The Mighty Fall
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VERANO de 247221 de Junio — 20 de Septiembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
El olor al pastel de manzana invade la cocina y yo doy un pequeño salto para asomarme por la mesada, aunque mamá se ríe y me palmea la cabeza, intentando mantenerme abajo - ¿acaso que quieres ver, Bennie? ¡No puedes probar bocado hasta que sea cortado! - me dice con dulzura, sacudiendo sus manos bonitas y de dedos largos de pianista para quitarse el polvo de la harina. Yo hago un ligero puchero con los labios, cruzando mis brazos para demostrar mi capricho, aunque sé que no va a servir - pero yo tengo hambre ahora - me explico, lo que provoca que vuelva a reírse y el enojo se me va al menos un poquito chiquitito. Mamá es una mujer tan bonita y dulce que nadie puede estar enfadado con ella ni siquiera cuando no quiere cortar el pastel antes de tiempo, y estoy seguro de que por eso papá la mira tan enamorado todos los días. Es una lástima que él no esté aquí ahora, porque tal vez me ayudaría en mi misión.

Es primavera y el día se presentó tan bonito que nadie pudo soportar la idea de quedarse dentro. Melanie salió con la señora Figgins a cortar flores y Shamel decidió ir a pescar con papá; yo me levanté tarde, así que me tocó quedarme en casa viendo como mamá cocinaba y tengo que admitir que no está tan mal. Pude mirar lo que quería en televisión, usar mis coches sin que nadie moleste y estuve en la cama hasta que me aburrí, cosa que se me permite porque es sábado. Los rayos de la tarde soleada bañan la casa entera de un color cálido que me hace poner de buen humor y todo apesta a los olores primaverales que tanto le gustan a mi hermana, así que creo que eso también ayudó a mamá a inspirarse y cocinar. Aunque no entiendo por que ella mira todo el tiempo por la ventana de la cocina, lo que me hace preguntarlo una y otra vez hasta que se digna a responder - Hoy llegaron los nuevos vecinos y creo que deberíamos darles una bienvenida... ¿que piensas de eso? He visto que hay una niña que parece de tu edad y...

- ¡No, señor! ¡Ni hablar, mamá! - la interrumpo, haciendo una muequita de indignación, de esas que le causan risa a papá porque dice que parezco un adulto enojado - no vas a hacer que me haga amigo de niñas que ni conozco - pero ella parece armarse de paciencia y se inclina para estar a mi altura, lo que le cuesta porque todos dicen que soy muy bajito incluso para tener cinco años. Ellos no entienden que cuando tendré quince seré incluso más alto que Shamel y papá juntos - prometo que te dejaré comer la primera porción - me dice en un murmullo pícaro, como si fuese un secreto que nadie más tiene que saber. Yo aprieto mis labios, guardando para mí solo la sonrisa que se me quiere escapar y acabo aceptando. Mami siempre sabe como convencerme de todo.

Media hora después estoy un poco peinado de esa manera que mamá dice que soy adorable y los dos cruzamos la calle; ella lleva una bandeja con el pastel de manzana y yo la sigo con pasitos firmes hasta que nos detenemos frente a la casa de enfrente, en cuya puerta hay todavía muchas cajas que tienen cosas que me llaman la atención. Estiro la cabeza para ver dentro de una de ellas, pero ella me chista para que la mire y así ver su mirada de "eso no se hace". Justo ahí es cuando un señor abre la puerta y nos mira algo confuso, por lo que mamá se pone a dar la bienvenida y todo ese discurso que dicen los adultos mientras yo miro alrededor como si en verdad no quisiese estar aquí. Ella dice mi nombre, creo que me está presentando, y el señor me saluda como si tuviese dos años, de modo que mi "hola" es apenas un gruñido. Nos hace pasar y agradece la visita, aunque no sé si estoy seguro de que le agrade tenernos aquí. A mí me molestaría que llegasen a casa sin avisar, pero tal vez son ideas mías.

Para ser honesto, sigo el camino del pastel hasta la mesa de la cocina, donde mamá lo deja por indicación del dueño de la casa y ellos no dejan de hablar de cosas que no me interesan. Mamá le ofrece ayuda al señor con unas cajas y ambos se marchan, sin que antes ella me pida que no toque nada, por lo que me quedo solo en esta cocina extraña. No es muy grande y se encuentra demasiado silenciosa, por lo que me apoyo en la mesada mientras miro el pastel, relamiendo mis labios. Tras un momento, me decido y me acerco en puntitas, estirando la mano y hundo el dedo justo en el centro. Se me llena del relleno y de la cubierta crocante y lo aparto, llevándomelo rápidamente a los labios y... ¡cielos, sabe tan delicioso que podría llenarme el brazo entero de ese pastel y lamerlo todo el día! Abro los ojos tras el enorme disfrute, dispuesto a volver a hurgar por un poco más, cuando me doy cuenta del cabello rubio que se asoma por la entrada de la cocina. Rápidamente me pego a la mesada, sintiendo el corazón dar un brinco - ¡Juro que el agujero en la torta no lo hice yo! - me apresuro a aclarar, por si las dudas. Tal vez ella no me vio.
Benedict D. Franco
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Sophia A. Niniadis
Consejo 9 ¾
Sophia a los seis años (?):

Las gotitas de agua de lluvia mojan el cristal de la ventana de mi nuevo cuarto, nublando la vista que tengo del patio de la señora grande a la que ahora debo llamar vecina. Mi mirada está fija en un punto donde no hay nada mientras acaricio el arco de la ventana. Me gusta la nueva casa, es linda, mi cuarto es más grande que el otro que tenía y papá está pintando las paredes del baño de un rosita muy bonito. También nos divertimos un poco mientras desempacamos mis cosas, a papi le gusta jugar conmigo y hacerme reír, a pesar de eso, extraño mi otra casa, porque ahí también estaba mami y era más divertido jugar los tres. Las gotas de lluvia se resbalan por el cristal dejando largas líneas de agua en mi ventana, sólo falta un arco abajo de ellas para que se forme una carita feliz.

