerlo porque él se interrumpió a mitad de su última frase. ¿Mam...? ¿Habrá querido decir mamá? ¿Entonces él también la había perdido? ¿Sean era la poca familia que le quedaba? Un segundo tardo en  bajar la mirada, arrepentida de cualquier comentario o pensamiento anterior mío. Llevo mis manos detrás de mi espalda para después frotarme el brazo pensando en algo que lo hiciera sentir un poco mejor. Finalmente decido mirarlo y me acerco lentamente -Puedes quedarte aquí si quieres- agrego ya frente a él con una dulce sonrisa intentando ocultar mi obvia timidez-Si quieres esta puede ser tu casa también.
Anonymous
A. Sean Niniadis
Una mirada basta para decirle que le ha dado en el clavo y que esto no es nada más ni nada menos que una pequeña y bizarra reunión familiar que nunca en mi vida hubiese creído que iba a acabar teniendo, aunque creo que es solo un efecto colateral de toda la mierda que fui juntando y que nunca fui capaz de detener hasta el punto de haberle jodido la existencia a una niña que no tiene la culpa de los errores de sus irresponsables padres. Por momentos no puedo evitar sentirme enfadado con Margareth, intentando encontrar un motivo exacto para ocultarme esto hasta incluso después de muerta, lo que me ha llevado a pensar que tal vez yo hice algo demasiado malo sin darme cuenta como para que no me considere digno de conocer a mi propia hija. Cuando Audrey habla no puedo evitar recordarla a ella y me trago los comentarios, porque sé que no le caigo bien y no puedo recriminárselo. Si un extraño con pinta descuidada toca a mi puerta y dice, sin haberle visto el pelo en toda mi vida, que es mi padre, yo tampoco le trataría con demasiada amabilidad a pesar de que el desgraciado no tenga la culpa.

Las preguntas de los niños parecen bombas y me llevo las manos a la cabeza, tomando aire e inflando mis mejillas hasta irlo largando de a poco mientras mis dedos estiran mi cabello hacia arriba como si así pudiese arrancarlo y de ese modo, quitarme un enorme peso de encima. Me doy cuenta de que mi sugerencia pasa completamente desapercibida y es obvio que ni una buena comida va a mantenerles las bocas ocupadas, así que les hago un gesto con las manos para que bajen su volumen de voz - shhhh - intento calmarlos como si estuviesen haciendo un enorme escándalo, aunque la verdad es que el escándalo solo se produce en mi cabeza - ¡una pregunta a la vez! Demonios, yo nunca tuve la lengua tan viva - reprocho, picándome la sien a ver si de ese modo se me acomodan las ideas. Clavo la mirada en un cuadro espantoso que yo jamás habría usado en mi casa, intentando encontrar las palabras correctas - Seth ha vivido conmigo durante años y, técnicamente, se encuentra a mi cuidado, pero él es libre de elegir lo que quiere hacer... - lo miro con cierto reproche porque no puedo evitar sentirme molesto por lo de Jared, a pesar de que no soy nadie para ordenarle absolutamente nada. Además, creo que él tiene la edad suficiente como para hacer elecciones importantes que influyan en su vida; ya no necesita que le cambie los pañales o le tome la mano al cruzar.

Las quejas de Seth hacen que deje caer mis manos con pesadumbre y puedo ver en sus ojos lo que en realidad le molesta, de modo que me inclino un poco para estar a su altura y me muerdo el labio inferior, buscando el modo de no meter la pata - tu mamá nos encontrará en cualquier lugar a donde vayamos. Es inteligente, más de lo que crees - mi Jamie volverá, eso lo tengo seguro. Algún día regresará con nosotros y nos dará una buena explicación de su ausencia y podremos decir que todo volverá a ser como debió serlo desde un principio - vine aquí hace pocas semanas, porque creo que Audrey ya ha tenido demasiados cambios en su vida como para también sacarla de su distrito. ¿No crees que debemos ser caballeros con ella, Seth? - arrugo el ceño como si me decepcionara de su actitud, aunque mi voz se torna cuidadosa, como cuando quieres convencer a un niño pequeño de que debe compartir sus dulces para no ser un maleducado. De todas formas Audrey me sorprende con un trato mucho más amable del que ha tenido conmigo y la miro con incredulidad, volviendo a incorporarme como se debe y niego la cabeza un par de veces sin poder creérmelo.

