The Mighty Fall
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OTOÑO de 247221 de Septiembre — 20 de Diciembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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2 participantes
Seth K. Niniadis
Fugitivo
Moverse por Neopanem no resulta difícil cuando hay uno como tu en el Capitolio que tiene una vida diferente y lejos de los rebeldes. Imitar su ropa es otra cosa, sin embargo la cosa mejoró bastante cuando pasé por la casa de Tío Andrew para cambiarme y al menos parecer decente y no llevar la porquería que tengo que ponerme desde que vivo en el distrito 11. Hablé con él un buen rato de miles de cosas distintas, entre ellas que Jared es un idiota cuando quiere y que mamá está enferma. He llorado mientras se lo decía y él me ha arrumado en sus brazos mientras tanto, son demasiadas cosas las cuales asimilar cuando tienes 14 años y jamás habías estado caminando constantemente al borde entre esa delgada línea de lo que era fácil y lo que era difícil. Era fácil estar en el cole todos los días a su hora, ir a trabajar por las tardes al bar y luego quedar con los amigos a media tarde antes de que anocheciera. Era difícil pensar en el dolor que debía sentir mamá cuando perdió a dos de sus hijos el mismo día. Era fácil tener todos los días algo que comer. Es difícil asimilar que mamá ha estado, más de una vez, a punto de morir.

Pero al final me he calmado y luego no hemos hablado de lo mucho que lloré, ni de ese momento de debilidad que me permití. Entonces decidió que necesitaba un respiro y como no estaba muy dispuesto a dejar que me marchara, con un poco de ayuda de su novia consiguió un conjunto de ropa increíblemente pijo, lo suficiente como para pasar por alguien de clase media del capitolio; luego nos metimos en un tren de camino al distrito tres que siempre me ha gustado por el montón de cacharros alucinantes que puedes encontrar allí, pero lo retenes de la carretera en busca de rebeldes nos dejaron en el cuatro. Nos las arreglamos para que nos dieran un tiempo, para que nos permitieran separarnos del resto, todo el mundo está dispuesto a dejar ir a un niño que está a punto de vomitar sobre un agente de la paz.

Al final cambiamos de planes y decidimos que en vez de viajar al 3 iríamos a la playa del 4, sin embargo mi tío Andrew nunca ha sido muy bueno orientándose y hemos acabado en el distrito comercial. - Al menos podremos comprar vestidos de baño - Había dicho, y entonces se había perdido en una de las tiendas mientras yo le esperaba fuera encogido de hombros y usando una cachucha para taparme media cara. Meto las manos dentro de la chaqueta aguantando el horrible frío que trae el viento de los distritos del norte y mirando la estantería de una de esas tiendas donde venden diferentes tipos de cosas para adornar las mesas. A la izquierda hay unos retratos, que intentan hacer semejanza a los típicos que hay en una casa y que contienen fotos de diferentes familias, todas fingiendo tener una vida perfecta; a la derecha varias cajas de música, algunas de ellas dando vueltas probablemente creando melodías dispares que se sobreponen; en el centro de todo diversos peluches ubicados de modo estratégico para que parezcan estar casi en orden.

Nunca tuve ninguna de esas cosas, excepto un retrato feo, la única foto que tenemos de mamá cuando estaba en casa. En ella sale Jared, mi madre, mi tío andrew y cada uno de ellos con un bebé en brazos. Somos tan pequeños por entonces que cada vez que recuerdo esa foto me entran ganas de llorar. Esa foto representa muchas cosas. Una familia que tuve y ya no existe, una madre que perdió a sus hijos, un hijo que perdióa sus hermanos, una familia perfecta que se rompió en miles de pedazos. Incluso a pesar de lo mucho que nos parecemos yo soy capaz de distinguir quien de esos bebes era yo, y quienes eran Sinhué o Silván. Eso lo hace todavía más horrible. Es la misma foto que rompí la última vez que tuve un arranque de ira irracional cuando me enteré de que tío andrew había aceptado que me mandaran al reformatorio.

Suelto un suspiro amargo y giro mi cabeza hacia el chico parado a mi lado. Retrocedo un paso alejándome de él por completa inercia. Ha salido de la nada, hace tres segundos solo estaba yo perdido entre mis pensamientos, pero ahora es evidente que alguien ha, prácticamente violado mi espacio vital, sin que yo me diera cuenta. - ¿Qué quieres? - Espeto bruscamente antes de que pueda decidir si es un amigo, enemigo o simplemente un desconocido que está mirando el escaparate. Hago una mueca cuando me percato de que sus ojos no me miran a mi, sino a las cajas de música. Sigo su mirada y luego vuelvo a él, de pronto todo cobra sentido. Es el vencedor de los juegos que estaban en curso cuando todo estalló. Recuerdo esa caja de música, recuerdo a su hermana, recuerdo como murió y como mató él a la chica que la asesinó. - Lo siento - Murmuro, aunque por un instante no sé si me disculpo por la brusquedad con la que le hablé o por lo de su hermana. En todo caso no lo pienso demasiado, no importa. Un lo siento no le devolverá a su hermana así que da lo mismo.
Seth K. Niniadis
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Es peor de lo que hubiese imaginado, y eso que gasté mucho tiempo preguntándome cómo será estar en el lugar donde crecí cuando ya no me parezco a mí mismo. Me doy cuenta de que la gente me mira y habla entre susurros, algunos parecen tenerme miedo y otros, algo que se parece a la pena. Los más valientes o los más considerados, aunque no tengo idea de cual es la diferencia en este caso, son los que se me acercan a felicitarme o a darme sus condolencias. Siento palmadas en la espalda pero no me fijo de quienes son, porque estoy más preocupado en avanzar por las calles para alejarme rápidamente de la zona de la escuela, mientras intento limpiarme el puño derecho, que muestra algunos manchones rojizos. Si la gente se entera de lo que hice, probablemente las cosas empeoren y mis médicos se enterarán y no quiero que se enteren porque ya he tenido suficiente, incluso cuando sé que esto acaba de comenzar.

Uther Sanders es un chico de dieciséis años que ha gastado toda su infancia en fastidiarme y siempre he creído que es más ancho y más alto que mi ropero, cosa que ha empeorado con el tiempo y estoy seguro de que podría quebrarme como a una rama si tuviese la oportunidad. Siempre andaba rodeado por un grupito de amigos estúpidos, pero hoy tuvo la desgracia de toparse conmigo estando completamente solo, en la puerta de la escuela a la cual visité para saludar a la señorita Marin, la única profesora que alguna vez me gustó. Ella me regaló unos dulces que pensaba comer luego, pero él tuvo la "brillante" idea de quitármelos y decirme que soy un llorón como mi hermana muerta y que ella se ha muerto porque no hice otra cosa que llorar.  Lo detesté, quise golpearlo, pero lo que me convenció de hacerlo fueron aquellas palabras... "llorabas porque querías irte con la mami que no tienes"... supongo que Uther Sanders aprendió que no hay que meterse con personas que han matado a otras personas. Que mi puño se estrelló muy bien contra su cara hasta que su nariz sangró y algunos maestros tuvieron que salir a detenerme. Y que me fui corriendo antes de que llamen a mi padre, porque no quiero darle más sustos, aunque probablemente ya sepa lo que ha ocurrido.

Yo nunca fui violento y más bien optaba por esconderme de los brabucones, pero tengo que empezar a acostumbrarme a la idea de que ya no soy Bennie Franco y que pasé a ser simplemente Benedict, el Vencedor del Cuatro. Abro y cierro los dedos, descubriendo que los nudillos me duelen, mientras camino pegado a las tiendas de la zona sin prestarle atención a ninguna. Es esa música aguda e infernal la que detiene mi corazón de un salto y me encuentro mirando a todas partes, porque sé que está ahí, que miraré al suelo y veré el cuerpo de Melanie lleno de sangre junto a una cajita musical que quiero destruir a patadas.  Giro la cabeza y las veo, allí apoyadas sobre un mueble, del otro lado del vidrio de una tienda y girando en diferente sintonía, casi burlándose de mí. Avanzo hacia ellas, sin fijarme en mis alrededores, y mis manos se apoyan contra el cristal, como si de aquel modo pudiese alcanzarlas. Casi puedo escuchar su voz, diciéndome "mira que bonitas que son, Ben... podemos comprar algunas y decorar nuestra habitación y  regalarle una a papá, otra a la señora Figgins..."  