- ¡Sophia! ¡Soph! Ven aquí un momento cariño. - La voz de mi padre me hace levantarme de donde estoy para salir corriendo a la cocina y ver que necesita. Justo cuando llego me sonríe y agarra mi mano, indicándome con el dedo índice que guarde silencio. Me guía hacia la puerta de cristal que está en el comedor y señala la rama de un árbol que ya estaba aquí desde antes de que nos mudáramos. - ¿Qué es? ¿Qué es? - Pregunto impaciente y me paro de puntitas para ver mejor. En la rama más alta consigo ver un un pequeño pájaro petirrojo atorado por culpa de su ala. - Papi, papi, hay que ayudarlo. - Separo mi mano de la de mi papá y me pego al cristal observando más de cerca al pobre parajillo luchando para safar su ala de la rama que la aprisiona. Mi padre me sonríe y asiente con la cabeza saliendo al patio a ayudar al pobre pajarito.

Me quedo pegada al cristal mientras la acción transcurre en el patio. Observo como mi papá, muy valiente, se sube al árbol y se queda abrazado con un brazo al tronco, mientras que con la otra mano trata de liberar el ala del pájaro. El ave empieza a picotearle los dedos y mi padre se queja un poco hasta que consigue sacar al pájaro de donde estaba atorado, pero justo en el momento de la victoria, cae al suelo desde la rama más alta. - ¡PAPÁ! - Grito y salgo corriendo a ver qué le pasó a mi padre. Me acerco a donde está preocupada pero el sólo ríe y ríe y extiende su mano en dirección a mi con un pequeño amiguito en el centro. - Papi... - Lo abrazo fuerte fuerte como a el le gustan los abrazos y agarro al pajarito con ambas manos, acariciándole la cabecita.

Colocamos al pajarito en la mesa observándolo un poco, tiene un ala lastimada y creo que no podrá volar por un tiempo, eso es malo para el porque ya no podrá encontrar a su madre y tendrá que mudarse como papá y yo lo hicimos, o tal vez... - ¿Podemos quedárnoslo? Yo lo cuido y le doy de comer, también puedo jugar con el o ella, puedo darle una parte de mi cuarto, por fiiiiiis ¿Si si si? - Agarro una de las mangas de la camisa de mi padre y empiezo a jalarlo un poco mientras señalo al pajarito. La verdad no me importa compartir mi cuarto o darle de comer y así ya no estaré tan sola, ¡Será como tener un hermano! Sólo que en animal... bueno no importa. - Mmmm... No creo que... - - Noooo, yo lo quiero aquí. - Me pego el pájaro al pecho y lo apachurro haciendo que chille y me pique el dedo para que la suelte, a lo que mi padre ríe y me revuelve el cabello. - Sólo hasta que el ala se le cure, podemos hacerle una casita con las tablas de madera que tengo en el patio. - Aplaudo varias veces y asiento con la cabeza repetidas ocasiones diciendo un montón de cosas acerca de como cuidar al ave y la manera más bonita de decorar su casita. Termino por darle un besito en la mejilla a mi padre e irme a mi cuarto con el pajarito en mano.

Ya en mi cuarto dejo al ave en mi cama y saco mi diario de debajo de mi almohada para ponerme a dibujar la futura casa de... - ¿Cómo te puedes llamar? Mmm... ¿Qué te parece Eva? Es decir "ave" al revés, si Eva es bonito. - Sonrío y trato de dibujar algo decente pero termino por hacer garabatos feos que en vez de parecer una casa de pájaros se me figura a rectángulos acomodados sin un lugar en específico. Cierro el cuaderno y me recargo en mi almohada. Cuando le hagamos su casita podemos terminar de decorar mi cuarto, le diré a papi que me compre nuevas muñecas, las que tengo ya están viejas, también me gustaría un osito de felpa para abrazar por las noches cuando tenga pesadillas, antes mami era la única que me calmaba cuando el monstruo de mis peores sueños quería comerme y ahora que no está, yo... Alguien llama a la puerta y hace que me levante pero en eso escucho que mi padre abre, la voz de una mujer suena pero no se quien es así que me quedo metida en mi cuarto esperando que mi padre no me haga salir a presentarme.