Tras un momento de silencio, aplaudo una sola vez como si todo estuviese resuelto - Genial, veo que no se van a matar entre ustedes, así que podemos simplificar las cosas - le doy un par de empujoncitos a ambos para que avancen por el pasillo, cosa que no me cuesta demasiado - Audrey... ¿te importaría enseñarle a Seth la casa? Puedes mostrarle tu cuarto... luego le armaremos una cama en mi habitación, si te parece bien - como no quise siquiera entrar al dormitorio de Margareth, me hice un lugar en el cuarto de huéspedes, que me resulta un poco más acogedor - mientras les prepararé la cena. Ya saben... así pueden conocerse mejor - los dejo justo en la puerta del dormitorio de mi hija y les hago señas para que continúen por su cuenta, antes de básicamente escapar hacia la cocina sin saber exactamente dónde debo meterme. Creo que por el momento las cosas no han salido mal, pero es demasiado temprano para cantar victoria. Con los chicos, nunca se sabe.
A. Sean Niniadis
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
Las palabras de Tío Andrew no me consuela porque él lleva muchísimo tiempo diciéndolas. Mamá volverá. Mamá no nos abandonó. Ya claro, se cree que sigo teniendo cinco años. Y de repente quiero volver a esos momentos donde todo lo resolvía gritándole, pero me recuerdo que ya he madurado, que tengo que hacerlo, porque va siendo hora de que me encargue de mis propias mierdas y deje de echarle la culpa a otras personas que solo creen en las mentiras de una mujer que lleva mucho tiempo engañándonos a todos. Suelto un suspiro con amargura desviando mi mirada al suelo pensando en lo que dice sobre la chica que ahora es su hija. Habla de caballerosidad, pero tengo la sensación de que el cambio le vino bien de todas formas. Si no fuera porque yo no le encontré aquí por casualidad sino que él me trajo, pensaría que está esquivándome.

Me sorprenden mucho las palabras de Audrey, nunca había tenido a alguien que sintiera pena por mi estando en una situación mucho más horrible que la mía. Mi madre está desaparecida y nos abandonó cuando éramos muy pequeños, pero la suya está muerta. Son cosas completametne diferentes y estados emocionales mucho más distintos. - Gracias - Procuro no sonar sorprendido pero lo estoy, especialmente porque desde que llegamos no parece muy a gusto con mi tío Andrew, y supongo que es exactamente lo mismo que me pasa a mi con mi madre cada vez que la veo. Lleva tanto tiempo lejos de mi que no la considero mi madre.

Sacudo la cabeza cuando pienso en eso. No puedo comprar su situación con la mía. Él no sabía de su existencia hasta ahora. Él no la abandonó. Y la prueba de eso es que prefirió mudarse de distrito y no obligarla a ella a remover toda su vida solo para que se adaptara a él. - Siempre exagera. Con lo de matar. Está obsesionado con que voy a matar a alguien - Esa era su frase por excelencia cuando me metía en problemas en la escuela. ¿Es que algún día puede venir a clase sin intentar matar a alguien? Él recuerdo me hace reír. Siento aquellos tiempos como si hubiesen sucedido mucho tiempo atrás, pero tan solo han pasado algunos meses, cuatro quizá.