Pero la voz de Melanie es interrumpida por otra que no conozco, que primero parece querer apartarme del camino y luego, creo que se está disculpando por algo que no entiendo porque la verdad es que no me importa. Cuando mis ojos pueden despegarse de las cajitas musicales, ya que algunas se han detenido, giro la cabeza para ver al chico que está a mi lado. Es más alto que yo y tiene ojos muy grandes, la clase de rostro que no olvidaría pero que tampoco puedo recordar haber visto en mi distrito. Algo me dice que me ha reconocido, pero no debería sorprenderme. Mi cara ha estado las 24 horas en televisión los últimos meses hasta hace  algunos días - no te disculpes. Yo... no estabas haciendo nada... -- murmuro entre balbuceos que creo que apenas se escuchan y acaricio mis nudillos enrojecidos con la mano contraria, dando un paso hacia atrás para apartarme del local - son unas cajitas muy bonitas y deberías comprarlas. ¿Conoces al señor George, el dueño de esta tienda? Es un gran artesano. Siempre le compramos los adornos de Navidad... -  sé que estoy divagando y por alguna razón, no quiero mirarlo, por lo que observo mis dedos como si fuesen interesantes. La piel me arde allí donde ha recibido los golpes y niego con la cabeza, haciendo un amague para marcharme porque la música de algunas cajas siguen sonando y me están volviendo loco, haciendo eco en mi cerebro. Algo más fuerte que yo me impulsa a que me tape los oídos con fuerza, cerrando mis párpados firmentente mientras deseo que se apaguen de una buena vez.
Benedict D. Franco
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
Recuerdo la tarde en la que murió Sinhué, estaba en la casa mientras el médico iba de un lado a otro en la que antes era nuestra habitación y ahora solo ocupo yo. Mi madre lloraba, mi tío Andrew la abrazaba, Jared estaba contra la ventana y nadie me explicaba porqué no podía verle. Entonces murió y todo el mundo empezó a disculparse por ello como si un Lo siento solucionara todos los problemas. Días después Silván empezó a presentar los fallos de la memoria que cada vez se fueron deteriorando más y más hasta que intentar recordarnos le suponía unas crisis que podrían matarlo. Yo tenía 6 años por entonces, quizá menos, ni siquiera lo recuerdo con exactitud. Entonces mi madre se fue, mi tío Jared detrás y se acabó mi familia. A partir de ese momento todo el mundo hacía las mismas preguntas y decía las mismas cosas. - ¿Estas bien? Siento mucho lo que te pasó. Anímate. - Con el paso del tiempo empecé a odiar a todo aquel que se atreviera a pedirme disculpas, incluso llegué a golpear y gritar a más de uno.

Aún así, aquí estoy yo disculpándome por lo de su hermana. Al final lo interpreta de una manera diferente, y yo en parte lo agradezco así que me encojo de hombros sin más metiendo mis manos dentro del bolsillo haciéndome todo lo pequeño que mi cuerpo me permite. La conversación sigue y yo me limito a negar por lo bajo cuando habla del tal George. - ¿Tu si? Yo nunca había venido al cuatro, la playa no era uno de mis sitios favoritos precisamente - No creo que pase nada porque sepa que no soy de aquí ¿no? total ¿que puede hacer?. Siento el impulso de rascarme la ceja pero mantengo mis manos dentro de la chaqueta como si hasta respirar pudiera delatar que no debería estar por aquí. Mientras me tenso el parece volver a perderse en su mundo y cuando se tapa los oídos, lejos de que me extrañe, lo primero en lo que me fijo son sus manos. - ¿Qué te ha pasado? - Creo que no me escucha, y no le culparía.

Vuelvo a mirar las cajas y recuerdo la que tenía su hermana, la que él le regaló a esa chica que murió y puedo intuir lo que le pasa. Los juegos han terminado hace poco, para él todo lo que le pasó es tan reciente que apenas puede asimilarlo. Me da mucha pena, me recuerda a aquella chiquilla que encontré en el distrito siete una vez y que no paraba de llorar porque su hermano acababa de morir en los juegos. En los siguientes, ella también falleció y casi me alegré. De todas maneras ahora está muerta, ya no siente. Y suponiendo que haya algo al otro lado ahora está con su hermano. Sea lo que sea que pase cuando mueres, ya no seguirá estando triste. Siento pena por él de la misma forma que lo sentiría por cualquiera que tuviera que pasar una situación así. Todos mueren, pero él se queda. Él es quien sufre.

Me acerco a él poniendo una de mis manos en su muñeca y andando un par de tiendas más abajo. Cambiamos de perspectiva, lo que antes eran cajas de música, retratos y peluches ahora no son más que un montón de telas expuestas en el mostrador. Son apenas unos pasos, pero creo que serán suficientes así que cuando se descubre la cara lo suelto. - No llores, luego te dolerá mucho la cabeza y eso es un asco - Devuelvo mi mano al bolsillo de la chaqueta mirando hacia la tienda por la que sale mi tío gritando mi nombre, hago un gesto con mi mano para indicarle donde estoy y luego me pega otro grito. Que si el verde o el azul ¿y a mi que más me da? Me encojo de hombros y tras ponerse a hablar consigo mismo vuelve a entrar a la tienda. Ni siquiera se ha percatado de que tengo compañía. - Ben ¿no? - Ahora que mi tío ha gritado mi nombre veo innecesarias las presentaciones. - El vencedor de los juegos - Repito aquel título por el que siempre lo llaman en la televisión. - ¿Que se siente? ahora eres como un héroe nacional - Esa es mi pregunta, un poco estúpida y normal cabe recalcar, pero es el mayor intento que he hecho jamás por hacer que alguien deje de pensar en cosas feas.
Seth K. Niniadis
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Juro que lo escucho, que sé que me está hablando y, de alguna forma, entiendo lo que me está diciendo, pero las palabras suenan demasiado lejanas y no es que aquello me antoje realmente de respoderle. Tras lo que parece una eternidad, siento como tira de mi muñeca y abro los ojos para no caer en medio del camino, dejándome arrastrar calle abajo, a unas pocas tiendas de distancia. Se lo agradezco interiormente, aunque hago un leve movimiento para que me suelte y me acomodo la camisa como si me hubiese desaliñado de aquella manera, aunque es obvio que no se me movió ni un pelo. La vidriera que se encuentra frente a nosotros muestra muchas telas, algunas demasiado coloridas que me hacen doler los ojos. Su comentario logra que lance un bufido que suena más a un "pss", logrando que uno de mis mechones de mi flequillo se lance hacia arriba y vuelva a caer; la señora Figgins se ofreció anoche a cortarme el pelo, pero por algún motivo, yo no se lo permití - yo no lloro - me defiendo de mala gana. Y no estoy mintiendo, porque la última vez que derramé una lágrima fue cuando Mel murió en mis brazos. Desde ese entonces he gritado, he pataleado, me he quedado callado por días... pero no he vuelto a llorar. Tal vez la gente pierde la capacidad de hacerlo, la verdad no lo sé. O tal vez mi hermana se llevó todas las que tenía.

No le habría prestado ninguna atención al hombre que llama a "Seth" si no fuese porque el chico que me acompaña reacciona a ese nombre, por lo que me giro y lo observo asomarse por la tienda y preguntar algo sobre azul o verde o qué-se-yo. No sé el motivo, pero continúo mirando hacia allí incluso cuando el señor se vuelve a meter a la tienda, por lo que tardo en reaccionar a que el chico sabe mi nombre y lo miro, parpadeando - ¿qué? ¡Ah sí! Y tú eres Seth... - no estoy acostumbrado a que la gente sepa mi nombre, pero por lo menos ahora tengo algo de ventaja al también saber el suyo sin que me lo diga. Hago un amago a estrecharle la mano como hace todo el mundo al presentarse, pero lo siguiente que acota logra que apriete mis dedos en un puño, remarcando el rojo en mi piel, y la dejo caer - no creo en héroes, así que no lo sé - me encojo de hombros - no hice nada grandioso. Fue puro instinto - solo salté sobre quienes nos atacaban y es todo. El único héroe que existió para mí fue mi papá, antes de que se echara a perder.