Después de unos minutos las voces se alejan y yo suelto un suspiro, espero que no hayan venido ese tipo de vecinas chismosas a las que les gusta jalar de mis cachetes y hacerme trencitas con moñitos como si tuviera tres años, yo ya estoy grande porque tengo seis y esas cosas no van conmigo, ahora puedo llevar el cabello suelto y dormirme a las ocho, cosas que los niños pequeños no podrían hacer. Conforme la voz de mi papá y la señora que no conozco se vuelve más suave, más curiosidad me da salir para ver de quien se trata. - Eva tengo que irme un momento, no te muevas de aquí. - Le hago varias señas al pájaro pero no estoy segura de que me haya entendido. Asomo la mitad de la cabeza por el pasillo y salgo gateando en silencio, cuidando que nadie me vea, no quisiera toparme con alguien que me jale las mejillas como si fueran de goma. Llego hasta el comedor y me pongo de pie en silencio, pegándome a la pared para espiar un poquito. Alcanzo a ver sólo unos pies y cuando me acerco mas, tropiezo con mis propios pies haciendo un ruido notorio. Miro al niño con sorpresa y me acerco un poco mas. - ¿Pastel? Me pongo frente a la mesa y observo el pan que está en medio, saboreándolo con la mirada. - ¿Y tú quién eres? - Dirijo mi mirada al niño esperando que me de una explicación.
Sophia A. Niniadis
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Me tardo un rato que se me hace eterno en poder calmar mi corazón, que se ha disparado tanto como cuando me hacen correr demasiado alrededor del patio de la escuela o tengo que escaparme de los chicos que quieren robarme el almuerzo hasta que Shamel se entromete. La niña es incluso un poco más alta que yo, tiene un cabello rubio que sé que a Mel le gustaría peinar y algo en su tono de voz hace que me pegue aún más contra la mesada, como si de aquel modo pudiese atravesarla, camuflarme con la pared y desaparecer. Me pregunta quién soy y yo me tardo en responder porque por un momento creo que perdí la voz, por lo que abro y cierro la boca como los peces que sacamos del agua los domingos por la tarde, hasta que intento parecer más valiente de lo que me siento - Soy Benedict Desmond Franco - recito como me enseñaron a decir mi nombre, como si estuviese anunciando el de algún famoso o algo así - pero papá me dice Ben y mamá me dice Bennie... ¿tú quien eres? - es obvio que es la hija del dueño de la casa, la niña que mamá me dijo que había en éste lugar.

Me separo un poco de mueble, aunque mis dedos se siguen aferrando a éste como si fuese la zona segura de la cocina, mientras la examino de pies a cabeza - no eres tan fea como creí que serías - confieso, porque la única niña que me parece bonita y buena es Melanie y seguramente eso es solamente porque es mi hermana, aunque a veces también es odiosa y tonta. La verdad es que no me molestaría jugar con ella y, ahora que lo pienso, dos niños trabajan mejor que uno cuando es hora de robar pasteles. Vuelvo a acercarme a la mesa y me asomo por ella, olfateando el aroma de la manzana y de la harina cocida, lo que vuelve a hacerme agua la boca de tan solo recordar lo crocante que es - mi mamá quería venir a darles la bienvenida y les trajo éste pastel, pero los adultos siempre se dejan los dulces para más tarde y yo tengo hambre ahora - le explico, aunque me guardo que en realidad el hambre viene desde antes pero que solamente me lo aguanté para no parecer tan llorón - yo vivo enfrente. La casa que tiene muchos juguetes y adornos que hacen ruidito en la entrada - rodeo los ojos porque es obvio que la tiene que haber visto, porque para mí mi casa es la mejor de todo el distrito y nadie puede ignorarla.

No pierdo más tiempo y me estiro hasta que mis dedos rozan la bandeja del pastel, por lo que salto levemente y puedo arrastrarla hasta el borde de la mesa. Con mucho cuidado, bajo la torta, que se tambalea en mis brazos un momento mientras intento escuchar a los adultos, pero parecen estar lejos, así que miro a la niña - ayúdame con ésto. ¿Dónde podemos comerlo sin que nos vean?- le susurro, como si estuviese tramando un secreto de importancia mundial. Bueno, casi la tiene.


me antojaste y me copio (?) ben de mas pequeñon:
Benedict D. Franco
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Sophia A. Niniadis
Consejo 9 ¾
Miro al niño con el ceño fruncido, parece como si hubiera visto a un monstruo o un fantasma, obviamente yo no pude haberle causado esa expresión porque papá siempre dice que sólo lo hago sonreír y que nunca podría hacer que se apartara de mi, así que seguro se imaginó alguna otra cosa. Tiene justo la cara que yo pondría de haber estado haciendo algo malo y que de pronto mam... papá me viera. Me cruzo de brazos delante del niño y lo miro directamente. Cuando se presenta asiento y pienso unos segundos en si debería agarrar su mano y moverla de arriba a abajo como hacen los adultos cuando se conocen... No creo, esas cosas son de personas grandes, además no tiene sentido hacerlo, es mejor sólo decir tu nombre y esperar a que los demás te digan el suyo, es más fácil y así de más tiempo para jugar después. - Yo soy Sophia, mi segundo nombre es Alissa y me apellido Dawson, pero papá me dice Soph, igual me puedes decir como se te haga más fácil. - Mis nombres no son tan difíciles como los de otros niños y yo pienso que son muy bonitos los dos, claro que prefiero Sophia. - Te diré Ben ¿Está bien así o prefieres que te diga Benedict? - Pregunto porque algunos niños prefieren que les digan por su nombre completo y a otros no les gusta alguno de sus nombres.