En medio de esos pensamientos nos quedamos a solas en el salón, al final se ha salido con la suya con respecto a lo de la comida. Al principio no se que decir, que pensar, a donde mirar o cómo tratarla, pero cuando mi propia mente piensa en más cosas que en esas, ya todo es bastante simple. - No te cae muy bien ¿verdad? - Murmuro mirándola para asegurarme de que a pesar de que he hablado bajo, lo ha escuchado. Tampoco estamos tan lejos, y con el silencio de la casa mi voz suena más alta de lo que la usé. - Ya sé que es un poco torpe y a veces no da pie con bola. Pero no se irá. Todos te abandonan tarde o temprano, menos él - Es una persona en la que puedes confiar. Es alguien que aunque el cielo se caiga encima, siempre pensará en otros antes que en sí mismo.
Seth K. Niniadis
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Truth is never simple / Seth & Audrey IqWaPzg
Invitado
Invitado
Escucho cada palabra emitida por las personas a mi alrededor y no puedo evitar soltar una risita disimulada en cuanto Seth comenta lo de matar. Había estado poco tiempo con Sean pero me había dado cuenta que era un poco exagerado. Se notaba que ambos habían pasado mucho tiempo juntos y hasta daban un aire familiar, cosa que me puso un poco celosa; no por como yo me llevara con ellos, si no por el simple hecho de no haber tenido una relación así con ninguna persona. Me pongo cada vez más triste, más melancólica mientras recuerdo a mi madre y me dejo arrastrar por la casa. Tan absorta estoy en mis pensamientos que ni me doy cuenta en que momento Sean se va, dejándome a solas con mi primo, una persona que acabo de conocer. No me había percatado antes de lo incómodo que me resultaba hablar con él, quizás la presencia del hombre que dice ser mi padre me tranquilizaba, pero ahora la conversación solo dependía de nosotros dos. Los sentimientos empiezan a invadirme como un maremoto: incomodidad, intranquilidad, nervios, vergüenza. Uno por uno afloran en mí y llegan hasta mis mejillas que se tornan de un rosado pálido que cualquiera hubiera notado, aunque tenía la esperanza de que Seth no lo notara. Busco y repaso en mi cabeza algo para hacer o algo para decir, pero cuando abro la boca porque planeo comentar algo, mi inseguridad me ataca y la vuelvo a cerrar de inmediato. Justo cuando creo que todo va de mal en peor, mi reciente primo comenta algo lo cual me hace largar un suspiro de alivio y sonreír muy disimuladamente para soltar toda la tensión acumulada. Enseguida me torno seria, después de todo el tema que estaba tocando no era para reírse como si fuera algo sin importancia -No me cae bien, pero tampoco me cae mal.- le dirijo una tímida mirada- Solo... digamos... no estoy acostumbrada a la gente.

Vuelvo a agachar la mirada y me dirijo hacia la puerta de mi habitación porque había recordado que Sean me pidió que le mostrara la casa al recién llegado. Coloco mi mano sobre el picaporte pero me detengo enseguida. No era muy buena idea que empezara por mi cuarto ¿O sí?. Suspiro ampliamente y sin fijar mi mirada en la suya empiezo a señalar las puertas más cercanas -Aquel es el baño- señalo la puerta de la derecha - Aquella es la habitación de Sean y la tuya- señalo la puerta de la izquierda -Esta es mi habitación- señalo la puerta justo frente a mí y luego la puerta de al lado- Esta era la habitación de mi madre- al pronunciar lo último mi voz se vuelve un poco apagada y débil.