Recuerdo vagamente sus palabras cuando no quería escucharlo y me acaricio los nudillos, mordiéndome el labio inferior - un chico de la escuela siempre me molesta y hoy me cansé de soportarlo. Seguramente está llorando como una nenita y a mí me castigarán pero...¡bah! ¿Qué importa? Ya ni siquiera vivo con mi papá, así que no puede controlarme... - parece que la respuesta es más para mí que para él, así que me encojo levemente en una postura que indica una silenciosa disculpa - gracias por sacarme de ahí y hacer que se detengan - acabo mascullando, buscando el modo de cambiar de tema. Finalmente, lo encuentro - ¿así que no eres de aquí? ¿De dónde vienes? ¿Cómo es que no te gusta la playa? - suelto atropelladamente, abriendo grandes los ojos. Siempre me gustó la playa, incluso cuando a veces se torna incómodo porque la gente busca bañarse desnuda - ¡es el mejor lugar del mundo! Yo aprendí a pescar y a remar y con mi familia íbamos hasta bien adentro del mar a buscar los mejores peces. Era genial - mamá siempre nos gritaba que tengamos cuidado mientras papá nos subía a todos al bote y nos llevaba, bien temprano los domingos, hasta donde no se podía ver el fondo y estábamos tan lejos que apenas se veía la costa. Shamel solía remar con papá porque era más grande, y los cuatro pasábamos horas y horas quemándonos la piel y comiendo bocadillos y aprendiendo de diferentes clases de carnadas y de peces, hasta que el sol comenzaba a bajar y era hora de volver. Mamá nos esperaba con un fogón en la playa, casi siempre con algo rico para tomar y nos sentábamos allí a cenar al fuego. Eran los tiempos en los cuales papá cantaba con su guitarra y nos aprendíamos todas las canciones que podíamos y nos dormíamos apilados encima de mamá. Es tan gris darme cuenta de que eso nunca va a volver y que casi todos se han ido...

Salgo de mis pensamientos con un movimiento de la cabeza y aparto a Seth del camino cuando una señora demasiado alta pasa con un canasto repleto de pescado, sin siquiera mirar por dónde avanza - tienes que tener cuidado por aquí. La gente suele andar demasiado apurada...se hacen demasiados comercios y... ya sabes - miro otra vez hacia la tienda de dónde salió su conocido - ¿ese es tu padre? -¿cuándo fue la última vez que fui de compras con el mío?
Benedict D. Franco
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
Me encojo de hombros como si fuese una disculpa cuando dice que no llora pero no le creo en absoluto, si no le hubiese sacado allí probablemente habría empezado a llorar, sin embargo esos son cosas que no me importan y que además entiendo a la perfección, más de lo que estoy dispuesto a explicarle. Juego con las monedas de mis bolsillos, monedas que tengo para utilizar en caso de emergencia, al menos esa era la idea principal de tío Andrew; por si nos separamos, por si ocurre cualquier cosa, que tenga algo de dinero que me permita volver al seis o al menos al once con mi tío Jared. Recordar a éste último me pone un poco de mal humor así que bajo la cabeza y me encojo de hombros. Me percato apenas del movimiento de su mano cuando intenta presentarse y alzo mi vista hacia él cuando dice que no cree en héroes. - ¿Cómo no crees en héroes? - Aquello me sorprende, en realidad jamás he pensado en ello demasiado pero no considero que los héroes sean ese tipo de criaturas mágicas inexistentes en las que se cree o no se cree. Si a mi me lo preguntan, mi madre es una heroína, se supone que intenta salvar al mundo de lo que Stephanie le hace (que no estoy seguro de lo que es) y mi tío Jared también. - Los héroes no son cuentos de ficción. Son personas que... hacen cosas... cosas importantes - Ahora mismo no se me ocurre ningún buen ejemplo.

El tema se queda atrás de todas maneras cuando me dice lo que le pasó en la mano. No tiene ni la menor idea de cuanto entiendo lo que ha hecho. - Te regañará de todas maneras porque dirá que eres un crío y debes hacerle caso. Todos los adultos dicen lo mismo, tienen algo así como un complejo de dominación - Mi tío Andrew lo hacer, y ni siquiera es mi padre de verdad. Muevo mis manos viendo innecesario que me agradezca que o haya sacado de allí porque no lo considero lo que se dice un esfuerzo sobrehumano. - No ha sido nada. Quedarnos allí era una tontería, de todas formas. Es una tienda para chicas - Comento lo último como si fuese un secreto inconfesable bajando la voz hasta que se hace un completo murmullo y que se cubre levemente por los ruidos de alrededor de la gente pasando.

Arrugo la nariz cuando me pregunta de donde vengo temiendo decirle la verdad, así que bajo la vista hacia mis zapatos y me dedico un rato a mirarlos como si fueran el objeto más interesante del mundo. - Del seis - Admito al final, sé más de ese distrito que de cualquier otro y si sigue haciendo preguntas al final se daría cuenta de que había empezado mintiendo, lo cual resultaría más sospechoso todavía que estar en un distrito que no es el mío. - Me fastidia la arena. Cuando te mojas se te pega al cuerpo y eso luego no se quita. Intenta tu lavartela en las duchas públicas que hay cerca de los paseos marítimos sin que la gente te mire raro porque te estas metiendo la mano - Al principio intento sonar en serio, pero conforme avanzo mi explicación acabo refunfuñando. - Es molesto volver a casa con mis partes llenas de arena. Tú porque vives cerca, pero yo no vivo tan cerca - Farfullo eso último como si tuviera miedo de que alguien alrededor escuchara la estupidez que estoy diciendo. Mientras me dice todas las cosas que aprendió me da un poco de envidia, yo nunca aprendí nada de eso porque me pasaba más tiempo quejándome de la arena que haciendo nada.

Apenas me percato de que se pierde en sus pensamientos provocados por sus propias palabras encogiéndome un poco cuando me empuja lejos de la gente loca que anda por todas partes como si tuviera demasiada prisa para ir mas despacio. - Ya, en mi distrito también es igual. Especialmente cuando llega la hora de que todos vayan a trabajar y nosotros a estudiar. - Todos se aglomeran en las mismas calles al mismo tiempo y si no fuera porque nací y crecí en ese distrito lo cual me hace conocerlo suficiente como para saberme los atajos, probablemente llegaría tarde todos los días.

Sacudo la cabeza cuando llama a mi Tío Andrew mi padre y me encojo de hombros. - No, mi padre... en fin, no existe. Supongo que existe en alguna parte, pero lejos porque yo no lo conozco - Mamá nunca me habló de él y mi Tío Andrew solo dice que tuvo que marcharse. No sé si eso es verdad pero es todo lo que se. - Ese es mi Tío Andrew. Es todo lo que tengo. Mi madre se fue lejos y bueno... mis hermanos - Trago saliva de forma algo amarga. - No están. - No suelo hablar de ello, pero ha salido de mi boca antes de que pudiera evitarlo. Me paso una mano por la mejilla, la que generalmente está llena de moretones pero hoy no lo está porque mi tío Jared lleva varios días sin meterme una paliza con la idea oculta de enseñarme a defenderme. Ni siquiera sé si lo está haciendo en serio o solo quiere tener un motivo para pegarme. - Ahora tiene una novia. Mi tío Andrew. No me cae bien, es profesora. Igual supongo que yo no opino al respecto. Él saldrá con quien quiera salir y luego me echarán de casa porque no cabemos todos - Lo digo a broma, al menos un poco. Es cierto que nuestra casa es pequeña pero antes vivíamos cinco personas en ella y cabíamos a la perfección. Claro que yo era más pequeño y mis hermanos también lo eran; pero supongo que eso no importa demasiado. Ahora tío Andrew tiene su propia vida sin tener que preocuparse de mi porque se supone que eso lo hace mi madre, ni siquiera sé si podré escaparme otra vez en el futuro cuando tenga ganas de verle, o simplemente de olvidarme que el 11 existió alguna vez y hacer como que jamás me fui del seis.
Seth K. Niniadis
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Me encojo de hombros, porque en verdad no sé cómo explicarle que para mí la gente ya no hace las cosas porque las creen correctas, sino porque les gusta la idea de tener beneficios para sí mismos. Ya sé que papá me va a regañar y eso me fastidia, porque voy a tener que despedirme de él hasta el próximo mes y nuestra última conversación de esta pequeña visita va a ser una reprimenda. Tal vez fui un estúpido por haberle dado esa golpiza a Uther, pero nadie puede negar que se la merecía. Y ahora que lo pienso, lo volvería a hacer, si aquello es lo que se necesita para que mantenga su bocota cerrada - no es una tienda de chicas - digo sin pensar, porque a mí me gustaban algunos de los adornos que sé que venden allí, pero me quedo calladito porque sé que si sigo diciendo algo, quedaré todavía peor.