Aparto mis manos y comienzo a jugar con mi cabello tratando de ocultar mi interés por el postre que está encima de la mesa. Escucho las palabras no, tan y fea y hacen que toda - ¡¿TAN FEA?! - Doy unos pasos hacia adelante y lo veo de arriba a abajo. - Pff, ni que fueras un príncipe azul, en cambio papá dice que yo soy una princesa. - Comento indigna y vuelvo a cruzarme de brazos viendo para otra parte. En este punto no me importa que papá me escuche gritar por que ha dicho que "no soy tan fea" ¡¿Qué le pasa?! Me olvido de lo que ha dicho cuando menciona el pastel y me pongo de puntitas. - Suena bien... excepto que comerlo hasta más tarde. - Asiento cuando dice lo de su casa aunque realmente no me he fijado tanto en su casa... con trabajo me he encargado de desempacar mis cosas...

Veo como agarra el pastel y niego un poquito, papá me regañaría justo ahora... Pero es pastel y huele muy rico, se ve sabroso, yo... - Sígueme. - Dicho ésto me pongo en dirección a mi cuarto con el atrás trayendo el pastel, lo único es que ahora también tendremos que darle pastel a Eva porque no podemos comerlo solo nosotros, eso sería muy cruel y ahora que Eva es parte de la familia temporalmente no puedo hacerle eso. Cuando llegamos a mi cuarto hago que deje el pastel en mi cama y el pajarito nos ve con curiosidad. - Ahora... ¿Cómo lo dividimos? Igual hay que incluir a Eva, es mi pajarito, la encontré hoy. - Señalo al ave y luego miro a Ben esperando a ver que dice, seguro se asombra por mi mascota nueva, y es que en serio, es muy linda. Ya quiero hacer su casita, tal vez Benedict me pueda ayudar a diseñar la nueva casa del ave, digo, yo no se dibujar muy bien pero si el puede podría pedirle ayuda.
Sophia A. Niniadis
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Repito por lo bajo su nombre un par de veces, como si de aquel modo pudiese aprenderlo de memoria y así no olvidarlo el nunca de los nuncas. Sophia Alissa Dawson, o Soph. Suena al nombre de alguna niña de algún cuento o alguna de esas cosas que le gusta a Mel, como sus pelis de chicas y esas cosas que me hacen pensar en el color rosa - Ben está bien. Benedict es muy largo y Bennie es de bebé o de niño bobo - eso es lo que dicen los chicos de la escuela y aunque todos me dicen que no los escuche, no es tan sencillo, en especial cuando me lo repiten todos los días desde que empecé a ir a clases. Melanie dice que esos chicos tienen cara de sapo y que algún día el coco se los va a comer por malas personas o que Santa jamás les dará regalos, pero no estoy seguro de que eso me haga sentir mejor.  Pero Mel es más grande que yo por algunos minutos y estoy seguro de que es más lista.

Su grito me asusta y doy un bote en mi lugar una vez más, e inmediatamente me llevo los dedos a los labios diciendo "shhh" porque no quiero que nuestros papás vuelvan y nos encuentren con las manos en la masa. No puedo evitar rodar los ojos ante sus palabras, como si yo fuese mucho más grande y más maduro que ella - todos los papás dicen eso. Mamá dice que soy precioso y un niño dijo que parezco un renacuajo, así que debo pensar que mami lo dice porque me quiere mucho y nada más - los papás están obligados a decirnos cosas lindas, pero la gente que no nos conoce nos dice lo que ven, es... ¿cómo era esa palabra que usa papá siempre? ¿"Lógica"? Sí, es esa.

Una felicidad extraña me llena de pies a cabeza cuando me dice que la siga y lo hago sin protestar, tambaleándome ligeramente bajo el peso del pastel hasta llegar a su habitación, que parece estar más ordenada que el resto de la casa porque de seguro se puso a trabajar en ella apenas llegó. Dejo el pastel con cuidado sobre la cama como me indica y no tardo en treparme a ella, rebotando un poco en el colchón, que parece ser muy cómodo. Estoy por responder su duda cuando dice lo del pajarito y volteo la cabeza, fijándome en el ave que parece estar entre asustado y curioso por nosotros - ¿tiene el ala rota? - pregunto, porque todos los pájaros que caen en casa y nosotros cuidamos están lastimados, sino se van volando. Tomo un pequeño trozo de la crocante cubierta y me estiro para que pique de mi dedo y no tarda en hacerlo, lo que hace que sonría - ¿cómo sabes que es "ella" y no "él"? Dices que se llama Eva pero podría ser Evo. Para mí tiene cara de niño. - le digo, mirándola como si no hubiese tenido en cuenta lo más importante - ¿o acaso le andas levantando las faldas a los pajaritos?