Este día no era uno de los mejores desde que mi madre me había "dejado", estaba poniéndome completamente sentimental y eso no era bueno con "visitas" presentes. -¿Que quieres que te muestre primero?- cambio de tema velozmente para poder evitar ese momento depresivo que me estaba a punto de agarrar. -¿Te parece bien que te muestre tu habitación?- me estaba poniendo cada vez más charlatana y eso era rarísimo en mí. Así que simplemente cierro mi boca, hago una seña con las manos para dar a entender que quiero que me siga y me dirijo hacia la habitación que pertenece a Sean. Sin importarme como está todo adentro, abro la puerta a toda velocidad y dejo escapar una risa al ver el desorden de ropa que había dentro -Esta será tu habitación- digo mientras le dirijo a Seth una corta mirada. Sin cerrar la puerta, hago todo el esfuerzo por mantener una sonrisa y la mirada a mi primo, haciendo todo lo posible por no ruborizarme -¿Que quieres que te muestre ahora?
Anonymous
Seth K. Niniadis
Fugitivo
Mientras se piensa mi comentario me fijo en sus mejillas ligeramente teñidas de rojo que ataño al poco frío que hay en la habitación desde que mi tío Andrew se marchó. Puedo escucharle preparar algo, haciendo un escándalo de tamaño descomunal en la cocina, echo de menos que haga eso en mi casa, echo de menos estar en casa. Bajo la vista hacia cualquier parte repentinamente demasiado molesto para reparar en nada y encogiéndome de hombros cuando dice que está en un punto muerto con él. - ¿A la gente en general? ¿o a él en particular? - Yo no soy precisamente el amo de la socialización. Desde la muerte de mi hermano, el accidente de Silván y el abandono de prácticamente todas las personas que conozco, fue un yo contra el mundo. Y repentinamente pienso en que tal vez, Audrey, esté todavía en esa fase. Después de todo, ella acaba de perder a su madre; aún tiene que estarse acostumbrando a que no esté.

A pesar de que la entiendo probablemente mejor que cualquier otra persona en el mundo, no le ofrezco mis condolencias. Recuerdo cuando pasó con mi hermano, recuerdo que todos los vecinos venían a decirme lo mucho que lo sentían y yo solo podía pensar en lo mucho que les odiaba. No quería sus disculpas, eso no iba a devolverme a mi hermano. Tampoco quería lástima o condescendencia, solo quería que me dejasen en paz. - No está aquí para molestar. Y yo puedo irme. - Junto mis manos en la espalda hablando sin animarme a mirarla oyendo como empieza su caminata por la casa y siguiéndola, sin hacer mucho caso a si me escucha o no me escucha. Solo estoy hablando por si quiere oír lo que tengo que decirle. - Es una buena persona. Déjale que lo intente. Fue como un padre para mi, aunque nunca tuve uno de verdad para compararlos - Me encojo de hombros fingiendo que no me importa, pero lo cierto es que estoy empeñándome, quizá demasiado, en que le de una oportunidad, cuando eso probablemente significa que para mi no habrá más espacio en la casa de los Niniadis. No me importa. Al menos de manera instantánea. Si él es feliz, no me importa.

Me detengo cuando ella lo hace y giro mi cabeza para mirarla. Me extraña mucho que empiece señalándome otro sitio cuando prácticametne tenemos delante una habitación. Asiento ligeramente a las ubicaciones que me da y contengo la respiración durante un segundo cuando me muestra la de su madre. Lo primero que yo hice cuando mamá se marchó fue cerrar la habitación, nadie podía entrar en ella, ni siquiera mi tío Andrew a limpiar. Allí estaban sus cosas tal cual las había dejado, su ropa por el suelo, la cama destendida, la mitad de la ropa faltante en el armario y los ganchos como si alguien hubiera intentado arrancar la ropa que estaba puesta sobre estos. Todo porque tenía la esperanza de que así se sentiría como en casa si alguna vez volvía.

Jamás volvió.

Ese recuerdo me amarga bastante, en especial porque sé como se siente y porque estoy molesto conmigo mismo por dejarme arrastrar hacia un aura en la que detesto estar. Así que me centro en pensar en otra cosa. Su pregunta me sirve para hacerlo, para desviar la atención de madres y de personas que ya no están y que probablemente, no van a volver. - ¿Tenéis jardín? - Yo en mi nueva casa tengo una especie de jardín en el patio de atrás, todo mustio y asqueroso pero no me importa. Los jardines con flores no son de mi devoción, pero cualquier espacio en el que se pueda inflar una piscina y dejarla allí todo el verano, es el mejor paraíso que puedes encontrar en cualquier parte. Con ese pensamiento me asomo por la ventana aunque solo encuentro zonas que me muestren el sitio por donde vine, no por detrás.