No puedo evitarlo, pero me río en su cara cuando habla de la arena pegándose en todas partes, sabiendo muy bien a qué se refiere, aunque yo ya estoy completamente acostumbrado a aquel detalle - es horriblemente molesto. Una vez se me metió tanta arena en el culo que... - me callo de inmediato y me llevo una mano a la boca al ver la cara de espanto de la señora Pattinson, una mujer que vive cerca de nuestra casa que siempre lleva las bicicletas de sus nietos para que mi papá se las arregle, y que ahora parece que anda mirando las vidrieras. Bueno, ya he dicho la mala palabra y hay cosas peores, así que no puedo hacer nada: aparto mi mano y bajo considerablemente la voz, acercándome a Seth como si quisiese contarle un secreto -  ... fui caminando a mi casa como si fuese rengo. Tenía nueve años y todavía me lo siguen recordando - no sé por que me causa incluso risa que parezca molesto con su experiencia y me muerdo la lengua para no seguir riéndome de él, y entonces descubro que, sorprendentemente, me estoy riendo. ¿Cuándo fue la última vez que lo hice de verdad?

De todas formas la risa se apaga en cuanto me da a entender que nunca conoció a su padre y quiero decirle que lo siento, pero como sé que será una estupidez, no lo hago. Y la sonrisa se me patina de la cara y me doy cuenta de que estoy viéndome a mí mismo en este chico desconocido, porque parece que su familia está tan rota como la mía. Como simple reflejo, le doy una palmada amistosa y comprensiva en el hombro, dándole un ligero apretón cuando parece bromar sobre su tío aunque no estoy seguro de si es verdad o no. - No te va a echar. Ninguna persona que te trae a la playa sería capaz de echarte a la calle. Es como si alimentases a un perro abandonado y luego le pegases con la escoba para que se marche - ¿en qué cabeza lógica entra esa idea? Le suelto, escondiendo las manos en los bolsillos de mi chaqueta y le hago una seña con la cabeza, invitándolo a caminar conmigo. Es la primera vez en mi vida que me doy el gusto de andar con un completo extraño, pero tal vez sea momento de empezar a hacer cosas nuevas que ocupen el lugar de las viejas para no acabar volviéndome loco. He visto lo solos que están los vencedores y no me gusta, pero por lo menos tengo a Amy. A veces me sorprendo a mí mismo descubriendo lo mucho que la quiero y lo que significa para mí que se haya quedado conmigo.  

- Así que... ¿Eres del seis? - recuerdo, pateando una piedra del camino reiteradas veces como si fuese una pelota de fútbol pequeña, llevándola con nosotros - Mis padres eran de ahí. Se mudaron aquí cuando se casaron porque mis abuelos decían que eran muy jóvenes y no querían que se casen y todas esas cursilerías que hacen los adultos cuando se enamoran. Es una estupidez - escuché esa historia cientos de veces, porque Mel adoraba que se la cuenten como si fuese un cuento romántico o algo así - es por eso que mi papá es mecánico y a todo el mundo le gusta llevarle sus cosas porque él las arregla mejor que nadie. Tengo una bicicleta muy antigua que él me arregló... ¿quieres verla?- de repente, me siento despierto y emocionado, porque no dejé que nadie use esa bici, excepto tal vez Mel y Sophia. Es mi tesoro más preciado y antes solía lavarla y arreglarla todas las semanas. Ni siquiera espero que me responda, que saco una de mis manos de mis bolsillos para poder tomar su brazo y así comenzar a arrastrarlo calle abajo - estamos cerca y tu tío no se preocupará. Es genial, ya la verás. Y es rápida y papá me prometió que cuando sea mayor me va a regalar una moto vieja en la que está trabajando. Tal vez pueda pedirle un coche... - y por primera vez, creo que logro olvidarme de mis problemas.
Benedict D. Franco
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https://www.themightyfall.net/t8228-franco-benedict-desmond#9926
Seth K. Niniadis
Fugitivo
Ha dicho culo, y yo me río como si tuviera 5 años y me hubieran enseñado una palabrota por primera vez. Cuando se tapa la boca hago lo mismo por reflejo mirando hacia donde mira y viendo la cara de aquella señora. En realidad no sé porqué me tapo la boca, si es por que ella ha oído la palabrota o porque yo me he reído muy fuerte. Al final no me importa porque la historia continua y yo inclino mi cabeza cuando susurra. - A mi me paso eso la última vez que vine. - Susurro también. - Pero yo intenté quitarme toda la arena en las duchas esas que hay en la entrada. La gente me miraba raro porque creían que me estaba metiendo la mano - Aún recuerdo la mirada escandalizada de algunas cuantas personas, pero la verdad es que cuando se trata de arena en partes íntimas mi vergüenza se va de paseo y no existe en el mundo más que la ducha, mi tío y yo. Y mi tío porque es el que sostiene el gel de baño cuando yo tengo mis manos ocupadas en otra cosa.

Entonces cuando nos reímos, ya sin susurrar, me pregunto internamente porqué rayos susurrábamos. Seguramente que lo de la arena es algo así como un problema generalizado y todos lo han sufrido alguna vez. Tal vez sea otra cosa. No tengo tiempo de pensar porque siento su palmada de aliento en mi hombro. Sin 'lo siento' ni 'lo lamento' ni 'estoy aquí para lo que necesites' que es lo que siempre me ha molestado de ese tipo de situaciones. - Bueno, la gente abandona muchos perros en la calle que antes había adoptado - Hay una parte de mi que realmente tiene miedo de que eso pase alguna vez, pero es mi Tío Andrew, desde que tengo memoria ha sido como mi padre, ese que jamás estuvo porque se fue antes de saber si quiera que yo existía; jamás me haría algo así, y hay una parte de mi todavía más grande que lo sabe con certeza. Suelto un suspiro que esconde una risa hasta que me pilla por sorpresa cuando me arrastra por medio distrito comercial hacia su casa.

Asiento a lo del seis mientras alcanzo su paso mirando de vez en cuando hacia la tienda. Tampoco quiero que mi tío se pegue sustos innecesarios aunque cuando se pone a ver ropa como no tiene ni idea de como escogerla, tarda comprando millones de años. Supongo que si me voy algunos minutos no le importará. - ¿eres del seis? - Me sorprende bastante que me cuente toda esa historia. ¿Qué probabilidades hay que cuando te vayas a otro distrito aparezca alguien del mismo del que tu vienes? Sí, la gente viaja mucho últimamente pero el distrito cuatro es grande y hay millones de días en el calendario para decidir visitarlo. Claro está que él no lo visita, él vive aquí, es una historia diferente. - Pues mis padres y abuelos todos son del seis. Así que yo no tengo una historia así para contar, aunque lo de la cursilería... pfff - Eso pasa igual vivas donde vivas. Una mujer y un hombre se enamoran y luego tienen bebés, que crecen, se enamoran y tienen más bebés. Va más o menos así. Asiento a lo de ver la bicicleta porque ya que estamos aquí, faltaba más. Además yo nunca he tenido ninguna, y eso que todo el mundo en el distrito seis tiene una. - Mi tío intentó enseñarme una vez, pero entonces nos la robaron - O eso dice. En realidad yo creo que la tiró él para que no siguiera matándome intentando aprender a usarla.

Escucho cuando dice que le comprarán una motocicleta porque eso también me lo prometieron a mi y me pregunto si eso será algo así como una especie de promesa que no te hace padre de verdad si no se la haces a tus hijos. - ¿Pero ahora eres rico, no? cómpratelo tu! y luego compras un policía que te haga un carnet de conducir que no sea falso y aprendes a conducir. Y si se te estropea el coche alguna vez le dices a tu papá que te lo arregle. O a mi! yo también se arreglar coches - No sé lo que se dice saber. Es decir, naciendo en el distrito seis aprendes antes sobre motores que sobre música o ciencias. Pero en eso se basa toda mi experiencia de mecánico, en lo que aprendo en clase. - Y luego me compras a mi otro. Aunque yo prefiero una moto, van más rápido. Y con esos puedes hacer esas cosas tan chulas que a veces salen por la tele. Que te levantas la parte de delante y haces como un caballito - Siempre veía esos programas por la tarde porque no echaban nada más, y si no fuera porque lo de la bici nunca se me dio tan bien como debería, ya habría aprendido a hacerlo con la mía.
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
- Eres muy pesimista... ¿verdad? - comento, porque parece que incluso con mis ejemplos que intentan animarlo, él encuentra el modo de volverlo algo peor, pero no puedo reprocharle porque yo suelo hacer lo mismo casi todo el tiempo. Y después de la arena, casi se me ha olvidado como pensar de un modo positivo, como el que me han intentado enseñar toda mi vida, porque a veces llego a pensar que ya no tengo ningún motivo para continuar. Solo existiré porque debo existir y ya, porque toda mi libertad ha sido comprada por aquellas personas que ahora van a controlar cada aspecto de mi vida.