Me río de mi propia ocurrencia y niego, notando como el bichito me ha dejado el dedo limpio, de modo que me centro en la tarea más importante - Podemos comer mitad y mitad. Los pájaros comen migajas, o eso me enseñaron. Nunca vi a un pájaro comer algo muy grande... - hundo mis dedos en el pastel y arranco un trozo, llevándomelo a la boca y saboreándolo con gusto - Mi mami es la mejor cocinera. ¿Tú mami cocina pasteles también? - le pregunto, mirando hacia la puerta como si su madre fuese a aparecer y darme la respuesta. Entonces me doy cuenta de que no la he visto por ningún lado y le echo una mirada a Sophia, preguntándome si he dicho algo que está mal.
Benedict D. Franco
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Sophia A. Niniadis
Consejo 9 ¾
Asiento cuando dice que lo llame Ben y no Benedict, será más fácil así porque "Ben" sólo tiene tres letras y "Benedict" tiene... Mmmm... uno, dos, tres... ocho! Tiene ocho letras, una gran diferencia. En el momento en el que me hace un gesto para que deje de gritarle suelto un bufido y lo miro con cierto enojo por haberme dicho "no tan fea" y luego decir que los padres están comprometidos a decir que somos bonitos. - No tienen porque decirlo sólo porque nos quieren, pero yaaaaa. - Dejo el tema de lado porque no quiero enojarme mas y que al gritar venga papá corriendo justo cuando robamos el postre de la mesa.

Cuando llegamos a mi cuarto poso la vista sobre el pastel y me relamo los labios, se ve que está muy bueno, ya quiero probarlo. Me le quedo viendo un rato mas hasta que Ben me habla y dirijo mi vista a él asintiendo levemente a lo que pregunta con respecto al pájaro. - Eso creo, papá dijo que la cuidaremos hasta que se cure, yo espero que tarde en curar para que se quede conmigo muuuucho tiempo, aunque tampoco quiero que sufra mucho. - Comienzo a pensar que papi me dijo que se podía quedar sólo porque en algún momento su ala sanará y podrá irse. ¡No señor! Yo no quiero eso porque ya había hecho muchos planes, pero aún así no puede quedarse por siempre... ¡¿O si?!

- Es obvio que es Eva y no Evo porque... Pues porque si, se nota que es niña. Además Evo no suena bonito. - Comento rápida ante lo que dice y ruedo los ojos un poco. Cuando me dice lo de las faldas no puedo evitar verlo con gesto raro. - ¿cómo se te ocurre? - Niego levemente pero termino por reír porque realmente me ha causado gracia lo que ha dicho. Mis ojos se posan muchas veces en el pastel y dejo que Benedict le de parte su pan a Eva, como no come mucho quedará más para nosotros, sólo me preocupa lo que papá me vaya a decir, aunque en cualquier caso podemos decir que entró un gato y lo comió... Si, seguro que nos creen si les decimos eso.

Miro fijamente como Ben arranca el pedazo de pastel y lo come y hago lo mismo, sólo que agarro una parte más pequeña. Saboreo cada parte del pan lenta y concentrada, en verdad es delicioso, no imaginé que estuviera tan bueno. Comenta lo de su madre y me encojo de hombros levemente. - Es muy rico en realidad... - Hago una pausa tragando grueso cuando pregunta por mi madre. - Ella... - No sé como continuar hablando. Dejo el pedazo de pastel en la bandeja y bajo un poco la cabeza. No le puedo decir que se fue, eso sería muy feo... Yo no quiero recordar que mi mami no estará a partir de ahora, y hacerlo ahora sólo provocaría mi llanto. - Sólo somos papá y yo. - Papi y Sophia, sin mami. Se que se fue por alguna razón, también se que nos quería mucho y no planeó que nos sintiéramos mal, sin embargo, ahora me será difícil lo que antes ella me explicaba, me gustaría poder abrazarla y decirle que es la mejor mamá del mundo porque para mi es la mujer más hermosa que pueda existir, espero que algún día vuelva. Es por eso que peleé tanto con papá cuando dijo que nos mudaríamos, porque ahora si mamá piensa volver no nos va a encontrar y eso sería un problema para todos. - El pastel está rico. - Comento para cambiar de tema y vuelvo a agarrar mi parte.
Sophia A. Niniadis
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Lo bueno de los pajaritos es que parecen saber curarse solos, porque nunca hemos tenido que hacer más que darles agua y migajas para ayudarlos hasta que ellos desaparecían, aunque Shamel suele decir que seguro los gatos de los vecinos se los comen y que sus milagrosas mejoras son una mentira de nuestros padres. Como Mel se pone triste y a mí no me gusta esa versión, prefiero creer que nadie miente y que de verdad ellos siguen vivitos y volando por ahí. Por un momento creo que Sophia va a golpearme por pensar que Eva es Evo, pero entonces se ríe y yo me río con ella sin poder evitarlo, algo satisfecho de mí mismo por haber logrado que una niña se ría. Creo que la única chica que ha reído conmigo es Melanie y no cuenta porque es mi melliza.

Todo se vuelve raro cuando le pregunto por su madre, porque no parece contenta como hace un momento y se preocupa más en comer el pastel que en contestarme, lo que me llena de curiosidad y logra que me incline un poco más hacia ella, como si la invitase a contarme un secreto. Pero lo que me confiesa no me gusta y creo que está triste, así que me quedo callado y miro hacia otro lado porque yo odio cuando los niños me miran cuando no estoy feliz y siento que quiero desaparecer. Mamá siempre dice que si alguien no quiere hablar uno no debe presionar para que lo haga, sino dejar en claro que estará allí para cuando el otro lo necesite, por lo que estiro la mano y palmeo suavemente la suya de una forma que creo que es más que suficiente – lo siento – murmuro, aunque dudo que pueda escucharme.