Avanzo tras ella cuando decide que vamos a ver mi cuarto asintiendo a su pregunta aunque no hace falta, porque apenas me da tiempo de nada. Cuando entramos todo ese desorden me golpea con una familiaridad casi abrumadora. No puedo evitar reírme. - Lo de ordenar sus cosas no es lo suyo - Meto las manos al bolsillo y me giro para mirarla cuando me pregunta por donde podemos seguir, y hago una leve mueca. - No lo sé. No es una casa muy grande. Aunque sí muy bonita - Una sonrisa bastante sincera asoma en mis labios e inmediatamente me siento vulnerable por lo que aparto la mirada a otra parte. - Yo no puedo quedarme mucho aquí - No sé si tío Andrew se lo ha contado, pero supongo que ella tiene más cosas en las que pensar que en cuando puedo venir o no puedo venir y porqué. - Es complicado - Murmuro sin ser consciente de que esas palabras salen por mis labios y no solo están sonando en mi cabeza, superando ese lapsus dando un leve bote. - Aún no me has dicho si tenemos jardín. Bueno, tienes jardín. - No puedo ir a la ligera hablando de una cosa que es nuestra, cuando ni siquiera es mía. - Y gracias. Por todo. Por enseñarme la casa, y por ser amable, y también por dejar que me quede. Un rato. Aunque sea
Seth K. Niniadis
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Invitado
Invitado
Según lo que parecía Seth le tenía mucho aprecio al "hombre" y no podía decirle que la idea de que de un día para otro llegue diciendo que es mi padre no me agradaba demasiado. Presiento que su reacción no sería de su agrado o me intentaría explicar algo como que él no tiene de todo la culpa y... blablabla. Todo eso lo sabía, pero no podía evitar sentirme de esa manera, así que simplemente opto por decirle la otra verdad -No estoy acostumbrada a la gente en general, siempre estaba sola ya que mi mamá no pasaba mucho tiempo por acá, aunque las últimas dos semanas eso había cambiado.- afirmo sin dirigirle la mirada ya que descubriría la vergüenza que sentía en esos momentos.

Niego con la cabeza cuando dice lo de irse. No quiero que se vaya, después de todo era una buena manera de continuar lo que intenté hacer con mi madre antes de que muriera. Su recuerdo me afecta, pero no me arrepiento porque sus últimos días de vida los pasó junto a mí. -Que Sean y tú estén aquí es una buena manera de que me acostumbre a la gente- admito en un momento de valentía y sonrío al escuchar su comentario- Entonces puedes entenderme, que de repente aparezca una persona y te diga que es tu padre... no es algo que caiga bien a la primera- suspiro- Ya sea buena persona o no, es algo un poco dificil de asimilar. Creo que necesitaré algo de tiempo.

Menos mal que había cambiado de tema; cuando lo hice Seth cambio una cara melancólica que había puesto de repente por una cara más tranquila. Además me sirvió para volver a mi tranquilidad y olvidar ese momento de ansiedad y nervios que me habían hecho volverme algo charlatana. Asiento enseguida, sin decirlo porque me pareció que quedó claro que mi respuesta iba a ser "Sí, tenemos jardín". Le señalo hacia donde estaba la cocina para indicarle que la puerta que daba al patio estaba por ahí. Siempre dando por entendido que mi primo se daba cuenta que significaba cada gesto que hago (cosa de lo que realmente nunca llego a estar segura del todo).