Niego con la cabeza cuando parece no entenderme bien, pasando por debajo de un sofá que dos señores están cargando para meter dentro de una casa, soltándolo para poder manejarme con mayor facilidad - Yo no, yo nací aquí. Papá y mamá se mudaron cuando todavía no tenían hijos, así que todos mis hermanos eran del cuatro como yo. Solo tenemos "sangre del seis"- me explico, mirándolo sobre mi hombro con una media sonrisa de burla hacia mi propia definición. Arqueo una ceja, extrañado, intentando imaginarme aquello... ¿por qué alguien robaría algo tan simple como una bicicleta? Son bonitas y útiles, pero ya casi nadie las usa. Su idea sobre la motocicleta me hace gruñir, aunque tengo que admitir que no está tan mal. Comenzamos a andar calle abajo que, como está cerca de la playa, la arena ya empieza a molestarnos el paso y yo la uso para hundir mis pies para detener mi medio trote, producto del terreno inclinado hacia abajo. Desde aquí ya se puede oler y escuchar el mar, lo que me hace sentir mucho mejor, como si todas las cosas malas del día de hoy jamás hubiesen ocurrido - ¿también veías esas cosas en la tele? Siempre quise hacer de eso, pero nunca me dejaron, usando la excusa de que partiría la cabeza... - cuando era más pequeño, solía creer que la idea de romperme el cráneo era genial, aunque ahora mismo no es algo que realmente me entusiasme. Le echo una ojeada sin detenerme, suspirando - podría comprar todo eso... pero no quiero usar ese dinero, no mientras no seas necesario - la idea de una enorme fortuna me aterra, y ni hablar de como me asquea el modo en el cual la he ganado.

Mi casa aparece en la esquina próxima; es pequeña pero de techo alto, y Mel solía decir que se parecía a las casitas de cuentos. Antes, la entrada estaba llena de juguetes, zapatillas de niños sucias e incluso adornos que mi hermana hacía para que hagan música; ahora solamente queda uno, que suena suavemente desde la puerta de entrada, y una bolsa enorme de basura que han sacado y que probablemente tenga los tubos vacíos de los medicamentos de papá. Le hago un gesto para que bordeé conmigo la casa, hasta que llegamos a nuestro "jardín trasero", que en realidad es pura playa. Desde aquí se puede ver el árbol debajo el cual enterramos a casi todos los Franco y, todavía más cerca, la casa de la única amiga del cuatro que tengo y que todavía no me atrevo a saludar porque temo que no me quiera ver después de todo lo que hice. Puedo escuchar los sonidos desde el garage y, en efecto, cuando asomo la cabeza, veo un auto en plena reparación, con el capot abierto y unas piernas saliendo de abajo de él - Hola, papá- digo despreocupadamente, como si tanta naturalidad sirviese para chequear que no se enteró de mi pelea de hoy y, en efecto, cuando apenas asoma la cabeza desde allí abajo, puedo decir que todavía no le han llamado. Me saluda, pero parece sorprendido de que tenga compañía, así que tiro de Seth para que avance conmigo hacia el fondo del garage - es Seth. Le voy a mostrar mi bici... - no quiero darle más excusas, así que ni escucho lo que me responde antes de volver a su trabajo. Al fondo del garage hay unas enormes cajas de herramientas que esconden las bicicletas, por lo que empujo una de ellas hasta poder verlas mejor. La de Mel es la más pequeña, de color rosa, pero no me tomo mucho tiempo en mirarla, sino que la aparto para poder hacerme con la mía - ¿sabes? no la usé desde antes de marcharme - confieso en voz baja, porque no quiero que nadie más que él me escuche. Incluso miro al manubrio mientras intento sacarla de su rincón, como si de aquel modo pareciera que no estamos hablando - y antes me quedaba un poco grande, pero ahora creo que está bien, así que debería ser más cómoda...

Salimos al exterior otra vez, pero como en la playa es un poco complicado de andar, hago que volvamos a la calle principal, donde la arena del camino es mucho menor. Pateo la bolsa de residuos de mi padre, suspirando, intentando ignorar el pequeño decorado de Mel que parece sonar cada vez más fuerte. - Antes quería crecer para trabajar aquí. Llevar el negocio familiar y ser tan genial como mi papá antes de que... - niego levemente con la cabeza, presionando con firmeza el manubrio de la bicicleta que mantengo de pie. Miro a Seth, mostrándole una sonrisa triste que parece casi una disculpa - antes sí creía en héroes y él era el mío. Pero después se puso muy triste y débil y no ha hecho más que lamentarse y Mel y yo tuvimos que cuidarlo. ¿De verdad quieres que crea en héroes? - me parece una idea estúpida, pero no le voy a decir nada más. Le tiendo la bici - anda, pruébala. Si te caes puedo enseñarte a hacerlo mejor. Ya sé que el terreno no es el mejor y cuesta si no estás acostumbrado.
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Fugitivo
Me encojo de hombros cuando me llama pesimista porque tal vez tenga razón. Nunca me había definido tan bien con una palabra. - Digamos que las cosas nunca salen bien. Esas son cosas exclusivas de las películas cursis para niñas - Nunca vi muchas ni siquiera antes de que mi familia se descompusiera en trozos porque salvo por mi madre éramos todos varones y después solo mi tío Andrew y yo; sin embargo tenía amigos que me contaban historias sobre las películas que tenían que ven con sus hermanas pequeñas o mayores y todas acababan con babosadas como besos, bebés y matrimonios. Escucho de nuevo la historia que me cuenta sobre su abuelo y sacudo la cabeza. - Ya se que no naciste en el seis. Pero tus abuelos son de allí ¿no? eso te hace del seis al menos un poquito. Somos compis de nacimiento - Le meto un empujón de esos amistosos como si con eso pudiéramos sellar nuestro incalculable e irrompible vínculo y luego río.

Asiento emocionado cuando también concordamos en eso y por primera vez en mi vida, desde Sinhué y Silván, tengo una conversación con alguien que tiene cosas en común conmigo. Que no son pocas además. - ¡Pues claro! Era mi programa favorito de los jueves. Los domingos los camiones monstruo. Esos enormes con llantas que son tres veces mas grandes que tu y yo juntos y que luego pasan por encima de otros coches con gente dentro. ERA DE LOCOS. Siempre quise estar ahí. - Hago un gesto de arremedar a los adultos cuando él también pasa por esa etapa de que no le dejaron. Otra cosa que todos los padres tienen en común. Le ponen pegas a todo lo divertido. Aunque él ahora si ya no tiene que responder ante su padre porque no vive con él, seguro que hay cosas que nadie puede prohibirle hacer, como romperse la cabeza con una de esas motos que antes eran solo un sueño por la televisión al que algún día llegaríamos, cuando fuéramos suficientemente grandes como para poder partirnos la cabeza sin que nadie pudiera prohibírnoslo.

Lo del dinero no lo entiendo y me decepciono un poco porque para una vez que conozco a alguien con dinero, no quiere gastarlo. - ¿que tiene de malo el dinero que has ganado? ¿se acaba? - Mi tío Andrew decía que el dinero no es eterno, pero el de los vencedores es otra historia. El dinero es eterno cuando eres un vencedor, viene implícito en el nombre. Al menos eso dice la televisión. ¿mienten acaso? no me extrañaría. Todo el mundo miente. Mi tío Jared, mi madre, la novia de mi tío Andrew e incluso a veces mi tío Andrew. Siempre que miente se rasca la nuca, aunque él no parece darse cuenta de eso y yo prefiero no preguntarlo. No es de los que me miente si no cree que es porque la verdad me haría más mal que bien. La conversación hace más corto el camino, o tal vez es que fuese realmente corto, para cuando me doy cuenta ya me está presentando a su padre. Las botellas me son conocidas, generalmente el suministro de alcohol de todo el país viene del mismo sitio y las mismas empresas, y yo antes trabajaba de camarero para ganarme el dinero suficiente para poder pagarme un helado por las tardes si me apetecía comprármelo.

Sigo de largo después de mover mi mano para saludar a aquel hombre aunque algo cohibido y tragándome cualquier comentario sobre si sabe que su padre es un borracho porque dudo que eso se le pase a alguien. Entonces me habla de él y de lo que tenía pensado para el futuro, y después de su padre. - Todas las personas se ponen tristes alguna vez. Mi madre también era mi heroína. ¿Nosotros eramos tres sabes? y ella no tenía a un padre que le ayudase a criarnos. Cuando se fue lejos del distrito seis y me dejó allí todos me decían que lo hacía para protegerme; que cuando las cosas fueran mejor volvería. - No hace falta explicar que no volvió, mi mirada lo dice todo. Y en realidad si volvió, 8 años después, para sacarme de un reformatorio en el cual casi me matan, y para luego caer en coma y probablemente sin posibilidad de salir de él.