Sophia se pone a hablar del pastel otra vez y yo aparto la mano, asintiendo y haciéndome con un nuevo trozo que llevo a mi boca del modo menos fino posible – claro que está rico… si hasta a Eva-Evo le gustó – digo con una sonrisita, seguro de que me va a chillar como loca por seguir diciendo que el ave puede ser niño. Sacudo las migas, volviendo a echarle un vistazo alrededor, mientras intento encontrar la forma de que no piense en su mami, porque no tengo ganas de verla triste. No soy bueno con la gente triste porque nunca sé que decir y me acabo escapando – parece que tienes muchas muñecas. A mi hermana le encantan las muñecas – le cuento, volviendo a mirarla y sonriendo – se llama Melanie y es mi melliza, aunque ella es más grande que yo. ¿Sabes que cuando nací casi me muero? Se me había enroscado el cordón umi..um… umbilical a la garganta y tuvieron que operar. ¿No es genial? – abro grandes los ojos, porque la simple idea de pensar en ello me parece tan emocionante como las pelis donde no sé si el protagonista va a vivir o a morir, aunque papá siempre se ríe porque dice que no tengo que preocuparme porque los héroes nunca mueren – Melanie seguro quiere ser tu amiga. Ella es amiga de todo el mundo – hago un movimiento con la cabeza que deja bien en claro que estoy orgulloso de mi hermana mientras estiro la espalda, dejando que mi vista se concentre en la caída de su cabello rubio – Shamel tiene once y es el mayor, así que vive yendo a pescar con papá y lo ayuda en su taller… - hago un par de dibujitos invisibles con los dedos sobre su acolchado y, cuando me canso, me bajo de la cama, comenzando a pasear por el cuarto, hasta que tropiezo con una pila de mantas que parecen limpias y listas para guardar - ¡tengo una idea! – chillo, dando un saltito – podemos armar una tienda con las sábanas y escondernos dentro, entonces podemos comer y cuando entren, el pastel será fácil de esconder…¿entiendes? – la miro, cargado de emoción, porque la idea de mantener nuestro secreto se me hace tan genial como si me dijesen que debo buscar el tesoro de un dragón.
Benedict D. Franco
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Sophia A. Niniadis
Consejo 9 ¾
Niego cuando se disculpa. - No has dicho nada malo... - Comento también en un susurro y agradezco que me palmee las manos, me hace sentir más aliviada, no sé por qué, pero así es. Al fin y al cabo no es culpa de ningún niño que mi mami ya no esté con papá y conmigo, sólo fue una de esas cosas de adultos que nunca lograré entender del todo. Aunque ellos tampoco me entienden, trato de hacer como si no hubiera nada malo conmigo, ¡En serio lo intento! Pero creo que papá ya se dio cuenta en que los pocos amigos que tenía ya no están y que pronto acabaré como una de esas niñas con problemas como las que muestran en algunas de las novelas que veía mi madre. Ahora en cambio, me ha consentido como nunca como si quisiera devolverme algo... Peluches nuevos, muñecas bonitas ¡Incluso decoró mi cuarto como yo quise! No me molesta para nada, claro, pero los juguetes no se comparan con mamá. Preferiría vender todos mis juegos, o regalarlos, a lo mejor así se da cuenta de que sólo la quiero a ella y hace que vuelva.

Sonrío poquito cuando dice lo del pájaro. Vamos, Soph, no te puedes poner a lloriquear justo ahorita que está tu vecino nuevo aquí, luego pensarán que eres una llorona. - Ya te dije que no es Evo. - Hago una mueca muy poco notoria pero me encojo de hombros, supongo que no importa cuántas veces le repita que el ave es obviamente niña, él le seguirá diciendo Evo... ¡Ese nombre suena horrible! Además Evo al revés es "Ove", y ove no es una palabra, en cambio, yo pensé en Eva porque es "Ave" y ave si es una palabra, y una muy bonita además de todo. Agarro otro pedazo de pan y lo muerdo con fuerza, está taaaan delicioso, creo que podría comerlo todo... No, debo compartir la mitad con mi compañero de robo. Volteo a ver de reojo a las muñequitas que están acomodadas por todo mi cuarto y asiento con la cabeza. - Mi papá me compró unas nuevas hace poco. Ya veo, tal vez un día puede venir y jugar conmigo, a mi me gustan muuuucho las muñecas, esa se llama Sara. - Sonrío señalando la muñeca con cabello rojo y que lleva dos coletas con un moño y una mochila azul. Me agrada la idea de jugar con otros días, así papá no estará preocupado por mi y será como antes ¿No?

Escucho lo que dice con atención y pongo cara de espanto cuando me cuenta su historia. - ¿Cordón umbili... eso? - Pregunto sin entender del todo a que se refiere, seguro debió ser feo. - Ya veo... ¡Eres como un sobreviviente! Estás marcado con algo que te hace interesante, hace tiempo me hicieron leer un libro donde un niño casi muere pero se salvó y luego todos pensaban que era genial, debes ser como ese. - Le cuento con emoción recordando la historia, apenas estoy aprendiendo a leer y la maestra nos había contado ese cuento pero me pareció muy bueno, aunque sigo sin saber que significa lo que dijo antes, creo que entiendo a qué se refiere. Sonrío cuando dice que me llevaré bien con su hermana, en verdad espero que así sea. - Yo no tengo hermanos. - Confieso un poco triste. - Papá dice que iba a tener una hermanita pero no sé que pasó, seguro que es genial tener hermanos... ¿Lo es? - Pregunto viendo como se levanta y tropieza con mis mantas.