El comentario acerca del desordenado cuarto de Sean hace que una sonrisa se muestre intentando contener una risa. Me dedico a mirar a Seth cuando está distraído y me sorprende un poco al ver una sonrisa dibujaba en su rostro a la que respondo inconscientemente. "Su sonrisa es linda" pienso en un segundo y sacudo la cabeza. ¿Que clases de cosas se me pasaban por la cabeza? Algo andaba mal conmigo. Vuelvo a mirarlo pero enseguida siento como mi cara se vuelve por completo roja: nuestras miradas se habían cruzado. Asiento enseguida con la cabeza a gachas procurando que lo que acababa de pasar no se repitiera. - E... es verdad, e... es mu... muy bonita- estoy tan avergonzada que ni siquiera puedo pronunciar bien las palabras. Lanzo un suspiro para intentar calmarme un poco, pero eso ya no es un problema en cuanto escucho que no pasaría mucho tiempo en mí casa, y seguramente tampoco pasaría mucho tiempo en ningún otro lugar del Distrito ocho. Estaba por completo segura de que se tendría que ir porque otras personas lo esperaban, o quizás tendría algún motivo. Pero no era una idea que me agradara del todo porque Seth era el único chico más o menos de mi edad que me hablaba, que me trataba bien. Se ve que no dejé muy claro eso de que teníamos patio. -Sí, tenemos- comento enfatizando el "tenemos". Es verdad, esta casa ya no es solo mía y tengo que comenzar a hacerme a la idea; puesto que a partir de este momento era probable que Sean cuidara de mí y que Seth se apareciera de vez en cuando a visitarnos, ya mi familia se estaba tornando mucho más grande de lo que era.

-Ven- comienzo a tomar confianza y le muestro el camino hacia la cocina -No tienes que darme las gracias, eres... bueno... eres mi familia... creo- agrego mientras empiezo a caminar acercándome más y más a la cocina y escuchando el enorme estruendo que "el hombre" está haciendo allí. Niego nuevamente con la cabeza con incredulidad. Sean limpiaba todo, pero casi siempre lo hacía mal y terminaba yo ordenando mejor todo los trastes para que no quedaran hechos un desastre. Y, por el ruido proveniente de ese lugar supuse que tendría mucho que hacer en cuanto terminaramos de comer. Me acerco a la puerta de vidrio que daba al patio y la abro dejando entrar un vientito bastante agradable que hizo desaparecer todo el color rosado de mis mejillas. Respiro hondo y cierro los ojos antes de emitir sonido alguno. Al abrirlos le hecho una mirada al patio, bastante más grande de lo que cualquiera hubiera imaginado. Unas cuantas plantas y un árbol en una esquina lo hacen parecer mucho más chico de lo que realmente es. -Este es el patio- comento lanzando una dulce sonrisa y dirigiéndole la mirada a mi primo en cuanto tomo un poco de valor.
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
Asiento ligeramente para que no se sienta en un compromiso de explicarme porqué le odia. Si alguien llegase a mi vida una noche y me dijese que es mi padre, probablemente lo agarraría a patadas antes que nadie pudiera impedírmelo. Ella es una chica, así que su forma de responder ante algo que no le gusta no son los golpes, sino el silencio y el desprecio. Una vez escuché decir a mi Tío Jared que las chicas son aún más crueles que los chicos aunque no utilicen la violencia, porque utilizan algo parecido que no te hace daño en el cuerpo, sino en el alma. Eso sonaba fatal cuando me creía todas sus historias sobre chicas y creía que en realidad sabía sobre el tema; pero ahora que visto a Audrey con mi Tío Andrew, yo creo que no estaba del todo lejos de la realidad. Tampoco quiero forzarla así que no digo nada más, solo espero que pronto se de cuenta de que no es tan malo como parece. - No somos precisamente lo que se dice gente interesante - Bromeo, porque por lo general solo trabajamos, sobrevivimos, volvemos a casa, nos peleamos y fin del día; comienza otro y vuelta a empezar. - Pero haremos lo que podamos e intentaremos caerte bien - Eso es toda una odisea para mi, aunque sé que a Tío Andrew se le dan mejor las personas, después de todo ha pasado su vida subsistiendo a costa de hablar con los clientes.