Pensar en lo de la bici me distrae así que lo sigo fuera encantado de no tener que estar más en esa casa con todas las desgracias que él vivió allí ni con las mías que me hace recordar. Me río un poco de él cuando dice lo de que su bici ahora le va mejor. - Claro, es que eres un enano - Dijo el otro enano. Aunque yo soy ligeramente más alto que él y puedo darme el lujo de decir eso sin quedar como un tonto. Cojo el manubrio de aquella y me monto, luego pongo un pie en un pedal y hasta ahí recuerdo haber llegado. Lo de pedalear, equilibrar y tomar direcciones correctas al mismo tiempo era lo que se me daba mal. - La mía también me quedaba grande. Hasta que me la robaron. En fin, robada también me quedaba grande, supongo. Tenía 8 años - Acabo la última frase en una especie de susurro cargado de molestia porque soy el único chico del distrito seis que no sabe montar una bici. Es casi como una vergüenza nacional. - Igual si me voy de éste distrito aprendiendo a montar en bici, vas a hacer que quiera volver - Y sin más dilación pedaleo, quizá con demasiada fuerza al principio porque la bicicleta arranca bruscamente lo cual me hace soltar un grito a causa de la sorpresa.

Recorro algunos cuantos metros, bastante alegre además porque es más de lo que he recorrido nunca, antes de estamparme contra algo. Caigo al suelo y me levanto como si nada, creo que me he pelado los codos y un poco la mejilla pero me da lo mismo porque tengo una sonrisa en la cara que no me la quita nadie. - No recordaba que fueran tan rápido. - Suelto como queja. Me miro los brazos cuando empiezan a arderme por las heridas y me río. - Guay. No mola aprender a hacer ésto si no sales con alguna cicatriz. - La típica estupidez de pre-adolescente idiota. Me agacho para recoger la bici pasando de las raspaduras y volviendo a subir. - Tiene que haber un truco. Eso de equilibrarla no puede ser simplemente por ir muy rápido. Yo iba rápido ¿has visto? y me caí de todos modos - Creo que el motivo de que me cayera no fue precisamente por no ir rápido, sino por no girar antes de estamparme.
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Consejo 9 ¾
¿Qué que tiene de malo el dinero? Lo respondo del único modo posible - lo gané matando a la asesina de mi hermana. No quiero tocarlo -  y a la chica del seis que solo quería volver a casa, y al chico del distrito dos que nos atacó en el templo, y ayudando a matar a la chica del siete... no tengo idea de cómo voy a vivir el resto de mi vida si voy a ver sus caras todas las noches, preguntándome que habría sido de ellos de haber continuado existiendo. ¿Tendrían hijos? ¿Serían felices? ¿No extrañarían a nadie como yo lo hago? ¿Por qué yo y no ellos? Seguro sus familias me odian, sus amigos... me gustaría poder esconderme y no salir nunca, así evito tener que encontrarlos por casualidad y tener que soportar mirarlos a los ojos.

Su historia me causa curiosidad y quiero preguntarle muchas cosas, porque repentinamente encuentro a Seth demasiado interesante como para dejar pasar la oportunidad, aunque temo comenzar a decir cosas que le pongan triste. Por suerte, él mismo me da la excusa perfecta para no meter la pata - ¡oye, no soy tan enano! - me defiendo, arrugando ligeramente el ceño. Siempre fui de los pequeños de la clase y Shamel solía decirme que los duendes me dejaron en la cuna al nacer, pero anoche me medí contra la puerta de mi antigua habitación y confirmé que me estiré durante la arena, aunque seguramente no tanto como para evitar las burlas de las personas con mayor altura. Seth se monta en la bicicleta y yo doy un paso hacia atrás, mirando donde coloca los pies, logrando que cambie la expresión ceñuda por una nueva sonrisa pequeña. - a todo el mundo le queda grande una bici a los ocho. Y puedes volver cuando quieras, porque en general no tengo compañía... - me silencio cuando me recuerdo que ya no vivo aquí y que mis visitas a este lugar serán mensuales, por lo que aprieto la mandíbula, cruzándome de brazos para verlo en acción.

Seth sale disparado unos cuantos metros y no puedo evitar notar como la bici parece tambalearse, hasta que finalmente se choca contra la cerca de los vecinos de enfrente y yo me muerdo el labio inferior para no dejar salir la carcajada, lo que provoca que se me escape un sonido similar a una risita ahogada. Cuando veo que se levanta con obvios rasguños, me acerco, dejando caer mis brazos - ¿estás...? - ¡pero claro que se encuentra bien! No hay nada mejor que las heridas causadas por la sana diversión - ¡Claro! Algún día tengo que enseñarte a pescar. No tienes idea de lo asquerosas que son las cicatrices causadas por arpones. Conocí a un tipo que tenía todas las manos deformes por eso y aún así, seguía siendo un gran pescador - era la clase de hombre calvo que todos los niños miraban de lejos, inventando historias absurdas sobre su pasado que de seguro no eran ciertas pero que por las noches hacían que nos hagamos pis encima. Siempre lo veíamos sentado solo en el muelle, pero nunca le hablé porque me daba miedo, si debo ser honesto.

Me pienso un momento una respuesta inteligente, pero acabo por desistir - No lo sé. Creo que el secreto de las bicicletas está en no pensar demasiado. Es simplemente tratar hasta que sale y luego ya se te incorpora solo, como el caminar. Yo aprendí solo - hincho el pecho de orgullo, como si fuese la mayor hazaña de todas - probé durante horas un sábado a la tarde cuando era pequeño, sin pedirle ayuda a nadie. Al final del día llamé a todos para que me vieran andar - y Shamel me siguió con su bicicleta para hacerme poner nervioso, acabé perdiendo el equilibrio y me caí en una zanja apestosa, regresando así, entre risas de mi hermano, a mi casa, donde recibimos una enorme reprimenda. Lo dudo un momento, pero me apresuro a acercarme, paso una pierna y me acomodo en el pequeño y frío asiento trasero de la bicicleta, con cuidado de que ninguno de mis pies se enrosque en las ruedas - Hagamos un experimento. Si puedes llevarnos a los dos, te consagrarás como un genio de la bici. Y te regalaré una - señalo con la cabeza hacia mi casa- tengo muchas que quedaron abandonadas y pueden arreglarse para dejarlas como nuevas - sin contar las de mis hermanos. La idea de tener alguien para hacer regalos me emociona lo suficiente como para darle una palmada de ánimo en la espalda de la manera más amistosa y "macha" posible, como he visto que hacen los muchachos mayores en la escuela - ¿Qué edad tienes, Seth? - recuerdo preguntar. Si él es el mayor, espero que no lo culpen de un accidente de bicicleta que seguro yo voy a provocar con mis ideas.
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
Me invita a volver y yo ladeo la cabeza. ¿Se supone que puedo venir cuando quiera? no estoy precisamente en una situación que haga fácil eso, pero me parece que eso también le converge a él. Nunca he conocido a un vencedor de cerca, pero ellos tienen su propia casa en un lugar tan lejano como el mismísimo polo norte y hasta donde yo recuerdo solo vienen en las cosechas. ¿Me pregunto que hace él aquí? Al final no transmito esa duda en voz alta porque el leve recuerdo de las cajas de música y aquel bloqueo del que le saqué me hace darme cuenta de que quizá no es una pregunta muy buena para hacer en éste momento. - ¿Y siempre que venga estarás aquí? - Le miro un instante y luego miro hacia otra parte, incluso hasta los manguitos desgastados de su bici parecen más interesantes. Nunca había tenido amigos fuera del distrito seis, o del once ahora que vivo allí. Es casi como mi primera vez. - Lo pregunto porque... en fin yo no soy vencedor ni nada, pero he conocido a algunos que nunca vuelven a casa cuando ganan. ¿Es porque no quieren? - Al final he hecho la pregunta indirectamente. Tal vez ha venido aquí por algún motivo específico. Como ver a su padre. Seguro que los vencedores pueden volver a ver a sus padres por lo menos.

Me río cuando se pica porque le digo enano. A mi también me cabrea bastante especialmente cuando me lo dice alguien que mide 10 cm más que yo; he llegado a pelearme con uno solo por orgullo, pero yo lo digo en broma y como somos amigos seguro que lo soporta. Intento encontrar una manera de sentarme mejor mientras me explica que puede enseñarme a pescar. - Genial!. Yo una vez conocí a uno al que le aplastó la cabeza un coche. O sea no se la aplastó del todo pero desde entonces le quedó toda medio espachurrada así - Me pongo las manos en las mejillas e intento apachurrarme la cara lo cual solo causa un efecto gracioso y para nada explicativo del cómo quedo la cabeza de aquella persona en realidad. Le conocía porque era el sitio donde mi tío mandaba siempre a arreglar su coche después de que yo fracasara en el intento por arreglarlo. En fin, yo sé mecánica, vivo en el séis, pero aún estoy en secundaria, al menos lo estaba. Ahora probablemente nunca llegue a saber todo lo que alguien del seis debería saber al crecer.