Me acerco a él y entonces comienza a hablar. - ¡Eso es genial! Además será divertido... Mmmm... Hay que preparar las cosas antes de que vengan. - por "antes de que vengan" me refiero obviamente a nuestros padres, será divertido como jugar a misiones, no sé, tal vez después de todo pueda hacer un amigo hoy.
Sophia A. Niniadis
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Me hincho de orgullo cuando dice que debo ser genial como los niños de los cuentos y asiento cuando en realidad, probablemente nadie piense en mí de esa manera – algún día seré un héroe y todo el mundo me aplaudirá y me regalarán cosas geniales – digo con entusiasmo, porque siempre me gustó la idea de hacer algo estupendo como salvar a un perrito o algo así y que todo el mundo te tenga respeto; además, los niños de la escuela dejarían de molestarme y me respetarían y yo les enseñaría que puedo ser mejor que todos ellos. Quiero ser un héroe como papá y como Shamel, que todo el mundo los quiere porque viven ayudando a los demás y arreglan las cosas como si fuesen los más genios del país; tal vez lo son y me lo están ocultando.

Asiento entusiasmado y me acerco al escritorio, tomando la silla y volteándola – ayúdame, vamos – le insisto, comenzando a tirar de las mantas. Engancho algunas en el borde de la cama, las enrosco con el respaldar de la silla y tomo una lamparita pequeña que meto dentro de la tienda; no tardo mucho en buscar algunos almohadones y tirarlos también dentro, chequeando que el suelo sea cómodo como una cama. Tomo la torta y entro, acomodándola en un rincón, sintiéndome seguro y, al encender la luz, siento que éste es un mundo completamente nuevo – Ha quedado más genial que la tienda de campaña que armó Hugo Sanders en su jardín – comento, asomándome por la unión de las sábanas para poder mirarla – deberías entrar, se está genial… - me relamo un poco, recordando que no le contesté su duda y alzo mis hombros – a veces odio a mis hermanos y otras veces los quiero mucho. ¿Por qué no vas a tener a tu hermanita? ¿Te portaste mal? – dicen que en navidad se dan regalos solamente si te portas bien y tal vez en este caso es igual, pero la verdad es que nunca lo pregunté. Pero como Sophia parece algo triste con el tema, le hago señitas con las manos y me vuelvo a meter, dejando así el espacio para que entre – podemos mantener siempre una tienda armada y usarla como escondite para que nadie nos encuentre, traer golosinas y cosas así. Hasta puedes dejar a la muñeca Sara adentro si quieres. Sería nuestro lugar secreto en el mundo y nadie puede saber lo que decimos aquí dentro o el que abra la boca tendrá que comerse la popó de Eva – la miro con la cara que usa mamá para decirme que debo portarme bien o me quedaré sin ver televisión, para después reírme de mi propia idea. Si Sophia se cree ese chiste seré un genio.
Benedict D. Franco
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Sophia A. Niniadis
Consejo 9 ¾
Sería estupendo que los otros niños piensen cosas geniales de mi, que quieran estar conmigo todo el tiempo y hablen de algo que me haya marcado como a Benedict, seguro que tiene muchos amigos. - Yo igual seré héroe, o bueno héroe pero en niña, como papá. Aunque el no es niña, como sea, es un héroe y de los mejores. Deberías conocer a mi papá, es de los papis más buenos. - Sigo el tema de los héroes y esas cosas pero me desvío con admiración al hablar de mi padre. Tendría que decir que quiero ser como mamá, porque ella sí es niña,  pero los héroes no suelen desaparecer a menos que tengan una identidad secreta y no creo que sea la razón por la que ya no está... ¡O quién sabe! A lo mejor me está preparando una sorpresa para mi cumpleaños.

Ayudo a Ben pasándole las mantas necesarias para armar la tienda y las amarro al lado contrario donde amarra las suyas. Ya quedó, creo que hicimos un buen trabajo, ahora si buscan el pastel le será difícil encontrarlo. Seguro que papi estará feliz de ver que me estoy llevando bien con Benedict y le gustará la tienda que estamos haciendo. Justo cuando llegamos a la nueva casa, mi papá y yo montamos una de estas pero con mantas más gruesas y más grandes, en la sala, como aún no teníamos todos los muebles nos instalamos unos días ahí y jugamos con todas mis muñecas, fue taaaan divertido. Esta carpa no es igual a la que hice con mi padre, pero se le acerca y como he ayudo a montarla pues quedó genial, obviamente, se me da bien esto.