Miro hacia el sitio en el cual señala dando por supuesto que es el lugar hacia donde está el jardín sin ser consciente de sus tartamudeos porque lo de las chicas no es precisamente mi punto fuerte y menos cuando la mitad de ellas creen que soy un borde y un poco gilipollas. Avanzo hacia las escaleras detrás de ella mientras prácticamente cruzamos la casa en un suspiro, y suelto una exclamación cuando veo las flores del jardín que lo decoran. Me siento un poco incómodo cuando dice que somos familia, pero no me parece correcto decirselo, menos de la forma en la que se vino a tropel en mi cabeza y que no era para nada amable. Hay muchas cosas que no podría explicarle para no quedar como una mala persona, hay mucha parte de mi historia que se ha perdido. - Primos. Nunca me imaginé a mi tío Andrew siendo papá. En fin, es como... cuando ves a un perrito mucho tiempo y de pronto ya se ha hecho grande y tiene bebes - No es un buen ejemplo ni por asomo pero es el único que se me ocurre.

Camino por el jardín teniendo cuidado de no pistar mucho las plantas, pasando por los mismos sitios donde ya hay huellas marcadas o por el contrario piedras donde pueda apoyarme. Aunque es su casa por un momento me he comportado como si fuese la mía. Recuerdo que no es mía e intento parecer menos familiar, y cuando voy a volver junto a Audrey somos interceptados por mi tío Andrew que sale de la nada como si estuviese a punto de sorprendernos matándonos o algo por el estilo y esperase llegar a tiempo para evitarlo. Me freno en seco solo parado en un pie como quedaría si estuviésemos jugando al reloj reloj, mirándole de vuelta mientras nos mira de forma sospechosa con una cuchara de madera en la mano que parece estar empuñando como si fuera un arma. - Estábamos mirando la casa. Es grande, y bonita. Su mami la tenía bien decorada, cosa que no puedo decir de ti con la nuestra - Escucho una risilla super baja que viene de mi acompañante, y una sonrisa asoma en mis labios. No tengo que mirar hacia Audrey para darme cuenta de que la he hecho reír.

De golpe, mi ego está por las nubes. He conseguido en pocas horas lo que mi tío Andrew lleva intentando días. Él lo nota, pero no hace ningún comentario al respecto, solo rueda los ojos y probablemente me maldice internamente porque tengo más suerte que él. Después nos dice que la cena ya está lista y que podemos poner la mesa, algo que me tiene haciendo desde que yo tengo memoria porque se supone que cuando solo quedábamos él y yo, éramos la única familia Niniadis que existía. Ahora no solo somos él y yo, ahora hay alguien más. Eso me hace sentir bien y mal al mismo tiempo. Bien porque ya no estamos solos, mal porque he visto desaparecer a muchas personas antes que por más que prometen volver, no lo hacen.

Cuando nos quedamos solos otra vez paseo un rato por esa delgada línea en la que siempre estoy, el deja o no dejar a pasar a alguien a esa unidad interior familiar que prefiero tal como está, porque sé que tío Andrew jamás se irá y no me tendré que enfrentar al hecho de que alguien más entre y nos abandone como todos los demás. Pero después pienso en Audrey, en su madre, y en que al igual que a mi, él es lo único que le queda porque su madre también le ha abandonado. Antes de darme cuenta, me he enganchado a su brazo dándole un suave empujón con mi hombro en el suyo. - Anda, vamos a comer. Por ser hoy, pruebo la cena yo primero y te digo si es comestible. La próxima te toca a ti y así no nos intoxicamos de tres en tres - Obviamente bromeo. Tío Andrew siempre cocina muy buen, es uno de esos talentos ocultos que tiene. Suelto una risa mientras nos adentramos de vuelta a la casa.
Seth K. Niniadis
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