Sacudo la cabeza para no dejar que me aturullen aquellos molestos pensamientos mientras me cuenta el secreto de la bici. No pensar. Eso no se me da muy bien, o eso creo. Escucho que aprendió solo y eso es como un golpe a mi ego. Si él aprendió solo yo también puedo. - Seguro que te dieron un premio. Todos te dan un premio cuando haces algo bien y aún eres pequeño. A mi me daban tartas. Tartas de queso y mermelada. Mi madre las hacía y estaban riquisimas, a mi tío Andrew no le salían tan bien. - De todas maneras eso son recuerdos, yo dejé de recibir premios o más bien de disfrutarlos a los seis, cuando mi familia se desmoronó. Mi tío Andrew todavía los usa pero sabe que no se los recibo con gusto, así que a la larga dejaron de ser cosas muy importantes y pasaron a ser otras que podían serme útiles. En vez de un enorme pastel esperándome en casa eran dos horas menos de trabajo en el bar. Cosas por el estilo. Mi vida es un poco monótona, ahora que lo pienso; no lo era cuando estaba en ella pero cuando la miro desde fuera se transforma en algo que no consigo descifrar. Cómo si mirase una película de clase B que resulta tan extraña que parece que ni siquiera estuve en ella.

Le miro mientras se sube hasta donde puedo, porque hay un punto en el que ya no puedo seguir mirándolo sin parecer la niña del exorcista, poniendo ambos pies en el suelo para sostener la bici y no acabar los dos en el suelo antes de empezar. - Pero si no puedo ni yo solo! - De todas formas así es más divertido, y la emoción del momento me impide quejarme de eso demasiado. La palmada que intenta ser de ánimo acaba por golpearme con la suficiente fuerza como para que vomite mis pulmones. Bueno, tal vez exagero, mis pulmones siguen en su sitio pero las gafas no. Suelto una risa y me las reacomodo oyendo lo de la bici. - Suena bien. Siempre quise una luego de que me robaran la mía. Aunque sabe seso de que no recuerdas que bici tenias y luego todas te parece niguales y por eso todos son ladrones? - Cuando salía a la calle veía mi bici por todas partes, eso era todo un fastidio porque realmente quería recuperarla pero no sabía cómo. Ahora, después de tanto tiempo, ya no tiene importancia. Por fin tendré una bici nueva. O vieja. Dejémosla en vieja y nueva al mismo tiempo.

Aprieto los manguitos de la bici con fuerza que demuestra la determinación que siento en ese momento de hacer algo y no rendirme aunque me rompa la cabeza en el intento y pedaleo. Al principio es muy cómico todo. No paro de ir en zigzag y gritar cosas como si la bici tuviese la culpa o entendiera mi idioma, incluso estoy seguro de que Ben dice algo así como un montón de instrucciones pero que yo no entiendo correctamente y repito mal intentando encontrar el verdadero sentido de todo lo que dice, creo incluso que me pregunta mi edad, y yo le grito que catorce. Cuando por fin pedaleo, no como un mono reumático sino como se debe y me mantengo en equilibrio a la vez el corazón se me sale por la boca de los nervios y la adrenalina. Espero unos segundos para asegurarme de que de verdad estoy montando en una bici que conduzco yo, y luego dejo salir todas esas palabras que están atascadas en mi garganta. - ¡Lo conseguí! ¡Lo he conseguido! Es como estar volando, ¡estoy montando una bici! - Ahora me gustaría que mi tío andrew pudiera verlo, o mi madre, o incluso mi tío Jared. Creo que ya no estoy tan enfadado con él.

Con el viento golpeándome la cara y la emoción del momento creo que jamás me he sentido más libre que entonces, ni siquiera cuando tenía una familia completa, o cuando estaba en ese punto previo a estar con mamá para siempre otra vez y sin saber la clase de guerra en la que estaba metiéndome, o lo cerca que había una espada de mi garganta. Entonces me paso su casa y dejo de pedalear esperando a que la bici se detenga por mero milagro del cosmos. - ¿Esa no era tu casa? - Y como si una farola se encendiera en mi cabeza recuerdo que nunca me enseñó como frenar.
Seth K. Niniadis
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Consejo 9 ¾
Las dudas de Seth quedan sin resolver porque yo mismo las repito una y otra vez en mi cabeza, preguntándome que se supone que debo responder cuando se supone que debo callarme la boca si no me gusta lo que tengo para decir. Mis padres siempre me enseñaron a que no debo hacer nada que me parezca que está mal o que me haga daño y, a veces, hablar sobre lo que me pasa entra en esa categoría, incluso aunque a ellos no les gustase que me guarde las cosas. A mamá le costó años comprender que yo me encuentro mejor cuando estoy solo y no cuando me hacen preguntas para intentar sacarme algo y que confesaré lo que me pasa cuando yo me sienta cómodo con ello.

Tras ponerse en caprichoso por un momento, Seth accede a intentar y, antes de que me de cuenta, estamos comenzando a andar en zig-zag por la calle, y yo siento como me tambaleo para arriba y para abajo constantemente gracias al terreno de la calle, repleta de arena y pequeñas piedras. Intento indicarle algunas tonterías que me parecen necesarias, pero creo que él no me escucha porque está demasiado entretenido en gritarle a la bicicleta mientras vamos tomando velocidad y mis manos se hunden en él como si al aferrarme de aquella forma, nunca pudiese hacerme daño. Me grita su edad y yo me río, negando con la cabeza mientras noto que el viento comienza a golpearme en la cara, lo que me indica que ya vamos en verdad rápido - ¡Yo seré enano, pero tú estas viejo! - ya sé que solamente me lleva un año, pero es bueno cobrarme la burla después de todo. Diversión sana, diría yo.

Tiene razón, porque con el olor del mar y el aire fresco del final del invierno, esto es casi como volar. Intento erguirme un poco desde mi sitio, apoyando las manos en sus hombros para tener un sostén, y cierro los ojos, dejando que el viento me revuelva el cabello y me golpee sin problemas. Esto es tan genial, que no recuerdo la última vez que viví algo por el estilo. Su pregunta logra que vuelva a abrir los párpados y giro la cabeza justo para ver a mi casa quedando atrás y seguramente perderíamos velocidad porque ha dejado de pedalear, pero como la calle está en bajada, seguimos avanzando a toda velocidad - ¡No pierdas el equilibrio! ¡Aprieta el freno! - le grito e intento estirarme sobre él, aunque no llego a los frenillos y creo que lo estoy aplastando, aunque poco me importa. Por culpa de aquello, la bicicleta comienza a ir como si se tratase el coche de un borracho y estoy seguro de que todos los vecinos pueden escuchar nuestros gritos. Antes de que pueda hacer nada, la rueda delantera choca contra una roca y caemos de lado, haciendo un ruido sordo; siento un pequeño dolor y sé que estamos completamente enroscados, pero todo empeora cuando la bici cae sobre nosotros, dejándonos atrapados bajo su peso. Sé que estoy raspado, escupo arena y empujo la bici para que se salga de encima nuestro, aunque me cuesta zafar nuestros pies. E incluso así, comienzo a reír como un loco.