Cuando me dice que entre asiento aunque no me puede ver porque está dentro. Agarro a Eva y al hacerlo chilla así que me apresuro a entrar y dejarla en medio. - A Eva también le gustó. - ¡Se ve genial! Me encojo ligeramente de hombros cuando pregunta si me he portado mal. - Yo me porto bien, pero creo que mamá se la llevó en su barriguita. - Hablar de mi madre no me resulta tan pesado como antes pero al hacerlo siento como si tuviera un limón en la garganta por lo que hago unos ruiditos para aclarármela. La idea que propone me emociona, excepto por la parte de la popó, pienso que sería maravilloso tener un escondite. Podríamos meter algunos juguetes y escondernos aquí cada vez que no estemos de humor o nuestros papás estén enojados, no nos encontrarían... O bueno, no sabrían que hacemos o que decimos. Sonrío asintiendo con la cabeza. - Ok, pero si va a ser "el lugar secreto" hay que prometer no decir nada de el a nadie... Júralo o tú comerás el popó de... ¡¡La llamaste Eva!! ¡Ves! Te dije que era Eva. - Hago un movimiento con mi meñique poniéndolo en alto para que lo estreche y así jurar que nadie sabrá de lo que pase en este sitio y justo después chillo satisfecha porque ha dicho "Eva" y no "Evo" como antes, lo que indica que yo tenía razón, lo sabía.
Sophia A. Niniadis
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Escucho un ruidito chillón y puedo apostar todos los caramelos del mundo a que ha agarrado al pajarito, lo que se hace realidad cuando la veo entrar a nuestra tienda y lo deja en el medio de ambos, de modo que tomo otras pocas migajas y se las acerco, sintiendo como el pico golpea contra mi dedo de un modo que me provoca cosquillas y me muerdo los labios para no dejar salir las risitas. Igual me callo por completo cuando me cuenta que su mami tenía a su hermanita en la barriguita y hago una pequeña mueca al torcer la boca, sin saber muy bien qué pensar de eso - tal vez tu mami se fue a cuidar a tu hermanita a un lugar especial para bebés y por eso no está aquí contigo. Los padres siempre hacen cosas raras - sugiero, apartando el dedo del ave para que no me picoteé de más porque ya se me acabó todo y sigue dando saltitos como si así pudiese conseguir más.

Estoy por decirle que no soy capaz de abrir la boca sobre un secreto que yo mismo propuse, cuando me acusa de darle la razón y pongo mis ojos en blanco como hace Shamel siempre que le digo algo que él considera de niñato, aunque después suele seguirme el juego - le dije Eva porque si le decía Evo seguro te pondrías a llorar o me pellizcarías o me pegarías tus mocos - explico, viendo como levanta el dedito chiquitito y le sonrío de inmediato porque sé muy bien qué significa. Quiere decir que ahora tengo una nueva amiga, que podré contarle los secretos a alguien que no se encuentre en mi casa y que tengo un lugar a donde correr cuando no tenga a dónde más ir. No sé bien por qué, pero siento un cosquilleo divertido en el estómago que me llena de felicidad y algo que me hace querer saltar en una pata.  No lo dudo que ya estoy enganchando el meñique al dedo de Sophia, sellando de esa forma que ahora vamos a ser mejores amigos para toda la vida y los años de los añares - Hecho, lo juro. Mañana puedo regresar y traer más cosas para decorar nuestra carpita, pero...

Me quedo callado cuando escucho la voz de mi madre llamándome desde la otra habitación y pego un pequeño salto que logra que me choque con la parte trasera de la silla que usamos para sostener la tienda, por lo que creo que Eva se asusta porque empieza a piar mucho más seguido - ¡estoy aquí, mamá! - aviso, asomándome por la tienda justo cuando veo que ella abre la puerta de la habitación y tarda un momento en darse cuenta de donde me encuentro. Abre grandes los ojos y se ríe, negando con la cabeza - Bennie... ¿Has visto el pastel? - me pregunta, alzando una ceja de sospecha. Yo me incorporo y pongo mi mejor cara de no saber nada, encogiendo mis hombritos delgados que parecen de pollo según el abuelito - Nop. Tal vez entró un perro por la ventana y se lo comió. O uno de los gatos de la señora Figgins - ella me mira un momento y estoy seguro de que se lo ha creído, porque es una gran historia. Revolea los ojos y me hace una seña, diciendo que es momento de que nos vayamos para dejar que los Dawson se instalen con mucha más comodidad y que podré volver cuando quiera.  Yo asiento y me vuelvo a Sophia, sonriendo - te veo mañana. Cuida a Eva y a... ya sabes qué - abro grandes los ojos para dejar bien en claro que  hablo del pastel - prometo traer más cosas para nuestra tienda y no faltar a ninguna cita de juegos - porque se supone que eso hacen los amigos; incluso están ahí cuando se trata de robar pasteles o cuidar un pajarito con el ala rota.

Nos despedimos de los Dawson y salimos a la calle, aunque no puedo evitar hacer algunos morritos porque les dejamos el pastel y mamá tiene que decirme que era para ellos de todas formas - ... además, veo que te hiciste una nueva amiga. Puedes invitarla a tomar la merienda,  a enseñarle el taller... - asiento una y otra vez a todo lo que dice mamá hasta que llegamos a la puerta de casa, pero no entramos porque escuchamos los gritos alegres que nos llaman desde la otra punta de la calle. Se ve que papá pasó a recoger a Mel porque ambos vienen corriendo hacia nosotros, con Shamel siguiéndolos de cerca y cargando con una cesta de pescados, y yo no puedo evitar ir trotando hacia ellos porque quiero que me cuenten todas las cosas geniales que hicieron mientras yo no estaba. Papá me alza y me sienta sobre su hombro mientras yo me sujeto del cuello, envidiando a Shamel por todas las historias que está contando mientras ingresamos a casa, riéndome de los chistes de Melanie y casi protestando por las peticiones de mamá de ponernos a hacer la cena, pero aún así no puedo evitar pensar que son mi familia, y los quiero mucho. Y siento pena por Sophia, porque ella merece tener una mami y hermanitos con quienes jugar.
Benedict D. Franco
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