- ¡Eso fue genial! - admito, quitando nuestro vehículo de por medio y logro ponerme de pie. Tengo raspones en los codos, en las rodillas y creo que también en la cara, pero mi corazón salta de un modo tan peculiar que no me molesta - ¡Casi nos matas, Seth! Estoy seguro de que los vecinos vieron pasar algo volando frente a sus casas y todavía se andan preguntando qué es...  -lo tiro de la camisa para ponerlo de pie y le sacudo la arena del pelo, notando como sigo sonriendo de oreja a oreja como si fuese un chico completamente nuevo - Te lo ganaste, a que sí. ¿Quieres ir y buscar una bici para que te la lleves? Podemos buscar pintura y arreglar alguna, papá me enseñó como. Y buscaré galletas y... - pero recuerdo que no tenemos todo el tiempo del mundo y la sonrisa se me evapora en un instante. Su tío se preocupará, se irá y yo tendré que marcharme también. Para no mirarlo, enderezo mejor la bicicleta y la tomo del manubrio para caminar junto a ella, comenzando a subir por el camino para regresar a casa - no siempre que vengas estaré aquí, Seth - termino respondiendo, seguro de que se olvidó de haberme hecho esa pregunta -   solo me dejarán venir una vez cada mes de visita. Pero podemos organizarnos... - sé que acabamos de conocernos y es extraño que ya estamos haciendo planes para un reencuentro que seguro es más complicado de lo que suena. ¿Tan solo estoy, como para llegar a éste punto?
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Fugitivo
Yo grito. Él grita. Creo que más de uno a los que hemos estado a punto de pasarles por encima gritan también; él intenta aplastarme contra el manillar de la bici para agarrar los frenos y de pronto estamos en el suelo. Está claro que no llegó a los frenos a tiempo. Aquello pasa en décimas de segundo y cuando abro los ojos del todo tras los golpes, las raspaduras y el ardor de las heridas vuelvo a ser consciente de donde estoy y de que el mundo ya no se mueve a una velocidad de vértigo. Me echo a reír sintiéndome como un lunático hasta que él se ríe también, entonces le meto una patada en la pierna de esas que van con saña y cariño por reírse, antes de que él me pegue un tirón que me ayuda a ponerme en pie. - Es la tercera vez éste mes que estoy a punto de matarme. La última fue intentando encontrar una piscina entre las tiendas, estaba super alta y se cayó todo de pronto. - En vez de mirarme las heridas nuevas que tengo por todas partes, busco las cicatrices de entonces, es apenas un corte en uno de mis antebrazos, pero se nota todavía porque desde entonces no habrán pasado más de cuatro días.

Estoy orgulloso de esa anécdota, llamadme estúpido pero lo estoy. De solo pensar en la cara que sus vecinos habrán puesto me echo a reír de nuevo. Incluso algunas personas han salido solo para ver si no hay algún muerto y me parece ver a mi tío corriendo a lo lejos, por lo que su emoción desvaneciéndose tras la idea de irnos a montar la bici que me prometió me pasa desapercibida. Siento las manos de mi tío pegarme tal sacudida que me desencaja la cabeza. - Estoy bien tío Andrew. Éste es Ben, me ha enseñado a montar en bici. Sé montar en bici! - No me cree que sé montar, es más, no cree que caerse sea saber montar y lo expresa de viva voz, pero yo estoy tan emocionado que mi voz se sobrepone a la suya y al final no me entero de que está soltandome ironías. - Vamos a hacer juntos una bici. Con pintura. Y luego vamos a ir a perder una mano pescando - Resumo muy malamente, lo cual le escandaliza y hace soltar un grito de esos que van hasta el cielo que suelen soltar los padres cuando tu tienes una idea en la cabeza que a incluye mutilaciones. Pero mi emoción desaparece cuando me contesta la pregunta de la que me había olvidado con toda la adrenalina y la velocidad.

No siempre que vengas estaré. Suelto un "oh" con decepción hasta que me explica que solo puede venir una vez cada mes. De todas maneras no es como que yo tenga más libertad que él viviendo ahora en casa de mi tío Jared. Nunca me había divertido tanto con alguien, mis amigos no eran mis amigos de verdad pero yo no me había dado cuenta hasta éste instante. Un amigo no es una persona a la que simplemente sigues por todo el distrito mientras él hace cosas divertidas y tú te metes en tu mundo. En absoluto. Un amigo es alguien que se monta en una bici que tu no sabes conducir y sabe que eso va a acabar mal, pero viene de todos modos. Mi tío parece ver lo que yo no soy capaz de expresar con palabras así que se agacha para quedar delante de mi tratándome otra vez como un niño. Si no fuera por las palabras que vienen después de aquello, probablemente le habría empujado antes de marcharme completamente mosqueado. - ¿Elegir una fecha? - Repito sus palabras. Él asiente. Y tres segundos después Ben dice algo parecido y todo cobra sentido en mi cabeza. - ¡Eso es! Si me dices un día que vayas a venir yo intentaré venir también - Procuro que el "intentaré" pase un poco desapercibido, porque aún no le he contado la verdad de lo que pasa en mi vida. Supongo que si volvemos aquí todos los meses, algún día lo sabrá.
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Se siente extrañamente bien y triste a la vez, que la gente haya estado a punto de morir por accidentes tontos y divertidos y no como yo lo he hecho el último tiempo, temiendo de verdad que alguien aparezca y me corte la garganta. La gente se fija en nosotros y, por primera vez en estos días, puedo decir que no me molesta ser el centro de atención porque es por algo que me hace medianamente feliz. A lo lejos noto la zona comercial, que se ve pequeñita, pero por la calle aparece su tío corriendo, lo que me hace frenarme en el camino un instante por medio a un grito que no llega. De todas formas, se centra en reprender a su sobrino y yo abro la boca varias veces para intervenir, pero parece que Seth tiene todo bajo control. Incluso quiero reírme de que el hombre se escandaliza con nuestras ideas, porque por un momento, puedo ver a mi papá en él; la misma clase de preocupación sin sentido y una completa ignorancia hacia las cosas geniales de la gente de nuestra edad.

Como me lo temía, Seth parece un poco decepcionado por que yo no pueda estar siempre aquí y me encojo un poco como si aquello valiese una disculpa. Pero su tío coincide conmigo y yo asiento de manera entusiasta, ignorando el "intentaré" porque no quiero pensar en que saldrá mal, sino todo lo contrario - ¡Claro que sí! Podemos...- tanteo en mis bolsillos con una sola mano para no dejar que la bicicleta se me caiga, pero no encuentro nada - puedes darme tu número de teléfono, porque yo no sé el mío nuevo y mi papá no siempre puede contestar. Y te llamaré cuando tenga el permiso para venir. Podemos intentar que sea el trece o el catorce del próximo mes... no te olvidarás porque son nuestras edades - hincho mi pecho como si hubiese tenido una idea super inteligente, orgulloso de mí mismo - y puedes quedarte a dormir. Papá a veces me lleva a pescar para cocinar pescado frito con papas. Te va a encantar - me relamo, porque ahora me he dado el antojo y ya sé que pediré para cenar esta noche.

Supongo que ya es hora de marcharse, porque su tío está aquí, el sol no tardará en ocultarse y ellos vinieron aquí de paseo, y yo no debería interrumpir - puedo pedirle a papá que prepare una de las bicis que tenemos. Entonces... ¿es un hasta el mes que viene? - ojalá que sí. Ojalá que tenga un motivo que me haga regresar al lugar que antes llamé hogar.
Benedict D. Franco
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
Cuando me dice lo del teléfono yo no se que responder. No tengo teléfono, mi tío Andrew en su bar sí pero yo en el distrito 11 no tengo a no ser que use la línea de la alcaldesa, y aquello sería un problemón si nos ponemos a pensar en que tal vez se le ocurrió al capitolio la idea de vigilarlo por si algún estúpido como yo decide usarlo para llamar. Decido que no quiero contarle eso, así que le damos el teléfono de mi tío Andrew que promete mover cielo y tierra para avisarme como sea posible. Él lo tiene mucho más fácil, durante los últimos 8 años siempre encontró la forma de comunicarse con mi madre, así que si antes podía, ahora también. Aunque solo sea para que conserve un amigo que parece ser imposible de mantener. Sonrío levemente mientras se intercambian las anotaciones en la libreta. - Igual estaré por aquí el 13 y el 14. Así no nos olvidamos y si alguno llega tarde el otro le espera. - Tengo tantas preguntas de golpe. ¿De verdad vamos a hacerlo? ¿De verdad va a funcionar? Quiero mirar a mi tío y preguntárselo pero no quiero que me diga la verdad, ni tampoco que me mienta, así que al final solo me limito a desear que es posible y que de verdad vamos a vernos y a andar en bici durante dos días el resto de los meses de nuestras vidas.

¿Cuantos años pasarán antes de que nos aburramos de esto? Sacudo la cabeza. Pesimismo fuera. El pesimismo hoy no tiene cabida en mi cabeza. - Además ya se donde está tu casa. Si no te encuentro vengo aquí y le pregunto directamente a tu papá - Los papás lo saben todo, así que no habrá problema. Lo tenemos todo controlado y fríamente calculado. Eso quiero pensar. Asiento firmemente convencido de que nos veremos en 30 días aproximadamente y levanto mi mano apretando la suya como si cerrásemos una promesa. - Un hasta el mes que viene. Ben - Me despido. Y tras que mi tío haga lo mismo emprendemos el camino hacia la zona comercial. Solo me giro una última vez para mover mi mano como despedida desde lo lejos, dejando atrás a mi primer amigo en el mundo que que he hecho yo solito y que además no me aguanta solo por pesar.
Seth K. Niniadis
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